La que hoy les traigo es la primera reseña en este humilde blog del trío británico London Grammar, a propósito de su cuarto álbum, "The Greatest Love". Aunque no es la primera vez que aparecen por aquí, pues "Nightcall", de su álbum de debut, ya formó parte de la lista de mejores canciones internacionales de 2013, y "Non Believer", de su segundo de disco, de la de mejores canciones internacionales de 2017. Pero con su cuarto álbum por fin han doblegado lo que para mí era su mayor hándicap: la predilección por los temas reposados, de tempo lento, y más bien conservadores desde el punto de vista instrumental. Unos pilares que en pequeñas dosis aseguran temas tan disfrutables como irreprochables, pero que cuando conforman el grueso de un disco son la semilla para que pueda aparecer el aburrimiento y la falta de ganas de adentrarse en un disco así (salvo días puntuales de estado de ánimo particularmente sombrío). Ello no quiere decir que los ingleses hayan variado radicalmente de registro, pero sí que se han atrevido con pequeñas innovaciones instrumentales y ciertos detalles estilísticos que ayudan a actualizar su propuesta. Y dado que conservan su innegable calidad a la hora de crear e interpretar sus canciones, el resultado merece sin duda la pena.
Eso sí, como habrán visto al comienzo, la reseña de hoy se refiere a la edición deluxe de "The Greatest Love". Pues es precisamente en los dos temas adicionales que contiene donde más arriesga el trío, no tanto en lo musical como en la búsqueda de otras emociones que no suelen surgir en la mayoría de esas canciones. Y es ese acercamiento al pop luminoso, a los ritmos ligeramente bailables, a las texturas más electrónicas, lo que oxigena el conjunto y lo hace apto para múltiples escuchas independientemente de nuestro estado ánimo. Aunque claro, como imaginan los temas extra se encuentran justo al final de la edición "estándar", por lo que para llegar a esa amplitud de miras hay que atravesar otras diez canciones que individualmente son irreprochables, pero que se pueden hacer un poco cuesta arriba; habría sido mucho mejor que estuvieran entremezcladas con el resto de temas.
"House" es el tema que abre el disco, y también su indiscutible momento estrella, pues fue escogido como primer sencillo. Con respecto a entregas anteriores del trío, este reencuentro mantiene intacta su personalidad, pero potencia la componente electrónica, con ese ritmo de drum & bass que consiguen acomodar con el arpegio de guitarra acústica del estribillo, en un saludable ejercicio de contemporaneidad. De hecho, en sus calmadas estrofas también hay espacio para efectos y teclados juguetones. El estribillo es notable; la etérea parte nueva en tonas altas, meritoria, los giros en la melodía en las repeticiones finales del estribillo, evidencias de lo elaborada que está la composición, y la interpretación del trío, tan solvente como acostumbra: una gran canción. "Fakest Bitch", segundo corte y cuarto sencillo, prosigue en su habitual senda intimista y melódica, pero es más conservadora en su interpretación, sustentada en la guitarra acústica de Dan Rothman y el piano de Dot Major. A lo largo del tema encontramos algún instrumento más (en esencia teclados reposados que llevan los acordes), pero al final todo depende, como de costumbre, de su trabajada composición (una larga estrofa, un puente claramente separado, un estribillo melancólico y una parte nueva en una progresión armónica diferente). Que vuelve a ser meritoria, pero que evoca una calma que hace que empiecen a aparecer los inconvenientes a los que aludía al principio. "You And I" es su último sencillo hasta la fecha, y vuelve a ser una canción notable, aunque en un registro demasiado parecido a su predecesora. A paliar la similitud entre ambas ayuda algún sampling esporádico y un teclado juguetón de original arpegio. El resto es tan efectivo como conocido: batería acústica, la steel guitar de Rothman, y una sección de cuerda muy presente, con protagonismo especial en la parte nueva. Afortunadamente la composición vuelve a ser intechable, y el cambio en la progresión armónica de la segunda mitad de su estribillo, el más llamativo detalle de esa brillantez compositiva.
Al menos "LA", su cuarto corte, arranca con una caja de ritmos y unos teclados más originales que sus dos predecesoras. Pero la propuesta vuelve a ser la misma: pausa, profundidad, elegancia, brillantez interpretativa, sección de cuerda... Una vez más la composición vuelve a ser lo mejor de la canción, junto a la forma en la que Hannah Reid se desdobla la voz en múltiples tomas hasta lograr un resultado espectacular, y al tramo instrumental final, en el que el productor Tim Bran se luce a la hora de crear una atmósfera ominosa. Curiosamente las alusiones a la ciudad de Los Ángeles de su letra no caen en tópicos californianos, sino que nos cuentan el estado del ánimo del trío tras pasar unos días allí. "Ordinary Life" podría haber sido perfectamente otro sencillo escogido por su refinamiento y su calidad, pero incide en ese hándicap al que me refería antes: lo que propone es muy similar a lo de casi todas sus predecesoras. Además, aquí el estribillo no es tan destacable (más allá del cambio en la progresión armónica y el sintetizador que contrasta con la guitarra y la sección de cuerda), pero las estrofas y el puente sí que destacan por sí mismas. "Santa Fe" vuelve a inspirarse en otra ciudad del Oeste de Estados Unidos y vuelve a proponernos otro momento reposado, con un interesante arpegio de guitarra y un teclado cuyas notas en los tramos instrumentales seguramente les recordarán al de los afiladores que hasta hace poco aún recorrían pueblos y ciudades de España. Las estrofas me parecen fantásticas; el estribillo, agradable sin más. Y la propuesta, pues más de lo mismo.
"Kind of Man", séptimo corte, se construye sobre un arpegio de guitarra de Rothman efectivo pero que puede terminar cansando tras tantas repeticiones en estrofas y estribillos (es seguramente la progresión armónica más floja del álbum), por lo que resulta extraño que fuera escogida como uno de los momentos álgidos del disco. La batería de Major, con su ritmo sincopado, es la pequeña nota de originalidad que ofrece el tema, si bien en directo Reid altera un tanto la interpretación vocal y la hace crecer en cierta medida. "Rescue", con el omnipresente piano de Major aderezado desde el mismo comienzos por efectos sonoros, por fin altera un poco la propuesta con un tempo un poquito más alto y una programación más moderna. Aunque se trata de una de las composiciones menos inspiradas del disco: no en sus estrofas, largas y trabajadas, sino en un estribillo que es simplemente una secuencia tras otra de "na na nas" sin más sustancia; algo que su parte nueva, de las más livianas del disco, tampoco termina de contrarrestar. Sea por esa simpleza o porque el tema lo merece, el caso es que cuando por fin llega "Into Gold" el subidón es inevitable. Noveno corte y tercer sencillo, además del tema más largo de la colección, no es que su propuesta sea radicalmente diferente. Pero sí que la desolación que traslada la excelente interpretación vocal de Reid se apoya desde el mismo comienzo en un sintetizador "lead" más que en el tradicional piano. Y cuando su formidable estribillo en notas altas es remachado por loops vocales distorsionados, ya sí que nos convencemos de que esta vez el trío sí que va en serio a por esos nuevos sonidos. El bombo de la segunda estrofa confirma un tempo más alto, y su segundo estribillo sin percusión ya anuncia un crescendo que arranca con el sintetizador más estridente de todo el álbum. Lo que sigue es más de un minuto instrumental apto para bailar gracias a un colchón sonoro que hace guiños a algunos de los mejores hallazgos de la música techno. Aunque sin perder ni un ápice de su personalidad.
La edición estándar la cierra "The Greatest Love", el tema que da título al álbum. Y que, ahora sí que procede, ralentiza de nuevo el tempo y nos propone una balada con tintes épicos que no desentonaría en el repertorio de Florence + The Machine. De nuevo asistimos a una estupenda interpretación de Reid, un cambio de tonalidad entre medias de su segunda estrofa que enriquece la composición, una instrumentación efectiva dentro de su convencionalismo, un apoteósico tramo final, y una curiosa ambivalencia en su letra, que no se sabe si defiende o cosifica a las mujeres. "Players and Losers" es el primero de esos dos temas adicionales que enriquecen la versión deluze, algo que queda patente desde el singular arpegio de no se sabe muy bien qué instrumento, pero que lleva el ritmo sin necesidad apenas de otra clase de percusión. Una vez más disfrutamos de otra bonita composición de principio a fin. Un detalle adicional a su favor es el juego de voces deconstruidas y sampleadas que arropan su estribillo y parte de las estrofas. Pero la joya que, junto con "Into Gold", encierra el álbum en mi opinión es un "Keep On Dreaming" al que sólo el exceso de celo por no salirse de la línea estilística principal puede explicar su exclusión del tracklist estándar. Un ejercicio coral de optimismo, luminoso de principio a fin, con un precioso teclado que interpreta un arpegio de puro house, una percusión sencillísima a base de un bombo que se basta y se sobra para llevar el ritmo, y un estribillo en notas altas absolutamente pegadizo como principales bazas. Sólo le falta terminar de explotar en su tramo final para haberse convertido en uno de los temas de cabecera de la banda. Por último, el tercer añadido de la edición deluxe es la versión demo de "House". Que aparte de interesante como curiosidad, llama la atención por lo elaborada de su instrumentación para tratarse de una demo: hasta muchas de las frases de Reid están dobladas con una reverberación precisa, que no se obtiene precisamente en una primera toma. Y que cierra así el álbum de la misma forma que lo abría.
Al final llama la atención cómo ese pequeño paso al frente termina por hacer justicia a una de las bandas más injustamente infravaloradas hasta ahora del panorama musical contemporáneo. Porque desde hace años sabemos que se trata de tres excelentes instrumentistas, con una vocalista maravillosa en su registro, y una ambición por crear temas de un pop barroco e intemporal que prime la calidad por encima de cualquier otra consideración. Algo que se les ha venido reconociendo en su país de origen, donde todos sus álbumes han alcanzado al menos el Top 3, incluido este "The Greatest Love" que los ha acercado aunque sea tímidamente a sonidos más actuales. Me imagino que este pequeño paso adelante en su registro no pasará de una curiosidad en su próxima entrega, viendo el poco protagonismo que le han conferido al mismo. En todo caso, mientras que mantengan su talento creativo y su gusto por la música con mayúsculas al margen de modas, seguirán siendo absolutamente recomendables. Aun cuando no siempre apetezca escucharlos.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
domingo, 29 de diciembre de 2024
martes, 24 de diciembre de 2024
Rüfüs Du Sol - "Inhale/Exhale" (2024)
Hoy les traigo una nueva reseña de una de las bandas habituales de este humilde blog. Se trata del trío australiano Rüfüs Du Sol (hasta hace unos años conocido simplemente como Rüfüs), que han regresado hace unas semanas a la actualidad con el que es ya su quinto álbum de estudio: "Inhale/Exhale". Tres años han transcurrido desde ese "Surrender" (2021) que se enmarcaba una vez más en sus patrones habituales: personalidad musical marcada, buen nivel medio de sus canciones, homogeneidad estilística (algo más de lo deseable), y algún que otro momento estelar. Algo a lo que ya nos tienen acostumbrados los de Sydney, y que los sencillos que fueron anticipando esta nueva entrega se encargaron de refrendar de nuevo. La novedad en este caso hubo que buscarla en el tracklist que dieron a conocer semanas antes de la publicación del álbum: nada menos que quince canciones y casi una hora de música, su disco más largo con diferencia hasta la fecha. La pregunta que surgió entonces era inevitable: ¿habían dado estos tres años para ese derroche creativo, o simplemente se habían mostrado menos exigentes a la hora de seleccionar los entre nueve y once temas que componían cada uno de sus álbumes anteriores?
Pues la respuesta admite tanto un sí como un no. Porque es cierto que hay más momentos álgidos que en otras entregas de la banda, e incluso dos o tres canciones con una mayor variedad estilística que en cualquiera de ellas. Pero para bien o para mal, siguen fieles a ese sonido tan acusadamente homogéneo que tiende a perjudicarles en álbumes completos, y la sensación de que hay la inspiración no ha estado siempre al mismo nivel se hace presente en su segunda mitad. Por lo cual el disco vuelve a ser una baza segura para quienes gusten de su pop-dance elegante y bien instrumentado, pero no llega a dar el aldabonazo que seguramente ellos esperaban (de hecho, a nivel ventas se trata de su disco más flojo hasta la fecha, no ha subido del Top 3 en su país de origen, cuando son uno de los grupos más populares por aquellos lares). En todo caso, sus quince cortes presentan un balance claramente favorable, y dan para un análisis pormenorizado.
Podría pensarse que el tema de inicio, "Inhale", de menos de dos minutos y con un mensaje que claramente pretende dar comienzo a la experiencia sonora, es poco más que una intro. Sin embargo, se trata de una excelente composición, oscura y envolvente, con su estrofa y su estribillo claramente diferenciados. Tanto, que da rabia que los de Sydney no se hayan decidido a convertirlo en una canción completa, agregándole su ritmo cuaternario y sus crescendos, porque sin duda lo merece. Afortunadamente, el corte que le sigue, "Lately", también segundo sencillo, es otro momento notable: también oscuro, también envolvente, también tarda hasta casi el final del primer estribillo en entrar su batería. Pero el sintetizador infeccioso de su estribillo ya nos había embaucado, así como los efectos de la percusión electrónica que van adornando la segunda estrofa. No hay parte nueva, pero el tramo instrumental casi desnudo, con protagonismo especial para el sampling femenino, que prepara el crescendo para las repeticiones finales del estribillo, está logrado. Si bien el tema no termina de crecer todo lo que apuntaba, quizá por lo limitado de su estribillo. El comienzo de "Breathe" es excelente, con ese sintetizador en cascada que da paso a otro más discreto que lleva los acordes, y justo después a la voz de Tyrone Lindqvist. De nuevo un tema "marca de la casa", sus continuas paradas, sus teclados chirriantes y sus efectivos crescendos lo convierten en un potencial candidato a quinto sencillo, aun cuando es cierto que su estribillo peca de excesivamente simple. A continuación nos encontramos con el sencillo que anticipó el álbum: "Music Is Better" son cuatro minutos de puro hedonismo y un vídeo-clip mareante, ahora sí con un estribillo más elaborado, pero que desgraciadamente los australianos se encargan de repetir más de la cuenta. No se olvidan, por supuesto, de su habitual carrusel de instrumentos que van y vienen, pero esa repetición excesiva de los estribillos, y una letra excesivamente simple, se antojan innegables indicios de que para tratarse del supuesto tema estrella del álbum, se queda un poco corto.
Más meritorio me parece "Levitating", quinto corte y uno de los momentos álgidos de "Inhale/Exhale". En esta ocasión, el trío baja el tempo, recurre a otro sampling muy adecuado (coral en este caso), aumenta el tenebrismo con una singular percusión que rehúye del tradicional ritmo cuaternario (hasta redobles encontramos antes de la repetición final del estribillo), y remata el conjunto con un Lindqvist que fuerza la voz al máximo en una compleja melodía de notas altas. El balsámico teclado que aparece en la segunda estrofa, tan meritorio que parece casi una guitarra, confirma que los australianos también saben explorar nuevos terrenos, si parten, como es el caso, de una buena composición, y tienen claro a dónde la quieren llevar. El festival continúa con "Break My Love", que deja atrás experimentos y se erige probablemente en la mejor canción del disco. Sabiamente elegida como tercer sencillo, una vez más es el sampling con el que arranca y que la vertebra la evidencia de que el trío opta habitualmente por pocos instrumentos y sonidos para sus canciones, pero los escoge certeramente. Bailable y refinado, sus estrofas son de las mejores que los australianos han compuesto jamás. Y la habilidad con la que preparan el terreno para su disfrutable estribillo, más que notable. Además, por fin nos ofrecen una parte nueva diferente, aunque en realidad no alteran la progresión armónica. Solamente la letra peca, como en otras ocasiones, de sencilla para lo que el resto del tema propone. "In The Moment", séptimo corte, retoma tímidamente esa senda experimental ya mencionada, pero sin dejar de lado el pop bailable y cantable que les caracteriza. Empezando por una progresión armónica que, si se fijan, en su comienzo y estrofas recordará a algunos de los giros de nuestro flamenco. Pero su estribillo ya es un puro llenapistas, sirviéndose de un teclado preeminente que recordará a los sonidos de los DJs más comerciales. La típica parada para coger fuerzas se sale de lo habitual en el trío gracias a ese sampling de voces femeninas negras que le añaden, y que hace que el tema crezca lo suficiente hasta el final. Por desgracia, tras estos siete temas entre lo notable y lo sobresaliente, llega el primer tema menor del disco: "New York" es una canción bastante lenta, lo que por sí no es malo, pero sigue sonando a Rüfüs gracias a esa percusión de factoría industrial y a ese arpegio de teclado que es casi un nenúfar que irán distorsionando a gusto. La melodía es agradable y suficientemente elaborada, los coros femeninos ("I see the ligth in your eyes..."), reparadores, y la intención de adentrarse en otros terrenos, innegable. Pero el resultado evidencia que estos registros no son los mejores para los australianos. Y menos cuando deciden ubicar una canción así justo en el ecuador del álbum.
Aunque con "The Life" recuperan tempo y estilo, el resto del álbum ya no es igual de meritorio que su primera mitad. La atmósfera envolvente, casi espacial en este caso, sigue ahí, así como las percusiones abundantes, la melodía de notas altas, el sampling hacia la mitad del tema... Todo es reconocible. Pero el ritmo cuaternario, escaso de bombo, hace que la canción no se decante entre un momento intimista para nuestro dormitorio o un trallazo para nuestra pista de baile, y la cosa se queda en un correcto término medio (a pesar de que compositivamente es uno de los momentos más trabajados). "Pressure" está más definida, y por tanto resulta más lograda. Tanto, que recientemente ha sido escogida como cuarto sencillo. Una melodía de frases larguísimas en las estrofas (poniendo a prueba la capacidad pulmonar de Lindqvist), y una guitarra rítmica en el estribillo tan distorsionada que parece un sintetizador, son los elementos más singulares de otra buena canción, presidida por esa oscuridad creciente tan característica, y al mismo tiempo tan poco original, en un tema al que le sobra algo de minutaje. "Fire / Desire" es otra de esas canciones de los australianos que podrían pertenecer a cualquier disco y que podríamos haber escuchado ya decenas de veces con anterioridad. Todo correcto, todo disfrutable... todo previsible... hasta ese ritmo tan poco contundente que juega en su contra. "Edge of the Earth" se mueve por territorios muy similares a la anterior, pero ofrece un estribillo en falsete deudor de la época de la música disco, que marida sorprendetemente bien con las atmósferas expansivas y los teclados sintéticos del trío. La steel guitar que rellena su espartana parte media también le añade algo de singularidad, y el sencillo ritmo binario potencia sus virtudes, en lo que para mí constituye el último momento notable del disco.
Porque "Standing at the Gates", décimo tercer corte, es meritorio desde el punto de vista exploratorio: un momento reposado hasta el extremo de contar con una viola en sus escuetas estrofas, original en una percusión electrónica que se sale de los ritmos convencionales, y delicada gracias a ese teclado líquido que hace las veces de piano de cola en esta balada futurista. Pero nuevamente demuestra que los australianos tienen tablas para salir airosos de este tipo de probaturas, pero no es el registro en el que dan lo mejor de sí mismos, y el conjunto resulta un tanto anodino. "Belong", penúltimo corte, ahora sí con toda una sección de cuerda desde el comienzo, es la canción más larga del álbum, un curioso intento de casar clasicismo musical con un arpegio de bajo sintetizado propio de la música de baile de los noventa. Saludable desde el punto de vista experimental, no tanto desde un resultado al que le falta cierta continuidad a lo largo de su extensión, y que no aporta la originalidad suficiente como para resultar disfrutable por sí misma a estas alturas del disco (aunque seguramente si figurara, por ejemplo, en lugar de "Music Is Better", recibiría mayores elogios). Y "Exhale" pone el cierre con una progresión armónica curiosamente colorista y la mayor cantidad de efectos sobre la voz de Lindqvist, cambiada de tono y postprocesada para luego superponerla a la original. En lo que de nuevo constituye un intento de lograr una mayor originalidad en su sonido, pero que nuevamente queda en tierra de nadie, pues ni funciona en la pista de baile ni sube el ánimo en una lluviosa tarde de otoño, dejando finalmente un sabor de boca menos bueno del que deberían estos quince cortes.
Y es que no hay que olvidar que en "Inhale/Exhale" hay nada menos que nueve o diez momentos que merecen reconocimiento. Y eso es más que en cualquier otro álbum suyo, desde luego más que en la inmensa mayoría de álbumes actuales, y algo no demasiado habitual en artistas cuya trayectoria ya es lo suficientemente extensa. El problema es la aparente repetición en la fórmula: incluso aunque los samplings estén muy bien escogidos, aunque las percusiones se intenten adecuar a cada composición, aunque cada tema posea sus propios sonidos sintetizados... Todo termina por sonar parecido, y los esfuerzos por introducir cierta experimentación no terminan de cuajar en la mayoría de los casos, por lo que el supuesto derroche creativo de esta quinta entrega queda diluido. Además, falta un tema de postín que tire de todo el conjunto, y la sensación predominante tras repetidas escuchas es que estamos ante un disco que podría no ser el más reciente de la banda sino cualquiera de los anteriores (más largo y ambicioso, eso sí). Todo lo cual por sí no es malo, ya que se trata de una de las bandas más solventes de la música de baile actual, y sus señas de identidad son un valor seguro al margen de modas. Pero el tiempo de que den el salto a ese grupo de éxito masivo a nivel mundial (a nivel de crítica pero también de público) va pasando y siguen sin alcanzar aquello a lo que parecían aspirar. En todo caso, un álbum recomendable, sobre todo si no se consume en una única sesión.
Pues la respuesta admite tanto un sí como un no. Porque es cierto que hay más momentos álgidos que en otras entregas de la banda, e incluso dos o tres canciones con una mayor variedad estilística que en cualquiera de ellas. Pero para bien o para mal, siguen fieles a ese sonido tan acusadamente homogéneo que tiende a perjudicarles en álbumes completos, y la sensación de que hay la inspiración no ha estado siempre al mismo nivel se hace presente en su segunda mitad. Por lo cual el disco vuelve a ser una baza segura para quienes gusten de su pop-dance elegante y bien instrumentado, pero no llega a dar el aldabonazo que seguramente ellos esperaban (de hecho, a nivel ventas se trata de su disco más flojo hasta la fecha, no ha subido del Top 3 en su país de origen, cuando son uno de los grupos más populares por aquellos lares). En todo caso, sus quince cortes presentan un balance claramente favorable, y dan para un análisis pormenorizado.
Podría pensarse que el tema de inicio, "Inhale", de menos de dos minutos y con un mensaje que claramente pretende dar comienzo a la experiencia sonora, es poco más que una intro. Sin embargo, se trata de una excelente composición, oscura y envolvente, con su estrofa y su estribillo claramente diferenciados. Tanto, que da rabia que los de Sydney no se hayan decidido a convertirlo en una canción completa, agregándole su ritmo cuaternario y sus crescendos, porque sin duda lo merece. Afortunadamente, el corte que le sigue, "Lately", también segundo sencillo, es otro momento notable: también oscuro, también envolvente, también tarda hasta casi el final del primer estribillo en entrar su batería. Pero el sintetizador infeccioso de su estribillo ya nos había embaucado, así como los efectos de la percusión electrónica que van adornando la segunda estrofa. No hay parte nueva, pero el tramo instrumental casi desnudo, con protagonismo especial para el sampling femenino, que prepara el crescendo para las repeticiones finales del estribillo, está logrado. Si bien el tema no termina de crecer todo lo que apuntaba, quizá por lo limitado de su estribillo. El comienzo de "Breathe" es excelente, con ese sintetizador en cascada que da paso a otro más discreto que lleva los acordes, y justo después a la voz de Tyrone Lindqvist. De nuevo un tema "marca de la casa", sus continuas paradas, sus teclados chirriantes y sus efectivos crescendos lo convierten en un potencial candidato a quinto sencillo, aun cuando es cierto que su estribillo peca de excesivamente simple. A continuación nos encontramos con el sencillo que anticipó el álbum: "Music Is Better" son cuatro minutos de puro hedonismo y un vídeo-clip mareante, ahora sí con un estribillo más elaborado, pero que desgraciadamente los australianos se encargan de repetir más de la cuenta. No se olvidan, por supuesto, de su habitual carrusel de instrumentos que van y vienen, pero esa repetición excesiva de los estribillos, y una letra excesivamente simple, se antojan innegables indicios de que para tratarse del supuesto tema estrella del álbum, se queda un poco corto.
Más meritorio me parece "Levitating", quinto corte y uno de los momentos álgidos de "Inhale/Exhale". En esta ocasión, el trío baja el tempo, recurre a otro sampling muy adecuado (coral en este caso), aumenta el tenebrismo con una singular percusión que rehúye del tradicional ritmo cuaternario (hasta redobles encontramos antes de la repetición final del estribillo), y remata el conjunto con un Lindqvist que fuerza la voz al máximo en una compleja melodía de notas altas. El balsámico teclado que aparece en la segunda estrofa, tan meritorio que parece casi una guitarra, confirma que los australianos también saben explorar nuevos terrenos, si parten, como es el caso, de una buena composición, y tienen claro a dónde la quieren llevar. El festival continúa con "Break My Love", que deja atrás experimentos y se erige probablemente en la mejor canción del disco. Sabiamente elegida como tercer sencillo, una vez más es el sampling con el que arranca y que la vertebra la evidencia de que el trío opta habitualmente por pocos instrumentos y sonidos para sus canciones, pero los escoge certeramente. Bailable y refinado, sus estrofas son de las mejores que los australianos han compuesto jamás. Y la habilidad con la que preparan el terreno para su disfrutable estribillo, más que notable. Además, por fin nos ofrecen una parte nueva diferente, aunque en realidad no alteran la progresión armónica. Solamente la letra peca, como en otras ocasiones, de sencilla para lo que el resto del tema propone. "In The Moment", séptimo corte, retoma tímidamente esa senda experimental ya mencionada, pero sin dejar de lado el pop bailable y cantable que les caracteriza. Empezando por una progresión armónica que, si se fijan, en su comienzo y estrofas recordará a algunos de los giros de nuestro flamenco. Pero su estribillo ya es un puro llenapistas, sirviéndose de un teclado preeminente que recordará a los sonidos de los DJs más comerciales. La típica parada para coger fuerzas se sale de lo habitual en el trío gracias a ese sampling de voces femeninas negras que le añaden, y que hace que el tema crezca lo suficiente hasta el final. Por desgracia, tras estos siete temas entre lo notable y lo sobresaliente, llega el primer tema menor del disco: "New York" es una canción bastante lenta, lo que por sí no es malo, pero sigue sonando a Rüfüs gracias a esa percusión de factoría industrial y a ese arpegio de teclado que es casi un nenúfar que irán distorsionando a gusto. La melodía es agradable y suficientemente elaborada, los coros femeninos ("I see the ligth in your eyes..."), reparadores, y la intención de adentrarse en otros terrenos, innegable. Pero el resultado evidencia que estos registros no son los mejores para los australianos. Y menos cuando deciden ubicar una canción así justo en el ecuador del álbum.
Aunque con "The Life" recuperan tempo y estilo, el resto del álbum ya no es igual de meritorio que su primera mitad. La atmósfera envolvente, casi espacial en este caso, sigue ahí, así como las percusiones abundantes, la melodía de notas altas, el sampling hacia la mitad del tema... Todo es reconocible. Pero el ritmo cuaternario, escaso de bombo, hace que la canción no se decante entre un momento intimista para nuestro dormitorio o un trallazo para nuestra pista de baile, y la cosa se queda en un correcto término medio (a pesar de que compositivamente es uno de los momentos más trabajados). "Pressure" está más definida, y por tanto resulta más lograda. Tanto, que recientemente ha sido escogida como cuarto sencillo. Una melodía de frases larguísimas en las estrofas (poniendo a prueba la capacidad pulmonar de Lindqvist), y una guitarra rítmica en el estribillo tan distorsionada que parece un sintetizador, son los elementos más singulares de otra buena canción, presidida por esa oscuridad creciente tan característica, y al mismo tiempo tan poco original, en un tema al que le sobra algo de minutaje. "Fire / Desire" es otra de esas canciones de los australianos que podrían pertenecer a cualquier disco y que podríamos haber escuchado ya decenas de veces con anterioridad. Todo correcto, todo disfrutable... todo previsible... hasta ese ritmo tan poco contundente que juega en su contra. "Edge of the Earth" se mueve por territorios muy similares a la anterior, pero ofrece un estribillo en falsete deudor de la época de la música disco, que marida sorprendetemente bien con las atmósferas expansivas y los teclados sintéticos del trío. La steel guitar que rellena su espartana parte media también le añade algo de singularidad, y el sencillo ritmo binario potencia sus virtudes, en lo que para mí constituye el último momento notable del disco.
Porque "Standing at the Gates", décimo tercer corte, es meritorio desde el punto de vista exploratorio: un momento reposado hasta el extremo de contar con una viola en sus escuetas estrofas, original en una percusión electrónica que se sale de los ritmos convencionales, y delicada gracias a ese teclado líquido que hace las veces de piano de cola en esta balada futurista. Pero nuevamente demuestra que los australianos tienen tablas para salir airosos de este tipo de probaturas, pero no es el registro en el que dan lo mejor de sí mismos, y el conjunto resulta un tanto anodino. "Belong", penúltimo corte, ahora sí con toda una sección de cuerda desde el comienzo, es la canción más larga del álbum, un curioso intento de casar clasicismo musical con un arpegio de bajo sintetizado propio de la música de baile de los noventa. Saludable desde el punto de vista experimental, no tanto desde un resultado al que le falta cierta continuidad a lo largo de su extensión, y que no aporta la originalidad suficiente como para resultar disfrutable por sí misma a estas alturas del disco (aunque seguramente si figurara, por ejemplo, en lugar de "Music Is Better", recibiría mayores elogios). Y "Exhale" pone el cierre con una progresión armónica curiosamente colorista y la mayor cantidad de efectos sobre la voz de Lindqvist, cambiada de tono y postprocesada para luego superponerla a la original. En lo que de nuevo constituye un intento de lograr una mayor originalidad en su sonido, pero que nuevamente queda en tierra de nadie, pues ni funciona en la pista de baile ni sube el ánimo en una lluviosa tarde de otoño, dejando finalmente un sabor de boca menos bueno del que deberían estos quince cortes.
Y es que no hay que olvidar que en "Inhale/Exhale" hay nada menos que nueve o diez momentos que merecen reconocimiento. Y eso es más que en cualquier otro álbum suyo, desde luego más que en la inmensa mayoría de álbumes actuales, y algo no demasiado habitual en artistas cuya trayectoria ya es lo suficientemente extensa. El problema es la aparente repetición en la fórmula: incluso aunque los samplings estén muy bien escogidos, aunque las percusiones se intenten adecuar a cada composición, aunque cada tema posea sus propios sonidos sintetizados... Todo termina por sonar parecido, y los esfuerzos por introducir cierta experimentación no terminan de cuajar en la mayoría de los casos, por lo que el supuesto derroche creativo de esta quinta entrega queda diluido. Además, falta un tema de postín que tire de todo el conjunto, y la sensación predominante tras repetidas escuchas es que estamos ante un disco que podría no ser el más reciente de la banda sino cualquiera de los anteriores (más largo y ambicioso, eso sí). Todo lo cual por sí no es malo, ya que se trata de una de las bandas más solventes de la música de baile actual, y sus señas de identidad son un valor seguro al margen de modas. Pero el tiempo de que den el salto a ese grupo de éxito masivo a nivel mundial (a nivel de crítica pero también de público) va pasando y siguen sin alcanzar aquello a lo que parecían aspirar. En todo caso, un álbum recomendable, sobre todo si no se consume en una única sesión.
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