domingo, 24 de abril de 2022

Josef Salvat - "Islands" (2022)

Apenas hace un año que reseñaba en este mismo blog la por entonces última entrega del crooner australiano Josef Salvat, su EP "The Close / Le Réveil" (2021), que para mí constituyó en realidad su tercer disco de estudio, pues encerraba seis nuevos temas y duraba apenas seis minutos menos que "Modern anxiety" (2020), su anterior álbum. Pero se ve que el convulso periodo que para todos ha significado la pandemia ha servido en su caso para estimular su vertiente creativa, acortando los casi cinco años que habían transcurrido entre su álbum de debut y su segunda entrega a unos poco frecuentes doce meses desde entonces para cada nueva entrega.

Cabría pensar que tan llamativa aceleración en su carrera hubiera sido la consecuencia directa de un menor esfuerzo en la instrumentación de sus nuevas composiciones, que Salvat crea habitualmente con voz y piano, pues la tentación de publicar un álbum con sólo esos dos instrumentos, que acortaría muchísimo el tiempo de elaboración de las canciones, debe de estar siempre presente. No es el caso, sin embargo, de este "Islands" que, por el contrario, incide en los temas repletos de sintetizadores elaborados y de detalles electrónicos que llevan un considerable tiempo preparar hasta lograr los arreglos deseados. Además, Salvat deja para otro momento el esperable "álbum de madurez", y aunque las baladas son un terreno que domina, opta mayoritariamente por los tempos altos, orientados a la pista de baile, pero sin perder ese pop elegante, intemporal y estupendamente interpretado que le caracteriza.

El álbum se abre con el primer sencillo, y también su mejor momento, para que no haya lugar a dudas: "I'm sorry", que ya formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales del año 2021. Un tema rápido que representa muy bien esta colección de canciones, de bajo y percusión sintéticos, ochenteros e infecciosos, sobre el que se desarrolla una muy elaborada melodía en las estrofas, en las que la fantástica voz de Salvat se permite diversas alteraciones, y que desemboca en un estribillo honesto y de puro subidón pop a partes iguales, que redondea con un segundo estribillo cuando empieza aquello de "Another end plays out...", y que está tan condensado que deja con ganas de más. El segundo corte es otro de los momentazos del disco: "Promiscuity", reciente tercer sencillo es, como su explícito título indica, una oda al sexo desacomplejado entre personas de distintos géneros y edades en distintos lugares, en el que además de la letra su ritmo discotequero, su excelente guitarra eléctrica de puro funky, y una percusión que suena contemporánea sin epatar, rematan otras brillantes estrofas y un excitante estribillo en falsete. Lo cierto es que sería muy complicado mantener el nivel de estas dos primeras canciones, y "The drum", segundo sencillo y tercer corte, no lo consigue del todo, aunque instrumentalmente no desentona gracias a otra dosis de electrónica sintética añeja y moderna al mismo tiempo, unas estrofas correctas y un estribillo elegante de tintes sinfónicos.

"So Lite" mantiene el tempo alto, y experimenta un poco más con la instrumentación que las anteriores, en la línea de "Peaches" de su anteriormente citado EP. El estribillo recupera ritmo cuaternario y disfrute, y la letra juega con la obsesión con los productos lights de nuestras sociedades, aludiendo en este caso a su interlocutor/a. Pero se trata de un tema más interesante que brillante. "Pleasure pain" arranca con un extraño piano y diversos samplings que en seguida dan paso a un cálido medio tiempo de pop evocador. Vuelve a resultar más llamativo que disfrutable debido a esa inesperadamente contundente sobredosis de bajos, que sin embargo encaja bien con el colchón de sintetizadores que llevan la progresión armónica. "Sunbeams" es, por fin, la esperada balada, pero con matices: el piano que la sustenta viene acompañado por una percusión sincopada cuya contundencia va creciendo conforme avanza el minutaje, por unos omnipresentes bajos que burbujean, y por gran cantidad de efectos en las diversas pistas vocales. De suerte que, sin ser un gran tema, atrapa nuestra atención hasta el final. Aunque prefiero el séptimo corte, "Honey on the Tongue", más que una balada un auténtico baladón que ralentiza definitivamente el tempo, con una preciosa progresión armónica que cambia por completo en el estribillo, una fantástica interpretación vocal de Salvat, que pone los pelos de punta cuando repite "I don't love you anymore", y la suficiente dosis de teclados (muy a lo Braids, por cierto), que permiten alejar el tema de una producción excesivamente convencional. Aunque lo que más me gusta es el inesperado cambio de melodía vocal en su tramo final.

El último tercio del disco arranca con la delicada y estimulante "Happy": una delicia de pop que se desarrolla poco a poco, con una melodía de mucha amplitud vocal en las estrofas, y de estribillo en falsete que cautiva con sus bajos entrecortados y su programación sintética, perfecta para las más distinguidas pistas de baile. A ello Salvat añade otro segundo estribillo de una única frase ("I'm not sorry yet"), y una parte nueva en la que él se encarga de todos los coros mientras que incisivamente nos pregunta "Is that what you want? A life without love?" para rematar otra certera letra. "Billion faces" desconcierta un poquito con su extraña "guitarra", pero en seguida Salvat nos deja ver que estamos ante el tema más oscuro del disco, de estrofas angustiadas que desembocan en un estribillo en el que su original piano sirve de base para otra melodía muy difícil de interpretar, y que aporta algo de luz al conjunto. Si bien su instrumental y chirriante parte nueva vuelve a recordarnos que no todo es luminoso en la paleta del australiano. "Changes", el penúltimo corte, es otro tema dinámico, de similar colchón rítmico a otros anteriores, con unas estrofas en notas bajas, una llamativa parada y un estribillo agradable, un pelín meloso en su primera parte, pero certero en su segunda. Y en el que una elaborada parte nueva, que encaja brillantemente con el estribillo, completan otro momento notable. Y el disco lo cierra "Islands", la canción que da título al disco, y que puede recordar a los buenos momentos de Keane en esas estrofas presididas por una sencilla pero efectiva guitarra que lleva los acordes. El estribillo también desprende energía, y los coros que se hace Salvat a sí mismo le dotan de originalidad, pero la melodía resulta un tanto enrevesada, y el ritmo un tanto entrecortado, y el solo de guitarra del final un tanto excesivo para este tipo de composición, por lo que no lo considero entre lo mejor del álbum.

Como pueden comprobar, pese a carecer de un par de momentos más de gran nivel que hicieran de "Islands" un álbum a la altura de "Night swim" (2016), el balance final de estas once canciones es claramente favorable. Porque ninguna de ellas desentona, el nivel medio es bueno, y la propuesta, coherente de principio a fin. Todo ello demuestra una vez más que una parte no desdeñable de la mejor música contemporánea que se crea en la actualidad procede de nuestras antípodas: respetando los patrones que han hecho del pop un género inmortal, actualizando su sonido a las posibilidades tecnológicas actuales, pero sin ensuciarlo con esos géneros tan atonales y mediocres creativamente que tanto daño han hecho a la música popular en las últimas décadas. Si a ello le añadimos la elegancia compositiva e interpretativa de Salvat, estaremos ante uno de los artistas más interesantes de la actualidad, que en un mundo ideal sería una de las grandes figuras del panorama internacional, pues su propuesta es apta para el gran público, y su imagen acompaña. Así que espero que por lo menos para los seguidores de este humilde blog sí sea uno de esos grandes nombres, como lo es para mí.

lunes, 18 de abril de 2022

Más de 200.000 páginas vistas

Interrumpo mi revisión de las últimas novedades musicales para dedicar una breve entrada al hito que supone haber superado las 200.000 páginas vistas. Un gran logro si tenemos en cuenta que todo lo que no sea vídeo streaming está irremisiblemente destinado a ser minoritario en el mundo virtual de nuestros días. Aunque en mi humilde opinión un blog con texto explicativo y enlaces asociados siga siendo el mejor cauce para profundizar en lo que realmente encierra tal artista o tal álbum, sin limitarnos a una revisión más visual pero también más superficial. En todo caso, lo realmente llamativo de este logro no es que se haya alcanzado poco después de la primera década de existencia de este blog, sino que se ha logrado menos de un año después de haber superado la cifra de las 50.000 visitas. Es decir, en menos de doce meses el número de visitas a este blog sobre música contemporánea internacional ha CUADRUPLICADO sus visitas. Algo tan llamativo como inesperado por mi parte.

Tan tremendo incremento sólo se explica por una razón: tenacidad. Y es que cuando arranqué este blog en 2011, no me propuse hacerlo un sitio popular, ni mucho menos algo que rentabilizar monetariamente. Únicamente buscaba un cauce para compartir con hipotéticos melómanos al otro lado de la red una de mis grandes pasiones: la música pop y rock contemporáneas. Que por desgracia tan maltratada ha sido en este siglo XXI, cuando casi sin darnos cuenta ha pasado de ser uno de los grandes fenómenos culturales del ser humano a una manifestación artística relegada y reemplazada por la música plana, generada por algoritmos y por artistas sin apenas interés creativo, y de consumo fácil que tan ominipresente resulta en estos últimos tiempos. Algo contra lo que me rebelé hace once años, y en lo que si cabe me he ido reafirmando desde entonces. Por eso he empleado al comienzo de este párrafo la palabra tenacidad. Porque, inaccesible al desaliento, he seguido explorando a quienes continuaban con los géneros que transformaron la música contemporánea, cada vez más al margen de modas y canales de distribución al uso. De suerte que aquellos que, en mi opinión, superaban un umbral mínimo de calidad e interés necesarios, han ido recibiendo puntualmente su atención en este espacio.

En ningún momento me ha preocupado que la propuesta en cuestión pudiera ser minoritaria. No he pensado tampoco en a quién le podrían interesar mis reseñas. Simplemente me he dejado llevar, y con la misma frecuencia con la que continúo explorando nuevos álbumes cada semana, he continuado tenazmente reseñando aquellos discos que "pasaban el corte". Argumentando por qué, intentando resaltar sus virtudes y haciendo visible al mismo tiempo sus defectos. Comencé con un número de visitas realmente reducido, apenas unas pocas por entrada. Poquito a poco alguna de ellas tuvo algo más de tirón, y así alguna de ellas me sorprendía ocasionalmente al haber superado el centenar de visitas. Así hasta llegar a abril del año pasado, cuando por alguna de esas razones que sólo Google entiende, esa acumulación de tenaces entradas minoritarias de pronto prendió en el mundo virtual, y las visitas comenzaron a llegar por miles. De resultas que cuatro de las cinco páginas históricamente más vistas de este blog corresponden a artistas que serán desconocidos para casi el cien por cien de los potenciales melómanos en español, fíjense: Kaleida, Mating Ritual, NoMBe y Avec Sans. Y sin embargo...

Sin embargo para una pequeña porción de esos potenciales melómanos, esos nombres les resultan ya plenamente familiares. Porque este blog seguramente les ha ayudado a descubrir a esos otros artistas que, tenacidad al frente, siguen cultivando pop y rock que suenan contemporáneos y a la vez de calidad. Algo de lo que me siento tan orgulloso como del número de visitas alcanzadas. Y que me anima a continuar investigando el panorama musical, atento tanto a nuevos lanzamientos de esos artistas ya "clásicos" dentro de "pop, rock y más", como a nuevas propuestas musicales que se ciñan a los parámetros que a mi modo de ver son esenciales en la música contemporánea. Así que me congratulo ante todos estos ustedes por la cifra alcanzada, les doy mis más sinceras gracias por todas las muestras de atención recibidas, y les emplazo al siguiente hito de visitas. Que desconozco cuál será, pero que seguremente llegue más pronto que tarde.

GRACIAS.

domingo, 20 de marzo de 2022

Alt-J - "The Dream" (2022)

Tras casi cinco años de silencio ha visto la luz "The dream", el cuarto álbum del trío británico Alt-J. Que con sus dos primeros discos ("An awesome way", de 2012 y "This is all yours", de 2014), merecieron sendas reseñas en este humilde blog, pues no en vano se trata probablemente de la banda más personal que ha surgido de allí en esta última década. Pero, como ya indiqué en una entrada dedicada a álbumes decepcionantes de 2017, su tercera entrega, "Relaxer", bajó claramente el listón, tanto por su menor inspiración como por su mucha menor duración. Así que, aunque contenía buenos momentos como "In cold blood" y, sobre todo, ese "Deadcrush" que sí formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2017, no le dediqué una reseña completa. Y lo interpreté como un bajón del cual ya probablemente no se iban a recuperar. De hecho, transcurrieron para ellos varios años de silencio absoluto, presagio, supuse yo, de su disolución. Sin embargo, durante la segunda mitad del año pasado fueron volviendo a la actividad con nuevos sencillos que, en general, parecían haber recuperado su mejor senda. Por lo cual cuando el mes pasado se publicó "The dream", decidí darle una oportunidad. Todo un acierto por mi parte, porque posiblemente estemos ante el álbum más meritorio de su carrera.

En principio el disco consta de doce cortes, pero es complicado decir cuántos canciones encierra en realidad. Porque uno de ellos ("Delta") dura apenas un minuto, un interludio en toda regla. Pero en los otros once también podemos encontrar unos cuantos interludios que no guardan relación con el resto de la canción (incluso más de uno en algún caso). Por lo que lo mejor es reseñarlo según el tracklist oficial y dejarse llevar por lo que va sucediendo en su personal universo musical, sea parte de una canción o de otra. Un universo que sigue orbitando en torno a la peculiar y no siempre entendible voz de Joe Newman, la gran variedad de registros de los teclados de Gus Unger-Hamilton y esas continuas paradas y arrancadas con baterías entrecortadas, coros inesperados, y guiños velados a estilos del siglo pasado.

El disco lo abre el que tal vez sea su mejor momento. Es habitual en los británicos colocar el tema de creatividad más desbordante al comienzo. Y ése es el caso una vez más de "Bane", más de cinco minutos que encierran nada menos que cuatro partes completamente diferentes: una primera ominosa sobre un arpegio de guitarra y un coro masculino, una segunda que juega con los trémolos vocales y guitarreros y cambia por dos veces la progresión armónica hasta que entran la batería electrónica y el piano, para en su último minuto ofrecer un excelente intervalo instrumental a medias entre el mellotron y otros coros distintos de los del comienzo. "U & Me", el primer sencillo que anticipó el disco el pasado septiembre, es justo lo contrario: una única progresión armónica de cuatro acordes explotada casi hasta la saciedad (sólo una breve parada), aunque es una sucesión de acordes que tiene gancho, por lo que las estrofas rayan a gran altura, y la habilidad de Newman a la guitarra y de Unger-Hamilton a los teclados saca todo el partido posible a la composición (sólo el estribillo baja un poco el nivel por simple y monótono). "Hard drive gold", tercer sencillo, también tiene su punto con el toque setentero de su sección rítmica, la elaborada melodía de sus estrofas, y el solo de teclado de su tramo instrumental, aunque lo más interesante es su letra, el particular punto de vista de un adolescente sobre el capitalismo. "Happier when you're gone" insiste en las melodías complejas y sus personales instrumentaciones con instrumentos que van y vienen, a los que se añade esta vez una sección de cuerda que es casi puro gospel. Pero en mi opinión no pone el acento en las partes más inspiradas de la composición, y por eso baja un poco el nivel frente a las tres anteriores.

"The actor" se ha convertido en el cuarto sencillo extraído hace tan sólo unas semanas. Quizá el tempo más bajo hasta ese punto, es el tema más electrónico del disco gracias a todos los sintetizadores que arropan sus estupendas estrofas. El estribillo tal vez sea menos inspirado, aunque ello queda compensado por su excelente instrumentación y por una letra que refleja la cara oculta de esta profesión, desde los castings fallidos hasta la omnipresente cocaína. "Get better", segundo sencillo, es el segundo tema más largo del disco, y quizá el más monótono. No tengo nada en contra de un tema sentimental construído casi exclusivamente sobre voz y guitarra acústica. El problema es que, a pesar de los originales giros en la progresión armónica y de sus bonitas estrofas, el estribillo es un tanto "blando", y sobre todo, conforme avanza el minutaje apenas "pasa nada" (apenas un sampling de una chica repitiendo el título del tema entre risas), algo muy llamativo en una banda que quizá peque por exceso de lo contrario. Mucho más interesante es "Chicago", otra de esas canciones compuesta en realidad por varios mini-temas entrelazados, que comienza lenta e intimista con la voz y la guitarra eléctrica de Newman, pero que tras un minuto se convierte en una especie de post-rock a lo Tortoise, reforzado por un bombo que resalta el que seguramente es el tempo más alto del disco. Y que da paso luego a varias melodías vocales diferentes, algunas en falsete, otras en un tono de voz normal, e incluso arpegios de piano claramente orientados a la pista de baile. El octavo corte tiene por título otra ciudad estadounidense, "Philadelphia", y es otra poderosa demostración de cómo Alt-J puede variar de registro (tenebroso y oscuro en este caso) y seguir sonando a ellos mismos. En este caso llama la atención la voz femenina casi lírica que introducen puntualmente en las estrofas, y el contraste que provoca con la batería electrónica, la sección de cuerda, y el órgano de música clásica con el que se luce Unger-Hamilton. Todo ello rematado por otro excelente cambio de progresión armónica en su último tercio, que cerca del final consiguen exitosamente armonizar con la principal del tema.

El último tercio del disco, indudablemente el más flojo, lo inicia "Walk a mile", con otro de esos interludios que suena a música negra del primer tercio del siglo XX, para dar paso a un medio tiempo de similar melodía a la del comienzo, y en el que se muestran más comedidos que de costumbre a la hora de ir desarrollándolo, enriqueciéndolo solamente con la instrumentación justa (aunque sus seis minutos y medio se terminan haciendo un poco largos). Como decía al cominezo, "Delta" es el único interludio separado como tal en el tracklist: otro cántico negroide que podría perfectamente aludir al delta del Río Mississipi. "Losing my mind", el penúltimo corte y último momento notable, parece que va a ser otro de esos medios tiempos sureños, pero una vez pasa el primer minuto aceleran un poco el tempo, le añaden contundencia en la batería y crean un colchón de sintetizadores electrónicos y psicodélicos al mismo tiempo... con sus correspondientes paradas acústicas y casi místicas. Y "Powders" es una adecuada forma de bajar el telón: un tema reposado, de bonitos arpegios de guitarras relajadas, melodía dulce y samplings vocales que no estorban y le dotan de originalidad en su segunda mitad.

"The dream" tiene la duración justa para que el derroche de ideas no resulte apabullante, pero también para no dejar la sensación de "álbum menor" que ensombrecía "Relaxer". Y es que está claro que la banda ha aprovechado estos casi cinco años de silencio para recuperar la creatividad y no tirar sólo de oficio o de versiones una vez en el estudio. El resultado es un álbum que, por supuesto, sigue sin ser apto para todos los públicos: lleno de variaciones, de melodías difíciles, de falsetes, de instrumentaciones atípicas, rabiosamente contemporáneo y al mismo tiempo alejado de las modas. Pero que mantiene un nivel medio muy saludable de principio a fin, seguramente más equilibrado que cualquiera de sus antecesores. Así que no queda sino saludar el regreso del trío a su mejor nivel, y confiar en que sigan manteniendo el suficiente tirón comercial para seguir creyendo en su proyecto con futuras entregas.

domingo, 20 de febrero de 2022

Aurora - "The Gods We Can Touch" (2022)

El mes pasado ha visto la luz "The Gods We Can Touch", el tercer álbum de la noruega Aurora Aksnes. Que sin duda ha sido uno de los discos más esperados por la crítica internacional en los últimos tiempos, gracias a la cada vez mayor repercusión que ha ido logrando Aurora con cada nueva entrega. Hasta el extremo de haber generado un auténtico culto en torno a su figura, mezcla de modernidad y tradición, de urbanismo y naturaleza, en el que el personaje es tan importante como la propia propuesta musical. Culto aumentado sabiamente por los nada menos que cinco sencillos de adelanto que vieron la luz desde el verano del año pasado para anticipar el disco. Y que ya dejaban entrever una variedad estilística en absoluto reñida ni con la calidad ni con la pegada comercial.

Para producir el álbum, la compositora ha contado con su colaborador habitual Magnus Skylstad, aunque también hay espacio para otros productores. Ese continuismo creativo refleja que ambos entendían que su propuesta aún podía dar de sí sin necesidad de influencias externas. Y es que ese pop a veces barroco, otras arty, que igual se arrima al cine de mediados del siglo XX que al electro-pop, pero que siempre mantiene la personalidad de la noruega, da cabida a buena parte de la música popular de los últimos setenta años. Algo que la no siempre apreciable variedad de registros vocales de Aurora asegura llevar a buen puerto. De ahí las nada menos que quince canciones que encierra el álbum, un caudal creativo llamativo si tenemos en cuenta que aún no han transcurrido siquiera tres años desde su anterior entrega. Y que suponen un sugestivo recorrido por su desbordante universo personal. Aunque no es oro todo lo que reluce.

Y es que con frecuencia la mezcla de versatilidad y ambición deviene en discos irregulares, con grandes momentos pero también con grandes pifias. No es el caso de este álbum, pero con un tracklist más contenido seguramente hubiera resultado más disfrutable de principio a fin. No lo digo por el tema que le da inicio, "The Forbidden fruits of Eden", un coro evocador y mágico de apenas cuarenta segundos que funciona para crear la atmósfera necesaria, pero sí por ejemplo por "Everything matters": quinto sencillo, con la participación en la composición y en la interpretación de la francesa Claire Pommet, es un medio tiempo oscuro que no termina de maridar bien sus guitarra y pianos acústicos con los bajos sobredimensionados y las voces distorsionadas, y puede resultar entre aburrido y desconcertante para dar comienzo al disco. Afortunadamente "Giving In To The Love" retoma en seguida la senda de los grandes momentos pop. Elegida como segundo sencillo, su equilibrio entre la contundencia percusiva a lo Kate Bush y la melodía ampulosa a lo Florence + The Machine, y su excelente segundo estribillo con cambio de progresión armónica incluida, su letra reivindicativa y sus apoteósicos "la ra la ra" en su tramo final, provocan que sus tres minutos justos sepan a poco. Aunque el gran momento del disco, y uno de los mejores del año pasado como ya reflejé en mi lista de mejores canciones internacionales de 2021 es, sin duda, "Cure For Me": primer sencillo en ser extraído, su electrónica contemporánea sin necesidad de resultar excesivamente arriesgada, su bonita melodía y, sobre todo, sus infecciosos puente y estribillos (coreografía incluida), son garantía de éxito. Aunque hay que destacar lo bien producido que está, siempre creciendo añadiendo elementos como la fantástica percusión electrónica que aparece a partir de su segundo estribillo, la envolvente parada posterior, o los cambios en la melodía en su repetición final... Una auténtica maravilla.

Después de tamaño despliegue cualquier canción languidecería, pero "You Keep Me Crawling" aguanta el tipo llevándose la propuesta a otros terrenos: un medio tiempo angustioso, con sección de cuerda sintetizada, sencillos ritmos programados y un estribillo a varias voces que no entusiasma pero tampoco cansa gracias a su corta duración. No corre la misma suerte "Exist For Love", en realidad un tema publicado hace casi dos años más como epílogo de su anterior "A Different Kind of Human (Step 2)" que como anticipo de este "The Gods We Can Touch": reposado, acústico, y edulcorado en demasía, desentona un tanto del resto del álbum, y está ubicado además en un lugar inadecuado, pues parte por completo la atmósfera generada hasta entonces. Así que mi sugerencia es que pulsen el botón de "forward" sin dudarlo. Afortunadamente, la feminista y reivindicativa "Heathens", tercer sencillo extraído, recobra rápidamente el pulso gracias a ese pop barroco de barniz contemporáneo (que mezcla arpegios de guitarra acústica con una programada sincopada), con una melodía muy personal, etérea y difícil de interpretar al mismo tiempo. Aunque prefiero ese piano casi jazzístico y ese contrabajo que sirven de base a "The Innocent", otro singular tema de art-pop que es capaz de contraponer a esos instrumentos tradicionales samples vocales y percusiones brasileñas, y que se acaba adheriendo a nuestro cerebro gracias a su pegadizo estribillo. El siguiente corte, "Exhale Inhale", baja el tempo y nos propone una base de teclados juguetones combinados con sección de cuerda, y una melodía de gran amplitud vocal que recuerda a la primera época de Björk, en otro ejercicio de estilo más interesante que disfrutable.

"A temporary high", décimo corte y desde hace unos días sexto sencillo publicado, da comienzo al tercio final del álbum. Se trata de un corte que bebe del synth-pop evocador de los ochenta que tanto se cultiva últimamente en el panorama alternativo internacional, y que se construye a partir de un teclado que podrían haber firmado los mismísimos Mating Ritual, si bien lo que le da solidez al tema son sus brillantes estrofas, sus crescendos, y otro estribillo elaborado y tarareable. Si bien para mí el tercer y último gran momento del álbum es "A Dangerous Thing". Cuarto sencillo extraído a principios de este año, va creciendo poco a poco a partir de su guitarra acústica inicial, de manera que sus intimistas estrofas terminan desembocando en el que inesperadamente resulta ser el mejor estribillo del disco, capaz de enlazar las notas de las distintas frases saltándose con mucha originalidad algunos compases. Y su pesimista letra (ese hiriente "There's no love in the end") entronca fantásticamente con la atmósfera de la canción, y llega a poner los pelos de punta. "Artemis" es un personalísimo tema sobre arpegios de guitarra y un acordeón que es puro tango de hace casi un siglo, sin percusión alguna, y sin embargo agradable a pesar de su clara intención exploratoria. "Blood in the wine" es el último gran momento del álbum: pop barroco que recuerda otra vez a Florence Welch, gracias al contraste entre sus intimistas estrofas y su estridente y apoteósico estribillo. Aunque ese bombo electrónico nos recuerda que la noruega tiene una mayor inquietud por sonar contemporánea que la galesa. Además, la producción vuelve a rayar a gran altura, añadiendo o quitando constantemente instrumentos, jugando con la percusión, y añadiendo un piano, una sección de cuerda, o efectos vocales, según lo va requiriendo el tema.

En los dos últimos cortes Aurora baja el tempo e intenta cerrar con su versión más intimista "This Could Be A Dream" es una bucólica balada, de melodía agradable sin resultar melosa y estribillo convincente que a mí me recuerda a algunos de los lentos menos ominosas de Pet Shop Boys, quizá por esa caja de ritmos sencilla pero claramente presente y esa cinematográfica sección de cuerda. Y la singular "nana" "A Little Place Called The Moon", acústica a lo Hollywood años cincuenta, tiene su punto a pesar de esos dos minutos de "oooh oooh" y el chirriante teclado que le sigue, si bien yo habría preferido un tema más rápido y de desenlace apoteósico para cerrar con otro estado de ánimo el conjunto.

Como puede deducirse, la variedad estilística es al mismo tiempo la mayor virtud y el mayor defecto de este muy elaborado disco. Personalmente yo habría preferido que se hubieran eliminado tres temas del tracklist ("Everything Matters", "Exist For Love" y "A Little Place Called The Moon"), con lo que habría quedado un disco aún con doce temas y una duración razonable, pero mucho más disfrutable de principio a fin. Pero la noruega posee una personalidad musical tan acusada, y es capaz de abarcar en su propuesta tantos estilos e influencias, que le preocupa más darle salida a sus inquietudes que entregar álbumes redondos. Aun así, por composición, producción, instrumentación, y capacidad de experimentación sin cerrarse público, la de Aurora es una de las propuestas más interesantes del panorama musical contemporáneo. No hay mejor evidencia que el hecho de que se hayan extraído ya nada menos que seis sencillos del mismo. Así que no lo duden y háganse con este "The Gods We Can Touch", discúlpenle su ambición excesiva, pulsen el "forward" cuando lo estimen oportuno, y vayan iniciando la cuenta atrás para su cuarto álbum. Que ya esperamos ansiosos.

sábado, 22 de enero de 2022

Chvrches - "Screen violence" (2021)

Haec unos meses que se publicó "Screen violence", el cuarto álbum de los escoceses Chvrches. Que ya han tenido en este humilde blog dos entradas dedicadas a su primer y tercer disco, ese "Love is dead" (2018) que a mi modo de ver llevó su propuesta musical a unas cotas de calidad e interés desconocidas hasta entonces. A pesar de lo cual cuando vio la luz este cuarto álbum el pasado mes de agosto afronté su escucha con cierta desconfianza. Y es que el trío es de los que depende mucho de la inspiración, y lo mismo publican un temazo irresistible que una sucesión de canciones ampulosas y sin sustancia. Que es lo que esperaba iba a suceder tras escuchar su sencillo de anticipación, ese "He said she said" que me dejó completamente indiferente. Aunque al final el balance es positivo, los momentos buenos vencen a los anodinos, y ha acabado formando parte de mi discoteca particular.

Cada vez que hablo de Chvrches aclaró que para mí al menos no son una banda de electro-pop, etiqueta que creo que sólo determinados críticos anclados en el pasado siguen utilizando, sino una banda de pop convencional, que crea temas de estructura clásica, no especialmente orientados a la pista de baile, y que los arropa ciertamente con teclados un tanto "retro", pero tambiéncon guitarras y bajos eléctricos, baterías y otros instrumentos que se salen de esa etiqueta. Lo importante no es esa pátina que sin duda saben darle a sus creaciones, lo importante es cómo de acertados hayan estado con las partituras en cada nuevo disco. Y si han sido coherentes con el resto de su carrera. Tras múltiples escuchas, lo segundo resulta indudable; lo primero, no siempre.

Porque para poder llegar a disfrutar de este álbum es necesario concederle muchas oportunidades y armarse de paciencia con los momentos menos inspirados. Que tal vez no sea el caso de "Asking for a friend", el corte que lo abre. El cual suena evidentemente a Chrvches, y que con el oficio que desprenden su instrumentación y sus arreglos puede llegar a parecernos un buen tema, pero que en realidad simplemente cumple con su melodía excesivamente cristalina y su duración un tanto excesiva. Pero que es claramente superior a los tres cortes siguientes, excesivamente ampulosos y sin sustancia. Comenzando por la ya mencionada "He said she said", todo un ejercicio de pop que más que cautivar nos aturde, y que suena ya demasiado trillado, a pesar de ese autotune del que tiran para dotarle de cierta originalidad. Siguiendo por "California", un poco más contenida en sus estrofas, pero lastrada de nuevo por ese estribillo y esos intervalos instrumentales de brillantez impostada. Y terminando por "Violence delights", que además de adueñarse de una caja de ritmos que todos hemos escuchado desde hace décadas en infinidad de canciones, vuelve a insistir en unos estribillos de grandilocuencia vacua que arruinan unas estrofas prometedoras.

Justo cuando ya nos empieza a parecer evidente que esta vez el trío ha entregado un álbum prescindible, la cosa cambia para mejor, y ya aguanta así en los seis cortes restantes. De ello tiene buena culpa "How not to drown", segundo sencillo y probablemente el tema estrella del álbum gracias a la colaboración en la composición y la interpretación de Robert Smith, el líder de The Cure. Pese a lo cual el tema sigue sonando a Chvrches, y no desentona con la propuesta del resto del álbum, pero pierde esa impostura de los precedentes y suena honesto en su desazón. Además, es curioso escuchar cómo Smith es capaz de interpretar una melodía diferente en estrofas y estribillos a la de Lauren Mayberry, no una tercera ni una quinta por debajo, y sin embargo no desafinar. Y el tramo final, aunque un poco largo, muestra que los cuatro saben cómo sacarle partido instrumentalmente a los acordes del estribillo, con la "steel guitar" de Smith equilibrando el sonido habitual del trío. Le sigue el que para mí es sin duda el mejor momento del disco, y la razón que me animó a reseñarlo: "Final girl" es, si cabe, un medio tiempo aún más oscuro y contundente que el anterior, con unas estrofas largas y meritorias que esta vez no son arruinadas sino mejoradas por un estribillo que cambia la tonalidad y acierta en el mejor arpegio de guitarra de todo el disco. A ello le añadimos ese segundo estribillo que demuestra que estaban sobrados de inspiración ese día, unos bonitos intervalos instrumentales, y una estupenda letra ("And it feels like the weight is too much to carry, I should quit, maybe go get married...", que compensan de sobra el bajo que han "fusilado" del "Precious" de Annie Lennox. Aunque curiosamente el tema elegido como tercer sencillo ha sido el otro con "chicas en el título: "Good girls" es seguramente el momento más electrónico del disco, cien por cien Chrvches y un tanto estridente, pero disfrutable gracias a ese logrado colchón de sintetizadores, a su batería electrónica, a ese segundo estribillo que mejora al primero, y a su guitarrero tramo final, esta vez no alargado innecesariamente.

El tramo final del disco mantiene razonablemente bien el tipo. "Lullabies", el octavo corte, arranca muy bien con su piano, su bajo slap y su caja sobredimensionada, propone unas estrofas elaboradas y un estribillo razonablemente melancólico, y remata con otro grandilocuente pero interesante tramo instrumental. "Nightmares" insiste en las reverberaciones de la voz de Mayberry, especialmente en otras estrofas introspectivas y bien llevadas, pero cambia la glucosa habitual de sus estribillos por una rabia ominosa y un largo puente instrumental que la convierten, para mi gusto, en el segundo mejor momento del álbum. Y el cierre lo pone "Better if you don't", un agradable y guitarrero contrapunto a tanto sintetizador estridente, que no es ni de sus momentos más conseguidos, pero que está perfectamente ubicado justo al final y nos muestra que el trío también es capaz de cambiar de registro sin perder su personalidad, en especial en el bonito juego entre las voces y el juguetón sintetizador principal en su reposado estribillo.

Con una carrera ya tan consolidada es difícil que Chvrches renuncien a los aspectos menos positivos de su sonido. La fórmula "estrofas melancólicas - estribillos estridentes" la manejan tan bien que a menudo no se dan cuenta de que el resultado es un tanto vacío. También les siguen sobrando medios tiempos y les falta subir o bajar el tempo, para bien acercar su propuesta a la pista de baile o a nuestro dormitorio en una fría tarde. Pero saben cómo quieren sonar, y en este álbum han acertado con la colaboración de Smith y con un par de grandes momentos que no tienen nada que envidiar a los mejores de sus tres discos anteriores. Así que punto positivo para el trío. Sólo queda esperar si la inspiración puede más que el oficio en su próxima entrega, me imagino que allá por 2024.

sábado, 8 de enero de 2022

Las 20 mejores canciones internacionales de 2021

Un año más ha llegado el momento de echar la vista atrás y proponer una lista que nos permitan sintetizar lo mejor de este 2021 que nos dejó días atrás. Por segundo año consecutivo debo desgraciadamente hablar de "año histórico" por todo lo que nos ha tocado vivir. Una situación anómala cuyo impacto aún se ha dejado sentir tanto en la música en directo como en los grandes lanzamientos de repercusión mundial. Eso sí, el volumen de canciones creadas y publicadas tras lo peor del confinamiento ha vuelto a lo niveles habituales, aunque mi conclusión es que la música popular sigue sin pasar por su mejor momento, fagocitada por los mediocres y omnipresentes reguetón y trap. En todo caso, como el volumen de álbumes publicados excede ampliamente los en torno a setenta que he conseguido escuchar en los pasados doce meses, seguiré sin proponer una lista de mejores discos. Pero un año más sí que les ofrezco una lista con 20 canciones internacionales que recordar de este 2021. Con mis dos criterios habituales: temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y una única canción por artista, para conseguir una panorámica lo más amplia posible del primer año de la nueva década. Y siempre con la ambición de localizar las melodías, las armonías, las mejores producciones, el talento, la originalidad y, al fin y al cabo, la calidad que siempre intento localizar y dar a conocer con mi blog.

La lista de este año es particularmente ecléctica respecto al país de procedencia de sus intérpretes. Comandan los siete de E.E.U.U., seguidos por los cinco del Reino Unido, pero llaman la atención la presencia de tres artistas de la cada vez más pujante Australia, y de una panoplia de intérpretes de otros muchos lugares (Austria, Noruega, Alemania, Sudáfrica...). Lo que refleja una vez más que el pop y el rock que son la razón de ser de este blog constituyen un lenguaje universal que se puede cultivar con éxito en casi cualquier lugar del mundo.

Sin más dilación, aquí les ofrezco la lista:

1. Illenium - "First time". Sistemáticamente ignorado por la crítica, es cierto que el norteamericano Nicholas D. Miller repite fórmula una y otra vez en sus largos discos de future bass, como el más reciente, "Fallen embers", que ya reseñé hace unos meses. Lo cual no implica que frecuentemente esos temas no sean dignos de atención especial. En particular éste, con Iann Dior en la parte vocal, y que supone una fascinante actualización del power pop californiano de los noventa a los sonidos contemporáneos, con unas preciosas guitarras, una melodía infalible, una letra evocadora y los habituales intervalos instrumentales en ritmo cuaternario que redondean la en mi opinión mejor canción del año.
2. AURORA - "Cure for me". Publicada como anticipo de su esperadísimo tercer álbum, que verá la luz dentro de unos días, la noruega Aurora Aksnes dio en el clavo con este infeccioso tema, que sin renegar de su tendencia a crear canciones a medio camino entre el pop barroco y el folk nórdico, nos traslada a una singular pista de baile (coreografía incluída) que ya ha recibido más de quince millones de visitas. Y es que Aksnes está a un paso de convertirse en una de las artistas más importantes del planeta.
3. Cloves - "Sicko". La australiana Kaity Dunstan publicó hace unos meses "Nightmare on Elmfield Road", su segundo disco. En el que se alejó del rock ortodoxo de su primera entrega y jugó a mezclarlo con otras sonoridades más contemporáneas. Como en este evocador corte, que utiliza parte del estribillo del "Tom's Diner" de Suzanne Vega pero lo traslada a una atmósfera de pop-rock intimista del siglo XXI, tan singular como elegante sin rehuir de las frases declamadas, y formidablemente producido.
4. Baby Queen - "Raw thoughts". La sudafricana afincada en Londres Arabella Latham ha debutado este pasado año con "The yearbook", un interesante ejercicio de bubblegum pop en el que sobresale esta formidable canción, que no pierde el tono de protesta y denuncia contra lo establecido del resto del disco, pero que lo eleva a otras cotas con la contudencia de su percusión, su juguetona guitarra eléctrica y, sobre todo, su apoteósico estribillo, de los mejores del año.
5. Girl Blue - "Falling star". La norteamericana Arielle O’Keefe debutó hace unos meses con "Heavy heart", que en varios momentos me parece lo mejor que ha dado el cruce de pop y folk en los últimos años. Como en este tema que nos puede recordar a Laura Marling, pero que nos pone los pelos de punta con su cristalina melodía sobre una sencilla guitarra acústica, la clásica y sin embargo elaborada instrumentación de su estribillo, y una letra que reniega del vacío tras las poses actuales.
6. Ider - "cbb to b sad". El dúo británico formado por Megan Markwick y Lily Somerville publicó el pasado ejercicio "Shame", su segundo álbum. Breve y menos inspirado de lo que nos habría gustado, contenía no obstante esta maravilla de pop a dos voces, construída sobre un elaborado y efectivo loop de percusión que sirve de base a una bonita melodía, a un original piano, y a una de las mejores letras de los últimos tiempos sobre el conformismo dentro de una relación.
7. Cheat Codes - "Ghost story". El trío californiano, que habitualmente se mueve a medio camino entre el pop y la EDM, nos ofreció dentro de su segundo álbum, "Hellraisers, Pt. 2", este inesperado tema de rock rápido y contundente sobre una guitarra de rápidos rasgueos, conveniente producido eso sí para que se vea que estamos en el año 2021 y no en el siglo XX. Rematado por su excelente melodía principal, por cierto nada sencilla de interpretar.
8. Laikka – "The answer". El dúo austríaco debutó el pasado otoño con "Morning glow", un meritorio ejercicio de pop contemporáneo con un acertado equilibrio entre sentimiento y electrónica. En el cual sobresalía este temazo, cuyo infeccioso arpegio de guitarra sirve de base para cautivarnos con su elegante melodía y la contundencia de sus percusiones.
9. Deladap feat. Melinda Stoika - "Summer rain". La original y veterana banda de Europa del Este, comandada por el checo Stani Vana, publicó el que, si viviéramos en un planeta con algo de justicia musical, habría sido el mayor éxito de la música de baile a nivel mundial. Con la guitarra acústica a lo Avicii en las estrofas, una progresión armónica oscura en las estrofas que cambia magistralmente en su tarareable estribillo, y el teclado estelar en los tramos instrumentales, posee todos los ingredientes necesarios. Prueben a ponerla en su casa un sábado por la noche.
10. Grouplove - "This is the end". Los siempre inclasificables californianos publicaron el pasado año "This is this", su nuevamente irregular quinto álbum. Que sin embargo incluía el que para mí es el mejor tema de su carrera, y la mejor canción de rock del pasado año. Guitarras rasgadas, una elegante y efectiva progresión armónica, y la precisa mezcla de ritmo y distorsión en su estribillo que no necesita apenas letra para dar salida a toda la rabia que encierra.
11. Rüfüs du Sol - "On my knees". El mejor momento de "Surrender", el cuarto álbum de los de Sydney. Su acusada personalidad en un tema inquietante y envolvelnte, en el que ruidos y efectos complementan a la perfección la siempre brillante interpretación vocal de Tyrone Lindqvist. Y en el que el bombo marcando un ritmo binario del que últimamente tanto suelen rehuir, pone la guinda que orienta el tema a las mejores pistas de baile y los festivales de más caché.
12. Shelter Boy - "Atmosphere". Otro debut que nos ha sorprendido ha sido el del alemán Simon Graupner, "Failure familiar". Que, paradójicamente, suena más británico que cualquier entrega de las Islas. Porque en esta fantástica canción de indie rock están The Smiths, están The Stone Roses, están The Charlatans y quién sabe qué otras influencias de los ochenta y noventa. Aunque sus maravillosos arpegios de guitarra y estribillo merecen reconocimiento propio.
13. Baba Ali - "Black wagon". "Memory device", el álbum de debut del estadounidense afincado en Londres, nos proporcionó el que en mi opinión ha sifo el mejor tema de soul de los pasados 12 meses. Alejado de los ritmos sincopados y la nociva influencia del rap que tanto contamina este estilo últimamente, su melodía "negroide" y su obsesiva instrumentación demuestran por dónde debería ir el soul para recuperar el terreno perdido en estos años.
14. Erasure - "Secrets". Se me hace raro seguir incluyendo canciones de Vince Clarke y Andy Bell casi cuarenta años después de su debut. Pero es que en su The Neon Remixed incluyeron este gran tema, que se habían guardado de las sesiones de The Neon, sabedores de que merecía una atención especial. Una fantástica letra acerca de infidelidades intuidas sobre un efectivo bajo electrónico y la parafernalia de sintetizadores vintage que le permiten triunfar en la pista de baile y mirar de frente a los grandes clásicos del dúo.
15. Josef Salvat - "I'm sorry". Por sorpresa, tan sólo unos meses después de entregar su tercer e interesante EP/LP (The Close / Le Réveil) el australiano publicó este tema, que se supone será el anticipo de su cuarto "largo". Y que, de manera valiente, rehúye una vez más la siempre latente tentación de limitarse a su voz y al piano para instrumentar sus temas, y recurre en cambio a una caja de ritmos y a un bajo sintetizado de sonoridad retro que suponen el contrapunto perfecto para su fantástica melodía.
16. Peakes - "Day and age". Dream pop de reminiscencias New Wave, que les enseñan a Nation Of Language por dónde debería haber ido su fallido segundo álbum. El trío inglés Peakes entregó un álbum de debut no siempre inspirado, pero que en maravillas como ésta demuestra su dominio de las armonías sugerentes sin necesidad de bajar el tempo. A ver si por fin reciben la atención que merecen.
17. Koreless - "Black rainbow". El álbum de debut del galés Lewis Roberts, "Agor", fue unánimente ensalzado como uno de los mejores de la música electrónica de los pasados doce meses. Excesivamente lineal para mi gusto, contenía no obstante este formidable corte, ominoso y obsesivo a la vez que de sonoridad cristalina. Sólo le falta algo más de percusión para haber sido un tema perfecto.
18. Lala Lala - "DIVER". Para su tercer álbum, la de Chicago se alejó del indie guitarrero de sus primeras entregas, y enriqueció su paleta sonora con sintetizadores y efectos que, contra lo que cabría pensar, contribuyeron a reforzar su personalidad. Lo que U.S. Girls jamás llegarán a lograr por más que la encumbren los medios alternativos, lo logró Lillie West en este originalísimo tema.
19. Shaed - "Colorful". El mejor de los sencillos que ha visto este año del primer álbum de los estadounidenses Shaed. Pop sentido, que usa magistralmente las cuerdas sintetizadas, no rehúye de la pista de baile, y que por su melodía de notas altas posibilita el lucimiento vocal de Chelsea Lee.
20. Fred V feat. Millbrook - "Poison". El disco de debut en solitario del británico Fred V, "Radiate", resultó excesivamente monótono para dedicarle una reseña, pero contenía este gran tema de drum & bass del año 2021, oscuro, bailable y fenomenalmente interpretado por Millbrook a partes iguales.

Por más que he revisado esta lista, siempre me inquieta haber dejado fuera de la misma temas que lo merecieran, bien por la limitación en el número de canciones, bien porque no hayan llegado (aún) a mis oídos. Pero aun con ese riesgo, estoy convencido de que estas veinte canciones son un buen compendio de lo mejor que nos han ofrecido musicalmente los pasados doce meses, puesto que pone de manifiesto que si no nos quedamos en la superficie de lo que nos tratan de imponer los medios generalistas e independientes, podremos seguir encontrando grandes dosis de creatividad e innovación contemporáneas. Que, como bien saben, es lo que siempre persigo en este humilde blog.

sábado, 11 de diciembre de 2021

Cloves - "Nightmare On Elmfield Road" (2021)

No es algo que esté fomentando de manera consciente, pero de un tiempo a esta parte es de Australia de donde más novedades musicales estoy reseñando: Cut Copy, Josef Salvat, Rüfüs Du Sol... y ahora, Cloves. Y es que, en mi opinión, nuestras antípodas están logrando mantener los ingredientes principales de la música pop al margen de tendencias musicales que predominan en el resto de los países anglosajones, y que tanto están degradando la música contemporánea. Tal vez influya su ubicación geográfica, pero es incuestionable que en las propuestas que nos llegan de Australia no queda apenas espacio para el hip-hop, el reguetón, el trap, o incluso el folk, estilos de lo que poco cabe esperar. Pero, sin embargo, sí que están siendo capaces de actualizar el sonido del pop clásico y más o menos bailable para que suene contemporáneo. El resultado es una mezcla de música evocadora y de calidad que explica por qué se cuelan cada vez más frecuentemente en este humilde blog.

La última australiana en subirse al carro del pop elegante y contemporáneo de sus paisanos ha sido Cloves, o lo que es lo mismo, Kaity Dunstan, quien hace unos meses publicó su segundo álbum, "Nightmare On Elmfield Road". Con su primer disco, "One big nothing" (2018), Dunstan no logró el nivel suficiente como para que le dedicara una reseña independiente, pero sí consiguió aparecer en mi lista de mejores canciones internacionales de aquel año con su excelente "Bringing the house down", una pieza de rock atemporal dominada por sus rasgueos de guitarra y su voz poderosa y de cautivadora amplitud vocal. Pero quizá el conjunto del disco pecaba de excesivo clasicismo, de una ortodoxia que no terminaba de reflejar las inquietudes musicales de una chica tan joven. Sin embargo, para este segundo álbum, Cloves ha dado una llamativa vuelta de tuerca a su estilo, limitando en el mismo el predominio del rock gracias a una serie de canciones que podemos definir más acertadamente como pop, y sobre todo, reemplazando ese sonido ortodoxo pero un tanto añejo por una contemporaneidad exquisita. Si a ello le añadimos cuatro sencillos a los que apenas se les puede poner algún pero, esta reseña está más que justificada.

Eso sí, para que no nos desorientemos, el álbum sitúa esos cuatro sencillos en los cinco primeros cortes. En primer lugar, "Manic", que fue el tercer sencillo antes del verano. Un medio tiempo oscuro, de estrofas cautivadoras, estribillo sencillo, sampling vocales que aumentan la sensación de opresividad, un original violín para complementar el piano y una interesante sección de cuerda en su tramo final para llevar el tema a unas cotas fascinantes. Le sigue "Sicko", segundo sencillo hace ya casi un año, y para mí superior incluso al corte anterior. De hecho, las estrofas me parecen de las mejores de este 2021 próximo a acabar, de una elegancia ominosa que hace daño. Justo a continuación Cloves revela la sorpresa de la utilización de algunas notas del "Tom's diner" de Suzanne Vega, a pesar de lo cual la canción mantiene una personalidad propia que la aleja de la mera revisión. Hecho que se ve acrecentado tras el segundo estribillo, cuando los samplings instrumentales se superponen a la melodía casi declamada con que se remata el conjunto. El festival continúa con "Nightmare", puro trip-hop hasta el punto que me atrevería a decir que no desentonaría entre los mejores momentos de Portishead. De atmósfera cinematográfica y sostenida por un bajo slap en primer plano, su estribillo a dos voces, una de notas altísimas y la otra casi declamada, es francamente interesante.

Tras esta terna de momentazos, Cloves introduce un pequeño interludio que podría haber sido interesante si se hubiera desarrollado ("And now a word from one of the many voices in my head saying something I won’t remember later"), pero que dada su cortísima duración aparenta ser una mera excusa para que el disco llegue a los diez cortes de rigor. Menos mal que le sigue "Dead", primer sencillo, que anticipó el álbum hace un año. El más contundente y de tempo más alto de los cuatro, es también el que mejor entronca con la propuesta rockera de su primer disco. Estrofas de una calidez adictiva, y un estribillo de notas altas coincidiendo con una progresión armónica que cambia de tonalidad y lleva el tema por derroteros distintos de los esperables. Aunque lo mejor se lo reserva Cloves para el final: una coda casi instrumental, con unos sintetizadores en trémolo y unas voces distorsionadas que demuestran que, si se posee el talento, se puede emplear la tecnología del siglo XXI para conseguir resultados tan fascinantes como evocadores.

El problema es que a estas alturas el disco ya ha desvelado todas sus mejores bazas, y hasta que llegue a su fin, el conjunto baja un tanto. Aunque debo aclarar que ninguna de las restantes canciones decepciona, y la producción y la instrumentación están a la altura de los cuatro sencillos. "Screws" vuelve a moverse entre el pop contemporáneo y el rock de guitarras, y la contundencia de la batería en su estribillo profundiza en ese nivel de energía. Pero le falta algo de inspiración en la composición. "Better" sube un poco el nivel, entre otras cosas gracias a su excelente principio y al contrapunto entre su melodía etérea y la contundencia de sus ritmos programados. Pero la composición en sí es un poco escasa para un tema completo (estrofas cortas y de notas repetitivas, y un estribillo igual de simple), y eso provoca que ni siquiera con toda la exhibición de su instrumentación el resultado llegue al de los cuatro sencillos. "Paranoid", el octavo corte es, en mi opinión, el único que sí alcanza el nivel del primer tramo del disco. Nuevamente de comienzo cinematográfico, y sustentado en esta ocasión por un piano acústico, sus estrofas de reminiscencias psicodélicas consiguen a pesar de la dificultad que entrañan encajar con su tarareable estribillo en acordes mayores. La sección de cuerda y su inquietante parte nueva tiran del tramo final para arriba.

"Grudge" es el tema más electrónico, y también en el que mejor se aprecian las cualidades vocales de Dunstan, gracias a su instrumentación más espartana en estrofas y estribillo. El problema es que los distorsionados efectos (casi de future-bass), se agradecen por lo que tienen de experimental, pero no encajan con el resto de la canción, y arruinan un tanto todo lo que prometía al comienzo. Y en apenas media hora escasa el disco llega a su final con "Beast": directamente la voz de Cloves y un arpegio de guitarra eléctrica desarrollando la primera estrofa. Un panorama que irá creciendo en riqueza sonora hasta su notable intervalo instrumental en el tramo final. Pero son apenas dos minutos de canción, y cuando termina inevitablemente nos quedamos con ganas de más.

Y esa es una sensación peligrosa para terminar la escucha, porque puede hacernos prestar más atención a la brevedad del conjunto que a la brillantez de su primer tramo. Está claro que por lo menos el último corte y alguno otro más se habría beneficio de un desarrollo más largo que le hubiera permitido alcanzar los cuatro minutos, sin que por ello hubieran resultado aburridos. Y que tan sólo con un undécimo corte del nivel de los cuatro primeros, Cloves habría convertido un buen álbum como éste en uno de los mejores álbumes del año. Porque por talento creativo e instrumental es a lo que apuntaba conforme se fueron publicando los sencillos de adelanto. Pero al final el resultado se queda un escalón por debajo de lo que nos habría gustado (aunque varios por encima del nivel medio de los discos de este discreto 2021). Así que espero que para el tercer disco Cloves mantenga la propuesta creativa de este segundo, pero dedique un poco más de tiempo a recopilar el suficiente número de composiciones de nivel. Si logra ambas cosas, les anticipo que el resultado será excepcional. Yo ya estoy esperando.

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