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domingo, 20 de marzo de 2022

Alt-J - "The Dream" (2022)

Tras casi cinco años de silencio ha visto la luz "The dream", el cuarto álbum del trío británico Alt-J. Que con sus dos primeros discos ("An awesome way", de 2012 y "This is all yours", de 2014), merecieron sendas reseñas en este humilde blog, pues no en vano se trata probablemente de la banda más personal que ha surgido de allí en esta última década. Pero, como ya indiqué en una entrada dedicada a álbumes decepcionantes de 2017, su tercera entrega, "Relaxer", bajó claramente el listón, tanto por su menor inspiración como por su mucha menor duración. Así que, aunque contenía buenos momentos como "In cold blood" y, sobre todo, ese "Deadcrush" que sí formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2017, no le dediqué una reseña completa. Y lo interpreté como un bajón del cual ya probablemente no se iban a recuperar. De hecho, transcurrieron para ellos varios años de silencio absoluto, presagio, supuse yo, de su disolución. Sin embargo, durante la segunda mitad del año pasado fueron volviendo a la actividad con nuevos sencillos que, en general, parecían haber recuperado su mejor senda. Por lo cual cuando el mes pasado se publicó "The dream", decidí darle una oportunidad. Todo un acierto por mi parte, porque posiblemente estemos ante el álbum más meritorio de su carrera.

En principio el disco consta de doce cortes, pero es complicado decir cuántos canciones encierra en realidad. Porque uno de ellos ("Delta") dura apenas un minuto, un interludio en toda regla. Pero en los otros once también podemos encontrar unos cuantos interludios que no guardan relación con el resto de la canción (incluso más de uno en algún caso). Por lo que lo mejor es reseñarlo según el tracklist oficial y dejarse llevar por lo que va sucediendo en su personal universo musical, sea parte de una canción o de otra. Un universo que sigue orbitando en torno a la peculiar y no siempre entendible voz de Joe Newman, la gran variedad de registros de los teclados de Gus Unger-Hamilton y esas continuas paradas y arrancadas con baterías entrecortadas, coros inesperados, y guiños velados a estilos del siglo pasado.

El disco lo abre el que tal vez sea su mejor momento. Es habitual en los británicos colocar el tema de creatividad más desbordante al comienzo. Y ése es el caso una vez más de "Bane", más de cinco minutos que encierran nada menos que cuatro partes completamente diferentes: una primera ominosa sobre un arpegio de guitarra y un coro masculino, una segunda que juega con los trémolos vocales y guitarreros y cambia por dos veces la progresión armónica hasta que entran la batería electrónica y el piano, para en su último minuto ofrecer un excelente intervalo instrumental a medias entre el mellotron y otros coros distintos de los del comienzo. "U & Me", el primer sencillo que anticipó el disco el pasado septiembre, es justo lo contrario: una única progresión armónica de cuatro acordes explotada casi hasta la saciedad (sólo una breve parada), aunque es una sucesión de acordes que tiene gancho, por lo que las estrofas rayan a gran altura, y la habilidad de Newman a la guitarra y de Unger-Hamilton a los teclados saca todo el partido posible a la composición (sólo el estribillo baja un poco el nivel por simple y monótono). "Hard drive gold", tercer sencillo, también tiene su punto con el toque setentero de su sección rítmica, la elaborada melodía de sus estrofas, y el solo de teclado de su tramo instrumental, aunque lo más interesante es su letra, el particular punto de vista de un adolescente sobre el capitalismo. "Happier when you're gone" insiste en las melodías complejas y sus personales instrumentaciones con instrumentos que van y vienen, a los que se añade esta vez una sección de cuerda que es casi puro gospel. Pero en mi opinión no pone el acento en las partes más inspiradas de la composición, y por eso baja un poco el nivel frente a las tres anteriores.

"The actor" se ha convertido en el cuarto sencillo extraído hace tan sólo unas semanas. Quizá el tempo más bajo hasta ese punto, es el tema más electrónico del disco gracias a todos los sintetizadores que arropan sus estupendas estrofas. El estribillo tal vez sea menos inspirado, aunque ello queda compensado por su excelente instrumentación y por una letra que refleja la cara oculta de esta profesión, desde los castings fallidos hasta la omnipresente cocaína. "Get better", segundo sencillo, es el segundo tema más largo del disco, y quizá el más monótono. No tengo nada en contra de un tema sentimental construído casi exclusivamente sobre voz y guitarra acústica. El problema es que, a pesar de los originales giros en la progresión armónica y de sus bonitas estrofas, el estribillo es un tanto "blando", y sobre todo, conforme avanza el minutaje apenas "pasa nada" (apenas un sampling de una chica repitiendo el título del tema entre risas), algo muy llamativo en una banda que quizá peque por exceso de lo contrario. Mucho más interesante es "Chicago", otra de esas canciones compuesta en realidad por varios mini-temas entrelazados, que comienza lenta e intimista con la voz y la guitarra eléctrica de Newman, pero que tras un minuto se convierte en una especie de post-rock a lo Tortoise, reforzado por un bombo que resalta el que seguramente es el tempo más alto del disco. Y que da paso luego a varias melodías vocales diferentes, algunas en falsete, otras en un tono de voz normal, e incluso arpegios de piano claramente orientados a la pista de baile. El octavo corte tiene por título otra ciudad estadounidense, "Philadelphia", y es otra poderosa demostración de cómo Alt-J puede variar de registro (tenebroso y oscuro en este caso) y seguir sonando a ellos mismos. En este caso llama la atención la voz femenina casi lírica que introducen puntualmente en las estrofas, y el contraste que provoca con la batería electrónica, la sección de cuerda, y el órgano de música clásica con el que se luce Unger-Hamilton. Todo ello rematado por otro excelente cambio de progresión armónica en su último tercio, que cerca del final consiguen exitosamente armonizar con la principal del tema.

El último tercio del disco, indudablemente el más flojo, lo inicia "Walk a mile", con otro de esos interludios que suena a música negra del primer tercio del siglo XX, para dar paso a un medio tiempo de similar melodía a la del comienzo, y en el que se muestran más comedidos que de costumbre a la hora de ir desarrollándolo, enriqueciéndolo solamente con la instrumentación justa (aunque sus seis minutos y medio se terminan haciendo un poco largos). Como decía al cominezo, "Delta" es el único interludio separado como tal en el tracklist: otro cántico negroide que podría perfectamente aludir al delta del Río Mississipi. "Losing my mind", el penúltimo corte y último momento notable, parece que va a ser otro de esos medios tiempos sureños, pero una vez pasa el primer minuto aceleran un poco el tempo, le añaden contundencia en la batería y crean un colchón de sintetizadores electrónicos y psicodélicos al mismo tiempo... con sus correspondientes paradas acústicas y casi místicas. Y "Powders" es una adecuada forma de bajar el telón: un tema reposado, de bonitos arpegios de guitarras relajadas, melodía dulce y samplings vocales que no estorban y le dotan de originalidad en su segunda mitad.

"The dream" tiene la duración justa para que el derroche de ideas no resulte apabullante, pero también para no dejar la sensación de "álbum menor" que ensombrecía "Relaxer". Y es que está claro que la banda ha aprovechado estos casi cinco años de silencio para recuperar la creatividad y no tirar sólo de oficio o de versiones una vez en el estudio. El resultado es un álbum que, por supuesto, sigue sin ser apto para todos los públicos: lleno de variaciones, de melodías difíciles, de falsetes, de instrumentaciones atípicas, rabiosamente contemporáneo y al mismo tiempo alejado de las modas. Pero que mantiene un nivel medio muy saludable de principio a fin, seguramente más equilibrado que cualquiera de sus antecesores. Así que no queda sino saludar el regreso del trío a su mejor nivel, y confiar en que sigan manteniendo el suficiente tirón comercial para seguir creyendo en su proyecto con futuras entregas.

jueves, 24 de agosto de 2017

Álbumes decepcionantes de este 2017

Este 2017 se presentaba hace unos meses como uno de los potencialmente más fructíferos de las últimas temporadas musicales, dado que varios de los artistas que tradicionalmente he reseñado en este humilde blog publicaban sus nuevos y esperados trabajos. Sin embargo, al final en mis últimas entradas he hablado casi en exclusiva de álbumes de debut. La razón es obvia: con honrosas excepciones, la mayoría de esos retornos no han respondido a las expectativas, y por ello he decidido no dedicarles entradas individuales. Hasta que hace unos días, al echar la vista atrás aprovechando el periodo vacacional, me he dado cuenta de que son tantos que quizá mereciera agruparlos en una entrada, que al menos refleje que el blog no se ha olvidado de ellos, y que aún espera que puedan remontar el vuelo.

Quizá la mayor decepción hayan sido los británicos Alt-J. Después de dos álbumes con gran personalidad y muchos momentos destacables ("An awesome way", de 2012 y "This is all yours", de 2014), su "Relaxer" de hace unos pocos meses ha bajado muchísimo el nivel. Aún mantienen su personalidad acusada, con los originales juegos instrumentales y corales respaldando los recorridos vocales por la escala pentatónica de Joe Newman, pero la inspiración se les ha evaporado. Algo ya evidente desde el mayor tiempo que han tardado en publicar este tercer álbum respecto a sus dos predecesores, y su mucho menor contenido ("Relaxer" dura veinticinco minutos menos que "This is all yours", y contiene seis temas menos...). Y que se confirma por la irregularidad de los cuatro sencillos extraídos (la lenta y bastante aburrida "3WW" y la cadenciosa y reiterativa "Adeline" distan mucho de "In Cold Blood", quizá el tema que mejor enlaza con los discos anteriores, y "Deadcrush", el tema más interesante por su intensidad de principio a fin). Y que se reafirma cuando se descubre que uno de sus ocho cortes es una muy desafortunada versión de "House of the Rising Sun", que popularizaron The Animals. Todos sabemos que el trío británico puede dar mucho más de sí.

Otra decepción ha sido el retorno del trío californiano Haim. "Something to tell you" también mantiene el estilo de pop colorista, con referencias a los sesenta y los ochenta y las melodías de muchas notas por verso que las caracteriza, pero de nuevo faltan canciones que lo sostengan. Los sencillos extraídos ("Want You Back" y "Little of Your Love") podrían figurar a lo sumo como temas para completar un Extended Play de su "Days are gone" de 2013, pero no se acercan al nivel de "The wire" o "Falling", por poner un par de ejemplos de sus mejores momentos. No sólo eso: la mayoría de los cortes son extrañamente cortos, y sólo a base de repetir con ligeras variaciones los estribillos consiguen llegar a la duración mínima esperable. Tan poca sustancia hay en el álbum que hay que esperar al penúltimo corte ("Right now", una balada que no desentona en su peculiar estilo), para encontrar el único momento realmente descatable.

En menor medida, también ha supuesto una decepción "World be gone", el decimoséptimo álbum de estudio de Erasure. Es cierto que tras más de treinta años de carrera nadie espera otra entrega que se acerque al nivel de "The circus", "Chorus" o "The innocents", pero por ejemplo su anterior entrega ("The Violet Flame", 2014) no desmerecía con el grueso de su carrera y contenía dos o tres buenos momentos. Pero este "World be gone" baja sensiblemente el nivel. Y es que bajo la apariencia de un álbum de madurez, apoyado en textos supuestamente más críticos con la realidad de nuestros días, bajan el tempo de casi todos los temas y enlazan balada con balada, dejando los dos únicos temas medianamente hedonistas y bailables ("Love you to the sky" y "Just a little love", por cierto los dos momentos más dignos) para abrir y cerrar el álbum. Entre medias, más de media hora de pop lento y anodino, cuando no directamente aburrido.

Otra decepción más ha sido el regreso de la estadounidense Michelle Branch, tras nada menos que ¡catorce! años de silencio. La cantautora debutó a comienzos de siglo con dos álbumes de pop rock contundente ("The spirit room", 2001, y "Hotel paper", 2003), muy del gusto del público americano de la época, y la suficiente inspiración en sus mejores momentos para augurarle una larga carrera. Pero se ve que no daba con la tecla con la que continuarlas, y su tercera entrega se ha ido alargando año tras año hasta que por fin en 2017 ha visto la luz este "Hopeless romantic", que se aparta de sus dos primeras entregas con un sonido menos distorsionado y una propuesta más reposada. Y que a pesar de un primer sencillo (de idéntico título) meritorio gracias a su efectiva progresión armónica, no justifica la espera por la escasa personalidad del conjunto. No sorprende que haya tardado tanto en encontrar discográfica para publicarlo.

Aunque me he fijado en estos cuatro ejemplos, ha habido más regresos que no han respondido a las expectativas: Kasabian, Aphex Twin... incluso Imagine Dragons, Portugal. The Man, o Saint Etienne han publicado discos que, sin ser realmente decepcionantes en comparación con el nivel medio de sus carreras, tampoco se han acercado a sus mejores momentos. Y es que parece que el panorama musical en este 2017, con tan pocas ventas físicas, tantos "dinosaurios" rentabilizando canciones de hace varias décadas en giras inacabables, y tanto streaming, no resulta lo suficientemente motivador para que artistas ya consagrados se esfuercen por dar lo mejor de sí mismos. A ver qué sucede con otros artistas fijos de este blog (The Killers, Cut Copy, Liam Gallagher) que publicarán sus nuevas entregas en próximos meses. Me espero cualquier cosa.

martes, 21 de octubre de 2014

Alt-J: This is all yours (2014)

El retorno de los británicos Alt-J ha sido sin duda uno de los acontecimientos musicales del año. El antiguo cuarteto, ahora convertido en trío tras la marcha del bajista y guitarrista Gwil Sainsbury, fue una de las propuestas más personales y entonadas del año 2012, tal y como reseñé entonces en este mismo blog. Su tremenda repercusión a nivel de crítica, unida a una cantidad considerable de concierto que han dado desde entonces, ha ido aumentando gradualmente su notoriedad comercial. Y justo cuando ésta ha alcanzado su punto más alto, han publicado su segundo álbum. Un ejercicio que les engrandece en estos tiempos de artistas que, por las razones que sean, dejan transcurrir demasiados años entre su primer y segundo álbum, perdiendo el tirón mediático tan necesario para que su carrera musical no sea flor de un día.

Ante esta "premura" en la publicación de "This is all yours", el melómano podría preguntarse si lo han trabajado suficientemente o si por el contrario han publicado la primera colección de canciones que han creado para mantenerse "en la onda". Nuevamente en esto se distinguen de lo habitual, pues su segundo álbum es si cabe más elaborado y personal que "An awesome wave". "This is all yours" es un disco en el que, a pesar de la marcha de Sainsbury, las canciones siguen teniendo esa personalidad tan acusada y ellos ese talento a la hora de interpretarlas, en parte posiblemente gracias a que Charlie Andrew repite como productor. Y en el que, sin embargo, no optan por la vía fácil de la repetición, sino que expanden esa personalidad a otros géneros a los que hasta ahora no se habían arrimado, lo que hace de este segundo trabajo una entrega superior a su ya de por sí brillante álbum de debut. Aunque como es habitual requieren disposición y paciencia para ir descubriendo cada tema en sucesivas escuchas. Y siguen incidiendo en dos defectos que les restan cercanía con el mundo mainstream: la escasa vocalización de Joe Newman (si no tienen los textos a mano les resultará prácticamente imposible entender algún tema de principio a fin), y la manía de mezclar la siempre elaborada parte vocal demasiado baja: en su afán de que sea sólo un instrumento o un conjunto de instrumentos más, en ocasiones hay que subir el volumen hasta niveles perjudiciales para el oído si queremos escuchar medianamente dicha parte vocal. Un defecto, por cierto, que en directo queda subsanado, porque uno de los puntos fuertes de la banda son sus armonías vocales.

Copiando a su predecesor, el álbum se abre con una nueva "Intro" (mismo título que aquél, aunque nuevamente no se trata de una mera introducción sino un tema de casi cinco minutos) y que cumple con la virtud de trasladarnos desde el primer momento a su particular universo: unas extenuantes armonías vocales que conforme va modificándose la progresión armónica se van enriqueciendo con diversos instrumentos y, cuando ya pensamos que se acerca el final, dan paso a una distorsionadísima parte cantada. Le sigue "Arrival in Nara", que es el primero de los tres temas que intenta darle un toque conceptual al disco (Nara es una ciudad de Japón a la que le dedicarán otros dos temas): dos minutos introspectivos sobre un precioso arpegio de piano, que inusitadamente dan paso a la voz de Newman sobre un acertado violin sintetizado y una guitarra steel, en un ejercicio de minimalismo muy por encima del que, por ejemplo, suelen alcanzar The XX. "Nara", el tercer corte, ya les sitúa en la ciudad japonesa, y ello les sugiere un nuevo tema lento, con un comienzo tétrico y un tono general ominoso, en el que juegan con su particular estilo a añadir o quitar instrumentos en cada fraseo, además de juntar trozos aparentemente imposibles, o instrumentos en desusos como un xilófono.

Y si los tres primeros temas son ya francamente meritorios, "Every other freckle" se convierte automáticamente en uno de sus clásicos: a pesar de su desconcertante comienzo es bastante más directo que los anteriores (por eso es el tercer sencillo del álbum), con una sensualidad soul hasta ahora desconocida en ellos y condensa en menos de cuatro minutos una de serie de partes y armonías vocales inverosímiles, que rematan con un precioso solo de sintetizador. "Left hand free", siguiente tema y segundo sencillo, les arrima al blues del siglo XXI, conjugando percusiones imposibles con vientos sintetizados y aires jamaicanos, en un tema con mucha calidad aunque en mi opinión un escalón inferior al anterior. Tras el interludio bucólico (y prescindible) de "Garden of England", la difícil y de lento desarrollo "Choice Kingdom" evidencia que también hay composiciones menores en el disco. Aunque afortunadamente el álbum remonta el vuelo rápidamente con "Hunger of the pine", primer sencillo del disco. Un tema que les acerca al trip-hop de los Massive Attack más tenebrosos, con una fantástica atmósfera envolvente que desemboca en un sampling vocal de... Miley Cyrus (todo un guiño a contracorriente). Entonces la percusión crece de manera espectacular, al tiempo que una melodía elegantísima de voces que se cruzan es realzada por una inspirada interpretación instrumental. Un clásico incontestable.

El noveno corte, "Warm Foothills", uno de los temas que anticiparon en concierto ya en 2013, resulta claramente inferior a los anteriores por su folk escasamente novedoso, más allá de la origial interpretación de cada verso por un cantante diferente (además de Newman, puede escucharse por ejemplo a Conor Oberst (Bright Eyes) o Lianne La Havas). "The gospel of John Hurt", aunque demasiado larga, vuelve al nivel de sus tres primeros cortes, con su personalísimo estilo, que desemboca hacia la mitad del tema en pura energía rockera contenida, ahora sí con reminiscencias gospel. "Pusher", undécimo corte, es el tema en el que más cargante resulta la forma de cantar de Newman, bajando excesivamente el timbre entre notas, y también la peor composición del álbum, que pone claramente de manifiesto lo anodinos que se vuelven Alt-J cuando se quedan en un sonido meramente acústico, como de demo.

Afortunadamente el álbum aún reserva un tercer temazo: "Bloodflood pt.II", supuesta continuación de aquel excelente "Bloodflood" de su álbum de debut, es otro tema arrastrado de atmósfera desasosegante que recuerda musicalmente a los primeros Portishead. Y en el que realizan una nueva exhibición a la hora de yuxtaponer progresiones armónicas en una montaña rusa creativa siempre cambiante (es imposible reconocer partes que se repitan mínimamente). Tras él, "Leaving Nara" es un tema muy cortito, que cierra el círculo conceptual con unos bajos sintetizados absolutamente distorsionados y un juego de voces que resume muy bien el espíritu del disco. Aunque si tenemos la paciencia suficiente nos encontraremos oculta una meritoria versión del "Lovely day" del injustamente infravalorado Bill Withers, la cual llevan a su terreno mediante sus continuos juegos instrumentales con una naturalidad pasmosa.

Como ya expuse al reseñar su debut hace un par de años, vuelvo a tener la sensación de que la etiqueta de "álbum del año" le queda un poco grande: aunque se trata de un gran disco y con un plus de personalidad sobre, por ejemplo, el "Evil friends" de Portugal. The Man (para mí el mejor álbum en lo que llevamos de década), le sobran tres o cuatro temas y le falta algo más de la versatilidad que tenía aquél. Pero no deja de ser un incuestionable acto de autoafirmación, indemne a la marcha de Sainsbury, ajeno a la expectativa que se había creado en torno a ellos y con la suficiente inteligencia a la hora de elegir los sencillos como para enganchar por el camino a un montón inesperado de aficionados. Circunstancia que queda probada por el hecho de que un disco tan distinto a todo lo demás, tan alejado de las pistas de baile, y tan recitente al uso del patrón universal estrofa-estribillo-estrofa-estribillo-puente-estribillo, haya llegado hace unas fechas al número uno en su país. Una circunstancia que ojalá se repita en el resto del planeta pop, que tanto necesita de originalidad y talento interpretativo frente a más y más propuestas prefabricadas. Bravo, chicos, seguid así, el mundo es vuestro.

viernes, 1 de marzo de 2013

Alt-J: An Awesome Wave (2012)

Existe un consenso inusualmente amplio en la crítica internacional a la hora de designar a Alt-J como la propuesta más interesante que ha debutado en formato álbum el año pasado en las Islas Británicas. Y es que la combinación de letras que permite en cierto sistema operativo muy conocido formar la letra griega delta (que es lo que Alt-J significa) ha logrado aunar opiniones de procedencias muy diversas. Tanto, que hace apenas unos meses fueron reconocidos con el más que interesante premio Mercury de la industria alternativa británica. La pregunta es obligada: ¿realmente merece tantos parabienes este cuarteto de universitarios?

La respuesta será afirmativa si nos atenemos a la originalidad de su música; ésa es sin duda su mayor virtud. Y es que a pesar de muchas escuchas y no menos consultas en diversas fuentes, no he encontrado una forma adecuada de definir su música. Podríamos decir que es un pop sofisticado con reminiscencias vocales caribeñas, ambientación trip-hop y un sutil toque electrónico. Lo curioso es que a pesar de lo complicado del concepto consiguen un doble propósito nada desdeñable: sonar a ellos mismos en todo momento, y no adherirse en exceso a una fórmula que los asfixie (un mal por otra parte muy habitual estos últimos años). Y además con un sorprendente talento a la hora de tocar todos sus instrumentos y una gran calidad en sus armonías vocales. Ahora bien, no es oro todo lo que reluce.

Y es que uno de los principales motivos de originalidad (la voz entre caribeña y negra de Joe Newman) acaba fatigando al oyente con su tendencia a la vocalización escasa, sus a menudo forzados cambios de tonalidad y la por desgracia frecuente costumbre de mezclarla excesivamente baja en relación con el resto de los instrumentos. Por no citar que de los trece temas (más uno oculto) que conforman el álbum, en realidad sólo hay diez canciones como tal, siendo los otros tres interludios que no ocultan su condición de fallidos intentos a la hora de componer una verdadera canción.

Curiosamente la "Intro" con la que se abre el álbum sí que es una canción a todos los efectos: un estupendo tema introspectivo (mención especial para la manera que cruzan las dos guitarras) que parece instrumental pero acaba teniendo una sencilla parte vocal. El siguiente tema digno de mención es "Tessellate", un envolvente tema lento con un sensacional bajo. Aunque le supera "Breezeblocks", uno de mis tres temas favoritos, que juega con un cambio de ritmo en el estribillo, estridencias bien repartidas, una instrumentación sorprendente y un más que notable juego de voces.

Quizá el tema más fácilmente recordable del álbum sea "Something good", gracias a su ritmo sincopado bailable en las estrofas, su arpegio de piano y un estribillo sorprendentemente disfrutable. Después de la no del todo redonda "Dissolve me" y la un tanto aburrida "Matilda", nos encontramos con "Ms", un inclasificable tema con unos bonitos arpegios de guitarra, unas peculiares voces a coro y unos efectos originales.

Mi segundo tema favorito es "Fitzpleasure", que a pesar de su desconcertante dúo de voces inicial desemboca en un tema obsesivo en las estrofas, que va evolucionando todo el tiempo en muchas partes no siempre repetidas y con unos interludios instrumentales realmente fantásticos (la manera en que se combinan las dos guitarras es impresionante para un grupo que acaba de debutar). Y después del tercer amago de canción surge mi tercer tema favorito: "Bloodflood", la mejor demostración de que se pueden seguir componiendo baladas plenas de emoción en el siglo XXI sin caer en lo sensiblero, con una bonita letra, una sorprendente batería y un excelente piano. Llegando así hasta los dos temas que cierran el disco, el oficial ("Taro", otro momento destacado con su toque africano a lo Massive Attack y su excelente instrumentación) y el oculto "Hand-me", a un nivel claramente inferior.

Quizá el título de álbum del año le quede un pelín grande, pero lo que es innegable es que posee argumentos suficientes para convencer a los melómanos más exigentes. Ahora bien, dado el escaso tirón comercial que están teniendo (pueds no hay un sencillo claro que tire del disco) y que su música no entra fácilmente en los círculos comerciales, habrá que ver por dónde deciden evolucionar. Porque me temo que el riesgo de que se desintegren por falta de éxito comercial está presente. Y sería una pena.

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