En esta entrada continúo con las reseñas de álbumes de 2025 que se me habían quedado pendientes. Llego ahora a "Everybody Scream", el sexto álbum de Florence + The Machine. Uno de los lanzamientos más esperados del pasado ejercicio, tanto por el prestigio de Florence Welch como por el hecho de que llegaba tras tres años y medios de silencio y unas dificultades personales que estuvieron cerca de costarle la vida. Expectativa que se reflejó tanto a nivel comercial (el disco llegó a número uno en el Reino Unido y al número cuatro en Estados Unidos a finales del año pasado), como a nivel de crítica, con unas valoraciones que oscilaron entre las categorías de "notable" y "excepcional". Ya les adelanto que yo me inclino por el "notable", dado que no me parece el mejor disco de la galesa, pero sí que considero que supone una clara mejoría frente a sus dos entregas anteriores ("High as Hope", de 2018, y "Dance Fever", de 2022). Algo en lo que probablemente haya influido el cambio de colaboradores, puesto que en "Everybody Scream" apoyan a Welch a la hora de componer y producir Aaron Dessner (el guitarrista de The National) y Mark Bowen, guitarrista de la banda galesa Idles.
Con su personalidad desbordante siempre presente, Florence + The Machine siguen en esta sexta entrega de las modas imperantes y mantienen sus señas de identidad habituales: doce canciones (sólo una por debajo de los tres minutos ), bases rockeras, letras comprometidas sin alinearse necesariamente con el buenismo actual, instrumentación singular (con las omnipresentes harpa y sección de cuerda) y alejada de las programaciones y la electrónica, y mucho espacio para el lucimiento interpretativo de la galesa. Es decir, sin sorpresas frente a discos anteriores, si acaso cabe apreciar una mayor homogeneidad estilística que en sus dos primeros discos. Por lo que el mejor o peor resultado depende esencialmente de la inspiración a la hora de componer los nuevos temas, y en menor medida, de la habilidad de Dessner y Bowen para hacerlos crecer hasta extraerles el máximo partido. Ambos factores están razonablemente conseguidos, y por eso mi impresión favorable, aunque creo que ambos frentes (composición y producción) podían haber dado más de sí.
El tema que da título al álbum, "Everybody Scream", también elegido como primer sencillo, se encarga de abrirlo: los iniciales coros femeninos elaborados y barrocos dan paso a un ritmo sencillo y contundente, de base rockera. La progresión armónica es válida, pero en mi opinión ya en las estrofas los gritos del coro no terminan de casar con la voz de Welch. Y la larga parada que hace las veces de puente antes del estribillo termina de cortar la dinámica del tema, por lo que su más que decente estribillo ya no es capaz de remontar el vuelo (y menos aún cuando entre la segunda estrofa y el segundo estribillo volvemos a padecer la misma parada). Y porque la coda final (otros coros diferentes, aunque afortunadamente sin gritos), tampoco es nada allá. Y es que dedicar tanto tiempo para los gritos es una idea original y sirve de base para la temática del disco, pero es contraria al disfrute global de una composición así. Afortunadamente con "One of the Greats" la propuesta de la galesa recobra la senda esperada por sus seguidores. Segundo sencillo, su pausado rasgueo de guitarra eléctrica inicial avisa de que nos encontramos ante un medio tiempo intenso, de ritmo sincopado, larguísimas estrofas, estribillo tarareable, una especie de parte nueva en la que Welch suelta toda su verborrea sin alterar la progresión armónica, y el habitual barroquismo creciente en su elaborada producción. Seguramente se trata de la letra más destacada de todo el disco, pues trata sobre la misoginia y el sexismo en la industria musical, refiriéndose en todo momento a una rock star masculina sin revelar su nombre. Y quizá la reiteración de la misma progresión armónica sea el principal defecto de la canción, más aún teniendo en cuenta sus cerca de siete minutos. "Witch Dance" es un tema discreto en ek que la galesa tira de oficio. Porque en realidad las estrofas son más llamativas por la evocadora repetición de lo que parece un ritmo para realizar un conjuro, acompañado por los "ululos" del coro femenino, que por la melodía que canta Wells. Y su extenso puente - estribillo sirve para apreciar de nuevo sus cualidades vocales, pero no es una melodía fácil de digerir. Por lo que lo más interesante es su parte nueva - tramo final a lo Tori Amos, con el piano recorriendo las escalas y una melancolía sugerente. El cuarto corte, "Sympathy Magic", fue también el tercer sencillo, y sin duda el más digerible de todos los extraídos, por lo que fue la que elegí para formar parte de mi lista de las 20 mejores canciones de 2025. Mucho más luminosa que sus tres predecesoras (gracias a sus acordes mayores y a un tempo apreciablemente más alto), la forma como el harpa y la sección de cuerda arrancan es realmente meritoria. Y sobre todo, posee un melódico estribillo en notas altas que permite exhibir a Welch la potencia de su voz y sus pulmones. Y aunque nuevamente no se atreve a cambiar de progresión armónica, su tramo final, con las percusiones en primer plano y el teclado más estridente de todo el conjunto, nos avisa de que el ubicuo productor de música electrónica Danny L. Harle está colaborando en la producción, pese a que perfectamente podría haber pasado desapercibido.
"Perfume and Milk", un título francamente sugestivo, nos adentra en la parte menos conocida del álbum, y sirve para confirmar el buen nivel general del mismo. Otra pieza de rock barroco de energía contenida que nunca llega a explotar, posee una de las mejores melodías del disco en sus estrofas (incluso al margen de las subidas y bajadas por el pentagrama con las que la adorna Welch). Aunque en realidad no debería hablar de estrofas, pues ello implicaría hablar de un estribillo que no existe como tal, sólo una sucesión de versos. Por otra parte, es digno de mención cómo Aaron Desner, sin introducir variaciones llamativas en la instrumentación, logra que el tema se extienda hasta los cuatro minutos. "Buckle", sexto corte, ha sido el cuarto y último sencillo extraído. Una decisión acertada, en mi opinión, pues se trata del segundo tema con la melodía más definida y accesible del disco: hasta el primer puente sólo la sostiene la guitarra acústica y la voz de Florence, pero una vez llega el puente van entrando instrumentos y, en especial, un acertado cambio de tonalidad en algunos acordes que la vuelve mucho más rica musicalmente. Curiosamente carente de cualquier percusión, bastan simplemente los coros femeninos y algún instrumento en segundo plano para llevarla hasta el final, aunque creo que la composición demandaba un mayor despliegue de instrumentos en ese último tramo. "Kraken", otro título singular, recupera el tempo más alto y nos devuelve a la Welch más rítmicamente intensa de sus primeros tiempos. Aunque el bajo volumen de sus instrumentos y la suavidad de su interpretación vocal en sus estrofas no lo hacen prever. Pero cuando llega el puente ella se empieza a desmelenar, y nuevamente los coros terminan desempeñando un papel fundamental, pues hacen las veces de estribillo. Si bien, como en los dos cortes anteriores, creo que para redondear la canción habría hecho falta que esta explotara, y personalmente el sonido de la batería me parece bastante pobre. El piano que abre "The Old Religion" interpreta otra interesante progresión armónica en sus estrofas, que esta vez sí cambia (aunque no en exceso) en el estribillo. Y sobre ella la melodía de Welch posee la ductilidad suficiente para que ella la lleva a su terreno (más grave en sus estrofas, más aguda en su estribillo, disfrutable en todo caso). Además, posiblemente se trate de su letra más personal, dado que explora la adicción, la recuperación y la recaída utilizando la "vieja religión" como una metáfora de patrones destructivos pasados.
"Drink Deep", con su cinematográfico comienzo propio de una película de suspense en la tenebrosa Gran Bretaña rural, nos propone el que seguramente sea el momento más épico y personal de "Everybody Scream". La interpretación de Welch es, como siempre, excelente, pero la forma como arrastra el "deeeeeep" en los estribillos resulta un poco cargante. Y es una lástima, porque las estrofas sí merecen la pena, pero la cadencia y el ritmo apenas marcado tampoco ayudan, y la estruendosa explosión instrumental que proponen Harle y Dessner es más interesante que cautivadora, por lo que nos hallamos ante uno de los momentos más flojos del disco. "Music by Men" empieza intemporal, con la guitarra acústica de Aaron Dessner marcándole la progresión armónica a la interpretación vocal de Welch. Y lo que sigue es igual de intemporal: un tema reposado, con instrumentos que van incorporándose sin llamar la atención, y un estribillo en el que Welch demuestra poderío y arrepentimiento ("I know how to fall in love, I do it constantly, I fall in love with everyone I meet for 10 minutes at least") a partes iguales. Podría haber formado parte de cualquiera de sus álbumes pasados, pero también de los que estén por venir, y esto puede ser tanto una virtud como un defecto. A mi modo de ver el nivel sube con "You Can Have It All", el penúltimo corte. Empieza si cabe más sigilosa que las anteriores, pero la tensión de sus estrofas es patente, y la oscuridad presente no es sino un anticipo de la tormenta que está por venir... y que llega en un estribillo de tintes cinematográficos (a mí me gusta imaginármelo para redondear la secuencia estelar de una película de James Bond). La sección de cuerda chirriante sin llegar a desafinar aporta el toque de originalidad en la instrumentación. Y el final un tanto repentino sea quizás lo menos logrado, pues creo que podía haber durado un poco más y haber dado para un buen tramo instrumental final. Y, como era de esperar, el cierre lo pone el baladón del disco: "And Love" es un lento de corta duración, en el que al inevitable piano y a la esperada harpa se le superpone un original sintetizador que hace las veces de caja de música. La delicada interpretación de Welch ayuda a que el tema pueda pasar por una canción de las menos comerciales de Adele... hasta que se anima a interpretar las últimas frases una escala por encima, en un alarde de virtuosismo muy poco habitual. Y el optimista mensaje de su letra (ese "Peace is coming" que repite) el mejor reflejo de que, superados sus problemas personales, el balance vital y musical tras estas doce canciones es positivo para ella... y para nosotros.
Como pueden ver, he destacado con su enlace de Youtube siete de los doce cortes (y podría haber añadido alguno más), lo que refrenda ese balance notable del que les hablaba al principio. Respecto a los márgenes de mejora en la composición, probablemente coincidan en que el disco abusa de repetir la misma progresión armónica de principio a fin en muchos temas, y se echa de menos algún cambio de tonalidad que aporte riqueza al conjunto. La producción es compacta y homogénea, y el disco suena 100% a Florence + The Machine, pero creo que el sonido podía haber sido un poco más pulido (sobre todo en las frecuencias altas), las percusiones un poco más contemporáneas y, especialmente, haberse arriesgado un poco más con algunos cortes, para que a lo largo de su minutaje fueran creciendo y se volvieran más disfrutables e incluso distinguibles; tal cual han quedado, no es difícil confundir entre sí algunas canciones (especialmente en el tramo medio del álbum), y se echa en falta más rabia descontrolada. Aun así, un disco con la profundidad, las canciones, la personalidad y el mensaje de "Everybody Scream" siempre va a llamar la atención, y en este caso ha ayudado a consolidar (si es que hacía falta a estas alturas) a Florence Welch como una de las grandes artistas de nuestro tiempo, tanto a nivel de crítica como de público. Sólo queda esperar que siga así muchos más años.
Pop Rock y Más
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
lunes, 6 de abril de 2026
martes, 17 de marzo de 2026
Circa Waves - "Death & Love" (2025)
Con esta entrada prosigo mis reseñas de álbumes relevantes publicados durante los últimos meses de 2025. La de hoy era ya una entrada esperada para los seguidores de este blog, puesto que hace unos meses reseñé por aquí "Death & Love, Pt. 1", el sexto álbum de la banda de Liverpool Circa Waves. Un álbum que añadía explícitamente la coletilla de "parte 1" porque ya cuando fue publicado se anunció como una primera parte de un álbum que se vería completado a finales de año con una "parte 2". En lo que representaba una arriesgada estrategia comercial, pues en el fondo se estaba obligando a sus seguidores a desembolsar el precio de dos álbumes en vez del de uno solo. Si bien, a cambio, permitía disfrutar de aproximadamente la mitad del mismo unos meses antes. El caso es que a finales de Octubre se publicó la que finalmente no fue la segunda parte, sino un álbum que ya perdía la coletilla de "part 1" al doblar el número de sus pistas y pasaba a llamarse simplemente "Death & Love". Es decir, el álbum definitivo incluye los nueve temas ya conocidos desde principios de año más otros nueve que son, en realidad, esa segunda parte que nunca llegó a ver la luz como tal. Por lo cual, a la hora de reseñar el álbum completo, les remito a mi entrada de "Death & Love, Pt. 1", que ahora mismo voy a completar con la reseña de las nueve canciones adicionales.
Lo primero que debo decir es que este galimatías, y esta obligación de pagar una segunda vez por las primeras nueve canciones ya conocidas, no afecta en absoluto a la homogeneidad del álbum: "Death & Love" es un álbum cohesionado de principio a fin. Lo que no significa ni mucho menos una uniformidad estilística, pues el cuarteto ya nos tiene habituados a expandir su indie-rock de referencia para acercarlo al pop acústico, al sonido retro de Nueva York de comienzos de los 2000, o incluso a canciones que podrían sonar en las pistas de baile más cool. Pero la sensación de estar escuchando un todo y no dos partes separadas es innegable. Algo a lo que seguramente ha contribuido que Kieran Shudall, su cantante y líder, haya ejercido también como productor de todas las canciones, las cuales además se han registrado en los mismos estudios. Otra cuestión es cuáles pueden haber sido las razones para entregar cada uno de sus dieciocho temas en una y otra mitad, porque no hay ninguna clave en su sonido ni en su temática que lo justifique. Lo que sí me atrevo a afirmar es que, aun siendo el "Pt. 1" un disco meritorio, el "Pt. 2" le supera en inspiración y versatilidad. Logrando así que los casi cincuenta y nueve minutos de la versión completa del disco no se hagan largos en absoluto. Aparte de constituir una rara avis en un panorama discográfico en el que cada vez son más frecuentes los álbumes de diez temas o menos, y apenas media hora de duración.
Este "Pt. 2" lo abre "Lost In The Fire", el que viene a ser el décimo corte del álbum definitivo. Tres minutos de rock contundente y vertiginoso, sin sorpresas: sólo una buena progresión armónica, una melodía cargada de energía, guitarras aceleradas por los dos canales, y un estribillo francamente disfrutable. Al ser, como casi todos, un tema corto, no se echa de menos una parte nueva, y el solo de guitarra, aunque podría haber durado el doble de compases, cumple su cometido. Le sigue "Stick Around", segundo sencillo de la versión completa del álbum o, si lo prefieren, quinto sencillo en total. Un tema que mantiene el tempo alto y la pugna de las guitarras de Joe Falconer y el propio Shudall, cada una por su canal, pero con una mayor luminosidad y vocación pop. Es un tema correcto tanto a nivel compositivo como interpretativo, pero prefiero al cuarteto cuando adopta un sonido más personal y toman más riesgos en sus arreglos; me suenan más auténticos que aquí. Así que indudablemente me quedo con "Cherry Bomb", primer sencillo de esta segunda parte, y que también apareció hace unas semanas en mi lista de las veinte mejores canciones internacionales de 2025: un ritmo algo más pausado y contundente, unas estrofas en las que los arpegios de guitarras se entrecruzan con los loops de sintetizadores, un puente que enlaza perfectamente con las estrofas y prepara para un estribillo en el que las voces femeninas ponen el ingenuo contrapunto... Y luego la forma como la canción va añadiendo y quitando instrumentos... y una excelente parte nueva que cambia la tonalidad y renuncia a una melodía cantada para ofrecernos el mejor solo de guitarra eléctrica de todo el disco, más original que virtuoso. Sin olvidarnos de una letra que parece un tributo a la lealtad de otras personas.
"Ten Outta Ten" baja el tempo y parte una curiosa melodía instrumental de reminiscencias japonesas para, a partir de ahí, construir uno de los pasajes menos previsibles del conjunto, conformado por varias partes difíciles de enlazar aunque no lo parezca, delicado, y con detalles atípicos como el estallido cada cuatro compases en el estribillo, o un segundo estribillo que acelera el ritmo y nos propone una guitarra que es puro funky... acompañada por una percusión... No es de extrañar que, para poder encajar la segunda estrofa Shudall tenga que parar completamente el tema... o que el tramo instrumental del final, en realidad un estribillo sin melodía vocal, suponga un cierre tan meritorio. El quinto corte, "Love Me For The Weekend", es otro reflejo del fantástico momento creativo de los de Liverpool: ya el teclado etéreo que va y viene en su comienzo predispone para lo que está por venir: un tema rápido de melodía optimista y base rítmica apta para dejarse llevar. Aunque sin duda lo más llamativo son todos las continuas subidas y bajadas de tono de las distintas partes de que consta, un recurso que hace décadas era relativamente habitual, pero que ahora nadie apenas usa, quizá por lo complicado de ir adaptando acordes y notas a esos continuos cambios. Y todo eso, más una meritoria parte nueva, en menos de tres minutos. "Sunbeams" es otro temazo, aunque claramente diferente a su interior: esta vez una batería programada sirve de base a un tema que apuesta por la sutileza desde su mismo comienzo, con una saludable desnudez instrumental (sobre todo en sus estrofas), y varios detalles electrónicos como las voces sintetizadas en el estribillo. Aunque lo que me gusta es la efectividad del arpegio de guitarra de Falconer antes y después de una extensa parte nueva que consiguen encajar en solo tres minutos.
El tercio final de la "segunda parte" lo inaugura "Old Ballons", que tras un inicio suave con un sintetizador nada electrónico deviene en un tema de tempo alto y corte poppy cien por cien british (tanto que casi nos podemos imaginar a Damon Albarn interpretándolo, en el periodo más pop de Blur: los "oooh oooh", el ritmo pesado de su estribillo, la psicodelia de su parte nueva... todo podría pasar como una recreación, tres décadas después, de su recordado "Country House"). Al escuchar el arranque "Sweet Simple Thing" con sus dos guitarras acústicas en primer plano, es posible que nos pongamos a consultar el tracklist para asegurarnos de que no es ésta la canción que cierra el álbum, pues todo apunta a ello: la melancolía de la melodía y la interpretación vocal de Shudall, la honestidad de su letra con el amor por las cosas simples y sencillas. Pero aunque se trata de un buen pasaje, reforzado por el inevitable violín, está claro que el cuarteto prefiere terminar su derroche creativo con un tema menos íntimo, por lo que ésta es simplemente el necesario reposo para despachar un lento yu tomar aire. Porque efectivamente "Wave Goodbye" (que juega con el nombre de la banda) es un tema de más empaque aunque en absoluto rockero, que llama la atención por su melodía de notas altas y por lo pegadizo de su tramo instrumental (que también hace las veces de estribillo), con unas sencillas notas de sintetizador en primer plano. Pero hay muchos más detalles como las segundas voces o el respetable número de adornos electrónicos. Todo lo cual funciona perfectamente a modo de síntesis de lo que encierran estas nueve (o dieciocho) canciones.
Dado el excelente nivel de sus nueve canciones "extra", casi todas ellas, como habrán visto, merecedoras de su propio enlace en Youtube, creo que una de las posibles explicaciones para la extraña y arriesgada estrategia de publicación del álbum sea la intención explícita de conferirle una mayor atención a las primeras nueve composiciones. Porque tal vez, de haberse publicado todas juntas, habrían pasado proporcionalmente más desapercibidas. En todo caso, toca celebrar el estupendo estado de forma de una banda que es capaz de una pirueta artística de este nivel en estos tiempos. Lo que lamento es que hace no tanto tiempo un grupo así sería un grupo para las masas consumidoras de pop-rock en todo el mundo, pues su propuesta nada tiene de extravagante o inaccesible, ero en esta época de predominio absoluto de solistas, de música seleccionada por algoritmos, y de redes sociales para alimentar historias personales, Circa Waves no pasa de ser una banda relativamente minoritaria, incluso en su país. Pero a nada que recibieran una atención adecuada a su talento, darían un salto espectacular. Quedémos, al menos, con el placer de disfrutar de una propuesta al alcance de muchos pero desconocida por casi todos. Y a la que espero que le quede cuerda para rato. Porque no abundan.
Lo primero que debo decir es que este galimatías, y esta obligación de pagar una segunda vez por las primeras nueve canciones ya conocidas, no afecta en absoluto a la homogeneidad del álbum: "Death & Love" es un álbum cohesionado de principio a fin. Lo que no significa ni mucho menos una uniformidad estilística, pues el cuarteto ya nos tiene habituados a expandir su indie-rock de referencia para acercarlo al pop acústico, al sonido retro de Nueva York de comienzos de los 2000, o incluso a canciones que podrían sonar en las pistas de baile más cool. Pero la sensación de estar escuchando un todo y no dos partes separadas es innegable. Algo a lo que seguramente ha contribuido que Kieran Shudall, su cantante y líder, haya ejercido también como productor de todas las canciones, las cuales además se han registrado en los mismos estudios. Otra cuestión es cuáles pueden haber sido las razones para entregar cada uno de sus dieciocho temas en una y otra mitad, porque no hay ninguna clave en su sonido ni en su temática que lo justifique. Lo que sí me atrevo a afirmar es que, aun siendo el "Pt. 1" un disco meritorio, el "Pt. 2" le supera en inspiración y versatilidad. Logrando así que los casi cincuenta y nueve minutos de la versión completa del disco no se hagan largos en absoluto. Aparte de constituir una rara avis en un panorama discográfico en el que cada vez son más frecuentes los álbumes de diez temas o menos, y apenas media hora de duración.
Este "Pt. 2" lo abre "Lost In The Fire", el que viene a ser el décimo corte del álbum definitivo. Tres minutos de rock contundente y vertiginoso, sin sorpresas: sólo una buena progresión armónica, una melodía cargada de energía, guitarras aceleradas por los dos canales, y un estribillo francamente disfrutable. Al ser, como casi todos, un tema corto, no se echa de menos una parte nueva, y el solo de guitarra, aunque podría haber durado el doble de compases, cumple su cometido. Le sigue "Stick Around", segundo sencillo de la versión completa del álbum o, si lo prefieren, quinto sencillo en total. Un tema que mantiene el tempo alto y la pugna de las guitarras de Joe Falconer y el propio Shudall, cada una por su canal, pero con una mayor luminosidad y vocación pop. Es un tema correcto tanto a nivel compositivo como interpretativo, pero prefiero al cuarteto cuando adopta un sonido más personal y toman más riesgos en sus arreglos; me suenan más auténticos que aquí. Así que indudablemente me quedo con "Cherry Bomb", primer sencillo de esta segunda parte, y que también apareció hace unas semanas en mi lista de las veinte mejores canciones internacionales de 2025: un ritmo algo más pausado y contundente, unas estrofas en las que los arpegios de guitarras se entrecruzan con los loops de sintetizadores, un puente que enlaza perfectamente con las estrofas y prepara para un estribillo en el que las voces femeninas ponen el ingenuo contrapunto... Y luego la forma como la canción va añadiendo y quitando instrumentos... y una excelente parte nueva que cambia la tonalidad y renuncia a una melodía cantada para ofrecernos el mejor solo de guitarra eléctrica de todo el disco, más original que virtuoso. Sin olvidarnos de una letra que parece un tributo a la lealtad de otras personas.
"Ten Outta Ten" baja el tempo y parte una curiosa melodía instrumental de reminiscencias japonesas para, a partir de ahí, construir uno de los pasajes menos previsibles del conjunto, conformado por varias partes difíciles de enlazar aunque no lo parezca, delicado, y con detalles atípicos como el estallido cada cuatro compases en el estribillo, o un segundo estribillo que acelera el ritmo y nos propone una guitarra que es puro funky... acompañada por una percusión... No es de extrañar que, para poder encajar la segunda estrofa Shudall tenga que parar completamente el tema... o que el tramo instrumental del final, en realidad un estribillo sin melodía vocal, suponga un cierre tan meritorio. El quinto corte, "Love Me For The Weekend", es otro reflejo del fantástico momento creativo de los de Liverpool: ya el teclado etéreo que va y viene en su comienzo predispone para lo que está por venir: un tema rápido de melodía optimista y base rítmica apta para dejarse llevar. Aunque sin duda lo más llamativo son todos las continuas subidas y bajadas de tono de las distintas partes de que consta, un recurso que hace décadas era relativamente habitual, pero que ahora nadie apenas usa, quizá por lo complicado de ir adaptando acordes y notas a esos continuos cambios. Y todo eso, más una meritoria parte nueva, en menos de tres minutos. "Sunbeams" es otro temazo, aunque claramente diferente a su interior: esta vez una batería programada sirve de base a un tema que apuesta por la sutileza desde su mismo comienzo, con una saludable desnudez instrumental (sobre todo en sus estrofas), y varios detalles electrónicos como las voces sintetizadas en el estribillo. Aunque lo que me gusta es la efectividad del arpegio de guitarra de Falconer antes y después de una extensa parte nueva que consiguen encajar en solo tres minutos.
El tercio final de la "segunda parte" lo inaugura "Old Ballons", que tras un inicio suave con un sintetizador nada electrónico deviene en un tema de tempo alto y corte poppy cien por cien british (tanto que casi nos podemos imaginar a Damon Albarn interpretándolo, en el periodo más pop de Blur: los "oooh oooh", el ritmo pesado de su estribillo, la psicodelia de su parte nueva... todo podría pasar como una recreación, tres décadas después, de su recordado "Country House"). Al escuchar el arranque "Sweet Simple Thing" con sus dos guitarras acústicas en primer plano, es posible que nos pongamos a consultar el tracklist para asegurarnos de que no es ésta la canción que cierra el álbum, pues todo apunta a ello: la melancolía de la melodía y la interpretación vocal de Shudall, la honestidad de su letra con el amor por las cosas simples y sencillas. Pero aunque se trata de un buen pasaje, reforzado por el inevitable violín, está claro que el cuarteto prefiere terminar su derroche creativo con un tema menos íntimo, por lo que ésta es simplemente el necesario reposo para despachar un lento yu tomar aire. Porque efectivamente "Wave Goodbye" (que juega con el nombre de la banda) es un tema de más empaque aunque en absoluto rockero, que llama la atención por su melodía de notas altas y por lo pegadizo de su tramo instrumental (que también hace las veces de estribillo), con unas sencillas notas de sintetizador en primer plano. Pero hay muchos más detalles como las segundas voces o el respetable número de adornos electrónicos. Todo lo cual funciona perfectamente a modo de síntesis de lo que encierran estas nueve (o dieciocho) canciones.
Dado el excelente nivel de sus nueve canciones "extra", casi todas ellas, como habrán visto, merecedoras de su propio enlace en Youtube, creo que una de las posibles explicaciones para la extraña y arriesgada estrategia de publicación del álbum sea la intención explícita de conferirle una mayor atención a las primeras nueve composiciones. Porque tal vez, de haberse publicado todas juntas, habrían pasado proporcionalmente más desapercibidas. En todo caso, toca celebrar el estupendo estado de forma de una banda que es capaz de una pirueta artística de este nivel en estos tiempos. Lo que lamento es que hace no tanto tiempo un grupo así sería un grupo para las masas consumidoras de pop-rock en todo el mundo, pues su propuesta nada tiene de extravagante o inaccesible, ero en esta época de predominio absoluto de solistas, de música seleccionada por algoritmos, y de redes sociales para alimentar historias personales, Circa Waves no pasa de ser una banda relativamente minoritaria, incluso en su país. Pero a nada que recibieran una atención adecuada a su talento, darían un salto espectacular. Quedémos, al menos, con el placer de disfrutar de una propuesta al alcance de muchos pero desconocida por casi todos. Y a la que espero que le quede cuerda para rato. Porque no abundan.
domingo, 8 de marzo de 2026
Elisabeth Elektra – "Hypersigil" (2025)
Una vez elaboradas las listas con las mejores canciones internacionales de 2025, toca recuperar las habituales reseñas de álbumes individuales. Que aún deben continuar con lanzamientos de los últimos meses de 2025, los cuales fueron inusualmente fructíferos en cuanto a novedades interesantes. Así que les adelanto que aún habrá varias entradas de discos de 2025 antes de adentrarnos en un 2026 cuyos dos primeros meses han sido comparativamente más flojos en lo musical. Empiezo, pues, por "Hypersigil", el segundo álbum de la galesa Elisabeth Elektra y el primero que reseño de ella, aunque su fantástico "My Sisters" ya había aparecido en mi lista de mejores canciones internacionales de 2020. Una cantante que es una total desconocida incluso en su país; no digamos ya en los países de habla hispana. Por desgracia, añado, porque se trata de una artista con una gran personalidad, que mira a los años ochenta para, a partir de ellos, elaborar una propuesta de pop sintético que intenta ser hechizante y picante a partes iguales, que guarda ciertas semejanzas con las de Kate Bush, Bat For Lashes o incluso Siouxsie and the Banshees, y que renuncia conscientemente a los sonidos contemporáneos, pero sin por ello ser un mero pastiche de los sonidos de aquellos años (como tan a menudo sucede con el synthwave).
Para completar los doce temas que conforman "Hypersigil" la galesa ha necesitado nada menos que un lustro. Algo que en parte se explica por sus colaboraciones con otros artistas, como Stuart Braithwaite de Mogwai, pero también supongo que por la escasa repercusión de su primer álbum, "Mercurial" (2020) y, no me engaño, porque su pop electrónico se aleja de lo que ahora mismo se considera un sonido contemporáneo. Pero nada de ello ha afectado a sus coordenadas musicales, que se mantienen en el mismo lugar en el que las había dejado establecidas entonces. Por lo que el éxito del álbum radica sobre todo en la mayor cantidad de composiciones de nivel alto que incluye. Aunque he de avisares que, bien su productor Jonny Scott, bien su ingenerio James Cunningham, o bien ella misma, han hecho un trabajo realmente cuestionable a la hora de registrar y mezclar los instrumentos que aparecen en cada una de las canciones, pues el sonido es realmente pobre, confuso, con las frecuencias medias mezcladas altísimas, y las altas mucho más bajas. Tanto, que para poder apreciar y disfrutar mejor el álbum, yo volví a ecualizar a mano todas las canciones y generar una nueva versión del CD, mucho más nítido y disfrutable en mi opinión. Por lo que les animo a que, si pueden, hagan lo mismo antes de juzgar este trabajo.
El álbum lo abre "Yearning", un medio tiempo contundente y de letra tórrida, acompañado por un vídeo muy sugerente. Y que tuvo la responsabilidad de ejercer como "el sencillo" del áblum, pues fue el único que se publicó en dicho formato días antes del álbum completo; después no hubo más. Afortunadamente es una excelente muestra de su contenido, y también una de las grandes canciones del año pasado, como lo evidencia el hecho de que formara parte de mi lista de otras 20 canciones recomendables de 2025. Quizá lo más relevante de su electro-pop de musicalidad retro sea la coda final sobre los mismos acordes del estribillo en el que Elisabeth completa sus coros con su suplicante "Can't you see I'm yearning?". Le sigue "Boys & Girls" otro medio tiempo también plagado de sintetizadores vintage, aderezado con otro de sonido chirriante mucho más contemporáneo, y percusiones en primer plano, de estrofas más reposadas pero con un doble estribillo (el primero más oscuro y penetrante, sobre todo en su desnuda repetición final, el segundo más luminoso) francamente recomendables. "Surround Me", el tercer corte, me parece un pequeño patinazo dentro de un álbum de nivel alto. Por una doble razón: la primera y más evidente es porque se trata de una balada de factura clásica, que a pesar de estar bien producida e integrada en la personalidad musical de la británica, no es el tipo de propuesta que la caracteriza. Y la segunda, porque al estar situada tan al comienzo del disco, puede trasladar la impresión de que "Hypersigil" será su disco "de madurez", más reposado de lo deseable. Por eso me parece uno de los momentos más flojos del disco, a pesar de que le reconozco el mérito al subidón de una parte nueva que, desgraciadamente, no tiene continuidad en el resto de la canción. El siguiente corte, "Desire", era un tema ya conocido de sobra para sus seguidores (vio la luz en 2024), y se trata de un buen momento de pop ardiente, tanto en su letra como en su música, en el que la novedad la pone una interesante guitarra que rellena espacios sin acaparar protagonistmo, y en el que lo más meritorio vuelven a ser sus dos estribillos.
"Honey" es, si cabe, un tema aún más lento que "Surround Me", pero su mayor tenebrosidad, y una sensación de electricidad contenida, la convierten en un momento más interesante que aquella. Las voces distorsionadas que van arropando la melodía vocal principal, claramente perceptibles sobre todo en la segunda estrofa y en el tramo final, y una parte nueva que, sin cambiar la progresión armónica, aumenta el impacto mediante la eliminación de instrumentos, son lo más destacado de otra canción que tampoco forma parte de lo más granado del álbum. "The Dream", sexto corte, ya había visto la luz como sencillo individual nada menos que en 2023, aunque sus elaboradas estrofas, la excelente progresión armónica de su estribillo, un estupendo bajo sintetizado que vertebra toda la canción, y especialmente la creación final que comienza con "You know what I want..." la siguen haciendo una canción disfrutable y digna de encontrar acomodo en su siguiente álbum. Si bien prefiero el tema que la sigue: "Warrior" es uno de mis dos momentos favoritos del disco. Una canción en la que la voz entra al mismo tiempo que el arpegio de guitarra y el sintetizador que lleva la progresión armónica, y que luego va creciendo poco a poco cuando entran el infeccioso bajo, la suave batería... hasta que sus extensas estrofas dan paso a un estribillo impecable, un subidón de reivindicación personal a la vez sinfónico y tarareable. Por si fuera poco, la sencilla parte nueva mantiene la adrenalina alta con su "Cry, cry". Optar entre ella y su inmediata seguidora, la irreprochable "Unbreakable", es ya cuestión de gustos. También con la voz desde el mismo comienzo, más envolvente y misteriosa en sus estrofas, también con una instrumentación que la va haciendo crecer poco a poco, su estribillo nuevamente de reafirmación personal es una auténtica maravilla, tanto por la progresión armónica que lo sostiene como por la energía de su melodía en notas altas. Y con el buen detalle final de no cortarla justo a los tres minutos para disfrutar una efectiva repetición final.
El tercio final del álbum arranca con "Sanctuary". Que no es en absoluto un mal tema, aunque parezca peor de lo que es por estar situado justo tras los dos trallazos anteriores. Las estrofas tal vez pequen de simples en su progresión armónica y melodía, pero el puente ya es plenamente armónico, y el estribillo es otro dardo de pop electrónico, con mención especial para el poderoso bajo en primer plano. En vez de parte nueva lo que hace Elisabeth es colocar una recreación más instrumentada del comienzo, y luego desnuda la canción para una apoteosis final que no es tanta, pero que raya a buena altura. El comienzo de "Poison" es puro Depeche Mode, pero en cuanto entran las estrofas nos damos cuenta de que el tempo es mucho más alto que en las canciones clásicas de los de Basildon. Y a unas estrofas más oscuras le sucede un estribillo de pop luminoso, en el que el veneno que le da título se interpreta en su sentido más positivo, eso sí, en un tempo nuevamente más bajo. Además, la parte nueva, sustentada con un sintetizador vertiginoso en acordes diferentes, es de la más recomendables del disco. Y en las repeticiones finales del estribillo ya sí se impone definitivamente el tempo. El penúltimo corte, "Broken Promises", es en realidad un tema rescatado del EP homónimo que publicó en 2023 la galesa en colaboración con sus paisanos Mogwai, uno de los iconos del post-rock. El tema no desentona, aunque se nota el mayor peso de las guitarras eléctricas y las distorsiones, incluyendo la voz de la propia Elisabeth. Pero la composición encaja perfectamente con la propuesta de "Hypersigil", incluyendo su estruendosa parte nueva. Y el cierre lo pone "The Stars", de lejos el mejor de los temas lentos del álbum: más emotivo, menos obvio, sobre un trémolo de sintetizadores en acordes menores que le permite a la galesa ofrecernos la que es en mi opinión la mejor interpretación vocal del disco. Sobre todo en sus introspectivas estrofas, porque en el estribillo no puede resistirse a su tendencia a la épica y a las baterías contundentes. Sin parte nueva que cambie el paso, no es la canción que más crece, pero sí cumple su papel de rematar el conjunto con un largo tramo sobre la progresión armónica del estribillo y una última confesión muy en la línea de la temática del álbum: "And I'll love you to the end of time".
Los casi cuarenta y seis minutos de "Hypersigil" pueden antojarse muchos en una época de álbumes de diez canciones y treinta minutos, pero en realidad pasan rápido y dejan con ganas de más. Porque en realidad no hay temas de relleno, y sí una loable cohesión estilística. Es cierto que el disco no suena actual, que tampoco incluye temas netamente bailables, y que no hay demasiado espacio para el riesgo ni para la experimentación. Pero, si en realidad nos fijamos un poco, tampoco suena actual buena parte del pop electrónico que triunfa actualmente en las listas de todo el mundo (de Taylor Swift a Harry Styles), y nadie parece reparar en ello. Así que para los que prefieren un pop más elaborado que el comercial, con su componente barroca, su sensualidad femenina, y su personalidad desbordante, pero no necesitan un sonido especialmente raro, este notable disco de Elisabeth Elektra puede perfectamente convertirse en su pequeño placer secreto. Otra cosa diferente es el futuro de una artista tan minoritaria; ella parece ajena a su prácticamente nula repercusión, pero es indudable que lo elaborado de su propuesta merecería un respaldo mayor para tener continuidad. Así que veremos si alguna vez llega a lanzar su tercer disco. Y, sobre todo, si es capaz de mantener el nivel de este segundo.
Para completar los doce temas que conforman "Hypersigil" la galesa ha necesitado nada menos que un lustro. Algo que en parte se explica por sus colaboraciones con otros artistas, como Stuart Braithwaite de Mogwai, pero también supongo que por la escasa repercusión de su primer álbum, "Mercurial" (2020) y, no me engaño, porque su pop electrónico se aleja de lo que ahora mismo se considera un sonido contemporáneo. Pero nada de ello ha afectado a sus coordenadas musicales, que se mantienen en el mismo lugar en el que las había dejado establecidas entonces. Por lo que el éxito del álbum radica sobre todo en la mayor cantidad de composiciones de nivel alto que incluye. Aunque he de avisares que, bien su productor Jonny Scott, bien su ingenerio James Cunningham, o bien ella misma, han hecho un trabajo realmente cuestionable a la hora de registrar y mezclar los instrumentos que aparecen en cada una de las canciones, pues el sonido es realmente pobre, confuso, con las frecuencias medias mezcladas altísimas, y las altas mucho más bajas. Tanto, que para poder apreciar y disfrutar mejor el álbum, yo volví a ecualizar a mano todas las canciones y generar una nueva versión del CD, mucho más nítido y disfrutable en mi opinión. Por lo que les animo a que, si pueden, hagan lo mismo antes de juzgar este trabajo.
El álbum lo abre "Yearning", un medio tiempo contundente y de letra tórrida, acompañado por un vídeo muy sugerente. Y que tuvo la responsabilidad de ejercer como "el sencillo" del áblum, pues fue el único que se publicó en dicho formato días antes del álbum completo; después no hubo más. Afortunadamente es una excelente muestra de su contenido, y también una de las grandes canciones del año pasado, como lo evidencia el hecho de que formara parte de mi lista de otras 20 canciones recomendables de 2025. Quizá lo más relevante de su electro-pop de musicalidad retro sea la coda final sobre los mismos acordes del estribillo en el que Elisabeth completa sus coros con su suplicante "Can't you see I'm yearning?". Le sigue "Boys & Girls" otro medio tiempo también plagado de sintetizadores vintage, aderezado con otro de sonido chirriante mucho más contemporáneo, y percusiones en primer plano, de estrofas más reposadas pero con un doble estribillo (el primero más oscuro y penetrante, sobre todo en su desnuda repetición final, el segundo más luminoso) francamente recomendables. "Surround Me", el tercer corte, me parece un pequeño patinazo dentro de un álbum de nivel alto. Por una doble razón: la primera y más evidente es porque se trata de una balada de factura clásica, que a pesar de estar bien producida e integrada en la personalidad musical de la británica, no es el tipo de propuesta que la caracteriza. Y la segunda, porque al estar situada tan al comienzo del disco, puede trasladar la impresión de que "Hypersigil" será su disco "de madurez", más reposado de lo deseable. Por eso me parece uno de los momentos más flojos del disco, a pesar de que le reconozco el mérito al subidón de una parte nueva que, desgraciadamente, no tiene continuidad en el resto de la canción. El siguiente corte, "Desire", era un tema ya conocido de sobra para sus seguidores (vio la luz en 2024), y se trata de un buen momento de pop ardiente, tanto en su letra como en su música, en el que la novedad la pone una interesante guitarra que rellena espacios sin acaparar protagonistmo, y en el que lo más meritorio vuelven a ser sus dos estribillos.
"Honey" es, si cabe, un tema aún más lento que "Surround Me", pero su mayor tenebrosidad, y una sensación de electricidad contenida, la convierten en un momento más interesante que aquella. Las voces distorsionadas que van arropando la melodía vocal principal, claramente perceptibles sobre todo en la segunda estrofa y en el tramo final, y una parte nueva que, sin cambiar la progresión armónica, aumenta el impacto mediante la eliminación de instrumentos, son lo más destacado de otra canción que tampoco forma parte de lo más granado del álbum. "The Dream", sexto corte, ya había visto la luz como sencillo individual nada menos que en 2023, aunque sus elaboradas estrofas, la excelente progresión armónica de su estribillo, un estupendo bajo sintetizado que vertebra toda la canción, y especialmente la creación final que comienza con "You know what I want..." la siguen haciendo una canción disfrutable y digna de encontrar acomodo en su siguiente álbum. Si bien prefiero el tema que la sigue: "Warrior" es uno de mis dos momentos favoritos del disco. Una canción en la que la voz entra al mismo tiempo que el arpegio de guitarra y el sintetizador que lleva la progresión armónica, y que luego va creciendo poco a poco cuando entran el infeccioso bajo, la suave batería... hasta que sus extensas estrofas dan paso a un estribillo impecable, un subidón de reivindicación personal a la vez sinfónico y tarareable. Por si fuera poco, la sencilla parte nueva mantiene la adrenalina alta con su "Cry, cry". Optar entre ella y su inmediata seguidora, la irreprochable "Unbreakable", es ya cuestión de gustos. También con la voz desde el mismo comienzo, más envolvente y misteriosa en sus estrofas, también con una instrumentación que la va haciendo crecer poco a poco, su estribillo nuevamente de reafirmación personal es una auténtica maravilla, tanto por la progresión armónica que lo sostiene como por la energía de su melodía en notas altas. Y con el buen detalle final de no cortarla justo a los tres minutos para disfrutar una efectiva repetición final.
El tercio final del álbum arranca con "Sanctuary". Que no es en absoluto un mal tema, aunque parezca peor de lo que es por estar situado justo tras los dos trallazos anteriores. Las estrofas tal vez pequen de simples en su progresión armónica y melodía, pero el puente ya es plenamente armónico, y el estribillo es otro dardo de pop electrónico, con mención especial para el poderoso bajo en primer plano. En vez de parte nueva lo que hace Elisabeth es colocar una recreación más instrumentada del comienzo, y luego desnuda la canción para una apoteosis final que no es tanta, pero que raya a buena altura. El comienzo de "Poison" es puro Depeche Mode, pero en cuanto entran las estrofas nos damos cuenta de que el tempo es mucho más alto que en las canciones clásicas de los de Basildon. Y a unas estrofas más oscuras le sucede un estribillo de pop luminoso, en el que el veneno que le da título se interpreta en su sentido más positivo, eso sí, en un tempo nuevamente más bajo. Además, la parte nueva, sustentada con un sintetizador vertiginoso en acordes diferentes, es de la más recomendables del disco. Y en las repeticiones finales del estribillo ya sí se impone definitivamente el tempo. El penúltimo corte, "Broken Promises", es en realidad un tema rescatado del EP homónimo que publicó en 2023 la galesa en colaboración con sus paisanos Mogwai, uno de los iconos del post-rock. El tema no desentona, aunque se nota el mayor peso de las guitarras eléctricas y las distorsiones, incluyendo la voz de la propia Elisabeth. Pero la composición encaja perfectamente con la propuesta de "Hypersigil", incluyendo su estruendosa parte nueva. Y el cierre lo pone "The Stars", de lejos el mejor de los temas lentos del álbum: más emotivo, menos obvio, sobre un trémolo de sintetizadores en acordes menores que le permite a la galesa ofrecernos la que es en mi opinión la mejor interpretación vocal del disco. Sobre todo en sus introspectivas estrofas, porque en el estribillo no puede resistirse a su tendencia a la épica y a las baterías contundentes. Sin parte nueva que cambie el paso, no es la canción que más crece, pero sí cumple su papel de rematar el conjunto con un largo tramo sobre la progresión armónica del estribillo y una última confesión muy en la línea de la temática del álbum: "And I'll love you to the end of time".
Los casi cuarenta y seis minutos de "Hypersigil" pueden antojarse muchos en una época de álbumes de diez canciones y treinta minutos, pero en realidad pasan rápido y dejan con ganas de más. Porque en realidad no hay temas de relleno, y sí una loable cohesión estilística. Es cierto que el disco no suena actual, que tampoco incluye temas netamente bailables, y que no hay demasiado espacio para el riesgo ni para la experimentación. Pero, si en realidad nos fijamos un poco, tampoco suena actual buena parte del pop electrónico que triunfa actualmente en las listas de todo el mundo (de Taylor Swift a Harry Styles), y nadie parece reparar en ello. Así que para los que prefieren un pop más elaborado que el comercial, con su componente barroca, su sensualidad femenina, y su personalidad desbordante, pero no necesitan un sonido especialmente raro, este notable disco de Elisabeth Elektra puede perfectamente convertirse en su pequeño placer secreto. Otra cosa diferente es el futuro de una artista tan minoritaria; ella parece ajena a su prácticamente nula repercusión, pero es indudable que lo elaborado de su propuesta merecería un respaldo mayor para tener continuidad. Así que veremos si alguna vez llega a lanzar su tercer disco. Y, sobre todo, si es capaz de mantener el nivel de este segundo.
miércoles, 25 de febrero de 2026
Y otras 20 canciones internacionales recomendables de 2025
Como ya les comenté en mi última entrada, cuando terminé de preparar el pasado mes de Enero mi lista de mejores canciones internacionales de 2025, me encontré con que había pre-seleccionado más de setenta temas. Así que tras proponerles semanas atrás las veinte mejores, y hace unos días otras veinte canciones recomendables de 2025, completo ahora el repaso al pasado ejercicio con veinte canciones adicionales que, a mi modo de ver, merecen la pena.
Al igual que con la entrada que dediqué a las teóricas posiciones veintiuno al cuarenta, les aclaro que tampoco en esta oportunidad he establecido un orden entre ellas, por las mismas razones que expuse entonces. Eso sí, como en todas mis listas anuales, la selección la conforman exclusivamente canciones internacionales que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip a lo largo del año que nos dejó hace unas cuantas semanas.
No les entretengo más, aquí va la selección:
Korine - "Blue Star". El cuarto álbum de los estadounidenses, "A Flame In The Dark", tampoco fue el que les permitió el despegue definitivo, por excesivamente homogéneo y corto. Pero su talento para entregar canciones que individualmente funcionan a la perfección sigue intacto, como lo demuestra este medio tiempo guitarrero y de aire ochentero.
Kaleida - "Chalong". La versión deluxe de su álbum "In Arms", estrenada ya en 2025, contenía esta sorpresa, su canción más elaborada en cuanto a programación y más orientada a la pista de baile hasta la fecha de su carrera. Y que a pesar de su escasa letra, es un infeccioso ejercicio de synth-pop melancólico con especial protagonismo para una inhabitual guitarra eléctrica.
Elisabeth Elektra - "Yearning". En 2025 la artista escocesa publicó al fin su segundo álbum, "Hypersigil", en el que consolidaba su sonido basado en melodías ardientes, electrónica retro y un gusto innegable, que tuvo en este sencillo el lanzamiento estrella para defenderlo. Un excelente ejemplo de lo que es capaz de ofrecernos.
Reneé Rapp - "Mad". "BITE ME", el segundo álbum de la provocativa artista de Carolina del Norte, fue una de las sorpresas de la temporada a nivel comercial, consolidando su ecléctica propuesta con un puñado de temas que pocos contaban con que traspasaría el ámbito indie. Pero es que su pop vale igual para un concierto alternativo que para un comercial. Y como muestra, este enérgico y a la vez evocador pasaje.
Mating Ritual - "Obviously". Tras cuatro años de silencio, los hermanos Lawhon regresaron con su simplemente correcto "Shangri-blah", seguramente penalizado por una elección de sencillos poco acertadas. De hecho, este medio tiempo más acústico de lo habitual en ellos fue el único que merecía la pena de los cuatro publicados. Aunque su calidad sigue siendo perceptible.
Somebody's Child - "Porcelain (Losing All My Patience)". El irlandés Cian Godfrey retornó en 2025 con su segundo álbum, el reflexivo "When Youth Fades Away", de explícito título. Y cuyo mejor exponente era este tema de tempo alto y base contundente, que sin embargo explora en su profunda letra la transición a la madurez con un fantástico estribillo.
ILLENIUM, Tom Grennan & Alna - "Forever". Nicholas Miller, más conocido como Illenium, fue durante 2025 anticipando sencillos de su fantástico álbum "Odyssey", recientemente publicado. De los que el más destacable resultó ser este momento de future bass marca de la casa, con la originalidad de hacer convivir a una intérprete feminina y otra masculina en estrofas y estribillos.
FLETCHER - "Hi, Everyone Leave Please". La cantante de Nueva Jersey sacó en 2025 este subyugante tema, aparentemente al margen de sus álbumes de estudio, que demuestra cómo se pueden crear canciones de autor en 2025 sin pretender sonar novedoso, y a pesar de ello cautivar con una composición elaborada, cambios de ritmo y una delicadeza irresistible.
Zanias - "Cataclysm". La singular cantante australiana publicó en 2025 su quinto álbum, del mismo título que este temazo de producción arriesgada, que mezcla sonidos estridentes y juguetones, y una melodía de estrofas dulces y estribillo altivo. Antagonismos que, pese a lo que cabría esperar, funcionan perfectamente cuando se ponen en conjunto.
JESSICA WINTER - "L.O.V.E.". El año pasado la británica alumbró finalmente su primer álbum completo de estudio (titulado precisamente así, "My First Album"), y para defenderlo escogió este sencillo que contrapone a unas estrofas dinámicas y repletas de instrumentación un estribillo pausado y más espartano, rematado por un espléndido tramo instrumental final, y consiguiendo que el conjunto llegue a buen puerto.
Doves - "Cold Dreaming". "Constellations For The Lonely", el sexto álbum de la banda británica de pop alternativo, no los sacó del pseudoanonimato en el que se desenvuelven. Pero no porque no contuviera canciones de mérito, como este ejercicio de llevar el descaro de Portugal. The Man al otro lado del charco y sublimarlo con uno de los mejores estribillos del año.
Night Tapes - "Pacifico". La particular mezcla de dream pop y shoegaze de la banda londinense se vio por fin consolidada con "portals//polarities", su primer álbum de estudio tras unos cuartos EPs. Y es que al margen de la un tanto incómoda voz de Iiris Vesik, canciones como ésta demostraba que a partir de un ritmo original de Soul II Soul se podía construir un tema que atrae irremisiblemente nuestra atención.
Clara Lars - "Better". A la espera de su primer álbum, la delicada intérprete neoyorkino siguió en 2025 entregando sencillos que juegan a ser baladas sin serlo realmente, y que conjugan tradición y modernidad tanto en su instrumentación como en los giros de su melodía principal. Y todo con un atrayente estribillo. Apunta alto.
Two Lanes - "Calling". El consolidado dúo alemán de música electrónica regresó a la actualidad el año pasado con "No Feeling Is Final", un álbum que ahondaba en su mezcla de bases programadas, samplings bien escogidos, y sugestivas melodías de piano. Y de la que este tema es un estupendo reflejo, ideal para un gris domingo de invierno.
TANIS - "Kid". La cantante francesa de ascendencia singapureña Tanis publicó en 2025 su sexto álbum, del mismo título que este tema a medio camino entre el soul y el drum&bass, de notable producción y sensibilidad exquisita, y que habría merecido una difusión mucho mayor.
Georgia - "Wanna Play". La cantante y compositora inglesa Georgia Barnes no publicó disco en 2025, pero sí este estupendo sencillo construidos sobre unos sintetizadores maquinalmente hipnotizantes, y en el que la melodía histrónica se encarga de rellenar los huecos que dejan, sin por ello dejar de ofrecernos un estribillo tarareable.
Agnes - "EGO". La segunda etapa musical de la cantante sueca se ha visto coronada hace unas semanas con "Beautiful Madness", su sexto álbum de estudio y reciente número uno en su país. Que sin ser el mejor de su carrera encierra varios temas de música disco de sonoridad inequívocamente nórdica y su habitual buen gusto por las melodías de corte clásico.
Cannons - "All I Need". El trío californiano regresará a la actualidad en formato álbum dentro de unos días con "Everything Glows Out", el que será su quinto disco de estudio. El cual anticiparon a finales del año pasado con este tema atmosférico y delicado, que llama la atención por una riqueza de su base programada mayor de lo habitual.
NoMBe - "Ipanema (Cafuné)". El cantante alemán dio una vuelta de tuerca más a su fusión musical en "Diaspora", su tercer álbum y el más irregular hasta la fecha, a pesar de que contenía este irresistible tema de influencias brasileñas, convenientemente llevadas a su terreno y coronadas por uno de los videoclips más originales de la temporada.
Glitbiter - "Bury the sky". He dejado para el final la canción más minoritaria de la lista. Aunque la neoyorquina afincada en Los Ángeles Florence Bullock merecería sin duda una mayor atención, a juzgar por este cautivador tema de synthwave, muy por encima del mero revival habitual en este género, gracias sobre todo a una sonoridad netamente contemporánea.
Ahora sí que doy por terminado esta apasionante revisión por las sesenta canciones internacionales que he decidido destacar del pasado año. Estén más o menos de acuerdo con mi selección, por lo menos espero que estas tres últimas entradas les hayan servido para descubrir algunos grandes momentos de 2025 que quizá les habían pasado desapercibidos.
Al igual que con la entrada que dediqué a las teóricas posiciones veintiuno al cuarenta, les aclaro que tampoco en esta oportunidad he establecido un orden entre ellas, por las mismas razones que expuse entonces. Eso sí, como en todas mis listas anuales, la selección la conforman exclusivamente canciones internacionales que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip a lo largo del año que nos dejó hace unas cuantas semanas.
No les entretengo más, aquí va la selección:
Korine - "Blue Star". El cuarto álbum de los estadounidenses, "A Flame In The Dark", tampoco fue el que les permitió el despegue definitivo, por excesivamente homogéneo y corto. Pero su talento para entregar canciones que individualmente funcionan a la perfección sigue intacto, como lo demuestra este medio tiempo guitarrero y de aire ochentero.
Kaleida - "Chalong". La versión deluxe de su álbum "In Arms", estrenada ya en 2025, contenía esta sorpresa, su canción más elaborada en cuanto a programación y más orientada a la pista de baile hasta la fecha de su carrera. Y que a pesar de su escasa letra, es un infeccioso ejercicio de synth-pop melancólico con especial protagonismo para una inhabitual guitarra eléctrica.
Elisabeth Elektra - "Yearning". En 2025 la artista escocesa publicó al fin su segundo álbum, "Hypersigil", en el que consolidaba su sonido basado en melodías ardientes, electrónica retro y un gusto innegable, que tuvo en este sencillo el lanzamiento estrella para defenderlo. Un excelente ejemplo de lo que es capaz de ofrecernos.
Reneé Rapp - "Mad". "BITE ME", el segundo álbum de la provocativa artista de Carolina del Norte, fue una de las sorpresas de la temporada a nivel comercial, consolidando su ecléctica propuesta con un puñado de temas que pocos contaban con que traspasaría el ámbito indie. Pero es que su pop vale igual para un concierto alternativo que para un comercial. Y como muestra, este enérgico y a la vez evocador pasaje.
Mating Ritual - "Obviously". Tras cuatro años de silencio, los hermanos Lawhon regresaron con su simplemente correcto "Shangri-blah", seguramente penalizado por una elección de sencillos poco acertadas. De hecho, este medio tiempo más acústico de lo habitual en ellos fue el único que merecía la pena de los cuatro publicados. Aunque su calidad sigue siendo perceptible.
Somebody's Child - "Porcelain (Losing All My Patience)". El irlandés Cian Godfrey retornó en 2025 con su segundo álbum, el reflexivo "When Youth Fades Away", de explícito título. Y cuyo mejor exponente era este tema de tempo alto y base contundente, que sin embargo explora en su profunda letra la transición a la madurez con un fantástico estribillo.
ILLENIUM, Tom Grennan & Alna - "Forever". Nicholas Miller, más conocido como Illenium, fue durante 2025 anticipando sencillos de su fantástico álbum "Odyssey", recientemente publicado. De los que el más destacable resultó ser este momento de future bass marca de la casa, con la originalidad de hacer convivir a una intérprete feminina y otra masculina en estrofas y estribillos.
FLETCHER - "Hi, Everyone Leave Please". La cantante de Nueva Jersey sacó en 2025 este subyugante tema, aparentemente al margen de sus álbumes de estudio, que demuestra cómo se pueden crear canciones de autor en 2025 sin pretender sonar novedoso, y a pesar de ello cautivar con una composición elaborada, cambios de ritmo y una delicadeza irresistible.
Zanias - "Cataclysm". La singular cantante australiana publicó en 2025 su quinto álbum, del mismo título que este temazo de producción arriesgada, que mezcla sonidos estridentes y juguetones, y una melodía de estrofas dulces y estribillo altivo. Antagonismos que, pese a lo que cabría esperar, funcionan perfectamente cuando se ponen en conjunto.
JESSICA WINTER - "L.O.V.E.". El año pasado la británica alumbró finalmente su primer álbum completo de estudio (titulado precisamente así, "My First Album"), y para defenderlo escogió este sencillo que contrapone a unas estrofas dinámicas y repletas de instrumentación un estribillo pausado y más espartano, rematado por un espléndido tramo instrumental final, y consiguiendo que el conjunto llegue a buen puerto.
Doves - "Cold Dreaming". "Constellations For The Lonely", el sexto álbum de la banda británica de pop alternativo, no los sacó del pseudoanonimato en el que se desenvuelven. Pero no porque no contuviera canciones de mérito, como este ejercicio de llevar el descaro de Portugal. The Man al otro lado del charco y sublimarlo con uno de los mejores estribillos del año.
Night Tapes - "Pacifico". La particular mezcla de dream pop y shoegaze de la banda londinense se vio por fin consolidada con "portals//polarities", su primer álbum de estudio tras unos cuartos EPs. Y es que al margen de la un tanto incómoda voz de Iiris Vesik, canciones como ésta demostraba que a partir de un ritmo original de Soul II Soul se podía construir un tema que atrae irremisiblemente nuestra atención.
Clara Lars - "Better". A la espera de su primer álbum, la delicada intérprete neoyorkino siguió en 2025 entregando sencillos que juegan a ser baladas sin serlo realmente, y que conjugan tradición y modernidad tanto en su instrumentación como en los giros de su melodía principal. Y todo con un atrayente estribillo. Apunta alto.
Two Lanes - "Calling". El consolidado dúo alemán de música electrónica regresó a la actualidad el año pasado con "No Feeling Is Final", un álbum que ahondaba en su mezcla de bases programadas, samplings bien escogidos, y sugestivas melodías de piano. Y de la que este tema es un estupendo reflejo, ideal para un gris domingo de invierno.
TANIS - "Kid". La cantante francesa de ascendencia singapureña Tanis publicó en 2025 su sexto álbum, del mismo título que este tema a medio camino entre el soul y el drum&bass, de notable producción y sensibilidad exquisita, y que habría merecido una difusión mucho mayor.
Georgia - "Wanna Play". La cantante y compositora inglesa Georgia Barnes no publicó disco en 2025, pero sí este estupendo sencillo construidos sobre unos sintetizadores maquinalmente hipnotizantes, y en el que la melodía histrónica se encarga de rellenar los huecos que dejan, sin por ello dejar de ofrecernos un estribillo tarareable.
Agnes - "EGO". La segunda etapa musical de la cantante sueca se ha visto coronada hace unas semanas con "Beautiful Madness", su sexto álbum de estudio y reciente número uno en su país. Que sin ser el mejor de su carrera encierra varios temas de música disco de sonoridad inequívocamente nórdica y su habitual buen gusto por las melodías de corte clásico.
Cannons - "All I Need". El trío californiano regresará a la actualidad en formato álbum dentro de unos días con "Everything Glows Out", el que será su quinto disco de estudio. El cual anticiparon a finales del año pasado con este tema atmosférico y delicado, que llama la atención por una riqueza de su base programada mayor de lo habitual.
NoMBe - "Ipanema (Cafuné)". El cantante alemán dio una vuelta de tuerca más a su fusión musical en "Diaspora", su tercer álbum y el más irregular hasta la fecha, a pesar de que contenía este irresistible tema de influencias brasileñas, convenientemente llevadas a su terreno y coronadas por uno de los videoclips más originales de la temporada.
Glitbiter - "Bury the sky". He dejado para el final la canción más minoritaria de la lista. Aunque la neoyorquina afincada en Los Ángeles Florence Bullock merecería sin duda una mayor atención, a juzgar por este cautivador tema de synthwave, muy por encima del mero revival habitual en este género, gracias sobre todo a una sonoridad netamente contemporánea.
Ahora sí que doy por terminado esta apasionante revisión por las sesenta canciones internacionales que he decidido destacar del pasado año. Estén más o menos de acuerdo con mi selección, por lo menos espero que estas tres últimas entradas les hayan servido para descubrir algunos grandes momentos de 2025 que quizá les habían pasado desapercibidos.
domingo, 8 de febrero de 2026
Otras 20 canciones internacionales recomendables de 2025
En mi anterior entrada, que dediqué a mi lista con las 20 mejores canciones internacionales de 2025, ya les adelanté que 2025 había vuelto a ser un año fructífero respecto a grandes canciones. Esa es la razón por la que en esta nueva entrada les ofrezco otras dos entradas adicionales con nada menos que esos cuarenta "descartes" de mi lista de 20 mejores canciones de 2025 (y entrecomillo porque, como anticipo en el título, se trata de canciones recomendables). Así que tanto la presente entrada como la siguiente estarán dedicadas a proponerles otras veinte canciones adicionales de 2025 cada una de ellas.
Antes de entrar en materia con esta segunda entrada de canciones recomendables de 2025 es mi deber advertirles que, a diferencia de la entrada anterior, he optado por no ordenar las canciones del veintiuno al cuarenta; me parecía una minuciosidad excesiva, pues la posición podría ser casi una cuestión de estado de ánimo a la hora de escucharles. Aparte de que no es mi intención a la hora de presentarles estos temas. Por lo demás, mantengo el criterio habitual que conocen los seguidores de este humilde blog: todas ellas son canciones internacionales que han visto la luz en formato sencillo/videoclip a lo largo de 2025.
Sin más dilación, aquí les ofrezco la selección:
Pearly Drops - "Delusional On Sunset Blvd". El año pasado el dúo finlandés publicó "The Voices Are Coming Back", su segundo álbum, en el que destacaba este tema de pop aparentemente sencillo a dos voces pero de gran sensibilidad, pese a que la voz excesivamente infantil de Sandra Tervonen le reste algún que otro punto.
Nils Hoffmann - "Give Me Life". El DJ y productor berlinés regresó en 2025 con "Everlight", ahondando en su exploración de una música dance más profunda y evocadora, de la cual este tema es probablemente su momento más destacado.
Cerrone & Christine And The Queens - "Catching Feelings". A sus 73 años el veterano productor francés Marc Cerrone volvió a estar de plena actualidad gracias a su EP en colaboración con la también francesa y siempre inquieta Christine And The Queens, del mismo título que este álbum. Irresistible música disco con un punto de erotismo.
Parov Stelar - "Artifact". El ya cincuentón productor austriaco, que ha ido ganando prestigio y relevancia internacional con sus nuevas entregas, añadió el año pasado una muesca más a su extensa discografía con "Artifact", un disco en el que maridaba música electrónica, pop y música sinfónica con un disco accesible y con momentos apoteósticos como el que daba título al álbum.
Hybrid Minds & LYVIA - "Tear Drops". El dúo británico de drum&bass recopiló el pasado Octubre los sencillos que había ido lanzando a lo largo de los últimos tiempos en "Atmosphere", su cuarto álbum. Una propuesta con muchos invitados y en el que innegociable ritmo característico del género adquiría matices de pop melódico en este notable tema.
Hatchie - "Lose It Again". "Liquorice", el regreso de la cantautora australiana, se quedó lejos de la expectativas, pero aún encerraba momentos de buen pop sensible y melancólico como éste, su mejor sencillo, con estribillo de toques psicodélicos.
Charlotte OC - "Romeo". En su EP de 2025, "Seriously Love, Go Home", la cantante británica entregó uno de los mejores temas de soul del pasado ejercicio. Clasicismo sin mirar en exceso por el retrovisor, gracias a una excelente composición, un sonido pulido y una personal interpretación vocal.
Sophie and the Giants - "A Little Bit Wild". La inglesa Sophie Louise Scott siguió en 2025 sin publicar un álbum completo, pero no para de añadir sencillos a su trayectoria, como éste de singular maridaje entre la contudente programación de su percusión y la guitarra acústica, entre un bajo infeccioso y un estribillo catártico.
Of Monsters And Men - "Ordinary Creature". Otros que retornaron en una alarmante baja forma fueron los islandeses Of Monster and Men, cuyo "All Is Love and Pain in the Mouse Parade" no reflejaba en absoluto los seis años transcurridos desde su anterior álbum. Pero entre convencionalismo y algún que otro bostezo sobresalía este tema de tempo alto y cierto nervio, aunque sin perder la personalidad de la banda.
Alison Goldfrapp - "Sound & Light". "Flux", su segundo álbum en solitario, tampoco respondió a las expectativas generadas por los sencillos lanzados por la británica desde 2024. Pero encerraba este radiante medio tiempo de electrónica avanzada y melodía altiva, que actualizaba con éxito sonidos típicos de los años ochenta.
Cheat Codes - "Don't Leave". El trío californiano entregó en su quinto álbum, "Future Renaissance", nada menos que ocho sencillos de sonoridades variadas junto a una extensa nómina de colaboradores. De los cuales mi favorito era éste, de electrónica contenida y melodía coral, que funciona como antídoto para esas largas tardes de invierno que no parecen querer marcharse.
Portugal. The Man - "Denali". En su décimo álbum de estudio, "Shish", la siempre impredecible banda de Alaska regresó más inclasificable que nunca, como lo demuestra su primer sencillo y tema estrella, de comienzo tenebroso, estrofas y estribillos impecables, y chirriantes distorsiones entre medias. Cuando se le coge el punto, es imposible despegarse su adictivo estribillo de nuestro cerebro.
Lights - "Alive Again". Con "A6", recientemente expandido a casi un doble álbum, la solista canadiense por fin consolidó su trayectoria ascendente: un disco repleto de sencillos de synth-pop honesto y sin complicaciones que sonaba personal a pesar de las influencias obvias. Y que tenía su punto álgido en este tema tan melódico... y que sin embargo encierra un estribillo poco menos que declamado de forma altiva.
The Knocks & Dragonette - "Thorn". Para su cuarto álbum, "Revelation" el dúo de Nueva York contrató los servicios de la ya casi veterana canadiense Dragonette. Y quizá por ello ofrecieron un sonido más retro de lo habitual, aunque esa involución se les disculpaba en temas de melodía tan luminosa y atmósfera tan ochentera que parece imposible que no se trate de alguna versión de aquellos años.
Yeule - "Evangelic Girl is a Gun". Con su cuarto álbum, de título homónimo, la singapurense confirmó que su ascensión al panorama internacional no había sido flor de un día, y que su pop asiático sigue siendo accesible para todos aquellos oídos abiertos a los sonidos más contemporáneos y a las propuestas arriesgadas. Porque en el fondo esta canción son dos temas diferentes en uno, cohesionados de una manera fascinante.
Garbage - "Get Out My Face AKA Bad Kitty". Poco a poco la estela del veterano cuarteto se va apagando (en el fondo, son ya más de 30 años de carrera), y su octavo álbum, "Let All That We Imagine Be the Light", fue simplemente la confirmación. Pero aunque ya no suenen originales, aún les queda rabia y oficio para entregar este buen sencillo de rock "garbagaino".
Low Island - "Machine Lover". El tercer álbum de la sofisticada banda de Oxford, "bird", los devolvía tan ambiciosos como irregulares. Pero su personalidad musical es tan acusada que, cuando aciertan, cautivan por ser capaces de sonar como ninguna otra. Algo que demuestra perfectamente esta canción, una bonita melodía, de armonías vocales clásicas, y producción y arreglos tan singulares como efectivos.
Baby of the Bunch - "Jeans". Quizá el artista más minoritario de esta lista: los de Berlín apenas han traspasado las fronteras de su país. Y en su haber tan sólo cuentan con un álbum. Pero en 2025 publicaron un par de sencillos más que interesantes. En especial este formidable medio tiempo, elegante en sus estrofas y arrebatador en su estribillo, que demuestra que hay bandas a este lado del charco capaces de lograr lo que las americanas Haim siempre intentan pero nunca consiguen.
Charlotte Lawrence - "Dog". La de California debutó en 2025 con "Somewhere", un interesante disco que mezcla en su paleta sonidos de americana y toques de rock, pero le añade la pátina de contemporaneidad que lleva buscando sin éxito su compatriota Clairo, a pesar del apoyo incondicionablidad de la crítica. Sensibilidad intemporal.
Spin Doctors - "Boombox". Seguro hay quien pensaba que los neoyorquinos ya habían desaparecido como banda. Pero lo cierto es que, tras 12 años de silencio, regresaron el pasado año con un más que digno séptimo álbum, "Face Full of Cake". El cual, como muestra este sencillo, recupera su trayectoria musical en el mismo punto en el que la habían interrumpido: rock muy bien interpretado, con groove y el habitual sarcasmo de sus letras. Aunque su tiempo ya pasara, es una excelente canción.
Como ven, estas veinte canciones vuelven a proceder de los más diversos rincones de nuestro planeta, demostrando que son varios los estilos musicales que siguen constituyendo un auténtico lenguaje universal. Así que espero que disfruten la selección, al tiempo que les emplazo a mi próxima entrada, con otra recomendable selección de veinte grandes temas internacionales.
Antes de entrar en materia con esta segunda entrada de canciones recomendables de 2025 es mi deber advertirles que, a diferencia de la entrada anterior, he optado por no ordenar las canciones del veintiuno al cuarenta; me parecía una minuciosidad excesiva, pues la posición podría ser casi una cuestión de estado de ánimo a la hora de escucharles. Aparte de que no es mi intención a la hora de presentarles estos temas. Por lo demás, mantengo el criterio habitual que conocen los seguidores de este humilde blog: todas ellas son canciones internacionales que han visto la luz en formato sencillo/videoclip a lo largo de 2025.
Sin más dilación, aquí les ofrezco la selección:
Pearly Drops - "Delusional On Sunset Blvd". El año pasado el dúo finlandés publicó "The Voices Are Coming Back", su segundo álbum, en el que destacaba este tema de pop aparentemente sencillo a dos voces pero de gran sensibilidad, pese a que la voz excesivamente infantil de Sandra Tervonen le reste algún que otro punto.
Nils Hoffmann - "Give Me Life". El DJ y productor berlinés regresó en 2025 con "Everlight", ahondando en su exploración de una música dance más profunda y evocadora, de la cual este tema es probablemente su momento más destacado.
Cerrone & Christine And The Queens - "Catching Feelings". A sus 73 años el veterano productor francés Marc Cerrone volvió a estar de plena actualidad gracias a su EP en colaboración con la también francesa y siempre inquieta Christine And The Queens, del mismo título que este álbum. Irresistible música disco con un punto de erotismo.
Parov Stelar - "Artifact". El ya cincuentón productor austriaco, que ha ido ganando prestigio y relevancia internacional con sus nuevas entregas, añadió el año pasado una muesca más a su extensa discografía con "Artifact", un disco en el que maridaba música electrónica, pop y música sinfónica con un disco accesible y con momentos apoteósticos como el que daba título al álbum.
Hybrid Minds & LYVIA - "Tear Drops". El dúo británico de drum&bass recopiló el pasado Octubre los sencillos que había ido lanzando a lo largo de los últimos tiempos en "Atmosphere", su cuarto álbum. Una propuesta con muchos invitados y en el que innegociable ritmo característico del género adquiría matices de pop melódico en este notable tema.
Hatchie - "Lose It Again". "Liquorice", el regreso de la cantautora australiana, se quedó lejos de la expectativas, pero aún encerraba momentos de buen pop sensible y melancólico como éste, su mejor sencillo, con estribillo de toques psicodélicos.
Charlotte OC - "Romeo". En su EP de 2025, "Seriously Love, Go Home", la cantante británica entregó uno de los mejores temas de soul del pasado ejercicio. Clasicismo sin mirar en exceso por el retrovisor, gracias a una excelente composición, un sonido pulido y una personal interpretación vocal.
Sophie and the Giants - "A Little Bit Wild". La inglesa Sophie Louise Scott siguió en 2025 sin publicar un álbum completo, pero no para de añadir sencillos a su trayectoria, como éste de singular maridaje entre la contudente programación de su percusión y la guitarra acústica, entre un bajo infeccioso y un estribillo catártico.
Of Monsters And Men - "Ordinary Creature". Otros que retornaron en una alarmante baja forma fueron los islandeses Of Monster and Men, cuyo "All Is Love and Pain in the Mouse Parade" no reflejaba en absoluto los seis años transcurridos desde su anterior álbum. Pero entre convencionalismo y algún que otro bostezo sobresalía este tema de tempo alto y cierto nervio, aunque sin perder la personalidad de la banda.
Alison Goldfrapp - "Sound & Light". "Flux", su segundo álbum en solitario, tampoco respondió a las expectativas generadas por los sencillos lanzados por la británica desde 2024. Pero encerraba este radiante medio tiempo de electrónica avanzada y melodía altiva, que actualizaba con éxito sonidos típicos de los años ochenta.
Cheat Codes - "Don't Leave". El trío californiano entregó en su quinto álbum, "Future Renaissance", nada menos que ocho sencillos de sonoridades variadas junto a una extensa nómina de colaboradores. De los cuales mi favorito era éste, de electrónica contenida y melodía coral, que funciona como antídoto para esas largas tardes de invierno que no parecen querer marcharse.
Portugal. The Man - "Denali". En su décimo álbum de estudio, "Shish", la siempre impredecible banda de Alaska regresó más inclasificable que nunca, como lo demuestra su primer sencillo y tema estrella, de comienzo tenebroso, estrofas y estribillos impecables, y chirriantes distorsiones entre medias. Cuando se le coge el punto, es imposible despegarse su adictivo estribillo de nuestro cerebro.
Lights - "Alive Again". Con "A6", recientemente expandido a casi un doble álbum, la solista canadiense por fin consolidó su trayectoria ascendente: un disco repleto de sencillos de synth-pop honesto y sin complicaciones que sonaba personal a pesar de las influencias obvias. Y que tenía su punto álgido en este tema tan melódico... y que sin embargo encierra un estribillo poco menos que declamado de forma altiva.
The Knocks & Dragonette - "Thorn". Para su cuarto álbum, "Revelation" el dúo de Nueva York contrató los servicios de la ya casi veterana canadiense Dragonette. Y quizá por ello ofrecieron un sonido más retro de lo habitual, aunque esa involución se les disculpaba en temas de melodía tan luminosa y atmósfera tan ochentera que parece imposible que no se trate de alguna versión de aquellos años.
Yeule - "Evangelic Girl is a Gun". Con su cuarto álbum, de título homónimo, la singapurense confirmó que su ascensión al panorama internacional no había sido flor de un día, y que su pop asiático sigue siendo accesible para todos aquellos oídos abiertos a los sonidos más contemporáneos y a las propuestas arriesgadas. Porque en el fondo esta canción son dos temas diferentes en uno, cohesionados de una manera fascinante.
Garbage - "Get Out My Face AKA Bad Kitty". Poco a poco la estela del veterano cuarteto se va apagando (en el fondo, son ya más de 30 años de carrera), y su octavo álbum, "Let All That We Imagine Be the Light", fue simplemente la confirmación. Pero aunque ya no suenen originales, aún les queda rabia y oficio para entregar este buen sencillo de rock "garbagaino".
Low Island - "Machine Lover". El tercer álbum de la sofisticada banda de Oxford, "bird", los devolvía tan ambiciosos como irregulares. Pero su personalidad musical es tan acusada que, cuando aciertan, cautivan por ser capaces de sonar como ninguna otra. Algo que demuestra perfectamente esta canción, una bonita melodía, de armonías vocales clásicas, y producción y arreglos tan singulares como efectivos.
Baby of the Bunch - "Jeans". Quizá el artista más minoritario de esta lista: los de Berlín apenas han traspasado las fronteras de su país. Y en su haber tan sólo cuentan con un álbum. Pero en 2025 publicaron un par de sencillos más que interesantes. En especial este formidable medio tiempo, elegante en sus estrofas y arrebatador en su estribillo, que demuestra que hay bandas a este lado del charco capaces de lograr lo que las americanas Haim siempre intentan pero nunca consiguen.
Charlotte Lawrence - "Dog". La de California debutó en 2025 con "Somewhere", un interesante disco que mezcla en su paleta sonidos de americana y toques de rock, pero le añade la pátina de contemporaneidad que lleva buscando sin éxito su compatriota Clairo, a pesar del apoyo incondicionablidad de la crítica. Sensibilidad intemporal.
Spin Doctors - "Boombox". Seguro hay quien pensaba que los neoyorquinos ya habían desaparecido como banda. Pero lo cierto es que, tras 12 años de silencio, regresaron el pasado año con un más que digno séptimo álbum, "Face Full of Cake". El cual, como muestra este sencillo, recupera su trayectoria musical en el mismo punto en el que la habían interrumpido: rock muy bien interpretado, con groove y el habitual sarcasmo de sus letras. Aunque su tiempo ya pasara, es una excelente canción.
Como ven, estas veinte canciones vuelven a proceder de los más diversos rincones de nuestro planeta, demostrando que son varios los estilos musicales que siguen constituyendo un auténtico lenguaje universal. Así que espero que disfruten la selección, al tiempo que les emplazo a mi próxima entrada, con otra recomendable selección de veinte grandes temas internacionales.
domingo, 25 de enero de 2026
Las 20 mejores canciones internacionales de 2025
Estamos ya casi a finales de enero, así que un año más toca echar la vista atrás y proponerles una lista que refleje las mejores canciones internacionales del pasado 2025 según este humilde blog. Como he explicado en otras temporadas, hasta el pasado 3 de Enero no comencé a recopilar los temas que conforman esta lista, para asegurarme de que no dejaba fuera ninguno de los temas publicados durante el pasado diciembre. Un fallo muy común en la mayoría de las listas que se elaboran, seguramente por el afán de ser los primeros en ofrecerlas. Dicho lo cual, estoy convencido de que el mundo de la música contemporánea ha consolidado finalmente en 2025 su normalidad creativa tras el impacto de la pandemia. Por lo cual esta lista que les propongo hoy estará complementada en próximas fechas con dos entradas adicionales para acercarles otras cuarenta canciones internacionales más. Porque el resurgimiento creativo en el económicamente decadente negocio musical es ya innegable, y las plataformas en las que hoy se consume la música según algoritmos que tienden a dificultar la proliferación de nuevos artistas y propuestas no ha logrado estrangular a tantos miles de artistas que nos siguen ofreciendo sus nuevas creaciones. Por supuesto, el volumen de canciones creadas y publicadas ha alcanzado ya desde hace un par de temporadas los niveles habituales, pero es que estilos en mi opinión mediocres, como el trap, el urban o el hip-hop siguen poco a poco perdiendo fuerza y repercusión, mientras que cada vez hay más artistas que rehúyen de esas propuestas tan simplistas e intentan ofrecer algo más elaborado y al mismo tiempo universal.
Como en ocasiones anteriores, es mi deber recordarles que el volumen de álbumes publicados excede ampliamente los casi setenta que he escuchado en los pasados doce meses, por lo que seguiré sin elaborar una lista de mejores discos. Pero a continuación les ofrezco lo que para mí son las mejores canciones internacionales de los pasados doce meses, considerando que el volumen que he escuchado sí ha sido lo suficientemente significativo. Elaborada con los dos criterios habituales: temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y una única canción por artista. Con la intención de conseguir una panorámica lo más amplia posible de 2025. Y siempre intentando acercarles los sonidos más universales, las mejores melodías, las producciones más brillantes, las tendencias más interesantes y, en definitiva, el talento y la calidad que siempre persigue este ya veterano blog.
La lista de este año vuelve a poner de manifiesto el eclecticisimo de la música contemporánea en cuanto a su lugar de creación. Reflejo de que nos encontramos ante el verdadero lenguaje universal de nuestro tiempo, al margen de estilos específicos de uno u otro lugar del mundo: artistas británicos, estadounidenses, canadienses, sudafricanos, australianos, daneses, suecos... ¿Se puede ofrecer más internacionalidad en menos temas?
1. Mallrat - "Hideaway". En el notable segundo álbum de la australiana, "Light Hit My Face Like a Straight Right", sobresalía esta formidable pieza de un delicado pop electrónico con sonido rabiosamente contemporáneo y melodía intemporal, del que sucesivas escuchas van revelando más y más detalles. Sobrecogedora.
2. Autoheart - "Indigo Chateau". La minoritaria banda londinense sigue ignorada incluso en el ámbito alternativo, pero a juzgar por su regreso del pasado año, "Heartlands", ello no ha minado en absoluto su capacidad de crear gemas pop tan deslumbrantes que parece imposible que no se trate de versiones. Apoteósica.
3. IDER - "Killing the Game". Otras londinenses en esta lista, la sensibilidad del dúo femenino subió un escalón con su excelente disco "Late To The World", que incluía este formidable tema que muestra cómo los tempos altos no están reñidos con la sensibilidad, sobre todo con dos voces tan bien complementadas. Exquisita.
4. Goddess featuring Ex:Re "Shadows". "Goddess", el proyecto en solitario de Fay Milton, fue la mayor sorpresa de la temporada, un disco de colaboraciones fantástico de principio a fin. Cuyo mejor momento era esta intimista pieza a medias con Elena Tonra, la líder de Daughter, que aportó su irresistible introspección. Devastadora.
5. Jenny on Holiday - "Every Ounce of Me". Disuelto el adolescente dúo británico Let's Eat Grandma, su principal artífice, Jenny Hollingworth, debutó en solitario como Jenny on Holiday, y lo hizo con esta maravilla de pop de instrumentación añeja y melodía capaz de levantar los ánimos en el día más triste. Emotiva.
6. MØ - "Keep Møving". La danesa Karen Marie Ørsted regresó el año pasado con su disfrutable "Plæygirl", cuyo sencillo más claro era éste, que tomaba en sus estrofas la progresión armónica tantas veces reusada desde el famoso "In The Night" de Pet Shop Boys, y la dotaba de una esquizofrenia bailable que la transportaba a otra dimensión. Irresistible.
7. Circa Waves - "Cherry Bomb". La creatividad de los de Liverpool alcanzó en 2025 una magnitud tal que se atrevieron a entregar dos álbumes de nueve temas cada uno, a principios y a finales de año, reuniéndolos en uno solo bajo el título definitivo de "Death And Love". Y entre su heterogénea propuesta el mejor momento era este medio tiempo de pop que respeta su personalidad, no rehúye la electrónica, y sirve tanto para un festival como para un garito de pop alternativo. Impecable.
8. Florence + The Machine - "Sympathy Magic". Florence Welch regresó el pasado ejercicio con "Everybody Scream", un disco que varió poco su archiconocida propuesta pero que mejoró el nivel de sus dos entregas anteriores. Como lo evidencia su tema estrella: pop barroco con su arrolladora voz e incontenible personalidad y una bonita melodía. Gloriosa.
9. Geowulf - "Can't Read Your Mind". Reducido ya al proyecto en solitario de Star Kendrick, Geowulf regresó el año pasado con "The Child", curiosamente su mejor álbum hasta la fecha. Como lo demuestra esta maravilla de dream pop, de voz dulce e instrumentación deliciosa sin necesidad de ningún artificio. Incontenible.
10. Lorde - "What Was That". La neozelandesa sigue sin dar con la tecla del éxito masivo en sus últimos discos, y el irregular "Virgin" de 2025 no fue una excepción. Aunque por lo menos consiguió retomar el pulso de los sencillos irresistibles, como lo evidencia este temazo de synth-pop contemporáneo, de instrumentación arriesgadamente innovadora y melodía vocal en notas bajas. Espectacular.
11. Bar Italia - "Cowbella". El trío londinense entregó mi tema favorito de rock del pasado año. No suena nuevo, pero encierra una energía y una sensualidad muy difíciles de encontrar en el panorama actual. Una fantástica letra y los juegos vocales a lo largo de su minutaje mejoran aún más el resultado. Desbordante.
12. Saint Etienne - "Glad". El trío británico cerró oficialmente su carrera en formato álbum con "International", su mejor disco en más de una década. Repleto de colaboraciones, lo abría su tema estrella, con la colaboración de Tim Rowland de The Chemical Brothers, quien aporta unas percusiones infecciosas a las que se contraponen el saber hacer pop de Bob Stanley y Pete Wiggs. Elegante.
13. Nation of Language - "Inept Apollo". Tras un segundo álbum más flojo, el trío neoyorkino recuperó el pulso con "Dance Called Memory". Un disco repleto de buenos momentos como esta espartana mirada a principios de los ochenta realzada por la excelente interpretación vocal de Ian Devaney. Efectiva.
14. Bob Moses - "Time of Your Life". Otros que han subido el nivel en su último disco son el dúo canadiense Bob Moses, cuyo meritorio "Blink" incluía este adictivo momento, más directo y luminoso de lo que suele ser habitual en ellos, que logra integrar con éxito electrónica bailable y melodía pop en poco más de dos minutos. Sugestiva.
15. Taylor Janzen - "Lost Dog". La cantautora canadiense empezó a entregar en la segunda mitad de 2025 anticipos de lo que debería ser en este 2026 su segundo álbum. Que a juzgar por maravillas como ésta puede ser uno de los álbumes del año. Cómo mezclar con éxito canción de autor, influencias folk, detalles electrónicos, y melancolía a raudales. Inmersiva.
16. Sir Chloe - "Forgiving". El rock crudo y descarnado de Dana Foote y su trío acompañante experimentó una saludable vuelta de tuerca en su segundo álbum ("Swallow The Tail"), cuyo primer sencillo fue este trallazo, con guitarras aceradas y coros provocadores. Arrolladora.
17. St. Lucia - "Crimes of Passion". La creatividad del sudafricano Jean-Philip Grobler también alcanzó en 2025 sus cotas más altas, con dos álbumes de estudio completos publicados. Al más reciente de los cuales, "Fata Morgana: Dusk", pertenecía este tema de elaborado comienzo y chirriante producción, que mira a los ochenta sin alejarse de la actualidad. Infecciosa.
18. Robyn - "Dopamine". Tras nada menos que siete años de silencio, la sueca empezó en 2025 a anticipar temas de lo que será su séptimo álbum de estudio, "Sexistential", dentro de unas semanas. Y que debería suponer su regreso a lo más alto del electro-pop a juzgar por este himno de contagiosas bases programadas y melodía compleja pero disfrutable. Contagiosa.
19. The Neighbourhood - "Private". El quinteto de rock californiano regresó en 2025 con el que es su mejor disco hasta la fecha: "Ultrasound" acentuaba su búsqueda de sonidos más oscuros que contundentes, y su primer sencillo es un excelente ejemplo, con sus guitarras etéreas, su bajo sobredimensionado, y la comedida interpretación vocal de Jesse Rutherford. Angustiosa.
20. Bishop Briggs - "Woman Is King". Su "Tell My Therapist I'm Fine" de 2024 dejaba claro que la británica estaba de dulce, y que el disco podía haber dado más de sí. Por eso no fue una sorpresa que a principios de 2025 apareciera la edición deluxe con dos nuevos temas, el más destacado de los cuales era esta inspirada y breve pieza de soul-rock con su arrolladora personalidad. Energizante.
Al igual que en años anteriores, sé que he dejado fuera de esta lista temas que probablemente lo habrían merecido, pues es imposible dejar la subjetividad completamente al margen en un ejercicio de esta naturaleza (aunque les confesaré que la lista ha dado unas cuantas vueltas hasta llegar a estar versión definitiva). Como les anticipaba, en próximas semanas otras cuarenta canciones vendrán a subsanar esos inevitables errores. Pero aun con esta limitación, estoy convencido de que estas veinte canciones son una estupenda muestra de lo mejor que nos ha ofrecido musicalmente el año 2025. Porque evidencian que, si no nos resignamos a lo que nos tratan de imponer medios generalistas e independientes (que ambos lo intentan), se pueden seguir encontrando fantásticos momentos en el panorama musical internacional. Así que espero que disfruten de esta selección, y que con un poco de suerte les ayude a descubrir a algún que otro artista o canción que hasta ahora les habían pasado desapercibidos.
Como en ocasiones anteriores, es mi deber recordarles que el volumen de álbumes publicados excede ampliamente los casi setenta que he escuchado en los pasados doce meses, por lo que seguiré sin elaborar una lista de mejores discos. Pero a continuación les ofrezco lo que para mí son las mejores canciones internacionales de los pasados doce meses, considerando que el volumen que he escuchado sí ha sido lo suficientemente significativo. Elaborada con los dos criterios habituales: temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y una única canción por artista. Con la intención de conseguir una panorámica lo más amplia posible de 2025. Y siempre intentando acercarles los sonidos más universales, las mejores melodías, las producciones más brillantes, las tendencias más interesantes y, en definitiva, el talento y la calidad que siempre persigue este ya veterano blog.
La lista de este año vuelve a poner de manifiesto el eclecticisimo de la música contemporánea en cuanto a su lugar de creación. Reflejo de que nos encontramos ante el verdadero lenguaje universal de nuestro tiempo, al margen de estilos específicos de uno u otro lugar del mundo: artistas británicos, estadounidenses, canadienses, sudafricanos, australianos, daneses, suecos... ¿Se puede ofrecer más internacionalidad en menos temas?
1. Mallrat - "Hideaway". En el notable segundo álbum de la australiana, "Light Hit My Face Like a Straight Right", sobresalía esta formidable pieza de un delicado pop electrónico con sonido rabiosamente contemporáneo y melodía intemporal, del que sucesivas escuchas van revelando más y más detalles. Sobrecogedora.
2. Autoheart - "Indigo Chateau". La minoritaria banda londinense sigue ignorada incluso en el ámbito alternativo, pero a juzgar por su regreso del pasado año, "Heartlands", ello no ha minado en absoluto su capacidad de crear gemas pop tan deslumbrantes que parece imposible que no se trate de versiones. Apoteósica.
3. IDER - "Killing the Game". Otras londinenses en esta lista, la sensibilidad del dúo femenino subió un escalón con su excelente disco "Late To The World", que incluía este formidable tema que muestra cómo los tempos altos no están reñidos con la sensibilidad, sobre todo con dos voces tan bien complementadas. Exquisita.
4. Goddess featuring Ex:Re "Shadows". "Goddess", el proyecto en solitario de Fay Milton, fue la mayor sorpresa de la temporada, un disco de colaboraciones fantástico de principio a fin. Cuyo mejor momento era esta intimista pieza a medias con Elena Tonra, la líder de Daughter, que aportó su irresistible introspección. Devastadora.
5. Jenny on Holiday - "Every Ounce of Me". Disuelto el adolescente dúo británico Let's Eat Grandma, su principal artífice, Jenny Hollingworth, debutó en solitario como Jenny on Holiday, y lo hizo con esta maravilla de pop de instrumentación añeja y melodía capaz de levantar los ánimos en el día más triste. Emotiva.
6. MØ - "Keep Møving". La danesa Karen Marie Ørsted regresó el año pasado con su disfrutable "Plæygirl", cuyo sencillo más claro era éste, que tomaba en sus estrofas la progresión armónica tantas veces reusada desde el famoso "In The Night" de Pet Shop Boys, y la dotaba de una esquizofrenia bailable que la transportaba a otra dimensión. Irresistible.
7. Circa Waves - "Cherry Bomb". La creatividad de los de Liverpool alcanzó en 2025 una magnitud tal que se atrevieron a entregar dos álbumes de nueve temas cada uno, a principios y a finales de año, reuniéndolos en uno solo bajo el título definitivo de "Death And Love". Y entre su heterogénea propuesta el mejor momento era este medio tiempo de pop que respeta su personalidad, no rehúye la electrónica, y sirve tanto para un festival como para un garito de pop alternativo. Impecable.
8. Florence + The Machine - "Sympathy Magic". Florence Welch regresó el pasado ejercicio con "Everybody Scream", un disco que varió poco su archiconocida propuesta pero que mejoró el nivel de sus dos entregas anteriores. Como lo evidencia su tema estrella: pop barroco con su arrolladora voz e incontenible personalidad y una bonita melodía. Gloriosa.
9. Geowulf - "Can't Read Your Mind". Reducido ya al proyecto en solitario de Star Kendrick, Geowulf regresó el año pasado con "The Child", curiosamente su mejor álbum hasta la fecha. Como lo demuestra esta maravilla de dream pop, de voz dulce e instrumentación deliciosa sin necesidad de ningún artificio. Incontenible.
10. Lorde - "What Was That". La neozelandesa sigue sin dar con la tecla del éxito masivo en sus últimos discos, y el irregular "Virgin" de 2025 no fue una excepción. Aunque por lo menos consiguió retomar el pulso de los sencillos irresistibles, como lo evidencia este temazo de synth-pop contemporáneo, de instrumentación arriesgadamente innovadora y melodía vocal en notas bajas. Espectacular.
11. Bar Italia - "Cowbella". El trío londinense entregó mi tema favorito de rock del pasado año. No suena nuevo, pero encierra una energía y una sensualidad muy difíciles de encontrar en el panorama actual. Una fantástica letra y los juegos vocales a lo largo de su minutaje mejoran aún más el resultado. Desbordante.
12. Saint Etienne - "Glad". El trío británico cerró oficialmente su carrera en formato álbum con "International", su mejor disco en más de una década. Repleto de colaboraciones, lo abría su tema estrella, con la colaboración de Tim Rowland de The Chemical Brothers, quien aporta unas percusiones infecciosas a las que se contraponen el saber hacer pop de Bob Stanley y Pete Wiggs. Elegante.
13. Nation of Language - "Inept Apollo". Tras un segundo álbum más flojo, el trío neoyorkino recuperó el pulso con "Dance Called Memory". Un disco repleto de buenos momentos como esta espartana mirada a principios de los ochenta realzada por la excelente interpretación vocal de Ian Devaney. Efectiva.
14. Bob Moses - "Time of Your Life". Otros que han subido el nivel en su último disco son el dúo canadiense Bob Moses, cuyo meritorio "Blink" incluía este adictivo momento, más directo y luminoso de lo que suele ser habitual en ellos, que logra integrar con éxito electrónica bailable y melodía pop en poco más de dos minutos. Sugestiva.
15. Taylor Janzen - "Lost Dog". La cantautora canadiense empezó a entregar en la segunda mitad de 2025 anticipos de lo que debería ser en este 2026 su segundo álbum. Que a juzgar por maravillas como ésta puede ser uno de los álbumes del año. Cómo mezclar con éxito canción de autor, influencias folk, detalles electrónicos, y melancolía a raudales. Inmersiva.
16. Sir Chloe - "Forgiving". El rock crudo y descarnado de Dana Foote y su trío acompañante experimentó una saludable vuelta de tuerca en su segundo álbum ("Swallow The Tail"), cuyo primer sencillo fue este trallazo, con guitarras aceradas y coros provocadores. Arrolladora.
17. St. Lucia - "Crimes of Passion". La creatividad del sudafricano Jean-Philip Grobler también alcanzó en 2025 sus cotas más altas, con dos álbumes de estudio completos publicados. Al más reciente de los cuales, "Fata Morgana: Dusk", pertenecía este tema de elaborado comienzo y chirriante producción, que mira a los ochenta sin alejarse de la actualidad. Infecciosa.
18. Robyn - "Dopamine". Tras nada menos que siete años de silencio, la sueca empezó en 2025 a anticipar temas de lo que será su séptimo álbum de estudio, "Sexistential", dentro de unas semanas. Y que debería suponer su regreso a lo más alto del electro-pop a juzgar por este himno de contagiosas bases programadas y melodía compleja pero disfrutable. Contagiosa.
19. The Neighbourhood - "Private". El quinteto de rock californiano regresó en 2025 con el que es su mejor disco hasta la fecha: "Ultrasound" acentuaba su búsqueda de sonidos más oscuros que contundentes, y su primer sencillo es un excelente ejemplo, con sus guitarras etéreas, su bajo sobredimensionado, y la comedida interpretación vocal de Jesse Rutherford. Angustiosa.
20. Bishop Briggs - "Woman Is King". Su "Tell My Therapist I'm Fine" de 2024 dejaba claro que la británica estaba de dulce, y que el disco podía haber dado más de sí. Por eso no fue una sorpresa que a principios de 2025 apareciera la edición deluxe con dos nuevos temas, el más destacado de los cuales era esta inspirada y breve pieza de soul-rock con su arrolladora personalidad. Energizante.
Al igual que en años anteriores, sé que he dejado fuera de esta lista temas que probablemente lo habrían merecido, pues es imposible dejar la subjetividad completamente al margen en un ejercicio de esta naturaleza (aunque les confesaré que la lista ha dado unas cuantas vueltas hasta llegar a estar versión definitiva). Como les anticipaba, en próximas semanas otras cuarenta canciones vendrán a subsanar esos inevitables errores. Pero aun con esta limitación, estoy convencido de que estas veinte canciones son una estupenda muestra de lo mejor que nos ha ofrecido musicalmente el año 2025. Porque evidencian que, si no nos resignamos a lo que nos tratan de imponer medios generalistas e independientes (que ambos lo intentan), se pueden seguir encontrando fantásticos momentos en el panorama musical internacional. Así que espero que disfruten de esta selección, y que con un poco de suerte les ayude a descubrir a algún que otro artista o canción que hasta ahora les habían pasado desapercibidos.
sábado, 24 de enero de 2026
Sir Chloe - "Swallow The Knife" (2025)
Hoy les traigo por vez primera una reseña de la banda estadounidense Sir Chloe. O tal vez debería decir al alter ego de la neoyorkina Dana Foote, su líder y cantante. Que no es una desconocida para este blog, puesto que su canción de más relevancia hasta la fecha ("Salivate"), ya formó parte de mi lista de las 20 mejores internacionales canciones del año 2023. Pero el álbum que la contenía, "I Am The Dog", con el que debutaron en 2023, me pareció que no estaba a la altura de este temazo, pues le faltaba un poco de definición estilística y más temas de calidad similar al de su canción estrella, algo por otra parte no sencillo de lograr sin repetir la fórmula de la mismo. Sin embargo, su rock crudo y melódico a partes iguales, sus letras descarnadas sobre relaciones y emociones, y el hecho de que su puesta en escena fuera como una banda íntegramente femenina llamaron lo suficiente mi atención como para seguirles la pista.
Dos años después, el proyecto de Dana Foote, ya consolidado para los directos como cuarteto, ha regresado con un disco de perspectivas más amplias y mayor inspiración compositiva. Que trasciende el indie-rock extremo de "Salivate" y lo expande en once temas, que van del pop acústico e intimista al rock más crudo y enérgico, pasando por momentos pop y algún que otro pasaje de experimentación. Todo ello con una ejecución correcta, sin artificios tecnológicos ni sorpresas que distraigan la atención de los diversos registros de la potente voz de Foote (en los que se nota la formación musical de la estadounidense), de sus letras sobre las siempre complejas relaciones humanas, y de las emociones que buscan en cada tema. Creando así una obra relativamente atemporal en su sonido, pero que se distingue de las de tantas otras bandas de propuesta similar por el nivel de muchas de sus composiciones.
El álbum abre con un tema directo y potente, en el que el contraste entre la angustia de su letra y la energía de su música forma un cóctel irresistible. Tanto que "The Hole" es mi tema favorito del disco: tres minutos de indie-pop guitarrero de tempo alto, con personalidad y una melodía vocal de notas muy altas (tanto que Foote se dobla su voz por debajo para mejorar el resultado), y un estribillo tan sencillo como adictivo. Una parte nueva que para, baja el tempo, y mira de reojo a los Pixies, pone el contrapunto perfecto antes de las repeticiones finales del estribillo. Le sigue otro de los grandes momentos del disco: "Forgiving", primer sencillo extraído y, ahora sí, un tema más en la línea de los momentos más destacados de su primer disco, ese rock crudo y contundente que no rehúye de los coros vacilones en el estribillo, ni de unas estrofas más desnudas y musicadas. Otra parte nueva completamente diferente, sostenida por las baquetas de la batería como única percusión, es la evidencia de lo trabajada que está la canción, a pesar de su duración inferior a tres minutos. "Kiss" sigue apostando por el sonido crudo y las guitarras ásperas, pero con un tempo más reposado. De estrofas inferiores a los dos temas anteriores, aunque bien sostenidas por su arpegio de guitarra, es ese estribillo que llega en cascada el que le da sentido a todo el conjunto, pues la irrenunciable parte nueva es más interesante que brillante. A estas alturas ya toca un lento, y eso es lo que nos propone "Passenger". Pero no una balada dulce o condescendiente, sino un lento desasosegante, que con sus guitarras eléctricas chirriantes y su interpretación provocativa puede recordar a la PJ Harvey más comedida, y que sin ser de los momentos álgidos de "Swallow The Knife", mantiene el tipo. sobre todo gracias a una parte nueva más, en este caso un sugestivo cambio de progresión armónica sustentado por su meritoria melodía.
El quinto corte, "Forget It", son apenas dos minutos de rock crudo en las estrofas que desemboca en un estribillo bailable gracias a su singular arpegio de bajo a contracorriente, como si de unos Blondie alternativos del siglo XXI se tratara. La parte nueva, por el contrario, despliega toda la contundencia rockera del cuarteto, con mención especial para el trabajo a la batería de Maya Stepansky, y el tema deja con ganas de más. El de "Holy", sexto corte, es un caso curioso, porque sin previo aviso Foote arranca su interpretación vocal y nos entrega las mejores estrofas del álbum, incluyendo los singulares cambios de los dos últimos acordes al final de los dos últimos versos. Pero en contraste, nos ofrece el estribillo más experimental del disco, con una batería sin caja, más tecnología que en cualquier otro momento del álbum, y un estribillo altivo, de letra casi ominipotente, en una combinación que no termina de encajar del todo, a pesar de que sucesivas escuchas hacen que el oído se termine acostumbrando a ese contraste tan extremo. "Complicated" recuerda a los temas más rockeros de otra efímera banda femenina, las británicas Elastica: a pesar de lo que su título y su letra sugieren, se trata de un tema directo y sin complicaciones, que como casi todos mejora con su parte nueva, la cual cambia progresión armónica, melodía vocal y la ejecución de todos sus instrumentos, y que ofrece uno de los pocos pasajes guitarreros al final para rematar la canción. El siguiente corte, "Take It", es posiblemente el tema más pop del álbum, cercano al estilo de otro cuarteto femenino aún en activo como The Big Moon: el más melódico de todos en sus estrofas y estribillo, nos propone de nuevo una parte nueva que es casi un mini tema dentro del principal, y todo ello en menos de tres minutos.
"Eyes" fue acertadamente elegido como segundo y último sencillo del álbum: ahora sí, una balada con todas las de la ley, de instrumentación acústica, melodía sensible en sus estrofas, y un doble estribillo demoledor: el primero sobre todo por su letra ("I believe I've finally died, On my knees for so many nights, Prayed to no one, "take my life""), y el segundo por los cambios en su progresión armónica. Además, los arpegios de la guitarra de Soph Williams en la segunda estrofa y en la primera repetición del estribillo son desde mi punto de vista los más bonitos de todo el álbum. De aquí al final es cuando únicamente "Swallow The Knife" se hace un poco más cuesta arriba: la razón es que Foote ya no recupera el tempo más alto del grueso del disco y nos ofrece otros dos lentos más. El primero, "Too Much (Not Enough)", más interesante y melódico, con una evolución de su melodía en sus notas altas desde las estrofas al estribillo que a mí me recuerda a lo que han hecho en ocasiones Radiohead. Y la dulzona y espartana "Candy", para mí el momento más flojo del disco, aunque me parece un tema correcto para cerrarlo, pues es como si "Swallow The Knife" se fuera evaporando poco a poco. Lo más destacado son sus juegos vocales, coros y segundas voces que arropan al bajo y a la guitarra, los únicos dos instrumentos utilizados.
Los escasos treinta y dos minutos que dura "Swallow The Knife" se antojan escasos tras sucesivas escuchas. Pero no porque la propuesta de Foote de para mucho más (de hecho, el cierre del álbum da la impresión de que ya ha dado de sí todo lo posible), sino porque la duración de muchas de sus canciones es innecesariamente breve. Quizás sea una decisión consciente en aras de una pegada emocional más directa, pero lo cierto es que la escasa duración de todos sus temas obliga a unos comienzos tan vertiginosos que a menudo Foote tiene que entrar a cantar sin apenas haber escuchado antes un acorde que le permita coger el tono vocal correcto. Muchas de las canciones se habrían beneficiado de un comienzo de unos cuantos compases, que les dieran mayor empaque, y de algún tramo instrumental más en su desarrollo. Porque base creativa había de sobra, como lo refleja la gran cantidad de partes nuevas que encierran las composiciones. En todo caso, la evolución de las neoyorkinas en los dos años transcurridos desde su debut ha sido muy favorable. Eso sí, para que su propuesta descolle y perdure necesitan un tema estrella más adictivo que los que ofrecen aquí, y un mayor peso específico en el escenario. Veremos si Foote sigue con el proyecto, y si el cuarteto sigue creciendo. Mimbres hay para ello.
Dos años después, el proyecto de Dana Foote, ya consolidado para los directos como cuarteto, ha regresado con un disco de perspectivas más amplias y mayor inspiración compositiva. Que trasciende el indie-rock extremo de "Salivate" y lo expande en once temas, que van del pop acústico e intimista al rock más crudo y enérgico, pasando por momentos pop y algún que otro pasaje de experimentación. Todo ello con una ejecución correcta, sin artificios tecnológicos ni sorpresas que distraigan la atención de los diversos registros de la potente voz de Foote (en los que se nota la formación musical de la estadounidense), de sus letras sobre las siempre complejas relaciones humanas, y de las emociones que buscan en cada tema. Creando así una obra relativamente atemporal en su sonido, pero que se distingue de las de tantas otras bandas de propuesta similar por el nivel de muchas de sus composiciones.
El álbum abre con un tema directo y potente, en el que el contraste entre la angustia de su letra y la energía de su música forma un cóctel irresistible. Tanto que "The Hole" es mi tema favorito del disco: tres minutos de indie-pop guitarrero de tempo alto, con personalidad y una melodía vocal de notas muy altas (tanto que Foote se dobla su voz por debajo para mejorar el resultado), y un estribillo tan sencillo como adictivo. Una parte nueva que para, baja el tempo, y mira de reojo a los Pixies, pone el contrapunto perfecto antes de las repeticiones finales del estribillo. Le sigue otro de los grandes momentos del disco: "Forgiving", primer sencillo extraído y, ahora sí, un tema más en la línea de los momentos más destacados de su primer disco, ese rock crudo y contundente que no rehúye de los coros vacilones en el estribillo, ni de unas estrofas más desnudas y musicadas. Otra parte nueva completamente diferente, sostenida por las baquetas de la batería como única percusión, es la evidencia de lo trabajada que está la canción, a pesar de su duración inferior a tres minutos. "Kiss" sigue apostando por el sonido crudo y las guitarras ásperas, pero con un tempo más reposado. De estrofas inferiores a los dos temas anteriores, aunque bien sostenidas por su arpegio de guitarra, es ese estribillo que llega en cascada el que le da sentido a todo el conjunto, pues la irrenunciable parte nueva es más interesante que brillante. A estas alturas ya toca un lento, y eso es lo que nos propone "Passenger". Pero no una balada dulce o condescendiente, sino un lento desasosegante, que con sus guitarras eléctricas chirriantes y su interpretación provocativa puede recordar a la PJ Harvey más comedida, y que sin ser de los momentos álgidos de "Swallow The Knife", mantiene el tipo. sobre todo gracias a una parte nueva más, en este caso un sugestivo cambio de progresión armónica sustentado por su meritoria melodía.
El quinto corte, "Forget It", son apenas dos minutos de rock crudo en las estrofas que desemboca en un estribillo bailable gracias a su singular arpegio de bajo a contracorriente, como si de unos Blondie alternativos del siglo XXI se tratara. La parte nueva, por el contrario, despliega toda la contundencia rockera del cuarteto, con mención especial para el trabajo a la batería de Maya Stepansky, y el tema deja con ganas de más. El de "Holy", sexto corte, es un caso curioso, porque sin previo aviso Foote arranca su interpretación vocal y nos entrega las mejores estrofas del álbum, incluyendo los singulares cambios de los dos últimos acordes al final de los dos últimos versos. Pero en contraste, nos ofrece el estribillo más experimental del disco, con una batería sin caja, más tecnología que en cualquier otro momento del álbum, y un estribillo altivo, de letra casi ominipotente, en una combinación que no termina de encajar del todo, a pesar de que sucesivas escuchas hacen que el oído se termine acostumbrando a ese contraste tan extremo. "Complicated" recuerda a los temas más rockeros de otra efímera banda femenina, las británicas Elastica: a pesar de lo que su título y su letra sugieren, se trata de un tema directo y sin complicaciones, que como casi todos mejora con su parte nueva, la cual cambia progresión armónica, melodía vocal y la ejecución de todos sus instrumentos, y que ofrece uno de los pocos pasajes guitarreros al final para rematar la canción. El siguiente corte, "Take It", es posiblemente el tema más pop del álbum, cercano al estilo de otro cuarteto femenino aún en activo como The Big Moon: el más melódico de todos en sus estrofas y estribillo, nos propone de nuevo una parte nueva que es casi un mini tema dentro del principal, y todo ello en menos de tres minutos.
"Eyes" fue acertadamente elegido como segundo y último sencillo del álbum: ahora sí, una balada con todas las de la ley, de instrumentación acústica, melodía sensible en sus estrofas, y un doble estribillo demoledor: el primero sobre todo por su letra ("I believe I've finally died, On my knees for so many nights, Prayed to no one, "take my life""), y el segundo por los cambios en su progresión armónica. Además, los arpegios de la guitarra de Soph Williams en la segunda estrofa y en la primera repetición del estribillo son desde mi punto de vista los más bonitos de todo el álbum. De aquí al final es cuando únicamente "Swallow The Knife" se hace un poco más cuesta arriba: la razón es que Foote ya no recupera el tempo más alto del grueso del disco y nos ofrece otros dos lentos más. El primero, "Too Much (Not Enough)", más interesante y melódico, con una evolución de su melodía en sus notas altas desde las estrofas al estribillo que a mí me recuerda a lo que han hecho en ocasiones Radiohead. Y la dulzona y espartana "Candy", para mí el momento más flojo del disco, aunque me parece un tema correcto para cerrarlo, pues es como si "Swallow The Knife" se fuera evaporando poco a poco. Lo más destacado son sus juegos vocales, coros y segundas voces que arropan al bajo y a la guitarra, los únicos dos instrumentos utilizados.
Los escasos treinta y dos minutos que dura "Swallow The Knife" se antojan escasos tras sucesivas escuchas. Pero no porque la propuesta de Foote de para mucho más (de hecho, el cierre del álbum da la impresión de que ya ha dado de sí todo lo posible), sino porque la duración de muchas de sus canciones es innecesariamente breve. Quizás sea una decisión consciente en aras de una pegada emocional más directa, pero lo cierto es que la escasa duración de todos sus temas obliga a unos comienzos tan vertiginosos que a menudo Foote tiene que entrar a cantar sin apenas haber escuchado antes un acorde que le permita coger el tono vocal correcto. Muchas de las canciones se habrían beneficiado de un comienzo de unos cuantos compases, que les dieran mayor empaque, y de algún tramo instrumental más en su desarrollo. Porque base creativa había de sobra, como lo refleja la gran cantidad de partes nuevas que encierran las composiciones. En todo caso, la evolución de las neoyorkinas en los dos años transcurridos desde su debut ha sido muy favorable. Eso sí, para que su propuesta descolle y perdure necesitan un tema estrella más adictivo que los que ofrecen aquí, y un mayor peso específico en el escenario. Veremos si Foote sigue con el proyecto, y si el cuarteto sigue creciendo. Mimbres hay para ello.
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