Con esta entrada prosigo mis reseñas de álbumes relevantes publicados durante los últimos meses de 2025. La de hoy era ya una entrada esperada para los seguidores de este blog, puesto que hace unos meses reseñé por aquí "Death & Love, Pt. 1", el sexto álbum de la banda de Liverpool Circa Waves. Un álbum que añadía explícitamente la coletilla de "parte 1" porque ya cuando fue publicado se anunció como una primera parte de un álbum que se vería completado a finales de año con una "parte 2". En lo que representaba una arriesgada estrategia comercial, pues en el fondo se estaba obligando a sus seguidores a desembolsar el precio de dos álbumes en vez del de uno solo. Si bien, a cambio, permitía disfrutar de aproximadamente la mitad del mismo unos meses antes. El caso es que a finales de Octubre se publicó la que finalmente no fue la segunda parte, sino un álbum que ya perdía la coletilla de "part 1" al doblar el número de sus pistas y pasaba a llamarse simplemente "Death & Love". Es decir, el álbum definitivo incluye los nueve temas ya conocidos desde principios de año más otros nueve que son, en realidad, esa segunda parte que nunca llegó a ver la luz como tal. Por lo cual, a la hora de reseñar el álbum completo, les remito a mi entrada de "Death & Love, Pt. 1", que ahora mismo voy a completar con la reseña de las nueve canciones adicionales.
Lo primero que debo decir es que este galimatías, y esta obligación de pagar una segunda vez por las primeras nueve canciones ya conocidas, no afecta en absoluto a la homogeneidad del álbum: "Death & Love" es un álbum cohesionado de principio a fin. Lo que no significa ni mucho menos una uniformidad estilística, pues el cuarteto ya nos tiene habituados a expandir su indie-rock de referencia para acercarlo al pop acústico, al sonido retro de Nueva York de comienzos de los 2000, o incluso a canciones que podrían sonar en las pistas de baile más cool. Pero la sensación de estar escuchando un todo y no dos partes separadas es innegable. Algo a lo que seguramente ha contribuido que Kieran Shudall, su cantante y líder, haya ejercido también como productor de todas las canciones, las cuales además se han registrado en los mismos estudios. Otra cuestión es cuáles pueden haber sido las razones para entregar cada uno de sus dieciocho temas en una y otra mitad, porque no hay ninguna clave en su sonido ni en su temática que lo justifique. Lo que sí me atrevo a afirmar es que, aun siendo el "Pt. 1" un disco meritorio, el "Pt. 2" le supera en inspiración y versatilidad. Logrando así que los casi cincuenta y nueve minutos de la versión completa del disco no se hagan largos en absoluto. Aparte de constituir una rara avis en un panorama discográfico en el que cada vez son más frecuentes los álbumes de diez temas o menos, y apenas media hora de duración.
Este "Pt. 2" lo abre "Lost In The Fire", el que viene a ser el décimo corte del álbum definitivo. Tres minutos de rock contundente y vertiginoso, sin sorpresas: sólo una buena progresión armónica, una melodía cargada de energía, guitarras aceleradas por los dos canales, y un estribillo francamente disfrutable. Al ser, como casi todos, un tema corto, no se echa de menos una parte nueva, y el solo de guitarra, aunque podría haber durado el doble de compases, cumple su cometido. Le sigue "Stick Around", segundo sencillo de la versión completa del álbum o, si lo prefieren, quinto sencillo en total. Un tema que mantiene el tempo alto y la pugna de las guitarras de Joe Falconer y el propio Shudall, cada una por su canal, pero con una mayor luminosidad y vocación pop. Es un tema correcto tanto a nivel compositivo como interpretativo, pero prefiero al cuarteto cuando adopta un sonido más personal y toman más riesgos en sus arreglos; me suenan más auténticos que aquí. Así que indudablemente me quedo con "Cherry Bomb", primer sencillo de esta segunda parte, y que también apareció hace unas semanas en mi lista de las veinte mejores canciones internacionales de 2025: un ritmo algo más pausado y contundente, unas estrofas en las que los arpegios de guitarras se entrecruzan con los loops de sintetizadores, un puente que enlaza perfectamente con las estrofas y prepara para un estribillo en el que las voces femeninas ponen el ingenuo contrapunto... Y luego la forma como la canción va añadiendo y quitando instrumentos... y una excelente parte nueva que cambia la tonalidad y renuncia a una melodía cantada para ofrecernos el mejor solo de guitarra eléctrica de todo el disco, más original que virtuoso. Sin olvidarnos de una letra que parece un tributo a la lealtad de otras personas.
"Ten Outta Ten" baja el tempo y parte una curiosa melodía instrumental de reminiscencias japonesas para, a partir de ahí, construir uno de los pasajes menos previsibles del conjunto, conformado por varias partes difíciles de enlazar aunque no lo parezca, delicado, y con detalles atípicos como el estallido cada cuatro compases en el estribillo, o un segundo estribillo que acelera el ritmo y nos propone una guitarra que es puro funky... acompañada por una percusión... No es de extrañar que, para poder encajar la segunda estrofa Shudall tenga que parar completamente el tema... o que el tramo instrumental del final, en realidad un estribillo sin melodía vocal, suponga un cierre tan meritorio. El quinto corte, "Love Me For The Weekend", es otro reflejo del fantástico momento creativo de los de Liverpool: ya el teclado etéreo que va y viene en su comienzo predispone para lo que está por venir: un tema rápido de melodía optimista y base rítmica apta para dejarse llevar. Aunque sin duda lo más llamativo son todos las continuas subidas y bajadas de tono de las distintas partes de que consta, un recurso que hace décadas era relativamente habitual, pero que ahora nadie apenas usa, quizá por lo complicado de ir adaptando acordes y notas a esos continuos cambios. Y todo eso, más una meritoria parte nueva, en menos de tres minutos. "Sunbeams" es otro temazo, aunque claramente diferente a su interior: esta vez una batería programada sirve de base a un tema que apuesta por la sutileza desde su mismo comienzo, con una saludable desnudez instrumental (sobre todo en sus estrofas), y varios detalles electrónicos como las voces sintetizadas en el estribillo. Aunque lo que me gusta es la efectividad del arpegio de guitarra de Falconer antes y después de una extensa parte nueva que consiguen encajar en solo tres minutos.
El tercio final de la "segunda parte" lo inaugura "Old Ballons", que tras un inicio suave con un sintetizador nada electrónico deviene en un tema de tempo alto y corte poppy cien por cien british (tanto que casi nos podemos imaginar a Damon Albarn interpretándolo, en el periodo más pop de Blur: los "oooh oooh", el ritmo pesado de su estribillo, la psicodelia de su parte nueva... todo podría pasar como una recreación, tres décadas después, de su recordado "Country House"). Al escuchar el arranque "Sweet Simple Thing" con sus dos guitarras acústicas en primer plano, es posible que nos pongamos a consultar el tracklist para asegurarnos de que no es ésta la canción que cierra el álbum, pues todo apunta a ello: la melancolía de la melodía y la interpretación vocal de Shudall, la honestidad de su letra con el amor por las cosas simples y sencillas. Pero aunque se trata de un buen pasaje, reforzado por el inevitable violín, está claro que el cuarteto prefiere terminar su derroche creativo con un tema menos íntimo, por lo que ésta es simplemente el necesario reposo para despachar un lento yu tomar aire. Porque efectivamente "Wave Goodbye" (que juega con el nombre de la banda) es un tema de más empaque aunque en absoluto rockero, que llama la atención por su melodía de notas altas y por lo pegadizo de su tramo instrumental (que también hace las veces de estribillo), con unas sencillas notas de sintetizador en primer plano. Pero hay muchos más detalles como las segundas voces o el respetable número de adornos electrónicos. Todo lo cual funciona perfectamente a modo de síntesis de lo que encierran estas nueve (o dieciocho) canciones.
Dado el excelente nivel de sus nueve canciones "extra", casi todas ellas, como habrán visto, merecedoras de su propio enlace en Youtube, creo que una de las posibles explicaciones para la extraña y arriesgada estrategia de publicación del álbum sea la intención explícita de conferirle una mayor atención a las primeras nueve composiciones. Porque tal vez, de haberse publicado todas juntas, habrían pasado proporcionalmente más desapercibidas. En todo caso, toca celebrar el estupendo estado de forma de una banda que es capaz de una pirueta artística de este nivel en estos tiempos. Lo que lamento es que hace no tanto tiempo un grupo así sería un grupo para las masas consumidoras de pop-rock en todo el mundo, pues su propuesta nada tiene de extravagante o inaccesible, ero en esta época de predominio absoluto de solistas, de música seleccionada por algoritmos, y de redes sociales para alimentar historias personales, Circa Waves no pasa de ser una banda relativamente minoritaria, incluso en su país. Pero a nada que recibieran una atención adecuada a su talento, darían un salto espectacular. Quedémos, al menos, con el placer de disfrutar de una propuesta al alcance de muchos pero desconocida por casi todos. Y a la que espero que le quede cuerda para rato. Porque no abundan.

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