lunes, 6 de abril de 2026

Florence + The Machine "Everybody Scream" (2025)

En esta entrada continúo con las reseñas de álbumes de 2025 que se me habían quedado pendientes. Llego ahora a "Everybody Scream", el sexto álbum de Florence + The Machine. Uno de los lanzamientos más esperados del pasado ejercicio, tanto por el prestigio de Florence Welch como por el hecho de que llegaba tras tres años y medios de silencio y unas dificultades personales que estuvieron cerca de costarle la vida. Expectativa que se reflejó tanto a nivel comercial (el disco llegó a número uno en el Reino Unido y al número cuatro en Estados Unidos a finales del año pasado), como a nivel de crítica, con unas valoraciones que oscilaron entre las categorías de "notable" y "excepcional". Ya les adelanto que yo me inclino por el "notable", dado que no me parece el mejor disco de la galesa, pero sí que considero que supone una clara mejoría frente a sus dos entregas anteriores ("High as Hope", de 2018, y "Dance Fever", de 2022). Algo en lo que probablemente haya influido el cambio de colaboradores, puesto que en "Everybody Scream" apoyan a Welch a la hora de componer y producir Aaron Dessner (el guitarrista de The National) y Mark Bowen, guitarrista de la banda galesa Idles.

Con su personalidad desbordante siempre presente, Florence + The Machine siguen en esta sexta entrega de las modas imperantes y mantienen sus señas de identidad habituales: doce canciones (sólo una por debajo de los tres minutos ), bases rockeras, letras comprometidas sin alinearse necesariamente con el buenismo actual, instrumentación singular (con las omnipresentes harpa y sección de cuerda) y alejada de las programaciones y la electrónica, y mucho espacio para el lucimiento interpretativo de la galesa. Es decir, sin sorpresas frente a discos anteriores, si acaso cabe apreciar una mayor homogeneidad estilística que en sus dos primeros discos. Por lo que el mejor o peor resultado depende esencialmente de la inspiración a la hora de componer los nuevos temas, y en menor medida, de la habilidad de Dessner y Bowen para hacerlos crecer hasta extraerles el máximo partido. Ambos factores están razonablemente conseguidos, y por eso mi impresión favorable, aunque creo que ambos frentes (composición y producción) podían haber dado más de sí.

El tema que da título al álbum, "Everybody Scream", también elegido como primer sencillo, se encarga de abrirlo: los iniciales coros femeninos elaborados y barrocos dan paso a un ritmo sencillo y contundente, de base rockera. La progresión armónica es válida, pero en mi opinión ya en las estrofas los gritos del coro no terminan de casar con la voz de Welch. Y la larga parada que hace las veces de puente antes del estribillo termina de cortar la dinámica del tema, por lo que su más que decente estribillo ya no es capaz de remontar el vuelo (y menos aún cuando entre la segunda estrofa y el segundo estribillo volvemos a padecer la misma parada). Y porque la coda final (otros coros diferentes, aunque afortunadamente sin gritos), tampoco es nada allá. Y es que dedicar tanto tiempo para los gritos es una idea original y sirve de base para la temática del disco, pero es contraria al disfrute global de una composición así. Afortunadamente con "One of the Greats" la propuesta de la galesa recobra la senda esperada por sus seguidores. Segundo sencillo, su pausado rasgueo de guitarra eléctrica inicial avisa de que nos encontramos ante un medio tiempo intenso, de ritmo sincopado, larguísimas estrofas, estribillo tarareable, una especie de parte nueva en la que Welch suelta toda su verborrea sin alterar la progresión armónica, y el habitual barroquismo creciente en su elaborada producción. Seguramente se trata de la letra más destacada de todo el disco, pues trata sobre la misoginia y el sexismo en la industria musical, refiriéndose en todo momento a una rock star masculina sin revelar su nombre. Y quizá la reiteración de la misma progresión armónica sea el principal defecto de la canción, más aún teniendo en cuenta sus cerca de siete minutos. "Witch Dance" es un tema discreto en ek que la galesa tira de oficio. Porque en realidad las estrofas son más llamativas por la evocadora repetición de lo que parece un ritmo para realizar un conjuro, acompañado por los "ululos" del coro femenino, que por la melodía que canta Wells. Y su extenso puente - estribillo sirve para apreciar de nuevo sus cualidades vocales, pero no es una melodía fácil de digerir. Por lo que lo más interesante es su parte nueva - tramo final a lo Tori Amos, con el piano recorriendo las escalas y una melancolía sugerente. El cuarto corte, "Sympathy Magic", fue también el tercer sencillo, y sin duda el más digerible de todos los extraídos, por lo que fue la que elegí para formar parte de mi lista de las 20 mejores canciones de 2025. Mucho más luminosa que sus tres predecesoras (gracias a sus acordes mayores y a un tempo apreciablemente más alto), la forma como el harpa y la sección de cuerda arrancan es realmente meritoria. Y sobre todo, posee un melódico estribillo en notas altas que permite exhibir a Welch la potencia de su voz y sus pulmones. Y aunque nuevamente no se atreve a cambiar de progresión armónica, su tramo final, con las percusiones en primer plano y el teclado más estridente de todo el conjunto, nos avisa de que el ubicuo productor de música electrónica Danny L. Harle está colaborando en la producción, pese a que perfectamente podría haber pasado desapercibido.

"Perfume and Milk", un título francamente sugestivo, nos adentra en la parte menos conocida del álbum, y sirve para confirmar el buen nivel general del mismo. Otra pieza de rock barroco de energía contenida que nunca llega a explotar, posee una de las mejores melodías del disco en sus estrofas (incluso al margen de las subidas y bajadas por el pentagrama con las que la adorna Welch). Aunque en realidad no debería hablar de estrofas, pues ello implicaría hablar de un estribillo que no existe como tal, sólo una sucesión de versos. Por otra parte, es digno de mención cómo Aaron Desner, sin introducir variaciones llamativas en la instrumentación, logra que el tema se extienda hasta los cuatro minutos. "Buckle", sexto corte, ha sido el cuarto y último sencillo extraído. Una decisión acertada, en mi opinión, pues se trata del segundo tema con la melodía más definida y accesible del disco: hasta el primer puente sólo la sostiene la guitarra acústica y la voz de Florence, pero una vez llega el puente van entrando instrumentos y, en especial, un acertado cambio de tonalidad en algunos acordes que la vuelve mucho más rica musicalmente. Curiosamente carente de cualquier percusión, bastan simplemente los coros femeninos y algún instrumento en segundo plano para llevarla hasta el final, aunque creo que la composición demandaba un mayor despliegue de instrumentos en ese último tramo. "Kraken", otro título singular, recupera el tempo más alto y nos devuelve a la Welch más rítmicamente intensa de sus primeros tiempos. Aunque el bajo volumen de sus instrumentos y la suavidad de su interpretación vocal en sus estrofas no lo hacen prever. Pero cuando llega el puente ella se empieza a desmelenar, y nuevamente los coros terminan desempeñando un papel fundamental, pues hacen las veces de estribillo. Si bien, como en los dos cortes anteriores, creo que para redondear la canción habría hecho falta que esta explotara, y personalmente el sonido de la batería me parece bastante pobre. El piano que abre "The Old Religion" interpreta otra interesante progresión armónica en sus estrofas, que esta vez sí cambia (aunque no en exceso) en el estribillo. Y sobre ella la melodía de Welch posee la ductilidad suficiente para que ella la lleva a su terreno (más grave en sus estrofas, más aguda en su estribillo, disfrutable en todo caso). Además, posiblemente se trate de su letra más personal, dado que explora la adicción, la recuperación y la recaída utilizando la "vieja religión" como una metáfora de patrones destructivos pasados.

"Drink Deep", con su cinematográfico comienzo propio de una película de suspense en la tenebrosa Gran Bretaña rural, nos propone el que seguramente sea el momento más épico y personal de "Everybody Scream". La interpretación de Welch es, como siempre, excelente, pero la forma como arrastra el "deeeeeep" en los estribillos resulta un poco cargante. Y es una lástima, porque las estrofas sí merecen la pena, pero la cadencia y el ritmo apenas marcado tampoco ayudan, y la estruendosa explosión instrumental que proponen Harle y Dessner es más interesante que cautivadora, por lo que nos hallamos ante uno de los momentos más flojos del disco. "Music by Men" empieza intemporal, con la guitarra acústica de Aaron Dessner marcándole la progresión armónica a la interpretación vocal de Welch. Y lo que sigue es igual de intemporal: un tema reposado, con instrumentos que van incorporándose sin llamar la atención, y un estribillo en el que Welch demuestra poderío y arrepentimiento ("I know how to fall in love, I do it constantly, I fall in love with everyone I meet for 10 minutes at least") a partes iguales. Podría haber formado parte de cualquiera de sus álbumes pasados, pero también de los que estén por venir, y esto puede ser tanto una virtud como un defecto. A mi modo de ver el nivel sube con "You Can Have It All", el penúltimo corte. Empieza si cabe más sigilosa que las anteriores, pero la tensión de sus estrofas es patente, y la oscuridad presente no es sino un anticipo de la tormenta que está por venir... y que llega en un estribillo de tintes cinematográficos (a mí me gusta imaginármelo para redondear la secuencia estelar de una película de James Bond). La sección de cuerda chirriante sin llegar a desafinar aporta el toque de originalidad en la instrumentación. Y el final un tanto repentino sea quizás lo menos logrado, pues creo que podía haber durado un poco más y haber dado para un buen tramo instrumental final. Y, como era de esperar, el cierre lo pone el baladón del disco: "And Love" es un lento de corta duración, en el que al inevitable piano y a la esperada harpa se le superpone un original sintetizador que hace las veces de caja de música. La delicada interpretación de Welch ayuda a que el tema pueda pasar por una canción de las menos comerciales de Adele... hasta que se anima a interpretar las últimas frases una escala por encima, en un alarde de virtuosismo muy poco habitual. Y el optimista mensaje de su letra (ese "Peace is coming" que repite) el mejor reflejo de que, superados sus problemas personales, el balance vital y musical tras estas doce canciones es positivo para ella... y para nosotros.

Como pueden ver, he destacado con su enlace de Youtube siete de los doce cortes (y podría haber añadido alguno más), lo que refrenda ese balance notable del que les hablaba al principio. Respecto a los márgenes de mejora en la composición, probablemente coincidan en que el disco abusa de repetir la misma progresión armónica de principio a fin en muchos temas, y se echa de menos algún cambio de tonalidad que aporte riqueza al conjunto. La producción es compacta y homogénea, y el disco suena 100% a Florence + The Machine, pero creo que el sonido podía haber sido un poco más pulido (sobre todo en las frecuencias altas), las percusiones un poco más contemporáneas y, especialmente, haberse arriesgado un poco más con algunos cortes, para que a lo largo de su minutaje fueran creciendo y se volvieran más disfrutables e incluso distinguibles; tal cual han quedado, no es difícil confundir entre sí algunas canciones (especialmente en el tramo medio del álbum), y se echa en falta más rabia descontrolada. Aun así, un disco con la profundidad, las canciones, la personalidad y el mensaje de "Everybody Scream" siempre va a llamar la atención, y en este caso ha ayudado a consolidar (si es que hacía falta a estas alturas) a Florence Welch como una de las grandes artistas de nuestro tiempo, tanto a nivel de crítica como de público. Sólo queda esperar que siga así muchos más años.

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