A pesar de que el mes de Mayo está ya bien avanzado, aún me toca reseñarles algunas de las novedades más interesantes que vieron la luz durante los últimos meses del pasado 2025. Así que aquí les traigo la reseña de "SHISH", el décimo álbum de los estadounidenses Portugal. The Man. La banda de Alaska es ya una vieja conocida de este blog, pues a largo de los años he ido reseñando por aquí su formidable "Evil Friends" (2013), su más comercial aunque un tanto irregular "Woodstock" (2017), y su más reciente y discreto "Chris Black Changed My Life" (2023). Da la casualidad, además, de que Portugal. The Man comparten la misma situación discográfica que les comentaba hace unos días cuando les reseñaba el último disco de Bob Moses, "BLINK". Y es que los estadounidenses terminaron con su anterior álbum contrato con su discográfica de los últimos años, y para este "SHISH" se han visto obligados a buscar acomodo en un sello más pequeño. Un hecho que, por cierto, ha tenido en ellos la misma consecuencia que en el dúo canadiense: una evidente mayor libertad creativa.
Este libertad puede no ser tan obvia como en el caso de Bob Moses, pues la banda de John Gourlye siempre se ha caraceterizado por su capacidad para condensar en un mismo álbum una ingente cantidad de influencias y variaciones sobre su rock psicodélico de referencia. Pero en "SHISH" esa mayor independencia les ha permitido a su líder y cantante John Gourley y al productor y multiinstrumentista Kane Ritchotte dar rienda suelta como nunca antes a su capacidad creativa, de suerte que en sus diez cortes y cuarenta y dos minutos encontrarán en realidad no menos de quince canciones diferentes, en un ejercicio extremo que evidentemente les resta comercialidad pero les hace ganar puntos ante quienes valoran el afán por no repetirse, por ir creciendo a la vez que ahondan en su singularísima personalidad musical. Exploración que aquí se extiende también a su temática, más personal que nunca hasta ahora, pues el nombre del álbum proviene de Shishmaref, un pequeño pueblo pesquero ubicado en una isla al noroeste de Alaska, y "Shish" es como los locales llaman cariñosamente al lugar. Para la banda este término representa la comunidad y la conexión con la tierra natal, por lo que sus textos exploran la identidad y la vida tan al norte de nuestro planeta.
El álbum lo abre su primer sencillo e indiscutible tema estrella, "Denali". Tras un largo comienzo ambiental y desasosegante, lo que entra es un poderoso primer riff de guitarra, y dieciséis compases después, otro riff de guitarra superpuesto aún más agresivo. Sin embargo, en cuanto aparece la melodía vocal el tema se aleja de su hardcore inicial y se convierte en uno de sus clásicos himnos de indie-rock, llamativamente cálido y luminoso para provenir de donde provienen... hasta que el siguiente intervalo instrumental retorne, si cabe, aún más rabiosamente hardcore... Y así esta aparentemente irreconciliable doble cara de la moneda se sigue desarrollando hasta el final (cómo será la cosa que hasta añaden un saxofón en las repeticiones finales del estribillo), y sin embargo, el resultado es bastante convincente, hasta el extremo de que la canción formó parte de mi lista de otras 20 canciones internacionales recomendables de 2025. De "Pittman Ralliers" podemos decir que es su segundo corte... pero ya no podemos hablar de su segunda canción, pues se distinguen dos claramente diferenciadas: una primera que directamente podrían haber firmado Korn, muy cruda en su comienzo, pero más incluso en su desarrollo (seguramente haya quien no la resista y termine pulsando el botón de forward) y, tras dos minutos, un tramo instrumental de casi un minuto que es pura música electrónica a lo Say Hi, que ni siquiera guarda relación alguna en cuanto a progresión armónica o a tempo con la anterior, y que a mi modo de ver y pese a su brevedad, resulta más interesante. Le sigue "Angoon", también elegida como tercer sencillo. Mucho más reposada e intimista que las anteriores en su comienzo, encierra otro estribillo de rock distorsionado tan inesperado como efectivo, incluso a pesar de su contraste con la interpretación en falsete de John Gourley. Para dar continuidad a ese carrousel de ideas del que les hablaba, la melodía de la segunda estrofa es absolutamente diferente a la de la primera, y la forma como guitarra y saxofón se dan réplica en el puente, original y efectiva. Un largo solo de guitarra en un tramo que evoca poderosamente al grunge de los noventa es la antesala a un tramo final, presidido por un sintetizador lento y un tanto inquietante, de peculiar melodía vocal que se extiende hasta su singularísimo cierre.
Pese a no haber sido elegida como sencillo, "Knik" es, con diferencia, mi corte favorito del álbum: a partir de un elegante arpegio de guitarra desarrollan un medio tiempo reposado en el que son capaces de aflorar una delicadeza envolvente que puede recordar a los The Neighbourhood más recientes. La melodía a dos voces de Gourley y Zoe Manville funciona de maravilla, el cambio en los acordes con el que enlazan estrofas y estribillos, toda una lección de solvencia, y su tendencia a enlazar ideas yuxtapuestas en pocos segundos está aquí más controlada a pesar de sus casi seis minutos, por lo que el resultado final es mucho más accesible para el gran público que la mayoría de cortes... Bueno, hasta que pasados tres minutos tenemos que hablar de una nueva canción adosada a la anterior, mucho más rockera y contundente, con una preciosa melodía y un fantástico solo de guitarra que, no obstante, no desentona con todo lo que nos había ofrecido la primera canción del tema. "Shish", el corte que da título al álbum, comienza con una chirriante melodía vocal, que parece japonesa aunque se supone que en realidad se inspira en su Alaska natal. En seguida evoluciona hacia una melodía más "convencional" (para lo que son ellos), porque el rock desabrido de sus dos primeros minutos da lugar a un medio tiempo de puro pop inspirado en los años ultimos años sesenta, luminoso y disfrutable... para volver luego a la melodía japonesa y a un crudo solo de guitarra... que da paso a otra parte coral completamente diferente a todo lo anterior. En suma, sirve perfectamente para representar los inabarcables vaivenes de este disco. "Mush" fue escogido en su momento como "doble cara A" junto con "Tanana", y desde su mismo comienzo se entiende el motivo: estamos ante el tema de tempo más alto del álbum, de guitarras aceradas y melodía vocal vertiginosa, incluyendo un doble interesante estribillo en el que se alternan las voces y breves intervalos realmente crudos. Aunque no podía faltar un medio minuto final en el que frenan el tempo y retiran instrumentos... hasta volver a la breve catarsis final. "Tyonek" es lo más parecido a una balada que encontraremos en el álbum durante su primer minuto, de melodía agradable e instrumentación discreta, pero que en realidad se transforma en otro tema completamente diferente, de puro hardcore, a partir de entonces, aunque su excelente estribillo, melodioso hasta el extremo, nos pueda volver a despistar. Es un corte al que cuesta acostumbrarse por sus contrastes, pero de los más disfrutables una vez nos acostumbramos a él.
"Kokhanockers", con su comienzo tan elaborado y su atmósfera relativamente reposada (guitarras eléctricas aparte), es seguramente el corte más psicodélico de un álbum al que ese término no se le puede aplicar tan extensivamente como en otras entregas, y también el que mejor entronca con los mejores momentos de "Chris Black Changed My Life". Una vez más el solo de guitarra, de duración limitada, se ajusta perfectamente a lo que el álbum requiere, y la coda final, casi otro tema diferente una vez más, pone el cierre perfecto con su progresión armónica en acordes mayores a un tema de melodía tan certera que cuesta creer que no se trate de una versión. "Tanana", penúltimo corte, fue como les decía el segundo sencillo a medias con "Mush", e incide en esos medios tiempos de indie-rock psicodélico que tanto dominan, hasta el punto de que por su riqueza instrumental y por el equilibrio que consigue añadiéndo a todo el elenco de músicos múltiples efectos en el estudio, la considero el corte mejor producido del álbum. Porque una vez más cuesta hablar de una única canción al escuchar una parte nueva que tiene personalidad propia. Y el cierre lo pone "Father Gun", que de nuevo arranca con unos compases que no guardarán relación alguna con el resto del tema, pues en seguida nos encontramos con un pasaje de virtuosismo hardcore... que en seguida baja las revoluciones y se vuelve más accesible con su melodía "marca de la casa"... Aunque la rabia de los tramos más ásperos irá volviendo periódicamente tanto en las partes vocales como en las instrumentales... como durante prácticamente todo el álbum.
Si han conseguido situarse en el análisis de los diez cortes, no les extrañará que concluya diciendo que las sesiones de grabación de "SHISH" perfectamente podrían haber dado para convertirlo en un disco doble; tal es la cantidad de ideas, pasajes y trozos que aparecen y desaparecen por aquí y por allá. Pero ya sabemos que Portugal. The Man son una anomalía en el panorama musical, y mientras que tantos y tantos artistas repiten hasta la saciedad una misma progresión armónica y repiten en distintas canciones las mismas percusiones o los mismos plugins del Ableton o del Cubase, a Gourley y compañía lo que les gusta son los saltos mortales, la exploración sin fin de las posibilidades de un tema hasta que desemboca en otro completamente diferente, y el reto de volver a encajarlo con la idea original. Por ello es un disco que requiere muchas escuchas; es la única manera de empezar a situarse, y de comenzar a apreciarlo. Pero si salen airosos del reto, descubrirán un disco adictivo, al que se vuelve no ya para digerirlo, sino para disfrutarlo. Así que sólo queda que sigan con ganas de seguir explorándose a ellos mismos y poniéndonos a prueba a todos los que nos cansa la exasperante previsibilidad de casi toda la música contemporánea, sea del estilo que sea.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
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sábado, 16 de mayo de 2026
domingo, 17 de septiembre de 2023
Portugal. The Man - "Chris Black Changed My Life" (2023)
El pasado mes de Junio, tras una larguísima espera de nada menos que seis años, fue finalmente publicado el noveno álbum de los estadounidenses Portugal. The Man. "Chris Black Changed My Life", titulado así en memoria de un viejo amigo de la banda fallecido en 2019, ponía así punto final al periodo menos creativo de los de Alaska. Y es que desde que tocaron el cielo con "Evil Friends" en 2013, sólo habían publicado un disco de canciones nuevas, ese "Woodstock" de 2017 que creativamente supuso un pequeño paso atrás respecto a su predecesor, aunque paradójicamente les proporcionó el sencillo más vendido de su carrera, el archiconocido "Feel it still". Definitivamente diez años desde 2013 para sólo dos álbumes es una producción realmente escasa en una banda permanentemente activa. Por lo que sólo cabía esperar que la espera hubiera merecido la pena.
Sin embargo, cuando se dio a conocer el tracklist y la duración del álbum, me puse en guardia. Después de tantos años sólo nos iban a ofrecer once canciones y, lo que es peor aún, apenas treinta y cuatro minutos de música, en lo que se me antojó un retorno realmente pobre, casi de compromiso para poder salir de gira. Además, el sencillo de debut, "Dummy", me dejó un poco a medias, por anodino para lo que puede dar de sí la banda, además de por corto. Afortunadamente, sencillos posteriores mejoraron las perspectivas, y cuando por fin me hice con el álbum, pude confirmar que todavía encierran suficiente personalidad y magia para sobresalir en el panorama indie de su país, hasta el extremo de tratarse de una obra notable para este insulso 2023. Aunque la valoración final del álbum depende en buena medida de las expectativas, y yo les creo capaces de bastante más.
El mismo comienzo evidencia esta sensación de "qué buenos son, pero qué poco lo saben aprovechar": "Heavy Games II" es un comienzo ilusionante con su progresión armónica melódica y psicodélica a partes iguales, su piano en primer plano y la colaboración del también productor Jeff Bhasker en una bonita melodía... que sin embargo se interrumpe apenas pasado un minuto (aunque volverá más tarde). "Grim Generation" se convierte así en el primer tema realmente completo del disco, y uno de los pocos que no cuenta con una colaboración. Por supuesto, suena a Portugal. The Man cien por cien, con su bajo bien marcado, sus guitarras juguetonas, sus ritmos sincopados, la voz de John Gourley en falsete y su puente sinfónico antes de su estribillo psicodélico, pero le falta un punto de empaque para convertirse en otro temazo más de su discografía. "Thunderdome [W.T.A.]", con la colaboración del rapero Black Thought y la cantante mexicana Natalia Lafourcade, fue en su momento escogido como tercer sencillo: casi un tema lento, de ritmo arrastrado, estrofas y estribillos disfrutables sobre una misma progresión armónica, un interesante órgano en los intervalos instrumentales, y una parte rapeada un tanto anodina, es una canción que deja de nuevo una impresión agradable, pero también de que podría estar mejor. Algo a lo que ni siquiera llega "Dummy", extrañamente escogida como primer sencillo. De melodía en las estrofas y arreglo muy similar al del "Crazy" de Gnarls Barkley, suena a unos Portugal. The Man con mucho oficio, pero sin inspiración alguna, y un tanto reiterativos.
Por fortuna, a continuación nos topamos con "Summer of Luv", cuarto sencillo y, en mi opinión, uno de los dos excelentes momentos del disco. Con la colaboración de la banda neozelandesa de rock psicodélico Unknown Mortal Orchestra, su singular comienzo da en seguida paso a un medio tiempo elegante y sugerente a partes iguales, nuevamente con una única progresión armónica para estrofas y estribillo, pero el falsete de este último y, sobre todo, el sensacional saxofón que lo remata, lo hacen francamente disfrutable. El cambio de tonalidad de una prematura primera parte nueva le aporta frescura, y la segunda parte nueva, con su piano, personalidad, así como el breve y un tanto escondido solo de guitarra del final ponen en evidencia que la canción pedía a gritos una mayor duración. Al mismo nivel se sitúa "Ghost Town", un fantástico ejercicio de rock psicodélico, con el arpegio inicial del órgano sabiamente reemplazado por la guitarra acústica en las subyugantes estrofas, un excelente puente, y un estribillo a voces masculinas y femeninas que te atrapa y no te suelta, aderezado con los redobles de la caja de la batería, los detalles de percusión, y la coda final todo en unos pocos compases, demostrando de qué son capaces los de Alaska. Aunque lo mejor es el espectacular minuto final, con ese segundo estribillo en falsete. "Time's a Fantasy", otra vez con el productor Jeff Bhasker convertido en artista invitado, desconcierta un poco por ese auto-tune tan acusado enfrentado sin apenas añadidos con un piano de corte clásico, hasta que, tras el coro de voces, entendemos que el truco es que han recuperado nuevo "Heavy Games II" para desarrollarla de manera más lenta, si bien de manera más melosa y menos convincente que en el breve primer corte.
"Doubt", octavo corte, ha sido escogido la semana pasada como sexto y último sencillo, y ahora sí se trata de una balada de corte clásico, menos arriesgada instrumentalmente que la anterior, y también menos melosa, sobre todo en sus preciosas estrofas, realzada además por una concurrida sección de cuerda. Con el aliciente de que la melodía del tramo final, que se entrecruza con la de las primeras repeticiones del estribillo, le aporta la necesaria original a su tramo final. "Plastic Island", quinto sencillo, juega a llevar a los americanos hasta el Reino Unido y convertirlo en uno de esos grupos de pop británico tan groovy. Otra vez un tanto lastrado por reutilizar tal cual la misma progresión armónica en estrofas y estribillo consigue, sin embargo, que ambos suenen completamente definidos, y el efectivo bajo, el solo de guitarra que hace las veces de enganche con la tercera estrofa, y los "oooh oooh" del final, logran un espléndido clímax en su tercio final. Por desgracia, "Champ", el penúltimo corte y segundo sencillo, con la colaboración de Edgar Winter y With War, se asemeja un tanto a su predecesora, pero con una progresión armónica y una melodía menos inspiradas, por lo que el tema se deja escuchar pero no termina de llenar, y el acierto de la sección de viento de su tramo final queda contrarrestrado por un delirio chirriante que recuerda a los peores The Beastie Boys y que, francamente, no viene a cuento, como tampoco la marcianada de sus segundos finales. Y el cierre lo pone "Anxiety:Clarity": una nueva balada, esta vez con la colaboración del veterano Paul Williams, de casi seis minutos y estructurada en tres partes: una primera de corte clásico, un breve interludio coral, y una tercera que vuelve a recuperar los "Heavy Games II" del comienzo. Ninguna de las tres desagradable, pero ninguna tampoco especialmente acertada.
Como decía, la desbordante personalidad, las ganas de arriesgar con nuevos arreglos e inesperados instrumentos, y la densidad de eventos en pasajes concretos de algunos temas, demuestran que la banda sigue con ganas de dar batalla. Y cuando las composiciones acompañan, siguen reivindicándose como una banda fundamental en el panorama musical actual. Pero probablemente no eran necesarias tantas colaboraciones en tan poco espacio, o tres recreaciones diferentes de "Heavy Games", por no hablar del predominio de temas más bien lentos. Y lo que sí se echa mucho en falta es que concedieran más minutaje a momentazos que se quedan muy cortos, como "Summer of Luv", "Plastic Island" o incluso "Ghost Town". Además de una mejor claridad a la hora de diferenciar los temas más anodinos, a menudo publicados en formato sencillo, de los más brillantes, que por desgracia pueden permanecer ocultos, o ver la luz cuando el disco ya ha comenzado a perder actualidad. Seguramente todo ello ha contribuido a que la repercusión comercial del disco haya sido bastante menor que la de sus predecesores. Y es una pena, porque como lo reflejan las seis canciones que he destacado, aún son capaces de proporcionar temazos incontestables. Pero o aceleran su ritmo creativo, o van a perder definitivamente la atención de crítica y público.
Sin embargo, cuando se dio a conocer el tracklist y la duración del álbum, me puse en guardia. Después de tantos años sólo nos iban a ofrecer once canciones y, lo que es peor aún, apenas treinta y cuatro minutos de música, en lo que se me antojó un retorno realmente pobre, casi de compromiso para poder salir de gira. Además, el sencillo de debut, "Dummy", me dejó un poco a medias, por anodino para lo que puede dar de sí la banda, además de por corto. Afortunadamente, sencillos posteriores mejoraron las perspectivas, y cuando por fin me hice con el álbum, pude confirmar que todavía encierran suficiente personalidad y magia para sobresalir en el panorama indie de su país, hasta el extremo de tratarse de una obra notable para este insulso 2023. Aunque la valoración final del álbum depende en buena medida de las expectativas, y yo les creo capaces de bastante más.
El mismo comienzo evidencia esta sensación de "qué buenos son, pero qué poco lo saben aprovechar": "Heavy Games II" es un comienzo ilusionante con su progresión armónica melódica y psicodélica a partes iguales, su piano en primer plano y la colaboración del también productor Jeff Bhasker en una bonita melodía... que sin embargo se interrumpe apenas pasado un minuto (aunque volverá más tarde). "Grim Generation" se convierte así en el primer tema realmente completo del disco, y uno de los pocos que no cuenta con una colaboración. Por supuesto, suena a Portugal. The Man cien por cien, con su bajo bien marcado, sus guitarras juguetonas, sus ritmos sincopados, la voz de John Gourley en falsete y su puente sinfónico antes de su estribillo psicodélico, pero le falta un punto de empaque para convertirse en otro temazo más de su discografía. "Thunderdome [W.T.A.]", con la colaboración del rapero Black Thought y la cantante mexicana Natalia Lafourcade, fue en su momento escogido como tercer sencillo: casi un tema lento, de ritmo arrastrado, estrofas y estribillos disfrutables sobre una misma progresión armónica, un interesante órgano en los intervalos instrumentales, y una parte rapeada un tanto anodina, es una canción que deja de nuevo una impresión agradable, pero también de que podría estar mejor. Algo a lo que ni siquiera llega "Dummy", extrañamente escogida como primer sencillo. De melodía en las estrofas y arreglo muy similar al del "Crazy" de Gnarls Barkley, suena a unos Portugal. The Man con mucho oficio, pero sin inspiración alguna, y un tanto reiterativos.
Por fortuna, a continuación nos topamos con "Summer of Luv", cuarto sencillo y, en mi opinión, uno de los dos excelentes momentos del disco. Con la colaboración de la banda neozelandesa de rock psicodélico Unknown Mortal Orchestra, su singular comienzo da en seguida paso a un medio tiempo elegante y sugerente a partes iguales, nuevamente con una única progresión armónica para estrofas y estribillo, pero el falsete de este último y, sobre todo, el sensacional saxofón que lo remata, lo hacen francamente disfrutable. El cambio de tonalidad de una prematura primera parte nueva le aporta frescura, y la segunda parte nueva, con su piano, personalidad, así como el breve y un tanto escondido solo de guitarra del final ponen en evidencia que la canción pedía a gritos una mayor duración. Al mismo nivel se sitúa "Ghost Town", un fantástico ejercicio de rock psicodélico, con el arpegio inicial del órgano sabiamente reemplazado por la guitarra acústica en las subyugantes estrofas, un excelente puente, y un estribillo a voces masculinas y femeninas que te atrapa y no te suelta, aderezado con los redobles de la caja de la batería, los detalles de percusión, y la coda final todo en unos pocos compases, demostrando de qué son capaces los de Alaska. Aunque lo mejor es el espectacular minuto final, con ese segundo estribillo en falsete. "Time's a Fantasy", otra vez con el productor Jeff Bhasker convertido en artista invitado, desconcierta un poco por ese auto-tune tan acusado enfrentado sin apenas añadidos con un piano de corte clásico, hasta que, tras el coro de voces, entendemos que el truco es que han recuperado nuevo "Heavy Games II" para desarrollarla de manera más lenta, si bien de manera más melosa y menos convincente que en el breve primer corte.
"Doubt", octavo corte, ha sido escogido la semana pasada como sexto y último sencillo, y ahora sí se trata de una balada de corte clásico, menos arriesgada instrumentalmente que la anterior, y también menos melosa, sobre todo en sus preciosas estrofas, realzada además por una concurrida sección de cuerda. Con el aliciente de que la melodía del tramo final, que se entrecruza con la de las primeras repeticiones del estribillo, le aporta la necesaria original a su tramo final. "Plastic Island", quinto sencillo, juega a llevar a los americanos hasta el Reino Unido y convertirlo en uno de esos grupos de pop británico tan groovy. Otra vez un tanto lastrado por reutilizar tal cual la misma progresión armónica en estrofas y estribillo consigue, sin embargo, que ambos suenen completamente definidos, y el efectivo bajo, el solo de guitarra que hace las veces de enganche con la tercera estrofa, y los "oooh oooh" del final, logran un espléndido clímax en su tercio final. Por desgracia, "Champ", el penúltimo corte y segundo sencillo, con la colaboración de Edgar Winter y With War, se asemeja un tanto a su predecesora, pero con una progresión armónica y una melodía menos inspiradas, por lo que el tema se deja escuchar pero no termina de llenar, y el acierto de la sección de viento de su tramo final queda contrarrestrado por un delirio chirriante que recuerda a los peores The Beastie Boys y que, francamente, no viene a cuento, como tampoco la marcianada de sus segundos finales. Y el cierre lo pone "Anxiety:Clarity": una nueva balada, esta vez con la colaboración del veterano Paul Williams, de casi seis minutos y estructurada en tres partes: una primera de corte clásico, un breve interludio coral, y una tercera que vuelve a recuperar los "Heavy Games II" del comienzo. Ninguna de las tres desagradable, pero ninguna tampoco especialmente acertada.
Como decía, la desbordante personalidad, las ganas de arriesgar con nuevos arreglos e inesperados instrumentos, y la densidad de eventos en pasajes concretos de algunos temas, demuestran que la banda sigue con ganas de dar batalla. Y cuando las composiciones acompañan, siguen reivindicándose como una banda fundamental en el panorama musical actual. Pero probablemente no eran necesarias tantas colaboraciones en tan poco espacio, o tres recreaciones diferentes de "Heavy Games", por no hablar del predominio de temas más bien lentos. Y lo que sí se echa mucho en falta es que concedieran más minutaje a momentazos que se quedan muy cortos, como "Summer of Luv", "Plastic Island" o incluso "Ghost Town". Además de una mejor claridad a la hora de diferenciar los temas más anodinos, a menudo publicados en formato sencillo, de los más brillantes, que por desgracia pueden permanecer ocultos, o ver la luz cuando el disco ya ha comenzado a perder actualidad. Seguramente todo ello ha contribuido a que la repercusión comercial del disco haya sido bastante menor que la de sus predecesores. Y es una pena, porque como lo reflejan las seis canciones que he destacado, aún son capaces de proporcionar temazos incontestables. Pero o aceleran su ritmo creativo, o van a perder definitivamente la atención de crítica y público.
domingo, 12 de noviembre de 2017
Portugal. The Man: "Woodstock" (2017)
"Evil friends" (2013), la anterior entrega de los estadounidenses Portugal. The Man, sigue siendo sin duda uno de los mejores álbumes en lo que llevamos de década. Quizá porque la banda ha sido consciente de su gran nivel y de lo complicado que iba a ser darle continuidad (a pesar de llevar ya siete álbumes oficiales publicados), el camino que han recorrido desde entonces hasta este verano de 2017 ha sido de lo más tortuoso. Porque desde el 2014 las huestes de John Gourley han ido compartiendo a través de las redes sociales información sobre sesiones de grabación, primero a las órdenes de Danger Mouse, más tarde anunciando un álbum doble "Gloomin' `+ doomin'" producido por Mike D de Beastie Boys (que el año pasado se redujo a álbum sencillo, y que al final ha quedado mayormente en una estantería), y finalmente con el productor John Hill, que son las que conforman la columna vertebral de este "Woodstock".
Curiosamente el resultado de tanta creatividad descartada y revisitada es un álbum corto, 38 minutos y sólo 10 temas: uno producido por Mike D, tres por Danger Mouse y el resto por John Hill, una diferencia de enfoques apreciable cuando se escucha de seguido, a pesar de que en las armonías de Portugal. The Man cabe casi todo. Así que habrá que estar atentos a que los decenas de temas que nunca han visto la luz puedan acabar saliendo en alguna edición pirata. Mientras tanto, lo que parece claro es que "Woodstock" queda sensiblemente por debajo de su antecesor, y traslada en algunos momentos la sensación de álbum rescatado a la carrera porque los plazos se echaban encima. Pero también es un álbum con dos o tres sencillos muy claros, razonablemente consistente a nivel estilístico con su predecesor, y sobre todo con la habilidad de la banda para juntar psicodelia, rock, pop, e incluso hip-hop y darle un barniz actual del que carecen por ejemplo los para mí sobrevalorados Tame Impala.
El álbum se abre con "Number one", la primera de las producciones de Danger Mouse y el tercer sencillo extraído: un intento de entrelazar el clásico "Motherless child" de Richie Havens con una composición propia, que resulta tan ambiciosa como fallida. Primero porque el tema original no es en mi opinión gran cosa a pesar de su fama, y segundo porque la nueva melodía compuesta para la ocasión no es especialmente brillante ni termina de encajar. Le sigue "Easy tiger", claramente más acertada, un medio tiempo con una impactante instrumentación a base de samplings superpuestos en el comienzo y en los estribillos y sus bonitas estrofas, típicas de la banda. El álbum sigue creciendo en "Live in the moment", uno de los mejores momentos además de quinto sencillo, más rápido y contundente, sobre una progresión armónica más simple pero certera, un excelente talento para armonizar instrumentos, una letra optimista y un estribillo acertado y fracamente tarareable.
Aunque lo que mejor demuestra que 2017 era el momento de Portugal. The Man y que había que publicar un álbum como fuera es el éxito arrollador de "Feel it still", el tema estrella del álbum. Que sin ser ni siquiera el mejor momento del disco engancha con su progresión armónica clásica sostenida por un efectivo bajo, sus aires sesenteros y su excelente instrumentación (a destacar la sección de viento). Y que de manera sorprendente les ha llevado a alcanzar el top 10 de las listas estadounidenses. Le sigue "Rich friends", cuarto sencillo y quizá el tema más rockero del álbum, con ese riff de guitarra que sostiene las un tanto largas estrofas y un estribillo certero que se inspira con naturalidad en los últimos años de los sesenta (además de un fantástico vídeo). "Keep on", el sexto corte, juega a mezclar un sugerente arpegio de guitarra en las estrofas con las distorsiones en el estribillo y con detalles de las bandas sonoras de los westerns, en un cóctel que sin llegar a la excelencia sí resulta razonablemente eficaz. Y "So young", segundo tema producido por Danger Mouse es una balada con un guiño a sus admirados Oasis en la letra, y con otro estribillo marca de la casa, intimista, correcta pero sin nada que le haga destacar.
"Mr. Lonely" es el último tema producido por Danger Mouse, y quizá el más prescindible de los tres por excesivamente cadencioso y hasta largo, a pesar de su atmósfera depresiva, sus slow strings, sus voces sampleadas y el rap a cargo de Fat Lip. Afortunadamente "Tidal wave" sube bastante el nivel, al volver a esos medios tiempos que tan bien dominan, fascinarnos con esa entrada al estribillo que es psicodelia pura y un estribillo brillante y capaz de incorporar unos violines sintetizados y una sección de viento sin que casi se noten. Aunque lo mejor es el cierre del álbum: "Noise pollution" es el sencillo que anticipó este "Woodstock" y la única producción de Mike D. Más sintético que el resto del álbum, e incluso bailable, con unos teclados originales y unos tremendos juegos vocales, una parte nueva que es todo un delirio y por encima de todo un estribillo infeccioso que gana con cada escucha.
Y así, en el mejor momento, termina este breve álbum que deja un poso de duda. Porque por personalidad y originalidad a la hora de instrumentar y explorar nuevas vías en el más que trillado panorama del pop-rock, el balance tiene que ser favorable. Pero no termina de desaparecer la duda de qué podría haber hecho el quinteto sin tanta creatividad fallida y tantas colaboraciones que no acabaron de explotar. Personalmente prefiero pensar que el éxito de "Feel it still" les habrá quitado presión y no tardarán otros cuatro años para entregar apenas una decena de canciones. Porque el panorama musical internacional les sigue necesitando.
Curiosamente el resultado de tanta creatividad descartada y revisitada es un álbum corto, 38 minutos y sólo 10 temas: uno producido por Mike D, tres por Danger Mouse y el resto por John Hill, una diferencia de enfoques apreciable cuando se escucha de seguido, a pesar de que en las armonías de Portugal. The Man cabe casi todo. Así que habrá que estar atentos a que los decenas de temas que nunca han visto la luz puedan acabar saliendo en alguna edición pirata. Mientras tanto, lo que parece claro es que "Woodstock" queda sensiblemente por debajo de su antecesor, y traslada en algunos momentos la sensación de álbum rescatado a la carrera porque los plazos se echaban encima. Pero también es un álbum con dos o tres sencillos muy claros, razonablemente consistente a nivel estilístico con su predecesor, y sobre todo con la habilidad de la banda para juntar psicodelia, rock, pop, e incluso hip-hop y darle un barniz actual del que carecen por ejemplo los para mí sobrevalorados Tame Impala.
El álbum se abre con "Number one", la primera de las producciones de Danger Mouse y el tercer sencillo extraído: un intento de entrelazar el clásico "Motherless child" de Richie Havens con una composición propia, que resulta tan ambiciosa como fallida. Primero porque el tema original no es en mi opinión gran cosa a pesar de su fama, y segundo porque la nueva melodía compuesta para la ocasión no es especialmente brillante ni termina de encajar. Le sigue "Easy tiger", claramente más acertada, un medio tiempo con una impactante instrumentación a base de samplings superpuestos en el comienzo y en los estribillos y sus bonitas estrofas, típicas de la banda. El álbum sigue creciendo en "Live in the moment", uno de los mejores momentos además de quinto sencillo, más rápido y contundente, sobre una progresión armónica más simple pero certera, un excelente talento para armonizar instrumentos, una letra optimista y un estribillo acertado y fracamente tarareable.
Aunque lo que mejor demuestra que 2017 era el momento de Portugal. The Man y que había que publicar un álbum como fuera es el éxito arrollador de "Feel it still", el tema estrella del álbum. Que sin ser ni siquiera el mejor momento del disco engancha con su progresión armónica clásica sostenida por un efectivo bajo, sus aires sesenteros y su excelente instrumentación (a destacar la sección de viento). Y que de manera sorprendente les ha llevado a alcanzar el top 10 de las listas estadounidenses. Le sigue "Rich friends", cuarto sencillo y quizá el tema más rockero del álbum, con ese riff de guitarra que sostiene las un tanto largas estrofas y un estribillo certero que se inspira con naturalidad en los últimos años de los sesenta (además de un fantástico vídeo). "Keep on", el sexto corte, juega a mezclar un sugerente arpegio de guitarra en las estrofas con las distorsiones en el estribillo y con detalles de las bandas sonoras de los westerns, en un cóctel que sin llegar a la excelencia sí resulta razonablemente eficaz. Y "So young", segundo tema producido por Danger Mouse es una balada con un guiño a sus admirados Oasis en la letra, y con otro estribillo marca de la casa, intimista, correcta pero sin nada que le haga destacar.
"Mr. Lonely" es el último tema producido por Danger Mouse, y quizá el más prescindible de los tres por excesivamente cadencioso y hasta largo, a pesar de su atmósfera depresiva, sus slow strings, sus voces sampleadas y el rap a cargo de Fat Lip. Afortunadamente "Tidal wave" sube bastante el nivel, al volver a esos medios tiempos que tan bien dominan, fascinarnos con esa entrada al estribillo que es psicodelia pura y un estribillo brillante y capaz de incorporar unos violines sintetizados y una sección de viento sin que casi se noten. Aunque lo mejor es el cierre del álbum: "Noise pollution" es el sencillo que anticipó este "Woodstock" y la única producción de Mike D. Más sintético que el resto del álbum, e incluso bailable, con unos teclados originales y unos tremendos juegos vocales, una parte nueva que es todo un delirio y por encima de todo un estribillo infeccioso que gana con cada escucha.
Y así, en el mejor momento, termina este breve álbum que deja un poso de duda. Porque por personalidad y originalidad a la hora de instrumentar y explorar nuevas vías en el más que trillado panorama del pop-rock, el balance tiene que ser favorable. Pero no termina de desaparecer la duda de qué podría haber hecho el quinteto sin tanta creatividad fallida y tantas colaboraciones que no acabaron de explotar. Personalmente prefiero pensar que el éxito de "Feel it still" les habrá quitado presión y no tardarán otros cuatro años para entregar apenas una decena de canciones. Porque el panorama musical internacional les sigue necesitando.
domingo, 27 de octubre de 2013
Portugal. The Man: Evil Friends (2013)
El de Portugal. The Man es un caso digno de estudio. El quinteto de Alaska comenzó su andadura en 2006 con maneras claramente amateurs en un pequeñísimo sello, y ante la nula repercusión de su primer álbum ("Waiter: "You Vultures!""), optaron por una vía un tanto stajanovista: seguir componiendo y publicando como si fuera el planeta musical y no ellos los que estuvieran equivocados al no reparar en su talento. Así, siguieron a un frenético e inusual ritmo de álbum por año, ganando poco a poco más repercusión, hasta que en 2011 por fin consiguieron cierta notoriedad internacional con su sexto álbum, "In the Mountain in the Cloud", el primero en una discográfica de cierta entidad y con el que yo los conocí. Tras él, les llegó el momento de demostrar que tantos años de creatividad oculta no les había agotado y que estaban listos para demostrar que había llegado su momento; ésa era la expectativa cuando anunciaron a comienzos de año la publicación de "Evil Friends". Afortunadamente, para los que siempre creímos ver en ellos una de las mayores promesas del panorama musical internacional, han sabido no sólo responder a las mismas, sino superarlas con creces. Tanto, que para mí no es que sea ya sin duda el mejor álbum que ha visto la luz este año, sin indudablemente el más brillante en lo que llevamos de década. Aparte de que comercialmente también les ha supuesto un antes y un después (por vez primera se han colado entre los 30 más vendidos en EEUU).
Por supuesto, semejante éxito se basa en unas composiciones plenas de creatividad, como enseguida iré reseñando. Pero es evidente el acierto a la hora de elegir como productor a Danger Mouse: el cerebro detrás de Gnarls Barkley muestra cómo es posible respetar las señas de identidad de un grupo ya de por sí ecléctico, y sacarles el máximo partido con un sonido contemporáneo, colorido, en el que los sintetizadores en particular rayan a gran altura. Aunque puestos a ponerle algún pero, creo que podía haber intentado que sonara un poco más nítido (parece más una grabación analógica), así como haber maximizado el volumen de las partes menos instrumentadas, pues a veces es obligado subir y bajar varias veces en una misma canción para disfrutarla al máximo.
El álbum consta de 12 temas pero dura sólo 48 minutos, lo que refleja que la mayoría de las canciones no están alargadas innecesariamente. Eso ya es por sí algo favorable, pero lo realmente fascinante es que por primera vez en muchos años, no hay ninguno que desmerezca al resto: pueden reproducirse unos cuantos en modo aleatorio, que la escucha siempre será un disfrute. Se abre con "Plastic soldiers", un estupendo reflejo de lo que nos vamos a encontrar, pues en realidad se trata de tres temas claramente independientes (una balada acústica, un tema de pop tenebroso y un himno psicodélico al final) enlazados mediante una interesante letra común en uno solo. Le sigue "Creep in a t-shirt", que aunque bebe de la misma progresión armónica principal que ya usaron entre otros Pet Shop Boys en "In the night" o Fine Young Cannibals en "I'm not satisfied", suena completamente suya, con esa voz en falsete de John Gourley, el carismático lider de la banda, y una energía rockera que se ve complementada por una letra más propia de una canción protesta.
La lección continúa con "Evil friends", tema que da título al álbum y primer sencillo, otra canción que en realidad abarca dos composiciones diferentes aunque con un (excelente) estribillo compartido: el primer tramo lento, construido sobre un melancólico piano, y el segundo un trallazo rockero sobre una estupenda progresión armónica de cuatro acordes. Mejor es, si cabe, "Modern Jesus", cuarto sencillo, un medio tiempo acústico con un sorprendente teclado principal, una formidable letra sobre la que es la auténtica religión del siglo XXI en muchas partes del mundo y un estribillo sinfónico que Coldplay hubieran deseado firmar. Al mismo nivel se sitúa el siguiente corte, "Hip hop kids", puro rock del siglo XXI con una progresión armónica que recuerda por su rabia a los mejores momentos del grunge.
"Atomic man", siguiente tema y tercer sencillo, recuerda a los buenos tiempos de Oasis, cuando su rock aún era más inspirado que retro, con muchos detalles enriquecedores como la voz distorsionada de John y un final que va frenando gradualmente al tiempo que el piano va cobrando protagonismo. "Sea of air" fue durante algunas semanas mi candidato a tema de relleno del disco, aunque acabé rindiéndome a su pop psicodélico y acústico, a su arpegio de guitarra que mezcla tonalidades diferentes, de una manera tan lograda que parece incluso una interpretación del propio John Lennon. "Waves", octavo corte, es una fantástica balada de pop progresivo, melancólica e intimista, que va creciendo hasta culminar en el mejor solo de guitarra del disco, y en la que Danger Mouse da una clase magistral sobre cómo concluir un tema (de hecho, podría haber servido como final del álbum).
Increíblemente, el último tramo del disco sigue al mismo nivel: "Holly roller" es el tema más psicodélicamente sesentero del álbum, un brillante medio tiempo con abundantes adornos tecnológicos estratégicamente ocultos, y toques soul en su tramo final. "Someday believers" es otro tema muy en la línea de Noel Gallagher, con un sección de cuerda sintetizada y un sensacional estribillo que desemboca en un sensacional segundo estribillo cuando John entona aquello de "everyday...". "Purple yellow red & blue", segundo sencillo y penúltimo corte, empieza con una parte coral psicodélica que no anticipa el excelente medio tiempo que resulta ser, con toques jazzy en las estrofas, un ritmo medianamente bailable, y un sensacional tramo final. Y "Smile", el tema que cierra el álbum, es un precioso tema de letra y atmósfera intimistas (silbido incluido), que va haciéndose cada vez más tenebroso gracias a un potente bombo y un colchón de sintetizadores... para aliviarnos en sus dos últimos minutos con un mensaje luminoso, un auténtico himno.
Tan intensa es la experiencia que cuando la escucha termina el primer impulso es volver a escuchar el álbum una y otra vez, tanto por su calidad como por lo elaborado de sus canciones. Así, cada nueva escucha revela detalles nuevos, como el uso extendido en la letra casi todos los temas de los dos conceptos que dan título al álbum ("evil" y "friend"), los múltiples registros de la voz de Gourley, el talento de Kyle O'Quin a los teclados, la habilidad para conseguir un sonido "clásico" a pesar de tantos detalles tecnológicos... En suma, un auténtico regalo para los melómanos más exigentes. Así que tanto si Vd. seguidor habitual de este blog como si ha aterrizado en esta reseña por casualidad, no lo dude y hágase con "Evil friends": seguro que le entusiasmará.
Por supuesto, semejante éxito se basa en unas composiciones plenas de creatividad, como enseguida iré reseñando. Pero es evidente el acierto a la hora de elegir como productor a Danger Mouse: el cerebro detrás de Gnarls Barkley muestra cómo es posible respetar las señas de identidad de un grupo ya de por sí ecléctico, y sacarles el máximo partido con un sonido contemporáneo, colorido, en el que los sintetizadores en particular rayan a gran altura. Aunque puestos a ponerle algún pero, creo que podía haber intentado que sonara un poco más nítido (parece más una grabación analógica), así como haber maximizado el volumen de las partes menos instrumentadas, pues a veces es obligado subir y bajar varias veces en una misma canción para disfrutarla al máximo.
El álbum consta de 12 temas pero dura sólo 48 minutos, lo que refleja que la mayoría de las canciones no están alargadas innecesariamente. Eso ya es por sí algo favorable, pero lo realmente fascinante es que por primera vez en muchos años, no hay ninguno que desmerezca al resto: pueden reproducirse unos cuantos en modo aleatorio, que la escucha siempre será un disfrute. Se abre con "Plastic soldiers", un estupendo reflejo de lo que nos vamos a encontrar, pues en realidad se trata de tres temas claramente independientes (una balada acústica, un tema de pop tenebroso y un himno psicodélico al final) enlazados mediante una interesante letra común en uno solo. Le sigue "Creep in a t-shirt", que aunque bebe de la misma progresión armónica principal que ya usaron entre otros Pet Shop Boys en "In the night" o Fine Young Cannibals en "I'm not satisfied", suena completamente suya, con esa voz en falsete de John Gourley, el carismático lider de la banda, y una energía rockera que se ve complementada por una letra más propia de una canción protesta.
La lección continúa con "Evil friends", tema que da título al álbum y primer sencillo, otra canción que en realidad abarca dos composiciones diferentes aunque con un (excelente) estribillo compartido: el primer tramo lento, construido sobre un melancólico piano, y el segundo un trallazo rockero sobre una estupenda progresión armónica de cuatro acordes. Mejor es, si cabe, "Modern Jesus", cuarto sencillo, un medio tiempo acústico con un sorprendente teclado principal, una formidable letra sobre la que es la auténtica religión del siglo XXI en muchas partes del mundo y un estribillo sinfónico que Coldplay hubieran deseado firmar. Al mismo nivel se sitúa el siguiente corte, "Hip hop kids", puro rock del siglo XXI con una progresión armónica que recuerda por su rabia a los mejores momentos del grunge.
"Atomic man", siguiente tema y tercer sencillo, recuerda a los buenos tiempos de Oasis, cuando su rock aún era más inspirado que retro, con muchos detalles enriquecedores como la voz distorsionada de John y un final que va frenando gradualmente al tiempo que el piano va cobrando protagonismo. "Sea of air" fue durante algunas semanas mi candidato a tema de relleno del disco, aunque acabé rindiéndome a su pop psicodélico y acústico, a su arpegio de guitarra que mezcla tonalidades diferentes, de una manera tan lograda que parece incluso una interpretación del propio John Lennon. "Waves", octavo corte, es una fantástica balada de pop progresivo, melancólica e intimista, que va creciendo hasta culminar en el mejor solo de guitarra del disco, y en la que Danger Mouse da una clase magistral sobre cómo concluir un tema (de hecho, podría haber servido como final del álbum).
Increíblemente, el último tramo del disco sigue al mismo nivel: "Holly roller" es el tema más psicodélicamente sesentero del álbum, un brillante medio tiempo con abundantes adornos tecnológicos estratégicamente ocultos, y toques soul en su tramo final. "Someday believers" es otro tema muy en la línea de Noel Gallagher, con un sección de cuerda sintetizada y un sensacional estribillo que desemboca en un sensacional segundo estribillo cuando John entona aquello de "everyday...". "Purple yellow red & blue", segundo sencillo y penúltimo corte, empieza con una parte coral psicodélica que no anticipa el excelente medio tiempo que resulta ser, con toques jazzy en las estrofas, un ritmo medianamente bailable, y un sensacional tramo final. Y "Smile", el tema que cierra el álbum, es un precioso tema de letra y atmósfera intimistas (silbido incluido), que va haciéndose cada vez más tenebroso gracias a un potente bombo y un colchón de sintetizadores... para aliviarnos en sus dos últimos minutos con un mensaje luminoso, un auténtico himno.
Tan intensa es la experiencia que cuando la escucha termina el primer impulso es volver a escuchar el álbum una y otra vez, tanto por su calidad como por lo elaborado de sus canciones. Así, cada nueva escucha revela detalles nuevos, como el uso extendido en la letra casi todos los temas de los dos conceptos que dan título al álbum ("evil" y "friend"), los múltiples registros de la voz de Gourley, el talento de Kyle O'Quin a los teclados, la habilidad para conseguir un sonido "clásico" a pesar de tantos detalles tecnológicos... En suma, un auténtico regalo para los melómanos más exigentes. Así que tanto si Vd. seguidor habitual de este blog como si ha aterrizado en esta reseña por casualidad, no lo dude y hágase con "Evil friends": seguro que le entusiasmará.
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