Hoy les traigo el retorno de una vieja conocida por estos lares: la sueca Robyn, que ha regresado hace pocos meses con "Sexistential", su séptimo álbum de estudio. Una cifra respetable en la trayectoria de cualquier artista, pero irrelevante en comparación con los nada menos que ¡ocho años! transcurridos desde su anterior entrega, el para mí decepcionante "Honey". Al disponer de ocho años lo lógico sería pensar que la cantante habría tenido tiempo más que de sobra para crear y grabar un buen puñados de canciones, pero no es el caso: "Sexistential" consta únicamente de nueve cortes (de las que en realidad sólo ocho son canciones nuevas) y se despacha en menos de media hora. Por lo que la primera impresión al hacerme con él fue que las ya conocidas dificultades creativas de la sueca se habían agravado en estos últimos ocho años, hasta el extremo de haber creado solamente una canción por año de media. Un hándicap inicial que sólo podría compensar la calidad de los temas incluidos. Como ya habrán averiguado, ése fue el caso, y por eso lo estoy reseñando aquí para ustedes. Pero antes de adentrarme en la revisión individual de sus temas, debo aclararles algunos puntos.
El más relevante es el relativo al nivel medio de sus canciones. Que en realidad es satisfactorio, pero más por la originalidad de su sonido que por la excelencia de sus composiciones. Los que conocen a Robyn desde hace más de treinta años ya saben que siempre ha intentado ser una artista vanguardista, algo así como la reina del dance-pop en un planeta Tierra idílico que valorara ese tipo de apuestas. Esa seña de identidad se mantiene en "Sexistential", pero tanto han querido sonar diferentes Robyn y su productor habitual Klas Ahlund que algunas canciones resultan excesivamente sofisticadas para la pista de baile o para sus siempre enérgicos conciertos. Otro aspecto llamativo es que algunas canciones están despachadas con excesiva premura, y habrían podido dar más de sí si en lugar de concentrar ideas originales y arriesgadas en apenas tres minutos hubieran dispuesto de cuatro o incluso cinco para introducirlas de manera más equilibrada y disfrutable. Y el tercero es que, en todo caso, "Sexistential" sigue sonando 100% Robyn, por estilo musical y por la temática de sus letras (sexualidad, deseo, la pérdida de control y la catarsis en la pista de baile), por lo que será del gusto de todos los seguidores de la cantante. Aunque sin llegar a la excelencia de "Body Talk" (2010), para mí el mejor álbum de su carrera.
El álbum lo abre la contundente "Really Real", una buena muestra de lo que encierra el álbum: bombo sobredimensionado desde el comienzo, bajo sintético, y una melodía correcta que va desenrollándose poco a poco, adornada por un sinnúmero de voces postprocesadas, efectos varios y sintetizadores que compiten por nuestra atención en ambos canales. La larga parte nueva llama la atención pero corta un tanto el ritmo, aunque no tanto como ese imposible solo de chirriante guitarra del que poco a poco van introduciendo recortes a costa de interrumpir de manera en mi opinión poco acertada el ritmo del tema. Le sigue "Dopamine", primer sencillo y supuestamente tema estrella del álbum. Una melodía pop más clara y evocadora que su predecesora, que se abre paso entre efectos y un sintetizador que hace las veces de bajo con las repeticiones de su sampling vocal. El ritmo tarda en entrar, pero cuando lo hace es menos desconcertante que en el corte anterior, aunque el uso de la caja, más que nada unos redobles esporádicos, probablemente se pasa de singular. A cambio, juega con criterio a ir retirando instrumentos cuando la canción lo requiere, y reserva un tramo final de ritmo y sintetizadores algo más convencionales que le favorece. El tercer corte aclara el asunto de las "ocho canciones": "Blow My Mind" es en realidad una reinterpretación de un tema que Robyn incluyó en su tercer álbum, "Don't Stop" (2002). La reinterpretación asimila su sonido al del resto de "Sexistential", y le da un barniz a lo Kratwerk que la distingue de la original, además de algún curioso sampling y múltiples voces. Pero aun así, no la considero uno de los momentos destacables del álbum, hasta el punto de que prefiero la mayor contundencia y el ritmo cadencioso de la original. Por mucho que haya sido elegida como tercer sencillo.
"Sucker For Love", tras otro comienzo impactante, sorprende con sus frases en español, que dan paso a otra instrumentación fuertemente inspirada por el mítico cuarteto alemán. La melodía de las estrofas es bonita, y el puente aún mejor, pero la del estribillo baja el listón y es poco más que un complemento con el que rellenar el teclado principal que lo vertebra. Afortunadamente, su brillante parte nueva, que emerge entre bombos arrítimicos, voces superpuestas y efectos varios, mejora la impresión global del tema. El sintético y personalísimo comienzo de "It Don't Mean a Thing", recurriendo a su estribillo, es de lo mejor de este medio tiempo en el que el desamor al que tantas veces ha cantado Carlsson vuelve a ser una de sus grandes bazas. El cambio de tonalidad del puente entre sus interesantes estrofas y su estribillo también es digno de mención. Al igual que el sentimiento que transpira su parte nueva. Creo que lo que le impide llegar a ser un gran momento es la falta de intención por llevar la canción a un clímax final, en vez de interrumpirla sin más, como si de una demo se tratara. Una intención que sí está presente en "Talk To Me", segundo sencillo y la evidente joya del álbum, al nivel de los mejores temas en la carrera de la sueca. Una historia de sexo telefónico que incita al baile en cuanto su elaborado comienzo deja paso a sus rítmicas estrofas. El estribillo mantiene el tipo, y los pocos compases finales que reservan para el piano sintetizado le dan el toque final. Una brillantez en la que tal vez hayan tenido que ver los míticos Max Martin y Oscar Holter, partícipes en la composición de la canción (el segundo de ellos, también en la producción). La parada antes del final no es en realidad una parte nueva, pero le aporta una adecuada dosis de dramatismo sin llegar a estropear el ritmo del mismo. Y lo único que falta es algo más de minutaje para que la personalísima y esta vez inspirada producción pueda exhibirse aún más.
Además de dar título al álbum, "Sexistential" fue elegida como "doble cara A" a medias con "Talk To Me". Pero entre ambas media un abismo: frente a la exhuberancia bailable de irreprochable melodía pop, aquí nos encontramos un tema práctiamente monocorde, sin asomo de melodía vocal, y por tanto, obligado a una producción ramplona en la que lo único que se puede destacar es la cantidad de distorsiones a las que Robyn somete su voz, y sus personales reflexiones sobre su maternidad. Muy poco, en todo caso. Afortunadamente "Light Up" recupera la senda del resto del álbum y, tras su estrambótico comienzo, la voz de Carlsson resplandece como si de una balada se tratase. Hasta que no llega el estribillo no entra el bajo y los sintetizadores de arpegio acelerado, y ni siquiera en la segunda estrofa Ahlund se decide a añadir una percusión que vertebre la estrofa. Y cuando por fin la añade, es en la recreación que compensa la ausencia de parte nueva, y es un inofensivo ritmo binario que no aporta prácticamente nada, por lo que el que debería ser el segundo mejor momento del álbum se queda en un pasaje interesante pero no apto para la pista de baile. Así que el segundo lugar del podio de estos nueve temas es para "Into The Sun", el tema que lo cierra. Que compositivamente me parece ligeramente inferior a la anterior, con una melodía más entrecortada en sus estrofas y una mayor simpleza en su producción, pero que al menos consolida su sentido estribillo con una percusión más razonable (si bien debo resaltar que entra dos compases tarde, en un ejercicio experimental al que cuesta acostumbrarse). Y que sí explota hasta el final sus virtudes en una duración más razonable.
Incluso el mayor defensor de "Sexistential" debería reconocer que al disco le faltan minutos y cortes para ser un gran álbum. No sé cómo ni Robyn ni Ahlund se han planteado añadir alguna versión de alguna canción que les guste y que pudieran asimilar estilísticamente a estos nueve cortes, o incluso incluir una versión "reprise" o alternativa de "Talk To Me" o "Dopamine", que aumentara la duración y eliminara esa sensación de "vamos a publicar lo que sea antes de que pase más tiempo". Aparte de que en un disco de Robyn los ritmos no deben ser tan escasos y entrecortados, por mucho que quieran seguir sonando originales y marcando instrumentalmente el camino a seguir (que lo hacen, lo cual es sin duda el gran mérito del álbum). Personalmente creo que otros detalles a pulir son el exceso de voces dobladas y el empeño en introducir sonidos que no encajan, como la guitarra de "Really Real" o el sampling casi naif de "Blow My Mind". Con lo cual mi impresión final es que el disco cumple sin más las expectativas, y funciona mejor como un tratado de música futura que como una colección de canciones que vayan a perdurar en el catálogo de la artista sueca. Pero con una maravilla como "Talk To Me" y tres o cuatro buenos momentos adicionales, sí justifica su existencia. Y supongo que arranca la cuenta atrás de los ocho años que deben de faltar para su nuevo disco. ¿Estará Robyn, y estaremos por aquí nosotros, para entonces?
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
martes, 30 de junio de 2026
viernes, 12 de junio de 2026
Charli XCX - "Wuthering Heights" (2026)
Quienes siguen habitualmente este blog tal vez se sorprendan de ver por aquí a la británica Charli XCX. Quien, a pesar de llevar ya una larga carrera a sus espaldas (seis álbumes de estudio y una banda sonora antes de ésta que les traigo hoy), nunca había aparecido con anterioridad. Y es que, a pesar de que el reconocimiento de la crítica ha ido aumentando conforme añadía muescas a su revólver musical, para mí su hiper-pop de referencia siempre ha tenido más forma que fondo. Ni siquiera su aclamado y festivo "Brat" (2024), uno de los discos con mejores críticas a nivel mundial en todo Occidente en lo que llevamos de década, además de un fenómeno de ventas en muchas partes del mundo, me terminó de enganchar. Pero como saben, cuando muchos artistas que alcanzan esta repercusión lanzan sus nuevas entregas, tiendo a poner a un lado mis impresiones previas y a escucharlas con la mayor objetividad posible. Gracias a lo cual he podido este "Wuthering Heights" que hoy les traigo; con muchísima diferencia el mejor álbum de Charli hasta la fecha, al menos en mi opinión.
Y ello tiene una explicación muy sencilla: "Wuthering Heights" no fue concebido como el séptimo álbum de la británica (ese honor le corresponderá "Music, Fashion, Film", que verá la luz próximamente), sino como la banda sonora para la película del mismo título, basada en la legendaria novela romántica de Emily Bronte. Para adecuarse a la temática de la película, Charli tuvo que adaptar su propuesta musical, renunciando en gran medida al histrionismo un tanto vacuo del que creo suele pecar, y sustituyéndolo por una irreprochable honestidad compositiva, en un ejercicio que, según ella misma ha declarado, le ayudó a superar el bloqueo creativo por el que estaba atravesando. Aunque, como saben bien quienes siguen este blog, no basta con un grupo de grandes composiciones para crear un gran álbum: luego hay que arreglarlo y producirlo, dándole así el toque de personalidad musical adecuado. Y ahí es donde el trabajo de Charli junto con su productor habitual en los últimos tiempos, el también británico Finn Keane, ha sido clave. Porque con una inteligencia innata, han bajado el tempo de muchas de las canciones y les han añadido a prácticamente todas una excelente sección de cuerda grabada en los míticos estudios Abbey Road, la cual aporta una nota de clasicismo romántico sin por ello renunciar a los sintetizadores estridentes, a las percusiones distorsionadas y a las voces post-procesadas habituales en los trabajos de Charlotte Aitchison.
No soy muy fan de los álbumes concebidos como bandas sonoras, puesto que suelen adolecer de varios problemas comunes, pero aquí prácticamente todos han quedado perfectamente solventados. El más habitual es la brevedad tanto de las canciones individuales como del álbum en su conjunto. Pero en estos tiempos de streaming y TikTok los discos se han vuelto cada vez más cortos, así que los casi treinta y cinco minutos que dura "Wuthering Heights", y el hecho de que once de sus doce canciones sean temas completos (con estrofas y estribillos), hace olvidar completamente esta restricción. Aunque es cierto que varios temas habrían agradecido una mayor duración con la que explorar todas sus bondades. Otro problema habitual es la heterogeneidad estilísticas, dado que las películas asociadas suelen pasar por diferentes emociones que así lo requieren, pero aquí, aunque obviamente esa riqueza emocional está presente, tanto la homogeneidad temática de las letras (exploraciones del amor en múltiples facetas), como el empleo continuado de la sección de cuerda, aportan una continuidad estilística que le sienta fenomenal al resultado. Y un último problema es que, para sus propios creadores, suelen ser obras "menores", y lo habitual es encontrar dos o tres temas destacados, mientras que el resto oscilan entre lo exploratorio, lo menos inspirado, y lo derivativo; nada de eso sucede aquí tampoco, hasta el extremo de que prácticamente todos sus canciones se podrían haber publicado en formato sencillo.
El disco lo abre "House", también su primer sencillo e indiscutible tema estrella, con la colaboración estelar de John Cale (quien formó parte de la mítica aunque para mí un tanto sobrevalorada Velvet Underground). Una elección comprensible por el postín del escocés, pero desde luego no por el resultado. Que sí logra su objetivo de resultar desasosegante, algo así como un mal presagio de letra oscura, cuerdas sintetizadas hirientes, percusión electrónica epatante y chillidos a cargo de Charli. Pero que desde luego no es una composición meritoria, ni por progresión armónica ni por su casi inexistente melodía vocal. Y que tampoco refleja lo que encierra el álbum, por lo que para mí se trata de su momento más prescindible. Nada que ver con "Wall of Sound", segundo corte y tercer sencillo, ahora sí una composición completa de tempo bajo y, como prácticamente todos los cortes a partir de ahora, arropado esencialmente por la excelente sección de cuerda. Un tema luminoso, que se aleja del bubblegum pop que caracteriza a la inglesa, pero que sí representa a la perfección esa dulzura romántica que vertebra el álbum. Y que a pesar de sus dos minutos y medio, encuentra el hueco para rematar la canción con una excelente parte nueva, todo un subidón de sentimientos bonitos. "Dying for You" arranca con la inevitable sección de cuerda, pero esta vez con una ejecución allegro que anticipa lo que en seguida se descubre: que el tercer corte ya es el momento para que por fin aparezcan los tempos altos y los bombos sobredimensionados sin los que Aitchison no sería ella misma. Una letra que vuelva a ser una rendición amorosa incondicional, unas estrofas que conjugan notas cortas y belleza, uno estribillo aún mejor (sabiamente reforzado por sus segundas voces), y una exhibición de post-procesado electrónico para crear un colchón de notas a partir de breves trozos de su voz en su tramo final, lo convierte en una de las producciones más notables del disco, a pesar de la relativa simpleza de su ritmo. "Always Everywhere", cuarto corte y también cuarto sencillo, es seguramente la mejor balada en la carrera de Charli: la exquisita sección de cuerda con la que arranca pasa a un segundo plano sonoro para dejar que la inglesa interprete una preciosa estrofa, pero vuelve a ocupar casi toda la paleta sonora en un estribillo en el que las notas sencillas de la parte vocal son suficientes para completar la composición sin quitarle protagonismo a las cuerdas. Aunque aún queda hueco en la segunda estrofa para que los violines y las violas establezcan múltiples diálogos en un fantástico trabajo de orquestación a cargo de Gareth Murphy, incluyendo la sorpresa final de un cambio inesperado de acordes al final de la última repetición del estribillo.
El nivel sigue por todo lo alto con "Chains of Love", segundo sencillo: de comienzo más cinematográfico con su arrítimica percusión inicial y sus efectos que se van superponiendo a la vez que desgranan la progresión armónica, es particularmente llamativa la ligera distorsión sonora que introducen en prácticamente todos los instrumentos, y el contraste que crea con la poderosa percusión, grabada con buen criterio a un volumen altísimo. La notable melodía de la primera estrofa introduce un inesperado cambio en el tramo final de la segunda que, aparte de realzar las cualidades interpretativas de Charli, mejora aún la impresión global. Un estribillo envolvente, y con espacio para el lucimiento final tanto de la voz como de la sección de cuerda, remata otro gran momento del álbum. Y el nivel sigue sin decaer con "Out of Myself", cuya letra relata todas las cosas buenas que la persona amada le proporciona a Charli mediante unos originales staccatos de las cuerdas y sintetizadores estruendos para acompañar otra melodía vocal inspirada que incluso encuentra muta para una bonita coda final con notas diferentes. Sin olvidarnos de una programación de batería distorsionada, que no marca el ritmo pero rellena sabiamente huecos. "Open Up", el séptimo corte, es el único interludio que ofrece la banda sonora, noventa segundos sinfónicos y envolventes a partes iguales, en el que los gorgoritos vocales de Aitchison destilan delicadeza. "Seeing Things", el octavo corte, vuelve a ser un (breve) tema completo, que arranca sin tregua con la voz y las cuerdas desde el mismo comienzo, que nos arrulla con sus sedosas estrofas (a pesar de los evidentes filtros vocales), y que tras un puente en el que la intensidad va subiendo, eclosiona en un arrebatador estribillo. A destacar la ausencia de percusión, que curiosamente no se echa en falta pese a no tratarse de una balada, pues la sección de cuerda es la que se encarga de sostener el ritmo; y a destacar también los efectos vocales del final.
El último tercio del álbum arranca con "Altars", actualmente mi tema favorito del mismo: una sencilla y fuertemente editada programación de batería da paso a unas cuerdas en crescendo para envolver la melodía de notas relativamente bajas de las estrofas, que da paso a un estribillo sobrecogedor desde su letra ("I'm at your altar, baby. I once believed, I once believed I was free. I'm at your altar, baby, now I can see. You're gonna end up killing me") hasta su melodía de notas altas para aprovechar el cambio de tonalidad, pasando por unas cuerdas que quizá ofrezcan sus momentos más sobrecogedores de todo el disco en el tramo final del estribillo. Y del que sólo se echa en falta una duración mayor, pues es obvio que el tema podía haber dado mucho más de sí. "Eyes of the World" cuenta con la colaboración de la cantante Sky Ferreira. Y aunque repite su equilibrio entre sección de cuerda, percusiones poderosas y detalles electrónicos, lo que caracteriza a este corte son sus estrofas desasosegantes, que juegan a sonar desafinadas, y que en mi opinión no terminan de casar con un estribillo que sí que está a la altura de los del resto del disco. Con el agravante de que los timbres de ambas cantantes no son tan diferentes, y el resultado a nivel vocal es discreto, tanto que podría dar la impresión de que las múltiples voces que escuchamos fueran simplemente las de Charlie doblándose a sí misma. "My Reminder", el penúltimo corte, recupera la mejor senda de "Wuthering Heights" a pesar de la excesivamente simple programación de su batería, evidente desde su mismo comienzo. Aquí la estructura es distinta a la habitual: se empieza por el estribillo, siguen los efectos vocales, y sólo después nos encontramos unas estrofas más desnudas de lo habitual. Las diferencias también se amplían en la instrumentación, pues aunuqe los efectos sinfónicos nos puedan hacer pensar lo contrario, aquí no hay sección de cuerda. Pero quizá por contar con una duración más razonable, el tema tiene suficientes compases para desarrollarse, y su alineamiento con la sonoridad general del álbum juega a su favor. Y el cierre lo pone "Funny Mouth", ahora sí con la sección de cuerda sosteniendo desde el mismo comienzo el inevitable "lento" con el que cerrar, aunque el concepto de balada no le termina de encajar, pues tanto progresión armónica como arreglos no tienden a lo meloso sino a lo inquietante. Algo que queda plenamente confirmado tras el primer estribillo, cuando entran los primeros "trallazos" de percusión, en un contraste que recuerda a los trabajos de Mirwais para Madonna a principios de los dos mil. En todo caso, una canción tan singular como irreprochable, y muy difícil de interpretar, pues Charli apenas dispone de espacio para que tomar aire en su complicado estribillo... menos mal que aparece al rescate una preciosa coda final.
Tras repetidas escuchas se acrecienta la sensación de que, lo que seguramente iba a ser una entrega de segundo nivel en la carrera de la británica, de repente se ha convertido en una obra clásica, de impacto muy superior al de la película que acompañaba. Es cierto que no todo es perfecto (las dos colaboraciones de postín resultan un tanto fallidas, varias canciones necesitarían una duración mayor, alguna de ellas habría agradecido una parte nueva, podría haber habido alguna canción más de tempo alto...), pero el balance general es tremendamente favorable, más aún incluso si tenemos en cuenta que es su disco menos adherido a una sonoridad concreta que pueda no envejecer demasiado bien en cuanto pasen unos años. Y como es un producto para todos los públicos, no sólo la crítica lo ha recibido con los brazos abiertos; también el público en general, hasta el punto de que hace unas cuantas semanas llegó al número 1 de álbumes en su país, al 8 en Estados Unidos, y al Top 5 incluso en España. Y no es nada habitual que algo así suceda en estos tiempos de artistas estilísticamente prefabricados. Así que toca disfrutarlo al máximo. La pregunta es: ¿cuánto de lo que ha aprendido Charli aquí aplicará en "Music, Fashion, Film", que sin duda será un álbum mucho más convencional dentro de su discografía? Esperemos que mucho; tocará estar atentos.
Y ello tiene una explicación muy sencilla: "Wuthering Heights" no fue concebido como el séptimo álbum de la británica (ese honor le corresponderá "Music, Fashion, Film", que verá la luz próximamente), sino como la banda sonora para la película del mismo título, basada en la legendaria novela romántica de Emily Bronte. Para adecuarse a la temática de la película, Charli tuvo que adaptar su propuesta musical, renunciando en gran medida al histrionismo un tanto vacuo del que creo suele pecar, y sustituyéndolo por una irreprochable honestidad compositiva, en un ejercicio que, según ella misma ha declarado, le ayudó a superar el bloqueo creativo por el que estaba atravesando. Aunque, como saben bien quienes siguen este blog, no basta con un grupo de grandes composiciones para crear un gran álbum: luego hay que arreglarlo y producirlo, dándole así el toque de personalidad musical adecuado. Y ahí es donde el trabajo de Charli junto con su productor habitual en los últimos tiempos, el también británico Finn Keane, ha sido clave. Porque con una inteligencia innata, han bajado el tempo de muchas de las canciones y les han añadido a prácticamente todas una excelente sección de cuerda grabada en los míticos estudios Abbey Road, la cual aporta una nota de clasicismo romántico sin por ello renunciar a los sintetizadores estridentes, a las percusiones distorsionadas y a las voces post-procesadas habituales en los trabajos de Charlotte Aitchison.
No soy muy fan de los álbumes concebidos como bandas sonoras, puesto que suelen adolecer de varios problemas comunes, pero aquí prácticamente todos han quedado perfectamente solventados. El más habitual es la brevedad tanto de las canciones individuales como del álbum en su conjunto. Pero en estos tiempos de streaming y TikTok los discos se han vuelto cada vez más cortos, así que los casi treinta y cinco minutos que dura "Wuthering Heights", y el hecho de que once de sus doce canciones sean temas completos (con estrofas y estribillos), hace olvidar completamente esta restricción. Aunque es cierto que varios temas habrían agradecido una mayor duración con la que explorar todas sus bondades. Otro problema habitual es la heterogeneidad estilísticas, dado que las películas asociadas suelen pasar por diferentes emociones que así lo requieren, pero aquí, aunque obviamente esa riqueza emocional está presente, tanto la homogeneidad temática de las letras (exploraciones del amor en múltiples facetas), como el empleo continuado de la sección de cuerda, aportan una continuidad estilística que le sienta fenomenal al resultado. Y un último problema es que, para sus propios creadores, suelen ser obras "menores", y lo habitual es encontrar dos o tres temas destacados, mientras que el resto oscilan entre lo exploratorio, lo menos inspirado, y lo derivativo; nada de eso sucede aquí tampoco, hasta el extremo de que prácticamente todos sus canciones se podrían haber publicado en formato sencillo.
El disco lo abre "House", también su primer sencillo e indiscutible tema estrella, con la colaboración estelar de John Cale (quien formó parte de la mítica aunque para mí un tanto sobrevalorada Velvet Underground). Una elección comprensible por el postín del escocés, pero desde luego no por el resultado. Que sí logra su objetivo de resultar desasosegante, algo así como un mal presagio de letra oscura, cuerdas sintetizadas hirientes, percusión electrónica epatante y chillidos a cargo de Charli. Pero que desde luego no es una composición meritoria, ni por progresión armónica ni por su casi inexistente melodía vocal. Y que tampoco refleja lo que encierra el álbum, por lo que para mí se trata de su momento más prescindible. Nada que ver con "Wall of Sound", segundo corte y tercer sencillo, ahora sí una composición completa de tempo bajo y, como prácticamente todos los cortes a partir de ahora, arropado esencialmente por la excelente sección de cuerda. Un tema luminoso, que se aleja del bubblegum pop que caracteriza a la inglesa, pero que sí representa a la perfección esa dulzura romántica que vertebra el álbum. Y que a pesar de sus dos minutos y medio, encuentra el hueco para rematar la canción con una excelente parte nueva, todo un subidón de sentimientos bonitos. "Dying for You" arranca con la inevitable sección de cuerda, pero esta vez con una ejecución allegro que anticipa lo que en seguida se descubre: que el tercer corte ya es el momento para que por fin aparezcan los tempos altos y los bombos sobredimensionados sin los que Aitchison no sería ella misma. Una letra que vuelva a ser una rendición amorosa incondicional, unas estrofas que conjugan notas cortas y belleza, uno estribillo aún mejor (sabiamente reforzado por sus segundas voces), y una exhibición de post-procesado electrónico para crear un colchón de notas a partir de breves trozos de su voz en su tramo final, lo convierte en una de las producciones más notables del disco, a pesar de la relativa simpleza de su ritmo. "Always Everywhere", cuarto corte y también cuarto sencillo, es seguramente la mejor balada en la carrera de Charli: la exquisita sección de cuerda con la que arranca pasa a un segundo plano sonoro para dejar que la inglesa interprete una preciosa estrofa, pero vuelve a ocupar casi toda la paleta sonora en un estribillo en el que las notas sencillas de la parte vocal son suficientes para completar la composición sin quitarle protagonismo a las cuerdas. Aunque aún queda hueco en la segunda estrofa para que los violines y las violas establezcan múltiples diálogos en un fantástico trabajo de orquestación a cargo de Gareth Murphy, incluyendo la sorpresa final de un cambio inesperado de acordes al final de la última repetición del estribillo.
El nivel sigue por todo lo alto con "Chains of Love", segundo sencillo: de comienzo más cinematográfico con su arrítimica percusión inicial y sus efectos que se van superponiendo a la vez que desgranan la progresión armónica, es particularmente llamativa la ligera distorsión sonora que introducen en prácticamente todos los instrumentos, y el contraste que crea con la poderosa percusión, grabada con buen criterio a un volumen altísimo. La notable melodía de la primera estrofa introduce un inesperado cambio en el tramo final de la segunda que, aparte de realzar las cualidades interpretativas de Charli, mejora aún la impresión global. Un estribillo envolvente, y con espacio para el lucimiento final tanto de la voz como de la sección de cuerda, remata otro gran momento del álbum. Y el nivel sigue sin decaer con "Out of Myself", cuya letra relata todas las cosas buenas que la persona amada le proporciona a Charli mediante unos originales staccatos de las cuerdas y sintetizadores estruendos para acompañar otra melodía vocal inspirada que incluso encuentra muta para una bonita coda final con notas diferentes. Sin olvidarnos de una programación de batería distorsionada, que no marca el ritmo pero rellena sabiamente huecos. "Open Up", el séptimo corte, es el único interludio que ofrece la banda sonora, noventa segundos sinfónicos y envolventes a partes iguales, en el que los gorgoritos vocales de Aitchison destilan delicadeza. "Seeing Things", el octavo corte, vuelve a ser un (breve) tema completo, que arranca sin tregua con la voz y las cuerdas desde el mismo comienzo, que nos arrulla con sus sedosas estrofas (a pesar de los evidentes filtros vocales), y que tras un puente en el que la intensidad va subiendo, eclosiona en un arrebatador estribillo. A destacar la ausencia de percusión, que curiosamente no se echa en falta pese a no tratarse de una balada, pues la sección de cuerda es la que se encarga de sostener el ritmo; y a destacar también los efectos vocales del final.
El último tercio del álbum arranca con "Altars", actualmente mi tema favorito del mismo: una sencilla y fuertemente editada programación de batería da paso a unas cuerdas en crescendo para envolver la melodía de notas relativamente bajas de las estrofas, que da paso a un estribillo sobrecogedor desde su letra ("I'm at your altar, baby. I once believed, I once believed I was free. I'm at your altar, baby, now I can see. You're gonna end up killing me") hasta su melodía de notas altas para aprovechar el cambio de tonalidad, pasando por unas cuerdas que quizá ofrezcan sus momentos más sobrecogedores de todo el disco en el tramo final del estribillo. Y del que sólo se echa en falta una duración mayor, pues es obvio que el tema podía haber dado mucho más de sí. "Eyes of the World" cuenta con la colaboración de la cantante Sky Ferreira. Y aunque repite su equilibrio entre sección de cuerda, percusiones poderosas y detalles electrónicos, lo que caracteriza a este corte son sus estrofas desasosegantes, que juegan a sonar desafinadas, y que en mi opinión no terminan de casar con un estribillo que sí que está a la altura de los del resto del disco. Con el agravante de que los timbres de ambas cantantes no son tan diferentes, y el resultado a nivel vocal es discreto, tanto que podría dar la impresión de que las múltiples voces que escuchamos fueran simplemente las de Charlie doblándose a sí misma. "My Reminder", el penúltimo corte, recupera la mejor senda de "Wuthering Heights" a pesar de la excesivamente simple programación de su batería, evidente desde su mismo comienzo. Aquí la estructura es distinta a la habitual: se empieza por el estribillo, siguen los efectos vocales, y sólo después nos encontramos unas estrofas más desnudas de lo habitual. Las diferencias también se amplían en la instrumentación, pues aunuqe los efectos sinfónicos nos puedan hacer pensar lo contrario, aquí no hay sección de cuerda. Pero quizá por contar con una duración más razonable, el tema tiene suficientes compases para desarrollarse, y su alineamiento con la sonoridad general del álbum juega a su favor. Y el cierre lo pone "Funny Mouth", ahora sí con la sección de cuerda sosteniendo desde el mismo comienzo el inevitable "lento" con el que cerrar, aunque el concepto de balada no le termina de encajar, pues tanto progresión armónica como arreglos no tienden a lo meloso sino a lo inquietante. Algo que queda plenamente confirmado tras el primer estribillo, cuando entran los primeros "trallazos" de percusión, en un contraste que recuerda a los trabajos de Mirwais para Madonna a principios de los dos mil. En todo caso, una canción tan singular como irreprochable, y muy difícil de interpretar, pues Charli apenas dispone de espacio para que tomar aire en su complicado estribillo... menos mal que aparece al rescate una preciosa coda final.
Tras repetidas escuchas se acrecienta la sensación de que, lo que seguramente iba a ser una entrega de segundo nivel en la carrera de la británica, de repente se ha convertido en una obra clásica, de impacto muy superior al de la película que acompañaba. Es cierto que no todo es perfecto (las dos colaboraciones de postín resultan un tanto fallidas, varias canciones necesitarían una duración mayor, alguna de ellas habría agradecido una parte nueva, podría haber habido alguna canción más de tempo alto...), pero el balance general es tremendamente favorable, más aún incluso si tenemos en cuenta que es su disco menos adherido a una sonoridad concreta que pueda no envejecer demasiado bien en cuanto pasen unos años. Y como es un producto para todos los públicos, no sólo la crítica lo ha recibido con los brazos abiertos; también el público en general, hasta el punto de que hace unas cuantas semanas llegó al número 1 de álbumes en su país, al 8 en Estados Unidos, y al Top 5 incluso en España. Y no es nada habitual que algo así suceda en estos tiempos de artistas estilísticamente prefabricados. Así que toca disfrutarlo al máximo. La pregunta es: ¿cuánto de lo que ha aprendido Charli aquí aplicará en "Music, Fashion, Film", que sin duda será un álbum mucho más convencional dentro de su discografía? Esperemos que mucho; tocará estar atentos.
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