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viernes, 12 de junio de 2026

Charli XCX - "Wuthering Heights" (2026)

Quienes siguen habitualmente este blog tal vez se sorprendan de ver por aquí a la británica Charli XCX. Quien, a pesar de llevar ya una larga carrera a sus espaldas (seis álbumes de estudio y una banda sonora antes de ésta que les traigo hoy), nunca había aparecido con anterioridad. Y es que, a pesar de que el reconocimiento de la crítica ha ido aumentando conforme añadía muescas a su revólver musical, para mí su hiper-pop de referencia siempre ha tenido más forma que fondo. Ni siquiera su aclamado y festivo "Brat" (2024), uno de los discos con mejores críticas a nivel mundial en todo Occidente en lo que llevamos de década, además de un fenómeno de ventas en muchas partes del mundo, me terminó de enganchar. Pero como saben, cuando muchos artistas que alcanzan esta repercusión lanzan sus nuevas entregas, tiendo a poner a un lado mis impresiones previas y a escucharlas con la mayor objetividad posible. Gracias a lo cual he podido este "Wuthering Heights" que hoy les traigo; con muchísima diferencia el mejor álbum de Charli hasta la fecha, al menos en mi opinión.

Y ello tiene una explicación muy sencilla: "Wuthering Heights" no fue concebido como el séptimo álbum de la británica (ese honor le corresponderá "Music, Fashion, Film", que verá la luz próximamente), sino como la banda sonora para la película del mismo título, basada en la legendaria novela romántica de Emily Bronte. Para adecuarse a la temática de la película, Charli tuvo que adaptar su propuesta musical, renunciando en gran medida al histrionismo un tanto vacuo del que creo suele pecar, y sustituyéndolo por una irreprochable honestidad compositiva, en un ejercicio que, según ella misma ha declarado, le ayudó a superar el bloqueo creativo por el que estaba atravesando. Aunque, como saben bien quienes siguen este blog, no basta con un grupo de grandes composiciones para crear un gran álbum: luego hay que arreglarlo y producirlo, dándole así el toque de personalidad musical adecuado. Y ahí es donde el trabajo de Charli junto con su productor habitual en los últimos tiempos, el también británico Finn Keane, ha sido clave. Porque con una inteligencia innata, han bajado el tempo de muchas de las canciones y les han añadido a prácticamente todas una excelente sección de cuerda grabada en los míticos estudios Abbey Road, la cual aporta una nota de clasicismo romántico sin por ello renunciar a los sintetizadores estridentes, a las percusiones distorsionadas y a las voces post-procesadas habituales en los trabajos de Charlotte Aitchison.

No soy muy fan de los álbumes concebidos como bandas sonoras, puesto que suelen adolecer de varios problemas comunes, pero aquí prácticamente todos han quedado perfectamente solventados. El más habitual es la brevedad tanto de las canciones individuales como del álbum en su conjunto. Pero en estos tiempos de streaming y TikTok los discos se han vuelto cada vez más cortos, así que los casi treinta y cinco minutos que dura "Wuthering Heights", y el hecho de que once de sus doce canciones sean temas completos (con estrofas y estribillos), hace olvidar completamente esta restricción. Aunque es cierto que varios temas habrían agradecido una mayor duración con la que explorar todas sus bondades. Otro problema habitual es la heterogeneidad estilísticas, dado que las películas asociadas suelen pasar por diferentes emociones que así lo requieren, pero aquí, aunque obviamente esa riqueza emocional está presente, tanto la homogeneidad temática de las letras (exploraciones del amor en múltiples facetas), como el empleo continuado de la sección de cuerda, aportan una continuidad estilística que le sienta fenomenal al resultado. Y un último problema es que, para sus propios creadores, suelen ser obras "menores", y lo habitual es encontrar dos o tres temas destacados, mientras que el resto oscilan entre lo exploratorio, lo menos inspirado, y lo derivativo; nada de eso sucede aquí tampoco, hasta el extremo de que prácticamente todos sus canciones se podrían haber publicado en formato sencillo.

El disco lo abre "House", también su primer sencillo e indiscutible tema estrella, con la colaboración estelar de John Cale (quien formó parte de la mítica aunque para mí un tanto sobrevalorada Velvet Underground). Una elección comprensible por el postín del escocés, pero desde luego no por el resultado. Que sí logra su objetivo de resultar desasosegante, algo así como un mal presagio de letra oscura, cuerdas sintetizadas hirientes, percusión electrónica epatante y chillidos a cargo de Charli. Pero que desde luego no es una composición meritoria, ni por progresión armónica ni por su casi inexistente melodía vocal. Y que tampoco refleja lo que encierra el álbum, por lo que para mí se trata de su momento más prescindible. Nada que ver con "Wall of Sound", segundo corte y tercer sencillo, ahora sí una composición completa de tempo bajo y, como prácticamente todos los cortes a partir de ahora, arropado esencialmente por la excelente sección de cuerda. Un tema luminoso, que se aleja del bubblegum pop que caracteriza a la inglesa, pero que sí representa a la perfección esa dulzura romántica que vertebra el álbum. Y que a pesar de sus dos minutos y medio, encuentra el hueco para rematar la canción con una excelente parte nueva, todo un subidón de sentimientos bonitos. "Dying for You" arranca con la inevitable sección de cuerda, pero esta vez con una ejecución allegro que anticipa lo que en seguida se descubre: que el tercer corte ya es el momento para que por fin aparezcan los tempos altos y los bombos sobredimensionados sin los que Aitchison no sería ella misma. Una letra que vuelva a ser una rendición amorosa incondicional, unas estrofas que conjugan notas cortas y belleza, uno estribillo aún mejor (sabiamente reforzado por sus segundas voces), y una exhibición de post-procesado electrónico para crear un colchón de notas a partir de breves trozos de su voz en su tramo final, lo convierte en una de las producciones más notables del disco, a pesar de la relativa simpleza de su ritmo. "Always Everywhere", cuarto corte y también cuarto sencillo, es seguramente la mejor balada en la carrera de Charli: la exquisita sección de cuerda con la que arranca pasa a un segundo plano sonoro para dejar que la inglesa interprete una preciosa estrofa, pero vuelve a ocupar casi toda la paleta sonora en un estribillo en el que las notas sencillas de la parte vocal son suficientes para completar la composición sin quitarle protagonismo a las cuerdas. Aunque aún queda hueco en la segunda estrofa para que los violines y las violas establezcan múltiples diálogos en un fantástico trabajo de orquestación a cargo de Gareth Murphy, incluyendo la sorpresa final de un cambio inesperado de acordes al final de la última repetición del estribillo.

El nivel sigue por todo lo alto con "Chains of Love", segundo sencillo: de comienzo más cinematográfico con su arrítimica percusión inicial y sus efectos que se van superponiendo a la vez que desgranan la progresión armónica, es particularmente llamativa la ligera distorsión sonora que introducen en prácticamente todos los instrumentos, y el contraste que crea con la poderosa percusión, grabada con buen criterio a un volumen altísimo. La notable melodía de la primera estrofa introduce un inesperado cambio en el tramo final de la segunda que, aparte de realzar las cualidades interpretativas de Charli, mejora aún la impresión global. Un estribillo envolvente, y con espacio para el lucimiento final tanto de la voz como de la sección de cuerda, remata otro gran momento del álbum. Y el nivel sigue sin decaer con "Out of Myself", cuya letra relata todas las cosas buenas que la persona amada le proporciona a Charli mediante unos originales staccatos de las cuerdas y sintetizadores estruendos para acompañar otra melodía vocal inspirada que incluso encuentra muta para una bonita coda final con notas diferentes. Sin olvidarnos de una programación de batería distorsionada, que no marca el ritmo pero rellena sabiamente huecos. "Open Up", el séptimo corte, es el único interludio que ofrece la banda sonora, noventa segundos sinfónicos y envolventes a partes iguales, en el que los gorgoritos vocales de Aitchison destilan delicadeza. "Seeing Things", el octavo corte, vuelve a ser un (breve) tema completo, que arranca sin tregua con la voz y las cuerdas desde el mismo comienzo, que nos arrulla con sus sedosas estrofas (a pesar de los evidentes filtros vocales), y que tras un puente en el que la intensidad va subiendo, eclosiona en un arrebatador estribillo. A destacar la ausencia de percusión, que curiosamente no se echa en falta pese a no tratarse de una balada, pues la sección de cuerda es la que se encarga de sostener el ritmo; y a destacar también los efectos vocales del final.

El último tercio del álbum arranca con "Altars", actualmente mi tema favorito del mismo: una sencilla y fuertemente editada programación de batería da paso a unas cuerdas en crescendo para envolver la melodía de notas relativamente bajas de las estrofas, que da paso a un estribillo sobrecogedor desde su letra ("I'm at your altar, baby. I once believed, I once believed I was free. I'm at your altar, baby, now I can see. You're gonna end up killing me") hasta su melodía de notas altas para aprovechar el cambio de tonalidad, pasando por unas cuerdas que quizá ofrezcan sus momentos más sobrecogedores de todo el disco en el tramo final del estribillo. Y del que sólo se echa en falta una duración mayor, pues es obvio que el tema podía haber dado mucho más de sí. "Eyes of the World" cuenta con la colaboración de la cantante Sky Ferreira. Y aunque repite su equilibrio entre sección de cuerda, percusiones poderosas y detalles electrónicos, lo que caracteriza a este corte son sus estrofas desasosegantes, que juegan a sonar desafinadas, y que en mi opinión no terminan de casar con un estribillo que sí que está a la altura de los del resto del disco. Con el agravante de que los timbres de ambas cantantes no son tan diferentes, y el resultado a nivel vocal es discreto, tanto que podría dar la impresión de que las múltiples voces que escuchamos fueran simplemente las de Charlie doblándose a sí misma. "My Reminder", el penúltimo corte, recupera la mejor senda de "Wuthering Heights" a pesar de la excesivamente simple programación de su batería, evidente desde su mismo comienzo. Aquí la estructura es distinta a la habitual: se empieza por el estribillo, siguen los efectos vocales, y sólo después nos encontramos unas estrofas más desnudas de lo habitual. Las diferencias también se amplían en la instrumentación, pues aunuqe los efectos sinfónicos nos puedan hacer pensar lo contrario, aquí no hay sección de cuerda. Pero quizá por contar con una duración más razonable, el tema tiene suficientes compases para desarrollarse, y su alineamiento con la sonoridad general del álbum juega a su favor. Y el cierre lo pone "Funny Mouth", ahora sí con la sección de cuerda sosteniendo desde el mismo comienzo el inevitable "lento" con el que cerrar, aunque el concepto de balada no le termina de encajar, pues tanto progresión armónica como arreglos no tienden a lo meloso sino a lo inquietante. Algo que queda plenamente confirmado tras el primer estribillo, cuando entran los primeros "trallazos" de percusión, en un contraste que recuerda a los trabajos de Mirwais para Madonna a principios de los dos mil. En todo caso, una canción tan singular como irreprochable, y muy difícil de interpretar, pues Charli apenas dispone de espacio para que tomar aire en su complicado estribillo... menos mal que aparece al rescate una preciosa coda final.

Tras repetidas escuchas se acrecienta la sensación de que, lo que seguramente iba a ser una entrega de segundo nivel en la carrera de la británica, de repente se ha convertido en una obra clásica, de impacto muy superior al de la película que acompañaba. Es cierto que no todo es perfecto (las dos colaboraciones de postín resultan un tanto fallidas, varias canciones necesitarían una duración mayor, alguna de ellas habría agradecido una parte nueva, podría haber habido alguna canción más de tempo alto...), pero el balance general es tremendamente favorable, más aún incluso si tenemos en cuenta que es su disco menos adherido a una sonoridad concreta que pueda no envejecer demasiado bien en cuanto pasen unos años. Y como es un producto para todos los públicos, no sólo la crítica lo ha recibido con los brazos abiertos; también el público en general, hasta el punto de que hace unas cuantas semanas llegó al número 1 de álbumes en su país, al 8 en Estados Unidos, y al Top 5 incluso en España. Y no es nada habitual que algo así suceda en estos tiempos de artistas estilísticamente prefabricados. Así que toca disfrutarlo al máximo. La pregunta es: ¿cuánto de lo que ha aprendido Charli aquí aplicará en "Music, Fashion, Film", que sin duda será un álbum mucho más convencional dentro de su discografía? Esperemos que mucho; tocará estar atentos.

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