sábado, 31 de octubre de 2026

Holly Humberstone - "Cruel World" (2026)

Hoy aparece por primera vez por este blog la inglesa Holly Humberstone, a propósito de su segundo álbum, "Cruel World". Si bien debo confesarles que se trata de una artista a la que vengo siguiendo desde que en 2020 debutó con su EP "The Walls Are Way Too Thin", ya compuesto y producido a medias junto a su inseparable Rob Milton. Cuando la conocí me llamó la atención la calidez de su sonido y lo pulido de sus interpretaciones vocales, pero me causó cierta reticencia su sonido bastante convencional y la reiteración en una temática melancólica tan efectiva a la hora de generar emociones como previsible. Unos rasgos que quedaban particularmente de manifiesto, para lo bueno y para lo malo, en su álbum de debut, "Paint My Bedroom Black" (2023). Y por lo que se ve no fui el único en apreciar que estos dos aspectos lastraban su potencial como artista, pues en este segundo álbum Humberstone y Milton han dado un giro estilístico muy positivo pero han mantenido lo esencial: unas composiciones pop cercanas y emotivas, y unas interpretaciones irreprochables. Lo que implica que "Cruel World" es un disco mucho más elaborado instrumentalmente que su álbum de debut, con una gran producción, y con textos albergan ahora espacio para otras emociones, como el sentido de la pertenencia y la disciplina, pero al menos igual de relevante desde un punto de vista compositivo. Una impresión de mejor resultado en la que coincido, por cierto, con el grueso de la crítica especializada.

"Cruel World" es un disco de extensión y contenido correctos para estos tiempos de parquedad musical (casi 39 minutos y doce cortes), con una personalidad acusada, suficientes momentos estelares para consolidar la repercusión de la británica en el siempre difícil segundo álbum, una variedad estilística razonable, canciones en las que se atreve con pequeñas licencias instrumentales que las vuelven más interesantes, y un buen gusto interpretativo incuestionable. Seguramente la elección de los sencillos sea cuestionable (sobre todo a la hora de localizar los supuestos temas estrella), en algunos momentos la instrumentación habría agradecido más compases de protagonismo al margen de la voz de Humberstone, y determinadas sonoridades puedan recordar en exceso a los años ochenta y noventa. Pero es un álbum sólido. cohesionado, y apto para escuchar en diferentes estados anímicos, algo que hasta ahora no aplicaba a la corta discografía de la británica.

El arranque es uno de los más originales que he escuchado en mucho tiempo: "So It Starts..." es un corte instrumental de menos de un minuto que simula una orquesta poniendo a punto una luminosa tonada... que resulta ser la progresión armónica principal de "Make It Better". El cual, pese a no haber sido escogido como sencillo, es mi tema favorito del álbum: la dulzura del loop sintetizado con el que arranca aumenta una vez entra la preciosa melodía vocal de las estrofas que interpreta Humberstone, y los sintetizadores que puntualmente va añadiendo Milton rellenan perfectamente el espectro. Pero la sorpresa es que a partir de la segunda estrofa lo que empieza siendo una percusión programada relativamente convencional se va retorcionando hasta evolucionar a una especie de drum&bass de una clase incuestionable, y que no renuncia para ello a unas espectaculares manipulaciones vocales hasta culminar en un crescendo impecable. Casi al mismo nivel raya "To Love Somebody", segundo sencillo y el tema de más éxito en su carrera a nivel comercial hasta ahora: menos electrónica que su predecesora, se trata de un medio tiempo que a pesar de sus programaciones no desdeña el soporte de una guitarra acústica, y en el que Humberstone refuerza inteligentemente su voz con las melodías puntuales de su piano, y Milton le añade unos toques electrónicos que le sientan perfectamente. A la vez que la letra explora las contradicciones inherentes al hecho de amar a alguien, como herirlo o poderlo perder. "Cruel World", tercer sencillo y el tema que da título al disco, arranca con un llamativo duelo entre un teclado programado y una percusión que estará prácticamente presente todo el tiempo, y que vuelve a estar sostenido por unas estrofas de alta sensibilidad y por un precioso estribillo con una originales compases vocales al final para rematarlo. Su producción es menos llamativa, y quizá demasiado ochentera, pero refleja perfectamente la crueldad de las relaciones a distancia.

"Die Happy" comienza con unas voces distorsionadas que no hacen prever el tempo lento, la batería cadenciosa y el bajo slap en primer plano que la vertebran. Primer sencillo, es un pasaje agradable, con una letra que es una pura rendición de amor, y un estribillo tarareable, pero para mi gusto excesivamente cercana aún a esa melosidad un tanto excesiva de la Humberstone anterior a este álbum, por lo que no me parece de lo mejor del disco. En cambio "White Noise", con ese teclado que va y viene y que a mí me recuerda a los que solía programar Vince Clarke para Erasure en la época dorada del dúo a finales de los ochenta, es una canción espectacular. Con un ritmo que lo acerca tímidamente al sonido disco, unas estrofas impecables, un puente que prepara la explosión emocional que supone su maravilloso doble estribillo ("So play a sad song DJ, I just wanna sway tonight"), y sobre el que Milton da una clase práctica sobre cómo hacer que la instrumentación estándar de un tema pop suene contemporánea solamente a base de pequeños detalles en segundo plano (voces con vocoder, efectos puntuales, percusiones adicionales estratégicamente situadas...). La acústica "Lucy" vuelve a dejar claro que Humberstone domina de sobra el pop desenchufado y emotivo con raíces femeninas, pero me sigue pareciendo menos interesante que esas otras canciones en las que ella y Milton, partiendo de composiciones relativamente similares, se atreven a jugar con instrumentos eléctricos y electrónicos para trasladar su sonoridad a otra dimensión. Aparte de una parte nueva que, con sus notas altas, es lo más previsible (y prescindible) de todo el disco. "Red Chevy" supone un saludable acercamiento al pop norteamericano de corte femenino (a mí me recuerda a una especie de cóctel entre Haim y Sheryl Crow). Con una letra que vuelve a ser una excelente exploración de lo que supone dejar el alma al aire en una relación amorosa, en este caso a bordo del Chevrolet rojo de su título y primeros segundos. La sorpresa aquí la pone un inesperado y efectivo saxofón, curiosamente no para lucirse con un solo largo, sino simplemente para completar el tramo final del tema.

"Drunk Dialling", de elocuente título (un intento de recuperar una relación amorosa en un momento de embriaguez) se mueve por terrenos similares al corte anterior, aunque su estribillo es menos introspectivo que el de la mayoría de los cortes t más deudor del indie pop británico festivalero. Aunque sin renunciar a la delicaleza y a la sensibilidad inherentes a la inglesa. Menos electrónica que el grueso del álbum, llaman la atención los arpegios de guitarra que la sostienen y que cobran protagonismo en determinados tramos. La voz y el piano son las dos armas principales de "Peachy", una breve balada que supera en mi opinión, por honestidad y capacidad de evocación a "Die Happy", si bien me gustan más la introspección de sus estrofas que la blandura de su estribillo, apoyado en unos juegos vocales tan meritorios como poco novedosos. "Blue Dream", el penúltimo corte, con sus voces distorsionadas a lo Pearly Drops en el arranque y los acordes mayores de sus largas estrofas, me parece un momento más relevante. Un estribillo largo y atmosférico, con instrumentos que se escuchan pero apenas se distinguen, es su mejor baza, aunque cuando termina queda la impresión de que una parte nueva y algo más de riesgo en la instrumentación le podrían haber conferido mayor pegada. Y el cierre lo pone "Beauty Pageant", un cuarto sencillo de sonoridad cinematográfica (de hecho, sería perfecta para la penúltima escena de cualquier película romántica de Hollywood). Todo un ejercicio de honestidad en su música y en su letra, en el que Humberstone expone sin tapujos todas las presiones a las que se ha sentido sometida desde niña por el hecho de ser mujer. Y que a pesar de su tempo lento y de cierta previsibilidad en su desarrollo, es un eficaz broche al álbum. Con mención especial para la sección de cuerda que enaltece su segunda mitad.

Como puede verse, no estamos (todavía) ante un álbum redondo de principio a fin. Por una parte, porque su segunda mitad es ciertamente inferior a la primera. Y por otra, porque Humberstone aún sigue parcialmente apegada a la personalidad musical de sus primeros años, que la acercan a ser simplemente "una mujer con una voz bonita que interpreta canciones clásicas de pop melancólico", en lugar de "a una mujer que combina con talento emociones y contemporaneidad". Pero el balance de "Cruel World" es claramente favorable, y que traza, además, la senda para construir una carrera fructífera y meritoria a partes iguales. Sólo queda esperar que este paso adelante se consolide en futuras entregas; si lo hace, seguro que volverán a leer sobre ella en este humilde blog.

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