Hoy les traigo por el blog a un viejo conocido del mismo: Illenium, sobrenombre artístico del compositor y productor Nicholas Daniel Miller. De quien he ido reseñando a lo largo de todos estos años cada uno de los álbumes que conforman su discografía. Una discografía, como saben, con sensibilidad a raudales, talento interpretativo y habilidad para rodearse de los más variopintos artistas. Pero que, como ya he comentado en varias de las reseñas de sus álbumes, había entrado en una peligrosa sensación de "repetición de la misma fórmula", como si el future bass que en principio caracteriza su estilo hubiera impedido al artista de Chicago evolucionar su propuesta, de manera que sus sucesivas entregas, aun siendo mayormente recomendables, provocaban una sensación de cierta fatiga. Tal era el caso del por otra parte más que digno "Illenium" (2023), su quinto y anterior disco. Y quizá la razón principal por la que tras ese álbum terminó rompiendo su vínculo con Warner Bros, su discográfica de entonces. Recapitulo sobre todo esto porque es clave a la hora de interpretar y apreciar lo que su nuevo álbum, "Odyssey", supone.
Y es que ya desde el momento en el que se empezaron a publicar sus primeros sencillos y se fueron conociendo detalles sobre el mismo como su duración (nada menos que sesenta y un minutos) daba la impresión de que Miller había entendido esta salida de una major como una forma de liberarse de sus corsés, de volver a disfrutar creando sin estar pendiente del número de copias vendidas, y de reivindicarse como artista total, no vinculado a un único subgénero. Una impresión que he confirmado plenamente tras sucesivas escuchas de este ambicioso disco, posiblemente el mejor de su carrera por su capacidad para aumentar su versatilidad estilística sin renunciar a su personalidad. De hecho, sólo de una obra que enorgullezca especialmente a su creador éste se atreve a extraer esa ingente cantidad de sencillos extraídos (¡ocho!) de los diecinueve cortes y dieciocho temas que lo conforman.
Tras el medio minuto de puesta en situación de "Odyssey", el corte que lo abre, el disco arranca realmente con "Into The Dark", junto con los también creadores y productores Mako y Said the Sky. Un tema que, curiosamente, no anticipa esa expansión estilística a la que aludía, pues se basa en los elementos esperados: su comienzo lento e introspectivo, sus capas de sintetizadores envolventes, y su estructura absolutamente convencional para lo que son habitualmente las canciones de Miller. Impecablemente producido y de una sensibilidad indiscutible, quizá ese continuismo con lo que se le presupone a Miller explique que no fuera escogido como sencillo. "Forever", junto a los cantantes Tom Grennan y Alna, sí fue seleccionada como sencillo (el tercero) y formó parte de mi segunda lista de otras 20 canciones recomendables de 2025, gracias a sus sobrecogedores estrofas y a un estribillo en el que el arpegio de guitarra comparte protagonismo con la melodía vocal. Pero incluso aquí Miller aún sigue casi al dedillo el esquema habitual de casi cualquiera de sus canciones. "With Your Love", el siguiente corte y también quinto sencillo, es el primero en el que se aprecia claramente esa liberación sonora. Interpretada por Ryan Tedder, el conocido cantante de One Republic, es un tema melódico pero menos intimista que sus dos predecesoras. Y aunque sigue vertebrado por sus largas estrofas y estribillos, aquí el por otra parte irresistible intervalo instrumental cambia el habitual ritmo cuaternario y tempo contenido por un ritmo binario y tempo alto, que se mantienen ya de manera más o menos explícita hasta el final, insuflando así oxígeno al álbum antes de que empiece a volverse monótono. Pero es que con la preciosa "Feels Like You" el giro se vuelve absoluto: Miller abandona su future bass en aras un synth-pop que le da en mi humilde opinión cien vueltas al que Max Martin regala periódicamente a artistas como Taylor Swift o Ariana Grande. Excelentemente interpretada por la cantante Elley Duhé, su hipnótico arpegio de bajo, su robótica repetición del sample "it-feels-like-you" y sus lead synthesizers confirman que Miller sabía moverse por estos terrenos, aunque aún no lo hubiera demostrado.
"In My Arms", interpretada vocalmente por la para mí desconocida y para mí en exceso "gritona" Hayla, fue el sencillo en anticipar el álbum. Y aunque por supuesto su profundidad melódica está presente, y su sonoridad trabajada al máximo, quizá ese histronismo vocal, o quizá esa sensación de territorio ya explorado, provocan que no me parezca uno de los momentos destacables del álbum. En cambio "Don't Want Your Love", compuesta nada menos que por Miller, Charli XCX y Ellie Goulding, que es quien la interpreta, me parece de lo mejor que ha grabado Illenium en toda su carrera. Y que eso que nuevamente el future bass queda en un segundo plano, y musicalmente el resultado es literalmente un tercio Goulding, un tercio Charli y un tercio Miller, de lo bien que equilibra sus tres personalidades. Aparte de unos juegos vocales, con capas de voces superpuestas, deconstruidas y reestructuradas, realmente fascinantes, y de unos intervalos instrumentales de tempo alto en los que Illenium abraza sin complejos el techno-pop de los últimos quince años. Normal que se haya escogido recientemente como octavo sencillo, con la clara intención de insuflarle nueva vida al álbum. En "Slave To The Rhythm" Miller repite con unos viejos colaboradores suyos, los rockeros Bring Me The Horizon. Pero aunque ya en discos anteriores el de Chicago había arrimado su propuesta al rock duro, nunca lo había hecho como aquí, con unas dosis de distorsión histrónica en sus aceleradas estrofas dignas de los mejores The Prodigy, sin por ello olvidarse de un estribillo de rock clásico para que Oli Sykes, el vocalista, se luzca, pero rodeado de unos tramos instrumentales desquiciantes como nunca antes, que vuelven a evidenciar el empeño de Miller por evolucionar su propuesta en este álbum. "War", sexto sencillo extraído, profundiza en esa vertiente de rock alternativo del disco, pues el artista estadounidense Lo Spirit participa en la composición y la interpreta con una interesante mezcla de rabia y gritos. La instrumentación es menos arriesgada que la del corte anterior, y opta por un estilo que a mí me recuerda a muchos momentos de la también estadounidense Poppy, pero aun así los pasajes cortantes y los chirridos ponen el contrapunto a una melodía de notas largas y a una curiosa sección de cuerda sintetizada.
El décimo corte, "I'll Come Running", comienza, ahora sí, como un tema clásico de Illenium: una sentida interpretación vocal en la que interviene el dúo de música electrónica Zeds Dead. Y de nuevo aquí Miller sí regresa a su faceta más reconocible y mantiene la cadencia lenta, los crescendos sintetizados superpuestos a los samples vocales... hasta que en la segunda estrofa nos sorprende con un ritmo programado y sincopado que, a pesar de su tempo comparativamente más bajo, no queda lejos de los utilizados en el drum & bass... Un ritmo al que le siguen más efectos ruidistas que mantienen la canción en los parámetros habituales de Illenium, pero con los suficientes toques de singularidad. Un buen tema, aunque inferior al que nos ofrece a continuación: "Take Me Back" empieza como una balada con voz y piano, pero en seguida entran un excelente arpegio de guitarra y la programación electrónica de la batería arropando la composición. El primer tramo del estribillo se desdobla en un segundo traamo francamente conmovedor, de notas altas, gracias a la fantástica interpretación del cantante australiano Dean Lewis. Además, la segunda estrofa sorprende por su melodía radicalmente diferente a la de la primera. Y el tramo final por la naturalidad con la que la canción vuelve a quedar más desnuda. Le sigue el que, pese a no haber sido elegido como sencillo, es mi tema favorito del álbum: en "Love Is A Chemical" Miller colabora en ella con el dúo de productores noruego Stargate y con la cantante Lauren Alaina y nos entrega una joya que arranca con un precioso piano para que enseguida entre la voz y, casi sin darnos cuenta, toda la parafernalia de electrónica típicamente nórdica, de adictivo ritmo binario y tempo alto, en un maridaje espectacular con una melodía casi de country y con los efectos vocales reverberados y los mejores crescendos de Miller, consiguiendo que su synth-pop hedonista nos traslade a otra dimensión. Le sigue "Feel Alive", que fue el séptimo sencillo hace unos meses, y que riza el rizo de las colaboraciones, pues Miller se alía con el trío de compositores británico TMS, con el DJ canadiense Dabin, y recluta a Dan Smith, el cantante de Bastille, para ejercer los honores vocales. Resultando un medio tiempo que casi recuerda más a Marshmello que a Illenium, exceptuando los inconfundibles tramos instrumentales de ritmo cuaternario y ondas sonoras que suben y bajan. Desde mi punto de vista, una duración un poco escasa y una melodía más apta para el lucimiento que para la emoción le restan algún que otro punto al resultado. El siguiente corte, "Monster", con la cantante noruega EMMY al frente, es seguramente la primera balada que graba Miller en su carrera. No porque no haya registrado ya más de una decena de canciones de similar melancolía y tristeza, sino porque por vez primera se atreve a no sacar toda su artillería, "limitándose" al piano, a una excelente sección de cuerda y a puntuales bombos que nos recuerdan que sigue a los mandos, y dejando que la melodía vocal sea la que nos emocione.
"Refuge", colaboración con el DJ californiano MashBit y la fantástica interpretación vocal de Norma Jean Martine, fue el segundo sencillo extraído a medias con el tema que cierra "Oddysey", y toda una declaración de intenciones de Miller, que por primera vez en su sencillo transformaba su propuesta musical en una especie de eurodance con matices de house progresivo, que en todo momento mantiene su tempo alto como soporte, incluyendo unos pasajes instrumentales en los que el protagonismo lo comparten un par de sintetizadores de melodía frenética. "Not Ordinary", con la colaboración del estadounidense Kid Cudi, vuelve a sorprendernos porque se trata del tema más claramente drum & bass que ha grabado Miller jamás, pero curiosamente contrarrestrado con una guitarra de indie-rock y unos pasajes instrumentales presididos por unos sintetizadores que podrían haber firmado los mismísimos Orbital. El hecho de que en este caso Illenium prefiera pegada a emoción también ayuda a un mayor cambio de registro, y su irreprochable factura evita cualquier asomo de tedio a estas alturas del álbum. Pero aún hay hueco para más temas inesperados; es el caso de "Paris", el decimoséptimo corte, y el primer tema completo exclusivamente instrumental que Miller incluye en la edición estándar de uno sus álbumes. Voces femeninas, crescendos que van entrando poco a poco sobre una progresión armónica que se repite de principio a fin... no necesita de percusión para captar nuestra atención, pero ésta va entrando de manera gradual hasta firmar un minuto final que es puro future bass en su vertiente más inspirada. En el penúltimo corte encontramos el cuarto sencillo del álbum, "To The Moon", con la participación del DJ brasileño Alok, el productor Toby Scott y la interpretación vocal de la británica Hannah Wilson. El tema más largo del disco es también el de ambientación musical más claramente espacial, aunque poco a poco sus creadores la van reconvirtiendo en un trallazo de euro-dance que perfectamente podría haber formado parte del último álbum de Agnes, "Beautiful Madness", que reseñé hace unas semanas. El tema dispone de minutaje para desarrollarse, y en ello radica buena parte de su éxito. Aunque quizá lo que más llame la atención sean las variaciones introducidas en su progresión armónica, algo muy poco habitual en la música mayormente creada con tecnología. Y el cierre lo pone, como decía antes, el tema que compartió protagonismo como segundo sencillo con "Refuge": "Ur Alive", una estupenda manera de rematar el álbum. Cargada de sentimentalismo, es una composición original de la estadounidense Wylde, que también se encarga de cantarla, dejando para Illenium y para el también estadounidense Gazzo las labores de producción. Algo especialmente relevante en este tema, no ya por lo equilibrado de su melodic bass sino por la ingente cantidad de efectos que introducen en las voces sin por ello dejar de lado la descarga de adrenalina de su tempo alto y de sus sintetizadores ondulantes. Incluso el mensaje final es perfecto como cierre del álbum: "Look around, don't forget you're alive!".
Y así, por todo lo alto, termina este verdadero tour de force musical, con varias decenas de colaboradores arropando a Miller en su creación más ambiciosa y convincente. Porque todas las canciones cuentan con una progresión armónica y una melodía principal como mínimo correcta, porque todas ellas se instrumentan con una preponderancia electrónica que las cohesiona (sin olvidarse de los pianos y las guitarras eléctricas), y porque gracias a su versatilidad estilística dentro de su propuesta general resulta tremendamente amena, a pesar de su inusual número de cortes para estos tiempos. Por ponerle algún pero, quizá alguna canción podía haber dado algo más de sí en cuanto a minutaje, y quizá la elección de sus ocho (en realidad, nueve) sencillos es relativamente "conservadora" para lo que "Odyssey" encierra, como si Miller no se hubiera atrevido a reivindicar del todo esa expansión sonora que acomete en él. Será difícil que repita un esfuerzo así en el futuro, pero si por lo menos consigue consolidar este punto de inflexión en su carrera, lo que parecía una trayectoria que se iba apagando poco a poco por su previsibilidad se habrá convertido en uno de los ejercicios más estimulantes de eléctronica con sentimiento del presente siglo, apto tanto para los grandes estadios como para las pistas de baile. Y eso, indudablemente, es un gran logro.
