A finales del pasado mes de abril ha visto la luz el quinto álbum del DJ y productor estadounidense Illenium, del mismo título que su creador. Nicholas D. Miller parece haber querido de esta forma reivindicar la esencia de su propuesta musical. Que, siendo sinceros, en lo esencial ha venido siendo la misma desde que debutó en formato álbum allá por 2016 con "Ashes". Y esa persistencia en una determinada línea creativa es a la vez su mayor virtud y su mayor defecto. Algo que aplica a todos los álbumes suyos que he reseñado hasta ahora en este humilde blog, y también, por lo tanto, a su última entrega. Esa reiteración en su propuesta de "future bass" ha jugado en su contra durante estos años, pues canciones que individualmente resultaban irreprochables por composición, instrumentación y sensibilidad, acababan fatigando cuando eran secuenciadas unas tras otras en un mismo disco. De hecho, ya en la versión Deluxe de "Fallen Embers" (2021) Miller pareció reaccionar de manera consciente frente a esta reiteración, añadiendo temas vocales con otra estructura, o instrumentales, que daban oxígeno al conjunto. Y afortunadamente en este "Illenium" ha intentado algo similar, si bien dentro de su habitual fórmula clara y reconocible.
En este caso ese intento por oxigenar su quinto álbum ha venido esencialmente de la mano del rock. Un estilo, o más bien un conjunto de estilos, que el americano siempre ha sabido maridar con su "future bass" de cabecera, y que en esta oportunidad ha podido llevar un paso más allá gracias a una serie de colaboradores que se inscriben claramente en las múltiples vertientes del rock. Consiguiendo así camuflar o reflotar un conjunto de composiciones que en su mayoría no pasan de simplemente correctas, probablemente el más discreto de su carrera, y que se deja escuchar en buena medida gracias a su incuestionable oficio con guitarras y programaciones. Lo que no significa, debo aclarar, que estemos ante un mal álbum: su inteligencia creativa, la calidad de sus producciones, su instinto a la hora de colaborar con infinidad de artistas, su gusto por los temas melancólicos e introspectivos, y un par de trallazos dignos de sus mejores álbumes, justifican su reseña por aquí.
El álbum ya se abre con una declaración de intenciones en ese sentido. Porque "Starfall" no es uno de sus temas canónicos: es una canción interpretada en solitario, sin colaboradores, en las que se con las (distorsionadas) partes vocales, y aunque su progresión armónica inicial, arropada por esas cuerdas sintetizadas, es tan melancólica como cabría esperar, su inicial arreglo en forma de balada deja paso, tras un breve tramo "marca de la casa", hacia un vertiginoso tema de electrónica distorsionada, orientada hacia la pista de baile, y que puede recordar a coetános suyos como The Crystal Method. "All that really matters", segundo corte y segundo sencillo que anticipó el álbum hace ya un año, es también uno de sus mejores momentos. En colaboración con el versátil Teddy Swims, es otra más de esas canciones que han hecho de Miller uno de los mejores creadores de los últimos años. Sincera, honesta, bien instrumentada, con una sección de cuerda en su tercio final que aumenta la intensidad... previsible, sí, pero irreprochable. "Worst day", tercer corte y cuarto sencillo, con la participación vocal de su paisano MAX, sí suena más a oficio que a inspiración, y ello a pesar de detalles como ese ritmo binario bien marcado de la segunda estrofa que avisa de lo que van a traer los siguientes temas. "From the ashes", tercer sencillo, con la ecléctica Skylar Grey en la composición y las partes vocales, vuelve a sonar al Illenium de siempre, con sus efectivas guitarras eléctricas en estrofas y estribillos, esos tramos sin percusión, y esos contundentes y a la vez un tanto enrevesados intervalos instrumentales.
"Lifeline", colaboración con el cantante jdxn, ya sí que permite observar sin género de dudas ese maridaje entre "future-bass" y rock: guitarras contundentes, distorsión, tempo alto en algunas fases como en la repetición final del estribillo; incluso la forma de cantar de Hosler es algo más que el pop intimista habitual en Illenium, y sin ser una gran canción, introduce algo de variedad en el conjunto. Aunque para mí la gran canción, y a la vez el giro estilístico que insufla el aire necesario a esta colección de canciones, es "Eyes Wide Shut": junto a la muy venida a menos Avril Lavigne y el baterista de Blink-182 Travis Barker, Illenium crea el mejor tema de post-punk de 2023: corto, directo, rápido, enérgico, con una preciosa melodía vocal bien interpretada, las paradas suficientes, una batería que encaja con los aquí discretos trucos como DJ de Miller, sin duda una de las grandes canciones de este año. Lo inexplicable es que no haya sido escogida como sencillo. Le sigue "Shivering", que el fue el primer sencillo en anticipar el álbum hace ya quince meses. El rock, de la mano ahora de los canadienses Spiritbox, es ahora puro heavy metal a lo Evanescence, pero el conjunto sigue sonando a Illenium gracias a esos sampling vocales, esos crescendos, esos bombos sobredimensionados, y esas partes instrumentales de tempo lento. Más interesante que brillante, en sus cinco minutos hay espacio tanto para delirios chirriantes de electrónica como para lentos arpegios guitarreros. El siguiente tema, "You Were Right", con los para mí desconocidos Wooli & Grabbitz, vuelve a la senda del Illenium más convencional, una canción correcta y aprovechable pero que no aporta nada nuevo.
"Insanity" fue elegido nada menos que como sexto sencillo semanas antes de la publicación del álbum. Una suerte de rock acústico con una interpretación vocal (y una terrible pronunciación, por cierto) a cargo de los para mí desconocidos American Teeth, mejor en su letra que en una música tan bien facturada como insulsa, salvo por la previsible contundencia de su estribillo. Con el décimo corte, "Drwn", Illenium intenta cambiar el tercio: se olvida de colaboradores, y entrega un tema esencialmente instrumental, de cinematografía por momentos apoteósica, repleto de sonidos reproducidos al revés y de tempo particularmente bajo, que sin ser un gran momento cumple su función. "Other side", undécimo corte, en colaboración con el para mí desconocido productor Said The Sky y la cantante Vera Blue, retoma la senda habitual del estadounidense, es decir, otro tema de "future bass" intimista y melancólico que a estas alturas resulta tan correcto como predecible. Después, "I Want You 2 (Stay)" nos devuelve a Illenium en solitario, pero esta vez con un tema a menudo más rápido e indudablemente más interesante que su anterior aventura en solitario, de caja de ritmos distorsionada y bien marcada, y todos los juegos vocales y de samplings que a veces parece que le cuesta mostrar en sus colaboraciones.
El último tramo de este largo álbum lo abre "With All My Heart", séptimo sencillo, en colaboración con el joven cantautor estadounidense JVKE. A pesar de lo cual el tema suena a Illenium de siempre. Sin ser nada del otro jueves, quizá lo más llamativo sea el ritmo original de sus intervalos pseudo-instrumentales, en los que Miller juega a repetir la frase del estribillo con una batería poco habitual. "Back To You", junto a la banda de pop-punk All Time Low, devuelve esas reminiscencias rockeras a las que he aludido ya en varias ocasiones, en especial en la rabiosa interpretación vocal de Alex Gaskarth. Pero eso no es suficiente para pasar a lo más selecto de la discografía de Illenium. Y justo cuando el disco parece que camina hacia un anodino final, la cosa repunta con "Nothing Ever After", el penúltimo corte. Aquí la colaboración con la banda de metalcore Motionless in White sí funciona: el tema es de una contundencia rockera tremenda, con guitarras distorsionadas y voces desabridas que sin embargo casan a la perfección con las programaciones, los crescendos y los efectos de Illenium, como si los mejores Linkin Park hubieran revivido. Y el broche lo pone otro buen momento, "Luv Me A Little". En su momento fue el quinto sencillo, y la voz y la dulzura de la escocesa de Nina Nesbitt entrega tal vez las mejores estrofas de todo el álbum. El estribillo en acordes mayores resulta un poco más previsible, pero sirve para rematar el álbum con un momento ascendente que mejora la impresión final.
Porque está claro que no estamos ante el mejor álbum del estadounidense. Dieciséis temas son demasiados para casi cualquier artista, por muchas colaboraciones que lo justifiquen. Y aquí queda patente una vez más. Con los ocho que yo he destacado, que en el fondo son un montón para cualquier álbum de canciones nuevas, y un par de adiciones bien meditadas habría quedado un disco más ligero y disfrutable. Pero aquí hay exceso de minutaje, un hecho agravado por unos sencillos en su mayoría mal escogidos. En otro orden de cosas, aparte de una mayor contención creativa y un mejor olfato para distinguir las grandes creaciones, Illenium también debería plantearse darle un giro más amplio a su propuesta. Los devaneos rockeros han salvado este disco, pero ventas, crítica y público comienzan a acusar esa evidente reiteración en su fórmula. Sabemos que el estadounidense anda sobrado de talento, por eso aún podemos esperar que en su próxima entrega corrija estos defectos y entregue un disco redondo al cien por cien. Veremos si es así.
Nada menos que dieciséis canciones
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
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domingo, 20 de agosto de 2023
sábado, 11 de septiembre de 2021
Illenium - "Fallen embers" (2021)
Cada vez que Illenium, o sea Richard D. Miller, publica un nuevo álbum, la tarea de reseñarlo se me hace un poco más difícil. Y no es porque sus entregas vayan decayendo en calidad, afortunadamente. Pero por más colaboradores con los que trabaje, por más sencillos que vaya publicando, la impresión de explotar hasta la saciedad la misma fórmula en cada tema es muy complicada de combatir. Con lo que la capacidad de sorprender prácticamente desaparece, y la evolución entre los discos que ya he reseñado en este mismo blog y el que hoy nos ocupa, inexistente. De hecho, Miller ni siquiera se atreve a dejar espacio para uno de esos interludios monocordes, ruidistas y de tempo más alto con los que habitualmente oxigena al público en sus conciertos. Aquí absolutamente todas las canciones repiten estructura, con tempos muy similares y con el afán de provocarnos emociones siempre introspectivas (melancolía, fracaso, decepción, tristeza), muy loables y complejas de conseguir en el panorama musical actual, pero que cuando se insiste en ellas machaconamente a lo largo de catorce canciones acaba cansando.
Porque no es creatividad lo que le falta a "Fallen embers", ni variedad en las catorce interpretaciones vocales (mayoritariamente femeninas, aunque también las encontraremos masculinas, más rasgadas, más popperas, incluso más cercanas al hip-hop a veces). Ni buenos arpegios de guitarra, o la certera explotación de los recursos del famoso Ableton para otorgar a los temas un sonido pulcro y contemporáneo. Lo que faltan son ganas de arriesgar, de buscar otros registros, de alternar emociones. Miller no se sale lo más mínimo del guión establecido, seguramente confiando en que la variedad de colaboradores acabarán otorgando una variedad al conjunto de la que en realidad carece. Y quedándose en un peligroso plagio de sí mismo cuando la inspiración compositiva no termina de llegar.
En parte es el caso de "Blame myself", el tema que abre el álbum: que no es que sea un mal comienzo, pero que tira en exceso de la fórmula ya conocida, por lo que le sobra algo de impostura y le faltan dosis de personalidad. Al igual que le sucede a "Heavenly side", otra canción sacada a flote gracias a la solvencia de Miller para componer e instrumentar sus canciones, porque aparte de una melodía un tanto obvia lo único que llama la atención es el tramo de la primera estrofa en el que se atreve a doblar el bombo. A pesar de lo cual recientemente ha visto la luz como sexto sencillo. Sin embargo el viento sigue soplando a favor de su propuesta en cuanto Illenium acierta con la progresión armónica y la melodía, y eso sucede con un buen puñado de temas encadenados a partir de "Fragments", el tercer corte. Que altera ligeramente la estructura, situando el estribillo casi al comienzo, y que con la bonita voz de Natalie Taylor y el punteo rockero de la guitarra llama nuestra atención en las estrofas. Además, el hecho de que se atreva a un ritmo binario en la tercera repetición del estribillo le da un puntito de personalidad muy saludable. Aunque prefiero "Sideways", quinto sencillo extraído hace unos meses. El arpegio de la guitarra de Miller es evocador, y crea un buen contrapunto con la voz de Valerie Broussard. Si bien lo mejor sin duda es ese largo y elaborado estribillo que conduce al esperado intervalo instrumental de future bass, de los más certeros del disco. Aunque mi tema preferido actualmente del disco es "First time", con la voz entre desgarrada y pasota de Iann Dior. Y que me recuerda a una especie de Green Day melancólicos del año 2021: pop-rock sobre una melodía intachable, precisas guitarras en estrofas y estribillo, y una duración contenida que deja con ganas de más.
El festival de grandes momentos sigue con "U & me", más de lo mismo pero con una notable inspiración compositiva: melancolía a raudales en otra brillante melodía, una instrumentación algo más espartana salvo en las repeticiones finales del estribillo, y un juego de voces sampleadas y distorsionadas para complementar las repeticiones finales del estribillo que aportan la tan necesaria dosis de personalidad al conjunto. No se queda atrás "Nightlife", el sencillo que anticipó el álbum hace casi un año. Estrofas melancólicas con la preciosa voz de Annika Wells en primer plano y apenas un teclado juguetón y unas cuerdas sintetizadas de acompañamiento, unos arreglos muy elaborados con puente y estribillo, y la guitarra de Miller reproducida al revés para conseguir unos intervalos instrumentales tan predecibles como eficaces. El nivel se mantiene gracias a "Hearts on fire", que fue el tercer sencillo hace unos meses y que constituye, por otra parte, mi segundo momento favorito del álbum: el arpegio en acordes menores de la guitarra acústica al comienzo allana el camino para la voz de Dabin, pero no hace prever la parafernalia que nos espera conforme avanza el minutaje. Una vez pasa el largo y elaborado estribillo, aún mayoritariamente acústico, el intervalo instrumental está adornado con una original guitarra en sus dos compases finales. Además, la programación de la batería en la segunda estrofa es una exhibición de ideas y efectos, y el tramo final prescinde incluso de bombo y caja en algunos compases para aumentar la apoteosis.
"Lay it down" repite por supuesto estructura y propuesta, pero baja un poco el nivel respecto a las interiores, al ser más convencional melódicamente, menos rítmica y de instrumentación menos compleja (salvo los dos sintetizadores discordantes de su intervalo instrumental, remachados por los coros de Krewella de fondo). Le sigue "Losing patience", el primer tema con una voz masculina (nothing,nowhere) en muchos cortes. Bordeando el hip-hop en sus estrofas, el habitual arpegio de guitarra en acordes menores de Miller asegura que el tema llegue a buen puerto, aunque a estas alturas todo lo que no sea una estupenda composición comienza a causar fatiga, y aquí en realidad lo único que tal vez acabemos recordando es su contundente tramo instrumental. "In my mind" vuelve a la introspección con una voz femenina, pero la arropa de una instrumentación algo más sintética y vanguardista, con teclados en trémolo incluso en las estrofas, un intervalo instrumental interesante aunque excesivamente lento y un no esperado segundo tramo instrumental más chirriante y contundente, tratándose por tanto de la canción más larga del disco, y mejorando gracias a ello el resultado respecto a las dos anteriores. "Paper thin" fue el segundo sencillo a finales del año pasado, pero aquí se halla un tanto oculto cerca del final del álbum: rock de toda la vida de la costa Oeste, disfrazado de electrónica festivalera, correcto pero que no emociona a pesar de su singular tramo instrumental y de que se anima por fin a un ritmo binario convencional en su tramo final, y ante tanta repetición de los mismos parámetros puede incluso animarnos a pulsar el forward.
Si lo hacemos, tal vez pasemos por alto "Crazy times", que es lo más parecido a una balada del álbum. En realidad es la misma fórmula una vez más, pero la instrumentación más clásica incluso durante el propio estribillo, la letra devastadora en la que muchos de nosotros nos podamos reconocer en algún momento, y que el esperado intervalo instrumental que caracteriza al future bass no aparece hasta el tercer minuto, nos lo pueden sugerir. Y el álbum lo cierra "Brave soul", que durante toda su primera estrofa y estribillo no parece una creación de Illenium (sólo la voz de Emma Grace y un piano para llevar los acordes), pero que poco a poco a partir de la segunda estrofa va añadiendo detalles hasta que, cuando quedan ya menos de dos minutos reconoceremos al californiano, que por fin introduce bombo, caja, teclados envolventes... y un original redoble de tambor que probablemente confiere al tema la originalidad que necesita antes de la apoteósis típica del final.
Como suele suceder en los discos del estadounidense, casi todos los temas funcionan bien individualmente, por lo que si usamos "Fallen embers" para enriquecer nuestra playlist aleatoria de 100 o 200 canciones, la impresión que tendremos es que en realidad se trata de un gran disco. Y probablemente alguno de ellos acabe formando parte de mi lista de mejores temas de 2021, pues no es nada fácil encontrar a alguien capaz de componer tantos temas evocadores, de instrumentarlos con un sabio equilibrio entre guitarras y tecnología, y de rematarlos con voces solventes. Pero no nos engañemos: será complicados distinguirlos de los de cualquier otro álbum de su discografía cuando los interprete en vivo dentro de un par de años. Y es una pena, porque bien asesorado, Miller podría haber dejado los ocho o nueve mejores momentos de "Fallen embers" y haberlos complementado con tres o cuatro cortes instrumentales, experimentales, incluso habría bastado algún interludio... Porque tiene talento para ello. Pero si ha dado con la fórmula y le funciona, ¿para qué cambiar?
Porque no es creatividad lo que le falta a "Fallen embers", ni variedad en las catorce interpretaciones vocales (mayoritariamente femeninas, aunque también las encontraremos masculinas, más rasgadas, más popperas, incluso más cercanas al hip-hop a veces). Ni buenos arpegios de guitarra, o la certera explotación de los recursos del famoso Ableton para otorgar a los temas un sonido pulcro y contemporáneo. Lo que faltan son ganas de arriesgar, de buscar otros registros, de alternar emociones. Miller no se sale lo más mínimo del guión establecido, seguramente confiando en que la variedad de colaboradores acabarán otorgando una variedad al conjunto de la que en realidad carece. Y quedándose en un peligroso plagio de sí mismo cuando la inspiración compositiva no termina de llegar.
En parte es el caso de "Blame myself", el tema que abre el álbum: que no es que sea un mal comienzo, pero que tira en exceso de la fórmula ya conocida, por lo que le sobra algo de impostura y le faltan dosis de personalidad. Al igual que le sucede a "Heavenly side", otra canción sacada a flote gracias a la solvencia de Miller para componer e instrumentar sus canciones, porque aparte de una melodía un tanto obvia lo único que llama la atención es el tramo de la primera estrofa en el que se atreve a doblar el bombo. A pesar de lo cual recientemente ha visto la luz como sexto sencillo. Sin embargo el viento sigue soplando a favor de su propuesta en cuanto Illenium acierta con la progresión armónica y la melodía, y eso sucede con un buen puñado de temas encadenados a partir de "Fragments", el tercer corte. Que altera ligeramente la estructura, situando el estribillo casi al comienzo, y que con la bonita voz de Natalie Taylor y el punteo rockero de la guitarra llama nuestra atención en las estrofas. Además, el hecho de que se atreva a un ritmo binario en la tercera repetición del estribillo le da un puntito de personalidad muy saludable. Aunque prefiero "Sideways", quinto sencillo extraído hace unos meses. El arpegio de la guitarra de Miller es evocador, y crea un buen contrapunto con la voz de Valerie Broussard. Si bien lo mejor sin duda es ese largo y elaborado estribillo que conduce al esperado intervalo instrumental de future bass, de los más certeros del disco. Aunque mi tema preferido actualmente del disco es "First time", con la voz entre desgarrada y pasota de Iann Dior. Y que me recuerda a una especie de Green Day melancólicos del año 2021: pop-rock sobre una melodía intachable, precisas guitarras en estrofas y estribillo, y una duración contenida que deja con ganas de más.
El festival de grandes momentos sigue con "U & me", más de lo mismo pero con una notable inspiración compositiva: melancolía a raudales en otra brillante melodía, una instrumentación algo más espartana salvo en las repeticiones finales del estribillo, y un juego de voces sampleadas y distorsionadas para complementar las repeticiones finales del estribillo que aportan la tan necesaria dosis de personalidad al conjunto. No se queda atrás "Nightlife", el sencillo que anticipó el álbum hace casi un año. Estrofas melancólicas con la preciosa voz de Annika Wells en primer plano y apenas un teclado juguetón y unas cuerdas sintetizadas de acompañamiento, unos arreglos muy elaborados con puente y estribillo, y la guitarra de Miller reproducida al revés para conseguir unos intervalos instrumentales tan predecibles como eficaces. El nivel se mantiene gracias a "Hearts on fire", que fue el tercer sencillo hace unos meses y que constituye, por otra parte, mi segundo momento favorito del álbum: el arpegio en acordes menores de la guitarra acústica al comienzo allana el camino para la voz de Dabin, pero no hace prever la parafernalia que nos espera conforme avanza el minutaje. Una vez pasa el largo y elaborado estribillo, aún mayoritariamente acústico, el intervalo instrumental está adornado con una original guitarra en sus dos compases finales. Además, la programación de la batería en la segunda estrofa es una exhibición de ideas y efectos, y el tramo final prescinde incluso de bombo y caja en algunos compases para aumentar la apoteosis.
"Lay it down" repite por supuesto estructura y propuesta, pero baja un poco el nivel respecto a las interiores, al ser más convencional melódicamente, menos rítmica y de instrumentación menos compleja (salvo los dos sintetizadores discordantes de su intervalo instrumental, remachados por los coros de Krewella de fondo). Le sigue "Losing patience", el primer tema con una voz masculina (nothing,nowhere) en muchos cortes. Bordeando el hip-hop en sus estrofas, el habitual arpegio de guitarra en acordes menores de Miller asegura que el tema llegue a buen puerto, aunque a estas alturas todo lo que no sea una estupenda composición comienza a causar fatiga, y aquí en realidad lo único que tal vez acabemos recordando es su contundente tramo instrumental. "In my mind" vuelve a la introspección con una voz femenina, pero la arropa de una instrumentación algo más sintética y vanguardista, con teclados en trémolo incluso en las estrofas, un intervalo instrumental interesante aunque excesivamente lento y un no esperado segundo tramo instrumental más chirriante y contundente, tratándose por tanto de la canción más larga del disco, y mejorando gracias a ello el resultado respecto a las dos anteriores. "Paper thin" fue el segundo sencillo a finales del año pasado, pero aquí se halla un tanto oculto cerca del final del álbum: rock de toda la vida de la costa Oeste, disfrazado de electrónica festivalera, correcto pero que no emociona a pesar de su singular tramo instrumental y de que se anima por fin a un ritmo binario convencional en su tramo final, y ante tanta repetición de los mismos parámetros puede incluso animarnos a pulsar el forward.
Si lo hacemos, tal vez pasemos por alto "Crazy times", que es lo más parecido a una balada del álbum. En realidad es la misma fórmula una vez más, pero la instrumentación más clásica incluso durante el propio estribillo, la letra devastadora en la que muchos de nosotros nos podamos reconocer en algún momento, y que el esperado intervalo instrumental que caracteriza al future bass no aparece hasta el tercer minuto, nos lo pueden sugerir. Y el álbum lo cierra "Brave soul", que durante toda su primera estrofa y estribillo no parece una creación de Illenium (sólo la voz de Emma Grace y un piano para llevar los acordes), pero que poco a poco a partir de la segunda estrofa va añadiendo detalles hasta que, cuando quedan ya menos de dos minutos reconoceremos al californiano, que por fin introduce bombo, caja, teclados envolventes... y un original redoble de tambor que probablemente confiere al tema la originalidad que necesita antes de la apoteósis típica del final.
Como suele suceder en los discos del estadounidense, casi todos los temas funcionan bien individualmente, por lo que si usamos "Fallen embers" para enriquecer nuestra playlist aleatoria de 100 o 200 canciones, la impresión que tendremos es que en realidad se trata de un gran disco. Y probablemente alguno de ellos acabe formando parte de mi lista de mejores temas de 2021, pues no es nada fácil encontrar a alguien capaz de componer tantos temas evocadores, de instrumentarlos con un sabio equilibrio entre guitarras y tecnología, y de rematarlos con voces solventes. Pero no nos engañemos: será complicados distinguirlos de los de cualquier otro álbum de su discografía cuando los interprete en vivo dentro de un par de años. Y es una pena, porque bien asesorado, Miller podría haber dejado los ocho o nueve mejores momentos de "Fallen embers" y haberlos complementado con tres o cuatro cortes instrumentales, experimentales, incluso habría bastado algún interludio... Porque tiene talento para ello. Pero si ha dado con la fórmula y le funciona, ¿para qué cambiar?
viernes, 4 de octubre de 2019
Illenium: "Ascend" (2019)
El pasado mes de agosto ha visto la luz "Ascend", el tercer álbum de Nicholas D. Miller, o lo que es lo mismo, Illenium. El DJ estadounidense sigue siendo uno de los mayores exponentes del future bass, ese estilo de música electrónica de ondas sonoras envolventes y tempo más lento de lo habitual en las pistas de baile. Y lo es con todas sus consecuencias. Quiero decir que en este "Ascend" no sólo se reafirma en su estilo creativo sino que, a pesar de la enorme lista de colaboradores que han participado en él, prácticamente todas las canciones adolecen del mismo defecto: se parecen demasiado entre sí. Lo que significa que todas tienen una estructura muy similar: una progresión armónica cálida, llevada casi siempre por un arpegio de guitarra, una primera estrofa elaborada que desemboca en un estribillo que va creciendo hasta llegar al tramo instrumental con los sintetizadores envolventes y el bombo pausado, otra segunda estrofa y segundo estribillo un poco menos desnudos que los primeros, otro intervalo instrumental potente pero con mínimos cambios respecto al primero, y un trocito final de lo más logrado del tema hasta situarlo sobre los cuatro minutos. Voces masculinas o femeninas aparte, prácticamente todos los temas siguen este patrón.
Lo cual por sí mismo no es malo, y de hecho si escucháramos cada una de las canciones de manera independiente, tendríamos pocos peros que ponerles a cualquiera de ellas: más elaboradas compositivamente que la gran mayoría de temas actuales, con una instrumentación que equilibra bien guitarra y tecnologías, la mayoría de ellas muy bien cantadas y con letras que no se suelen quedar en los tópicos. El problema surge cuando las catorce se sitúan seguidas. Y es que un buen álbum no debe ser una mera recopilación de canciones, sino que ha de dejar espacio para jugar con la estructura de algunas canciones, para innovar en otras, para dar un pequeño giro estilístico que oxigene el conjunto, para ir variando el tempo en algún momento... Prácticamente nada de eso hay en "Ascend", a pesar de la docena de colaboradores diferentes. Lo que evidencia la fortísima personalidad creativa de Miller. Por lo que en realidad a la hora de reseñar cada tema (excepción hecha de los dos breves interludios), todo se reduce a pequeños matices, casi a mis gustos personales. Pero aun así, voy a intentarlo.
"Hold on", segundo corte y primer tema completo, no es uno de mis favoritos: empieza con la estrofa sin preludio instrumental, con la voz de la para mí desconocida Georgia Ku, su melodía no termina de sonar sincera, y las ondas sonoras de los intervalos instrumentales las tiene Miller ya más que trilladas. "Good things fall apart", el cuarto sencillo extraído, con la interpretación vocal del rapero y cantante Jon Bellion, parece que puede ser algo diferente al escuchar guitarra acústica al comienzo. Pero en el puente al estribillo ya se nota el auto-tune, y el estribillo es de una grandilocuencia sintética que no me termina de cautivar. "That's why", el primero de los muchos temas escritos por Miller junto con el dúo Rock Mafia, me parece más convincente: unos gorgoritos al comienzo en vez de la esperada guitarra, una intimista melodía interpretada con convincente desolación por el para mí desconocido Goldn, y una producción que deja el tema casi desnudo en muchas fases, a la vez que lo hace envolvente sin estridencias en los consabidos intervalos instrumentales. A parecido nivel se sitúa "Blood", sexto sencillo, compuesto y cantado por el veterano cantante norirlandés Foy Vance: una atmósfera más cruda de lo habitual, unas estrofas cortas, un estribillo muy sencillo que desemboca en el primer intervalo instrumental de cierto riesgo de Miller: ruidista y a base de samples y pitches como si de The Crystal Method se tratara, salvo en la repetición final, donde incorpora con acierto la progresión armónica al conjunto.
"Take you down" fue el sencillo que anticipó el álbum hace un año, formó parte de mi lista de 20 mejores canciones de 2018, y sigue siendo uno de los mejores momentos de "Ascend": un tema de una honestidad brutal en la letra (autobiográfica del propio Miller relatando su época de adicción a las drogas), muy bien cantado por Tim James de Rock Mafia (con la voz subida de tono vía pitch hasta parecer femenina), totalmente representativa en cuanto a estructura e instrumentación del resto del álbum, y con un precioso sintetizador principal ululando por encima de las ondas sonoras. "All together", también compuesta e interpretada por el cantante y actor Oeklin, baja un poco de nivel: también intimista, su relativamente bajo tempo y su calidez sonora dan paso a un puente algo más estridente de lo necesario, que le resta puntos, y la letra, de temática un tanto manida, tampoco ayuda, siendo lo más interesante el trocito instrumental cerca del final. "Crashing", segundo sencillo, a medias con Rock Mafia e interpretado con el grupo Bakari, es quizá el tema más poppy del disco: una melodía cristalina y emotiva, un ritmo que se aleja tanto del binario sincopado habitual en Illenium, un buen estribillo y unas partes instrumentales luminosas y alejadas de la pista de baile.
A partir del noveno corte entramos en el tramo más difícil de "Ascend". No porque los temas sean malos, ni mucho menos, sino porque el ritmo desaparece prácticamente por completo, y se enlazan tres medios tiempos (casi podríamos hablar de "lentos") seguidos. El primero de ellos, "Broken ones", cantado por la para mí desconocida Anna Clendening, es seguramente el mejor: la inevitable guitarra, una melodía que va subiendo en la escala conforme la estrofa desemboca en un estribillo sin percusión en su mayor parte, y unos tramos instrumentales realzados por las voces sintetizadas, de reminiscencias étnicas, que resaltan los únicos compases en los que hay algo parecido a una batería programada. Casi al mismo nivel se sitúa "Every piece of me", ahora sí una balada con todas las de la ley, excelentemente interpretada por Echos: intimista, apoyada en un piano en vez de en la habitual guitarra, y con una sección de cuerda para realzar el dramatismo. Y el más flojo es "Take away", el quinto sencillo, a medias con los colabodores de más postín de todo el álbum, The Chainsmokers: otra vez la introspección, las guitarras, una letra honesta y una bonita melodía, pero con una falta de nervio absoluta, de gancho, que habría sido justo lo más necesario tras los dos temas anteriores.
"Sad songs", la colaboración con Said The Sky, con su guitarra acústica y la dulce voz de Annika Wells como argumentos principales durante casi todo el tema, pone a prueba nuestros nervios por su exasperante lentitud, pero a los dos minutos y medio finalmente entra un bombo y los esperados crescendos, recordándonos que en principio éste no debería ser un álbum para cincuentones. "Pray", tercer sencillo, con la voz soul de Kameron Alexander, es por fin el tema con el que reengancharnos al tramo final de "Ascend": más oscura a la vez que muy difícil de interpretar, tiene como elemento diferenciador ese segundo estribillo que engancha con un tramo instrumental un poco más elaborado y largo de lo habitual, y con baterías programadas de una electrónica desoladora. "In your arms" es la confirmación definitiva de que los prometedores X-Ambassadors han perdido la inspiración creativa que se echaba de menos en su reciente segundo álbum ("Orion") y lo han suplido por una insípida tendencia a las baladas de orientación AOR, contra la que los intervalos instrumentales de Miller no logran salir victoriosos. Y justo cuando nos preguntamos si tanto derroche de colaboradores ha merecido la pena, Miller enlaza a modo de cierre dos de los para mí cuatro mejores temas del álbum: "Gorgeous", interpretado por el británico Bipolar Sunshine de manera que recuerda a Seal, se atreve a poner como base para la progresión armónica un contundente bajo sintetizado, y la atmósfera tenebrosa del puente desemboca ahora sí en un estribillo de original guitarra y orientación bailable, llevado a otra dimensión por los intervalos instrumentales de ritmo binario convencional (¡ya era hora!) ruidista y eficaz a partes iguales, sobre todo en su excelente último minuto final. Y el colofón lo pone "Lonely", con Chandler Leighton en la parte vocal: parte de la misma progresión armónica con la que terminó "Gorgeous", y comienza desnuda y guitarrera como tantos otros temas, pero su sentida melodía deja paso a las voces post-procesadas que adornan los largos intervalos instrumentales, que por primera y única vez en todo el disco se apoyan en un ritmo binario de más de 100 bpm: la evidencia de que Miller sabe hacer otras cosas, pero por algún criterio difícil de explicar las explota con cuentagotas y las deja para el final.
Con lo cual después de repetidas escuchas "Ascend" suscita emociones encontradas. Casi podríamos hablar de "electrónica conservadora". Porque si bien Miller es un buen compositor, que siempre recurre a vocalistas irreprochables, y sabe cómo conjugar guitarras y el secuenciador Ableton Live, se impone unas restricciones tan fuertes que su capacidad para emocionarnos colisiona con su tendencia a repetirse. Así que, dado que el álbum es largo, sugiero quedarse con los temas para los que he adjuntado el vídeo-clip, y eliminar el resto: nos quedará algo más de media hora mucho más disfrutable y suficientemente representativa del talento del norteamericano.
Lo cual por sí mismo no es malo, y de hecho si escucháramos cada una de las canciones de manera independiente, tendríamos pocos peros que ponerles a cualquiera de ellas: más elaboradas compositivamente que la gran mayoría de temas actuales, con una instrumentación que equilibra bien guitarra y tecnologías, la mayoría de ellas muy bien cantadas y con letras que no se suelen quedar en los tópicos. El problema surge cuando las catorce se sitúan seguidas. Y es que un buen álbum no debe ser una mera recopilación de canciones, sino que ha de dejar espacio para jugar con la estructura de algunas canciones, para innovar en otras, para dar un pequeño giro estilístico que oxigene el conjunto, para ir variando el tempo en algún momento... Prácticamente nada de eso hay en "Ascend", a pesar de la docena de colaboradores diferentes. Lo que evidencia la fortísima personalidad creativa de Miller. Por lo que en realidad a la hora de reseñar cada tema (excepción hecha de los dos breves interludios), todo se reduce a pequeños matices, casi a mis gustos personales. Pero aun así, voy a intentarlo.
"Hold on", segundo corte y primer tema completo, no es uno de mis favoritos: empieza con la estrofa sin preludio instrumental, con la voz de la para mí desconocida Georgia Ku, su melodía no termina de sonar sincera, y las ondas sonoras de los intervalos instrumentales las tiene Miller ya más que trilladas. "Good things fall apart", el cuarto sencillo extraído, con la interpretación vocal del rapero y cantante Jon Bellion, parece que puede ser algo diferente al escuchar guitarra acústica al comienzo. Pero en el puente al estribillo ya se nota el auto-tune, y el estribillo es de una grandilocuencia sintética que no me termina de cautivar. "That's why", el primero de los muchos temas escritos por Miller junto con el dúo Rock Mafia, me parece más convincente: unos gorgoritos al comienzo en vez de la esperada guitarra, una intimista melodía interpretada con convincente desolación por el para mí desconocido Goldn, y una producción que deja el tema casi desnudo en muchas fases, a la vez que lo hace envolvente sin estridencias en los consabidos intervalos instrumentales. A parecido nivel se sitúa "Blood", sexto sencillo, compuesto y cantado por el veterano cantante norirlandés Foy Vance: una atmósfera más cruda de lo habitual, unas estrofas cortas, un estribillo muy sencillo que desemboca en el primer intervalo instrumental de cierto riesgo de Miller: ruidista y a base de samples y pitches como si de The Crystal Method se tratara, salvo en la repetición final, donde incorpora con acierto la progresión armónica al conjunto.
"Take you down" fue el sencillo que anticipó el álbum hace un año, formó parte de mi lista de 20 mejores canciones de 2018, y sigue siendo uno de los mejores momentos de "Ascend": un tema de una honestidad brutal en la letra (autobiográfica del propio Miller relatando su época de adicción a las drogas), muy bien cantado por Tim James de Rock Mafia (con la voz subida de tono vía pitch hasta parecer femenina), totalmente representativa en cuanto a estructura e instrumentación del resto del álbum, y con un precioso sintetizador principal ululando por encima de las ondas sonoras. "All together", también compuesta e interpretada por el cantante y actor Oeklin, baja un poco de nivel: también intimista, su relativamente bajo tempo y su calidez sonora dan paso a un puente algo más estridente de lo necesario, que le resta puntos, y la letra, de temática un tanto manida, tampoco ayuda, siendo lo más interesante el trocito instrumental cerca del final. "Crashing", segundo sencillo, a medias con Rock Mafia e interpretado con el grupo Bakari, es quizá el tema más poppy del disco: una melodía cristalina y emotiva, un ritmo que se aleja tanto del binario sincopado habitual en Illenium, un buen estribillo y unas partes instrumentales luminosas y alejadas de la pista de baile.
A partir del noveno corte entramos en el tramo más difícil de "Ascend". No porque los temas sean malos, ni mucho menos, sino porque el ritmo desaparece prácticamente por completo, y se enlazan tres medios tiempos (casi podríamos hablar de "lentos") seguidos. El primero de ellos, "Broken ones", cantado por la para mí desconocida Anna Clendening, es seguramente el mejor: la inevitable guitarra, una melodía que va subiendo en la escala conforme la estrofa desemboca en un estribillo sin percusión en su mayor parte, y unos tramos instrumentales realzados por las voces sintetizadas, de reminiscencias étnicas, que resaltan los únicos compases en los que hay algo parecido a una batería programada. Casi al mismo nivel se sitúa "Every piece of me", ahora sí una balada con todas las de la ley, excelentemente interpretada por Echos: intimista, apoyada en un piano en vez de en la habitual guitarra, y con una sección de cuerda para realzar el dramatismo. Y el más flojo es "Take away", el quinto sencillo, a medias con los colabodores de más postín de todo el álbum, The Chainsmokers: otra vez la introspección, las guitarras, una letra honesta y una bonita melodía, pero con una falta de nervio absoluta, de gancho, que habría sido justo lo más necesario tras los dos temas anteriores.
"Sad songs", la colaboración con Said The Sky, con su guitarra acústica y la dulce voz de Annika Wells como argumentos principales durante casi todo el tema, pone a prueba nuestros nervios por su exasperante lentitud, pero a los dos minutos y medio finalmente entra un bombo y los esperados crescendos, recordándonos que en principio éste no debería ser un álbum para cincuentones. "Pray", tercer sencillo, con la voz soul de Kameron Alexander, es por fin el tema con el que reengancharnos al tramo final de "Ascend": más oscura a la vez que muy difícil de interpretar, tiene como elemento diferenciador ese segundo estribillo que engancha con un tramo instrumental un poco más elaborado y largo de lo habitual, y con baterías programadas de una electrónica desoladora. "In your arms" es la confirmación definitiva de que los prometedores X-Ambassadors han perdido la inspiración creativa que se echaba de menos en su reciente segundo álbum ("Orion") y lo han suplido por una insípida tendencia a las baladas de orientación AOR, contra la que los intervalos instrumentales de Miller no logran salir victoriosos. Y justo cuando nos preguntamos si tanto derroche de colaboradores ha merecido la pena, Miller enlaza a modo de cierre dos de los para mí cuatro mejores temas del álbum: "Gorgeous", interpretado por el británico Bipolar Sunshine de manera que recuerda a Seal, se atreve a poner como base para la progresión armónica un contundente bajo sintetizado, y la atmósfera tenebrosa del puente desemboca ahora sí en un estribillo de original guitarra y orientación bailable, llevado a otra dimensión por los intervalos instrumentales de ritmo binario convencional (¡ya era hora!) ruidista y eficaz a partes iguales, sobre todo en su excelente último minuto final. Y el colofón lo pone "Lonely", con Chandler Leighton en la parte vocal: parte de la misma progresión armónica con la que terminó "Gorgeous", y comienza desnuda y guitarrera como tantos otros temas, pero su sentida melodía deja paso a las voces post-procesadas que adornan los largos intervalos instrumentales, que por primera y única vez en todo el disco se apoyan en un ritmo binario de más de 100 bpm: la evidencia de que Miller sabe hacer otras cosas, pero por algún criterio difícil de explicar las explota con cuentagotas y las deja para el final.
Con lo cual después de repetidas escuchas "Ascend" suscita emociones encontradas. Casi podríamos hablar de "electrónica conservadora". Porque si bien Miller es un buen compositor, que siempre recurre a vocalistas irreprochables, y sabe cómo conjugar guitarras y el secuenciador Ableton Live, se impone unas restricciones tan fuertes que su capacidad para emocionarnos colisiona con su tendencia a repetirse. Así que, dado que el álbum es largo, sugiero quedarse con los temas para los que he adjuntado el vídeo-clip, y eliminar el resto: nos quedará algo más de media hora mucho más disfrutable y suficientemente representativa del talento del norteamericano.
sábado, 31 de marzo de 2018
Illenium: "Awake" (2017)
Como ya he comentado en otras oportunidades en este blog, el ascenso de los DJs al estrellato musical ha sido uno de los fenómenos más notables en este siglo XXI. Y aunque en su mayor parte ha sido a costa de devaluar la creatividad musical con composiciones muy simples, a menudo monocordes, sin apenas más que un estribillo, casi siempre con el bombo sobredimensionado, es necesario reconocer que un puñado de alumnos aventajados han superado esas restricciones y se han adentrado de lleno en el mundo de la composición (entendida en sentido riguroso), con resultados a veces interesantes y ocasionalmente brillantes.
Tal es el caso del álbum que les reseño hoy: "Awake", del estadounidense Nick Miller, conocido profesionalmente como Illenium. Un álbum, el segundo de su carrera, que indudablemente se beneficia del tremendo éxito de "A moment apart", de los también norteamericanos Odesza, que ya reseñé en este mismo blog, y que como él, bebe de guiños étnicos convenientemente sometidos al future bass que tanto está triunfando al otro lado del Atlántico. Pero que no se queda ahí solamente, sino que se rodea de un puñado de cantantes solventes, y no tiene inconvenientes en incorporar un par de temas compuestos por otros creadores a su disco, para entregar un álbum compositivamente irreprochable. Que además sabe evitar algunos de los clichés que alejan a la música electrónica del éxito masivo: temas largos, transiciones lentas, tempos demasiado altos, ausencia de voces humanas. Y que por tanto logra un álbum tan apto para todos los públicos que funciona mejor en el salón de casa o en una sala de conciertos que en la pista de baile. Lo que da una idea de lo que se aleja este "Awake" de los álbumes habitualmente facturados por los DJs de todo el mundo.
Así, este álbum de nada menos que trece composiciones solamente dura cuarenta y siete minutos, y apenas contiene tres temas instrumentales (por cierto, de tres minutos como mucho). El resto son temas con comienzos instrumentales, estrofas y estribillos, aunque también con ondas de sonido, pitches y bombos ralentizados en los crescendos instrumentales que llevan al apogeo cada uno de los temas, como el dubstep y el future bass demandan. Por eso es fácil entender los nada menos que cinco sencillos que se han ido extrayendo de "Awake", todos ellos perfectamente válidos para radios y canales musicales mainstream. No es uno de ellos (aunque podría serlo perfectamente) "Needed you", la canción que abre el álbum, interpretada y compuesta mayormente por Dia Frampton: coros étnicos etéreos, un bonito sintetizador de entrada y una melodía pausada, y el "truco" más repetido en "Awake": un colchón electrónico que la va envolviendo y amenaza con estallar en un crescendo de tempo muy alto para en realidad frenar en el apogeo instrumental. "Crawl outta love", siguiente corte, sí vio la luz como sencillo (el cuarto). Con la interpretación vocal de Annika Wells, es un tema instrumentalmente algo más clásico (podemos escuchar el piano que sostiene las relativamente desnudas estrofas), que con su bonita melodía y su apogeo instrumental relativamente lento se mueve por parámetros similares a la anterior. Tras él, los dos minutos de "No time like now", primer tema "instrumental" (abundan los samples vocales), sobre un arpegio de guitarra a lo Death Cab For Cutie y una batería pretendidamente real intentan cambiar un poco el tercio aunque sin conseguirlo del todo.
Es por ello que "Free fall", el cuarto corte, interpretado por RUNN, resulta muy agradable por sí mismo con su intimista melodía sobre un arpegio de guitarra, pero resulta un tanto repetitivo, en especial en ese apogeo instrumental tan efectivo como poco original. Así que aunque quizá sea un tema inferior, "Where'd you go", el siguiente corte, una colaboración con el también productor Said The Sky, se agradece como un soplo de aire fresco: claramente más bailable, construida sobre una sencilla pero efectiva producción armónica, y con los habituales samplings y coros étnicos, ameniza el álbum sin desentonar. "Fractures", el sexto corte, interpretado por NEVVE fue el primer sencillo del álbum, y formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2017: sin renunciar al estilo general de todo el disco, aporta en su excelente melodía una sensibilidad digna de los mejores momentos de The Cranberries, y un ritmo menos lento y sincopado, que le sienta muy bien a su habitual profusión de ondas de sonido.
"Leaving", quinto sencillo, con la interpretación vocal del relativamente cercano estilísticamente EDEN, se mueve por los mismos parámetros que el resto de temas vocales anteriores, con el mismo ritmo lento y atmósfera intimista, sólo que las voces masculinas le hacen perder en mi opinión emotividad frente a las voces femeninas. "Lost", con la interpretación de Emilie Brandt, sube el listón hasta llegar a ser otro de los mejores momentos del álbum: nuevamente una progresión armónica construida sobre un arpegio de guitarra, pero con una melodía fantástica, una letra de desamor a flor de piel, y un pequeño tramo en el que por fin Miller abraza el ritmo binario sin complejos. "Sound of waking away" fue el tercer sencillo, y pese a la relativa reiteración en la propuesta, se trata de otro momento de notable inspiración, además de la mejor interpretación vocal del disco, a cargo de Kerli: en especial la entrada al habitual apogeo instrumental es realmente impresionante.
"Taking me higher", el último tema "instrumental", vuelve a tener la misión de dar variedad al álbum: y su sencillo ritmo binario, relativamente más rápido a pesar de detenerse en varias ocasiones, resulta suficiente para ello, aunque se trate de un momento claramente menor. "Beautiful creatures", interpretado por MAX es, además del penúltimo corte, la segunda composición no escrita por Miller. Aunque cueste decirlo: otro arpegio de guitarra para comenzar, otra apoteosis instrumental en ocho compases tras el estribillo... Sólo la atmósfera más optimista, la menor tendencia a frenar el ritmo (aunque al final caiga en la tentación), y los coros "de anuncio de refresco de cola" nos lo indican, a pesar de lo cual se trata de otra buena canción. Y el cierre lo pone "Let you go", cantada por Ember Island: tan melancólica como cabría esperar, es la más contenida instrumentalmente del disco, sin percusión casi hasta el final, ni crescendos de sintetizadores, y sólo el minuto final para alejarla de una balada clásica de las radiofórmulas estadounidenses.
No quisiera haber dado la impresión de que el álbum carezca de calidad. Todo lo contrario, es un disco al que, tema a tema, cabe ponerle pocos defectos. Estos surgen más cuando las canciones se colocan unas al lado de otras: reiteración en la propuesta, previsibilidad en los crescendos, excesivo hincapié en los ritmos lentos, falta de personalidad de algunas composiciones... Está claro que Illenium ha primado afirmar su personalidad musical en el siempre difícil segundo álbum frente a la asunción de riesgos (entendiendo que su manera de instrumentar sus casi siempre notables compasiciones ya puede resultar arriesgada a oídos de muchos). Pero si se abre un poco a otros estilos y mantiene su nivel compositivo, puede entregar uno de los álbumes del año en cualquier momento. De momento ya ha superado en mi opinión a Odesza, su reconocida fuente de inspiración. Así que veremos hasta dónde es capaz de llegar.
Tal es el caso del álbum que les reseño hoy: "Awake", del estadounidense Nick Miller, conocido profesionalmente como Illenium. Un álbum, el segundo de su carrera, que indudablemente se beneficia del tremendo éxito de "A moment apart", de los también norteamericanos Odesza, que ya reseñé en este mismo blog, y que como él, bebe de guiños étnicos convenientemente sometidos al future bass que tanto está triunfando al otro lado del Atlántico. Pero que no se queda ahí solamente, sino que se rodea de un puñado de cantantes solventes, y no tiene inconvenientes en incorporar un par de temas compuestos por otros creadores a su disco, para entregar un álbum compositivamente irreprochable. Que además sabe evitar algunos de los clichés que alejan a la música electrónica del éxito masivo: temas largos, transiciones lentas, tempos demasiado altos, ausencia de voces humanas. Y que por tanto logra un álbum tan apto para todos los públicos que funciona mejor en el salón de casa o en una sala de conciertos que en la pista de baile. Lo que da una idea de lo que se aleja este "Awake" de los álbumes habitualmente facturados por los DJs de todo el mundo.
Así, este álbum de nada menos que trece composiciones solamente dura cuarenta y siete minutos, y apenas contiene tres temas instrumentales (por cierto, de tres minutos como mucho). El resto son temas con comienzos instrumentales, estrofas y estribillos, aunque también con ondas de sonido, pitches y bombos ralentizados en los crescendos instrumentales que llevan al apogeo cada uno de los temas, como el dubstep y el future bass demandan. Por eso es fácil entender los nada menos que cinco sencillos que se han ido extrayendo de "Awake", todos ellos perfectamente válidos para radios y canales musicales mainstream. No es uno de ellos (aunque podría serlo perfectamente) "Needed you", la canción que abre el álbum, interpretada y compuesta mayormente por Dia Frampton: coros étnicos etéreos, un bonito sintetizador de entrada y una melodía pausada, y el "truco" más repetido en "Awake": un colchón electrónico que la va envolviendo y amenaza con estallar en un crescendo de tempo muy alto para en realidad frenar en el apogeo instrumental. "Crawl outta love", siguiente corte, sí vio la luz como sencillo (el cuarto). Con la interpretación vocal de Annika Wells, es un tema instrumentalmente algo más clásico (podemos escuchar el piano que sostiene las relativamente desnudas estrofas), que con su bonita melodía y su apogeo instrumental relativamente lento se mueve por parámetros similares a la anterior. Tras él, los dos minutos de "No time like now", primer tema "instrumental" (abundan los samples vocales), sobre un arpegio de guitarra a lo Death Cab For Cutie y una batería pretendidamente real intentan cambiar un poco el tercio aunque sin conseguirlo del todo.
Es por ello que "Free fall", el cuarto corte, interpretado por RUNN, resulta muy agradable por sí mismo con su intimista melodía sobre un arpegio de guitarra, pero resulta un tanto repetitivo, en especial en ese apogeo instrumental tan efectivo como poco original. Así que aunque quizá sea un tema inferior, "Where'd you go", el siguiente corte, una colaboración con el también productor Said The Sky, se agradece como un soplo de aire fresco: claramente más bailable, construida sobre una sencilla pero efectiva producción armónica, y con los habituales samplings y coros étnicos, ameniza el álbum sin desentonar. "Fractures", el sexto corte, interpretado por NEVVE fue el primer sencillo del álbum, y formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2017: sin renunciar al estilo general de todo el disco, aporta en su excelente melodía una sensibilidad digna de los mejores momentos de The Cranberries, y un ritmo menos lento y sincopado, que le sienta muy bien a su habitual profusión de ondas de sonido.
"Leaving", quinto sencillo, con la interpretación vocal del relativamente cercano estilísticamente EDEN, se mueve por los mismos parámetros que el resto de temas vocales anteriores, con el mismo ritmo lento y atmósfera intimista, sólo que las voces masculinas le hacen perder en mi opinión emotividad frente a las voces femeninas. "Lost", con la interpretación de Emilie Brandt, sube el listón hasta llegar a ser otro de los mejores momentos del álbum: nuevamente una progresión armónica construida sobre un arpegio de guitarra, pero con una melodía fantástica, una letra de desamor a flor de piel, y un pequeño tramo en el que por fin Miller abraza el ritmo binario sin complejos. "Sound of waking away" fue el tercer sencillo, y pese a la relativa reiteración en la propuesta, se trata de otro momento de notable inspiración, además de la mejor interpretación vocal del disco, a cargo de Kerli: en especial la entrada al habitual apogeo instrumental es realmente impresionante.
"Taking me higher", el último tema "instrumental", vuelve a tener la misión de dar variedad al álbum: y su sencillo ritmo binario, relativamente más rápido a pesar de detenerse en varias ocasiones, resulta suficiente para ello, aunque se trate de un momento claramente menor. "Beautiful creatures", interpretado por MAX es, además del penúltimo corte, la segunda composición no escrita por Miller. Aunque cueste decirlo: otro arpegio de guitarra para comenzar, otra apoteosis instrumental en ocho compases tras el estribillo... Sólo la atmósfera más optimista, la menor tendencia a frenar el ritmo (aunque al final caiga en la tentación), y los coros "de anuncio de refresco de cola" nos lo indican, a pesar de lo cual se trata de otra buena canción. Y el cierre lo pone "Let you go", cantada por Ember Island: tan melancólica como cabría esperar, es la más contenida instrumentalmente del disco, sin percusión casi hasta el final, ni crescendos de sintetizadores, y sólo el minuto final para alejarla de una balada clásica de las radiofórmulas estadounidenses.
No quisiera haber dado la impresión de que el álbum carezca de calidad. Todo lo contrario, es un disco al que, tema a tema, cabe ponerle pocos defectos. Estos surgen más cuando las canciones se colocan unas al lado de otras: reiteración en la propuesta, previsibilidad en los crescendos, excesivo hincapié en los ritmos lentos, falta de personalidad de algunas composiciones... Está claro que Illenium ha primado afirmar su personalidad musical en el siempre difícil segundo álbum frente a la asunción de riesgos (entendiendo que su manera de instrumentar sus casi siempre notables compasiciones ya puede resultar arriesgada a oídos de muchos). Pero si se abre un poco a otros estilos y mantiene su nivel compositivo, puede entregar uno de los álbumes del año en cualquier momento. De momento ya ha superado en mi opinión a Odesza, su reconocida fuente de inspiración. Así que veremos hasta dónde es capaz de llegar.
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