lunes, 27 de julio de 2026

Agnes - "Beautiful Madness" (2026)

La entrada que hoy les traigo es la primera para una artista que lleva más de veinte años de carrera a sus espaldas. Y que, como su compatriota sueca Robyn (de la que recientemente reseñé su irregular "Sexistential"), siempre se ha presentado como una de las divas disco por excelencia del Norte de Europa. Si bien frente a la carrera siempre reconocida por la crítica de Robyn, la de Agnes ha permanecido más en un discreto e irregular segundo plano. Y eso a pesar de sus notables cualidades vocales, superiores sin duda a la de Robyn. Pero al final lo que más importante en el panorama musical es la originalidad de la propuesta, y en eso Robyn simpre ha ido varios pasos por delante en cuanto a sonoridad y riesgo. Pero poco a poco su tocaya de apellido (ambas son Carlsson) también ha ido sofisticando su propuesta, y ahora puede mirarla de tú a tú. Un hecho en el que sin duda ha desempeñado un papel determinante su productor y compositor (junto con la propia Agnes) Salem Al Fakir, y su capacidad para generar sonidos sintéticos que suenen contemporáneos. Y así ha llegado este "Beatiful Madness", el sexto disco de su carrera, que sin ser un gran álbum sí que me parece que alcanza el nivel que siempre busco a la hora de reseñar para ustedes los nuevos lanzamientos.

Aunque antes de desgranarlo debo hacer varias puntualizaciones. La primera y más relevante es sobre su contenido. Porque aunque en principo "Beautiful Madness" consta de quince cortes, de ellos nada menos que seis son en realidad pequeños interludios, todos ellos por debajo del minuto. Y de las nueve canciones que en realidad nos encontramos, sólo una alcanza los cuatro minutos de duración. Así que todo el álbum se despacha en unos escasos treinta y un minutos, que se quedan en unos pírricos veintinueve si saltamos esos interludios. Curiosamente la misma duración del "Sexistential" de Robyn. La segunda es que también ha llegado tras un largo silencio creativo (en el caso de Agnes Carlsson, de cinco años desde "Magic Still Exists"). Es decir, que la creatividad que sostiene "Beautiful Madness" es sólo la justa. Y la tercera es relativa a su sonido: que resulta lo suficientemente homogéneo y personal a lo largo de todos los temas, pero que a diferencia del de la otra Carlsson, no pretende abrir brecha ni resultar rompedor; sólo emplear con buen gusto algunos de los mejores hallazgos del pop sintético y bailable (especialmente el escandinavo) del primer cuarto del siglo XXI.

Así que tras primer interludio (BM-247 01), la canción con la que realmente arranca el disco es "Beautiful Madness", que es la que da título a todo el álbum. A pesar de lo cual se trata de un arranque bastante mediocre: una composición monocorde, con una programación de percusiones africanas muy vista a estas alturas, y sin melodía que llevarse al oído. Así que es normal que no dure ¡ni dos minutos!. Afortunadamente, con el siguiente tema el listón sube apreciablemente: "Trigger" es un trallazo de synth-disco, en el que Carlsson exhibe su poderosa voz sobre un pegajoso bajo sintético, que es el que lleva la progresión armónica y sostiene todo el tema. El estribillo, aunque menos melódico que las estrofas, funciona gracias al sintetizador y al piano electrónico que con buen criterio introduce Al Fakir. Y los efectos vocales y un tramo instrumental más largo de lo habitual en las canciones de una solista rematan el primer momento notable del álbum. Separado por un breve interludio de la anterior surge "Milk", escogido en su momento como segundo sencillo: una programación de batería conscientemente retro da paso a unos coros de voces postprocesadas que desgranan las notas rápidas de su adictivo estribillo, enlazando después con unas estrofas de notas largas y gran amplitud tonal, que le permiten a Agnes lucir sus cualidades vocales. Nuevamente tras la tercera repetición del estribillo Al Fakir deja espacio para unos compases instrumentales primero y para las reivindicaciones vocales de Agnes después, generando así la pausa necesaria para alcanzar el clímax al que contribuyen las distorsiones vocales finales del último estribillo. Y tras el machacón interludio que supone "Focus" aparece "Wake Up", para mí el mejor momento del álbum, además de su cuarto sencillo (extraído ya en 2026). Apoteósica desde su mismo comienzo, arranca con la voz de Agnes rematando los compases finales del estribillo, y posteriormente con un inspirado piano electrónico marcando las notas de su progresión armónica en acordes mayores. Además, Al Fakir está especialmente certero a la hora de qué instrumentos añadir y cuándo hacerlo para que la intensidad no decrezca en ningún segundo. Aparte de que aquí nos encontramos la primera parte nueva del álbum: completamente instrumental, con otros acordes diferentes y voces declamadas por ambos canales para arropar al cristalino sintetizador que protagoniza esa parte. Y de nuevo con la previsible parada para alcanzar el clímax final (en el que merece la pena resaltar la voz masculina robótica que añade unos sencillos pero efectivos "Wake up...").

Esta vez sin interludio nos encontramos con "Balenciaga Covered Eyes", el primer sencillo en anticipar el álbum y supuesto tema estrella. Digo supuesto porque, como se evidencia desde el mismo comienzo, la larga y compleja melodía de su estribillo es de una riqueza y una emotividad irreprochables, pero cuando por fin entra la base rítmica, es excesivamente simple, prácticamente monocorde, y a pesar de algunos originales efectos, desentona por completo con la belleza melódica anterior. Con una base así de limitada Agnes se limita a declamar unas frases más o menos sugestivas, que tampoco tiran del conjunto para arriba. Así que el resultado queda muy lejos de lo que podría haber sido. Afortunadamente, tras otro prescindible interludio, el álbum recobra su mejor senda con "Ego", tercer sencillo y mi segundo momento favorito del álbum (tanto que formó parte de mi lista de otras 20 canciones recomendables de 2025). Es cierto que en las estrofas se aprecia que en el bajo y la batería programada que lo sostienen Al Fakir se inspira más de la cuenta en el "Can't Get You Ouf Of My Head" de Kylie Minogue, pero en seguida los cambios de la progresión armónica la alejan de ahí, y tras un elaborado puente nos ofrece un estribillo altivo tanto en su melodía como en su letra ("I, I let my ego. Know she has to take the backseat, the backseat. Or this whole situation will be the death of me"), y su electrónica nórdica infalible para la vista de baile reluce hasta el final, siempre con la voz de Agnes o un lead synthesizer llevando el protagonismo.

Un mínimo interludio da paso al último tercio del álbum. Que se abre con la oscuridad sintética de "Sign It". La cual, cuando arrana, parece que va a apuntar alto, pero que por desgracia se limita a prácticamente los mismos dos acordes de principio a fin, una excesiva simpleza compositiva, a pesar de que la melodía de las estrofas no está mal. Pero nuevamente Agnes se ve obligada a recurrir a las frases declamadas en el puente y en un estribillo que a mí me recuerda a varios de Róisín Murphy, y que de tan pobre puede resultar adictivo; sólo el post-estribillo resulta interesante melódicamente. Tal vez consciente de esa sencillez, Al Fakir despliega aquí buena parte de sus mejores trucos electrónicos de todo el álbum, pero eso es lo único realmente llamativo del tema. Solamente el último interludio del álbum nos separa de "Lovesongs", quinto y último sencillo y mi tercer pasaje preferido del disco. Desde el mismo comienzo atrapa con esa melodía que nos retrotrae al principio de los ochenta, como si Agnes hubiera mutado a Jessie Ware. Y su estribillo coral a lo "Like a Prayer" de Madonna funciona a la perfección para sacarle todo el partido a una canción que baja el tempo y se postula como un medio tiempo más evocador que bailable. Una vez más Al Fakir reserva aquí compases antes del tramo final para un bonito solo de piano, aunque obviamente sin retirar todas las voces. Un tramo final, prácticamente a capella, que pone en valor las cualidades vocales de la sueca y la brillantez de la composición. Y del cierre del disco se encarga la intensa "Uterus & Universe", que baja aún más el tempo y con sus capas de electrónica sintética armoniza una sencilla composición (la misma progresión armónica todo el tiempo, pero esta vez no sólo dos acordes), en el que la melodía de notas largas de sus estrofas evoluciona convenientemente en el puente a otra de notas más cortas para mezclar ambas todo en un estribillo interesante. Y con la sorpresa final de lo que parece un mini solo de guitarra, aunque tan procesada que cuesta afirmar que lo sea realmente.

Y así, con este pequeño subidón final de dos meritorias canciones enlazadas sin interludio que corte el ritmo, termina "Beautiful Madress". Que, como demuestran los seis temas que he destacado con su vídeo en Youtube para ustedes, tenía mimbres para haber sido un gran álbum, por equilibrio estilístico, sonoridad contemporánea, interpretaciones vocales solventes y momentos de inspiración creativa. Pero que se queda un poco escaso de contenido para ello, tanto por falta de más canciones que lo rematen como por la corta duración de varias de ellas. Con lo cual, pese a que sitúa a Agnes como una artista reivindicable más allá del ámbito comercial en el que se sigue defendiendo (el álbum ha sido Top 3 en su Suecia natal), no parece que vaya a suponer un punto de inflexión en su carrera. Que seguramente era a lo que ella aspiraba. Quedémonos, pues, con los momentos disfrutables del mismo, y veamos si dentro de no muchos años les da continuidad con un álbum por lo menos igual de defendible. Tengo claro que, si se lo propone, podría lograrlo.

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