domingo, 19 de julio de 2026

Jenny On Holiday - "Quicksand Heart" + "Quicksand Heart Excess Baggage" (2026)

El álbum que hoy les traigo seguramente no era el que muchos de los que ya conocían a Jenny Hollingworth esperaban. Porque sus seguidores recordarán que la inglesa formaba parte desde 2013 del singularísimo dúo Let's Eat Grandma junto con Rosa Walton. Dos chicas que con sólo dieciséis años sorprendieron al mundo con "I, Gemini", un disco de pop electrónico un tanto amateur pero que ya dejaba entrever un innegable talento para generar emociones, Y que confirmó que lo suyo no era un mero hype dos años más tarde con "I'm All Ears", en el que las dos jóvenes daban rienda suelta a su experimentación pop sin apenas haber alcanzado la mayoría de edad. Pero tras un tercer álbum ("Two Ribbons", 2022) que tardó en llegar y que ya mostraba un cierto estancamiento estilístico y compositivo, supongo que ellas mismas se plantearon si el futuro del dúo ya como dos mujeres adultas merecía la pena. Y la respuesta ha terminado siendo un largo paréntesis que ha terminado con el debut en solitario de Jenny hace unos meses: diez canciones compuestas íntegramente por ella, quien sabe si para un cuarto álbum de Let's Eat Grandma que posiblemente no llegue nunca.

Lo interesante de "Quicksand Heart", que así se llama el disco, es que la inglesa sigue bastante fiel al estilo del dúo. No tanto como para confundirse con esa hipotética cuarta entrega, pero no muy alejada de ella. Porque las emociones que busca Hollingworth sigue siendo las mismas, y porque se basa en sus teclados de sonidos vintage, en su voz dúctil y dulce y en sus letras románticas y a veces descarnadas para generarlas. Es cierto que se echa de menos una mayor vocación experimental (aquí sería imposible que entrara un tema tan singular como los míticos once minutos de "Donnie Darko"), y que la electrónica casera mezclada con sencillas guitarra que las caracterizaba, aquí se ha transformado en un sonido más convencional, con menos protagonismo para los teclados. Pero más allá de ello el álbum es perfectamente válido para los seguidores del dúo. Porque lo sostiene un puñado de composiciones que oscilan entre lo correcto y lo espectacular, y los textos notablemente interpretados por Jenny, que se basta y se sobra para cubrir la parte vocal.

Pero para que la entrada de hoy sea aún más completa, he aprovechado para reseñar también la edición "Excess Baggage" de "Quicksand Heart". Un mini álbum que vio la luz hace unas pocas semanas, quien sabe si para confirmar que el nivel medio de "Quicksand Heart" debería haber merecido una mayor atención por parte de crítica y público. Pues lo que encierra son siete temas acústicos, cinco de ellos versiones de varios de los mejores momentos de su debut. Y que en todo caso, gracias a sus dos temas nuevos, sirve como broche a este meritorio debut.

"Good intentions" abre el disco original, además de ser su tercer sencillo. Y es un excelente reflejo de lo que encierra el álbum: su electrónico y elaborado comienzo con un sencillo bucle de sintetizador que no dejará de sonar durante prácticamente toda la canción da paso a unas largas estrofas, con un puente claramente diferenciado y un estribillo tarareable que desprende melancolía sin alejarse en exceso de la sensibilidad que ofrecían Let's Eat Grandma. De hecho, las voces dobladas de Jenny Hollingworth casi nos convencen de que el dúo aún no se ha separado (aunque ya les advierto que hay truco en esa impresión: ésta es una de las dos canciones en las que su compañera Rosa hace coros). También permite apreciar esa producción casi convencional que caracteriza al álbum ("casi" porque aquí su elaborada y sugestiva parte nueva ofrece la sorpresa de una batería que sube el sonido y redobla sus esfuerzos para acompañarla). "Quicksand Heart", cuarto sencillo a comienzos de año y también el tema que da título al disco, mantiene la apuesta por ese pop que encuentra su energía en el dolor sentimental, con un notable protagonismo para la guitarra de Jacob Berry en sus estrofas. Otro precioso estribillo, con un cambio de tonalidad al final, ejerce de punto álgido para una canción en la que un nuevo sintetizador en bucle y las múltiples voces de Jenny rellenan con buen gusto todos los huecos, sin olvidarse de una brillante parte nueva plena de una intensidad casi rockera. "Every Once Of Me", su primer sencillo en solitario y tercer corte, es también mi tema favorito del álbum, tanto que formó parte de mi lista de mejores canciones del pasado 2025. Un precioso sintetizador inicial cede el protagonismo a unas estrofas preciosas sobre acordes mayores que evitan la percusión para aumentar su emotividad, pero tras la pertinente parada el estribillo más cautivador del álbum recupera toda su contundencia percusiva ochentera, con una auténtica confesión de emociones a flor de piel: "No, I don't wanna fall in love. But you're making this so tough. Taking every ounce of me". Para la parte nueva vuelven a reducir los instrumentos, sosteniéndola de nuevo mediante otro bucle de sintetizador tan característico como los de los dos temas anteriores. El "solo de guitarra" del final (en realidad un arpegio de pocas notas que se repite mientras que Jenny introduce sus adornos vocales finales) igualmente puede resultar apoteósico que un tanto simple, pero ésa es quizá la única pega que se le puede poner a una canción imbatible.

Tras tres temas pop disfrutable y de ritmo alto, la británica baja el tempo y nos ofrece una balada "a su manera". Porque en "These Streets I know" están presentes la potente guitarra eléctrica al comienzo, el bucle de sintetizador que vertebra las estrofas, y un estribillo de pop clásico que a mí me parece que peca de convencional y queda un punto por debajo de la cautivadora delicadeza de sus estrofas. Nuevamente la cantante juega la baza de aumentar el ruidismo y soltar frustración en su parte nueva, por cierto excelentemente armonizada para volver al estribillo al terminar, lo que no era nada sencillo, y termina de confirmar que se trata de otra buena canción. "Peacemaker", el corte más corto del álbum, reduce el componente electrónico y nos ofrece un medio tiempo de indie-pop irreprochable, con las guitarras eléctrica pero también acústica en primer plano, y juega la baza de su excelente composición, unas preciosas estrofas que desembocan en un estribillo más emotivo si cabe. Por supuesto, aquí también nos encontramos la imprescindible parte nueva, pero con lo que no contábamos era con el cambio de tonalidad y la parada que la enlaza con la repetición final del estribillo, en la que escuchamos hasta por cinco pistas diferentes la voz de Jenny (alguna en notas altísimas). "Dolphins", segundo sencillo, es el primer patinazo de la carrera de Jenny en solitario. No es una mala canción, y la interpretación vocal de Jenny es muy meritoria, pero entre una letra que no se acaba de entender lo que pretende sugerir, y cierta componente melosa tanto en su melodía como en su instrumentación, la vuelven un pasaje que corta un poco la dinámica del álbum justo a la mitad (encima es el segundo corte más largo del mismo), y que recuerda la forma en la que se desinflaba el último álbum de Let's Eat Grandma en su segunda mitad. "Groundskeeping" no sube en exceso el tempo, ni se mueve por parámetros radicalmente diferentes a su predecesora, pero una composición menos sensiblera, una mejor elección de los detalles (como el casi inapreciable teclado que da réplica a la guitarra acústica en los estribillos), y una parte nueva más convincente, la vuelven un tema bastante más interesante. Aunque obviamente sin llegar a la terna que abre el disco.

El tercio final de la "edición estándar" arranca con "Push". Que repite la infalible progresión armónica usada cientos de veces (desde "Let It Be" de The Beatles hasta "With Or Without You" de U2) para crear canciones de pop emotivas. Y que en manos de la británica se constituye en una eficaz pieza de melancolía de tempo alto, perfectamente arropada por su mordaz letra ("If you push like that, just wait and see. I'm gonna pull right back with everything. So I can feel you there, right on my heel"), y una instrumentación menos simple que sus dos predecesoras (con mención especial para la percusión sincopada que complementa su batería y el teclado etéreo con el que Jenny enaltece su estribillo). Sólo otra notable parte nueva rompe el bucle infinito de esa progresión armónica, para convertirla en el último gran momento del disco. Porque pese a la compleja y llamativa batería con la que arranca "Do You Still Believe In Me?" y las dos guitarras en cascada que entran a continuación, el penúltimo corte resulta agradable pero baja un punto, no tanto en unas estrofas llenas de tristeza sino en un estribillo más complicado de interpretar por su amplitud tonal que realmente convincente (parecen dos tramos diferentes enlazados sin demasiada solvencia), y en un solo de guitarra innecesariamente chirriante que afea una parte nueva más entonada. Y el cierre lo pone "Appetite", cuyo comienzo parece casi el inicio a un boletín informativo radiofónico de primera hora de la mañana, si bien en realidad lo que encierra el minutaje más largo del disco es un nuevo ejercicio de indie-pop convencional, en este caso de estrofas un tanto simples compositivamente y no demasiado musicales, que dan paso a un contundente estribillo mucho más convincente, y a un desarrollo muy centrado en los juegos vocales de Jenny (particularmente evidentes cuando canta aquello de "I'm Chewing You Up"). Pero que gracias a una larga coda intensa consigue generar la energía suficiente para que no falle en su misión de rematar el álbum.

Rematar la versión oficial del álbum, porque como les decía, en la versión "Excess Baggage" hay otras siete canciones y veintiseis minutos más de música. De los cuales los más interesantes son obviamente los dos temas nuevos (si bien ambos ya habían aparecido en la edición en vinilo del álbum original). En especial destaca "Androgynous", una versión de un tema de 1984 de una banda tan olvidada como los estadounidenses The Replacements. Que no por olvidada deja de ser una gran canción "con mensaje", entonces sustentada por un piano y en la versión de Jenny por la guitarra acústica de Berry. Y que sobrecoge gracias a su preciosa progresión armónica y a una melodía vocal que Jenny mejora frente claramente frente a la interpretación un tanto fuera de tono de Paul Westerberg. El otro es "Don't I Hold You", también una versión, en este caso de los también americanos y también olvidados Wheat, cuyo álbum de 1999 "Hope and Adams" contenía esta interesante pieza, reducida aquí al piano y la voz de Jenny y una guitarra acústica al final. El resto son cinco versiones acústicas del álbum original (nuevamente con la guitarra de Berry casi como exclusivo acompañamiento), del que se entiende que la inglesa ha escogido las cinco canciones que más le convencían y mejor se adaptaban a este formato. El cual obviamente pierde frente a las canciones originales en armonías y matices, pero que a cambio nos permite apreciar mejor la fortaleza compositiva de sus canciones, y las notables cualidades vocales de Hollingworth. Llama la atención que de los cuatro sencillos elegidos sólo dos están aquí presentes (quizá la desaparición de "Dolphins" indique que tampoco está ella especialmente satisfecha de la misma a estas alturas), y que además de recuperar "Push" y These Streets I Know" (dos de los "no sencillos" que yo también les he destacado en mi análisis), decide cerrar el mini álbum también con "Appetite". De las cinco, yo me vuelvo a quedar con "Every Once OF Me", que aquí se vuelve a erigir como la gema incuestionable, una composición intachable de principio a fin. Y que encierra la sorpresa final de algunos fraseos a cargo del propio Berry, la única voz masculina de estos diecisete temas.

Volviendo a las diez canciones originales, queda claro que la inglesa anda sobrada de talento compositivo, y tiene el suficiente talento interpretativo para defenderlas en el escenario (aunque lógicamente pierda en impacto frente al dúo en el que se dio a conocer). También que sabe perfectamente cómo quiere sonar, y a qué público quiere atraer. El resultado de esta primera entrega es indudablemente notable, pues consigue todo lo que se propone y reluce como una rara avis en busca de la sensibilidad humana en un panorama dominado por otro tipo de propuestas musicales. El "pero" viene de que quizá le haya sobrado convencionalismo instrumental, y le haya faltado algo más de riesgo (de piezas menos estructuradas a sonidos más contemporáneos). Porque está por ver que "sólo" con las armas con las que ha salido a dar batalla pueda quedar airosa. Y es que a veces arrimarse a ciertas modas y dejar que algunas composiciones permitan el espacio innecesario para equivocarse pero también para llamar la atención del público no vienen mal. Otra opción sería consolidar ese sonido acústico del "Excess Baggage", algo que sería en mi opinión un error, pues la convertiría en "una de tantas" intérpretes femeninas en el entorno de la treintena. Así que esperemos que Jenny sea consciente de sus puntos fuertes, que los tiene, y los sepa potenciar en futuras entregas en solitario. Si es que no regresa a Let's Eat Grandma, claro.

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