Hoy les traigo el retorno de una vieja conocida por estos lares: la sueca Robyn, que ha regresado hace pocos meses con "Sexistential", su séptimo álbum de estudio. Una cifra respetable en la trayectoria de cualquier artista, pero irrelevante en comparación con los nada menos que ¡ocho años! transcurridos desde su anterior entrega, el para mí decepcionante "Honey". Al disponer de ocho años lo lógico sería pensar que la cantante habría tenido tiempo más que de sobra para crear y grabar un buen puñados de canciones, pero no es el caso: "Sexistential" consta únicamente de nueve cortes (de las que en realidad sólo ocho son canciones nuevas) y se despacha en menos de media hora. Por lo que la primera impresión al hacerme con él fue que las ya conocidas dificultades creativas de la sueca se habían agravado en estos últimos ocho años, hasta el extremo de haber creado solamente una canción por año de media. Un hándicap inicial que sólo podría compensar la calidad de los temas incluidos. Como ya habrán averiguado, ése fue el caso, y por eso lo estoy reseñando aquí para ustedes. Pero antes de adentrarme en la revisión individual de sus temas, debo aclararles algunos puntos.
El más relevante es el relativo al nivel medio de sus canciones. Que en realidad es satisfactorio, pero más por la originalidad de su sonido que por la excelencia de sus composiciones. Los que conocen a Robyn desde hace más de treinta años ya saben que siempre ha intentado ser una artista vanguardista, algo así como la reina del dance-pop en un planeta Tierra idílico que valorara ese tipo de apuestas. Esa seña de identidad se mantiene en "Sexistential", pero tanto han querido sonar diferentes Robyn y su productor habitual Klas Ahlund que algunas canciones resultan excesivamente sofisticadas para la pista de baile o para sus siempre enérgicos conciertos. Otro aspecto llamativo es que algunas canciones están despachadas con excesiva premura, y habrían podido dar más de sí si en lugar de concentrar ideas originales y arriesgadas en apenas tres minutos hubieran dispuesto de cuatro o incluso cinco para introducirlas de manera más equilibrada y disfrutable. Y el tercero es que, en todo caso, "Sexistential" sigue sonando 100% Robyn, por estilo musical y por la temática de sus letras (sexualidad, deseo, la pérdida de control y la catarsis en la pista de baile), por lo que será del gusto de todos los seguidores de la cantante. Aunque sin llegar a la excelencia de "Body Talk" (2010), para mí el mejor álbum de su carrera.
El álbum lo abre la contundente "Really Real", una buena muestra de lo que encierra el álbum: bombo sobredimensionado desde el comienzo, bajo sintético, y una melodía correcta que va desenrollándose poco a poco, adornada por un sinnúmero de voces postprocesadas, efectos varios y sintetizadores que compiten por nuestra atención en ambos canales. La larga parte nueva llama la atención pero corta un tanto el ritmo, aunque no tanto como ese imposible solo de chirriante guitarra del que poco a poco van introduciendo recortes a costa de interrumpir de manera en mi opinión poco acertada el ritmo del tema. Le sigue "Dopamine", primer sencillo y supuestamente tema estrella del álbum. Una melodía pop más clara y evocadora que su predecesora, que se abre paso entre efectos y un sintetizador que hace las veces de bajo con las repeticiones de su sampling vocal. El ritmo tarda en entrar, pero cuando lo hace es menos desconcertante que en el corte anterior, aunque el uso de la caja, más que nada unos redobles esporádicos, probablemente se pasa de singular. A cambio, juega con criterio a ir retirando instrumentos cuando la canción lo requiere, y reserva un tramo final de ritmo y sintetizadores algo más convencionales que le favorece. El tercer corte aclara el asunto de las "ocho canciones": "Blow My Mind" es en realidad una reinterpretación de un tema que Robyn incluyó en su tercer álbum, "Don't Stop" (2002). La reinterpretación asimila su sonido al del resto de "Sexistential", y le da un barniz a lo Kratwerk que la distingue de la original, además de algún curioso sampling y múltiples voces. Pero aun así, no la considero uno de los momentos destacables del álbum, hasta el punto de que prefiero la mayor contundencia y el ritmo cadencioso de la original. Por mucho que haya sido elegida como tercer sencillo.
"Sucker For Love", tras otro comienzo impactante, sorprende con sus frases en español, que dan paso a otra instrumentación fuertemente inspirada por el mítico cuarteto alemán. La melodía de las estrofas es bonita, y el puente aún mejor, pero la del estribillo baja el listón y es poco más que un complemento con el que rellenar el teclado principal que lo vertebra. Afortunadamente, su brillante parte nueva, que emerge entre bombos arrítimicos, voces superpuestas y efectos varios, mejora la impresión global del tema. El sintético y personalísimo comienzo de "It Don't Mean a Thing", recurriendo a su estribillo, es de lo mejor de este medio tiempo en el que el desamor al que tantas veces ha cantado Carlsson vuelve a ser una de sus grandes bazas. El cambio de tonalidad del puente entre sus interesantes estrofas y su estribillo también es digno de mención. Al igual que el sentimiento que transpira su parte nueva. Creo que lo que le impide llegar a ser un gran momento es la falta de intención por llevar la canción a un clímax final, en vez de interrumpirla sin más, como si de una demo se tratara. Una intención que sí está presente en "Talk To Me", segundo sencillo y la evidente joya del álbum, al nivel de los mejores temas en la carrera de la sueca. Una historia de sexo telefónico que incita al baile en cuanto su elaborado comienzo deja paso a sus rítmicas estrofas. El estribillo mantiene el tipo, y los pocos compases finales que reservan para el piano sintetizado le dan el toque final. Una brillantez en la que tal vez hayan tenido que ver los míticos Max Martin y Oscar Holter, partícipes en la composición de la canción (el segundo de ellos, también en la producción). La parada antes del final no es en realidad una parte nueva, pero le aporta una adecuada dosis de dramatismo sin llegar a estropear el ritmo del mismo. Y lo único que falta es algo más de minutaje para que la personalísima y esta vez inspirada producción pueda exhibirse aún más.
Además de dar título al álbum, "Sexistential" fue elegida como "doble cara A" a medias con "Talk To Me". Pero entre ambas media un abismo: frente a la exhuberancia bailable de irreprochable melodía pop, aquí nos encontramos un tema práctiamente monocorde, sin asomo de melodía vocal, y por tanto, obligado a una producción ramplona en la que lo único que se puede destacar es la cantidad de distorsiones a las que Robyn somete su voz, y sus personales reflexiones sobre su maternidad. Muy poco, en todo caso. Afortunadamente "Light Up" recupera la senda del resto del álbum y, tras su estrambótico comienzo, la voz de Carlsson resplandece como si de una balada se tratase. Hasta que no llega el estribillo no entra el bajo y los sintetizadores de arpegio acelerado, y ni siquiera en la segunda estrofa Ahlund se decide a añadir una percusión que vertebre la estrofa. Y cuando por fin la añade, es en la recreación que compensa la ausencia de parte nueva, y es un inofensivo ritmo binario que no aporta prácticamente nada, por lo que el que debería ser el segundo mejor momento del álbum se queda en un pasaje interesante pero no apto para la pista de baile. Así que el segundo lugar del podio de estos nueve temas es para "Into The Sun", el tema que lo cierra. Que compositivamente me parece ligeramente inferior a la anterior, con una melodía más entrecortada en sus estrofas y una mayor simpleza en su producción, pero que al menos consolida su sentido estribillo con una percusión más razonable (si bien debo resaltar que entra dos compases tarde, en un ejercicio experimental al que cuesta acostumbrarse). Y que sí explota hasta el final sus virtudes en una duración más razonable.
Incluso el mayor defensor de "Sexistential" debería reconocer que al disco le faltan minutos y cortes para ser un gran álbum. No sé cómo ni Robyn ni Ahlund se han planteado añadir alguna versión de alguna canción que les guste y que pudieran asimilar estilísticamente a estos nueve cortes, o incluso incluir una versión "reprise" o alternativa de "Talk To Me" o "Dopamine", que aumentara la duración y eliminara esa sensación de "vamos a publicar lo que sea antes de que pase más tiempo". Aparte de que en un disco de Robyn los ritmos no deben ser tan escasos y entrecortados, por mucho que quieran seguir sonando originales y marcando instrumentalmente el camino a seguir (que lo hacen, lo cual es sin duda el gran mérito del álbum). Personalmente creo que otros detalles a pulir son el exceso de voces dobladas y el empeño en introducir sonidos que no encajan, como la guitarra de "Really Real" o el sampling casi naif de "Blow My Mind". Con lo cual mi impresión final es que el disco cumple sin más las expectativas, y funciona mejor como un tratado de música futura que como una colección de canciones que vayan a perdurar en el catálogo de la artista sueca. Pero con una maravilla como "Talk To Me" y tres o cuatro buenos momentos adicionales, sí justifica su existencia. Y supongo que arranca la cuenta atrás de los ocho años que deben de faltar para su nuevo disco. ¿Estará Robyn, y estaremos por aquí nosotros, para entonces?

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