sábado, 16 de mayo de 2026

Portugal. The Man - "SHISH" (2025)

A pesar de que el mes de Mayo está ya bien avanzado, aún me toca reseñarles algunas de las novedades más interesantes que vieron la luz durante los últimos meses del pasado 2025. Así que aquí les traigo la reseña de "SHISH", el décimo álbum de los estadounidenses Portugal. The Man. La banda de Alaska es ya una vieja conocida de este blog, pues a largo de los años he ido reseñando por aquí su formidable "Evil Friends" (2013), su más comercial aunque un tanto irregular "Woodstock" (2017), y su más reciente y discreto "Chris Black Changed My Life" (2023). Da la casualidad, además, de que Portugal. The Man comparten la misma situación discográfica que les comentaba hace unos días cuando les reseñaba el último disco de Bob Moses, "BLINK". Y es que los estadounidenses terminaron con su anterior álbum contrato con su discográfica de los últimos años, y para este "SHISH" se han visto obligados a buscar acomodo en un sello más pequeño. Un hecho que, por cierto, ha tenido en ellos la misma consecuencia que en el dúo canadiense: una evidente mayor libertad creativa.

Este libertad puede no ser tan obvia como en el caso de Bob Moses, pues la banda de John Gourlye siempre se ha caraceterizado por su capacidad para condensar en un mismo álbum una ingente cantidad de influencias y variaciones sobre su rock psicodélico de referencia. Pero en "SHISH" esa mayor independencia les ha permitido a su líder y cantante John Gourley y al productor y multiinstrumentista Kane Ritchotte dar rienda suelta como nunca antes a su capacidad creativa, de suerte que en sus diez cortes y cuarenta y dos minutos encontrarán en realidad no menos de quince canciones diferentes, en un ejercicio extremo que evidentemente les resta comercialidad pero les hace ganar puntos ante quienes valoran el afán por no repetirse, por ir creciendo a la vez que ahondan en su singularísima personalidad musical. Exploración que aquí se extiende también a su temática, más personal que nunca hasta ahora, pues el nombre del álbum proviene de Shishmaref, un pequeño pueblo pesquero ubicado en una isla al noroeste de Alaska, y "Shish" es como los locales llaman cariñosamente al lugar. Para la banda este término representa la comunidad y la conexión con la tierra natal, por lo que sus textos exploran la identidad y la vida tan al norte de nuestro planeta.

El álbum lo abre su primer sencillo e indiscutible tema estrella, "Denali". Tras un largo comienzo ambiental y desasosegante, lo que entra es un poderoso primer riff de guitarra, y dieciséis compases después, otro riff de guitarra superpuesto aún más agresivo. Sin embargo, en cuanto aparece la melodía vocal el tema se aleja de su hardcore inicial y se convierte en uno de sus clásicos himnos de indie-rock, llamativamente cálido y luminoso para provenir de donde provienen... hasta que el siguiente intervalo instrumental retorne, si cabe, aún más rabiosamente hardcore... Y así esta aparentemente irreconciliable doble cara de la moneda se sigue desarrollando hasta el final (cómo será la cosa que hasta añaden un saxofón en las repeticiones finales del estribillo), y sin embargo, el resultado es bastante convincente, hasta el extremo de que la canción formó parte de mi lista de otras 20 canciones internacionales recomendables de 2025. De "Pittman Ralliers" podemos decir que es su segundo corte... pero ya no podemos hablar de su segunda canción, pues se distinguen dos claramente diferenciadas: una primera que directamente podrían haber firmado Korn, muy cruda en su comienzo, pero más incluso en su desarrollo (seguramente haya quien no la resista y termine pulsando el botón de forward) y, tras dos minutos, un tramo instrumental de casi un minuto que es pura música electrónica a lo Say Hi, que ni siquiera guarda relación alguna en cuanto a progresión armónica o a tempo con la anterior, y que a mi modo de ver y pese a su brevedad, resulta más interesante. Le sigue "Angoon", también elegida como tercer sencillo. Mucho más reposada e intimista que las anteriores en su comienzo, encierra otro estribillo de rock distorsionado tan inesperado como efectivo, incluso a pesar de su contraste con la interpretación en falsete de John Gourley. Para dar continuidad a ese carrousel de ideas del que les hablaba, la melodía de la segunda estrofa es absolutamente diferente a la de la primera, y la forma como guitarra y saxofón se dan réplica en el puente, original y efectiva. Un largo solo de guitarra en un tramo que evoca poderosamente al grunge de los noventa es la antesala a un tramo final, presidido por un sintetizador lento y un tanto inquietante, de peculiar melodía vocal que se extiende hasta su singularísimo cierre.

Pese a no haber sido elegida como sencillo, "Knik" es, con diferencia, mi corte favorito del álbum: a partir de un elegante arpegio de guitarra desarrollan un medio tiempo reposado en el que son capaces de aflorar una delicadeza envolvente que puede recordar a los The Neighbourhood más recientes. La melodía a dos voces de Gourley y Zoe Manville funciona de maravilla, el cambio en los acordes con el que enlazan estrofas y estribillos, toda una lección de solvencia, y su tendencia a enlazar ideas yuxtapuestas en pocos segundos está aquí más controlada a pesar de sus casi seis minutos, por lo que el resultado final es mucho más accesible para el gran público que la mayoría de cortes... Bueno, hasta que pasados tres minutos tenemos que hablar de una nueva canción adosada a la anterior, mucho más rockera y contundente, con una preciosa melodía y un fantástico solo de guitarra que, no obstante, no desentona con todo lo que nos había ofrecido la primera canción del tema. "Shish", el corte que da título al álbum, comienza con una chirriante melodía vocal, que parece japonesa aunque se supone que en realidad se inspira en su Alaska natal. En seguida evoluciona hacia una melodía más "convencional" (para lo que son ellos), porque el rock desabrido de sus dos primeros minutos da lugar a un medio tiempo de puro pop inspirado en los años ultimos años sesenta, luminoso y disfrutable... para volver luego a la melodía japonesa y a un crudo solo de guitarra... que da paso a otra parte coral completamente diferente a todo lo anterior. En suma, sirve perfectamente para representar los inabarcables vaivenes de este disco. "Mush" fue escogido en su momento como "doble cara A" junto con "Tanana", y desde su mismo comienzo se entiende el motivo: estamos ante el tema de tempo más alto del álbum, de guitarras aceradas y melodía vocal vertiginosa, incluyendo un doble interesante estribillo en el que se alternan las voces y breves intervalos realmente crudos. Aunque no podía faltar un medio minuto final en el que frenan el tempo y retiran instrumentos... hasta volver a la breve catarsis final. "Tyonek" es lo más parecido a una balada que encontraremos en el álbum durante su primer minuto, de melodía agradable e instrumentación discreta, pero que en realidad se transforma en otro tema completamente diferente, de puro hardcore, a partir de entonces, aunque su excelente estribillo, melodioso hasta el extremo, nos pueda volver a despistar. Es un corte al que cuesta acostumbrarse por sus contrastes, pero de los más disfrutables una vez nos acostumbramos a él.

"Kokhanockers", con su comienzo tan elaborado y su atmósfera relativamente reposada (guitarras eléctricas aparte), es seguramente el corte más psicodélico de un álbum al que ese término no se le puede aplicar tan extensivamente como en otras entregas, y también el que mejor entronca con los mejores momentos de "Chris Black Changed My Life". Una vez más el solo de guitarra, de duración limitada, se ajusta perfectamente a lo que el álbum requiere, y la coda final, casi otro tema diferente una vez más, pone el cierre perfecto con su progresión armónica en acordes mayores a un tema de melodía tan certera que cuesta creer que no se trate de una versión. "Tanana", penúltimo corte, fue como les decía el segundo sencillo a medias con "Mush", e incide en esos medios tiempos de indie-rock psicodélico que tanto dominan, hasta el punto de que por su riqueza instrumental y por el equilibrio que consigue añadiéndo a todo el elenco de músicos múltiples efectos en el estudio, la considero el corte mejor producido del álbum. Porque una vez más cuesta hablar de una única canción al escuchar una parte nueva que tiene personalidad propia. Y el cierre lo pone "Father Gun", que de nuevo arranca con unos compases que no guardarán relación alguna con el resto del tema, pues en seguida nos encontramos con un pasaje de virtuosismo hardcore... que en seguida baja las revoluciones y se vuelve más accesible con su melodía "marca de la casa"... Aunque la rabia de los tramos más ásperos irá volviendo periódicamente tanto en las partes vocales como en las instrumentales... como durante prácticamente todo el álbum.

Si han conseguido situarse en el análisis de los diez cortes, no les extrañará que concluya diciendo que las sesiones de grabación de "SHISH" perfectamente podrían haber dado para convertirlo en un disco doble; tal es la cantidad de ideas, pasajes y trozos que aparecen y desaparecen por aquí y por allá. Pero ya sabemos que Portugal. The Man son una anomalía en el panorama musical, y mientras que tantos y tantos artistas repiten hasta la saciedad una misma progresión armónica y repiten en distintas canciones las mismas percusiones o los mismos plugins del Ableton o del Cubase, a Gourley y compañía lo que les gusta son los saltos mortales, la exploración sin fin de las posibilidades de un tema hasta que desemboca en otro completamente diferente, y el reto de volver a encajarlo con la idea original. Por ello es un disco que requiere muchas escuchas; es la única manera de empezar a situarse, y de comenzar a apreciarlo. Pero si salen airosos del reto, descubrirán un disco adictivo, al que se vuelve no ya para digerirlo, sino para disfrutarlo. Así que sólo queda que sigan con ganas de seguir explorándose a ellos mismos y poniéndonos a prueba a todos los que nos cansa la exasperante previsibilidad de casi toda la música contemporánea, sea del estilo que sea.

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