Con la entrada de hoy voy a dar por terminada mi revisión de álbumes publicados en 2025 que aún tenía pendientes (ya toca, que estamos a finales de Mayo). Aunque en realidad el disco que les traigo fue publicado en su configuración final el pasado mes de Febrero. Les aclaro la paradoja: "(((((ultraSOUND)))))", el quinto álbum de la banda californiana The Neighborhood, veía la luz el pasado mes de Noviembre, tras cinco años de silencio. A pesar de su considerable extensión (quince canciones y cincuenta y siete minutos), cuando me hice con él su escucha no sólo no se me hacía larga, sino que se volvía más disfrutable con cada nueva escucha, algo directamente imputable a su excelente momento compositivo. Así que fue tan sólo una sorpresa relativa que el pasado mes de Febrero publicaran la edición "+" del mismo (estilizada con el signo de la suma al final de los cuatro paréntesis del título original). En ella el quinteto añadía cinco canciones nuevas al disco, superando así los setenta y tres minutos de duración total. Pero lo que sí me sorprendió fue que ninguna de esas canciones desmereciera a sus quince antecesoras, y en algún caso incluso rindiera al nivel de las mejores. Por lo cual lo que ahora les reseño es esa edición "deluxe", que como ya habrán adivinado a estas alturas es para mí el mejor disco "del pasado 2025", pues ningún otro posee tanta cantidad de grandes momentos.
Y lo curioso es que no había nada en la trayectoria del quinteto que anticipara este salto cualitativo. De hecho, ésta es la primera vez que aparecen por este blog; ni siquiera con su álbum anterior ("Chip Chrome & the Mono-Tones", 2020) llamaron especialmente mi atención, más allá de un segundo sencillo ("Lost in Translation") más inspirado compositivamente y bailable de lo habitual en ellos. Pero, tal vez por la arrolladora personalidad de su vocalista Jesse Rutherford (conocido también por sus relaciones con Billie Eilish y Anabel Englund), o tal vez por la poco habitual extensión del álbum, decidí darle una oportunidad a este (((((ultraSOUND))))) y me encontré con un disco impecable. Sin que ello se debiera a una revolución estilística; los miembros de la banda eran los habituales, e incluso el productor, Jono Dorr, que tanto ha contribuido a forjar su sonido, repetía en este quinto álbum. Ni siquiera la temática, centrada en el desamor y la renovación personal, se alejaba en exceso de lo esperado. Y es que, al fin y al cabo, lo que en realidad le faltaba a su rock oscuro y elegante, a medio camino entre los ámbitos alternativo y mainstream, era simplemente una mayor calidad en sus canciones. Y aquí la han encontrado. Aunque, obviamente, con algunos matices que intentaré explorar en los siguientes párrafos.
El álbum lo abre "Hula Girl", también escogido como tercer sencillo. Un medio tiempo de base guitarrera que contrasta con una sensibilidad de la que harán gala a lo largo de prácticamente todos los temas. El primer estribillo, de influencias psicodélicas, da paso a un segundo estribillo más intimista, casi acústico, y la solvencia del grupo da brillo a un tramo final en el que el cambio de melodía compite con las guitarras de Zachary Abels y Jeremiah Freedman. Le sigue "OMG", segundo sencillo a pesar de carecer de un video-clip propio: tempo más alto, unas guitarras aceradas marcando una certera progresión armónica y una compleja batería sincopada que seguramente recuerden a los buenos tiempos de Garbage en las estrofas, si bien su estribillo resulta claramente más melódico y armonioso que el del grupo de Butch Vig, con los coros de toda la banda arropando a Rutherford. No hay parte nueva, pero sí un original y obsesivo crescendo que sirve de preludio para la explosión de las repeticiones finales del estribillo. "Lovebomb" fue su cuarto y último sencillo ya bien entrado 2026, y es también uno de mis momentos favoritos del disco: un tema de pop luminoso, en el que las preciosas guitarras que se disfrutan desde el inicio están arropadas por pequeños detalles electrónicos que le dan más profundidad a su sonido. Si las estrofas son brillantes, el estribillo de notas largas es aún superior, en especial cuando los coros cantan una segunda melodía ("You just gotta say a few magic words..."), que deja con ganas de mucho más. Aparte de la curiosidad de que escuchamos por primera vez la palabra "ultrasound", que repetirán por lo menos en otras cuatro canciones del álbum. Y el cuarto corte es nada menos que su tema estrella, un primer sencillo que formó parte de mi lista de mejores canciones de 2025: "Private" es un tema de una tenebrosidad que recuerda a Depeche Mode (si bien la interpretación vocal de Rutherford es mucho más profunda y canónica que la que estridente que haría Dave Gaham), a partir de un poderoso bajo que sostiene la sección rítmica, y que va recibiendo apoyos puntuales de las dos guitarras (más continuados a partir de la segunda estrofa), la batería y algún que otro teclado. En realidad no hay un estribillo como tal, pero las slide guitars, los coros, y la intensidad de una canción que nunca deja de crecer lo compensan sobradamente. Y la letra es el mejor complemento para la "privacidad" que sugiere su sonoridad.
Que los cuatro primeros cortes de un álbum sean también sus cuatro sencillos suele ser una estrategia para generar una imagen favorable del álbum, y dejar que el resto del mismo aguante como pueda. Pero, como ya imaginan, no es el caso de ultraSOUND. Y ello se pone de manifiesto desde el quinto corte, la inquietante y hasta desquiciante "Lil Ol Me": rock tenebroso que mantiene el mismo acorde en estrofas y tramos instrumentales mientras que efectos y sirenas vuelven la atmósfera más desasosegante, y un estribillo difícil de aprehender que, sin embargo, funciona como agarradera para una canción de vocación experimental que también se beneficia de breves pero precisos solos de guitarra. "Planet" cambia totalmente el tercio, baja el tempo y nos propone un medio tiempo cálido de ritmo muy marcado en el que la melodía vocal de Rutherford nos envuelve a la vez que nos sorprende con un estribillo que recuerda a los primeros tiempos en solitario de Michael Jackson... para luego dar paso a distorsionados pasajes sonoros presididos por las guitarras, en un singular cóctel que, no obstante, resulta disfrutable. "Holy Ghost", no compuesta por la banda sino por Justyn Pilbrow (guitarrista de la banda de rock neozelandesa Elemeno P) es otro de mis momentos favoritos del álbum: la oscuridad típica de la banda, en la que los instrumentos van entrando poco a poco, casi sin hacer ruido, y un estribillo que cambia la tonalidad, de una dulzura que parece imposible de romper... aunque en realidad es la antesala de una intensidad mucho mayor a partir de ese punto, con mención especial para el formidable riff de guitarra de Abels, y el subidón para el poco a poco nos habían ido predisponiendo. Los detalles electrónicos para que la voz de Rutherford entre como un instrumento más, o para aumentar la densidad de los pasajes instrumentales, demuestran que también Dorr ha estado especialmente inspirado en este disco. El octavo tema, "Rabbit", es también el más largo del disco, un hecho que ya anticipa su pausado comienzo a dos guitarras. En esta ocasión los efectos electrónicos y los ecos que le añaden a la voz de Rutherford enturbian en algunos momentos la melodía, y no terminan de casar con una caja de la batería demasiado blanda, pero las partes instrumentales, de guitarras líquidas, y los coros psicodélicos del tramo final ("Walking in the rain, till I see a rainbow...") son suficiente contrapeso para que la canción no baje excesivamente el nivel.
A estas alturas ya sí es extraño que no haya habido ningún bajón reseñable, y de hecho, es el único tramo del álbum cuyo nivel se termina resintiendo un tanto un tanto, pero "Tides", el noveno corte, sigue manteniendo el listón alto. Partiendo de una de las mejores interpretaciones de Brandon Fied a la batería, el resto de instrumentos van edificando un medio tiempo menos oscuro que elegante sobre un arpegio de guitarra que también sostiene las estrofas. Un elaborado estribillo y una llamativa parte acústica antes del tramo final mejoran la impresión final, y los inesperados chillidos de Rutherford terminan de rematar una canción que, pese a no ser de las punteras del álbum, se disfruta más con cada sucesiva escucha. "Daisy Chain", el décimo corte, de elaborado comienzo, cuenta con una melodía tan elaborada en sus estrofas que parece una versión. Además, aquí el bajo no se limita a seguir los acordes sin más, sino que juega a recorrer las escalas, en una interpretación realmente notable de Michael Margott. Y el inesperado cambio de tonalidad, que le aporta un matiz siniestro, refleja el excelente momento de la banda. Así que, pese a que tampoco es de los momentos álgidos de (((((ultraSOUND)))))+, supera sin problemas el reto. Las guitarras reverberadas por los dos canales con las que arranca "Zombie" ya nos avisan que aquí también hay creatividad suficiente, y aunque las estrofas y estribillos son simplemente correctos, una larga y meritoria parte acústica mejora el resultado final. Solamente "Mama Drama", un tema conscientemente reposado, dedicado a una madre cualquiera, desentona un poco del resto, no tanto porque su suavidad no esté conseguida, sino porque, a pesar de su largo y ambiental comienzo, y del cambio que da paso a su coral estribillo, se aleja en demasía del nervio contenido que vertebra el resto de (((((ultraSOUND)))))+. Y por eso es, en mi humilde opinión, la peor canción del disco. Aunque conviene recordar que es ya la duodécima, un ordinal que la mayoría de álbumes actuales ni siquiera alcanza.
Afortunadamente, en la edición estándar del álbum aún quedan en sus tres cortes restantes una joya por disfrutar. Antes de eso, "Crushed" es un corte sorprendemente sereno para lo que se supone que es el "sonido The Neighbourhood", en el que llaman la atención su ritmo sincopado, un estribillo a varias voces, y una trabajada parte nueva, y en el que las dos guitarras rellenan las frecuencias principales sin llamar innecesariamente la atención. Todo correcto, pero muy lejos de "Mute", mi tercer tema favorito del álbum: rock marca de la casa, en el que la progresión armónica (la misma durante todo el tema, el único defecto que se le puede poner) queda bien remarcada por una de sus habituales guitarras afiladas. Y en el que poco a poco va llegando el bajo, la distorsión, el estribillo de notas altas... Hasta su original letra ("Mute" alude al hecho de que Rutherford no escucha ya a una persona a la que no le interesa escuchar) suma puntos. Y que, pese a no contar con parte nueva, deja con ganas de más. Y "Stupid Boy" ponía con solvencia el cierre a la edición estándar de (((((ultraSOUND))))), sin el "+": aquí están de vuelta la tenebrosidad, la capacidad de captar nuestra atención sin necesidad de estridencias... pero también las guitarras que se entrecruzan, la dulzura de su estribillo, la intensidad creciente, e incluso los chillidos de Rutherford cerca del final ("And the user and the boomer..."). En suma, un excelente compendio de todo lo que encerraba la versión estándar del álbum. Y uso a propósito el pretérito porque conforme arranca "Start", el que es ya el decimosexto corte, queda claro que la edición deluxe no se limita a recoger descartes que recorran de nuevo la misma senda musical, sino que expanden su horizonte sonoro: porque pese a que con menos de tres minutos no hay espacio para florituras, ya la batería que escuchamos desde el arranque no es la acústica habitualmente empleada por Brandon Fried, sino una electrónica y probablemente programada (puesto que también acompaña elementos de percusión), en el que su delicioso y largo estribillo cambia una única vez para lo que parece una parte nueva de notas altas, en el que las guitarras recorren con originales arpegios la progresión armónica, y en el que hasta los efectos sonoros finales denotan una mayor vocación de experimentación electrónica.
"Good Grief" encaja de manera más natural con la sonoridad general del resto del álbum, aunque también se aprecia una mayor presencia de la electrónica, con más efectos, voces procesadas que se entrecruzan, batería digital, y una contribución proporcionalmente menor de las guitarras, que sólo empiezan con sus consabidos arpegios a partir de la primera repetición del estribillo, y que sólo reclaman protagonismo en el tramo final. Pero se trata de otro tema absorbente, que sin necesidad de estridencias nos traslada a un lugar diferente. Lo que más llama la atención de "Lulu" es que una canción de este nivel se hubiera quedado fuera de las quince originales: pop marca de la casa, ahora sí con predominancia de los instrumentos convencionales, unas estrofas de una elegancia adictiva, un estribillo que baja las revoluciones y desnuda la melodía vocal, una producción rica en detalles que van enriqueciendo el tema a partir de la segunda estrofa (desde los teclados etéreos hasta los redobles de la caja de la batería), una parte nueva que en realidad se convierte en coda con un inesperado y fascinante cambio de tonalidad, y un cautivador final que va retirando instrumentos a la vez que baja el tempo. "Red Flag" es, ahora sí, ese corte que muchos de sus fans habrían rechazado de haber formado parte de los quince inicialmente seleccionados: desde el mismo comienzo ya parece un remix de alguna canción de la banda, por la superposición de voces distorsionadas, los sintetizadores vertiginosos, el crescendo de batería y unos ritmoa programados que la enfocan hacia la pista de baile como nunca antes su carrera. Es cierto que no pega demasiado con sus diecinueve hermanas, pero gracias sobre todo a sus tramos vocales, sabiamente contrarrestados por lead synthesizers, salen airosos del ejercicio, anticipando tal vez una mayor exploración de este tipo de sonidos en futuras entregas de los californianos. Y el cierre definitivo lo pone el corte número veinte, "Bed", otra gran canción que, por alguna razón que no se entiende muy bien, finiquitan con un "chorus to fade" antes de llegar a los dos minutos y medio: teclados en trémolo en primer plano desde el inicio, la voz de Rutherford sabiamente distorsionada sin alcanzar una saturación excesiva (que bastantes dosis de auto-tune recibimos hoy en día), y un doble estribillo que, sirviéndose de la misma progresión armónica, consigue que el tema crezca aunque no haya ni una sola guitarra. Aunque quizá deberíamos hablar de una seductora melodía que nunca deja de evolucionar...
Si han llegado hasta aquí, comprenderán que, incluso aunque algunos cortes no rayen a la misma altura, e incluso que "Mama" desentone ligeramente, hay una docena de grandes canciones, con una personalidad inconfundible a pesar de no repetir la fórmula, y con un arrollador talento para mantenernos en vilo sin necesidad de apelar al ruidismo. Es cierto que tal vez abusen de "amagar" con una catarsis rockera que nunca llega, que el sonido de la batería a veces es poco pulido, que alguna canción aún podía haber dado más de sí con el añadido de una parte nueva, o que el componente electrónico en los temas adicionales de la edición "+" es apreciablemente mayor. Pero todo ello son defectos menores para una obra que nunca será un gran éxito comercial (no hay temas de gancho para el gran público), pero que sí les ha garantizado una repercusión más allá del mundillo indie, hasta el punto de que ya está anunciado que pasarán por España próximamente para presentar este gran álbum. Ahora la duda es si tardarán otros cinco años en reunir otro puñado de canciones, y sobre todo, si mantendrán el mismo nivel creativo e interpretativo. Ojalá.

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