La verdad es que llevaba muchos años sin reseñar nuevas entregas del dúo formado por Vince Clarke y Andy Bell. Que durante finales de los años ochenta (en el periodo comprendido entre "The circus" (1987) y "Chorus" (1991)) fue una de mis bandas favoritas. Y que desde entonces han seguido fieles a su cita con su nutrida base de seguidores, entregando álbumes que poco a poco fueron perdiendo fuelle, tanto que el último que me animé a reseñar en este blog fue "The violet flame" (2014). Después publicaron "World be gone" (2017), que reseñé brevemente en una entrada sobre álbumes decepcionantes de aquel ejercicio. Y el año pasado vio la luz "The neon" (2020), que tampoco reseñé porque me pareció no poseía el nivel suficiente, aunque sí destaqué la brillante "Hey now (think I got a feeling)" en mi lista de 20 mejores canciones internacionales de 2020: seguramente su mejor sencillo en muchísimos años, y una indicación de que, al menos para momentos puntuales, habían conseguido recuperar la inspiración que los convirtió hace ya tiempo en clásicos.
Lo que yo no sabía entonces es que esa inversión de la pendiente descendente que se apreciaba en "The neon" iba a tener continuidad en este 2021. Primero con "The neon remixed", que aunque como cualquier álbum de remezclas resultó muy irregular, contenía para abrirlo un tema nuevo (en realidad otro temazo, "Secrets", otro sencillo a la altura de sus mejores momentos), fruto de esas sesiones creativas del año pasado. Y a finales de verano, más continuidad con este "Ne: EP" que hoy voy a reseñar: un EP con cinco temas, el ya conocido "Secret" y cuatro nuevos para acompañarle. Poco más de 18 minutos de música que, a pesar de las décadas transcurridas, miran de tú a tú a anteriores EPs de la banda (aunque lógicamente sin llegar a las excelencias de "Crackers international" (1989), uno de los mejores EPs que he escuchado jamás), y que confirman una vez más que es preferible una entrega más corta pero mas inspirada que un formato álbum en el que para llegar a las consabidas diez canciones el artista de turno tira de oficio con canciones que son poco más que mero relleno.
El EP lo abre "Time (Hearts Full Of Love)", que ejerce también de sencillo de presentación. Con un meritorio y elaborado vídeo para defenderlo, se trata de un tema clásico de la banda, con unas estrofas muy meritorias, el habitual puente, un estribillo correcto sin más (aunque enriquecido instrumentalmente respecto a la versión del EP para el videoclip), el habitual intervalo instrumental donde Clarke tira de oficio para ofrecernos una pequeña melodía de sintetizador, y una repetición final. Nada nuevo bajo el sol, y sin llegar al nivel de inspiración de los dos sencillos mencionados antes, pero bastante decente para una banda con casi cuarenta años de carrera. Le sigue "Same game", un poquito más pausada que la anterior sin llegar a ser lenta, un interesante contraste entre su letra de decepción y su melodía sobre acordes mayores en las estrofas, otro estribillo que no pasará a la historia pero que las todavía notables cualidades vocales de Bell sacan adelante, y una curiosa especie de segundo estribillo, instrumental primero y completado por la voz de Bell, que sólo aparece una vez, y que es lo más reseñable del tema. "Leaving" vuelve a sorprender agradablemente porque tras los efectos habituales de Clarke, Bell interpreta otra melodía limpia en las estrofas, pop clásico que no suena afectado ni rancio, y que da paso tras el puente de turno de paso a un estribillo que en mi opinión supera a los dos anteriores, y donde las distintas voces dobladas de Bell rellenan muy bien el espacio que deja un tempo más bien lento.
Pese a los treinta años transcurridos, "Come on baby" es muy "Chorus" en su propuesta: teclados envolventes, percusión suave, bajo sintetizado en primer plano, un medio tiempo de estrofa agradable y estribillo notable. Con el intervalo instrumental más elaborado de Clarke y esa "parada" que prácticamente ya nadie hace antes de las repeticiones finales del estribillo. Y el EP lo cierra "Secrets", el sencillo al que aludía antes, una sorprendente propuesta a estas alturas de su carrera: tempo alto, bajo trotón y percusión "agresiva" (para lo que son ellos), en lo que sin duda es su tema más orientado a la pista de baile desde hace muchos años. Estrofas oscuras y con groove, los ya casi olvidados "Ooh ooh ooh" en tonos bajos de Bell, una brillante letra sobre celos justificados, y un estribillo que aunque quizá peque de falsete no desmerece al resto del tema. La parte nueva cantada, con otro teclado ruidista de acompañamiento, y las frases declamadas de Bell rematan un conjunto que funciona perfectamente en la gira que el dúo está realizando actualmente por el Reino Unido.
Es obvio que a Erasure le vendría bien actualizar su sonido (en especial las percusiones están muy lejos de lo que se estila en estos tiempos), y enriquecerlo con algo más que los sintetizadores vintage de Clarke, si es que de verdad quieren recuperar la atención mediática de la que gozaron hace décadas. Pero frente a las canciones sin apenas estructura que tanto abundan hoy en día, se agradecen esas estrofas elaboradas, esos arreglos para enlazar las distintas partes, el respeto a los ritmos cuaternarios... Y es que a estas alturas no debemos esperar que unos sexagenarios innoven, sólo que sean respetuosos con su legado y, por tanto, solamente regresen si de verdad creen que han preparado material digno. Que es el caso de este "Ne: EP", para mí su mejor entrega en la última década. Cinco temas entre lo agradable y lo brillante, que demuestran que a veces los "viejos "rockeros" nunca mueren".
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
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sábado, 30 de octubre de 2021
jueves, 24 de agosto de 2017
Álbumes decepcionantes de este 2017
Este 2017 se presentaba hace unos meses como uno de los potencialmente más fructíferos de las últimas temporadas musicales, dado que varios de los artistas que tradicionalmente he reseñado en este humilde blog publicaban sus nuevos y esperados trabajos. Sin embargo, al final en mis últimas entradas he hablado casi en exclusiva de álbumes de debut. La razón es obvia: con honrosas excepciones, la mayoría de esos retornos no han respondido a las expectativas, y por ello he decidido no dedicarles entradas individuales. Hasta que hace unos días, al echar la vista atrás aprovechando el periodo vacacional, me he dado cuenta de que son tantos que quizá mereciera agruparlos en una entrada, que al menos refleje que el blog no se ha olvidado de ellos, y que aún espera que puedan remontar el vuelo.
Quizá la mayor decepción hayan sido los británicos Alt-J. Después de dos álbumes con gran personalidad y muchos momentos destacables ("An awesome way", de 2012 y "This is all yours", de 2014), su "Relaxer" de hace unos pocos meses ha bajado muchísimo el nivel. Aún mantienen su personalidad acusada, con los originales juegos instrumentales y corales respaldando los recorridos vocales por la escala pentatónica de Joe Newman, pero la inspiración se les ha evaporado. Algo ya evidente desde el mayor tiempo que han tardado en publicar este tercer álbum respecto a sus dos predecesores, y su mucho menor contenido ("Relaxer" dura veinticinco minutos menos que "This is all yours", y contiene seis temas menos...). Y que se confirma por la irregularidad de los cuatro sencillos extraídos (la lenta y bastante aburrida "3WW" y la cadenciosa y reiterativa "Adeline" distan mucho de "In Cold Blood", quizá el tema que mejor enlaza con los discos anteriores, y "Deadcrush", el tema más interesante por su intensidad de principio a fin). Y que se reafirma cuando se descubre que uno de sus ocho cortes es una muy desafortunada versión de "House of the Rising Sun", que popularizaron The Animals. Todos sabemos que el trío británico puede dar mucho más de sí.
Otra decepción ha sido el retorno del trío californiano Haim. "Something to tell you" también mantiene el estilo de pop colorista, con referencias a los sesenta y los ochenta y las melodías de muchas notas por verso que las caracteriza, pero de nuevo faltan canciones que lo sostengan. Los sencillos extraídos ("Want You Back" y "Little of Your Love") podrían figurar a lo sumo como temas para completar un Extended Play de su "Days are gone" de 2013, pero no se acercan al nivel de "The wire" o "Falling", por poner un par de ejemplos de sus mejores momentos. No sólo eso: la mayoría de los cortes son extrañamente cortos, y sólo a base de repetir con ligeras variaciones los estribillos consiguen llegar a la duración mínima esperable. Tan poca sustancia hay en el álbum que hay que esperar al penúltimo corte ("Right now", una balada que no desentona en su peculiar estilo), para encontrar el único momento realmente descatable.
En menor medida, también ha supuesto una decepción "World be gone", el decimoséptimo álbum de estudio de Erasure. Es cierto que tras más de treinta años de carrera nadie espera otra entrega que se acerque al nivel de "The circus", "Chorus" o "The innocents", pero por ejemplo su anterior entrega ("The Violet Flame", 2014) no desmerecía con el grueso de su carrera y contenía dos o tres buenos momentos. Pero este "World be gone" baja sensiblemente el nivel. Y es que bajo la apariencia de un álbum de madurez, apoyado en textos supuestamente más críticos con la realidad de nuestros días, bajan el tempo de casi todos los temas y enlazan balada con balada, dejando los dos únicos temas medianamente hedonistas y bailables ("Love you to the sky" y "Just a little love", por cierto los dos momentos más dignos) para abrir y cerrar el álbum. Entre medias, más de media hora de pop lento y anodino, cuando no directamente aburrido.
Otra decepción más ha sido el regreso de la estadounidense Michelle Branch, tras nada menos que ¡catorce! años de silencio. La cantautora debutó a comienzos de siglo con dos álbumes de pop rock contundente ("The spirit room", 2001, y "Hotel paper", 2003), muy del gusto del público americano de la época, y la suficiente inspiración en sus mejores momentos para augurarle una larga carrera. Pero se ve que no daba con la tecla con la que continuarlas, y su tercera entrega se ha ido alargando año tras año hasta que por fin en 2017 ha visto la luz este "Hopeless romantic", que se aparta de sus dos primeras entregas con un sonido menos distorsionado y una propuesta más reposada. Y que a pesar de un primer sencillo (de idéntico título) meritorio gracias a su efectiva progresión armónica, no justifica la espera por la escasa personalidad del conjunto. No sorprende que haya tardado tanto en encontrar discográfica para publicarlo.
Aunque me he fijado en estos cuatro ejemplos, ha habido más regresos que no han respondido a las expectativas: Kasabian, Aphex Twin... incluso Imagine Dragons, Portugal. The Man, o Saint Etienne han publicado discos que, sin ser realmente decepcionantes en comparación con el nivel medio de sus carreras, tampoco se han acercado a sus mejores momentos. Y es que parece que el panorama musical en este 2017, con tan pocas ventas físicas, tantos "dinosaurios" rentabilizando canciones de hace varias décadas en giras inacabables, y tanto streaming, no resulta lo suficientemente motivador para que artistas ya consagrados se esfuercen por dar lo mejor de sí mismos. A ver qué sucede con otros artistas fijos de este blog (The Killers, Cut Copy, Liam Gallagher) que publicarán sus nuevas entregas en próximos meses. Me espero cualquier cosa.
Quizá la mayor decepción hayan sido los británicos Alt-J. Después de dos álbumes con gran personalidad y muchos momentos destacables ("An awesome way", de 2012 y "This is all yours", de 2014), su "Relaxer" de hace unos pocos meses ha bajado muchísimo el nivel. Aún mantienen su personalidad acusada, con los originales juegos instrumentales y corales respaldando los recorridos vocales por la escala pentatónica de Joe Newman, pero la inspiración se les ha evaporado. Algo ya evidente desde el mayor tiempo que han tardado en publicar este tercer álbum respecto a sus dos predecesores, y su mucho menor contenido ("Relaxer" dura veinticinco minutos menos que "This is all yours", y contiene seis temas menos...). Y que se confirma por la irregularidad de los cuatro sencillos extraídos (la lenta y bastante aburrida "3WW" y la cadenciosa y reiterativa "Adeline" distan mucho de "In Cold Blood", quizá el tema que mejor enlaza con los discos anteriores, y "Deadcrush", el tema más interesante por su intensidad de principio a fin). Y que se reafirma cuando se descubre que uno de sus ocho cortes es una muy desafortunada versión de "House of the Rising Sun", que popularizaron The Animals. Todos sabemos que el trío británico puede dar mucho más de sí.
Otra decepción ha sido el retorno del trío californiano Haim. "Something to tell you" también mantiene el estilo de pop colorista, con referencias a los sesenta y los ochenta y las melodías de muchas notas por verso que las caracteriza, pero de nuevo faltan canciones que lo sostengan. Los sencillos extraídos ("Want You Back" y "Little of Your Love") podrían figurar a lo sumo como temas para completar un Extended Play de su "Days are gone" de 2013, pero no se acercan al nivel de "The wire" o "Falling", por poner un par de ejemplos de sus mejores momentos. No sólo eso: la mayoría de los cortes son extrañamente cortos, y sólo a base de repetir con ligeras variaciones los estribillos consiguen llegar a la duración mínima esperable. Tan poca sustancia hay en el álbum que hay que esperar al penúltimo corte ("Right now", una balada que no desentona en su peculiar estilo), para encontrar el único momento realmente descatable.
En menor medida, también ha supuesto una decepción "World be gone", el decimoséptimo álbum de estudio de Erasure. Es cierto que tras más de treinta años de carrera nadie espera otra entrega que se acerque al nivel de "The circus", "Chorus" o "The innocents", pero por ejemplo su anterior entrega ("The Violet Flame", 2014) no desmerecía con el grueso de su carrera y contenía dos o tres buenos momentos. Pero este "World be gone" baja sensiblemente el nivel. Y es que bajo la apariencia de un álbum de madurez, apoyado en textos supuestamente más críticos con la realidad de nuestros días, bajan el tempo de casi todos los temas y enlazan balada con balada, dejando los dos únicos temas medianamente hedonistas y bailables ("Love you to the sky" y "Just a little love", por cierto los dos momentos más dignos) para abrir y cerrar el álbum. Entre medias, más de media hora de pop lento y anodino, cuando no directamente aburrido.
Otra decepción más ha sido el regreso de la estadounidense Michelle Branch, tras nada menos que ¡catorce! años de silencio. La cantautora debutó a comienzos de siglo con dos álbumes de pop rock contundente ("The spirit room", 2001, y "Hotel paper", 2003), muy del gusto del público americano de la época, y la suficiente inspiración en sus mejores momentos para augurarle una larga carrera. Pero se ve que no daba con la tecla con la que continuarlas, y su tercera entrega se ha ido alargando año tras año hasta que por fin en 2017 ha visto la luz este "Hopeless romantic", que se aparta de sus dos primeras entregas con un sonido menos distorsionado y una propuesta más reposada. Y que a pesar de un primer sencillo (de idéntico título) meritorio gracias a su efectiva progresión armónica, no justifica la espera por la escasa personalidad del conjunto. No sorprende que haya tardado tanto en encontrar discográfica para publicarlo.
Aunque me he fijado en estos cuatro ejemplos, ha habido más regresos que no han respondido a las expectativas: Kasabian, Aphex Twin... incluso Imagine Dragons, Portugal. The Man, o Saint Etienne han publicado discos que, sin ser realmente decepcionantes en comparación con el nivel medio de sus carreras, tampoco se han acercado a sus mejores momentos. Y es que parece que el panorama musical en este 2017, con tan pocas ventas físicas, tantos "dinosaurios" rentabilizando canciones de hace varias décadas en giras inacabables, y tanto streaming, no resulta lo suficientemente motivador para que artistas ya consagrados se esfuercen por dar lo mejor de sí mismos. A ver qué sucede con otros artistas fijos de este blog (The Killers, Cut Copy, Liam Gallagher) que publicarán sus nuevas entregas en próximos meses. Me espero cualquier cosa.
lunes, 26 de diciembre de 2016
Vince Clarke & Paul Hartnoll: "2square" (2016)
De las numerosas colaboraciones que en el panorama musical internacional han dado fruto durante este 2016 que nos dejará en unos días, una de las más llamativas ha sido la de los británicos Vince Clarke y Paul Hartnoll. Por si no los ubican, Clarke lleva treinta años siendo el cerebro de Erasure, y anteriormente fue el co-fundador de los míticos Yazoo y el compositor de los primeros tiempos de Depeche Mode. Mientras que el mayor de los Hartnoll formó con su hermano Phil durante más de veinte años el dúo Orbital, uno de los principales referentes en la música techno a nivel mundial. Por lo que su talento creativo está fuera de toda duda, y lo que faltaba por comprobar era si el resultado ha sido una suma o, como sucedió hace unas pocas temporadas con el álbum conjunto de Vince Clarke y Martin L. Gore, una resta de talentos.
Desde que vio la luz este "2square" he leído varias críticas negativas. Que lógicamente si he decidido reseñar el álbum en este humilde blog, no comparto. En mi opinión se trata de un álbum correcto, de estilo definido, y que no va a defraudar ni a los seguidores históricos de Clarke ni, por supuesto, a los fans de Orbital. Es cierto que es un álbum relativamente corto (treinta y ocho minutos repartidos en ocho composiciones), que no aporta ninguna novedad al ya trillado panorama de la música electrónica del siglo XXI y que no todos sus temas rayan a la misma altura. Pero lo que está claro es que no se ha producido una resta de talentos, y que no hay espacio para los bostezos (a diferencia de otros álbumes de veteranos de la música electrónica que han visto la luz este 2016, como los de Jean Michel Jarre o Yello).
Si tenemos en cuenta que ni Clarke ni Hartnoll han ejercido nunca de cantantes, no nos sorprenderá que el resultado se parezca más a un álbum de Orbital que a cualquiera de los proyectos de Clarke. Eso es lo que sucede, pero la intervención de Clarke se deja sentir en ciertos guiños claramente pop, en la duración contenida de la mayoría de los temas, y en ciertos arpegios instrumentales como los que siempre se han hecho hueco en sus composiciones. Un buen ejemplo de esto (aunque también uno de los momentos menos inspirados) es "Better have a drink to think", el tema que abre el disco y que se publicó como sencillo de anticipo hace unos cuantos meses: un tempo relativamente alto si tenemos en cuenta la edad de sus creadores, y una facturación muy elaborada, pero al que lastra una progresión armónica no muy trabajada y que cede el protagonismo al sample vocal que repite una y otra vez el título hasta resultar fatigoso, y que sólo cuando desaparece permite apreciar unos intervalos instrumentales simplemente correctos.
Mucho mejor es en mi opinión "Zombie blip", segundo corte, eminentemente bailable, con una progresión armónica ahora sí muy trabajada y parte de la luminosidad pop de Clarke complementando las capas de sintetizadores de Hartnoll, y realzada por el certero pasaje para "coger fuerzas" a mitad del tema. Un escalón por debajo pero en un buen nivel se sitúa "The echoes", más atmosférico y de desarrollo más lento que las dos anteriores, que va creciendo gradualmente conforme el dúo va añadiendo instrumentos y en el que un sintetizador típico de Clarke desempeña el papel de las imaginarias armonías vocales en los minutos centrales. "Do-a-bong" es el tema más claramente Orbital de todo el álbum, con ese teclado principal que podría estar extraído perfectamente de su "Brown album" (1993), completado por otro sampling vocal que no resulta tan reiterativo como el del primer corte (entre otras razones porque toda la canción dura apenas tres minutos y medio).
La segunda mitad del álbum arranca con el que es en mi opinión el otro gran momento del álbum: "The shortcut", construido sobre una elaborada progresión armónica de ocho compases, que se combina con intervalos monocordes para aumentar la sensación de ambientación espacial muy en la línea de "Wonky" (2012, el último álbum de Orbital), con el siempre efectivo crescendo en su parte intermedia y una certera superposición de diversos sintetizadores interpretando notas diferentes en su tramo final. "Single function" insiste en ese techno de facturación clásica y cercano a la pista de baile, y es otro buen momento del álbum, con las slow strings envolviendo un conjunto equilibrado de percusiones y sintetizadores. "All out" es el tema más personal del álbum, y también la canción con una parte vocal más larga, a medio camino entre el hip-hop y el dub, complementada con la instrumentación más pretendidamente orgánica, incluyendo un piano típico del acid-house. Y el álbum lo cierra "Underwater", que sin ser el mejor tema del disco sí que es un sencillo mucho más representativo e inspirado que el primer corte: una canción que nos retrotrae a la época dorada del intelligent techno, con instrumentos que van y vienen sobre una progresión armónica repetida constantemente pero elaborada, y a la que como mayor pero le sobran uno o dos minutos.
Con la gradual desaparición de instrumentos de "Underwater" termina este "2square" que, sin grandes aspiraciones, nos demuestra que la química entre estos dos "tótems" de las últimas décadas funciona a un nivel razonable, con una cohesión estilística incuestionable, un apego a las armonías muy de agradecer en estos tiempos de escasa musicalidad, la negativa a acomodarse en tempos lentos, y las suficientes dosis de creatividad. Así que personalmente espero que no se quede en un solo capítulo y que vuelvan a cruzar sus caminos en los próximos años. Porque yo al menos siempre acabo encontrando el momento para disfrutar de un disco de techno clásico como éste.
Desde que vio la luz este "2square" he leído varias críticas negativas. Que lógicamente si he decidido reseñar el álbum en este humilde blog, no comparto. En mi opinión se trata de un álbum correcto, de estilo definido, y que no va a defraudar ni a los seguidores históricos de Clarke ni, por supuesto, a los fans de Orbital. Es cierto que es un álbum relativamente corto (treinta y ocho minutos repartidos en ocho composiciones), que no aporta ninguna novedad al ya trillado panorama de la música electrónica del siglo XXI y que no todos sus temas rayan a la misma altura. Pero lo que está claro es que no se ha producido una resta de talentos, y que no hay espacio para los bostezos (a diferencia de otros álbumes de veteranos de la música electrónica que han visto la luz este 2016, como los de Jean Michel Jarre o Yello).
Si tenemos en cuenta que ni Clarke ni Hartnoll han ejercido nunca de cantantes, no nos sorprenderá que el resultado se parezca más a un álbum de Orbital que a cualquiera de los proyectos de Clarke. Eso es lo que sucede, pero la intervención de Clarke se deja sentir en ciertos guiños claramente pop, en la duración contenida de la mayoría de los temas, y en ciertos arpegios instrumentales como los que siempre se han hecho hueco en sus composiciones. Un buen ejemplo de esto (aunque también uno de los momentos menos inspirados) es "Better have a drink to think", el tema que abre el disco y que se publicó como sencillo de anticipo hace unos cuantos meses: un tempo relativamente alto si tenemos en cuenta la edad de sus creadores, y una facturación muy elaborada, pero al que lastra una progresión armónica no muy trabajada y que cede el protagonismo al sample vocal que repite una y otra vez el título hasta resultar fatigoso, y que sólo cuando desaparece permite apreciar unos intervalos instrumentales simplemente correctos.
Mucho mejor es en mi opinión "Zombie blip", segundo corte, eminentemente bailable, con una progresión armónica ahora sí muy trabajada y parte de la luminosidad pop de Clarke complementando las capas de sintetizadores de Hartnoll, y realzada por el certero pasaje para "coger fuerzas" a mitad del tema. Un escalón por debajo pero en un buen nivel se sitúa "The echoes", más atmosférico y de desarrollo más lento que las dos anteriores, que va creciendo gradualmente conforme el dúo va añadiendo instrumentos y en el que un sintetizador típico de Clarke desempeña el papel de las imaginarias armonías vocales en los minutos centrales. "Do-a-bong" es el tema más claramente Orbital de todo el álbum, con ese teclado principal que podría estar extraído perfectamente de su "Brown album" (1993), completado por otro sampling vocal que no resulta tan reiterativo como el del primer corte (entre otras razones porque toda la canción dura apenas tres minutos y medio).
La segunda mitad del álbum arranca con el que es en mi opinión el otro gran momento del álbum: "The shortcut", construido sobre una elaborada progresión armónica de ocho compases, que se combina con intervalos monocordes para aumentar la sensación de ambientación espacial muy en la línea de "Wonky" (2012, el último álbum de Orbital), con el siempre efectivo crescendo en su parte intermedia y una certera superposición de diversos sintetizadores interpretando notas diferentes en su tramo final. "Single function" insiste en ese techno de facturación clásica y cercano a la pista de baile, y es otro buen momento del álbum, con las slow strings envolviendo un conjunto equilibrado de percusiones y sintetizadores. "All out" es el tema más personal del álbum, y también la canción con una parte vocal más larga, a medio camino entre el hip-hop y el dub, complementada con la instrumentación más pretendidamente orgánica, incluyendo un piano típico del acid-house. Y el álbum lo cierra "Underwater", que sin ser el mejor tema del disco sí que es un sencillo mucho más representativo e inspirado que el primer corte: una canción que nos retrotrae a la época dorada del intelligent techno, con instrumentos que van y vienen sobre una progresión armónica repetida constantemente pero elaborada, y a la que como mayor pero le sobran uno o dos minutos.
Con la gradual desaparición de instrumentos de "Underwater" termina este "2square" que, sin grandes aspiraciones, nos demuestra que la química entre estos dos "tótems" de las últimas décadas funciona a un nivel razonable, con una cohesión estilística incuestionable, un apego a las armonías muy de agradecer en estos tiempos de escasa musicalidad, la negativa a acomodarse en tempos lentos, y las suficientes dosis de creatividad. Así que personalmente espero que no se quede en un solo capítulo y que vuelvan a cruzar sus caminos en los próximos años. Porque yo al menos siempre acabo encontrando el momento para disfrutar de un disco de techno clásico como éste.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Erasure: The violet flame (2014)
Cuando hace unos meses se supo que para su decimosexto álbum de estudio Vince Clarke y Andy Bell estaban trabajando con Richard-X, me ilusioné con que pudieran volver por fin a entregar un gran disco. Y es que siempre he sido un fan del dúo inglés, pero no me cuesta reconocer que desde su quinto álbum de estudio ("Chrous", 1991), no han sido capaces de publicar otra entrega del mismo nivel. El productor y compositor Richard-X, que lleva más de una década usando la electrónica para crear un pop personal, de texturas envolventes muy elaboradas, parecía una muy buena elección para sacar a Erasure de su rutina creativa, en la que cada disco es poco más que una excusa para una nueva gira en la cual revisar sus clásicos, con canciones en su mayoría justitas de inspiración y escasas de elaboración. Y más aún cuando se supo que Richard-X no sólo estaba produciendo "The violet flames", sino que estaba participando activamente en la composición de todos sus temas.
Desgraciademente el resultado no ha respondido a mis expectativas. De manera muy similar a la colaboración de Stuart Price con Pet Shop Boys en "Electric" (2013), que también se quedó a medio camino de lo que prometía, da la impresión de que durante las sesiones de "The violet flame" Richard-X no ha sido un miembro de pleno derecho a la hora de tomar decisiones, se ha plegado a los criterios del dúo, e incluso ha estado virtualmente ausente en algunos temas que suenan casi como de costumbre. No significa esto que se trate de un mal disco, pues resulta claramente más interesante que "Snow Globe", su álbum navideño de temas tradicionales y composiciones originales publicado el año pasado que ni siquiera me animé a reseñar en este blog (a pesar de contener algún tema interesante como "Make it wonderful"). Pero sí se trata de un disco escueto (10 temas solamente), muy lineal, con prácticamente la misma estructura en todos los temas, predominio absoluto de la parte vocal, ritmos binarios sencillos, y apenas espacio para la experimentación.
"Death of night", el tema que abre el disco, refleja perfectamente ese pop correcto, centrado en la parte vocal, bailable y sin pretensiones, pero la falta de un verdadero estribillo lastra el resultado. "Elevation", segundo corte y primer sencillo, sí refleja desde tímidamente esa superposición de capas sonoras tan característica de Richard-X, sobre todo en un comienzo más trabajado de lo habitual y en un estribillo que pretende trasladarnos esa sensación de elevación ("your love gets higher..."). Aunque no llega a la altura de sus clásicos, pues le falta un punto de inspiración. "Reason", tercer corte e inminente segundo sencillo, es en mi opinión el tema estrella del disco: más sencillo instrumentalmente hablando que el anterior, remata unas estrofas correctas con un bonito estribillo, que a partir de la segunda repetición desemboca en otro aún más cautivante segundo estribillo ("give a little love, I'm all out of it..."), que Clarke realza con unas sencillas notas de teclado que lo complementan sin calcarlo. Tras él, "Promises" es el segundo mejor tema del disco, construido sobre unas estrofas en las que Bell suena convincente dejando al descubierto sus heridas, en las que Clarke nos entrega la parte nueva más inspirada instrumentalmente hablando y en la que todo el conjunto queda rematado por un correcto estribillo.
Aquí finaliza el tramo más interesante del disco. Después del insulso "Be the one", el único tema lento del disco (¡qué lejos quedan los tiempos en los que las baladas eran uno de los puntos fuertes del dúo!), "Sacred", el tema favorito de Bell según sus propias palabras, recuerda poderosamente al pop colorista de "I say I say I say" (1994), en particular a "Miracle", pero con una melodía menos inspirada. El séptimo corte, "Under the wave", recuerda a su vez al electro-pop espartano y vitalista de su álbum de debut ("Wonderland", 1985), y es en mi opinión el tercer momento relevante del disco, con ese segundo estribillo a base de "Oh, ohs" que nos retrotrae tres décadas en el tiempo al inicio de su periodo glorioso. De ahí hasta el final, mas corrección que inspiración: "Smoke and mirrors" recupera esa vena épica que iniciaron en "Wild" con Crown of thorns", siendo el juego de voces de Bell lo más interesante. "Paradise" podría ser un descarte de "Tomorrow's world" (2011) por su ritmo machacón y sus tintes disco, pero un estribillo decente no es suficiente para recomendarlo. Y "Stayed a little late tonight" no es, a pesar de lo que su título parece anticipar, la típica balada para cerrar el álbum a la que ya han recurrido en muchas ocasiones, sino otro tema rápido instrumentado con lo justo, y del que sólo en el tramo final Richard-X da señales de vida, ya que para variar se cierra con cuarenta segundos instrumentales más que aceptables.
Es cierto que cumplir 30 años de carrera ininterrumpida ya es un logro, y que alcanzarlos con la publicación del decimosexto álbum de canciones originales poco menos que una hazaña. Además, "The violet flame" es superior al menos a los cuatro últimos discos de estudio de la banda ("Union Street", "Light at the End of the World", "Tomorrow's World" y "Snow Globe"), y contiene tres momentos que harán las delicias de sus incondicionales. Así que desde ese punto de vista el disco es un éxito. Lo que sucede es que si les hubiera pillado en un mejor momento de forma, este tándem con Richard-X debería haber propiciado uno de los mejores álbumes del año. Y a tanto no ha llegado.
Desgraciademente el resultado no ha respondido a mis expectativas. De manera muy similar a la colaboración de Stuart Price con Pet Shop Boys en "Electric" (2013), que también se quedó a medio camino de lo que prometía, da la impresión de que durante las sesiones de "The violet flame" Richard-X no ha sido un miembro de pleno derecho a la hora de tomar decisiones, se ha plegado a los criterios del dúo, e incluso ha estado virtualmente ausente en algunos temas que suenan casi como de costumbre. No significa esto que se trate de un mal disco, pues resulta claramente más interesante que "Snow Globe", su álbum navideño de temas tradicionales y composiciones originales publicado el año pasado que ni siquiera me animé a reseñar en este blog (a pesar de contener algún tema interesante como "Make it wonderful"). Pero sí se trata de un disco escueto (10 temas solamente), muy lineal, con prácticamente la misma estructura en todos los temas, predominio absoluto de la parte vocal, ritmos binarios sencillos, y apenas espacio para la experimentación.
"Death of night", el tema que abre el disco, refleja perfectamente ese pop correcto, centrado en la parte vocal, bailable y sin pretensiones, pero la falta de un verdadero estribillo lastra el resultado. "Elevation", segundo corte y primer sencillo, sí refleja desde tímidamente esa superposición de capas sonoras tan característica de Richard-X, sobre todo en un comienzo más trabajado de lo habitual y en un estribillo que pretende trasladarnos esa sensación de elevación ("your love gets higher..."). Aunque no llega a la altura de sus clásicos, pues le falta un punto de inspiración. "Reason", tercer corte e inminente segundo sencillo, es en mi opinión el tema estrella del disco: más sencillo instrumentalmente hablando que el anterior, remata unas estrofas correctas con un bonito estribillo, que a partir de la segunda repetición desemboca en otro aún más cautivante segundo estribillo ("give a little love, I'm all out of it..."), que Clarke realza con unas sencillas notas de teclado que lo complementan sin calcarlo. Tras él, "Promises" es el segundo mejor tema del disco, construido sobre unas estrofas en las que Bell suena convincente dejando al descubierto sus heridas, en las que Clarke nos entrega la parte nueva más inspirada instrumentalmente hablando y en la que todo el conjunto queda rematado por un correcto estribillo.
Aquí finaliza el tramo más interesante del disco. Después del insulso "Be the one", el único tema lento del disco (¡qué lejos quedan los tiempos en los que las baladas eran uno de los puntos fuertes del dúo!), "Sacred", el tema favorito de Bell según sus propias palabras, recuerda poderosamente al pop colorista de "I say I say I say" (1994), en particular a "Miracle", pero con una melodía menos inspirada. El séptimo corte, "Under the wave", recuerda a su vez al electro-pop espartano y vitalista de su álbum de debut ("Wonderland", 1985), y es en mi opinión el tercer momento relevante del disco, con ese segundo estribillo a base de "Oh, ohs" que nos retrotrae tres décadas en el tiempo al inicio de su periodo glorioso. De ahí hasta el final, mas corrección que inspiración: "Smoke and mirrors" recupera esa vena épica que iniciaron en "Wild" con Crown of thorns", siendo el juego de voces de Bell lo más interesante. "Paradise" podría ser un descarte de "Tomorrow's world" (2011) por su ritmo machacón y sus tintes disco, pero un estribillo decente no es suficiente para recomendarlo. Y "Stayed a little late tonight" no es, a pesar de lo que su título parece anticipar, la típica balada para cerrar el álbum a la que ya han recurrido en muchas ocasiones, sino otro tema rápido instrumentado con lo justo, y del que sólo en el tramo final Richard-X da señales de vida, ya que para variar se cierra con cuarenta segundos instrumentales más que aceptables.
Es cierto que cumplir 30 años de carrera ininterrumpida ya es un logro, y que alcanzarlos con la publicación del decimosexto álbum de canciones originales poco menos que una hazaña. Además, "The violet flame" es superior al menos a los cuatro últimos discos de estudio de la banda ("Union Street", "Light at the End of the World", "Tomorrow's World" y "Snow Globe"), y contiene tres momentos que harán las delicias de sus incondicionales. Así que desde ese punto de vista el disco es un éxito. Lo que sucede es que si les hubiera pillado en un mejor momento de forma, este tándem con Richard-X debería haber propiciado uno de los mejores álbumes del año. Y a tanto no ha llegado.
viernes, 30 de diciembre de 2011
Erasure: Tomorrow's world (2011)

En mi entrada del pasado mes de Octubre dedicada al nuevo álbum de Autokratz, "Self help for beginners", ya terminaba referenciando a este otro dúo de pop electrónico inglés, con nada menos que 25 años de carrera a sus espaldas, lo que lo convierte en una referencia obligada para las nuevas generaciones. La noticia es que, casi un lustro después, vuelven a la actualidad con un álbum de nuevas composiciones, nada menos que el duodécimo de su carrera. Y es que llegar a publicar 12 discos de composiciones originales es un hito no demasiado frecuente. Creo que merece la pena comenzar esta entrada recalcando ese hecho: independientemente de que nos guste más o menos, toda banda que alcanza esa cifra merece un respeto máximo por su trabajo.
Para tratar de darle un sonido lo más actual al pop electrónico habitual de la banda, Vince Clarke y Andy Bell han contado con los servicios de Frankmusic, el músico y productor que tantas colaboraciones ha realizado en los últimos años y que, dicho sea de paso, apenas había nacido cuando Erasure ya eran una banda de éxito. Pero en la primera escucha este hecho pasa a un segundo plano ante la duración de "Tomorrow's world": en su versión oficial (hay una especial con demos y remezclas), son sólo 9 temas, y lo que es más llamativo, tan sólo 32 minutos en total. Una duración más propia de álbumes de hace 30 o 40 años, y que inmediatamente previene al oyente sobre el estado de forma creativo del dúo: ¿sólo quisieron entregar los temas realmente brillantes? ¿o casi 5 años de ausencia no han dado para más alegrías compositivas?
Pues desgraciadamente lo segundo: la sensación de que el álbum es una mera excusa para recuperar la atención de los fans y salir de gira con sus clásicos de siempre es apabullante. No es que sean temas de pop directo; es que no hay ni el más mínimo exceso instrumental, ni una mínima salida de la estructura de canción pop estándar, ni hueco para la experimentación. Baste decir que ni una sola de las canciones llega siquiera a los 4 minutos... Frankmusic ha proporcionado un sonido algo más actual, pero sobre todo unos arreglos a la moda, con vocoders de última generación, entradas al estribillo que se retrasan cuatro compases, sampleados de la propia canción superpuestos... En suma, una intervención superficial, sin atreverse a restarle protagonismo a la voz de Andy Bell en al menos algún tema, ni terminar de explotar los temas más logrados.
Que la verdad, no hay muchos. Para futuras escuchas dentro de unos años, solamente salvaría dos: "A Whole Lotta Love Run Riot", una historia de una fallida aspirante a estrella de cine, con una bonita melodía en las estrofas y con gancho en el estribillo (y también, dicho sea de paso, los mayores y menos acertados excesos de Frankmusic, sobre todo en el tramo final) y sobre todo "I lose myself", un riff de bajo con mucho gancho (aunque casi oculto por culpa de la producción), expandido con una atmósfera que recuerda a los tiempos más crudos de "Wonderland", y un estribillo casi en falsete pero que no baja el listón.
Por salvar algo del resto, los dos sencillos jamás hubieran tenido tal condición en alguno de sus álbumes más redondos, pero "When I Start To (Break It All Down)" tiene unas estrofas aceptables, y "Be with You" podría ser un tema del nivel de "I say I say I say" si Andy Bell no gritara tanto.
Y pare Vd. de contar: los otros 5 temas probablemente ni siquiera lleguen a ser interpretados en directo durante la promoción de este disco. O lo que es lo mismo, un álbum del que ni ellos mismos querrán oir en unos pocos años. Aunque, mirándolo desde otro punto de vista, que sean capaces de entregar un par de temas decentes tras cerca de tres décadas en activo tampoco está tan mal...
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