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sábado, 11 de diciembre de 2021

Cloves - "Nightmare On Elmfield Road" (2021)

No es algo que esté fomentando de manera consciente, pero de un tiempo a esta parte es de Australia de donde más novedades musicales estoy reseñando: Cut Copy, Josef Salvat, Rüfüs Du Sol... y ahora, Cloves. Y es que, en mi opinión, nuestras antípodas están logrando mantener los ingredientes principales de la música pop al margen de tendencias musicales que predominan en el resto de los países anglosajones, y que tanto están degradando la música contemporánea. Tal vez influya su ubicación geográfica, pero es incuestionable que en las propuestas que nos llegan de Australia no queda apenas espacio para el hip-hop, el reguetón, el trap, o incluso el folk, estilos de lo que poco cabe esperar. Pero, sin embargo, sí que están siendo capaces de actualizar el sonido del pop clásico y más o menos bailable para que suene contemporáneo. El resultado es una mezcla de música evocadora y de calidad que explica por qué se cuelan cada vez más frecuentemente en este humilde blog.

La última australiana en subirse al carro del pop elegante y contemporáneo de sus paisanos ha sido Cloves, o lo que es lo mismo, Kaity Dunstan, quien hace unos meses publicó su segundo álbum, "Nightmare On Elmfield Road". Con su primer disco, "One big nothing" (2018), Dunstan no logró el nivel suficiente como para que le dedicara una reseña independiente, pero sí consiguió aparecer en mi lista de mejores canciones internacionales de aquel año con su excelente "Bringing the house down", una pieza de rock atemporal dominada por sus rasgueos de guitarra y su voz poderosa y de cautivadora amplitud vocal. Pero quizá el conjunto del disco pecaba de excesivo clasicismo, de una ortodoxia que no terminaba de reflejar las inquietudes musicales de una chica tan joven. Sin embargo, para este segundo álbum, Cloves ha dado una llamativa vuelta de tuerca a su estilo, limitando en el mismo el predominio del rock gracias a una serie de canciones que podemos definir más acertadamente como pop, y sobre todo, reemplazando ese sonido ortodoxo pero un tanto añejo por una contemporaneidad exquisita. Si a ello le añadimos cuatro sencillos a los que apenas se les puede poner algún pero, esta reseña está más que justificada.

Eso sí, para que no nos desorientemos, el álbum sitúa esos cuatro sencillos en los cinco primeros cortes. En primer lugar, "Manic", que fue el tercer sencillo antes del verano. Un medio tiempo oscuro, de estrofas cautivadoras, estribillo sencillo, sampling vocales que aumentan la sensación de opresividad, un original violín para complementar el piano y una interesante sección de cuerda en su tramo final para llevar el tema a unas cotas fascinantes. Le sigue "Sicko", segundo sencillo hace ya casi un año, y para mí superior incluso al corte anterior. De hecho, las estrofas me parecen de las mejores de este 2021 próximo a acabar, de una elegancia ominosa que hace daño. Justo a continuación Cloves revela la sorpresa de la utilización de algunas notas del "Tom's diner" de Suzanne Vega, a pesar de lo cual la canción mantiene una personalidad propia que la aleja de la mera revisión. Hecho que se ve acrecentado tras el segundo estribillo, cuando los samplings instrumentales se superponen a la melodía casi declamada con que se remata el conjunto. El festival continúa con "Nightmare", puro trip-hop hasta el punto que me atrevería a decir que no desentonaría entre los mejores momentos de Portishead. De atmósfera cinematográfica y sostenida por un bajo slap en primer plano, su estribillo a dos voces, una de notas altísimas y la otra casi declamada, es francamente interesante.

Tras esta terna de momentazos, Cloves introduce un pequeño interludio que podría haber sido interesante si se hubiera desarrollado ("And now a word from one of the many voices in my head saying something I won’t remember later"), pero que dada su cortísima duración aparenta ser una mera excusa para que el disco llegue a los diez cortes de rigor. Menos mal que le sigue "Dead", primer sencillo, que anticipó el álbum hace un año. El más contundente y de tempo más alto de los cuatro, es también el que mejor entronca con la propuesta rockera de su primer disco. Estrofas de una calidez adictiva, y un estribillo de notas altas coincidiendo con una progresión armónica que cambia de tonalidad y lleva el tema por derroteros distintos de los esperables. Aunque lo mejor se lo reserva Cloves para el final: una coda casi instrumental, con unos sintetizadores en trémolo y unas voces distorsionadas que demuestran que, si se posee el talento, se puede emplear la tecnología del siglo XXI para conseguir resultados tan fascinantes como evocadores.

El problema es que a estas alturas el disco ya ha desvelado todas sus mejores bazas, y hasta que llegue a su fin, el conjunto baja un tanto. Aunque debo aclarar que ninguna de las restantes canciones decepciona, y la producción y la instrumentación están a la altura de los cuatro sencillos. "Screws" vuelve a moverse entre el pop contemporáneo y el rock de guitarras, y la contundencia de la batería en su estribillo profundiza en ese nivel de energía. Pero le falta algo de inspiración en la composición. "Better" sube un poco el nivel, entre otras cosas gracias a su excelente principio y al contrapunto entre su melodía etérea y la contundencia de sus ritmos programados. Pero la composición en sí es un poco escasa para un tema completo (estrofas cortas y de notas repetitivas, y un estribillo igual de simple), y eso provoca que ni siquiera con toda la exhibición de su instrumentación el resultado llegue al de los cuatro sencillos. "Paranoid", el octavo corte es, en mi opinión, el único que sí alcanza el nivel del primer tramo del disco. Nuevamente de comienzo cinematográfico, y sustentado en esta ocasión por un piano acústico, sus estrofas de reminiscencias psicodélicas consiguen a pesar de la dificultad que entrañan encajar con su tarareable estribillo en acordes mayores. La sección de cuerda y su inquietante parte nueva tiran del tramo final para arriba.

"Grudge" es el tema más electrónico, y también en el que mejor se aprecian las cualidades vocales de Dunstan, gracias a su instrumentación más espartana en estrofas y estribillo. El problema es que los distorsionados efectos (casi de future-bass), se agradecen por lo que tienen de experimental, pero no encajan con el resto de la canción, y arruinan un tanto todo lo que prometía al comienzo. Y en apenas media hora escasa el disco llega a su final con "Beast": directamente la voz de Cloves y un arpegio de guitarra eléctrica desarrollando la primera estrofa. Un panorama que irá creciendo en riqueza sonora hasta su notable intervalo instrumental en el tramo final. Pero son apenas dos minutos de canción, y cuando termina inevitablemente nos quedamos con ganas de más.

Y esa es una sensación peligrosa para terminar la escucha, porque puede hacernos prestar más atención a la brevedad del conjunto que a la brillantez de su primer tramo. Está claro que por lo menos el último corte y alguno otro más se habría beneficio de un desarrollo más largo que le hubiera permitido alcanzar los cuatro minutos, sin que por ello hubieran resultado aburridos. Y que tan sólo con un undécimo corte del nivel de los cuatro primeros, Cloves habría convertido un buen álbum como éste en uno de los mejores álbumes del año. Porque por talento creativo e instrumental es a lo que apuntaba conforme se fueron publicando los sencillos de adelanto. Pero al final el resultado se queda un escalón por debajo de lo que nos habría gustado (aunque varios por encima del nivel medio de los discos de este discreto 2021). Así que espero que para el tercer disco Cloves mantenga la propuesta creativa de este segundo, pero dedique un poco más de tiempo a recopilar el suficiente número de composiciones de nivel. Si logra ambas cosas, les anticipo que el resultado será excepcional. Yo ya estoy esperando.

miércoles, 6 de julio de 2016

Josef Salvat: "Night swim" (2016)

Es sorprendente cómo al mismo tiempo que los tradicionalmente predominantes Estados Unidos y Reino Unido ofrecen cada vez un número menor de nuevos artistas interesantes, en Australia no dejan de surgir solistas y bandas plenos de talento. De ello da buena muestra el número cada vez mayor de artistas reseñados en este humilde blog (desde Cut Copy a Rüfüs pasando por Gypse & The Cat o Voltaire Twins). A todos ellos se unió el año pasado Josef Salvat, un cantante y compositor de ascendencia española que fue publicando sencillos de gran interés en los últimos tiempos hasta que a finales de febrero debutó a nivel internacional con este "Night swim". Un álbum que ha respondido a las expectativas, aunque con algunos peros.

De manera acertada el disco lo abre "Open season", probablemente su mejor sencillo además del tema que lo dio a conocer como compositor y que de hecho ya formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2015. Es un tema de pop elegante, construido sobre una cautivadora progresión armónica, brillantemente interpretado, digno de un crooner del siglo XXI muy por encima de por ejemplo Brandon Flowers, con unos arreglos contemporáneos sin rendirse a las modas ni renunciar a los instrumentos convencionales. "Paradise", siguiente corte, es el quinto y hasta ahora último sencillo extraído, un tema si cabe más bailable que el anterior, también con una acertada progresión armónica y una producción capaz de extraer todo lo mejor de la composición mezclando piano electronico y un synclavier en el estribillo, aunque aun así se queda en mi opinión un escalón por debajo de su predecesora. "Hustler", segundo sencillo de su carrera, es uno de los numerosos temas "lentos" que figuran en el álbum, una balada sentida y bien interpretada que en la versión en estudio arropa muy bien el piano y la voz de Salvat con una elaborada percusión. "Punchline" es si cabe una canción más conseguida que la anterior, más tenebrosa, gélida en el estribillo y con la sorpresa de la distorsionada batería, los coros y el violín que la realzan en sus dos minutos finales; lo que sucede es que al ser la segunda balada seguida descoloca respecto a las intenciones del álbum, que había arrancado mucho más bailable y colorista.

"Closer", sin ser un tema demasiado rápido, supone una saludable vuelta a los ritmos más bailables, aunque su pausado comienzo no lo refleje. Pero el tema va creciendo en el puente hasta desembocar en un meritorio estribillo sabiemente ensalzado por unos violines herederos del sonido philly de finales de los setenta. "Till I Found You", tercer sencillo del álbum, vuelve a frenar el tempo a la vez que baja el listón, porque a pesar de un tema con unos arreglos excelentes y una producción muy meritoria, la composición no termina de armonizar una ambientación pesimista con una letra optimista, y el estribillo resulta un tanto plano. "Shoot and run" es otra nueva balada, otra vez con una instrumentación excelente, ominosa en el comienzo y en las estrofas, con un bajo sintetizado muy difícil de encajar en un tema tan lento, una melodía muy compleja y difícil de interpretar que cubre varias estrofas y probablemente la letra más sugerente del álbum. "Constant Runners" supone otra refrescante aceleración y cambio de estilo, con una progresión armónica y una melodía optimistas que me recuerdan mucho a los Alphaville de "Afternoons in utopia" (1986) con ese pop dinámico de matices electrónicos y guiños al mercado estadounidense que en su momento entregaron (Salvat casi parece Marian Gold en el estribillo).

"Night swim", el tema que da título al álbum además de su cuarto sencillo, es como cabía esperar uno de sus mejores momentos: una nueva balada, con una letra muy sensual, y una melodía cálida, que juega a ser acústica pero que en realidad está realzada con varios detalles que no empañan la interpretación de Salvat (con mención especial para el sintetizador que acompaña sin casi percibirse todo el tema). "The days", un medio tiempo con un estribillo en falsete, sin llegar ser uno de los mejores cortes, sí que mantiene ese nivel medio tan meritorio de todo el álbum. "Every night" es la sorpresa del disco: un tema de soul sesentero muy en la línea en la que últimamente ha descollado Leon Bridges, sobre acordes mayores, con coros de reminiscencias gospel, y una acertada guitarra steel para completar el momento "retro". Y para cerrar el disco Salvat escoge una última balada, "A better word", sobre el piano y la voz de Salvat, correcta pero sin demasiado gancho.

En un debut que ha tardado casi cuatro en gestarse ha habido tiempo de sobra para poder entregar hasta cuatro temas adicionales en la edición deluxe. Empezando por "Secret", otro medio tiempo con una percusión muy marcada deudora del R&B y un tono inquietante, cuyo estribillo en falsete no termina de encajar, a pesar de la nueva melodía con la que lo enriquece en el tramo fial. Siguiendo por "This life", que fue el primer tema y vídeo de su carrera en el 2013, otra balada cuyo mayor valor es el estribillo altivo y un tanto frío con el que sorprende, a la vez que recuerda a John Foxx. Deteniéndose en "Diamonds", la versión del insípido tema de Rihanna que vio la luz en formato sencillo en 2014, que a pesar de ser "desnudado" hasta dejarle sólo los elementos esenciales no termina de emocionar. Y cerrando con el tema más interesante de los cuatro, ese "In the audience" que insiste una vez más en el binomio piano/voz de comienzo reposado pero con una progresión armónica más inspirada y una bonita melodía que desemboca en un certero estribillo, sin duda merecedor de haber formado parte del tracklist oficial.

El mayor pero, pues, es el alto volumen de temas lentos, prácticamente la mitad, más propio de un artista maduro en el tramo final de su carrera que de un debutante cuyos momentos más conocidos los ha alcanzado además con temas bailables y de cierto barniz electrónico. Al ser nada menos que dieciséis cortes, eso hace que a la hora de animarse a escucharlo pueda aflorar la temida sensación de "sí, este disco está bien, pero es que ahora...", que siempre jugó en contra de artistas como Crowded House o Belle And Sebastian. Tampoco juega a su favor cierta indefinición estilística, por otra parte habitual en los álbumes de debut. Y algún tema que ahonda en el estilo de otros del mismo álbum pero de nivel incuestionablemente inferior. No obstante, analizado globalmente, "Night swim" contiene un buen número de grandes momentos, que reflejan la calidad de Salvat como compositor y como intérprete, así como la inteligencia a la hora de armonizar y producir los temas de Rich Cooper. Así que esperemos que tenga una carrera larga y plena de éxitos, incluso a nivel comercial. Porque mimbres tiene para ser una estrella.

domingo, 10 de abril de 2016

Gypsy & The Cat: "Hearts a gun" (2015)

El formato EP (por sus siglas en inglés Extended Play) ha sido históricamente poco apreciado y difícil de vender: a medio camino entre el sencillo y el álbum, su sensación de demasiado largo para ser encasillado como sencillo y demasiado corto para venderlo a precio de álbum lo ha arrinconado al ámbito de lo minoritario. Afortunadamente, desde hace unos años internet ha venido también al rescate de los EPs, ya que pueden adquirirse en las tiendas habituales y reciben suficiente anterior por parte de webs y blogs especializados. Por eso en las próximas dos entradas voy a reseñar dos de mis EPs favoritos de los últimos meses: el de los alemanes Claire, cuyo álbum de debut ya reseñé en este mismo blog, y el de los australianos Gypsy & The Cat, del que les hablaré a continuación.

Gypsy & The Cat es un dúo formado por Xavier Bacash y Lionel Towers, que debutaron en 2010 y han lanzado hasta la fecha dos álbumes de estudio más este excelente EP, "Hearts a gun", que vio la luz hace tan sólo unos meses. Pese a ser una banda que he seguido con interés desde sus inicios, nunca hasta ahora habían terminado de convencerme. Y de hecho, a lo largo de 2015 y al margen de este EP han lanzado otres sencillos, ninguno de los cuales raya en mi opinión a la misma altura de este EP: "Climb into the music", es correcta pero le perjudica un estribillo demasiado obvio; "Can't stop me now" se ve lastrada por su percusión deudora de los sesenta; y "Lost control" tiene una estrofa digna de este EP pero un estribillo mucho más flojo. Por contra, "Hearts a gun" sorprende por su nivel medio muy alto, tanto a nivel compositivo como instrumental, aparte de exhibir una cohesión y una personalidad incontestables en apenas veintitrés minutos.

"Hearts a gun", la canción que titula y abre el EP, es una sensacional muestra de pop contemporáneo, desde su aparentemente manido pero efectivo silbido, el cual anticipa la melodía de su maravilloso estribillo. Un estribillo que llega sin muchos preámbulos y que crece un poco más con cada repetición, gracias a sus sintetizadores en un discreto segundo plano y un tramo instrumental final realmente conseguido. "Red wine & cigarettes", el segundo corte, baja un escalón respecto al anterior aunque sigue siendo un buen tema, que evoca la atmósfera del océano que baña Melbourne, con un estribillo no tan inspirado pero contagioso, adornado con una especie de gaviotas electrónicas y una no fácilmente detectable guitarra.

"Evolution" fue el sencillo que se extrajo del álbum. Interpretado junto a la también banda australiana Client Liaison, formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2015: una elegante muestra de lo que puede ser el pop de 2015: mirando de reojo a las melodías de los ochenta, pero sin desaprovechar todas las posibilidades instrumentales existentes actualmente: los australianos juntan sin que se estorben guitarras acústica y eléctrica, teclados envolventes, un pequeño arpegio de bajo que remata el estribillo, sintetizadores que marcan las notas al estilo clásico y certeras percusiones electrónicas adornando. Además, sobre una progresión armónica muy acertada despliegan una melodía prácticamente perfecta, que ya desde la entrada al estribillo ("I am the life that defines evolution...") transporta al oyente como sólo puede hacerlo el mejor pop intemporal.

Pero es que la segunda mitad del EP mantiene el listón: "Wasted days" está construida sobre otra inspirada progresión armónica, realzada en partes instrumentales y estribillos por un excelente arpegio de piano. La oscura estrofa y el estribillo de una sola frase completan la composición sin desentonar, y el bajo sintetizado se mezcla con una excelente batería. "Fire" es si cabe superior, con ese explosivo y subyugante comienzo, nuevamente sobre otra excepcional progresión armónica marcada por el bajo sintetizado. Y que tras una estrofa correcta y una precisa entrada culmina en otro formidable estribillo, que vuelve a retrotraernos a los ochenta sin resultar demasiado obvio. Solamente el último corte, "Sunday", se sitúa en lo que podríamos denominar correcto: mucho más reiterativa y expansiva, con un claro predominio instrumental, al menos logra con su piano electrónico evocar la desidia de una tarde de domingo en la costa australiana.

Con lo cual al terminar la escucha la sensación que queda es la de que ha habido tantos momentos de calidad como en la mayoría de los álbumes que reseño en este mismo blog: tres temas excelentes, dos muy buenos y uno correcto. Así que el hecho de que se trate de un EP queda totalmente en segundo plano. Aunque sí queda la duda de por dónde "tirarán2 en su siguiente álbum: si por la línea más retro de sus sencillos de 2015, o por la línea de pop contemporáneo de este EP; espero fervientemente que sea por lo segundo.

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