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lunes, 18 de abril de 2022

Más de 200.000 páginas vistas

Interrumpo mi revisión de las últimas novedades musicales para dedicar una breve entrada al hito que supone haber superado las 200.000 páginas vistas. Un gran logro si tenemos en cuenta que todo lo que no sea vídeo streaming está irremisiblemente destinado a ser minoritario en el mundo virtual de nuestros días. Aunque en mi humilde opinión un blog con texto explicativo y enlaces asociados siga siendo el mejor cauce para profundizar en lo que realmente encierra tal artista o tal álbum, sin limitarnos a una revisión más visual pero también más superficial. En todo caso, lo realmente llamativo de este logro no es que se haya alcanzado poco después de la primera década de existencia de este blog, sino que se ha logrado menos de un año después de haber superado la cifra de las 50.000 visitas. Es decir, en menos de doce meses el número de visitas a este blog sobre música contemporánea internacional ha CUADRUPLICADO sus visitas. Algo tan llamativo como inesperado por mi parte.

Tan tremendo incremento sólo se explica por una razón: tenacidad. Y es que cuando arranqué este blog en 2011, no me propuse hacerlo un sitio popular, ni mucho menos algo que rentabilizar monetariamente. Únicamente buscaba un cauce para compartir con hipotéticos melómanos al otro lado de la red una de mis grandes pasiones: la música pop y rock contemporáneas. Que por desgracia tan maltratada ha sido en este siglo XXI, cuando casi sin darnos cuenta ha pasado de ser uno de los grandes fenómenos culturales del ser humano a una manifestación artística relegada y reemplazada por la música plana, generada por algoritmos y por artistas sin apenas interés creativo, y de consumo fácil que tan ominipresente resulta en estos últimos tiempos. Algo contra lo que me rebelé hace once años, y en lo que si cabe me he ido reafirmando desde entonces. Por eso he empleado al comienzo de este párrafo la palabra tenacidad. Porque, inaccesible al desaliento, he seguido explorando a quienes continuaban con los géneros que transformaron la música contemporánea, cada vez más al margen de modas y canales de distribución al uso. De suerte que aquellos que, en mi opinión, superaban un umbral mínimo de calidad e interés necesarios, han ido recibiendo puntualmente su atención en este espacio.

En ningún momento me ha preocupado que la propuesta en cuestión pudiera ser minoritaria. No he pensado tampoco en a quién le podrían interesar mis reseñas. Simplemente me he dejado llevar, y con la misma frecuencia con la que continúo explorando nuevos álbumes cada semana, he continuado tenazmente reseñando aquellos discos que "pasaban el corte". Argumentando por qué, intentando resaltar sus virtudes y haciendo visible al mismo tiempo sus defectos. Comencé con un número de visitas realmente reducido, apenas unas pocas por entrada. Poquito a poco alguna de ellas tuvo algo más de tirón, y así alguna de ellas me sorprendía ocasionalmente al haber superado el centenar de visitas. Así hasta llegar a abril del año pasado, cuando por alguna de esas razones que sólo Google entiende, esa acumulación de tenaces entradas minoritarias de pronto prendió en el mundo virtual, y las visitas comenzaron a llegar por miles. De resultas que cuatro de las cinco páginas históricamente más vistas de este blog corresponden a artistas que serán desconocidos para casi el cien por cien de los potenciales melómanos en español, fíjense: Kaleida, Mating Ritual, NoMBe y Avec Sans. Y sin embargo...

Sin embargo para una pequeña porción de esos potenciales melómanos, esos nombres les resultan ya plenamente familiares. Porque este blog seguramente les ha ayudado a descubrir a esos otros artistas que, tenacidad al frente, siguen cultivando pop y rock que suenan contemporáneos y a la vez de calidad. Algo de lo que me siento tan orgulloso como del número de visitas alcanzadas. Y que me anima a continuar investigando el panorama musical, atento tanto a nuevos lanzamientos de esos artistas ya "clásicos" dentro de "pop, rock y más", como a nuevas propuestas musicales que se ciñan a los parámetros que a mi modo de ver son esenciales en la música contemporánea. Así que me congratulo ante todos estos ustedes por la cifra alcanzada, les doy mis más sinceras gracias por todas las muestras de atención recibidas, y les emplazo al siguiente hito de visitas. Que desconozco cuál será, pero que seguremente llegue más pronto que tarde.

GRACIAS.

domingo, 15 de noviembre de 2015

¿Cuándo dejamos de seguir la música popular contemporánea?

Hace unos meses vio la luz en la web skynetandebert.com un más que interesante estudio sobre algo que para la mayoría de los que sobrepasamos ya la treintena es de sobra conocido: el fenómeno que se esconde detrás de la manida frase "la música de mis tiempos era mejor". Una afirmación tras la cual se hallan una serie de claves que este estudio desvela a partir de los perfiles de miles de usuarios de Spotify en E.E.U.U.

Sin dar una referencia exacta, el estudio sitúa hacia la mitad de la treintena la edad a partir de la cual, de media, cerramos nuestros oídos a la continua evolución de la música popular contemporánea. Es decir, desde ese punto en adelante, si seguimos escuchando música popular y no nos desconectamos definitivamente, optaremos por artistas que marcaron nuestras preferencias antes de esa fecha. E incluso aunque esos artistas continúen en activo entregando nuevas creaciones, normalmente preferiremos los temas de su carrera que nos cautivaron cuando éramos más jóvenes. Algo que no sólo es perceptible en las radiofórmulas que sintonizaremos (habitualmente aquellas que radien temas de los ochenta o los noventa), sino a la hora de seleccionar los conciertos a los que asistiremos, donde si se me permite el término, preferiremos a dinosaurios (pongamos por ejemplo U2), cuando no directamente a bandas que son reformaciones de perfil bajo de artistas que en su tiempo nos cautivaron (caso de la formación actual de Queen).

Estadísticamente el estudio identifica tres etapas evolutivas en la evolución de nuestras preferencias musicales: durante la adolescencia es cuando escuchamos casi en exclusiva propuestas musicales mayoritarias (me atrevería a añadir aquí que nuestros gustos están menos definidos y somos más vulnerables a las armas del negocio musical y a las modas emparentadas con dichas propuestas); a partir de la veintena esas preferencias conviven con la natural afirmación de nuestra personalidad musical; y a partir de la treintena es cuando completamos el ciclo evolutivo y alcanzamos la congelación definitiva de nuestras preferencias musicales.

El estudio apunta alguna de las causas para esa congelación de los gustos musicales que sufrimos mayoritariamente llegados a esa edad. El más obvio es que se trata de la edad en la que alcanzamos la madurez vital, y ello implica habitualmente no sólo la llegada de la paternidad, sino la consolidación de nuestras responsabilidades laborales, y en sentido amplio un menor tiempo que dedicar a cualquier tipo de actividad lúdica. Que se ve potenciado por el hecho de que a esa edad empezamos a escuchar mayoritariamente propuestas musicales pensadas para nuestros hijos. Directamente relacionado con lo anterior es el conflicto que surge inevitablemente entre los padres y sus hijos (y según el estudio, especialmente hijas) adolescentes a la hora de priorizar la música que se reproduce en nuestros hogares, donde para obtener la posición de privilegio el argumento de la "calidad musical" va a aparecer desde el primer momento.

Una tercera razón muy interesante y con la que me identifico plenamente es que, conforme se van cumpliendo años, los interesados en el planeta musical van descubriendo otras propuestas y géneros menos populares que los que se radiaban en las emisoras de radio cuando ellos eran adolescentes, pero que satisfacen mejor su paladar de "melómanos adultos". Más relevante aún es el hecho de que los hombres se apartan antes de las propuestas musicales mayoritarias (yo apostillaría prefabricadas) y en mucha mayor medida que las mujeres. Ahora bien, este "mejor comportamiento" de los hombres se ve empañado por el hecho de que son ellos quienes en mayor medida se cierran a las nuevas propuestas musicales conforme avanzan en la treintena...

No todo es negativo respecto a la paternidad: el estudio también confirma que nuestros pequeños acompañantes posibilitarán la llegada a nuestros hogares de nuevas propuestas musicales que de otra forma estarían vedadas. Especialmente cuando alcancen la adolescencia. Me atrevo a añadir aquí que por el hecho de que sean nuevas propuestas no necesariamente serán mejores que las que conozcamos "de nuestros tiempos", o de las que hayamos descubierto en nuestro viraje a propuestas más minoritarias (de hecho en este mismo blog ya he presentado en alguna ocasión estudios sobre el indudablemente empobrecimiento creativo de la música contemporánea en las últimas décadas), pero siempre nos cerrará puertas a nuevas melodías que podrían emocionarnos si les diéramos una oportunidad.

A modo de conclusión diré que, una vez leído el estudio en detalle, me he dado cuenta de que este blog surgió en buena medida como resultado de mi lucha interna en la treintena (recién alcanzada la paternidad) por rebelarme contra esa tendencia a la congelación de gustos. Porque no se me escapa que una parte considerable de los álbumes que reseño provienen de artistas que ya estaban en activo en mi adolescencia (sin ir más lejos la siguiente entrada estará dedicada a "Music complete", el retorno de New Order tras diez años sin entrar en un estudio de grabación). Pero también es cierto que para la selección de muchas de las nuevas propuestas que presento influye en mi subconsciente la certeza de que, si les dieran una oportunidad, las mismas gustarían a amigos y conocidos con los que compartía gustos musicales hace un cuarto de siglo pero que se "quedaron congelados" como presenta el estudio hace unos cuantos años. Así que seguiré intentando luchar contra esta corriente en sucesivas entradas.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El rápido auge del autotune como instrumento de referencia de la música contemporánea

Sin duda la entrada de mas éxito hasta ahora de este blog ha sido la relativa a la lenta muerte de la guitarra como instrumento de referencIa de la música contemporánea. Reflexionando a posterori sobre la misma he intentado encontrar qué instrumento la había desplazado en las preferencias de público, arreglistas y productores. El sintetizador me parecía una elección demasiado vaga y obvia, pues lleva ya cuatro décadas entre nosotros y su definición se presta a diferentes interpretaciones. Lo que realmente está desplazando a la guitarra es el autotune (y sus imitaciones): actualmente apenas hay temas de éxito que prescindan de él.

El origen del autotune se encuentra en el famoso vocoder, un analizador y sintetizador de voz creado en los años 30 y que introducido por Kraftwerk en su mítico Autobahn (1974) se popularizó en los 80 como un truco original para dar a las voces una textura robótica. Era una técnica ingeniosa, adecuada a la explosión de la electrónica en la música de aquella época. Pero durante casi una década quedó en el olvido, como tantos efectos visuales de los video-clips de aquel entonces que hoy nos parecen trasnochados.

Hasta que en el año 1998 una diva en el ocaso de su carrera (Cher) decidió adentrarse en la música de baile, y para ello recurrió a los productores Mark Taylor y Brian Rawling. Éstos optaron por recurrir al autotune, la evolución/actualización del olvidado vocoder, para jugar con la melodía vocal de "Believe". El éxito fue tan arrollador que otros muchos productores y artistas (desde los Beastie Boys hasta Daft Punk) se lanzaron inmediatamente a copiar la idea, en una espiral que ha llegado hasta nuestros días. ¿Los motivos?

Por supuesto la mejor adaptabilidad de una voz alterada electrónicamente a una instrumentación electrónica, logrando el ideal largo tiempo deseado de que la voz humana sea un instrumento con las mismas posibilidades de post-procesamiento que cualquier otro (Madonna es un claro ejemplo desde hace casi 20 años). Pero también por otro hecho incuestionable pero mucho más preocupante: su capacidad para ocultar deficiencias de afinación en la interpretación de los cantantes.

De hecho, el fabricante de autotune (Antares Audio Technologies) presenta su producto como un procesador de audio para corregir el tono en ejecuciones vocales (también instrumentales). La armonización que ofrece está pensada para incrementar la calidad musical de las partes vocales sin que sea evidente que el canto ha sido procesado. Eso sí, llevada al extremo con fines creativos produce una alteración en los tonos (precisos y de cambio rápido, en especial si se aplican sólo a unas cuantas notas definidas de una melodía vocal) que da lugar a los onmipresentes efectos a los que antes aludía. Pero es crucial reseñar que, aunque nuestro oído humano no sea capaz de detectarlo, su uso como corrector de tono es poco menos que universal.

Gracias al autotune podemos escuchar como, por ejemplo, un cantante tan limitado vocalmente como Enrique Iglesias es capaz de adornar los tramos finales de sus canciones con unos llamémosles (para entendernos) gorgoritos que luego es incapaz de reproducir sin desafinar en cualquier interpretación en directo. Y lo mismo aplica para buena parte de los artistas que triunfan en nuestros días, desde Britney a Rihanna. Incluso su uso y abuso justifica la ploriferación en los últimos años de artistas cuyo punto fuerte es precisamente su interpretación vocal (piénsese en el caso de Adele).

Como ya he tenido oportunidad de justificar en este blog, he sido y seré un defensor del empleo de la electrónica en la música. Y lo mismo aplica para los procesadores de audio como autotune. Ahora bien, en los últimos tiempos resulta refrescante escuchar interpretaciones que no abusen de este efecto tan de moda, aunque no tengo claro que su influencia vaya a desaparecer a medio plazo. Y lo que es más importante: hoy más que nunca es necesario recurrir a la videografía en directo de los cantantes de música contemporánea para realmente tener una idea de sus cualidades vocales: es la única forma de que no nos den "gato por liebre".

domingo, 15 de enero de 2012

Por qué el hip-hop es peor que cualquier otro gran estilo de música contemporánea



O al menos eso es lo que pienso yo, como ya he dejado caer en alguna ocasión en este mismo blog. A diferencia del resto de los grandes estilos de música contemporánea, que como ya expliqué en su momento son igualmente válidos para contener grandes canciones, el hip hop parte por su naturaleza en una posición de desventaja. Aunque dicha circunstancia no ha querido ser resaltada por una parte considerable de la crítica y pública internacional, me imagino que por ser relativamente reciente (algo más de cuatro décadas) y de naturaleza urbana y esencialmente marginal.

Dos grandes grupos de razones sustentan a mi modo de ver tan tajante afirmación. Los expongo a continuación.

El primero tiene que ver con la naturaleza en sí de los temas de hip-hop. Recurriendo una vez más a la fórmula que en su momento definí para determinar si una canción es buena o no, podré explicar más claramente mi afirmación:

Acordes: un porcentaje alto de temas de hip-hop (más que en cualquier otro estilo) son directamente monocordes. Y los que no son, en su mayoría están constituidos por una única progresión armónica de 2 o 3 acordes (4 como mucho en alguno de sus mayores éxitos). Es prácticamente imposible encontrar progresiones armónicas medianamente elaboradas, lo que directamente evidencia que los compositores de hip-hop prácticamente renuncian (¿carecen del talento?) para musicalizar su creación. Así que de los 3 hipotéticos puntos, 1 sería el máximo al que podrían llegar los temas de este estilo.

Melodía principal: prácticamente por definición el hip-hop carece de melodía principal, que se sustituye por una declamación átona más o menos rítmica. En un intento por hacerlo más accesible, algunos temas de hip-hop recurren a una pequeña parte melódica, habitualmente en el estribilo. Por tanto, de los hipotéticos 2 puntos, 0,5 sería el máximo al que podría llegar un tema de hip-hop con estribillo melódico.

Instrumentación y arreglos: aquí afortunadamente no hay auto-limitación teórica: si se elabora lo suficiente, se podrían llegar a los 2 puntos teóricos. Otra cosa es que una parte considerable de los temas de hip-hop renuncian a cualquier tipo de instrumentación más o menos trabajada, y recurren simplemente a samplear un trozo de otro tema de otro estilo más complejo, y que abunden los artistas que además de la sección rítmica apenas utilicen dos o tres instrumentos. En honor a la verdad hay que decir que en los últimos años está proliferando una hornada de creadores de hip-hop (con Kayne West al frente) se toman la instrumentación y los arreglos más en serio.

Interpretación vocal: Nuevamente la auto-limitación de este estilo se deja sentir. Por mucho que haya quien nos intente convencer de lo contrario, es mucho más complejo cantar bien que declamar bien: las cualidades vocales necesarias no son siquiera comparables. Sólo en aquellos temas de hip-hop que añaden una pequeña melodía se podría considerar que existe una interpretación vocal compleja. Digamos, pues, que del máximo de 1 punto teórico, los temas de este estilo podrían alcanzar 0,5 puntos.

Letra: Obviamente el punto fuerte de este estilo. La mayor parte de estos temas contienen un número mayor de frases que cualquier otro tema de otro estilo. Otra cosa es que pueda fatigar tantas alusiones a la violencia, al sistema, a la policía y demás clichés, pero en general esta es la parte más elaborada de un tema de hip hop. Ahora bien, mi opinión es que la música no debe reemplazar a la literatura, y que las mejores letras de música pop contemporánea palidecen ante la mejor poesía publicada en el último medio siglo. Por tanto, 1 punto es el máximo teórico que se puede alcanzar en este ámbito.

Virtuosismo: En los temas de este estilo, tan escasos de instrumetación y partes vocales, es realmente difícil percibir algo de virtuosismo. No obstante, existen unos pocos maestros del sampler, que son capaces de extraer sonidos insospechados de una grabación existente, y por tanto mantengo aquí los 0,5 puntos teóricos como máximo difícil de alcanzar pero plausible.

Duración: Aquí tampoco hay limitación teórica para los 0,5 puntos que como máximo concedía a esta categoría. Lo que sucede es que por su decepcionante simplicidad armónica, instrumental o melódica, la fatiga aparece bastante antes que un tema más rico. Por eso es muy difícil para la mayor parte de los temas puntuar bien en esta categoría.

En suma, de 10 puntos posibles para cualquier otro estilo, en el caso del hip-hop el máximo es de sólo 6 puntos: un lastre demasiado alto para equipararlo al resto de estilos.

El segundo grupo de razones, más cuestionable por ser más subjetivo, tiene que ver con la relevancia de la música negra en el devenir de la música pop contemporánea. Que a mi modo de ver es enorme: la gran mayoría de los principales estilos contemporáneos surgidos en los últimos 70 años hunden sus raíces en la riquísima tradición negra, plena de sentimiento, melodía, ritmo y cualidades vocales. No sólo eso, sino que los más grandes artistas de cada género han sido en su mayor parte músicos de color: el blues (B.B. King), el rock (Jimi Hendrix), el pop (Michael Jackson), el soul (Stevie Wonder), el reggae (Bob Marley), etc. Con lo cual me apena profundamente que todo lo que haya podido ofrecer la raza negra en estas últimas cuatro décadas haya sido esa sucesión innumerable de medios tiempos átonos, carentes de virtuosismo y monótonos líricamente que es el hip-hop.

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