A diferencia de otros años, este 2017 he tenido bastantes más dificultades para elaborar la lista de las 20 mejores canciones que propongo anualmente. Así que tras unos días en los que he tenido a menudo la impresión de que estaba dejando en el olvido otro buen puñado de canciones (que no habían tenido la oportunidad de aparecer por este blog ni como parte de sus álbumes de 2017, ni en dicha lista de mejores canciones), me he animado a crear una nueva entrada para darles la visibilidad que creo merecen.
Eso sí, dado que considero que ninguna de ellas merecía estar en la lista de las 20 mejores, no me he planteado ordenarlas "del 21 al 40". Me ha parecido más atractivo agruparlas en tres categorías: temas de artistas nuevos (o casi, al menos para el público en español); temas de artistas que históricamente han sido seguidos con atención por este blog, pero que con sus álbumes de retorno en 2017 no alcanzaron en mi opinión el nivel para merecer una entrada independiente; y temas de artistas veteranos, que en la mayoría de los casos regresaron tras muchos años de silencio. Una manera fácil de descubrir nuevos artistas, reseñar lo más notable de los retornos de artistas consolidados, o de dar visibilidad a artistas veteranos que volvieron a la creatividad.
Temas de artistas "nuevos":
Pixx - Waterslides. Esquizofrenia ochentera... y un maravilloso estribillo por música y por letra.
Anna Of The North - Someone. La música propone una mezcla entre Kim Carnes y Belinda Carlisle, pero la voz nórdica y la sensibilidad australiana para el pop equilibran el resultado.
Bicep - "Aura". Si Orbital siguieran en activo y con la misma energía festivalera de los noventa, quiza hubieran entregado este adictivo llenapistas.
Lany - "ILYSB". Sensibilidad estadounidense con los instrumentos justos.
Plaitum - "Ovation". Su esperado álbum de debut resultó muy monótono, pero contenía este gran tema de trip-hop contemporáneo.
Alex Cameron - "Runnin' Outta Luck". Pop australiano intemporal que es digno heredero de tótems como Men At Work.
Temas de artistas que retornaron el pasado 2017:
Halsey - "Not afraid anymore". Ninguno de los sencillos de su segundo álbum ("Hopeless fountain kingdom", también de 2017) llegó al nivel de este intenso tema de la banda sonora de "Fifty shades darker".
Imagine Dragons - "Whatever it takes". Su flojo y excesivamente comercial tercer álbum ("Evolve") contenía un par de temas interesantes, más este medio tiempo que actualiza su sonido sin perder su personalidad, ni tampoco la fuerza de sus estribillos.
Lana del Rey - "Love". Una vez más la base armónica con los mismos acordes del "Let it be" de The Beatles, expoliados por tantos y tantos artistas. Pero llevados con inteligencia a su pop sugestivo y melancólico.
The XX - "I dare you". Su "I see you" flojeó a nivel de sencillos, salvo por este tema más bailable y menos espartano que de costumbre.
Liam Gallagher - "Wall of glass". "As you were" recreaba en solitario la primera época de Oasis, con resultados variables, pero nunca tan notables como en este tema que bordea su mítico "Supersonic" y lo actualiza con una instrumentación contemporánea.
Haim - "Right now". "Something To Tell You" fue un retorno continuista y escaso de talento, pero justo cuando abandonaron su auto-parodia y se adentraron por nuevos terrenos salvaron la papeleta, como en esta personal y emocionante balada.
Anohni - "Paradise". El artista antes conocido como Antony sigue modernizándose en esta tormentosa balada de colchón electrónico y el acierto de acompañarla con menos gorgoritos vocales que de costumbre.
Temas de artistas veteranos:
Jamiroquai - "Automaton". El retorno del vaquero del espacio con un sencillo infeccioso que suena a él mismo y a la vez a 2017.
Michelle Branch - "Hopeless romantic". Tras nada menos que catorce años la estadounidense retornó con un álbum sin personalidad, y sin embargo con este melancólico y genuinamente americano tema.
Garbage - "No horses". Quizá por la escasa repercusión de su "Strange Little Birds" de 2016, el cuarteto sorprendió con este sencillo extraído de la nada el pasado verano. Quizá su mejor tema en años.
Rusty Egan feat Emily Kavanaugh - "Evermore". El veterano DJ y miembro de bandas como Rich Kids o Visage retornó el año pasado con un evocador álbum de colaboraciones, entre las que sobresalía este tema irreprochable, de gusto añejo, con la colaboración de la susurrante vocalista de Nightclub.
Alphaville - "Heartbreak City". Otros veteranos que regresaron en 2017 tras un montón de años. La banda de Marian Gold se arrimó al funky en este sugestivo tema, aunque el estribillo sigue recordando a sus clásicos de hace... treinta y cinco años.
Animotion - "Last Time". Tras ¡veintiocho años! la banda de Astrid Plane regresó con este freestyle por el que parece que no han pasado los años. Fieles a sí mismos hasta el final.
Erasure - "Just A Little Love". Andy Bell y Vince Clarke nunca se han ido realmente, pero justo al final de su prescindible "World be gone" del año pasado se incluía este eficaz tema, que nos retrotrae a épocas más inspiradas.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
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domingo, 28 de enero de 2018
domingo, 15 de noviembre de 2015
¿Cuándo dejamos de seguir la música popular contemporánea?
Hace unos meses vio la luz en la web skynetandebert.com un más que interesante estudio sobre algo que para la mayoría de los que sobrepasamos ya la treintena es de sobra conocido: el fenómeno que se esconde detrás de la manida frase "la música de mis tiempos era mejor". Una afirmación tras la cual se hallan una serie de claves que este estudio desvela a partir de los perfiles de miles de usuarios de Spotify en E.E.U.U.
Sin dar una referencia exacta, el estudio sitúa hacia la mitad de la treintena la edad a partir de la cual, de media, cerramos nuestros oídos a la continua evolución de la música popular contemporánea. Es decir, desde ese punto en adelante, si seguimos escuchando música popular y no nos desconectamos definitivamente, optaremos por artistas que marcaron nuestras preferencias antes de esa fecha. E incluso aunque esos artistas continúen en activo entregando nuevas creaciones, normalmente preferiremos los temas de su carrera que nos cautivaron cuando éramos más jóvenes. Algo que no sólo es perceptible en las radiofórmulas que sintonizaremos (habitualmente aquellas que radien temas de los ochenta o los noventa), sino a la hora de seleccionar los conciertos a los que asistiremos, donde si se me permite el término, preferiremos a dinosaurios (pongamos por ejemplo U2), cuando no directamente a bandas que son reformaciones de perfil bajo de artistas que en su tiempo nos cautivaron (caso de la formación actual de Queen).
Estadísticamente el estudio identifica tres etapas evolutivas en la evolución de nuestras preferencias musicales: durante la adolescencia es cuando escuchamos casi en exclusiva propuestas musicales mayoritarias (me atrevería a añadir aquí que nuestros gustos están menos definidos y somos más vulnerables a las armas del negocio musical y a las modas emparentadas con dichas propuestas); a partir de la veintena esas preferencias conviven con la natural afirmación de nuestra personalidad musical; y a partir de la treintena es cuando completamos el ciclo evolutivo y alcanzamos la congelación definitiva de nuestras preferencias musicales.
El estudio apunta alguna de las causas para esa congelación de los gustos musicales que sufrimos mayoritariamente llegados a esa edad. El más obvio es que se trata de la edad en la que alcanzamos la madurez vital, y ello implica habitualmente no sólo la llegada de la paternidad, sino la consolidación de nuestras responsabilidades laborales, y en sentido amplio un menor tiempo que dedicar a cualquier tipo de actividad lúdica. Que se ve potenciado por el hecho de que a esa edad empezamos a escuchar mayoritariamente propuestas musicales pensadas para nuestros hijos. Directamente relacionado con lo anterior es el conflicto que surge inevitablemente entre los padres y sus hijos (y según el estudio, especialmente hijas) adolescentes a la hora de priorizar la música que se reproduce en nuestros hogares, donde para obtener la posición de privilegio el argumento de la "calidad musical" va a aparecer desde el primer momento.
Una tercera razón muy interesante y con la que me identifico plenamente es que, conforme se van cumpliendo años, los interesados en el planeta musical van descubriendo otras propuestas y géneros menos populares que los que se radiaban en las emisoras de radio cuando ellos eran adolescentes, pero que satisfacen mejor su paladar de "melómanos adultos". Más relevante aún es el hecho de que los hombres se apartan antes de las propuestas musicales mayoritarias (yo apostillaría prefabricadas) y en mucha mayor medida que las mujeres. Ahora bien, este "mejor comportamiento" de los hombres se ve empañado por el hecho de que son ellos quienes en mayor medida se cierran a las nuevas propuestas musicales conforme avanzan en la treintena...
No todo es negativo respecto a la paternidad: el estudio también confirma que nuestros pequeños acompañantes posibilitarán la llegada a nuestros hogares de nuevas propuestas musicales que de otra forma estarían vedadas. Especialmente cuando alcancen la adolescencia. Me atrevo a añadir aquí que por el hecho de que sean nuevas propuestas no necesariamente serán mejores que las que conozcamos "de nuestros tiempos", o de las que hayamos descubierto en nuestro viraje a propuestas más minoritarias (de hecho en este mismo blog ya he presentado en alguna ocasión estudios sobre el indudablemente empobrecimiento creativo de la música contemporánea en las últimas décadas), pero siempre nos cerrará puertas a nuevas melodías que podrían emocionarnos si les diéramos una oportunidad.
A modo de conclusión diré que, una vez leído el estudio en detalle, me he dado cuenta de que este blog surgió en buena medida como resultado de mi lucha interna en la treintena (recién alcanzada la paternidad) por rebelarme contra esa tendencia a la congelación de gustos. Porque no se me escapa que una parte considerable de los álbumes que reseño provienen de artistas que ya estaban en activo en mi adolescencia (sin ir más lejos la siguiente entrada estará dedicada a "Music complete", el retorno de New Order tras diez años sin entrar en un estudio de grabación). Pero también es cierto que para la selección de muchas de las nuevas propuestas que presento influye en mi subconsciente la certeza de que, si les dieran una oportunidad, las mismas gustarían a amigos y conocidos con los que compartía gustos musicales hace un cuarto de siglo pero que se "quedaron congelados" como presenta el estudio hace unos cuantos años. Así que seguiré intentando luchar contra esta corriente en sucesivas entradas.
Sin dar una referencia exacta, el estudio sitúa hacia la mitad de la treintena la edad a partir de la cual, de media, cerramos nuestros oídos a la continua evolución de la música popular contemporánea. Es decir, desde ese punto en adelante, si seguimos escuchando música popular y no nos desconectamos definitivamente, optaremos por artistas que marcaron nuestras preferencias antes de esa fecha. E incluso aunque esos artistas continúen en activo entregando nuevas creaciones, normalmente preferiremos los temas de su carrera que nos cautivaron cuando éramos más jóvenes. Algo que no sólo es perceptible en las radiofórmulas que sintonizaremos (habitualmente aquellas que radien temas de los ochenta o los noventa), sino a la hora de seleccionar los conciertos a los que asistiremos, donde si se me permite el término, preferiremos a dinosaurios (pongamos por ejemplo U2), cuando no directamente a bandas que son reformaciones de perfil bajo de artistas que en su tiempo nos cautivaron (caso de la formación actual de Queen).
Estadísticamente el estudio identifica tres etapas evolutivas en la evolución de nuestras preferencias musicales: durante la adolescencia es cuando escuchamos casi en exclusiva propuestas musicales mayoritarias (me atrevería a añadir aquí que nuestros gustos están menos definidos y somos más vulnerables a las armas del negocio musical y a las modas emparentadas con dichas propuestas); a partir de la veintena esas preferencias conviven con la natural afirmación de nuestra personalidad musical; y a partir de la treintena es cuando completamos el ciclo evolutivo y alcanzamos la congelación definitiva de nuestras preferencias musicales.
El estudio apunta alguna de las causas para esa congelación de los gustos musicales que sufrimos mayoritariamente llegados a esa edad. El más obvio es que se trata de la edad en la que alcanzamos la madurez vital, y ello implica habitualmente no sólo la llegada de la paternidad, sino la consolidación de nuestras responsabilidades laborales, y en sentido amplio un menor tiempo que dedicar a cualquier tipo de actividad lúdica. Que se ve potenciado por el hecho de que a esa edad empezamos a escuchar mayoritariamente propuestas musicales pensadas para nuestros hijos. Directamente relacionado con lo anterior es el conflicto que surge inevitablemente entre los padres y sus hijos (y según el estudio, especialmente hijas) adolescentes a la hora de priorizar la música que se reproduce en nuestros hogares, donde para obtener la posición de privilegio el argumento de la "calidad musical" va a aparecer desde el primer momento.
Una tercera razón muy interesante y con la que me identifico plenamente es que, conforme se van cumpliendo años, los interesados en el planeta musical van descubriendo otras propuestas y géneros menos populares que los que se radiaban en las emisoras de radio cuando ellos eran adolescentes, pero que satisfacen mejor su paladar de "melómanos adultos". Más relevante aún es el hecho de que los hombres se apartan antes de las propuestas musicales mayoritarias (yo apostillaría prefabricadas) y en mucha mayor medida que las mujeres. Ahora bien, este "mejor comportamiento" de los hombres se ve empañado por el hecho de que son ellos quienes en mayor medida se cierran a las nuevas propuestas musicales conforme avanzan en la treintena...
No todo es negativo respecto a la paternidad: el estudio también confirma que nuestros pequeños acompañantes posibilitarán la llegada a nuestros hogares de nuevas propuestas musicales que de otra forma estarían vedadas. Especialmente cuando alcancen la adolescencia. Me atrevo a añadir aquí que por el hecho de que sean nuevas propuestas no necesariamente serán mejores que las que conozcamos "de nuestros tiempos", o de las que hayamos descubierto en nuestro viraje a propuestas más minoritarias (de hecho en este mismo blog ya he presentado en alguna ocasión estudios sobre el indudablemente empobrecimiento creativo de la música contemporánea en las últimas décadas), pero siempre nos cerrará puertas a nuevas melodías que podrían emocionarnos si les diéramos una oportunidad.
A modo de conclusión diré que, una vez leído el estudio en detalle, me he dado cuenta de que este blog surgió en buena medida como resultado de mi lucha interna en la treintena (recién alcanzada la paternidad) por rebelarme contra esa tendencia a la congelación de gustos. Porque no se me escapa que una parte considerable de los álbumes que reseño provienen de artistas que ya estaban en activo en mi adolescencia (sin ir más lejos la siguiente entrada estará dedicada a "Music complete", el retorno de New Order tras diez años sin entrar en un estudio de grabación). Pero también es cierto que para la selección de muchas de las nuevas propuestas que presento influye en mi subconsciente la certeza de que, si les dieran una oportunidad, las mismas gustarían a amigos y conocidos con los que compartía gustos musicales hace un cuarto de siglo pero que se "quedaron congelados" como presenta el estudio hace unos cuantos años. Así que seguiré intentando luchar contra esta corriente en sucesivas entradas.
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