domingo, 22 de marzo de 2020

Noel Gallagher's High Flying Birds: "Blue moon rising (EP)" (2020)

Está por ver cómo afectará esta crisis del coronavirus en la que el planeta entero está inmerso a las novedades musicales previstas para los próximos meses. Pero de momento el panorama musical sigue con su calendario de novedades, y hace unos días ha visto la luz "Blue moon rising", el tercer EP de Noel Gallagher y sus High Flying Birds. Un EP ya anticipado hace meses cuando reseñé sus dos EPs de 2019, y que contra lo que algunos medios habían difundido sí prosigue esa estela de "evolución" musical en su propuesta, es decir, avanzar desde sus referencias clásicas en los sesenta y los setenta a los "más recientes" ochenta y principios de los noventa. Aunque con matices.

"Blue moon rising" es lógicamente el tema estrella y el que abre el EP. A priori ya podemos decir que, a diferencia de los dos sencillos anteriores, no bebe tan claramente de sus fuentes ochenteras, y aunque tampoco suena contemporáneo, sí que se puede apreciar ese intento de Gallagher por sonar más reciente que en Oasis. Por ejemplo, los teclados que adornan las estrofas tienen más peso que las guitarras, y la batería está mejor grabada y suena más nítida. En realidad es una buena composición, aunque las estrofas pecan un poco de simplonas para intentar potenciar su groove, y el estribillo no pasa de correcto. Lo realmente meritorio es el intervalo instrumental que entra a los dos minutos, con una progresión armónica diferente, un dramatismo a lo Talk Talk en su sonido y la lejana voz de Gallagher cantando aquello de "Some of us needing..."; una pena que no lo aproveche más de ahí al final. El segundo corte, "Wandering star", es un tema lento de toques psicodélicos con sus campanas y sus pa-pa-ra-rá ya desde el comienzo, menos disruptivo con el legado del mancuniano que el anterior y que tira más de oficio que de inspiración para justificar sus casi cuatro minutos.

"Come on outside" es el tercer y último tema nuevo del EP, y aquí no hay evolución posible: un medio tiempo clásico de inspiración setentera y que recuerda a algunas de las composiciones de Gallagher para los últimos tres álbumes de Oasis. Aunque esto no es malo en absoluto: se trata de una canción meritoria (aparte de su poco adecuado mensaje para estos tiempos de confinamiento), con unas estrofas oscuras y un estribillo lleno de esa rabia contenida que tan bien sabe capturar con la ayuda de los pertinentes coros (aparte de quizá su mejor interpretación vocal en los tres EPs), y un final apoteósico con un teclado tan sencillo como efectivo. Y, dejando aparte la poco interesante versión 7" de "Blue moon rising", el EP lo cierra una remezcla del mismo tema (The Reflex Revision), que quizá sea también la mejor que han albergado sus EPs: razonablemente respetuosa con el original, reforzando su vertiente bailable y sobre todo recreando y expandiendo esa excelente parte instrumental a la que aludía antes.

Y es que sin ser una maravilla, seguramente Gallagher haya entregado el mejor de sus tres EPs. Nueve temas en un año, que prácticamente equivalen a lo que habría sido su cuarto álbum. Y que colocados juntos en una playlist alcanzan un nivel superior al de su fallido "Who built the moon?". Veremos si con este EP Gallagher cierra la trilogía, si los usa para publicar un álbum completo o si se olvida de ellos y vuelve al formato tradicional. De momento la experiencia ha tenido más luces que sombras.

domingo, 8 de marzo de 2020

La Roux: "Supervision" (2020)

Una de las novedades más esperadas de las últimas semanas ha sido "Supervision", el tercer álbum de LaRoux. Quizá por tratarse ya del proyecto en solitario de Elly Jackson (Ben Langmaid, teclista y compositor principal de su excelente primer álbum y de buena parte del segundo, dejó el dúo hace siete años), la londinense ha tardado casi seis años en darle continuidad a su irregular "Trouble in paradise" (2014). Una demora que no va de la mano del volumen de canciones que alberga el disco: solamente ocho, lo que significa poco más de una nueva composición por año de silencio... Estos dos hechos (el que se haya convertido en el proyecto en solitario de Jackson, y la escasez de temas) me habían predispuesto negativamente respecto a lo que podría esperar. Pero por otro lado la producción a cargo de Dan Carey, uno de los productores más reputados del momento (y artífice por ejemplo del aclamado debut de Fontaines D.C. hace solo unos meses), me había hecho concebir esperanzas de que podría tratarse de un álbum a la altura de su mítico "La Roux" (2009). Además, su sencillo de adelanto ("International woman of leisure"), me pareció muy agradable, aunque un tanto limitado. Pero desgraciadamente la realidad se ha impuesto, y "Supervision" es el peor álbum en la carrera de la británica.

En realidad no se trata de un mal álbum, y contiene dos o tres canciones que recuerdan el impacto que en su momento tuvo la banda. Pero por estilo e instrumentación está mucho más cerca de "Trouble in paradise" que de "La Roux", y eso ya en sí es un punto en contra. No sólo eso: Dan Carey probablemente haya hecho su peor trabajo como productor: la instrumentación no es que sea espartana, es que llega a cansar por repetitiva. Las programaciones de batería (¡el LinnDrum de los años 80!), suenan particularmente pobres en 2020, sobre todo si como es el caso se limitan a repetir el mismo loop con escasas variaciones del principio al final de cada tema. Y las composiciones explotan sin tregua progresiones armónicas de tres o cuatro acordes que se repiten sin más complicaciones.

Un buen ejemplo de ello es "21st century", la canción que abre el disco: un medio tiempo de influencias funky gracias a la omnipresente guitarra eléctrica de Jackson y una monótona caja de ritmos que al menos cambia su progresión armónica de base en el estribillo, y cuyo mayor logro es la capacidad de Jackson de crear nuevas melodías vocales sobre ella. Algo parecida, aunque de resultado un poco más inspirado, es "Do you feel": nuevamente un bajo sencillo y la poco elaborada caja de ritmos dan comienzo a una guitarra casi idéntica a la del tema anterior, y poco después ya a la voz de Jackson. Y de ahí la sucesión de melodías vocales sobre esa incansible progresión armónica, sin que sea fácil decir qué es estrofa, qué es puente, qué es estribillo (así de simples son los arreglos), si bien la parte en la que Jackson empieza con aquello de "Do you feel like you've forgotten something..." acaba siendo reconocible y lo más disfrutable del tema. "Automatic driver", el segundo sencillo, es probablemente el segundo mejor momento del álbum y uno de los pocos que recuerda el nivel de LaRoux hace unos años. No es que nada cambie respecto a los dos temas anteriores: medio tiempo, caja de ritmos sencilla, arreglos poco elaborados, pero la luminosa progresión armónica de tres acordes mayores hasta casi el final, y lo que el bajo, la percusión y la guitarra eléctrica enriquecen en directo la simpleza instrumental de la versión del álbum hacen el resto.

"International woman of leisure" fue el sencillo que anticipó el disco, y como anticipaba antes es su mejor canción: ahora sí arranca con un teclado principal de sonido juguetón que recuerda a los de sus inicios, y que convive con esos parámetros ya conocidos de programación, bajo y guitarra sobre otra sencilla pero efectiva progresión armónica que permite a Jackson lucir sus dotes vocales en unas estrofas de notas altísimas. "Everything I live for" mantiene exactamente el mismo registro, pero su simple y a la vez luminosa progresión armónica junto con todas las melodías que Jackson dibuja sobre ella (con mención especial a aquella que empieza con "if you really think..." cerca del final) ayudan a que sea el tercer momento destacable del álbum. Aunque le falta crecer conforme avanza y le sobra minutaje. "Otherside", otro medio tiempo más que arranca con la caja de ritmo, es claramente el momento más funky del disco, buscando la sensualidad por encima de la energía pop. No es un mal tema, y su bajo es sin duda el mejor del disco, pero se queda a la mitad de lo que podría haber dado de sí con otra vuelta de tuerca en la composición y en la producción.

La cuesta abajo de "Supervision" empieza con su séptimo corte, "He rides". Otra vez la misma fórmula ya comentada de temas anteriores, y las bazas de la calidez del funky-pop de su atmósfera, la sucesión de melodías diferentes sobre la misma progresión armónica y las voces superpuestas de Jackson para mantener un tema que pese a todo resulta anodino frente a otros momentos. Aunque más cuestionable es "Gullible fool", la balada del disco además de su último corte: desnuda de instrumentos en su primer tramo, deja ver que se trata de una melodía agradable y bien interpretada pero que no acierta a evocar un sentimiento concreto. Y cuando por fin entran el resto de instrumentos descubrimos que ni siquiera aquí se salen lo más mínimo del guión ya conocido. Además, la versión del álbum alarga innecesariamente el tramo instrumental final hasta superar los siete minutos, con la clara intención de que "Supervision" cruce la frontera de los cuarenta minutos y no se le pueda criticar la escasez de minutaje.

Y así, sin apenas cambiar el registro, se desvanece "Supervision". Un álbum que peca de monótono, simple en la composición y espartano en la instrumentación. Y que apenas se sostiene gracias a tres o cuatro buenos momentos (bastante similares entre sí, por cierto) y a la voz de Jackson. Los fans de la banda disfrutarán de esas pocas canciones, y añadiéndoles sus clásicos de hace una década la gira de La Roux en directo probablemente cuaje lo suficiente. Pero el futuro del proyecto es bastante incierto: desde luego si Jackson vuelve a necesitar seis años para una entrega tan espartana y monocolor no tengo muy claro que muchos fans se acuerden de ella en 2026. Esperemos que este periodo haya sido solamente un bache, que reclute a otro productor más creativo y que más pronto que tarde publique otro disco que suba el listón.

domingo, 16 de febrero de 2020

Pet Shop Boys: "Hotspot" (2020)

Hace unas pocas semanas ha visto la luz "Hotspot", el decimocuarto álbum de los británicos Pet Shop Boys. Quienes siguen este blog saben que el dúo ha sido unas debilidades del mismo: crecí musicalmente con ellos, e incluso hace unos cuantos años ya me atreví a elaborar una lista con las que hasta entonces consideré que habían sido sus ochenta mejores canciones. Por eso esperaba que impaciencia este nuevo álbum. Más aún sabiendo que la producción volvía a correr a cargo de Stuart Price, una colaboración que tan buenos resultados dio en "Electric" (2013) y sobre todo en "Super" (2016). Una espera que se ha visto recompensada sólo en parte: "Hotspot" no es un mal álbum, y no desentona frente al grueso de su extensa discografía, pero queda un escalón por debajo de lo esperado en cuanto a creatividad, instrumentación y contundencia.

Algo de esto ya anticipaba el tracklist que vio la luz hace algo más de un mes: sólo diez canciones y poco más de cuarenta minutos se antojaba poco material para casi cuatro años de espera (aunque es cierto que el año pasado vieron la luz otros cuatro temas en su meritorio EP "Agenda"). Y todo ello queda confirmado tras unas cuantas escuchas: hay temas en los que se nota que han tirado de oficio para componerlos, otros en los que el sonido está poco pulido o resulta un tanto espartano para lo que cabría esperar de un Stuart Price en aparente horas bajas, y a menudo se tiene la sensación de que muchos de ellos podrían haber sido descartes de otros álbumes suyos algo más inspirados.

Casi nada de lo que comento aflora afortunadamente en "Will o'the wisp" (algo así como "fuego fatuo"), el tema que abre el disco tras un sutil comienzo instrumental. Una canción que podría haber formado parte de su amplia nómina de temazos orientados a la pista de baile publicados en los dos álbumes anteriores con Price de no haber sido por su estribillo un tanto simplón y escaso de armonía. Porque el resto (su contudencia rítmica, sus intervalos instrumentales con ese Lowe tan reconocible en el sintetizador principal, la excelente melodía de las estrofas, su letra cargada de intención) están a un nivel francamente alto. Pero casi por sorpresa el tempo experimenta una ralentización tremenda con "You are the one", una balada casi al comienzo del disco. Y un claro indicativo de que "Hotspot" es el disco más "lento" de los tres con Price, como si la edad de sus creadores empezara a pasar factura. Aunque es bien sabido que el dúo también es capaz de crear grandes temas pausados e introspectivos. Pero no es el caso de este bucólico tema, de melodía nítida pero un tanto dulzona y no excesivamente trabajado (menos de tres minutos y medio para ese tempo tan contenido es claramente poco). Como si de hacer guiños a su discografía se tratara, "Happy people" remonta a base de mirarse en el espejo de "Very" (1993), con su piano electrónico y su base programada de batería y bajo que es puro house. Pero no nos engañemos: las estrofas declamadas ya son un recurso gastado a estas alturas, y la letra de su buen estribillo es un tanto ingenua, siendo lo mejor en mi opinión toda la parte nueva y el intervalo instrumental hasta la repetición final. muchos de ellos podrían haber sido descartes de otros álbumes suyos algo más inspirados.

"Dreamland", primer sencillo, con la colaboración de Years & Years, es quizá el mejor momento del álbum, y se quedó fuera por poco de mi lista de veinte mejores canciones de 2019: un tema de pop directo, apto para dejarse llevar, con una bonita melodía, una excelente progresión armónica en acordes menores en el estribillo, y perfectamente interpretado por Tennant y por Olly Alexander, cuyas voces se complementan con solvencia. Por ponerle algún pero, la letra peca de tópica, y la duración es demasiado contenida; podían haberla estirado un poco más y haberle sacado partido a la que posiblemente es la mejor producción de Price en todo el disco. El segundo tema lento, "Hoping for a miracle", ya se acepta de mejor grado que "You are the one", y con sus voces distorsionadas al comienzo, su frialdad, sus teclados de inspiración sinfónica, su letra de soledad nocturna en una gran ciudad y su sencilla caja de ritmos remite con buen resultado a los temas lentos de "Actually" (1987). "I don't wanna" acelera el tempo y saca cierta rabia contenida con esa instrumentación que tanto recuerda a sus comienzos en "Please" (1986). Quizá sea en mi opinión el segundo mejor momento del disco: excelentes armonías, unas estrofas particularmente elaboradas y un estribillo infeccioso. Aunque la temática de la letra ya está también un tanto manida a estas alturas de su carrera, y ese aire "retro" puede no ser del agrado de quienes valoran las instrumentaciones contemporáneas.

"Monkey business" es su sencillo actual, además de un tema un tanto desconcertante para sus fans. Es algo así como un retorno al ¿funky? de los primeros ochenta, buscando crear su primer tema con "groove" tras casi cuarenta años de carrera... Batería y un bajo reales, los violines típicos de la época, una sección de viento, y una interpretación vocal de Tennant entre pasota y desafiante. Durante varias escuchas la sensación es que se les ha ido la idea de las manos, aparte de que las estrofas resultan particularmente espartanas, pero ese teclado juguetón que llena casi todos los huecos, los coros femeninos, y el piano sintético del tramo final acaban enganchando. Aunque nunca será un tema de cabecera en su carrera. Prefiero "Only the dark", para mí el tercer mejor momento del álbum. Un medio tiempo de electrónica analógica con una sensibilidad en música y letra que recuerda la atmósfera tan personal de "Behaviour" (1990), ese álbum también grabado en Alemania con el que convencieron finalmente de su talento a la crítica internacional. Quizá no llegue al nivel de "Being boring", pero no se queda lejos.

La pena es que es la última canción destacable: "Burning the heather", que vio la luz hace unos meses a modo de sencillo promocional, no es un mal momento, y el estribillo es agradable, pero la colaboración de Bernard Butler (ex-Suede) a la guitarra acústica no destaca en absoluto, y su convencionalidad instrumental recuerda ese patinazo que supuso "Release" (2002), probablemente el peor álbum de su carrera. Y "Wedding in Berlin" puede estar bien como broma simpática (cómo samplear la marcha nupcial de Felix Mendelssohn para convertirla en un tema machacón propio de un festival de verano), pero no es desde luego un tema muy elaborado (como suelen ser casi todos los que cierran sus discos anteriores, desde "Integral" hasta "Vocal"). Y es una lástima, porque me consta que en las sesiones de grabación han creado momentos que podrían haber extendido la duración de "Hotspot" y haberlo cerrado con un mejor sabor de boca, como la excelente "An open mind" (un medio tiempo elegante, sutil y emocionante) que vio la luz como cara B de "Dreamland". Pero debieron pensar que la marcha nupcial iba a llamar más atención.

En suma, "Hotspot" no llegará a decepcionar a sus cientos de miles de seguidores, alberga unos cuantos momentos entre dignos y brillantes y no es (todavía) tan reposado como para decir que han llegado a su "madurez" (en el sentido peyorativo del término). Pero la instrumentación resulta entre conservadora y directamente retro (salvo en algún momento puntual, y en casi todos los comienzos de los temas, la mano de Price se nota poco), las temáticas de las canciones están en general un tanto vistas, y se echan de menos un par de cortes adicionales. Si lo pensamos bien, tras más de doscientos temas grabados y casi cuarenta años de carrera, quizá no sea oportuno pedirles mucho más. Y el hecho de que hayan vuelto a repetir el Top 3 en las listas de ventas de su país así lo demuestra. Así que toca ver el vaso medio lleno. os comienzos elaborados

viernes, 24 de enero de 2020

Las 20 mejores canciones internacionales de 2019

Un año más ha llegado el momento de echar la vista atrás y proponer listas que nos permitan sintetizar lo mejor de este 2019 que nos dejó hace unos días. Dado que el volumen de álbumes publicados excede los cincuenta o sesenta que consigo escuchar anualmente, no propondré una lista de mejores álbumes del año, que con seguridad sería incompleta e inexacta. Pero una vez más sí que voy a proponer una lista con 20 canciones internacionales que recordar de este 2019. Con los dos criterios ya conocidos de este humilde blog: deben ser temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y solamente puede haber una canción por artista, para conseguir una panorámica lo más amplia posible de los últimos doce meses a nivel mundial. Con la habitual ambición de localizar las armonías, el talento, la personalidad, la originalidad y, al fin y al cabo, la calidad que siempre anhelo dar a conocer con mi blog.

Un año más los E.E.U.U. han aportado el mayor número de artistas (diez), y tras ellos el Reino Unido ha ocupado la segunda posición con seis artistas. Pero también ha quedado espacio para artistas de otras partes del mundo, como Australia, Islandia o Dinamarca. Y es que como ya he mencionado otras veces, en un mundo más globalizado cada vez es más sencillo que aparezcan artistas que consigan emocionarnos con un tema de pop o de rock universal. Sin más, aquí va la lista:

1. Mating Ritual - "U.N.I.". Los hermanos Taylor llevan tres años seguidos apareciendo en esta lista, con su increíble cadencia de un nuevo álbum cada año. Y esta vez la han coronado con el sencillo más redondo de su carrera: pop que mezcla con sabio equilibrio guitarras y sintetizadores, que se puede tararear y también bailar, y además con un estribillo absolutamente irresistible.
2. Of Monsters and Men - "Wild roses". Sin duda el mejor sencillo de los islandeses desde "Little Talks": una saludable actualización de su sonido con la sensibilidad a flor de la piel en las estrofas y sin embargo con un estribillo pleno de energía.
3. Georgia - "About work the dancefloor". El segundo álbum de Georgia, "Seeking thrills", que ha visto la luz hace escasos días, ha resultado ser mucho más flojo de lo esperado, pero este temazo de pop electrónico orientado a las pistas de baile más exclusivas suena a clásico intemporal que sin duda podremos disfrutar con la misma intensidad dentro de muchos años.
4. Softwave - "Something is missing". Desde Dinamarca, y sin apenas difusión, llegó este temazo de synth-pop de melodía vocal muy exigente y estribillo digno de los mejores momentos de sus admirados Erasure. Hedonismo musical y lirismo en la letra.
5. Holychild - "Raining romance". Pop desenfadado de estructura clásica y sonido netamente contemporáneo. Y que demuestra que cuando Holychild abandonan su pose de ingenuidad forzada poseen un talento incuestionable.
6. Metronomy - "Salted caramel ice cream". En un mundo ideal éste habría sido el tema que habría revitalizado cualquier fiesta de 2019 en horas bajas. Pensemos que al menos es la demostración de que aún se puede seguir explotando la progresión armónica más expoliada de la historia (desde todo el blues hasta casi todo el rock&roll) si se sabe enriquecer con una instrumentación original y una producción meritoria.
7. Bleached - "Daydream". La confirmación de que el indie-rock californianio todavía puede sonar fresco si se posee la capacidad para crear y armonizar melodías de las hermanas Clavin, que desprenden energía y melancolía a partes iguales.
8. Geowulf - "My resignation". Sin duda el mejor tema del segundo álbum del dúo australiano. Sencillez instrumental para arropar una composición que parece una versión de lo perfecta que resulta. Y con la excelente interpretación vocal de Star Kendrick.
9. Vok - "In the dark". Increíble pero cierto: dos artistas de un país de menos de millón de habitantes en la lista. Pero es que los islandeses Vok entregaron hace unos meses un medio tiempo de una calidad tremenda, estilosa y rítmica a partes iguales. Y por cierto con un precioso vídeo de animación
10. Clairo - "Bags". Puede que hayamos asistido al hype de la temporada; o puede que hayamos descubierto a uno de los talentos con más furo del panorama internacional. El caso es que a sus diecinueve años Claire E. Cottrill fascinó a la crítica internacional con este tema de indie-pop guitarrero, de delicadeza sobrecogedora y con multitud de detalles en la instrumentación.
11. Feeder - "Daily habit". A sus cincuenta y dos años Grant Nicholas sigue negándose a bajar la intensidad y convertirse en otro artista "maduro" y "concienciado": en este sencillo sigue reivindicando las guitarras distorsionadas, los platillos por doquier, el tempo alto, las estrofas coreables y una letra tan evocadora como cierta.
12. Amber Run - "Worship". Una de las grandes joyas aún por descubir de las Islas Británicas. Con su irregular pero a ratos sobrecogedor tercer álbum "Philophobia" los ingleses Amber Run mostraron su talento para mantener viva la llama del rock tenebroso e inquietante del que tan buen ejemplo es esta balada de tremendamente elaborada instrumentación.
13. Illenium - "Blood". Con su tercer álbum "Ascend" Nicholas D. Miller confirmó que es el máximo exponente del injustamente menospreciado future bass. Y en esta canción se alejó de su vertiente más conformista y a veces un tanto sensiblera y nos desasosegó y enervó con su caja sobredimensionada y sus pitches capitaneando los crescendos instrumentales.
14. Savoir Adore - "When the summer ends". El dúo neoyorkino nos cautivó con una de las melodías más dulces del pasado año, bien arropada por un colchón instrumental muy equilibrado entre instrumentos tradicionales y electrónicos. La sutil delicadeza del mejor pop.
15. Charli XCX ft. Christine and the Queens - "Gone". Casi con seguridad el mejor sencillo del mainstream internacional: dos de las divas más cotizadas del momento, cada una de un lado de Atlántico, con un insinuante y casi explícito tema, quizá demasiado simple instrumentalmente pero compensado por una brillante melodía que además se ajusta perfectamente al rango vocal de ambas y favorece su química.
16. Madonna - "I rise". Su decepcionante "Madame X" contenía quizá el mejor sencillo de la Ciccione en casi una década, este tema lento deudor sin duda de su clásico "Frozen" pero con un swing infeccioso, una melodía en los tonos graves que tan bien se le ajustan y una producción a la altura de lo esperable en la diva.
17. Hot Chip - "Melody of love". Los británicos siguen a lo suyo, añadiendo muescas a su sólida discografía de electro-pop intemporal, que anda ya sólo un escalón por debajo de la de los grandes nombres del género. Y este tema colorista de ritmo sencillo y que contagia optimismo ha sido probablemente el mejor sencillo de "A bath full of ecstasy".
18. X Ambassadors - "Hey child". Otro regreso fallido el de los norteamericanos X Ambassadors, que con su tercer álbum "Orion" se han quedado muy lejos de repetir el éxito comercial de su anterior entrega. Y ello a pesar de este personal tema que entronca la tradición del rock fronterizo norteamericano con las instrumentaciones contemporáneas a lo Imagine Dragons.
19. Liam Gallagher - "The river". No llega al rock sucio y de aires retro de los Oasis de la última época, pero este medio tiempo lleno de rabia se le acerca lo suficiente como para calmar la adicción que sufrimos tantos y tantos seguidores desde que los Gallagher se separaron.
20. Chromatics - "Time rider". El más elegante de todos los sencillos no incluidos en su último álbum "Closer to grey" que han publicado los estadounidenses en el pasado año. Un pelín plano, es cierto, pero de una elegancia subyugante y con buenos detalles como ese teclado estridente que llena los intervalos instrumentales.

Al elaborar una lista de este tipo, todos los años me preocupa haber dejado temas de gran calidad que se hayan quedado fuera, bien por el tamaño de la misma, bien porque se me hayan podido escapar. Pero aun con ese riesgo considero que la lista propuesta es perfectamente válida, pues pone de manifiesto que si no nos quedamos en la superficie de lo que nos tratan de imponer los medios, y nos olvidamos de echar la vista al siglo XX, podemos seguir encontrando buenas dosis de emoción y creatividad contemporáneas. Que es lo que siempre persigue este blog.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Holychild: "The theatrical death of Julie Delicious" (2019)

Una de las sorpresas del año que está a punto de terminar ha sido el retorno a la actividad en formato álbum Holichild. El dúo de Los Ángeles, formado por la vocalista Liz Nistico y el multi-instrumentista Louie Diller, debutó en formato álbum hace más de cuatro años con el interesante aunque irregular "The Shape of Brat Pop to Come". Desde entonces, una gira, y un par de años de silencio que no anticipaban este delirante y colorista "The theatrical death of Julie Delicious", cuyos temas empezaron a ver la luz en formato sencillo en los últimos meses de 2018.

Para su regreso han insistido con su vena ingenua, que les ayuda a afianzar su identidad como artistas pero en mi opinión les resta puntos. Porque el dúo posee una inteligencia innegable a la hora de recrear los mejores trucos del pop de los sesenta y los ochenta pero acercándolos a las sonoridades contemporáneas con una original mezcla de instrumentos acústicos, eléctricos y electrónicos. Pero esa voz casi naïve que adopta Nistico (en la línea de la peor Madonna) puede incluso hacer que una gran canción quede un tanto desapercibida. Y es una pena, porque no abundan las bandas capaces de alcanzar el equilibrio entre nostalgia y modernidad, y hacerlo además con unas canciones bien compuestas y mejor producidas.

Pero es que además ni siquiera han sido libres de incluir en el álbum los temas que han ido viendo la luz en formato sencillo. Supongo que su provocación y su descaro han chocado contra el establishment discográfico, y por eso uno de sus mejores sencillos (si no el mejor), "Bathroom Bitch", una exaltación de su sexualidad en palabras de la propia Nistico, con una letra dura y explícita ("I wanna fuck you in the bathroom, I wanna fuck you on the roof of my car, I wanna drink your juice so badly, I want it dripping from my ass to the floor..."), se ha quedado fuera del disco. En fin, éste es el mundo en el que vivimos, y ésta es la razón por la que bandas como Holychild son tan necesarias. Aunque enfrentarse a sus álbumes no deje de ser un reto.

Reto que comienza con "Over you", también elegido como cuarto sencillo, un medio tiempo construido sobre un teclado obsesivo que repite la misma progresión armónica todo el tiempo (salvo en la etérea parte nueva), y que llama la atención por lo maximizado de su sonido (tanto que a pesar de la profusión de instrumentos a veces cuesta distinguirlos). "Number one" repite en su apuesta por el pop esquizoide de aromas sesenteros, como lo muestran las segundas voces que apostillan la melodía principal, en especial durante su parte nueva. Más entonada me parece "Hundred Thousand Hearts", segundo sencillo en ver la luz, y que no obstante es la mejor prueba de esa ingenuidad impostada que le resta puntos a un tema que por lo demás es tremendamente efectivo como medio tiempo pop de estribillo coreable y parte nueva elaborada y plena de talento, rematado por un piano de una complejidad notable y una trompeta que reflejan lo cuidado de su instrumentación. "Raining romance" ha sido el quinto sencillo del álbum en ver la luz hace unas semanas. Más contemporáneo en estilo y sonido, es uno de los mejores momentos del álbum: olvidándose de su impostada frivolidad, y con una percusión a contracorriente (nada menos que tres ritmos diferentes para estrofa, puente y estribillo), su oscuridad y su original uso del pitch en el intervalo instrumental hacen el resto.

"Haunt me in the night" es la primera balada del álbum. Con un toque muy de final de película romántica de Hollywood, su melodía de tintes clásicos es irreprochable, y su parte nueva y el solo de guitarra de Diller antes de las repeticiones finales del estribillo son puntos a su favor, pero nuevamente pesa más la forma que el fondo. Mejor resulta "Carmelo", sexto corte y tercer sencillo, con una letra sobre la relación de Nistico con su padre. Quizá sea la más electrónica del disco, tanto por los instrumentos utilizados como por la manera con la que juegan con el sonido. En un mundo ideal sería la banda sonora perfecta de una fiesta alternativa: una melodía excelente de principio a fin, y el largo solo de sintetizador al final reflejan la calidad del tema. "Fight for me" atrapa prácticamente desde el comienzo: de referencias claramente ochenteras, la melodía de la estrofa llama la atención por sus tonos altos, y las guitarras distorsionadas del estribillo suponen el mejor contrapunto a la interpretación vocal de Nistico, sobre todo en ese psicodélico final digno de los mejores Oasis.

Aunque para mí el mejor tema del álbum es sin duda "Patron Saint", que curiosamente no ha visto la luz en formato sencillo: sin parte instrumental previa, y quizá con un punto de ingenuidad de más, es un tema infalible para cambiar nuestro estado de ánimo en el día más depresivo: una melodía vocal tan perfecta que parece una versión de los años dorados del pop, y una instrumentación que la complementa pero más en un segundo plano que en cualquier otro tema del disco, para no quitarle protagonismo (salvo en los coros y la sección de viento del tramo instrumental final). "Saturday" es el "baladón" del disco, aunque su comienzo a capella con adornos espaciales no lo deje entrever. Pero en este caso sí se trata de una balada convincente, muy bien cantada, con una certera sección de cuerda, una original parte instrumental, y un final apoteósico. De hecho quizá hubiera sido mejor como cierre del álbum que "Wishing you away", el primer sencillo que anticipó el disco hace casi año y medio. No sé si es que estoy saturado de tanto dem bow (aunque el tema no tenga nada que ver con el reguetón), o si es por la ampulosidad un tanto pretenciosa de su estribillo, el caso es que me parece un tema menor.

Y así se cierra este álbum relativamente corto, no exento de altibajos, lleno de letras impactantes, clichés provocativos e instrumentaciones originales. Aunque si aceptamos el reto de descubrir el valor de cada tema más allá de su superficie, en todos ellos encontraremos giros elaborados, buenos detalles, instrumentaciones originales, una producción brillante, y un puñado de buenas canciones. Pero no nos engañemos: Holychild resultan demasiado superficial para el panorama indie, demasiado arriesgados para el mainstream, y demasiado originales para el guetto de la electrónica, por lo que tienen dificil llegar a un público amplio en cualquiera de esos frentes. Así que espero que no tiren la toalla tras este trabajo tan personal, y que este humilde blog contribuya mínimamente a su difusión.

sábado, 21 de diciembre de 2019

Underworld: "Drift Series 1 Sampler Edition" (2019)

Los galeses Underworld empezaron en noviembre del año pasado un ambicioso proyecto titulado "Drift" durante el que han ido publicando en su web nuevas composiciones y vídeos, nada menos que a ritmo de una por semana. Esas composiciones las fueron agrupando durante meses sucesivos en lo que llamaron "Episodes", en realidad álbumes o EPs autocontenidos, hasta llegar a un total de seis, es decir, nada menos que tres y horas y media de material nuevo. Todo un derroche de creatividad en estos tiempos que corren de tanto revival, y todo un regalo para sus fans más incondicionales. Así hasta que al cumplirse justo un año del inicio del proyecto, el dúo lo dio por completado con la publicación de "Drift Series 1 Sampler Edition", una especie de "best of" de todo ese material publicado durante las cincuenta y dos semanas anteriores, secuenciado en un nuevo orden para darle la cohesión oportuna y recortando o incluso cambiando la instrumentación de algunos temas. Ese álbum "oficial" es el que voy a reseñar a continuación.

¿Es pues es "Sampler Edition" un "best of" del proyecto Drift? ¿O es al menos un álbum que mire de frente a sus nueve álbumes anteriores? Pues desgraciadamente ni lo uno ni lo otro. Y es que entre los treinta temas disponibles para la selección no hay en mi opinión ni uno solo del nivel de sus grandes clásicos, lo que una vez más refrenda que cantidad no es igual a calidad. Y es que Karl Hyde y Rick Smith tiran de oficio para completar la mayoría de las temas con sus obsesiones habituales (un ochenta por ciento para la pista de baile y un veinte por ciento para la experimentación), pero la chispa de la inspiración apenas aparece. Abundan los temas monocordes (o casi), las percusiones electrónicas más que conocidas y ya explotadas, las grandes "parrafadas" de Hyde... Y como complemento seis o siete experimentos con los que sin duda se lo pasaron bien, pero en general de difícil disfrute. Por lo que cualquier selección de los treinta temas iba a dar como resultado un álbum a lo sumo discreto, pero lejos de "Dubnobasswithmyheadman" (1994), o incluso del más reciente y meritorio "Barbara, Barbara, we face a shining future" (2016). Pero es que a mi modo de ver ni siquiera han estado especialmente acertados con la selección; no sé si tiraron de la recepción online o en sus conciertos de las canciones para guiarse, pero el caso es que hay dos o tres que desentonan del conjunto, y algunos de los más interesantes se han quedado fuera.

El álbum lo abre "Appleshine", uno de sus clásicos temas orientados a la pista de baile, de desarrollo muy lento (casi diez minutos), con sólo dos acordes que se van alternando todo el tiempo, con una tardía (casi a los minutos) pero muy larga interpretación vocal de Karl Hyde, cuya voz se oye tan lejana que es muy complicado entender lo que dice, y sin apenas sorpresas en su segunda mitad (aun así, es de los momentos más salvables). Le sigue "This must be drum street", simplemente aceptable, también oscura y bailable, de duración más contenida y bajo más marcado, con una progresión armónica un poco más trabajada y con la pegajosa frase "Do you wanna buy my car?" como lo más destacable de su parte vocal. El siguiente corte es "Listen to Their No": inicialmente chirriante, con un prometedor sintetizador juguetón típico del dúo que se posiciona como instrumento principal casi al principio, y las voces "auto-tuneadas" de Hyde para una melodía entrecortada y un tanto extraña que también promete y que tiene una especie de estribillo cuando empieza con aquello de "There's no one", pero cuyo desarrollo encalla durante su segunda mitad, alejándolo de los grandes momentos del dúo (aunque quizá sea el mejor tema del disco).

"Border country", con la colaboración del para mí desconocido Ø [Phase], es otro de los típicos temas obsesivos y monocordes de la banda, similar a los que ya hemos escuchado tantas veces en otras entregas, y durante el cual no sucede prácticamente nada. "Mile Bush Pride" son menos de cien segundos de techno monótono y machacón. "Schipol test" levanta un poco el nivel, aunque vuelve a ser poco más que una obsesiva sección rítmica y un par de frases de Hyde, esta vez más graves y envolventes. "Brilliant Yes That Would Be", supuestamente inspirado por el paisaje islandés, son seis minutos de experimento a partir de un par de sintetizadores envolventes y una guitarra hiper-distorsionada, sin percusión alguna, y ante los cuales es difícil no pulsar el botón de forward. "S T A R (Rebel Tech)" se supone que es, como su propio título indica, el tema estrella del álbum, y en la versión original del episodio 5 (de la cual añado el enlace al video-clip) era quizá su momento más musical, aparte del más sencillo de recordar por la cantidad de personas y personajes famosos que cita, pero en la versión de este "Sampler" pierde en armonía lo que gana en contundencia, y para mi gusto el resultado es peor. "Imagine a box" son otros seis minutos de techno tenebroso de tempo alto, con una progresión armónica medianamente elaborada aunque con tendencia al delirio, y una de esas melodías imposibles por desestructuradas que son marca de la casa, pero esta vez escasa de chispa. Y la "muestra" la cierra "Custard Speedtalk", algo así como la evolución de su clásico "Rez" casi treinta años más tarde, con dos baterías convencionales y una melodía vocal larga para complementarla, y que podríamos definir como el intento de hacer una balada a partir de un original tan discotequero, recurriendo para ello a un complicado piano para contrepesar al juguetón sintetizador del comienzo.

Los cincuenta y ocho minutos de esta edición permiten también corroborar algo no siempre resaltado: la variedad de registros vocales de Karl Hyde, capaz de llevar a muchos temas conceptualmente similares a territorios distintos. Pero para haber subido el nivel habrían hecho falta más armonías, más progresiones armónicas bien trabajadas, un par de estribillos certeros, una duración más contenida en ocasiones. Y es que aunque sabemos que Underworld son capaces de combinar lo mejor y lo peor, esta vez su extraordinario esfuerzo no ha rendido los resultados esperados.

No obstante, para que el sabor de boca mejore, sugiero completar esta "Sampler Edition" con los siguientes cinco temas de los distintos "Episodios", que en mi opinión habrían mejorado un tanto la impresión global: "Molehill", con su pop de epopeya espacial sobre arpegios de piano y sintetizador, sin percusión y apenas letra y sin embargo mucho más interesante como experimento que "Brilliant Yes That Would Be", "Doris", su aproximació al ambient a lo Aphex Twin, un instrumental evocador y con más armonías que cualquier tema del "Sampler", "Two arrows", Underworld clásico para la pista de baile pero que demuestra que pueden hacer un tema igualmente intenso, bailable y perturbador en dos segundos, "A moth at the door", un tema coral (sí, sí, han leído bien, coral), con la voz de Hyde resonando en medio de un templo imaginario, doblada y distorsionada n-veces mientras una letra de compasión, y con la sorpresa final de un coro real para rematar el resultado, y "Another Silent Way - Drift Poem - Better Than Diamonds", catorce minutos de percusión africana casi tan irresistible como la de "Born slippy", con tres partes claramente diferenciadas, mucha frase declamada y mucho sintetizador estridente, que podría haber funcionado como tema excesivo para abrir el álbum (o uno de sus conciertos).

domingo, 24 de noviembre de 2019

Geowulf: "My resignation" (2019)

Hace apenas un mes vio la luz "My resignation", el segundo álbum del dúo de origen australiano, aunque residente en Londres, Geowulf. Formada por la excelente cantante e instrumentista Star Kendrick y el multi-instrumentista Toma Benjanin, han sido una de las debilidades de este humilde blog desde que debutaron en formato sencillo hace tres largos años, si bien su álbum de debut "Great big blue" vio la luz hace apenas año y medio. Una circunstancia que me ha pillado con el paso cambiado, pues pensaba que iban a tardar más tiempo en darle continuidad. Por lo cual mi siguiente recelo era constatar si el álbum estaría bien trabajado, o si simplemente habrían corrido más de la cuenta para mantener el foco de los medios sobre ellos y labrarse así una carrera musical duradera.

Pues bien, puedo adelantar que el álbum posee el nivel suficiente para todos aquellos que gusten del equilibrio entre indie-pop y pop ensoñador de corte clásico, sin estridencias. Quizá no haya un par de temas estrellla del calibre de "Don't talk about you" y "Drink too much", falte algo más de experimentación en algún momento, y algunos temas se parezcan entre ellos más de la cuenta, pero lo cierto es que hay buenas melodías, suficiente emoción y la dosis justa de cambios de registro para que "My resignation" se pueda escuchar de principio a fin sin necesidad de pulsar el "forward". Y eso a la hora de afrontar el siempre temido segundo álbum es ya una garantía de éxito.

Con buen criterio el álbum lo abre "My resignation", la canción que da título al álbum y su indiscutible tema estrella. Una composición pop de estructura clásica, de estrofas elaboradas y estribillo sencillo a la vez que de letra desoladora, con unos arreglos muy bien elaborados para armonizar las distintas partes, una poco habitual en estos tiempos subida de tono en la tercera estrofa y una coda final que aprovecha todas las bondades de los tres minutos anteriores. "I see red", segundo corte, fue el primer sencillo en adelantar el álbum: algo más electrónica que la anterior (percusión y sintetizadores programados), llama la atención su estrofa de notas bajas y relativamente desnudas que explota en un estribillo guitarrero y luminoso que mejora la impresión general del tema. "Lonely" fue el último de los sencillos en anticipar el disco: más acústico que las anteriores (ahora todos los instrumentos sí son "reales"), y para mí una evocación perfecta de ese pop elegante que mira con respeto a los sesenta y que tan bien han sabido recrear Saint Etienne en tantas ocasiones (y por cierto con un vídeo en el que Kendrick luce en ropa interior todos sus encantos). Aunque no llega a ser un temazo.

"He's 31" también fue adelantado en formato sencillo hace unos meses: un arpegio de guitarra y la excelente interpretación de Kendrick son los argumentos para engancharnos hasta que aparece esa batería deudora del "Be my baby" de The Ronettes que en mi opinión no le favorece, y más tarde un estribillo que se hace de rogar dos largos minutos pero que cuando por fin aparece evidencia el talento de los australianos para componer melodías extensas e intemporales. "Round and round" es el primer tema con el que puede tenerse la sensación de excesivo parecido a las canciones anteriores, y de hecho la estrofa es simplemente correcta, pero el estribillo con la steel guitar de Benjamin llenando todos los huecos que deja la voz de Kendrick justifica su inclusión en el álbum, en especial con el teclado etéreo que redondea las repeticiones finales. Aunque prefiero "I want you tonight": más oscura y clásica con sus acordes menores llevados por una tradicional guitarra acústica, se trata de otra melodía a la que pocos defectos se le pueden poner, y el arpegio de guitarra de los intervalos instrumentales es tan sencillo como certero.

"Evolution" probablemente sea la letra más original del álbum, sobre unos jóvenes amantes que se plantearon tener hijos ("I wanted your children, It's probably only evolution, Our bodies over reason"), y que cantan sobre un medio tiempo que es puro dream pop de instrumentación convencional y melodía irreprochable sin caer en la cursilería, algo que para sí quisieran otras bandas del mismo corte como The Narrative. Y "Falling" probablemente sea la instrumentación más personal del álbum, desde su chirriante sintetizador del comienzo, pasando por su bajo electrónico, y acabando por esos teclados etéreos que envuelven la sencilla melodía de su estribillo, aunque quizá lo más meritorio sea la larga y elaborada parte nueva. Y "Rainy day" el más flojo, con esa cadencia impostada del country-pop que podría haber interpretado Sheryl Crow, y que encima se ve ralentizada en su simplemente discreto estribillo adornado por un mellotron, tal vez lo único llamativo. "If only I could feel it" es otro lento, más introspectivo que el anterior, sobre un amor no correspondido, que cumple su función pero tampoco destaca especialmente si tenemos en cuenta que apenas dura tres minutos. Y el disco lo cierra "Celebrate", que juega al despiste con su extraño comienzo, pero que termina siendo otra melodía cristalina, de largas estrofas separadas en dos tramo, y estribillo expansivo que viene muy a cuento para rematar el álbum, en especial durante su minuto final, de inesperadas guitarras distorsionadas.

La reseña favorable de prácticamente todos los temas no debería ocultar que el disco dista de ser una gran obra, pues transita casi siempre por las mismas aguas. Pero Geowulf navegan con viento a favor gracias a su capacidad para componer canciones de pop clásico, al margen de las modas, siempre bien arregladas y mejor interpretadas. Por lo que este "My resignation" puede servir como bálsamo desintoxicador para tanto trap, tanto reguetón y tanto streaming de encefalograma plano como nos rodea. Debe de ser que las antípodas están lo suficientemente lejos para mantenerse al margen de estas nefastas modas.

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