jueves, 24 de septiembre de 2026

Cannons - "Everything Glows" (2026)

La entrada que les traigo hoy está dedicada a unos viejos conocidos del blog: el trío de Los Ángeles Cannons. Cuya trayectoria musical ha ido creciendo constantemente desde su formación hace ya más de una década. Algo de lo que me he ido haciendo eco a lo largo de los años. Primero añadiendo uno de los temas más brillantes de su carrera ("Hurricane") a mi lista de mejores canciones internacionales de 2022. Y después, en el año 2023, reseñando por fin un álbum completo suyo, el notable "Heartbeat Highway", el cual les consolidó como una de las bandas de referencia en el pop alternativo estadounidense. Este reciente "Everything Glows" es ya su quinto álbum de estudio, y supone la reafirmación de que han alcanzado el status creativo al que apuntaban. Pues se trata de un disco sólido, maduro y fiel a su personalidad, pero con la suficiente evolución como para que el resultado no recuerde en exceso a su trayectoria anterior.

En mi opinión debe ponerse en valor que una banda así haya crecido de esta manera. Porque su propuesta musical ni se aproxima a los sonidos que triunfan actualmente en listas, ni tampoco se adscribe a las corrientes más pujantes del panorama altenativo. Pero es que ninguno de sus tres miembros destaca tampoco por sus dotes: Michelle Joy es indudablemente una presencia imponente, pero no anda sobrada de cualidades vocales. Tampoco Ryan Clapham es un guitarrista especialmente virtuoso. Y Paul Davis (seguramente el verdadero cerebro del trío, pues se encarga de la batería, el bajo, los sintetizadores y las programaciones), no es el típico multi-instrumentista inquieto que busca ir un paso más allá. El crecimiento de Cannons se basa simplemente en su buen gusto, en su naturalidad a la hora de componer, en unos textos que nada denuncian ni reivindican; en suma, en una propuesta que apela a situaciones y sentimientos comunes a todos los seres humanos. No pretenden crear tendencia, no se limitan a revisar la música de otras épocas, buscan conscientemente la atemporalidad. Lo llamativo es que a lo largo de los años han ahondado en esos parámetros de referencia, y la soltura que han ido adquiriendo a la hora de añadir capas de distorsión y arreglos sutiles a sus guitarras, o a la hora de enriquecer los arreglos de teclado o sus programaciones, ha hecho el resto. Algo especialmente perceptible en "Everything Glows".

El álbum lo abre "All I Need", primer sencillo extraído, y que formó parte de mi segunda lista de otras veinte canciones recomendables de 2025. Para enganchar al melómano, empieza como si fuera una balada envolvente, pero poco a poco los músicos van añadiendo instrumentos, y ya cuando entra el primer estribillo se puede apreciar esa mayor sofisticación en la programación electrónica a la que aludía antes. Los cuales no sólo no distraen de la composición, sino que refuerzan su pegada. Porque la base está ahí: un tema sofisticado y ligeramente bailable, con un estribillo evocador del que cuesta desprenderse, una parte nueva sencilla pero efectiva, y bonitos arpegios de guitarra sin exceso de protagonismo. Si bien quizá le falte un punto de brillantez para acarrear con la responsabilidad de ser el "tema estrella" del disco. Por eso prefiero "Starlight", segundo sencillo extraído y también segundo corte: un bombazo que se convierte desde la primera escucha en un clásico intachable de su repertorio. O lo que es lo mismo, pop con clase para todos los públicos. Un comienzo que podría pasar por ochentero si no fuera por los pedales con los que Clapman modifica el sonido de su guitarra, un teclado tipo "choir" que puntea con gusto estrofas y estribillos, y unas estrofas de una musicalidad irreprochable, que dan paso a un estribillo de una belleza arrebatadora. Sin obviar que la parte nueva, aunque reutiliza los acordes del estribillo, lo disimula retirando instrumentos y cediendo el protagonismo a una inesperada guitarra acústica. "Carousel", cuarto sencillo, cambia de tercio y abandona el pop sofisticado por una suerte de disco retro que a mí me recuerda a los momentos más intimistas de Jessie Ware. Fuertemente dominada por su estribillo, su mayor desnudez instrumental y la presencia de su bajo slap en primer plano nos retrotraen a épocas pretéritas del grupo. Si obviamos ese ropaje sonoro podemos apreciar que sus estrofas, y sobre todo su estribillo, no rayan a la misma altura que sus dos predecesoras, y los overdubs uno - dos tan presentes a lo largo de su minutaje pueden llegar a fatigar, por lo que no está entre los mejores momentos del disco. Más recomendable me parece "I Get Weak", un acercamiento respetuoso a la bossa nova con una sección de cuerda que es puro funky, y con un estribillo casi inexistente y sin embargo eficaz gracias a los teclados expansivos que introduce Davis. Las segundas voces de Joy le dan consistencia, y el tramo instrumental, en el que un acolchado arpegio de guitarra de Clapman compite con unos bongos frenéticos, acaba de inclinar la balanza a su favor.

"These Nights", el quinto corte, fue el tercer sencillo extraído. Más reposado que el anterior, el bajo en contrapunto de Davis y los punteos puntuales de Clapman le proporcionan un colchón rítmico poderoso. Y las cuerdas en primer plano durante prácticamente todo el tema, junto con unos teclados etéreos que se deslizan como si fueran nenúfares, sus múltiples coros, y un solo de guitarra eléctrica inesperadamente intenso y extenso logran un resultado muy meritorio para una composición que, en realidad, no es de las más brillantes del álbum. "Shine", el sexto corte, es el primer lento del disco, y ello es ya una evidencia de que el buen gusto no necesita de tempos bajos para resultar evocador. Ni tampoco de una composición especialmente melosa, como constatamos al adentrarnos en el tema. Es cierto que sus estrofas son de una dulzura reconfortante, pero tanto el estribillo como los tramos instrumentale (que comparten progresión armónica), están más pensados para dejarse llevar que para sobrecoger. Y esas repeticiones de "Neon Lights" a dos voces (más el teclado que remarca la misma melodía vocal) se convierten en una baza tan sencilla como eficaz. Aunque yo prefiero "Light As A Feather", para mí el mejor tema del disco: una canción que va entrando poco a poco, con un delicioso arpegio de guitarra de Clapham, una melodía larga que no necesita de percusión en la primera estrofa, y que va cogiendo cuerpo en su arrebatador estribillo, hasta explotar con todos los instrumentos a partir del segundo tramo instrumental. Y con una letra que transmite exactamente lo mismo que la música ("You used to hold me. Said that this would last forever. But now I dance alone and I feel lighter than ever"). No hay parte nueva, pero el tramo instrumental en el que Clapham cambia arpegio por un sencillo punteo de guitarra, y lo irresistiblemente equilibrada de su programación sirven para mantener el disfrute hasta el final. Más cuestionable es el hecho de situar la segunda balada del álbum justo después: "Fool For You" es un tema de textura tersa, una rendición amorosa incondicional que, ahora sí, puede resultar más dulzona de lo deseable. Y que, además, corta de raíz el subidón del trallazo anterior. Puestos a destacar algo, me quedo con el tramo instrumental que adorna el final, con el lento punteo de la guitarra y las cuerdas en crescendo en perfecta armonía.

A pesar de que no hay ningún tema que desentone del conjunto, es indudable que el último tercio del álbum baja varios peldaños. "Good Luck Charm", el noveno corte, es de los más "crudos" de su repertorio (para lo que suele ofrecer el trío), y tanto sus tramos instrumentales como sus estrofas mantienen esa elegancia más áspera. Pero aquí el estribillo no ofrece nada nuevo (de hecho, mantiene la misma progresión armónica y nos propone una melodía muy simplona). Es cierto que su parte nueva recupera durante unos segundos nuestra atención, pero tanto su melodía como su letra pecan de excesivamente simples. "Photographs", el penúltimo corte, tal vez el más ochentero de todo el disco, puntúa más alto aunque de arranque no lo parezca, dada la sencillez de su comienzo instrumental. Pero a sus largas y reposadas estrofas le añaden un efectivo puente que predispone para un estribillo tan luminoso como tarareable, tan largo como variado melódicamente. Lástima que su final no crezca (la canción termina tras la prevista repetición del estribillo); da la impresión de que con algo más de esfuerzo podría haber sido una gran canción. Y el cierre lo pone "Take Me to Tokyo", que arranca con esa curiosa combinación entre su programación electrónica y su pandereta. Obviamente un tema de tempo bajo y atmósfera relajada, se deja escuchar y cumple su cometido, pero no encierra grandes sorpresas ni aporta nada nuevo al conjunto; tal vez lo más llamativo sea esa especie de segundo estribillo que complementa al primero.

"Everything Glows", sin ser un disco perfecto, encierra un saludable equilibrio entre temazos que enganchan a la primera escucha, otros que ganan conforme repiten en nuestro reproductor, y sólo algunos un poco más anodinos aunque totalmente integrados musicalmente en el conjunto. AL tiempo que demuestra que el trío se encuentra cómodo en esa madurez que han alcanzado: no aspiran a cambiar el panorama musical, no quieren convertirse en adalides de ninguna causa, ni interrumpir el normal discurrir de su música con ejercicios experimentales de cara a la galería; sólo trasladarnos durante cuarenta minutos a su realidad musical, una realidad en la que lo que importa son las emociones humanas en su más amplia extensión. Si a ello le añadimos el crecimiento de los tres músicos a la hora de producir sus temas, de enriquecer sus sonidos sin por ello afectar al nivel medio de sus composiciones, tendremos un disco que mantiene el nivel de "Heartbeat Highway" sin que suene a mera repetición de fórmula. Sólo queda esperar que sigan creyendo en el proyecto, y que dentro de otras dos o tres temporadas nos deleiten con otro trabajo de similares prestaciones.

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