Con la presente entrada retomo la actividad de este humilde blog tras el paréntesis vacacional. Pero lo hago, valga la redundancia, con otro paréntesis, esta vez respecto a la temática habitual del mismo. Un paréntesis que, a su vez, es heredero de aquel otro que hice en pleno confinamiento, hace ya casi seis años y medio. Y que aludía mi faceta como creador e intérprete de canciones. Pues aunque mi acercamiento al pop y al rock contemporáneo es, como quienes siguen el blog saben, preferentemente como melómano, algunos de ustedes conocen también que mi pasión por la música es tal que también he hecho mis pinitos como artista bajo el nombre artístico de My Olympia. Por esa razón en aquel lejano 2020 compartí con ustedes las últimas canciones que había creado por entonces. La colección siguió creciendo y recibió sus correspondientes video-clips hasta formar una lista de reproducción ("Inevitable") que publiqué en Youtube allá por Febrero de 2023. Después de aquel esfuerzo creativo aparqué la música durante una temporada.
Sin embargo, no tardé mucho en regresar a una de mis pasiones. Así, a comienzos de 2024 puse un marcha un nuevo proyecto, "Covers Album". Esta vez la idea era no trabajar sobre mis propias composiciones, sino sobre una selección ecléctica de canciones que me gustaban y que, por una u otra razón, creía que podían encajar con mis aptitudes musicales. Obviamente, con la intención de dotarlas de un nuevo sonido, tal vez llevándolas a un terreno muy distinto de aquel en el que inicialmente habían visto la luz, pero siempre cercanas al pop-rock electrónico mayormente creado con teclados, estaciones de trabajo digitales y sus complementos (DAW y VST) y mi propia voz que conforman mi impronta musical. Durante 2024 y 2025 fui creando y subiendo a mi espacio en Soundcloud (My Olympia) un total de nueve canciones, en realidad versiones libres de diez temas de artistas tan variados como Pet Shop Boys, The Black Keys, Bob Marley, Backstreet Boys... En general, los temas han funcionado y siguen funcionando bien (no me puedo quejar del número de escuchas recibidas por cualquiera de ellas para ser un proyecto carente totalmente de promoción), pero faltaba prepararles un formato visual que las complementara y me permitiera reactivar el canal de YouTube de My Olympia. Algo que he estado haciendo a lo largo de este 2026, recurriendo para ello a las posibilidades que ofrecen algunas de las herramientas de inteligencia artificial disponibles actualmente. El resultado lo he ido subiendo a lo largo de las últimas semanas hasta completar mi segunda lista de reproducción, este "Covers Album" que hoy les estoy dando a conocer.
Como comentaba en mi primer paréntesis, allá por 2020, no pretendo obtener dinero de mis creaciones o mis reinterpretaciones; simplemente comparto con aquellos a los que les pueda gustar el resultado de muchas horas de mi tiempo libre, del mismo modo que comparto mis reseñas y selecciones de otros artistas sin fines crematísticos. Al fin y al cabo, la música es sólo música, la cree quien la cree de la forma en la que mejor estime, por lo que no siento que mi esfuerzo interpretativo sea forzosamente inferior al de ningún otro intérprete, y me siento cómodo haciéndolo público. Para mí es siempre una gran satisfacción terminar una canción, crear un vídeo que la acompañe y compartirla finalmente en Youtube; lo que suceda a partir de ahí es para mí completamente secundario. Pero por si alguno de ustedes, tras escucharlas, quiere saber algo más sobre qué hay detrás de cada una de ellas, aquí vienen unas breves líneas al respecto:
01. "What Do I Have to Do?" (Kylie Minogue's cover). Stock, Aitken & Waterman fueron un trío de productores tan apreciados por el público a finales de los ochenta y primeros noventa como denostados por la crítica por su concepto de "factoría": canciones de similar estructura e instrumentación, artistas de usar y tirar, y pop tan accesible como intrascendente. La única artista que ha sobrevivido a ese encasillamiento ha sido la australiana Kylie Minogue, la princesa del pop, que lleva cuatro décadas de éxito casi ininterrumpido. Pero la crítica siempre tiende a obviar su producción discográfica de la época Stock, Aitken & Waterman. Y como no comparto ese enfoque, pues decidí revisitar una de las que me parece mejores canciones de ese periodo, "What Do I Have to Do?". Quizá sea la versión más respetuosa con la original, pero es que su sonido pop de influencias house de 1990 me parecía prácticamente actual. Por eso quizá lo más novedoso sea el plugin que utilicé para modificar mi voz hasta hacerla parecer casi la de una mujer, sin que la transformación sonara ridícula. Y para el vídeo, pensé que un panorama futurista con puntuales apariciones femeninas al final sería un buen complemento.
02. "I Want It That Way" (Backstreet Boys' cover). Algo parecido a lo que le sucedía a Kylie Minogue les pasó a lo largo de toda su carrera a la boy band Backstreet Boys. Al tratarse de un producto "prefabricado", inmediatamente se descartaba cualquier tipo de interés respecto a la calidad de su música. Sin embargo, yo creo que atesoraron tres o cuatro grandes canciones, y sobre todo esta que me decidí a versionar, "I Want It That Way", que siempre me ha parecido una composición fantástica (y por cierto, no soy el único: busquen a Sting versionándola en Youtube). Pero, a diferencia de la anterior, sí que consideraba que su sonido necesitaba un repaso. En este caso, opté por subir el tempo, darle un sonido más sintético y convertirla en una pieza apta para la pista de baile. La composición es tan perfecta que aceptó todos estos cambios sin dificultad. Aunque tal vez su largo comienzo de dance-pop instrumental con su loop sintetizado en primer plano les descoloque un poco. O quizás sea su vídeo de fractales de colores el que les termine de alejar de las imágenes de la boy band que pueda evocar en sus mentes esta canción.
03. "Rent / Physical Attraction" (Pet Shop Boys & Madonna's covers). Versionar un tema de Pet Shop Boys o uno de Madonna era cuestión de tiempo, pues ambos forman parte de mis artistas favoritos de siempre. La originalidad aquí vino del hecho de que, interpretando una tarde con uno de mis teclados las dos canciones que he fusionado, me di cuenta de que compartían parte de su misma progresión armónica. Así que aunque su tempo era un poco diferente, era cuestión de ajustarlo y enlazarlas para darles una nueva vida juntas. En este caso se trataba de dos canciones de pop-bailable, así que reforzar su parte rítmica era lo único que consideré necesario para actualizarlas. El reto fue que las voces se alinearan con las de las originales: por eso las partes de Pet Shop Boys las canto con mi voz natural, y las de Madonna con las del mismo plugin que había usado con Kylie Minogue (y mi voz natural haciendo coros). Creo que salí airoso de este rompecabezas de ida y vuelta entre ambos clásicos, así que para el vídeo simplemente retomé el concepto de rompecabezas y creé un panorama variado pero siempre compuesto por piezas y figuras de Lego.
04. "In the Heat of the Moment" (Noel Gallagher's High Flying Birds' cover). Otro de mis compositores favoritos de siempre es el mancuniano Noel Gallagher. Pero aquí el encasillamiento que de él se suele hacer es a la inversa: se considera que sus dos primeros álbumes con Oasis fueron su cima absoluta, el resto de la carrera de su banda un lento declive, y que en solitario no ha llegado siquiera a acercarse a las excelencias de los primeros noventa. Nunca he estado de acuerdo con esa generalización, aunque sí reconozco que a su proyecto con High Flying Birds siempre le ha lastrado un sonido un tanto añejo. Por eso me decidí por versionar la que considero una de las mejores canciones de su carrera en solitario, pero confiriéndole un sonido bastante más contemporáneo, algo así como una especie de synth-rock que podría recordar, por ejemplo, al de Depeche Mode. Mientras la estaba grabando caí en la cuenta de que una parte de su progresión armónica es la misma que la del mítico "Blue Monday" de New Order, así que decidí terminarla con la frase por excelencia de aquel clásico ("How does it feel?"). Y para el vídeo, como me había gustado mucho el resultado del "Lego" de la anterior, decidí darle una vuelta de tuerca y crear paisajes y entornos compuestos por piezas de puzzle de diversos colores.
05. "You Keep Me Hangin' On" (Kim Wilde's cover). Desde que era adolescente la versión que había grabado Kim Wilde del clásico "You Keep Me Hangin' On" de la Motown, que popularizaron inicialmente The Supremes, ha sido uno de mis temas favoritos de siempre: me fascinaba, y me sigue fascinando, cómo conviven unas estrofas y unos estribillos tan diferentes (las primeras tan luminosas, los segundos, tan ominosos) en la misma canción. Pero el sonido de 1987 no había envejecido del todo bien, aunque alguno de sus arpegios de sintetizadores me seguían pareciendo insuperables. Así que intenté actualizar lo que lo requería, respetar lo que ya estaba bien, y homogeneizar el conjunto para que resultara melódico y bailable a partes iguales. Y como la letra en realidad me parece una demanda tan simple, casi primitiva, de una mujer, vino a mi mente la imagen de una primate hembra solicitando algo así. Por lo que terminé por crear un vídeo en el que las ciudades estuvieran pobladas por primates, para encontrar finalmente allí a la hembra enjaulada.
06. "Frío" (Alarma's cover). A pesar de mis orígenes, como ustedes saben nunca he sido un gran defensor de la música creada en España. Por desgracia, creo que el retraso social que nos lastra desde hace ya más de un siglo aplica también a las artes, y la proporción de grandes canciones e interpretaciones me parece muy inferior al de los países musicalmente más avanzados. Por eso no suelo reseñar artistas españoles, y por eso nunca había contemplado componer una canción en español, cuanto menos interpretarla. Sin embargo, a estas alturas del proyecto me apetecía probar algo nuevo, y me acordé de este tema injustamente olvidado del trío Alarma, seguramente una de las mejores canciones españolas de los ochenta (si no de todos los tiempos). Eso sí, el sonido de la original ya era un tanto austero en sus orígenes, así que tocaba revisarlo a fondo. Por ello añadí sintetizadores por ambos canales, efectos sonoros, voces distorsionadas... Incluso alteré un poco el comienzo, pero respeté el saxofón que le confería tanta personalidad, aunque quitándole rabia y añadiéndole suavidad respecto a la interpretación original. En este caso el vídeo era muy fácil: bastaba con recrear el contraste entre fuego y frío omnipresente en toda la canción.
07. "Redemption Song" (Bob Marley's cover). Como no podría ser de otra manera, admiro a Bob Marley por todo lo que consiguió en vida, convirtiéndose en la primer superestrella global en los cinco continentes, encima sin renunciar a su fortísima personalidad. Pero con el paso de los años creo que su legado musical ha perdido parte de su aura de majestuosidad. Salvo una canción, "Redemption Song" que, quizá por haber sido interpretadamente únicamente con voz y guitarra acústica, resplandece como una joya atemporal. El reto aquí era instrumentarla por completo, respetando la base reggae que caracterizaba a su creador, pero actualizando su sonido al año 2025, y sin que por ello perdiera ni su suavidad conmovedora ni la potencia de su mensaje. Le di muchas vueltas a todo (en especial a la parte nueva, con esos efectos distorsionados que tanto me costó pulir) para que encajara, pero al final creo que conseguí lo que pretendía. Y para el vídeo quise profundizar en su mensaje universal, y me pareció que un mundo idílico hecho de plastilina, con juguetes, niños y predicadores que intentan hacer del mundo un lugar mejor, constituían un símil perfecto.
08. "Earthquake" (Ssion's cover). Para el tramo final del proyecto quise retroceder menos en el tiempo y revisitar grandes canciones de la pasada década que, por desgracia, no cosecharon el reconocimiento que creo que merecían. Empezando por esta maravilla del multifacético artista estadounidense Ssion, prácticamente un desconocido a este lado del Atlántico. Quien en 2012 publicó esta maravilla de dance-pop de irresistible progresión armónica y una melodía de una perfección tal que sólo se aprecia al interpretarla con el piano. A la hora de revisitarla mi premisa fue que le faltaba algo de contundencia rítmica y de sonidos sintetizados en las frecuencias medias, y ésas intenté que fueran mis principales aportaciones, porque el resto ya estaba ahí. Al igual que con el vídeo: era evidente cómo debía ser, lo único fue visualizar muchas de las ciudades más importantes de la Tierra en un futuro no muy lejano y dejar que crujieran y se derrumbaran poco a poco con los temblores.
09. "Lonely Boy" (The Black Keys' cover). Y para cerrar el proyecto quise recuperar otra de esas canciones no muy lejanas que mereció mejor suerte. Aunque en el caso de este trallazo de The Black Keys en algunos países sí lograron una considerable notoriedad. Pero no por estos lares, así que tocaba actualizarla. Un reto especialmente complicado, pues conservar sus altas dosis de energía rockera con instrumentos electrónicos no me parecía nada sencillo. Pero a base de distorsiones varias, plugins que emulaban guitarras aceradas, voces postprocesadas y un bombo y caja doblados como si de un tema de rock duro se tratase, creo que conseguí lo que tenía en mente. Para el vídeo, en cambio, lo único que tenía claro era que tenía que estar protagonizado por un chico esperando sin fin a su chica. ¿Cómo de hacer de una idea tan simple algo visualmente interesante? Pues al final opté por un futurista mundo submarino; me pareció lo suficientemente sugestivo.
Si han llegado hasta aquí, a lo mejor se pregunten qué vendrá a continuación en la trayectoria de My Olympia. Musicalmente me imagino que en algún momento terminará por llegar una nueva tanda de composiciones propias. Pero ahora mismo estoy un poco saturado de música, por lo que mi intención es retomar antes mi faceta como escritor y, si la inspiración me acompaña, crear la que sería mi cuarta novela. O sea, que si alguno de ustedes queda con ganas de más My Olympia, le tocará esperar un tiempo. Espero que este "Covers Album", o en su defecto "Inevitable", les sirva de acompañamiento en esa espera.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
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sábado, 29 de agosto de 2026
Un nuevo paréntesis: My Olympia - "Covers Album" (2026)
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sábado, 30 de septiembre de 2023
Noel Gallagher's High Flying Birds - "Council Skies" (2023)
La del principal compositor y cerebro de Oasis Noel Gallagher ha sido una trayectoria descendente desde que inició su camino en solitario. Su primer álbum ("Noel Gallagher's High Flying Birds", 2011) lo mostraba dentro de un clasicismo sin espacio para la sorpresa pero con un puñado de estupendas canciones. El estilo clásico se volvió un tanto retro en sus siguientes dos entregas ("Chasing Yesterday", 2015 y "Who Built The Moon", 2017), con el agravante de que la calidad de las composiciones fue decayendo de manera alarmante. Quizá por ello Gallagher optó entonces por una serie de tres EPs que también recibieron su atención en este humilde blog ("Black Star Dancing", "This is The Place", "Blue Moon Rising"), y que parecían un intento por sonar algo menos anquilosado (tampoco nada especial, simplemente había avanzado su foco desde los sesenta y setenta a los ochenta). Por eso estaba por ver si su nueva entrega seguiría intentando actualizar su sonido, o si volvería al clasicismo un pelín casposo de casi siempre. Por desgracia, Noel ha optado por lo segundo. Ante el beneplácito, eso sí, de la crítica más casposa. Aunque debo advertir que no se trata de un mal álbum.
Un punto a favor del disco es la cantidad de temas que encierra: diez en la versión corta, pero tres más en la edición Deluxe, además de una serie de remezclas a cargo de nombres muy interesantes, por no hablar de versiones instrumentales y otros rescatados de diversos directos. Una abundancia creativa que ya anticipa lo que en realidad nos encontraremos: un Gallagher en mejor forma creativa que en sus últimos años. Obviamente, no como cuando, en los noventa, era capaz de componer varios himnos al año, pero sí un creador capaz de sostener un disco que no desmerece del prestigio que en su momento consiguió alcanzar. Pero claro, estamos hablando de un artista ya más cerca de los sesenta que de los cincuenta, así que no es fácil pedirle una progresión estilística a alguien que, además, siempre renegó de las "tendencias musicales de su tiempo". Por todo lo anterior, si nos abstraemos de su pasado, y de nuestras esperanzas de contemporaneidad, convendremos en que "Council Skies" es un álbum digno dentro de su discografía.
"I'm Not Giving Up Tonight", el tema que abre el disco, es un buen reflejo de lo que nos vamos a encontrar. Un medio tiempo de corte clásico que desarrolla una buena composición, sin reparar en gastos (desde un coro hasta una bien nutrida orquesta), con las voces de Gallagher dobladas y subiendo a tonos altos, y espacio para elaboradas partes nuevas (instrumental en este caso). De resultado agradable aunque claramente inferior a los grandes momentos del mancuniano. Sin ser una maravilla, probablemente el honor de "mejor tema del álbum" le corresponde al siguiente corte, "Pretty Boy", también escogido como segundo sencillo: quizá de manera un tanto sorpresiva, una sencilla caja de ritmos y un sintetizador abren una canción que se va volviendo más rockera conforme avanza el minutaje, y que cambia la progresión armónica principal justo cuando ésta ya empezaba a cansar. Posee energía, está correctamente ejecutada y recuerda lo que Gallagher era capaz de hacer, pero tampoco se convertirá en uno de sus clásicos. Aunque sea infinitamente mejor que "Dead To The World", tercer sencillo, que no pasa de ser una balada mediocre la cual, a pesar de su elaborada orquesta, su inesperado acordeón y un estribillo en falsete medianamente digno, nos retrotrae peligrosamente a "Who Built The Moon".
"Open The Door, See What You Find", reciente quinto sencillo, es un mediotiempo eminentemente sinfónico que por momentos podría recordar a alguno de los grandes momentos psicodélicos de Oasis (de "Whatever" a "Let There Be Love"), construido sobre una luminosa y bien desarrollada progresión armónica, aunque el estribillo resulte claramente inferior a las estrofas y, sobre todo, a esos notables intervalos instrumentales presididos por la sección de cuerda. "Trying To Find A World That's Been And Gone" es un mini-tema (menos de tres minutos, de los cuales el final es casi un mero relleno) cuya progresión armónica es cien por cien Oasis (incluso habrá quien le encuentre parecido con "Live Forever") y que, gracias a su poderosa orquesta y a sus irreprochables estrofas, queda a la espera de un estribillo que nunca llegará y que lo podría haber convertir en el mejor momento del álbum. Le sigue "Easy Now", que fue extrañamente escogido como segundo sencillo, pues tan sólo el envoltorio está a la altura; las estrofas son de las más flojas de todo el disco, y el estribillo se queda en simplemente correcto.
"Council Skies", además de dar título al álbum, fue también elegida como cuarto sencillo hace unos meses. Pero aparte de esa percusión inusualmente elaborada que arropa a las guitarras, se trata de otro tema con oficio, instrumentistas solventes y detalles que recuerdan a los arreglos que hacían décadas atrás Swing Out Sister, pero sin magia. "There She Blows!" empieza siendo casi una recreación de los grupos mayormente vocales de finales de los sesenta y primeros setenta, aunque en este caso las dos voces las haga el propio Gallagher. Pero la canción posee algo más de fuerza que sus predecesoras, la guitarra principal de las estrofas es un acierto, y el solo del intervalo instrumental, aunque no sea excesivamente complejo, mantiene el tipo. "Love Is A Rich Man" es el tema más rápido del disco, y quizá el más original instrumentalmente, presidido por una llamativa sección de viento. Pero nuevamente se trata de una composición que no pasa de agradable, pese al notable cambio (parecen casi dos temas diferentes) entre estrofas y unos estribillos que se hacen un poco pesados. Y el tracklist de la edición estándar lo cierra "Think Of A Number", tal vez el segundo mejor momento del álbum pese a no haber sido escogido como sencillo: una tenebrosa progresión armónica, una original batería que altera la posición en el compás de una de cada dos cajas, una melodía un tanto reiterativa pero adecuada para el tono de voz de Gallagher, unos estribillos claramente más luminosos aunque bien engarzados con el resto de la composición, otra elaborada parte nueva, y casi el único espacio para escuchar un piano en primer plano. Aunque me resulta demasiado largo.
De los tres temas de la edición deluxe, para mí el más flojo es "Mind Games", una versión sin chispa de uno de los peores sencillos de la carrera en solitario de John Lennon. "Don't Stop..." es un descarte (por razones obvias) de los últimos años de Oasis, convenientemente instrumentado y desarrollado para pulirlo e incluirlo en "Council Skies". Y el más interesante me parece "We're Gonna Get There In The End", claramente superior a varios de los temas ya reseñados (más dinámico y edificante), con uno de los mejores arreglos del disco, si bien con un estribillo demasiado "gritón" para lo que la canción parece requerir. Y en cuanto a las remezclas, pues en realidad sucede lo mismo que con el propio álbum: muchos nombres relevantes (David Holmes, Pet Shop Boys, Robert Smith de The Cure), mucho oficio (todos escogen la canción que probablemente mejor se adapta a su estilo y la llevan con solvencia a su terreno, añadiendo incluso voces y guitarras), pero pocas sorpresas, confirmando que casi para cualquier artista es difícil mantenerse en su mejor momento cuando van pasando los años.
Quizá lo mejor que puede decirse de "Council Skies" es que, aunque no haya ningún tema espectacular, tampoco nos vamos a encontrar ninguno realmente flojo. Sucesivas escuchas nos lo confirmarán como un álbum agradable, pero que no deja un poso profundo. A destacar que Gallagher haya tirado la casa por la ventana con tantas orquestas, tantos coros y tantos colaboradores de postín (por ahí anda también Johnny Marr), que ayudan a sostener el nivel de las composiciones menos inspiradas. A resaltar también que la elección de los sencillos ha sido un tanto desafortunada; reflejo, por otra parte, de que no había temazos claros que pudieran disparar el interés mediático. De hecho, se trata del primer álbum del británico que no ha alcanzado el número uno en su país. Lo que refleja que la mejora creativa experimentada no ha sido suficiente para contrarrestar el cada vez menor interés que despierta su figura. Supongo que todo seguirá así en su carrera: cuando esté frisando los sesenta sacará un nuevo disco, nos parecerá correcto, pero sobre todo nos recordará de manera un tanto dolorosa lo grande que fue un día. La edad no perdona.
Un punto a favor del disco es la cantidad de temas que encierra: diez en la versión corta, pero tres más en la edición Deluxe, además de una serie de remezclas a cargo de nombres muy interesantes, por no hablar de versiones instrumentales y otros rescatados de diversos directos. Una abundancia creativa que ya anticipa lo que en realidad nos encontraremos: un Gallagher en mejor forma creativa que en sus últimos años. Obviamente, no como cuando, en los noventa, era capaz de componer varios himnos al año, pero sí un creador capaz de sostener un disco que no desmerece del prestigio que en su momento consiguió alcanzar. Pero claro, estamos hablando de un artista ya más cerca de los sesenta que de los cincuenta, así que no es fácil pedirle una progresión estilística a alguien que, además, siempre renegó de las "tendencias musicales de su tiempo". Por todo lo anterior, si nos abstraemos de su pasado, y de nuestras esperanzas de contemporaneidad, convendremos en que "Council Skies" es un álbum digno dentro de su discografía.
"I'm Not Giving Up Tonight", el tema que abre el disco, es un buen reflejo de lo que nos vamos a encontrar. Un medio tiempo de corte clásico que desarrolla una buena composición, sin reparar en gastos (desde un coro hasta una bien nutrida orquesta), con las voces de Gallagher dobladas y subiendo a tonos altos, y espacio para elaboradas partes nuevas (instrumental en este caso). De resultado agradable aunque claramente inferior a los grandes momentos del mancuniano. Sin ser una maravilla, probablemente el honor de "mejor tema del álbum" le corresponde al siguiente corte, "Pretty Boy", también escogido como segundo sencillo: quizá de manera un tanto sorpresiva, una sencilla caja de ritmos y un sintetizador abren una canción que se va volviendo más rockera conforme avanza el minutaje, y que cambia la progresión armónica principal justo cuando ésta ya empezaba a cansar. Posee energía, está correctamente ejecutada y recuerda lo que Gallagher era capaz de hacer, pero tampoco se convertirá en uno de sus clásicos. Aunque sea infinitamente mejor que "Dead To The World", tercer sencillo, que no pasa de ser una balada mediocre la cual, a pesar de su elaborada orquesta, su inesperado acordeón y un estribillo en falsete medianamente digno, nos retrotrae peligrosamente a "Who Built The Moon".
"Open The Door, See What You Find", reciente quinto sencillo, es un mediotiempo eminentemente sinfónico que por momentos podría recordar a alguno de los grandes momentos psicodélicos de Oasis (de "Whatever" a "Let There Be Love"), construido sobre una luminosa y bien desarrollada progresión armónica, aunque el estribillo resulte claramente inferior a las estrofas y, sobre todo, a esos notables intervalos instrumentales presididos por la sección de cuerda. "Trying To Find A World That's Been And Gone" es un mini-tema (menos de tres minutos, de los cuales el final es casi un mero relleno) cuya progresión armónica es cien por cien Oasis (incluso habrá quien le encuentre parecido con "Live Forever") y que, gracias a su poderosa orquesta y a sus irreprochables estrofas, queda a la espera de un estribillo que nunca llegará y que lo podría haber convertir en el mejor momento del álbum. Le sigue "Easy Now", que fue extrañamente escogido como segundo sencillo, pues tan sólo el envoltorio está a la altura; las estrofas son de las más flojas de todo el disco, y el estribillo se queda en simplemente correcto.
"Council Skies", además de dar título al álbum, fue también elegida como cuarto sencillo hace unos meses. Pero aparte de esa percusión inusualmente elaborada que arropa a las guitarras, se trata de otro tema con oficio, instrumentistas solventes y detalles que recuerdan a los arreglos que hacían décadas atrás Swing Out Sister, pero sin magia. "There She Blows!" empieza siendo casi una recreación de los grupos mayormente vocales de finales de los sesenta y primeros setenta, aunque en este caso las dos voces las haga el propio Gallagher. Pero la canción posee algo más de fuerza que sus predecesoras, la guitarra principal de las estrofas es un acierto, y el solo del intervalo instrumental, aunque no sea excesivamente complejo, mantiene el tipo. "Love Is A Rich Man" es el tema más rápido del disco, y quizá el más original instrumentalmente, presidido por una llamativa sección de viento. Pero nuevamente se trata de una composición que no pasa de agradable, pese al notable cambio (parecen casi dos temas diferentes) entre estrofas y unos estribillos que se hacen un poco pesados. Y el tracklist de la edición estándar lo cierra "Think Of A Number", tal vez el segundo mejor momento del álbum pese a no haber sido escogido como sencillo: una tenebrosa progresión armónica, una original batería que altera la posición en el compás de una de cada dos cajas, una melodía un tanto reiterativa pero adecuada para el tono de voz de Gallagher, unos estribillos claramente más luminosos aunque bien engarzados con el resto de la composición, otra elaborada parte nueva, y casi el único espacio para escuchar un piano en primer plano. Aunque me resulta demasiado largo.
De los tres temas de la edición deluxe, para mí el más flojo es "Mind Games", una versión sin chispa de uno de los peores sencillos de la carrera en solitario de John Lennon. "Don't Stop..." es un descarte (por razones obvias) de los últimos años de Oasis, convenientemente instrumentado y desarrollado para pulirlo e incluirlo en "Council Skies". Y el más interesante me parece "We're Gonna Get There In The End", claramente superior a varios de los temas ya reseñados (más dinámico y edificante), con uno de los mejores arreglos del disco, si bien con un estribillo demasiado "gritón" para lo que la canción parece requerir. Y en cuanto a las remezclas, pues en realidad sucede lo mismo que con el propio álbum: muchos nombres relevantes (David Holmes, Pet Shop Boys, Robert Smith de The Cure), mucho oficio (todos escogen la canción que probablemente mejor se adapta a su estilo y la llevan con solvencia a su terreno, añadiendo incluso voces y guitarras), pero pocas sorpresas, confirmando que casi para cualquier artista es difícil mantenerse en su mejor momento cuando van pasando los años.
Quizá lo mejor que puede decirse de "Council Skies" es que, aunque no haya ningún tema espectacular, tampoco nos vamos a encontrar ninguno realmente flojo. Sucesivas escuchas nos lo confirmarán como un álbum agradable, pero que no deja un poso profundo. A destacar que Gallagher haya tirado la casa por la ventana con tantas orquestas, tantos coros y tantos colaboradores de postín (por ahí anda también Johnny Marr), que ayudan a sostener el nivel de las composiciones menos inspiradas. A resaltar también que la elección de los sencillos ha sido un tanto desafortunada; reflejo, por otra parte, de que no había temazos claros que pudieran disparar el interés mediático. De hecho, se trata del primer álbum del británico que no ha alcanzado el número uno en su país. Lo que refleja que la mejora creativa experimentada no ha sido suficiente para contrarrestar el cada vez menor interés que despierta su figura. Supongo que todo seguirá así en su carrera: cuando esté frisando los sesenta sacará un nuevo disco, nos parecerá correcto, pero sobre todo nos recordará de manera un tanto dolorosa lo grande que fue un día. La edad no perdona.
domingo, 22 de marzo de 2020
Noel Gallagher's High Flying Birds: "Blue moon rising (EP)" (2020)
Está por ver cómo afectará esta crisis del coronavirus en la que el planeta entero está inmerso a las novedades musicales previstas para los próximos meses. Pero de momento el panorama musical sigue con su calendario de novedades, y hace unos días ha visto la luz "Blue moon rising", el tercer EP de Noel Gallagher y sus High Flying Birds. Un EP ya anticipado hace meses cuando reseñé sus dos EPs de 2019, y que contra lo que algunos medios habían difundido sí prosigue esa estela de "evolución" musical en su propuesta, es decir, avanzar desde sus referencias clásicas en los sesenta y los setenta a los "más recientes" ochenta y principios de los noventa. Aunque con matices.
"Blue moon rising" es lógicamente el tema estrella y el que abre el EP. A priori ya podemos decir que, a diferencia de los dos sencillos anteriores, no bebe tan claramente de sus fuentes ochenteras, y aunque tampoco suena contemporáneo, sí que se puede apreciar ese intento de Gallagher por sonar más reciente que en Oasis. Por ejemplo, los teclados que adornan las estrofas tienen más peso que las guitarras, y la batería está mejor grabada y suena más nítida. En realidad es una buena composición, aunque las estrofas pecan un poco de simplonas para intentar potenciar su groove, y el estribillo no pasa de correcto. Lo realmente meritorio es el intervalo instrumental que entra a los dos minutos, con una progresión armónica diferente, un dramatismo a lo Talk Talk en su sonido y la lejana voz de Gallagher cantando aquello de "Some of us needing..."; una pena que no lo aproveche más de ahí al final. El segundo corte, "Wandering star", es un tema lento de toques psicodélicos con sus campanas y sus pa-pa-ra-rá ya desde el comienzo, menos disruptivo con el legado del mancuniano que el anterior y que tira más de oficio que de inspiración para justificar sus casi cuatro minutos.
"Come on outside" es el tercer y último tema nuevo del EP, y aquí no hay evolución posible: un medio tiempo clásico de inspiración setentera y que recuerda a algunas de las composiciones de Gallagher para los últimos tres álbumes de Oasis. Aunque esto no es malo en absoluto: se trata de una canción meritoria (aparte de su poco adecuado mensaje para estos tiempos de confinamiento), con unas estrofas oscuras y un estribillo lleno de esa rabia contenida que tan bien sabe capturar con la ayuda de los pertinentes coros (aparte de quizá su mejor interpretación vocal en los tres EPs), y un final apoteósico con un teclado tan sencillo como efectivo. Y, dejando aparte la poco interesante versión 7" de "Blue moon rising", el EP lo cierra una remezcla del mismo tema (The Reflex Revision), que quizá sea también la mejor que han albergado sus EPs: razonablemente respetuosa con el original, reforzando su vertiente bailable y sobre todo recreando y expandiendo esa excelente parte instrumental a la que aludía antes.
Y es que sin ser una maravilla, seguramente Gallagher haya entregado el mejor de sus tres EPs. Nueve temas en un año, que prácticamente equivalen a lo que habría sido su cuarto álbum. Y que colocados juntos en una playlist alcanzan un nivel superior al de su fallido "Who built the moon?". Veremos si con este EP Gallagher cierra la trilogía, si los usa para publicar un álbum completo o si se olvida de ellos y vuelve al formato tradicional. De momento la experiencia ha tenido más luces que sombras.
"Blue moon rising" es lógicamente el tema estrella y el que abre el EP. A priori ya podemos decir que, a diferencia de los dos sencillos anteriores, no bebe tan claramente de sus fuentes ochenteras, y aunque tampoco suena contemporáneo, sí que se puede apreciar ese intento de Gallagher por sonar más reciente que en Oasis. Por ejemplo, los teclados que adornan las estrofas tienen más peso que las guitarras, y la batería está mejor grabada y suena más nítida. En realidad es una buena composición, aunque las estrofas pecan un poco de simplonas para intentar potenciar su groove, y el estribillo no pasa de correcto. Lo realmente meritorio es el intervalo instrumental que entra a los dos minutos, con una progresión armónica diferente, un dramatismo a lo Talk Talk en su sonido y la lejana voz de Gallagher cantando aquello de "Some of us needing..."; una pena que no lo aproveche más de ahí al final. El segundo corte, "Wandering star", es un tema lento de toques psicodélicos con sus campanas y sus pa-pa-ra-rá ya desde el comienzo, menos disruptivo con el legado del mancuniano que el anterior y que tira más de oficio que de inspiración para justificar sus casi cuatro minutos.
"Come on outside" es el tercer y último tema nuevo del EP, y aquí no hay evolución posible: un medio tiempo clásico de inspiración setentera y que recuerda a algunas de las composiciones de Gallagher para los últimos tres álbumes de Oasis. Aunque esto no es malo en absoluto: se trata de una canción meritoria (aparte de su poco adecuado mensaje para estos tiempos de confinamiento), con unas estrofas oscuras y un estribillo lleno de esa rabia contenida que tan bien sabe capturar con la ayuda de los pertinentes coros (aparte de quizá su mejor interpretación vocal en los tres EPs), y un final apoteósico con un teclado tan sencillo como efectivo. Y, dejando aparte la poco interesante versión 7" de "Blue moon rising", el EP lo cierra una remezcla del mismo tema (The Reflex Revision), que quizá sea también la mejor que han albergado sus EPs: razonablemente respetuosa con el original, reforzando su vertiente bailable y sobre todo recreando y expandiendo esa excelente parte instrumental a la que aludía antes.
Y es que sin ser una maravilla, seguramente Gallagher haya entregado el mejor de sus tres EPs. Nueve temas en un año, que prácticamente equivalen a lo que habría sido su cuarto álbum. Y que colocados juntos en una playlist alcanzan un nivel superior al de su fallido "Who built the moon?". Veremos si con este EP Gallagher cierra la trilogía, si los usa para publicar un álbum completo o si se olvida de ellos y vuelve al formato tradicional. De momento la experiencia ha tenido más luces que sombras.
domingo, 10 de noviembre de 2019
Noel Gallagher's High Flying Birds - "Black star dancing", "This is the place" (2019)
Después de su flojísimo "Who built the moon?" (2017), el mayor de los Gallagher está empleando este 2019 en explorar lo que para él son nuevas vías musicales. Y digo para él porque de todos es sabido que, a pesar de ser un compositor contrastado, Noel siempre ha tenido la mirada puesta en décadas anteriores a las que por su edad le corresponderían: a lo largo de su trayectoria en Oasis fue más que comentada su fijación por The Beatles, aunque debo añadir que para mí esa referencia es insuficiente, y debería ampliarse a todo el rock de la segunda mitad de los sesenta y primera mitad de los setenta, que Gallagher recreó con incuestionable talento. Pero hete aquí que su carrera en solitario empezaba a tener gastadas estas referencias, así que ahora se ha puesto a ver y escuchar largas sesiones del Top Of The Pops de la BBC, y ha decidido inspirarse en el pop-rock de la segunda mitad de los ochenta y de la primera mitad de los noventa para intentar revitalizar su sonido.
Lo curioso es que, quizá por temor a entregar un cuarto álbum en solitario demasiado disruptivo con los anteriores, ha optado por ir publicando esas nuevas composiciones en formato EP. Así que en los últimos meses han visto la luz "Black star dancing" y "This is the place", cada uno de ellos con tres nuevas canciones y dos remezclas/instrumentales (sí, sí, han leído bien, Noel Gallagher remezclado para la pista de baile). Me parece una forma lícita de dar rienda a sus nuevas inquietudes musicales sin defraudar a sus fans, aunque con el lógico inconveniente de que ese eventual cuarto álbum se puede estar complentando en pequeñas dosis.
¿Y el resultado? Pues ante todo debo decir que la disrupción no es tanta: sí en los dos sencillos extraídos, que son los que dan título a los respectivos EPs, pero no en las otras cuatro composiciones, que mayoritariamente suenan al Noel Gallagher de toda la vida: intimista, psicodélico, sesentero, con instrumentación clásica y predominio de las guitarras. En otras palabras: que aquellos fans que miren con malos ojos su giro hacia las pistas de baile de hace treinta años, pueden seguir haciéndose con los EPs y probablemente encuentren temas que continúen siendo de su agrado. Y un último apunte antes de ir al análisis individual de cada canción: a Noel le cuestan las estrofas de este nuevo rock para la pista de baile. Y es que comparadas con tantos y tantos temazos de su carrera, las de "Black star dancing" y "This is the place" pecan en ambos casos de simplonas.
"Black star dancing" sorprende desde el principio por sus sintetizadores en trémolo y su batería de sonidos electrónicos. Pero en seguida notamos que el tramo instrumental del comienzo y todas las estrofas son los mismos dos acordes ramplones. Menos mal que el estribillo inyecta otra energía y resulta disfrutable, aunque está claro que recrea sin disimulo a los injustamente olvidados INXS (hasta la voz recuerda a la de Michael Hutchence), y que el solo de guitarra de su ex-compañero en la segunda época de Oasis, Gem Archer, es digno. "Rattling rose" es un medio tiempo acústico que podría haber figurado perfectamente en cualquiera de sus tres álbumes en solitario, y que tiene como rasgo más destacable su psicodélico estribillo (con "pa-ra-pa-pá" femeninos en sus repeticiones finales). Y "Sail on" es una de esas fantásticas baladas que Noel sigue sabiendo crear a pesar de los años, y que por sí sola justifica todo el EP: una letra triste sobre la necesidad de no echar raíces y seguir luchando, y ahora sí unas estrofas que emocionan sin necesidad de alzar la voz, además de un estribillo coreable con el cambio de tonalidad justo al final.
"This is the place" me parece un punto superior a "Black start dancing" como tema exploratorio de esa nueva dirección musical. Está claro que esta vez Noel se ha fijado en el sonido de su ciudad, el Madchester de finales de los ochenta, aunque no hay un parecido tan evidente como en el caso de INXS (tal vez podríamos citar a Happy Mondays, aunque el peor Noel canta mucho mejor que el mejor Shaun Ryder). Otra vez sorprende lo sintético de la percusión (esta vez no podemos hablar sólo de la batería). Además, las estrofas están un poquito más elaboradas, pero sin duda lo que llama la atención es el loop sintetizado de una especie de caja de música que arranca en el primer estribillo y ya no nos abandona, junto con los coros femeninos que llevan el tema a otra dimensión, envolvente y con un saludable punto psicótico. "A dream is all I need to get by" es la balada de este segundo EP, más acústica y psicodélica si cabe que "Sail on", aunque no tan inspirada porque las estrofas no son tan brillantes como su certero y humano estribillo, recreado con gusto en los inevitables "pa-ra-ra-rá". Y "Evil flower" cierra la terna con un tema que sí vuelve a intentar acercarse en cierta medida al sonido Madchester con su bajo programado, su batería arrastrada y su sampling en segundo plano, pero al que le falta estructura de canción convencional, pues su alternancia de pasajes guitarreros y una especie de estribillo que se repite ocasionalmente se queda escasa para llamar la atención dentro de su discografía.
Con lo que al final, aunque los nuevos temas resulten interesantes y razonablemente disfrutables, lo que más perdura de estos dos EPs son las dos baladas clásicas que el mayor de los Gallagher sigue sabiendo componer. Cabe preguntarse si completará estos dos EPs con más temas hasta formar parte de su cuarto álbum en solitario, o si por el contrario abandonará estas exploraciones para entregar un nuevo disco más convencional. Personalmente preferiría lo primero, pero sin cerrarse espacio para combinar pasado y presente, porque por mucho que quiera acercarse a otras décadas, Noel ha pasado ya a la historia como uno de los mejores compositores de los sesenta y los setenta, con treinta años de retraso, y aún es capaz de seguir añadiendo muescas a ese anejo revólver.
Lo curioso es que, quizá por temor a entregar un cuarto álbum en solitario demasiado disruptivo con los anteriores, ha optado por ir publicando esas nuevas composiciones en formato EP. Así que en los últimos meses han visto la luz "Black star dancing" y "This is the place", cada uno de ellos con tres nuevas canciones y dos remezclas/instrumentales (sí, sí, han leído bien, Noel Gallagher remezclado para la pista de baile). Me parece una forma lícita de dar rienda a sus nuevas inquietudes musicales sin defraudar a sus fans, aunque con el lógico inconveniente de que ese eventual cuarto álbum se puede estar complentando en pequeñas dosis.
¿Y el resultado? Pues ante todo debo decir que la disrupción no es tanta: sí en los dos sencillos extraídos, que son los que dan título a los respectivos EPs, pero no en las otras cuatro composiciones, que mayoritariamente suenan al Noel Gallagher de toda la vida: intimista, psicodélico, sesentero, con instrumentación clásica y predominio de las guitarras. En otras palabras: que aquellos fans que miren con malos ojos su giro hacia las pistas de baile de hace treinta años, pueden seguir haciéndose con los EPs y probablemente encuentren temas que continúen siendo de su agrado. Y un último apunte antes de ir al análisis individual de cada canción: a Noel le cuestan las estrofas de este nuevo rock para la pista de baile. Y es que comparadas con tantos y tantos temazos de su carrera, las de "Black star dancing" y "This is the place" pecan en ambos casos de simplonas.
"Black star dancing" sorprende desde el principio por sus sintetizadores en trémolo y su batería de sonidos electrónicos. Pero en seguida notamos que el tramo instrumental del comienzo y todas las estrofas son los mismos dos acordes ramplones. Menos mal que el estribillo inyecta otra energía y resulta disfrutable, aunque está claro que recrea sin disimulo a los injustamente olvidados INXS (hasta la voz recuerda a la de Michael Hutchence), y que el solo de guitarra de su ex-compañero en la segunda época de Oasis, Gem Archer, es digno. "Rattling rose" es un medio tiempo acústico que podría haber figurado perfectamente en cualquiera de sus tres álbumes en solitario, y que tiene como rasgo más destacable su psicodélico estribillo (con "pa-ra-pa-pá" femeninos en sus repeticiones finales). Y "Sail on" es una de esas fantásticas baladas que Noel sigue sabiendo crear a pesar de los años, y que por sí sola justifica todo el EP: una letra triste sobre la necesidad de no echar raíces y seguir luchando, y ahora sí unas estrofas que emocionan sin necesidad de alzar la voz, además de un estribillo coreable con el cambio de tonalidad justo al final.
"This is the place" me parece un punto superior a "Black start dancing" como tema exploratorio de esa nueva dirección musical. Está claro que esta vez Noel se ha fijado en el sonido de su ciudad, el Madchester de finales de los ochenta, aunque no hay un parecido tan evidente como en el caso de INXS (tal vez podríamos citar a Happy Mondays, aunque el peor Noel canta mucho mejor que el mejor Shaun Ryder). Otra vez sorprende lo sintético de la percusión (esta vez no podemos hablar sólo de la batería). Además, las estrofas están un poquito más elaboradas, pero sin duda lo que llama la atención es el loop sintetizado de una especie de caja de música que arranca en el primer estribillo y ya no nos abandona, junto con los coros femeninos que llevan el tema a otra dimensión, envolvente y con un saludable punto psicótico. "A dream is all I need to get by" es la balada de este segundo EP, más acústica y psicodélica si cabe que "Sail on", aunque no tan inspirada porque las estrofas no son tan brillantes como su certero y humano estribillo, recreado con gusto en los inevitables "pa-ra-ra-rá". Y "Evil flower" cierra la terna con un tema que sí vuelve a intentar acercarse en cierta medida al sonido Madchester con su bajo programado, su batería arrastrada y su sampling en segundo plano, pero al que le falta estructura de canción convencional, pues su alternancia de pasajes guitarreros y una especie de estribillo que se repite ocasionalmente se queda escasa para llamar la atención dentro de su discografía.
Con lo que al final, aunque los nuevos temas resulten interesantes y razonablemente disfrutables, lo que más perdura de estos dos EPs son las dos baladas clásicas que el mayor de los Gallagher sigue sabiendo componer. Cabe preguntarse si completará estos dos EPs con más temas hasta formar parte de su cuarto álbum en solitario, o si por el contrario abandonará estas exploraciones para entregar un nuevo disco más convencional. Personalmente preferiría lo primero, pero sin cerrarse espacio para combinar pasado y presente, porque por mucho que quiera acercarse a otras décadas, Noel ha pasado ya a la historia como uno de los mejores compositores de los sesenta y los setenta, con treinta años de retraso, y aún es capaz de seguir añadiendo muescas a ese anejo revólver.
viernes, 5 de enero de 2018
Noel Gallagher's High Flying Birds: "Who built the moon?" (2017)
Este 2017 que acaba de terminar nos dejó el retorno de Noel Gallagher. Un retorno que sucedió algo más pronto de lo esperado si tenemos en cuenta los casi cuatro años que el mayor de los Gallagher se solía tomar entre trabajo y trabajo, frente a los poco más de dos años y medio año que transcurrieron desde el meritorio "Chasing yesterday" hasta este "Who built the moon?". Retorno que quizá estuvo influido por el debut en solitario de su hermano Liam Gallagher unas semanas antes con su evocador pero mediocre "As you were", ya que es de sobra conocido el pique entre los dos hermanos desde que los tiempos de Oasis. Así que la primera gran pregunta ante este retorno fue si Noel había trabajado suficientemente la composición de los nuevos temas. Y la segunda cómo habría resultado la colaboración con David Holmes, el productor de música electrónica al que sorpresivamente Gallagher contrató para darle una vuelta de tuerca a su propuesta en esta nueva entrega.
Desafortunadamente ninguna de las dos respuestas es enteramente positiva. En mi opinión, se nota que Noel ha pisado el estudio tan sólo lo justito: diez temas (once en los créditos, siendo dos de ellos sendas partes de una misma composición, de dos minutos cada una), ninguna cara B, y prácticamente ninguna composición realmente compleja, de las que sabemos es capaz de crear. Y la participación de David Holmes se nota a veces, pero se queda a medio camino: es cierto que en general el disco tiene un sonido diferente de lo habitual en el de Manchester (y un poquito menos anacrónico), pero también lo es que se queda lejos de lo que históricamente ha identificado a las producciones y remezclas de Holmes.
Así que nos encontramos frente a un álbum más trabajado en el concepto que en las canciones, pero en el que Gallagher y Holmes se han respetado muy notablemente, habiendo alcanzado un punto de encuentro que se queda en un incierto término medio. De ello da buen ejemplo "Fort Knox", el tema que abre el disco: casi un instrumental (la pequeña parte vocal de Noel llega cerca del final), usa un loop de batería más que visto para sobre él crear una especie de cruce entre The Chemical Brothers y el África Subsahariana con el sonido Manchester. Agradable pero sin llegar a entusiasmar. Le sigue el primer sencillo y supuesto tema estrella: "Holy mountain". Un tema directo, contundente, que incorpora una sección de viento y hasta una flauta en el estribillo. Que deja indiferente al principio y va ganando con cada escucha gracias a su efectivo estribillo, pero que tampoco es nada del otro mundo compositivamente hablando, ni nada rompedor en su instrumentación. "Keep on reaching" pone de manifiesto una vez más la devoción de Noel por el rock de finales de los sesenta en su instrumentación y ambientación, pero todas las estrofas y las partes instrumentales están construida sobre un único acorde (ver para creer). Así que aunque el estribillo cumpla con su explosión de rabia, queda claro que este tema sería como mucho una cara B en otras épocas más boyantes del mancuniano.
"It's a beautiful world", segundo sencillo, bebe a partes iguales de la psicodelia de finales de los sesenta y de las bases del sonido Manchester de finales de los ochenta, y completa el cóctel con un estribillo un tanto al margen del resto de la canción y con el ya conocido recurso a distorsionar la voz de Noel por un altavoz: demasiado poco. Más interesante es "She Taught Me How to Fly", quinto corte, que recuerda en sus intervalos instrumentales y estribillo a los temas expansivos de... New Order (casi podemos imaginar a Sumner en las voces y a Peter Hook en el arpegio de guitarra-bajo en vez de a Gem Archer). Y que además lo complementa con unas estrofas que ahora sí nos recuerdan lo que Gallagher es capaz de componer. Pero el álbum pega otro bajón con "Be careful what you wish for", que fusila descaradamente el comienzo y las estrofas del "Come together" de los Beatles pero sustituye su garra por pseudo -psicodelia y su estribillo por unos simplones coros femeninos.
"Black & White Sunshine" es el tema más claramente emparentado con los otros dos discos de los High Flying Birds: rock clásico con unas meritorias estrofas y un estribillo que podría pasar por uno de Oasis si no fuera por los coros femeninos. Correcto, pero sin el gancho de otras épocas. Las dos partes de "Wednesday" (octavo y undécimo corte) son en realidad el mismo tema instrumental, insípido y monótono. "If love is the law", noveno corte, con su mellotron y sus guitarras acústicas, es el tema más claramente pop del disco: melódica y hasta coral en el estribillo (incluido un solo de armónica), pero sin el nivel que cabría esperar del de Manchester. Así que cuando nos topamos con "The Man Who Built the Moon", el último corte íntegro del álbum, la esperanza de escuchar un auténtico temazo es prácticamente nula. Aunque precisamente es la canción que da título al disco la que mejor me parece: un tema cadencioso, grandilocuente, ahora sí con la guitarra acústica como base, en la línea de "The masterplan" pero más oscuro y con un curioso estribillo pseudo-declamado. Y con la producción más interesante del disco: coros masculinos tenebrosos, un original bajo y sobre todo un extraño pero certero teclado en el estribillo.
Aunque si le damos varias oportunidades el álbum se dejará escuchar, parece claro que Noel no ha sabido llevar a buen término su idea de renovarse. Algún destello puntual, pero en general una baja forma que no logra compensar con sus tímidos acercamientos a otros géneros y tendencias. Acercamientos que ni siquiera han servido para pulir su habitual sonido poco burdo, con baterías mal grabadas y agudos sucios, o su tendencia a esconder la voz más de lo necesario. Porque lo criticable de "Who built the moon?" no es su loable intento de expandir los horizontes musicales de Noel y los suyos, sino que lo ha hecho sin partir de un puñado de grandes composiciones que le sirvieran de base. Puestos a escoger, prefiero que transite por territorios conocidos pero con mejores canciones. Tanto es así que, en la edición Deluxe se encuentra el que de lejos es mi tema favorito de Noel en los últimos años: "Dead in the water" es una canción que tocó una única vez en acústico en Dublín hace un par de años, y que han rescatado ahora a modo de extra tal vez para contentar a sus incondicionales. Y es que la guitarra acústica, el piano, una buena letra, una gran melodía y una interpretación sin adornos crean la "magia" que esperábamos, y que "Who built the moon?" se empeña en negarnos.
Desafortunadamente ninguna de las dos respuestas es enteramente positiva. En mi opinión, se nota que Noel ha pisado el estudio tan sólo lo justito: diez temas (once en los créditos, siendo dos de ellos sendas partes de una misma composición, de dos minutos cada una), ninguna cara B, y prácticamente ninguna composición realmente compleja, de las que sabemos es capaz de crear. Y la participación de David Holmes se nota a veces, pero se queda a medio camino: es cierto que en general el disco tiene un sonido diferente de lo habitual en el de Manchester (y un poquito menos anacrónico), pero también lo es que se queda lejos de lo que históricamente ha identificado a las producciones y remezclas de Holmes.
Así que nos encontramos frente a un álbum más trabajado en el concepto que en las canciones, pero en el que Gallagher y Holmes se han respetado muy notablemente, habiendo alcanzado un punto de encuentro que se queda en un incierto término medio. De ello da buen ejemplo "Fort Knox", el tema que abre el disco: casi un instrumental (la pequeña parte vocal de Noel llega cerca del final), usa un loop de batería más que visto para sobre él crear una especie de cruce entre The Chemical Brothers y el África Subsahariana con el sonido Manchester. Agradable pero sin llegar a entusiasmar. Le sigue el primer sencillo y supuesto tema estrella: "Holy mountain". Un tema directo, contundente, que incorpora una sección de viento y hasta una flauta en el estribillo. Que deja indiferente al principio y va ganando con cada escucha gracias a su efectivo estribillo, pero que tampoco es nada del otro mundo compositivamente hablando, ni nada rompedor en su instrumentación. "Keep on reaching" pone de manifiesto una vez más la devoción de Noel por el rock de finales de los sesenta en su instrumentación y ambientación, pero todas las estrofas y las partes instrumentales están construida sobre un único acorde (ver para creer). Así que aunque el estribillo cumpla con su explosión de rabia, queda claro que este tema sería como mucho una cara B en otras épocas más boyantes del mancuniano.
"It's a beautiful world", segundo sencillo, bebe a partes iguales de la psicodelia de finales de los sesenta y de las bases del sonido Manchester de finales de los ochenta, y completa el cóctel con un estribillo un tanto al margen del resto de la canción y con el ya conocido recurso a distorsionar la voz de Noel por un altavoz: demasiado poco. Más interesante es "She Taught Me How to Fly", quinto corte, que recuerda en sus intervalos instrumentales y estribillo a los temas expansivos de... New Order (casi podemos imaginar a Sumner en las voces y a Peter Hook en el arpegio de guitarra-bajo en vez de a Gem Archer). Y que además lo complementa con unas estrofas que ahora sí nos recuerdan lo que Gallagher es capaz de componer. Pero el álbum pega otro bajón con "Be careful what you wish for", que fusila descaradamente el comienzo y las estrofas del "Come together" de los Beatles pero sustituye su garra por pseudo -psicodelia y su estribillo por unos simplones coros femeninos.
"Black & White Sunshine" es el tema más claramente emparentado con los otros dos discos de los High Flying Birds: rock clásico con unas meritorias estrofas y un estribillo que podría pasar por uno de Oasis si no fuera por los coros femeninos. Correcto, pero sin el gancho de otras épocas. Las dos partes de "Wednesday" (octavo y undécimo corte) son en realidad el mismo tema instrumental, insípido y monótono. "If love is the law", noveno corte, con su mellotron y sus guitarras acústicas, es el tema más claramente pop del disco: melódica y hasta coral en el estribillo (incluido un solo de armónica), pero sin el nivel que cabría esperar del de Manchester. Así que cuando nos topamos con "The Man Who Built the Moon", el último corte íntegro del álbum, la esperanza de escuchar un auténtico temazo es prácticamente nula. Aunque precisamente es la canción que da título al disco la que mejor me parece: un tema cadencioso, grandilocuente, ahora sí con la guitarra acústica como base, en la línea de "The masterplan" pero más oscuro y con un curioso estribillo pseudo-declamado. Y con la producción más interesante del disco: coros masculinos tenebrosos, un original bajo y sobre todo un extraño pero certero teclado en el estribillo.
Aunque si le damos varias oportunidades el álbum se dejará escuchar, parece claro que Noel no ha sabido llevar a buen término su idea de renovarse. Algún destello puntual, pero en general una baja forma que no logra compensar con sus tímidos acercamientos a otros géneros y tendencias. Acercamientos que ni siquiera han servido para pulir su habitual sonido poco burdo, con baterías mal grabadas y agudos sucios, o su tendencia a esconder la voz más de lo necesario. Porque lo criticable de "Who built the moon?" no es su loable intento de expandir los horizontes musicales de Noel y los suyos, sino que lo ha hecho sin partir de un puñado de grandes composiciones que le sirvieran de base. Puestos a escoger, prefiero que transite por territorios conocidos pero con mejores canciones. Tanto es así que, en la edición Deluxe se encuentra el que de lejos es mi tema favorito de Noel en los últimos años: "Dead in the water" es una canción que tocó una única vez en acústico en Dublín hace un par de años, y que han rescatado ahora a modo de extra tal vez para contentar a sus incondicionales. Y es que la guitarra acústica, el piano, una buena letra, una gran melodía y una interpretación sin adornos crean la "magia" que esperábamos, y que "Who built the moon?" se empeña en negarnos.
domingo, 19 de abril de 2015
Noel Gallagher's High Flying Birds: "Chasing yesterday" (2015)
Al cerebro de Oasis cada vez le cuesta más componer canciones a un ritmo medianamente aceptable. En todo el siglo XXI los tres álbumes que publicó su banda sólo contenían 5 o 6 temas de su autoría. Y desde que inició su carrera en solitario hace más de un lustro éste es sólo su segundo álbum, cuatro años después del que dio nombre a su banda actual. A pesar de ello, la edición original sólo contiene 10 nuevos temas, y hay que irse a la consabida edición deluxe para rascar otros cuatro temas más rescatados (que no todos compuestos) para la ocasión. Prueba evidente de que la frescura creativa que tuvo en los noventa desapareció hace tiempo, aunque quizá la verdadera razón es que su inmenso ego ya no le demanda seguir superándose, y su carrera en solitario es sólo una forma de no dejar de mantener un tren de vida por otra parte menos salvaje que en su juventud.
Ahora bien, incluso en esta circunstancia un nuevo álbum de alguien que ha sido capaz de crear ya uno de los legados más impresionantes de la música popular contemporánea no deja de ser un acontecimiento. Aunque sí nos da pistas sobre lo que nos podemos esperar. Efectivamente, Noel no se plantea evolucionar a estas alturas, y se mueve cómodo por ese rock de patrones clásicos y ambientación un tanto retro, que sólo en ocasiones se desliza hacia el pop medianamente luminoso o deja hueco a algún detalle contemporáneo. Si bien es cierto que el sonido sí es un poco más nítido de lo habitual, quizá su mayor concesión a la tecnología del año 2015. En todo caso el potencial receptor de "Chasing yesterday" debe esperar, sobre todo, buenas canciones de pop-rock que se podrían haber compuesto en cualquier momento de los últimos cincuenta años.
¿Y las hay? Pues sí, pero el resultado final del álbum tampoco pasará a la historia, y se queda en un nivel muy parejo al de su álbum de debut en solitario. El intento de "originalidad" en esta oportunidad es su acercamiento a un rock progresivo, con intervalos instrumentales relativamente largos, deudor en parte de los setenta. Intento que se hace particularmente evidente en "Riverman", tema que abre el disco y tercer sencillo publicado hasta la fecha: un tema que comienza como otros muchos de Noel, con una guitarra acústica que desgrana una producción armónica típica, que prolonga con un estribillo melancólico aceptable, y que parte en dos mediante un solo de guitarra correcto aunque con un estilo poco frecuente. Es un tema aceptable, pero carece de la inspiración suficiente para perdurar. Claramente mejor es "In the heat of the moment", primer sencillo del álbum y que ya seleccioné como uno de los mejores del año pasado en mi lista de 2014, y que resalta una progresión armónica con mucho más nervio por medio de un bajo eléctrico que remeda a uno electrónico, un teclado que aporta unas campanadas muy oportunas y una percusión basada en unas curiosas castañuelas. Aunque todo ello no bastaría para dar lugar a un tema formidable; de ello se encarga un maravilloso estribillo, con esa subida de una octava en las notas más largas tan conocida y tan emocionante.
Aunque no he encontrado ningún video que la ilustre, "The girl with X-Ray eyes" es el segundo gran momento del álbum: un medio tiempo introvertido, emocionante desde el primer acorde, con unos arreglos excelentes para encajar las diferentes partes, y curiosamente solo dos bonitas estrofas y dos mejores estribillos (complementados por un solo de guitarra en trémolo, que recuerda poderosamente al de Clapton en "While my guitar gently weeps", de sus adorados Beatles). "Lock all the doors" es un tema de puro rock: muy rápido, ruidista, saturado de guitarras distorsionadas, con un estribillo que se acerca al power pop estadounidense, efectivo pero sin mayor inspiración, siendo lo más interesante la progresión armónica que crea a propósito para el solo de guitarra. "The dying of the light" es el tercer gran momento del álbum, otro medio tiempo marca de la casa con una letra un tanto agónica sobre cómo la vida va pasando, en el que la clave es una vez más la fantástica progresión armónica que construye Noel, cómo la va evolucionando en las distintas partes y la armoniza inteligentemente con una melodía que le saca todo el partido a su rango vocal.
"The right stuff", sexto corte, es un tema que juega a ser instrumental sin serlo, y que adorna su relativa simplicidad compositiva con pequeños detalles de inspiración hindú. Podría haber servido para cerrar el álbum, pero es demasiado largo y alejado de la estructura del resto de canciones para ubicarlo en un sitio tan delicado. "While the song remains the same" es otro medio tiempo correcto, cuya mayor aportación es su comienzo atmosférico, construido sobre dos interesantes sintetizadores. Luego es cierto que la batería es original, que el estribillo engancha y que el solo de guitarra es certero, pero sabiendo a lo que puede llegar Noel tampoco pasará a lo más destacado de su discografía. "The mexican" es el tema decididamente más retro, cantado en su integridad a dos voces con la para mí desconocida Vula Malinga, casi monocorde hasta que llega la parte nueva, mucho más inspirada y emocionante que el resto, pero demasiado tardía para levantar la canción. "You know we can't go back" es el cuarto y último gran momento del tracklist oficial, el tema más decididamente pop del disco (podría ser perfectamente un tema de la época "What's the story? (Morning glory)"), rápido, directo, vitalista en su melodía y en su letra, que nuevamente nos regala un puente con unos acordes diferentes en uno de sus dos solos de guitarra. "The ballad of the mighty I", último tema y segundo sencillo, sufre del mismo mal que "Riverman": ante todo no es una balada, pero además juega a ser el otro exponente de la vertiente "original" del álbum, y durante toda su estrofa parece que va a desembocar en un fantástico estribillo, pero éste nunca acaba de llegar, perdido en fraseos no del todo enlazados con la progresión armónica, y con una inapreciable aportación del ex-Smiths Johnny Marr a la guitarra.
Afortunadamente, la edición deluxe más completa de "Chasing yesterday" permite mejorar el sabor de boca que deja. Porque aparte de una prescindible remezcla de "In the heat of the moment", Gallagher nos ofrece tres temas nuevos adicionales: "Do the damage", una canción con una producción definitivamente anacrónica, pero tan mordaz y tan efectivo con sus rasgueos de guitarra, su estribillo sensual y su saxofón que incluso posee un videoclip oficial propio, y hubiera hecho mejor papel que "The mexican" o "Lock all the doors" en la edición estándar. Mejor aún es "Freeky teeth", su inevitable acercamiento a la rocosa ambientación del lejano oeste a lo "Son of nature" o "Waiting for the rapture" de su última época en Oasis, pero con una excelente composición, que evoluciona de manera inteligente en sus diversas partes, y una letra particularmente inspirada (tan redondo es el tema que lo está interpretando en directo como parte de su gira actual). Y "Leave my guitar alone" es toda una declaración de autenticidad, anteponiendo en un tema poco electrificado, muy armonioso y deudor de su época más poppy su preciado instrumento a cualquier otra posesión. La edición deluxe se completa con "Revolution Song", que no es más que una puesta al día de "Solve my mystery", un viejo tema de las sesiones de "Standing on the shoulder of giants" de 1999 y ya conocida por los fans de Oasis en su versión demo. Gallagher lo mejora acelerando un poco el tempo, electrificando los arreglos y enriqueciendo el puente instrumental, aunque no logra convertirlo en un clásico de la banda.
Que Noel desempolve viejas canciones de Oasis demuestra que le cuesta encontrar la inspiración. Porque aunque en el álbum no hay ningún tema que desentone, sólo hay en mi opinión cuatro temas realmente destacables, que se convierten en seis o siete en la edición deluxe: sin duda son más temas recomendables que en cualquiera de los álbumes de Oasis de este siglo, en los que Noel cedió parte de la responsabilidad compositiva al resto de miembros de la banda. Y un bagaje suficiente para ganar por goleada a la inmensa mayoría de álbumes que se publiquen en este 2015. Pero sigue sin llegar a regalarnos su álbum definitivo. O tal vez es que yo sea demasiado exigente con un artista cercano a la cincuentena y sin necesidad alguna de evolucionar ni reivindicarse.
Ahora bien, incluso en esta circunstancia un nuevo álbum de alguien que ha sido capaz de crear ya uno de los legados más impresionantes de la música popular contemporánea no deja de ser un acontecimiento. Aunque sí nos da pistas sobre lo que nos podemos esperar. Efectivamente, Noel no se plantea evolucionar a estas alturas, y se mueve cómodo por ese rock de patrones clásicos y ambientación un tanto retro, que sólo en ocasiones se desliza hacia el pop medianamente luminoso o deja hueco a algún detalle contemporáneo. Si bien es cierto que el sonido sí es un poco más nítido de lo habitual, quizá su mayor concesión a la tecnología del año 2015. En todo caso el potencial receptor de "Chasing yesterday" debe esperar, sobre todo, buenas canciones de pop-rock que se podrían haber compuesto en cualquier momento de los últimos cincuenta años.
¿Y las hay? Pues sí, pero el resultado final del álbum tampoco pasará a la historia, y se queda en un nivel muy parejo al de su álbum de debut en solitario. El intento de "originalidad" en esta oportunidad es su acercamiento a un rock progresivo, con intervalos instrumentales relativamente largos, deudor en parte de los setenta. Intento que se hace particularmente evidente en "Riverman", tema que abre el disco y tercer sencillo publicado hasta la fecha: un tema que comienza como otros muchos de Noel, con una guitarra acústica que desgrana una producción armónica típica, que prolonga con un estribillo melancólico aceptable, y que parte en dos mediante un solo de guitarra correcto aunque con un estilo poco frecuente. Es un tema aceptable, pero carece de la inspiración suficiente para perdurar. Claramente mejor es "In the heat of the moment", primer sencillo del álbum y que ya seleccioné como uno de los mejores del año pasado en mi lista de 2014, y que resalta una progresión armónica con mucho más nervio por medio de un bajo eléctrico que remeda a uno electrónico, un teclado que aporta unas campanadas muy oportunas y una percusión basada en unas curiosas castañuelas. Aunque todo ello no bastaría para dar lugar a un tema formidable; de ello se encarga un maravilloso estribillo, con esa subida de una octava en las notas más largas tan conocida y tan emocionante.
Aunque no he encontrado ningún video que la ilustre, "The girl with X-Ray eyes" es el segundo gran momento del álbum: un medio tiempo introvertido, emocionante desde el primer acorde, con unos arreglos excelentes para encajar las diferentes partes, y curiosamente solo dos bonitas estrofas y dos mejores estribillos (complementados por un solo de guitarra en trémolo, que recuerda poderosamente al de Clapton en "While my guitar gently weeps", de sus adorados Beatles). "Lock all the doors" es un tema de puro rock: muy rápido, ruidista, saturado de guitarras distorsionadas, con un estribillo que se acerca al power pop estadounidense, efectivo pero sin mayor inspiración, siendo lo más interesante la progresión armónica que crea a propósito para el solo de guitarra. "The dying of the light" es el tercer gran momento del álbum, otro medio tiempo marca de la casa con una letra un tanto agónica sobre cómo la vida va pasando, en el que la clave es una vez más la fantástica progresión armónica que construye Noel, cómo la va evolucionando en las distintas partes y la armoniza inteligentemente con una melodía que le saca todo el partido a su rango vocal.
"The right stuff", sexto corte, es un tema que juega a ser instrumental sin serlo, y que adorna su relativa simplicidad compositiva con pequeños detalles de inspiración hindú. Podría haber servido para cerrar el álbum, pero es demasiado largo y alejado de la estructura del resto de canciones para ubicarlo en un sitio tan delicado. "While the song remains the same" es otro medio tiempo correcto, cuya mayor aportación es su comienzo atmosférico, construido sobre dos interesantes sintetizadores. Luego es cierto que la batería es original, que el estribillo engancha y que el solo de guitarra es certero, pero sabiendo a lo que puede llegar Noel tampoco pasará a lo más destacado de su discografía. "The mexican" es el tema decididamente más retro, cantado en su integridad a dos voces con la para mí desconocida Vula Malinga, casi monocorde hasta que llega la parte nueva, mucho más inspirada y emocionante que el resto, pero demasiado tardía para levantar la canción. "You know we can't go back" es el cuarto y último gran momento del tracklist oficial, el tema más decididamente pop del disco (podría ser perfectamente un tema de la época "What's the story? (Morning glory)"), rápido, directo, vitalista en su melodía y en su letra, que nuevamente nos regala un puente con unos acordes diferentes en uno de sus dos solos de guitarra. "The ballad of the mighty I", último tema y segundo sencillo, sufre del mismo mal que "Riverman": ante todo no es una balada, pero además juega a ser el otro exponente de la vertiente "original" del álbum, y durante toda su estrofa parece que va a desembocar en un fantástico estribillo, pero éste nunca acaba de llegar, perdido en fraseos no del todo enlazados con la progresión armónica, y con una inapreciable aportación del ex-Smiths Johnny Marr a la guitarra.
Afortunadamente, la edición deluxe más completa de "Chasing yesterday" permite mejorar el sabor de boca que deja. Porque aparte de una prescindible remezcla de "In the heat of the moment", Gallagher nos ofrece tres temas nuevos adicionales: "Do the damage", una canción con una producción definitivamente anacrónica, pero tan mordaz y tan efectivo con sus rasgueos de guitarra, su estribillo sensual y su saxofón que incluso posee un videoclip oficial propio, y hubiera hecho mejor papel que "The mexican" o "Lock all the doors" en la edición estándar. Mejor aún es "Freeky teeth", su inevitable acercamiento a la rocosa ambientación del lejano oeste a lo "Son of nature" o "Waiting for the rapture" de su última época en Oasis, pero con una excelente composición, que evoluciona de manera inteligente en sus diversas partes, y una letra particularmente inspirada (tan redondo es el tema que lo está interpretando en directo como parte de su gira actual). Y "Leave my guitar alone" es toda una declaración de autenticidad, anteponiendo en un tema poco electrificado, muy armonioso y deudor de su época más poppy su preciado instrumento a cualquier otra posesión. La edición deluxe se completa con "Revolution Song", que no es más que una puesta al día de "Solve my mystery", un viejo tema de las sesiones de "Standing on the shoulder of giants" de 1999 y ya conocida por los fans de Oasis en su versión demo. Gallagher lo mejora acelerando un poco el tempo, electrificando los arreglos y enriqueciendo el puente instrumental, aunque no logra convertirlo en un clásico de la banda.
Que Noel desempolve viejas canciones de Oasis demuestra que le cuesta encontrar la inspiración. Porque aunque en el álbum no hay ningún tema que desentone, sólo hay en mi opinión cuatro temas realmente destacables, que se convierten en seis o siete en la edición deluxe: sin duda son más temas recomendables que en cualquiera de los álbumes de Oasis de este siglo, en los que Noel cedió parte de la responsabilidad compositiva al resto de miembros de la banda. Y un bagaje suficiente para ganar por goleada a la inmensa mayoría de álbumes que se publiquen en este 2015. Pero sigue sin llegar a regalarnos su álbum definitivo. O tal vez es que yo sea demasiado exigente con un artista cercano a la cincuentena y sin necesidad alguna de evolucionar ni reivindicarse.
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