Aunque estamos ya bien entrados en 2025, continúo todavía reseñando alguno de los álbumes que no me dio tiempo a traerles el pasado ejercicio. Le toca en esta ocasión a "Strawberry Hotel", el undécimo álbum del dúo galés Underworld. Un disco que llegó tras un lustro de silencio en formato álbum, y tras un mega-proyecto "Drift Series 1" tan ambicioso y desbordante (más de una treintena de canciones) como disperso y escaso de inspiración. Por lo que mis expectativas cuando supe de su publicación no eran excesivamente altas. Al fin y al cabo, estamos ante una banda con casi cuarenta años de trayectoria y un bagaje musical muy particular, por lo que ni por impulso vital ni por terrenos a explorar debería quedarles mucho por aportar. Y sin embargo aquí estoy reseñándolo para ustedes. Evidencia de que "Straberry Hotel" no me ha sorprendido, pero sí me ha parecido una entrega más que decente.
A ello contribuye en gran medida la solvencia como músicos de Karl Hyde y Rick Smith. Hyde es un cantante sorprendentemente versátil para una banda de música electrónica, capaz de adoptar los más variados timbres, de declamar, de volverse obsesivo, de generar incluso pasajes corales. Y Smith, aunque lo asociemos como el mago de los ritmos estridentes, es capaz de enriquecer composiciones que parten de una base muy similar con tramos en los que sus sintetizadores nos siguen sorprendiendo, o con combinaciones percutivas que aún suenan originales. Todo ello les ayuda cuando parten de composiciones eminentemente sencillas (a veces incluso un mero ritmo, sin progresión armónica y sin apenas más que unos pocos fraseos vocales), y por supuesto mejora composiciones que sí resistirían la famosa prueba de la interpretación solamente con piano y voz. Asimismo, se les nota sin necesidad alguna de reivindicarse, ni de arrimarse a las modas. Hyde y Smith se encuentran cómodos en el universo particular que han creado, y saben que sigue siendo atractivo para seguidores que, en muchos casos, llevan ya décadas junto a ellos.
El álbum lo abre un tema corto y sin nada de percusión que fácilmente podríamos identificar como una intro, pero "Black Poppies" es en realidad el tercer sencillo y uno de los temas estrella del álbum, hasta el punto de que la banda subió una curiosa versión sinfónica poco después de publicarla por separado. Y es que si nos fijamos en su composición, está sustentada por una progresión armónica bastante elaborada para lo que en el dúo es habitual, y las distintas voces distorsionadas y superpuestas de Karl Hyde interpretan una melodía completa, con un estribillo claramente definido. No es un tema representativo del álbum, y puede resultar hasta desconcertante como inicio, pero es un momento meritorio. Eso sí, poco después de arrancar "Denver Luna" ya sí que nos toparemos con una de sus habituales percusiones obsesivas para remarcar un ritmo de tempo alto. Y poco después Hyde comenzará uno de sus recitados imposibles, que prolongará a lo largo de varios minutos, confirmando que son ellos mismos, y que el parón en su carrera no les ha movido un ápice de sus parámetros más reconocibles. Es cierto que un tema así lo componen sin prácticamente despeinarse, más si como es el caso se trata de un machacón despliegue monocorde... Aunque en realidad juegan al despiste, porque tras seis minutos de rizar el rizo con más y más instrumentos de percusión, más efectos y más juegos de palabras, el tema entra en un in-pass y da paso a un sorprendente tramo "a capella" ultra-tecnológico, que resulta desarrollarse... sobre una progresión armónica completa. Quizá llega demasiado tarde para considerar esta canción un temazo, pero no cabe duda de que se trata de una composición mucho más elaborada de lo que parece al principio, y seguramente por eso fue escogida como segundo sencillo. El tercer corte, "Techno Shinkansen", también fue seleccionado como sencillo a finales del año pasado, el cuarto y último. Y seguramente se trata del más accesible de los cuatro, y de ahí que lo escogiera para mi lista de otras veinte canciones internacionales recomendables. Puramente instrumental, también se desarrolla a partir de una progresión armónica completa, por lo que el resultado es mucho más musical y reconocible que el de sus momentos monocordes. Poco más de tres minutos de un cóctel que fusiona house, techno y ambient en una propuesta apta tanto para escuchar reposadamente en nuestro salón como para dejarse llevar en uno cualquiera de sus espectáculos en vivo, como confirma su contundente tramo final. Y para que el álbum sea fácilmente situable, el primer sencillo que anticipó el disco es precisamente el siguiente corte: "And The Color Red" es, en mi opinión, el más decepcionante de los cuatro: mucha percusión sobredimensionada, muchos efectos reiterativos, pero cero musicalidad. Ni siquiera la intervención de Hyde es destacable: apenas unas pocas frases cortas. Una canción sólo apta para sus incondicionales.
Después de colocar todos los sencillos seguidos, el aficionado debe enfrentarse a otras once canciones y cincuenta minutos que aparentemente ni para sus creadores merecen la misma atención, por lo que la tarea se puede antojar ardua. Sin embargo, el reto resulta fácilmente superable, pues aunque el dúo no opta por la siempre arriesgada senda de la experimentación, sí recurre a casi todas sus bazas creativas para que el melómano disfrute. Empezando por un "Sweet Land Experience" que también empieza monocorde, pero que en seguida supera esta restricción con una musicalidad no especialmente inspirada pero agradable, sobre todo gracias a la interpretación de la habitualmente cantante de ópera Esme Bronwen-Smith (que también colabora con el dúo en la interpretación y en la producción de otros temas), y a detalles como el loop sintetizado con el que Rick Smith adorna el intervalo instrumental más largo. "Lewis in Pomona" baja el tempo, aumenta la vertiente envolvente, y distorsiona hasta el delirio (pitch mediante) la voz de Hyde. La contundencia extrema de su segunda mitad hace el resto. Y "Hilo Sky" no sólo mantiene este nivel agradable, sino que sube un peldaño gracias a esa cascada de sintetizadores que poco a poco van completando la voz de Kyde hasta desembocar en la no por esperada menos efectiva catarsis de baile desenfrenado. Tal vez recuerde demasiado a logros del pasado, pero el juego a dos bandas entre la melodía de Hyde y el sintetizador principal de Smith le confiere personalidad propia. "Burst of Laughter" es el tema instrumentalmente más gélido, un pasaje en el que Smith y Hyde llevan a su terreno el sonido Kraftwerk, combinando la lejanía y la rigidez del proto-techno alemán con un bajo poderoso y las melodías vocales entrecruzadas, pero sin olvidarse de crear una composición completa que lo sostenga.
Sin haber entregado grandes temazos, el álbum sigue discurriendo con fluidez, sin que nos planteemos la posibilidad de pulsar el botón de forward. Pero es que el noveno corte, "King of Haarlem", no sólo suena a ellos mismos y entretiene, sino que con la contraposición entre sus dulces armonías y su contundente base rítmica, y la particular forma de interpretar la melodía de Hyde se reivindica como uno de los momentos notables del álbum. "Ottavia", tal vez la canción más instrumental del álbum, arranca lenta y con el protagonismo vocal en exclusiva para Esme Bronwen-Smith. Su elaborada y reivindicativa letra, cuestionando el papel de la mujer desde un punto de vista femenino, es lo más notable de los cinco minutos más arduos del conjunto. Afortunadamente, la breve reinterpretación de "Denver Luna (acappella)" es una forma explícita de hacer justicia al mejor tramo del supuesto momento estelar del álbum, a la vez que una forma de apreciar cómo Hyde dobla su voz una y otra vez en terceras y en quintas que no rehúyen de filtros distorsionadores. Una forma de predisponer al melómano para los nueve minutos largos de "Gene Pool", construidos a partir de un largo y juguetón loop sintetizado "100% Smith". Aquí el dúo sí reinvindica su maestría para los desarrollos lentos, en los que hay que dejarse llevar con la cadencia con la que van introduciendo poco a poco los distintos giros. Algo que pone de manifiesto, por ejemplo, los nada menos que tres minutos que tarda en entrar la casi mesiánica interpretación de Hyde. Seguramente para descansar de tan excesivo minutaje, "Oh Thorn!" es un breve tema en el que recrean con otra base algunas de las melodías que han ido entregando a lo largo del disco, sobre todo de "King of Harleem". "Iron Bones", el penúltimo corte, vuelve a bajar el tempo, pero el riesgo de aburrimiento que algo así podría acarrear lo mitigan con la interpretación vocal de otra vocalista femenina, Nina Nastasia. Aunque no es un gran momento, quizá sea el mejor producido de todo el disco, mezclando en la misma paleta sonora ruidos distorsionados, voces filtradas de Nastasia y de Hyde que aparecen aquí y allá, y el bajo electrónico como única columna sobre la que apuntalar un tema que consigue transmitir una profunda sensación de desazón. Y el cierre lo pone la acústica "Stick Man Test": como ya habían mostrado en alguna oportunidad anterior, el dúo también sabe desenvolverse por estos terrenos aparentemente tan alejados de su propuesta, y lo hacen con una composición de progresión armónica extraña, en la que la guitarra de Hyde aparece en primer plano, y los teclados de Smith la arropan casi sin percibirse. Una manera singular de cerrar un disco singular.
Evidentemente no estamos ante un gran álbum. Ni siquiera ante una de las mejores entregas de su carrera. Y tampoco hay sencillos de postín que los vayan a devolver a lo más alto de las listas de ventas. Pero la dignidad y el saber hacer que desprende esta hora larga de música, tan fiel a sus postulados y sin embargo, claramente diferenciable de otros discos, son dignas de elogio en dos músicos que se acercan ya a los setenta años. Incluso salen airosos del hecho de entregar nada menos que quince canciones, teniendo en cuenta su conocida tendencia a combinar grandes canciones con otras menos inspiradas sin solución de continuidad. Con cada nueva entrega "Strawberry Hotel" se vuelve un poco más amable, un poco más apto para escuchas en diferentes momentos. La inclusión de otras vocalistas femeninas, y el esfuerzo consciente por no limitarse a programar ritmos sin antes disponer de composiciones trabajadas, son las dos bazas que juegan a su favor. No sé si aún les dará tiempo a entregar un álbum más antes de retirarse, pero si este fuera su canto del cisne, habría que reconocerlo como un meritorio epílogo a una de las bandas más transgresoras e influyentes de la música electrónica de las últimas décadas.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
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domingo, 9 de marzo de 2025
sábado, 21 de diciembre de 2019
Underworld: "Drift Series 1 Sampler Edition" (2019)
Los galeses Underworld empezaron en noviembre del año pasado un ambicioso proyecto titulado "Drift" durante el que han ido publicando en su web nuevas composiciones y vídeos, nada menos que a ritmo de una por semana. Esas composiciones las fueron agrupando durante meses sucesivos en lo que llamaron "Episodes", en realidad álbumes o EPs autocontenidos, hasta llegar a un total de seis, es decir, nada menos que tres y horas y media de material nuevo. Todo un derroche de creatividad en estos tiempos que corren de tanto revival, y todo un regalo para sus fans más incondicionales. Así hasta que al cumplirse justo un año del inicio del proyecto, el dúo lo dio por completado con la publicación de "Drift Series 1 Sampler Edition", una especie de "best of" de todo ese material publicado durante las cincuenta y dos semanas anteriores, secuenciado en un nuevo orden para darle la cohesión oportuna y recortando o incluso cambiando la instrumentación de algunos temas. Ese álbum "oficial" es el que voy a reseñar a continuación.
¿Es pues es "Sampler Edition" un "best of" del proyecto Drift? ¿O es al menos un álbum que mire de frente a sus nueve álbumes anteriores? Pues desgraciadamente ni lo uno ni lo otro. Y es que entre los treinta temas disponibles para la selección no hay en mi opinión ni uno solo del nivel de sus grandes clásicos, lo que una vez más refrenda que cantidad no es igual a calidad. Y es que Karl Hyde y Rick Smith tiran de oficio para completar la mayoría de las temas con sus obsesiones habituales (un ochenta por ciento para la pista de baile y un veinte por ciento para la experimentación), pero la chispa de la inspiración apenas aparece. Abundan los temas monocordes (o casi), las percusiones electrónicas más que conocidas y ya explotadas, las grandes "parrafadas" de Hyde... Y como complemento seis o siete experimentos con los que sin duda se lo pasaron bien, pero en general de difícil disfrute. Por lo que cualquier selección de los treinta temas iba a dar como resultado un álbum a lo sumo discreto, pero lejos de "Dubnobasswithmyheadman" (1994), o incluso del más reciente y meritorio "Barbara, Barbara, we face a shining future" (2016). Pero es que a mi modo de ver ni siquiera han estado especialmente acertados con la selección; no sé si tiraron de la recepción online o en sus conciertos de las canciones para guiarse, pero el caso es que hay dos o tres que desentonan del conjunto, y algunos de los más interesantes se han quedado fuera.
El álbum lo abre "Appleshine", uno de sus clásicos temas orientados a la pista de baile, de desarrollo muy lento (casi diez minutos), con sólo dos acordes que se van alternando todo el tiempo, con una tardía (casi a los minutos) pero muy larga interpretación vocal de Karl Hyde, cuya voz se oye tan lejana que es muy complicado entender lo que dice, y sin apenas sorpresas en su segunda mitad (aun así, es de los momentos más salvables). Le sigue "This must be drum street", simplemente aceptable, también oscura y bailable, de duración más contenida y bajo más marcado, con una progresión armónica un poco más trabajada y con la pegajosa frase "Do you wanna buy my car?" como lo más destacable de su parte vocal. El siguiente corte es "Listen to Their No": inicialmente chirriante, con un prometedor sintetizador juguetón típico del dúo que se posiciona como instrumento principal casi al principio, y las voces "auto-tuneadas" de Hyde para una melodía entrecortada y un tanto extraña que también promete y que tiene una especie de estribillo cuando empieza con aquello de "There's no one", pero cuyo desarrollo encalla durante su segunda mitad, alejándolo de los grandes momentos del dúo (aunque quizá sea el mejor tema del disco).
"Border country", con la colaboración del para mí desconocido Ø [Phase], es otro de los típicos temas obsesivos y monocordes de la banda, similar a los que ya hemos escuchado tantas veces en otras entregas, y durante el cual no sucede prácticamente nada. "Mile Bush Pride" son menos de cien segundos de techno monótono y machacón. "Schipol test" levanta un poco el nivel, aunque vuelve a ser poco más que una obsesiva sección rítmica y un par de frases de Hyde, esta vez más graves y envolventes. "Brilliant Yes That Would Be", supuestamente inspirado por el paisaje islandés, son seis minutos de experimento a partir de un par de sintetizadores envolventes y una guitarra hiper-distorsionada, sin percusión alguna, y ante los cuales es difícil no pulsar el botón de forward. "S T A R (Rebel Tech)" se supone que es, como su propio título indica, el tema estrella del álbum, y en la versión original del episodio 5 (de la cual añado el enlace al video-clip) era quizá su momento más musical, aparte del más sencillo de recordar por la cantidad de personas y personajes famosos que cita, pero en la versión de este "Sampler" pierde en armonía lo que gana en contundencia, y para mi gusto el resultado es peor. "Imagine a box" son otros seis minutos de techno tenebroso de tempo alto, con una progresión armónica medianamente elaborada aunque con tendencia al delirio, y una de esas melodías imposibles por desestructuradas que son marca de la casa, pero esta vez escasa de chispa. Y la "muestra" la cierra "Custard Speedtalk", algo así como la evolución de su clásico "Rez" casi treinta años más tarde, con dos baterías convencionales y una melodía vocal larga para complementarla, y que podríamos definir como el intento de hacer una balada a partir de un original tan discotequero, recurriendo para ello a un complicado piano para contrepesar al juguetón sintetizador del comienzo.
Los cincuenta y ocho minutos de esta edición permiten también corroborar algo no siempre resaltado: la variedad de registros vocales de Karl Hyde, capaz de llevar a muchos temas conceptualmente similares a territorios distintos. Pero para haber subido el nivel habrían hecho falta más armonías, más progresiones armónicas bien trabajadas, un par de estribillos certeros, una duración más contenida en ocasiones. Y es que aunque sabemos que Underworld son capaces de combinar lo mejor y lo peor, esta vez su extraordinario esfuerzo no ha rendido los resultados esperados.
No obstante, para que el sabor de boca mejore, sugiero completar esta "Sampler Edition" con los siguientes cinco temas de los distintos "Episodios", que en mi opinión habrían mejorado un tanto la impresión global: "Molehill", con su pop de epopeya espacial sobre arpegios de piano y sintetizador, sin percusión y apenas letra y sin embargo mucho más interesante como experimento que "Brilliant Yes That Would Be", "Doris", su aproximació al ambient a lo Aphex Twin, un instrumental evocador y con más armonías que cualquier tema del "Sampler", "Two arrows", Underworld clásico para la pista de baile pero que demuestra que pueden hacer un tema igualmente intenso, bailable y perturbador en dos segundos, "A moth at the door", un tema coral (sí, sí, han leído bien, coral), con la voz de Hyde resonando en medio de un templo imaginario, doblada y distorsionada n-veces mientras una letra de compasión, y con la sorpresa final de un coro real para rematar el resultado, y "Another Silent Way - Drift Poem - Better Than Diamonds", catorce minutos de percusión africana casi tan irresistible como la de "Born slippy", con tres partes claramente diferenciadas, mucha frase declamada y mucho sintetizador estridente, que podría haber funcionado como tema excesivo para abrir el álbum (o uno de sus conciertos).
¿Es pues es "Sampler Edition" un "best of" del proyecto Drift? ¿O es al menos un álbum que mire de frente a sus nueve álbumes anteriores? Pues desgraciadamente ni lo uno ni lo otro. Y es que entre los treinta temas disponibles para la selección no hay en mi opinión ni uno solo del nivel de sus grandes clásicos, lo que una vez más refrenda que cantidad no es igual a calidad. Y es que Karl Hyde y Rick Smith tiran de oficio para completar la mayoría de las temas con sus obsesiones habituales (un ochenta por ciento para la pista de baile y un veinte por ciento para la experimentación), pero la chispa de la inspiración apenas aparece. Abundan los temas monocordes (o casi), las percusiones electrónicas más que conocidas y ya explotadas, las grandes "parrafadas" de Hyde... Y como complemento seis o siete experimentos con los que sin duda se lo pasaron bien, pero en general de difícil disfrute. Por lo que cualquier selección de los treinta temas iba a dar como resultado un álbum a lo sumo discreto, pero lejos de "Dubnobasswithmyheadman" (1994), o incluso del más reciente y meritorio "Barbara, Barbara, we face a shining future" (2016). Pero es que a mi modo de ver ni siquiera han estado especialmente acertados con la selección; no sé si tiraron de la recepción online o en sus conciertos de las canciones para guiarse, pero el caso es que hay dos o tres que desentonan del conjunto, y algunos de los más interesantes se han quedado fuera.
El álbum lo abre "Appleshine", uno de sus clásicos temas orientados a la pista de baile, de desarrollo muy lento (casi diez minutos), con sólo dos acordes que se van alternando todo el tiempo, con una tardía (casi a los minutos) pero muy larga interpretación vocal de Karl Hyde, cuya voz se oye tan lejana que es muy complicado entender lo que dice, y sin apenas sorpresas en su segunda mitad (aun así, es de los momentos más salvables). Le sigue "This must be drum street", simplemente aceptable, también oscura y bailable, de duración más contenida y bajo más marcado, con una progresión armónica un poco más trabajada y con la pegajosa frase "Do you wanna buy my car?" como lo más destacable de su parte vocal. El siguiente corte es "Listen to Their No": inicialmente chirriante, con un prometedor sintetizador juguetón típico del dúo que se posiciona como instrumento principal casi al principio, y las voces "auto-tuneadas" de Hyde para una melodía entrecortada y un tanto extraña que también promete y que tiene una especie de estribillo cuando empieza con aquello de "There's no one", pero cuyo desarrollo encalla durante su segunda mitad, alejándolo de los grandes momentos del dúo (aunque quizá sea el mejor tema del disco).
"Border country", con la colaboración del para mí desconocido Ø [Phase], es otro de los típicos temas obsesivos y monocordes de la banda, similar a los que ya hemos escuchado tantas veces en otras entregas, y durante el cual no sucede prácticamente nada. "Mile Bush Pride" son menos de cien segundos de techno monótono y machacón. "Schipol test" levanta un poco el nivel, aunque vuelve a ser poco más que una obsesiva sección rítmica y un par de frases de Hyde, esta vez más graves y envolventes. "Brilliant Yes That Would Be", supuestamente inspirado por el paisaje islandés, son seis minutos de experimento a partir de un par de sintetizadores envolventes y una guitarra hiper-distorsionada, sin percusión alguna, y ante los cuales es difícil no pulsar el botón de forward. "S T A R (Rebel Tech)" se supone que es, como su propio título indica, el tema estrella del álbum, y en la versión original del episodio 5 (de la cual añado el enlace al video-clip) era quizá su momento más musical, aparte del más sencillo de recordar por la cantidad de personas y personajes famosos que cita, pero en la versión de este "Sampler" pierde en armonía lo que gana en contundencia, y para mi gusto el resultado es peor. "Imagine a box" son otros seis minutos de techno tenebroso de tempo alto, con una progresión armónica medianamente elaborada aunque con tendencia al delirio, y una de esas melodías imposibles por desestructuradas que son marca de la casa, pero esta vez escasa de chispa. Y la "muestra" la cierra "Custard Speedtalk", algo así como la evolución de su clásico "Rez" casi treinta años más tarde, con dos baterías convencionales y una melodía vocal larga para complementarla, y que podríamos definir como el intento de hacer una balada a partir de un original tan discotequero, recurriendo para ello a un complicado piano para contrepesar al juguetón sintetizador del comienzo.
Los cincuenta y ocho minutos de esta edición permiten también corroborar algo no siempre resaltado: la variedad de registros vocales de Karl Hyde, capaz de llevar a muchos temas conceptualmente similares a territorios distintos. Pero para haber subido el nivel habrían hecho falta más armonías, más progresiones armónicas bien trabajadas, un par de estribillos certeros, una duración más contenida en ocasiones. Y es que aunque sabemos que Underworld son capaces de combinar lo mejor y lo peor, esta vez su extraordinario esfuerzo no ha rendido los resultados esperados.
No obstante, para que el sabor de boca mejore, sugiero completar esta "Sampler Edition" con los siguientes cinco temas de los distintos "Episodios", que en mi opinión habrían mejorado un tanto la impresión global: "Molehill", con su pop de epopeya espacial sobre arpegios de piano y sintetizador, sin percusión y apenas letra y sin embargo mucho más interesante como experimento que "Brilliant Yes That Would Be", "Doris", su aproximació al ambient a lo Aphex Twin, un instrumental evocador y con más armonías que cualquier tema del "Sampler", "Two arrows", Underworld clásico para la pista de baile pero que demuestra que pueden hacer un tema igualmente intenso, bailable y perturbador en dos segundos, "A moth at the door", un tema coral (sí, sí, han leído bien, coral), con la voz de Hyde resonando en medio de un templo imaginario, doblada y distorsionada n-veces mientras una letra de compasión, y con la sorpresa final de un coro real para rematar el resultado, y "Another Silent Way - Drift Poem - Better Than Diamonds", catorce minutos de percusión africana casi tan irresistible como la de "Born slippy", con tres partes claramente diferenciadas, mucha frase declamada y mucho sintetizador estridente, que podría haber funcionado como tema excesivo para abrir el álbum (o uno de sus conciertos).
domingo, 12 de junio de 2016
Underworld: "Barbara Barbara, We Face a Shining Future" (2016)
El retorno de Underworld ha sido sin duda una de las sorpresas de temporada. Porque han transcurrido seis años desde su último álbum de estudio, el meritorio "Barking", y ya pocos esperaban que los ya casi sexagenarios Karl Hyde y Rick Smith se unieran de nuevo para crear nuevas composiciones. Pero demostrando que el tiempo no pasa por ellos, y tras haber sobrevivido a la marcha de Darren Emerson a comienzos de siglo, siguen siendo capaces de entregar canciones altamente tecnológicas y orientadas a la pista de baile más excitante. Aunque eso no significa que "Barbara Barbara, We Face a Shining Future" (el extraño título es un homenaje al padre de Rick Smith) sea un gran álbum. Me explico.
En mi opinión la razón principal por la que la carrera de Underworld se fue desvaneciendo lentamente desde el cénit que alcanzaron en 1996 con "Born Slippy .NUXX" fue la gradual desaparición de las armonías en sus temas. Porque aunque sus señas de identidad siempre hayan sido los temas de ritmo binario muy marcado, largos desarrollos y fraseos sin fin de Karl Hyde, en sus mejores momentos supieron completar ese cóctel con progresiones armónicas y melodías sencillas pero muy enriquecedoras. Que al ir desapariciendo de sus composiciones hicieron que éstas se volvieran monótonas y repetitivas. Quizá conscientes de ello, en "Barking" recurrieron a la colaboración con otros muchos creadores del techno y de la música electrónica en general, pero personalmente cuando anunciaron este "Barbara Barbara...", tenía la duda de si volverían a los temas monocordes de sus álbumes anteriores a "Barking" o introducirían más musicalidad en sus temas. El resultado es un término medio que no relanza su carrera pero tampoco la desmerece.
Porque lo que realmente llama la atención de este álbum es su escasez de contenido: sólo siete temas, uno de ellos poco más que un interludio instrumental, y una duración excesiva en muchos de los seis restantes, para poder completar los cuarenta y cinco minutos de rigor. Lo que evidencia lo cerca que ha estado este disco de no llegar a existir nunca, y las dudas que genera respecto a que pueda tener una continuidad. Razones para intentar extraer lo mejor de estos siete temas. Empezando por "I exhale", primer sencillo y claro intento de hacer algo que se salga del patrón habitual del dúo, con menos bits per minute de lo normal y una sencilla progresión armónica desde el principio. Pero cuyos ocho minutos son claramente excesivos, a pesar de que lentamente vayan enriqueciendo la composición con más teclados y Smith doblando en los coros a Hyde. Más convincente y reconocible es "If Rah", un tema más rápido y obsesivo, que juega a ser monocorde durante buena parte del tema a partir de su penetrante teclado sintético y las sugerentes frases de Hyde, hasta que entran los dos teclados de reminiscencias orientales y el tema se convierte en plenamente melódico con su piano electrónico y una meritoria superposición de efectos.
Más rápido y orientado a la pista de baile es si cabe "Low burn", con esos bajos sintetizados superpuestos sobre los que poco a poco van añadiendo más elementos sintéticos y redobles de percusión. Aunque la parte vocal es demasiado repetitiva, y sobra minutaje hasta que el tema va frenando y desnudándose de todos los añadidos para llegar al final. "Santiago cuatro" es un extraño interludio en el que se mezcla la guitarra acústica de Hyde, con sus largos arpegios, y los bajos sintetizados de Smith, con un resultado entre disonante y desasosegante. "Motorhome" es, por así decirlo, la "balada" del álbum, con su ritmo pausado y su atmósfera de renacimiento tras un futuro caótico. Es el primer tema en el que Hyde no declama sino que canta; los dos teclados que, casi a modo de gaitas, se entrelazan, le dan un toque original, y la progresión armónica en el tramo final completan un panorama relativamente interesante pero excesivamente largo. Y cuando parece que el álbum se encamina sin mayores sobresaltos hacia el final, surgen las sorpresas: "Ova nova" es con diferencia el mejor momento del disco, una composición completa sobre una eficaz progresión armónica, penetrante y luminosa, brillantemente interpretada por Hyde,con unos coros femeninos que completan el tono optimista de la canción, una parte nueva perfectamente enlazada, el apoteósico "Change your mind" de Hyde y (ahora sí) la duración adecuada. Y "Nylon strung" es probablemente el segundo mejor tema del álbum, y una adecuada forma de cerrarlo: sobre su infeccioso loop sintetizado Hyde entona una melodía de notas muy largas, que se completa con una guitarra acústica y un precioso teclado que va añadiendo más notas en cada repetición hasta convertirse en apoteósico en su último tramo.
Situar lo mejor del álbum al final logra que la impresión global del mismo sea mejor de lo que debería, pero no deberíamos dejarnos engañar, ya que "Barbara Barbara, We Face a Shining Future" no es ni de lejos el mejor disco de su carrera. Aunque al menos nos podemos congratular de que Hyde & Smith hayan recuperado la suficiente musicalidad en algunas de sus canciones, porque de su capacidad para explotarlas con sus largos desarrollos de cambios graduales y su estilo tan personal nadie duda. Habrá que ver si esta digna vuelta a la actualidad saludada con un aceptable éxito comercial (top ten en el Reino Unido) se convierte en una prolongación de su carrera, o por el contrario se convierte en el epílogo de una de las bandas más importantes en la historia del techno.
En mi opinión la razón principal por la que la carrera de Underworld se fue desvaneciendo lentamente desde el cénit que alcanzaron en 1996 con "Born Slippy .NUXX" fue la gradual desaparición de las armonías en sus temas. Porque aunque sus señas de identidad siempre hayan sido los temas de ritmo binario muy marcado, largos desarrollos y fraseos sin fin de Karl Hyde, en sus mejores momentos supieron completar ese cóctel con progresiones armónicas y melodías sencillas pero muy enriquecedoras. Que al ir desapariciendo de sus composiciones hicieron que éstas se volvieran monótonas y repetitivas. Quizá conscientes de ello, en "Barking" recurrieron a la colaboración con otros muchos creadores del techno y de la música electrónica en general, pero personalmente cuando anunciaron este "Barbara Barbara...", tenía la duda de si volverían a los temas monocordes de sus álbumes anteriores a "Barking" o introducirían más musicalidad en sus temas. El resultado es un término medio que no relanza su carrera pero tampoco la desmerece.
Porque lo que realmente llama la atención de este álbum es su escasez de contenido: sólo siete temas, uno de ellos poco más que un interludio instrumental, y una duración excesiva en muchos de los seis restantes, para poder completar los cuarenta y cinco minutos de rigor. Lo que evidencia lo cerca que ha estado este disco de no llegar a existir nunca, y las dudas que genera respecto a que pueda tener una continuidad. Razones para intentar extraer lo mejor de estos siete temas. Empezando por "I exhale", primer sencillo y claro intento de hacer algo que se salga del patrón habitual del dúo, con menos bits per minute de lo normal y una sencilla progresión armónica desde el principio. Pero cuyos ocho minutos son claramente excesivos, a pesar de que lentamente vayan enriqueciendo la composición con más teclados y Smith doblando en los coros a Hyde. Más convincente y reconocible es "If Rah", un tema más rápido y obsesivo, que juega a ser monocorde durante buena parte del tema a partir de su penetrante teclado sintético y las sugerentes frases de Hyde, hasta que entran los dos teclados de reminiscencias orientales y el tema se convierte en plenamente melódico con su piano electrónico y una meritoria superposición de efectos.
Más rápido y orientado a la pista de baile es si cabe "Low burn", con esos bajos sintetizados superpuestos sobre los que poco a poco van añadiendo más elementos sintéticos y redobles de percusión. Aunque la parte vocal es demasiado repetitiva, y sobra minutaje hasta que el tema va frenando y desnudándose de todos los añadidos para llegar al final. "Santiago cuatro" es un extraño interludio en el que se mezcla la guitarra acústica de Hyde, con sus largos arpegios, y los bajos sintetizados de Smith, con un resultado entre disonante y desasosegante. "Motorhome" es, por así decirlo, la "balada" del álbum, con su ritmo pausado y su atmósfera de renacimiento tras un futuro caótico. Es el primer tema en el que Hyde no declama sino que canta; los dos teclados que, casi a modo de gaitas, se entrelazan, le dan un toque original, y la progresión armónica en el tramo final completan un panorama relativamente interesante pero excesivamente largo. Y cuando parece que el álbum se encamina sin mayores sobresaltos hacia el final, surgen las sorpresas: "Ova nova" es con diferencia el mejor momento del disco, una composición completa sobre una eficaz progresión armónica, penetrante y luminosa, brillantemente interpretada por Hyde,con unos coros femeninos que completan el tono optimista de la canción, una parte nueva perfectamente enlazada, el apoteósico "Change your mind" de Hyde y (ahora sí) la duración adecuada. Y "Nylon strung" es probablemente el segundo mejor tema del álbum, y una adecuada forma de cerrarlo: sobre su infeccioso loop sintetizado Hyde entona una melodía de notas muy largas, que se completa con una guitarra acústica y un precioso teclado que va añadiendo más notas en cada repetición hasta convertirse en apoteósico en su último tramo.
Situar lo mejor del álbum al final logra que la impresión global del mismo sea mejor de lo que debería, pero no deberíamos dejarnos engañar, ya que "Barbara Barbara, We Face a Shining Future" no es ni de lejos el mejor disco de su carrera. Aunque al menos nos podemos congratular de que Hyde & Smith hayan recuperado la suficiente musicalidad en algunas de sus canciones, porque de su capacidad para explotarlas con sus largos desarrollos de cambios graduales y su estilo tan personal nadie duda. Habrá que ver si esta digna vuelta a la actualidad saludada con un aceptable éxito comercial (top ten en el Reino Unido) se convierte en una prolongación de su carrera, o por el contrario se convierte en el epílogo de una de las bandas más importantes en la historia del techno.
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