Hoy les traigo por aquí el debut en formato álbum de un nuevo proyecto musical. Se trata de los dublineses Somebody's Child, quienes el pasado enero publicaron su disco del mismo título. Aunque casi debería hablar del proyecto en solitario de su vocalista y fundador, Cian Godfrey, dado que así es como arrancó hace unos años. Aunque ahora se halla arropado por una banda estable compuesta por baterista, bajista, guitarrista y teclista, que le confieren homogeneidad a su sonido. Durante las primeras escuchas a comienzos de año me llamó la atención su solidez compositiva e interpretativa, pero me pareció que le faltaba algo de originalidad. Sin embargo, sucesivas escuchas me permitieron apreciar mejor el estupendo trabajo que realizan todos los músicos, así como las impecables interpretaciones de Godfrey. Así que, con cierto retraso, aquí les ofrezco la reseña de una de las novedades que más me han llamado la atención de este 2023 que poco a poco se va acercando a su final.
La propuesta de los irlandeses tiende más hacia el rock que hacia el pop, con un sonido reconocible y característico a través de los once temas que lo conforman. Pero ello no está reñido con unas melodías muy elaboradas, ni con unas progresiones armónicas que van mucho más allá de unos cuantos acordes en quintas. Salvo alguna excepción, sus temas oscilan entre los medios tiempos y los de tempo alto, ambiciosos, conocedores del oficio del rock pero capaces de no sonar exclusivamente a recreación de otras propuestas. Con el mérito que tiene algo así en un panorama tan trillado como el que transitan.
"You Know What" da una buena idea de lo que nos podemos encontrar en el álbum: música rock de instrumentación contundente, y muy bien interpretado por Godfrey. El arpegio de guitarra sostiene tanto las partes instrumentales como el estribillo, que por esa razón hay que reconocer que queda un tanto simple, y la original parte nueva instrumental genera un remanso de placidez antes del enérgico tramo final. Ligeramente superior me parece "I Need Ya", el segundo corte y también cuarto sencillo: los irlandeses suben el tempo, vuelven a anclar el tema con un meritorio arpegio de guitarra, que luego irán enriqueciendo con otros arpegios a partir de la segunda estrofa. El sencillo estribillo guarda la sorpresa de sus repeticiones corales al final, con una energía y una rotundidad que seguramente recuerde a los primeros discos de The Artic Monkeys, aunque con un mayor componente melódico. "Hold Me Like You Wanna" es la revisitación de uno de los primeros temas que publicó Godfrey cuando Somebody's Child era más su proyecto personal que una banda consolidada. Nuevamente lo que llama la atención es la capacidad de ofrecer una elaborada melodía, muy bien interpretada, que encaja perfectamente en un medio tiempo de instrumentación rockera, aunque sin rehuir los sintetizadores. Las guitarras siguen rayando a un nivel muy alto, y ahora el estribillo sí es algo más que una mera frase repetida una y otra vez. "Sell Out" fue escogido hace justo un año como segundo sencillo, si bien en realidad otros temas del álbum ya habían sido publicado antes en ese formato, como explicaré en seguida. Otra vez la rapidez y la contundencia de quienes quieren comerse el mundo es perceptible en este tema de meritorias estrofas (con un llamativo cambio en sus notas de la primera a la segunda estrofa) y trallazos de guitarra en los abundantes intervalos instrumentales.
El quinto corte, "Broken Record", fue escogido en su momento como primer sencillo. Unas estrofas intimistas, relativamente poco instrumentadas, y un estribillo en el que sueltan toda la rabia acumulada, hasta dar paso a una parte nueva coral y mesiánica a partes iguales, que si en algún momento lograran alcanzar el éxito masivo, sería apta para corear en grandes recintos. "Give It Up To Love" es una de las canciones más lentas del disco, aunque tal vez hablar de balada sea demasiado: el precioso arpegio de guitarra en acordes menores de su comienzo da paso a la fantástica melodía que interpreta Godfrey, capaz de bajar y subir por las escalas con una soltura envidiable. El estribillo vuelve a ser un tanto simple, pero no desentona de la melancólica del conjunto (sobre todo cuando lo complementan con segundas voces y un juguetón teclado). La reglamentaria parte nueva para el tema y nos propone un bucle del que emerge la breve pero disfrutable parte instrumental. "How Long" tal vez sea el momento menos inspirado del álbum: un medio tiempo de ambientación muy estadounidense, y quizá esa relativa impostura es la que le hace bajar un escalón respecto a sus predecesoras. "What I Said" nos propone otra estupenda melodía en las estrofas, apoyadas esta vez en un teclado sinfónico además de en el habitual arpegio de guitarra. La pena es que el estribillo, con su ritmo frenado artificiosamente, baje un poco el listón. Tampoco su coda final, más trabajada que inspirada, y un poco larga, ayudan demasiado. Quizá en otro lugar del álbum, como punto de inflexión frente tanta energía y tanto tempo alto, habría brillado un poco más.
Con buen criterio, la banda busca y consigue que el último tercio del disco sea también el más brillante, mejorando si cabe la impresión global. El noveno corte, "Stay", es un saludable ejercicio de pop-rock con un punto luminoso y optimista, que en las estrofas resiste con el tradicional esquema de voz, bajo y batería, con puntuales apariciones de la guitarra, y que tras un breve parón, nos ofrece un estribillo coral, predisponiéndonos así para los dos mejores pasajes del álbum: "Jungle" fue uno de los primeros sencillos de Godfrey en solitario, allá por 2019, y la reinterpretación que realiza para su inclusión en el álbum logra incluso hacerlo más brillante que entonces. El arpegio de guitarra con el que arranca suena a clásico desde los primeros compases, las estrofas tienen esa melodía parsimoniosa que la hace apoteósica, y el estribillo reutiliza el arpegio con inteligencia. El resto es apreciar lo bien que se adapta la batería a las distintas partes, los disfrutables interludios instrumentales con la steel guitar en primer plano, y el fantástico tramo final con todos los miembros de la banda disfrutando con la ejecución de sus instrumentos. Y el cierre lo pone "We Could Start A War", escogido como tercer sencillo aunque en realidad vuelve a tratarse de una reinterpretación de otro de los primeros sencillos de Godfrey. Su largo y reposado comienzo, casi un minuto solamente con voz y guitarra, no anticipa toda la rapidez y contudencia que explota a continuación como parte de una fantástica canción en la que esta vez la guitarra cede parte del lucimiento al sensacional teclado que puntea los estribillos. Las estrofas llaman la atención por su complejidad y su riqueza creativa, y el tramo final resalta una vez más la solvencia de la banda para llevar a la apoteosis las repeticiones finales del estribillo.
Aunque es cierto que la mayoría de los mejores momentos del disco son en realidad revisiones de temas ya publicados hace unos años, en tanto que los creados expresamente para este disco tienden a estar un escalón por debajo, el álbum resulta disfrutable de principio a fin. Porque no es sencillo encontrar casi ningún álbum de guitarras en este 2023 con una proporción tan elevada de grandes momentos. Siendo como son irlandeses, su energía y manera de interpretar pueden recordar en determinados momentos a los primeros tiempos de U2 (aunque con un sonido más pulido y actualizado), pero lo cierto es que la banda posee una personalidad propia, respetuosa con la tradición del buen rock irlandés, que no se rinde a las modas pero, al mismo tiempo, tampoco suena demasiado clásicos La pena es que su repercusión haya sido tan minoritaria que ni siquiera hayan conseguido una página propia de referencia en la Wikipedia. En fin, ya saben cómo está el panorama musical actualmente, con tantas mediocridades encumbradas y tantos artistas con talento y ganas de triunfar y sin apenas oportunidades para ello. Así que espero que esta reseña permita aumentar aunque sea mínimamente su difusión.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
domingo, 22 de octubre de 2023
sábado, 30 de septiembre de 2023
Noel Gallagher's High Flying Birds - "Council Skies" (2023)
La del principal compositor y cerebro de Oasis Noel Gallagher ha sido una trayectoria descendente desde que inició su camino en solitario. Su primer álbum ("Noel Gallagher's High Flying Birds", 2011) lo mostraba dentro de un clasicismo sin espacio para la sorpresa pero con un puñado de estupendas canciones. El estilo clásico se volvió un tanto retro en sus siguientes dos entregas ("Chasing Yesterday", 2015 y "Who Built The Moon", 2017), con el agravante de que la calidad de las composiciones fue decayendo de manera alarmante. Quizá por ello Gallagher optó entonces por una serie de tres EPs que también recibieron su atención en este humilde blog ("Black Star Dancing", "This is The Place", "Blue Moon Rising"), y que parecían un intento por sonar algo menos anquilosado (tampoco nada especial, simplemente había avanzado su foco desde los sesenta y setenta a los ochenta). Por eso estaba por ver si su nueva entrega seguiría intentando actualizar su sonido, o si volvería al clasicismo un pelín casposo de casi siempre. Por desgracia, Noel ha optado por lo segundo. Ante el beneplácito, eso sí, de la crítica más casposa. Aunque debo advertir que no se trata de un mal álbum.
Un punto a favor del disco es la cantidad de temas que encierra: diez en la versión corta, pero tres más en la edición Deluxe, además de una serie de remezclas a cargo de nombres muy interesantes, por no hablar de versiones instrumentales y otros rescatados de diversos directos. Una abundancia creativa que ya anticipa lo que en realidad nos encontraremos: un Gallagher en mejor forma creativa que en sus últimos años. Obviamente, no como cuando, en los noventa, era capaz de componer varios himnos al año, pero sí un creador capaz de sostener un disco que no desmerece del prestigio que en su momento consiguió alcanzar. Pero claro, estamos hablando de un artista ya más cerca de los sesenta que de los cincuenta, así que no es fácil pedirle una progresión estilística a alguien que, además, siempre renegó de las "tendencias musicales de su tiempo". Por todo lo anterior, si nos abstraemos de su pasado, y de nuestras esperanzas de contemporaneidad, convendremos en que "Council Skies" es un álbum digno dentro de su discografía.
"I'm Not Giving Up Tonight", el tema que abre el disco, es un buen reflejo de lo que nos vamos a encontrar. Un medio tiempo de corte clásico que desarrolla una buena composición, sin reparar en gastos (desde un coro hasta una bien nutrida orquesta), con las voces de Gallagher dobladas y subiendo a tonos altos, y espacio para elaboradas partes nuevas (instrumental en este caso). De resultado agradable aunque claramente inferior a los grandes momentos del mancuniano. Sin ser una maravilla, probablemente el honor de "mejor tema del álbum" le corresponde al siguiente corte, "Pretty Boy", también escogido como segundo sencillo: quizá de manera un tanto sorpresiva, una sencilla caja de ritmos y un sintetizador abren una canción que se va volviendo más rockera conforme avanza el minutaje, y que cambia la progresión armónica principal justo cuando ésta ya empezaba a cansar. Posee energía, está correctamente ejecutada y recuerda lo que Gallagher era capaz de hacer, pero tampoco se convertirá en uno de sus clásicos. Aunque sea infinitamente mejor que "Dead To The World", tercer sencillo, que no pasa de ser una balada mediocre la cual, a pesar de su elaborada orquesta, su inesperado acordeón y un estribillo en falsete medianamente digno, nos retrotrae peligrosamente a "Who Built The Moon".
"Open The Door, See What You Find", reciente quinto sencillo, es un mediotiempo eminentemente sinfónico que por momentos podría recordar a alguno de los grandes momentos psicodélicos de Oasis (de "Whatever" a "Let There Be Love"), construido sobre una luminosa y bien desarrollada progresión armónica, aunque el estribillo resulte claramente inferior a las estrofas y, sobre todo, a esos notables intervalos instrumentales presididos por la sección de cuerda. "Trying To Find A World That's Been And Gone" es un mini-tema (menos de tres minutos, de los cuales el final es casi un mero relleno) cuya progresión armónica es cien por cien Oasis (incluso habrá quien le encuentre parecido con "Live Forever") y que, gracias a su poderosa orquesta y a sus irreprochables estrofas, queda a la espera de un estribillo que nunca llegará y que lo podría haber convertir en el mejor momento del álbum. Le sigue "Easy Now", que fue extrañamente escogido como segundo sencillo, pues tan sólo el envoltorio está a la altura; las estrofas son de las más flojas de todo el disco, y el estribillo se queda en simplemente correcto.
"Council Skies", además de dar título al álbum, fue también elegida como cuarto sencillo hace unos meses. Pero aparte de esa percusión inusualmente elaborada que arropa a las guitarras, se trata de otro tema con oficio, instrumentistas solventes y detalles que recuerdan a los arreglos que hacían décadas atrás Swing Out Sister, pero sin magia. "There She Blows!" empieza siendo casi una recreación de los grupos mayormente vocales de finales de los sesenta y primeros setenta, aunque en este caso las dos voces las haga el propio Gallagher. Pero la canción posee algo más de fuerza que sus predecesoras, la guitarra principal de las estrofas es un acierto, y el solo del intervalo instrumental, aunque no sea excesivamente complejo, mantiene el tipo. "Love Is A Rich Man" es el tema más rápido del disco, y quizá el más original instrumentalmente, presidido por una llamativa sección de viento. Pero nuevamente se trata de una composición que no pasa de agradable, pese al notable cambio (parecen casi dos temas diferentes) entre estrofas y unos estribillos que se hacen un poco pesados. Y el tracklist de la edición estándar lo cierra "Think Of A Number", tal vez el segundo mejor momento del álbum pese a no haber sido escogido como sencillo: una tenebrosa progresión armónica, una original batería que altera la posición en el compás de una de cada dos cajas, una melodía un tanto reiterativa pero adecuada para el tono de voz de Gallagher, unos estribillos claramente más luminosos aunque bien engarzados con el resto de la composición, otra elaborada parte nueva, y casi el único espacio para escuchar un piano en primer plano. Aunque me resulta demasiado largo.
De los tres temas de la edición deluxe, para mí el más flojo es "Mind Games", una versión sin chispa de uno de los peores sencillos de la carrera en solitario de John Lennon. "Don't Stop..." es un descarte (por razones obvias) de los últimos años de Oasis, convenientemente instrumentado y desarrollado para pulirlo e incluirlo en "Council Skies". Y el más interesante me parece "We're Gonna Get There In The End", claramente superior a varios de los temas ya reseñados (más dinámico y edificante), con uno de los mejores arreglos del disco, si bien con un estribillo demasiado "gritón" para lo que la canción parece requerir. Y en cuanto a las remezclas, pues en realidad sucede lo mismo que con el propio álbum: muchos nombres relevantes (David Holmes, Pet Shop Boys, Robert Smith de The Cure), mucho oficio (todos escogen la canción que probablemente mejor se adapta a su estilo y la llevan con solvencia a su terreno, añadiendo incluso voces y guitarras), pero pocas sorpresas, confirmando que casi para cualquier artista es difícil mantenerse en su mejor momento cuando van pasando los años.
Quizá lo mejor que puede decirse de "Council Skies" es que, aunque no haya ningún tema espectacular, tampoco nos vamos a encontrar ninguno realmente flojo. Sucesivas escuchas nos lo confirmarán como un álbum agradable, pero que no deja un poso profundo. A destacar que Gallagher haya tirado la casa por la ventana con tantas orquestas, tantos coros y tantos colaboradores de postín (por ahí anda también Johnny Marr), que ayudan a sostener el nivel de las composiciones menos inspiradas. A resaltar también que la elección de los sencillos ha sido un tanto desafortunada; reflejo, por otra parte, de que no había temazos claros que pudieran disparar el interés mediático. De hecho, se trata del primer álbum del británico que no ha alcanzado el número uno en su país. Lo que refleja que la mejora creativa experimentada no ha sido suficiente para contrarrestar el cada vez menor interés que despierta su figura. Supongo que todo seguirá así en su carrera: cuando esté frisando los sesenta sacará un nuevo disco, nos parecerá correcto, pero sobre todo nos recordará de manera un tanto dolorosa lo grande que fue un día. La edad no perdona.
Un punto a favor del disco es la cantidad de temas que encierra: diez en la versión corta, pero tres más en la edición Deluxe, además de una serie de remezclas a cargo de nombres muy interesantes, por no hablar de versiones instrumentales y otros rescatados de diversos directos. Una abundancia creativa que ya anticipa lo que en realidad nos encontraremos: un Gallagher en mejor forma creativa que en sus últimos años. Obviamente, no como cuando, en los noventa, era capaz de componer varios himnos al año, pero sí un creador capaz de sostener un disco que no desmerece del prestigio que en su momento consiguió alcanzar. Pero claro, estamos hablando de un artista ya más cerca de los sesenta que de los cincuenta, así que no es fácil pedirle una progresión estilística a alguien que, además, siempre renegó de las "tendencias musicales de su tiempo". Por todo lo anterior, si nos abstraemos de su pasado, y de nuestras esperanzas de contemporaneidad, convendremos en que "Council Skies" es un álbum digno dentro de su discografía.
"I'm Not Giving Up Tonight", el tema que abre el disco, es un buen reflejo de lo que nos vamos a encontrar. Un medio tiempo de corte clásico que desarrolla una buena composición, sin reparar en gastos (desde un coro hasta una bien nutrida orquesta), con las voces de Gallagher dobladas y subiendo a tonos altos, y espacio para elaboradas partes nuevas (instrumental en este caso). De resultado agradable aunque claramente inferior a los grandes momentos del mancuniano. Sin ser una maravilla, probablemente el honor de "mejor tema del álbum" le corresponde al siguiente corte, "Pretty Boy", también escogido como segundo sencillo: quizá de manera un tanto sorpresiva, una sencilla caja de ritmos y un sintetizador abren una canción que se va volviendo más rockera conforme avanza el minutaje, y que cambia la progresión armónica principal justo cuando ésta ya empezaba a cansar. Posee energía, está correctamente ejecutada y recuerda lo que Gallagher era capaz de hacer, pero tampoco se convertirá en uno de sus clásicos. Aunque sea infinitamente mejor que "Dead To The World", tercer sencillo, que no pasa de ser una balada mediocre la cual, a pesar de su elaborada orquesta, su inesperado acordeón y un estribillo en falsete medianamente digno, nos retrotrae peligrosamente a "Who Built The Moon".
"Open The Door, See What You Find", reciente quinto sencillo, es un mediotiempo eminentemente sinfónico que por momentos podría recordar a alguno de los grandes momentos psicodélicos de Oasis (de "Whatever" a "Let There Be Love"), construido sobre una luminosa y bien desarrollada progresión armónica, aunque el estribillo resulte claramente inferior a las estrofas y, sobre todo, a esos notables intervalos instrumentales presididos por la sección de cuerda. "Trying To Find A World That's Been And Gone" es un mini-tema (menos de tres minutos, de los cuales el final es casi un mero relleno) cuya progresión armónica es cien por cien Oasis (incluso habrá quien le encuentre parecido con "Live Forever") y que, gracias a su poderosa orquesta y a sus irreprochables estrofas, queda a la espera de un estribillo que nunca llegará y que lo podría haber convertir en el mejor momento del álbum. Le sigue "Easy Now", que fue extrañamente escogido como segundo sencillo, pues tan sólo el envoltorio está a la altura; las estrofas son de las más flojas de todo el disco, y el estribillo se queda en simplemente correcto.
"Council Skies", además de dar título al álbum, fue también elegida como cuarto sencillo hace unos meses. Pero aparte de esa percusión inusualmente elaborada que arropa a las guitarras, se trata de otro tema con oficio, instrumentistas solventes y detalles que recuerdan a los arreglos que hacían décadas atrás Swing Out Sister, pero sin magia. "There She Blows!" empieza siendo casi una recreación de los grupos mayormente vocales de finales de los sesenta y primeros setenta, aunque en este caso las dos voces las haga el propio Gallagher. Pero la canción posee algo más de fuerza que sus predecesoras, la guitarra principal de las estrofas es un acierto, y el solo del intervalo instrumental, aunque no sea excesivamente complejo, mantiene el tipo. "Love Is A Rich Man" es el tema más rápido del disco, y quizá el más original instrumentalmente, presidido por una llamativa sección de viento. Pero nuevamente se trata de una composición que no pasa de agradable, pese al notable cambio (parecen casi dos temas diferentes) entre estrofas y unos estribillos que se hacen un poco pesados. Y el tracklist de la edición estándar lo cierra "Think Of A Number", tal vez el segundo mejor momento del álbum pese a no haber sido escogido como sencillo: una tenebrosa progresión armónica, una original batería que altera la posición en el compás de una de cada dos cajas, una melodía un tanto reiterativa pero adecuada para el tono de voz de Gallagher, unos estribillos claramente más luminosos aunque bien engarzados con el resto de la composición, otra elaborada parte nueva, y casi el único espacio para escuchar un piano en primer plano. Aunque me resulta demasiado largo.
De los tres temas de la edición deluxe, para mí el más flojo es "Mind Games", una versión sin chispa de uno de los peores sencillos de la carrera en solitario de John Lennon. "Don't Stop..." es un descarte (por razones obvias) de los últimos años de Oasis, convenientemente instrumentado y desarrollado para pulirlo e incluirlo en "Council Skies". Y el más interesante me parece "We're Gonna Get There In The End", claramente superior a varios de los temas ya reseñados (más dinámico y edificante), con uno de los mejores arreglos del disco, si bien con un estribillo demasiado "gritón" para lo que la canción parece requerir. Y en cuanto a las remezclas, pues en realidad sucede lo mismo que con el propio álbum: muchos nombres relevantes (David Holmes, Pet Shop Boys, Robert Smith de The Cure), mucho oficio (todos escogen la canción que probablemente mejor se adapta a su estilo y la llevan con solvencia a su terreno, añadiendo incluso voces y guitarras), pero pocas sorpresas, confirmando que casi para cualquier artista es difícil mantenerse en su mejor momento cuando van pasando los años.
Quizá lo mejor que puede decirse de "Council Skies" es que, aunque no haya ningún tema espectacular, tampoco nos vamos a encontrar ninguno realmente flojo. Sucesivas escuchas nos lo confirmarán como un álbum agradable, pero que no deja un poso profundo. A destacar que Gallagher haya tirado la casa por la ventana con tantas orquestas, tantos coros y tantos colaboradores de postín (por ahí anda también Johnny Marr), que ayudan a sostener el nivel de las composiciones menos inspiradas. A resaltar también que la elección de los sencillos ha sido un tanto desafortunada; reflejo, por otra parte, de que no había temazos claros que pudieran disparar el interés mediático. De hecho, se trata del primer álbum del británico que no ha alcanzado el número uno en su país. Lo que refleja que la mejora creativa experimentada no ha sido suficiente para contrarrestar el cada vez menor interés que despierta su figura. Supongo que todo seguirá así en su carrera: cuando esté frisando los sesenta sacará un nuevo disco, nos parecerá correcto, pero sobre todo nos recordará de manera un tanto dolorosa lo grande que fue un día. La edad no perdona.
domingo, 17 de septiembre de 2023
Portugal. The Man - "Chris Black Changed My Life" (2023)
El pasado mes de Junio, tras una larguísima espera de nada menos que seis años, fue finalmente publicado el noveno álbum de los estadounidenses Portugal. The Man. "Chris Black Changed My Life", titulado así en memoria de un viejo amigo de la banda fallecido en 2019, ponía así punto final al periodo menos creativo de los de Alaska. Y es que desde que tocaron el cielo con "Evil Friends" en 2013, sólo habían publicado un disco de canciones nuevas, ese "Woodstock" de 2017 que creativamente supuso un pequeño paso atrás respecto a su predecesor, aunque paradójicamente les proporcionó el sencillo más vendido de su carrera, el archiconocido "Feel it still". Definitivamente diez años desde 2013 para sólo dos álbumes es una producción realmente escasa en una banda permanentemente activa. Por lo que sólo cabía esperar que la espera hubiera merecido la pena.
Sin embargo, cuando se dio a conocer el tracklist y la duración del álbum, me puse en guardia. Después de tantos años sólo nos iban a ofrecer once canciones y, lo que es peor aún, apenas treinta y cuatro minutos de música, en lo que se me antojó un retorno realmente pobre, casi de compromiso para poder salir de gira. Además, el sencillo de debut, "Dummy", me dejó un poco a medias, por anodino para lo que puede dar de sí la banda, además de por corto. Afortunadamente, sencillos posteriores mejoraron las perspectivas, y cuando por fin me hice con el álbum, pude confirmar que todavía encierran suficiente personalidad y magia para sobresalir en el panorama indie de su país, hasta el extremo de tratarse de una obra notable para este insulso 2023. Aunque la valoración final del álbum depende en buena medida de las expectativas, y yo les creo capaces de bastante más.
El mismo comienzo evidencia esta sensación de "qué buenos son, pero qué poco lo saben aprovechar": "Heavy Games II" es un comienzo ilusionante con su progresión armónica melódica y psicodélica a partes iguales, su piano en primer plano y la colaboración del también productor Jeff Bhasker en una bonita melodía... que sin embargo se interrumpe apenas pasado un minuto (aunque volverá más tarde). "Grim Generation" se convierte así en el primer tema realmente completo del disco, y uno de los pocos que no cuenta con una colaboración. Por supuesto, suena a Portugal. The Man cien por cien, con su bajo bien marcado, sus guitarras juguetonas, sus ritmos sincopados, la voz de John Gourley en falsete y su puente sinfónico antes de su estribillo psicodélico, pero le falta un punto de empaque para convertirse en otro temazo más de su discografía. "Thunderdome [W.T.A.]", con la colaboración del rapero Black Thought y la cantante mexicana Natalia Lafourcade, fue en su momento escogido como tercer sencillo: casi un tema lento, de ritmo arrastrado, estrofas y estribillos disfrutables sobre una misma progresión armónica, un interesante órgano en los intervalos instrumentales, y una parte rapeada un tanto anodina, es una canción que deja de nuevo una impresión agradable, pero también de que podría estar mejor. Algo a lo que ni siquiera llega "Dummy", extrañamente escogida como primer sencillo. De melodía en las estrofas y arreglo muy similar al del "Crazy" de Gnarls Barkley, suena a unos Portugal. The Man con mucho oficio, pero sin inspiración alguna, y un tanto reiterativos.
Por fortuna, a continuación nos topamos con "Summer of Luv", cuarto sencillo y, en mi opinión, uno de los dos excelentes momentos del disco. Con la colaboración de la banda neozelandesa de rock psicodélico Unknown Mortal Orchestra, su singular comienzo da en seguida paso a un medio tiempo elegante y sugerente a partes iguales, nuevamente con una única progresión armónica para estrofas y estribillo, pero el falsete de este último y, sobre todo, el sensacional saxofón que lo remata, lo hacen francamente disfrutable. El cambio de tonalidad de una prematura primera parte nueva le aporta frescura, y la segunda parte nueva, con su piano, personalidad, así como el breve y un tanto escondido solo de guitarra del final ponen en evidencia que la canción pedía a gritos una mayor duración. Al mismo nivel se sitúa "Ghost Town", un fantástico ejercicio de rock psicodélico, con el arpegio inicial del órgano sabiamente reemplazado por la guitarra acústica en las subyugantes estrofas, un excelente puente, y un estribillo a voces masculinas y femeninas que te atrapa y no te suelta, aderezado con los redobles de la caja de la batería, los detalles de percusión, y la coda final todo en unos pocos compases, demostrando de qué son capaces los de Alaska. Aunque lo mejor es el espectacular minuto final, con ese segundo estribillo en falsete. "Time's a Fantasy", otra vez con el productor Jeff Bhasker convertido en artista invitado, desconcierta un poco por ese auto-tune tan acusado enfrentado sin apenas añadidos con un piano de corte clásico, hasta que, tras el coro de voces, entendemos que el truco es que han recuperado nuevo "Heavy Games II" para desarrollarla de manera más lenta, si bien de manera más melosa y menos convincente que en el breve primer corte.
"Doubt", octavo corte, ha sido escogido la semana pasada como sexto y último sencillo, y ahora sí se trata de una balada de corte clásico, menos arriesgada instrumentalmente que la anterior, y también menos melosa, sobre todo en sus preciosas estrofas, realzada además por una concurrida sección de cuerda. Con el aliciente de que la melodía del tramo final, que se entrecruza con la de las primeras repeticiones del estribillo, le aporta la necesaria original a su tramo final. "Plastic Island", quinto sencillo, juega a llevar a los americanos hasta el Reino Unido y convertirlo en uno de esos grupos de pop británico tan groovy. Otra vez un tanto lastrado por reutilizar tal cual la misma progresión armónica en estrofas y estribillo consigue, sin embargo, que ambos suenen completamente definidos, y el efectivo bajo, el solo de guitarra que hace las veces de enganche con la tercera estrofa, y los "oooh oooh" del final, logran un espléndido clímax en su tercio final. Por desgracia, "Champ", el penúltimo corte y segundo sencillo, con la colaboración de Edgar Winter y With War, se asemeja un tanto a su predecesora, pero con una progresión armónica y una melodía menos inspiradas, por lo que el tema se deja escuchar pero no termina de llenar, y el acierto de la sección de viento de su tramo final queda contrarrestrado por un delirio chirriante que recuerda a los peores The Beastie Boys y que, francamente, no viene a cuento, como tampoco la marcianada de sus segundos finales. Y el cierre lo pone "Anxiety:Clarity": una nueva balada, esta vez con la colaboración del veterano Paul Williams, de casi seis minutos y estructurada en tres partes: una primera de corte clásico, un breve interludio coral, y una tercera que vuelve a recuperar los "Heavy Games II" del comienzo. Ninguna de las tres desagradable, pero ninguna tampoco especialmente acertada.
Como decía, la desbordante personalidad, las ganas de arriesgar con nuevos arreglos e inesperados instrumentos, y la densidad de eventos en pasajes concretos de algunos temas, demuestran que la banda sigue con ganas de dar batalla. Y cuando las composiciones acompañan, siguen reivindicándose como una banda fundamental en el panorama musical actual. Pero probablemente no eran necesarias tantas colaboraciones en tan poco espacio, o tres recreaciones diferentes de "Heavy Games", por no hablar del predominio de temas más bien lentos. Y lo que sí se echa mucho en falta es que concedieran más minutaje a momentazos que se quedan muy cortos, como "Summer of Luv", "Plastic Island" o incluso "Ghost Town". Además de una mejor claridad a la hora de diferenciar los temas más anodinos, a menudo publicados en formato sencillo, de los más brillantes, que por desgracia pueden permanecer ocultos, o ver la luz cuando el disco ya ha comenzado a perder actualidad. Seguramente todo ello ha contribuido a que la repercusión comercial del disco haya sido bastante menor que la de sus predecesores. Y es una pena, porque como lo reflejan las seis canciones que he destacado, aún son capaces de proporcionar temazos incontestables. Pero o aceleran su ritmo creativo, o van a perder definitivamente la atención de crítica y público.
Sin embargo, cuando se dio a conocer el tracklist y la duración del álbum, me puse en guardia. Después de tantos años sólo nos iban a ofrecer once canciones y, lo que es peor aún, apenas treinta y cuatro minutos de música, en lo que se me antojó un retorno realmente pobre, casi de compromiso para poder salir de gira. Además, el sencillo de debut, "Dummy", me dejó un poco a medias, por anodino para lo que puede dar de sí la banda, además de por corto. Afortunadamente, sencillos posteriores mejoraron las perspectivas, y cuando por fin me hice con el álbum, pude confirmar que todavía encierran suficiente personalidad y magia para sobresalir en el panorama indie de su país, hasta el extremo de tratarse de una obra notable para este insulso 2023. Aunque la valoración final del álbum depende en buena medida de las expectativas, y yo les creo capaces de bastante más.
El mismo comienzo evidencia esta sensación de "qué buenos son, pero qué poco lo saben aprovechar": "Heavy Games II" es un comienzo ilusionante con su progresión armónica melódica y psicodélica a partes iguales, su piano en primer plano y la colaboración del también productor Jeff Bhasker en una bonita melodía... que sin embargo se interrumpe apenas pasado un minuto (aunque volverá más tarde). "Grim Generation" se convierte así en el primer tema realmente completo del disco, y uno de los pocos que no cuenta con una colaboración. Por supuesto, suena a Portugal. The Man cien por cien, con su bajo bien marcado, sus guitarras juguetonas, sus ritmos sincopados, la voz de John Gourley en falsete y su puente sinfónico antes de su estribillo psicodélico, pero le falta un punto de empaque para convertirse en otro temazo más de su discografía. "Thunderdome [W.T.A.]", con la colaboración del rapero Black Thought y la cantante mexicana Natalia Lafourcade, fue en su momento escogido como tercer sencillo: casi un tema lento, de ritmo arrastrado, estrofas y estribillos disfrutables sobre una misma progresión armónica, un interesante órgano en los intervalos instrumentales, y una parte rapeada un tanto anodina, es una canción que deja de nuevo una impresión agradable, pero también de que podría estar mejor. Algo a lo que ni siquiera llega "Dummy", extrañamente escogida como primer sencillo. De melodía en las estrofas y arreglo muy similar al del "Crazy" de Gnarls Barkley, suena a unos Portugal. The Man con mucho oficio, pero sin inspiración alguna, y un tanto reiterativos.
Por fortuna, a continuación nos topamos con "Summer of Luv", cuarto sencillo y, en mi opinión, uno de los dos excelentes momentos del disco. Con la colaboración de la banda neozelandesa de rock psicodélico Unknown Mortal Orchestra, su singular comienzo da en seguida paso a un medio tiempo elegante y sugerente a partes iguales, nuevamente con una única progresión armónica para estrofas y estribillo, pero el falsete de este último y, sobre todo, el sensacional saxofón que lo remata, lo hacen francamente disfrutable. El cambio de tonalidad de una prematura primera parte nueva le aporta frescura, y la segunda parte nueva, con su piano, personalidad, así como el breve y un tanto escondido solo de guitarra del final ponen en evidencia que la canción pedía a gritos una mayor duración. Al mismo nivel se sitúa "Ghost Town", un fantástico ejercicio de rock psicodélico, con el arpegio inicial del órgano sabiamente reemplazado por la guitarra acústica en las subyugantes estrofas, un excelente puente, y un estribillo a voces masculinas y femeninas que te atrapa y no te suelta, aderezado con los redobles de la caja de la batería, los detalles de percusión, y la coda final todo en unos pocos compases, demostrando de qué son capaces los de Alaska. Aunque lo mejor es el espectacular minuto final, con ese segundo estribillo en falsete. "Time's a Fantasy", otra vez con el productor Jeff Bhasker convertido en artista invitado, desconcierta un poco por ese auto-tune tan acusado enfrentado sin apenas añadidos con un piano de corte clásico, hasta que, tras el coro de voces, entendemos que el truco es que han recuperado nuevo "Heavy Games II" para desarrollarla de manera más lenta, si bien de manera más melosa y menos convincente que en el breve primer corte.
"Doubt", octavo corte, ha sido escogido la semana pasada como sexto y último sencillo, y ahora sí se trata de una balada de corte clásico, menos arriesgada instrumentalmente que la anterior, y también menos melosa, sobre todo en sus preciosas estrofas, realzada además por una concurrida sección de cuerda. Con el aliciente de que la melodía del tramo final, que se entrecruza con la de las primeras repeticiones del estribillo, le aporta la necesaria original a su tramo final. "Plastic Island", quinto sencillo, juega a llevar a los americanos hasta el Reino Unido y convertirlo en uno de esos grupos de pop británico tan groovy. Otra vez un tanto lastrado por reutilizar tal cual la misma progresión armónica en estrofas y estribillo consigue, sin embargo, que ambos suenen completamente definidos, y el efectivo bajo, el solo de guitarra que hace las veces de enganche con la tercera estrofa, y los "oooh oooh" del final, logran un espléndido clímax en su tercio final. Por desgracia, "Champ", el penúltimo corte y segundo sencillo, con la colaboración de Edgar Winter y With War, se asemeja un tanto a su predecesora, pero con una progresión armónica y una melodía menos inspiradas, por lo que el tema se deja escuchar pero no termina de llenar, y el acierto de la sección de viento de su tramo final queda contrarrestrado por un delirio chirriante que recuerda a los peores The Beastie Boys y que, francamente, no viene a cuento, como tampoco la marcianada de sus segundos finales. Y el cierre lo pone "Anxiety:Clarity": una nueva balada, esta vez con la colaboración del veterano Paul Williams, de casi seis minutos y estructurada en tres partes: una primera de corte clásico, un breve interludio coral, y una tercera que vuelve a recuperar los "Heavy Games II" del comienzo. Ninguna de las tres desagradable, pero ninguna tampoco especialmente acertada.
Como decía, la desbordante personalidad, las ganas de arriesgar con nuevos arreglos e inesperados instrumentos, y la densidad de eventos en pasajes concretos de algunos temas, demuestran que la banda sigue con ganas de dar batalla. Y cuando las composiciones acompañan, siguen reivindicándose como una banda fundamental en el panorama musical actual. Pero probablemente no eran necesarias tantas colaboraciones en tan poco espacio, o tres recreaciones diferentes de "Heavy Games", por no hablar del predominio de temas más bien lentos. Y lo que sí se echa mucho en falta es que concedieran más minutaje a momentazos que se quedan muy cortos, como "Summer of Luv", "Plastic Island" o incluso "Ghost Town". Además de una mejor claridad a la hora de diferenciar los temas más anodinos, a menudo publicados en formato sencillo, de los más brillantes, que por desgracia pueden permanecer ocultos, o ver la luz cuando el disco ya ha comenzado a perder actualidad. Seguramente todo ello ha contribuido a que la repercusión comercial del disco haya sido bastante menor que la de sus predecesores. Y es una pena, porque como lo reflejan las seis canciones que he destacado, aún son capaces de proporcionar temazos incontestables. Pero o aceleran su ritmo creativo, o van a perder definitivamente la atención de crítica y público.
sábado, 26 de agosto de 2023
Daughter - "Stereo Mind Game" (2023)
Tras nada menos que siete años de silencio, el pasado mes de Abril fue publicado "Stereo Mind Game", el tercer álbum del trío británico Daughter. Un disco que nunca estuve seguro de poder llegar a escuchar algún día, pues la banda parecía desintegrada tras el comienzo en 2018 de la carrera musical en solitario de su vocalista Elena Tonra (bajo el nombre artístico de Ex:Re), y los muchos años de silencio transcurridos desde entonces. Pero aquí está ya el que para mí es, sin duda, su mejor álbum hasta la fecha y, precisamente por eso, el primero que va a merecer una reseña individual en este humilde blog. Un disco que los muestra cada vez más alejados del indie-folk que supuestamente practicaban en sus inicios, aunque su personalidad se mantiene intacta en este tercer disco. Con el añadido de que su creatividad compositiva ha dado un salto notable, y también la originalidad y la valentía a la hora de arreglar y producir esas composiciones que ya apuntaban en sus dos primeros álbumes.
El resultado son doce canciones de un nivel medio muy alto. En su mayor parte de gran sensibilidad, con sentimientos como el fracaso, la auto-destrucción, la melancolía y la esperanza en el futuro como grandes bazas, y con la voz más bien grave y susurrante de Tonra estupendamente acompañada por las cada vez más originales guitarras de Igor Haefeli y las siempre llamativas baterías y percusiones electrónicas de Remi Aguilella. En una propuesta que no busca arrimarse a estilos concretos sino expandirse en busca de una mayor expresividad. Podríamos hablar de un dream-pop de orfebrería electrónica y que no reniega del trip-hop y del folk más contemporáneo, pero limitarnos a eso sería despreciar otros giros y matices. Lo esencial es que, a diferencia de discos anteriores, los aciertos no se limitan a un puñado de temas, sino que abundan prácticamente de principio a fin.
Después de una "Intro" breve y grabada a tan bajo volumen que apenas se escucha, el disco realmente lo abre "Be On Your Way", primer sencillo y seguramente la mejor canción que han creado nunca: un sensible medio tiempo que nos va envolviendo poco a poco conforme los instrumentos van arropando la voz de Tonra. A destacar la sección de cuerda y los teclados en crescendo que rematan cada cuarto compás a partir de la segunda estrofa. La percusión es en sí misma digna de alabanza, y los efectos vocales que preceden a la tercera estrofa, la mejor demostración de que el trío ha apostado por una modernidad bien entendida. La única pega que se le puede poner es que la progresión armónica prácticamente no cambia en los cuatro minutos. Un defecto aplicable también a "Party", tercer corte, segundo sencillo, y también un momentazo incuestionable. Menos etérea y envolvente que su predecesora, su relativamente barroca y acústica instrumentación se adapta perfectamente a su subyugante progresión armónica y a la depresiva interpretación vocal de Tonra, en la cual habla de sus problemas con el alcohol. Además, conforme más guitarras van completando por ambos canales con sus distorsiones y sus arpegios la frase que da título al disco, el tema sigue creciendo. Algo a lo que también contribuye el cambio de la melodía principal, los redobles de batería del tramo final y los dos cortos pero eficaces solos de guitarra. "Dandelion" acelera adecuadamente el tempo, realiza un pequeño giro hacia el folk que tan bien dominan, y ahora sí, cambia de secuencia de acordes entre estrofas y estribillos, construyendo otro momento casi a la altura de los dos anteriores. Una nueva melodía sobre las consecuencias devastadoras de noche y alcohol ayudan a la capacidad evocadora del tema, aunque no tanto como su tramo instrumental con guitarras juguetonas que pueden recordar a los momentos más melancólicos de Death Cab For Cutie.
"Neptune" es el primer tema que baja un poco el nivel, no tanto por su condición de tema lento, sino porque le falta algo más de variación durante su primera mitad. Pero Tonra demuestra que es capaz de cantar subiendo a notas altas, y la forma como van enriqueciendo la composición con efectos que van y vienen, interesante. Pero cuando el trío empieza con las repeticiones de "crowded enough, no light above...", la emoción sube y ya se mantiene alta hasta el final. "Swim back", el siguiente corte, fue escogido hace unos meses como tercer y último sencillo. Los luminosos teclados del comienzo demuestran de nuevo la evolución de la banda, y la contundente sección rítmica los acerca incluso a los momentos más rockeros de artistas como Florence & The Machine. Es cierto que a la melodía de las estrofas les sobra reverberación, que el estribillo es un tanto difícil, y que el tema no crece tanto en su desarrollo como otros, por lo que el resultado no llega al nivel de los dos sencillos anteriores, pero se trata de una canción notable. Aparte de su original título, "Junkmail" nos propone un pop intimista y barroco que a mí me recuerda a los momentos menos aburridos de Kings Of Convenience. Pero la canción resulta un poco monótona estructuralmente, y la melodía de Tonra, demasiado entrecortada. Reconozco que, con su oficio y originalidad a la hora de instrumentarla, el tema llega a buen puerto, pero se trata de uno de los momentos menos brillantes del álbum. Afortunadamente, "Future Lover" limita el pequeño bajón, y para mí es el tercer mejor momento del disco, con su original caja de ritmos, sus texturas distorsionadas, su estribillo claro y definido, unas estrofas preciosas, y un crecimiento instrumental a la altura de muy pocas bandas, con unos arpegios, unas paradas y arrancadas y un bajo realmente meritorios.
"(Missed Calls)" es precisamente eso, cien segundos de spoken word con una instrumentación "Daughter en estado puro", original y extraña a partes iguales. "Isolation", con su sencillo y eficaz arpegio de guitarra acústica y la particular voz de Torna, podría ser un tema de un grupo folk cualquiera, si no fuera por esos detallitos electrónicos que como nenúfares que se mueven sobre el agua, arropan la composición y la llevan a otra dimensión, aunque obviamente sin llegar a los grandes pasajes del disco. El penúltimo corte, "To Rage", es también el penúltimo gran momento. Una originalísima batería, un eficaz bajo en primer plano, dos guitarras, una acústica y otra eléctrica, un teclado que marca constamente los acordes, y la melancólica voz de Tonra, bastan para sustentar unas estrofas plenas de sentimiento. Y aunque por momentos el tema parece que se va a terminar en apenas tres minutos, el apoteósico minuto y medio final pone de manifiesto el excelente momento como instrumentistas del trío. Y el cierre lo pone "Wish I Could Cross the Sea", por supuesto otra buena progresión armónica, con especial protagonismo para los sonidos reproducidos al revés que le sirven de base, logrando una atmósfera de puro trip-hop en el que incluso Elena parece imitar a Beth Gibbons en su parte vocal. El piano y la sección de cuerda de sus sobrecogedores tramos instrumentales son un broche formidable a la vez que una estupenda síntesis de estos cuarenta y cuatro minutos; sólo le falta una melodía un poco más concreta para haber sido otro de los momentos estelares del disco.
Y así se va uno de los sin duda mejores álbumes de lo que llevamos de 2023, con nada menos que ocho momentos recomendables de sus diez canciones completas. Lo cual seguramente ha contribuido a que, a pesar del tiempo transcurrido, el álbum haya logrado una buena acogida en su país, llegando nada menos que al Top 12 como cota más alta. Probablemente más de lo que el trío pretendía, puesto que a lo largo de toda su carrera han antepuesto personalidad y calidad a comercialidad o alineamiento con las modas. El mundo interior de Daughter es cada vez más rico, pero también más accesible, así que los que hasta ahora teníamos dificultades para adentrarnos en su no siempre sencilla propuesta, estamos de enhorabuena. La duda es qué vendrá a partir de ahora: ¿otros siete años de espera? ¿la disolución de la banda? ¿otro disco en solitario de Ex:Re? ¿una pronta vuelta al estudio? Espero sinceramente que se trate de esto último, pues discos con la calidad, la complejidad y la emoción de "Stereo Mind Game" escasean actualmente. Así que espero que hasta pronto, Daughter.
El resultado son doce canciones de un nivel medio muy alto. En su mayor parte de gran sensibilidad, con sentimientos como el fracaso, la auto-destrucción, la melancolía y la esperanza en el futuro como grandes bazas, y con la voz más bien grave y susurrante de Tonra estupendamente acompañada por las cada vez más originales guitarras de Igor Haefeli y las siempre llamativas baterías y percusiones electrónicas de Remi Aguilella. En una propuesta que no busca arrimarse a estilos concretos sino expandirse en busca de una mayor expresividad. Podríamos hablar de un dream-pop de orfebrería electrónica y que no reniega del trip-hop y del folk más contemporáneo, pero limitarnos a eso sería despreciar otros giros y matices. Lo esencial es que, a diferencia de discos anteriores, los aciertos no se limitan a un puñado de temas, sino que abundan prácticamente de principio a fin.
Después de una "Intro" breve y grabada a tan bajo volumen que apenas se escucha, el disco realmente lo abre "Be On Your Way", primer sencillo y seguramente la mejor canción que han creado nunca: un sensible medio tiempo que nos va envolviendo poco a poco conforme los instrumentos van arropando la voz de Tonra. A destacar la sección de cuerda y los teclados en crescendo que rematan cada cuarto compás a partir de la segunda estrofa. La percusión es en sí misma digna de alabanza, y los efectos vocales que preceden a la tercera estrofa, la mejor demostración de que el trío ha apostado por una modernidad bien entendida. La única pega que se le puede poner es que la progresión armónica prácticamente no cambia en los cuatro minutos. Un defecto aplicable también a "Party", tercer corte, segundo sencillo, y también un momentazo incuestionable. Menos etérea y envolvente que su predecesora, su relativamente barroca y acústica instrumentación se adapta perfectamente a su subyugante progresión armónica y a la depresiva interpretación vocal de Tonra, en la cual habla de sus problemas con el alcohol. Además, conforme más guitarras van completando por ambos canales con sus distorsiones y sus arpegios la frase que da título al disco, el tema sigue creciendo. Algo a lo que también contribuye el cambio de la melodía principal, los redobles de batería del tramo final y los dos cortos pero eficaces solos de guitarra. "Dandelion" acelera adecuadamente el tempo, realiza un pequeño giro hacia el folk que tan bien dominan, y ahora sí, cambia de secuencia de acordes entre estrofas y estribillos, construyendo otro momento casi a la altura de los dos anteriores. Una nueva melodía sobre las consecuencias devastadoras de noche y alcohol ayudan a la capacidad evocadora del tema, aunque no tanto como su tramo instrumental con guitarras juguetonas que pueden recordar a los momentos más melancólicos de Death Cab For Cutie.
"Neptune" es el primer tema que baja un poco el nivel, no tanto por su condición de tema lento, sino porque le falta algo más de variación durante su primera mitad. Pero Tonra demuestra que es capaz de cantar subiendo a notas altas, y la forma como van enriqueciendo la composición con efectos que van y vienen, interesante. Pero cuando el trío empieza con las repeticiones de "crowded enough, no light above...", la emoción sube y ya se mantiene alta hasta el final. "Swim back", el siguiente corte, fue escogido hace unos meses como tercer y último sencillo. Los luminosos teclados del comienzo demuestran de nuevo la evolución de la banda, y la contundente sección rítmica los acerca incluso a los momentos más rockeros de artistas como Florence & The Machine. Es cierto que a la melodía de las estrofas les sobra reverberación, que el estribillo es un tanto difícil, y que el tema no crece tanto en su desarrollo como otros, por lo que el resultado no llega al nivel de los dos sencillos anteriores, pero se trata de una canción notable. Aparte de su original título, "Junkmail" nos propone un pop intimista y barroco que a mí me recuerda a los momentos menos aburridos de Kings Of Convenience. Pero la canción resulta un poco monótona estructuralmente, y la melodía de Tonra, demasiado entrecortada. Reconozco que, con su oficio y originalidad a la hora de instrumentarla, el tema llega a buen puerto, pero se trata de uno de los momentos menos brillantes del álbum. Afortunadamente, "Future Lover" limita el pequeño bajón, y para mí es el tercer mejor momento del disco, con su original caja de ritmos, sus texturas distorsionadas, su estribillo claro y definido, unas estrofas preciosas, y un crecimiento instrumental a la altura de muy pocas bandas, con unos arpegios, unas paradas y arrancadas y un bajo realmente meritorios.
"(Missed Calls)" es precisamente eso, cien segundos de spoken word con una instrumentación "Daughter en estado puro", original y extraña a partes iguales. "Isolation", con su sencillo y eficaz arpegio de guitarra acústica y la particular voz de Torna, podría ser un tema de un grupo folk cualquiera, si no fuera por esos detallitos electrónicos que como nenúfares que se mueven sobre el agua, arropan la composición y la llevan a otra dimensión, aunque obviamente sin llegar a los grandes pasajes del disco. El penúltimo corte, "To Rage", es también el penúltimo gran momento. Una originalísima batería, un eficaz bajo en primer plano, dos guitarras, una acústica y otra eléctrica, un teclado que marca constamente los acordes, y la melancólica voz de Tonra, bastan para sustentar unas estrofas plenas de sentimiento. Y aunque por momentos el tema parece que se va a terminar en apenas tres minutos, el apoteósico minuto y medio final pone de manifiesto el excelente momento como instrumentistas del trío. Y el cierre lo pone "Wish I Could Cross the Sea", por supuesto otra buena progresión armónica, con especial protagonismo para los sonidos reproducidos al revés que le sirven de base, logrando una atmósfera de puro trip-hop en el que incluso Elena parece imitar a Beth Gibbons en su parte vocal. El piano y la sección de cuerda de sus sobrecogedores tramos instrumentales son un broche formidable a la vez que una estupenda síntesis de estos cuarenta y cuatro minutos; sólo le falta una melodía un poco más concreta para haber sido otro de los momentos estelares del disco.
Y así se va uno de los sin duda mejores álbumes de lo que llevamos de 2023, con nada menos que ocho momentos recomendables de sus diez canciones completas. Lo cual seguramente ha contribuido a que, a pesar del tiempo transcurrido, el álbum haya logrado una buena acogida en su país, llegando nada menos que al Top 12 como cota más alta. Probablemente más de lo que el trío pretendía, puesto que a lo largo de toda su carrera han antepuesto personalidad y calidad a comercialidad o alineamiento con las modas. El mundo interior de Daughter es cada vez más rico, pero también más accesible, así que los que hasta ahora teníamos dificultades para adentrarnos en su no siempre sencilla propuesta, estamos de enhorabuena. La duda es qué vendrá a partir de ahora: ¿otros siete años de espera? ¿la disolución de la banda? ¿otro disco en solitario de Ex:Re? ¿una pronta vuelta al estudio? Espero sinceramente que se trate de esto último, pues discos con la calidad, la complejidad y la emoción de "Stereo Mind Game" escasean actualmente. Así que espero que hasta pronto, Daughter.
domingo, 20 de agosto de 2023
lllenium - "Illenium" (2023)
A finales del pasado mes de abril ha visto la luz el quinto álbum del DJ y productor estadounidense Illenium, del mismo título que su creador. Nicholas D. Miller parece haber querido de esta forma reivindicar la esencia de su propuesta musical. Que, siendo sinceros, en lo esencial ha venido siendo la misma desde que debutó en formato álbum allá por 2016 con "Ashes". Y esa persistencia en una determinada línea creativa es a la vez su mayor virtud y su mayor defecto. Algo que aplica a todos los álbumes suyos que he reseñado hasta ahora en este humilde blog, y también, por lo tanto, a su última entrega. Esa reiteración en su propuesta de "future bass" ha jugado en su contra durante estos años, pues canciones que individualmente resultaban irreprochables por composición, instrumentación y sensibilidad, acababan fatigando cuando eran secuenciadas unas tras otras en un mismo disco. De hecho, ya en la versión Deluxe de "Fallen Embers" (2021) Miller pareció reaccionar de manera consciente frente a esta reiteración, añadiendo temas vocales con otra estructura, o instrumentales, que daban oxígeno al conjunto. Y afortunadamente en este "Illenium" ha intentado algo similar, si bien dentro de su habitual fórmula clara y reconocible.
En este caso ese intento por oxigenar su quinto álbum ha venido esencialmente de la mano del rock. Un estilo, o más bien un conjunto de estilos, que el americano siempre ha sabido maridar con su "future bass" de cabecera, y que en esta oportunidad ha podido llevar un paso más allá gracias a una serie de colaboradores que se inscriben claramente en las múltiples vertientes del rock. Consiguiendo así camuflar o reflotar un conjunto de composiciones que en su mayoría no pasan de simplemente correctas, probablemente el más discreto de su carrera, y que se deja escuchar en buena medida gracias a su incuestionable oficio con guitarras y programaciones. Lo que no significa, debo aclarar, que estemos ante un mal álbum: su inteligencia creativa, la calidad de sus producciones, su instinto a la hora de colaborar con infinidad de artistas, su gusto por los temas melancólicos e introspectivos, y un par de trallazos dignos de sus mejores álbumes, justifican su reseña por aquí.
El álbum ya se abre con una declaración de intenciones en ese sentido. Porque "Starfall" no es uno de sus temas canónicos: es una canción interpretada en solitario, sin colaboradores, en las que se con las (distorsionadas) partes vocales, y aunque su progresión armónica inicial, arropada por esas cuerdas sintetizadas, es tan melancólica como cabría esperar, su inicial arreglo en forma de balada deja paso, tras un breve tramo "marca de la casa", hacia un vertiginoso tema de electrónica distorsionada, orientada hacia la pista de baile, y que puede recordar a coetános suyos como The Crystal Method. "All that really matters", segundo corte y segundo sencillo que anticipó el álbum hace ya un año, es también uno de sus mejores momentos. En colaboración con el versátil Teddy Swims, es otra más de esas canciones que han hecho de Miller uno de los mejores creadores de los últimos años. Sincera, honesta, bien instrumentada, con una sección de cuerda en su tercio final que aumenta la intensidad... previsible, sí, pero irreprochable. "Worst day", tercer corte y cuarto sencillo, con la participación vocal de su paisano MAX, sí suena más a oficio que a inspiración, y ello a pesar de detalles como ese ritmo binario bien marcado de la segunda estrofa que avisa de lo que van a traer los siguientes temas. "From the ashes", tercer sencillo, con la ecléctica Skylar Grey en la composición y las partes vocales, vuelve a sonar al Illenium de siempre, con sus efectivas guitarras eléctricas en estrofas y estribillos, esos tramos sin percusión, y esos contundentes y a la vez un tanto enrevesados intervalos instrumentales.
"Lifeline", colaboración con el cantante jdxn, ya sí que permite observar sin género de dudas ese maridaje entre "future-bass" y rock: guitarras contundentes, distorsión, tempo alto en algunas fases como en la repetición final del estribillo; incluso la forma de cantar de Hosler es algo más que el pop intimista habitual en Illenium, y sin ser una gran canción, introduce algo de variedad en el conjunto. Aunque para mí la gran canción, y a la vez el giro estilístico que insufla el aire necesario a esta colección de canciones, es "Eyes Wide Shut": junto a la muy venida a menos Avril Lavigne y el baterista de Blink-182 Travis Barker, Illenium crea el mejor tema de post-punk de 2023: corto, directo, rápido, enérgico, con una preciosa melodía vocal bien interpretada, las paradas suficientes, una batería que encaja con los aquí discretos trucos como DJ de Miller, sin duda una de las grandes canciones de este año. Lo inexplicable es que no haya sido escogida como sencillo. Le sigue "Shivering", que el fue el primer sencillo en anticipar el álbum hace ya quince meses. El rock, de la mano ahora de los canadienses Spiritbox, es ahora puro heavy metal a lo Evanescence, pero el conjunto sigue sonando a Illenium gracias a esos sampling vocales, esos crescendos, esos bombos sobredimensionados, y esas partes instrumentales de tempo lento. Más interesante que brillante, en sus cinco minutos hay espacio tanto para delirios chirriantes de electrónica como para lentos arpegios guitarreros. El siguiente tema, "You Were Right", con los para mí desconocidos Wooli & Grabbitz, vuelve a la senda del Illenium más convencional, una canción correcta y aprovechable pero que no aporta nada nuevo.
"Insanity" fue elegido nada menos que como sexto sencillo semanas antes de la publicación del álbum. Una suerte de rock acústico con una interpretación vocal (y una terrible pronunciación, por cierto) a cargo de los para mí desconocidos American Teeth, mejor en su letra que en una música tan bien facturada como insulsa, salvo por la previsible contundencia de su estribillo. Con el décimo corte, "Drwn", Illenium intenta cambiar el tercio: se olvida de colaboradores, y entrega un tema esencialmente instrumental, de cinematografía por momentos apoteósica, repleto de sonidos reproducidos al revés y de tempo particularmente bajo, que sin ser un gran momento cumple su función. "Other side", undécimo corte, en colaboración con el para mí desconocido productor Said The Sky y la cantante Vera Blue, retoma la senda habitual del estadounidense, es decir, otro tema de "future bass" intimista y melancólico que a estas alturas resulta tan correcto como predecible. Después, "I Want You 2 (Stay)" nos devuelve a Illenium en solitario, pero esta vez con un tema a menudo más rápido e indudablemente más interesante que su anterior aventura en solitario, de caja de ritmos distorsionada y bien marcada, y todos los juegos vocales y de samplings que a veces parece que le cuesta mostrar en sus colaboraciones.
El último tramo de este largo álbum lo abre "With All My Heart", séptimo sencillo, en colaboración con el joven cantautor estadounidense JVKE. A pesar de lo cual el tema suena a Illenium de siempre. Sin ser nada del otro jueves, quizá lo más llamativo sea el ritmo original de sus intervalos pseudo-instrumentales, en los que Miller juega a repetir la frase del estribillo con una batería poco habitual. "Back To You", junto a la banda de pop-punk All Time Low, devuelve esas reminiscencias rockeras a las que he aludido ya en varias ocasiones, en especial en la rabiosa interpretación vocal de Alex Gaskarth. Pero eso no es suficiente para pasar a lo más selecto de la discografía de Illenium. Y justo cuando el disco parece que camina hacia un anodino final, la cosa repunta con "Nothing Ever After", el penúltimo corte. Aquí la colaboración con la banda de metalcore Motionless in White sí funciona: el tema es de una contundencia rockera tremenda, con guitarras distorsionadas y voces desabridas que sin embargo casan a la perfección con las programaciones, los crescendos y los efectos de Illenium, como si los mejores Linkin Park hubieran revivido. Y el broche lo pone otro buen momento, "Luv Me A Little". En su momento fue el quinto sencillo, y la voz y la dulzura de la escocesa de Nina Nesbitt entrega tal vez las mejores estrofas de todo el álbum. El estribillo en acordes mayores resulta un poco más previsible, pero sirve para rematar el álbum con un momento ascendente que mejora la impresión final.
Porque está claro que no estamos ante el mejor álbum del estadounidense. Dieciséis temas son demasiados para casi cualquier artista, por muchas colaboraciones que lo justifiquen. Y aquí queda patente una vez más. Con los ocho que yo he destacado, que en el fondo son un montón para cualquier álbum de canciones nuevas, y un par de adiciones bien meditadas habría quedado un disco más ligero y disfrutable. Pero aquí hay exceso de minutaje, un hecho agravado por unos sencillos en su mayoría mal escogidos. En otro orden de cosas, aparte de una mayor contención creativa y un mejor olfato para distinguir las grandes creaciones, Illenium también debería plantearse darle un giro más amplio a su propuesta. Los devaneos rockeros han salvado este disco, pero ventas, crítica y público comienzan a acusar esa evidente reiteración en su fórmula. Sabemos que el estadounidense anda sobrado de talento, por eso aún podemos esperar que en su próxima entrega corrija estos defectos y entregue un disco redondo al cien por cien. Veremos si es así. Nada menos que dieciséis canciones
En este caso ese intento por oxigenar su quinto álbum ha venido esencialmente de la mano del rock. Un estilo, o más bien un conjunto de estilos, que el americano siempre ha sabido maridar con su "future bass" de cabecera, y que en esta oportunidad ha podido llevar un paso más allá gracias a una serie de colaboradores que se inscriben claramente en las múltiples vertientes del rock. Consiguiendo así camuflar o reflotar un conjunto de composiciones que en su mayoría no pasan de simplemente correctas, probablemente el más discreto de su carrera, y que se deja escuchar en buena medida gracias a su incuestionable oficio con guitarras y programaciones. Lo que no significa, debo aclarar, que estemos ante un mal álbum: su inteligencia creativa, la calidad de sus producciones, su instinto a la hora de colaborar con infinidad de artistas, su gusto por los temas melancólicos e introspectivos, y un par de trallazos dignos de sus mejores álbumes, justifican su reseña por aquí.
El álbum ya se abre con una declaración de intenciones en ese sentido. Porque "Starfall" no es uno de sus temas canónicos: es una canción interpretada en solitario, sin colaboradores, en las que se con las (distorsionadas) partes vocales, y aunque su progresión armónica inicial, arropada por esas cuerdas sintetizadas, es tan melancólica como cabría esperar, su inicial arreglo en forma de balada deja paso, tras un breve tramo "marca de la casa", hacia un vertiginoso tema de electrónica distorsionada, orientada hacia la pista de baile, y que puede recordar a coetános suyos como The Crystal Method. "All that really matters", segundo corte y segundo sencillo que anticipó el álbum hace ya un año, es también uno de sus mejores momentos. En colaboración con el versátil Teddy Swims, es otra más de esas canciones que han hecho de Miller uno de los mejores creadores de los últimos años. Sincera, honesta, bien instrumentada, con una sección de cuerda en su tercio final que aumenta la intensidad... previsible, sí, pero irreprochable. "Worst day", tercer corte y cuarto sencillo, con la participación vocal de su paisano MAX, sí suena más a oficio que a inspiración, y ello a pesar de detalles como ese ritmo binario bien marcado de la segunda estrofa que avisa de lo que van a traer los siguientes temas. "From the ashes", tercer sencillo, con la ecléctica Skylar Grey en la composición y las partes vocales, vuelve a sonar al Illenium de siempre, con sus efectivas guitarras eléctricas en estrofas y estribillos, esos tramos sin percusión, y esos contundentes y a la vez un tanto enrevesados intervalos instrumentales.
"Lifeline", colaboración con el cantante jdxn, ya sí que permite observar sin género de dudas ese maridaje entre "future-bass" y rock: guitarras contundentes, distorsión, tempo alto en algunas fases como en la repetición final del estribillo; incluso la forma de cantar de Hosler es algo más que el pop intimista habitual en Illenium, y sin ser una gran canción, introduce algo de variedad en el conjunto. Aunque para mí la gran canción, y a la vez el giro estilístico que insufla el aire necesario a esta colección de canciones, es "Eyes Wide Shut": junto a la muy venida a menos Avril Lavigne y el baterista de Blink-182 Travis Barker, Illenium crea el mejor tema de post-punk de 2023: corto, directo, rápido, enérgico, con una preciosa melodía vocal bien interpretada, las paradas suficientes, una batería que encaja con los aquí discretos trucos como DJ de Miller, sin duda una de las grandes canciones de este año. Lo inexplicable es que no haya sido escogida como sencillo. Le sigue "Shivering", que el fue el primer sencillo en anticipar el álbum hace ya quince meses. El rock, de la mano ahora de los canadienses Spiritbox, es ahora puro heavy metal a lo Evanescence, pero el conjunto sigue sonando a Illenium gracias a esos sampling vocales, esos crescendos, esos bombos sobredimensionados, y esas partes instrumentales de tempo lento. Más interesante que brillante, en sus cinco minutos hay espacio tanto para delirios chirriantes de electrónica como para lentos arpegios guitarreros. El siguiente tema, "You Were Right", con los para mí desconocidos Wooli & Grabbitz, vuelve a la senda del Illenium más convencional, una canción correcta y aprovechable pero que no aporta nada nuevo.
"Insanity" fue elegido nada menos que como sexto sencillo semanas antes de la publicación del álbum. Una suerte de rock acústico con una interpretación vocal (y una terrible pronunciación, por cierto) a cargo de los para mí desconocidos American Teeth, mejor en su letra que en una música tan bien facturada como insulsa, salvo por la previsible contundencia de su estribillo. Con el décimo corte, "Drwn", Illenium intenta cambiar el tercio: se olvida de colaboradores, y entrega un tema esencialmente instrumental, de cinematografía por momentos apoteósica, repleto de sonidos reproducidos al revés y de tempo particularmente bajo, que sin ser un gran momento cumple su función. "Other side", undécimo corte, en colaboración con el para mí desconocido productor Said The Sky y la cantante Vera Blue, retoma la senda habitual del estadounidense, es decir, otro tema de "future bass" intimista y melancólico que a estas alturas resulta tan correcto como predecible. Después, "I Want You 2 (Stay)" nos devuelve a Illenium en solitario, pero esta vez con un tema a menudo más rápido e indudablemente más interesante que su anterior aventura en solitario, de caja de ritmos distorsionada y bien marcada, y todos los juegos vocales y de samplings que a veces parece que le cuesta mostrar en sus colaboraciones.
El último tramo de este largo álbum lo abre "With All My Heart", séptimo sencillo, en colaboración con el joven cantautor estadounidense JVKE. A pesar de lo cual el tema suena a Illenium de siempre. Sin ser nada del otro jueves, quizá lo más llamativo sea el ritmo original de sus intervalos pseudo-instrumentales, en los que Miller juega a repetir la frase del estribillo con una batería poco habitual. "Back To You", junto a la banda de pop-punk All Time Low, devuelve esas reminiscencias rockeras a las que he aludido ya en varias ocasiones, en especial en la rabiosa interpretación vocal de Alex Gaskarth. Pero eso no es suficiente para pasar a lo más selecto de la discografía de Illenium. Y justo cuando el disco parece que camina hacia un anodino final, la cosa repunta con "Nothing Ever After", el penúltimo corte. Aquí la colaboración con la banda de metalcore Motionless in White sí funciona: el tema es de una contundencia rockera tremenda, con guitarras distorsionadas y voces desabridas que sin embargo casan a la perfección con las programaciones, los crescendos y los efectos de Illenium, como si los mejores Linkin Park hubieran revivido. Y el broche lo pone otro buen momento, "Luv Me A Little". En su momento fue el quinto sencillo, y la voz y la dulzura de la escocesa de Nina Nesbitt entrega tal vez las mejores estrofas de todo el álbum. El estribillo en acordes mayores resulta un poco más previsible, pero sirve para rematar el álbum con un momento ascendente que mejora la impresión final.
Porque está claro que no estamos ante el mejor álbum del estadounidense. Dieciséis temas son demasiados para casi cualquier artista, por muchas colaboraciones que lo justifiquen. Y aquí queda patente una vez más. Con los ocho que yo he destacado, que en el fondo son un montón para cualquier álbum de canciones nuevas, y un par de adiciones bien meditadas habría quedado un disco más ligero y disfrutable. Pero aquí hay exceso de minutaje, un hecho agravado por unos sencillos en su mayoría mal escogidos. En otro orden de cosas, aparte de una mayor contención creativa y un mejor olfato para distinguir las grandes creaciones, Illenium también debería plantearse darle un giro más amplio a su propuesta. Los devaneos rockeros han salvado este disco, pero ventas, crítica y público comienzan a acusar esa evidente reiteración en su fórmula. Sabemos que el estadounidense anda sobrado de talento, por eso aún podemos esperar que en su próxima entrega corrija estos defectos y entregue un disco redondo al cien por cien. Veremos si es así. Nada menos que dieciséis canciones
domingo, 16 de julio de 2023
Pet Shop Boys - "Lost" (2023)
Mientras sus seguidores esperan que vea la luz su esperado nuevo álbum, esta vez con la producción del ubicuo James Ford, el dúo británico Pet Shop Boys ha combatido la impaciencia con la reciente publicación de "Lost". Un EP de cuatro canciones (cinco en la versión a la que yo he tenido acceso) que, a diferencia de su anterior EP ("Agenda", 2019) no ha sido grabado en una fase previa a la de facturación del nuevo disco, sino que compila material rescatado de las sesiones de "Super" (2016), con el cual han decidido acompañar la edición de 2023 de su libro "Anually". Así que lo primero que toca preguntarse es si estas canciones se habían quedado almacenadas en una estantería por una buena razón, o si ahora se les ha hecho justicia al publicarlas. Según Neil Tennant, la única razón por la que no habían visto la luz era que no encajaban con el estilo bailable, fastuoso y optimista de "Super", no porque no les gustaran. ¿Debemos creerle?
Pues sí y no. Sí porque entre los cinco cortes encontramos una canción que podría figurar en cualquiera de sus álbumes de estudio. Y porque, además, han podido defender el EP con un sencillo digno, incluso con un videoclip adecuado al mismo, algo poco habitual ya en estos sesentones. Y no porque el nivel medio de las composiciones es solamente discreto, con Tennant y Lowe tirando de oficio, pero sin que se intuya la magia que suele acompañar a sus grandes momentos. Aparte de que se nota que la producción es más bien espartana; no tanto como si se tratara de meras demos, pero sin la opulencia de los doce temas que componían "Super".
El EP lo abre su tema estrella, es decir, el sencillo escogido para presentarlo: "The Lost Room", con su videoclip en blanco y negro hecho a partir de escenas de la película "Young Törless" de 1996, es un medio tiempo de elegante mecanicismo, que rezuma melancolía muy en la línea de su álbum "Behaviour", más certero en sus estrofas que en su estribillo, y en el que Lowe simplemente cumple en la instrumentación, sin que el tema crezca en detalles e instrumentos conforme avanza el minutaje. "I will fall" es el tema que mejor podría haber entrado en "Super": sin ser de tempo muy alto, su bombo marcado y su bajo sincopado lo orientan a la pista de baile. Pero resulta un poquito monótono a nivel melódico, dado que sus estrofas repiten la melodía de sus tramos instrumentales. El estribillo es más un cambio en la progresión armónica que una serie de frases realmente tarareables, y el tramo final no termina de lograr el impacto deseado, por lo que el resultado se queda en simplemente correcto. Lo mejor de "Skeletons in the Closet", el tercer corte, es su título. Por lo demás, su melodía a dos voces en distintas escalas no termina de funcionar, y el ritmo, con su doble caja en cada segunda repetición, resulta inquietantemente simple, más propio de una demo que de una canción ya terminada. Sólo el estribillo nos recuerda que estamos ante un tema de Pet Shop Boys. "Kaputnik" es en mi opinión el tema más flojo del EP: suena a Pet Shop Boys... en horas bajas. Las estrofas son simplemente dos frases repetidas unas cuantas veces, y el estribillo es una machacona reiteración de la frase que da título al tema. Tampoco la instrumentación llama la atención, y las partes declamadas por Tennant resultan tan efectivas como ya conocidas.
Dejo para un nuevo párrafo la canción que justifica la reseña de "Lost" en este humilde blog: "Living in the past" es una gran balada, que mira de tú a tú a cualquiera de las entregadas por los ingleses en sus cuarenta años de carrera. Presidida por el inevitable piano, su certera progresión armónica sirve de base para una preciosa melodía que Tennant interpreta como pocas veces, incluso desgarrando su voz en la subyugante tercera estrofa. El teclado sintetizado a modo de strings que lleva los acordes siempre funciona en estos casos, y la parte nueva, elaborada e intensa a partes iguales, ayuda al tema a no dejar de crecer, pese a no incorporar ni un solo instrumento de percusión. Por eso, si se hacen con este EP, busquen la versión que la contiene; les justificará la compra. En caso contrario, estarán ante una entrega menor de un dúo del que nadie espera a estas alturas que brille como hace veinticinco años, pero del que sabemos posee aún el suficiente talento como para publicar cosas más interesantes.
Pues sí y no. Sí porque entre los cinco cortes encontramos una canción que podría figurar en cualquiera de sus álbumes de estudio. Y porque, además, han podido defender el EP con un sencillo digno, incluso con un videoclip adecuado al mismo, algo poco habitual ya en estos sesentones. Y no porque el nivel medio de las composiciones es solamente discreto, con Tennant y Lowe tirando de oficio, pero sin que se intuya la magia que suele acompañar a sus grandes momentos. Aparte de que se nota que la producción es más bien espartana; no tanto como si se tratara de meras demos, pero sin la opulencia de los doce temas que componían "Super".
El EP lo abre su tema estrella, es decir, el sencillo escogido para presentarlo: "The Lost Room", con su videoclip en blanco y negro hecho a partir de escenas de la película "Young Törless" de 1996, es un medio tiempo de elegante mecanicismo, que rezuma melancolía muy en la línea de su álbum "Behaviour", más certero en sus estrofas que en su estribillo, y en el que Lowe simplemente cumple en la instrumentación, sin que el tema crezca en detalles e instrumentos conforme avanza el minutaje. "I will fall" es el tema que mejor podría haber entrado en "Super": sin ser de tempo muy alto, su bombo marcado y su bajo sincopado lo orientan a la pista de baile. Pero resulta un poquito monótono a nivel melódico, dado que sus estrofas repiten la melodía de sus tramos instrumentales. El estribillo es más un cambio en la progresión armónica que una serie de frases realmente tarareables, y el tramo final no termina de lograr el impacto deseado, por lo que el resultado se queda en simplemente correcto. Lo mejor de "Skeletons in the Closet", el tercer corte, es su título. Por lo demás, su melodía a dos voces en distintas escalas no termina de funcionar, y el ritmo, con su doble caja en cada segunda repetición, resulta inquietantemente simple, más propio de una demo que de una canción ya terminada. Sólo el estribillo nos recuerda que estamos ante un tema de Pet Shop Boys. "Kaputnik" es en mi opinión el tema más flojo del EP: suena a Pet Shop Boys... en horas bajas. Las estrofas son simplemente dos frases repetidas unas cuantas veces, y el estribillo es una machacona reiteración de la frase que da título al tema. Tampoco la instrumentación llama la atención, y las partes declamadas por Tennant resultan tan efectivas como ya conocidas.
Dejo para un nuevo párrafo la canción que justifica la reseña de "Lost" en este humilde blog: "Living in the past" es una gran balada, que mira de tú a tú a cualquiera de las entregadas por los ingleses en sus cuarenta años de carrera. Presidida por el inevitable piano, su certera progresión armónica sirve de base para una preciosa melodía que Tennant interpreta como pocas veces, incluso desgarrando su voz en la subyugante tercera estrofa. El teclado sintetizado a modo de strings que lleva los acordes siempre funciona en estos casos, y la parte nueva, elaborada e intensa a partes iguales, ayuda al tema a no dejar de crecer, pese a no incorporar ni un solo instrumento de percusión. Por eso, si se hacen con este EP, busquen la versión que la contiene; les justificará la compra. En caso contrario, estarán ante una entrega menor de un dúo del que nadie espera a estas alturas que brille como hace veinticinco años, pero del que sabemos posee aún el suficiente talento como para publicar cosas más interesantes.
domingo, 11 de junio de 2023
Taylor Jenzen - "I Live In Patterns" (2023)
Hoy traigo a este humilde blog el debut en formato álbum de una nueva artista: la canadiense originaria de Winnipeg Taylor Jenzen. Una perfecta desconocida por estos lares, que después de haber llamado la atención del mundillo musical alternativo con un par de EPs publicados al principio de la década, ha confirmado los mejores augurios con este "I Live In Patterns", un álbum cohesionado y lleno de talento de principio a fin.
El indie rock melancólico e intimista que propone la canadiense es un territorio muy trillado desde hace décadas, por lo que conseguir insuflarle originalidad y frescura resulta francamente complicado. Aunque no en manos de Jenzen, quien sabe sonar personal y a la vez rehuir de un excesivo convencionalismo en su música. Porque por supuesto en el álbum podrán encontrar, como imaginan, desazón, guitarras acústicas, medios tiempos y excelentes interpretaciones vocales. Pero también instrumentaciones originales y detalles contemporáneos, suficiente variedad estilística y, sobre todo, unas progresiones armónicas lo suficientemente inspiradas como para que las melodías principales fluyan con una naturalidad más propia de un artista consolidado que de una debutante como ella.
El disco lo abre "Sunday Morning", curiosamente su tema más corto y etéreo: la steel guitar en primer plano, la voz doblada de Jensen, y esa atmósfera entre perezosa e introspectiva de los domingos por la mañana, junto con la casi total ausencia de instrumentos de percusión, y la rabia que despliega a partir de la segunda estrofa, la convierten en un poco habitual y sin embargo eficaz momento para predisponer al melómano a lo que se va a encontrar a partir de entonces. Comenzando por "Fingers crossed", un medio tiempo tan brillante que sorprende que no haya sido escogido (aún) como sencillo: unos samplings vocales y una caja de ritmos arrastrada y un tanto distorsionada dan paso a unas estrofas meritorias, ensalzadas por una voz mecánica que pasa casi inapreciada, antes de llegar a un precioso estribillo, tan tarareable como doloroso. El resto es jugar sabiamente con los elementos puestos en juego, desde los originales teclados sincopados que aparecen bien entrado el tema hasta la parada previa a la repetición final del estribillo. "Push It Down", tercer corte, fue el primer sencillo en anticipar el álbum hace un año: otro medio tiempo que puede recordar a los momentos más melancólicos de Alanis Morissette, aunque con una interpretación menos histriónica. Ritmo binario muy marcado, bajo al frente, originales sintetizadores rellenando huecos y otro fantástico estribillo para sostener una canción que ya anticipaba el excelente momento creativo de la cantautora. "Nightmare" ha sido recientemente escogida como quinto sencillo, y probablemente sea mi tema favorito del disco. El bajo que lo abre sería más propio de una tema de pop bailable de Sia o de Lady Gaga, y sin embargo da paso a un medio tiempo de originalísima percusión, cuyas crudas estrofas a dos voces, arropadas por esas guitarras distorsionadas, contrastan con un estribillo sinfónico, cuya repetición del título acaba por hacer añicos la sensibilidad del melómano. Por si fuera poco, la larguísima parte nueva lleva al tema a otra dimensión.
El festival continúa con "I Live In Patterns", esta vez interpretada por Jenzen en solitario, aunque el enlace que adjunto corresponde al undécimo y último corte, con la colaboración de Alix Page. Cuarto sencillo extraído, se trata de otra preciosa progresión armónica con la voz de Jenzen sobre dos guitarras acústicas en unas estrofas tan redondas que parecen una versión, y de pronto la sorpresa del ritmo alto marcado por el bombo. La melodía del estribillo consigue no bajar el nivel, y los medidos pero perceptibles efectos tanto instrumentales como en las voces a partir de entonces alejan el resultado del convencionalismo impersonal. "Something Better", el sexto corte, fue también escogida como segundo sencillo hace ya ocho meses. Una nueva melodía intimista sobre guitarra acústica que demuestra la calidad de la composición, y que en seguida da paso a una batería programada que genera un bonito contraste. El contudente estribillo complementa muy bien la interpretación vocal de Jenzen, que pasa de la delicadeza a la furia. En la segunda estrofa nuevos instrumentos y pequeños detalles como ese teclado que apenas se atreve a sonar ayudan al tema a seguir creciendo. "Hotline" quizá resulta el momento menos inspirado del disco. No tanto por los parámetros que la delimitan, que siguen siendo los del resto del álbum, sino porque se arrima más a una balada convencional, y pierde algo de personalidad con esas estrofas tan largas.
El último tercio del disco lo inaugura la estupenda "Designated Driver", que fue seleccionada como segundo sencillo del álbum hace ya casi un año. Otro medio tiempo de ritmo marcado, de meritorias estrofas con un originalísimo bajo, y un estribillo taraeble y sin embargo hiriente con esas repeticiones finales de una frase tan dañina como "You love this dying part of me". La parte nueva, otra vez sostenida por ese bajo slap, lleva al tema a otro nivel con su melodía de enrabietadas notas altas y la forma como poco a poco se van añadiendo instrumentos y voces dobladas. "Patience" es, por fin, ese baladón sostenida por voz y piano que ya se hacía de rogar. Afortunadamente rehúye de edulcorantes y añade efectos etéreos para arropar la formidable interpretación vocal de Jenzen, a la que sólo le sobran algunas voces dobladas que sólo le restan pegada. Y, excepción hecha de la revisión de "I Live In Patterns", el álbum lo cierra "It's Alright". Hubiera sido más adecuado un tema de tempo más alto y sentimientos menos melancólicos, pues al abundar en la propuesta de "Patience", pierde injustamente relevancia, pues se trata de una buena composición, más rica en instrumentos que la anterior, con una interesante coda final, y que en otra ubicación del tracklist habría brillado más.
Pese a que el álbum no se cierre por todo lo alto como habría merecido, son nada menos que siete de los diez temas los que poseen el nivel suficiente como para haber incluido los enlaces a Youtube. Y ello habla bien a las claras del notable nivel medio del conjunto. Sólo falta que, de alguna forma, Jenzen pueda encontrar la forma de llamar la atención dentro del siempre complicado circuito alternativo, para así aumentar la repercusión de su propuesta. Para que más pronto que tarde haya una siguiente entrega que le dé continuidad a su carrera, a ser posible sin caer en los convencionalismos que siempre amenazan este tipo de propuestas.
El indie rock melancólico e intimista que propone la canadiense es un territorio muy trillado desde hace décadas, por lo que conseguir insuflarle originalidad y frescura resulta francamente complicado. Aunque no en manos de Jenzen, quien sabe sonar personal y a la vez rehuir de un excesivo convencionalismo en su música. Porque por supuesto en el álbum podrán encontrar, como imaginan, desazón, guitarras acústicas, medios tiempos y excelentes interpretaciones vocales. Pero también instrumentaciones originales y detalles contemporáneos, suficiente variedad estilística y, sobre todo, unas progresiones armónicas lo suficientemente inspiradas como para que las melodías principales fluyan con una naturalidad más propia de un artista consolidado que de una debutante como ella.
El disco lo abre "Sunday Morning", curiosamente su tema más corto y etéreo: la steel guitar en primer plano, la voz doblada de Jensen, y esa atmósfera entre perezosa e introspectiva de los domingos por la mañana, junto con la casi total ausencia de instrumentos de percusión, y la rabia que despliega a partir de la segunda estrofa, la convierten en un poco habitual y sin embargo eficaz momento para predisponer al melómano a lo que se va a encontrar a partir de entonces. Comenzando por "Fingers crossed", un medio tiempo tan brillante que sorprende que no haya sido escogido (aún) como sencillo: unos samplings vocales y una caja de ritmos arrastrada y un tanto distorsionada dan paso a unas estrofas meritorias, ensalzadas por una voz mecánica que pasa casi inapreciada, antes de llegar a un precioso estribillo, tan tarareable como doloroso. El resto es jugar sabiamente con los elementos puestos en juego, desde los originales teclados sincopados que aparecen bien entrado el tema hasta la parada previa a la repetición final del estribillo. "Push It Down", tercer corte, fue el primer sencillo en anticipar el álbum hace un año: otro medio tiempo que puede recordar a los momentos más melancólicos de Alanis Morissette, aunque con una interpretación menos histriónica. Ritmo binario muy marcado, bajo al frente, originales sintetizadores rellenando huecos y otro fantástico estribillo para sostener una canción que ya anticipaba el excelente momento creativo de la cantautora. "Nightmare" ha sido recientemente escogida como quinto sencillo, y probablemente sea mi tema favorito del disco. El bajo que lo abre sería más propio de una tema de pop bailable de Sia o de Lady Gaga, y sin embargo da paso a un medio tiempo de originalísima percusión, cuyas crudas estrofas a dos voces, arropadas por esas guitarras distorsionadas, contrastan con un estribillo sinfónico, cuya repetición del título acaba por hacer añicos la sensibilidad del melómano. Por si fuera poco, la larguísima parte nueva lleva al tema a otra dimensión.
El festival continúa con "I Live In Patterns", esta vez interpretada por Jenzen en solitario, aunque el enlace que adjunto corresponde al undécimo y último corte, con la colaboración de Alix Page. Cuarto sencillo extraído, se trata de otra preciosa progresión armónica con la voz de Jenzen sobre dos guitarras acústicas en unas estrofas tan redondas que parecen una versión, y de pronto la sorpresa del ritmo alto marcado por el bombo. La melodía del estribillo consigue no bajar el nivel, y los medidos pero perceptibles efectos tanto instrumentales como en las voces a partir de entonces alejan el resultado del convencionalismo impersonal. "Something Better", el sexto corte, fue también escogida como segundo sencillo hace ya ocho meses. Una nueva melodía intimista sobre guitarra acústica que demuestra la calidad de la composición, y que en seguida da paso a una batería programada que genera un bonito contraste. El contudente estribillo complementa muy bien la interpretación vocal de Jenzen, que pasa de la delicadeza a la furia. En la segunda estrofa nuevos instrumentos y pequeños detalles como ese teclado que apenas se atreve a sonar ayudan al tema a seguir creciendo. "Hotline" quizá resulta el momento menos inspirado del disco. No tanto por los parámetros que la delimitan, que siguen siendo los del resto del álbum, sino porque se arrima más a una balada convencional, y pierde algo de personalidad con esas estrofas tan largas.
El último tercio del disco lo inaugura la estupenda "Designated Driver", que fue seleccionada como segundo sencillo del álbum hace ya casi un año. Otro medio tiempo de ritmo marcado, de meritorias estrofas con un originalísimo bajo, y un estribillo taraeble y sin embargo hiriente con esas repeticiones finales de una frase tan dañina como "You love this dying part of me". La parte nueva, otra vez sostenida por ese bajo slap, lleva al tema a otro nivel con su melodía de enrabietadas notas altas y la forma como poco a poco se van añadiendo instrumentos y voces dobladas. "Patience" es, por fin, ese baladón sostenida por voz y piano que ya se hacía de rogar. Afortunadamente rehúye de edulcorantes y añade efectos etéreos para arropar la formidable interpretación vocal de Jenzen, a la que sólo le sobran algunas voces dobladas que sólo le restan pegada. Y, excepción hecha de la revisión de "I Live In Patterns", el álbum lo cierra "It's Alright". Hubiera sido más adecuado un tema de tempo más alto y sentimientos menos melancólicos, pues al abundar en la propuesta de "Patience", pierde injustamente relevancia, pues se trata de una buena composición, más rica en instrumentos que la anterior, con una interesante coda final, y que en otra ubicación del tracklist habría brillado más.
Pese a que el álbum no se cierre por todo lo alto como habría merecido, son nada menos que siete de los diez temas los que poseen el nivel suficiente como para haber incluido los enlaces a Youtube. Y ello habla bien a las claras del notable nivel medio del conjunto. Sólo falta que, de alguna forma, Jenzen pueda encontrar la forma de llamar la atención dentro del siempre complicado circuito alternativo, para así aumentar la repercusión de su propuesta. Para que más pronto que tarde haya una siguiente entrega que le dé continuidad a su carrera, a ser posible sin caer en los convencionalismos que siempre amenazan este tipo de propuestas.
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