Hoy les traigo la reseña del segundo álbum de Somebody's Child, es decir, el alter ago del irlandés Cian Godfrey. Quien en esta nueva entrega ha mantenido una banda estable para acompañarle, formada por baterista, bajista, guitarrista y teclista, los cuales le confieren homogeneidad a los once temas que encierra el disco y lo emparentan con su primera entrega. De suerte que "When Youth Fades Away" funciona como la consolidación natural de su debut (ese "Somebody's Child" que ya reseñé en este mismo blog) y evita los riesgos asociados al siempre difícil segundo álbum. Todo lo cual es positivo, porque era evidente que a los irlandeses aún les quedaba camino por transitar en esa mezcla de indie-rock inglés y pop irlándes con garra y bien instrumentado con el que llamaron la atención en el siempre interesante circuito dublinés hace unas cuantas temporadas. Y que afortunadamente han recorrido con un puñado de buenas composiciones bajo el brazo.
Porque no debemos engañarnos: bandas como Somebody's Child las ha habido desde hace décadas, y las sigue habiendo a montones, por lo que no bastan unas buenas cualidades vocales (que Godfrey las tiene), la solvencia como instrumentistas, o una honestidad incuestionable para abrirse camino entre todas ellas. Lo esencial es que su propuesta se sustente en un puñado de buenas canciones. Y aunque no todas las que encierra "When Youth Fades Away" rayan a la misma altura, puedo adelantarles no hay ninguna que desmerezca a las otras, por lo que su escucha se convierte para todos los que aprecian el pop y el rock sin fisura en un rato agradable, ciertamente sin sorpresas pero con buenas dosis de sentimiento. Que no aburrimiento.
Y es que el disco deja claro desde su mismo comienzo que Godfrey rehúye de esa temida madurez que suele implicar aburguesamiento, manteniendo en cambio su apuesta por un rock con nervio: "The Kid", el tema que lo abre, son cerca de seis minutos de tempo alto que arrancan con un minuto instrumental de batería potente y guitarras contundentes que se mantendrán hasta el final. Se trata de una composición de estrofas largas, que dosifica la aparición de un estribillo sencillo pero eficaz. La parada instrumental cerca del final para coger nuevas energías antes del solo de guitarra eléctrica es quizá lo más reseñable de un pasaje notable y que pone el listón alto para lo que pueda venir después. Algo a lo que intenta responder "Last Night I Held Your Head", segundo sencillo extraído hace unos meses. Aunque no lo consigue del todo. No por su propuesta, sino por un estribillo agradable pero un poco previsible. A cambio, la pulsión rockera, unas interesantes estrofas y, sobre todo, una larga y cautivadora parte nueva, sostienen el conjunto. Sin olvidarnos de los teclados simples pero luminosos que ponen el contrapunto a la electricidad generada por guitarras y bajo. En todo caso, prefiero "Porcelain (Losing All My Patience)", tercer corte, también tercer sencillo, y mi momento favorito del disco. Más melancólico que sus dos precedesoras, su evocadora letra sobre el final de la juventud, su progresión armónica con predominio de acordes menores, un precioso y difícil de interpretar estribillo, y la desazón que traslada Godfrey cuando repite que está perdiendo toda su paciencia, la convierten en uno de los mejores himnos de indie-pop en lo que llevamos de temporada. Porque además el arreglo es rico y preciosista a partes iguales, con múltiples detalles a descubrir en repetidas escuchas, como los arpegios de guitarra por cada canal a partir de la segunda estrofa, o la percusión adicional en las repeticiones de los estribillos. "When Youth Fades Away" es la canción que da título al disco, y por lo tanto, uno de sus esperables momentos álgidos. Siguen aquí presente el tempo alto, la contundencia y los teclados que complementan la energía de los instrumentos de cuerda de los momentos anteriores. Y el estribillo no defrauda, generando una melancolía similar a la de su anterior corte, y con unas repeticiones finales deliciosas. Pero las estrofas son simplemente correctas (sobre todo la segunda), el enlace con el estribillo podía haber sido más fluido y el tramo final se hace un poquito largo. De todas formas, se trata de un buen momento.
Con "New Orleans" sucede algo curioso, pues todo apunta a que nos encontramos frente a la gran balada del disco: una bonita progresión armónica, un discreto piano, redoble de batería, melodía coral cantada en varios tonos, una letra sugerente... Pero por alguna razón, Godfrey renuncia a desarrollarla y la termina justo cuando debería empezar la segunda estrofa. Una decisión arriesgada, y desafortunada desde mi punto de vista porque había mimbres para haber creado la mejor canción del álbum. "Wall Street", el sexto corte, es el primero de una serie de temas agradables pero que no aporta demasiado a lo ya escuchado. Quizá lo más acertado del mismo sea su bonito estribillo y la forma como el teclado lo realza sin requerir protagonismo alguno, así como la manera en la que la instrumentación va creciendo a lo largo de su minutaje. "My Mind Is On Fire", tras el comienzo más sintético del álbum, insiste en el omnipresente asunto del cambio de década de Godfrey, pero lo hace sobre una composición más reposada... hasta que finaliza su primer estribillo. Luego la contundencia irá yendo y viniendo, pero lo destacable no llega hasta que comienza ese adictivo arpegio de guitarra al que posteriormente se incorporarán una serie de voces para darle ese matiz épico que tanto les gusta a los irlandeses. "Irish Goodbye" es uno de los temas más destacables de aquellos que no han visto la luz en formato sencillo. Algo que resulta evidente desde su comienzo, un sugestivo tramo instrumental. A las estrofas seguramente les falte hilazón (Godfrey lo suple con oficio interpretativo), pero el estribillo es bonito en el mejor sentido del término, y especialmente el segundo estribillo a dos voces que escuchamos a partir del tercer minuto transmite mucho sentimiento.
"The Waterside", el antepenúltimo corte, es tal vez el más diferente del conjunto. Ahora sí un tema lento de principio a fin, aunque más que de balada casi podríamos hablar de un lento tenebroso, por esa atmósfera oscura que generan voz y guitarra principal interpretando la misma melodía, y que atrapa al melómano para no soltarlo hasta el final. La singular forma en la que la batería enriquece el conjunto sin trastocarlo demuestra su habilidad para hacer crecer sus composiciones. Y otro sencillo solo de guitarra eléctrica distorsionada basta para rematar el conjunto. "Life Will Go On", mi segundo momento favorito del disco, es un medio tiempo que busca la épica desde su mismo comienzo, tanto en sus teclados etéreos como en la peculiar y acertada forma como la caja de la batería redobla cada golpe. A diferencia de otras canciones del álbum, estrofas y estribillos rayan a la misma altura (hasta el punto de que no son sencillas de diferenciar), y no paran de suceder cosas de principio a fin, incluyendo, por supuesto, la previsible frenada y el tramo casi exclusivamente vocal con el que termina. Y el cierre lo pone el primer sencillo extraído, que anticipó el disco hace ya más de medio año. Ubicar "Time Of My Life" al final del álbum tiene una triple lectura: la mejor intencionada es que no lo necesitan para sostener el resto de composiciones; la segunda, y seguramente la menos acertada, es que su propuesta difiere en exceso de la del resto de cortes; y la tercera, y creo que la correcta, es que se trata de un tema demasiado del montón como para haber acarreado la misión de devolverles a la actualidad y, conscientes de su error, lo esconden ahora deliberadamente. Porque no hay nada que reprocharle a sus cuatro minutos, pero tampoco nada que no hayamos escuchado ya, de manera que el cierre del disco resulta un tanto anodino.
Aun cuando el balance es netamente favorable (por eso les he traído el álbum por aquí), es obvio que no estamos ante un álbum perfecto. Probablemente Falta algún tema estrella más que tire del conjunto, y eso es algo peligroso si como parece los irlandeses quieren que la suya sea una propuesta a largo plazo, pues no les sobran. También se echa de menos una mejor vocalización (Godfrey debería tener en cuenta que no todo su público va a ser de Irlanda, y por tanto no estaría de más un mayor esfuerzo porque sus elaborados textos se entiendan). A pesar de su riqueza instrumental, también convendría que el sonido fuera un poco más nítido para apreciar mejor sus detalles instrumentales. O incluso una mayor variación estilística entre sus canciones, dado que algunas pueden llegar a confundirse con otras. Aun así, en estos casi cuarenta y dos minutos hay material suficiente para justificar su escucha y darles un voto de confianza de cara al futuro. Veremos qué nos ofrecen en un par de temporadadas.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
Mostrando entradas con la etiqueta Somebody's Child. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Somebody's Child. Mostrar todas las entradas
miércoles, 13 de agosto de 2025
domingo, 22 de octubre de 2023
Somebody's Child - "Somebody's child" (2023)
Hoy les traigo por aquí el debut en formato álbum de un nuevo proyecto musical. Se trata de los dublineses Somebody's Child, quienes el pasado enero publicaron su disco del mismo título. Aunque casi debería hablar del proyecto en solitario de su vocalista y fundador, Cian Godfrey, dado que así es como arrancó hace unos años. Aunque ahora se halla arropado por una banda estable compuesta por baterista, bajista, guitarrista y teclista, que le confieren homogeneidad a su sonido. Durante las primeras escuchas a comienzos de año me llamó la atención su solidez compositiva e interpretativa, pero me pareció que le faltaba algo de originalidad. Sin embargo, sucesivas escuchas me permitieron apreciar mejor el estupendo trabajo que realizan todos los músicos, así como las impecables interpretaciones de Godfrey. Así que, con cierto retraso, aquí les ofrezco la reseña de una de las novedades que más me han llamado la atención de este 2023 que poco a poco se va acercando a su final.
La propuesta de los irlandeses tiende más hacia el rock que hacia el pop, con un sonido reconocible y característico a través de los once temas que lo conforman. Pero ello no está reñido con unas melodías muy elaboradas, ni con unas progresiones armónicas que van mucho más allá de unos cuantos acordes en quintas. Salvo alguna excepción, sus temas oscilan entre los medios tiempos y los de tempo alto, ambiciosos, conocedores del oficio del rock pero capaces de no sonar exclusivamente a recreación de otras propuestas. Con el mérito que tiene algo así en un panorama tan trillado como el que transitan.
"You Know What" da una buena idea de lo que nos podemos encontrar en el álbum: música rock de instrumentación contundente, y muy bien interpretado por Godfrey. El arpegio de guitarra sostiene tanto las partes instrumentales como el estribillo, que por esa razón hay que reconocer que queda un tanto simple, y la original parte nueva instrumental genera un remanso de placidez antes del enérgico tramo final. Ligeramente superior me parece "I Need Ya", el segundo corte y también cuarto sencillo: los irlandeses suben el tempo, vuelven a anclar el tema con un meritorio arpegio de guitarra, que luego irán enriqueciendo con otros arpegios a partir de la segunda estrofa. El sencillo estribillo guarda la sorpresa de sus repeticiones corales al final, con una energía y una rotundidad que seguramente recuerde a los primeros discos de The Artic Monkeys, aunque con un mayor componente melódico. "Hold Me Like You Wanna" es la revisitación de uno de los primeros temas que publicó Godfrey cuando Somebody's Child era más su proyecto personal que una banda consolidada. Nuevamente lo que llama la atención es la capacidad de ofrecer una elaborada melodía, muy bien interpretada, que encaja perfectamente en un medio tiempo de instrumentación rockera, aunque sin rehuir los sintetizadores. Las guitarras siguen rayando a un nivel muy alto, y ahora el estribillo sí es algo más que una mera frase repetida una y otra vez. "Sell Out" fue escogido hace justo un año como segundo sencillo, si bien en realidad otros temas del álbum ya habían sido publicado antes en ese formato, como explicaré en seguida. Otra vez la rapidez y la contundencia de quienes quieren comerse el mundo es perceptible en este tema de meritorias estrofas (con un llamativo cambio en sus notas de la primera a la segunda estrofa) y trallazos de guitarra en los abundantes intervalos instrumentales.
El quinto corte, "Broken Record", fue escogido en su momento como primer sencillo. Unas estrofas intimistas, relativamente poco instrumentadas, y un estribillo en el que sueltan toda la rabia acumulada, hasta dar paso a una parte nueva coral y mesiánica a partes iguales, que si en algún momento lograran alcanzar el éxito masivo, sería apta para corear en grandes recintos. "Give It Up To Love" es una de las canciones más lentas del disco, aunque tal vez hablar de balada sea demasiado: el precioso arpegio de guitarra en acordes menores de su comienzo da paso a la fantástica melodía que interpreta Godfrey, capaz de bajar y subir por las escalas con una soltura envidiable. El estribillo vuelve a ser un tanto simple, pero no desentona de la melancólica del conjunto (sobre todo cuando lo complementan con segundas voces y un juguetón teclado). La reglamentaria parte nueva para el tema y nos propone un bucle del que emerge la breve pero disfrutable parte instrumental. "How Long" tal vez sea el momento menos inspirado del álbum: un medio tiempo de ambientación muy estadounidense, y quizá esa relativa impostura es la que le hace bajar un escalón respecto a sus predecesoras. "What I Said" nos propone otra estupenda melodía en las estrofas, apoyadas esta vez en un teclado sinfónico además de en el habitual arpegio de guitarra. La pena es que el estribillo, con su ritmo frenado artificiosamente, baje un poco el listón. Tampoco su coda final, más trabajada que inspirada, y un poco larga, ayudan demasiado. Quizá en otro lugar del álbum, como punto de inflexión frente tanta energía y tanto tempo alto, habría brillado un poco más.
Con buen criterio, la banda busca y consigue que el último tercio del disco sea también el más brillante, mejorando si cabe la impresión global. El noveno corte, "Stay", es un saludable ejercicio de pop-rock con un punto luminoso y optimista, que en las estrofas resiste con el tradicional esquema de voz, bajo y batería, con puntuales apariciones de la guitarra, y que tras un breve parón, nos ofrece un estribillo coral, predisponiéndonos así para los dos mejores pasajes del álbum: "Jungle" fue uno de los primeros sencillos de Godfrey en solitario, allá por 2019, y la reinterpretación que realiza para su inclusión en el álbum logra incluso hacerlo más brillante que entonces. El arpegio de guitarra con el que arranca suena a clásico desde los primeros compases, las estrofas tienen esa melodía parsimoniosa que la hace apoteósica, y el estribillo reutiliza el arpegio con inteligencia. El resto es apreciar lo bien que se adapta la batería a las distintas partes, los disfrutables interludios instrumentales con la steel guitar en primer plano, y el fantástico tramo final con todos los miembros de la banda disfrutando con la ejecución de sus instrumentos. Y el cierre lo pone "We Could Start A War", escogido como tercer sencillo aunque en realidad vuelve a tratarse de una reinterpretación de otro de los primeros sencillos de Godfrey. Su largo y reposado comienzo, casi un minuto solamente con voz y guitarra, no anticipa toda la rapidez y contudencia que explota a continuación como parte de una fantástica canción en la que esta vez la guitarra cede parte del lucimiento al sensacional teclado que puntea los estribillos. Las estrofas llaman la atención por su complejidad y su riqueza creativa, y el tramo final resalta una vez más la solvencia de la banda para llevar a la apoteosis las repeticiones finales del estribillo.
Aunque es cierto que la mayoría de los mejores momentos del disco son en realidad revisiones de temas ya publicados hace unos años, en tanto que los creados expresamente para este disco tienden a estar un escalón por debajo, el álbum resulta disfrutable de principio a fin. Porque no es sencillo encontrar casi ningún álbum de guitarras en este 2023 con una proporción tan elevada de grandes momentos. Siendo como son irlandeses, su energía y manera de interpretar pueden recordar en determinados momentos a los primeros tiempos de U2 (aunque con un sonido más pulido y actualizado), pero lo cierto es que la banda posee una personalidad propia, respetuosa con la tradición del buen rock irlandés, que no se rinde a las modas pero, al mismo tiempo, tampoco suena demasiado clásicos La pena es que su repercusión haya sido tan minoritaria que ni siquiera hayan conseguido una página propia de referencia en la Wikipedia. En fin, ya saben cómo está el panorama musical actualmente, con tantas mediocridades encumbradas y tantos artistas con talento y ganas de triunfar y sin apenas oportunidades para ello. Así que espero que esta reseña permita aumentar aunque sea mínimamente su difusión.
La propuesta de los irlandeses tiende más hacia el rock que hacia el pop, con un sonido reconocible y característico a través de los once temas que lo conforman. Pero ello no está reñido con unas melodías muy elaboradas, ni con unas progresiones armónicas que van mucho más allá de unos cuantos acordes en quintas. Salvo alguna excepción, sus temas oscilan entre los medios tiempos y los de tempo alto, ambiciosos, conocedores del oficio del rock pero capaces de no sonar exclusivamente a recreación de otras propuestas. Con el mérito que tiene algo así en un panorama tan trillado como el que transitan.
"You Know What" da una buena idea de lo que nos podemos encontrar en el álbum: música rock de instrumentación contundente, y muy bien interpretado por Godfrey. El arpegio de guitarra sostiene tanto las partes instrumentales como el estribillo, que por esa razón hay que reconocer que queda un tanto simple, y la original parte nueva instrumental genera un remanso de placidez antes del enérgico tramo final. Ligeramente superior me parece "I Need Ya", el segundo corte y también cuarto sencillo: los irlandeses suben el tempo, vuelven a anclar el tema con un meritorio arpegio de guitarra, que luego irán enriqueciendo con otros arpegios a partir de la segunda estrofa. El sencillo estribillo guarda la sorpresa de sus repeticiones corales al final, con una energía y una rotundidad que seguramente recuerde a los primeros discos de The Artic Monkeys, aunque con un mayor componente melódico. "Hold Me Like You Wanna" es la revisitación de uno de los primeros temas que publicó Godfrey cuando Somebody's Child era más su proyecto personal que una banda consolidada. Nuevamente lo que llama la atención es la capacidad de ofrecer una elaborada melodía, muy bien interpretada, que encaja perfectamente en un medio tiempo de instrumentación rockera, aunque sin rehuir los sintetizadores. Las guitarras siguen rayando a un nivel muy alto, y ahora el estribillo sí es algo más que una mera frase repetida una y otra vez. "Sell Out" fue escogido hace justo un año como segundo sencillo, si bien en realidad otros temas del álbum ya habían sido publicado antes en ese formato, como explicaré en seguida. Otra vez la rapidez y la contundencia de quienes quieren comerse el mundo es perceptible en este tema de meritorias estrofas (con un llamativo cambio en sus notas de la primera a la segunda estrofa) y trallazos de guitarra en los abundantes intervalos instrumentales.
El quinto corte, "Broken Record", fue escogido en su momento como primer sencillo. Unas estrofas intimistas, relativamente poco instrumentadas, y un estribillo en el que sueltan toda la rabia acumulada, hasta dar paso a una parte nueva coral y mesiánica a partes iguales, que si en algún momento lograran alcanzar el éxito masivo, sería apta para corear en grandes recintos. "Give It Up To Love" es una de las canciones más lentas del disco, aunque tal vez hablar de balada sea demasiado: el precioso arpegio de guitarra en acordes menores de su comienzo da paso a la fantástica melodía que interpreta Godfrey, capaz de bajar y subir por las escalas con una soltura envidiable. El estribillo vuelve a ser un tanto simple, pero no desentona de la melancólica del conjunto (sobre todo cuando lo complementan con segundas voces y un juguetón teclado). La reglamentaria parte nueva para el tema y nos propone un bucle del que emerge la breve pero disfrutable parte instrumental. "How Long" tal vez sea el momento menos inspirado del álbum: un medio tiempo de ambientación muy estadounidense, y quizá esa relativa impostura es la que le hace bajar un escalón respecto a sus predecesoras. "What I Said" nos propone otra estupenda melodía en las estrofas, apoyadas esta vez en un teclado sinfónico además de en el habitual arpegio de guitarra. La pena es que el estribillo, con su ritmo frenado artificiosamente, baje un poco el listón. Tampoco su coda final, más trabajada que inspirada, y un poco larga, ayudan demasiado. Quizá en otro lugar del álbum, como punto de inflexión frente tanta energía y tanto tempo alto, habría brillado un poco más.
Con buen criterio, la banda busca y consigue que el último tercio del disco sea también el más brillante, mejorando si cabe la impresión global. El noveno corte, "Stay", es un saludable ejercicio de pop-rock con un punto luminoso y optimista, que en las estrofas resiste con el tradicional esquema de voz, bajo y batería, con puntuales apariciones de la guitarra, y que tras un breve parón, nos ofrece un estribillo coral, predisponiéndonos así para los dos mejores pasajes del álbum: "Jungle" fue uno de los primeros sencillos de Godfrey en solitario, allá por 2019, y la reinterpretación que realiza para su inclusión en el álbum logra incluso hacerlo más brillante que entonces. El arpegio de guitarra con el que arranca suena a clásico desde los primeros compases, las estrofas tienen esa melodía parsimoniosa que la hace apoteósica, y el estribillo reutiliza el arpegio con inteligencia. El resto es apreciar lo bien que se adapta la batería a las distintas partes, los disfrutables interludios instrumentales con la steel guitar en primer plano, y el fantástico tramo final con todos los miembros de la banda disfrutando con la ejecución de sus instrumentos. Y el cierre lo pone "We Could Start A War", escogido como tercer sencillo aunque en realidad vuelve a tratarse de una reinterpretación de otro de los primeros sencillos de Godfrey. Su largo y reposado comienzo, casi un minuto solamente con voz y guitarra, no anticipa toda la rapidez y contudencia que explota a continuación como parte de una fantástica canción en la que esta vez la guitarra cede parte del lucimiento al sensacional teclado que puntea los estribillos. Las estrofas llaman la atención por su complejidad y su riqueza creativa, y el tramo final resalta una vez más la solvencia de la banda para llevar a la apoteosis las repeticiones finales del estribillo.
Aunque es cierto que la mayoría de los mejores momentos del disco son en realidad revisiones de temas ya publicados hace unos años, en tanto que los creados expresamente para este disco tienden a estar un escalón por debajo, el álbum resulta disfrutable de principio a fin. Porque no es sencillo encontrar casi ningún álbum de guitarras en este 2023 con una proporción tan elevada de grandes momentos. Siendo como son irlandeses, su energía y manera de interpretar pueden recordar en determinados momentos a los primeros tiempos de U2 (aunque con un sonido más pulido y actualizado), pero lo cierto es que la banda posee una personalidad propia, respetuosa con la tradición del buen rock irlandés, que no se rinde a las modas pero, al mismo tiempo, tampoco suena demasiado clásicos La pena es que su repercusión haya sido tan minoritaria que ni siquiera hayan conseguido una página propia de referencia en la Wikipedia. En fin, ya saben cómo está el panorama musical actualmente, con tantas mediocridades encumbradas y tantos artistas con talento y ganas de triunfar y sin apenas oportunidades para ello. Así que espero que esta reseña permita aumentar aunque sea mínimamente su difusión.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

