domingo, 26 de abril de 2020

Echo Machine: "Instant transmissions" (2020)

De todos los álbumes de debut que he tenido la oportunidad de escuchar en estos casi cuatro meses de atípico y confinado 2020, el de Echo Machine ha sido sin duda el que más me ha llamado la atención. El cuarteto escocés ha surgido de las cenizas de The Mirror Trap, una banda escocesa que estuvo en activo durante casi una década, durante la que grabó tres álbumes que nunca acabaron de hacerles un nombre en la música indie de las islas británicos. En este nuevo proyecto, liderados por el carismático y notable vocalista Gary Moore, la prensa musical los ha etiquetado como synth-pop, en una muestra más en mi opinión de lo perdido que está el sector a la hora de etiquetar la música contemporánea.

Porque sonidos sintéticos apenas encontraremos en "Instant transmissions". Ni tampoco piezas para dejarnos llevar en los clubs nocturnos. Ni siquiera bombos prominentes o largos pasajes instrumentales. No, definitivamente Echo Machine no hacen synth-pop. Más bien podríamos hablar de un indie-rock contemporáneo, con lo que ello supone a la hora de recurrir a determinados recursos electrónicos para que suenen como guitarras o baterías reales, el cual se acerca al pop si es necesario y sabe echar la vista atrás para coger inspiración. De hecho, las tres referencias fundamentales que ayudan a situarlos son, por este orden: Los Killers más agresivos y contundentes, los Simple Minds más épicos, y los Editors más acelerados. Aunque en el fondo la banda suena a ella misma. Y con muchos momentos notables.

Esa energía rockera queda patente desde su primer corte, la muy recomensable "Less alone": batería programada contundente, unas estrofas de melodías brillantes e infecciosas con la voz de Moore recordando a Brandon Flowers, un estribillo coreable y unos teclados que se confunden con la guitarra principal en su afán por añadir nervio. "Chameleon" fue el primer sencillo en anticipar el disco, y repite esa senda épica de guitarras contundentes y efectos variopintos que recuerdan a sus compatriotas Simple Minds en su etapa de los noventa. Aunque lo que de verdad da sentido al tema es ese estribillo donde la voz de Moore compite en protagonismo con el sintetizador principal, sobre todo cuando en el tramo final empieza aquello de "God knows...". "Headlights" es el sencillo actual, y sin duda uno de los momentos álgidos del disco: contundentes intervalos instrumentales y unas estrofas que miran de tú a tú a lo mejor de los ochenta. El estribillo es cierto que repite la misma progresión armónica, pero al menos desentona, y para los que se puedan quejar de esa repetición, Echo Machine añaden más adeltante un segundo estribillo más épico y ruidista si cabe con otra progresión armónica... y todo ello en apenas dos minutos y medio. La cuarta canción, "I was never here" es la primera que baja un tanto el nivel: intenta ser más elegante (con un deje a los "New Romantics" en las estrofas), pero eso contrasta en exceso con un estribillo tan distorsionado por el bajo y el sintetizador principal que cuesta distinguir las frases de Moore.

"Drug of choice" es probablemente mi tema favorito del álbum: un sigiloso teclado al comienzo no hace presagiar la contundecia de su intervalo instrumental, ni las estrofas más desgarradoras del álbum (con la voz distorsionada de Moore presidiendo una instrumentación menos distorsionada de lo habitual), y un sintetizador principal que resulta ser lo mejor de sus complejos y cambiantes estribillos. "Automatic love" fue el segundo sencillo en anticipar el álbum, y es claramente el tema que más recuerda a The Editors, con su tempo alto, su programación contudente y su cadencia obsesiva. Es sin duda otro de los grandes pasajes del álbum, si bien prefiero las estrofas y las guitarras imposibles de los intervalos instrumentales a su estribillo no excesivamente elaborado (para compensar, el tramo que empieza con "I never wanna leave..." que remata el último medio minuto es realmente recomendable). "The western way" transita por los ya conocidos parámetros de épica y contundencia, pero el tempo más bajo no juega a su favor, y su grandiosidad llega a sonar un tanto impostada. Por el contrario "The road", octavo corte, que fue el tercer sencillo hace un par de meses y que mantiene las mismas señas de identidad, consigue con pequeños detalles como la doble caja en las estrofas y sobre todo la ausencia de un estribillo cantado tras la primera estrofa resultar diferente. Y cuando Moore empieza con "Show me where the road is" no podemos dejar de disfrutar de unos tramos que recrean a los The Killers en su primera época, y el notable (aunque excesivamente corto) intervalo instrumental del final termina por convencernos de su calidad.

El último tercio del álbum es probablemente el más flojo, que no decepcionante. "Nightlife" intenta aturdir con su bajo distorsionado al frente, pero su frío estribillo no termina de cuajar, aunque instrumentalmente el tema está muy trabajado y va creciendo conforme avanza. "In flight" sube un poco el nivel con su tremendismo y su contundente bateria programada, pero la meritoria melodía vocal queda un tanto oculta entre tanto ruido, y acaban despachando el tema en sólo ¡ciento cuarenta segundos!. Y el álbum lo cierra "When they come", que juega la carta del tempo más pausado y la batería a lo heavy metal de los ochenta para tratar de diferenciarse de sus anteriores, si bien no puede ocultar que es un momento correcto pero un tanto impersonal y menos inspirado que la mayoría.

Algunos defectos obvios de "Instant transmissions" podrían haber tenido fácil solución: hay varios temas que piden a gritos una coda final o una tercera repetición del estribillo, y sólo con eso el álbum habría durado algo más que esos escasos treinta y un minutos. Las frecuencias medias también podrían estar al menos en ocasiones menos sobredimensionadas: el disco habría perdido algo de ruidismo rock pero habría ganado en matices y se habrían podido apreciar mejor sus armonías. También habría venido bien algún cambio más nítido de registro, quizá bajando más el tempo o adentrándose en terrenos más experimentales. Pero en un álbum de debut la necesidad de crear unas señas de identidad es muy poderosa, y a ella sin duda han sucumbido los escoceses. Que quizá no cambien el mundo con estos once cortes que transmiten frustración y rabia existencial, pero que gustarán de igual forma a nostálgicos de los ochenta y noventa, y a aquellos que necesitan dar salida a ese exceso de adrenalina contenida en cuatro paredes durante tantas semanas. Aburguesados abstenerse.

viernes, 10 de abril de 2020

Un paréntesis: My Olympia

Tras casi nueve años de darle continuidad a este blog voy a aprovechar el parón que para todos ha supuesto la catástrofe del coronavirus para hacer también un paréntesis en mis habituales reseñas y listas. Un paréntesis que se ha producido en parte por el confinamiento, y en parte también porque los álbumes que he escuchado más detenidamente en estas últimas semanas con idea de reseñarlos aquí ("Ceremony", de Phantogram, "Miss Anthropocene", de Grimes, y "Womb", de Purity Ring) no han llegado en mi opinión al nivel esperado (aunque todos ellos contienen grandes canciones, que posiblemente figuren en mi lista de mejores canciones de 2020). Así que mientras intento hacerme con el ilusionante "Chromatopia", el segundo álbum de NomBe, que ha visto la luz hace justo una semana, voy a aprovechar para tratar un tema distinto: mi propia música.

Como tantos niños a principios de los ochenta, me enganché a la música a través de la radio, esa FM que entonces parecía tener el sonido más nítido que uno pudiera imaginar. Esperaba horas enteras con mis casettes grabables para poder capturar las canciones que me fascinaban, y era feliz si el locutor de turno la dejaba entera hasta el final, o mejor aún si no hablaba encima. Aquellos fueron unos años creativamente vibrantes tanto dentro como fuera de España, y esa creatividad hizo que la fascinación por la música cuajara con una intensidad que aún perdura cuarenta años más tarde. Luego vino mi Primera Comunión, y con ella el primer teclado de juguete. Ni siquiera era polifónico, pero mi curiosidad y cierto sentido musical innato hicieron que por mí mismo aprendiera y empezara a tocar canciones que me fascinaban entonces y me siguen gustando ahora, como el "Maid of Orleans" de Orchestral Manoeuvres In The Dark. Año y medio más tarde vino el primer casette que me regalaron mis padres, "Suspense", de Azul y Negro, que sigue siendo uno de mis álbumes preferidos de artistas españoles. Un par de años después me regalaron un Casio PT-20, ya con la posibilidad de tocar acordes (prefijados a la izquierda, por cierto), y mis habilidades musicales crecieron notablemente.

Aunque nunca estudié música, aprendí a leer pentagramas a la vez que me hacía un adulto y expandía mi cultura musical, que pasó de Pet Shop Boys a Franco Battiato, de Radio Futura a The Beatles, de Jimi Hendrix a Kraftwerk. Así hasta que en 1995, en plena carrera universitaria y ya con un teclado musical GeneralMusic que compré en una tienda muy cercana a la Plaza de Ópera aquí en Madrid, empecé a crear mis propias canciones. Grabé un total de diez hasta 1998, instrumentales, todas tocadas exclusivamente con ese teclado, y sin programación alguna que aliviara mis limitaciones al interpretarlas (como me equivocara, la pista correspondiente se quedaba para siempre con el error), y como no cabían tantas en la memoria del teclado, las fui volcando a una casette que aún conservo (así como los MP3s correspondientes, con un sonido realmente pobre...). Justo cuando empecé mi primer trabajo a tiempo completo pasé a la siguiente fase en mi crecimiento musical: HAL-9000, una banda amateur con mi buen amigo y compañero de carrera Luis. Sólo con 2 casettes y un puñado de guitarras, teclados e instrumentos caseros, grabamos pista a pista y canción a canción un álbum entero de versiones: R.E.M., The Cranberries, Depeche Mode, The Cure, New Order... También conservo los MP3s de aquellas diez canciones, en las que por primera vez y a pesar de mi voz grave y escasa de registros me encargaba de la parte vocal.

De ahí nos lanzamos a crear nuestras propias canciones, ahora por fin con un ordenador y un programa de creación y grabación musical mínimamente decente (Harmony). Grabamos cuatro canciones, considero que ahora sí bastante dignas, pero la dificultad para compaginar nuestras cada vez mayores exigencias laborales unido al tiempo creciente que dedicaba a mi entonces novia y ahora esposa, lo dejamos tácitamente. Ese paso a la vida casera en pareja trajo consigo una nueva fase en mi evolución musical: los programas profesionales de creación musical, FruityLoops y sobre todo Cubase. Con ellos recuperé otra vez el gusto por componer e instrumentar mis creaciones. Aunque el inglés de mi mujer no era ni es su fuerte, la convencí para que cantara mis nuevos temas porque su voz era mucho más adecuada para su estilo que la mía. Y hasta que mi hija mayor vino al mundo, Ana y yo grabamos un total de cuatro canciones, ya bajo el nombre de Olympia, y con el mejor sonido que había conseguido hasta entonces.

Mi hija mayor salió guerrera y fueron unos años difíciles, con falta de sueño y muchas horas extra en el trabajo. Además, mi madre enfermó de gravedad, mi otra hija vino a completar la familia cuando parecía que empezábamos a levantar cabeza, y aunque ocasionalmente registré ideas para varias canciones, no llegué a completar ninguna en casi diez años. De hecho durante esos años mis blogs (éste y el de literatura de ciencia-ficción) fueron dos de las escasas vías de escape para mis pasiones. Pero la experiencia me ha enseñado que en la vida después de una etapa más dura siempre viene otra más llevadera, y desde hace casi dos años he vuelto a tener tiempo para crear, lo que significa que la música ha vuelto a ocupar el lugar que merecía.

Eso sí, ya no he querido "forzar" a mi mujer a cantar en esta nueva etapa creativa, por lo que Olympia ha pasado a ser mi proyecto en solitario, a pesar de las limitaciones vocales a las que ya he aludido. Eso sí, como tenía material a medias y unas ganas locas de recuperar esta faceta, me ha llevado poco más de medio año completar y publicar siete nuevas canciones. Ahora estoy empezando una octava, aunque aún está en fase muy preliminar. Es muy difícil juzgarse a uno mismo, pero sí puedo decir que al menos algunas de las ideas básicas que persigo en este blog (temas cuya instrumentación crezca según avance, cierto interés por no sonar demasiado convencional, progresiones armónicas que no repitan los mismos cuatro acordes de principio a fin) son también parte de mi leif motiv como creador.

¿Qué pretendo al crearlas y publicarlas? En realidad, sólo dar salida a mi expresividad, y darlas a conocer. Afortunadamente mi trabajo me da la estabilidad económica, y mi mujer y mis hijas la estabilidad emocional. Pero la vida es corta, y cuanto más se explore uno a sí mismo, pienso que más conforme se irá al otro mundo. Así que hoy hago visible en este blog esas últimas canciones de la refundada Olympia, ordenadas cronológicamente:

"No more drugs"

"Finer feelings"

"Here to stay"

"Pandemic confinement"

"Empty people"

"Life is magic"

"We all must die"

De esta forma hoy he dejado constancia aquí de otra faceta de este humilde "bloguero". Pero no se preocupen, que en la próxima entrada volveré a la normalidad, con artistas profesionales y espero la emoción y el talento que siempre intento localizar y compartir.

domingo, 22 de marzo de 2020

Noel Gallagher's High Flying Birds: "Blue moon rising (EP)" (2020)

Está por ver cómo afectará esta crisis del coronavirus en la que el planeta entero está inmerso a las novedades musicales previstas para los próximos meses. Pero de momento el panorama musical sigue con su calendario de novedades, y hace unos días ha visto la luz "Blue moon rising", el tercer EP de Noel Gallagher y sus High Flying Birds. Un EP ya anticipado hace meses cuando reseñé sus dos EPs de 2019, y que contra lo que algunos medios habían difundido sí prosigue esa estela de "evolución" musical en su propuesta, es decir, avanzar desde sus referencias clásicas en los sesenta y los setenta a los "más recientes" ochenta y principios de los noventa. Aunque con matices.

"Blue moon rising" es lógicamente el tema estrella y el que abre el EP. A priori ya podemos decir que, a diferencia de los dos sencillos anteriores, no bebe tan claramente de sus fuentes ochenteras, y aunque tampoco suena contemporáneo, sí que se puede apreciar ese intento de Gallagher por sonar más reciente que en Oasis. Por ejemplo, los teclados que adornan las estrofas tienen más peso que las guitarras, y la batería está mejor grabada y suena más nítida. En realidad es una buena composición, aunque las estrofas pecan un poco de simplonas para intentar potenciar su groove, y el estribillo no pasa de correcto. Lo realmente meritorio es el intervalo instrumental que entra a los dos minutos, con una progresión armónica diferente, un dramatismo a lo Talk Talk en su sonido y la lejana voz de Gallagher cantando aquello de "Some of us needing..."; una pena que no lo aproveche más de ahí al final. El segundo corte, "Wandering star", es un tema lento de toques psicodélicos con sus campanas y sus pa-pa-ra-rá ya desde el comienzo, menos disruptivo con el legado del mancuniano que el anterior y que tira más de oficio que de inspiración para justificar sus casi cuatro minutos.

"Come on outside" es el tercer y último tema nuevo del EP, y aquí no hay evolución posible: un medio tiempo clásico de inspiración setentera y que recuerda a algunas de las composiciones de Gallagher para los últimos tres álbumes de Oasis. Aunque esto no es malo en absoluto: se trata de una canción meritoria (aparte de su poco adecuado mensaje para estos tiempos de confinamiento), con unas estrofas oscuras y un estribillo lleno de esa rabia contenida que tan bien sabe capturar con la ayuda de los pertinentes coros (aparte de quizá su mejor interpretación vocal en los tres EPs), y un final apoteósico con un teclado tan sencillo como efectivo. Y, dejando aparte la poco interesante versión 7" de "Blue moon rising", el EP lo cierra una remezcla del mismo tema (The Reflex Revision), que quizá sea también la mejor que han albergado sus EPs: razonablemente respetuosa con el original, reforzando su vertiente bailable y sobre todo recreando y expandiendo esa excelente parte instrumental a la que aludía antes.

Y es que sin ser una maravilla, seguramente Gallagher haya entregado el mejor de sus tres EPs. Nueve temas en un año, que prácticamente equivalen a lo que habría sido su cuarto álbum. Y que colocados juntos en una playlist alcanzan un nivel superior al de su fallido "Who built the moon?". Veremos si con este EP Gallagher cierra la trilogía, si los usa para publicar un álbum completo o si se olvida de ellos y vuelve al formato tradicional. De momento la experiencia ha tenido más luces que sombras.

domingo, 8 de marzo de 2020

La Roux: "Supervision" (2020)

Una de las novedades más esperadas de las últimas semanas ha sido "Supervision", el tercer álbum de LaRoux. Quizá por tratarse ya del proyecto en solitario de Elly Jackson (Ben Langmaid, teclista y compositor principal de su excelente primer álbum y de buena parte del segundo, dejó el dúo hace siete años), la londinense ha tardado casi seis años en darle continuidad a su irregular "Trouble in paradise" (2014). Una demora que no va de la mano del volumen de canciones que alberga el disco: solamente ocho, lo que significa poco más de una nueva composición por año de silencio... Estos dos hechos (el que se haya convertido en el proyecto en solitario de Jackson, y la escasez de temas) me habían predispuesto negativamente respecto a lo que podría esperar. Pero por otro lado la producción a cargo de Dan Carey, uno de los productores más reputados del momento (y artífice por ejemplo del aclamado debut de Fontaines D.C. hace solo unos meses), me había hecho concebir esperanzas de que podría tratarse de un álbum a la altura de su mítico "La Roux" (2009). Además, su sencillo de adelanto ("International woman of leisure"), me pareció muy agradable, aunque un tanto limitado. Pero desgraciadamente la realidad se ha impuesto, y "Supervision" es el peor álbum en la carrera de la británica.

En realidad no se trata de un mal álbum, y contiene dos o tres canciones que recuerdan el impacto que en su momento tuvo la banda. Pero por estilo e instrumentación está mucho más cerca de "Trouble in paradise" que de "La Roux", y eso ya en sí es un punto en contra. No sólo eso: Dan Carey probablemente haya hecho su peor trabajo como productor: la instrumentación no es que sea espartana, es que llega a cansar por repetitiva. Las programaciones de batería (¡el LinnDrum de los años 80!), suenan particularmente pobres en 2020, sobre todo si como es el caso se limitan a repetir el mismo loop con escasas variaciones del principio al final de cada tema. Y las composiciones explotan sin tregua progresiones armónicas de tres o cuatro acordes que se repiten sin más complicaciones.

Un buen ejemplo de ello es "21st century", la canción que abre el disco: un medio tiempo de influencias funky gracias a la omnipresente guitarra eléctrica de Jackson y una monótona caja de ritmos que al menos cambia su progresión armónica de base en el estribillo, y cuyo mayor logro es la capacidad de Jackson de crear nuevas melodías vocales sobre ella. Algo parecida, aunque de resultado un poco más inspirado, es "Do you feel": nuevamente un bajo sencillo y la poco elaborada caja de ritmos dan comienzo a una guitarra casi idéntica a la del tema anterior, y poco después ya a la voz de Jackson. Y de ahí la sucesión de melodías vocales sobre esa incansible progresión armónica, sin que sea fácil decir qué es estrofa, qué es puente, qué es estribillo (así de simples son los arreglos), si bien la parte en la que Jackson empieza con aquello de "Do you feel like you've forgotten something..." acaba siendo reconocible y lo más disfrutable del tema. "Automatic driver", el segundo sencillo, es probablemente el segundo mejor momento del álbum y uno de los pocos que recuerda el nivel de LaRoux hace unos años. No es que nada cambie respecto a los dos temas anteriores: medio tiempo, caja de ritmos sencilla, arreglos poco elaborados, pero la luminosa progresión armónica de tres acordes mayores hasta casi el final, y lo que el bajo, la percusión y la guitarra eléctrica enriquecen en directo la simpleza instrumental de la versión del álbum hacen el resto.

"International woman of leisure" fue el sencillo que anticipó el disco, y como anticipaba antes es su mejor canción: ahora sí arranca con un teclado principal de sonido juguetón que recuerda a los de sus inicios, y que convive con esos parámetros ya conocidos de programación, bajo y guitarra sobre otra sencilla pero efectiva progresión armónica que permite a Jackson lucir sus dotes vocales en unas estrofas de notas altísimas. "Everything I live for" mantiene exactamente el mismo registro, pero su simple y a la vez luminosa progresión armónica junto con todas las melodías que Jackson dibuja sobre ella (con mención especial a aquella que empieza con "if you really think..." cerca del final) ayudan a que sea el tercer momento destacable del álbum. Aunque le falta crecer conforme avanza y le sobra minutaje. "Otherside", otro medio tiempo más que arranca con la caja de ritmo, es claramente el momento más funky del disco, buscando la sensualidad por encima de la energía pop. No es un mal tema, y su bajo es sin duda el mejor del disco, pero se queda a la mitad de lo que podría haber dado de sí con otra vuelta de tuerca en la composición y en la producción.

La cuesta abajo de "Supervision" empieza con su séptimo corte, "He rides". Otra vez la misma fórmula ya comentada de temas anteriores, y las bazas de la calidez del funky-pop de su atmósfera, la sucesión de melodías diferentes sobre la misma progresión armónica y las voces superpuestas de Jackson para mantener un tema que pese a todo resulta anodino frente a otros momentos. Aunque más cuestionable es "Gullible fool", la balada del disco además de su último corte: desnuda de instrumentos en su primer tramo, deja ver que se trata de una melodía agradable y bien interpretada pero que no acierta a evocar un sentimiento concreto. Y cuando por fin entran el resto de instrumentos descubrimos que ni siquiera aquí se salen lo más mínimo del guión ya conocido. Además, la versión del álbum alarga innecesariamente el tramo instrumental final hasta superar los siete minutos, con la clara intención de que "Supervision" cruce la frontera de los cuarenta minutos y no se le pueda criticar la escasez de minutaje.

Y así, sin apenas cambiar el registro, se desvanece "Supervision". Un álbum que peca de monótono, simple en la composición y espartano en la instrumentación. Y que apenas se sostiene gracias a tres o cuatro buenos momentos (bastante similares entre sí, por cierto) y a la voz de Jackson. Los fans de la banda disfrutarán de esas pocas canciones, y añadiéndoles sus clásicos de hace una década la gira de La Roux en directo probablemente cuaje lo suficiente. Pero el futuro del proyecto es bastante incierto: desde luego si Jackson vuelve a necesitar seis años para una entrega tan espartana y monocolor no tengo muy claro que muchos fans se acuerden de ella en 2026. Esperemos que este periodo haya sido solamente un bache, que reclute a otro productor más creativo y que más pronto que tarde publique otro disco que suba el listón.

domingo, 16 de febrero de 2020

Pet Shop Boys: "Hotspot" (2020)

Hace unas pocas semanas ha visto la luz "Hotspot", el decimocuarto álbum de los británicos Pet Shop Boys. Quienes siguen este blog saben que el dúo ha sido unas debilidades del mismo: crecí musicalmente con ellos, e incluso hace unos cuantos años ya me atreví a elaborar una lista con las que hasta entonces consideré que habían sido sus ochenta mejores canciones. Por eso esperaba que impaciencia este nuevo álbum. Más aún sabiendo que la producción volvía a correr a cargo de Stuart Price, una colaboración que tan buenos resultados dio en "Electric" (2013) y sobre todo en "Super" (2016). Una espera que se ha visto recompensada sólo en parte: "Hotspot" no es un mal álbum, y no desentona frente al grueso de su extensa discografía, pero queda un escalón por debajo de lo esperado en cuanto a creatividad, instrumentación y contundencia.

Algo de esto ya anticipaba el tracklist que vio la luz hace algo más de un mes: sólo diez canciones y poco más de cuarenta minutos se antojaba poco material para casi cuatro años de espera (aunque es cierto que el año pasado vieron la luz otros cuatro temas en su meritorio EP "Agenda"). Y todo ello queda confirmado tras unas cuantas escuchas: hay temas en los que se nota que han tirado de oficio para componerlos, otros en los que el sonido está poco pulido o resulta un tanto espartano para lo que cabría esperar de un Stuart Price en aparente horas bajas, y a menudo se tiene la sensación de que muchos de ellos podrían haber sido descartes de otros álbumes suyos algo más inspirados.

Casi nada de lo que comento aflora afortunadamente en "Will o'the wisp" (algo así como "fuego fatuo"), el tema que abre el disco tras un sutil comienzo instrumental. Una canción que podría haber formado parte de su amplia nómina de temazos orientados a la pista de baile publicados en los dos álbumes anteriores con Price de no haber sido por su estribillo un tanto simplón y escaso de armonía. Porque el resto (su contudencia rítmica, sus intervalos instrumentales con ese Lowe tan reconocible en el sintetizador principal, la excelente melodía de las estrofas, su letra cargada de intención) están a un nivel francamente alto. Pero casi por sorpresa el tempo experimenta una ralentización tremenda con "You are the one", una balada casi al comienzo del disco. Y un claro indicativo de que "Hotspot" es el disco más "lento" de los tres con Price, como si la edad de sus creadores empezara a pasar factura. Aunque es bien sabido que el dúo también es capaz de crear grandes temas pausados e introspectivos. Pero no es el caso de este bucólico tema, de melodía nítida pero un tanto dulzona y no excesivamente trabajado (menos de tres minutos y medio para ese tempo tan contenido es claramente poco). Como si de hacer guiños a su discografía se tratara, "Happy people" remonta a base de mirarse en el espejo de "Very" (1993), con su piano electrónico y su base programada de batería y bajo que es puro house. Pero no nos engañemos: las estrofas declamadas ya son un recurso gastado a estas alturas, y la letra de su buen estribillo es un tanto ingenua, siendo lo mejor en mi opinión toda la parte nueva y el intervalo instrumental hasta la repetición final. muchos de ellos podrían haber sido descartes de otros álbumes suyos algo más inspirados.

"Dreamland", primer sencillo, con la colaboración de Years & Years, es quizá el mejor momento del álbum, y se quedó fuera por poco de mi lista de veinte mejores canciones de 2019: un tema de pop directo, apto para dejarse llevar, con una bonita melodía, una excelente progresión armónica en acordes menores en el estribillo, y perfectamente interpretado por Tennant y por Olly Alexander, cuyas voces se complementan con solvencia. Por ponerle algún pero, la letra peca de tópica, y la duración es demasiado contenida; podían haberla estirado un poco más y haberle sacado partido a la que posiblemente es la mejor producción de Price en todo el disco. El segundo tema lento, "Hoping for a miracle", ya se acepta de mejor grado que "You are the one", y con sus voces distorsionadas al comienzo, su frialdad, sus teclados de inspiración sinfónica, su letra de soledad nocturna en una gran ciudad y su sencilla caja de ritmos remite con buen resultado a los temas lentos de "Actually" (1987). "I don't wanna" acelera el tempo y saca cierta rabia contenida con esa instrumentación que tanto recuerda a sus comienzos en "Please" (1986). Quizá sea en mi opinión el segundo mejor momento del disco: excelentes armonías, unas estrofas particularmente elaboradas y un estribillo infeccioso. Aunque la temática de la letra ya está también un tanto manida a estas alturas de su carrera, y ese aire "retro" puede no ser del agrado de quienes valoran las instrumentaciones contemporáneas.

"Monkey business" es su sencillo actual, además de un tema un tanto desconcertante para sus fans. Es algo así como un retorno al ¿funky? de los primeros ochenta, buscando crear su primer tema con "groove" tras casi cuarenta años de carrera... Batería y un bajo reales, los violines típicos de la época, una sección de viento, y una interpretación vocal de Tennant entre pasota y desafiante. Durante varias escuchas la sensación es que se les ha ido la idea de las manos, aparte de que las estrofas resultan particularmente espartanas, pero ese teclado juguetón que llena casi todos los huecos, los coros femeninos, y el piano sintético del tramo final acaban enganchando. Aunque nunca será un tema de cabecera en su carrera. Prefiero "Only the dark", para mí el tercer mejor momento del álbum. Un medio tiempo de electrónica analógica con una sensibilidad en música y letra que recuerda la atmósfera tan personal de "Behaviour" (1990), ese álbum también grabado en Alemania con el que convencieron finalmente de su talento a la crítica internacional. Quizá no llegue al nivel de "Being boring", pero no se queda lejos.

La pena es que es la última canción destacable: "Burning the heather", que vio la luz hace unos meses a modo de sencillo promocional, no es un mal momento, y el estribillo es agradable, pero la colaboración de Bernard Butler (ex-Suede) a la guitarra acústica no destaca en absoluto, y su convencionalidad instrumental recuerda ese patinazo que supuso "Release" (2002), probablemente el peor álbum de su carrera. Y "Wedding in Berlin" puede estar bien como broma simpática (cómo samplear la marcha nupcial de Felix Mendelssohn para convertirla en un tema machacón propio de un festival de verano), pero no es desde luego un tema muy elaborado (como suelen ser casi todos los que cierran sus discos anteriores, desde "Integral" hasta "Vocal"). Y es una lástima, porque me consta que en las sesiones de grabación han creado momentos que podrían haber extendido la duración de "Hotspot" y haberlo cerrado con un mejor sabor de boca, como la excelente "An open mind" (un medio tiempo elegante, sutil y emocionante) que vio la luz como cara B de "Dreamland". Pero debieron pensar que la marcha nupcial iba a llamar más atención.

En suma, "Hotspot" no llegará a decepcionar a sus cientos de miles de seguidores, alberga unos cuantos momentos entre dignos y brillantes y no es (todavía) tan reposado como para decir que han llegado a su "madurez" (en el sentido peyorativo del término). Pero la instrumentación resulta entre conservadora y directamente retro (salvo en algún momento puntual, y en casi todos los comienzos de los temas, la mano de Price se nota poco), las temáticas de las canciones están en general un tanto vistas, y se echan de menos un par de cortes adicionales. Si lo pensamos bien, tras más de doscientos temas grabados y casi cuarenta años de carrera, quizá no sea oportuno pedirles mucho más. Y el hecho de que hayan vuelto a repetir el Top 3 en las listas de ventas de su país así lo demuestra. Así que toca ver el vaso medio lleno. os comienzos elaborados

viernes, 24 de enero de 2020

Las 20 mejores canciones internacionales de 2019

Un año más ha llegado el momento de echar la vista atrás y proponer listas que nos permitan sintetizar lo mejor de este 2019 que nos dejó hace unos días. Dado que el volumen de álbumes publicados excede los cincuenta o sesenta que consigo escuchar anualmente, no propondré una lista de mejores álbumes del año, que con seguridad sería incompleta e inexacta. Pero una vez más sí que voy a proponer una lista con 20 canciones internacionales que recordar de este 2019. Con los dos criterios ya conocidos de este humilde blog: deben ser temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y solamente puede haber una canción por artista, para conseguir una panorámica lo más amplia posible de los últimos doce meses a nivel mundial. Con la habitual ambición de localizar las armonías, el talento, la personalidad, la originalidad y, al fin y al cabo, la calidad que siempre anhelo dar a conocer con mi blog.

Un año más los E.E.U.U. han aportado el mayor número de artistas (diez), y tras ellos el Reino Unido ha ocupado la segunda posición con seis artistas. Pero también ha quedado espacio para artistas de otras partes del mundo, como Australia, Islandia o Dinamarca. Y es que como ya he mencionado otras veces, en un mundo más globalizado cada vez es más sencillo que aparezcan artistas que consigan emocionarnos con un tema de pop o de rock universal. Sin más, aquí va la lista:

1. Mating Ritual - "U.N.I.". Los hermanos Taylor llevan tres años seguidos apareciendo en esta lista, con su increíble cadencia de un nuevo álbum cada año. Y esta vez la han coronado con el sencillo más redondo de su carrera: pop que mezcla con sabio equilibrio guitarras y sintetizadores, que se puede tararear y también bailar, y además con un estribillo absolutamente irresistible.
2. Of Monsters and Men - "Wild roses". Sin duda el mejor sencillo de los islandeses desde "Little Talks": una saludable actualización de su sonido con la sensibilidad a flor de la piel en las estrofas y sin embargo con un estribillo pleno de energía.
3. Georgia - "About work the dancefloor". El segundo álbum de Georgia, "Seeking thrills", que ha visto la luz hace escasos días, ha resultado ser mucho más flojo de lo esperado, pero este temazo de pop electrónico orientado a las pistas de baile más exclusivas suena a clásico intemporal que sin duda podremos disfrutar con la misma intensidad dentro de muchos años.
4. Softwave - "Something is missing". Desde Dinamarca, y sin apenas difusión, llegó este temazo de synth-pop de melodía vocal muy exigente y estribillo digno de los mejores momentos de sus admirados Erasure. Hedonismo musical y lirismo en la letra.
5. Holychild - "Raining romance". Pop desenfadado de estructura clásica y sonido netamente contemporáneo. Y que demuestra que cuando Holychild abandonan su pose de ingenuidad forzada poseen un talento incuestionable.
6. Metronomy - "Salted caramel ice cream". En un mundo ideal éste habría sido el tema que habría revitalizado cualquier fiesta de 2019 en horas bajas. Pensemos que al menos es la demostración de que aún se puede seguir explotando la progresión armónica más expoliada de la historia (desde todo el blues hasta casi todo el rock&roll) si se sabe enriquecer con una instrumentación original y una producción meritoria.
7. Bleached - "Daydream". La confirmación de que el indie-rock californianio todavía puede sonar fresco si se posee la capacidad para crear y armonizar melodías de las hermanas Clavin, que desprenden energía y melancolía a partes iguales.
8. Geowulf - "My resignation". Sin duda el mejor tema del segundo álbum del dúo australiano. Sencillez instrumental para arropar una composición que parece una versión de lo perfecta que resulta. Y con la excelente interpretación vocal de Star Kendrick.
9. Vok - "In the dark". Increíble pero cierto: dos artistas de un país de menos de millón de habitantes en la lista. Pero es que los islandeses Vok entregaron hace unos meses un medio tiempo de una calidad tremenda, estilosa y rítmica a partes iguales. Y por cierto con un precioso vídeo de animación
10. Clairo - "Bags". Puede que hayamos asistido al hype de la temporada; o puede que hayamos descubierto a uno de los talentos con más furo del panorama internacional. El caso es que a sus diecinueve años Claire E. Cottrill fascinó a la crítica internacional con este tema de indie-pop guitarrero, de delicadeza sobrecogedora y con multitud de detalles en la instrumentación.
11. Feeder - "Daily habit". A sus cincuenta y dos años Grant Nicholas sigue negándose a bajar la intensidad y convertirse en otro artista "maduro" y "concienciado": en este sencillo sigue reivindicando las guitarras distorsionadas, los platillos por doquier, el tempo alto, las estrofas coreables y una letra tan evocadora como cierta.
12. Amber Run - "Worship". Una de las grandes joyas aún por descubir de las Islas Británicas. Con su irregular pero a ratos sobrecogedor tercer álbum "Philophobia" los ingleses Amber Run mostraron su talento para mantener viva la llama del rock tenebroso e inquietante del que tan buen ejemplo es esta balada de tremendamente elaborada instrumentación.
13. Illenium - "Blood". Con su tercer álbum "Ascend" Nicholas D. Miller confirmó que es el máximo exponente del injustamente menospreciado future bass. Y en esta canción se alejó de su vertiente más conformista y a veces un tanto sensiblera y nos desasosegó y enervó con su caja sobredimensionada y sus pitches capitaneando los crescendos instrumentales.
14. Savoir Adore - "When the summer ends". El dúo neoyorkino nos cautivó con una de las melodías más dulces del pasado año, bien arropada por un colchón instrumental muy equilibrado entre instrumentos tradicionales y electrónicos. La sutil delicadeza del mejor pop.
15. Charli XCX ft. Christine and the Queens - "Gone". Casi con seguridad el mejor sencillo del mainstream internacional: dos de las divas más cotizadas del momento, cada una de un lado de Atlántico, con un insinuante y casi explícito tema, quizá demasiado simple instrumentalmente pero compensado por una brillante melodía que además se ajusta perfectamente al rango vocal de ambas y favorece su química.
16. Madonna - "I rise". Su decepcionante "Madame X" contenía quizá el mejor sencillo de la Ciccione en casi una década, este tema lento deudor sin duda de su clásico "Frozen" pero con un swing infeccioso, una melodía en los tonos graves que tan bien se le ajustan y una producción a la altura de lo esperable en la diva.
17. Hot Chip - "Melody of love". Los británicos siguen a lo suyo, añadiendo muescas a su sólida discografía de electro-pop intemporal, que anda ya sólo un escalón por debajo de la de los grandes nombres del género. Y este tema colorista de ritmo sencillo y que contagia optimismo ha sido probablemente el mejor sencillo de "A bath full of ecstasy".
18. X Ambassadors - "Hey child". Otro regreso fallido el de los norteamericanos X Ambassadors, que con su tercer álbum "Orion" se han quedado muy lejos de repetir el éxito comercial de su anterior entrega. Y ello a pesar de este personal tema que entronca la tradición del rock fronterizo norteamericano con las instrumentaciones contemporáneas a lo Imagine Dragons.
19. Liam Gallagher - "The river". No llega al rock sucio y de aires retro de los Oasis de la última época, pero este medio tiempo lleno de rabia se le acerca lo suficiente como para calmar la adicción que sufrimos tantos y tantos seguidores desde que los Gallagher se separaron.
20. Chromatics - "Time rider". El más elegante de todos los sencillos no incluidos en su último álbum "Closer to grey" que han publicado los estadounidenses en el pasado año. Un pelín plano, es cierto, pero de una elegancia subyugante y con buenos detalles como ese teclado estridente que llena los intervalos instrumentales.

Al elaborar una lista de este tipo, todos los años me preocupa haber dejado temas de gran calidad que se hayan quedado fuera, bien por el tamaño de la misma, bien porque se me hayan podido escapar. Pero aun con ese riesgo considero que la lista propuesta es perfectamente válida, pues pone de manifiesto que si no nos quedamos en la superficie de lo que nos tratan de imponer los medios, y nos olvidamos de echar la vista al siglo XX, podemos seguir encontrando buenas dosis de emoción y creatividad contemporáneas. Que es lo que siempre persigue este blog.

jueves, 26 de diciembre de 2019

Holychild: "The theatrical death of Julie Delicious" (2019)

Una de las sorpresas del año que está a punto de terminar ha sido el retorno a la actividad en formato álbum Holichild. El dúo de Los Ángeles, formado por la vocalista Liz Nistico y el multi-instrumentista Louie Diller, debutó en formato álbum hace más de cuatro años con el interesante aunque irregular "The Shape of Brat Pop to Come". Desde entonces, una gira, y un par de años de silencio que no anticipaban este delirante y colorista "The theatrical death of Julie Delicious", cuyos temas empezaron a ver la luz en formato sencillo en los últimos meses de 2018.

Para su regreso han insistido con su vena ingenua, que les ayuda a afianzar su identidad como artistas pero en mi opinión les resta puntos. Porque el dúo posee una inteligencia innegable a la hora de recrear los mejores trucos del pop de los sesenta y los ochenta pero acercándolos a las sonoridades contemporáneas con una original mezcla de instrumentos acústicos, eléctricos y electrónicos. Pero esa voz casi naïve que adopta Nistico (en la línea de la peor Madonna) puede incluso hacer que una gran canción quede un tanto desapercibida. Y es una pena, porque no abundan las bandas capaces de alcanzar el equilibrio entre nostalgia y modernidad, y hacerlo además con unas canciones bien compuestas y mejor producidas.

Pero es que además ni siquiera han sido libres de incluir en el álbum los temas que han ido viendo la luz en formato sencillo. Supongo que su provocación y su descaro han chocado contra el establishment discográfico, y por eso uno de sus mejores sencillos (si no el mejor), "Bathroom Bitch", una exaltación de su sexualidad en palabras de la propia Nistico, con una letra dura y explícita ("I wanna fuck you in the bathroom, I wanna fuck you on the roof of my car, I wanna drink your juice so badly, I want it dripping from my ass to the floor..."), se ha quedado fuera del disco. En fin, éste es el mundo en el que vivimos, y ésta es la razón por la que bandas como Holychild son tan necesarias. Aunque enfrentarse a sus álbumes no deje de ser un reto.

Reto que comienza con "Over you", también elegido como cuarto sencillo, un medio tiempo construido sobre un teclado obsesivo que repite la misma progresión armónica todo el tiempo (salvo en la etérea parte nueva), y que llama la atención por lo maximizado de su sonido (tanto que a pesar de la profusión de instrumentos a veces cuesta distinguirlos). "Number one" repite en su apuesta por el pop esquizoide de aromas sesenteros, como lo muestran las segundas voces que apostillan la melodía principal, en especial durante su parte nueva. Más entonada me parece "Hundred Thousand Hearts", segundo sencillo en ver la luz, y que no obstante es la mejor prueba de esa ingenuidad impostada que le resta puntos a un tema que por lo demás es tremendamente efectivo como medio tiempo pop de estribillo coreable y parte nueva elaborada y plena de talento, rematado por un piano de una complejidad notable y una trompeta que reflejan lo cuidado de su instrumentación. "Raining romance" ha sido el quinto sencillo del álbum en ver la luz hace unas semanas. Más contemporáneo en estilo y sonido, es uno de los mejores momentos del álbum: olvidándose de su impostada frivolidad, y con una percusión a contracorriente (nada menos que tres ritmos diferentes para estrofa, puente y estribillo), su oscuridad y su original uso del pitch en el intervalo instrumental hacen el resto.

"Haunt me in the night" es la primera balada del álbum. Con un toque muy de final de película romántica de Hollywood, su melodía de tintes clásicos es irreprochable, y su parte nueva y el solo de guitarra de Diller antes de las repeticiones finales del estribillo son puntos a su favor, pero nuevamente pesa más la forma que el fondo. Mejor resulta "Carmelo", sexto corte y tercer sencillo, con una letra sobre la relación de Nistico con su padre. Quizá sea la más electrónica del disco, tanto por los instrumentos utilizados como por la manera con la que juegan con el sonido. En un mundo ideal sería la banda sonora perfecta de una fiesta alternativa: una melodía excelente de principio a fin, y el largo solo de sintetizador al final reflejan la calidad del tema. "Fight for me" atrapa prácticamente desde el comienzo: de referencias claramente ochenteras, la melodía de la estrofa llama la atención por sus tonos altos, y las guitarras distorsionadas del estribillo suponen el mejor contrapunto a la interpretación vocal de Nistico, sobre todo en ese psicodélico final digno de los mejores Oasis.

Aunque para mí el mejor tema del álbum es sin duda "Patron Saint", que curiosamente no ha visto la luz en formato sencillo: sin parte instrumental previa, y quizá con un punto de ingenuidad de más, es un tema infalible para cambiar nuestro estado de ánimo en el día más depresivo: una melodía vocal tan perfecta que parece una versión de los años dorados del pop, y una instrumentación que la complementa pero más en un segundo plano que en cualquier otro tema del disco, para no quitarle protagonismo (salvo en los coros y la sección de viento del tramo instrumental final). "Saturday" es el "baladón" del disco, aunque su comienzo a capella con adornos espaciales no lo deje entrever. Pero en este caso sí se trata de una balada convincente, muy bien cantada, con una certera sección de cuerda, una original parte instrumental, y un final apoteósico. De hecho quizá hubiera sido mejor como cierre del álbum que "Wishing you away", el primer sencillo que anticipó el disco hace casi año y medio. No sé si es que estoy saturado de tanto dem bow (aunque el tema no tenga nada que ver con el reguetón), o si es por la ampulosidad un tanto pretenciosa de su estribillo, el caso es que me parece un tema menor.

Y así se cierra este álbum relativamente corto, no exento de altibajos, lleno de letras impactantes, clichés provocativos e instrumentaciones originales. Aunque si aceptamos el reto de descubrir el valor de cada tema más allá de su superficie, en todos ellos encontraremos giros elaborados, buenos detalles, instrumentaciones originales, una producción brillante, y un puñado de buenas canciones. Pero no nos engañemos: Holychild resultan demasiado superficial para el panorama indie, demasiado arriesgados para el mainstream, y demasiado originales para el guetto de la electrónica, por lo que tienen dificil llegar a un público amplio en cualquiera de esos frentes. Así que espero que no tiren la toalla tras este trabajo tan personal, y que este humilde blog contribuya mínimamente a su difusión.

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