domingo, 14 de febrero de 2021

Eleventyseven: "Basic glitches" (2020)

Durante las últimas de semanas de 2020 aproveché, como acostumbro a hacer, para revisar varios sitios musicales de referencia en internet, en busca de álbumes que figurasen entre las listas de los mejores del año, pero que para mí hubieran pasado desapercibidos hasta entonces. Fue así como descubrí "Basic glitches", el sexto álbum de la banda estadounidense Eleventyseven. Que además de un disco recomendable, ha constituido una agradable sorpresa digna de su propia reseña en este humilde blog.

Y es que apenas recordaba nada de ellos, tan sólo "Love in your arms", seguramente su tema más conocido. Y que en mi opinión representaba bastante bien su propuesta musical hace algo más de una década: punk-pop luminoso y coreable típicamente americano, pero un tanto escaso de personalidad, algo que intentaban remediar con ciertos detalles contemporáneos como voces distorsionadas o algún que otro teclado estridente. Lo cierto es que desde su formación en 2002 Eleventyseven nunca llegó a ser un grupo de masas, y después de cuatro álbumes con una base de fans fiel pero sin visos de crecer significativamente, se separaron en 2014. Su cantante y compositor principal Matt Langston y su bajista Davey Davenport retomaron brevemente el proyecto en 2017 para un quinto álbum publicado gracias a una campaña de Kickstarter, pero en 2018 la cosa parecía definitivamente muerta. Hasta que a finales de 2019, y ya convertido en su proyecto personal, Langston anunció el sexto álbum de la banda, o lo que es lo mismo, su proyecto en solitario utilizando el nombre del grupo en intento por mantener a sus seguidores.

Eso sí, para sus fieles este "Basic glitches" puede haber sido un álbum difícil de digerir. Porque sin ser un salto tan radical como el que hay entre el rock espartano de los Red Hot Chili Peppers y los discos de electrónica y ambient de su guitarrista John Frusciante en solitario, el giro estilístico de Eleventyseven nos lo recuerda bastante. Langston se olvida de las guitarras (no hay una sola en todo el álbum) y abraza definitivamente los instrumentos electrónicos que había usado hasta ahora como edulcorante. El resultado es un disco que curiosamente es más variado a nivel estilístico que sonoro: si admitimos que la tecnología puede crear temas con nervio, aquí sigue habiendo rock y power-pop en dosis suficientes. Pero también hay electro-pop, dance-pop e incluso un par de homenajes a bandas estadounidenses que han dejado su poso en la música pero nunca llegaron a ser realmente masivas. Él lo hace todo: composición, instrumentación, grabación, mezclas... Con los medios justos, eso sí compensados por sus evidentes ganas de seguir dedicándose a la música a partir de la evolución de su propuesta. Esa ilusión es precisamente la que tira del álbum hacia arriba.

Con buen criterio Langston sitúa "Killing my vibe", su primer sencillo, al comienzo del álbum. Es el tema más contundente del disco, y el que mejor debería satisfacer a sus seguidores de toda la vida: un medio tiempo muy bien interpretado y con unos coros muy oportunos, que recurre a electrónica ruidista y a arriesgados efectos para potenciar la rabia contenida que encierra su sencilla pero eficaz progresión armónica. "Fear the fire" cambia de registro aunque no tanto de tempo y con casi los mismos mimbres que su predecesor nos ofrece un tema de puro electro-pop, con voces tremendamente distorsionadas, un estribillo optimista y cautivador y una parte nueva que es una exhibición a la hora de sacar a flote una nueva melodía entre sintetizadores omnipresentes. "Birthrite" vuelve a ser un tema de rock electrónico inquietante que podrían firmar los Fall Out Boy más arriesgados, como lo demuestra ese bombo doblado y esos sintetizadores inverosímiles que aproximan la composición a la pista de baile. Aunque para mí el mejor momento del disco es sin duda "Skip", el cuarto corte, pop melancólico y elegante a lo Lorde aunque de sonido aún más contemporáneo, una melodía muy bien trabajada que va creciendo desde la primera nota de la estrofa hasta llegar a un estribillo en acordes menores que, es cierto, recordará a otros muchos, pero que con esas preciosas repeticiones de "For the end of the ad" nos transportará a otra dimensión.

El resto del álbum no llega a mantener el nivel de su primer tercio, aunque en realidad no hay canciones que desentonen. "Letterman jacket" es un tema rápido que acerca a Eleventyseven al hyper-pop, si bien la base de su composición es el power-pop tradicional de la banda. Para mi gusto resulta correcto melódicamente pero un tanto blando, por momentos demasiado obvio, y un poquito largo. Le sigue "Cookie", el segundo y último sencillo extraído, que baja el tempo y sube un poco el nivel. Aunque es cierto que usa y abusa de la misma progresión armónica en estrofas y estribillo, estructurada eso sí sobre un pegadizo loop de synclavier, y puede llegar a cansar. "Battlecats" sí que recupera el mejor nivel del álbum, con su calidez rockera y su energía contenida conseguidas mediante un eficaz loop de bajo sintético, su ácida letra ("Garth Brooks came to level up your night life") y su ausencia de un estribillo vocal. Y "Shelf life", el octavo corte, se vuelve a aproximar al electro-pop, pero lo hace con un precioso teclado inicial y una melodía menos obvia que la de "Letterman jacket", por lo que resulta más recomendable que ésta, a pesar de que la belleza de su estribillo está justo en el límite de lo excesivamente comercial.

"Dizzy" es el penúltimo corte oficial de "Basic glitches", a la vez que un nuevo momento destacable: otro medio tiempo de pop envolvente, más melódico y menos chirriante que la mayoría de los anteriores, con una letra que es un canto a la desesperanza y una parte nueva que contiene un bonito y muy largo solo de sintetizador. "Natsunoyo" nos propone, como su título parece indicar, una juguetona melodía de reminiscencias asiáticas en su teclado principal. Y da lugar a lo que podríamos definir como la aproximación de Langston al K-pop que tan de moda está últimamente: bailable y entretenida. Y aunque en principio el diso termina aquí, en realidad lo completan dos versiones: "Teenage dirtbag", un tema desenfadado original de Wheatus, al que Langston despoja de distorsiones guitarreras (reemplazadas por un colchón de sintetizadores envolventes), y "Girl U want", un tema de 1980 de los inclasificables Devo, que cambia notablemente en la versión de Langston, perdiendo ritmo y ganando en experimentación electrónica. Dos ejercicios de estilo interesantes pero que no mejoran ni los originales ni la impresión global del álbum.

Y es que lo mejor de este inesperado "Basic glitches" es su capacidad para generar buenos temas sin encasillarse en un estilo en concreto. Por supuesto las limitaciones de un proyecto completamente en solitario condicionan un sonido que seguramente se habría beneficiado de contar con una banda de apoyo. Pero Langston es inteligente a la hora de armonizar e instrumentar sus composiciones, las interpreta con solvencia e incluso es capaz de mostrarnos su virtuosismo en tres o cuatro ocasiones. No hay gran tema que tire del conjunto, pero sí muchos que ganan con cada nueva escucha. La duda es si considerará la repercusión obtenida suficiente para seguir publicando canciones, o si éste habrá sido su canto del cisne tras prácticamente dos décadas en activo. Esperemos que lo primero; el giro estilístico ha merecido la pena.

domingo, 31 de enero de 2021

Otras 25 canciones recomendables de 2020

Para preparar mi anterior entrada sobre las veinte mejores canciones internacionales de 2020 tuve que hacer una selección bastante exhaustiva, pues me di cuenta de que tenía más candidatas que en otras ocasiones. Así que al terminar de prepararla pensé que merecería la pena dar a conocer esas otras canciones que se habían quedado fuera, pero que podrían ser al menos un legado optimista con el que contrarrestar un año tan complicado para todos. Eso sí, con el criterio habitual en mis listas: un solo tema por artista, que hubiera visto la luz en formato sencillo/videoclip, y que por supuesto no correspondiera a un artista que ya tuviera una canción en la lista de las mejores veinte.

Eso sí, entre ambas listas hay dos diferencias. La primera, que no las he ordenado del 21 al 45; me parecía rizar el rizo excesivamente, además de no ser la intención a la hora de presentar estos temas. Y la segunda, que he eliminado el adjetivo "internacionales", pues de manera consciente he creido oportuno añadir dos canciones de artistas españoles, reflejo de que, aunque con cuentagotas, estamos volviendo a disfrutar de propuestas que no tienen nada que envidiar a los publicados más allá de nuestras fronteras. Lo que no deja de ser una buena noticia.

Sin más, aquí va la lista de otras canciones veinticinco canciones recomendable:

Echo Machine - "The road". Uno de los mejores debuts del año pasado, y uno de sus mejores momentos. Rock ampuloso de reminiscencias ochenteras y consumo inmediato.

Purity Ring - "Peacefall". Tras cinco años de silencio, los canadienses probablemente entregaron su álbum más variado, donde destacaba esta balada delicada y subyugante, con su parafernalia de electrónica juguetona habitual.

Hot Chip feat. Jarvis Cocker - "Straight To The Morning". Posiblemente la colaboración más bizarra de los pasados doce meses. Un estupendo tema de baile clásico de los ya veteranos Hot Chip, con la inesperada colaboración de Jarvis Cocker, el carismático líder de los siempre recordados Pulp.

King Princess - "Only time makes it human". La neoyorkina entregó a finales del año pasado este excelente sencillo, tal vez anticipo de su segundo álbum. La canción que Dua Lipa lleva años intentando grabar sin conseguirlo, y encima con una letra provocativa.

Lastlings - "Take My Hand". El debut de los australianos se quedó por debajo de las tremendas expectativas generadas, por falta de variedad de registro y demasiados temas anodinos. Nada que ver con este temazo, contagioso, elegante y bailable a partes iguales.

The Weeknd - "Blinding lights". Pues sí, el sencillo más vendido del año. Es cierto que Max Martin bordea el plagio de "Perfect world", el sencillo de Broken Bells que ya fue número uno en mi lista de mejores canciones de 2014. Y que el ritmo del "Take on me" de A-Ha se podía haber disimulado un poco mejor. Pero siempre es una buena noticia que vuelvan a triunfar las buenas melodías entre tanto trap y tanto reguetón.

Bronson - "Heart attack". Uno de los trabajos colaborativos más interesantes del pasado año fue el del dúo estadounidense Odesza y el DJ Australiano Golden Features. Y éste, su tema estrella: música electrónica de factura actual, con la suficiente melodía y orientación a la pista de baile para llegar a múltiples audiencias.

Bob Moses - "Desire (Single Edit)". El tercer álbum de los canadienses (más bien un EP alargado para llegar al minutaje necesario) no estuvo a la altura de sus discos anteriores, pero contenía este tema un tanto frío pero con su ya tradicional y meritorio pop electrónico atormentado.

Josef Salvat - "Paper moons". El segundo disco del australiano no contenía ningún trallazo del calibre de "Open season", pero éste era el que más se le acercaba, con su melodía vocal tan difícil de interpretar, sus coros étnicos y su rítmico tramo final.

Noel Gallagher's High Flying Birds - "Blue moon rising". El mayor de los Gallagher sigue dándonos resultados de su talento a cuentagotas. Y más desde que se ha puesto a mirar a los últimos años ochenta y primeros noventa, como este tema que crece poco a poco hasta llegar a un fascinante tramo instrumental.

Pet Shop Boys - "Monkey business". Después de casi cuarenta años de carrera, los londinenses han grabado su primer tema con verdadero "groove", gracias en parte a Stuart Price: bajo slap en primer plano, violines en el estribillo, sección de viento, coros femeninos... Casi parece que estemos de vuelta en Studio 69.

Paloma Faith - "Better Than This". La inclasificable artista británica sigue desarrollando y ampliando el prestigio de su carrera con cada nuevo álbum, como el interesante "Infinite things", que contiene una balada que no tiene nada que envidiar a las mejores de Adele, ni siquiera en su interpretación.

Polly Scattergood - "Red". "In this moment", el tercer álbum de la inclasificable cantautora británica, fue una de las grandes decepciones del pasado año. Pero al menos nos dejó un sencillo intenso y excesivo que gana con cada escucha.

Hinds - "Good bad times". Las madrileñas siguen haciéndose un hueco en el panorama alternativo internacional gracias a temazos como éste, puro indie-rock femenino interpretado a medias entre español e inglés, y con un estribillo precioso.

Reyko - "Surrender". La madrileña Soleil y el catalán Igor han consolidado su propuesta de pop sobre electrónica pausada, intimista y de influencias étnicas en un álbum de debut irregular pero que contiene joyas como ésta, imprescindibles para una tarde de depresión.

Milck - "Gold". La estadounidense sigue luchando por triunfar en el mainstream que injustamente le deniega toda oportunidad, y lo hace con argumentos como este excelentemente producido e interpretado tema de soul contemporáneo, acertadamente alejado de todo lo que tenga que ver con hip-hop.

Night Club - "Die in the disco". El dúo angelino ya va por su tercer álbum, y aunque "Die Die Lullaby" sigue pecando de los defectos de álbums previos, cada vez con más frecuencia entregan temazos oscuros y provocativos, como esta brillante línea de bajo y este aún mejor estribillo.

Illenium - "Nightlight". Nicholas D. Miller sigue anticipando canciones que supuestamente formarán parte de su cuarto álbum, y aunque su repetición de la misma fórmula ya empieza a cansar cuando forma parte de una colección de canciones, escuchadas individualmente sigue poniendo los pelos de punta, como este cautivador medio tiempo de puro future bass y preciosa melodía vocal.

Dua Lipa - "Hallucinate". Aunque no llega al nivel del tema antes reseñado de King Princess, éste es el sencillo del segundo álbum que más se le aproxima. Repite Stuart Price en la composición y en la producción, aunque pienso que la del tema de Pet Shop Boys es más redonda.

Grimes - "You'll miss me when I'm not around". Otra que también decepcionó con su nuevo álbum, ese "Miss Anthropocene" que supone ya el quinto de su carrera y el primero después de un lustro. Pero que sin embargo ofreció notables momentos como este imposible de etiquetar (¿es rock? ¿es pop? ¿es electrónica?). Es Grimes.

Taylor Swift feat. Bon Iver – "Exile". La pandemia ha permitido a la mayor diva actualmente de los E.E.U.U. entregar nada menos que dos álbumes en 2020. Y aunque en general su folk de reminiscencias indie resulta muy poco novedoso a estas alturas y su instrumentación claramente superada, si la composición lo merece aún merece una escucha, como esta desoladora balada.

La Roux - "Automatic driver". Ellie Jackson ya no aspira a liderar la banda más cool del planeta, sino a ganarse dignamente la vida con una carrera modesta con algún que otro punto álgido. Como esta canción, muy simple instrumentalmente pero luminosa y con gancho.

Soccer Mommy - "Bloodstream". La de Nashville ha consolidado su carrera con "Color theory", su segundo álbum, repleto de buenas canciones de indie-rock escuchadas individualmente pero tremendamente repetitivas en conjunto. Quizás ésta sea la más lograda, estupendamente armonizada y explotada hasta llegar a casi seis minutos.

Everything Everything - "Big climb". "Re-animator" fue otro álbum fallido más de este 2020, pero los ingleses al menos incluyeron en ella este temazo de art-rock con claros tintes experimentales y sin embargo tremendamente disfrutable cuando se le coge el punto a sus partes declamadas, su melodía saltarina, su bajo sintetizado y sus continuos cambios de ritmo.

Johnny Hates Jazz - "New day ahead". Seguramente el retorno más inesperado del pasado año. Convertidos ya en dúo y sin que apenas nadie se acuerde ya de ellos, siguen teniendo el talento para entregar un sencillo tan "cañero" y redondo como éste, que si los hubiera cogido con treinta años habría sido un exitazo internacional.

Eso es todo, espero que esta selección les haya ayudado a descubrir grandes momentos de 2020 que posiblemente les habían pasado desapercibidos.

sábado, 16 de enero de 2021

Las 20 mejores canciones internacionales de 2020

Un año más es el momento de echar la vista atrás y proponer listas que nos permitan sintetizar lo mejor de este 2020 que nos dejó hace unos días. Un año histórico por todo lo que hemos vivido, y cuyo impacto ha sido dramático en la música en directo. Afortunadamente, no se ha dejado notar tanto en cuanto a la publicación de nuevas canciones, aunque mi conclusión es que no ha mejorado el relativamente pobre nivel de este último lustro. En todo caso, como el volumen de álbumes publicados excede ampliamente los cincuenta o sesenta que he conseguido escuchar, seguiré sin proponer una lista de mejores discos. Pero un año más sí que voy a proponer una lista con 20 canciones internacionales que recordar de este 2020. Con los dos criterios que siempre rigen esta lista: deben ser temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y solamente puede haber una canción por artista, para conseguir una panorámica lo más amplia posible de los últimos doce meses de la pasada década. Con la habitual ambición de localizar las armonías, las melodías, el talento, la originalidad y, al fin y al cabo, la calidad que siempre anhelo dar a conocer con mi blog.

Un año más los E.E.U.U. han aportado el mayor número de artistas (nueve), y tras ellos el Reino Unido ha ocupado la segunda posición. Pero también ha quedado espacio para artistas de otras partes del mundo, como Australia, Alemania, Canadá o Francia. Y es que como ya he mencionado otras veces, en un mundo tan globalizado cada vez es más sencillo que aparezcan artistas que consigan emocionarnos con un tema de pop o de rock universales. Así pues, después de darle muchas vueltas, aquí va la lista:

1. Kaleida - "Long noon". Sin duda, la canción más bonita del año. Podía haberse quedado en la balada del año, gracias a la desoladora progresión armónica de Cicely Goulder y la impresionante interpretación vocal de Christina Wood con la que comienza, pero no se conformaron con ello y fueron añadiendo con mesura otros instrumentos, como una guitarra o una sección de cuerda sintetizada que le dan sí cabe más personalidad e impacto. "How long... until you leave?". Los pelos de punta.
2. New Order - "Be a rebel". Sin previo aviso, los mancunianos, ya frisando los sesenta años de edad, entregaron hace unas semanas por sorpresa este tema, no se sabe si anticipo de un nuevo álbum, pero lo que sí se sabe es que además de sonar a los New Order de siempre (mezcla de hedonismo y calidad), es seguramente su mejor sencillo en lo que llevamos de siglo. Un larguísimo estribillo que sin embargo deja con ganas de más. Si hubiera incorporado un solo de bajo del nunca olvidado Peter Hook habría sido la canción del año.
3. Braids - "Young buck". "Shadow offering", el retorno del trío canadiense tras un lustro de silencio, confirmó que siguen manteniendo intacto su personalísimo sonido, que muchos denominan alt-rock a falta de una etiqueta más precisa. Mezclando instrumentos convencionales con otros más tecnológicos y con la maravillosa voz de Raphaelle Standell-Presto para cohesionar el resultado, ese "being loved by you" que repite una y otra vez nos hiere el corazón. Fascinante.
4. From Apes To Angels - "Head & heart". Es casi imposible entregar una canción con la sensibilidad más a flor de piel que esta maravilla injustamente ignorada por crítica y público. Sintetizadores que semejan nenúfares flotando, la voz tan reverberada que casi se confunden unas notas con otras, y una panoplia de sintetizadores a cual más original para rematar el conjunto. "I gave you... all the colours...".
5. Gus Dapperton - "First Aid". Si el año pasado fue Clairo la que dio el pelotazo de indie-pop contemporáneo inspirado en la mejor tradición musical estadounidense, este año ha sido Gus Dapperton quien ha tomado el relevo: comienzo con guitarra acústica en primer plano, melodía intimista, letra de arrepentimiento... pero con el talento para seguir haciendo crecer la canción a lo largo de su minutaje, con varias partes diferentes adicionales en sus casi cinco minutos, una contundente batería, reverberaciones y, sobre todo, la voz cargada de frustración en notas altas.
6. Elisabeth Elektra - "My Sisters". Para mi gusto el mejor tema de música de baile de 2020. De repercusión muy minoritaria, su excepcional línea de bajo es capaz de hermanar dos progresiones armónicas y dos melodías francamente antagónicas. Pero es que además las estrofas son infecciosas, el estribillo elegante, la letra reivindicativa y detalles como el teclado de la segunda estrofa, irresistible.
7. The Killers - "Caution". Su flojísimo "Imploding the mirage" contenía esta joya, que refrenda que aunque ya no sean capaces de entregar álbumes tan brillantes como en sus comienzos, aún saben hacer temazos de pop inmediato, arreglos intemporales y tan bien instrumentados como éste. Con mención especial para la fantástica interpretación vocal de Brandon Flowers, así como para la original idea de situar un solo de sintetizador en el primer intervalo instrumental, y otro de guitarra eléctrica en el segundo.
8. Nation Of Language - "Rush & fever". Posiblemente el del trío neoyorkino haya sido el debut más interesante de 2020. Es cierto que en su "Introduction, presence" quizá miran a los primeros ochenta más de lo necesario, pero su elegancia para recrear la transición del post-punk al techno-pop primigenio que se gestó entonces está fuera de toda duda. Como lo prueba esta canción que, partiendo de una melodía de tonos graves y con la aportación estelar de su trotón sintetizador, nos subyuga con su altivo ¿estribillo?.
9. Sylvan Esso - "Ferris Wheel". El dúo estadounidense sigue cultivando su personalísimo universo musical, a veces poco accesible pero siempre sorprendente. Como este inclasificable tema, de instrumentación singular, melodía delirante y aparente ausencia de ritmo, que sin embargo va ganando contundencia conforme avanza hasta resultar irresistible en sus dos maravillosos intervalos instrumentales.
10. Christine and the Queens - "People, I've been sad". Posiblemente la balada del año: un excelente ejemplo de que un tempo pausado no está reñido con una instrumentación contemporánea, ni es necesario hacer exhibiciones vocales para emocionar. Y el detalle de los dos idiomas le da originalidad. El único pero es que la progresión armónica es siempre la misma; si no, habría estado aún más alta en la lista.
11. Mating Ritual - "OK". Lo de los californianos es increíble en estos tiempos: cuatro álbumes en cuatro años, todos con un nivel medio sorprendemente alto, y todos lo suficientemente diferentes entre sí como para no repetirse. Fue el caso de "The bungalow", otro derroche de creatividad que en este tema se acercó al rock más intimista y devastador. Para una inmensa minoría.
12. Jessie Ware - "Save a kiss". Con este tema de bajo irresistible la británica Jessie Ware se ha ganado el trono de las pistas de baile justo el año en que no ha habido casi espacio para ellas. Inspirándose en el sonido philly de finales de los setenta para la instrumentación y jugando la baza de la calidez de su voz, sólo la falta de un estribillo más demoledor le ha impedido ser uno de los mejores temas del año.
13. Boston Manor - "Plasticine Dreams". "Glue" ha sido seguramente el mejor álbum de rock del pasado 2020. Con su ecléctica mezcla de estilos siempre bien entendidos, varios de sus sencillos podrían haber entrado en esta lista. Pero quizá mi favorito sea este tema que recuerda a Stone Temple Pilots y a Oasis a partes iguales, contundente, melódico y excelentemente interpretado.
14. Nina - "Automatic call". En su segundo álbum, "Synthian", la alemana Nina Boldt y la multi-instrumentista Laura Fares entregaron el mejor ejercicio de revival del pasado año. Porque no debemos enagañarnos: esto es puro italo-disco de hace casi cuarenta años, lo denotan su bajo sintético que vertebra el tema desde el comienzo, su sencilla caja de ritmos, y sus coloristas teclados, pero con una efectiva progresión armónica, una excelente letra, y una preciosa melodía, no hay quien se resista a su hechizo.
15. Cut Copy - "Like breaking glass". "Freeze, Melt" ha supuesto una saludable aunque arriesgada vuelta de tuerca en el sonido de los australianos. Afortunadamente ello no significa que se les haya olvidado escribir grandes canciones, como este tema espartano, de percusión obsesiva y precisos adornos electrónicos que gana con cada nueva escucha.
16. Erasure - "Hey now (think I got a feeling)". Después de treinta y cinco años de carrera, nadie debería haber esperado que Andy Bell y Vince Clarke entregaran en "The Neon", su decimo octavo álbum de estudio, una colección de canciones memorable. Pero lo sorprendente es que aún son capaces de crear temazos como éste, que podría haber sido un tema perdido de sus años gloriosos con sus sintetizadores vintage y su altísima melodía vocal, y que en realidad es su mejor sencillo en muchísimo tiempo.
17. Boniface - "Oh my God". Uno de los debuts más interesantes de 2020, Boniface es un crooner a contracorriente que, aunque no lo parezca, viene del otro lado del Atlántico para ofrecernos su pop desgarrador y grandilocuente a partes iguales, interpretado ademças por una banda de sonido clásico pero eficaz que sabe cómo arropar una composición de primerísimo nivel.
18. Freezepop - "Fantasizer". El esperado retorno tras nada menos que una década de los de Boston nos recordó que ni fueron ni serán una banda de álbumes. Pero sí de sencillos que hagan honor a su nombre, como este tema rápido, de electrónica ya nada innovadora, pero con una luminosidad en las excelentes y claramente diferenciadas tres partes de su melodía al alcance de muy pocos artistas.
19. Phantogram - "Pedestal". Al cuarto álbum de los neoyorkinos le faltaron dos o tres temas para ser su consolidación definitiva, pero este medio tiempo elegante y excelentemente producido (¡imprescindibles los auriculares para apreciar todo lo que sucede en las estrofas!) demuestra una vez más su capacidad para entregar canciones sensibles e intemporales.
20. Miley Cyrus - "Midnight Sky". La prensa internacional se ha empeñado en ensalzar los mediocres sencillos del segundo álbum de Dua Lipa, pero para mí el mejor sencillo de la música mainstream ha sido este medio tiempo de la antigua Hannah Montana. Bordeando con descaro el plagio de "Edge of midnight", el clásico de Stevie Nicks (otro temazo, sin duda), esta curiosa mezcla de pop provocativo y oscuro, pista de baile e influencias ochenteras se adhiere sin remedio a nuestro cerebro.

Pasan los años y me sigue preocupando haber dejado fuera de la lista temas de gran calidad, bien por el tamaño de la misma, bien porque no hayan llegado a mis oídos. Pero aun con ese riesgo pienso que la lista propuesta es perfectamente válida para el año tan convulso con el que se cerró la segunda década del siglo XXI, pues pone de manifiesto que si no nos quedamos en la superficie de lo que nos tratan de imponer los medios generalistas e independientes, podemos seguir encontrando grandes dosis de emoción y creatividad contemporáneas. Que es lo que siempre persigo en este blog.

jueves, 31 de diciembre de 2020

Bronson: "Bronson" (2020)

Quienes siguen con regularidad este blog saben que desde hace años presto atención a los estadounidenses Odesza, una de las pocas bandas de música electrónica que ha conseguido un reconocimiento masivo de pública y crítica en su país. De hecho hace unos años reseñé "A moment apart" (2017), su álbum de más éxito hasta la fecha, gracias a su sugestiva capacidad de evocación mediante atmósferas envolventes e influencias étnicas. Que sin embargo resultaba, como ya indiqué en su momento, demasiado conservador para mi gusto, sin apenas momentos de tempo alto, con la amenaza del aburrimiento siempre presente y no muy adecuado para el festival o la discoteca de turno. Llama por ello la atención que para el siguiente movimiento de su trayectoria el dúo haya pausado momentáneamente su carrera y se haya embarcado en un proyecto a medias con el para mí desconocido hasta ahora Golden Features, un productor australiano que soló había publicado un álbum hasta la fecha, "Sect" (2018).

Este tipo de aventuras son frecuentes cuando el artista en cuestión no acaba de dar con la inspiración para seguir por su senda habitual, o cuando necesita oxigenar su capacidad creativa con nuevas referencias. Probablemente sea el caso de Odesza, porque sin duda Bronson es una apuesta arriesgada cuando su último álbum había llegado nada menos que al Top 3 en su país. Pero debo reconocer que el resultado merece la pena y supone una saludable reinvención musical que probablemente les dé la energía necesaria para retomar su proyecto principal con ideas frescas. Y es que "Bronson" logra el siempre difícil equilibrio entre dos artistas complementarios pero claramente diferentes, sin que ninguno de los dos fagocite al otro, y sin que el resultado sea excesivamente experimental.

El primer corte, "Foundation", predispone correctamente para lo que nos vamos a encontrar: electrónica elegante y atmósferas envolventes que quedan bien patentes desde el comienzo, pero a las que durante el tramo intermedio del tema se añade un bombo y unos platillos que sin llegar a marcar un ritmo binario claro, avisan de que el álbum va a ser más movido de lo habitual en los americanos. Algo que inmediatamente confirma "Heart attack", el segundo corte además de primer sencillo e indudable tema estrella del álbum. El tempo alto, el bombo en primer plano, los teclados en crescendo y la voz de la para mí desconocida lau.ra sustentan un tema orientado a la pista de baile (a pesar del parón en la sección rítmica hacia la mitad) en lo que parece una clara influencia de Golden Features, que sin embargo mantiene su esperable elegancia y no desentona con el estilo del dúo. "Bline" es un tema instrumental de atmósfera inquietante, con un sampling vocal que podría llegar a cansar y otro ritmo binario contundente complementado por un excelente sintetizador de tono alarmista, que doblarán con talento en sus repeticiones finales. "Know me" es el segundo tema con una interpretación vocal completa, a cargo del estadounidense Gallant: un medio tiempo con una melodía dulce y elaborada que sin embargo no resulta particularmente impactante.

"Vaults", el quinto corte, fue también el segundo sencillo. Es sin duda uno de los temas que mejor entronca con la discografía de Odesza: medio tiempo, voces sampleadas que se repiten una y otra vez, una progresión armónica claramente definida... Pero se agradece el esfuerzo adicional al superponer percusiones electrónicas que aumentan el interés de la pieza hasta el final. Le sigue "Tense", una grata sorpresa: sigue sin ser un tema rápido, pero sí posee una contundencia ruidista que los acerca a sus compatriotas The Crystal Method. Todo ello gracias a un omnipresente loop sintetizado que ya se encargan de distorsionar conforme avanza el minutaje, y que inesperadamente termina en un pasaje casi funerario. "Call out" es el tema más claramente Odesza del disco, y sus bonitos samplings vocales no terminan de cautivar quizá a causa de su ritmo excesivamente simple y sus frecuentes parones.

"Contact", con su ritmo rápido y directo, sus pitches, sus distorsiones y sus crescendo, se asegura de mantener lejos el aburramiento, y es para mi gusto el tema más conseguido del álbum. A ello contribuye sin duda una progresión armónica oscura, obsesiva y bien explotada. "Keep moving", penúltimo corte, fue el cuarto sencillo hace unas semanas, y es el tema más alejado de lo que cabría esperar a priori de los americano: un tema monocorde, con una base rítmica muy elaborada, que podría sonar perfectamente en las sesiones más demoledoras de cualquier madrugada festivalera. Y el disco lo cierra "Dawn", el tercer sencillo, una colaboración a tres bandas con Totally Enormous Extinct Dinosaurs (DJ británico afincado en Estados Unidos). Es el único corte realmente largo, mas de siete minutos, y aunque en su primer tercio parece contundente, y posee buenos tramos instrumentales, termina siendo más una alegoría vocal esperanzadora (ese "Never give it up" que tanto repiten a coro), agradable aunque no del todo redonda.

A pesar de sus diez temas bien definidos, el disco no llega siquiera a los cuarenta minutos, lo que demuestra que Bronson también ha huido del cliché que tan negativamente afecta a la música electrónica consistente en alargar durante minutos y minutos cualquier tema hasta el hastío. Además, en su afán por crear un todo consistente a partir de piezas tan dispersas, todos los temas están enlazados y a veces es incluso difícil distinguier cuando termina uno y empieza el siguiente. Menos encorsetado, más variado y versátil que cualquiera de los álbumes en solitario de Odesza, no pasará a la historia de la música electrónica, ni posee un tema de cabecera que tire del conjunto y les gane nuevos adeptos, pero sí supone un esperanzador comienzo de un nuevo proyecto, a la vez que un disco solvente de principio a fin en este año que tan mediocre ha sido musicalmente hablando en cuanto a nuevas creaciones.

martes, 22 de diciembre de 2020

Nation Of Language: "Introduction, presence" (2020)

Una de las bandas que ha publicado su álbum de debut en 2020 con mayor reconocimiento de la crítica especializada ha sido Nation Of Language. Con la mirada puesta en los primeros años ochenta y una propuesta a medio camino entre el post-punk y el techno-pop de aquel entonces, el trío no ofrece en realidad nada nuevo musicalmente hablando, pero sabe mirar con inteligencia y buenas dosis de talento a lo mejor que se hacía entonces en el panorama musical. Un panorama, por cierto, que en aquellos tiempos estaba copado por artistas británicos que estaban dejando atrás el punk para experimentar con los primeros instrumentos electrónicos, lo que nos puede hacer inferir que la banda surgió en las Islas. Craso error, puesto que el trío proviene en realidad de Nueva York. Pero es que la influencia de Joy Division / New Order en su música es tan intensa que parecen haber crecido musicalmente en Manchester.

Y es que la mayor virtud y a la vez el mayor defecto de este "Introduction, presence" es su parecido con el proyecto de Ian Curtis, Bernard Sumner y Peter Hook hace justo cuarenta años. No es ya que la voz de Ian Richard Devaney recuerde a la Curtis (aunque en mi opinión se parezca más a la de Matt Berninger, vocalista de The National); es que las sencillas programaciones, los arpegios de bajo, los fraseos poco acompasados... todo recuerda a una de las bandas más influyentes de la historia de la música justo cuando estaban transicionando entre los dos estilos que mencionaba. Banda cuya calidad y repercusión hoy nadie cuestiona, pero tan trillada ya como referencia que parece complicado labrarse una carrera musical sólo mirándose en su espejo. Aunque para crear un álbum que le rinda tributo sí que da.

Porque imitaciones aparte, el disco funciona de principio a fin. A ello contribuye que nada menos que siete de sus diez cortes hayan visto la luz en formato sencillo. El tercero de ellos el que abre boca: "Tournament". Casi sin más preámbulo, la voz de Devaney se pone al frente de un tema que refleja perfectamente lo que nos vamos a encontrar en el álbum: una instrumentación escueta sobre una bonita progresión armónica, hasta que en la segunda estrofa ya entra una sencilla batería programada, y poco después el bajo de Michael Sue-Poi "a lo Peter Hook", para evocar y emocionar a partes iguales (aunque para el último tercio se reservan otra melodía totalmente diferente con la que enriquecer la repetición final del estribillo). "Rush & fever" fue el segundo sencillo a principios de año, y su tempo ligeramente más alto y su elegante bajo anticipan otro gran momento, lo que se confirma desde que el teclado de Aidan Noell (muy en la línea del Vince Clarke de los ochenta) pasa al frente para reforzar el ritmo cuando conviene, y la interpretación entre altiva y sensible de Devaney completa el triunfo. "September again", cuarto sencillo, es si cabe aún más simple y espartana desde el punto de vista rítmico que las anteriores, y las notas altas de la melodía no son lo que mejor le viene a Devaney, por mucho que se doble la voz. Por eso lo que prefiero de este tema menor son los primeros tramos de las estrofas, de una elegancia incontestable.

Con "On Division St", nada menos que su séptimo sencillo y quizá el que más popular de todos está resultando, los neoyorkinos se quitan la careta definitivamente y copian tal cual la progresión armónica de "Bizarre love triangle", el clásico de New Order allá por 1986, incluso repitiendo prácticamente la misma secuencia de bajo. Esa sencilla y a la vez irresistible base les permite construir un tema que aunque más limitado melódicamente que el original, y más simple en los teclados de Noell respecto a los de Gillian Gilbert y Stephen Morris, sin duda raya a gran altura. Pero me niego a incluirlo en la lista de las mejores canciones del año como están haciendo muchas publicaciones especializadas, pues la apropiación es demasiado evidente. "Indignities", el quinto corte, no fue un sencillo tal cual sino uno de los primeros temas de su carrera, allá por 2017, cuando la influencia de Joy Division era aún más obvia y el post punk desasosegado encajaba más claramente en su abanico de influencias, si bien el resultado es más curioso que disfrutable. Prefiero sin duda "Automobile", que pese a ser mi canción favorita del álbum es una de las pocas que no ha aparecido como sencillo: la clave es otra certera progresión armónica, que en este caso refuerza una melodía coral y elegante a partes iguales a pesar de no tener estrofas y estribillos diferenciados, y que además deja espacio para unos nada complejos y sin embargo disfrutables intervalos instrumentales, en especial aquellos presididos por el bajo de Sue-Poi, y con algún que otro sintetizador de sonido espacial que parece reivindicar cierta contemporaneidad.

El último tercio del álbum lo inaugura "Friend machine", el quinto sencillo y el más techno-pop del álbum (casi podemos pensar que estamos escuchando a Gary Numan o a Visage). Aunque la canción resulta más interesante por su capacidad evocadora que disfrutable, sobre todo a causa de su melodía un tanto entrecortada y ese parón rítmico hacia la mitad tan poco adecuado. "Sacred tongue", octavo tema, es otro buen momento por descubrir, un medio tiempo cadencioso de instrumentación escasa y con la percusión más elaborada del disco, al que le falta un punto más de elaboración para descollar. "The motorist", penúltimo corte, fue también el primer sencillo del disco, y una clara reminiscencia de la atmósfera del mítico álbum "Power, corruption & lies" con el que New Order abrazó definitivamente la electrónica en 1983. Al tema quizá le sobran los puentes instrumentales tan largos sobre el mismo acorde y las frases declamadas en las estrofas, a la vez que le falta algo de gancho, pero los estribillos rezuman tristeza en su letra y en sus notas ("turn the pages, try to find another way..."). Y el disco lo cierra "The Wall & I", sexto sencillo, uno de los temas más rápidos del álbum y que conjuga una melodía relativamente melódica con una base rítmica contundente. Y todo ello aderezado con unos solos de bajo recomendables y un largo tramo instrumental final que ejerce con soltura su función de despedida.

Después de unas cuantas escuchas el disco se abre paso en nuestra colección y pide ser reproducido una y otra vez. Pero siendo honestos, tenemos que fijarnos con mucha atención si queremos encontrar algún detalle contemporáneo en la instrumentación que desmienta que el disco se grabó en realidad en 1981. Puestos a sacar defectos, también convendría que la distinción entre las diez canciones fuera mayor (el álbum es probablemente demasiado lineal), y que más a menudo las progresiones armónicas no repitieran de principio a fin de cada tema los mismos tres o cuarto cortes. Incluso la duración de algunas canciones (más de cinco minutos) resulta excesiva. Pese a todo, Nation Of Language consiguen eludir la etiqueta de revival, y eso es gracias a su capacidad creativa. Así que aunque por lo general prefiero propuestas más contemporáneas, "Introduction, presence" ya ha pasado a formar parte de mi discoteca particular. Habrá que ver si para el segundo álbum se atreven a arriesgar algo más (a riesgo de perder su personalidad) o si siguen mirando por el retrovisor a sus ídolos (a riesgo de repetirse más de la cuenta). Difícil paso adelante, del que veremos si salen bien parados. Si no, se quedarán en un "One-hit-wonder".

domingo, 29 de noviembre de 2020

Sylvan Esso: "Free love" (2020)

Hace un par de meses ha visto la luz "Free love", el tercer álbum de los estadounidenses Sylvan Esso. El dúo formado por la cantante Amelia Meath y el programador y productor Nick Sanborn se caracteriza por proponer un acercamiento muy americano al pop electrónico más habitual en el continente europeo. Buscando un difícil equilibrio entre la sensibilidad de Lamb y la electrónica arriesgada de Reed & Caroline, sus canciones no son nunca fáciles, pero a menudo acaban calando si se les da la oportunidad. Por eso había expectación por ver si este nuevo álbum estaba a la altura de "What now" (2017), el álbum que los consagró en el panorama musical alternativo y con el que los descubrí. Y en mi opinión lo han conseguido, aunque con matices.

Para empezar, "Free love" insiste en ofrecernos los estrictos diez cortes que ya incluía su predecesor, ni uno más. Pero aquí el desarrollo de la mayoría de las canciones es si cabe aún más escueto, con lo que la escucha no llega ni a la media hora. Lo que evidentemente sabe a poco. Más aún conociendo la capacidad de Sanborn para sorprendernos con sus instrumentaciones personalísimas. Parece que han primado el impacto directo, pero al menos hay tres o cuatro temas que podrían haber dado más de sí con una duración más larga. Por otra parte la línea estilística es muy similar a la de su anterior entrega, quizá un poco más reposada pero aún con el suficiente nervio como para que la escucha no se haga pesada. Y en su caso, la misma línea estilística no equivale a monotonía, pues el carrusel de sonidos, e incluso los juegos vocales de Meath están garantizados.

El álbum lo abre "What if", menos de minuto y medio casi sin instrumentación (decir a capella no sería adecuado, pues los múltiples armónicos de la voz de Meath muestran que el tema está en realidad muy procesado). El caso es que es una melodía bonita (sobre todo el estribillo), y está claro que podría haber dado para al menos una segunda estrofa y otro estribillo que lo hiciera más disfrutable. Le sigue "Ring", otro tema en el que Meath entra casi sin preámbulo, con unas estrofas más entonadas que un estribillo un tanto obvio. Los juegos de Sanborn son especialmente perceptibles en la batería, que es radicalmente diferente en cada una de las distintas partes del tema. "Ferris wheel", siguiente corte, fue el primer sencillo extraído, lo que a mi modo de ver constituye todo un acierto, pues se trata sin duda del mejor momento del álbum: tan espartano y onírico al comienzo como cabría esperar, poco a poco van entrando sonidos distorsionados (con mención especial para el bajo), y cada vez se vuelve un tema más infeccioso (con un estribillo de una ingenuidad que puede recordar a los mejores tiempo de Björk) hasta converger en ese fantástico intervalo instrumental en el que los dos sintetizadores (uno de influencias orientales y otro que es casi una flauta) compiten por el protagonismo, orientando el resto del tema hacia la pista de baile. "Train" ha sio escogido recientemente como quinto sencillo, una decisión que muestra lo poco convencional del dúo, pues se trata de un tema delirante en su juego de voces y en los instrumentos que lo arropan. Pero la progresión armónica que lo vertebra es bonita, la melodía está conseguida, y los tramos instrumentales vuelen a ser todo un estímulo a la imaginación, por lo que tras unas cuantas escuchas se adherirá inevitablemente a nuestro cerebro.

"Numb", quinto corte, es el único tema que excede los cuatro minutos. Y es una pena que no haya sido extraído en formato sencillo, ya que a mi modo de ver es el segundo mejor momento del álbum. Porque es el terreno en el que mejor se desenvuelven: su electrónica "esquizofrénica", que mezcla sintetizadores imposibles con programaciones de tempo alto para disfrutar en la pista de baile o en el festival de turno, se equilabra con unas estrofas largas y elaboradoras, y unos tramos instrumentales ahora sí desarrollados al máximo y plenos de talento (sobre todo el del final). Justo después el álbum pega un frenazo con "Free", el cuarto sencillo: una balada cálida con ruido de fondo registrado a propósito, bonita pero un poquito empalagosa a pesar de durar menos de tres minutos. Prefiero "Frequency", siguiente corte y tercer sencillo extraído: la melodía tal vez siga pecando de naif, pero tras los dos primeros minutos entra una progresión armónica diferente y muy envolvente, que lleva el tema a otra dimensión.

"Runaway", ante penúltimo corte, es posiblemente su último momento destacable. A pesar de (o gracias a) esos coros de imitación africana con los que Meath adorna el estribillo, el tema suena original y con una curiosa mezcla de sonidos espaciales y tímidas influencias étnicas. Y mejora en su último minuto con ese cambio en la progresión armónica que resalta la belleza del tema. Es verdad que antes de terminar la escucha aún queda "Rooftop dancing", su segundo sencillo, pero en mi opinión no es un gran momento, pues resulta excesivamente cadencioso para no ser el tema que cierra el disco, y además el inverosímil cóctel entre melodía de influencias folk, los coros postprocesados de Meath y las guitarras acústicas no termina esta vez de funcionar. El cierre lo pone "Make it easy", otro tema lento, con una instrumentación muy escueta que apenas arropa la voz nuevamente distorsionada de Meath hasta cerca del final, y que incluso termina con el curioso detalle de casi medio minuto final prácticamente en silencio, en lo que parece una simple estratagema para que el tema pase de los tres minutos.

Y así, en un visto y no visto, se desvanece este "Free love". Que cuesta disfrutar durante las primeras escuchas pero que luego deja con ganas de más. Quizá esa sea la clave del éxito de Sylvan Esso: en un panorama tan trillado como el de las parejas que hacen música pop más o menos electrónica, destacan por su originalidad, que por suerte es más inspirada que provocadora. Probablemente les falte acercar alguno de sus temas a un convencionalismo más comercial para que definitivamente rompan la barrera del éxito masivo. Pero seguramente ellos están a gusto donde están ahora, con su público fiel y su reconocimiento a nivel de crítica que les permite hacer lo que ellos quieren. Así que toca disfrutar de este ratito y me imagino que esperar otros tres años para que nos entreguen otra media hora de pop a contracorriente. Les esperaremos.

domingo, 15 de noviembre de 2020

Cut Copy: "Freeze, melt" (2020)

El pasado mes de agosto ha visto la luz "Freeze, melt", el sexto álbum de los australianos Cut Copy. Han pasado casi tres años de "Haiku from zero", la que era su irregular aunque por momentos brillante última entrega hasta la fecha. Este nuevo disco es el resultado de un punto de inflexión vital en la banda de Dan Whitford, su cantante y compositor principal, quien por motivos personales se mudó hace un tiempo de su Melbourne natal a la gélida Copenhague. Un cambio radical que se refleja claramente en el álbum: no es que hayan abandonado del todo su pop de detalles electrónicos y que se acerca con criterio a la pista de baile, pero se han internado por caminos más experimentales, con temas más largos y ambientales, a veces casi instrumentales, en un giro sin duda arriesgado pero del que han salido suficientemente airosos.

No obstante, lo primero que sorprende de este "Freeze, melt", es la escasez de temas que lo componen: sólo ocho cortes, su álbum más escaso de contenido hasta la fecha. Una circunstancia que se compensa en parte por esa mayor duración de muchos de sus temas a la que aludía antes, y que consigue que el resultado total llegue por poco a los cuarenta minutos. También sorprende la desnudez de muchas de sus canciones, probablemente deseada aunque tal vez tenga que ver también que el álbum se grabó en poco más de una semana. En todo caso, una vuelta de tuerca mayor de lo esperable a estas alturas de su carrera. Y que probablemente explique por qué han creado un vídeo para acompañar cada tema, tratando de crear un concepto audiovisual novedoso y homogéneo.

Quizá para que al seguidor de la banda este nuevo álbum no se le haga muy duro, los tres sencillos extraídos van seguidos al comienzo del mismo. Abre veda "Cold water", segundo sencillo, construido a partir de un obsesivo loop sintetizado muy evocador, y sobre el que poco a poco entran más instrumentos sin abandonar su sonido espartano, entre ellos una batería electrónica muy sencilla, aunque lo que llama la atención además de su correcta melodía son los dos teclados, uno rápido y otro melódico, que llenan su minuto final. Superior es a mi modo de ver el tercer sencillo, "Like breaking glass", posiblemente el mejor momento del disco. Una melodía luminosa, un par de teclados complicados y juguetones en estrofas y estribillos, y sobre todo esa percusión obsesiva que tanto recuerda al "Shout" de Tears For Fears pero que tan eficaz resulta para resaltar la composición. Además es de los temas de estructura más claramente pop del disco, con su secuencia de estrofas y estribillos, su parte nueva, su intervalo instrumental con coros... y por tanto el más accesible. "Love is all we share" es el sencillo que anticipó el álbum la pasada primavera, y un excelente aviso del giro estilístico que se avecinaba: una balada con sintetizadores envolventes y temática romántica, con una melodía de notas muy largas y un teclado principal reconocible que sirve de gancho a los cambios de tonalidad que introduce Whitford con aquello de "Nobody knows". Aunque está claro que seis minutos son demasiados para tanto pasaje instrumental que repote aquello de "Only love" una y otra vez.

"Stop, horizon" podría pasar por un tema de la primera década de The Orb (incluso por su título), con su arpegio de guitarra postprocesado una y otra vez para crear una base sobre la que ir añadiendo diversos sintetizadores... aunque después de casi tres minutos aparece una pequeña parte cantada por Whitford, y en los últimos cien segundos una batería razonablemente convencional que acercan el tema a una elegante sesión de chill-out. "Running in the grass" vuelve a apostar por una percusión sencilla y muy en primer plano para vertebrar un tema en el que los distintos teclados van entrando muy poco a poco, hasta que finalmente aparece la voz de Whitford para ofrecernos una melodía sin mucho gancho en las estrofas, y sólo un poco más interesante en los "ooh" del estribillo y en esa parte nueva tan difícil de encajar en el conjunto como el piano final. "A perfect day" es en mi opinión el segundo mejor momento del disco: de duración más contenida y mejor emparentado con su legado de temas pop sintéticos, su estructura clásica, su bonita melodía y su brillante despliegue instrumental (con la sorpresa de esa percusión a mitad del tema que antecede a esa preciosa parte nueva que se alarga hasta el final) hacen que gane con cada escucha.

Justo cuando le empezamos a coger el gusto al álbum se acerca el final. Y lo hace con el penúltimo corte y para mí su tercer mejor momento: "Rain" evoca su título con una certera combinación de sintetizadores antes de dar paso a una interpretación vocal completa de Whitford (aunque no estructurada en las habituales estrofas y estribillos). Destaca especialmente esa melodía de notas más bajas de lo habitual y la guitarra eléctrica que le añade un punto de dramatismo a su tramo final. Y el cierre lo pone "In transit", ahora sí un tema de ambient puro, netamente instrumental, gélido, pausado, con sorpresas como esa guitarra acústica que pone el contrapunto cerca del final, pero que obviamente es una canción menor.

El escaso éxito comercial cosechado por "Freeze, melt" (el menor desde que rompieron techo con "In Ghost Colours" allá por 2008) evidencia que el giro musical no ha sido muy bien acogido por sus cada vez más escasos seguidores. Está claro que no es un disco fácil, y que no funciona como antídoto para estos meses tan depresivos que nos está dejando la pandemia. Pero si le damos una oportunidad a sus pasajes derivativos y nos aferramos a los temas que entroncan con su discografía previa, es un álbum interesante, razonablemente disfrutable, y que a pesar de su sonido menos elaborado posee muchos detalles por descubrir en sucesivas escuchas. La duda es si refleja un cambio permanente en la banda, o si será un disco del que renieguen en un futuro. O quien sabe si incluso el último de su carrera. Veremos.

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