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miércoles, 12 de octubre de 2022

Odesza - "The Last Goodbye" (2022)

Casi cinco años después de su último álbum de estudio ("A moment apart"), el dúo estadounidense Odesza ha regresado con el que es su cuarto disco, "The Last Goodbye". Un periodo aparentemente largo, aunque en realidad no lo ha sido tanto, pues entre medias Harrison Mills y Clayton Knight crearon el proyecto "Bronson" junto al productor australiano Golden Features, el cual dio como resultado un disco homónimo que ya reseñé en este mismo blog. Y cuyas exploraciones más orientadas a la pista de baile y a un sonido un tanto más crudo se dejan sentir en este regreso de Odesza. Una nueva entrega que, además, se ha beneficiado de que la todopoderosa Apple escogiera el tema que da título a la misma para una de sus campañas publicitarias más recientes. Lo que deja bien a las claras la influencia de la banda de Washington en la música contemporánea actual. Y que este álbum ecléctico y fácil de degustar pone de manifiesto.

Y es que pese a la cantidad de canciones que conforman "The Last Goodbye" (trece, ocho de ellas con invitados que se encargan de la parte vocal), se trata de un álbum de duración muy contenida para lo que se estila en discos de música electrónica (cincuenta minutos). Ello provoca que el disco fluya con dinamismo, y si algún tema en concreto nos llena menos, en seguida llega otro que cambia de registro y oxigena la escucha. Porque en esta nueva entrega el dúo ha potenciado su eclecticismo como seña de identidad, y aunque nos siguen proponiendo las influencias étnicas, los pasajes ambientales y las atmósferas envolventes que siempre les han caracterizado, no dudan en alternarlos con momentos más bailables o acercamientos al pop más actual. El resultado es lógicamente un tanto irregular, pero los aciertos priman sobre los errores, como lo demuestran los nada menos que seis sencillos ya extraídos.

"This version of you", el tema que abre el disco, enlaza perfectamente con el punto en el que el dúo dejó "A moment apart": un medio tiempo envolvente, sin apenas base rítmica, con una parte vocal declamada, y un crescendo antes del piano final, cuyo objetivo parece crear el clima para el resto del disco. Más interesante por sí misma resulta "Wide Awake", el siguiente corte, recientemente escogida como quinto sencillo. Con una complicada melodía de notas altas bien interpretada por Charlie Houston, llama la atención porque su colorida instrumentación a base de sintetizadores y efectos da paso en seguida a un contundente ritmo binario que la orienta hacia la pista de baile. Aunque ello no está reñido con un estribillo intimista y casi desnudo en su segunda repetición, ni con un sencillo pero apoteósico sintetizador en los intervalos instrumentales. Un tema notable, si bien personalmente prefiero "Love letter", tercer corte y tercer sencillo. Creada junto al también dúo de música electrónica The Knocks, el resultado es menos insulso de lo habitual en este anodino dúo: la voz de James Patterson canta una sencilla melodía y da vida a una progresión armónica sugestiva, que no varía en su desarrollo pero que incita al baile. Todo ello rematado por una de las mejores instrumentaciones del disco, variando continuamente con samplings diversos, teclados que aparecen y desaparecen y sólo unas notas de piano para cohesionar el junto.

"Behind the sun", cuarto sencillo además de cuarto corte, es un medio tiempo construido sobre un sampling de música iraní, que nos remite a los Odesza más reconocibles, pero que a pesar de su elaborada percusión y la contundencia de sus coros, supone un indudable bajón tras los dos temas anteriores. Pero la cosa en seguida remonta gracias a "Forgive me", mi segundo momento favorito del álbum, a pesar de no haber sido escogida como sencillo. Interpretada por la británica Izzy Bizu con la obvia intención de armonizar al máximo con el estilo de la composición, se trata de un tema de pop luminoso y rabiosamente contemporáneo, directo y con unas estrofas que levantan el ánimo a cualquiera. Una bonita producción, a partir de un bajo real, que va incorporando instrumentos poco a poco y añade la contundencia de la caja de la batería en su correcto y sinfónico estribillo, rematan poco más de tres minutos que podrían haber sido un éxito mundial en la voz de cualquiera de las veinteañeras que pululan en estos tiempos por las listas anglosajonas. "North Garden" recupera los Odesza "clásicos", con un sampling del pop de los sesenta, percusiones que varían continuamente, y efectos varios en otro momento más relajante que emocionante. Le sigue "Better now", segundo sencillo, con la participación vocal de la representante portuguesa en el Festival de Eurovisión de este año, Maro. Un tema cálido, no sólo por la voz de la portuguesa, pero para mi gusto un poco lento para que el contraste de su poderosa línea de bajo sintetizada y las estridencias instrumentales de su estribillo logren el resultado pretendido.

Escondido como octavo corte encontramos "The Last Goodbye", primer sencillo además de ser la canción que da título al álbum. Y que sin duda es su mejor momento, tanto que se ha convertido ya en el apoteósico cierre de sus conciertos, amén de la ya comentada campaña de Apple. Excepcionalmente cantada por la poderosa voz de Bettye LaVette, combina un fantástico y envolvente comienzo, un preludio que da paso a los flasheos del sintetizador principal antes de que finalmente entre la composición completa (no sólo estribillo, también estrofa), y con un largo interludio presidido por un efectivo bajo slap, antes de los dos minutos de apoteósico baile final (guitarra eléctrica incluida). Quizá con una duración un poquito más corta (ahora son seis minutos) sería una de los candidatas a canción del año. "All My Life" es quizá el tema más ambiental del álbum, una agradable superposición de trémolos que fluyen para aterrizar tras el subidón precedente, de resultado agradable pero no perdurable. "Equal" regresa a los tempos más altos y la electrónica más contundente. Con la voz de la británica Låpsley comandando un tema que combina estrofas más reposadas con un estribillo más estridente, es el tema que mejor encaja con la identidad del sello de Ninja Tune, donde habitualmente publican los estadounidenses. Si bien le falta algo de variedad para erigirse como uno de los grandes momentos del disco.

"Healing Grid" es un cinematográfico pasaje, en el que sucesivos samplings dan calidez a una colorista progresión armónica, en otro momento marca de la casa, agradable y lo suficientemente corta para que no se haga aburrida. "I Can't sleep", el penúltimo corte, es otro momento interesantes: arranca como "otro tema ambiental más" del dúo, pero en seguida una percusión sencilla, un ritmo arrastrado y un amago de melodía en un idioma ininteligible dan paso a un medio tiempo más crudo y personal de lo que cabría esperar, con mención especial para la superposición de melodías sintetizadas de su minuto final. Y el disco lo cierra "Light Of Day", un en apariencia reposado tema que recientemente ha visto la luz como sexto sencillo (no se pierdan el fantástico vídeo que lo acompaña), cuyos seis minutos en el álbum resultan un tanto excesivos, pero que acortados a cuatro en su versión single permiten comprobar como la un tanto repetitiva melodía vocal del islandés Ólafur Arnalds no es todo lo que encierra este tema, realzado por unos intervalos instrumentales movidos y conmovedores con esos crescendos sinfónicos arropando el efectivo sintetizador principal.

"The Last Goodbye" es uno de esos discos elaborados que ganan con cada escucha. Por ejemplo cuando reparemos en que el final de canción suela confluir hasta solaparse con el comienzo de la siguiente, o cuando nos demos cuenta de que algunas de las secciones de cuerda que escuchamos no son sintetizadas sino reales. La nómina de cantantes está bien escogida, pues casi todos se alinean en sus interpretaciones con la propuesta del tema en cuestión, y los abundantes sampling vocales hacen el disco apto para aquellos a los que la electrónica puramente instrumental les aburre. Además, el contar con un tema estrella tan claro ayuda a consolidarlo como un paso adelante en su carrera. Porque aunque es obvio que al disco aún le sobran momentos derivativos para ser igualmente disfrutable de principio a fin, posee los suficientes puntos álgidos, bien ubicados además, para explicar por qué ha alcanzado un meritorio puesto 11 en la lista de ventas de los E.E.U.U. Por desgracia, aquí en Europa seguirán siendo unos perfectos desconocidos, así que sólo espero que esta entrada contribuya minímamente a paliar esta circunstancia.

jueves, 31 de diciembre de 2020

Bronson: "Bronson" (2020)

Quienes siguen con regularidad este blog saben que desde hace años presto atención a los estadounidenses Odesza, una de las pocas bandas de música electrónica que ha conseguido un reconocimiento masivo de pública y crítica en su país. De hecho hace unos años reseñé "A moment apart" (2017), su álbum de más éxito hasta la fecha, gracias a su sugestiva capacidad de evocación mediante atmósferas envolventes e influencias étnicas. Que sin embargo resultaba, como ya indiqué en su momento, demasiado conservador para mi gusto, sin apenas momentos de tempo alto, con la amenaza del aburrimiento siempre presente y no muy adecuado para el festival o la discoteca de turno. Llama por ello la atención que para el siguiente movimiento de su trayectoria el dúo haya pausado momentáneamente su carrera y se haya embarcado en un proyecto a medias con el para mí desconocido hasta ahora Golden Features, un productor australiano que soló había publicado un álbum hasta la fecha, "Sect" (2018).

Este tipo de aventuras son frecuentes cuando el artista en cuestión no acaba de dar con la inspiración para seguir por su senda habitual, o cuando necesita oxigenar su capacidad creativa con nuevas referencias. Probablemente sea el caso de Odesza, porque sin duda Bronson es una apuesta arriesgada cuando su último álbum había llegado nada menos que al Top 3 en su país. Pero debo reconocer que el resultado merece la pena y supone una saludable reinvención musical que probablemente les dé la energía necesaria para retomar su proyecto principal con ideas frescas. Y es que "Bronson" logra el siempre difícil equilibrio entre dos artistas complementarios pero claramente diferentes, sin que ninguno de los dos fagocite al otro, y sin que el resultado sea excesivamente experimental.

El primer corte, "Foundation", predispone correctamente para lo que nos vamos a encontrar: electrónica elegante y atmósferas envolventes que quedan bien patentes desde el comienzo, pero a las que durante el tramo intermedio del tema se añade un bombo y unos platillos que sin llegar a marcar un ritmo binario claro, avisan de que el álbum va a ser más movido de lo habitual en los americanos. Algo que inmediatamente confirma "Heart attack", el segundo corte además de primer sencillo e indudable tema estrella del álbum. El tempo alto, el bombo en primer plano, los teclados en crescendo y la voz de la para mí desconocida lau.ra sustentan un tema orientado a la pista de baile (a pesar del parón en la sección rítmica hacia la mitad) en lo que parece una clara influencia de Golden Features, que sin embargo mantiene su esperable elegancia y no desentona con el estilo del dúo. "Bline" es un tema instrumental de atmósfera inquietante, con un sampling vocal que podría llegar a cansar y otro ritmo binario contundente complementado por un excelente sintetizador de tono alarmista, que doblarán con talento en sus repeticiones finales. "Know me" es el segundo tema con una interpretación vocal completa, a cargo del estadounidense Gallant: un medio tiempo con una melodía dulce y elaborada que sin embargo no resulta particularmente impactante.

"Vaults", el quinto corte, fue también el segundo sencillo. Es sin duda uno de los temas que mejor entronca con la discografía de Odesza: medio tiempo, voces sampleadas que se repiten una y otra vez, una progresión armónica claramente definida... Pero se agradece el esfuerzo adicional al superponer percusiones electrónicas que aumentan el interés de la pieza hasta el final. Le sigue "Tense", una grata sorpresa: sigue sin ser un tema rápido, pero sí posee una contundencia ruidista que los acerca a sus compatriotas The Crystal Method. Todo ello gracias a un omnipresente loop sintetizado que ya se encargan de distorsionar conforme avanza el minutaje, y que inesperadamente termina en un pasaje casi funerario. "Call out" es el tema más claramente Odesza del disco, y sus bonitos samplings vocales no terminan de cautivar quizá a causa de su ritmo excesivamente simple y sus frecuentes parones.

"Contact", con su ritmo rápido y directo, sus pitches, sus distorsiones y sus crescendo, se asegura de mantener lejos el aburramiento, y es para mi gusto el tema más conseguido del álbum. A ello contribuye sin duda una progresión armónica oscura, obsesiva y bien explotada. "Keep moving", penúltimo corte, fue el cuarto sencillo hace unas semanas, y es el tema más alejado de lo que cabría esperar a priori de los americano: un tema monocorde, con una base rítmica muy elaborada, que podría sonar perfectamente en las sesiones más demoledoras de cualquier madrugada festivalera. Y el disco lo cierra "Dawn", el tercer sencillo, una colaboración a tres bandas con Totally Enormous Extinct Dinosaurs (DJ británico afincado en Estados Unidos). Es el único corte realmente largo, mas de siete minutos, y aunque en su primer tercio parece contundente, y posee buenos tramos instrumentales, termina siendo más una alegoría vocal esperanzadora (ese "Never give it up" que tanto repiten a coro), agradable aunque no del todo redonda.

A pesar de sus diez temas bien definidos, el disco no llega siquiera a los cuarenta minutos, lo que demuestra que Bronson también ha huido del cliché que tan negativamente afecta a la música electrónica consistente en alargar durante minutos y minutos cualquier tema hasta el hastío. Además, en su afán por crear un todo consistente a partir de piezas tan dispersas, todos los temas están enlazados y a veces es incluso difícil distinguier cuando termina uno y empieza el siguiente. Menos encorsetado, más variado y versátil que cualquiera de los álbumes en solitario de Odesza, no pasará a la historia de la música electrónica, ni posee un tema de cabecera que tire del conjunto y les gane nuevos adeptos, pero sí supone un esperanzador comienzo de un nuevo proyecto, a la vez que un disco solvente de principio a fin en este año que tan mediocre ha sido musicalmente hablando en cuanto a nuevas creaciones.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Odesza: "A moment apart" (2017)

Este 2017 que está a punto de terminar no ha deparado grandes sorpresas musicalmente hablando. Pero una de las más llamativas ha sido la repercusión que han alcanzado los norteamericanos Odesza con su tercer álbum. El hasta ahora minoritario dúo de Seattle formado por Harrison Mills y Clayton Knight ha dado la campanada con "A moment apart", consiguiendo algo casi imposible en el siempre complicado para la música eléctronica mercado estadounidense: alcanzar el top 3 en la lista de álbumes más vendidos.

¿Y a qué se debe tanto tirón? Pues esencialmente a que Odesza ha huido de buena parte de los tópicos que tienden a hacer de la música electrónica una propuesta para minorías. Para ello lo primero que han hecho ha sido aumentar el número de temas con una interpretación vocal completa. Mills y Knight han contado con los servicios de un amplio elenco de colaboradores, ninguno de gran renombre pero todos ellos de cualidades interpretativas contrastadas. Otra decisión en la misma línea ha sido reducir el número de temas orientados a la pista de baile: ¿que los ritmos binarios de tempo alto generan el rechazo automático en buena parte de la música comercial? Pues los descartamos, y apostamos casi en exclusiva por medios tiempos y temas lentos. Una tercera ha sido limitar la duración de sus composiciones: ¿que los temas largos, de desarrollos lentos, cansan a la audiencia? Pues hagamos temas de duración estándar. Si a todo ello le añadimos que mantienen su clara predilección por las progresiones armónicas elaboradas frente a las canciones monocordeos o estridentes de buena parte de la electrónica del siglo XXI, probablemente tengamos la receta de su éxito.

Así, "A moment apart" resulta ser una curiosa mezcla entre música ambient, influencias étnicas, pop para las masas del año 2017, guiños electrónicos, y muchas estrofas y estribillos. Algo así como lo que proponía Michel Cretu en su Enigma hace un cuarto de siglo, pero con un sonido más elaborado (la tecnología ha avanzado mucho) y un mayor número de colaboraciones vocales que den variedad al conjunto. Así, tras una breve introducción nos encontramos ya con el primer tema instrumental que se desarolla en esas coordenadas: "A moment apart" da título al álbum con sus elegante cuatro minutos sobre una elaborada progresión armónica, su ritmo sincopado, su piano vertebrador y sus sintetizadores reproduciendo voces femeninas. Tras él nos encontramos el que para mí es el mejor momento del disco, además de su quinto sencillo: "Higher ground", con la interpretación vocal de la para mí desconocida Naomi Wild es, a pesar de la relativa simpleza de su letra, un tema pop clásico y actual al mismo tiempo, con una bonita melodía en las estrofas, un buen arreglo en el puente y un estribillo luminoso, reforzada por las armonías de una sección de cuerda, otra de viento y unos certeros coros. Le sigue "Boy", otro corto tema instrumental, pausado, de influencias étnicas en las voces combinadas con una original percusión sincopada y una instrumentación envolvente.

"Line of Sight", con la participación vocal del para mí desconocido WYNNE, fue el primer sencillo y el tema que les ha catapultado a las nominaciones para los Grammy. Sin embargo para mí no es de sus mejores momentos: su épica peca de melosa, y su tempo excesivamente lento tampoco ayuda. Aunque hay que reconocer que los coros sintetizados y el sintetizador estridente que preside los intervalos instrumentales son eficaces. Tras tanto medio tiempo "Late night", segundo sencillo y el tema más rápido del álbum, se presenta como un soplo de aire fresco. Además, esos guiños a Daft Punk en las dos guitarras post-procesadas, junto con el excelente partido que sacan al sampling vocal a modo tanto de estrofas como de estribillo resultan tan originales como efectivas, especialmente en la apoteosis final. "Across the room", el sexto y último sencillo extraído hasta la fecha, cuenta con la participación vocal de la gran esperanza del soul contemporáneo, Leon Bridges. Que aunque es un cantante y compositor que cuenta con mi reconocimiento, no produce en esta ocasión un resultado brillante, porque más que de un tema de Odesza estamos ante un tema típico de Bridges (y no de los mejores) con tan sólo unos tímidos apuntes instrumentales de los de Seattle, que no son capaces de llevar la composición a su terreno.

El siguiente corte, "Meridian", también el tercer sencillo, es un nuevo tema instrumental de menos de cuatro minutos que incide en los ritmos tribales conveniente pulidos en otro medio tiempo, desarrollados por medio de lo que parece un canto del África central. Más certero es el noveno corte, "Everything at Your Feet", con la participación de la banda fronteriza The Chamanas. Que a pesar del horrible español que emplean en su letra (nadie hablaría así en nuestro idioma), encajan adecuadamente con los de Seattle: desde la trompeta del comienzo y los intervalos instrumentales hasta el infeccioso bajo sintetizado que da pie a los estribillos, todo son buenos detalles (incluso el ritmo vuelve a ser mayoritariamente binario, con un tempo ligeramente más rápido que le viene al disco como agua de mayo). "Just a memory", con la colaboración vocal de la ya veterana Regina Spektor, es una balada cristalina, de melodía difícil de interpretar, pero un tanto autocomplaciente en la instrumentación: la habitual sección de cuerda y prácticamente nada de electrónica innovadora.

El tramo final de este extenso álbum podríamos decir que comienza con "Divide", el tema más claramente R&B del álbum, con la intervención vocal de la para mí desconocida Kelsey Bullkin: más bien lento, al menos compensa su convencionalidad con los efectos que adornan el sintetizador principal de los intervalos instrumentales. Más interesante resulta "Thin Floors and Tall Ceilings", la composición instrumental más corta del álbum: otra vez lenta, pero más intimista y envolvente, recurriendo a las inevitables slow strings y con un sampling vocal capaz de dotar de emoción al conunto aunque no se entienda. "La ciudad" sube un poco el tempo y refuerza la batería para devolver algo de dinamismo al disco, pero reincide en los samplings vocales (eso sí, varios y muy diferentes esta vez) y en los guiños étnicos. "Falls", con la intervención vocal de la nuevamente desconocida Sasha Sloan, mantiene las mismas coordenadas del grueso del álbum de tempo y samplings vocales, pero la melodía es más certera (incluyendo un truco tan clásico como la repetición final del estribillo sobre la percusión desnuda) y la instrumetnación menos obvia, lo que la sitúa entre los momentos más interesantes del álbum. "Show me", el penúltimo corte, no aporta nada nuevo a lo ya expuesto y resulta agradable pero un tanto prescindible. Y "Corners of the Earth", con la intervención vocal del no menos desconocido para mí RY X, intenta cerrar el conjunto con una especie de plegaria que además vio la luz como cuarto sencillo, pero resulta un tanto cargante en su propuesta plena de optimismo, además de un tanto larga.

Es indudable que el álbum le sobra minutaje, y que en la selección final se podrían haber caído dos o tres canciones sin afectar al resultado final. También que le habría venido bien incluir más canciones de tempo más alto con las que contrapesar tantos temas lentos, no recurrir a tantos compositores invitados para lograr un resultado más equilibrado, y no abusar tanto de las voces sampleadas o sintetizadas para aumentar la evocación de los tramos instrumentales. Porque tal cual ha quedado, "A moment apart" transpira autoindulgencia y afán de comercialidad a partes iguales. Pero no es menos cierto que alberga un gran tema y siete u ocho momentos claramente favorables, y todo ello con unas armonías irreprochables y un sonido nítido y cristalino que cubre todo el espectro sonoro. Hasta tal punto su estilo es reconocible que han abierto camino para otras propuestas similares (caso del también estadounidense Illenium). Ahora falta ver si para su cuarto álbum se reafirman en su comercialidad a base de medios tiempos e invitados estelares, o si arriesgan para no quedarse estancados. Ojalá suceda lo segundo.

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