domingo, 15 de noviembre de 2020

Cut Copy: "Freeze, melt" (2020)

El pasado mes de agosto ha visto la luz "Freeze, melt", el sexto álbum de los australianos Cut Copy. Han pasado casi tres años de "Haiku from zero", la que era su irregular aunque por momentos brillante última entrega hasta la fecha. Este nuevo disco es el resultado de un punto de inflexión vital en la banda de Dan Whitford, su cantante y compositor principal, quien por motivos personales se mudó hace un tiempo de su Melbourne natal a la gélida Copenhague. Un cambio radical que se refleja claramente en el álbum: no es que hayan abandonado del todo su pop de detalles electrónicos y que se acerca con criterio a la pista de baile, pero se han internado por caminos más experimentales, con temas más largos y ambientales, a veces casi instrumentales, en un giro sin duda arriesgado pero del que han salido suficientemente airosos.

No obstante, lo primero que sorprende de este "Freeze, melt", es la escasez de temas que lo componen: sólo ocho cortes, su álbum más escaso de contenido hasta la fecha. Una circunstancia que se compensa en parte por esa mayor duración de muchos de sus temas a la que aludía antes, y que consigue que el resultado total llegue por poco a los cuarenta minutos. También sorprende la desnudez de muchas de sus canciones, probablemente deseada aunque tal vez tenga que ver también que el álbum se grabó en poco más de una semana. En todo caso, una vuelta de tuerca mayor de lo esperable a estas alturas de su carrera. Y que probablemente explique por qué han creado un vídeo para acompañar cada tema, tratando de crear un concepto audiovisual novedoso y homogéneo.

Quizá para que al seguidor de la banda este nuevo álbum no se le haga muy duro, los tres sencillos extraídos van seguidos al comienzo del mismo. Abre veda "Cold water", segundo sencillo, construido a partir de un obsesivo loop sintetizado muy evocador, y sobre el que poco a poco entran más instrumentos sin abandonar su sonido espartano, entre ellos una batería electrónica muy sencilla, aunque lo que llama la atención además de su correcta melodía son los dos teclados, uno rápido y otro melódico, que llenan su minuto final. Superior es a mi modo de ver el tercer sencillo, "Like breaking glass", posiblemente el mejor momento del disco. Una melodía luminosa, un par de teclados complicados y juguetones en estrofas y estribillos, y sobre todo esa percusión obsesiva que tanto recuerda al "Shout" de Tears For Fears pero que tan eficaz resulta para resaltar la composición. Además es de los temas de estructura más claramente pop del disco, con su secuencia de estrofas y estribillos, su parte nueva, su intervalo instrumental con coros... y por tanto el más accesible. "Love is all we share" es el sencillo que anticipó el álbum la pasada primavera, y un excelente aviso del giro estilístico que se avecinaba: una balada con sintetizadores envolventes y temática romántica, con una melodía de notas muy largas y un teclado principal reconocible que sirve de gancho a los cambios de tonalidad que introduce Whitford con aquello de "Nobody knows". Aunque está claro que seis minutos son demasiados para tanto pasaje instrumental que repote aquello de "Only love" una y otra vez.

"Stop, horizon" podría pasar por un tema de la primera década de The Orb (incluso por su título), con su arpegio de guitarra postprocesado una y otra vez para crear una base sobre la que ir añadiendo diversos sintetizadores... aunque después de casi tres minutos aparece una pequeña parte cantada por Whitford, y en los últimos cien segundos una batería razonablemente convencional que acercan el tema a una elegante sesión de chill-out. "Running in the grass" vuelve a apostar por una percusión sencilla y muy en primer plano para vertebrar un tema en el que los distintos teclados van entrando muy poco a poco, hasta que finalmente aparece la voz de Whitford para ofrecernos una melodía sin mucho gancho en las estrofas, y sólo un poco más interesante en los "ooh" del estribillo y en esa parte nueva tan difícil de encajar en el conjunto como el piano final. "A perfect day" es en mi opinión el segundo mejor momento del disco: de duración más contenida y mejor emparentado con su legado de temas pop sintéticos, su estructura clásica, su bonita melodía y su brillante despliegue instrumental (con la sorpresa de esa percusión a mitad del tema que antecede a esa preciosa parte nueva que se alarga hasta el final) hacen que gane con cada escucha.

Justo cuando le empezamos a coger el gusto al álbum se acerca el final. Y lo hace con el penúltimo corte y para mí su tercer mejor momento: "Rain" evoca su título con una certera combinación de sintetizadores antes de dar paso a una interpretación vocal completa de Whitford (aunque no estructurada en las habituales estrofas y estribillos). Destaca especialmente esa melodía de notas más bajas de lo habitual y la guitarra eléctrica que le añade un punto de dramatismo a su tramo final. Y el cierre lo pone "In transit", ahora sí un tema de ambient puro, netamente instrumental, gélido, pausado, con sorpresas como esa guitarra acústica que pone el contrapunto cerca del final, pero que obviamente es una canción menor.

El escaso éxito comercial cosechado por "Freeze, melt" (el menor desde que rompieron techo con "In Ghost Colours" allá por 2008) evidencia que el giro musical no ha sido muy bien acogido por sus cada vez más escasos seguidores. Está claro que no es un disco fácil, y que no funciona como antídoto para estos meses tan depresivos que nos está dejando la pandemia. Pero si le damos una oportunidad a sus pasajes derivativos y nos aferramos a los temas que entroncan con su discografía previa, es un álbum interesante, razonablemente disfrutable, y que a pesar de su sonido menos elaborado posee muchos detalles por descubrir en sucesivas escuchas. La duda es si refleja un cambio permanente en la banda, o si será un disco del que renieguen en un futuro. O quien sabe si incluso el último de su carrera. Veremos.

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