Uno de los álbumes más originales de este 2017 que nos dejó hace unas cuantas semanas fue "What now", el segundo álbum del dúo estadounidense Sylvan Esso. La banda formada por la cantante Amelia Meath y el productor Nick Sanborn ya habían causado en 2014 una buena impresión con su homónimo álbum de debut. Pero los sencillos que anticiparon este "What now" ya presagiaron un notable crecimiento de su propuesta musical, crecimiento que confirmó definitivamente este "What now" que vio la luz hace unos meses. Un álbum que ha sido refrendado por un razonable éxito comercial (top 40 en su país), unas críticas mayoritariamente favorables y el reconocimiento reciente de su nominación a los por otra parte desprestigiados Premios Grammy.
"What now" es un álbum corto (los estrictos diez temas de rigor y apenas treinta y seis minutos) pero con espacio suficiente para que el dúo sobrepase la habitual temática mainstream y deconstruya el synth-pop con un cuestionamiento permanente de sonidos, melodías y percusiones. Que no siempre raya a la misma altura, pero que tiene la virtud de ofrecer algo interesante en cada uno de sus en general breves temas. Y el defecto de que cuesta encontrar una canción bandera que pueda enganchar con un gusto más mayoritario. Pero la inteligencia con la que elaboran su cóctel de Roisin Murphy, Thomas Dolby, Lamb, la Björk de la primera época y otras influencias del dance, el pop y la electrónica de las últimas cuatro décadas, sin renunciar a su fuerte personalidad, resulta del gusto de melómanos que gustan de propuestas originales.
El comienzo ya pone en guardia respecto a sus intenciones de emocionar sin renunciar a transgredir. "Sound" es un muy arriesgado primer corte, que ofrece una respuesta cruda a la pregunta que da título al disco: un tema corto, con la voz ultra distorsionada de Meath como referente principal, sin percusión, y un casi inexistente colchón instrumental consistente en puntuales compases marcados por un discreto sintetizador y una serie de ruidos percutivos como complemento. Tras la cual nos topamos con el mejor tramo del álbum: sus cuatro sencillos. El último en orden cronológico y primero en orden de reproducción es "The glow": su comienzo simulando un láser que salta en la reproducción de una guitarra acústica confirma que lo del riesgo va en serio, pero su bonita melodía, su estructura convencional con estrofas, estribillos y parte nueva y la originalidad que consigue la combinación de guitarra acústica, sintetizadores chirriantes y percusiones impredecibles logran un resultado muy interesante. "Die young" es, si se permite retorcer la palabra, la primera "balada" del álbum, una confesión sincera de amor sobre una preciosa y estupendamente interpretada melodía principal que progresa sobre una complicada instrumentación (que incluso cuando llevan a vivo con una banda completa cautiva por la original interpretación de sus instrumentos), y que formó parte de mi lista de mejores canciones de 2017.
El siguiente tema es para mí el otro mejor momento del álbum, y también el sencillo que anticipó el álbum: "Radio" es una mordaz visión del mundo de las radiofórmulas, planteada como una infecciosa pieza de pop bailable, con un punto delirante muy caracteristico. Que sostiene un bajo sintetizado muy efectivo y que va creciendo instrumentalmente poco a poco hasta terminar en una última repetición del estribillo realmente brillante. A un nivel inferior pero aún reseñable se sitúa "Kick jump twist", o cómo construir unas estrofas sobre una jugetona programación de videojuego, para luego estallar en un desquiciante estribillo sobre un poderoso sintetizador, y volver a la carga durante el resto del tema con toda la pirotecnia de efectos y pequeños detalles.
La segunda mitad del año es menos redonda, pero el sexto corte, "Song", es un tema de progresión armónica y melodía pop irreprochables y muy trabajadas, primero sobre una guitarra y después sobre un bajo distorsionado, y quizá el tema menos arriesgado desde un punto de vista instrumental. "Just dancing" insiste en los sonidos infecciosos y las percusiones originales, y propone un segundo estribillo tremendamente bailable que demuestra lo trabajado que está compositivamente el tema, aunque el resultado es menos redondo que el de cualquiera de los sencillos. "Signal" también está construida sobre una elaborada composición, pero baja el tempo y minimiza las estridencias, al tiempo que propone un estribillo en falsete digno pero particularmente a contracorriente. "Slack Jaw", un título muy original (algo así como mandíbula floja), es una pesimista canción prácticamente a capella que permite apreciar la estupenda voz de Meath, pero supone un contraste tan alto con el resto del álbum que es difícil que enganche. Mejor encaja "Rewind", la canción que cierra el disco: quizá la podríamos definir como la otra balada del álbum, también fría y un tanto chirriante en las estrofas, pero con un melódico y poderoso estribillo que le ayuda a cerrar el álbum con buena nota, tanto en sus repeticiones vocales como en el brillante tramo instrumental.
Si en las primeras escuchas el álbum no nos decepciona, seguro que tendrá un lugar destacado en nuestra discoteca reciente. Porque a su talento vocal e instrumental el dúo de Durham suma una rara habilidad para expandir tendencias e ir a contracorriente sin que dejemos de orientarnos en sus canciones. Y además con honestidad y un punto mordaz que es de agradecer. Aunque el éxito de su propuesta depende más que en otras de que sigan siendo capaces de componer seis o siete grandes temas por álbum, independientemente de cómo los interpreten luego. Así que confiemos en que les aguante la buena forma creativa; el resto de ingredientes ya los tienen.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
domingo, 25 de febrero de 2018
sábado, 17 de febrero de 2018
Lorde: "Melodrama" (2017)
Sin lugar a dudas, el álbum más interesante que nos dejó la música mainstream en el 2017 que se marchó hace unas pocas semanas fue "Melodrama", de la neozelandesa Lorde. Un álbum que alcanzó el número 1 tanto en E.E.U.U. como en las antípodas, y todo ello a pesar de no ser una propuesta femenina escorada hacia el pop chicloso (como por ejemplo el de Kesha) o insípido (como el de Taylor Swift). Incluso a pesar de la imagen de la propia Lorde (con gancho pero no una belleza y con un punto de locura). No sólo eso: "Melodrama" ha conjugado ese éxito comercial masivo con el reconocimiento casi unánime de la crítica, siendo elegido álbum del año por medios tan dispares como el NME o Rolling Stones. Con lo complicado que resulta compaginar ambos reconocimentos.
Incluso bajo los cánones de este humilde blog considero que "Melodrama" tiene el nivel suficiente como para merecer una entrada independiente en esta lista. Aunque seré más comedido en mis parabienes. Porque el segundo álbum de Lorde tiene varios buenos temas, el gancho de la arrolladora personalidad de Ella Marija, la facilidad con la se desenvuelve en notas bajas y altas, la colaboración en la producción y la composición del hoy altamente reputado Jack Antonoff (líder de Bleachers), y el aliciente de unos textos y unas vivencias que la han hecho madurar notablemente desde que sorprendió en 2013 con su "Pure heroine" a los 17 añitos. Pero eso no quiere decir que se trate de un álbum redondo, porque no todos los temas rayan a la misma altura, la instrumentación es a menudo tirando a espartana o demasiado convencional, y se echa en falta algo de riesgo a lo largo de sus once (en realidad doce) canciones.
Un buen ejemplo de lo bueno y lo malo que comento es "Green light", el tema que abre el disco y lógicamente en estos casos también el primer sencillo: un tema que juega al despiste con su inicio de voz y piano y ambiente de balada convencional, pero que cuando empieza aquello de "But I hear sounds in my mind" se convierte un tema bailable y con un enérgico estribillo... aunque el piano electrónico que la sostiene está ya más que visto desde hace décadas, y la instrumentación no termina de crecer como cabría esperar. Mucho más interesante es el siguiente corte, "Sober", una canción más oscura y sugestiva, arriesgada en su instrumentación (los bongos a modo de única percusión durante la mayor parte del tema, la sección de viento en el estribillo que provoca un contraste tremendo con el resto de instrumentos), y con una parte nueva muy interesante, a la que sólo le falta un minuto más para explotar todas sus hallazgos. "Homemade dynamite", tercer corte y también tercer sencillo, se pliega a las modas como lo refleja ese ritmo sincopado más propio del trap, y coquetea con el R&B en un estribillo de voces superpuestas y notas muy altas, pero una buena melodía garantiza que llegue a puerto. Aunque más redondo resulta "The louvre", sobre una progresión armónica inspirada y una melodía de estructura atemporal, que remata una coda final sobre un arpegio de guitarra sencillo pero efectivo.
Con "Liability" comienza la parte más personal del álbum, pero también la más irregular en cuanto a resultados. Porque se trata de una balada convencional de voz y piano, de letra muy interesante acerca de sus relaciones sentimentales truncadas por su sentido de la responsabilidad, pero previsible y con un punto sensiblero. "Hard feelings/Loveless" es, como su propio título indica, dos temas enlazados en uno: "Hard feelings" es una canción completa, nuevamente un medio tiempo de influencias R&B en la instrumentación y melodía pop, cuyo tramo más interesante surge con los sintetizadores chirriantes que sostienen su largo intervalo instrumental, mientras que "Loveless" son dos minutos construidos sobre una caja de ritmos excesivamente simple y en las que la voz de Lorde adopta una pose cándida para mostrar la indiferencia que le provocan los rechazos de su pareja, relatados en sendas estrofas. Mucho más inspirada resulta "Sober II (Melodrama)", que pese a lo que su título indica no tiene nada que ver con "Sober". Y que aunque recuerde quizá demasiado al "Frozen" de Madonna con su sección de cuerda, sus acordes menores y la manera como la batería entra en momentos puntuales, convence con su excelente melodía, quizá la mejor interpretación vocal del álbum y la rabia contenida que encierra.
"Writer in the dark" vuelve a insistir en el comienzo con balada y piano, que más tarde sólo completará una sección de cuerda, pero sorprende con esa interpretación vocal a lo Tori Amos y un estribillo a dos voces de tintes psicodélicos. "Supercut" oxigena el álbum tras tanta balada y tanto medio tiempo con su ritmo bailable y su bombo binario casi desde el comienzo; es cierto que la melodía tal vez sea demasiado pop para el colchón de inspiración techno que la envuelve, pero le permite a la neozelandesa dar rienda suelta a toda la energía que encierra. El penúltimo corte, "Liability (Reprise)", sí que es una recreación del tema original, tirando de auto-tune y voces superpuestas pero sin superar a la original ni conseguir tampoco un gran momento. Afortunadamente el álbum se cierra con "Perfect places", el segundo sencillo (colocado en un lugar francamente extraño, por cierto). Y que junto a "Sober" es para mí el otro gran momento del disco (ya la seleccioné para mi lista de 20 mejores canciones de 2017): una estrofa que empieza sin previo aviso a recorrer una bonita melodía, mejorada en el excelente puente y rematada en un precioso estribillo al que el coro de voces le saca el máximo partido. Que luego gana con cada nueva escucha (la reflexiva y a la vez exhuberante letra, el extraño sintetizador que adorna el estribillo, la guitarra que lo completa en las repeticiones finales...).
Y justo cuando más enganchado te tiene, "Melodrama" te suelta sin previo aviso. Con lo que la sensación que predomina es la de un puñado de buenas canciones, otras demasiado pegadas a las modas actuales o demasiado convencionales en estructura e instrmentación, que podía haber dado más de sí si Antonoff hubiera explotado más muchas de las composiciones (algunas terminan demasiado pronto, o apenas evolucionan instrumentalmente). Pero también la de un álbum que resistirá con buena nota el paso de los años, y no hará sonrojarse a los melómanos futuros cuando revisen los álbumes que triunfaban en las listas de ventas en 2017. Lo que ya es decir mucho. Así que unámonos a las mayorías, disfrutemos de "Sober", "Perfect places" y "Melodrama", y confiemos en que Lorde mantenga este difícil equilibrio entre crítica y ventas en su siguiente entrega.
Incluso bajo los cánones de este humilde blog considero que "Melodrama" tiene el nivel suficiente como para merecer una entrada independiente en esta lista. Aunque seré más comedido en mis parabienes. Porque el segundo álbum de Lorde tiene varios buenos temas, el gancho de la arrolladora personalidad de Ella Marija, la facilidad con la se desenvuelve en notas bajas y altas, la colaboración en la producción y la composición del hoy altamente reputado Jack Antonoff (líder de Bleachers), y el aliciente de unos textos y unas vivencias que la han hecho madurar notablemente desde que sorprendió en 2013 con su "Pure heroine" a los 17 añitos. Pero eso no quiere decir que se trate de un álbum redondo, porque no todos los temas rayan a la misma altura, la instrumentación es a menudo tirando a espartana o demasiado convencional, y se echa en falta algo de riesgo a lo largo de sus once (en realidad doce) canciones.
Un buen ejemplo de lo bueno y lo malo que comento es "Green light", el tema que abre el disco y lógicamente en estos casos también el primer sencillo: un tema que juega al despiste con su inicio de voz y piano y ambiente de balada convencional, pero que cuando empieza aquello de "But I hear sounds in my mind" se convierte un tema bailable y con un enérgico estribillo... aunque el piano electrónico que la sostiene está ya más que visto desde hace décadas, y la instrumentación no termina de crecer como cabría esperar. Mucho más interesante es el siguiente corte, "Sober", una canción más oscura y sugestiva, arriesgada en su instrumentación (los bongos a modo de única percusión durante la mayor parte del tema, la sección de viento en el estribillo que provoca un contraste tremendo con el resto de instrumentos), y con una parte nueva muy interesante, a la que sólo le falta un minuto más para explotar todas sus hallazgos. "Homemade dynamite", tercer corte y también tercer sencillo, se pliega a las modas como lo refleja ese ritmo sincopado más propio del trap, y coquetea con el R&B en un estribillo de voces superpuestas y notas muy altas, pero una buena melodía garantiza que llegue a puerto. Aunque más redondo resulta "The louvre", sobre una progresión armónica inspirada y una melodía de estructura atemporal, que remata una coda final sobre un arpegio de guitarra sencillo pero efectivo.
Con "Liability" comienza la parte más personal del álbum, pero también la más irregular en cuanto a resultados. Porque se trata de una balada convencional de voz y piano, de letra muy interesante acerca de sus relaciones sentimentales truncadas por su sentido de la responsabilidad, pero previsible y con un punto sensiblero. "Hard feelings/Loveless" es, como su propio título indica, dos temas enlazados en uno: "Hard feelings" es una canción completa, nuevamente un medio tiempo de influencias R&B en la instrumentación y melodía pop, cuyo tramo más interesante surge con los sintetizadores chirriantes que sostienen su largo intervalo instrumental, mientras que "Loveless" son dos minutos construidos sobre una caja de ritmos excesivamente simple y en las que la voz de Lorde adopta una pose cándida para mostrar la indiferencia que le provocan los rechazos de su pareja, relatados en sendas estrofas. Mucho más inspirada resulta "Sober II (Melodrama)", que pese a lo que su título indica no tiene nada que ver con "Sober". Y que aunque recuerde quizá demasiado al "Frozen" de Madonna con su sección de cuerda, sus acordes menores y la manera como la batería entra en momentos puntuales, convence con su excelente melodía, quizá la mejor interpretación vocal del álbum y la rabia contenida que encierra.
"Writer in the dark" vuelve a insistir en el comienzo con balada y piano, que más tarde sólo completará una sección de cuerda, pero sorprende con esa interpretación vocal a lo Tori Amos y un estribillo a dos voces de tintes psicodélicos. "Supercut" oxigena el álbum tras tanta balada y tanto medio tiempo con su ritmo bailable y su bombo binario casi desde el comienzo; es cierto que la melodía tal vez sea demasiado pop para el colchón de inspiración techno que la envuelve, pero le permite a la neozelandesa dar rienda suelta a toda la energía que encierra. El penúltimo corte, "Liability (Reprise)", sí que es una recreación del tema original, tirando de auto-tune y voces superpuestas pero sin superar a la original ni conseguir tampoco un gran momento. Afortunadamente el álbum se cierra con "Perfect places", el segundo sencillo (colocado en un lugar francamente extraño, por cierto). Y que junto a "Sober" es para mí el otro gran momento del disco (ya la seleccioné para mi lista de 20 mejores canciones de 2017): una estrofa que empieza sin previo aviso a recorrer una bonita melodía, mejorada en el excelente puente y rematada en un precioso estribillo al que el coro de voces le saca el máximo partido. Que luego gana con cada nueva escucha (la reflexiva y a la vez exhuberante letra, el extraño sintetizador que adorna el estribillo, la guitarra que lo completa en las repeticiones finales...).
Y justo cuando más enganchado te tiene, "Melodrama" te suelta sin previo aviso. Con lo que la sensación que predomina es la de un puñado de buenas canciones, otras demasiado pegadas a las modas actuales o demasiado convencionales en estructura e instrmentación, que podía haber dado más de sí si Antonoff hubiera explotado más muchas de las composiciones (algunas terminan demasiado pronto, o apenas evolucionan instrumentalmente). Pero también la de un álbum que resistirá con buena nota el paso de los años, y no hará sonrojarse a los melómanos futuros cuando revisen los álbumes que triunfaban en las listas de ventas en 2017. Lo que ya es decir mucho. Así que unámonos a las mayorías, disfrutemos de "Sober", "Perfect places" y "Melodrama", y confiemos en que Lorde mantenga este difícil equilibrio entre crítica y ventas en su siguiente entrega.
domingo, 28 de enero de 2018
Otras 20 canciones más que interesantes de 2017
A diferencia de otros años, este 2017 he tenido bastantes más dificultades para elaborar la lista de las 20 mejores canciones que propongo anualmente. Así que tras unos días en los que he tenido a menudo la impresión de que estaba dejando en el olvido otro buen puñado de canciones (que no habían tenido la oportunidad de aparecer por este blog ni como parte de sus álbumes de 2017, ni en dicha lista de mejores canciones), me he animado a crear una nueva entrada para darles la visibilidad que creo merecen.
Eso sí, dado que considero que ninguna de ellas merecía estar en la lista de las 20 mejores, no me he planteado ordenarlas "del 21 al 40". Me ha parecido más atractivo agruparlas en tres categorías: temas de artistas nuevos (o casi, al menos para el público en español); temas de artistas que históricamente han sido seguidos con atención por este blog, pero que con sus álbumes de retorno en 2017 no alcanzaron en mi opinión el nivel para merecer una entrada independiente; y temas de artistas veteranos, que en la mayoría de los casos regresaron tras muchos años de silencio. Una manera fácil de descubrir nuevos artistas, reseñar lo más notable de los retornos de artistas consolidados, o de dar visibilidad a artistas veteranos que volvieron a la creatividad.
Temas de artistas "nuevos":
Pixx - Waterslides. Esquizofrenia ochentera... y un maravilloso estribillo por música y por letra.
Anna Of The North - Someone. La música propone una mezcla entre Kim Carnes y Belinda Carlisle, pero la voz nórdica y la sensibilidad australiana para el pop equilibran el resultado.
Bicep - "Aura". Si Orbital siguieran en activo y con la misma energía festivalera de los noventa, quiza hubieran entregado este adictivo llenapistas.
Lany - "ILYSB". Sensibilidad estadounidense con los instrumentos justos.
Plaitum - "Ovation". Su esperado álbum de debut resultó muy monótono, pero contenía este gran tema de trip-hop contemporáneo.
Alex Cameron - "Runnin' Outta Luck". Pop australiano intemporal que es digno heredero de tótems como Men At Work.
Temas de artistas que retornaron el pasado 2017:
Halsey - "Not afraid anymore". Ninguno de los sencillos de su segundo álbum ("Hopeless fountain kingdom", también de 2017) llegó al nivel de este intenso tema de la banda sonora de "Fifty shades darker".
Imagine Dragons - "Whatever it takes". Su flojo y excesivamente comercial tercer álbum ("Evolve") contenía un par de temas interesantes, más este medio tiempo que actualiza su sonido sin perder su personalidad, ni tampoco la fuerza de sus estribillos.
Lana del Rey - "Love". Una vez más la base armónica con los mismos acordes del "Let it be" de The Beatles, expoliados por tantos y tantos artistas. Pero llevados con inteligencia a su pop sugestivo y melancólico.
The XX - "I dare you". Su "I see you" flojeó a nivel de sencillos, salvo por este tema más bailable y menos espartano que de costumbre.
Liam Gallagher - "Wall of glass". "As you were" recreaba en solitario la primera época de Oasis, con resultados variables, pero nunca tan notables como en este tema que bordea su mítico "Supersonic" y lo actualiza con una instrumentación contemporánea.
Haim - "Right now". "Something To Tell You" fue un retorno continuista y escaso de talento, pero justo cuando abandonaron su auto-parodia y se adentraron por nuevos terrenos salvaron la papeleta, como en esta personal y emocionante balada.
Anohni - "Paradise". El artista antes conocido como Antony sigue modernizándose en esta tormentosa balada de colchón electrónico y el acierto de acompañarla con menos gorgoritos vocales que de costumbre.
Temas de artistas veteranos:
Jamiroquai - "Automaton". El retorno del vaquero del espacio con un sencillo infeccioso que suena a él mismo y a la vez a 2017.
Michelle Branch - "Hopeless romantic". Tras nada menos que catorce años la estadounidense retornó con un álbum sin personalidad, y sin embargo con este melancólico y genuinamente americano tema.
Garbage - "No horses". Quizá por la escasa repercusión de su "Strange Little Birds" de 2016, el cuarteto sorprendió con este sencillo extraído de la nada el pasado verano. Quizá su mejor tema en años.
Rusty Egan feat Emily Kavanaugh - "Evermore". El veterano DJ y miembro de bandas como Rich Kids o Visage retornó el año pasado con un evocador álbum de colaboraciones, entre las que sobresalía este tema irreprochable, de gusto añejo, con la colaboración de la susurrante vocalista de Nightclub.
Alphaville - "Heartbreak City". Otros veteranos que regresaron en 2017 tras un montón de años. La banda de Marian Gold se arrimó al funky en este sugestivo tema, aunque el estribillo sigue recordando a sus clásicos de hace... treinta y cinco años.
Animotion - "Last Time". Tras ¡veintiocho años! la banda de Astrid Plane regresó con este freestyle por el que parece que no han pasado los años. Fieles a sí mismos hasta el final.
Erasure - "Just A Little Love". Andy Bell y Vince Clarke nunca se han ido realmente, pero justo al final de su prescindible "World be gone" del año pasado se incluía este eficaz tema, que nos retrotrae a épocas más inspiradas.
Eso sí, dado que considero que ninguna de ellas merecía estar en la lista de las 20 mejores, no me he planteado ordenarlas "del 21 al 40". Me ha parecido más atractivo agruparlas en tres categorías: temas de artistas nuevos (o casi, al menos para el público en español); temas de artistas que históricamente han sido seguidos con atención por este blog, pero que con sus álbumes de retorno en 2017 no alcanzaron en mi opinión el nivel para merecer una entrada independiente; y temas de artistas veteranos, que en la mayoría de los casos regresaron tras muchos años de silencio. Una manera fácil de descubrir nuevos artistas, reseñar lo más notable de los retornos de artistas consolidados, o de dar visibilidad a artistas veteranos que volvieron a la creatividad.
Temas de artistas "nuevos":
Pixx - Waterslides. Esquizofrenia ochentera... y un maravilloso estribillo por música y por letra.
Anna Of The North - Someone. La música propone una mezcla entre Kim Carnes y Belinda Carlisle, pero la voz nórdica y la sensibilidad australiana para el pop equilibran el resultado.
Bicep - "Aura". Si Orbital siguieran en activo y con la misma energía festivalera de los noventa, quiza hubieran entregado este adictivo llenapistas.
Lany - "ILYSB". Sensibilidad estadounidense con los instrumentos justos.
Plaitum - "Ovation". Su esperado álbum de debut resultó muy monótono, pero contenía este gran tema de trip-hop contemporáneo.
Alex Cameron - "Runnin' Outta Luck". Pop australiano intemporal que es digno heredero de tótems como Men At Work.
Temas de artistas que retornaron el pasado 2017:
Halsey - "Not afraid anymore". Ninguno de los sencillos de su segundo álbum ("Hopeless fountain kingdom", también de 2017) llegó al nivel de este intenso tema de la banda sonora de "Fifty shades darker".
Imagine Dragons - "Whatever it takes". Su flojo y excesivamente comercial tercer álbum ("Evolve") contenía un par de temas interesantes, más este medio tiempo que actualiza su sonido sin perder su personalidad, ni tampoco la fuerza de sus estribillos.
Lana del Rey - "Love". Una vez más la base armónica con los mismos acordes del "Let it be" de The Beatles, expoliados por tantos y tantos artistas. Pero llevados con inteligencia a su pop sugestivo y melancólico.
The XX - "I dare you". Su "I see you" flojeó a nivel de sencillos, salvo por este tema más bailable y menos espartano que de costumbre.
Liam Gallagher - "Wall of glass". "As you were" recreaba en solitario la primera época de Oasis, con resultados variables, pero nunca tan notables como en este tema que bordea su mítico "Supersonic" y lo actualiza con una instrumentación contemporánea.
Haim - "Right now". "Something To Tell You" fue un retorno continuista y escaso de talento, pero justo cuando abandonaron su auto-parodia y se adentraron por nuevos terrenos salvaron la papeleta, como en esta personal y emocionante balada.
Anohni - "Paradise". El artista antes conocido como Antony sigue modernizándose en esta tormentosa balada de colchón electrónico y el acierto de acompañarla con menos gorgoritos vocales que de costumbre.
Temas de artistas veteranos:
Jamiroquai - "Automaton". El retorno del vaquero del espacio con un sencillo infeccioso que suena a él mismo y a la vez a 2017.
Michelle Branch - "Hopeless romantic". Tras nada menos que catorce años la estadounidense retornó con un álbum sin personalidad, y sin embargo con este melancólico y genuinamente americano tema.
Garbage - "No horses". Quizá por la escasa repercusión de su "Strange Little Birds" de 2016, el cuarteto sorprendió con este sencillo extraído de la nada el pasado verano. Quizá su mejor tema en años.
Rusty Egan feat Emily Kavanaugh - "Evermore". El veterano DJ y miembro de bandas como Rich Kids o Visage retornó el año pasado con un evocador álbum de colaboraciones, entre las que sobresalía este tema irreprochable, de gusto añejo, con la colaboración de la susurrante vocalista de Nightclub.
Alphaville - "Heartbreak City". Otros veteranos que regresaron en 2017 tras un montón de años. La banda de Marian Gold se arrimó al funky en este sugestivo tema, aunque el estribillo sigue recordando a sus clásicos de hace... treinta y cinco años.
Animotion - "Last Time". Tras ¡veintiocho años! la banda de Astrid Plane regresó con este freestyle por el que parece que no han pasado los años. Fieles a sí mismos hasta el final.
Erasure - "Just A Little Love". Andy Bell y Vince Clarke nunca se han ido realmente, pero justo al final de su prescindible "World be gone" del año pasado se incluía este eficaz tema, que nos retrotrae a épocas más inspiradas.
sábado, 20 de enero de 2018
Las 20 mejores canciones internacionales de 2017
Como ya es costumbre en este humilde blog ha llegado la hora de echar la vista atrás y proponer listas que nos permitan sintetizar lo mejor de este 2017 que acaba de finalizar. Una vez más rehusaré proponer una lista con los mejores álbumes del año, dado que el volumen de discos publicados excede ampliamente los cincuenta o sesenta que consigo escuchar anualmente. Pero una vez más vuelvo a proponer una lista con 20 canciones internacionales que recordar de este 2017. Con los dos criterios ya habituales: seleccionar temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y escoger una única canción por artista, para conseguir una panorámica lo más amplia posible del planeta musical contemporáneo. Con la ambición de localizar la emoción, el talento, la personalidad, la melodía y, al fin y al cabo, la calidad que siempre anhela encontrar este blog.
Tras varios años con poca presencia, los E.E.U.U. han recuperado pujanza y presencia en esta lista, copando casi la mitad de los temas. Algo parecido se puede decir del Reino Unido, aunque este último siempre ha estado ampliamente representado en estas listas por ser un territorio menos devastado musicalmente por la mediocridad del hip-hop. Pero siempre queda un hueco para propuestas de otras partes de Europa o de las Antípodas. Ésta es la lista:
1. Little Cub - "Too much love". Casi cualquier sencillo de su "Still life", mi álbum favorito del 2017, podría haber encabezado esta lista. Pero "Too much love" se distingue de ellos por esa increíble transición de ida y vuelta entre pop elegante y llenapistas. Los británicos son únicos.
2. Furniteur - "Swimming". No es sólo una excelente balada de electro-pop clásico. Para mí es la mejor melodía del año.
3. Daughter - "Burn it down". Algo así como mezclar a Florence & The Machine con UNKLE. No se sabe si es folk, si es rock, si es ambient... Simplemente tres minutos descomunales.
4. London Grammar - "Non believer". En su segundo álbum entregaron el tema más elegante del año: la maravillosa voz de Hannah Reid al servicio de una subyugante melodía y la intemporal produccion de Paul Epworth.
5. The Horrors - "Machine". Para mí el mejor tema de rock de los pasados doce meses: estructura clásica, instrumentación brillantísima, una cadencia ruidista que se adhiere a nuestro cerebro.
6. The Killers - "Run for cover". Su flojísimo "Wonderful wonderful" contenía este formidable tema, al nivel de los mejores momentos de su carrera. Rápido, enérgico, inconfundible.
7. Alt-J - "Deadcrush". Otro álbum muy flojo, otro tema digno de los mejores momentos de su carrera: obsesivo, penetrante, original, de nuevo inconfundible.
8. Portugal. The man - "Live in the moment". Dieron el pelotazo con "Feel it still", pero en su irregular "Woodstock" escondían momentos aún mejores, como este casi perfecto maridaje entre psicodelia, rock y sonidos contemporáneos.
9. Mating Ritual - "Second chance". Una nueva y sugestiva banda que recupera la mejor tradición californiana de power pop, eso sí, llevado a nuestros días. Irresistible.
10. Joe Goddard - "Music is the answer". O cómo convertir un perdido tema de finales de los ochenta en un elegantísimo cóctel de pop, baile y electrónica. Exquisito.
11. Illenium - "Fractures". Podríamos definirlo como la sensibilidad de los Cranberries menos melosos llevada al año 2017. O como el tema que The Chainsmokers aspiran a entregar algún día.
12. Sylvan Esso - "Die young". Un poquito de Lamb, otro de Róisín Murphy y el toque siempre singular de la electrónica americana. ¿Balada?
13. Odesza - "Higher ground". Conjugaron algo casi imposible en los E.E.U.U.: musica electrónica y éxito masivo. ¿Las razones? Una gran melodía y unas aún mejores armonías.
14. Kaleida - "Echo saw you". Su más que interesante debut conjugaba a menudo synth-pop minimalista e interpretaciones emocionantes. Éste es uno de sus mejores exponentes.
15. Empathy Test - "Bare my soul". Su original apuesta de publicar simultáneamente sus dos álbumes de debut no salió del todo redonda, pero contenía temas tan elegantes y cautivadores como éste.
16. Lorde - "Perfect places". Quizá el mejor sencillo de la música mainstream a nivel mundial. Lorde acumula audiencias millonarias sin renunciar ni a su personalidad ni a su talento.
17. Curxes - "In your neighbourhood". Un emocionante equilibrio entre la indietrónica y los años ochenta, que crece con cada nueva escucha.
18. Cut Copy - "Airborne". Un arriesgado paso en su carrera que se resolvió acertadamente encajando las influencias del funky y los coros femeninos con la fuerte personalidad de la banda.
19. Beth Ditto - "We could run". Su ecléctico debut en solitario contenía este tema que insufla optimismo con su excelente a la vez que clásica melodía.
20. Claire - "Friendly fire". Los mejores temas de "Tides" no vieron la luz en formato sencillo, pero este tema de pop nórdico y cristalino demuestra su talento no sólo como compositores sino también como intérpretes.
Seguro que echan de menos otros temas de gran calidad que se han quedado fuera (la cosecha en 2017 ha resultado particularmente abundante). Pero estoy seguro de que ninguna de las canciones de esta lista sobra, y demuestra que si nos lo proponemos sigue siendo sencillo encontrar emoción y creatividad.
Tras varios años con poca presencia, los E.E.U.U. han recuperado pujanza y presencia en esta lista, copando casi la mitad de los temas. Algo parecido se puede decir del Reino Unido, aunque este último siempre ha estado ampliamente representado en estas listas por ser un territorio menos devastado musicalmente por la mediocridad del hip-hop. Pero siempre queda un hueco para propuestas de otras partes de Europa o de las Antípodas. Ésta es la lista:
1. Little Cub - "Too much love". Casi cualquier sencillo de su "Still life", mi álbum favorito del 2017, podría haber encabezado esta lista. Pero "Too much love" se distingue de ellos por esa increíble transición de ida y vuelta entre pop elegante y llenapistas. Los británicos son únicos.
2. Furniteur - "Swimming". No es sólo una excelente balada de electro-pop clásico. Para mí es la mejor melodía del año.
3. Daughter - "Burn it down". Algo así como mezclar a Florence & The Machine con UNKLE. No se sabe si es folk, si es rock, si es ambient... Simplemente tres minutos descomunales.
4. London Grammar - "Non believer". En su segundo álbum entregaron el tema más elegante del año: la maravillosa voz de Hannah Reid al servicio de una subyugante melodía y la intemporal produccion de Paul Epworth.
5. The Horrors - "Machine". Para mí el mejor tema de rock de los pasados doce meses: estructura clásica, instrumentación brillantísima, una cadencia ruidista que se adhiere a nuestro cerebro.
6. The Killers - "Run for cover". Su flojísimo "Wonderful wonderful" contenía este formidable tema, al nivel de los mejores momentos de su carrera. Rápido, enérgico, inconfundible.
7. Alt-J - "Deadcrush". Otro álbum muy flojo, otro tema digno de los mejores momentos de su carrera: obsesivo, penetrante, original, de nuevo inconfundible.
8. Portugal. The man - "Live in the moment". Dieron el pelotazo con "Feel it still", pero en su irregular "Woodstock" escondían momentos aún mejores, como este casi perfecto maridaje entre psicodelia, rock y sonidos contemporáneos.
9. Mating Ritual - "Second chance". Una nueva y sugestiva banda que recupera la mejor tradición californiana de power pop, eso sí, llevado a nuestros días. Irresistible.
10. Joe Goddard - "Music is the answer". O cómo convertir un perdido tema de finales de los ochenta en un elegantísimo cóctel de pop, baile y electrónica. Exquisito.
11. Illenium - "Fractures". Podríamos definirlo como la sensibilidad de los Cranberries menos melosos llevada al año 2017. O como el tema que The Chainsmokers aspiran a entregar algún día.
12. Sylvan Esso - "Die young". Un poquito de Lamb, otro de Róisín Murphy y el toque siempre singular de la electrónica americana. ¿Balada?
13. Odesza - "Higher ground". Conjugaron algo casi imposible en los E.E.U.U.: musica electrónica y éxito masivo. ¿Las razones? Una gran melodía y unas aún mejores armonías.
14. Kaleida - "Echo saw you". Su más que interesante debut conjugaba a menudo synth-pop minimalista e interpretaciones emocionantes. Éste es uno de sus mejores exponentes.
15. Empathy Test - "Bare my soul". Su original apuesta de publicar simultáneamente sus dos álbumes de debut no salió del todo redonda, pero contenía temas tan elegantes y cautivadores como éste.
16. Lorde - "Perfect places". Quizá el mejor sencillo de la música mainstream a nivel mundial. Lorde acumula audiencias millonarias sin renunciar ni a su personalidad ni a su talento.
17. Curxes - "In your neighbourhood". Un emocionante equilibrio entre la indietrónica y los años ochenta, que crece con cada nueva escucha.
18. Cut Copy - "Airborne". Un arriesgado paso en su carrera que se resolvió acertadamente encajando las influencias del funky y los coros femeninos con la fuerte personalidad de la banda.
19. Beth Ditto - "We could run". Su ecléctico debut en solitario contenía este tema que insufla optimismo con su excelente a la vez que clásica melodía.
20. Claire - "Friendly fire". Los mejores temas de "Tides" no vieron la luz en formato sencillo, pero este tema de pop nórdico y cristalino demuestra su talento no sólo como compositores sino también como intérpretes.
Seguro que echan de menos otros temas de gran calidad que se han quedado fuera (la cosecha en 2017 ha resultado particularmente abundante). Pero estoy seguro de que ninguna de las canciones de esta lista sobra, y demuestra que si nos lo proponemos sigue siendo sencillo encontrar emoción y creatividad.
viernes, 5 de enero de 2018
Noel Gallagher's High Flying Birds: "Who built the moon?" (2017)
Este 2017 que acaba de terminar nos dejó el retorno de Noel Gallagher. Un retorno que sucedió algo más pronto de lo esperado si tenemos en cuenta los casi cuatro años que el mayor de los Gallagher se solía tomar entre trabajo y trabajo, frente a los poco más de dos años y medio año que transcurrieron desde el meritorio "Chasing yesterday" hasta este "Who built the moon?". Retorno que quizá estuvo influido por el debut en solitario de su hermano Liam Gallagher unas semanas antes con su evocador pero mediocre "As you were", ya que es de sobra conocido el pique entre los dos hermanos desde que los tiempos de Oasis. Así que la primera gran pregunta ante este retorno fue si Noel había trabajado suficientemente la composición de los nuevos temas. Y la segunda cómo habría resultado la colaboración con David Holmes, el productor de música electrónica al que sorpresivamente Gallagher contrató para darle una vuelta de tuerca a su propuesta en esta nueva entrega.
Desafortunadamente ninguna de las dos respuestas es enteramente positiva. En mi opinión, se nota que Noel ha pisado el estudio tan sólo lo justito: diez temas (once en los créditos, siendo dos de ellos sendas partes de una misma composición, de dos minutos cada una), ninguna cara B, y prácticamente ninguna composición realmente compleja, de las que sabemos es capaz de crear. Y la participación de David Holmes se nota a veces, pero se queda a medio camino: es cierto que en general el disco tiene un sonido diferente de lo habitual en el de Manchester (y un poquito menos anacrónico), pero también lo es que se queda lejos de lo que históricamente ha identificado a las producciones y remezclas de Holmes.
Así que nos encontramos frente a un álbum más trabajado en el concepto que en las canciones, pero en el que Gallagher y Holmes se han respetado muy notablemente, habiendo alcanzado un punto de encuentro que se queda en un incierto término medio. De ello da buen ejemplo "Fort Knox", el tema que abre el disco: casi un instrumental (la pequeña parte vocal de Noel llega cerca del final), usa un loop de batería más que visto para sobre él crear una especie de cruce entre The Chemical Brothers y el África Subsahariana con el sonido Manchester. Agradable pero sin llegar a entusiasmar. Le sigue el primer sencillo y supuesto tema estrella: "Holy mountain". Un tema directo, contundente, que incorpora una sección de viento y hasta una flauta en el estribillo. Que deja indiferente al principio y va ganando con cada escucha gracias a su efectivo estribillo, pero que tampoco es nada del otro mundo compositivamente hablando, ni nada rompedor en su instrumentación. "Keep on reaching" pone de manifiesto una vez más la devoción de Noel por el rock de finales de los sesenta en su instrumentación y ambientación, pero todas las estrofas y las partes instrumentales están construida sobre un único acorde (ver para creer). Así que aunque el estribillo cumpla con su explosión de rabia, queda claro que este tema sería como mucho una cara B en otras épocas más boyantes del mancuniano.
"It's a beautiful world", segundo sencillo, bebe a partes iguales de la psicodelia de finales de los sesenta y de las bases del sonido Manchester de finales de los ochenta, y completa el cóctel con un estribillo un tanto al margen del resto de la canción y con el ya conocido recurso a distorsionar la voz de Noel por un altavoz: demasiado poco. Más interesante es "She Taught Me How to Fly", quinto corte, que recuerda en sus intervalos instrumentales y estribillo a los temas expansivos de... New Order (casi podemos imaginar a Sumner en las voces y a Peter Hook en el arpegio de guitarra-bajo en vez de a Gem Archer). Y que además lo complementa con unas estrofas que ahora sí nos recuerdan lo que Gallagher es capaz de componer. Pero el álbum pega otro bajón con "Be careful what you wish for", que fusila descaradamente el comienzo y las estrofas del "Come together" de los Beatles pero sustituye su garra por pseudo -psicodelia y su estribillo por unos simplones coros femeninos.
"Black & White Sunshine" es el tema más claramente emparentado con los otros dos discos de los High Flying Birds: rock clásico con unas meritorias estrofas y un estribillo que podría pasar por uno de Oasis si no fuera por los coros femeninos. Correcto, pero sin el gancho de otras épocas. Las dos partes de "Wednesday" (octavo y undécimo corte) son en realidad el mismo tema instrumental, insípido y monótono. "If love is the law", noveno corte, con su mellotron y sus guitarras acústicas, es el tema más claramente pop del disco: melódica y hasta coral en el estribillo (incluido un solo de armónica), pero sin el nivel que cabría esperar del de Manchester. Así que cuando nos topamos con "The Man Who Built the Moon", el último corte íntegro del álbum, la esperanza de escuchar un auténtico temazo es prácticamente nula. Aunque precisamente es la canción que da título al disco la que mejor me parece: un tema cadencioso, grandilocuente, ahora sí con la guitarra acústica como base, en la línea de "The masterplan" pero más oscuro y con un curioso estribillo pseudo-declamado. Y con la producción más interesante del disco: coros masculinos tenebrosos, un original bajo y sobre todo un extraño pero certero teclado en el estribillo.
Aunque si le damos varias oportunidades el álbum se dejará escuchar, parece claro que Noel no ha sabido llevar a buen término su idea de renovarse. Algún destello puntual, pero en general una baja forma que no logra compensar con sus tímidos acercamientos a otros géneros y tendencias. Acercamientos que ni siquiera han servido para pulir su habitual sonido poco burdo, con baterías mal grabadas y agudos sucios, o su tendencia a esconder la voz más de lo necesario. Porque lo criticable de "Who built the moon?" no es su loable intento de expandir los horizontes musicales de Noel y los suyos, sino que lo ha hecho sin partir de un puñado de grandes composiciones que le sirvieran de base. Puestos a escoger, prefiero que transite por territorios conocidos pero con mejores canciones. Tanto es así que, en la edición Deluxe se encuentra el que de lejos es mi tema favorito de Noel en los últimos años: "Dead in the water" es una canción que tocó una única vez en acústico en Dublín hace un par de años, y que han rescatado ahora a modo de extra tal vez para contentar a sus incondicionales. Y es que la guitarra acústica, el piano, una buena letra, una gran melodía y una interpretación sin adornos crean la "magia" que esperábamos, y que "Who built the moon?" se empeña en negarnos.
Desafortunadamente ninguna de las dos respuestas es enteramente positiva. En mi opinión, se nota que Noel ha pisado el estudio tan sólo lo justito: diez temas (once en los créditos, siendo dos de ellos sendas partes de una misma composición, de dos minutos cada una), ninguna cara B, y prácticamente ninguna composición realmente compleja, de las que sabemos es capaz de crear. Y la participación de David Holmes se nota a veces, pero se queda a medio camino: es cierto que en general el disco tiene un sonido diferente de lo habitual en el de Manchester (y un poquito menos anacrónico), pero también lo es que se queda lejos de lo que históricamente ha identificado a las producciones y remezclas de Holmes.
Así que nos encontramos frente a un álbum más trabajado en el concepto que en las canciones, pero en el que Gallagher y Holmes se han respetado muy notablemente, habiendo alcanzado un punto de encuentro que se queda en un incierto término medio. De ello da buen ejemplo "Fort Knox", el tema que abre el disco: casi un instrumental (la pequeña parte vocal de Noel llega cerca del final), usa un loop de batería más que visto para sobre él crear una especie de cruce entre The Chemical Brothers y el África Subsahariana con el sonido Manchester. Agradable pero sin llegar a entusiasmar. Le sigue el primer sencillo y supuesto tema estrella: "Holy mountain". Un tema directo, contundente, que incorpora una sección de viento y hasta una flauta en el estribillo. Que deja indiferente al principio y va ganando con cada escucha gracias a su efectivo estribillo, pero que tampoco es nada del otro mundo compositivamente hablando, ni nada rompedor en su instrumentación. "Keep on reaching" pone de manifiesto una vez más la devoción de Noel por el rock de finales de los sesenta en su instrumentación y ambientación, pero todas las estrofas y las partes instrumentales están construida sobre un único acorde (ver para creer). Así que aunque el estribillo cumpla con su explosión de rabia, queda claro que este tema sería como mucho una cara B en otras épocas más boyantes del mancuniano.
"It's a beautiful world", segundo sencillo, bebe a partes iguales de la psicodelia de finales de los sesenta y de las bases del sonido Manchester de finales de los ochenta, y completa el cóctel con un estribillo un tanto al margen del resto de la canción y con el ya conocido recurso a distorsionar la voz de Noel por un altavoz: demasiado poco. Más interesante es "She Taught Me How to Fly", quinto corte, que recuerda en sus intervalos instrumentales y estribillo a los temas expansivos de... New Order (casi podemos imaginar a Sumner en las voces y a Peter Hook en el arpegio de guitarra-bajo en vez de a Gem Archer). Y que además lo complementa con unas estrofas que ahora sí nos recuerdan lo que Gallagher es capaz de componer. Pero el álbum pega otro bajón con "Be careful what you wish for", que fusila descaradamente el comienzo y las estrofas del "Come together" de los Beatles pero sustituye su garra por pseudo -psicodelia y su estribillo por unos simplones coros femeninos.
"Black & White Sunshine" es el tema más claramente emparentado con los otros dos discos de los High Flying Birds: rock clásico con unas meritorias estrofas y un estribillo que podría pasar por uno de Oasis si no fuera por los coros femeninos. Correcto, pero sin el gancho de otras épocas. Las dos partes de "Wednesday" (octavo y undécimo corte) son en realidad el mismo tema instrumental, insípido y monótono. "If love is the law", noveno corte, con su mellotron y sus guitarras acústicas, es el tema más claramente pop del disco: melódica y hasta coral en el estribillo (incluido un solo de armónica), pero sin el nivel que cabría esperar del de Manchester. Así que cuando nos topamos con "The Man Who Built the Moon", el último corte íntegro del álbum, la esperanza de escuchar un auténtico temazo es prácticamente nula. Aunque precisamente es la canción que da título al disco la que mejor me parece: un tema cadencioso, grandilocuente, ahora sí con la guitarra acústica como base, en la línea de "The masterplan" pero más oscuro y con un curioso estribillo pseudo-declamado. Y con la producción más interesante del disco: coros masculinos tenebrosos, un original bajo y sobre todo un extraño pero certero teclado en el estribillo.
Aunque si le damos varias oportunidades el álbum se dejará escuchar, parece claro que Noel no ha sabido llevar a buen término su idea de renovarse. Algún destello puntual, pero en general una baja forma que no logra compensar con sus tímidos acercamientos a otros géneros y tendencias. Acercamientos que ni siquiera han servido para pulir su habitual sonido poco burdo, con baterías mal grabadas y agudos sucios, o su tendencia a esconder la voz más de lo necesario. Porque lo criticable de "Who built the moon?" no es su loable intento de expandir los horizontes musicales de Noel y los suyos, sino que lo ha hecho sin partir de un puñado de grandes composiciones que le sirvieran de base. Puestos a escoger, prefiero que transite por territorios conocidos pero con mejores canciones. Tanto es así que, en la edición Deluxe se encuentra el que de lejos es mi tema favorito de Noel en los últimos años: "Dead in the water" es una canción que tocó una única vez en acústico en Dublín hace un par de años, y que han rescatado ahora a modo de extra tal vez para contentar a sus incondicionales. Y es que la guitarra acústica, el piano, una buena letra, una gran melodía y una interpretación sin adornos crean la "magia" que esperábamos, y que "Who built the moon?" se empeña en negarnos.
lunes, 25 de diciembre de 2017
Odesza: "A moment apart" (2017)
Este 2017 que está a punto de terminar no ha deparado grandes sorpresas musicalmente hablando. Pero una de las más llamativas ha sido la repercusión que han alcanzado los norteamericanos Odesza con su tercer álbum. El hasta ahora minoritario dúo de Seattle formado por Harrison Mills y Clayton Knight ha dado la campanada con "A moment apart", consiguiendo algo casi imposible en el siempre complicado para la música eléctronica mercado estadounidense: alcanzar el top 3 en la lista de álbumes más vendidos.
¿Y a qué se debe tanto tirón? Pues esencialmente a que Odesza ha huido de buena parte de los tópicos que tienden a hacer de la música electrónica una propuesta para minorías. Para ello lo primero que han hecho ha sido aumentar el número de temas con una interpretación vocal completa. Mills y Knight han contado con los servicios de un amplio elenco de colaboradores, ninguno de gran renombre pero todos ellos de cualidades interpretativas contrastadas. Otra decisión en la misma línea ha sido reducir el número de temas orientados a la pista de baile: ¿que los ritmos binarios de tempo alto generan el rechazo automático en buena parte de la música comercial? Pues los descartamos, y apostamos casi en exclusiva por medios tiempos y temas lentos. Una tercera ha sido limitar la duración de sus composiciones: ¿que los temas largos, de desarrollos lentos, cansan a la audiencia? Pues hagamos temas de duración estándar. Si a todo ello le añadimos que mantienen su clara predilección por las progresiones armónicas elaboradas frente a las canciones monocordeos o estridentes de buena parte de la electrónica del siglo XXI, probablemente tengamos la receta de su éxito.
Así, "A moment apart" resulta ser una curiosa mezcla entre música ambient, influencias étnicas, pop para las masas del año 2017, guiños electrónicos, y muchas estrofas y estribillos. Algo así como lo que proponía Michel Cretu en su Enigma hace un cuarto de siglo, pero con un sonido más elaborado (la tecnología ha avanzado mucho) y un mayor número de colaboraciones vocales que den variedad al conjunto. Así, tras una breve introducción nos encontramos ya con el primer tema instrumental que se desarolla en esas coordenadas: "A moment apart" da título al álbum con sus elegante cuatro minutos sobre una elaborada progresión armónica, su ritmo sincopado, su piano vertebrador y sus sintetizadores reproduciendo voces femeninas. Tras él nos encontramos el que para mí es el mejor momento del disco, además de su quinto sencillo: "Higher ground", con la interpretación vocal de la para mí desconocida Naomi Wild es, a pesar de la relativa simpleza de su letra, un tema pop clásico y actual al mismo tiempo, con una bonita melodía en las estrofas, un buen arreglo en el puente y un estribillo luminoso, reforzada por las armonías de una sección de cuerda, otra de viento y unos certeros coros. Le sigue "Boy", otro corto tema instrumental, pausado, de influencias étnicas en las voces combinadas con una original percusión sincopada y una instrumentación envolvente.
"Line of Sight", con la participación vocal del para mí desconocido WYNNE, fue el primer sencillo y el tema que les ha catapultado a las nominaciones para los Grammy. Sin embargo para mí no es de sus mejores momentos: su épica peca de melosa, y su tempo excesivamente lento tampoco ayuda. Aunque hay que reconocer que los coros sintetizados y el sintetizador estridente que preside los intervalos instrumentales son eficaces. Tras tanto medio tiempo "Late night", segundo sencillo y el tema más rápido del álbum, se presenta como un soplo de aire fresco. Además, esos guiños a Daft Punk en las dos guitarras post-procesadas, junto con el excelente partido que sacan al sampling vocal a modo tanto de estrofas como de estribillo resultan tan originales como efectivas, especialmente en la apoteosis final. "Across the room", el sexto y último sencillo extraído hasta la fecha, cuenta con la participación vocal de la gran esperanza del soul contemporáneo, Leon Bridges. Que aunque es un cantante y compositor que cuenta con mi reconocimiento, no produce en esta ocasión un resultado brillante, porque más que de un tema de Odesza estamos ante un tema típico de Bridges (y no de los mejores) con tan sólo unos tímidos apuntes instrumentales de los de Seattle, que no son capaces de llevar la composición a su terreno.
El siguiente corte, "Meridian", también el tercer sencillo, es un nuevo tema instrumental de menos de cuatro minutos que incide en los ritmos tribales conveniente pulidos en otro medio tiempo, desarrollados por medio de lo que parece un canto del África central. Más certero es el noveno corte, "Everything at Your Feet", con la participación de la banda fronteriza The Chamanas. Que a pesar del horrible español que emplean en su letra (nadie hablaría así en nuestro idioma), encajan adecuadamente con los de Seattle: desde la trompeta del comienzo y los intervalos instrumentales hasta el infeccioso bajo sintetizado que da pie a los estribillos, todo son buenos detalles (incluso el ritmo vuelve a ser mayoritariamente binario, con un tempo ligeramente más rápido que le viene al disco como agua de mayo). "Just a memory", con la colaboración vocal de la ya veterana Regina Spektor, es una balada cristalina, de melodía difícil de interpretar, pero un tanto autocomplaciente en la instrumentación: la habitual sección de cuerda y prácticamente nada de electrónica innovadora.
El tramo final de este extenso álbum podríamos decir que comienza con "Divide", el tema más claramente R&B del álbum, con la intervención vocal de la para mí desconocida Kelsey Bullkin: más bien lento, al menos compensa su convencionalidad con los efectos que adornan el sintetizador principal de los intervalos instrumentales. Más interesante resulta "Thin Floors and Tall Ceilings", la composición instrumental más corta del álbum: otra vez lenta, pero más intimista y envolvente, recurriendo a las inevitables slow strings y con un sampling vocal capaz de dotar de emoción al conunto aunque no se entienda. "La ciudad" sube un poco el tempo y refuerza la batería para devolver algo de dinamismo al disco, pero reincide en los samplings vocales (eso sí, varios y muy diferentes esta vez) y en los guiños étnicos. "Falls", con la intervención vocal de la nuevamente desconocida Sasha Sloan, mantiene las mismas coordenadas del grueso del álbum de tempo y samplings vocales, pero la melodía es más certera (incluyendo un truco tan clásico como la repetición final del estribillo sobre la percusión desnuda) y la instrumetnación menos obvia, lo que la sitúa entre los momentos más interesantes del álbum. "Show me", el penúltimo corte, no aporta nada nuevo a lo ya expuesto y resulta agradable pero un tanto prescindible. Y "Corners of the Earth", con la intervención vocal del no menos desconocido para mí RY X, intenta cerrar el conjunto con una especie de plegaria que además vio la luz como cuarto sencillo, pero resulta un tanto cargante en su propuesta plena de optimismo, además de un tanto larga.
Es indudable que el álbum le sobra minutaje, y que en la selección final se podrían haber caído dos o tres canciones sin afectar al resultado final. También que le habría venido bien incluir más canciones de tempo más alto con las que contrapesar tantos temas lentos, no recurrir a tantos compositores invitados para lograr un resultado más equilibrado, y no abusar tanto de las voces sampleadas o sintetizadas para aumentar la evocación de los tramos instrumentales. Porque tal cual ha quedado, "A moment apart" transpira autoindulgencia y afán de comercialidad a partes iguales. Pero no es menos cierto que alberga un gran tema y siete u ocho momentos claramente favorables, y todo ello con unas armonías irreprochables y un sonido nítido y cristalino que cubre todo el espectro sonoro. Hasta tal punto su estilo es reconocible que han abierto camino para otras propuestas similares (caso del también estadounidense Illenium). Ahora falta ver si para su cuarto álbum se reafirman en su comercialidad a base de medios tiempos e invitados estelares, o si arriesgan para no quedarse estancados. Ojalá suceda lo segundo.
¿Y a qué se debe tanto tirón? Pues esencialmente a que Odesza ha huido de buena parte de los tópicos que tienden a hacer de la música electrónica una propuesta para minorías. Para ello lo primero que han hecho ha sido aumentar el número de temas con una interpretación vocal completa. Mills y Knight han contado con los servicios de un amplio elenco de colaboradores, ninguno de gran renombre pero todos ellos de cualidades interpretativas contrastadas. Otra decisión en la misma línea ha sido reducir el número de temas orientados a la pista de baile: ¿que los ritmos binarios de tempo alto generan el rechazo automático en buena parte de la música comercial? Pues los descartamos, y apostamos casi en exclusiva por medios tiempos y temas lentos. Una tercera ha sido limitar la duración de sus composiciones: ¿que los temas largos, de desarrollos lentos, cansan a la audiencia? Pues hagamos temas de duración estándar. Si a todo ello le añadimos que mantienen su clara predilección por las progresiones armónicas elaboradas frente a las canciones monocordeos o estridentes de buena parte de la electrónica del siglo XXI, probablemente tengamos la receta de su éxito.
Así, "A moment apart" resulta ser una curiosa mezcla entre música ambient, influencias étnicas, pop para las masas del año 2017, guiños electrónicos, y muchas estrofas y estribillos. Algo así como lo que proponía Michel Cretu en su Enigma hace un cuarto de siglo, pero con un sonido más elaborado (la tecnología ha avanzado mucho) y un mayor número de colaboraciones vocales que den variedad al conjunto. Así, tras una breve introducción nos encontramos ya con el primer tema instrumental que se desarolla en esas coordenadas: "A moment apart" da título al álbum con sus elegante cuatro minutos sobre una elaborada progresión armónica, su ritmo sincopado, su piano vertebrador y sus sintetizadores reproduciendo voces femeninas. Tras él nos encontramos el que para mí es el mejor momento del disco, además de su quinto sencillo: "Higher ground", con la interpretación vocal de la para mí desconocida Naomi Wild es, a pesar de la relativa simpleza de su letra, un tema pop clásico y actual al mismo tiempo, con una bonita melodía en las estrofas, un buen arreglo en el puente y un estribillo luminoso, reforzada por las armonías de una sección de cuerda, otra de viento y unos certeros coros. Le sigue "Boy", otro corto tema instrumental, pausado, de influencias étnicas en las voces combinadas con una original percusión sincopada y una instrumentación envolvente.
"Line of Sight", con la participación vocal del para mí desconocido WYNNE, fue el primer sencillo y el tema que les ha catapultado a las nominaciones para los Grammy. Sin embargo para mí no es de sus mejores momentos: su épica peca de melosa, y su tempo excesivamente lento tampoco ayuda. Aunque hay que reconocer que los coros sintetizados y el sintetizador estridente que preside los intervalos instrumentales son eficaces. Tras tanto medio tiempo "Late night", segundo sencillo y el tema más rápido del álbum, se presenta como un soplo de aire fresco. Además, esos guiños a Daft Punk en las dos guitarras post-procesadas, junto con el excelente partido que sacan al sampling vocal a modo tanto de estrofas como de estribillo resultan tan originales como efectivas, especialmente en la apoteosis final. "Across the room", el sexto y último sencillo extraído hasta la fecha, cuenta con la participación vocal de la gran esperanza del soul contemporáneo, Leon Bridges. Que aunque es un cantante y compositor que cuenta con mi reconocimiento, no produce en esta ocasión un resultado brillante, porque más que de un tema de Odesza estamos ante un tema típico de Bridges (y no de los mejores) con tan sólo unos tímidos apuntes instrumentales de los de Seattle, que no son capaces de llevar la composición a su terreno.
El siguiente corte, "Meridian", también el tercer sencillo, es un nuevo tema instrumental de menos de cuatro minutos que incide en los ritmos tribales conveniente pulidos en otro medio tiempo, desarrollados por medio de lo que parece un canto del África central. Más certero es el noveno corte, "Everything at Your Feet", con la participación de la banda fronteriza The Chamanas. Que a pesar del horrible español que emplean en su letra (nadie hablaría así en nuestro idioma), encajan adecuadamente con los de Seattle: desde la trompeta del comienzo y los intervalos instrumentales hasta el infeccioso bajo sintetizado que da pie a los estribillos, todo son buenos detalles (incluso el ritmo vuelve a ser mayoritariamente binario, con un tempo ligeramente más rápido que le viene al disco como agua de mayo). "Just a memory", con la colaboración vocal de la ya veterana Regina Spektor, es una balada cristalina, de melodía difícil de interpretar, pero un tanto autocomplaciente en la instrumentación: la habitual sección de cuerda y prácticamente nada de electrónica innovadora.
El tramo final de este extenso álbum podríamos decir que comienza con "Divide", el tema más claramente R&B del álbum, con la intervención vocal de la para mí desconocida Kelsey Bullkin: más bien lento, al menos compensa su convencionalidad con los efectos que adornan el sintetizador principal de los intervalos instrumentales. Más interesante resulta "Thin Floors and Tall Ceilings", la composición instrumental más corta del álbum: otra vez lenta, pero más intimista y envolvente, recurriendo a las inevitables slow strings y con un sampling vocal capaz de dotar de emoción al conunto aunque no se entienda. "La ciudad" sube un poco el tempo y refuerza la batería para devolver algo de dinamismo al disco, pero reincide en los samplings vocales (eso sí, varios y muy diferentes esta vez) y en los guiños étnicos. "Falls", con la intervención vocal de la nuevamente desconocida Sasha Sloan, mantiene las mismas coordenadas del grueso del álbum de tempo y samplings vocales, pero la melodía es más certera (incluyendo un truco tan clásico como la repetición final del estribillo sobre la percusión desnuda) y la instrumetnación menos obvia, lo que la sitúa entre los momentos más interesantes del álbum. "Show me", el penúltimo corte, no aporta nada nuevo a lo ya expuesto y resulta agradable pero un tanto prescindible. Y "Corners of the Earth", con la intervención vocal del no menos desconocido para mí RY X, intenta cerrar el conjunto con una especie de plegaria que además vio la luz como cuarto sencillo, pero resulta un tanto cargante en su propuesta plena de optimismo, además de un tanto larga.
Es indudable que el álbum le sobra minutaje, y que en la selección final se podrían haber caído dos o tres canciones sin afectar al resultado final. También que le habría venido bien incluir más canciones de tempo más alto con las que contrapesar tantos temas lentos, no recurrir a tantos compositores invitados para lograr un resultado más equilibrado, y no abusar tanto de las voces sampleadas o sintetizadas para aumentar la evocación de los tramos instrumentales. Porque tal cual ha quedado, "A moment apart" transpira autoindulgencia y afán de comercialidad a partes iguales. Pero no es menos cierto que alberga un gran tema y siete u ocho momentos claramente favorables, y todo ello con unas armonías irreprochables y un sonido nítido y cristalino que cubre todo el espectro sonoro. Hasta tal punto su estilo es reconocible que han abierto camino para otras propuestas similares (caso del también estadounidense Illenium). Ahora falta ver si para su cuarto álbum se reafirman en su comercialidad a base de medios tiempos e invitados estelares, o si arriesgan para no quedarse estancados. Ojalá suceda lo segundo.
domingo, 26 de noviembre de 2017
Cut Copy: "Haiku from zero" (2017)
Una de las debilidades históricas de este humilde blog son los australianos Cut Copy desde que en 2008 publicaron "In ghost colours", uno de los grandes álbumes de la primera década del presente siglo. Desde entonces no han alcanzado el mismo nivel ni con "Zonoscope" (2011) ni con "Free Your Mind" (2013), pero estos dos razonablemente brillantes álbumes sí les han permitido consolidar una carrera a nivel internacional. Por lo que cada nueva entrega de la banda de Dan Whitford aún despierta mi expectación. Aunque este "Haiku from zero" se ha hecho más de rogar de lo que esperaba: cuatro largos años para entregar el álbum más corto de su carrera, sólo 9 canciones y sólo 42 minutos. Con lo cual cuando el pasado verano se anunció el tracklist empecé a desconfianzar de la calidad de este nuevo álbum.
Una desconfianza que se ha revelado parcialmente justificada. Porque el álbum queda lejos de su obra maestra, y lo que es peor, carece de ningún tema bandera que tire del conjunto. Como lo prueba que sólo haya alcanzado el puesto 59 de las listas de su país, frente al número 1 de "In ghost colours" o el 3 de "Zonoscope". Además, hay algunos momentos anodinos, y una tendencia más marcada de lo que es costumbre a rellenar con "ooohs" y coros acentuados ciertas carencias a la hora de armonizar textos y melodías. Afortunadamente el disco resulta interesante por lo que supone a nivel evolutivo para la banda, cada vez más alejada de lo que se entiende por el synth-pop para coquetear con el funky, los ritmos tribales o el pop californiano, y por su inteligencia a la hora de armonizar e instrumentar las composiciones, logrando resultados muy interesantes pese a no tratarse de unos virtuosos.
El álbum lo abre "Standing in the middle of the field", también seleccionado (a mi modo de manera equivocada) como segundo sencillo. Un tema bastante largo (cerca de seis minutos), con un loop de una marimba electrónica que intenta darle un toque exótico a la canción y que puede llegar a fatigar, una letra que se repite en ambas estrofas, y sólo su olfato para sostener instrumentalmente el tema a partir del espartano intervalo previo a los dos minutos finales. Aunque más flojo es mi opinión "Counting down", el siguiente corte, de notas tan altas que Dan tiene que interpretarlo a dos voces en unas estrofas interesantes melódicamente pero que no terminan de casar con el rotundo y anodino estribillo, por no hablar del parón que supone la parte nueva. Menos mal que el álbum empieza a remontar con "Black rainbows", que será el tercer sencillo dentro de unos días: algo más rápido que el anterior, con un encaje mucho mejor entre unas estrofas correctas y un estribillo doble que ahora sí recuerda que los australianos son capaces de hacerlos y muy buenos, sobre todo si está Tim Hoey para enriquecerlo con su guitarra.
Aunque curiosamente para mí el mejor momento del álbum es un cuarto corte por el que la banda no parece apostar (es la canción más corta y la menos elaborada instrumentalmente, casi parece una demo): "Stars last me a lifetime" demuestra que aún saben hacer temas introspectivos, de emoción a flor de piel, bien instrumentados y bailables. Más que su brillante estribillo, lo mejor es ese sintetizador que lo adorna en medio de cada compás, con el volumen justo para que se note sin destacar, y esa magia que conserva de primera toma no excesivamente trabajada en el estudio. "Airborne" fue el sencillo elegido para presentar el álbum, una decisión arriesgada por ser el tema que más se aleja de lo habitual en la banda, dado que acercándose sin complejo a una suerte de funky del siglo XXI (aunque sin llegar al plagio a-lo-Mark-Ronson). No figurará entre los mejores sencillos de la banda, pero su bajo sincopado, sus coros femeninos, sus samplings para dotarle de modernidad, el parón de la parte nueva sólo con el piano y la voz, y sobre todo ese "That don’t stop me" que repiten hasta la saciedad ganan con cada escucha.
Una vez superado el mejor tramo del álbum, la cuesta abajo no es muy pronunciada: "No fixed destination" es un tema aparentemente anodino y que vuelve a insistir en los "oh oh oh", pero con unas curiosas reminiscencias al pop de la Costa Oeste americana y un buen estribillo, que como de costumbre queda resaltado por la certera instrumentación. "Memories we share" repite la idea de "Standing..." partiendo de un loop sincopado (esta vez menos cansino) y las voces masculinas a modo de coro (que esta vez al menos sí cantan una letra real)... para pegar el cambiazo en un puente y un coro que no tienen nada que ver pero que lo acercan a los sonidos tradicionales de la banda, entre el synth-pop y la inditrónica deudores de los trucos de las pistas de baile de hace unos años. "Living upside down" es otro tema relativamente flojo, en el que tiran de oficio en sus anodinas, monocordes y largas estrofas, para encajarlo lo mejor posible con un estribillo que tira de coros a lo Heaven 17 y de imaginación instrumentar para sostenerlo. Y para cerrar el álbum el cuarteto australiano intenta lo que nunca antes habían hecho en "Tied to the weather": una composición sin percusión ni guitarras, solamente a base de sintetizadores creados procesando la voz de Dan, en una especie de "balada" experimental con unas estrofas aceptables, un original colchón electrónico y un estupendo estribillo, que permiten cerrar el álbum con un sabor de boca mejor de lo que cabría esperar por el nivel medio del álbum.
Cuatro años de espera para tres grandes momentos y otros tantos estribillos puede saber a poco. Pero es cierto que como los australianos funcionan como una auténtica banda y todos contribuyen a evolucionar y enriquecer los temas con inteligencia y olvidándose de clichés, sus composiciones siempre ganan con cada escucha. Y como además se mueven de manera tangencial a las ventas, no parece importarles asumir el riesgo de explorar nuevos terrenos, lo que implica que cada nueva entrega mantiene su personalidad propia dentro de la discografía de la banda. Así que con eso nos debemos quedar de este "Haiku from zero" que probablemente les reste seguidores, pero que demuestra que aún creen en lo que hacen. Aunque resulta incierto predecir su siguiente movimiento; tal vez carreras en solitario para profundizar en esa evolución que este álbum deja entrever.
Una desconfianza que se ha revelado parcialmente justificada. Porque el álbum queda lejos de su obra maestra, y lo que es peor, carece de ningún tema bandera que tire del conjunto. Como lo prueba que sólo haya alcanzado el puesto 59 de las listas de su país, frente al número 1 de "In ghost colours" o el 3 de "Zonoscope". Además, hay algunos momentos anodinos, y una tendencia más marcada de lo que es costumbre a rellenar con "ooohs" y coros acentuados ciertas carencias a la hora de armonizar textos y melodías. Afortunadamente el disco resulta interesante por lo que supone a nivel evolutivo para la banda, cada vez más alejada de lo que se entiende por el synth-pop para coquetear con el funky, los ritmos tribales o el pop californiano, y por su inteligencia a la hora de armonizar e instrumentar las composiciones, logrando resultados muy interesantes pese a no tratarse de unos virtuosos.
El álbum lo abre "Standing in the middle of the field", también seleccionado (a mi modo de manera equivocada) como segundo sencillo. Un tema bastante largo (cerca de seis minutos), con un loop de una marimba electrónica que intenta darle un toque exótico a la canción y que puede llegar a fatigar, una letra que se repite en ambas estrofas, y sólo su olfato para sostener instrumentalmente el tema a partir del espartano intervalo previo a los dos minutos finales. Aunque más flojo es mi opinión "Counting down", el siguiente corte, de notas tan altas que Dan tiene que interpretarlo a dos voces en unas estrofas interesantes melódicamente pero que no terminan de casar con el rotundo y anodino estribillo, por no hablar del parón que supone la parte nueva. Menos mal que el álbum empieza a remontar con "Black rainbows", que será el tercer sencillo dentro de unos días: algo más rápido que el anterior, con un encaje mucho mejor entre unas estrofas correctas y un estribillo doble que ahora sí recuerda que los australianos son capaces de hacerlos y muy buenos, sobre todo si está Tim Hoey para enriquecerlo con su guitarra.
Aunque curiosamente para mí el mejor momento del álbum es un cuarto corte por el que la banda no parece apostar (es la canción más corta y la menos elaborada instrumentalmente, casi parece una demo): "Stars last me a lifetime" demuestra que aún saben hacer temas introspectivos, de emoción a flor de piel, bien instrumentados y bailables. Más que su brillante estribillo, lo mejor es ese sintetizador que lo adorna en medio de cada compás, con el volumen justo para que se note sin destacar, y esa magia que conserva de primera toma no excesivamente trabajada en el estudio. "Airborne" fue el sencillo elegido para presentar el álbum, una decisión arriesgada por ser el tema que más se aleja de lo habitual en la banda, dado que acercándose sin complejo a una suerte de funky del siglo XXI (aunque sin llegar al plagio a-lo-Mark-Ronson). No figurará entre los mejores sencillos de la banda, pero su bajo sincopado, sus coros femeninos, sus samplings para dotarle de modernidad, el parón de la parte nueva sólo con el piano y la voz, y sobre todo ese "That don’t stop me" que repiten hasta la saciedad ganan con cada escucha.
Una vez superado el mejor tramo del álbum, la cuesta abajo no es muy pronunciada: "No fixed destination" es un tema aparentemente anodino y que vuelve a insistir en los "oh oh oh", pero con unas curiosas reminiscencias al pop de la Costa Oeste americana y un buen estribillo, que como de costumbre queda resaltado por la certera instrumentación. "Memories we share" repite la idea de "Standing..." partiendo de un loop sincopado (esta vez menos cansino) y las voces masculinas a modo de coro (que esta vez al menos sí cantan una letra real)... para pegar el cambiazo en un puente y un coro que no tienen nada que ver pero que lo acercan a los sonidos tradicionales de la banda, entre el synth-pop y la inditrónica deudores de los trucos de las pistas de baile de hace unos años. "Living upside down" es otro tema relativamente flojo, en el que tiran de oficio en sus anodinas, monocordes y largas estrofas, para encajarlo lo mejor posible con un estribillo que tira de coros a lo Heaven 17 y de imaginación instrumentar para sostenerlo. Y para cerrar el álbum el cuarteto australiano intenta lo que nunca antes habían hecho en "Tied to the weather": una composición sin percusión ni guitarras, solamente a base de sintetizadores creados procesando la voz de Dan, en una especie de "balada" experimental con unas estrofas aceptables, un original colchón electrónico y un estupendo estribillo, que permiten cerrar el álbum con un sabor de boca mejor de lo que cabría esperar por el nivel medio del álbum.
Cuatro años de espera para tres grandes momentos y otros tantos estribillos puede saber a poco. Pero es cierto que como los australianos funcionan como una auténtica banda y todos contribuyen a evolucionar y enriquecer los temas con inteligencia y olvidándose de clichés, sus composiciones siempre ganan con cada escucha. Y como además se mueven de manera tangencial a las ventas, no parece importarles asumir el riesgo de explorar nuevos terrenos, lo que implica que cada nueva entrega mantiene su personalidad propia dentro de la discografía de la banda. Así que con eso nos debemos quedar de este "Haiku from zero" que probablemente les reste seguidores, pero que demuestra que aún creen en lo que hacen. Aunque resulta incierto predecir su siguiente movimiento; tal vez carreras en solitario para profundizar en esa evolución que este álbum deja entrever.
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