Interrumpo en esta entrada mis habituales reseñas sobre lo más interesante que a mi juicio ha visto la luz en los últimos tiempos en el panorama musical internacional para dedicar una breve entrada a un hito de este humilde blog: la superación de las 10.000 páginas vistas. Y es que cuando hace un lustro lo creé como forma de seguir dando a conocer una de mis pasiones en unas circunstancias personales más complejas que de costumbre, nunca pensé que llegaría tan lejos en su difusión. Porque no se trata de un blog adscrito a ningún canal oficial, festival, publicación, plataforma o emisora. Porque rehúye la simplicidad de las propuestas comerciales actuales, pero rehúye también la revisitación a perpetuidad de las propuestas de hace dos o tres décadas, como si no hubiera ninguna otra fuente de creatividad entre ambas. Porque no se posiciona a favor de la música indie ni de la música mainstream (perdón por los anglicismos), sino que intenta rescatar propuestas interesantes en ambos mundos. Porque no lo promueve ningún ánimo de lucro, como lo prueba mi resistencia a incluir publicidad a pesar de las sugerencias que periódicamente genera la plataforma en la que lo publico. Porque reseña para un ámbito tan cerrado habitualmente como el español (y por ende el hispanoamericano) propuestas originadas en otras partes del mundo, desde Australia hasta Grecia pasando por Alemania. Y porque no hace un análisis simplista de lo que es "bueno" o lo que es "malo", sino que intenta argumentarlo recurriendo a conceptos que pueden resultar un poco arduos para el oyente medio, pero cuyo fin es enseñarle a descubrir más facetas en cada álbum o cada canción, y crecer así en su sensibilidad musical para disfrutar cada vez más de este a veces maravilloso mundillo.
Como una imagen vale más que mil palabras, para ilustrar esta entrada he seleccionado la evolución del número de visitas que mensualmente ha recibido "Pop Rock y Mas". Una evolución con altibajos dependiendo de la popularidad de las reseñas en cuestión (no es lo mismo reseñar a los Imagine Dragons que a los Voltaire Twins por ejemplo), pero con una tendencia claramente creciente a lo largo de los años, lo que demuestra que cada vez más un internauta que se haya tropezado tras una búsqueda en internet con una reseña del blog, ha pasado cada vez más tiempo otras entradas que le hayan podido interesar. Y que ha culminado el pasado mes de julio con el récord mensual de visitas.
Otro aspecto interesante es que a pesar de ser un blog escrito desde España y en español, la mayor parte de las visitas no proceden de España, sino de Estados Unidos. Lo que puede tener sentido si se piensa que la mayoría de artistas reseñados son de procedencia anglosajona, pero también pone de manifiesto que Estados Unidos se consolida como el segundo país del mundo con más hispanohablantes, claramente por encima de España y sólo por detrás de México. Más llamativos son los cientos de visitas recibidos de países alejados del idioma y la cultura españolas, como Ucrania, Alemania, y recientemente Rusia. Como también es interesante resaltar la alta difusión de entradas que no hablan de un álbum concreto de un artista, sino de reflexiones más genéricas como la evolución de la guitarra eléctrica o el autotune, o simplemente de las listas en las que anualmente selecciono las en mi opinión 20 mejores canciones del panorama internacional.
Desconozco cuánto tiempo seguiré añadiendo entradas a este blog, aunque si las circunstancias lo permiten no tengo intención de abandonar mi afición a la música contemporánea. Así que no sé decir a cuántas visitas llegará "Pop rock y más", pero sí espero que pueda seguir resultando interesante para todo el que se tropiece con él. Así que por aquí les espero. Y muchas gracias por toda la atención en estos cinco años.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
lunes, 8 de agosto de 2016
martes, 2 de agosto de 2016
Marsheaux: "Ath.Lon" (2016)
Tras tres años sin editar un álbum con temas propios (en 2015 publicaron su revisión íntegra del álbum "A broken frame" de Depeche Mode), el dúo femenino formado por Marianthi Melitsi y Sophie Sarigiannidou han regresado hace unas pocas semanas con este "Ath.Lon", el sexto álbum de su carrera. En un momento muy relevante de la misma, ya que tras más de una década de actividad se han ido ganando poquito a poco un reconocimiento a nivel internacional muy difícil de conseguir para una banda de origen griego, hasta el punto de que como su título indica, buena parte de este disco ya se ha gestado y grabado en Londres (además de en Atenas). Además, su anterior álbum ("Inhale", que ya reseñé en este mismo blog) las consolidó como una banda capaz de entregar no sólo buenos temas sino también álbums completos, por lo que las expectativas de esta nueva entrega eran muy altas. Desgraciadamente el disco supone en mi opinión un paso atrás que les va a impedir ese gran salto que parecían a punto de dar, y quizá incluso pierdan por el camino parte de sus fieles seguidores.
Y es que una cosa es recrear en pleno siglo XXI el synthpop que triunfó en los ochenta, actualizando su sonido y orientándolo a las pistas de baile más indie, y otra distinta es retroceder tanto en la revisitación que dé la impresión que más que la inspiración se busca el homenaje explícito. Algo que por otra parte no está relacionado con ningún cambio en la composición de la banda, ni siquiera con sus colaboradores en la producción, los habituales y también griegos Fotonovela. Simplemente Marianthi y Sophie se han excedido en esa mirada al pasado, han ralentizado en exceso los bpms y han tirado de oficio para rematar algunas composiciones que probablemente no hubieran entrado en álbumes anteriores. Todo lo cual provoca que el resultado sea un disco irregular, que tarda mucho en despegar y no contiene ningún nuevo hallazgo que incorporar a sus "clásicos".
Es cierto que una de las mejores habilidades del dúo ha sido históricamente sacar partido a unos temas que desde el punto de vista compositivo eran en ocasiones relativamente sencillos, pero que con inteligencia en los arreglos y una instrumentación muy pulida resplandecían. Pero a nivel compositivo existe un mínimo con el que trabajar, que en mi opinión no alcanza el tema que abre el disco, "Burning": una canción que intenta ser intensa a lo Gary Numan, de ritmo sincopado, pero muy simple compositivamente y sin gancho alguno. "Like a movie" es el primero de esos homenajes a los que me refería, en este caso a sus admirados Orchestral Manoeuvres In The Dark, una melodía de pop limpia e interludios musicales presididos por un sintetizador típico en los mejores momentos los británicos, pero también con una cuestionable sensación naif y una producción lo-fi que la retrotraen demasiado en el tiempo. "Sunday" es la primera canción que llega al mínimo esperable para este álbum: sin ser una maravilla, ni tampoco un retorno a los ritmos rápidos y bailables que tanto han explotado en previos álbumes, es un tema sintético y envolvente que podría figurar en otros discos suyos más inspirados. "Wild heart" es el segundo obvio homenaje, en este caso a los New Order de "Power, corruption and lies", con ese arpegio de bajo enlatado a lo Peter Hook que lidera los intervalos instrumentales, y también con una melodía simple en su ramplón estribillo y una instrumentación extrañamente espartana para lo que es habitual en el dúo.
Al rescate viene "Now you are mine", que podríamos definir como el "mejor tema que han grabado los Depeche Mode en la última década", aparte de ser en mi opinión el mejor tema del álbum. Se nota que las griegas son fans de los británicos, y que apenas hace año y medio que versionaron íntegramente uno de sus álbumes, como comentaba antes. Aunque es cierto que su aportación bordea el "Never let me down again" de los británicos con su ritmo cadencioso, su caja sobredimensionada y su estructura análoga, no es menos cierto que es una acertada progresión armónica, que la melodía acompaña y que le dan su toque característico con ese cambio de notas con los mismos versos que hacen en el segundo estribillo. "Strong enough" sí suena a ellas mismas, y ese arpegio de teclado que imita a una voz sintetizada nos predispone para un trallazo de pop luminoso, pero falta un bombo en la mitad de los compases, un estribillo menos etéreo y una parte nueva más inspirada para llegar a ese nivel. "Safe tonight" es el tema escogido como sencillo de presentación y un nuevo homenaje a los The Cure de "Just like heaven", cuya progresión armónica principal calcan y expanden hasta ocupar todo el tema. Con lo cual el resultado es una buena canción, con una letra reconfortante aunque quizá con un estribillo un poquito "blando" y simple, pero que por supuesto no se acerca al mítico himno de Robert Smith. "Mediterranean" es otro tema interesante sin ser brillante, extrañamente lento, que va enganchando poco a poco y tiene como punto álgido unos intervalos instrumentales estratégicamente situados. "Let's take a car" recupera por fin a las Marsheaux desenfadadas, que no juegan a ser otros sino que se limitan a ser ellas mismas con un tema rápido, una letra hedonista y un buen estribillo. Lástima que la producción sea menos inspirada que de costumbre, en especial su sección rítmica más propia de hace un cuarto de siglo.
"The beginning of the end" es el cierre de la versión estándar del álbum, y también la balada del mismo. Un tema con mucho contraste entre las partes instrumentales (que emulan una sección de cuerda de atmósfera ominosa, y están muy conseguidas gracias a la sugerente progresión armónica) y las partes vocales (con una melodía no muy afortunada, de notas demasiado altas para las limitadas cualidades vocales de las griegas), por lo cual resulta extrañamente irregular. Un mejor cierre del álbum es "Butterflies", tema adicional en la mayoría de ediciones disponibles, que aunque pide a gritos más bpms para sacarle el máximo partido a la composición, al menos recupera una de las mejores virtudes del dúo: uno de esos estribillos irresistibles que llegan sin previo aviso. Existe una versión limitada del álbum con cuatro temas más, pero no he podido conseguirla hasta la fecha, por lo que no puedo decir si consiguen mejorar la impresión global del álbum. Que tras varias escuchas, sobre todo si nos saltamos los primeros cuatro cortes, cumple la papeleta. Pero desgraciadamente no brilla.
Y es que una cosa es recrear en pleno siglo XXI el synthpop que triunfó en los ochenta, actualizando su sonido y orientándolo a las pistas de baile más indie, y otra distinta es retroceder tanto en la revisitación que dé la impresión que más que la inspiración se busca el homenaje explícito. Algo que por otra parte no está relacionado con ningún cambio en la composición de la banda, ni siquiera con sus colaboradores en la producción, los habituales y también griegos Fotonovela. Simplemente Marianthi y Sophie se han excedido en esa mirada al pasado, han ralentizado en exceso los bpms y han tirado de oficio para rematar algunas composiciones que probablemente no hubieran entrado en álbumes anteriores. Todo lo cual provoca que el resultado sea un disco irregular, que tarda mucho en despegar y no contiene ningún nuevo hallazgo que incorporar a sus "clásicos".
Es cierto que una de las mejores habilidades del dúo ha sido históricamente sacar partido a unos temas que desde el punto de vista compositivo eran en ocasiones relativamente sencillos, pero que con inteligencia en los arreglos y una instrumentación muy pulida resplandecían. Pero a nivel compositivo existe un mínimo con el que trabajar, que en mi opinión no alcanza el tema que abre el disco, "Burning": una canción que intenta ser intensa a lo Gary Numan, de ritmo sincopado, pero muy simple compositivamente y sin gancho alguno. "Like a movie" es el primero de esos homenajes a los que me refería, en este caso a sus admirados Orchestral Manoeuvres In The Dark, una melodía de pop limpia e interludios musicales presididos por un sintetizador típico en los mejores momentos los británicos, pero también con una cuestionable sensación naif y una producción lo-fi que la retrotraen demasiado en el tiempo. "Sunday" es la primera canción que llega al mínimo esperable para este álbum: sin ser una maravilla, ni tampoco un retorno a los ritmos rápidos y bailables que tanto han explotado en previos álbumes, es un tema sintético y envolvente que podría figurar en otros discos suyos más inspirados. "Wild heart" es el segundo obvio homenaje, en este caso a los New Order de "Power, corruption and lies", con ese arpegio de bajo enlatado a lo Peter Hook que lidera los intervalos instrumentales, y también con una melodía simple en su ramplón estribillo y una instrumentación extrañamente espartana para lo que es habitual en el dúo.
Al rescate viene "Now you are mine", que podríamos definir como el "mejor tema que han grabado los Depeche Mode en la última década", aparte de ser en mi opinión el mejor tema del álbum. Se nota que las griegas son fans de los británicos, y que apenas hace año y medio que versionaron íntegramente uno de sus álbumes, como comentaba antes. Aunque es cierto que su aportación bordea el "Never let me down again" de los británicos con su ritmo cadencioso, su caja sobredimensionada y su estructura análoga, no es menos cierto que es una acertada progresión armónica, que la melodía acompaña y que le dan su toque característico con ese cambio de notas con los mismos versos que hacen en el segundo estribillo. "Strong enough" sí suena a ellas mismas, y ese arpegio de teclado que imita a una voz sintetizada nos predispone para un trallazo de pop luminoso, pero falta un bombo en la mitad de los compases, un estribillo menos etéreo y una parte nueva más inspirada para llegar a ese nivel. "Safe tonight" es el tema escogido como sencillo de presentación y un nuevo homenaje a los The Cure de "Just like heaven", cuya progresión armónica principal calcan y expanden hasta ocupar todo el tema. Con lo cual el resultado es una buena canción, con una letra reconfortante aunque quizá con un estribillo un poquito "blando" y simple, pero que por supuesto no se acerca al mítico himno de Robert Smith. "Mediterranean" es otro tema interesante sin ser brillante, extrañamente lento, que va enganchando poco a poco y tiene como punto álgido unos intervalos instrumentales estratégicamente situados. "Let's take a car" recupera por fin a las Marsheaux desenfadadas, que no juegan a ser otros sino que se limitan a ser ellas mismas con un tema rápido, una letra hedonista y un buen estribillo. Lástima que la producción sea menos inspirada que de costumbre, en especial su sección rítmica más propia de hace un cuarto de siglo.
"The beginning of the end" es el cierre de la versión estándar del álbum, y también la balada del mismo. Un tema con mucho contraste entre las partes instrumentales (que emulan una sección de cuerda de atmósfera ominosa, y están muy conseguidas gracias a la sugerente progresión armónica) y las partes vocales (con una melodía no muy afortunada, de notas demasiado altas para las limitadas cualidades vocales de las griegas), por lo cual resulta extrañamente irregular. Un mejor cierre del álbum es "Butterflies", tema adicional en la mayoría de ediciones disponibles, que aunque pide a gritos más bpms para sacarle el máximo partido a la composición, al menos recupera una de las mejores virtudes del dúo: uno de esos estribillos irresistibles que llegan sin previo aviso. Existe una versión limitada del álbum con cuatro temas más, pero no he podido conseguirla hasta la fecha, por lo que no puedo decir si consiguen mejorar la impresión global del álbum. Que tras varias escuchas, sobre todo si nos saltamos los primeros cuatro cortes, cumple la papeleta. Pero desgraciadamente no brilla.
lunes, 18 de julio de 2016
Garbage: "Strange little birds" (2016)
Los estadounidenses Garbage han retornado a la actualidad con "Strange little birds", el sexto álbum de su carrera, que ve la luz justo después de haber celebrado el vigésimo aniversario de su debut como banda. Un álbum que ha sido saludado por buena parte de la crítica precisamente como lo más similar a ese álbum de debut que han publicado hasta la fecha, el cual por otra parte supuso una pequeña revolución en el panorama de la música rock. Es cierto que "Strange little birds" tiene un sonido tan cuidado y una producción tan brillante como aquél, algo por otra parte habitual en la banda liderada por Butch Vig. Pero en mi opinión esas críticas obvian algo a lo que ya aludí cuando reseñé hace cuatro años ya "Not your kind of people", su anterior álbum: las canciones. Y es que por mucho que se domino un oficio, todos los artistas necesitan de la inspiración creativa para respaldar sus habilidades y trucos. Y aquí encontraremos menos temas inspirados aún que en su anterior entrega, y por supuesto muchos menos que en su álbum de debut. Así que el resultado es tan sólo de aprobado raspado.
No sólo eso: al álbum lo perjudican otros dos aspectos no del todo esperables: los vaivenes estilísticos y la aversión al riesgo en las interpretaciones vocales de Shirley Mason. Entiendo que a estas alturas de la carrera la banda entre al estudio sin otro interés que satisfacer sus inquietudes creativas, pero a pesar de la cohesión que aporta la elaborada instrumentación, el álbum resulta menos homogéneo de lo esperable, con "acelerones", "frenazos" y "salidas de estilo" que le impiden enganchar con regularidad al oyente. Y ya en la cincuentena, Shirley no arriesga en absoluto y mayoritariamente se limita a susurrar las melodías principales, lo que las desluce a menudo, aparte de doblarse sin reparos la voz siempre que debe destacar un poquito sobre el conjunto. Un último detalle es que algunas composiciones son realmente largas, aunque las habilidades como productores de Vig y compañía logran que siempre esté "sucediendo algo" y no sea tan perceptible el minutaje. Por el contrario, debo saludar que las letras en general abandonan el optimismo extremo que tanto abunda estos días y muestran otros sentimientos como el desamor, la vulnerabilidad o la apatía, y que las composiciones no han retrocedido tanto a los sesenta y setenta como por ejemplo hicieron en su flojo "Beautiful garbage".
El álbum se abre con "Sometimes", un buen ejemplo de ese vaivén estilístico al que aludía: envolvente, sí, y con una excelente percusión electrónica, pero muy lento, de melodía simplísima, sin apenas una composición real por detrás. "Empty", segundo corte, es la acertada elección natural como primer sencillo, ya que sin ser un temazo, suena a los Garbage "de toda la vida": rock con guiños a otros géneros, cascadas de guitarras distorsionadas, y unas acertadas estrofas y puente. Lástima que el estribillo baje un par de peldaños y le impida codearse con los mejores momentos de su carrera. "Blackout", tercer corte, es uno de los momentos álgidos del álbum a pesar de sus casi siete minutos, con su progresión armónica oscura en las estrofas y su ambiente crudo que recuerda a "Vow". Un puente largo y realmente salvaje y tiempo para riffs de guitarra en los intervalos instrumentales favorecen el resultado, aunque nuevamente Shirley abusa de las notas bajas en el estribillo. Con otro buen tema a continuación el álbum habría encadenado lo suficiente para enganchar, pero "If I Lost You" es una canción, además de lenta, de estrofas prácticamente inapreciables y estribillo dulzón, y al que su sonido atmosférico no logra sostener.
"Night Drive Loneliness" sí vuelve a sonar a Garbage, y además acelera un poco los bpms hasta situarse como un medio tiempo oscuro y de guitarras distorsionadas que saben enriquecer con su sonido personal (sobre todo en el estribillo final con notas ligeramente diferentes sobre los mismos versos) y que recuerda estilísticamente a su "You look so fine", aunque le falta un poco de la magia melódica de aquella. "Even Though Our Love Is Doomed" insiste en el minutaje amplio, el sonido oscuro, los textos pesimistas y los susurros de Shirley, y no termina de acelerar el tempo para sacar al disco de ese pozo tan peligroso en el que se ha introducido justo en su tramo medio, pese a su arsenal de detalles. Así que cuando "Magnetized" irrumpe con su bajo sintético y su percusión distorsionada y reverberada, actúa como un aliento de fresco. Si bien peca de un optimismo luminoso no muy en línea con el espíritu del álbum, tanto en su letra como sobre todo en su estribillo, siendo lo mejor del mismo el intervalo instrumental sobre el que Shirley declama lo que es a la vez el puente. Por lo cual es necesario llegar a "We Never Tell", también más poppy que el tono general del álbum pero más consistente que la anterior, con mejores arreglos y un doble estribillo perfectamente reconocible, para que el álbum finalmente recupere el pulso, cerca ya de su tramo final.
Un tramo que se abre con el tercer mejor momento del álbum: los seis minutos de "So We Can Stay Alive" son disfrutables de principio a fin, partiendo del mejor principio del disco sobre sintetizadores infecciosos, y el tremendo contraste de las dos guitarras distorsionadas que adornan las estrofas con los susurros de Shirley. El estribillo, además, es probablemente el mejor del disco, y el crescendo y los pitches a lo The Crystal Method que lo enlazan con las siguientes estrofas son originales y están muy logrados. Además de ese minuto instrumental sobre los acordes del estribillo en el que se les nota disfrutar. "Teaching Little Fingers to Play" es, además de la letra más sensual y hasta controvertida del álbum, un nuevo tema lento que vuelve a contrastar demasiado con la energía del corte anterior: una melodía que prácticamente empieza en la entrada en el estribillo, que por otra parte resulta tan anodino como todo lo demás. Y el álbum se cierra en la versión en CD con "Amends", otros seis minutos muy cadenciosos, con una instrumentación brillante que combina arpegios de guitarra y dubs originales, pero con una melodía repetitiva en las estrofas que la certera progresión armónica del estribillo y las dos codas vocales que introducen en dos tramos diferentes no compensan del todo (en la versión en vinilo el álbum se completa con "FWY (Fucking with You)", de nuevo una balada no del todo inspirada pero bien producida que perfectamente podría haber figurado en el tracklist original).
Tres buenas canciones y otras dos a las que se les va sacando la parte positiva en sucesivas escuchas son un bagaje un tanto escaso frente a casi media hora bastante lenta y derivativa. Por lo que el disco no les va a ganar nuevos adeptos, y con suerte les mantendrá el volumen de fans que todavía conservan a día de hoy. Lo que quizá después de veintiún años de trayectoria tampoco esté tan mal, ¿no creen?
No sólo eso: al álbum lo perjudican otros dos aspectos no del todo esperables: los vaivenes estilísticos y la aversión al riesgo en las interpretaciones vocales de Shirley Mason. Entiendo que a estas alturas de la carrera la banda entre al estudio sin otro interés que satisfacer sus inquietudes creativas, pero a pesar de la cohesión que aporta la elaborada instrumentación, el álbum resulta menos homogéneo de lo esperable, con "acelerones", "frenazos" y "salidas de estilo" que le impiden enganchar con regularidad al oyente. Y ya en la cincuentena, Shirley no arriesga en absoluto y mayoritariamente se limita a susurrar las melodías principales, lo que las desluce a menudo, aparte de doblarse sin reparos la voz siempre que debe destacar un poquito sobre el conjunto. Un último detalle es que algunas composiciones son realmente largas, aunque las habilidades como productores de Vig y compañía logran que siempre esté "sucediendo algo" y no sea tan perceptible el minutaje. Por el contrario, debo saludar que las letras en general abandonan el optimismo extremo que tanto abunda estos días y muestran otros sentimientos como el desamor, la vulnerabilidad o la apatía, y que las composiciones no han retrocedido tanto a los sesenta y setenta como por ejemplo hicieron en su flojo "Beautiful garbage".
El álbum se abre con "Sometimes", un buen ejemplo de ese vaivén estilístico al que aludía: envolvente, sí, y con una excelente percusión electrónica, pero muy lento, de melodía simplísima, sin apenas una composición real por detrás. "Empty", segundo corte, es la acertada elección natural como primer sencillo, ya que sin ser un temazo, suena a los Garbage "de toda la vida": rock con guiños a otros géneros, cascadas de guitarras distorsionadas, y unas acertadas estrofas y puente. Lástima que el estribillo baje un par de peldaños y le impida codearse con los mejores momentos de su carrera. "Blackout", tercer corte, es uno de los momentos álgidos del álbum a pesar de sus casi siete minutos, con su progresión armónica oscura en las estrofas y su ambiente crudo que recuerda a "Vow". Un puente largo y realmente salvaje y tiempo para riffs de guitarra en los intervalos instrumentales favorecen el resultado, aunque nuevamente Shirley abusa de las notas bajas en el estribillo. Con otro buen tema a continuación el álbum habría encadenado lo suficiente para enganchar, pero "If I Lost You" es una canción, además de lenta, de estrofas prácticamente inapreciables y estribillo dulzón, y al que su sonido atmosférico no logra sostener.
"Night Drive Loneliness" sí vuelve a sonar a Garbage, y además acelera un poco los bpms hasta situarse como un medio tiempo oscuro y de guitarras distorsionadas que saben enriquecer con su sonido personal (sobre todo en el estribillo final con notas ligeramente diferentes sobre los mismos versos) y que recuerda estilísticamente a su "You look so fine", aunque le falta un poco de la magia melódica de aquella. "Even Though Our Love Is Doomed" insiste en el minutaje amplio, el sonido oscuro, los textos pesimistas y los susurros de Shirley, y no termina de acelerar el tempo para sacar al disco de ese pozo tan peligroso en el que se ha introducido justo en su tramo medio, pese a su arsenal de detalles. Así que cuando "Magnetized" irrumpe con su bajo sintético y su percusión distorsionada y reverberada, actúa como un aliento de fresco. Si bien peca de un optimismo luminoso no muy en línea con el espíritu del álbum, tanto en su letra como sobre todo en su estribillo, siendo lo mejor del mismo el intervalo instrumental sobre el que Shirley declama lo que es a la vez el puente. Por lo cual es necesario llegar a "We Never Tell", también más poppy que el tono general del álbum pero más consistente que la anterior, con mejores arreglos y un doble estribillo perfectamente reconocible, para que el álbum finalmente recupere el pulso, cerca ya de su tramo final.
Un tramo que se abre con el tercer mejor momento del álbum: los seis minutos de "So We Can Stay Alive" son disfrutables de principio a fin, partiendo del mejor principio del disco sobre sintetizadores infecciosos, y el tremendo contraste de las dos guitarras distorsionadas que adornan las estrofas con los susurros de Shirley. El estribillo, además, es probablemente el mejor del disco, y el crescendo y los pitches a lo The Crystal Method que lo enlazan con las siguientes estrofas son originales y están muy logrados. Además de ese minuto instrumental sobre los acordes del estribillo en el que se les nota disfrutar. "Teaching Little Fingers to Play" es, además de la letra más sensual y hasta controvertida del álbum, un nuevo tema lento que vuelve a contrastar demasiado con la energía del corte anterior: una melodía que prácticamente empieza en la entrada en el estribillo, que por otra parte resulta tan anodino como todo lo demás. Y el álbum se cierra en la versión en CD con "Amends", otros seis minutos muy cadenciosos, con una instrumentación brillante que combina arpegios de guitarra y dubs originales, pero con una melodía repetitiva en las estrofas que la certera progresión armónica del estribillo y las dos codas vocales que introducen en dos tramos diferentes no compensan del todo (en la versión en vinilo el álbum se completa con "FWY (Fucking with You)", de nuevo una balada no del todo inspirada pero bien producida que perfectamente podría haber figurado en el tracklist original).
Tres buenas canciones y otras dos a las que se les va sacando la parte positiva en sucesivas escuchas son un bagaje un tanto escaso frente a casi media hora bastante lenta y derivativa. Por lo que el disco no les va a ganar nuevos adeptos, y con suerte les mantendrá el volumen de fans que todavía conservan a día de hoy. Lo que quizá después de veintiún años de trayectoria tampoco esté tan mal, ¿no creen?
miércoles, 6 de julio de 2016
Josef Salvat: "Night swim" (2016)
Es sorprendente cómo al mismo tiempo que los tradicionalmente predominantes Estados Unidos y Reino Unido ofrecen cada vez un número menor de nuevos artistas interesantes, en Australia no dejan de surgir solistas y bandas plenos de talento. De ello da buena muestra el número cada vez mayor de artistas reseñados en este humilde blog (desde Cut Copy a Rüfüs pasando por Gypse & The Cat o Voltaire Twins). A todos ellos se unió el año pasado Josef Salvat, un cantante y compositor de ascendencia española que fue publicando sencillos de gran interés en los últimos tiempos hasta que a finales de febrero debutó a nivel internacional con este "Night swim". Un álbum que ha respondido a las expectativas, aunque con algunos peros.
De manera acertada el disco lo abre "Open season", probablemente su mejor sencillo además del tema que lo dio a conocer como compositor y que de hecho ya formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2015. Es un tema de pop elegante, construido sobre una cautivadora progresión armónica, brillantemente interpretado, digno de un crooner del siglo XXI muy por encima de por ejemplo Brandon Flowers, con unos arreglos contemporáneos sin rendirse a las modas ni renunciar a los instrumentos convencionales. "Paradise", siguiente corte, es el quinto y hasta ahora último sencillo extraído, un tema si cabe más bailable que el anterior, también con una acertada progresión armónica y una producción capaz de extraer todo lo mejor de la composición mezclando piano electronico y un synclavier en el estribillo, aunque aun así se queda en mi opinión un escalón por debajo de su predecesora. "Hustler", segundo sencillo de su carrera, es uno de los numerosos temas "lentos" que figuran en el álbum, una balada sentida y bien interpretada que en la versión en estudio arropa muy bien el piano y la voz de Salvat con una elaborada percusión. "Punchline" es si cabe una canción más conseguida que la anterior, más tenebrosa, gélida en el estribillo y con la sorpresa de la distorsionada batería, los coros y el violín que la realzan en sus dos minutos finales; lo que sucede es que al ser la segunda balada seguida descoloca respecto a las intenciones del álbum, que había arrancado mucho más bailable y colorista.
"Closer", sin ser un tema demasiado rápido, supone una saludable vuelta a los ritmos más bailables, aunque su pausado comienzo no lo refleje. Pero el tema va creciendo en el puente hasta desembocar en un meritorio estribillo sabiemente ensalzado por unos violines herederos del sonido philly de finales de los setenta. "Till I Found You", tercer sencillo del álbum, vuelve a frenar el tempo a la vez que baja el listón, porque a pesar de un tema con unos arreglos excelentes y una producción muy meritoria, la composición no termina de armonizar una ambientación pesimista con una letra optimista, y el estribillo resulta un tanto plano. "Shoot and run" es otra nueva balada, otra vez con una instrumentación excelente, ominosa en el comienzo y en las estrofas, con un bajo sintetizado muy difícil de encajar en un tema tan lento, una melodía muy compleja y difícil de interpretar que cubre varias estrofas y probablemente la letra más sugerente del álbum. "Constant Runners" supone otra refrescante aceleración y cambio de estilo, con una progresión armónica y una melodía optimistas que me recuerdan mucho a los Alphaville de "Afternoons in utopia" (1986) con ese pop dinámico de matices electrónicos y guiños al mercado estadounidense que en su momento entregaron (Salvat casi parece Marian Gold en el estribillo).
"Night swim", el tema que da título al álbum además de su cuarto sencillo, es como cabía esperar uno de sus mejores momentos: una nueva balada, con una letra muy sensual, y una melodía cálida, que juega a ser acústica pero que en realidad está realzada con varios detalles que no empañan la interpretación de Salvat (con mención especial para el sintetizador que acompaña sin casi percibirse todo el tema). "The days", un medio tiempo con un estribillo en falsete, sin llegar ser uno de los mejores cortes, sí que mantiene ese nivel medio tan meritorio de todo el álbum. "Every night" es la sorpresa del disco: un tema de soul sesentero muy en la línea en la que últimamente ha descollado Leon Bridges, sobre acordes mayores, con coros de reminiscencias gospel, y una acertada guitarra steel para completar el momento "retro". Y para cerrar el disco Salvat escoge una última balada, "A better word", sobre el piano y la voz de Salvat, correcta pero sin demasiado gancho.
En un debut que ha tardado casi cuatro en gestarse ha habido tiempo de sobra para poder entregar hasta cuatro temas adicionales en la edición deluxe. Empezando por "Secret", otro medio tiempo con una percusión muy marcada deudora del R&B y un tono inquietante, cuyo estribillo en falsete no termina de encajar, a pesar de la nueva melodía con la que lo enriquece en el tramo fial. Siguiendo por "This life", que fue el primer tema y vídeo de su carrera en el 2013, otra balada cuyo mayor valor es el estribillo altivo y un tanto frío con el que sorprende, a la vez que recuerda a John Foxx. Deteniéndose en "Diamonds", la versión del insípido tema de Rihanna que vio la luz en formato sencillo en 2014, que a pesar de ser "desnudado" hasta dejarle sólo los elementos esenciales no termina de emocionar. Y cerrando con el tema más interesante de los cuatro, ese "In the audience" que insiste una vez más en el binomio piano/voz de comienzo reposado pero con una progresión armónica más inspirada y una bonita melodía que desemboca en un certero estribillo, sin duda merecedor de haber formado parte del tracklist oficial.
El mayor pero, pues, es el alto volumen de temas lentos, prácticamente la mitad, más propio de un artista maduro en el tramo final de su carrera que de un debutante cuyos momentos más conocidos los ha alcanzado además con temas bailables y de cierto barniz electrónico. Al ser nada menos que dieciséis cortes, eso hace que a la hora de animarse a escucharlo pueda aflorar la temida sensación de "sí, este disco está bien, pero es que ahora...", que siempre jugó en contra de artistas como Crowded House o Belle And Sebastian. Tampoco juega a su favor cierta indefinición estilística, por otra parte habitual en los álbumes de debut. Y algún tema que ahonda en el estilo de otros del mismo álbum pero de nivel incuestionablemente inferior. No obstante, analizado globalmente, "Night swim" contiene un buen número de grandes momentos, que reflejan la calidad de Salvat como compositor y como intérprete, así como la inteligencia a la hora de armonizar y producir los temas de Rich Cooper. Así que esperemos que tenga una carrera larga y plena de éxitos, incluso a nivel comercial. Porque mimbres tiene para ser una estrella.
De manera acertada el disco lo abre "Open season", probablemente su mejor sencillo además del tema que lo dio a conocer como compositor y que de hecho ya formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2015. Es un tema de pop elegante, construido sobre una cautivadora progresión armónica, brillantemente interpretado, digno de un crooner del siglo XXI muy por encima de por ejemplo Brandon Flowers, con unos arreglos contemporáneos sin rendirse a las modas ni renunciar a los instrumentos convencionales. "Paradise", siguiente corte, es el quinto y hasta ahora último sencillo extraído, un tema si cabe más bailable que el anterior, también con una acertada progresión armónica y una producción capaz de extraer todo lo mejor de la composición mezclando piano electronico y un synclavier en el estribillo, aunque aun así se queda en mi opinión un escalón por debajo de su predecesora. "Hustler", segundo sencillo de su carrera, es uno de los numerosos temas "lentos" que figuran en el álbum, una balada sentida y bien interpretada que en la versión en estudio arropa muy bien el piano y la voz de Salvat con una elaborada percusión. "Punchline" es si cabe una canción más conseguida que la anterior, más tenebrosa, gélida en el estribillo y con la sorpresa de la distorsionada batería, los coros y el violín que la realzan en sus dos minutos finales; lo que sucede es que al ser la segunda balada seguida descoloca respecto a las intenciones del álbum, que había arrancado mucho más bailable y colorista.
"Closer", sin ser un tema demasiado rápido, supone una saludable vuelta a los ritmos más bailables, aunque su pausado comienzo no lo refleje. Pero el tema va creciendo en el puente hasta desembocar en un meritorio estribillo sabiemente ensalzado por unos violines herederos del sonido philly de finales de los setenta. "Till I Found You", tercer sencillo del álbum, vuelve a frenar el tempo a la vez que baja el listón, porque a pesar de un tema con unos arreglos excelentes y una producción muy meritoria, la composición no termina de armonizar una ambientación pesimista con una letra optimista, y el estribillo resulta un tanto plano. "Shoot and run" es otra nueva balada, otra vez con una instrumentación excelente, ominosa en el comienzo y en las estrofas, con un bajo sintetizado muy difícil de encajar en un tema tan lento, una melodía muy compleja y difícil de interpretar que cubre varias estrofas y probablemente la letra más sugerente del álbum. "Constant Runners" supone otra refrescante aceleración y cambio de estilo, con una progresión armónica y una melodía optimistas que me recuerdan mucho a los Alphaville de "Afternoons in utopia" (1986) con ese pop dinámico de matices electrónicos y guiños al mercado estadounidense que en su momento entregaron (Salvat casi parece Marian Gold en el estribillo).
"Night swim", el tema que da título al álbum además de su cuarto sencillo, es como cabía esperar uno de sus mejores momentos: una nueva balada, con una letra muy sensual, y una melodía cálida, que juega a ser acústica pero que en realidad está realzada con varios detalles que no empañan la interpretación de Salvat (con mención especial para el sintetizador que acompaña sin casi percibirse todo el tema). "The days", un medio tiempo con un estribillo en falsete, sin llegar ser uno de los mejores cortes, sí que mantiene ese nivel medio tan meritorio de todo el álbum. "Every night" es la sorpresa del disco: un tema de soul sesentero muy en la línea en la que últimamente ha descollado Leon Bridges, sobre acordes mayores, con coros de reminiscencias gospel, y una acertada guitarra steel para completar el momento "retro". Y para cerrar el disco Salvat escoge una última balada, "A better word", sobre el piano y la voz de Salvat, correcta pero sin demasiado gancho.
En un debut que ha tardado casi cuatro en gestarse ha habido tiempo de sobra para poder entregar hasta cuatro temas adicionales en la edición deluxe. Empezando por "Secret", otro medio tiempo con una percusión muy marcada deudora del R&B y un tono inquietante, cuyo estribillo en falsete no termina de encajar, a pesar de la nueva melodía con la que lo enriquece en el tramo fial. Siguiendo por "This life", que fue el primer tema y vídeo de su carrera en el 2013, otra balada cuyo mayor valor es el estribillo altivo y un tanto frío con el que sorprende, a la vez que recuerda a John Foxx. Deteniéndose en "Diamonds", la versión del insípido tema de Rihanna que vio la luz en formato sencillo en 2014, que a pesar de ser "desnudado" hasta dejarle sólo los elementos esenciales no termina de emocionar. Y cerrando con el tema más interesante de los cuatro, ese "In the audience" que insiste una vez más en el binomio piano/voz de comienzo reposado pero con una progresión armónica más inspirada y una bonita melodía que desemboca en un certero estribillo, sin duda merecedor de haber formado parte del tracklist oficial.
El mayor pero, pues, es el alto volumen de temas lentos, prácticamente la mitad, más propio de un artista maduro en el tramo final de su carrera que de un debutante cuyos momentos más conocidos los ha alcanzado además con temas bailables y de cierto barniz electrónico. Al ser nada menos que dieciséis cortes, eso hace que a la hora de animarse a escucharlo pueda aflorar la temida sensación de "sí, este disco está bien, pero es que ahora...", que siempre jugó en contra de artistas como Crowded House o Belle And Sebastian. Tampoco juega a su favor cierta indefinición estilística, por otra parte habitual en los álbumes de debut. Y algún tema que ahonda en el estilo de otros del mismo álbum pero de nivel incuestionablemente inferior. No obstante, analizado globalmente, "Night swim" contiene un buen número de grandes momentos, que reflejan la calidad de Salvat como compositor y como intérprete, así como la inteligencia a la hora de armonizar y producir los temas de Rich Cooper. Así que esperemos que tenga una carrera larga y plena de éxitos, incluso a nivel comercial. Porque mimbres tiene para ser una estrella.
domingo, 12 de junio de 2016
Underworld: "Barbara Barbara, We Face a Shining Future" (2016)
El retorno de Underworld ha sido sin duda una de las sorpresas de temporada. Porque han transcurrido seis años desde su último álbum de estudio, el meritorio "Barking", y ya pocos esperaban que los ya casi sexagenarios Karl Hyde y Rick Smith se unieran de nuevo para crear nuevas composiciones. Pero demostrando que el tiempo no pasa por ellos, y tras haber sobrevivido a la marcha de Darren Emerson a comienzos de siglo, siguen siendo capaces de entregar canciones altamente tecnológicas y orientadas a la pista de baile más excitante. Aunque eso no significa que "Barbara Barbara, We Face a Shining Future" (el extraño título es un homenaje al padre de Rick Smith) sea un gran álbum. Me explico.
En mi opinión la razón principal por la que la carrera de Underworld se fue desvaneciendo lentamente desde el cénit que alcanzaron en 1996 con "Born Slippy .NUXX" fue la gradual desaparición de las armonías en sus temas. Porque aunque sus señas de identidad siempre hayan sido los temas de ritmo binario muy marcado, largos desarrollos y fraseos sin fin de Karl Hyde, en sus mejores momentos supieron completar ese cóctel con progresiones armónicas y melodías sencillas pero muy enriquecedoras. Que al ir desapariciendo de sus composiciones hicieron que éstas se volvieran monótonas y repetitivas. Quizá conscientes de ello, en "Barking" recurrieron a la colaboración con otros muchos creadores del techno y de la música electrónica en general, pero personalmente cuando anunciaron este "Barbara Barbara...", tenía la duda de si volverían a los temas monocordes de sus álbumes anteriores a "Barking" o introducirían más musicalidad en sus temas. El resultado es un término medio que no relanza su carrera pero tampoco la desmerece.
Porque lo que realmente llama la atención de este álbum es su escasez de contenido: sólo siete temas, uno de ellos poco más que un interludio instrumental, y una duración excesiva en muchos de los seis restantes, para poder completar los cuarenta y cinco minutos de rigor. Lo que evidencia lo cerca que ha estado este disco de no llegar a existir nunca, y las dudas que genera respecto a que pueda tener una continuidad. Razones para intentar extraer lo mejor de estos siete temas. Empezando por "I exhale", primer sencillo y claro intento de hacer algo que se salga del patrón habitual del dúo, con menos bits per minute de lo normal y una sencilla progresión armónica desde el principio. Pero cuyos ocho minutos son claramente excesivos, a pesar de que lentamente vayan enriqueciendo la composición con más teclados y Smith doblando en los coros a Hyde. Más convincente y reconocible es "If Rah", un tema más rápido y obsesivo, que juega a ser monocorde durante buena parte del tema a partir de su penetrante teclado sintético y las sugerentes frases de Hyde, hasta que entran los dos teclados de reminiscencias orientales y el tema se convierte en plenamente melódico con su piano electrónico y una meritoria superposición de efectos.
Más rápido y orientado a la pista de baile es si cabe "Low burn", con esos bajos sintetizados superpuestos sobre los que poco a poco van añadiendo más elementos sintéticos y redobles de percusión. Aunque la parte vocal es demasiado repetitiva, y sobra minutaje hasta que el tema va frenando y desnudándose de todos los añadidos para llegar al final. "Santiago cuatro" es un extraño interludio en el que se mezcla la guitarra acústica de Hyde, con sus largos arpegios, y los bajos sintetizados de Smith, con un resultado entre disonante y desasosegante. "Motorhome" es, por así decirlo, la "balada" del álbum, con su ritmo pausado y su atmósfera de renacimiento tras un futuro caótico. Es el primer tema en el que Hyde no declama sino que canta; los dos teclados que, casi a modo de gaitas, se entrelazan, le dan un toque original, y la progresión armónica en el tramo final completan un panorama relativamente interesante pero excesivamente largo. Y cuando parece que el álbum se encamina sin mayores sobresaltos hacia el final, surgen las sorpresas: "Ova nova" es con diferencia el mejor momento del disco, una composición completa sobre una eficaz progresión armónica, penetrante y luminosa, brillantemente interpretada por Hyde,con unos coros femeninos que completan el tono optimista de la canción, una parte nueva perfectamente enlazada, el apoteósico "Change your mind" de Hyde y (ahora sí) la duración adecuada. Y "Nylon strung" es probablemente el segundo mejor tema del álbum, y una adecuada forma de cerrarlo: sobre su infeccioso loop sintetizado Hyde entona una melodía de notas muy largas, que se completa con una guitarra acústica y un precioso teclado que va añadiendo más notas en cada repetición hasta convertirse en apoteósico en su último tramo.
Situar lo mejor del álbum al final logra que la impresión global del mismo sea mejor de lo que debería, pero no deberíamos dejarnos engañar, ya que "Barbara Barbara, We Face a Shining Future" no es ni de lejos el mejor disco de su carrera. Aunque al menos nos podemos congratular de que Hyde & Smith hayan recuperado la suficiente musicalidad en algunas de sus canciones, porque de su capacidad para explotarlas con sus largos desarrollos de cambios graduales y su estilo tan personal nadie duda. Habrá que ver si esta digna vuelta a la actualidad saludada con un aceptable éxito comercial (top ten en el Reino Unido) se convierte en una prolongación de su carrera, o por el contrario se convierte en el epílogo de una de las bandas más importantes en la historia del techno.
En mi opinión la razón principal por la que la carrera de Underworld se fue desvaneciendo lentamente desde el cénit que alcanzaron en 1996 con "Born Slippy .NUXX" fue la gradual desaparición de las armonías en sus temas. Porque aunque sus señas de identidad siempre hayan sido los temas de ritmo binario muy marcado, largos desarrollos y fraseos sin fin de Karl Hyde, en sus mejores momentos supieron completar ese cóctel con progresiones armónicas y melodías sencillas pero muy enriquecedoras. Que al ir desapariciendo de sus composiciones hicieron que éstas se volvieran monótonas y repetitivas. Quizá conscientes de ello, en "Barking" recurrieron a la colaboración con otros muchos creadores del techno y de la música electrónica en general, pero personalmente cuando anunciaron este "Barbara Barbara...", tenía la duda de si volverían a los temas monocordes de sus álbumes anteriores a "Barking" o introducirían más musicalidad en sus temas. El resultado es un término medio que no relanza su carrera pero tampoco la desmerece.
Porque lo que realmente llama la atención de este álbum es su escasez de contenido: sólo siete temas, uno de ellos poco más que un interludio instrumental, y una duración excesiva en muchos de los seis restantes, para poder completar los cuarenta y cinco minutos de rigor. Lo que evidencia lo cerca que ha estado este disco de no llegar a existir nunca, y las dudas que genera respecto a que pueda tener una continuidad. Razones para intentar extraer lo mejor de estos siete temas. Empezando por "I exhale", primer sencillo y claro intento de hacer algo que se salga del patrón habitual del dúo, con menos bits per minute de lo normal y una sencilla progresión armónica desde el principio. Pero cuyos ocho minutos son claramente excesivos, a pesar de que lentamente vayan enriqueciendo la composición con más teclados y Smith doblando en los coros a Hyde. Más convincente y reconocible es "If Rah", un tema más rápido y obsesivo, que juega a ser monocorde durante buena parte del tema a partir de su penetrante teclado sintético y las sugerentes frases de Hyde, hasta que entran los dos teclados de reminiscencias orientales y el tema se convierte en plenamente melódico con su piano electrónico y una meritoria superposición de efectos.
Más rápido y orientado a la pista de baile es si cabe "Low burn", con esos bajos sintetizados superpuestos sobre los que poco a poco van añadiendo más elementos sintéticos y redobles de percusión. Aunque la parte vocal es demasiado repetitiva, y sobra minutaje hasta que el tema va frenando y desnudándose de todos los añadidos para llegar al final. "Santiago cuatro" es un extraño interludio en el que se mezcla la guitarra acústica de Hyde, con sus largos arpegios, y los bajos sintetizados de Smith, con un resultado entre disonante y desasosegante. "Motorhome" es, por así decirlo, la "balada" del álbum, con su ritmo pausado y su atmósfera de renacimiento tras un futuro caótico. Es el primer tema en el que Hyde no declama sino que canta; los dos teclados que, casi a modo de gaitas, se entrelazan, le dan un toque original, y la progresión armónica en el tramo final completan un panorama relativamente interesante pero excesivamente largo. Y cuando parece que el álbum se encamina sin mayores sobresaltos hacia el final, surgen las sorpresas: "Ova nova" es con diferencia el mejor momento del disco, una composición completa sobre una eficaz progresión armónica, penetrante y luminosa, brillantemente interpretada por Hyde,con unos coros femeninos que completan el tono optimista de la canción, una parte nueva perfectamente enlazada, el apoteósico "Change your mind" de Hyde y (ahora sí) la duración adecuada. Y "Nylon strung" es probablemente el segundo mejor tema del álbum, y una adecuada forma de cerrarlo: sobre su infeccioso loop sintetizado Hyde entona una melodía de notas muy largas, que se completa con una guitarra acústica y un precioso teclado que va añadiendo más notas en cada repetición hasta convertirse en apoteósico en su último tramo.
Situar lo mejor del álbum al final logra que la impresión global del mismo sea mejor de lo que debería, pero no deberíamos dejarnos engañar, ya que "Barbara Barbara, We Face a Shining Future" no es ni de lejos el mejor disco de su carrera. Aunque al menos nos podemos congratular de que Hyde & Smith hayan recuperado la suficiente musicalidad en algunas de sus canciones, porque de su capacidad para explotarlas con sus largos desarrollos de cambios graduales y su estilo tan personal nadie duda. Habrá que ver si esta digna vuelta a la actualidad saludada con un aceptable éxito comercial (top ten en el Reino Unido) se convierte en una prolongación de su carrera, o por el contrario se convierte en el epílogo de una de las bandas más importantes en la historia del techno.
domingo, 29 de mayo de 2016
Rüfüs: "Bloom" (2016)
El trío australiano Rüfüs ha publicado a comienzos de año "Bloom", el segundo álbum de su carrera. Un álbum en el que han seguido profundizando en su sonido a medio camino entre el pop y el house, con la misma idea de evitar los instrumentos estridentes, de usar profusamente instrumentos no electrónicos como la batería y la guitarra eléctrica para quitar frialdad a su sonido y de recurrir a la envolvente voz de Tyrone Lindqvist para rematar el conjunto. El resultado responde a las expectativas, y para mí al menos es el mejor álbum en lo que llevamos de año: once temas sin ningún relleno y una calidad y una elegancia fuera de toda duda.
El álbum se abre con el que para mí es su mejor tema (aunque increíblemente no haya sido publicado en formato sencillo): "Brighter" es una muestra perfecta de los que la banda propone, baile con clase, partiendo de una base soul (incluyendo un interesante coro durante buena parte del tema), creciendo instrumentalmente a cada compás, hasta llegar a un estribillo pletórico, en el que el bajo sintetizado sincopado pone el contrapunto perfecto a la batería, y con un pequeño tramo instrumental que demuestra lo bien que rellenan el espectro con pocos instrumentos (por ponerle algún pero, decir que la tonalidad es la misma en todo el tema). "Like an animal", segundo sencillo extraído es, pese a situarse un escalón inferior que la anterior, una canción bastante por encima de la media: más claramente pop, repite con unas estrofas relativamente desnudas y un estribillo más instrumentado, con mención especial para el efectivo arpegio de guitarra de Lindqvist. "Say a prayer for me", tercer corte y cuarto sencillo, se desarrolla sobre unos parámetros similares, aunque la percusión arrastrada que complementa la batería de James Hunt le da un toque de originalidad, y el crescendo de "I'll take you further... down the line" engancha durante el minuto que dura.
El siguiente tema es "You Were Right", sencillo que anticipó el álbum hace ya casi un año y otro de sus grandes momentos. Aunque nuevamente sea la misma progresión armónica durante toda la canción, saben sacarle el máximo partido con esa percusión electrónica demoledora con que Jon George completa el estribillo, y otro nuevo crescendo marca de la casa. "Be with You" es en mi opinión el momento más insustancial del album, con ese monótono sampling en su anodino estribillo y nada reseñable en el resto. "Daylight" podría haber sido otro de los grandes momentos del álbum, con su cautivadora progresión armónica realizada por el contrapunto entre la guitarra de Lindqvist y el sintetizador de George, pero el tema amaga y amaga con una explosión instrumental sin llegar nunca a hacerlo (de hecho, no hay un solo bombo), y eso juega en su contra. A "Hypnotised" le sucede algo parecido, aunque en este caso se trate de un dúo con la actriz australiana Dena Kaplan: es una bonita composición que ahora sí enlaza dos progresiones armónicas diferentes en estrofas y estribillo, pero da la impresión de que el tema va a acabar reventando la pista de baile con estas dos visiones de una historia de amor y sin embargo se queda varada en su intento de evocar emociones sin estridencias, muy a lo The XX.
El tramo final del disco comienza con "Tell me", menos arriesgadas en su propuesta que las dos anteriores (aquí sí hay bombo, caja y platillos casi desde el principio). Otra sugestiva composición, sobre una sencilla progresión armónica, con una melodía complicada en las estrofas pero muy bien interpretada por Lindqvist, el conocido contrapunto entre guitarra y teclados, y la certera parada justo antes de la repetición final del estribilo. "Until the Sun Needs to Rise" insiste en el mismo terreno, aunque nada se puede reprochar a sus estrofas, a su efectivo bajo sintetizado, a ese sintetizador de aires caribeños con el que rematan la composición, o a ese intervalo instrumental de más de un minuto con los tres sintetizadores complementándose a la perfección. "Lose my head" es uno de los temas más envolventes del álbum, con esa atmósfera que desde el principio envuelve al oyente y lo desplaza a un mundo casi onírico, aunque sin perder de vista la pista de baile como lo demuestra la percusión que complementa la batería. Y con otro bonito tramo instrumental antes del estribillo final. Y el disco se cierra con la larguísima y relativamente fallida "Innerbloom", casi diez minutos de duración y aun así tercer sencillo publicado. Que juega a ser el tema más arriesgado con su montaña rusa de baile minimalista alternada con crescendos, a la que le falta una composición más redonda y le sobra minutaje. Aunque al menos su ubicación en el disco es la adecuada, ya que no estorba al resto de temas.
Sus detractores podrán decir que las letras pecan de simples y reiterativas (chico-chica-pasión-desamor), que el sonido pretendidamente espartano dificulta distinguir unos temas de otros, que la propuesta es limitada estilísticamente, que muchas canciones explotan hasta la saciedad la misma progresión armónica... Todo lo cual es cierto. Pero si a cambio encontramos la inteligente armonía de sus canciones, la capacidad para enganchar con cada canción, la ausencia de temas de relleno, la naturalidad con la que dan con la nota adecuada... entenderemos por qué coleccionan premios y al mismo tiempo encabezan con naturalidad las listas de ventas de su país. Lástima que estemos tan anquilosados musicalmente por estos lares, porque tienen todos los ingredientes para ser una banda de consumo masivo también por aquí. Espero que al menos esta entrada sirva para que quienes leen este humilde blog los descubran.
El álbum se abre con el que para mí es su mejor tema (aunque increíblemente no haya sido publicado en formato sencillo): "Brighter" es una muestra perfecta de los que la banda propone, baile con clase, partiendo de una base soul (incluyendo un interesante coro durante buena parte del tema), creciendo instrumentalmente a cada compás, hasta llegar a un estribillo pletórico, en el que el bajo sintetizado sincopado pone el contrapunto perfecto a la batería, y con un pequeño tramo instrumental que demuestra lo bien que rellenan el espectro con pocos instrumentos (por ponerle algún pero, decir que la tonalidad es la misma en todo el tema). "Like an animal", segundo sencillo extraído es, pese a situarse un escalón inferior que la anterior, una canción bastante por encima de la media: más claramente pop, repite con unas estrofas relativamente desnudas y un estribillo más instrumentado, con mención especial para el efectivo arpegio de guitarra de Lindqvist. "Say a prayer for me", tercer corte y cuarto sencillo, se desarrolla sobre unos parámetros similares, aunque la percusión arrastrada que complementa la batería de James Hunt le da un toque de originalidad, y el crescendo de "I'll take you further... down the line" engancha durante el minuto que dura.
El siguiente tema es "You Were Right", sencillo que anticipó el álbum hace ya casi un año y otro de sus grandes momentos. Aunque nuevamente sea la misma progresión armónica durante toda la canción, saben sacarle el máximo partido con esa percusión electrónica demoledora con que Jon George completa el estribillo, y otro nuevo crescendo marca de la casa. "Be with You" es en mi opinión el momento más insustancial del album, con ese monótono sampling en su anodino estribillo y nada reseñable en el resto. "Daylight" podría haber sido otro de los grandes momentos del álbum, con su cautivadora progresión armónica realizada por el contrapunto entre la guitarra de Lindqvist y el sintetizador de George, pero el tema amaga y amaga con una explosión instrumental sin llegar nunca a hacerlo (de hecho, no hay un solo bombo), y eso juega en su contra. A "Hypnotised" le sucede algo parecido, aunque en este caso se trate de un dúo con la actriz australiana Dena Kaplan: es una bonita composición que ahora sí enlaza dos progresiones armónicas diferentes en estrofas y estribillo, pero da la impresión de que el tema va a acabar reventando la pista de baile con estas dos visiones de una historia de amor y sin embargo se queda varada en su intento de evocar emociones sin estridencias, muy a lo The XX.
El tramo final del disco comienza con "Tell me", menos arriesgadas en su propuesta que las dos anteriores (aquí sí hay bombo, caja y platillos casi desde el principio). Otra sugestiva composición, sobre una sencilla progresión armónica, con una melodía complicada en las estrofas pero muy bien interpretada por Lindqvist, el conocido contrapunto entre guitarra y teclados, y la certera parada justo antes de la repetición final del estribilo. "Until the Sun Needs to Rise" insiste en el mismo terreno, aunque nada se puede reprochar a sus estrofas, a su efectivo bajo sintetizado, a ese sintetizador de aires caribeños con el que rematan la composición, o a ese intervalo instrumental de más de un minuto con los tres sintetizadores complementándose a la perfección. "Lose my head" es uno de los temas más envolventes del álbum, con esa atmósfera que desde el principio envuelve al oyente y lo desplaza a un mundo casi onírico, aunque sin perder de vista la pista de baile como lo demuestra la percusión que complementa la batería. Y con otro bonito tramo instrumental antes del estribillo final. Y el disco se cierra con la larguísima y relativamente fallida "Innerbloom", casi diez minutos de duración y aun así tercer sencillo publicado. Que juega a ser el tema más arriesgado con su montaña rusa de baile minimalista alternada con crescendos, a la que le falta una composición más redonda y le sobra minutaje. Aunque al menos su ubicación en el disco es la adecuada, ya que no estorba al resto de temas.
Sus detractores podrán decir que las letras pecan de simples y reiterativas (chico-chica-pasión-desamor), que el sonido pretendidamente espartano dificulta distinguir unos temas de otros, que la propuesta es limitada estilísticamente, que muchas canciones explotan hasta la saciedad la misma progresión armónica... Todo lo cual es cierto. Pero si a cambio encontramos la inteligente armonía de sus canciones, la capacidad para enganchar con cada canción, la ausencia de temas de relleno, la naturalidad con la que dan con la nota adecuada... entenderemos por qué coleccionan premios y al mismo tiempo encabezan con naturalidad las listas de ventas de su país. Lástima que estemos tan anquilosados musicalmente por estos lares, porque tienen todos los ingredientes para ser una banda de consumo masivo también por aquí. Espero que al menos esta entrada sirva para que quienes leen este humilde blog los descubran.
lunes, 16 de mayo de 2016
Pet Shop Boys: "Super" (2016)
Con "Super" los británicos Pet Shop Boys han alcanzado tras treinta años de carrera la nada despreciable cantidad de trece álbumes de estudio. Una cifra en la que curiosamente se encuentran otros artistas emblemáticos de los ochenta como Depeche Mode, U2, The Cure o incluso Madonna. Y que ya por sí es digna de respeto, pues no resulta nada sencillo alcanzar carreras tan dilatadas en el tiempo en el panorama musical contemporáneo. Y menos aún si se consigue sin repetirse en exceso, y guardando todavía la suficiente ilusión y ganas de seguir adelante como para entregar trabajos dignos. Porque "Super" no es un gran álbum, pero sí mantiene lo suficiente el nivel como para no desmerecer frente a lo más granado de su carrera, y en mi opinión es junto con "Fundamental" (2006) el mejor disco que ha entregado el dúo en lo que llevamos de siglo.
"Super" se había presentado durante su concepción como una prolongación de "Electric", su álbum de 2013: mismo co-productor (Stuart Price) y mismos parámetros (temas rápidos, bailables y razonablemente technificados, lejos de las veleidades acústicas o los ritmos más reposados a los que se han arrimado en otros momentos de su carrera). Aunque como ya reseñé en este mismo blog, lo que le fallaba a "Electric" no era su propuesta, sino las composiciones que lo debían sostener (se había publicado demasiado próximo en el tiempo a "Elysium" y no habían tenido tiempo de componer y descartar el suficiente número de temas). Por lo que tenía cierto recelo a escuchar "Super" y encontrarme con el mismo problem. Pero afortudamente han sabido enriquecer la propuesta de "Electric": sigue habiendo muchos temas bailables, pero están mejor compensados por medios tiempos y alguna balada, hay mayor dedicación a los textos y una mayor riqueza en los arreglos de alguna de sus doce canciones. E incluso una joya digna de sus mejores momentos.
No se trata sin embargo de un álbum redondo. Como se encarga de demostrar "Happiness", el tema que lo abre y primero de los tres del álbum que incurre en el mismo error: proponer un tema monocorde de ritmo binario sencillo, y adornarlo sólo con un estribillo melódico. No es que sean malos temas (la progresión armónica del estribillo de "Happiness" es bonita, y el estribillo efectivo), y con el bajo nivel global de la música de baile actual todos estamos acostumbrados a esa sobredosis de percusión sin notas a las que aferrarnos. Pero también sabemos que Neil Tennant y Chris Lowe son capaces de componer algo más que meros estribillos, y es imposible no echar de menos unas estrofas que completen el tema, un pasaje instrumental que lo complemente, o al menos unas sugestivas frases declamadas por Neil. Más recomendable es "The pop kids", el segundo tema y sencillo de presentación del disco. Que también adolece de unas estrofas sin mucho gancho (aunque al menos existen), pero la nostálgica letra sobre la influencia en la juventud del panorama musical de hace un cuarto de siglo y otro buen estribillo, junto a la correcta producción de Price mezclando sonidos contemporáneos y percusiones electrónicas de aquella época hace que la balanza se incline claramente a su favor.
Más discutible es el resultado de "Twenty-something", tercer corte y en mi opinión erróneamente escogido como segundo sencillo. No por tratarse de un medio tiempo, ni por utilizar esas armonías orquestales que tan bien han sabido históricamente usar, ni por su letra evocadora. Sino por esa instrumentación un tanto ramplona y ese ritmo de reggeaton acelerado. Igualmente se queda en correcto solamente "Groovy", el cuarto corte, nuevamente un tema rápido y bailable, con una mejor instrumentación (especialmente en lo que se refiere a la combinación de sintetizadores estridentes y pianos electrónicos), con unas estrofas y un estribillo decentes, pero al que le queda el poso de "hecha en la factoría", sin magia. "The dictator decides", en cambio, es uno de los mejores momentos del álbum: un claro intento por hacer uno de sus medios tiempos oscuros irónicos y sugerentes, muy en la línea de su "Dreaming of the Queen", con un elaborado comienzo de un minuto de duración que precede a la composición en sí, una melodía oscura, con samples de desfiles militares y una soprano en el tramo final, sus habituales teclados envolventes estructurando una brillante progresión armonica, y probablemente la mejor letra del álbum (un dictador que abiertamente narra cómo gestiona en realidad su régimen).
"Pazzo!" es el segundo de esos tres temas "a medio componer" a los que me refería antes, y quizá el menos interesante de ellos: un ritmo binario de tantos, sintetizadores estridentes y el recuerdo de los Chemical Brothers menos creativos (de hecho, ellos mismos parecen conscientes de ello, pues el tema dura menos de tres minutos). E "Inner sanctum" es el tercero de ellos y el más salvable, porque es el que combina las programaciones monocordes con una mayor componente armónica, incluyendo un nada original pero efectivo crescendo con los acordes de su atmosférico y efectivo estribillo. Aunque la auténtica joya del álbum es "Undertow", todo un derroche creativo desde su precioso comienzo propio de una banda sonora (que rescatan más adelante para construir el puente), hasta ese arpegio de sintetizador computerizado absolutamente adictivo sobre el que construyen un fantástico estribillo que es capaz de cambiar de tonalidad sin afectar al resultado, rematado además por dos elegantísimas estrofas dignas de "Miserabilism" o "The end of the world". Un tema que entusiasmará a sus fans de siempre y que en mi opinión es junto a "Flamboyant" y "Vocal" lo mejor que han creado en este siglo veintiuno.
El tercio final del álbum mantiene razonablemente bien el tipo. "Sad robot world" es la única balada del álbum. Y aunque no es una de las más inspiradas de su carrera, sí que puede mirar de frente a por ejemplo "To speak is a sin", con una batería y unos arreglos similares a aquella hasta que entra un sintetizador acelerado para rematar el conjunto, y una letra curiosa sobre las sensaciones de un robot en un mundo robotico. "Say it to me" es otro tema de pop bailable razonablemente inspirado, menos frío de lo habitual en el dúo (casi se diría que tiene influencias latinas a lo "Domino dancing", especialmente en el bajo sintetizado), cuya mejor baza es su trabajado estribillo, sabiamente realzado por un preeminente teclado. "Burn" es para mí el tercer mejor momento del álbum, un ejercicio de nostalgia que nos retrotrae a los comienzos del dúo, cuando dignificaron el italo-disco de la época como parte de su estilo (por momentos ese bajo trotón preeminente y esos timbales nos retrotraen a "Paninaro", los dubs de la parte nueva a las remezclas que les hacía el mago Shep Pettibone, y el teclado del estribillo a "In the night"). Sólo le falla que sea una progresión armónica sencilla y sin ninguna variación, y que la interpretación de Neil recurra a notas altas, faltándole un poco de contundencia a la melodía. Y para cerrar "Super" no se guardan ningún as en la manga, porque "Into thin air" es a pesar de su sección de cuerda al comienzo y de su sobredosis de teclados en el tramo final un medio tiempo un tanto anodino, lejos de otros cierres de estilo similar como "Jealousy" o "Footsteps".
A pesar de que sólo haya un tema realmente excepcional y dos o tres recomendables, creo que debe defendese "Super" como un álbum más que digno a estas altura de la carrera de Pet Shop Boys. Porque no hay ningún tema que desentone, porque hay siete u ocho estribillos bien trabajados, porque hay varias letras sugerentes, y porque hay una cohesión estilística suficiente y al mismo tiempo una variedad meritoria dentro de sus doce temas que hace que se escuche de principio a fin sin problemas. No les ganará nuevos adeptos, pero tampoco perderán muchos por el camino, lo que para dos sexagenarios que siguen haciendo música apta para jóvenes ya es mucho.
"Super" se había presentado durante su concepción como una prolongación de "Electric", su álbum de 2013: mismo co-productor (Stuart Price) y mismos parámetros (temas rápidos, bailables y razonablemente technificados, lejos de las veleidades acústicas o los ritmos más reposados a los que se han arrimado en otros momentos de su carrera). Aunque como ya reseñé en este mismo blog, lo que le fallaba a "Electric" no era su propuesta, sino las composiciones que lo debían sostener (se había publicado demasiado próximo en el tiempo a "Elysium" y no habían tenido tiempo de componer y descartar el suficiente número de temas). Por lo que tenía cierto recelo a escuchar "Super" y encontrarme con el mismo problem. Pero afortudamente han sabido enriquecer la propuesta de "Electric": sigue habiendo muchos temas bailables, pero están mejor compensados por medios tiempos y alguna balada, hay mayor dedicación a los textos y una mayor riqueza en los arreglos de alguna de sus doce canciones. E incluso una joya digna de sus mejores momentos.
No se trata sin embargo de un álbum redondo. Como se encarga de demostrar "Happiness", el tema que lo abre y primero de los tres del álbum que incurre en el mismo error: proponer un tema monocorde de ritmo binario sencillo, y adornarlo sólo con un estribillo melódico. No es que sean malos temas (la progresión armónica del estribillo de "Happiness" es bonita, y el estribillo efectivo), y con el bajo nivel global de la música de baile actual todos estamos acostumbrados a esa sobredosis de percusión sin notas a las que aferrarnos. Pero también sabemos que Neil Tennant y Chris Lowe son capaces de componer algo más que meros estribillos, y es imposible no echar de menos unas estrofas que completen el tema, un pasaje instrumental que lo complemente, o al menos unas sugestivas frases declamadas por Neil. Más recomendable es "The pop kids", el segundo tema y sencillo de presentación del disco. Que también adolece de unas estrofas sin mucho gancho (aunque al menos existen), pero la nostálgica letra sobre la influencia en la juventud del panorama musical de hace un cuarto de siglo y otro buen estribillo, junto a la correcta producción de Price mezclando sonidos contemporáneos y percusiones electrónicas de aquella época hace que la balanza se incline claramente a su favor.
Más discutible es el resultado de "Twenty-something", tercer corte y en mi opinión erróneamente escogido como segundo sencillo. No por tratarse de un medio tiempo, ni por utilizar esas armonías orquestales que tan bien han sabido históricamente usar, ni por su letra evocadora. Sino por esa instrumentación un tanto ramplona y ese ritmo de reggeaton acelerado. Igualmente se queda en correcto solamente "Groovy", el cuarto corte, nuevamente un tema rápido y bailable, con una mejor instrumentación (especialmente en lo que se refiere a la combinación de sintetizadores estridentes y pianos electrónicos), con unas estrofas y un estribillo decentes, pero al que le queda el poso de "hecha en la factoría", sin magia. "The dictator decides", en cambio, es uno de los mejores momentos del álbum: un claro intento por hacer uno de sus medios tiempos oscuros irónicos y sugerentes, muy en la línea de su "Dreaming of the Queen", con un elaborado comienzo de un minuto de duración que precede a la composición en sí, una melodía oscura, con samples de desfiles militares y una soprano en el tramo final, sus habituales teclados envolventes estructurando una brillante progresión armonica, y probablemente la mejor letra del álbum (un dictador que abiertamente narra cómo gestiona en realidad su régimen).
"Pazzo!" es el segundo de esos tres temas "a medio componer" a los que me refería antes, y quizá el menos interesante de ellos: un ritmo binario de tantos, sintetizadores estridentes y el recuerdo de los Chemical Brothers menos creativos (de hecho, ellos mismos parecen conscientes de ello, pues el tema dura menos de tres minutos). E "Inner sanctum" es el tercero de ellos y el más salvable, porque es el que combina las programaciones monocordes con una mayor componente armónica, incluyendo un nada original pero efectivo crescendo con los acordes de su atmosférico y efectivo estribillo. Aunque la auténtica joya del álbum es "Undertow", todo un derroche creativo desde su precioso comienzo propio de una banda sonora (que rescatan más adelante para construir el puente), hasta ese arpegio de sintetizador computerizado absolutamente adictivo sobre el que construyen un fantástico estribillo que es capaz de cambiar de tonalidad sin afectar al resultado, rematado además por dos elegantísimas estrofas dignas de "Miserabilism" o "The end of the world". Un tema que entusiasmará a sus fans de siempre y que en mi opinión es junto a "Flamboyant" y "Vocal" lo mejor que han creado en este siglo veintiuno.
El tercio final del álbum mantiene razonablemente bien el tipo. "Sad robot world" es la única balada del álbum. Y aunque no es una de las más inspiradas de su carrera, sí que puede mirar de frente a por ejemplo "To speak is a sin", con una batería y unos arreglos similares a aquella hasta que entra un sintetizador acelerado para rematar el conjunto, y una letra curiosa sobre las sensaciones de un robot en un mundo robotico. "Say it to me" es otro tema de pop bailable razonablemente inspirado, menos frío de lo habitual en el dúo (casi se diría que tiene influencias latinas a lo "Domino dancing", especialmente en el bajo sintetizado), cuya mejor baza es su trabajado estribillo, sabiamente realzado por un preeminente teclado. "Burn" es para mí el tercer mejor momento del álbum, un ejercicio de nostalgia que nos retrotrae a los comienzos del dúo, cuando dignificaron el italo-disco de la época como parte de su estilo (por momentos ese bajo trotón preeminente y esos timbales nos retrotraen a "Paninaro", los dubs de la parte nueva a las remezclas que les hacía el mago Shep Pettibone, y el teclado del estribillo a "In the night"). Sólo le falla que sea una progresión armónica sencilla y sin ninguna variación, y que la interpretación de Neil recurra a notas altas, faltándole un poco de contundencia a la melodía. Y para cerrar "Super" no se guardan ningún as en la manga, porque "Into thin air" es a pesar de su sección de cuerda al comienzo y de su sobredosis de teclados en el tramo final un medio tiempo un tanto anodino, lejos de otros cierres de estilo similar como "Jealousy" o "Footsteps".
A pesar de que sólo haya un tema realmente excepcional y dos o tres recomendables, creo que debe defendese "Super" como un álbum más que digno a estas altura de la carrera de Pet Shop Boys. Porque no hay ningún tema que desentone, porque hay siete u ocho estribillos bien trabajados, porque hay varias letras sugerentes, y porque hay una cohesión estilística suficiente y al mismo tiempo una variedad meritoria dentro de sus doce temas que hace que se escuche de principio a fin sin problemas. No les ganará nuevos adeptos, pero tampoco perderán muchos por el camino, lo que para dos sexagenarios que siguen haciendo música apta para jóvenes ya es mucho.
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