Hace unas cuantas semanas ha visto la luz el séptimo álbum de Garbage, el cuarteto liderado por el productor Butch Vig y la cantante Shirley Manson. Un álbum que llega justo un lustro después de "Strange little birds", el cual ya reseñé en este mismo blog y que constituyó una agradable prolongación de su carrera, pero sin mayor impacto en la misma. Por eso cuando hace unos meses se anunció la publicación de "No Gods No Masters", la pregunta que me hice fue si se trataría de una nueva entrega orientada a situarles de vuelta en el panorama actual y así promocionar la pertinente gira, o si de verdad habían intentado dar una vuelta de tuerca a su personal propuesta creativa. Porque después de más de un cuarto de siglo de carrera ya sabemos de su solvencia como instrumentistas y arreglistas, capaces de sacar a flote casi cualquier composición; lo que no está asegurada es la inspiración en las composiciones, ni las ganas de sorprender yendo un paso más allá.
Después de unas cuantas escuchas debo señalar que el balance es claramente favorable. Es cierto que el disco no encierra un sencillo de postín que insufle bríos renovados a su trayectoria, y ello provocó que me acercara con recelo al mismo, pero la mayoría de los temas poseen la suficiente sustancia como para no desentonar en el nivel medio de su repertorio. Y todo ello con sus letras a medio camino entre lo provocativo y lo soez, esta vez con más referencias femenistas y a Dios que en ningún trabajo anterior, y ese siempre equilibrado cóctel de ruidismo rock, melodías pop, y electrónica de penúltima generación. Por lo que todos sus fans se verán razonablemente satisfechos.
Eso sí, la selección de los sencillos no ha sido especialmente afortunada. El primero fue "The men who ruled the world", intencionadamente situado al comienzo del álbum para que ejerza de referencia clara. Su comienzo de videojuego, sus estrofas de guitarra funky, sus "fucking" y sus "money, money", y su percusión contundente son los típicos artificios con los que la banda sabe completar una composición que en realidad apenas vale nada. Pero el sencillo estribillo sí que está suficientemente elaborado y ofrece la suficiente contundencia rock para sostener el conjunto. Y el tramo final, con aquello de "hate the violator, destroy the violator", primero sobre un único acorde y luego con los del estribillo, mejoran la impresión final. El siguiente corte es "The creeps", que recientemente ha visto la luz como cuarto sencillo. De tempo alto y rasgueos de guitarra para complementar el delirante bajo sintetizado, se agradece que sean capaces todavía que dar visibilidad a un tema pensado para darlo todo en un concierto. Las estrofas, sin ser una maravilla, mejoran a las de su predecesora, pero es ese estribillo oscuro el que demuestra que la banda ha atravesado un buen momento creativo. El tercer corte, "Uncomfortably me", cambia de tercio y nos propone un disfrutable medio tiempo, casi un lento, de instrumentación electrónica con sus sintetizadores envolventes y su industrial batería electrónica, mucho más pop que las anteriores gracias a sus buenas estrofas y un luminoso estribillo simplemente desarrollando un poco más la progresión armónica de aquellas, salvo en el cambio que introducen para la excelentemente resuelta repetición final, toda una exhibición de cómo rematar una canción.
El cuarto corte, "Wolves", fue hace tres meses el tercer sencillo, que no nos despistemos con la ubicación de los temas principales del disco. Tal vez sea la canción que mejor entronca con los momentos más recordados de Garbage, mezclando guitarras y un sintetizador principal en sus intervalos instrumentales, unas estrofas crudas sin apenas tiempo para que Manson tome aire, y un estribillo tan desasosegante como lo pretenden, gracias a ese riff de guitarra eléctrica de Duke Erikson, que parece se queda a medias, y a las estridencias de Vig en la batería. "Waiting for God", aparte de mencionar negativamente de nuevo a Dios en su temática es, ahora sí, una balada, y no especialmente inspirada en su progresión armónica y melodía (quizá lo más interesante sea su parte nueva), algo que la parafernalia de efectos y trucos que la banda pone en funcionamiento (incluidas varias frases del Padrenuestro) no termina de ocultar. "Godhead" podría haber sido el mejor tema del álbum de no ser por sus "estrofas": aparte de las continuas menciones al aparato reproductor masculino, no hay acordes, no hay melodía, sólo Manson susurrando hasta que llega su resplandeciente estribillo. El segundo estribillo, repitiendo "Godhead" machaconamente, tampoco es la mejor culminación compositiva, por lo que la excelencia instrumental del tema, su otro punto fuerte, puede pasar desapercibida.
"Anonymous XXX" es un interesante ejercicio de maridaje entre pop y rock de curiosa instrumentación (sección de viento, guitarras acústicas, caja analógica, percusiones que se cruzan de un lado para otro), con una melodía correcta y bien trabajada en estrofas y estribillos, que oxigena el conjunto aunque no llegue a ser un gran momento. "A woman destroyed", el octavo corte es, tras un elaborado e inquietante comienzo, un medio tiempo de notas largas en sus estrofas, que va entrando muy poco a poco, sin apenas percusión que marque el ritmo, de estribillo desquiciante, larga y casi declamada parte nueva, y que da continuidad al tramo más experimental del álbum. "Flipping the bird" retoma el sonido de los Garbage más reconocibles, aunque lo hace con un indisimulado homenaje a New Order en la sencilla batería programada y al diálogo entre la guitarra eléctrica y el bajo durante los intervalos instrumentales, con el synclavier de fondo. Las estrofas, con Manson a dos voces, no son de lo mejor del álbum, pero el estribillo es un trallazo de puro pop en la línea de su recordado "Special" (1998), y el cambio de tonalidad que empieza con "You're hard to love..." antes de la segunda repetición del estribillo tan original como inspirado, razón por la cual es mi momento favorito del disco.
El penúltimo corte, "No Gods No Masters", además de dar título al álbum, es también su segundo sencillo. Pop de tempo alto, de nuevo las estrofas son simplemente pasables, pero el elaborado estribillo sostiene el conjunto. Que por cierto, es de los más acústicos del álbum, salvo por el ominipresente loop sintetizado y algún que otro efecto a partir de la segunda estrofa. Y la versión estándar del álbum la cierra "This city will kill you", una balada más relevante por su sugestiva letra que por su música, anodina compositivamente y resuelta sólo gracias al oficio del cuarteto a la hora de proporcionarle una pátina sinfónica. Hablo de la versión estándar porque aunque once canciones y cuarenta y seis minutos no son poco ni para cualquier otro disco de su discografía ni para lo que se estila en este complejo 2021, la versión "deluxe" incluye otros ocho temas y nada menos que treinta y siete minutos adicionales de música.
Minutos heterogéneos, como suele suceder en estos casos, y que incluyen desde versiones (la sobrevalorada "Starman" de David Bowie, aún me llama la atención cómo puede ser tan famoso un tema con unas estrofas tan mediocres), colaboraciones para compartir una versión (la explotada hasta la saciedad "Because the night", a medias con los rockeros Screaming Females), varias canciones que habían visto la luz para los Record Store Days de estos últimos años ("The Chemicals", "Destroying angels"), descartes interesantes ("On fire"), y sobre todo dos temas dignos de cualquier álbum de la banda: "No horses", que vio la luz como sencillo al margen de cualquier álbum en 2017, más de cinco minutos de rock oscuro con múltiples partes, muy inspirado compositivamente, una energía elegante y una creatividad desbordante en la instrumentación. Y "Time will destroy everything", otro descarte que en mi opinión habría sido un mucho mejor cierre del álbum estándar que "This city will kill you": un fantástico comienzo, sinfónico al principio, chirriante después, un excelente ritmo sincopado y una melodía no muy extensa a dos voces, auto-tune mediante, que uno no sabe si definir como metal, rock, techno... o todas esas cosas juntas.
Lo que comenzó siendo un acercamiento receloso a su nuevo material ha terminado siendo una rendición incondicional a su buen momento creativo, que se añade a su indudable talento a la hora de crear uno de los sonidos más personales y atemporales del último cuarto de siglo. Ojalá todas las bandas que llevan tantos años en activo fueran capaces de entregar todavía álbumes tan equilibrados como éste de Garbage. Y es que "No Gods No Masters" no les ganará nuevos adeptos, ni añadirá nuevos hitos a sus directos, pero nos permite disfrutar de estilos en los que hoy en día cuesta mucho encontrar propuestas interesantes. Inteligencia, personalidad y oficio. Ahí es nada.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
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sábado, 7 de agosto de 2021
lunes, 18 de julio de 2016
Garbage: "Strange little birds" (2016)
Los estadounidenses Garbage han retornado a la actualidad con "Strange little birds", el sexto álbum de su carrera, que ve la luz justo después de haber celebrado el vigésimo aniversario de su debut como banda. Un álbum que ha sido saludado por buena parte de la crítica precisamente como lo más similar a ese álbum de debut que han publicado hasta la fecha, el cual por otra parte supuso una pequeña revolución en el panorama de la música rock. Es cierto que "Strange little birds" tiene un sonido tan cuidado y una producción tan brillante como aquél, algo por otra parte habitual en la banda liderada por Butch Vig. Pero en mi opinión esas críticas obvian algo a lo que ya aludí cuando reseñé hace cuatro años ya "Not your kind of people", su anterior álbum: las canciones. Y es que por mucho que se domino un oficio, todos los artistas necesitan de la inspiración creativa para respaldar sus habilidades y trucos. Y aquí encontraremos menos temas inspirados aún que en su anterior entrega, y por supuesto muchos menos que en su álbum de debut. Así que el resultado es tan sólo de aprobado raspado.
No sólo eso: al álbum lo perjudican otros dos aspectos no del todo esperables: los vaivenes estilísticos y la aversión al riesgo en las interpretaciones vocales de Shirley Mason. Entiendo que a estas alturas de la carrera la banda entre al estudio sin otro interés que satisfacer sus inquietudes creativas, pero a pesar de la cohesión que aporta la elaborada instrumentación, el álbum resulta menos homogéneo de lo esperable, con "acelerones", "frenazos" y "salidas de estilo" que le impiden enganchar con regularidad al oyente. Y ya en la cincuentena, Shirley no arriesga en absoluto y mayoritariamente se limita a susurrar las melodías principales, lo que las desluce a menudo, aparte de doblarse sin reparos la voz siempre que debe destacar un poquito sobre el conjunto. Un último detalle es que algunas composiciones son realmente largas, aunque las habilidades como productores de Vig y compañía logran que siempre esté "sucediendo algo" y no sea tan perceptible el minutaje. Por el contrario, debo saludar que las letras en general abandonan el optimismo extremo que tanto abunda estos días y muestran otros sentimientos como el desamor, la vulnerabilidad o la apatía, y que las composiciones no han retrocedido tanto a los sesenta y setenta como por ejemplo hicieron en su flojo "Beautiful garbage".
El álbum se abre con "Sometimes", un buen ejemplo de ese vaivén estilístico al que aludía: envolvente, sí, y con una excelente percusión electrónica, pero muy lento, de melodía simplísima, sin apenas una composición real por detrás. "Empty", segundo corte, es la acertada elección natural como primer sencillo, ya que sin ser un temazo, suena a los Garbage "de toda la vida": rock con guiños a otros géneros, cascadas de guitarras distorsionadas, y unas acertadas estrofas y puente. Lástima que el estribillo baje un par de peldaños y le impida codearse con los mejores momentos de su carrera. "Blackout", tercer corte, es uno de los momentos álgidos del álbum a pesar de sus casi siete minutos, con su progresión armónica oscura en las estrofas y su ambiente crudo que recuerda a "Vow". Un puente largo y realmente salvaje y tiempo para riffs de guitarra en los intervalos instrumentales favorecen el resultado, aunque nuevamente Shirley abusa de las notas bajas en el estribillo. Con otro buen tema a continuación el álbum habría encadenado lo suficiente para enganchar, pero "If I Lost You" es una canción, además de lenta, de estrofas prácticamente inapreciables y estribillo dulzón, y al que su sonido atmosférico no logra sostener.
"Night Drive Loneliness" sí vuelve a sonar a Garbage, y además acelera un poco los bpms hasta situarse como un medio tiempo oscuro y de guitarras distorsionadas que saben enriquecer con su sonido personal (sobre todo en el estribillo final con notas ligeramente diferentes sobre los mismos versos) y que recuerda estilísticamente a su "You look so fine", aunque le falta un poco de la magia melódica de aquella. "Even Though Our Love Is Doomed" insiste en el minutaje amplio, el sonido oscuro, los textos pesimistas y los susurros de Shirley, y no termina de acelerar el tempo para sacar al disco de ese pozo tan peligroso en el que se ha introducido justo en su tramo medio, pese a su arsenal de detalles. Así que cuando "Magnetized" irrumpe con su bajo sintético y su percusión distorsionada y reverberada, actúa como un aliento de fresco. Si bien peca de un optimismo luminoso no muy en línea con el espíritu del álbum, tanto en su letra como sobre todo en su estribillo, siendo lo mejor del mismo el intervalo instrumental sobre el que Shirley declama lo que es a la vez el puente. Por lo cual es necesario llegar a "We Never Tell", también más poppy que el tono general del álbum pero más consistente que la anterior, con mejores arreglos y un doble estribillo perfectamente reconocible, para que el álbum finalmente recupere el pulso, cerca ya de su tramo final.
Un tramo que se abre con el tercer mejor momento del álbum: los seis minutos de "So We Can Stay Alive" son disfrutables de principio a fin, partiendo del mejor principio del disco sobre sintetizadores infecciosos, y el tremendo contraste de las dos guitarras distorsionadas que adornan las estrofas con los susurros de Shirley. El estribillo, además, es probablemente el mejor del disco, y el crescendo y los pitches a lo The Crystal Method que lo enlazan con las siguientes estrofas son originales y están muy logrados. Además de ese minuto instrumental sobre los acordes del estribillo en el que se les nota disfrutar. "Teaching Little Fingers to Play" es, además de la letra más sensual y hasta controvertida del álbum, un nuevo tema lento que vuelve a contrastar demasiado con la energía del corte anterior: una melodía que prácticamente empieza en la entrada en el estribillo, que por otra parte resulta tan anodino como todo lo demás. Y el álbum se cierra en la versión en CD con "Amends", otros seis minutos muy cadenciosos, con una instrumentación brillante que combina arpegios de guitarra y dubs originales, pero con una melodía repetitiva en las estrofas que la certera progresión armónica del estribillo y las dos codas vocales que introducen en dos tramos diferentes no compensan del todo (en la versión en vinilo el álbum se completa con "FWY (Fucking with You)", de nuevo una balada no del todo inspirada pero bien producida que perfectamente podría haber figurado en el tracklist original).
Tres buenas canciones y otras dos a las que se les va sacando la parte positiva en sucesivas escuchas son un bagaje un tanto escaso frente a casi media hora bastante lenta y derivativa. Por lo que el disco no les va a ganar nuevos adeptos, y con suerte les mantendrá el volumen de fans que todavía conservan a día de hoy. Lo que quizá después de veintiún años de trayectoria tampoco esté tan mal, ¿no creen?
No sólo eso: al álbum lo perjudican otros dos aspectos no del todo esperables: los vaivenes estilísticos y la aversión al riesgo en las interpretaciones vocales de Shirley Mason. Entiendo que a estas alturas de la carrera la banda entre al estudio sin otro interés que satisfacer sus inquietudes creativas, pero a pesar de la cohesión que aporta la elaborada instrumentación, el álbum resulta menos homogéneo de lo esperable, con "acelerones", "frenazos" y "salidas de estilo" que le impiden enganchar con regularidad al oyente. Y ya en la cincuentena, Shirley no arriesga en absoluto y mayoritariamente se limita a susurrar las melodías principales, lo que las desluce a menudo, aparte de doblarse sin reparos la voz siempre que debe destacar un poquito sobre el conjunto. Un último detalle es que algunas composiciones son realmente largas, aunque las habilidades como productores de Vig y compañía logran que siempre esté "sucediendo algo" y no sea tan perceptible el minutaje. Por el contrario, debo saludar que las letras en general abandonan el optimismo extremo que tanto abunda estos días y muestran otros sentimientos como el desamor, la vulnerabilidad o la apatía, y que las composiciones no han retrocedido tanto a los sesenta y setenta como por ejemplo hicieron en su flojo "Beautiful garbage".
El álbum se abre con "Sometimes", un buen ejemplo de ese vaivén estilístico al que aludía: envolvente, sí, y con una excelente percusión electrónica, pero muy lento, de melodía simplísima, sin apenas una composición real por detrás. "Empty", segundo corte, es la acertada elección natural como primer sencillo, ya que sin ser un temazo, suena a los Garbage "de toda la vida": rock con guiños a otros géneros, cascadas de guitarras distorsionadas, y unas acertadas estrofas y puente. Lástima que el estribillo baje un par de peldaños y le impida codearse con los mejores momentos de su carrera. "Blackout", tercer corte, es uno de los momentos álgidos del álbum a pesar de sus casi siete minutos, con su progresión armónica oscura en las estrofas y su ambiente crudo que recuerda a "Vow". Un puente largo y realmente salvaje y tiempo para riffs de guitarra en los intervalos instrumentales favorecen el resultado, aunque nuevamente Shirley abusa de las notas bajas en el estribillo. Con otro buen tema a continuación el álbum habría encadenado lo suficiente para enganchar, pero "If I Lost You" es una canción, además de lenta, de estrofas prácticamente inapreciables y estribillo dulzón, y al que su sonido atmosférico no logra sostener.
"Night Drive Loneliness" sí vuelve a sonar a Garbage, y además acelera un poco los bpms hasta situarse como un medio tiempo oscuro y de guitarras distorsionadas que saben enriquecer con su sonido personal (sobre todo en el estribillo final con notas ligeramente diferentes sobre los mismos versos) y que recuerda estilísticamente a su "You look so fine", aunque le falta un poco de la magia melódica de aquella. "Even Though Our Love Is Doomed" insiste en el minutaje amplio, el sonido oscuro, los textos pesimistas y los susurros de Shirley, y no termina de acelerar el tempo para sacar al disco de ese pozo tan peligroso en el que se ha introducido justo en su tramo medio, pese a su arsenal de detalles. Así que cuando "Magnetized" irrumpe con su bajo sintético y su percusión distorsionada y reverberada, actúa como un aliento de fresco. Si bien peca de un optimismo luminoso no muy en línea con el espíritu del álbum, tanto en su letra como sobre todo en su estribillo, siendo lo mejor del mismo el intervalo instrumental sobre el que Shirley declama lo que es a la vez el puente. Por lo cual es necesario llegar a "We Never Tell", también más poppy que el tono general del álbum pero más consistente que la anterior, con mejores arreglos y un doble estribillo perfectamente reconocible, para que el álbum finalmente recupere el pulso, cerca ya de su tramo final.
Un tramo que se abre con el tercer mejor momento del álbum: los seis minutos de "So We Can Stay Alive" son disfrutables de principio a fin, partiendo del mejor principio del disco sobre sintetizadores infecciosos, y el tremendo contraste de las dos guitarras distorsionadas que adornan las estrofas con los susurros de Shirley. El estribillo, además, es probablemente el mejor del disco, y el crescendo y los pitches a lo The Crystal Method que lo enlazan con las siguientes estrofas son originales y están muy logrados. Además de ese minuto instrumental sobre los acordes del estribillo en el que se les nota disfrutar. "Teaching Little Fingers to Play" es, además de la letra más sensual y hasta controvertida del álbum, un nuevo tema lento que vuelve a contrastar demasiado con la energía del corte anterior: una melodía que prácticamente empieza en la entrada en el estribillo, que por otra parte resulta tan anodino como todo lo demás. Y el álbum se cierra en la versión en CD con "Amends", otros seis minutos muy cadenciosos, con una instrumentación brillante que combina arpegios de guitarra y dubs originales, pero con una melodía repetitiva en las estrofas que la certera progresión armónica del estribillo y las dos codas vocales que introducen en dos tramos diferentes no compensan del todo (en la versión en vinilo el álbum se completa con "FWY (Fucking with You)", de nuevo una balada no del todo inspirada pero bien producida que perfectamente podría haber figurado en el tracklist original).
Tres buenas canciones y otras dos a las que se les va sacando la parte positiva en sucesivas escuchas son un bagaje un tanto escaso frente a casi media hora bastante lenta y derivativa. Por lo que el disco no les va a ganar nuevos adeptos, y con suerte les mantendrá el volumen de fans que todavía conservan a día de hoy. Lo que quizá después de veintiún años de trayectoria tampoco esté tan mal, ¿no creen?
domingo, 22 de julio de 2012
Garbage: Not your kind of people (2012)
Hace unas cuantas entradas aludía a la gran cantidad de retornos que nos iba a proporcionar este 2012. Entre ellos, uno de los más esperados es sin duda el de los norteamericanos Garbage, iconos de la modernización de la música rock durante finales de los años 90. Tras un paréntesis que parecía definitivo pero que al final ha durado 7 años, han regresado con "Not your kind of people", un álbum que se aleja del rock crudo y directo que entregaron en "Bleed like me" (2005), su último disco oficial hasta ahora, y les acerca a su sonido más reconocible, ése que les encumbró tanto en las preferencias de la crítica de medio mundo como en las listas de ventas de muchos países.
En efecto, Garbage ha sido siempre un grupo caracterizado por su sonido, objeto de unos minuciosos arreglos y una cuidadísima producción liderada por el archipremiado Butch Vig: la ambientación, la atmósfera, el rejuvenecimiento del rock tradicional mediante la incorporación de instrumentos electrónicos, sampleados y otros pequeños trucos extraídos desde ámbitos tan lejanos como el techno o el hip-hop, ha sido siempre más importante que cualquier otro aspecto de la banda. Con la excepción, quizá, de la carismática Shirley Manson, limitada en sus cualidades vocales pero capaz de mimetizarse a lo que el sonido de la canción de turno requiera. Y en este sentido "Not your kind of people" es una apuesta segura: demuestran que los años no han pasado por ellos, y que son capaces de absorber tendencias y sonidos de estos últimos años y hacerlos pasar a través de su particular batidora. Pero, ¿y las canciones?
Pues me temo que no hay ningún pelotazo como "Stupid girl" o "I think I'm paranoid". Lo cual no quiere decir que los dos sencillos elegidos para presentar el álbum sean malas elecciones; al contrario, son dos de los momentos álgidos del álbum: "Blood for Poppies", primer sencillo en la mayoría de los países occidentales, es un tema que bebe de "Queer" en el ritmo y en el crudo estilo de las estrofas (realzado por una acerada guitarra marca de la casa), desembocando en un estupendo estribillo de puro pop. Y "Battle In Me" es un tema más rockero, con una progresión armónica muy simple en las estrofas y un estribillo que será del gusto de aquellos a quienes a veces Garbage les parece un grupo demasiado "modosito".
Otros momentos notables del álbum son: el tema que lo abre, "Automatic systematic habit", una buena síntesis de lo que nos vamos a encontrar, con una producción a la última (incluyendo un penetrante bajo programado y un ritmo que se arrima a la música disco) y dos estribillos bien enlazados (el primero más poppy, el segundo más obsesivo), "Control", que juega con el oyente empezando como si fuera una balada, arrancándose luego en unas estrofas semi-declamadas a lo Red Hot Chili Peppers y que termina en un estribillo desasosegante y adictivo, y ya en la edición Deluxe con 4 temas adicionales, "Bright tonight", un sorprendente medio tiempo acústico construido a partir de un delicioso punteo de guitarra y que muestra que Garbage es capaz de transitar por nuevas aguas.
El resto, aunque tamizado siempre por su excelente producción repleta de guiños y trucos, es más irregular: hay estribillos bonitos ("Big bright world"), temas lentos que aunque no llegarán al nivel de clásicos de su repertorio son capaces de atrapar al oyente ("Sugar"), o temas resultones de rock tecnológico a lo Nine Inch Nails ("The one", también en la edición Deluxe), pero también hay momentos anodinos ("Felt", "Beloved freak"), o directamente flojos ("Man on a wire" o sorprendentemente el que da título al álbum, ese "Not your kind of people" más propio de un solista en horas bajas).
En suma, un álbum correcto, con momentos de notable calidad, que no defraudará a sus fans y que gana a los puntos a "Beautiful Garbage" y "Bleed like me" pero que queda lejos de su espléndido álbum de debut.
En efecto, Garbage ha sido siempre un grupo caracterizado por su sonido, objeto de unos minuciosos arreglos y una cuidadísima producción liderada por el archipremiado Butch Vig: la ambientación, la atmósfera, el rejuvenecimiento del rock tradicional mediante la incorporación de instrumentos electrónicos, sampleados y otros pequeños trucos extraídos desde ámbitos tan lejanos como el techno o el hip-hop, ha sido siempre más importante que cualquier otro aspecto de la banda. Con la excepción, quizá, de la carismática Shirley Manson, limitada en sus cualidades vocales pero capaz de mimetizarse a lo que el sonido de la canción de turno requiera. Y en este sentido "Not your kind of people" es una apuesta segura: demuestran que los años no han pasado por ellos, y que son capaces de absorber tendencias y sonidos de estos últimos años y hacerlos pasar a través de su particular batidora. Pero, ¿y las canciones?
Pues me temo que no hay ningún pelotazo como "Stupid girl" o "I think I'm paranoid". Lo cual no quiere decir que los dos sencillos elegidos para presentar el álbum sean malas elecciones; al contrario, son dos de los momentos álgidos del álbum: "Blood for Poppies", primer sencillo en la mayoría de los países occidentales, es un tema que bebe de "Queer" en el ritmo y en el crudo estilo de las estrofas (realzado por una acerada guitarra marca de la casa), desembocando en un estupendo estribillo de puro pop. Y "Battle In Me" es un tema más rockero, con una progresión armónica muy simple en las estrofas y un estribillo que será del gusto de aquellos a quienes a veces Garbage les parece un grupo demasiado "modosito".
Otros momentos notables del álbum son: el tema que lo abre, "Automatic systematic habit", una buena síntesis de lo que nos vamos a encontrar, con una producción a la última (incluyendo un penetrante bajo programado y un ritmo que se arrima a la música disco) y dos estribillos bien enlazados (el primero más poppy, el segundo más obsesivo), "Control", que juega con el oyente empezando como si fuera una balada, arrancándose luego en unas estrofas semi-declamadas a lo Red Hot Chili Peppers y que termina en un estribillo desasosegante y adictivo, y ya en la edición Deluxe con 4 temas adicionales, "Bright tonight", un sorprendente medio tiempo acústico construido a partir de un delicioso punteo de guitarra y que muestra que Garbage es capaz de transitar por nuevas aguas.
El resto, aunque tamizado siempre por su excelente producción repleta de guiños y trucos, es más irregular: hay estribillos bonitos ("Big bright world"), temas lentos que aunque no llegarán al nivel de clásicos de su repertorio son capaces de atrapar al oyente ("Sugar"), o temas resultones de rock tecnológico a lo Nine Inch Nails ("The one", también en la edición Deluxe), pero también hay momentos anodinos ("Felt", "Beloved freak"), o directamente flojos ("Man on a wire" o sorprendentemente el que da título al álbum, ese "Not your kind of people" más propio de un solista en horas bajas).
En suma, un álbum correcto, con momentos de notable calidad, que no defraudará a sus fans y que gana a los puntos a "Beautiful Garbage" y "Bleed like me" pero que queda lejos de su espléndido álbum de debut.
domingo, 13 de mayo de 2012
2012: el año de los retornos
Pues sí, puede que la música pop-rock contemporánea esté aparentemente en crisis, al menos en lo que a su distribución y consumo por los canales convencionales se refiere. Sin embargo, a nivel creativo este 2012 promete ser uno de los años más interesantes de los últimos tiempos, con muchos retornos de artistas que pretenden recuperar el prestigio y el éxito que una vez cosecharon.
Evidentemente debemos empezar por dos "vacas sagradas" que ya han publicado sus álbumes de retorno en las últimas semanas: el auténtico pero irregular Bruce Springteen con su "Wrecking Ball", y la reina del Pop, Madonna, con su "M.D.N.A" al que espero dedicar una entrada en las próximas semanas. Pero hay otros muchos retornos a la vuelta de la esquina, alguno de ellos realmente sorprendentes.
Es el caso de Orbital. Los hermanos Paul & Phil Hartnoll, los maestros del intelligent techno, acaban de regresar de un paréntesis que parecía irreversible y que ha durado nada menos que 8 años. El primer sencillo ("New France") promete una entrega más sólida que sus discretos álbumes de comienzos de siglo. Algo parecido sucede con Saint Etienne: la banda más genuinamente pop del Reino Unido está a punto de publicar un nuevo álbum de estudio después de 7 años, y el sencillo de adelanto publicado hace unas semanas ("Tonight") hace concebir esperar de que hayan vuelto en plena forma.
Otros artistas de retorno inminente son Garbage y Gossip. La banda de Butch Vig y Shirley Manson publicará la próxima semana un disco que parecía una quimera hace sólo un par de años, y que parece una mesurada vuelta a su personal estilo, que tanta fama y reconocimiento les dio en los 90 y del que renegaron parcialmente en su "Bleed like me" de 2005, su último álbum hasta la fecha. Mientras que la inclasificable banda de la carismática Beth Ditto parece haber apostado definitivamente por la búsqueda del éxito comercial, pues su "A joyful noise" que verá la luz en próximas semanas está producido por el a menudo intrascendentemente poppy Brian Higgins.
Incluso hay huecos para proyectos sorprendentes. Es el caso de VCMG, un proyecto tras el cual se esconden Vince Clarke (fundador y primer compositor de Depeche Mode, grupo que luego abandonó para liderar con éxito Yazoo y, posteriormente, Erasure) y Martin Gore (también fundador de Depeche Mode y único compositor de la banda durante los últimos 30 años, tras el abandono de Clarke). Parece que 30 años es tiempo suficiente para borrar heridas y desencuentros y dar paso a la creatividad en estado puro, un álbum de techno crudo que posiblemente descoloque a los fans de ambos grupos.
Pero eso no es todo. Ya para cuando el año esté más avanzado se anuncia el retorno de The Killers. La banda de Brandon Flowers alcanzó hace casi 4 años su cima creativa y comercial con "Day & age" y se han tomado su tiempo para preparar su esperadísimo retorno. También retornarán Pet Shop Boys, que ultiman actualmente la grabación de su álbum en EEUU. Y La Roux, que tras la conmoción que provocó su álbum de debut parece que han tenido muchas dificultades en retomar la senda creativa. Algo similar a lo que le ha sucedido a Little Boots, que durante el último año se ha limitado a publicar sencillos de difusión limitada intentando, sin mucho éxito en mi opinión, abrir nuevas posibilidades creativas a su futuro segundo disco. Incluso Suede, la banda británica que ya tantos daban por desaparecida, parece haber terminado de grabar ya su regreso a las órdenes de Ed Buller, productor de sus dos primeros álbumes.
Eso no es todo. Otros muchos artistas han entregado o están a punto de entregar sus nuevas creaciones (Feeder, Jack White, Metric, Keane, Beach House...).
Incluso hay rumores de que otros artistas podrían regresar durante este 2012, desde Dubstar hasta Neneh Cherry. Veremos en qué queda la cosa, pero lo que está claro es que va a ser (está empezando a ser ya) un año apasionante. A ver si nuestras emisoras y canales de televisión se enteran, y no nos machacan con artistas que se limitan a hacer versiones o a publicar una y otra vez álbumes recopilatorios.
Evidentemente debemos empezar por dos "vacas sagradas" que ya han publicado sus álbumes de retorno en las últimas semanas: el auténtico pero irregular Bruce Springteen con su "Wrecking Ball", y la reina del Pop, Madonna, con su "M.D.N.A" al que espero dedicar una entrada en las próximas semanas. Pero hay otros muchos retornos a la vuelta de la esquina, alguno de ellos realmente sorprendentes.
Es el caso de Orbital. Los hermanos Paul & Phil Hartnoll, los maestros del intelligent techno, acaban de regresar de un paréntesis que parecía irreversible y que ha durado nada menos que 8 años. El primer sencillo ("New France") promete una entrega más sólida que sus discretos álbumes de comienzos de siglo. Algo parecido sucede con Saint Etienne: la banda más genuinamente pop del Reino Unido está a punto de publicar un nuevo álbum de estudio después de 7 años, y el sencillo de adelanto publicado hace unas semanas ("Tonight") hace concebir esperar de que hayan vuelto en plena forma.
Otros artistas de retorno inminente son Garbage y Gossip. La banda de Butch Vig y Shirley Manson publicará la próxima semana un disco que parecía una quimera hace sólo un par de años, y que parece una mesurada vuelta a su personal estilo, que tanta fama y reconocimiento les dio en los 90 y del que renegaron parcialmente en su "Bleed like me" de 2005, su último álbum hasta la fecha. Mientras que la inclasificable banda de la carismática Beth Ditto parece haber apostado definitivamente por la búsqueda del éxito comercial, pues su "A joyful noise" que verá la luz en próximas semanas está producido por el a menudo intrascendentemente poppy Brian Higgins.
Incluso hay huecos para proyectos sorprendentes. Es el caso de VCMG, un proyecto tras el cual se esconden Vince Clarke (fundador y primer compositor de Depeche Mode, grupo que luego abandonó para liderar con éxito Yazoo y, posteriormente, Erasure) y Martin Gore (también fundador de Depeche Mode y único compositor de la banda durante los últimos 30 años, tras el abandono de Clarke). Parece que 30 años es tiempo suficiente para borrar heridas y desencuentros y dar paso a la creatividad en estado puro, un álbum de techno crudo que posiblemente descoloque a los fans de ambos grupos.
Pero eso no es todo. Ya para cuando el año esté más avanzado se anuncia el retorno de The Killers. La banda de Brandon Flowers alcanzó hace casi 4 años su cima creativa y comercial con "Day & age" y se han tomado su tiempo para preparar su esperadísimo retorno. También retornarán Pet Shop Boys, que ultiman actualmente la grabación de su álbum en EEUU. Y La Roux, que tras la conmoción que provocó su álbum de debut parece que han tenido muchas dificultades en retomar la senda creativa. Algo similar a lo que le ha sucedido a Little Boots, que durante el último año se ha limitado a publicar sencillos de difusión limitada intentando, sin mucho éxito en mi opinión, abrir nuevas posibilidades creativas a su futuro segundo disco. Incluso Suede, la banda británica que ya tantos daban por desaparecida, parece haber terminado de grabar ya su regreso a las órdenes de Ed Buller, productor de sus dos primeros álbumes.
Eso no es todo. Otros muchos artistas han entregado o están a punto de entregar sus nuevas creaciones (Feeder, Jack White, Metric, Keane, Beach House...).
Incluso hay rumores de que otros artistas podrían regresar durante este 2012, desde Dubstar hasta Neneh Cherry. Veremos en qué queda la cosa, pero lo que está claro es que va a ser (está empezando a ser ya) un año apasionante. A ver si nuestras emisoras y canales de televisión se enteran, y no nos machacan con artistas que se limitan a hacer versiones o a publicar una y otra vez álbumes recopilatorios.
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