La entrada de hoy se aleja de lo que es habitual en este humilde blog, pues se trata de una reflexión sobre una práctica muy común en la música independiente: mezclar la parte vocal de una canción demasiado baja. Lo que a mi modo de ver es difícilmente justificable, y constituye además una de las razones que impiden un disfrute más universal de buena parte de esta música alternativa. Intentaré analizar esta "manía" en los siguientes párrafos. Y para ello empezaré analizando las razones que pueden dar lugar a la decisión de mezclar la voz humana excesivamente baja: una es evidentemente negativa (ocultarla entre el resto de los instrumentos); otra más positiva (realzar la parte instrumental).
Realzar la parte instrumental será la razón más probable que den aquellos que conscientemente recurran a esta práctica: "la voz es un instrumento más", nos dirán. Lo cual es cierto, sin duda. Pero con la salvedad de que prácticamente en el 100% de los casos esa voz no estará entonando sílabas sin sentido, sino un texto elaborado para encajar con las notas de la melodía principal de esa canción. Y ése es un esfuerzo creativo consciente y no exento de dificultad. Con lo cual, ¿por qué dificultar conscientemente al melómano la comprensión de esa letra? ¿Para obligarnos a leerla en los créditos del álbum? ¿Para buscarla en internet o instalarnos en nuestro teléfono el MusicMatch? Obviando estas preguntas retóricas, se nos podrá contestar que no es necesario entender la letra de una canción para que la misma nos emocione (por ejemplo, si está cantada en un idioma que no conocemos, o si la escuchamos en condiciones acústicas deficientes). Nuevamente cierto, aunque evidentemente el disfrute de la misma no será tan pleno. Pero al menos será un requisito distinguir la melodía principal, puesto que dicha melodía principal es un elemento común a la práctica totalidad de la música contemporánea (en mi opinión es casi un derecho inalienable del melómano). La única razón válida que se me ocurre para violar ese derecho es que determinados tipos de música requieren escucharse a un volumen extremadamente elevado (por encima de los 80-90 dBA), y la manera que tiene el intérprete de forzar ese volumen es mezclar la voz tan baja que el melómano se vea obligado a subir el volumen para entender la letra, y así lograr que el tema se escuche como quería su creador. A modo de ejemplo, citemos determinados subgéneros de música de baile, cuya razón de ser es ese volumen estruendoso.
La otra razón es de peor defensa: obviamente no todos los creadores tienen la suerte de disponer de un intérprete vocal a la altura de su talento, y menos aún si son solistas. En el siglo pasado, sin ir más lejos, triunfaron artistas de cualidades vocales realmente mediocres (desde Bob Dylan hasta Marc Knopfler). Afortunadamente la tecnología ha venido al rescate de estas situaciones, con lo cual hoy en día es sencillo retocar una y otra vez en el estudio una interpretación deficiente (reverberaciones, reducción o aumento de la duración de las notas, afinación incluso con el Auto Tune si es preciso) hasta dejarla sin defectos serios. Sin embargo, a pesar de este avance no todos los artistas optan por esta vía, y prefieren simplemente mezclar la parte vocal baja para ocultar sus carencias. Así, buena parte de los iconos de la música independiente a nivel nacional e internacional de los últimos 20 años han abusado de esta tendencia (desde J de Los Planetas hasta Stephin Merrit de The Magnetic Fields). Intentando hacer de ello una discutible seña de identidad, aunque en realidad granjéandose innecesariamente la antipatía de buena parte de sus potenciales oyentes.
A causa de esta limitación en sus cualidades vocales, en el último cuarto de siglo se han generalizado los creadores que se rodean de intérpretes puntuales para realzar adecuadamente su obra (el famoso "featuring", empleado por gente tan dispar como Rudimentals o David Guetta). Es una solución muy eficaz para el estudio, y desde mi punto de vista mucho más acertada que limitarse a mezclar la parte vocal baja, pero no tanto para conciertos o música en vivo, que es donde se suelen destapar las miserias. Miserias comunes incluso en el caso de artistas reseñados favorablemente en este blog (por ejemplo Helen Marnie, cantante de Ladytron, o Sarah Cracknell, cantante de Saint Etienne, ambas muy limitadas). Si bien al menos estos artistas sí que mezclan con un volumen mínimo suficiente la voz en sus temas de estudio.
Y es que cuando hace ya año y media expuse mi fórmula matemática para la canción vocal contemporánea, pasé por alto un corolario que resulta evidente tras leer los párrafos anteriores: por supuesto que una brillante interpretación vocal realza una buena canción, pero al menos resulta imprescindible un mínimo nivel interpretativo en la parte vocal de una canción para no invalidar la impresión general de la misma. Y ello pasa por mezclar la voz con un volumen suficiente, corrigiendo los defectos que pudieran existir en la grabación original en el estudio. Es decir, según los términos que empleé en dicha fórmula: "la deficiente interpretación vocal y/o instrumental invalidará automáticamente la categorización de la canción según el resto de variables expuestas". Están de acuerdo, ¿verdad?
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
domingo, 28 de abril de 2013
domingo, 21 de abril de 2013
New Order: Lost Sirens (2013)
"Lost sirens" ha sido a la vez uno de los discos más esperados y más inesperados de los últimos tiempos. Esperados porque, aunque oficialmente desaparecieron como banda hace unos años, eran insistente los rumores de que durante las sesiones de su último álbum de estudio ("Waiting for the sirens' call", de 2005) se habían descartado varios temas. E inesperados porque los conflictos legales entre Bernard Sumner y Peter Hook parecían augurar que dichos temas nunca verían la luz. Pero finalmente New Order han vuelto a existir, ya sin Peter Hook, y como anticipo de las que serán en unos meses sus creaciones sin el mítico bajista se ha publicado este "Lost sirens", con esos temas grabados entre 2003 y 2004.
Lo primero que llama la atención es la escasez de canciones: solamente 8, y una de ellas ("I told you so", el último corte), ya publicada en "Waiting...", aunque con otros arreglos. En honor a la verdad no es el primer álbum de 8 cortes en la trayectoria de los mancunianos, pero en el año 2013 estamos acostumbrados a discos más ricos en contenido. Al menos un tema más (incluso aunque hubiera sido una cara B recuperada) hubiera servido para dar la sensación de que éste es un álbum de pleno derecho en su discografía. Así, los 38 minutos se quedan un poco escasos.
¿Y qué nos encontramos en su primer álbum en 8 años? Pues ese sonido más guitarrero, menos bailable y en ocasiones incluso rockero de sus dos entregas anteriores. Hay que recordar que en 2004 Gillian Gilbert estaba al margen de la formación, con lo que sus teclados fueron reemplazados por la guitarra de Phil Cunningham, en lo que a mi modo de ver supuso una cierta desvirtualización de su sonido. Cuesta creer, además, que Peter Hook participara integralmente en esos 8 temas, puesto que su inconfundible bajo apenas es perceptible en dos o tres de ellos. Con lo cual nos encontramos un sonido pop, con ciertos toques rock y un ligero barniz electrónico. Y un detalle casi esperable: los títulos de las canciones ya sí suelen ser frases de las mismas, cosa impensable hace un par de décadas.
¿Y las canciones? Pues el nivel medio es más que aceptable, lo que refrenda lo que en su momento defendí en otros foros: que "Waiting for the sirens' call" era un estupendo álbum (el mejor desde "Technique") y que estaban en una segunda juventud. Es cierto que no hay sencillos claros, pero sí buenos temas: el que lo abre ("I'll stay with you") es un estupendo ejemplo, con su preciosa progresión armónica, su bonita melodía, el equilibrio entre las guitarras y los clásicos interludios instrumentales de la banda. El segundo tema relevante es "Californian grass" (cuarto corte), con sus toques sinfónicos, sus estrofas introspectivas y un estribillo algo más luminoso. "Hellbent", quinto corte, es para mí lo mejor del disco, ese medio tiempo con toques rockeros a lo Primal Scream, una percusión sintética, estrofas de energía contenida y un estribillo explosivo refrendado por los coros femeninos. Y un cuarto tema digno de cualquier otro de sus discos es "I've got a feeling", quizá con unas estrofas demasiado guitarreras, pero con un bonito estribillo y una coda final, mitad cantada mitad instrumental, marca de la casa.
Respecto a los otros cuatro temas: "Sugarcane" sólo se sostiene por un agradable estribillo, "Recoil" es lo peor del disco por su sonido acústico y su atmosfera relajada que tan mal les sienta, "Shake it up" les demuestra a Delphic quien llegó primero a estos terrenos (lástima que la melodía sea bastante floja) y "I told you so" es una versión más atmosférica que la original, con ciertas reminiscencias hindúes que no logran mejorar significativamente la original.
Cuatro grandes temas y un par de momentos agradables es lo que se puede encontrar en la mayoría de los grandes álbumes de estos tiempos, así que según esos parámetros estamos ante un disco recomendable y no sólo para sus fans. A mayor gloria del cada vez más protagonista absoluto Sumner, ciertamente, pero no tanto como para echar de menos a Hook. Habrá que ver si la inspiración creativa les visita con esta nueva formación, casi 35 años después de su formación. Superar el listón de este "Lost sirens" no se antoja fácil.
Lo primero que llama la atención es la escasez de canciones: solamente 8, y una de ellas ("I told you so", el último corte), ya publicada en "Waiting...", aunque con otros arreglos. En honor a la verdad no es el primer álbum de 8 cortes en la trayectoria de los mancunianos, pero en el año 2013 estamos acostumbrados a discos más ricos en contenido. Al menos un tema más (incluso aunque hubiera sido una cara B recuperada) hubiera servido para dar la sensación de que éste es un álbum de pleno derecho en su discografía. Así, los 38 minutos se quedan un poco escasos.
¿Y qué nos encontramos en su primer álbum en 8 años? Pues ese sonido más guitarrero, menos bailable y en ocasiones incluso rockero de sus dos entregas anteriores. Hay que recordar que en 2004 Gillian Gilbert estaba al margen de la formación, con lo que sus teclados fueron reemplazados por la guitarra de Phil Cunningham, en lo que a mi modo de ver supuso una cierta desvirtualización de su sonido. Cuesta creer, además, que Peter Hook participara integralmente en esos 8 temas, puesto que su inconfundible bajo apenas es perceptible en dos o tres de ellos. Con lo cual nos encontramos un sonido pop, con ciertos toques rock y un ligero barniz electrónico. Y un detalle casi esperable: los títulos de las canciones ya sí suelen ser frases de las mismas, cosa impensable hace un par de décadas.
¿Y las canciones? Pues el nivel medio es más que aceptable, lo que refrenda lo que en su momento defendí en otros foros: que "Waiting for the sirens' call" era un estupendo álbum (el mejor desde "Technique") y que estaban en una segunda juventud. Es cierto que no hay sencillos claros, pero sí buenos temas: el que lo abre ("I'll stay with you") es un estupendo ejemplo, con su preciosa progresión armónica, su bonita melodía, el equilibrio entre las guitarras y los clásicos interludios instrumentales de la banda. El segundo tema relevante es "Californian grass" (cuarto corte), con sus toques sinfónicos, sus estrofas introspectivas y un estribillo algo más luminoso. "Hellbent", quinto corte, es para mí lo mejor del disco, ese medio tiempo con toques rockeros a lo Primal Scream, una percusión sintética, estrofas de energía contenida y un estribillo explosivo refrendado por los coros femeninos. Y un cuarto tema digno de cualquier otro de sus discos es "I've got a feeling", quizá con unas estrofas demasiado guitarreras, pero con un bonito estribillo y una coda final, mitad cantada mitad instrumental, marca de la casa.
Respecto a los otros cuatro temas: "Sugarcane" sólo se sostiene por un agradable estribillo, "Recoil" es lo peor del disco por su sonido acústico y su atmosfera relajada que tan mal les sienta, "Shake it up" les demuestra a Delphic quien llegó primero a estos terrenos (lástima que la melodía sea bastante floja) y "I told you so" es una versión más atmosférica que la original, con ciertas reminiscencias hindúes que no logran mejorar significativamente la original.
Cuatro grandes temas y un par de momentos agradables es lo que se puede encontrar en la mayoría de los grandes álbumes de estos tiempos, así que según esos parámetros estamos ante un disco recomendable y no sólo para sus fans. A mayor gloria del cada vez más protagonista absoluto Sumner, ciertamente, pero no tanto como para echar de menos a Hook. Habrá que ver si la inspiración creativa les visita con esta nueva formación, casi 35 años después de su formación. Superar el listón de este "Lost sirens" no se antoja fácil.
domingo, 31 de marzo de 2013
El panorama musical español en 2012
Como ya hice el año pasado, he decidido dedicar una entrada al panorama musical español durante el pasado año 2012. Un panorama que, para los que recuerden o hayan consultado recientemente dicha entrada, era francamente desalentador a comienzos del pasado año. Y que doce meses más tarde sigue siendo decepcionante, aunque la cosecha de 2012 gane a los puntos a la del 2011.
En el ámbito meramente comercial la situación sigue en estado comatoso: aunque la música de artistas españoles sigue siendo mayoría (31 álbumes de los 50 más vendidos), entre esos 31 discos no hay ni uno solo perteneciente a un artista que haya debutado en 2012. Parece que con las ventas en mínimos históricos, las compañías de discos se han vuelto aún más conservadoras. Hasta el extremo que abundan nombres más propios de hace 40 años: Julio Iglesias, Juan Manuel Serrat, José Luis Perales, María Dolores Pradera, El Dúo Dinámico... Sí, sí, consulten la lista de 2012 y verán que todos esos nombres figuran.
Pero es que incluso entre los artistas "jóvenes" no hay hueco para la esperanza: fórmulas repetidas hasta la saciedad (Melendi, Estopa, Sergio Dalma, El Barrio, Alejandro Sanz), artistas que al intentar renovarse han visto como buena parte del público les daba la espalda (Amaral, La Oreja de Van Gogh, Café Quijano). Y con un triunfador absoluto descorazonador: Pablo Alborán es una propuesta tan casposa y sensiblera que cuesta entender su éxito más allá de las adolescentes del extrarradio de nuestras ciudades. Sólo India Martínez y su intento de su insuflar aires nuevos al flamenco es digna de mención.
Así que por fuerza debemos fijarnos en la música alternativa. Love Of Lesbian han sido los únicos que se han colado entre los 50 álbumes más vendidos, lo cual para mí al menos resulta sorprendente, dada su escasa calidad. También en este ámbito han predominado los nombres consagrados en horas bajas (Sr. Chinarro, J y su Grupo De Expertos Solynieve, Hydrogenesse...), pero al menos un par de artistas han creado sendas canciones dignas de perdurar: La Habitación Roja y La Bien Querida.
Los valencianos La Habitación Roja llevan más de una década puliendo su estilo y su calidad interpretativa. Y con "Ayer" han logrado por primera vez un tema de pop con desazón pero sin taras: la voz de Jorge Martí por fin logra el aprobado (raspado), la letra casi logra usar correctamente todos los tiempos verbales y en los intervalos instrumentales las guitarras eléctricas y el teclado suenan razonablemente personales. Un tema con madera de clásico.
Y La Bien Querida han compuesto la canción nacional del año con "A veces ni eso". Es cierto que la letra es casi inexistente, que la grabación tiene una calidad deficiente y que toda la canción es una recreación descarada de los New Order de los 80. Pero la progresión armónica y la melodía no desentonan ante "Temptation" o "Bizarre love triangle" y eso es decir mucho, y el giro estilístico de la propuesta de Ana Fernández-Villaverde es loable. Así que esperemos que el ejemplo cunda y si en España no estamos en condiciones de innovar, que al menos recreemos con gusto a los grandes clásicos del último medio siglo. Que falta nos hace.
En el ámbito meramente comercial la situación sigue en estado comatoso: aunque la música de artistas españoles sigue siendo mayoría (31 álbumes de los 50 más vendidos), entre esos 31 discos no hay ni uno solo perteneciente a un artista que haya debutado en 2012. Parece que con las ventas en mínimos históricos, las compañías de discos se han vuelto aún más conservadoras. Hasta el extremo que abundan nombres más propios de hace 40 años: Julio Iglesias, Juan Manuel Serrat, José Luis Perales, María Dolores Pradera, El Dúo Dinámico... Sí, sí, consulten la lista de 2012 y verán que todos esos nombres figuran.
Pero es que incluso entre los artistas "jóvenes" no hay hueco para la esperanza: fórmulas repetidas hasta la saciedad (Melendi, Estopa, Sergio Dalma, El Barrio, Alejandro Sanz), artistas que al intentar renovarse han visto como buena parte del público les daba la espalda (Amaral, La Oreja de Van Gogh, Café Quijano). Y con un triunfador absoluto descorazonador: Pablo Alborán es una propuesta tan casposa y sensiblera que cuesta entender su éxito más allá de las adolescentes del extrarradio de nuestras ciudades. Sólo India Martínez y su intento de su insuflar aires nuevos al flamenco es digna de mención.
Así que por fuerza debemos fijarnos en la música alternativa. Love Of Lesbian han sido los únicos que se han colado entre los 50 álbumes más vendidos, lo cual para mí al menos resulta sorprendente, dada su escasa calidad. También en este ámbito han predominado los nombres consagrados en horas bajas (Sr. Chinarro, J y su Grupo De Expertos Solynieve, Hydrogenesse...), pero al menos un par de artistas han creado sendas canciones dignas de perdurar: La Habitación Roja y La Bien Querida.
Los valencianos La Habitación Roja llevan más de una década puliendo su estilo y su calidad interpretativa. Y con "Ayer" han logrado por primera vez un tema de pop con desazón pero sin taras: la voz de Jorge Martí por fin logra el aprobado (raspado), la letra casi logra usar correctamente todos los tiempos verbales y en los intervalos instrumentales las guitarras eléctricas y el teclado suenan razonablemente personales. Un tema con madera de clásico.
Y La Bien Querida han compuesto la canción nacional del año con "A veces ni eso". Es cierto que la letra es casi inexistente, que la grabación tiene una calidad deficiente y que toda la canción es una recreación descarada de los New Order de los 80. Pero la progresión armónica y la melodía no desentonan ante "Temptation" o "Bizarre love triangle" y eso es decir mucho, y el giro estilístico de la propuesta de Ana Fernández-Villaverde es loable. Así que esperemos que el ejemplo cunda y si en España no estamos en condiciones de innovar, que al menos recreemos con gusto a los grandes clásicos del último medio siglo. Que falta nos hace.
lunes, 18 de marzo de 2013
The XX: Coexist (2012)
El retorno de los británicos The XX ha conseguido aunar las opiniones de crítica y público, tanto a nivel nacional como internacional. A nivel nacional, los lectores de medios tan diferentes como "El país" o "Rockdelux" los han aupado a lo más alto de las listas como el mejor álbum del año, pero es que además "Coexist" alcanzó el número 5 de la lista de ventas española. Y a nivel internacional, Metacritic le otorgaba un 79 sobre 100, sólo por detrás de los 82 del "Words and music" de Saint Etienne (me refiero a los álbumes publicados el año pasado que he reseñado en este mismo blog), mientras que a nivel comercial el disco llegó al número 1 en el Reino Unido, Bélgica, Nueva Zelanda... incluso al número 5 en EEUU. Es decir, estamos ante los nuevos héroes de la música internacional. Razones más que suficientes para justificar una reseña.
Reseña que no pretende polemizar sobre su repercusión, pero sí dejar claro que para mí al menos tan unánime reconocimiento no está justificado. Intentaré explicarme: el álbum se abre con "Angels", una emocionante canción que ocupó el segundo puesto en mi lista de canciones del año. En ella, Romy Madley Croft nos subyuga con su guitarra etérea y su melancólica voz (que tanto recuerda a la de Tracey Horn, la vocalista de Everything But The Girl) prácticamente como únicas armas. Pero en mi opinión una instrumentación tan escueta sólo es justificable en una balada. Así que cuando comienza el segundo corte y también segundo sencillo ("Chained") la sensación es de cierta inquietud: tras un comienzo correcto, la voz en exceso tristona de Oliver Sim intercambia fraseos con la de Romy, y el tema de la sensación de estar a punto de explotar y convertirse en un clásico, pero al final se limita a una sucesión simplona de "ooh ooh oohs".
El tercer corte, "Fiction" sugiere que aún podemos estar ante un gran álbum, pues Jamie XX (tercer miembro y productor) deja entrever sus coqueteos con la música de baile y el tema adquiere cierto ritmo, muy de agradecer como colchón para una preciosa melodía (aunque la instrumentación siga en el límite de lo espartano). Pero desgraciadamente los grandes temas acaban ahí. Sí, sé que suena duro, pero los 8 cortes restantes son, si se me permite el símil probabilístico, variaciones con repetición de los tres temas anteriores. Se trata de un abuso descarado de la fórmula: fraseos alternos de Oliver y Romy, alguna que otra guitarra éterea, percusiones minimalistas, algún efecto sonoro perdido, intentos no siempre logrados de crear una atmósfera de tensión y unas progresiones armónicas y melodías menos inspiradas. Y claro, como se trata de una fórmula tan limitada, que no da pie a sorpresas, ni a intervalos instrumentales realmente jugosos, ni siquiera a composiciones particularmente ricas, el álbum apenas dura 37 minutos.
Parece que The XX han entendido que la mejor manera de reafirmar su personalidad es constreñir su música a un espacio tan claustrofóbico que lo más probable es que muchos melómanos desistan de llegar al final del álbum. Y que la crítica está empeñada en obviar que lo que proponen es en gran medida lo mismo que ya hacían hace más de 15 años Everything But The Girl, también con un sonido espartano (¡pero no tanto!) y con una voz de más calidad (sospecho que incluso lo de titular a uno de los cortes "Missing" es un guiño intencionado de The XX a EBTG). Vivimos en una época en la que, dada la cantidad de propuestas, parece que el objetivo de muchos creadores es diferenciarse a toda costa, aunque ello implique repetirse. Para mí lo ideal es lo que logran Alt-J, que suenan mucho más originales que The XX y además no necesitan recurrir a una fórmula. Porque a mí me enseñaron que freír 11 once huevos con el mismo aceite podía ser válido para propuestas comerciales como Modern Talking o los Stock, Aitken & Waterman, pero que para ser un grupo de referencia y con ánimo de perdurar hacían falta otros argumentos.
En suma, dos formidables canciones, otra correcta, las tres colocadas estratégicamente al principio del álbum, y después ocho de relleno (quizá siete, siendo benévolo y salvando "Sunset" y su bajo con toques jazzy). Demasiado poco para tantos parabienes.
Una última pregunta a modo de despedida: ¿volverán a transitar por el mismo y trillado camino The XX en su siguiente álbum? Yo pienso que lo harán, pero que para que no sea demasiado evidente dejarán pasar unos años. Ojalá me equivoque.
Reseña que no pretende polemizar sobre su repercusión, pero sí dejar claro que para mí al menos tan unánime reconocimiento no está justificado. Intentaré explicarme: el álbum se abre con "Angels", una emocionante canción que ocupó el segundo puesto en mi lista de canciones del año. En ella, Romy Madley Croft nos subyuga con su guitarra etérea y su melancólica voz (que tanto recuerda a la de Tracey Horn, la vocalista de Everything But The Girl) prácticamente como únicas armas. Pero en mi opinión una instrumentación tan escueta sólo es justificable en una balada. Así que cuando comienza el segundo corte y también segundo sencillo ("Chained") la sensación es de cierta inquietud: tras un comienzo correcto, la voz en exceso tristona de Oliver Sim intercambia fraseos con la de Romy, y el tema de la sensación de estar a punto de explotar y convertirse en un clásico, pero al final se limita a una sucesión simplona de "ooh ooh oohs".
El tercer corte, "Fiction" sugiere que aún podemos estar ante un gran álbum, pues Jamie XX (tercer miembro y productor) deja entrever sus coqueteos con la música de baile y el tema adquiere cierto ritmo, muy de agradecer como colchón para una preciosa melodía (aunque la instrumentación siga en el límite de lo espartano). Pero desgraciadamente los grandes temas acaban ahí. Sí, sé que suena duro, pero los 8 cortes restantes son, si se me permite el símil probabilístico, variaciones con repetición de los tres temas anteriores. Se trata de un abuso descarado de la fórmula: fraseos alternos de Oliver y Romy, alguna que otra guitarra éterea, percusiones minimalistas, algún efecto sonoro perdido, intentos no siempre logrados de crear una atmósfera de tensión y unas progresiones armónicas y melodías menos inspiradas. Y claro, como se trata de una fórmula tan limitada, que no da pie a sorpresas, ni a intervalos instrumentales realmente jugosos, ni siquiera a composiciones particularmente ricas, el álbum apenas dura 37 minutos.
Parece que The XX han entendido que la mejor manera de reafirmar su personalidad es constreñir su música a un espacio tan claustrofóbico que lo más probable es que muchos melómanos desistan de llegar al final del álbum. Y que la crítica está empeñada en obviar que lo que proponen es en gran medida lo mismo que ya hacían hace más de 15 años Everything But The Girl, también con un sonido espartano (¡pero no tanto!) y con una voz de más calidad (sospecho que incluso lo de titular a uno de los cortes "Missing" es un guiño intencionado de The XX a EBTG). Vivimos en una época en la que, dada la cantidad de propuestas, parece que el objetivo de muchos creadores es diferenciarse a toda costa, aunque ello implique repetirse. Para mí lo ideal es lo que logran Alt-J, que suenan mucho más originales que The XX y además no necesitan recurrir a una fórmula. Porque a mí me enseñaron que freír 11 once huevos con el mismo aceite podía ser válido para propuestas comerciales como Modern Talking o los Stock, Aitken & Waterman, pero que para ser un grupo de referencia y con ánimo de perdurar hacían falta otros argumentos.
En suma, dos formidables canciones, otra correcta, las tres colocadas estratégicamente al principio del álbum, y después ocho de relleno (quizá siete, siendo benévolo y salvando "Sunset" y su bajo con toques jazzy). Demasiado poco para tantos parabienes.
Una última pregunta a modo de despedida: ¿volverán a transitar por el mismo y trillado camino The XX en su siguiente álbum? Yo pienso que lo harán, pero que para que no sea demasiado evidente dejarán pasar unos años. Ojalá me equivoque.
viernes, 1 de marzo de 2013
Alt-J: An Awesome Wave (2012)
Existe un consenso inusualmente amplio en la crítica internacional a la hora de designar a Alt-J como la propuesta más interesante que ha debutado en formato álbum el año pasado en las Islas Británicas. Y es que la combinación de letras que permite en cierto sistema operativo muy conocido formar la letra griega delta (que es lo que Alt-J significa) ha logrado aunar opiniones de procedencias muy diversas. Tanto, que hace apenas unos meses fueron reconocidos con el más que interesante premio Mercury de la industria alternativa británica. La pregunta es obligada: ¿realmente merece tantos parabienes este cuarteto de universitarios?
La respuesta será afirmativa si nos atenemos a la originalidad de su música; ésa es sin duda su mayor virtud. Y es que a pesar de muchas escuchas y no menos consultas en diversas fuentes, no he encontrado una forma adecuada de definir su música. Podríamos decir que es un pop sofisticado con reminiscencias vocales caribeñas, ambientación trip-hop y un sutil toque electrónico. Lo curioso es que a pesar de lo complicado del concepto consiguen un doble propósito nada desdeñable: sonar a ellos mismos en todo momento, y no adherirse en exceso a una fórmula que los asfixie (un mal por otra parte muy habitual estos últimos años). Y además con un sorprendente talento a la hora de tocar todos sus instrumentos y una gran calidad en sus armonías vocales. Ahora bien, no es oro todo lo que reluce.
Y es que uno de los principales motivos de originalidad (la voz entre caribeña y negra de Joe Newman) acaba fatigando al oyente con su tendencia a la vocalización escasa, sus a menudo forzados cambios de tonalidad y la por desgracia frecuente costumbre de mezclarla excesivamente baja en relación con el resto de los instrumentos. Por no citar que de los trece temas (más uno oculto) que conforman el álbum, en realidad sólo hay diez canciones como tal, siendo los otros tres interludios que no ocultan su condición de fallidos intentos a la hora de componer una verdadera canción.
Curiosamente la "Intro" con la que se abre el álbum sí que es una canción a todos los efectos: un estupendo tema introspectivo (mención especial para la manera que cruzan las dos guitarras) que parece instrumental pero acaba teniendo una sencilla parte vocal. El siguiente tema digno de mención es "Tessellate", un envolvente tema lento con un sensacional bajo. Aunque le supera "Breezeblocks", uno de mis tres temas favoritos, que juega con un cambio de ritmo en el estribillo, estridencias bien repartidas, una instrumentación sorprendente y un más que notable juego de voces.
Quizá el tema más fácilmente recordable del álbum sea "Something good", gracias a su ritmo sincopado bailable en las estrofas, su arpegio de piano y un estribillo sorprendentemente disfrutable. Después de la no del todo redonda "Dissolve me" y la un tanto aburrida "Matilda", nos encontramos con "Ms", un inclasificable tema con unos bonitos arpegios de guitarra, unas peculiares voces a coro y unos efectos originales.
Mi segundo tema favorito es "Fitzpleasure", que a pesar de su desconcertante dúo de voces inicial desemboca en un tema obsesivo en las estrofas, que va evolucionando todo el tiempo en muchas partes no siempre repetidas y con unos interludios instrumentales realmente fantásticos (la manera en que se combinan las dos guitarras es impresionante para un grupo que acaba de debutar). Y después del tercer amago de canción surge mi tercer tema favorito: "Bloodflood", la mejor demostración de que se pueden seguir componiendo baladas plenas de emoción en el siglo XXI sin caer en lo sensiblero, con una bonita letra, una sorprendente batería y un excelente piano. Llegando así hasta los dos temas que cierran el disco, el oficial ("Taro", otro momento destacado con su toque africano a lo Massive Attack y su excelente instrumentación) y el oculto "Hand-me", a un nivel claramente inferior.
Quizá el título de álbum del año le quede un pelín grande, pero lo que es innegable es que posee argumentos suficientes para convencer a los melómanos más exigentes. Ahora bien, dado el escaso tirón comercial que están teniendo (pueds no hay un sencillo claro que tire del disco) y que su música no entra fácilmente en los círculos comerciales, habrá que ver por dónde deciden evolucionar. Porque me temo que el riesgo de que se desintegren por falta de éxito comercial está presente. Y sería una pena.
La respuesta será afirmativa si nos atenemos a la originalidad de su música; ésa es sin duda su mayor virtud. Y es que a pesar de muchas escuchas y no menos consultas en diversas fuentes, no he encontrado una forma adecuada de definir su música. Podríamos decir que es un pop sofisticado con reminiscencias vocales caribeñas, ambientación trip-hop y un sutil toque electrónico. Lo curioso es que a pesar de lo complicado del concepto consiguen un doble propósito nada desdeñable: sonar a ellos mismos en todo momento, y no adherirse en exceso a una fórmula que los asfixie (un mal por otra parte muy habitual estos últimos años). Y además con un sorprendente talento a la hora de tocar todos sus instrumentos y una gran calidad en sus armonías vocales. Ahora bien, no es oro todo lo que reluce.
Y es que uno de los principales motivos de originalidad (la voz entre caribeña y negra de Joe Newman) acaba fatigando al oyente con su tendencia a la vocalización escasa, sus a menudo forzados cambios de tonalidad y la por desgracia frecuente costumbre de mezclarla excesivamente baja en relación con el resto de los instrumentos. Por no citar que de los trece temas (más uno oculto) que conforman el álbum, en realidad sólo hay diez canciones como tal, siendo los otros tres interludios que no ocultan su condición de fallidos intentos a la hora de componer una verdadera canción.
Curiosamente la "Intro" con la que se abre el álbum sí que es una canción a todos los efectos: un estupendo tema introspectivo (mención especial para la manera que cruzan las dos guitarras) que parece instrumental pero acaba teniendo una sencilla parte vocal. El siguiente tema digno de mención es "Tessellate", un envolvente tema lento con un sensacional bajo. Aunque le supera "Breezeblocks", uno de mis tres temas favoritos, que juega con un cambio de ritmo en el estribillo, estridencias bien repartidas, una instrumentación sorprendente y un más que notable juego de voces.
Quizá el tema más fácilmente recordable del álbum sea "Something good", gracias a su ritmo sincopado bailable en las estrofas, su arpegio de piano y un estribillo sorprendentemente disfrutable. Después de la no del todo redonda "Dissolve me" y la un tanto aburrida "Matilda", nos encontramos con "Ms", un inclasificable tema con unos bonitos arpegios de guitarra, unas peculiares voces a coro y unos efectos originales.
Mi segundo tema favorito es "Fitzpleasure", que a pesar de su desconcertante dúo de voces inicial desemboca en un tema obsesivo en las estrofas, que va evolucionando todo el tiempo en muchas partes no siempre repetidas y con unos interludios instrumentales realmente fantásticos (la manera en que se combinan las dos guitarras es impresionante para un grupo que acaba de debutar). Y después del tercer amago de canción surge mi tercer tema favorito: "Bloodflood", la mejor demostración de que se pueden seguir componiendo baladas plenas de emoción en el siglo XXI sin caer en lo sensiblero, con una bonita letra, una sorprendente batería y un excelente piano. Llegando así hasta los dos temas que cierran el disco, el oficial ("Taro", otro momento destacado con su toque africano a lo Massive Attack y su excelente instrumentación) y el oculto "Hand-me", a un nivel claramente inferior.
Quizá el título de álbum del año le quede un pelín grande, pero lo que es innegable es que posee argumentos suficientes para convencer a los melómanos más exigentes. Ahora bien, dado el escaso tirón comercial que están teniendo (pueds no hay un sencillo claro que tire del disco) y que su música no entra fácilmente en los círculos comerciales, habrá que ver por dónde deciden evolucionar. Porque me temo que el riesgo de que se desintegren por falta de éxito comercial está presente. Y sería una pena.
lunes, 18 de febrero de 2013
2013: un año con muchas novedades
Después de revisar en mi anterior entrada 20 de las mejores canciones del pasado 2012, voy a dedicar la siguiente entrada a revisar algunas de las muchas novedades que nos esperan para este 2013. Ello no signifique que no siga reseñando durante un tiempo álbumes del año pasado que tengo aún pendientes, pero la vida sigue e incluso en un ámbito tan afectado por la crisis como la música contemporánea no se detiene.
Empezamos por un par de novedades que ya se han publicado en estas primeras semanas y que revisaré en este mismo blog en próximas fechas. La primera en salir ha sido el noveno álbum de New Order. "Lost sirens" es un álbum con trampa, puesto que la formación liderada por Bernard Sumner y Peter Hook hace años que no existe con esa composición, pero aprovechando sus conciertos del año pasado se han conseguido finalmente liberar las trabas que impedían la publicación de este disco, con temas grabados durante las mismas sesiones que dieron lugar al meritorio "Waitin' for the sirens call". Todo un regalo para sus fans. Y siguiendo por "Collections", el largamente esperado retorno de los británicos Delphic, que fascinaron al mundo con su esperanzador y lleno de talento "Acollyte" pero que han tardado tanto tiempo en darle continuidad que quizá hayan perdido su momento.
Otros discos ya confirmados para las próximas semanas son "Nocturnes", el álbum con el que Little Boots pretende confirmar que su tecno-pop contemporáneo no fue flor de una temporada, "Delta machine", el retorno de los legendarios Depeche Mode (anticipado por "Heaven", un baladón sorprendentemente acústico) y "Exile", el disco con el que los británicos Hurts quieren confirmar que son algo más que los Black del siglo XXI.
Para más adelante todo apunta a que podremos escuchar los nuevos álbumes de otros artistas que forman parte del elenco de este humilde blog: Polly Scattergood y sus postales urbanas, Daft Punk y su esperada colaboración con Nile Rodgers, LaRoux, que también han contado con el fundador de Chic, y retornos esperados durante no menos de una década: Suede (que ya han presentado su primer sencillo, el interesante "Barriers") y Dubstar, que ha recuperado a Sarah Blackwood tras 10 años al frente de Client.
Otros retornos previstos para esta temporada son los escoceses Texas intentando recuperar su personalidad, Goldfrapp tratando de recuperar el equilibrio entre modernidad y comercialidad, David Bowie y la búsqueda de la modernidad perdida, la modosita y un tanto olvidada Dido y los recientement revitalizados O.M.D.
Los amantes del rock también están de enhorabuena: este año tendremos lo nuevo de los alternativos The Strokes, de supervivientes del sonido grunge como Pearl Jam o The Queens Of The Stone Age, de los incombustibles U2, del muy venido a menos Lenny Kravitz, de los ultra-repetitivos AC/DC o de los blanditos Bon Jovi.
Por último, en el ámbito meramente comercial se plantea una lucha equilibrada entre dos divas muy diferentes: Beyonce y Lady Gaga. En suma, todo un puñado de novedades que harán de este 2013 un año más que interesante. Iré reseñando lo más relevante de esta cosecha en futuras entradas de este blog.
sábado, 26 de enero de 2013
Las 20 mejores canciones internacionales de 2012
Enero es mes de listas, de echar la vista atrás y tratar de sintetizar lo mejor del año que se nos acaba de escapar. No me atrevo a proponer una lista con los mejores álbumes, pues el volumen de discos publicados excede ampliamente la cantidad que puedo escuchar. Pero sí que me atrevo a sugerir una lista con 20 canciones internacionales que recordar de este 2012. Lógicamente me he limitado a seleccionar temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip. Además he impuesto el criterio de una única canción por artista, para conseguir una panorámica más amplia. Y siempre intentando localizar la emoción, el talento y la calidad que, si se busca, aún existe en el maltratado panorama de la música contemporánea.
Ahí va la lista. Seguro que no están todos los que lo merecían, pero al menos están todos los que son:
1. Saint Etienne - "I've got your music"
Para mí, la canción del año, y su sencillo más redondo en casi 20 años. Subidón desde el primer segundo.
2. The XX - "Angels"
Su segundo disco los ha confirmado como una de las bandas más personales de la actualidad. Los pelos de punta.
3. Feeder - "Children of the sun"
Grant Nicholas sigue a lo suyo, componiendo himnos de rock atemporal. Memorable.
4. Madonna - "Gimme all your lovin'"
Su fallido MDNA no logró ocultar un sencillo rico, pleno de talento. Desenfadado pop del siglo XXI.
5. Pet Shop Boys - "Memory of the future"
Ya era un gran tema, pero más con la revisión de Stuart Price. Apoteósico estribillo.
6. Cat Power - "Cherokee"
El desembarco de la reina del indie en la modernidad. Desgarradora.
7. Purity Ring - "Lofticries"
Debutan con un formidable colchón electrónico y una melodía inspiradísima. Sorpresón.
8. Orbital - "New France"
Retornaron sin perder la personalidad pero recuperando la inspiración. Clásicos.
9. Gossip - "Move in the right direction"
No lograron el éxito esperado, pero aquí sí supieron mezclar pop, guitarras, electrónica y disco. Disfrutable.
10. Imagine Dragons - "Radioactive"
El tema más original de una de las nuevas promesas de la música norteamericana. Inquietante.
11. Wild Nothing - "Paradise"
El dream pop de los norteamericanos alcanza todo su esplendor en este precioso tema. Intemporal.
12. Django Django - "Default"
La propuesta más novedosa y original que ha surgido en el Reino Unido esta temporada. Tan inclasificable como convincente.
13. Of Monster And Men - "Mountain sound"
El álbum de estos islandeses era del año pasado, pero este nuevo tema de 2012 ha contribuido a que haya explotado hasta cotas inesperadas a nivel mundial. Increíbles .
14. Rebecca Ferguson - "Backtrack"
Menos elogiada por la crítica que Frank Ocean, la británica ha demostrado que el mejor tema de soul ha venido de este lado del Atlántico. Irresistible.
15. Garbage - "Blood for poppies"
Rock contemporáneo con toques pop que los ha devuelto a lo más alto del panorama internacional. Crudo y melódico.
16. Chromatics - "Kill for love"
Su electrónica lo-fi y su atmósfera melancólica la convierten en la banda sonora perfecta para regresar a casa una madrugada cualquiera. Nostálgica.
17. Paul McCartney & Grohl/Novoselic/Smear - "Cut Me Some Slack"
La colaboración más sorprendente del pasado año. Una jam session que terminó publicada gracias a su fantástico equilibrio entre los Beatles del "White album" y los Foo Fighters menos comerciales. Inimaginable.
18. Squarepusher - "Dark steering"
Después de 15 discos, Tom Jenkinson finalmente ha encontrado el equilibrio entre la electrónica más demoledora y los guiños melódicos. Desquiciante.
19. Scissor Sisters - "Only the horses"
Cuando se olvidan de falsetes y petardeo, los neoyorkinos son capaces de construir himnos de pop bailable. La magia del piano.
20. The Black Keys - "Little black submarines"
Rock de toda la vida pero con un talento innegable. Arrasarán en los grammies. Calor, mucho calor.
Seguro que si han tenido oportunidad de escuchar todos los temas coincirán conmigo en que, a pesar de la crisis y los recortes, el 2012 ha sido suculento musicalmente hablando. A ver qué nos depara el 2013.
Ahí va la lista. Seguro que no están todos los que lo merecían, pero al menos están todos los que son:
1. Saint Etienne - "I've got your music"
Para mí, la canción del año, y su sencillo más redondo en casi 20 años. Subidón desde el primer segundo.
2. The XX - "Angels"
Su segundo disco los ha confirmado como una de las bandas más personales de la actualidad. Los pelos de punta.
3. Feeder - "Children of the sun"
Grant Nicholas sigue a lo suyo, componiendo himnos de rock atemporal. Memorable.
4. Madonna - "Gimme all your lovin'"
Su fallido MDNA no logró ocultar un sencillo rico, pleno de talento. Desenfadado pop del siglo XXI.
5. Pet Shop Boys - "Memory of the future"
Ya era un gran tema, pero más con la revisión de Stuart Price. Apoteósico estribillo.
6. Cat Power - "Cherokee"
El desembarco de la reina del indie en la modernidad. Desgarradora.
7. Purity Ring - "Lofticries"
Debutan con un formidable colchón electrónico y una melodía inspiradísima. Sorpresón.
8. Orbital - "New France"
Retornaron sin perder la personalidad pero recuperando la inspiración. Clásicos.
9. Gossip - "Move in the right direction"
No lograron el éxito esperado, pero aquí sí supieron mezclar pop, guitarras, electrónica y disco. Disfrutable.
10. Imagine Dragons - "Radioactive"
El tema más original de una de las nuevas promesas de la música norteamericana. Inquietante.
11. Wild Nothing - "Paradise"
El dream pop de los norteamericanos alcanza todo su esplendor en este precioso tema. Intemporal.
12. Django Django - "Default"
La propuesta más novedosa y original que ha surgido en el Reino Unido esta temporada. Tan inclasificable como convincente.
13. Of Monster And Men - "Mountain sound"
El álbum de estos islandeses era del año pasado, pero este nuevo tema de 2012 ha contribuido a que haya explotado hasta cotas inesperadas a nivel mundial. Increíbles .
14. Rebecca Ferguson - "Backtrack"
Menos elogiada por la crítica que Frank Ocean, la británica ha demostrado que el mejor tema de soul ha venido de este lado del Atlántico. Irresistible.
15. Garbage - "Blood for poppies"
Rock contemporáneo con toques pop que los ha devuelto a lo más alto del panorama internacional. Crudo y melódico.
16. Chromatics - "Kill for love"
Su electrónica lo-fi y su atmósfera melancólica la convierten en la banda sonora perfecta para regresar a casa una madrugada cualquiera. Nostálgica.
17. Paul McCartney & Grohl/Novoselic/Smear - "Cut Me Some Slack"
La colaboración más sorprendente del pasado año. Una jam session que terminó publicada gracias a su fantástico equilibrio entre los Beatles del "White album" y los Foo Fighters menos comerciales. Inimaginable.
18. Squarepusher - "Dark steering"
Después de 15 discos, Tom Jenkinson finalmente ha encontrado el equilibrio entre la electrónica más demoledora y los guiños melódicos. Desquiciante.
19. Scissor Sisters - "Only the horses"
Cuando se olvidan de falsetes y petardeo, los neoyorkinos son capaces de construir himnos de pop bailable. La magia del piano.
20. The Black Keys - "Little black submarines"
Rock de toda la vida pero con un talento innegable. Arrasarán en los grammies. Calor, mucho calor.
Seguro que si han tenido oportunidad de escuchar todos los temas coincirán conmigo en que, a pesar de la crisis y los recortes, el 2012 ha sido suculento musicalmente hablando. A ver qué nos depara el 2013.
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