Una de las sorpresas que nos ha dejado este 2022 que ya ha iniciado su segunda mitad ha sido el regreso a la actividad de Victoria Hesketh, más conocida como Little Boots. Quien comenzó a finales de la pasada década una carrera fulgurante con su techno-pop bailable y de reminiscencias ochenteras, el cual le valió entrar en el Top 5 del Reino Unido con su álbum de debut ("Hands", 2009), pero que tras un segundo álbum rechazado por su compañía por excesivamente endeble (y que no es complicado encontrar en ediciones pirata), orientó su carrera hacia el indie-dance, con temas de percusión prominente y un limitado esfuerzo en progresiones armónicas y melodías, los cuales le permitieron editar otros dos álbumes por su cuenta ("Nocturnes", 2013, y "Working Girl", 2015), cada vez menos brillantes y de mucha menor repercusión. Heskey se refugió entonces en la publicación de temas sueltos y remezclas, potenciando su faceta de DJ, y durante la pandemia prácticamente desapareció del panorama musical. Así que ni yo ni prácticamente nadie esperábamos este "Tomorrow's Yesterday", un álbum completo con once temas nuevos, y con el que ha retomado su carrera musical siete años después, supuestamente con la excusa de telonear a ABBA en su triunfal gira de despedida, comenzada hace unos meses.
Para este retorno, que pinta a última bala en la recámara, Little Boots ha abandonado esa faceta de DJ, y ha creado un disco que contiene temas bailables, pero que sobre todo encierra pop de tintes clásicos, con ciertas evocaciones a la música disco de los setenta y al synth-pop de los ochenta. Un sonido no tan personal como a ella seguramente le gustaría, y que por momentos más que retro suena un poco añejo. Pero que se sostiene dignamente frente al resto de su discografía. Casi más grave resulta constatar el hecho de que la inspiración no la ha visitado muy a menudo en estos siete años, y la mayoría de los temas aguantan más por su solvencia como teclista y por sus tablas como creadora que por contener progresiones armónicas originales o melodías cautivadoras. De hecho, durante semanas dudé si reseñar este "Tomorrow's Yesterday" en este humilde blog. Pero al final el cariño que musicalmente le tengo a la inglesa, y ciertos temas que ganan tras sucesivas escuchas, han inclinado la balanza a su favor.
El disco lo abre "Love The Beginning", toda una declaración de intenciones por su título, y una buena muestra de lo que nos vamos a encontrar: una pianista solvente, una caja de ritmos más bien simple en primer plano, la voz de Hesketh doblada durante todo el tema, unas estrofas no demasiado inspiradas, un estribillo que no pasa de correcto, un sintetizador que pretende simular una sección de cuerda sin conseguirlo del todo, y un final un poco largo. Le sigue "Silver balloons", el primer sencillo en anticipar su retorno, que sin ser ni mucho menos un temazo, sí justifica en cierta medida su retorno: un bajo sintetizado penetrante, unas cajas contundentes, unas estrofas un tanto entrecortadas pero que no desentonan, y un estribillo que suena a finales de los ochenta, no especialmente brillante pero bien arropado por el piano electrónico y los sintetizadores que, ahora sí, evocan correctamente una sección de cuerda. Le sigue "Landline", segundo sencillo extraído, otra percusión programada sencilla y contundente, una progresión armónica que nos recordará a más de un tema de la última década del siglo pasado, unas estrofas completamente anodinas, y un estribillo que podría pasar por un momento no demasiado inspirado de los Stock, Aitken & Waterman. "Back to mine" baja el tempo y nos ofrece un medio tempo cálido que por momentos puede retrotraernos esos momentos desenfados de NOmBE, aunque lo único llamativo es ese segundo estribillo que se enlaza con naturalidad con el primero, y un recurso nada habitual como es la subida gradual del tempo en sus casi dos minutos finales.
"Crying on the inside" fue el tercer sencillo a principios de año. Un tema de puro pop intemporal, que insiste en las cajas contundentes para contrarrestrar una melodía dulce, sobre todo en su tarareable aunque un tanto meloso estribillo. Lo mejor es ese parón a varias voces justo antes de la repetición final del estribillo. "Heavenly" insiste en esa música disco retro, con su piano electrónico que es puro house, sus overdubs espaciales, su bajo slap, los compases al final de cada estribillo que recuerdan a los de tantas bandas negras de finales de los setenta y primeros ochenta... lástima que compositivamente el tema no pase de meramente correcto. "Deborah", el séptimo corte, parte de otra caja de ritmos que permanece prácticamente constante a lo largo de toda la canción, y nos ofrece otras estrofas insulsas que desembocan en un estribillo agradable pero sin gancho (más allá de los tres acordes que lo cambian de tonalidad al final), y que tiene como instrumento más llamativo la guitarra funky que acompaña prácticamente toda la composición. "Out (Out)", cuarto y último sencillo, también sitúa al frente desde el comienzo la contundente caja programada, pero aporta como elemento original los samples de una voz masculina. Las estrofas vuelven a pecar de espartanas, pero el puente al estribillo está más elaborado que en otras composciones. Lo que sucede es que el estribillo es prácticamente monocorde, y por muchos guiños a la pista de baile de hace unos décadas que contenga, el resultado no pasa de mediocre.
Y así, cuando ya empezamos a convencernos de que el retorno de Little Boots no ha merecido la pena, surge de improviso "Want You Back", escondido como noveno corte. Sin duda, su mejor tema en prácticamente una década: otro bajo infeccioso desde el comienzo, otra programación de batería contundente (aunque con una percusión de apoyo más elaborada), que sirven de soporte a una progresión armónica en acordes mayores, sencilla pero efectiva, sobre todo en las que son con diferencia las mejores estrofas del álbum, muy musicales y animadas. El estribillo un tanto mecánico le resta algún punto, y le habría venido bien un cambio de tonalidad en una parte nueva diferenciada y no la un tanto previsible pero correcta "paradita", escasa de instrumentos, con la que comienza la repetición final del estribillo. Pero aun con esos defectos, que le impiden figurar entre lo mejor de la discografía de Hesketh, casi por sí solo justifica el retorno, e incluso insufla energía a los dos cortes finales: "Nothing ever changes", que me recuerda a lo que hacían Beats International a finales de los ochenta, acercando el pop bailable a las influencias dubs en otro tema que destaca más por su propuesta que por su inspiración (tal vez de ahí su corta duración). Y "Tomorrow's Yesterdays", la canción que, además de cerrar el álbum, le da título: ahora sí, una balada con piano y mellotron, de corte clásico, melancólica sin resultar empalagosa, de estribillo elaborado y evocador ("You and I'd be coming home, In a town we'll never know, To a house we'll never own..."), que no pone los pelos de punta pero que resulta un cierre digno con sus "ooh ooh... ooh ooh ooh" y su parte nueva que bebe indisimuladamente de Lennon & McCartney.
Y así, con un temazo y tres buenos momentos se cierra este "Tomorrow's Yesterdays", que apenas consigue un aprobado a pesar de haber supuestamente requerido siete años de preparación, y que genera muchas dudas sobre el proyecto de Little Boots. Porque incluso con el tirón de ABBA, su repercusión ha sido incluso menor que lo que su nivel medio merecería. Y si no estás en la cresta de la ola, pero tampoco te apoya el público alternativo, la tentación de tirar la toalla debe de ser alta. La verdad es que no sé si nos perderíamos demasiado si ello sucediera, pues este eventual canto del cisne tampoco genera grandes expectativas sobre una futura entrega. En todo caso, un álbum digno, y que para los que gustan de la música que tanto se bailaba hace treinta o cuarenta años, recibirá más de una escucha.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
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lunes, 11 de julio de 2022
domingo, 4 de octubre de 2015
Little Boots: "Working girl" (2015)
Victoria Hesketh, más conocida como Little Boots, ha regresado hace un par de meses a la primera plana de la actualidad musical con la publicación de su tercer álbum de estudio, "Working girl". Un álbum que por segunda vez ha visto la luz en su propio sello discográfico, y con el que a mi entender la británica intenta auto-afirmarse en su estilo. Porque al éxito de crítica y ventas de "Hands" en 2009, con su propuesta actualizada, bailable y entonada del techno-pop de los ochenta, le sucedió un largo paréntesis de cuatro años que concluyó cuando "Nocturnes", un disco mucho más house, orientado a la electrónica más independiente y anodino, vio finalmente la luz prácticamente a la vez que el bootleg "Beat of your heart", el supuesto segundo disco grabado realmente como continuación estilística de "Hands" y que nunca llegó a publicarse por razones desconocidas (ya que sin llegar a la inspiración de "Hands" sí mantenía suficientemente el tipo). Con lo cual este tercer disco actúa a modo de consolidación de la propuesta de "Nocturnes", añadiéndole si cabe un toque más personal y reivindicativamente feminista a las letras, quedando por tanto en parámetros muy lejanos a los de su álbum de debut.
Lo que desgraciadamente es una mala noticia para sus seguidores. Porque una cosa es no querer terminar como un remedo de Kylie Minogue, y otra escorarse tanto en su propuesta que apenas logre comulgar con unos pocos miles de seguidores. Y es que Little Boots es una meritoria instrumentista, con una buena formación musical y una voz agradable (en ocasiones demasiado doblada). Pero si lo fía a todo a la pista de baile más fría y alternativa, y da la espalda a las armonías pop, esas cualidades son difíciles de exhibir. A pesar de que prácticamente cada uno de los temas cuente con un productor diferente, algo muy difícil de percibir en una propuesta de espectro tan limitado.
Y eso que el resultado final podía haber sido mucho peor de lo que al final ofrece este "Working girl". Me explico: el álbum fue precedido a finales de 2014 por el EP "Business pleasure", que ya anticipaba esa reafirmación estilística pero con escasa creatividad. Algo aplicable no sólo al sencillo que se extrajo de él (la experimental y superflua "Taste it"), sino también a los otros dos cortes que han acabado en el álbum (el house simplón de "Heroine" y la gélida y obsesiva "Business pleasure", que daba título al mismo), siendo curiosamente "Pretty tough" (el único con algo más de musicalidad), el tema que se ha quedado fuera. Es decir, una reafirmación de estilo a coste de vulgaridad y falta de sustancia. Afortunadamente entre el resto de temas hay dos o tres que dan el pego y sobre todo un par de buenas canciones, que nos demuestran que a Little Boots no se le ha olvidado componer.
Quitando las simpáticas "Intro" e "Interlude", piezas no musicales que simulan la interacción del oyente con el contestador del sello discográfico, el álbum consta de doce composiciones originales, una más en la edición Deluxe. Se abre con "Working girl", el tema que da título al disco y cuya versión acústica también cierra la edición Deluxe. Un tema presidido por un infeccioso loop sintetizado, y construido sobre una progresión armónica elaborada pero sin gancho, del que lo más salvable es un estribillo de aprobado raspado. "No pressure", tercer sencillo, se mueve en los mismos parámetros, aunque en este caso el colchón instrumental es un poquito menos espartano y el estribillo algo más eficaz en su incitación al baile. "Get things done", cuarto sencillo, es uno de los temas que dan el pego con su bajo slap delineando una progresión armónica ahora sí más cercana en las estrofas y en el estribillo. Aunque el estribillo tiene la frase que da título al tema encajada con calzador, lo que le resta algún que otro punto.
Tras ya la citada "Taste it" nos encontramos la con diferencia mejor composición del álbum: "Real girl" baja los bpm y nos ofrece un tema de pop del año 2015. Porque el pop con mayúsculas es el que mejor sigue dominando Little Boots, logrando que un loop de sintetizador infeccioso y que recuerda a los usados por Madonna en buena parte de "Rebel Heart" desemboque con naturalidad en un estribillo de pop cautivador llevado a su máxima expresión en la tercera repetición, cuando se elimina por unos segundos la programación de la batería. La ya citada "Heroine" baja muchos enteros, y el siguiente corte, "The game", imita sin disimulo los arreglos que hicieron Soul II Soul hace un cuarto de siglo en su mítica "Back to life", pero con una composición más floja que aquella. Menos mal que tras ella se encuentra "Help too", el segundo momento inspirado del álbum, y no porque sea uno de los más lentos, pero sí porque el contraste en las estrofas entre la programación de la percusión y los sintetizadores que van y vienen la hacen reconocible, y una vez que nos topamos con su preciosa entrada al estribillo ya nos predisponemos para disfrutar de sus meritorias armonías.
Nuevamente hay que superar el bajón que supone la ya citada "Business pleasure" para encontrarse con la atmosférica "Paradise", cuyo indie-house puede ser disfrutable en determinados momentos y circunstancias, sobre todo si nos dejamos llevar por su piano sintetizado en el correcto estribillo. "Better in the morning", el segundo sencillo, juega a la pretendida inocencia pop de por ejemplo Ariana Grande, pero modas al margen es un tema de una candidez impostada y una melodía excesivamente simple. Y "Desire", el tema adicional de la edición deluxe, podría ser el tercero que mantenga el tipo en determinadas pistas de baile, puesto que al esperable sonido espartano se le añade un curioso juego entre una programación que rehúye del ritmo binario y unos teclados que rehúsan completar los compases hasta llegar a un estribillo en el que, ver para creer, nos encontramos la única guitarra del álbum.
Con lo que al completar la escucha la sensación predominante es la de un álbum relativamente flojo, y quien sabe si la segunda y última oportunidad perdida de Victoria para consolidar su carrera. Una pena, porque como demuestra en momentos puntuales, sabe hacerlo mucho mejor, pero se la nota más preocupada por labrarse una personalidad propia en el panorama musical que por llenar sus discos de buenas canciones. Lo que en mi opinión no es a la larga una buena estrategia.
Lo que desgraciadamente es una mala noticia para sus seguidores. Porque una cosa es no querer terminar como un remedo de Kylie Minogue, y otra escorarse tanto en su propuesta que apenas logre comulgar con unos pocos miles de seguidores. Y es que Little Boots es una meritoria instrumentista, con una buena formación musical y una voz agradable (en ocasiones demasiado doblada). Pero si lo fía a todo a la pista de baile más fría y alternativa, y da la espalda a las armonías pop, esas cualidades son difíciles de exhibir. A pesar de que prácticamente cada uno de los temas cuente con un productor diferente, algo muy difícil de percibir en una propuesta de espectro tan limitado.
Y eso que el resultado final podía haber sido mucho peor de lo que al final ofrece este "Working girl". Me explico: el álbum fue precedido a finales de 2014 por el EP "Business pleasure", que ya anticipaba esa reafirmación estilística pero con escasa creatividad. Algo aplicable no sólo al sencillo que se extrajo de él (la experimental y superflua "Taste it"), sino también a los otros dos cortes que han acabado en el álbum (el house simplón de "Heroine" y la gélida y obsesiva "Business pleasure", que daba título al mismo), siendo curiosamente "Pretty tough" (el único con algo más de musicalidad), el tema que se ha quedado fuera. Es decir, una reafirmación de estilo a coste de vulgaridad y falta de sustancia. Afortunadamente entre el resto de temas hay dos o tres que dan el pego y sobre todo un par de buenas canciones, que nos demuestran que a Little Boots no se le ha olvidado componer.
Quitando las simpáticas "Intro" e "Interlude", piezas no musicales que simulan la interacción del oyente con el contestador del sello discográfico, el álbum consta de doce composiciones originales, una más en la edición Deluxe. Se abre con "Working girl", el tema que da título al disco y cuya versión acústica también cierra la edición Deluxe. Un tema presidido por un infeccioso loop sintetizado, y construido sobre una progresión armónica elaborada pero sin gancho, del que lo más salvable es un estribillo de aprobado raspado. "No pressure", tercer sencillo, se mueve en los mismos parámetros, aunque en este caso el colchón instrumental es un poquito menos espartano y el estribillo algo más eficaz en su incitación al baile. "Get things done", cuarto sencillo, es uno de los temas que dan el pego con su bajo slap delineando una progresión armónica ahora sí más cercana en las estrofas y en el estribillo. Aunque el estribillo tiene la frase que da título al tema encajada con calzador, lo que le resta algún que otro punto.
Tras ya la citada "Taste it" nos encontramos la con diferencia mejor composición del álbum: "Real girl" baja los bpm y nos ofrece un tema de pop del año 2015. Porque el pop con mayúsculas es el que mejor sigue dominando Little Boots, logrando que un loop de sintetizador infeccioso y que recuerda a los usados por Madonna en buena parte de "Rebel Heart" desemboque con naturalidad en un estribillo de pop cautivador llevado a su máxima expresión en la tercera repetición, cuando se elimina por unos segundos la programación de la batería. La ya citada "Heroine" baja muchos enteros, y el siguiente corte, "The game", imita sin disimulo los arreglos que hicieron Soul II Soul hace un cuarto de siglo en su mítica "Back to life", pero con una composición más floja que aquella. Menos mal que tras ella se encuentra "Help too", el segundo momento inspirado del álbum, y no porque sea uno de los más lentos, pero sí porque el contraste en las estrofas entre la programación de la percusión y los sintetizadores que van y vienen la hacen reconocible, y una vez que nos topamos con su preciosa entrada al estribillo ya nos predisponemos para disfrutar de sus meritorias armonías.
Nuevamente hay que superar el bajón que supone la ya citada "Business pleasure" para encontrarse con la atmosférica "Paradise", cuyo indie-house puede ser disfrutable en determinados momentos y circunstancias, sobre todo si nos dejamos llevar por su piano sintetizado en el correcto estribillo. "Better in the morning", el segundo sencillo, juega a la pretendida inocencia pop de por ejemplo Ariana Grande, pero modas al margen es un tema de una candidez impostada y una melodía excesivamente simple. Y "Desire", el tema adicional de la edición deluxe, podría ser el tercero que mantenga el tipo en determinadas pistas de baile, puesto que al esperable sonido espartano se le añade un curioso juego entre una programación que rehúye del ritmo binario y unos teclados que rehúsan completar los compases hasta llegar a un estribillo en el que, ver para creer, nos encontramos la única guitarra del álbum.
Con lo que al completar la escucha la sensación predominante es la de un álbum relativamente flojo, y quien sabe si la segunda y última oportunidad perdida de Victoria para consolidar su carrera. Una pena, porque como demuestra en momentos puntuales, sabe hacerlo mucho mejor, pero se la nota más preocupada por labrarse una personalidad propia en el panorama musical que por llenar sus discos de buenas canciones. Lo que en mi opinión no es a la larga una buena estrategia.
lunes, 18 de febrero de 2013
2013: un año con muchas novedades
Después de revisar en mi anterior entrada 20 de las mejores canciones del pasado 2012, voy a dedicar la siguiente entrada a revisar algunas de las muchas novedades que nos esperan para este 2013. Ello no signifique que no siga reseñando durante un tiempo álbumes del año pasado que tengo aún pendientes, pero la vida sigue e incluso en un ámbito tan afectado por la crisis como la música contemporánea no se detiene.
Empezamos por un par de novedades que ya se han publicado en estas primeras semanas y que revisaré en este mismo blog en próximas fechas. La primera en salir ha sido el noveno álbum de New Order. "Lost sirens" es un álbum con trampa, puesto que la formación liderada por Bernard Sumner y Peter Hook hace años que no existe con esa composición, pero aprovechando sus conciertos del año pasado se han conseguido finalmente liberar las trabas que impedían la publicación de este disco, con temas grabados durante las mismas sesiones que dieron lugar al meritorio "Waitin' for the sirens call". Todo un regalo para sus fans. Y siguiendo por "Collections", el largamente esperado retorno de los británicos Delphic, que fascinaron al mundo con su esperanzador y lleno de talento "Acollyte" pero que han tardado tanto tiempo en darle continuidad que quizá hayan perdido su momento.
Otros discos ya confirmados para las próximas semanas son "Nocturnes", el álbum con el que Little Boots pretende confirmar que su tecno-pop contemporáneo no fue flor de una temporada, "Delta machine", el retorno de los legendarios Depeche Mode (anticipado por "Heaven", un baladón sorprendentemente acústico) y "Exile", el disco con el que los británicos Hurts quieren confirmar que son algo más que los Black del siglo XXI.
Para más adelante todo apunta a que podremos escuchar los nuevos álbumes de otros artistas que forman parte del elenco de este humilde blog: Polly Scattergood y sus postales urbanas, Daft Punk y su esperada colaboración con Nile Rodgers, LaRoux, que también han contado con el fundador de Chic, y retornos esperados durante no menos de una década: Suede (que ya han presentado su primer sencillo, el interesante "Barriers") y Dubstar, que ha recuperado a Sarah Blackwood tras 10 años al frente de Client.
Otros retornos previstos para esta temporada son los escoceses Texas intentando recuperar su personalidad, Goldfrapp tratando de recuperar el equilibrio entre modernidad y comercialidad, David Bowie y la búsqueda de la modernidad perdida, la modosita y un tanto olvidada Dido y los recientement revitalizados O.M.D.
Los amantes del rock también están de enhorabuena: este año tendremos lo nuevo de los alternativos The Strokes, de supervivientes del sonido grunge como Pearl Jam o The Queens Of The Stone Age, de los incombustibles U2, del muy venido a menos Lenny Kravitz, de los ultra-repetitivos AC/DC o de los blanditos Bon Jovi.
Por último, en el ámbito meramente comercial se plantea una lucha equilibrada entre dos divas muy diferentes: Beyonce y Lady Gaga. En suma, todo un puñado de novedades que harán de este 2013 un año más que interesante. Iré reseñando lo más relevante de esta cosecha en futuras entradas de este blog.
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