Habitualmente cada año suelo, allá por el mes de marzo, echar la vista atrás para revisar en una entrada lo que nos haya deparado el panorama musical en España durante los doce meses precedentes. Pero me he dado cuenta de que ese vistazo cada vez era más parecido en los últimos años, pues ni a nivel creativo ni comercial percibo signos claros de cambio a mejor, así que este 2017 he preferido no repetirme. Afortunadamente, ese ejercicio de revisión me ha permitido localizar la excepción que confirma la regla. Y es que después de casi tres años voy a reseñar un álbum publicado en nuestro país, porque considero que tiene la calidad y la contemporaneidad suficiente para tener un hueco en este humilde blog. Se trata de "Night thoughts", de Carla (no confundir con el álbum continuista del mismo título que publicaron los británicos Suede en 2016). Carla es en realidad un dúo formado por Carla y Toni Serrat, hermanos de la también artista Joana Serrat. Un álbum que como digo vio la luz en 2016, pero en un ámbito bastante minoritario, por lo que no ha sido hasta hace unas semanas que ha caído en mis manos.
"Night thoughts" es un álbum relativamente corto (treinta y ocho minutos), que consta de once temas (los diez que figuran en la contraportada más uno oculto al final) de propuesta muy homogénea. En esencia es un álbum de pop contemporáneo, con un toque electrónico, continuas orfebrerías rítmicas, letras sensoriales y una saludable valentía experimental. Como ven, un álbum muy alejado de lo que suele ser habitual en nuestro país. Carla Serrat no posee una voz potente, pero sí modula muy bien para complementar la atmósfera de los temas (casi podríamos hablar de interpretaciones soul-pop). Además, para reforzar la experiencia de su música, las letras hablan sobre todo de la interacción entre nuestros sentidos y la naturaleza (hasta dos títulos utilizan la palabra "Forest"), empleando para ello un inglés razonablemente bien pronunciado. Y la instrumentación guarda un saludable término medio entre lo espartano y lo sobreproducido. Puestos a buscarle defectos, e echa de menos algo más de estructuración en algunos temas, que pudiera acercar al dúo a una mayor repercusión, y al menos un tema de bandera que tire del resto del álbum. Y probablemente le sobre homogeneidad, pues cuesta muchas escuchas distinguir claramente unos tema de otros.
Un buen ejemplo de estas virtudes y defectos es "No sun", la canción que abre el álbum: evocadora, sensitiva, pero también demasiado corta, casi a medio terminar. "The sea takes me", segundo corte, con una progresión armónica más definida y una estructura más clara entre su colchón de sintetizadores envolventes, supone una mejora incuestionable respecto al anterior, aunque el cambio de ritmo a mitad del tema (doblando los bpms) es el típico arabesco que gusta a la crítica pero le aleja del público masivo. Aún más recomendable resulta "In the forest", uno de los momentos álgidos del álbum, con sus acordes menores bien marcados desde el comienzo, su melodía más definida y su atmósfera de atardecer, sabiamente resaltada por esa elaborada batería que va y viene. El siguiente corte "Our time" es otra buena composición aunque quizá algo falta de personalidad: construida con unos mimbres muy similares a las anteriores, llama la atención un estribillo mucho más claro, y la sorpresa de su coda final.
"Hold dub", con la colaboración de Nuria Graham, empieza con todos los mimbres para ser otro de los mejores momentos del álbum: un tema reposado, envolvente, bien interpretado, pero su estructura simple y demasiado repetitiva (y eso a pesar de que sólo dura tres minutos) le resta puntos. "Turned into" arrima su propuesta a ritmos ligeramente más bailables, con su bajo sintetizado claramente perceptible y su caja de palmada en momentos puntuales, por lo que sin ser de los temas más destacables sí que oxigena el álbum en un momento muy adecuado. El séptimo corte, "Lies", vuelve a los ritmos sincopados deudores del drum&bass, y acentúa su vocación experimental, aunque el estribillo casi indescifrable juega en su contra.
Con "Lucky one" comienza indudablemente el mejor tramo del álbum. Es el tema más claramente electro-pop del disco, y probablemente el más bailable: el infalible bajo sintetizado da pie a la voz de Carla, y tras ella una batería que juega al despiste con su ritmo cuaternario que se convertirá en binario en la segunda estrofa. Un tema que además evoluciona con criterio hasta su adecuada coda final, aunque le falte una instrumentación más elaborada en este último tramo. "Let's burn a forest" es el tema más etéreo, casi una poesía interpretada por un astronauta desde el espacio, con la voz de Carla ensalzada por un precioso teclado en las estrofas, y posiblemente el estribillo más redondo del disco, que además ensalzan en su repetición final otro certero sintetizador y la exhibición final de la batería. Y "Night thoughts", el tema que da título al álbum y teóricamente lo cierra es, en mi opinión, su mejor momento: una mezcla entre el drum&bass de su sección rítmica y el chill-out de su progresión armónica y sus sonidos de la naturaleza, sobre el que Carla repite una melodía sencilla que no es sino una mera excusa para seguir haciendo crecer la canción durante casi tres minutos con una inteligencia poco habitual por estos lares para los pasajes instrumentales. Y encima con la sorpresa de un tema oculto de duración convencional tras un par de minutos, que si bien no es de lo mejor del disco (parece un tema de los Everything But The Girl menos electrónicos), se deja escuchar.
Desconozco si la propuesta musicla de Carla ha sido una aventura de los hermanos Serrat para dar salida a sus inquietudes musicales, o si esperan consolidarla en un futuro con un segundo álbum y un mayor esfuerzo promocional. Espero que sea lo segundo, porque en España estamos huérfanos de este tipo de creatividad, y la necesitamos.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
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jueves, 13 de abril de 2017
domingo, 31 de marzo de 2013
El panorama musical español en 2012
Como ya hice el año pasado, he decidido dedicar una entrada al panorama musical español durante el pasado año 2012. Un panorama que, para los que recuerden o hayan consultado recientemente dicha entrada, era francamente desalentador a comienzos del pasado año. Y que doce meses más tarde sigue siendo decepcionante, aunque la cosecha de 2012 gane a los puntos a la del 2011.
En el ámbito meramente comercial la situación sigue en estado comatoso: aunque la música de artistas españoles sigue siendo mayoría (31 álbumes de los 50 más vendidos), entre esos 31 discos no hay ni uno solo perteneciente a un artista que haya debutado en 2012. Parece que con las ventas en mínimos históricos, las compañías de discos se han vuelto aún más conservadoras. Hasta el extremo que abundan nombres más propios de hace 40 años: Julio Iglesias, Juan Manuel Serrat, José Luis Perales, María Dolores Pradera, El Dúo Dinámico... Sí, sí, consulten la lista de 2012 y verán que todos esos nombres figuran.
Pero es que incluso entre los artistas "jóvenes" no hay hueco para la esperanza: fórmulas repetidas hasta la saciedad (Melendi, Estopa, Sergio Dalma, El Barrio, Alejandro Sanz), artistas que al intentar renovarse han visto como buena parte del público les daba la espalda (Amaral, La Oreja de Van Gogh, Café Quijano). Y con un triunfador absoluto descorazonador: Pablo Alborán es una propuesta tan casposa y sensiblera que cuesta entender su éxito más allá de las adolescentes del extrarradio de nuestras ciudades. Sólo India Martínez y su intento de su insuflar aires nuevos al flamenco es digna de mención.
Así que por fuerza debemos fijarnos en la música alternativa. Love Of Lesbian han sido los únicos que se han colado entre los 50 álbumes más vendidos, lo cual para mí al menos resulta sorprendente, dada su escasa calidad. También en este ámbito han predominado los nombres consagrados en horas bajas (Sr. Chinarro, J y su Grupo De Expertos Solynieve, Hydrogenesse...), pero al menos un par de artistas han creado sendas canciones dignas de perdurar: La Habitación Roja y La Bien Querida.
Los valencianos La Habitación Roja llevan más de una década puliendo su estilo y su calidad interpretativa. Y con "Ayer" han logrado por primera vez un tema de pop con desazón pero sin taras: la voz de Jorge Martí por fin logra el aprobado (raspado), la letra casi logra usar correctamente todos los tiempos verbales y en los intervalos instrumentales las guitarras eléctricas y el teclado suenan razonablemente personales. Un tema con madera de clásico.
Y La Bien Querida han compuesto la canción nacional del año con "A veces ni eso". Es cierto que la letra es casi inexistente, que la grabación tiene una calidad deficiente y que toda la canción es una recreación descarada de los New Order de los 80. Pero la progresión armónica y la melodía no desentonan ante "Temptation" o "Bizarre love triangle" y eso es decir mucho, y el giro estilístico de la propuesta de Ana Fernández-Villaverde es loable. Así que esperemos que el ejemplo cunda y si en España no estamos en condiciones de innovar, que al menos recreemos con gusto a los grandes clásicos del último medio siglo. Que falta nos hace.
En el ámbito meramente comercial la situación sigue en estado comatoso: aunque la música de artistas españoles sigue siendo mayoría (31 álbumes de los 50 más vendidos), entre esos 31 discos no hay ni uno solo perteneciente a un artista que haya debutado en 2012. Parece que con las ventas en mínimos históricos, las compañías de discos se han vuelto aún más conservadoras. Hasta el extremo que abundan nombres más propios de hace 40 años: Julio Iglesias, Juan Manuel Serrat, José Luis Perales, María Dolores Pradera, El Dúo Dinámico... Sí, sí, consulten la lista de 2012 y verán que todos esos nombres figuran.
Pero es que incluso entre los artistas "jóvenes" no hay hueco para la esperanza: fórmulas repetidas hasta la saciedad (Melendi, Estopa, Sergio Dalma, El Barrio, Alejandro Sanz), artistas que al intentar renovarse han visto como buena parte del público les daba la espalda (Amaral, La Oreja de Van Gogh, Café Quijano). Y con un triunfador absoluto descorazonador: Pablo Alborán es una propuesta tan casposa y sensiblera que cuesta entender su éxito más allá de las adolescentes del extrarradio de nuestras ciudades. Sólo India Martínez y su intento de su insuflar aires nuevos al flamenco es digna de mención.
Así que por fuerza debemos fijarnos en la música alternativa. Love Of Lesbian han sido los únicos que se han colado entre los 50 álbumes más vendidos, lo cual para mí al menos resulta sorprendente, dada su escasa calidad. También en este ámbito han predominado los nombres consagrados en horas bajas (Sr. Chinarro, J y su Grupo De Expertos Solynieve, Hydrogenesse...), pero al menos un par de artistas han creado sendas canciones dignas de perdurar: La Habitación Roja y La Bien Querida.
Los valencianos La Habitación Roja llevan más de una década puliendo su estilo y su calidad interpretativa. Y con "Ayer" han logrado por primera vez un tema de pop con desazón pero sin taras: la voz de Jorge Martí por fin logra el aprobado (raspado), la letra casi logra usar correctamente todos los tiempos verbales y en los intervalos instrumentales las guitarras eléctricas y el teclado suenan razonablemente personales. Un tema con madera de clásico.
Y La Bien Querida han compuesto la canción nacional del año con "A veces ni eso". Es cierto que la letra es casi inexistente, que la grabación tiene una calidad deficiente y que toda la canción es una recreación descarada de los New Order de los 80. Pero la progresión armónica y la melodía no desentonan ante "Temptation" o "Bizarre love triangle" y eso es decir mucho, y el giro estilístico de la propuesta de Ana Fernández-Villaverde es loable. Así que esperemos que el ejemplo cunda y si en España no estamos en condiciones de innovar, que al menos recreemos con gusto a los grandes clásicos del último medio siglo. Que falta nos hace.
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