El retorno de Underworld ha sido sin duda una de las sorpresas de temporada. Porque han transcurrido seis años desde su último álbum de estudio, el meritorio "Barking", y ya pocos esperaban que los ya casi sexagenarios Karl Hyde y Rick Smith se unieran de nuevo para crear nuevas composiciones. Pero demostrando que el tiempo no pasa por ellos, y tras haber sobrevivido a la marcha de Darren Emerson a comienzos de siglo, siguen siendo capaces de entregar canciones altamente tecnológicas y orientadas a la pista de baile más excitante. Aunque eso no significa que "Barbara Barbara, We Face a Shining Future" (el extraño título es un homenaje al padre de Rick Smith) sea un gran álbum. Me explico.
En mi opinión la razón principal por la que la carrera de Underworld se fue desvaneciendo lentamente desde el cénit que alcanzaron en 1996 con "Born Slippy .NUXX" fue la gradual desaparición de las armonías en sus temas. Porque aunque sus señas de identidad siempre hayan sido los temas de ritmo binario muy marcado, largos desarrollos y fraseos sin fin de Karl Hyde, en sus mejores momentos supieron completar ese cóctel con progresiones armónicas y melodías sencillas pero muy enriquecedoras. Que al ir desapariciendo de sus composiciones hicieron que éstas se volvieran monótonas y repetitivas. Quizá conscientes de ello, en "Barking" recurrieron a la colaboración con otros muchos creadores del techno y de la música electrónica en general, pero personalmente cuando anunciaron este "Barbara Barbara...", tenía la duda de si volverían a los temas monocordes de sus álbumes anteriores a "Barking" o introducirían más musicalidad en sus temas. El resultado es un término medio que no relanza su carrera pero tampoco la desmerece.
Porque lo que realmente llama la atención de este álbum es su escasez de contenido: sólo siete temas, uno de ellos poco más que un interludio instrumental, y una duración excesiva en muchos de los seis restantes, para poder completar los cuarenta y cinco minutos de rigor. Lo que evidencia lo cerca que ha estado este disco de no llegar a existir nunca, y las dudas que genera respecto a que pueda tener una continuidad. Razones para intentar extraer lo mejor de estos siete temas. Empezando por "I exhale", primer sencillo y claro intento de hacer algo que se salga del patrón habitual del dúo, con menos bits per minute de lo normal y una sencilla progresión armónica desde el principio. Pero cuyos ocho minutos son claramente excesivos, a pesar de que lentamente vayan enriqueciendo la composición con más teclados y Smith doblando en los coros a Hyde. Más convincente y reconocible es "If Rah", un tema más rápido y obsesivo, que juega a ser monocorde durante buena parte del tema a partir de su penetrante teclado sintético y las sugerentes frases de Hyde, hasta que entran los dos teclados de reminiscencias orientales y el tema se convierte en plenamente melódico con su piano electrónico y una meritoria superposición de efectos.
Más rápido y orientado a la pista de baile es si cabe "Low burn", con esos bajos sintetizados superpuestos sobre los que poco a poco van añadiendo más elementos sintéticos y redobles de percusión. Aunque la parte vocal es demasiado repetitiva, y sobra minutaje hasta que el tema va frenando y desnudándose de todos los añadidos para llegar al final. "Santiago cuatro" es un extraño interludio en el que se mezcla la guitarra acústica de Hyde, con sus largos arpegios, y los bajos sintetizados de Smith, con un resultado entre disonante y desasosegante. "Motorhome" es, por así decirlo, la "balada" del álbum, con su ritmo pausado y su atmósfera de renacimiento tras un futuro caótico. Es el primer tema en el que Hyde no declama sino que canta; los dos teclados que, casi a modo de gaitas, se entrelazan, le dan un toque original, y la progresión armónica en el tramo final completan un panorama relativamente interesante pero excesivamente largo. Y cuando parece que el álbum se encamina sin mayores sobresaltos hacia el final, surgen las sorpresas: "Ova nova" es con diferencia el mejor momento del disco, una composición completa sobre una eficaz progresión armónica, penetrante y luminosa, brillantemente interpretada por Hyde,con unos coros femeninos que completan el tono optimista de la canción, una parte nueva perfectamente enlazada, el apoteósico "Change your mind" de Hyde y (ahora sí) la duración adecuada. Y "Nylon strung" es probablemente el segundo mejor tema del álbum, y una adecuada forma de cerrarlo: sobre su infeccioso loop sintetizado Hyde entona una melodía de notas muy largas, que se completa con una guitarra acústica y un precioso teclado que va añadiendo más notas en cada repetición hasta convertirse en apoteósico en su último tramo.
Situar lo mejor del álbum al final logra que la impresión global del mismo sea mejor de lo que debería, pero no deberíamos dejarnos engañar, ya que "Barbara Barbara, We Face a Shining Future" no es ni de lejos el mejor disco de su carrera. Aunque al menos nos podemos congratular de que Hyde & Smith hayan recuperado la suficiente musicalidad en algunas de sus canciones, porque de su capacidad para explotarlas con sus largos desarrollos de cambios graduales y su estilo tan personal nadie duda. Habrá que ver si esta digna vuelta a la actualidad saludada con un aceptable éxito comercial (top ten en el Reino Unido) se convierte en una prolongación de su carrera, o por el contrario se convierte en el epílogo de una de las bandas más importantes en la historia del techno.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
domingo, 12 de junio de 2016
domingo, 29 de mayo de 2016
Rüfüs: "Bloom" (2016)
El trío australiano Rüfüs ha publicado a comienzos de año "Bloom", el segundo álbum de su carrera. Un álbum en el que han seguido profundizando en su sonido a medio camino entre el pop y el house, con la misma idea de evitar los instrumentos estridentes, de usar profusamente instrumentos no electrónicos como la batería y la guitarra eléctrica para quitar frialdad a su sonido y de recurrir a la envolvente voz de Tyrone Lindqvist para rematar el conjunto. El resultado responde a las expectativas, y para mí al menos es el mejor álbum en lo que llevamos de año: once temas sin ningún relleno y una calidad y una elegancia fuera de toda duda.
El álbum se abre con el que para mí es su mejor tema (aunque increíblemente no haya sido publicado en formato sencillo): "Brighter" es una muestra perfecta de los que la banda propone, baile con clase, partiendo de una base soul (incluyendo un interesante coro durante buena parte del tema), creciendo instrumentalmente a cada compás, hasta llegar a un estribillo pletórico, en el que el bajo sintetizado sincopado pone el contrapunto perfecto a la batería, y con un pequeño tramo instrumental que demuestra lo bien que rellenan el espectro con pocos instrumentos (por ponerle algún pero, decir que la tonalidad es la misma en todo el tema). "Like an animal", segundo sencillo extraído es, pese a situarse un escalón inferior que la anterior, una canción bastante por encima de la media: más claramente pop, repite con unas estrofas relativamente desnudas y un estribillo más instrumentado, con mención especial para el efectivo arpegio de guitarra de Lindqvist. "Say a prayer for me", tercer corte y cuarto sencillo, se desarrolla sobre unos parámetros similares, aunque la percusión arrastrada que complementa la batería de James Hunt le da un toque de originalidad, y el crescendo de "I'll take you further... down the line" engancha durante el minuto que dura.
El siguiente tema es "You Were Right", sencillo que anticipó el álbum hace ya casi un año y otro de sus grandes momentos. Aunque nuevamente sea la misma progresión armónica durante toda la canción, saben sacarle el máximo partido con esa percusión electrónica demoledora con que Jon George completa el estribillo, y otro nuevo crescendo marca de la casa. "Be with You" es en mi opinión el momento más insustancial del album, con ese monótono sampling en su anodino estribillo y nada reseñable en el resto. "Daylight" podría haber sido otro de los grandes momentos del álbum, con su cautivadora progresión armónica realizada por el contrapunto entre la guitarra de Lindqvist y el sintetizador de George, pero el tema amaga y amaga con una explosión instrumental sin llegar nunca a hacerlo (de hecho, no hay un solo bombo), y eso juega en su contra. A "Hypnotised" le sucede algo parecido, aunque en este caso se trate de un dúo con la actriz australiana Dena Kaplan: es una bonita composición que ahora sí enlaza dos progresiones armónicas diferentes en estrofas y estribillo, pero da la impresión de que el tema va a acabar reventando la pista de baile con estas dos visiones de una historia de amor y sin embargo se queda varada en su intento de evocar emociones sin estridencias, muy a lo The XX.
El tramo final del disco comienza con "Tell me", menos arriesgadas en su propuesta que las dos anteriores (aquí sí hay bombo, caja y platillos casi desde el principio). Otra sugestiva composición, sobre una sencilla progresión armónica, con una melodía complicada en las estrofas pero muy bien interpretada por Lindqvist, el conocido contrapunto entre guitarra y teclados, y la certera parada justo antes de la repetición final del estribilo. "Until the Sun Needs to Rise" insiste en el mismo terreno, aunque nada se puede reprochar a sus estrofas, a su efectivo bajo sintetizado, a ese sintetizador de aires caribeños con el que rematan la composición, o a ese intervalo instrumental de más de un minuto con los tres sintetizadores complementándose a la perfección. "Lose my head" es uno de los temas más envolventes del álbum, con esa atmósfera que desde el principio envuelve al oyente y lo desplaza a un mundo casi onírico, aunque sin perder de vista la pista de baile como lo demuestra la percusión que complementa la batería. Y con otro bonito tramo instrumental antes del estribillo final. Y el disco se cierra con la larguísima y relativamente fallida "Innerbloom", casi diez minutos de duración y aun así tercer sencillo publicado. Que juega a ser el tema más arriesgado con su montaña rusa de baile minimalista alternada con crescendos, a la que le falta una composición más redonda y le sobra minutaje. Aunque al menos su ubicación en el disco es la adecuada, ya que no estorba al resto de temas.
Sus detractores podrán decir que las letras pecan de simples y reiterativas (chico-chica-pasión-desamor), que el sonido pretendidamente espartano dificulta distinguir unos temas de otros, que la propuesta es limitada estilísticamente, que muchas canciones explotan hasta la saciedad la misma progresión armónica... Todo lo cual es cierto. Pero si a cambio encontramos la inteligente armonía de sus canciones, la capacidad para enganchar con cada canción, la ausencia de temas de relleno, la naturalidad con la que dan con la nota adecuada... entenderemos por qué coleccionan premios y al mismo tiempo encabezan con naturalidad las listas de ventas de su país. Lástima que estemos tan anquilosados musicalmente por estos lares, porque tienen todos los ingredientes para ser una banda de consumo masivo también por aquí. Espero que al menos esta entrada sirva para que quienes leen este humilde blog los descubran.
El álbum se abre con el que para mí es su mejor tema (aunque increíblemente no haya sido publicado en formato sencillo): "Brighter" es una muestra perfecta de los que la banda propone, baile con clase, partiendo de una base soul (incluyendo un interesante coro durante buena parte del tema), creciendo instrumentalmente a cada compás, hasta llegar a un estribillo pletórico, en el que el bajo sintetizado sincopado pone el contrapunto perfecto a la batería, y con un pequeño tramo instrumental que demuestra lo bien que rellenan el espectro con pocos instrumentos (por ponerle algún pero, decir que la tonalidad es la misma en todo el tema). "Like an animal", segundo sencillo extraído es, pese a situarse un escalón inferior que la anterior, una canción bastante por encima de la media: más claramente pop, repite con unas estrofas relativamente desnudas y un estribillo más instrumentado, con mención especial para el efectivo arpegio de guitarra de Lindqvist. "Say a prayer for me", tercer corte y cuarto sencillo, se desarrolla sobre unos parámetros similares, aunque la percusión arrastrada que complementa la batería de James Hunt le da un toque de originalidad, y el crescendo de "I'll take you further... down the line" engancha durante el minuto que dura.
El siguiente tema es "You Were Right", sencillo que anticipó el álbum hace ya casi un año y otro de sus grandes momentos. Aunque nuevamente sea la misma progresión armónica durante toda la canción, saben sacarle el máximo partido con esa percusión electrónica demoledora con que Jon George completa el estribillo, y otro nuevo crescendo marca de la casa. "Be with You" es en mi opinión el momento más insustancial del album, con ese monótono sampling en su anodino estribillo y nada reseñable en el resto. "Daylight" podría haber sido otro de los grandes momentos del álbum, con su cautivadora progresión armónica realizada por el contrapunto entre la guitarra de Lindqvist y el sintetizador de George, pero el tema amaga y amaga con una explosión instrumental sin llegar nunca a hacerlo (de hecho, no hay un solo bombo), y eso juega en su contra. A "Hypnotised" le sucede algo parecido, aunque en este caso se trate de un dúo con la actriz australiana Dena Kaplan: es una bonita composición que ahora sí enlaza dos progresiones armónicas diferentes en estrofas y estribillo, pero da la impresión de que el tema va a acabar reventando la pista de baile con estas dos visiones de una historia de amor y sin embargo se queda varada en su intento de evocar emociones sin estridencias, muy a lo The XX.
El tramo final del disco comienza con "Tell me", menos arriesgadas en su propuesta que las dos anteriores (aquí sí hay bombo, caja y platillos casi desde el principio). Otra sugestiva composición, sobre una sencilla progresión armónica, con una melodía complicada en las estrofas pero muy bien interpretada por Lindqvist, el conocido contrapunto entre guitarra y teclados, y la certera parada justo antes de la repetición final del estribilo. "Until the Sun Needs to Rise" insiste en el mismo terreno, aunque nada se puede reprochar a sus estrofas, a su efectivo bajo sintetizado, a ese sintetizador de aires caribeños con el que rematan la composición, o a ese intervalo instrumental de más de un minuto con los tres sintetizadores complementándose a la perfección. "Lose my head" es uno de los temas más envolventes del álbum, con esa atmósfera que desde el principio envuelve al oyente y lo desplaza a un mundo casi onírico, aunque sin perder de vista la pista de baile como lo demuestra la percusión que complementa la batería. Y con otro bonito tramo instrumental antes del estribillo final. Y el disco se cierra con la larguísima y relativamente fallida "Innerbloom", casi diez minutos de duración y aun así tercer sencillo publicado. Que juega a ser el tema más arriesgado con su montaña rusa de baile minimalista alternada con crescendos, a la que le falta una composición más redonda y le sobra minutaje. Aunque al menos su ubicación en el disco es la adecuada, ya que no estorba al resto de temas.
Sus detractores podrán decir que las letras pecan de simples y reiterativas (chico-chica-pasión-desamor), que el sonido pretendidamente espartano dificulta distinguir unos temas de otros, que la propuesta es limitada estilísticamente, que muchas canciones explotan hasta la saciedad la misma progresión armónica... Todo lo cual es cierto. Pero si a cambio encontramos la inteligente armonía de sus canciones, la capacidad para enganchar con cada canción, la ausencia de temas de relleno, la naturalidad con la que dan con la nota adecuada... entenderemos por qué coleccionan premios y al mismo tiempo encabezan con naturalidad las listas de ventas de su país. Lástima que estemos tan anquilosados musicalmente por estos lares, porque tienen todos los ingredientes para ser una banda de consumo masivo también por aquí. Espero que al menos esta entrada sirva para que quienes leen este humilde blog los descubran.
lunes, 16 de mayo de 2016
Pet Shop Boys: "Super" (2016)
Con "Super" los británicos Pet Shop Boys han alcanzado tras treinta años de carrera la nada despreciable cantidad de trece álbumes de estudio. Una cifra en la que curiosamente se encuentran otros artistas emblemáticos de los ochenta como Depeche Mode, U2, The Cure o incluso Madonna. Y que ya por sí es digna de respeto, pues no resulta nada sencillo alcanzar carreras tan dilatadas en el tiempo en el panorama musical contemporáneo. Y menos aún si se consigue sin repetirse en exceso, y guardando todavía la suficiente ilusión y ganas de seguir adelante como para entregar trabajos dignos. Porque "Super" no es un gran álbum, pero sí mantiene lo suficiente el nivel como para no desmerecer frente a lo más granado de su carrera, y en mi opinión es junto con "Fundamental" (2006) el mejor disco que ha entregado el dúo en lo que llevamos de siglo.
"Super" se había presentado durante su concepción como una prolongación de "Electric", su álbum de 2013: mismo co-productor (Stuart Price) y mismos parámetros (temas rápidos, bailables y razonablemente technificados, lejos de las veleidades acústicas o los ritmos más reposados a los que se han arrimado en otros momentos de su carrera). Aunque como ya reseñé en este mismo blog, lo que le fallaba a "Electric" no era su propuesta, sino las composiciones que lo debían sostener (se había publicado demasiado próximo en el tiempo a "Elysium" y no habían tenido tiempo de componer y descartar el suficiente número de temas). Por lo que tenía cierto recelo a escuchar "Super" y encontrarme con el mismo problem. Pero afortudamente han sabido enriquecer la propuesta de "Electric": sigue habiendo muchos temas bailables, pero están mejor compensados por medios tiempos y alguna balada, hay mayor dedicación a los textos y una mayor riqueza en los arreglos de alguna de sus doce canciones. E incluso una joya digna de sus mejores momentos.
No se trata sin embargo de un álbum redondo. Como se encarga de demostrar "Happiness", el tema que lo abre y primero de los tres del álbum que incurre en el mismo error: proponer un tema monocorde de ritmo binario sencillo, y adornarlo sólo con un estribillo melódico. No es que sean malos temas (la progresión armónica del estribillo de "Happiness" es bonita, y el estribillo efectivo), y con el bajo nivel global de la música de baile actual todos estamos acostumbrados a esa sobredosis de percusión sin notas a las que aferrarnos. Pero también sabemos que Neil Tennant y Chris Lowe son capaces de componer algo más que meros estribillos, y es imposible no echar de menos unas estrofas que completen el tema, un pasaje instrumental que lo complemente, o al menos unas sugestivas frases declamadas por Neil. Más recomendable es "The pop kids", el segundo tema y sencillo de presentación del disco. Que también adolece de unas estrofas sin mucho gancho (aunque al menos existen), pero la nostálgica letra sobre la influencia en la juventud del panorama musical de hace un cuarto de siglo y otro buen estribillo, junto a la correcta producción de Price mezclando sonidos contemporáneos y percusiones electrónicas de aquella época hace que la balanza se incline claramente a su favor.
Más discutible es el resultado de "Twenty-something", tercer corte y en mi opinión erróneamente escogido como segundo sencillo. No por tratarse de un medio tiempo, ni por utilizar esas armonías orquestales que tan bien han sabido históricamente usar, ni por su letra evocadora. Sino por esa instrumentación un tanto ramplona y ese ritmo de reggeaton acelerado. Igualmente se queda en correcto solamente "Groovy", el cuarto corte, nuevamente un tema rápido y bailable, con una mejor instrumentación (especialmente en lo que se refiere a la combinación de sintetizadores estridentes y pianos electrónicos), con unas estrofas y un estribillo decentes, pero al que le queda el poso de "hecha en la factoría", sin magia. "The dictator decides", en cambio, es uno de los mejores momentos del álbum: un claro intento por hacer uno de sus medios tiempos oscuros irónicos y sugerentes, muy en la línea de su "Dreaming of the Queen", con un elaborado comienzo de un minuto de duración que precede a la composición en sí, una melodía oscura, con samples de desfiles militares y una soprano en el tramo final, sus habituales teclados envolventes estructurando una brillante progresión armonica, y probablemente la mejor letra del álbum (un dictador que abiertamente narra cómo gestiona en realidad su régimen).
"Pazzo!" es el segundo de esos tres temas "a medio componer" a los que me refería antes, y quizá el menos interesante de ellos: un ritmo binario de tantos, sintetizadores estridentes y el recuerdo de los Chemical Brothers menos creativos (de hecho, ellos mismos parecen conscientes de ello, pues el tema dura menos de tres minutos). E "Inner sanctum" es el tercero de ellos y el más salvable, porque es el que combina las programaciones monocordes con una mayor componente armónica, incluyendo un nada original pero efectivo crescendo con los acordes de su atmosférico y efectivo estribillo. Aunque la auténtica joya del álbum es "Undertow", todo un derroche creativo desde su precioso comienzo propio de una banda sonora (que rescatan más adelante para construir el puente), hasta ese arpegio de sintetizador computerizado absolutamente adictivo sobre el que construyen un fantástico estribillo que es capaz de cambiar de tonalidad sin afectar al resultado, rematado además por dos elegantísimas estrofas dignas de "Miserabilism" o "The end of the world". Un tema que entusiasmará a sus fans de siempre y que en mi opinión es junto a "Flamboyant" y "Vocal" lo mejor que han creado en este siglo veintiuno.
El tercio final del álbum mantiene razonablemente bien el tipo. "Sad robot world" es la única balada del álbum. Y aunque no es una de las más inspiradas de su carrera, sí que puede mirar de frente a por ejemplo "To speak is a sin", con una batería y unos arreglos similares a aquella hasta que entra un sintetizador acelerado para rematar el conjunto, y una letra curiosa sobre las sensaciones de un robot en un mundo robotico. "Say it to me" es otro tema de pop bailable razonablemente inspirado, menos frío de lo habitual en el dúo (casi se diría que tiene influencias latinas a lo "Domino dancing", especialmente en el bajo sintetizado), cuya mejor baza es su trabajado estribillo, sabiamente realzado por un preeminente teclado. "Burn" es para mí el tercer mejor momento del álbum, un ejercicio de nostalgia que nos retrotrae a los comienzos del dúo, cuando dignificaron el italo-disco de la época como parte de su estilo (por momentos ese bajo trotón preeminente y esos timbales nos retrotraen a "Paninaro", los dubs de la parte nueva a las remezclas que les hacía el mago Shep Pettibone, y el teclado del estribillo a "In the night"). Sólo le falla que sea una progresión armónica sencilla y sin ninguna variación, y que la interpretación de Neil recurra a notas altas, faltándole un poco de contundencia a la melodía. Y para cerrar "Super" no se guardan ningún as en la manga, porque "Into thin air" es a pesar de su sección de cuerda al comienzo y de su sobredosis de teclados en el tramo final un medio tiempo un tanto anodino, lejos de otros cierres de estilo similar como "Jealousy" o "Footsteps".
A pesar de que sólo haya un tema realmente excepcional y dos o tres recomendables, creo que debe defendese "Super" como un álbum más que digno a estas altura de la carrera de Pet Shop Boys. Porque no hay ningún tema que desentone, porque hay siete u ocho estribillos bien trabajados, porque hay varias letras sugerentes, y porque hay una cohesión estilística suficiente y al mismo tiempo una variedad meritoria dentro de sus doce temas que hace que se escuche de principio a fin sin problemas. No les ganará nuevos adeptos, pero tampoco perderán muchos por el camino, lo que para dos sexagenarios que siguen haciendo música apta para jóvenes ya es mucho.
"Super" se había presentado durante su concepción como una prolongación de "Electric", su álbum de 2013: mismo co-productor (Stuart Price) y mismos parámetros (temas rápidos, bailables y razonablemente technificados, lejos de las veleidades acústicas o los ritmos más reposados a los que se han arrimado en otros momentos de su carrera). Aunque como ya reseñé en este mismo blog, lo que le fallaba a "Electric" no era su propuesta, sino las composiciones que lo debían sostener (se había publicado demasiado próximo en el tiempo a "Elysium" y no habían tenido tiempo de componer y descartar el suficiente número de temas). Por lo que tenía cierto recelo a escuchar "Super" y encontrarme con el mismo problem. Pero afortudamente han sabido enriquecer la propuesta de "Electric": sigue habiendo muchos temas bailables, pero están mejor compensados por medios tiempos y alguna balada, hay mayor dedicación a los textos y una mayor riqueza en los arreglos de alguna de sus doce canciones. E incluso una joya digna de sus mejores momentos.
No se trata sin embargo de un álbum redondo. Como se encarga de demostrar "Happiness", el tema que lo abre y primero de los tres del álbum que incurre en el mismo error: proponer un tema monocorde de ritmo binario sencillo, y adornarlo sólo con un estribillo melódico. No es que sean malos temas (la progresión armónica del estribillo de "Happiness" es bonita, y el estribillo efectivo), y con el bajo nivel global de la música de baile actual todos estamos acostumbrados a esa sobredosis de percusión sin notas a las que aferrarnos. Pero también sabemos que Neil Tennant y Chris Lowe son capaces de componer algo más que meros estribillos, y es imposible no echar de menos unas estrofas que completen el tema, un pasaje instrumental que lo complemente, o al menos unas sugestivas frases declamadas por Neil. Más recomendable es "The pop kids", el segundo tema y sencillo de presentación del disco. Que también adolece de unas estrofas sin mucho gancho (aunque al menos existen), pero la nostálgica letra sobre la influencia en la juventud del panorama musical de hace un cuarto de siglo y otro buen estribillo, junto a la correcta producción de Price mezclando sonidos contemporáneos y percusiones electrónicas de aquella época hace que la balanza se incline claramente a su favor.
Más discutible es el resultado de "Twenty-something", tercer corte y en mi opinión erróneamente escogido como segundo sencillo. No por tratarse de un medio tiempo, ni por utilizar esas armonías orquestales que tan bien han sabido históricamente usar, ni por su letra evocadora. Sino por esa instrumentación un tanto ramplona y ese ritmo de reggeaton acelerado. Igualmente se queda en correcto solamente "Groovy", el cuarto corte, nuevamente un tema rápido y bailable, con una mejor instrumentación (especialmente en lo que se refiere a la combinación de sintetizadores estridentes y pianos electrónicos), con unas estrofas y un estribillo decentes, pero al que le queda el poso de "hecha en la factoría", sin magia. "The dictator decides", en cambio, es uno de los mejores momentos del álbum: un claro intento por hacer uno de sus medios tiempos oscuros irónicos y sugerentes, muy en la línea de su "Dreaming of the Queen", con un elaborado comienzo de un minuto de duración que precede a la composición en sí, una melodía oscura, con samples de desfiles militares y una soprano en el tramo final, sus habituales teclados envolventes estructurando una brillante progresión armonica, y probablemente la mejor letra del álbum (un dictador que abiertamente narra cómo gestiona en realidad su régimen).
"Pazzo!" es el segundo de esos tres temas "a medio componer" a los que me refería antes, y quizá el menos interesante de ellos: un ritmo binario de tantos, sintetizadores estridentes y el recuerdo de los Chemical Brothers menos creativos (de hecho, ellos mismos parecen conscientes de ello, pues el tema dura menos de tres minutos). E "Inner sanctum" es el tercero de ellos y el más salvable, porque es el que combina las programaciones monocordes con una mayor componente armónica, incluyendo un nada original pero efectivo crescendo con los acordes de su atmosférico y efectivo estribillo. Aunque la auténtica joya del álbum es "Undertow", todo un derroche creativo desde su precioso comienzo propio de una banda sonora (que rescatan más adelante para construir el puente), hasta ese arpegio de sintetizador computerizado absolutamente adictivo sobre el que construyen un fantástico estribillo que es capaz de cambiar de tonalidad sin afectar al resultado, rematado además por dos elegantísimas estrofas dignas de "Miserabilism" o "The end of the world". Un tema que entusiasmará a sus fans de siempre y que en mi opinión es junto a "Flamboyant" y "Vocal" lo mejor que han creado en este siglo veintiuno.
El tercio final del álbum mantiene razonablemente bien el tipo. "Sad robot world" es la única balada del álbum. Y aunque no es una de las más inspiradas de su carrera, sí que puede mirar de frente a por ejemplo "To speak is a sin", con una batería y unos arreglos similares a aquella hasta que entra un sintetizador acelerado para rematar el conjunto, y una letra curiosa sobre las sensaciones de un robot en un mundo robotico. "Say it to me" es otro tema de pop bailable razonablemente inspirado, menos frío de lo habitual en el dúo (casi se diría que tiene influencias latinas a lo "Domino dancing", especialmente en el bajo sintetizado), cuya mejor baza es su trabajado estribillo, sabiamente realzado por un preeminente teclado. "Burn" es para mí el tercer mejor momento del álbum, un ejercicio de nostalgia que nos retrotrae a los comienzos del dúo, cuando dignificaron el italo-disco de la época como parte de su estilo (por momentos ese bajo trotón preeminente y esos timbales nos retrotraen a "Paninaro", los dubs de la parte nueva a las remezclas que les hacía el mago Shep Pettibone, y el teclado del estribillo a "In the night"). Sólo le falla que sea una progresión armónica sencilla y sin ninguna variación, y que la interpretación de Neil recurra a notas altas, faltándole un poco de contundencia a la melodía. Y para cerrar "Super" no se guardan ningún as en la manga, porque "Into thin air" es a pesar de su sección de cuerda al comienzo y de su sobredosis de teclados en el tramo final un medio tiempo un tanto anodino, lejos de otros cierres de estilo similar como "Jealousy" o "Footsteps".
A pesar de que sólo haya un tema realmente excepcional y dos o tres recomendables, creo que debe defendese "Super" como un álbum más que digno a estas altura de la carrera de Pet Shop Boys. Porque no hay ningún tema que desentone, porque hay siete u ocho estribillos bien trabajados, porque hay varias letras sugerentes, y porque hay una cohesión estilística suficiente y al mismo tiempo una variedad meritoria dentro de sus doce temas que hace que se escuche de principio a fin sin problemas. No les ganará nuevos adeptos, pero tampoco perderán muchos por el camino, lo que para dos sexagenarios que siguen haciendo música apta para jóvenes ya es mucho.
domingo, 17 de abril de 2016
Claire: "Raseiniai" (2015)
Como ya anticipé en mi entrada anterior, voy a reseñarles otro de los EPs que más me han gustado en los últimos meses. Se trata de "Raseiniai", de los alemanes Claire. Una banda de la que ya reseñe hace casi dos años su álbum de debut en este mismo blog. La verdad es que cuando anunciaron este EP me llevé una pequeña decepción, ya que yo esperaba era un álbum completo que reafirmara las muchas bondades de su opera prima. Pero no sé si porque no han tenido el tirón comercial que merecerían, o porque querían explorar nuevos sonidos como banda, el caso es que este EP de seis temas y veintesiete minutos es lo que han decidido publicar hace unos meses como continuación de aquel "The great escape".
"Raseiniai" no es un EP tan redondo como el "Hearts a gun" de Gypsy & The Cat que reseñé hace unos días. Pero sí que mantiene razonablemente el interés de principio a fin, y sobre todo cuenta con un tema excelente, que además les muestra claramente el camino por el que pueden expandir su propuesta artística. Se trata de la canción que abre el EP "What we are made of", que abandona sus medios tiempos característicos y acelera el ritmo pero manteniendo ese estilo oscuro, un tanto frío, tan habitual en la música alemana. Y que va penetrando sin estridencias, creciendo poco a poco, haciéndonos creer que será un tema instrumental sin serlo, terminando por ser obsesivo y casi casi adictivo. Y eso que la progresión armónica en la que se basa es relativamente sencilla. Pero la inteligencia a la hora de sacarle partido es evidente.
El resto del EP como decía se sitúa a un nivel inferior. Empezando por "Calling out", segundo corte y el tema que mejor enlaza estilísticamente con su álbum de debut, del que podría haber formado parte sin problema, por su ritmo menos acelerado que su precedente y su melodía pop sobre una base electrónica marca de la casa. Aunque los compases monocordes o a dos acordes que intercalan entre las distintas partes evidencian que los alemanes se han tomado en serio el intento por "actualizar" su sonido. "The secret", el tercer tema, es para mí el segundo mejor momento del álbum, con ese "bajo trotón" que tan bien saben explotar, y un doble estribillo que, a pesar de que Claire Buerkle sólo canta en su segunda mitad, paradójicamente endulza la melodía de las estrofas con una sugerente selección de notas y un acompañamiento diferente.
La segunda mitad del EP es más floja que la primera. En especial el cuarto corte, "Open arms", que tampoco canta Claire y supone un poco acertado intento de mezclar una balada con piano clásica, un colchón futurista de sintetizadores y una melodía que pretende ser emotiva sin conseguirlo. Le sigue "Collider", un tema más reconocible en el sonido de la banda y razonablemente inspirado: insisten con un principio muy largo, que va atrapando poco a poco como en "What we are made of", para que cuando finalmente llega la voz, descubramos que no hay una estructura tradicional de estrofas y estribillo, sino un continuo instrumental bastante atrevido y original, aderezado con fraseos puntuales de Buerkle. Y "Stay with you" cierra el EP con el segundo tema más genuinamente reconocible: un tema correcto que tiene en la excelente batería de Fridolin Achten y en el toque intimista del estribillo de la entrada al estribillo sus dos mayores aciertos.
Con lo cual puede decirse que el EP cumple con éxito dos funciones: contentar suficientemente a los seguidores de la banda, entre los que me incluyo, y explorar el suficiente número de alternativas para que su sonido no se agote por limitado en su segundo álbum. Esperemos que para el mismo sepan reconocer los aciertos de este EP y apostar por ellos. Y hablando de aciertos, mencionar también que todo el EP está acompañado de un cortometraje en cuatro capítulos disponible en Youtube, lo que constituye una forma original y creativa de acompañar estos seis temas.
"Raseiniai" no es un EP tan redondo como el "Hearts a gun" de Gypsy & The Cat que reseñé hace unos días. Pero sí que mantiene razonablemente el interés de principio a fin, y sobre todo cuenta con un tema excelente, que además les muestra claramente el camino por el que pueden expandir su propuesta artística. Se trata de la canción que abre el EP "What we are made of", que abandona sus medios tiempos característicos y acelera el ritmo pero manteniendo ese estilo oscuro, un tanto frío, tan habitual en la música alemana. Y que va penetrando sin estridencias, creciendo poco a poco, haciéndonos creer que será un tema instrumental sin serlo, terminando por ser obsesivo y casi casi adictivo. Y eso que la progresión armónica en la que se basa es relativamente sencilla. Pero la inteligencia a la hora de sacarle partido es evidente.
El resto del EP como decía se sitúa a un nivel inferior. Empezando por "Calling out", segundo corte y el tema que mejor enlaza estilísticamente con su álbum de debut, del que podría haber formado parte sin problema, por su ritmo menos acelerado que su precedente y su melodía pop sobre una base electrónica marca de la casa. Aunque los compases monocordes o a dos acordes que intercalan entre las distintas partes evidencian que los alemanes se han tomado en serio el intento por "actualizar" su sonido. "The secret", el tercer tema, es para mí el segundo mejor momento del álbum, con ese "bajo trotón" que tan bien saben explotar, y un doble estribillo que, a pesar de que Claire Buerkle sólo canta en su segunda mitad, paradójicamente endulza la melodía de las estrofas con una sugerente selección de notas y un acompañamiento diferente.
La segunda mitad del EP es más floja que la primera. En especial el cuarto corte, "Open arms", que tampoco canta Claire y supone un poco acertado intento de mezclar una balada con piano clásica, un colchón futurista de sintetizadores y una melodía que pretende ser emotiva sin conseguirlo. Le sigue "Collider", un tema más reconocible en el sonido de la banda y razonablemente inspirado: insisten con un principio muy largo, que va atrapando poco a poco como en "What we are made of", para que cuando finalmente llega la voz, descubramos que no hay una estructura tradicional de estrofas y estribillo, sino un continuo instrumental bastante atrevido y original, aderezado con fraseos puntuales de Buerkle. Y "Stay with you" cierra el EP con el segundo tema más genuinamente reconocible: un tema correcto que tiene en la excelente batería de Fridolin Achten y en el toque intimista del estribillo de la entrada al estribillo sus dos mayores aciertos.
Con lo cual puede decirse que el EP cumple con éxito dos funciones: contentar suficientemente a los seguidores de la banda, entre los que me incluyo, y explorar el suficiente número de alternativas para que su sonido no se agote por limitado en su segundo álbum. Esperemos que para el mismo sepan reconocer los aciertos de este EP y apostar por ellos. Y hablando de aciertos, mencionar también que todo el EP está acompañado de un cortometraje en cuatro capítulos disponible en Youtube, lo que constituye una forma original y creativa de acompañar estos seis temas.
domingo, 10 de abril de 2016
Gypsy & The Cat: "Hearts a gun" (2015)
El formato EP (por sus siglas en inglés Extended Play) ha sido históricamente poco apreciado y difícil de vender: a medio camino entre el sencillo y el álbum, su sensación de demasiado largo para ser encasillado como sencillo y demasiado corto para venderlo a precio de álbum lo ha arrinconado al ámbito de lo minoritario. Afortunadamente, desde hace unos años internet ha venido también al rescate de los EPs, ya que pueden adquirirse en las tiendas habituales y reciben suficiente anterior por parte de webs y blogs especializados. Por eso en las próximas dos entradas voy a reseñar dos de mis EPs favoritos de los últimos meses: el de los alemanes Claire, cuyo álbum de debut ya reseñé en este mismo blog, y el de los australianos Gypsy & The Cat, del que les hablaré a continuación.
Gypsy & The Cat es un dúo formado por Xavier Bacash y Lionel Towers, que debutaron en 2010 y han lanzado hasta la fecha dos álbumes de estudio más este excelente EP, "Hearts a gun", que vio la luz hace tan sólo unos meses. Pese a ser una banda que he seguido con interés desde sus inicios, nunca hasta ahora habían terminado de convencerme. Y de hecho, a lo largo de 2015 y al margen de este EP han lanzado otres sencillos, ninguno de los cuales raya en mi opinión a la misma altura de este EP: "Climb into the music", es correcta pero le perjudica un estribillo demasiado obvio; "Can't stop me now" se ve lastrada por su percusión deudora de los sesenta; y "Lost control" tiene una estrofa digna de este EP pero un estribillo mucho más flojo. Por contra, "Hearts a gun" sorprende por su nivel medio muy alto, tanto a nivel compositivo como instrumental, aparte de exhibir una cohesión y una personalidad incontestables en apenas veintitrés minutos.
"Hearts a gun", la canción que titula y abre el EP, es una sensacional muestra de pop contemporáneo, desde su aparentemente manido pero efectivo silbido, el cual anticipa la melodía de su maravilloso estribillo. Un estribillo que llega sin muchos preámbulos y que crece un poco más con cada repetición, gracias a sus sintetizadores en un discreto segundo plano y un tramo instrumental final realmente conseguido. "Red wine & cigarettes", el segundo corte, baja un escalón respecto al anterior aunque sigue siendo un buen tema, que evoca la atmósfera del océano que baña Melbourne, con un estribillo no tan inspirado pero contagioso, adornado con una especie de gaviotas electrónicas y una no fácilmente detectable guitarra.
"Evolution" fue el sencillo que se extrajo del álbum. Interpretado junto a la también banda australiana Client Liaison, formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2015: una elegante muestra de lo que puede ser el pop de 2015: mirando de reojo a las melodías de los ochenta, pero sin desaprovechar todas las posibilidades instrumentales existentes actualmente: los australianos juntan sin que se estorben guitarras acústica y eléctrica, teclados envolventes, un pequeño arpegio de bajo que remata el estribillo, sintetizadores que marcan las notas al estilo clásico y certeras percusiones electrónicas adornando. Además, sobre una progresión armónica muy acertada despliegan una melodía prácticamente perfecta, que ya desde la entrada al estribillo ("I am the life that defines evolution...") transporta al oyente como sólo puede hacerlo el mejor pop intemporal.
Pero es que la segunda mitad del EP mantiene el listón: "Wasted days" está construida sobre otra inspirada progresión armónica, realzada en partes instrumentales y estribillos por un excelente arpegio de piano. La oscura estrofa y el estribillo de una sola frase completan la composición sin desentonar, y el bajo sintetizado se mezcla con una excelente batería. "Fire" es si cabe superior, con ese explosivo y subyugante comienzo, nuevamente sobre otra excepcional progresión armónica marcada por el bajo sintetizado. Y que tras una estrofa correcta y una precisa entrada culmina en otro formidable estribillo, que vuelve a retrotraernos a los ochenta sin resultar demasiado obvio. Solamente el último corte, "Sunday", se sitúa en lo que podríamos denominar correcto: mucho más reiterativa y expansiva, con un claro predominio instrumental, al menos logra con su piano electrónico evocar la desidia de una tarde de domingo en la costa australiana.
Con lo cual al terminar la escucha la sensación que queda es la de que ha habido tantos momentos de calidad como en la mayoría de los álbumes que reseño en este mismo blog: tres temas excelentes, dos muy buenos y uno correcto. Así que el hecho de que se trate de un EP queda totalmente en segundo plano. Aunque sí queda la duda de por dónde "tirarán2 en su siguiente álbum: si por la línea más retro de sus sencillos de 2015, o por la línea de pop contemporáneo de este EP; espero fervientemente que sea por lo segundo.
Gypsy & The Cat es un dúo formado por Xavier Bacash y Lionel Towers, que debutaron en 2010 y han lanzado hasta la fecha dos álbumes de estudio más este excelente EP, "Hearts a gun", que vio la luz hace tan sólo unos meses. Pese a ser una banda que he seguido con interés desde sus inicios, nunca hasta ahora habían terminado de convencerme. Y de hecho, a lo largo de 2015 y al margen de este EP han lanzado otres sencillos, ninguno de los cuales raya en mi opinión a la misma altura de este EP: "Climb into the music", es correcta pero le perjudica un estribillo demasiado obvio; "Can't stop me now" se ve lastrada por su percusión deudora de los sesenta; y "Lost control" tiene una estrofa digna de este EP pero un estribillo mucho más flojo. Por contra, "Hearts a gun" sorprende por su nivel medio muy alto, tanto a nivel compositivo como instrumental, aparte de exhibir una cohesión y una personalidad incontestables en apenas veintitrés minutos.
"Hearts a gun", la canción que titula y abre el EP, es una sensacional muestra de pop contemporáneo, desde su aparentemente manido pero efectivo silbido, el cual anticipa la melodía de su maravilloso estribillo. Un estribillo que llega sin muchos preámbulos y que crece un poco más con cada repetición, gracias a sus sintetizadores en un discreto segundo plano y un tramo instrumental final realmente conseguido. "Red wine & cigarettes", el segundo corte, baja un escalón respecto al anterior aunque sigue siendo un buen tema, que evoca la atmósfera del océano que baña Melbourne, con un estribillo no tan inspirado pero contagioso, adornado con una especie de gaviotas electrónicas y una no fácilmente detectable guitarra.
"Evolution" fue el sencillo que se extrajo del álbum. Interpretado junto a la también banda australiana Client Liaison, formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2015: una elegante muestra de lo que puede ser el pop de 2015: mirando de reojo a las melodías de los ochenta, pero sin desaprovechar todas las posibilidades instrumentales existentes actualmente: los australianos juntan sin que se estorben guitarras acústica y eléctrica, teclados envolventes, un pequeño arpegio de bajo que remata el estribillo, sintetizadores que marcan las notas al estilo clásico y certeras percusiones electrónicas adornando. Además, sobre una progresión armónica muy acertada despliegan una melodía prácticamente perfecta, que ya desde la entrada al estribillo ("I am the life that defines evolution...") transporta al oyente como sólo puede hacerlo el mejor pop intemporal.
Pero es que la segunda mitad del EP mantiene el listón: "Wasted days" está construida sobre otra inspirada progresión armónica, realzada en partes instrumentales y estribillos por un excelente arpegio de piano. La oscura estrofa y el estribillo de una sola frase completan la composición sin desentonar, y el bajo sintetizado se mezcla con una excelente batería. "Fire" es si cabe superior, con ese explosivo y subyugante comienzo, nuevamente sobre otra excepcional progresión armónica marcada por el bajo sintetizado. Y que tras una estrofa correcta y una precisa entrada culmina en otro formidable estribillo, que vuelve a retrotraernos a los ochenta sin resultar demasiado obvio. Solamente el último corte, "Sunday", se sitúa en lo que podríamos denominar correcto: mucho más reiterativa y expansiva, con un claro predominio instrumental, al menos logra con su piano electrónico evocar la desidia de una tarde de domingo en la costa australiana.
Con lo cual al terminar la escucha la sensación que queda es la de que ha habido tantos momentos de calidad como en la mayoría de los álbumes que reseño en este mismo blog: tres temas excelentes, dos muy buenos y uno correcto. Así que el hecho de que se trate de un EP queda totalmente en segundo plano. Aunque sí queda la duda de por dónde "tirarán2 en su siguiente álbum: si por la línea más retro de sus sencillos de 2015, o por la línea de pop contemporáneo de este EP; espero fervientemente que sea por lo segundo.
lunes, 28 de marzo de 2016
El panorama musical español en 2015
Un año más, y como ya es costumbre, he decidido dedicar una entrada al panorama musical español durante el pasado año 2015. Un panorama que en mi opinión no sólo sigue en encefalograma plano, sino que parece caer un poco más cada año. Veamos por qué.
En el ámbito meramente comercial la situación sigue en estado comatoso: los álbumes de artistas hispanoamericanos o que cantan en español ha vuelto a ganar por abrumadora mayoría en 2015 (nada menos que 39 de los 50 más vendidos) a los artistas que cantan en otros idiomas y anglosajones (que, nos guste o no, siempre aportarán un número mayor de propuestas interesantes, aunque sólo sea por la cantidad de álbumes publicados). Apenas Adele se cuela entre los cinco más vendidos (aunque muy lejos de arrasar como ha hecho a nivel mundial). Y hay que llegar al puesto 56 para encontrar a la segunda gran triunfadora del año, Taylor Swift. Idéntica suerte corren otros intérpretes de referencia en el conjunto del planeta como Ed Sheeran o Sam Smith. Sólo Justin Bieber logró un éxito medianamente asemejable al obtenido a nivel interacional, lo que reafirma mi impresión de que únicamente aquellos que tienen un club de fans potente entre las adolescentes son capaces de lograr que los aficionados se gasten unos euros en ellos.
Descorazonador es que el álbum más vendido haya sido "Sirope" de Alejandro Sanz, que repite en su fórmula conservadora y escasa de inspiración. Descorazonador es que predominen los álbumes de artistas concebidos para un público infantil o pre-adolescente (dos álbumes de Gemeliers, dos de Sweet California, dos de Abraham Mateo...). Descorazonador es que entre los escasos artistas internacionales de la lista haya exponentes de un tipo de rock que fue grande a principios de los 80 pero que ahora está ya más que agotado (AC/DC, Iron Maiden). Pero lo más descorazonador es que entre los cincuenta primeros álbumes no encontremos ni a un solo artista que haya debutado en el panorama musical internacional en 2015 (justo cuando más música se publica). A todo lo cual hay que sumar la escasa presencia de la música de actualidad en la televisión y su menguante presencia en las radios privadas, quedando únicamente internet (con Spotify y Youtube a la cabeza) como fuente de nuevas propuestas.
En la música alternativa la cosa no ha ido mucho mejor. Ni un solo artista entre los cincuenta más vendidos en España. Tampoco han abundado en exceso las nuevas entregas de artistas consagrados en este mundillo (Joe Crepúsculo, Christina Rosenvinge, Fernando Alfaro...). Ni siquiera La Bien Querida consiguió repetir su certero "A veces ni eso" de 2013 con ninguno de los temas de su esperado "Premeditación, nocturnidad y alevosía". Aunque puestos a resaltar algún debut, el de Soleá Morente con ese "Todavía" compuesto precisamente por La Bien Querida tal vez sea lo más interesante que he descubierto en los últimos doce meses: ese pop aflamencado luminoso y correctamente realzado gracias a su original violín.
Con lo que para mí lo más interesante en el panorama español en este 2015 que nos dejó hace un par de meses ha sido el retorno de Najwajean. Y no me refiero a que hayan vuelto a entregar un álbum de estudio, algo que ya hicieron en 2008 con su opaco "Till it breaks", sino a que realmente han retornado a la música electrónica de vanguardia de la que fueron pioneros en 1998 con su legendario "No blood". No es que "Bonzo" sea un gran álbum (y su elección como sencillo me parece realmente desafortunada) pero sí que les permite recuperar plenamente su personalidad, y merced a las programaciones de Carlos Jean y a la buena pronunciación de Najwa Nimri, entregar un sonido más contemporáneo, pulido y bien interpretado que cualquier otro artista en España. Y que no tiene nada que envidiar a cualquier otra producción realizada allende nuestras fronteras. Lástima que no sólo para el gran público sino para gran parte de la crítica especializada haya pasado tan desapercibido.
En el ámbito meramente comercial la situación sigue en estado comatoso: los álbumes de artistas hispanoamericanos o que cantan en español ha vuelto a ganar por abrumadora mayoría en 2015 (nada menos que 39 de los 50 más vendidos) a los artistas que cantan en otros idiomas y anglosajones (que, nos guste o no, siempre aportarán un número mayor de propuestas interesantes, aunque sólo sea por la cantidad de álbumes publicados). Apenas Adele se cuela entre los cinco más vendidos (aunque muy lejos de arrasar como ha hecho a nivel mundial). Y hay que llegar al puesto 56 para encontrar a la segunda gran triunfadora del año, Taylor Swift. Idéntica suerte corren otros intérpretes de referencia en el conjunto del planeta como Ed Sheeran o Sam Smith. Sólo Justin Bieber logró un éxito medianamente asemejable al obtenido a nivel interacional, lo que reafirma mi impresión de que únicamente aquellos que tienen un club de fans potente entre las adolescentes son capaces de lograr que los aficionados se gasten unos euros en ellos.
Descorazonador es que el álbum más vendido haya sido "Sirope" de Alejandro Sanz, que repite en su fórmula conservadora y escasa de inspiración. Descorazonador es que predominen los álbumes de artistas concebidos para un público infantil o pre-adolescente (dos álbumes de Gemeliers, dos de Sweet California, dos de Abraham Mateo...). Descorazonador es que entre los escasos artistas internacionales de la lista haya exponentes de un tipo de rock que fue grande a principios de los 80 pero que ahora está ya más que agotado (AC/DC, Iron Maiden). Pero lo más descorazonador es que entre los cincuenta primeros álbumes no encontremos ni a un solo artista que haya debutado en el panorama musical internacional en 2015 (justo cuando más música se publica). A todo lo cual hay que sumar la escasa presencia de la música de actualidad en la televisión y su menguante presencia en las radios privadas, quedando únicamente internet (con Spotify y Youtube a la cabeza) como fuente de nuevas propuestas.
En la música alternativa la cosa no ha ido mucho mejor. Ni un solo artista entre los cincuenta más vendidos en España. Tampoco han abundado en exceso las nuevas entregas de artistas consagrados en este mundillo (Joe Crepúsculo, Christina Rosenvinge, Fernando Alfaro...). Ni siquiera La Bien Querida consiguió repetir su certero "A veces ni eso" de 2013 con ninguno de los temas de su esperado "Premeditación, nocturnidad y alevosía". Aunque puestos a resaltar algún debut, el de Soleá Morente con ese "Todavía" compuesto precisamente por La Bien Querida tal vez sea lo más interesante que he descubierto en los últimos doce meses: ese pop aflamencado luminoso y correctamente realzado gracias a su original violín.
Con lo que para mí lo más interesante en el panorama español en este 2015 que nos dejó hace un par de meses ha sido el retorno de Najwajean. Y no me refiero a que hayan vuelto a entregar un álbum de estudio, algo que ya hicieron en 2008 con su opaco "Till it breaks", sino a que realmente han retornado a la música electrónica de vanguardia de la que fueron pioneros en 1998 con su legendario "No blood". No es que "Bonzo" sea un gran álbum (y su elección como sencillo me parece realmente desafortunada) pero sí que les permite recuperar plenamente su personalidad, y merced a las programaciones de Carlos Jean y a la buena pronunciación de Najwa Nimri, entregar un sonido más contemporáneo, pulido y bien interpretado que cualquier otro artista en España. Y que no tiene nada que envidiar a cualquier otra producción realizada allende nuestras fronteras. Lástima que no sólo para el gran público sino para gran parte de la crítica especializada haya pasado tan desapercibido.
lunes, 14 de marzo de 2016
School Of Seven Bells: "SVIIB" (2016)
El cuarto álbum de los neoyorkinos School Of Seven Bells es especial por muchos sentidos. Por encima de todos, por ser el punto y final de su carrera: la muerte a causa de un linfoma en 2013 de Benjamin Curtis, pareja de Alejandra Deheza y mitad del dúo desde que en 2010 Claudia Deheza abandonara la banda, paralizó el proceso de creación de las composiciones del que iba a ser la continuación de "Ghostory" (2012), y poco menos que cercenó su trayectoria como banda. Pero también porque, tras sobreponerse a tan tremendo golpe y recuperando y puliendo las demos grabadas por ambos en los últimos meses de vida de Curtis, Alejandra no sólo ha conseguido finalmente completar el álbum, sino que ha entregado el que es de lejos su disco más meritorio, enriqueciendo su dream-pop de fraseos susurrantes marca de la casa con un "muro de sonido" lleno de reverberaciones y mayores dosis de synth-pop que sus predecesores.
Siendo Alejandra más que nada una cantante, a ello ha contribuido decisivamente Justin Meldal-Johnsen, co-productor de "SVIIB" y principal responsable de ese nuevo sonido más redondo y contemporáneo pero a la vez respetuoso con el pasado de la banda. Lo cual no significa que "SVIIB" sea intachable, puesto que aunque sus primeros temas y el que lo cierra rayan a un nivel alto, su tramo intermedio flaquea un tanto. Pero sí pienso que con este álbum School Of Seven Bells dan el salto definitivamente a la primera división de las bandas estadounidenses. Por razones plenamente comprensibles son tan sólo 9 temas y 42 minutos, que más que como colección de canciones dispersas funciona como un todo homogéneo y sin embargo lo suficientemente variado en su propuesta, con las distintas fases por las que atravesó la relación sentimental de Alejandra y Benjamin como hilo conductor. Y con una sorprendente preferencia por los temas luminosos, los acordes mayores y un tono general optimista, quizá como forma de pasar página tras tan trágico desenlace.
Un buen ejemplo, a la vez que probablemente el mejor tema del disco, es "Ablaze", el corte que lo abre y segundo sencillo. Con un principio tan elaborado como el del resto de canciones, es un tema de power pop vitalista y atmosférico, construido sobre los inevitables bajo, guitarra y batería pero con loops de sintetizadores que rellenan inteligentemente el espectro, y con una letra que ensalza el efecto positivo del amor. Aunque también refleja uno de los principales fallos del disco: la tendencia de Alejandra a doblarse en exceso su voz (incluso dentro del mismo verso). Un escalón por debajo pero aún a un buen nivel se sitúa "On my heart", el sencillo actual, también luminoso pero más sintético que el anterior, con otro principio muy elaborado y una atmósfera envolvente que recuerda a las que creaba hace veinte años Andy Weatherall.
El álbum sigue por buen camino con "Open your eyes", el sencillo que anticipó el álbum a finales de 2015, un medio tiempo con otro excelente principio que va creciendo hasta dar cabida a una melodía de versos casi enlazados en las estrofas que desembocar a un estribillo que se acabará convirtiendo en doble, antes de rematar con una parte nueva y una coda final (lo que evidencia que estamos ante temas realmente trabajados a nivel compositivo, y no sólo a recortes de demos más o menos enlazados). "A thousand times more" retoma la senda guitarrera habitual en sus anteriores entregas, en otro tema rápido y optimista con unas estrofas correctas, una entrada al estribillo larga y bien creada y un estribillo de una sola frase pero bien realzado por un oportuno sintetizador. Y la sorpresa de un cambio de estructura a partir del segundo estribillo.
Sin embargo a partir de aquí SVIIB decae apreciablemente: "Elias" parece el retorno de los One Dove con su ritmo cadencioso y su elaborada composición, pero abusa de voces dobladas y el estribilo es solamente correcto. "Signals" es el tema que más se deja influir por el pop sintético que arrasa actualmente en las listas (desde Halsey a Taylor Swift), pero la melodía de las estrofas es demasiado simple y el estribillo guitarrero resulta demasiado etéreo. "Music takes me" recuerda mucho a las programaciones simples y efectivas de M-83 (se nota que Meldal-Johnsen trabajó también con el francés), y funciona aceptablemente en su rol de tema más experimental del álbum, sobre todo a partir de las guitarras reproducidas al revés que dan pie a una futurista parte nueva, pero no engancha tanto como los primeros temas del álbum. Y la trémula y un tanto insípida "Confusion" podría haber sido el cierre del álbum con su atmósfera onírica, su ausencia completa de ritmo y sus sentidas confesiones, pero Alejandra se guarda para el final el último gran momento del álbum, ese "This is our time" que ya habían desvelado en directo meses antes de la muerte de Curtis (cuando aún ni siquiera la dominaban del todo), que atrapa con su sencillo y sin embargo precioso arpegio de sintetizador en estribillo y partes instrumentales, y sobre todo con ese premonitorio "Our time is undestructible..." que Alejandra repite como amarga y a la vez espeluznante premonición de lo que debería afrontar meses más tarde.
Porque al terminar la escucha lo que da la impresión es que Alejandra ha recurrido al material que habían grabado a finales de 2012 para crear un sentido homenaje a su pareja desde que se conocieron y formaron la banda hasta este capítulo póstumo. Casi como una promesa de seguir para adelante cuando Curtis no estuviera. Como además cuenta con los suficientes puntos álgidos como para recomendarlo, se trata a la vez de un álbum razonablemente disfrutable y un meritorio punto y final. Lástima que su trayectoria acabe aquí: daba la impresión de que estaban a punto de dar el gran salto.
Siendo Alejandra más que nada una cantante, a ello ha contribuido decisivamente Justin Meldal-Johnsen, co-productor de "SVIIB" y principal responsable de ese nuevo sonido más redondo y contemporáneo pero a la vez respetuoso con el pasado de la banda. Lo cual no significa que "SVIIB" sea intachable, puesto que aunque sus primeros temas y el que lo cierra rayan a un nivel alto, su tramo intermedio flaquea un tanto. Pero sí pienso que con este álbum School Of Seven Bells dan el salto definitivamente a la primera división de las bandas estadounidenses. Por razones plenamente comprensibles son tan sólo 9 temas y 42 minutos, que más que como colección de canciones dispersas funciona como un todo homogéneo y sin embargo lo suficientemente variado en su propuesta, con las distintas fases por las que atravesó la relación sentimental de Alejandra y Benjamin como hilo conductor. Y con una sorprendente preferencia por los temas luminosos, los acordes mayores y un tono general optimista, quizá como forma de pasar página tras tan trágico desenlace.
Un buen ejemplo, a la vez que probablemente el mejor tema del disco, es "Ablaze", el corte que lo abre y segundo sencillo. Con un principio tan elaborado como el del resto de canciones, es un tema de power pop vitalista y atmosférico, construido sobre los inevitables bajo, guitarra y batería pero con loops de sintetizadores que rellenan inteligentemente el espectro, y con una letra que ensalza el efecto positivo del amor. Aunque también refleja uno de los principales fallos del disco: la tendencia de Alejandra a doblarse en exceso su voz (incluso dentro del mismo verso). Un escalón por debajo pero aún a un buen nivel se sitúa "On my heart", el sencillo actual, también luminoso pero más sintético que el anterior, con otro principio muy elaborado y una atmósfera envolvente que recuerda a las que creaba hace veinte años Andy Weatherall.
El álbum sigue por buen camino con "Open your eyes", el sencillo que anticipó el álbum a finales de 2015, un medio tiempo con otro excelente principio que va creciendo hasta dar cabida a una melodía de versos casi enlazados en las estrofas que desembocar a un estribillo que se acabará convirtiendo en doble, antes de rematar con una parte nueva y una coda final (lo que evidencia que estamos ante temas realmente trabajados a nivel compositivo, y no sólo a recortes de demos más o menos enlazados). "A thousand times more" retoma la senda guitarrera habitual en sus anteriores entregas, en otro tema rápido y optimista con unas estrofas correctas, una entrada al estribillo larga y bien creada y un estribillo de una sola frase pero bien realzado por un oportuno sintetizador. Y la sorpresa de un cambio de estructura a partir del segundo estribillo.
Sin embargo a partir de aquí SVIIB decae apreciablemente: "Elias" parece el retorno de los One Dove con su ritmo cadencioso y su elaborada composición, pero abusa de voces dobladas y el estribilo es solamente correcto. "Signals" es el tema que más se deja influir por el pop sintético que arrasa actualmente en las listas (desde Halsey a Taylor Swift), pero la melodía de las estrofas es demasiado simple y el estribillo guitarrero resulta demasiado etéreo. "Music takes me" recuerda mucho a las programaciones simples y efectivas de M-83 (se nota que Meldal-Johnsen trabajó también con el francés), y funciona aceptablemente en su rol de tema más experimental del álbum, sobre todo a partir de las guitarras reproducidas al revés que dan pie a una futurista parte nueva, pero no engancha tanto como los primeros temas del álbum. Y la trémula y un tanto insípida "Confusion" podría haber sido el cierre del álbum con su atmósfera onírica, su ausencia completa de ritmo y sus sentidas confesiones, pero Alejandra se guarda para el final el último gran momento del álbum, ese "This is our time" que ya habían desvelado en directo meses antes de la muerte de Curtis (cuando aún ni siquiera la dominaban del todo), que atrapa con su sencillo y sin embargo precioso arpegio de sintetizador en estribillo y partes instrumentales, y sobre todo con ese premonitorio "Our time is undestructible..." que Alejandra repite como amarga y a la vez espeluznante premonición de lo que debería afrontar meses más tarde.
Porque al terminar la escucha lo que da la impresión es que Alejandra ha recurrido al material que habían grabado a finales de 2012 para crear un sentido homenaje a su pareja desde que se conocieron y formaron la banda hasta este capítulo póstumo. Casi como una promesa de seguir para adelante cuando Curtis no estuviera. Como además cuenta con los suficientes puntos álgidos como para recomendarlo, se trata a la vez de un álbum razonablemente disfrutable y un meritorio punto y final. Lástima que su trayectoria acabe aquí: daba la impresión de que estaban a punto de dar el gran salto.
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