Para mí uno de los álbumes que más expectación despertaba en 2017 era el retorno de los alemanes Claire. Que pasa por ser una de las debilidades de este humilde blog desde que descubrí y reseñé "The great escape", su meritorio álbum de debut allá por 2013. Desde entonces el quinteto alemán ha alargado el momento de entregar el temido segundo álbum durante cuatro largos años, si bien es cierto que hicieron la espera más llevadera con "Raseiniai", su EP de finales de 2015 que incidía en muchas de las virtudes de su debut a la vez que expandía su propuesta, y que también reseñé en este mismo blog. Pero no ha sido hasta hace unas pocas semanas que ha visto la luz este "Tidal", que ya adelanto los confirma como uno de las bandas de mayor calidad del momento. Aunque hay algunas sombras que hacen que el álbum no sea todo lo redondo que podría haber sido.
El álbum muestra al quintento más seguro de sus posibilidades instrumentales, y prácticamente todos los temas son explotados al máximo, con duraciones que por tanto suelen ser altas. Al mismo tiempo evitan caer en la tentación de sobreproducir las canciones, empleando siempre el número justo de instrumentos para no sólo poder apreciarlos mejor individualmente, sino también aumentar la sensación de interpretación en directo al escucharlos. Ambos aciertos son decisivos para ensalzar unas composiciones en su mayoría inspiradas, con un menor peso de los medios tiempos que en anteriores entregas, y con los guiños suficientes a los sonidos más de moda para alejar los fantasmas de otras décadas. Aderezados además por la voz de Claire Buerkle, que ha crecido desde su debut para saber emocionar en cada perla del pop atemporal de la banda pese a su aparente gelidez germánica.
Una buena muestra de todo ello es "Friendly fire", el primer sencillo y tema con el que se abre el álbum: un tema rápido, directo, al principio casi espartano, una composición elaborada y con partes claramente diferenciadas que saben enlazar perfectamente con su estribillo clásico y disfrutable. Aunque quizá quede un escalón inferior de "Broken promised land" (el tema que abría su álbum de debut y el sencillo que les dio a conocer al gran público), lo cual siempre es peligroso a la hora de defender el siempre decisivo segundo álbum. Las sombras a las que me refería antes comienzan con "End up here", el segundo corte. No porque se trate de una mala composición o desentone con el estilo del álbum (de hecho es una buena composición, la instrumentación está muy conseguida dentro de su contención y el tono es relativamente luminoso), sino porque después de un comienzo tan rápido es una bajada de tempo brusca, y hace que el melómano se cuestione si el ritmo elevado de su sencilo de presentación es sólo un espejismo. Y la pregunta parece tener respuesta afirmativa, porque "No way to save it", siguiente corte, es incluso más lenta y se encuadra claramente dentro de los parámetros de una balada clásica. Eso sí, es una composición muy bonita, con otra gran instrumentación (especialmente en el colchón de sintetizadores en crescendo con el que envuelven la voz de Claire en el estribillo y en la sobredosis de percusiones distorsionadas a mitad del tema), y en otro punto del álbum habría resplandecido.
Pero es que "Two steps back", el cuarto corte, vuelve a ser otro tema lento, inclinando en apariencia la balanza hacia un álbum muy pausado, casi "de madurez", en innegable contraste con su comienzo. Aunque se trata de otra excelente canción, con un estribillo de una frialdad emocionante y unos intervalos instrumentales presididos por un sintetizador que podría haber firmado Tygo. Y justo cuando ya nos disponemos a tumbarnos en el salón de nuestra casa para adaptarnos a la propuesta surgen el teclado rápido y el bombo que marcan el ritmo binario de "Say it" y nos vuelven a desconcertar. Aunque se trata de otro momento recomendable, sobre otra progresión armónica inspirada y bien desarrollada, en el que destaca la manera como mezclan los samplings, el bajo sintetizado, el sintetizador principal y la percusión después de cada estribillo. Y el descoloque es completo cuando, sin apenas preludio, Claire empieza a entonar la melodía de "Burn", otro tema de tempo alto, bailable, y probablemente mi favorito de todo el álbum: una excelente progresión armónica rematada por una melodía que no le va a la zaga, un equilibrio certero entre los distintos instrumentos y guiños contemporáneos como el crescendo antes del segundo estribillo o el gélido e inesperadamente largo interludio instrumental.
Tras dos temas tan trepidantes sí tiene sentido situar un medio tiempo de percusión marcada ("Masquerade"), aunque éste sorprenda por el predominio de las guitarras y su coqueteo con el funky, y acabe resultando uno de los momentos menos brillantes del álbum. La magia regresa con "Drowning", otra gran canción, que comienza como una balada en la que el silencio es casi tan esencial como la música, y va creciendo hasta convertirse en el primer estribillo en otro tema bailable que no renuncia a situar la guitarra eléctrica en primer plano, ni a la emocionante intepretación de Claire. "Back to shore" regresa, muchos temas después, al tempo pausado y las atmósferas evocadoras, recordando mucho a algunas de las composiciones de su álbum de debut, aunque con una mayor vocación experimental. "Treading water" recupera el mejor tono de "Tidal" con otra demostración de cómo armonizar la emotividad de las baladas con la contudencia de los ritmos bailables, los efectos electrónicos con la voz tan personal de Claire, y al tiempo disfrutar interpretando cada compás, hasta llegar a la brillante coda final. "The crash" es el ejercicio de nostalgia más evidente, algo así como una reivindicación del house de finales de los ochenta, edulcorado por unos coros infantiles que no terminan de encajar en el tema probablemente más prescindible del disco (y quizá por eso, también el más corto). Un disco que se cierra con "Come close", un baladón ubicado ahora sí en un momento lógico, sobrecogedor por su melancolía y su parquedad instrumental, que evoluciona con una naturalidad difícilmente explicable hacia el ritmo marcial y el loop de sintetizador de su tramo final.
Con lo que tras muchas escuchas lo que queda de este elaborado "Tidal" es que, si bien estamos seguramente ante uno de los mejores álbumes de la temporada, podría haber sido aún mejor distribuyendo con más lógica sus doce temas. Y quizá también eliminando uno o dos que bajan un poco el nivel, dejando por ejemplo diez pero verdaderamente meritorios. En todo caso, el álbum consolida a Claire como una de las mejores bandas del panorama contemporáneo: algo así como la versión mejorada de The XX, aunque sin el extra de relevancia a nivel de crítica y ventas que siempre supone provenir de un país anglosajón. Sólo confío en que esta indiferencia hacia su talento no les perjudique en el futuro, porque con una visibilidad adecuada creo que sería una banda de tirón a nivel internacional, y quizá sea eso a lo que aspiren. Así que espero que esta entrada pueda aportar un granito de arena en esa dirección.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
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sábado, 6 de mayo de 2017
domingo, 17 de abril de 2016
Claire: "Raseiniai" (2015)
Como ya anticipé en mi entrada anterior, voy a reseñarles otro de los EPs que más me han gustado en los últimos meses. Se trata de "Raseiniai", de los alemanes Claire. Una banda de la que ya reseñe hace casi dos años su álbum de debut en este mismo blog. La verdad es que cuando anunciaron este EP me llevé una pequeña decepción, ya que yo esperaba era un álbum completo que reafirmara las muchas bondades de su opera prima. Pero no sé si porque no han tenido el tirón comercial que merecerían, o porque querían explorar nuevos sonidos como banda, el caso es que este EP de seis temas y veintesiete minutos es lo que han decidido publicar hace unos meses como continuación de aquel "The great escape".
"Raseiniai" no es un EP tan redondo como el "Hearts a gun" de Gypsy & The Cat que reseñé hace unos días. Pero sí que mantiene razonablemente el interés de principio a fin, y sobre todo cuenta con un tema excelente, que además les muestra claramente el camino por el que pueden expandir su propuesta artística. Se trata de la canción que abre el EP "What we are made of", que abandona sus medios tiempos característicos y acelera el ritmo pero manteniendo ese estilo oscuro, un tanto frío, tan habitual en la música alemana. Y que va penetrando sin estridencias, creciendo poco a poco, haciéndonos creer que será un tema instrumental sin serlo, terminando por ser obsesivo y casi casi adictivo. Y eso que la progresión armónica en la que se basa es relativamente sencilla. Pero la inteligencia a la hora de sacarle partido es evidente.
El resto del EP como decía se sitúa a un nivel inferior. Empezando por "Calling out", segundo corte y el tema que mejor enlaza estilísticamente con su álbum de debut, del que podría haber formado parte sin problema, por su ritmo menos acelerado que su precedente y su melodía pop sobre una base electrónica marca de la casa. Aunque los compases monocordes o a dos acordes que intercalan entre las distintas partes evidencian que los alemanes se han tomado en serio el intento por "actualizar" su sonido. "The secret", el tercer tema, es para mí el segundo mejor momento del álbum, con ese "bajo trotón" que tan bien saben explotar, y un doble estribillo que, a pesar de que Claire Buerkle sólo canta en su segunda mitad, paradójicamente endulza la melodía de las estrofas con una sugerente selección de notas y un acompañamiento diferente.
La segunda mitad del EP es más floja que la primera. En especial el cuarto corte, "Open arms", que tampoco canta Claire y supone un poco acertado intento de mezclar una balada con piano clásica, un colchón futurista de sintetizadores y una melodía que pretende ser emotiva sin conseguirlo. Le sigue "Collider", un tema más reconocible en el sonido de la banda y razonablemente inspirado: insisten con un principio muy largo, que va atrapando poco a poco como en "What we are made of", para que cuando finalmente llega la voz, descubramos que no hay una estructura tradicional de estrofas y estribillo, sino un continuo instrumental bastante atrevido y original, aderezado con fraseos puntuales de Buerkle. Y "Stay with you" cierra el EP con el segundo tema más genuinamente reconocible: un tema correcto que tiene en la excelente batería de Fridolin Achten y en el toque intimista del estribillo de la entrada al estribillo sus dos mayores aciertos.
Con lo cual puede decirse que el EP cumple con éxito dos funciones: contentar suficientemente a los seguidores de la banda, entre los que me incluyo, y explorar el suficiente número de alternativas para que su sonido no se agote por limitado en su segundo álbum. Esperemos que para el mismo sepan reconocer los aciertos de este EP y apostar por ellos. Y hablando de aciertos, mencionar también que todo el EP está acompañado de un cortometraje en cuatro capítulos disponible en Youtube, lo que constituye una forma original y creativa de acompañar estos seis temas.
"Raseiniai" no es un EP tan redondo como el "Hearts a gun" de Gypsy & The Cat que reseñé hace unos días. Pero sí que mantiene razonablemente el interés de principio a fin, y sobre todo cuenta con un tema excelente, que además les muestra claramente el camino por el que pueden expandir su propuesta artística. Se trata de la canción que abre el EP "What we are made of", que abandona sus medios tiempos característicos y acelera el ritmo pero manteniendo ese estilo oscuro, un tanto frío, tan habitual en la música alemana. Y que va penetrando sin estridencias, creciendo poco a poco, haciéndonos creer que será un tema instrumental sin serlo, terminando por ser obsesivo y casi casi adictivo. Y eso que la progresión armónica en la que se basa es relativamente sencilla. Pero la inteligencia a la hora de sacarle partido es evidente.
El resto del EP como decía se sitúa a un nivel inferior. Empezando por "Calling out", segundo corte y el tema que mejor enlaza estilísticamente con su álbum de debut, del que podría haber formado parte sin problema, por su ritmo menos acelerado que su precedente y su melodía pop sobre una base electrónica marca de la casa. Aunque los compases monocordes o a dos acordes que intercalan entre las distintas partes evidencian que los alemanes se han tomado en serio el intento por "actualizar" su sonido. "The secret", el tercer tema, es para mí el segundo mejor momento del álbum, con ese "bajo trotón" que tan bien saben explotar, y un doble estribillo que, a pesar de que Claire Buerkle sólo canta en su segunda mitad, paradójicamente endulza la melodía de las estrofas con una sugerente selección de notas y un acompañamiento diferente.
La segunda mitad del EP es más floja que la primera. En especial el cuarto corte, "Open arms", que tampoco canta Claire y supone un poco acertado intento de mezclar una balada con piano clásica, un colchón futurista de sintetizadores y una melodía que pretende ser emotiva sin conseguirlo. Le sigue "Collider", un tema más reconocible en el sonido de la banda y razonablemente inspirado: insisten con un principio muy largo, que va atrapando poco a poco como en "What we are made of", para que cuando finalmente llega la voz, descubramos que no hay una estructura tradicional de estrofas y estribillo, sino un continuo instrumental bastante atrevido y original, aderezado con fraseos puntuales de Buerkle. Y "Stay with you" cierra el EP con el segundo tema más genuinamente reconocible: un tema correcto que tiene en la excelente batería de Fridolin Achten y en el toque intimista del estribillo de la entrada al estribillo sus dos mayores aciertos.
Con lo cual puede decirse que el EP cumple con éxito dos funciones: contentar suficientemente a los seguidores de la banda, entre los que me incluyo, y explorar el suficiente número de alternativas para que su sonido no se agote por limitado en su segundo álbum. Esperemos que para el mismo sepan reconocer los aciertos de este EP y apostar por ellos. Y hablando de aciertos, mencionar también que todo el EP está acompañado de un cortometraje en cuatro capítulos disponible en Youtube, lo que constituye una forma original y creativa de acompañar estos seis temas.
domingo, 23 de noviembre de 2014
Claire: The Great Escape (Bonus Track Version) (2014)
Antes que nada, y para aquellos lectores amantes de los detalles, debo señalar que aunque la versión "Bonus Track" de "The great escape" se publicó en junio del presente año, la primera versión del álbum que voy a reseñar hoy vio la luz en septiembre de 2013. En aquel momento no fui consciente de su publicación, y buceando en internet tampoco he sido capaz de encontrar el tracklist original, por lo que para mí lo que tiene sentido es reseñar la edición de 2014, con los 14 temas que lo conforman. Así que vamos allá.
Clarie es una de las bandas más interesantes que ha surgido en Alemania en los últimos años. Son originarios de Munich, y lo formaron un trío de jóvenes músicos y compositores que encontraron la vocalista perfecta en Josie-Claire Buerkle (participante en la edición alemana de "La voz"). Con un estilo que podríamos calificar de pop electrónico intemporal, enriquecido con toques de synth-pop, guiños indie y alguna reminiscencia hip-hop, son directos herederos de la tradición germánica de pop sintetizado y frío que marcaron artistas de los ochenta aún hoy recordados como Alphaville, Peter Schilling y especialmente Propaganda. Teniendo como principales elementos diferenciadores la versátil y cautivadora voz de Buerkle y el gusto por unos bajos sintéticos y sincopados situados siempre en primer plano, similares a los que encumbró el electro-clash hace algo más de una década. Pero sin hacer apenas guiños a las últimas tendencias en producción (ni auto-tunes, ni crescendos, ni bombos ultra-contundentes en cada beat, ni enriquecimiento a posteriori de todo el espectro de frecuencias...). De hecho, el álbum podría estar grabado perfectamente hace unos años, pues busca un sonido apto para todos los amantes del pop electrónico. Y algunos detalles como los overdubs de cajas de batería para recalcar la estructuración de algunas canciones, o el uso indisimulado de guitarras eléctricas en arpegios muy trabajados nos retrotraen claramente treinta años en el tiempo.
¿Y el contenido? Pues tratándose de un disco con tantas composiciones (los 14 temas son completos, no hay intros ni interludios), podríamos definirlo como irregular aunque brillante en suficientes ocasiones. Como en el tema que abre y el disco y uno de los tres sencillos que han publicado: "Broken promise land" es un tema que posiblemente les suene de algún anuncio televisivo, les muestra con esa frialdad tan germánica reforzada por una letra orientada en la misma dirección. Construido a partir de un bajo poderoso tan característico que recorre una inspirada progresión armónica, la voz de Buerkle sonando todo lo etérea de que es capaz, y una tamizada guitarra eléctrica reproducida al revés, es un tema cautivador y envolvente, al que sólo se le pueden cuestionar las voces masculinas sintetizadas con las que adornan su tramo final. "Games", segundo corte y otro de los tres sencllos, es un tema muy diferente, el mas bailable y cálido de todo el disco, como lo refleja ese ibicenco teclado que marca los acordes desde el inicio. Aunque parezca increíble, no es Florence Welch sino Buerkle la que canta, y de nuevo las voces masculinas que irrumpen a mitad del tema son lo más cuestionable de una bonita composición, bien realzada por el synclavier en los intervalos instrumentales tras los estribillos.
Los temas tercero al octavo, o lo que es lo mismo el grueso del álbum, son su tramo menos inspirado. Que empieza con la también fría y tremendamente representativa del estilo de la banda "Pioneers", que se queda cerca de ser recomendable sobre todo gracias a su sombría progresión armónica, sostenida por un bajo marca de la casa. Hay algún otro momento de nivel parecido ("Neon love", puro Propaganda, "You walk in beauty", con unas bonitas guitarras), pero también hay composiciones insulsas ("My audacity"), flojas ("Overdrive") e incluso aburridas ("Hallowed ground", demasiado lenta y con unas partes declamadas poco favorecedoras). Es un tramo muy largo para no tener ningún tema que realmente cautive, por lo cual cuando por fin llega "A million drums", el tema más genuinamente pop del disco, parece aún mejor de lo que es: otro bajo inconfundible, una progresión armónica luminosa en las estrofas adornada por un extraño arpegio de piano, una melodía muy sencilla repetida en todas las frases del estribillo y, realzándolo todo, una superposición de baterías y timbales que adoptan el ritmo de una marcha militar absolutamente irresistible.
El subidón dura poco, puesto que el tema que da título al álbum ("The great escape") es paradójicamente otro de los momentos más flojos del mismo, recurriendo inmediatamente a un poco armónico estribillo para sustentarlo. Afortunadamente "In two minds" remonta rápidamente el vuelo: una de las mejores baladas del año, que penetra hasta herirte poco a poco, con reminiscencias de Massive Attack en la producción y los silencios bien entendidos de Alt-J, y una fenomenal letra que Buerkle borda (doblándose las voces en momentos estratégicos). "Roll down run south" baja un poco el listón pero es otro momento álgido del disco, desde su comienzo con un teclado vocal más propio de los ochenta, hasta sus excelentes arreglos para dar entrada a un estribillo gélido pero demoledor. A "Resurrection" le falla que en realidad es un sólo un acertado estribillo (realzado con un piano house de toda la vida) alargado con efectos propios de la electrónica menos imaginativa. Y "The next ones to come", el tema que cierra el disco, aun siendo recomendable es el más flojo de los tres sencillos, ya que a pesar de unas meritorias estrofas y una instrumentación potente, está lastrado por una melodía en el estribillo demasiado simplona y unas partes declamadas que nada aportan, ambas influenciadas por el hip-hop más plano.
En resumidas cuentas, "The great escape" contiene suficientes momentos álgidos para no resultar decepcionante y muestra a Clarie como una banda solvente desde el punto de vista creativo. Les falta seleccionar un poco más el grano de la paja, y cuestionarse si quieren seguir sonando intemporales o adoptar un barniz más contemporáneo para así abarcar a un público más masivo. Veremos cómo evolucionan, si es que la involucración de Buerkle resiste su difusión claramente minoritaria.
Clarie es una de las bandas más interesantes que ha surgido en Alemania en los últimos años. Son originarios de Munich, y lo formaron un trío de jóvenes músicos y compositores que encontraron la vocalista perfecta en Josie-Claire Buerkle (participante en la edición alemana de "La voz"). Con un estilo que podríamos calificar de pop electrónico intemporal, enriquecido con toques de synth-pop, guiños indie y alguna reminiscencia hip-hop, son directos herederos de la tradición germánica de pop sintetizado y frío que marcaron artistas de los ochenta aún hoy recordados como Alphaville, Peter Schilling y especialmente Propaganda. Teniendo como principales elementos diferenciadores la versátil y cautivadora voz de Buerkle y el gusto por unos bajos sintéticos y sincopados situados siempre en primer plano, similares a los que encumbró el electro-clash hace algo más de una década. Pero sin hacer apenas guiños a las últimas tendencias en producción (ni auto-tunes, ni crescendos, ni bombos ultra-contundentes en cada beat, ni enriquecimiento a posteriori de todo el espectro de frecuencias...). De hecho, el álbum podría estar grabado perfectamente hace unos años, pues busca un sonido apto para todos los amantes del pop electrónico. Y algunos detalles como los overdubs de cajas de batería para recalcar la estructuración de algunas canciones, o el uso indisimulado de guitarras eléctricas en arpegios muy trabajados nos retrotraen claramente treinta años en el tiempo.
¿Y el contenido? Pues tratándose de un disco con tantas composiciones (los 14 temas son completos, no hay intros ni interludios), podríamos definirlo como irregular aunque brillante en suficientes ocasiones. Como en el tema que abre y el disco y uno de los tres sencillos que han publicado: "Broken promise land" es un tema que posiblemente les suene de algún anuncio televisivo, les muestra con esa frialdad tan germánica reforzada por una letra orientada en la misma dirección. Construido a partir de un bajo poderoso tan característico que recorre una inspirada progresión armónica, la voz de Buerkle sonando todo lo etérea de que es capaz, y una tamizada guitarra eléctrica reproducida al revés, es un tema cautivador y envolvente, al que sólo se le pueden cuestionar las voces masculinas sintetizadas con las que adornan su tramo final. "Games", segundo corte y otro de los tres sencllos, es un tema muy diferente, el mas bailable y cálido de todo el disco, como lo refleja ese ibicenco teclado que marca los acordes desde el inicio. Aunque parezca increíble, no es Florence Welch sino Buerkle la que canta, y de nuevo las voces masculinas que irrumpen a mitad del tema son lo más cuestionable de una bonita composición, bien realzada por el synclavier en los intervalos instrumentales tras los estribillos.
Los temas tercero al octavo, o lo que es lo mismo el grueso del álbum, son su tramo menos inspirado. Que empieza con la también fría y tremendamente representativa del estilo de la banda "Pioneers", que se queda cerca de ser recomendable sobre todo gracias a su sombría progresión armónica, sostenida por un bajo marca de la casa. Hay algún otro momento de nivel parecido ("Neon love", puro Propaganda, "You walk in beauty", con unas bonitas guitarras), pero también hay composiciones insulsas ("My audacity"), flojas ("Overdrive") e incluso aburridas ("Hallowed ground", demasiado lenta y con unas partes declamadas poco favorecedoras). Es un tramo muy largo para no tener ningún tema que realmente cautive, por lo cual cuando por fin llega "A million drums", el tema más genuinamente pop del disco, parece aún mejor de lo que es: otro bajo inconfundible, una progresión armónica luminosa en las estrofas adornada por un extraño arpegio de piano, una melodía muy sencilla repetida en todas las frases del estribillo y, realzándolo todo, una superposición de baterías y timbales que adoptan el ritmo de una marcha militar absolutamente irresistible.
El subidón dura poco, puesto que el tema que da título al álbum ("The great escape") es paradójicamente otro de los momentos más flojos del mismo, recurriendo inmediatamente a un poco armónico estribillo para sustentarlo. Afortunadamente "In two minds" remonta rápidamente el vuelo: una de las mejores baladas del año, que penetra hasta herirte poco a poco, con reminiscencias de Massive Attack en la producción y los silencios bien entendidos de Alt-J, y una fenomenal letra que Buerkle borda (doblándose las voces en momentos estratégicos). "Roll down run south" baja un poco el listón pero es otro momento álgido del disco, desde su comienzo con un teclado vocal más propio de los ochenta, hasta sus excelentes arreglos para dar entrada a un estribillo gélido pero demoledor. A "Resurrection" le falla que en realidad es un sólo un acertado estribillo (realzado con un piano house de toda la vida) alargado con efectos propios de la electrónica menos imaginativa. Y "The next ones to come", el tema que cierra el disco, aun siendo recomendable es el más flojo de los tres sencillos, ya que a pesar de unas meritorias estrofas y una instrumentación potente, está lastrado por una melodía en el estribillo demasiado simplona y unas partes declamadas que nada aportan, ambas influenciadas por el hip-hop más plano.
En resumidas cuentas, "The great escape" contiene suficientes momentos álgidos para no resultar decepcionante y muestra a Clarie como una banda solvente desde el punto de vista creativo. Les falta seleccionar un poco más el grano de la paja, y cuestionarse si quieren seguir sonando intemporales o adoptar un barniz más contemporáneo para así abarcar a un público más masivo. Veremos cómo evolucionan, si es que la involucración de Buerkle resiste su difusión claramente minoritaria.
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