martes, 25 de junio de 2013

Beady Eye: BE (2013)

El debut de Beady Eye hace casi 2 años y medio fue para muchos la crónica de un fracaso anunciado. Y es que para los que siguieron la trayectoria de la segunda época de Oasis (aquellos 3 álbumes en los que Noel Gallagher compartió las tareas creativas con Liam Gallagher, Andy Bell y Gem Archer) estaba claro que los temas firmados por algunos de los tres miembros de los actuales Beady Eye eran, con alguna honrosa excepción, los momentos más flojos de los mismos. Porque por mucho que a Noel le fascinara la idea de un supergrupo que le aliviera en su cada vez más intermitentes periodos creativos, la diferencia de talento era evidente.

Así que cuando Beady Eye publicaron en 2011 su álbum de debut ("Different Gear, Still Speeding"), hubo poco lugar para la sorpresa: mantenían el sonido retro de los últimos tiempos de Oasis pero poco más: muchos temas anodinos, alga canción un poco más inspirada sin llegar a ser un clásico ("Bring the Light") y una obsesión con Lennon y McCartney que rozaba niveles de plagio en "The roller" (una recreación agradable pero descarada del "Instant Karma" de Lennon). Bueno, eso y la siempre atrayente voz de Liam, que a pesar de los continuos abusos de casi 20 años aún sigue siendo un referente en el panorama internacional.

Aunque nunca lo reconocerían, probablemente Liam y compañía eran conscientes de que otra entrega al mismo nivel de su debut supondría el fin de la atención internacional masiva. Y durante el pasado 2012 se han dedicado a intentar ponerle remedio a esa situación a base de largas sesiones de grabación. El resultado fue publicado hace un par de semanas: un juego de palabras con el nombre de la banda que, en la edición de mayor difusión, consta nada menos que de 17 temas nuevos. Además, a diferencia de su predecesor, la gran mayoría de los temas no están firmados a título individual por ninguno de ellos, sino por los tres miembros. Lo que tal vez refleje que el proceso creativo ha sido más una suma de fuerzas que una recopilación de composiciones independientes, lo que sin duda se traduce en una mayor cohesión compositiva que su predecesor.

Así que aunque el resultado (debo aclararlo) no es un álbum excelente, sí es una mejora apreciable con respecto a su debut, presentando su candidatura a ser una de las sorpresas agradables de este 2013. Como lo refleja el primer corte y tema de presentación del disco: "Flick of the finger" es un tema muy enérgico, con unos acordes intensos, nada menos que dos baterías que se complementan y, sobre todo, una emocionante sección de viento, aportación del inteligente Dave Sitek, que es el encargado de producir con notable acierto el disco. Es cierto que no tiene un estribillo propiamente dicho, que la melodía es unos cuantos fraseos repetidos y que es un tema muy corto, pero la impresión es claramente positiva. Le siguen "Soul love", un tema discreto, y "Face the crowd", que sólo tiene de interesante la letra, pero cuando llegamos al cuarto corte (y primer sencillo adquirible en las tiendas) nos volvemos a llevar una sorpresa positiva: "Second bite of the apple" tiene, además de un título original, una instrumentación conseguida, y un toque soul en el estribillo y en la parte nueva muy bien realzado por una nueva sección de viento.

Los siguientes cortes vuelven al nivel discreto que cabría esperar en un principio, hasta "I'm just saying", séptimo tema y el más en línea con el sonido rockero, rápido y directo (incluso en versión acústica) de los primeros Oasis. Al que le sigue una psicodélica balada de melodía agradable, "Don't Brother Me", que a mi modo de ver se ve injustamente afeada por los 3 incomprensibles minutos instrumentales finales, en los que el mellotron acaba cansando. El siguiente tema digno de mención es "Start anew", undécimo corte y quizá el mejor candidato para convertirse en el siguiente sencillo: otro tema lento, con una estupenda progresión armónica y una melodía agradable realzada por una fantástica interpretación vocal de Liam.

Con el experimental "Dreaming Of Some Space" comienzan las canciones de la edición Deluxe. Que sorprendentemente mantienen el nivel medio de los primeros 11 cortes, e incluso tienen un par de momentos reseñables: el intimista "Back After The Break" que recuerda a los momentos más introspectivos del "Rubber soul" de los Beatles, y el tema que cierra el disco, "Evil Eye", un medio tiempo con un comienzo espacial que recuerda al "Let there be love" de Oasis pero deriva hacia otra melodía destacable coronada con un infeccioso estribillo que realzan unas originales segundas voces pretendidamente infantiles. Sin duda una buena forma de cerrar un disco que no será desde luego el mejor de este 2013, pero que por esfuerzo creativo y número de composiciones de buen nivel, no sólo merece una oportunidad, sino que es un serio aviso para que Noel no baje la guardia: esta vez sus ex-compañeros se han quedado cerca.

domingo, 16 de junio de 2013

Little Boots: Nocturnes (2013)

Como en mi anterior reseña de hace unas semanas, traigo a este blog a una de las artistas que más prometedoras parecían tras su subyugante álbum de debut en 2009: Victoria Hesketh, que es la cantante, instrumentista y compositora que se esconde tras el nombre artístico de Little Boots, demostró en "Hands" que, al margen de los despistados intentos de su discográfica por presentarla como la nueva Kylie Minogue, tenía suficiente talento e intuición musical como para entregar varios momentos de synthpop contemporáneo de muchos quilates. Desafortunadamente, la presión del segundo álbum parece que le pesó en demasía, y dejó pasar su momento tras muchos meses sin publicar nada, y cuando lo hizo fue a través de unos modestos mixtapes que aunque revelaron varias composiciones nuevas ("Shake", "Everynight I say a prayer", "Headphones") pasaron desapercibidos para el gran público.

Así que prácticamente 4 años después de su debut Little Boots regresa con un álbum... de sólo 10 canciones. Dos de las cuales ya habían sido desveladas en los mixtapes a los que aludía antes. ¿Demasiado poco para tanto tiempo en silencio? Probablemente sí, pero lo que cuenta es la calidad global de esos 10 temas. Y en mi humilde opinión el nivel medio es algo inferior al de su debut, y lo que es peor, no hay ningún tema que realmente enganche desde el primer momento. Tras muchas escuchas, creo que lo que más influye en esa impresión es la producción del álbum: mayoritariamente a cargo de Tim Goldsworthy, el cerebro detrás de UNKLE y Hercules & Love Affair, ha optado por reconvertir el pop electrónico que tan bien había armonizado Greg Kurstin en "Hands" en una suerte de deep house espartano, con muy pocas pistas y, sobre todo, una base rítmica y una percusión claramente deficientes. No comparto en absoluto ese desprecio por los ritmos y las frecuencias bajas, pero menos aún en el electro house, donde tan necesario es el enfoque a la pista de baile. De hecho, me parece un recurso muy pobre para buscar una pretendida originalidad, y lo que consigue en realidad es limitar innecesariamente el ámbito de influencia del disco, condenando a Victoria a la música indie, cuando su propuesta podría enganchar al gran público.

Así sucede desde el corte que abre el disco: "Motorway" es una melancólica progresión armónica y una melodía muy bonita, y la voz de Victoria la realza convenientemente. Pero naufraga como tema bailable, por su percusión minimalista y casi inaudible. Más o menos lo que le sucede a "Confusion", unas logradas estrofas sobre unos meritorios acordes, que tras una entrada que abusa de un bajo sincopado desemboca en un estribillo plagado de cacerolas electrónicas y varios minutos de efectos insulsos pero carentes de toda fuerza rítmica. Le sigue "Broken record", el sencillo de presentación del álbum, menos logrado compositivamente que los dos anteriores sin ser un mal tema, pero que vuelve a abusar de una programación blandita y "dam dam darams". El cuarto corte es el ya conocido "Shake", ahora sí con una percusión más contundente pero cuyas melodía, progresión armónica e instrumentaciones son las más flojas hasta ese momento del álbum.

Tras un tema insulso ("Beat beat") viene el mejor tramo del disco. Primero la ya conocida "Everynight I say a prayer" con unas estrofas ciertamente simplonas pero un bonito estribillo realzado por un piano electrónico más propio de los años gloriosos del house. Después viene "Crescendo", el tema más pop del disco y quizá más emparentado con su álbum de debut, con unos acordes y una melodía tan cristalinos que incluso ella sola puede defenderla perfectamente en directo. Y se remata con "Strangers", un tema con estructura y duración de maxi-single, que no está tan desnuda como los primeros cortes del disco y que va creciendo gradualmente, arrastrando al oyente por un viaje propio de una sesión nocturna que está a punto de dar paso al chill-out. Y se remata con "All for you", otra bonita melodía intimista, no del todo bien instrumentada en el disco pero que demuestra su calidad cuando ella la interpreta desnuda en directo.

El álbum se cierra con "Satellite", un tema más en la línea del MDNA de Madonna, lleno de reverberaciones, segundas voces y por qué no reconocerlo, resultón tras varias escuchas. Victoria incluso se permite el lujo de dejar fuera uno de los tres sencillos de sus mixtapes, "Headphones", que para mí era el más logrado de los tres, con ahora sí un bajo slap perceptible, una mejor sección rítmica que cualquiera de las del álbum, una melodía discotequera y una letra original. Y es que este hecho de dejar fuera el mejor sencillo de los tres refleja a la perfección lo que le ha sucedido a Little Boots: ha entregado un disco más que decente, pero menos redondo que su predecesor por su voluntad de encasillarse en un sonido que a mi modo de ver se le queda pequeño. Así que sólo me queda esperar que aprenda de sus errores: siga creando buenas canciones, no tarde tanto en publicarlas, y que las vista de un sonido menos marginal e uniforme, más o menos como hacen Saint Etienne: que suenan originales, indies, pero dentro de unos parámetros disfrutables para otras audiencias menos exquisitas. La creatividad de Victoria se lo merece.

miércoles, 15 de mayo de 2013

Delphic: Collections (2013)

Hace algo más de 3 años, "Acolyte", el debut de los británicos Delphic, fue uno de los discos estelares de la temporada. Su sonido, una versión actualizada de los New Orders más electrónicos, sin rehuir de la pista de baile y con mejores cualidades vocales, les ganó el reconocimiento casi universal. Pero claro, ese reconocimiento es siempre un hándicap a la hora de componer el segundo álbum. Ya sólo por el tiempo que han tardado en publicarlo (tres años durante los que únicamente publicaron el disfrutable "Good life" para la banda sonora oficial de los J.J.O.O. de Londres) y por la corta duración del mismo (43 minutos) podríamos adivinar que les ha costado encontrar la creatividad. Lo cual se confirma después de unas cuantas escuchas. Y es que el bajón de "Collections" con respecto a "Acolyte" abre una sombra de duda sobre el futuro de esta banda, que tan prometedor parecía.

Las causas principales son dos. En primer lugar, una variación claramente perceptible en su estilo, más pop, con temas más cortos, mayores tramos cantados, unos arreglos y estructuras más convencionales, y un ritmo claramente menor. No hay un solo tema que se acerque siquiera a los 120 bpms, no hay temas instrumentales, ni solos de unos cuantos compases de duración. Para entendernos, parece que su grupo de referencia hubiera dejado de ser New Order y hubieran optado por ser algo así como los Duran Duran del siglo XXI. Y en segundo lugar, una menor inspiración a la hora de componer, resuelta con estrofas de relleno ("Changes"), un tema que gira sobre una llamada telefónica ("Tears before bedtime") e incluso un acercamiento al hip hop en el tema que cierra el álbum ("Exotic").

Y eso que el comienzo del álbum es estupendo: "Of the young" es probablemente su mejor tema, y a pesar de que se mueve en las coordenadas de medio tiempo, estructura convencional y orientación pop que citaba antes, su acertada progresión armónica, una bonita melodía, la rica instrumentación y sobre todo un estribillo enérgico y recordable hacen que se generen grandes expectativas respecto al resto del álbum. Las cuales se mantienen en el segundo corte, "Baiya", que es además el primer sencillo del álbum: la sección de cuerda del inicio da lugar a un ritmo sincopado sobre el que fluye una acertada melodía que parece cantar el mismísimo Simon Lebon, rematada en un elegante estribillo. Pero desde ahí ya casi todo es cuesta abajo: la ya citada "Changes", la balada (sí, sí, han leído bien) "Freedom found", un medio tiempo con predominio claramente vocal, atmósfera intimista y toques guitarreros que aun siendo agradable no termina de rematar el vuelo ("Atlas"), la mencionada llamada telefónica, la excesivamente poppy "The sun also rises"... Hasta que llegamos al octavo corte, "Memeo", para mí el tercer tema relevante del álbum, con una excitante progresión armónica en el estribillo y las partes instrumentales, una lograda batería y una acertada instrumentación.

Los dos últimos temas son también prescindibles: "Don't let the dreamers take you away" es otro tema lento y bastante anodino, y la ya citada "Exotic", que les intenta acercar a un terreno que no es el suyo, el R&B. Cierto es que en alguno de los temas que no he valorado positivamente, la coda o el tramo final tienden a remontar el vuelo, y dejan ver que los británicos no se han olvidado de cómo extraer lo máximo de cada tema, sobre todo cuando optan por una finalización instrumental. Pero es demasiado poco para que la impresión global del tema en cuestión sea positiva.

En suma, tres temas de nivel y siete en su mayoría correctos pero olvidables. En mi opinión al menos habrían hecho falta un par de composiciones rápidas, con una estructura menos encorsetada y mayor preponderancia de los intervalos instrumentales, tanto para que el cambio fuera menos brusco como para intentar rescatar las ventas del álbum si los medios tiempos incluidos no lograban tirar de ellas. Pero no ha sido así, y además de reflejarse en las críticas, una parte considerable del público les ha dado la espalda: frente al número 8 en listas británicas que alcanzó "Acolyte", "Collections" se ha quedado en un decepcionante 77, y frente a la abundancia de sencillos de "Acolyte", de momento sólo "Baiya" ha sido extraído de "Collections". Por lo qie más les vale que aprendan la lección y se pongan rápido a grabar su tercer álbum si quieren seguir existiendo como banda a medio plazo: los tres temas que he destacado demuestran que tienen capacidad para hacerlo.

domingo, 28 de abril de 2013

La dichosa manía de mezclar la parte vocal demasiado baja

La entrada de hoy se aleja de lo que es habitual en este humilde blog, pues se trata de una reflexión sobre una práctica muy común en la música independiente: mezclar la parte vocal de una canción demasiado baja. Lo que a mi modo de ver es difícilmente justificable, y constituye además una de las razones que impiden un disfrute más universal de buena parte de esta música alternativa. Intentaré analizar esta "manía" en los siguientes párrafos. Y para ello empezaré analizando las razones que pueden dar lugar a la decisión de mezclar la voz humana excesivamente baja: una es evidentemente negativa (ocultarla entre el resto de los instrumentos); otra más positiva (realzar la parte instrumental).

Realzar la parte instrumental será la razón más probable que den aquellos que conscientemente recurran a esta práctica: "la voz es un instrumento más", nos dirán. Lo cual es cierto, sin duda. Pero con la salvedad de que prácticamente en el 100% de los casos esa voz no estará entonando sílabas sin sentido, sino un texto elaborado para encajar con las notas de la melodía principal de esa canción. Y ése es un esfuerzo creativo consciente y no exento de dificultad. Con lo cual, ¿por qué dificultar conscientemente al melómano la comprensión de esa letra? ¿Para obligarnos a leerla en los créditos del álbum? ¿Para buscarla en internet o instalarnos en nuestro teléfono el MusicMatch? Obviando estas preguntas retóricas, se nos podrá contestar que no es necesario entender la letra de una canción para que la misma nos emocione (por ejemplo, si está cantada en un idioma que no conocemos, o si la escuchamos en condiciones acústicas deficientes). Nuevamente cierto, aunque evidentemente el disfrute de la misma no será tan pleno. Pero al menos será un requisito distinguir la melodía principal, puesto que dicha melodía principal es un elemento común a la práctica totalidad de la música contemporánea (en mi opinión es casi un derecho inalienable del melómano). La única razón válida que se me ocurre para violar ese derecho es que determinados tipos de música requieren escucharse a un volumen extremadamente elevado (por encima de los 80-90 dBA), y la manera que tiene el intérprete de forzar ese volumen es mezclar la voz tan baja que el melómano se vea obligado a subir el volumen para entender la letra, y así lograr que el tema se escuche como quería su creador. A modo de ejemplo, citemos determinados subgéneros de música de baile, cuya razón de ser es ese volumen estruendoso.

La otra razón es de peor defensa: obviamente no todos los creadores tienen la suerte de disponer de un intérprete vocal a la altura de su talento, y menos aún si son solistas. En el siglo pasado, sin ir más lejos, triunfaron artistas de cualidades vocales realmente mediocres (desde Bob Dylan hasta Marc Knopfler). Afortunadamente la tecnología ha venido al rescate de estas situaciones, con lo cual hoy en día es sencillo retocar una y otra vez en el estudio una interpretación deficiente (reverberaciones, reducción o aumento de la duración de las notas, afinación incluso con el Auto Tune si es preciso) hasta dejarla sin defectos serios. Sin embargo, a pesar de este avance no todos los artistas optan por esta vía, y prefieren simplemente mezclar la parte vocal baja para ocultar sus carencias. Así, buena parte de los iconos de la música independiente a nivel nacional e internacional de los últimos 20 años han abusado de esta tendencia (desde J de Los Planetas hasta Stephin Merrit de The Magnetic Fields). Intentando hacer de ello una discutible seña de identidad, aunque en realidad granjéandose innecesariamente la antipatía de buena parte de sus potenciales oyentes.

A causa de esta limitación en sus cualidades vocales, en el último cuarto de siglo se han generalizado los creadores que se rodean de intérpretes puntuales para realzar adecuadamente su obra (el famoso "featuring", empleado por gente tan dispar como Rudimentals o David Guetta). Es una solución muy eficaz para el estudio, y desde mi punto de vista mucho más acertada que limitarse a mezclar la parte vocal baja, pero no tanto para conciertos o música en vivo, que es donde se suelen destapar las miserias. Miserias comunes incluso en el caso de artistas reseñados favorablemente en este blog (por ejemplo Helen Marnie, cantante de Ladytron, o Sarah Cracknell, cantante de Saint Etienne, ambas muy limitadas). Si bien al menos estos artistas sí que mezclan con un volumen mínimo suficiente la voz en sus temas de estudio.

Y es que cuando hace ya año y media expuse mi fórmula matemática para la canción vocal contemporánea, pasé por alto un corolario que resulta evidente tras leer los párrafos anteriores: por supuesto que una brillante interpretación vocal realza una buena canción, pero al menos resulta imprescindible un mínimo nivel interpretativo en la parte vocal de una canción para no invalidar la impresión general de la misma. Y ello pasa por mezclar la voz con un volumen suficiente, corrigiendo los defectos que pudieran existir en la grabación original en el estudio. Es decir, según los términos que empleé en dicha fórmula: "la deficiente interpretación vocal y/o instrumental invalidará automáticamente la categorización de la canción según el resto de variables expuestas". Están de acuerdo, ¿verdad?

domingo, 21 de abril de 2013

New Order: Lost Sirens (2013)

"Lost sirens" ha sido a la vez uno de los discos más esperados y más inesperados de los últimos tiempos. Esperados porque, aunque oficialmente desaparecieron como banda hace unos años, eran insistente los rumores de que durante las sesiones de su último álbum de estudio ("Waiting for the sirens' call", de 2005) se habían descartado varios temas. E inesperados porque los conflictos legales entre Bernard Sumner y Peter Hook parecían augurar que dichos temas nunca verían la luz. Pero finalmente New Order han vuelto a existir, ya sin Peter Hook, y como anticipo de las que serán en unos meses sus creaciones sin el mítico bajista se ha publicado este "Lost sirens", con esos temas grabados entre 2003 y 2004.

Lo primero que llama la atención es la escasez de canciones: solamente 8, y una de ellas ("I told you so", el último corte), ya publicada en "Waiting...", aunque con otros arreglos. En honor a la verdad no es el primer álbum de 8 cortes en la trayectoria de los mancunianos, pero en el año 2013 estamos acostumbrados a discos más ricos en contenido. Al menos un tema más (incluso aunque hubiera sido una cara B recuperada) hubiera servido para dar la sensación de que éste es un álbum de pleno derecho en su discografía. Así, los 38 minutos se quedan un poco escasos.

¿Y qué nos encontramos en su primer álbum en 8 años? Pues ese sonido más guitarrero, menos bailable y en ocasiones incluso rockero de sus dos entregas anteriores. Hay que recordar que en 2004 Gillian Gilbert estaba al margen de la formación, con lo que sus teclados fueron reemplazados por la guitarra de Phil Cunningham, en lo que a mi modo de ver supuso una cierta desvirtualización de su sonido. Cuesta creer, además, que Peter Hook participara integralmente en esos 8 temas, puesto que su inconfundible bajo apenas es perceptible en dos o tres de ellos. Con lo cual nos encontramos un sonido pop, con ciertos toques rock y un ligero barniz electrónico. Y un detalle casi esperable: los títulos de las canciones ya sí suelen ser frases de las mismas, cosa impensable hace un par de décadas.

¿Y las canciones? Pues el nivel medio es más que aceptable, lo que refrenda lo que en su momento defendí en otros foros: que "Waiting for the sirens' call" era un estupendo álbum (el mejor desde "Technique") y que estaban en una segunda juventud. Es cierto que no hay sencillos claros, pero sí buenos temas: el que lo abre ("I'll stay with you") es un estupendo ejemplo, con su preciosa progresión armónica, su bonita melodía, el equilibrio entre las guitarras y los clásicos interludios instrumentales de la banda. El segundo tema relevante es "Californian grass" (cuarto corte), con sus toques sinfónicos, sus estrofas introspectivas y un estribillo algo más luminoso. "Hellbent", quinto corte, es para mí lo mejor del disco, ese medio tiempo con toques rockeros a lo Primal Scream, una percusión sintética, estrofas de energía contenida y un estribillo explosivo refrendado por los coros femeninos. Y un cuarto tema digno de cualquier otro de sus discos es "I've got a feeling", quizá con unas estrofas demasiado guitarreras, pero con un bonito estribillo y una coda final, mitad cantada mitad instrumental, marca de la casa.

Respecto a los otros cuatro temas: "Sugarcane" sólo se sostiene por un agradable estribillo, "Recoil" es lo peor del disco por su sonido acústico y su atmosfera relajada que tan mal les sienta, "Shake it up" les demuestra a Delphic quien llegó primero a estos terrenos (lástima que la melodía sea bastante floja) y "I told you so" es una versión más atmosférica que la original, con ciertas reminiscencias hindúes que no logran mejorar significativamente la original.

Cuatro grandes temas y un par de momentos agradables es lo que se puede encontrar en la mayoría de los grandes álbumes de estos tiempos, así que según esos parámetros estamos ante un disco recomendable y no sólo para sus fans. A mayor gloria del cada vez más protagonista absoluto Sumner, ciertamente, pero no tanto como para echar de menos a Hook. Habrá que ver si la inspiración creativa les visita con esta nueva formación, casi 35 años después de su formación. Superar el listón de este "Lost sirens" no se antoja fácil.

domingo, 31 de marzo de 2013

El panorama musical español en 2012

Como ya hice el año pasado, he decidido dedicar una entrada al panorama musical español durante el pasado año 2012. Un panorama que, para los que recuerden o hayan consultado recientemente dicha entrada, era francamente desalentador a comienzos del pasado año. Y que doce meses más tarde sigue siendo decepcionante, aunque la cosecha de 2012 gane a los puntos a la del 2011.

En el ámbito meramente comercial la situación sigue en estado comatoso: aunque la música de artistas españoles sigue siendo mayoría (31 álbumes de los 50 más vendidos), entre esos 31 discos no hay ni uno solo perteneciente a un artista que haya debutado en 2012. Parece que con las ventas en mínimos históricos, las compañías de discos se han vuelto aún más conservadoras. Hasta el extremo que abundan nombres más propios de hace 40 años: Julio Iglesias, Juan Manuel Serrat, José Luis Perales, María Dolores Pradera, El Dúo Dinámico... Sí, sí, consulten la lista de 2012 y verán que todos esos nombres figuran.

Pero es que incluso entre los artistas "jóvenes" no hay hueco para la esperanza: fórmulas repetidas hasta la saciedad (Melendi, Estopa, Sergio Dalma, El Barrio, Alejandro Sanz), artistas que al intentar renovarse han visto como buena parte del público les daba la espalda (Amaral, La Oreja de Van Gogh, Café Quijano). Y con un triunfador absoluto descorazonador: Pablo Alborán es una propuesta tan casposa y sensiblera que cuesta entender su éxito más allá de las adolescentes del extrarradio de nuestras ciudades. Sólo India Martínez y su intento de su insuflar aires nuevos al flamenco es digna de mención.

Así que por fuerza debemos fijarnos en la música alternativa. Love Of Lesbian han sido los únicos que se han colado entre los 50 álbumes más vendidos, lo cual para mí al menos resulta sorprendente, dada su escasa calidad. También en este ámbito han predominado los nombres consagrados en horas bajas (Sr. Chinarro, J y su Grupo De Expertos Solynieve, Hydrogenesse...), pero al menos un par de artistas han creado sendas canciones dignas de perdurar: La Habitación Roja y La Bien Querida.

Los valencianos La Habitación Roja llevan más de una década puliendo su estilo y su calidad interpretativa. Y con "Ayer" han logrado por primera vez un tema de pop con desazón pero sin taras: la voz de Jorge Martí por fin logra el aprobado (raspado), la letra casi logra usar correctamente todos los tiempos verbales y en los intervalos instrumentales las guitarras eléctricas y el teclado suenan razonablemente personales. Un tema con madera de clásico.

Y La Bien Querida han compuesto la canción nacional del año con "A veces ni eso". Es cierto que la letra es casi inexistente, que la grabación tiene una calidad deficiente y que toda la canción es una recreación descarada de los New Order de los 80. Pero la progresión armónica y la melodía no desentonan ante "Temptation" o "Bizarre love triangle" y eso es decir mucho, y el giro estilístico de la propuesta de Ana Fernández-Villaverde es loable. Así que esperemos que el ejemplo cunda y si en España no estamos en condiciones de innovar, que al menos recreemos con gusto a los grandes clásicos del último medio siglo. Que falta nos hace.

lunes, 18 de marzo de 2013

The XX: Coexist (2012)

El retorno de los británicos The XX ha conseguido aunar las opiniones de crítica y público, tanto a nivel nacional como internacional. A nivel nacional, los lectores de medios tan diferentes como "El país" o "Rockdelux" los han aupado a lo más alto de las listas como el mejor álbum del año, pero es que además "Coexist" alcanzó el número 5 de la lista de ventas española. Y a nivel internacional, Metacritic le otorgaba un 79 sobre 100, sólo por detrás de los 82 del "Words and music" de Saint Etienne (me refiero a los álbumes publicados el año pasado que he reseñado en este mismo blog), mientras que a nivel comercial el disco llegó al número 1 en el Reino Unido, Bélgica, Nueva Zelanda... incluso al número 5 en EEUU. Es decir, estamos ante los nuevos héroes de la música internacional. Razones más que suficientes para justificar una reseña.

Reseña que no pretende polemizar sobre su repercusión, pero sí dejar claro que para mí al menos tan unánime reconocimiento no está justificado. Intentaré explicarme: el álbum se abre con "Angels", una emocionante canción que ocupó el segundo puesto en mi lista de canciones del año. En ella, Romy Madley Croft nos subyuga con su guitarra etérea y su melancólica voz (que tanto recuerda a la de Tracey Horn, la vocalista de Everything But The Girl) prácticamente como únicas armas. Pero en mi opinión una instrumentación tan escueta sólo es justificable en una balada. Así que cuando comienza el segundo corte y también segundo sencillo ("Chained") la sensación es de cierta inquietud: tras un comienzo correcto, la voz en exceso tristona de Oliver Sim intercambia fraseos con la de Romy, y el tema de la sensación de estar a punto de explotar y convertirse en un clásico, pero al final se limita a una sucesión simplona de "ooh ooh oohs".

El tercer corte, "Fiction" sugiere que aún podemos estar ante un gran álbum, pues Jamie XX (tercer miembro y productor) deja entrever sus coqueteos con la música de baile y el tema adquiere cierto ritmo, muy de agradecer como colchón para una preciosa melodía (aunque la instrumentación siga en el límite de lo espartano). Pero desgraciadamente los grandes temas acaban ahí. Sí, sé que suena duro, pero los 8 cortes restantes son, si se me permite el símil probabilístico, variaciones con repetición de los tres temas anteriores. Se trata de un abuso descarado de la fórmula: fraseos alternos de Oliver y Romy, alguna que otra guitarra éterea, percusiones minimalistas, algún efecto sonoro perdido, intentos no siempre logrados de crear una atmósfera de tensión y unas progresiones armónicas y melodías menos inspiradas. Y claro, como se trata de una fórmula tan limitada, que no da pie a sorpresas, ni a intervalos instrumentales realmente jugosos, ni siquiera a composiciones particularmente ricas, el álbum apenas dura 37 minutos.

Parece que The XX han entendido que la mejor manera de reafirmar su personalidad es constreñir su música a un espacio tan claustrofóbico que lo más probable es que muchos melómanos desistan de llegar al final del álbum. Y que la crítica está empeñada en obviar que lo que proponen es en gran medida lo mismo que ya hacían hace más de 15 años Everything But The Girl, también con un sonido espartano (¡pero no tanto!) y con una voz de más calidad (sospecho que incluso lo de titular a uno de los cortes "Missing" es un guiño intencionado de The XX a EBTG). Vivimos en una época en la que, dada la cantidad de propuestas, parece que el objetivo de muchos creadores es diferenciarse a toda costa, aunque ello implique repetirse. Para mí lo ideal es lo que logran Alt-J, que suenan mucho más originales que The XX y además no necesitan recurrir a una fórmula. Porque a mí me enseñaron que freír 11 once huevos con el mismo aceite podía ser válido para propuestas comerciales como Modern Talking o los Stock, Aitken & Waterman, pero que para ser un grupo de referencia y con ánimo de perdurar hacían falta otros argumentos.

En suma, dos formidables canciones, otra correcta, las tres colocadas estratégicamente al principio del álbum, y después ocho de relleno (quizá siete, siendo benévolo y salvando "Sunset" y su bajo con toques jazzy). Demasiado poco para tantos parabienes.

Una última pregunta a modo de despedida: ¿volverán a transitar por el mismo y trillado camino The XX en su siguiente álbum? Yo pienso que lo harán, pero que para que no sea demasiado evidente dejarán pasar unos años. Ojalá me equivoque.

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