A finales del pasado mes de abril ha visto la luz el quinto álbum del DJ y productor estadounidense Illenium, del mismo título que su creador. Nicholas D. Miller parece haber querido de esta forma reivindicar la esencia de su propuesta musical. Que, siendo sinceros, en lo esencial ha venido siendo la misma desde que debutó en formato álbum allá por 2016 con "Ashes". Y esa persistencia en una determinada línea creativa es a la vez su mayor virtud y su mayor defecto. Algo que aplica a todos los álbumes suyos que he reseñado hasta ahora en este humilde blog, y también, por lo tanto, a su última entrega. Esa reiteración en su propuesta de "future bass" ha jugado en su contra durante estos años, pues canciones que individualmente resultaban irreprochables por composición, instrumentación y sensibilidad, acababan fatigando cuando eran secuenciadas unas tras otras en un mismo disco. De hecho, ya en la versión Deluxe de "Fallen Embers" (2021) Miller pareció reaccionar de manera consciente frente a esta reiteración, añadiendo temas vocales con otra estructura, o instrumentales, que daban oxígeno al conjunto. Y afortunadamente en este "Illenium" ha intentado algo similar, si bien dentro de su habitual fórmula clara y reconocible.
En este caso ese intento por oxigenar su quinto álbum ha venido esencialmente de la mano del rock. Un estilo, o más bien un conjunto de estilos, que el americano siempre ha sabido maridar con su "future bass" de cabecera, y que en esta oportunidad ha podido llevar un paso más allá gracias a una serie de colaboradores que se inscriben claramente en las múltiples vertientes del rock. Consiguiendo así camuflar o reflotar un conjunto de composiciones que en su mayoría no pasan de simplemente correctas, probablemente el más discreto de su carrera, y que se deja escuchar en buena medida gracias a su incuestionable oficio con guitarras y programaciones. Lo que no significa, debo aclarar, que estemos ante un mal álbum: su inteligencia creativa, la calidad de sus producciones, su instinto a la hora de colaborar con infinidad de artistas, su gusto por los temas melancólicos e introspectivos, y un par de trallazos dignos de sus mejores álbumes, justifican su reseña por aquí.
El álbum ya se abre con una declaración de intenciones en ese sentido. Porque "Starfall" no es uno de sus temas canónicos: es una canción interpretada en solitario, sin colaboradores, en las que se con las (distorsionadas) partes vocales, y aunque su progresión armónica inicial, arropada por esas cuerdas sintetizadas, es tan melancólica como cabría esperar, su inicial arreglo en forma de balada deja paso, tras un breve tramo "marca de la casa", hacia un vertiginoso tema de electrónica distorsionada, orientada hacia la pista de baile, y que puede recordar a coetános suyos como The Crystal Method. "All that really matters", segundo corte y segundo sencillo que anticipó el álbum hace ya un año, es también uno de sus mejores momentos. En colaboración con el versátil Teddy Swims, es otra más de esas canciones que han hecho de Miller uno de los mejores creadores de los últimos años. Sincera, honesta, bien instrumentada, con una sección de cuerda en su tercio final que aumenta la intensidad... previsible, sí, pero irreprochable. "Worst day", tercer corte y cuarto sencillo, con la participación vocal de su paisano MAX, sí suena más a oficio que a inspiración, y ello a pesar de detalles como ese ritmo binario bien marcado de la segunda estrofa que avisa de lo que van a traer los siguientes temas. "From the ashes", tercer sencillo, con la ecléctica Skylar Grey en la composición y las partes vocales, vuelve a sonar al Illenium de siempre, con sus efectivas guitarras eléctricas en estrofas y estribillos, esos tramos sin percusión, y esos contundentes y a la vez un tanto enrevesados intervalos instrumentales.
"Lifeline", colaboración con el cantante jdxn, ya sí que permite observar sin género de dudas ese maridaje entre "future-bass" y rock: guitarras contundentes, distorsión, tempo alto en algunas fases como en la repetición final del estribillo; incluso la forma de cantar de Hosler es algo más que el pop intimista habitual en Illenium, y sin ser una gran canción, introduce algo de variedad en el conjunto. Aunque para mí la gran canción, y a la vez el giro estilístico que insufla el aire necesario a esta colección de canciones, es "Eyes Wide Shut": junto a la muy venida a menos Avril Lavigne y el baterista de Blink-182 Travis Barker, Illenium crea el mejor tema de post-punk de 2023: corto, directo, rápido, enérgico, con una preciosa melodía vocal bien interpretada, las paradas suficientes, una batería que encaja con los aquí discretos trucos como DJ de Miller, sin duda una de las grandes canciones de este año. Lo inexplicable es que no haya sido escogida como sencillo. Le sigue "Shivering", que el fue el primer sencillo en anticipar el álbum hace ya quince meses. El rock, de la mano ahora de los canadienses Spiritbox, es ahora puro heavy metal a lo Evanescence, pero el conjunto sigue sonando a Illenium gracias a esos sampling vocales, esos crescendos, esos bombos sobredimensionados, y esas partes instrumentales de tempo lento. Más interesante que brillante, en sus cinco minutos hay espacio tanto para delirios chirriantes de electrónica como para lentos arpegios guitarreros. El siguiente tema, "You Were Right", con los para mí desconocidos Wooli & Grabbitz, vuelve a la senda del Illenium más convencional, una canción correcta y aprovechable pero que no aporta nada nuevo.
"Insanity" fue elegido nada menos que como sexto sencillo semanas antes de la publicación del álbum. Una suerte de rock acústico con una interpretación vocal (y una terrible pronunciación, por cierto) a cargo de los para mí desconocidos American Teeth, mejor en su letra que en una música tan bien facturada como insulsa, salvo por la previsible contundencia de su estribillo. Con el décimo corte, "Drwn", Illenium intenta cambiar el tercio: se olvida de colaboradores, y entrega un tema esencialmente instrumental, de cinematografía por momentos apoteósica, repleto de sonidos reproducidos al revés y de tempo particularmente bajo, que sin ser un gran momento cumple su función. "Other side", undécimo corte, en colaboración con el para mí desconocido productor Said The Sky y la cantante Vera Blue, retoma la senda habitual del estadounidense, es decir, otro tema de "future bass" intimista y melancólico que a estas alturas resulta tan correcto como predecible. Después, "I Want You 2 (Stay)" nos devuelve a Illenium en solitario, pero esta vez con un tema a menudo más rápido e indudablemente más interesante que su anterior aventura en solitario, de caja de ritmos distorsionada y bien marcada, y todos los juegos vocales y de samplings que a veces parece que le cuesta mostrar en sus colaboraciones.
El último tramo de este largo álbum lo abre "With All My Heart", séptimo sencillo, en colaboración con el joven cantautor estadounidense JVKE. A pesar de lo cual el tema suena a Illenium de siempre. Sin ser nada del otro jueves, quizá lo más llamativo sea el ritmo original de sus intervalos pseudo-instrumentales, en los que Miller juega a repetir la frase del estribillo con una batería poco habitual. "Back To You", junto a la banda de pop-punk All Time Low, devuelve esas reminiscencias rockeras a las que he aludido ya en varias ocasiones, en especial en la rabiosa interpretación vocal de Alex Gaskarth. Pero eso no es suficiente para pasar a lo más selecto de la discografía de Illenium. Y justo cuando el disco parece que camina hacia un anodino final, la cosa repunta con "Nothing Ever After", el penúltimo corte. Aquí la colaboración con la banda de metalcore Motionless in White sí funciona: el tema es de una contundencia rockera tremenda, con guitarras distorsionadas y voces desabridas que sin embargo casan a la perfección con las programaciones, los crescendos y los efectos de Illenium, como si los mejores Linkin Park hubieran revivido. Y el broche lo pone otro buen momento, "Luv Me A Little". En su momento fue el quinto sencillo, y la voz y la dulzura de la escocesa de Nina Nesbitt entrega tal vez las mejores estrofas de todo el álbum. El estribillo en acordes mayores resulta un poco más previsible, pero sirve para rematar el álbum con un momento ascendente que mejora la impresión final.
Porque está claro que no estamos ante el mejor álbum del estadounidense. Dieciséis temas son demasiados para casi cualquier artista, por muchas colaboraciones que lo justifiquen. Y aquí queda patente una vez más. Con los ocho que yo he destacado, que en el fondo son un montón para cualquier álbum de canciones nuevas, y un par de adiciones bien meditadas habría quedado un disco más ligero y disfrutable. Pero aquí hay exceso de minutaje, un hecho agravado por unos sencillos en su mayoría mal escogidos. En otro orden de cosas, aparte de una mayor contención creativa y un mejor olfato para distinguir las grandes creaciones, Illenium también debería plantearse darle un giro más amplio a su propuesta. Los devaneos rockeros han salvado este disco, pero ventas, crítica y público comienzan a acusar esa evidente reiteración en su fórmula. Sabemos que el estadounidense anda sobrado de talento, por eso aún podemos esperar que en su próxima entrega corrija estos defectos y entregue un disco redondo al cien por cien. Veremos si es así.
Nada menos que dieciséis canciones
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
domingo, 20 de agosto de 2023
domingo, 16 de julio de 2023
Pet Shop Boys - "Lost" (2023)
Mientras sus seguidores esperan que vea la luz su esperado nuevo álbum, esta vez con la producción del ubicuo James Ford, el dúo británico Pet Shop Boys ha combatido la impaciencia con la reciente publicación de "Lost". Un EP de cuatro canciones (cinco en la versión a la que yo he tenido acceso) que, a diferencia de su anterior EP ("Agenda", 2019) no ha sido grabado en una fase previa a la de facturación del nuevo disco, sino que compila material rescatado de las sesiones de "Super" (2016), con el cual han decidido acompañar la edición de 2023 de su libro "Anually". Así que lo primero que toca preguntarse es si estas canciones se habían quedado almacenadas en una estantería por una buena razón, o si ahora se les ha hecho justicia al publicarlas. Según Neil Tennant, la única razón por la que no habían visto la luz era que no encajaban con el estilo bailable, fastuoso y optimista de "Super", no porque no les gustaran. ¿Debemos creerle?
Pues sí y no. Sí porque entre los cinco cortes encontramos una canción que podría figurar en cualquiera de sus álbumes de estudio. Y porque, además, han podido defender el EP con un sencillo digno, incluso con un videoclip adecuado al mismo, algo poco habitual ya en estos sesentones. Y no porque el nivel medio de las composiciones es solamente discreto, con Tennant y Lowe tirando de oficio, pero sin que se intuya la magia que suele acompañar a sus grandes momentos. Aparte de que se nota que la producción es más bien espartana; no tanto como si se tratara de meras demos, pero sin la opulencia de los doce temas que componían "Super".
El EP lo abre su tema estrella, es decir, el sencillo escogido para presentarlo: "The Lost Room", con su videoclip en blanco y negro hecho a partir de escenas de la película "Young Törless" de 1996, es un medio tiempo de elegante mecanicismo, que rezuma melancolía muy en la línea de su álbum "Behaviour", más certero en sus estrofas que en su estribillo, y en el que Lowe simplemente cumple en la instrumentación, sin que el tema crezca en detalles e instrumentos conforme avanza el minutaje. "I will fall" es el tema que mejor podría haber entrado en "Super": sin ser de tempo muy alto, su bombo marcado y su bajo sincopado lo orientan a la pista de baile. Pero resulta un poquito monótono a nivel melódico, dado que sus estrofas repiten la melodía de sus tramos instrumentales. El estribillo es más un cambio en la progresión armónica que una serie de frases realmente tarareables, y el tramo final no termina de lograr el impacto deseado, por lo que el resultado se queda en simplemente correcto. Lo mejor de "Skeletons in the Closet", el tercer corte, es su título. Por lo demás, su melodía a dos voces en distintas escalas no termina de funcionar, y el ritmo, con su doble caja en cada segunda repetición, resulta inquietantemente simple, más propio de una demo que de una canción ya terminada. Sólo el estribillo nos recuerda que estamos ante un tema de Pet Shop Boys. "Kaputnik" es en mi opinión el tema más flojo del EP: suena a Pet Shop Boys... en horas bajas. Las estrofas son simplemente dos frases repetidas unas cuantas veces, y el estribillo es una machacona reiteración de la frase que da título al tema. Tampoco la instrumentación llama la atención, y las partes declamadas por Tennant resultan tan efectivas como ya conocidas.
Dejo para un nuevo párrafo la canción que justifica la reseña de "Lost" en este humilde blog: "Living in the past" es una gran balada, que mira de tú a tú a cualquiera de las entregadas por los ingleses en sus cuarenta años de carrera. Presidida por el inevitable piano, su certera progresión armónica sirve de base para una preciosa melodía que Tennant interpreta como pocas veces, incluso desgarrando su voz en la subyugante tercera estrofa. El teclado sintetizado a modo de strings que lleva los acordes siempre funciona en estos casos, y la parte nueva, elaborada e intensa a partes iguales, ayuda al tema a no dejar de crecer, pese a no incorporar ni un solo instrumento de percusión. Por eso, si se hacen con este EP, busquen la versión que la contiene; les justificará la compra. En caso contrario, estarán ante una entrega menor de un dúo del que nadie espera a estas alturas que brille como hace veinticinco años, pero del que sabemos posee aún el suficiente talento como para publicar cosas más interesantes.
Pues sí y no. Sí porque entre los cinco cortes encontramos una canción que podría figurar en cualquiera de sus álbumes de estudio. Y porque, además, han podido defender el EP con un sencillo digno, incluso con un videoclip adecuado al mismo, algo poco habitual ya en estos sesentones. Y no porque el nivel medio de las composiciones es solamente discreto, con Tennant y Lowe tirando de oficio, pero sin que se intuya la magia que suele acompañar a sus grandes momentos. Aparte de que se nota que la producción es más bien espartana; no tanto como si se tratara de meras demos, pero sin la opulencia de los doce temas que componían "Super".
El EP lo abre su tema estrella, es decir, el sencillo escogido para presentarlo: "The Lost Room", con su videoclip en blanco y negro hecho a partir de escenas de la película "Young Törless" de 1996, es un medio tiempo de elegante mecanicismo, que rezuma melancolía muy en la línea de su álbum "Behaviour", más certero en sus estrofas que en su estribillo, y en el que Lowe simplemente cumple en la instrumentación, sin que el tema crezca en detalles e instrumentos conforme avanza el minutaje. "I will fall" es el tema que mejor podría haber entrado en "Super": sin ser de tempo muy alto, su bombo marcado y su bajo sincopado lo orientan a la pista de baile. Pero resulta un poquito monótono a nivel melódico, dado que sus estrofas repiten la melodía de sus tramos instrumentales. El estribillo es más un cambio en la progresión armónica que una serie de frases realmente tarareables, y el tramo final no termina de lograr el impacto deseado, por lo que el resultado se queda en simplemente correcto. Lo mejor de "Skeletons in the Closet", el tercer corte, es su título. Por lo demás, su melodía a dos voces en distintas escalas no termina de funcionar, y el ritmo, con su doble caja en cada segunda repetición, resulta inquietantemente simple, más propio de una demo que de una canción ya terminada. Sólo el estribillo nos recuerda que estamos ante un tema de Pet Shop Boys. "Kaputnik" es en mi opinión el tema más flojo del EP: suena a Pet Shop Boys... en horas bajas. Las estrofas son simplemente dos frases repetidas unas cuantas veces, y el estribillo es una machacona reiteración de la frase que da título al tema. Tampoco la instrumentación llama la atención, y las partes declamadas por Tennant resultan tan efectivas como ya conocidas.
Dejo para un nuevo párrafo la canción que justifica la reseña de "Lost" en este humilde blog: "Living in the past" es una gran balada, que mira de tú a tú a cualquiera de las entregadas por los ingleses en sus cuarenta años de carrera. Presidida por el inevitable piano, su certera progresión armónica sirve de base para una preciosa melodía que Tennant interpreta como pocas veces, incluso desgarrando su voz en la subyugante tercera estrofa. El teclado sintetizado a modo de strings que lleva los acordes siempre funciona en estos casos, y la parte nueva, elaborada e intensa a partes iguales, ayuda al tema a no dejar de crecer, pese a no incorporar ni un solo instrumento de percusión. Por eso, si se hacen con este EP, busquen la versión que la contiene; les justificará la compra. En caso contrario, estarán ante una entrega menor de un dúo del que nadie espera a estas alturas que brille como hace veinticinco años, pero del que sabemos posee aún el suficiente talento como para publicar cosas más interesantes.
domingo, 11 de junio de 2023
Taylor Jenzen - "I Live In Patterns" (2023)
Hoy traigo a este humilde blog el debut en formato álbum de una nueva artista: la canadiense originaria de Winnipeg Taylor Jenzen. Una perfecta desconocida por estos lares, que después de haber llamado la atención del mundillo musical alternativo con un par de EPs publicados al principio de la década, ha confirmado los mejores augurios con este "I Live In Patterns", un álbum cohesionado y lleno de talento de principio a fin.
El indie rock melancólico e intimista que propone la canadiense es un territorio muy trillado desde hace décadas, por lo que conseguir insuflarle originalidad y frescura resulta francamente complicado. Aunque no en manos de Jenzen, quien sabe sonar personal y a la vez rehuir de un excesivo convencionalismo en su música. Porque por supuesto en el álbum podrán encontrar, como imaginan, desazón, guitarras acústicas, medios tiempos y excelentes interpretaciones vocales. Pero también instrumentaciones originales y detalles contemporáneos, suficiente variedad estilística y, sobre todo, unas progresiones armónicas lo suficientemente inspiradas como para que las melodías principales fluyan con una naturalidad más propia de un artista consolidado que de una debutante como ella.
El disco lo abre "Sunday Morning", curiosamente su tema más corto y etéreo: la steel guitar en primer plano, la voz doblada de Jensen, y esa atmósfera entre perezosa e introspectiva de los domingos por la mañana, junto con la casi total ausencia de instrumentos de percusión, y la rabia que despliega a partir de la segunda estrofa, la convierten en un poco habitual y sin embargo eficaz momento para predisponer al melómano a lo que se va a encontrar a partir de entonces. Comenzando por "Fingers crossed", un medio tiempo tan brillante que sorprende que no haya sido escogido (aún) como sencillo: unos samplings vocales y una caja de ritmos arrastrada y un tanto distorsionada dan paso a unas estrofas meritorias, ensalzadas por una voz mecánica que pasa casi inapreciada, antes de llegar a un precioso estribillo, tan tarareable como doloroso. El resto es jugar sabiamente con los elementos puestos en juego, desde los originales teclados sincopados que aparecen bien entrado el tema hasta la parada previa a la repetición final del estribillo. "Push It Down", tercer corte, fue el primer sencillo en anticipar el álbum hace un año: otro medio tiempo que puede recordar a los momentos más melancólicos de Alanis Morissette, aunque con una interpretación menos histriónica. Ritmo binario muy marcado, bajo al frente, originales sintetizadores rellenando huecos y otro fantástico estribillo para sostener una canción que ya anticipaba el excelente momento creativo de la cantautora. "Nightmare" ha sido recientemente escogida como quinto sencillo, y probablemente sea mi tema favorito del disco. El bajo que lo abre sería más propio de una tema de pop bailable de Sia o de Lady Gaga, y sin embargo da paso a un medio tiempo de originalísima percusión, cuyas crudas estrofas a dos voces, arropadas por esas guitarras distorsionadas, contrastan con un estribillo sinfónico, cuya repetición del título acaba por hacer añicos la sensibilidad del melómano. Por si fuera poco, la larguísima parte nueva lleva al tema a otra dimensión.
El festival continúa con "I Live In Patterns", esta vez interpretada por Jenzen en solitario, aunque el enlace que adjunto corresponde al undécimo y último corte, con la colaboración de Alix Page. Cuarto sencillo extraído, se trata de otra preciosa progresión armónica con la voz de Jenzen sobre dos guitarras acústicas en unas estrofas tan redondas que parecen una versión, y de pronto la sorpresa del ritmo alto marcado por el bombo. La melodía del estribillo consigue no bajar el nivel, y los medidos pero perceptibles efectos tanto instrumentales como en las voces a partir de entonces alejan el resultado del convencionalismo impersonal. "Something Better", el sexto corte, fue también escogida como segundo sencillo hace ya ocho meses. Una nueva melodía intimista sobre guitarra acústica que demuestra la calidad de la composición, y que en seguida da paso a una batería programada que genera un bonito contraste. El contudente estribillo complementa muy bien la interpretación vocal de Jenzen, que pasa de la delicadeza a la furia. En la segunda estrofa nuevos instrumentos y pequeños detalles como ese teclado que apenas se atreve a sonar ayudan al tema a seguir creciendo. "Hotline" quizá resulta el momento menos inspirado del disco. No tanto por los parámetros que la delimitan, que siguen siendo los del resto del álbum, sino porque se arrima más a una balada convencional, y pierde algo de personalidad con esas estrofas tan largas.
El último tercio del disco lo inaugura la estupenda "Designated Driver", que fue seleccionada como segundo sencillo del álbum hace ya casi un año. Otro medio tiempo de ritmo marcado, de meritorias estrofas con un originalísimo bajo, y un estribillo taraeble y sin embargo hiriente con esas repeticiones finales de una frase tan dañina como "You love this dying part of me". La parte nueva, otra vez sostenida por ese bajo slap, lleva al tema a otro nivel con su melodía de enrabietadas notas altas y la forma como poco a poco se van añadiendo instrumentos y voces dobladas. "Patience" es, por fin, ese baladón sostenida por voz y piano que ya se hacía de rogar. Afortunadamente rehúye de edulcorantes y añade efectos etéreos para arropar la formidable interpretación vocal de Jenzen, a la que sólo le sobran algunas voces dobladas que sólo le restan pegada. Y, excepción hecha de la revisión de "I Live In Patterns", el álbum lo cierra "It's Alright". Hubiera sido más adecuado un tema de tempo más alto y sentimientos menos melancólicos, pues al abundar en la propuesta de "Patience", pierde injustamente relevancia, pues se trata de una buena composición, más rica en instrumentos que la anterior, con una interesante coda final, y que en otra ubicación del tracklist habría brillado más.
Pese a que el álbum no se cierre por todo lo alto como habría merecido, son nada menos que siete de los diez temas los que poseen el nivel suficiente como para haber incluido los enlaces a Youtube. Y ello habla bien a las claras del notable nivel medio del conjunto. Sólo falta que, de alguna forma, Jenzen pueda encontrar la forma de llamar la atención dentro del siempre complicado circuito alternativo, para así aumentar la repercusión de su propuesta. Para que más pronto que tarde haya una siguiente entrega que le dé continuidad a su carrera, a ser posible sin caer en los convencionalismos que siempre amenazan este tipo de propuestas.
El indie rock melancólico e intimista que propone la canadiense es un territorio muy trillado desde hace décadas, por lo que conseguir insuflarle originalidad y frescura resulta francamente complicado. Aunque no en manos de Jenzen, quien sabe sonar personal y a la vez rehuir de un excesivo convencionalismo en su música. Porque por supuesto en el álbum podrán encontrar, como imaginan, desazón, guitarras acústicas, medios tiempos y excelentes interpretaciones vocales. Pero también instrumentaciones originales y detalles contemporáneos, suficiente variedad estilística y, sobre todo, unas progresiones armónicas lo suficientemente inspiradas como para que las melodías principales fluyan con una naturalidad más propia de un artista consolidado que de una debutante como ella.
El disco lo abre "Sunday Morning", curiosamente su tema más corto y etéreo: la steel guitar en primer plano, la voz doblada de Jensen, y esa atmósfera entre perezosa e introspectiva de los domingos por la mañana, junto con la casi total ausencia de instrumentos de percusión, y la rabia que despliega a partir de la segunda estrofa, la convierten en un poco habitual y sin embargo eficaz momento para predisponer al melómano a lo que se va a encontrar a partir de entonces. Comenzando por "Fingers crossed", un medio tiempo tan brillante que sorprende que no haya sido escogido (aún) como sencillo: unos samplings vocales y una caja de ritmos arrastrada y un tanto distorsionada dan paso a unas estrofas meritorias, ensalzadas por una voz mecánica que pasa casi inapreciada, antes de llegar a un precioso estribillo, tan tarareable como doloroso. El resto es jugar sabiamente con los elementos puestos en juego, desde los originales teclados sincopados que aparecen bien entrado el tema hasta la parada previa a la repetición final del estribillo. "Push It Down", tercer corte, fue el primer sencillo en anticipar el álbum hace un año: otro medio tiempo que puede recordar a los momentos más melancólicos de Alanis Morissette, aunque con una interpretación menos histriónica. Ritmo binario muy marcado, bajo al frente, originales sintetizadores rellenando huecos y otro fantástico estribillo para sostener una canción que ya anticipaba el excelente momento creativo de la cantautora. "Nightmare" ha sido recientemente escogida como quinto sencillo, y probablemente sea mi tema favorito del disco. El bajo que lo abre sería más propio de una tema de pop bailable de Sia o de Lady Gaga, y sin embargo da paso a un medio tiempo de originalísima percusión, cuyas crudas estrofas a dos voces, arropadas por esas guitarras distorsionadas, contrastan con un estribillo sinfónico, cuya repetición del título acaba por hacer añicos la sensibilidad del melómano. Por si fuera poco, la larguísima parte nueva lleva al tema a otra dimensión.
El festival continúa con "I Live In Patterns", esta vez interpretada por Jenzen en solitario, aunque el enlace que adjunto corresponde al undécimo y último corte, con la colaboración de Alix Page. Cuarto sencillo extraído, se trata de otra preciosa progresión armónica con la voz de Jenzen sobre dos guitarras acústicas en unas estrofas tan redondas que parecen una versión, y de pronto la sorpresa del ritmo alto marcado por el bombo. La melodía del estribillo consigue no bajar el nivel, y los medidos pero perceptibles efectos tanto instrumentales como en las voces a partir de entonces alejan el resultado del convencionalismo impersonal. "Something Better", el sexto corte, fue también escogida como segundo sencillo hace ya ocho meses. Una nueva melodía intimista sobre guitarra acústica que demuestra la calidad de la composición, y que en seguida da paso a una batería programada que genera un bonito contraste. El contudente estribillo complementa muy bien la interpretación vocal de Jenzen, que pasa de la delicadeza a la furia. En la segunda estrofa nuevos instrumentos y pequeños detalles como ese teclado que apenas se atreve a sonar ayudan al tema a seguir creciendo. "Hotline" quizá resulta el momento menos inspirado del disco. No tanto por los parámetros que la delimitan, que siguen siendo los del resto del álbum, sino porque se arrima más a una balada convencional, y pierde algo de personalidad con esas estrofas tan largas.
El último tercio del disco lo inaugura la estupenda "Designated Driver", que fue seleccionada como segundo sencillo del álbum hace ya casi un año. Otro medio tiempo de ritmo marcado, de meritorias estrofas con un originalísimo bajo, y un estribillo taraeble y sin embargo hiriente con esas repeticiones finales de una frase tan dañina como "You love this dying part of me". La parte nueva, otra vez sostenida por ese bajo slap, lleva al tema a otro nivel con su melodía de enrabietadas notas altas y la forma como poco a poco se van añadiendo instrumentos y voces dobladas. "Patience" es, por fin, ese baladón sostenida por voz y piano que ya se hacía de rogar. Afortunadamente rehúye de edulcorantes y añade efectos etéreos para arropar la formidable interpretación vocal de Jenzen, a la que sólo le sobran algunas voces dobladas que sólo le restan pegada. Y, excepción hecha de la revisión de "I Live In Patterns", el álbum lo cierra "It's Alright". Hubiera sido más adecuado un tema de tempo más alto y sentimientos menos melancólicos, pues al abundar en la propuesta de "Patience", pierde injustamente relevancia, pues se trata de una buena composición, más rica en instrumentos que la anterior, con una interesante coda final, y que en otra ubicación del tracklist habría brillado más.
Pese a que el álbum no se cierre por todo lo alto como habría merecido, son nada menos que siete de los diez temas los que poseen el nivel suficiente como para haber incluido los enlaces a Youtube. Y ello habla bien a las claras del notable nivel medio del conjunto. Sólo falta que, de alguna forma, Jenzen pueda encontrar la forma de llamar la atención dentro del siempre complicado circuito alternativo, para así aumentar la repercusión de su propuesta. Para que más pronto que tarde haya una siguiente entrega que le dé continuidad a su carrera, a ser posible sin caer en los convencionalismos que siempre amenazan este tipo de propuestas.
lunes, 15 de mayo de 2023
Orbital - "Optical delusion" (2023)
Casi cinco años ha tardado en ver la luz el esperado nuevo álbum de Orbital. Y es que los hermanos Paul & Phil Hartnoll por fin han regresado hace un par de meses con "Optical delusion", el décimo álbum de estudio de su discografía. Tras más de tres décadas de exitosa carrera a nivel tanto de crítica como de público, lo primero que cabe preguntarse ante este nuevo disco es si aún están lo suficientemente en forma como para crear nuevas canciones que se sostengan por sí mismas, y no sirvan simplemente de mera excusa para regresar a actuar en diversos festivales esta próxima temporada. Una pregunta ante la que cabe agradecer que se hayan tomado el tiempo que han considerado necesario hasta estar convencidos de haber reunido una decena de canciones que pueda mirar de tú a tú al grueso de su notable discografía. Algo que, ya les adelanto, han conseguido una vez más.
No estamos, obviamente, ante un álbum destinado a marcar un hito en la historia de la música electrónica, como en su momento lograron con "In sides" (1996), ni siquiera ante una entrega necesaria para reforzar una ya de por sí intachable reputación. Simplemente se trata de una colección de canciones razonablemente consistente y de buen nivel medio, casi todas ellas con la participación de artistas invitados que les aportan esas partes vocales que tanto les gustan a los Hartnoll. Unas colaboraciones con las que, además, exhiben su capacidad de adaptarse a tantos colaboradores para sacarles lo mejor sin que ello les suponga alejarse de su personal estilo. Pero que les ayuda a renovar permanentemente su sonido, acercándolo ligeramente a otras propuestas. Eso sí, sin gran espacio para la experimentación o para las tendencias más musicales más actuales, que los dos miembros del dúo ya andan cerca de los sesenta años.
El disco lo abre "Ringa Ringa (The Old Pandemic Folk Song)", elegido también como segundo sencillo a finales de del año pasado, y que formó parte de mi lista de otras veinte canciones internacionales recomendables de 2022. Compuesto como casi todo el disco por Paul Hartnoll, cuenta con la participación vocal del inclasificable combo femenino Mediæval Bæbes. Pretendidamente es un buen reflejo de lo que encierra esta nueva entrega del duo. Ante todo, un sonido cien por cien Orbital: esos teclados de reminiscencias acid marcando el ritmo bien al frente, su orientación a la pista de baile, y sus etéreos pasajes vocales, resultarán inconfundibles para sus seguidores. Además, parte de una buena composición, y el desarrollo la enriquece lo suficiente sin alargarlo en demasía. Si bien queda claro que su carrera cuenta con sencillos más descollantes. Le sigue "Day One", con la colaboración de la para mí desconocida Dina Ipavic. Un tema más contundente que el anterior, con su bombo sobredimensionado en primer plano, su atmósfera espacial, una eficaz progresión armónica, y una melodía principal etérea que a mí recuerda poderosamente a la de "Halcyon And On And On", el recordado momentazo de su álbum marrón (1993): a pesar de los treinta años transcurridos, las similitudes entre ambas canciones son evidentes. Dicho lo cual, la mayor contención en su duración de este nuevo tema, el teclado principal más estridente que sustenta las partes instrumentales, y la apoteosis instrumental de su tercio final, lo hacen disfrutable por sí mismo. Aunque para mí el momentazo absoluto del álbum es "Are you alive?". Compuesto junto al dúo guitarrero de Brighton Penelope Isles, estamos en mi opinión ante uno de las grandes canciones de este 2023: de una delicadeza exquisita en sus estrofas, de una frialdad envolvente en ese fantástico estribillo que cambia con cada repetición, de un ritmo original, de una sucesión de sintetizadores que demuestran lo solventes que son a estas alturas los hermanos Hartnoll añadiendo capas y capas a sus composiciones, lo que realmente transporta el tema a otra dimensión es la variación en su ritmo que introducen cuando otros artistas menos talentosos ya habrían estado recurriendo al "chorus to fade" (algo, por cierto, que por desgracia se ha perdido en la versión publicada como tercer sencillo): ese desfase electrónico de sus convincentes tres minutos finales es la que lo vuelve irresistible.
Tras un arranque tan notable, resulta relativamente esperable que el disco pegue un pequeño bajón. Y eso es lo que sucede con "You Are The Frequency", esta vez junto a los para mí desconocidos Little Pest. Un tema particularmente estridente, y plagado de voces distorsionadas hasta el extremo, su ritmo sincopado le aporta originalidad pero le resta pegada. Afortunadamente, el piano de puro house que vertebra el tema en su segunda mitad le confiere una cercanía que lo convierte en disfrutable de ahí hasta el final. Si bien para mí resulta superior "The New Abnormal", el quinto corte, de original título por cierto. Instrumental de principio a fin, es cierto que podríamos haberlo encontrado en casi cualquier disco del dúo, pero esa progresión armónica tan familiar que sorprende que no la hayan compuesto hasta ahora, la forma tan original como la van variando, ese teclado chirriante marca de la casa, y la forma como van entrando y saliendo los distintos sintetizadores en un frenesí que nunca resulta monótono, ideal para disfrutar a altas horas de la madrugada, confirman que de la "fórmula Orbital" aún puede extraerse un jugo sustancioso. Algo que en buena medida resulta también aplicable a "Home", compuesto a medias con la singular solista londinense Anna B Savage, que se encarga también de la fuertemente personal parte vocal. Una interpretación que condiciona el resultado de un tema que comienza como una balada intimista pero que acaba deviniendo en un desquiciante ejercicio de techno intemporal, con la excelente progresión armónica del estribillo y la habilidad del dúo para crear un arreglo que suene diferente a estas alturas como bazas adicionales.
El último tercio del disco sí baja claramente el nivel, pero es que hasta aquí pocos peros se le han podido poner a lo escuchado. A ese menor nivel contribuye decisivamente "Dirty Rat", desacertadamente elegido a mi modo de ver como primer sencillo, con la colaboración de la banda de post-punk Sleaford Mods. Y es que la propuesta de los de Notthingham está demasiado alejada de la de los hermanos Hartnoll como para lograr un buen maridaje, así que sus provocativas y monocordes estrofas se antojan demasiado poco para lo que había ofrecido hasta ahora "Optical delusion". Incluso aunque tenga el acierto que entregar un estribillo con una progresión armónica completa que mejora apreciablemente la impresión global. Pero se trata indudablemente de un sencillo menor en su discografía. "Requiem for the Pre-Apocalypse", octavo corte, con su ritmo de drum&bass y sus sintetizadores corales, me recuerda a la electrónica sincopada y a la irregularidad estilística de su "Snivilization" (1994). Así que, a pesar de que en su estribillo instrumental se vuelve más accesible, no pasa de ser un tema simplemente correcto. "What a Surprise", nuevamente con la colaboración de Little Pest, sube el listón hasta convertirse en el último momento álgido del disco: tenebroso, pausado, con un dramatismo que me recuerda al de muchos momentos de su antecesor "Monsters Exist" (2018): unas escuetas frases declamadas, una duración contenida, y un epatante contraste entre sus distintos sintetizadores la hacen fácilmente reconocible. Y el álbum lo cierra "Moon Princess", con la partición vocal de la también desconocida Coppe. Una canción cuya atmósfera encaja a la perfección con su título, y cuyo marcadísimo ritmo se adhiere inmediatamente a nuestro cerebro. Pero con una melodía vocal de notas lentas que no ayuda a realzar la instrumentación, e incluso puede resultar desagradable por momentos. En realidad quizá estemos ante el momento más experimental de todo el disco, y por eso parece razonable ubicarlo donde no altere el normal devenir del resto de canciones, pero es obvio que no contribuye a cerrar el álbum por todo lo alto.
En todo caso, como suele ser habitual en los discos de Orbital, con cada nueva escucha iremos descubriendo nuevos detalles, apreciando mejor la singularidad de cada composición, y recreándonos con el cuidado con el que han mimado cada detalle. Hasta convencernos de que no estamos ni mucho menos ante un álbum menor de su discografía, sino ante una saludable y solvente reivindicación de ellos mismos. Tal vez haya faltado una colaboración de postín que los devuelva a la primera línea de la comercialidad internacional, pero aun así el álbum está funcionando bien en listas, y sin ir más lejos alcanzó hace unas semanas el Top 6 en el Reino Unido, una posición que hacía tiempo no lograban. Y es que los Hartnoll han conseguido crear una base estable de seguidores, que saben apreciar un álbum de música electrónica que va a resultar interesante de principio a fin, y que va a poseer siempre la musicalidad suficiente para que no cueste anirmarse a reproducirlo. Me congratulo por ello. Y espero que el paso del tiempo no les impida entregar todavía un par de álbumes más, por lo menos. Porque siguen siendo necesarios en el panorama musical.
No estamos, obviamente, ante un álbum destinado a marcar un hito en la historia de la música electrónica, como en su momento lograron con "In sides" (1996), ni siquiera ante una entrega necesaria para reforzar una ya de por sí intachable reputación. Simplemente se trata de una colección de canciones razonablemente consistente y de buen nivel medio, casi todas ellas con la participación de artistas invitados que les aportan esas partes vocales que tanto les gustan a los Hartnoll. Unas colaboraciones con las que, además, exhiben su capacidad de adaptarse a tantos colaboradores para sacarles lo mejor sin que ello les suponga alejarse de su personal estilo. Pero que les ayuda a renovar permanentemente su sonido, acercándolo ligeramente a otras propuestas. Eso sí, sin gran espacio para la experimentación o para las tendencias más musicales más actuales, que los dos miembros del dúo ya andan cerca de los sesenta años.
El disco lo abre "Ringa Ringa (The Old Pandemic Folk Song)", elegido también como segundo sencillo a finales de del año pasado, y que formó parte de mi lista de otras veinte canciones internacionales recomendables de 2022. Compuesto como casi todo el disco por Paul Hartnoll, cuenta con la participación vocal del inclasificable combo femenino Mediæval Bæbes. Pretendidamente es un buen reflejo de lo que encierra esta nueva entrega del duo. Ante todo, un sonido cien por cien Orbital: esos teclados de reminiscencias acid marcando el ritmo bien al frente, su orientación a la pista de baile, y sus etéreos pasajes vocales, resultarán inconfundibles para sus seguidores. Además, parte de una buena composición, y el desarrollo la enriquece lo suficiente sin alargarlo en demasía. Si bien queda claro que su carrera cuenta con sencillos más descollantes. Le sigue "Day One", con la colaboración de la para mí desconocida Dina Ipavic. Un tema más contundente que el anterior, con su bombo sobredimensionado en primer plano, su atmósfera espacial, una eficaz progresión armónica, y una melodía principal etérea que a mí recuerda poderosamente a la de "Halcyon And On And On", el recordado momentazo de su álbum marrón (1993): a pesar de los treinta años transcurridos, las similitudes entre ambas canciones son evidentes. Dicho lo cual, la mayor contención en su duración de este nuevo tema, el teclado principal más estridente que sustenta las partes instrumentales, y la apoteosis instrumental de su tercio final, lo hacen disfrutable por sí mismo. Aunque para mí el momentazo absoluto del álbum es "Are you alive?". Compuesto junto al dúo guitarrero de Brighton Penelope Isles, estamos en mi opinión ante uno de las grandes canciones de este 2023: de una delicadeza exquisita en sus estrofas, de una frialdad envolvente en ese fantástico estribillo que cambia con cada repetición, de un ritmo original, de una sucesión de sintetizadores que demuestran lo solventes que son a estas alturas los hermanos Hartnoll añadiendo capas y capas a sus composiciones, lo que realmente transporta el tema a otra dimensión es la variación en su ritmo que introducen cuando otros artistas menos talentosos ya habrían estado recurriendo al "chorus to fade" (algo, por cierto, que por desgracia se ha perdido en la versión publicada como tercer sencillo): ese desfase electrónico de sus convincentes tres minutos finales es la que lo vuelve irresistible.
Tras un arranque tan notable, resulta relativamente esperable que el disco pegue un pequeño bajón. Y eso es lo que sucede con "You Are The Frequency", esta vez junto a los para mí desconocidos Little Pest. Un tema particularmente estridente, y plagado de voces distorsionadas hasta el extremo, su ritmo sincopado le aporta originalidad pero le resta pegada. Afortunadamente, el piano de puro house que vertebra el tema en su segunda mitad le confiere una cercanía que lo convierte en disfrutable de ahí hasta el final. Si bien para mí resulta superior "The New Abnormal", el quinto corte, de original título por cierto. Instrumental de principio a fin, es cierto que podríamos haberlo encontrado en casi cualquier disco del dúo, pero esa progresión armónica tan familiar que sorprende que no la hayan compuesto hasta ahora, la forma tan original como la van variando, ese teclado chirriante marca de la casa, y la forma como van entrando y saliendo los distintos sintetizadores en un frenesí que nunca resulta monótono, ideal para disfrutar a altas horas de la madrugada, confirman que de la "fórmula Orbital" aún puede extraerse un jugo sustancioso. Algo que en buena medida resulta también aplicable a "Home", compuesto a medias con la singular solista londinense Anna B Savage, que se encarga también de la fuertemente personal parte vocal. Una interpretación que condiciona el resultado de un tema que comienza como una balada intimista pero que acaba deviniendo en un desquiciante ejercicio de techno intemporal, con la excelente progresión armónica del estribillo y la habilidad del dúo para crear un arreglo que suene diferente a estas alturas como bazas adicionales.
El último tercio del disco sí baja claramente el nivel, pero es que hasta aquí pocos peros se le han podido poner a lo escuchado. A ese menor nivel contribuye decisivamente "Dirty Rat", desacertadamente elegido a mi modo de ver como primer sencillo, con la colaboración de la banda de post-punk Sleaford Mods. Y es que la propuesta de los de Notthingham está demasiado alejada de la de los hermanos Hartnoll como para lograr un buen maridaje, así que sus provocativas y monocordes estrofas se antojan demasiado poco para lo que había ofrecido hasta ahora "Optical delusion". Incluso aunque tenga el acierto que entregar un estribillo con una progresión armónica completa que mejora apreciablemente la impresión global. Pero se trata indudablemente de un sencillo menor en su discografía. "Requiem for the Pre-Apocalypse", octavo corte, con su ritmo de drum&bass y sus sintetizadores corales, me recuerda a la electrónica sincopada y a la irregularidad estilística de su "Snivilization" (1994). Así que, a pesar de que en su estribillo instrumental se vuelve más accesible, no pasa de ser un tema simplemente correcto. "What a Surprise", nuevamente con la colaboración de Little Pest, sube el listón hasta convertirse en el último momento álgido del disco: tenebroso, pausado, con un dramatismo que me recuerda al de muchos momentos de su antecesor "Monsters Exist" (2018): unas escuetas frases declamadas, una duración contenida, y un epatante contraste entre sus distintos sintetizadores la hacen fácilmente reconocible. Y el álbum lo cierra "Moon Princess", con la partición vocal de la también desconocida Coppe. Una canción cuya atmósfera encaja a la perfección con su título, y cuyo marcadísimo ritmo se adhiere inmediatamente a nuestro cerebro. Pero con una melodía vocal de notas lentas que no ayuda a realzar la instrumentación, e incluso puede resultar desagradable por momentos. En realidad quizá estemos ante el momento más experimental de todo el disco, y por eso parece razonable ubicarlo donde no altere el normal devenir del resto de canciones, pero es obvio que no contribuye a cerrar el álbum por todo lo alto.
En todo caso, como suele ser habitual en los discos de Orbital, con cada nueva escucha iremos descubriendo nuevos detalles, apreciando mejor la singularidad de cada composición, y recreándonos con el cuidado con el que han mimado cada detalle. Hasta convencernos de que no estamos ni mucho menos ante un álbum menor de su discografía, sino ante una saludable y solvente reivindicación de ellos mismos. Tal vez haya faltado una colaboración de postín que los devuelva a la primera línea de la comercialidad internacional, pero aun así el álbum está funcionando bien en listas, y sin ir más lejos alcanzó hace unas semanas el Top 6 en el Reino Unido, una posición que hacía tiempo no lograban. Y es que los Hartnoll han conseguido crear una base estable de seguidores, que saben apreciar un álbum de música electrónica que va a resultar interesante de principio a fin, y que va a poseer siempre la musicalidad suficiente para que no cueste anirmarse a reproducirlo. Me congratulo por ello. Y espero que el paso del tiempo no les impida entregar todavía un par de álbumes más, por lo menos. Porque siguen siendo necesarios en el panorama musical.
domingo, 23 de abril de 2023
Say Hi - "Elocution Prattle" (2023)
Con esta entrada voy a reseñar por vez primera a un veterano de la escena independiente estadounidense: Eric Elbogen, o lo que tal vez les resulte más familiar, su alter ego Say Hi. Activo desde 2002, durante sus primeros años el proyecto musical del artista afincado en Seattle se llamó Say Hi to Your Mom, y se encuadró dentro de lo que podríamos denominar rock alternativo, con un punto entre canalla y hortera. A esa época pertenece la que sigue siendo su canción más conocida, "One, Two ... One". Pero después de más de quince años de carrera, en su décimo y antepenúltimo álbum ("Caterpillar Centipede" (2018)) Elbogen empezó a añadir sencillos sintetizadores a su energía rockera, como lo refleja "I Just Wanna Go Home". Y en 2020, con su penúltima entrega ("Diamonds & Donuts"), la transición del rock a la música sintetizada se hizo evidente: "Lookachu". Aunque a mi modo de ver quedó también patente que su timbre y su manera de cantar no eran las más adecuadas para el giro estilístico que le estaba dando a su propuesta.
Quizá porque Elbogen llegó a la misma conclusión, o simplemente porque le apetecía completar esa transición estilística con todas sus consecuencias, en el álbum que hoy les traigo, y que ha visto la luz a principios de año, ha abrazado íntegramente la música electrónica instrumental: ni una sola intervención vocal, ni siquiera un sampling o una parte declamada. Nada de voz, sólo él con sus sintetizadores y sus cajas de ritmos. Una apuesta muy arriesgada tanto para sus seguidores tradicionales como para el público en general, y más teniendo en cuenta que el derroche creativo ha sido de tal calibre que el disco lo conforman nada menos que ¡veinte canciones! Algo absolutamente inusual en los tiempos que corren. Y sin embargo, una jugada de la que sale airoso, hasta el punto de haberme animado a crear una entrada dedicada al disco.
Dos aciertos evidentes sustentan ese resultado satisfactorio. El primero y más evidente es la duración de todas las canciones: solamente una supera los cuatro minutos, y salvo dos más breves, el resto dura más de dos minutos y medio. O lo que es lo mismo, Elbogen ha huído de las canciones de desarrollo lento y minutaje alto que suelen caracterizar al género, y ha logrado así una inmediatez y una frescura que facilitan la escucha íntegra del álbum, así como su disfrute de principio a fin. Y el segundo y más complicado de percibir, es que no ha escatimado en componer "a conciencia" cada canción, con su progresión armónica bien definida, sus melodías claras y su evolución continua. Es decir, pop de los sesenta reconvertido en música sintetizada de los veinte: inmediato y evocador. Y con un guiño a la personalidad de su creador: los originalísimos títulos de todas ellas.
Al ser todos los temas instrumentales y de instrumentación relativament similar, es complicado reseñarlos todos invidiualmente, pero lo voy a intentar. El que lo abre, "Decidiuos Architectures", es un buen ejemplo de lo que encierra el álbum: sintetizadores bien definidos, repiques que generan una alegría efímera, y una calidez inusual en este tipo de música. Con una caja de ritmos escueta y casi ausente, pero original en su concepción en el punto del tema en el que aparece. "It's Springtime And The Aphids Have Arrived", siguiente corte, equilibra un piano rápido con un bajo sintetizado y sobre él comienza a deslizar sintetizadores acuosos que nos trasladan a la placidez de un remanso de agua invadida por los nocivos áfidos. "Metaphisical Crystals" es uno de mis momentos favoritos del disco: pausado, con una percusión muy original, una melodía cristalina y hasta tarareable, y una atmósfera evocadora. "Duologues Multilogues" es un tema que genera desasosiego con su atmósfera especial y su bajo y su teclado infecciosos, pero que luego evoluciona hacia otros terrenos más delicados. "Existential Friendlessness" es casi un himno a lo Vangelis, sin ritmo percutido que lo sustente y sí con apoteósicos pasajes en los que los nuevos sintetizadores juguetean con melodías originales.
"Halftone Polyhedra", el sexto corte, es el del ritmo binario más marcado para los que esperan su dosis de música de baile. No suena demasiado actual, pero la superposicion de sintetizadores obsesivos y las frecuentes paradas funcionan. "Technicolor Jitter At The Absinthe Club" parece una banda sonora de una persecución policial por una ciudad futura, sensación reforzada por una batería de sonido analógico y muy original. Los diversos efectos y una melodía principal ayudan al disfrute del conjunto. "Starlight Mosses" es otro de mis pasajes preferidos: una balada intimista pero con los elementos que maneja Elbogen, de suerte que su sintetizador principal podría perfectamente ser reemplazado por una emocionante parte vocal. "Happiness (In The Abstract)" es otro de esos momentos que justifican la reseña del álbum: acordes mayores, bajos trotones, una melodía principal que insufla felicidad como su título indica, y diversos sintetizadores de texturas y sonidos muy diversos que, sin embargo, se complementan a la perfección. "Encyclopedic Forestry", el décimo corte, es una canción delicada, que conquista suavemente, sin extridencias, y que crece conforme avanza el minutaje hasta llegar a ese fantástico sintetizador que simula un coro celestial.
"Quintuple Rainbows", el tema que daría comienzo a la segunda mitad del álbum (o, en formato vinilo, al segundo de los dos que lo conforman), es un medio tiempo agradable y que mantiene el nivel pero que transita por zonas similares a otros anteriores, y por tanto puede resultar reiterativo. "Clouds, Just Some Cool Clouds" es el primer interludio, demasiado corto para ser analizado. En cambio, "Eric Was Nine In 1985" es otro de mis temas preferidos del disco: un nuevo medio tiempo sin ritmo percusivo, como siempre con una buena progresión armónica de base, y con unas melodías principales de una excelente sensibilidad en sus distintos tramos, y el espacio suficiente entre ellas para que el tema se expanda y nos envuelva. "Babbles And Pembam" es un tema cadencioso, de ambientación espacial, sintetizadores de sonidos casi desagradables, y un tanto frío en general. "Ephemeral Memoirs", el decimoquinto corte, acelera el tempo, pero no logra recuperar esa sensibilidad emocional de la primera mitad del álbum, y sus chirriante superposición de sintetizadores termina de evidenciar que estamos ante un momento menor.
"Licorice Gusto" es casi una pieza de música sinfónica actualizada al año 2023, con su sección de cuerda, sus timbales, y esa especie de guitarras distorsionadas que se van intercambiando para sostener la progresión armónica, de resultado muy agradable. "Instructional Astrology" me parece el último gran momento del álbum: una vuelta a los pioneros de la música electrónica como Jean-Michel Jarre de finales de los setenta, con esa cadencia de bajo sitentizado y esos deliciosos sintetizadores que se desdoblan por los dos canales, acelerando hasta conferirle un ritmo muy saludable a su tramo final. "Lavish Suppers Of The Modern Wraiths" llama la atención por su ritmo sincopado de tempo alto; progresión armónica y sus melodías entrecortadas rayan a buen nivel, y las paradas y la tensión generada hacen el resto. "Pantone Chrysanthemums" es el segundo y último interludio instrumental. Y el derroche creativo del álbum lo cierra "Constellation Afterlife", otro medio tiempo que va entrando poco a poco y que, sin ser uno de sus mejores momentos, sí que es eficaz como colofón al viaje por el universo personal de Say Hi, en especial gracias a esa "arpa" sintetizada que lleva la melodía principal.
Al final, a pesar de los relativamente pocos elementos puestos en juego por Elbogen, la hora de duración de "Elocution Prattle" transcurre a toda velocidad. Y el álbum gana más y más con cada escucha, conforme nuestra retentiva va siendo capaz de reconocer y aislar los distintos temas. Y es que pese a ser un disco con pocas bazas para llamar la atención incluso entre los aficionados a la música electrónica instrumental (pocas percusiones, muy poco orientado a la pista de baile, no apto más que para determinadas situaciones), la calidad de sus creaciones inclina claramente la balanza a su favor, como lo muestra la gran cantidad de temas para los que he incluido su enlace a Youtube. Incluso aunque su segunda mitad resulte claramente inferior a la primera. En todo caso, su difusión muy minoritaria va a provocar que este acertado giro estilístico de Say Hi sólo sea apreciado por unos pocos. Entre los que espero que se encuentren ustedes, porque el álbum lo merece.
Quizá porque Elbogen llegó a la misma conclusión, o simplemente porque le apetecía completar esa transición estilística con todas sus consecuencias, en el álbum que hoy les traigo, y que ha visto la luz a principios de año, ha abrazado íntegramente la música electrónica instrumental: ni una sola intervención vocal, ni siquiera un sampling o una parte declamada. Nada de voz, sólo él con sus sintetizadores y sus cajas de ritmos. Una apuesta muy arriesgada tanto para sus seguidores tradicionales como para el público en general, y más teniendo en cuenta que el derroche creativo ha sido de tal calibre que el disco lo conforman nada menos que ¡veinte canciones! Algo absolutamente inusual en los tiempos que corren. Y sin embargo, una jugada de la que sale airoso, hasta el punto de haberme animado a crear una entrada dedicada al disco.
Dos aciertos evidentes sustentan ese resultado satisfactorio. El primero y más evidente es la duración de todas las canciones: solamente una supera los cuatro minutos, y salvo dos más breves, el resto dura más de dos minutos y medio. O lo que es lo mismo, Elbogen ha huído de las canciones de desarrollo lento y minutaje alto que suelen caracterizar al género, y ha logrado así una inmediatez y una frescura que facilitan la escucha íntegra del álbum, así como su disfrute de principio a fin. Y el segundo y más complicado de percibir, es que no ha escatimado en componer "a conciencia" cada canción, con su progresión armónica bien definida, sus melodías claras y su evolución continua. Es decir, pop de los sesenta reconvertido en música sintetizada de los veinte: inmediato y evocador. Y con un guiño a la personalidad de su creador: los originalísimos títulos de todas ellas.
Al ser todos los temas instrumentales y de instrumentación relativament similar, es complicado reseñarlos todos invidiualmente, pero lo voy a intentar. El que lo abre, "Decidiuos Architectures", es un buen ejemplo de lo que encierra el álbum: sintetizadores bien definidos, repiques que generan una alegría efímera, y una calidez inusual en este tipo de música. Con una caja de ritmos escueta y casi ausente, pero original en su concepción en el punto del tema en el que aparece. "It's Springtime And The Aphids Have Arrived", siguiente corte, equilibra un piano rápido con un bajo sintetizado y sobre él comienza a deslizar sintetizadores acuosos que nos trasladan a la placidez de un remanso de agua invadida por los nocivos áfidos. "Metaphisical Crystals" es uno de mis momentos favoritos del disco: pausado, con una percusión muy original, una melodía cristalina y hasta tarareable, y una atmósfera evocadora. "Duologues Multilogues" es un tema que genera desasosiego con su atmósfera especial y su bajo y su teclado infecciosos, pero que luego evoluciona hacia otros terrenos más delicados. "Existential Friendlessness" es casi un himno a lo Vangelis, sin ritmo percutido que lo sustente y sí con apoteósicos pasajes en los que los nuevos sintetizadores juguetean con melodías originales.
"Halftone Polyhedra", el sexto corte, es el del ritmo binario más marcado para los que esperan su dosis de música de baile. No suena demasiado actual, pero la superposicion de sintetizadores obsesivos y las frecuentes paradas funcionan. "Technicolor Jitter At The Absinthe Club" parece una banda sonora de una persecución policial por una ciudad futura, sensación reforzada por una batería de sonido analógico y muy original. Los diversos efectos y una melodía principal ayudan al disfrute del conjunto. "Starlight Mosses" es otro de mis pasajes preferidos: una balada intimista pero con los elementos que maneja Elbogen, de suerte que su sintetizador principal podría perfectamente ser reemplazado por una emocionante parte vocal. "Happiness (In The Abstract)" es otro de esos momentos que justifican la reseña del álbum: acordes mayores, bajos trotones, una melodía principal que insufla felicidad como su título indica, y diversos sintetizadores de texturas y sonidos muy diversos que, sin embargo, se complementan a la perfección. "Encyclopedic Forestry", el décimo corte, es una canción delicada, que conquista suavemente, sin extridencias, y que crece conforme avanza el minutaje hasta llegar a ese fantástico sintetizador que simula un coro celestial.
"Quintuple Rainbows", el tema que daría comienzo a la segunda mitad del álbum (o, en formato vinilo, al segundo de los dos que lo conforman), es un medio tiempo agradable y que mantiene el nivel pero que transita por zonas similares a otros anteriores, y por tanto puede resultar reiterativo. "Clouds, Just Some Cool Clouds" es el primer interludio, demasiado corto para ser analizado. En cambio, "Eric Was Nine In 1985" es otro de mis temas preferidos del disco: un nuevo medio tiempo sin ritmo percusivo, como siempre con una buena progresión armónica de base, y con unas melodías principales de una excelente sensibilidad en sus distintos tramos, y el espacio suficiente entre ellas para que el tema se expanda y nos envuelva. "Babbles And Pembam" es un tema cadencioso, de ambientación espacial, sintetizadores de sonidos casi desagradables, y un tanto frío en general. "Ephemeral Memoirs", el decimoquinto corte, acelera el tempo, pero no logra recuperar esa sensibilidad emocional de la primera mitad del álbum, y sus chirriante superposición de sintetizadores termina de evidenciar que estamos ante un momento menor.
"Licorice Gusto" es casi una pieza de música sinfónica actualizada al año 2023, con su sección de cuerda, sus timbales, y esa especie de guitarras distorsionadas que se van intercambiando para sostener la progresión armónica, de resultado muy agradable. "Instructional Astrology" me parece el último gran momento del álbum: una vuelta a los pioneros de la música electrónica como Jean-Michel Jarre de finales de los setenta, con esa cadencia de bajo sitentizado y esos deliciosos sintetizadores que se desdoblan por los dos canales, acelerando hasta conferirle un ritmo muy saludable a su tramo final. "Lavish Suppers Of The Modern Wraiths" llama la atención por su ritmo sincopado de tempo alto; progresión armónica y sus melodías entrecortadas rayan a buen nivel, y las paradas y la tensión generada hacen el resto. "Pantone Chrysanthemums" es el segundo y último interludio instrumental. Y el derroche creativo del álbum lo cierra "Constellation Afterlife", otro medio tiempo que va entrando poco a poco y que, sin ser uno de sus mejores momentos, sí que es eficaz como colofón al viaje por el universo personal de Say Hi, en especial gracias a esa "arpa" sintetizada que lleva la melodía principal.
Al final, a pesar de los relativamente pocos elementos puestos en juego por Elbogen, la hora de duración de "Elocution Prattle" transcurre a toda velocidad. Y el álbum gana más y más con cada escucha, conforme nuestra retentiva va siendo capaz de reconocer y aislar los distintos temas. Y es que pese a ser un disco con pocas bazas para llamar la atención incluso entre los aficionados a la música electrónica instrumental (pocas percusiones, muy poco orientado a la pista de baile, no apto más que para determinadas situaciones), la calidad de sus creaciones inclina claramente la balanza a su favor, como lo muestra la gran cantidad de temas para los que he incluido su enlace a Youtube. Incluso aunque su segunda mitad resulte claramente inferior a la primera. En todo caso, su difusión muy minoritaria va a provocar que este acertado giro estilístico de Say Hi sólo sea apreciado por unos pocos. Entre los que espero que se encuentren ustedes, porque el álbum lo merece.
domingo, 26 de marzo de 2023
Circa Waves - "Never Going Under" (2023)
A pesar de que ya llevan una década en activo, la presente es la primera entrada que voy a dedicar a Circa Waves. Y lo hago a raíz de "Never Going Under", su quinto álbum de estudio, publicado hace un par de meses. Un disco con el que, en mi opinión, el cuarteto de Liverpool liderado por el cantante y guitarrista Kieran Shudall ha confirmado finalmente todas las bondades que había ido apuntando en sus álbumes anteriores. Desde la inmediatez de su pop guitarrero en "T-shirt weather", seguramente su primer gran éxito hace ya uns cuantos años, hasta la pulida elegancia de "Sad Happy", el tema que dio título a su último disco, y que continúa siendo su momento más conocido. Tras tres años de silencio, "Never Going Under" ha supuesto quizá el primer gran álbum de un 2023 al que le está costando arrancar musicalmente hablando: su variedad emocional y la abundancia de momentos recomendables me han animado a traerlos a este humilde blog.
No es sencillo hacerse un hueco cultivando el pop-rock de matices indie que nos proponen los británicos, una senda transitada ya por centenares de artistas en décadas anteriores. Por eso "Never Going Under", el quinto sencillo, además de tema que da título al álbum, es una buena muestra de lo que los de Liverpool nos van a aportar: un tema corto, rápido, enérgico, que no rehúye de la tecnología en el sonido sintético de su bajo, pero que la combina con una batería clásica y dos guitarras aceradas que le sientan de maravilla a una excelente progresión armónica, con esos cambios en los puentes que tan bien enlazan estrofas y estribillos. El breve solo de guitarra demuestra, además, que prefieren inmediatez a lucimiento. Algo que confirma la vertiginosa "Do You Wanna Talk", que fue escogida como segundo sencillo, y que formó parte de mi lista de otras veinte canciones internacionales recomendables de 2022. Rock cien por cien british, pero con un sonido nítido y la dosis necesarias de teclados juguetones y voces distorsionadas y reverberadas para contrarrestrar las palmas de su adictivo estribillo, y recordarnos que estamos en 2023 y no a finales del siglo pasado (aun cuando el resultado no desmerezca en absoluto a los grandes momentos de aquellos años). "Hell on Earth", el tercer corte, fue la canción que anticipó el disco hace medio año. Quizá el sencillo que mejor encontra con su discografía previa, a mí me recuerda a los momentos desenfadados y coreables de Supergrass, y me resulta más interesante por su cínica letra ("I think I've died and gone to hell [...] And I don't care, [...] 'cause it was hell on earth") que por su melodía y progresión armónica. Aunque reconozco que un concierto me lo pasaría bien con ella. "Your Ghost", en cambio, me parece uno de los mejores pasajes del disco. Quizá recuerde en demasía al groove con voces en falsete de Portugal. The Man, pero la manera como ese bajo dota de ritmo a las estrofas es excelente, y el puente que por sorpresa añaden antes de dar paso a su demoledor estribillo antes de su segunda repetición, toda una demostración de que aunque el tema sea corto, está tremendamente trabajado. Sin olvidarnos de esa parte nueva larga, que cambia el ritmo a la vez que nos arrulla.
La cosa sigue por todo lo alto con "Carry You Home". En este caso tal vez el tema nos retrotraiga demasiado a los lejanos y grandes pasajes de The Killers, por su mezcla de guitarras y sintetizadores, de celeridad rock y de luminosidad pop. Y el intervalo instrumental tras cada estribillo, con un sintetizador que casi podemos imaginar tocado por Brandon Flowers, lo evidencia aún más. Pero la composición es irreprochable, y la manera como van añadiendo y quitando instrumentos, fantástica, por lo que su elección como tercer sencillo estuvo más que justificada. El elaborado comienzo de "Northern Town", con su étereo sintetizador y su bajo sintetizado bien al frente, anticipan un tema más arriesgado de lo que luego resulta ser. A lo mejor es que tanta repetición de sus estrofras sin ningún estribillo al que aferrarse provoca cierta fatiga, pero la contundencia de las repeticiones de la frase que da título al tema llegan un poco tarde y suenan incluso impostadas. No obstante, el cambio de tonalidad en su parte nueva instrumental confirma una vez más que el cuarteto ha trabajado a tope sus creaciones, aunque no siempre den con la tecla. Mucho más interesante resulta el séptimo corte, "Electric City": un tema en acordes mayores que nos reconcilia con la inmediatez del rock desenfadado y sin complejos, y que tal vez recuerde a los Feeders más luminosos. Además, una vez más la instrumentación mantiene un envidiable equilibrio entre clasicismo en la estructura y modernidad en los detalles, lo que contribuye a mejorar el resultado. El piano casi honky de "Want It All Today", el octavo tema, ya avisa de que estamos ante probablemente el mayor experimiento dentro de un álbum poco dado a derivas experimentales. Complicada de cantar por sus notas altas, y prácticamente desprovista de guitarrras, cumple su cometido de insuflar aire nuevo al conjunto, pero no es un gran momento.
El tramo final del álbum lo inicia "Golden Days", probablemente su último gran pasaje. Otra vez bordeando a The Killers (su contundencia bailable la emparenta directamente con "Human"), unas estrofas épicas y un descorazonador y a la vez memorable estribillo recordando los pretéritos días dorados evidencian la calidad de la composición. Pero es que el original piano complementa muy bien la rápida batería, y la parada previa a su segundo estribillo proporciona la épica que el tema necesita. Además, los intervalos con el melodioso teclado en primer plano rematan el conjunto. "Hold On" proporciona el necesario reposo tras tanta euforia, y lo hace con la instrumentación más convencional del disco. Algo nada desacertado, pues esos arpegios de guitarra y ese bajo sincopado le otorgan calidez a una melodía agradable y a una letra llena de esperanza. Solamente la parte nueva, en notas muy altas, resulta un tanto melosa con sus "oooh oooh". Y el disco lo cierran los arreglos cinematográficos y el bajo sintetizado con el que arranca "Living in the Grey". Escogida como cuarto sencillo, abunda en ese frenazo rítmico iniciado por el corte anterior. Y tal vez eso juegue en su contra. O quizá sean sus estrofas en tonos bajos; el caso es que no termina de funcionar como despedida apoteósica. Si bien se deja escuchar, y mejora un tanto cuando la batería empieza a marcar su ritmo binario a partir de la segunda estrofa.
Y así, en treinta y cinco minutos escasos, despacha el cuarteto británico su variado quinto álbum. Al que, siendo sinceros, seguramente le falte un tema estrella tan claro como lo era "Sad Happy" en su anterior disco homónimo. Problabemente eso explique su menor impacto en listas británicas ("Never Going Under" sólo ha alcanzado el Top 15, mientras que "Sad Happy" llegó al Top 4). Pero eso no nos debe ocultar que el disco es disfrutable de principio a fin, y está plagado de buenos momentos a cargo de una banda que ha alcanzado su madurez estilística y creativa. Algunos todavía les podrán acusar de cierta falta de personalidad, de que sus mejores pasajes recuerdan demasiado a los de otras bandas, o de que su propuesta es demasiado directa, y algunas composiciones se podrían haber beneficiado de un mayor desarrollo y minutaje. Todo lo cual probablemente tenga su base, pero no tanta como para obviar que en un tiempo de tanta mediocridad musical, los de Liverpool son un valor seguro. Así que a esperar que conserven la inspiración y las ganas de seguir creciendo en su próxima entrega.
No es sencillo hacerse un hueco cultivando el pop-rock de matices indie que nos proponen los británicos, una senda transitada ya por centenares de artistas en décadas anteriores. Por eso "Never Going Under", el quinto sencillo, además de tema que da título al álbum, es una buena muestra de lo que los de Liverpool nos van a aportar: un tema corto, rápido, enérgico, que no rehúye de la tecnología en el sonido sintético de su bajo, pero que la combina con una batería clásica y dos guitarras aceradas que le sientan de maravilla a una excelente progresión armónica, con esos cambios en los puentes que tan bien enlazan estrofas y estribillos. El breve solo de guitarra demuestra, además, que prefieren inmediatez a lucimiento. Algo que confirma la vertiginosa "Do You Wanna Talk", que fue escogida como segundo sencillo, y que formó parte de mi lista de otras veinte canciones internacionales recomendables de 2022. Rock cien por cien british, pero con un sonido nítido y la dosis necesarias de teclados juguetones y voces distorsionadas y reverberadas para contrarrestrar las palmas de su adictivo estribillo, y recordarnos que estamos en 2023 y no a finales del siglo pasado (aun cuando el resultado no desmerezca en absoluto a los grandes momentos de aquellos años). "Hell on Earth", el tercer corte, fue la canción que anticipó el disco hace medio año. Quizá el sencillo que mejor encontra con su discografía previa, a mí me recuerda a los momentos desenfadados y coreables de Supergrass, y me resulta más interesante por su cínica letra ("I think I've died and gone to hell [...] And I don't care, [...] 'cause it was hell on earth") que por su melodía y progresión armónica. Aunque reconozco que un concierto me lo pasaría bien con ella. "Your Ghost", en cambio, me parece uno de los mejores pasajes del disco. Quizá recuerde en demasía al groove con voces en falsete de Portugal. The Man, pero la manera como ese bajo dota de ritmo a las estrofas es excelente, y el puente que por sorpresa añaden antes de dar paso a su demoledor estribillo antes de su segunda repetición, toda una demostración de que aunque el tema sea corto, está tremendamente trabajado. Sin olvidarnos de esa parte nueva larga, que cambia el ritmo a la vez que nos arrulla.
La cosa sigue por todo lo alto con "Carry You Home". En este caso tal vez el tema nos retrotraiga demasiado a los lejanos y grandes pasajes de The Killers, por su mezcla de guitarras y sintetizadores, de celeridad rock y de luminosidad pop. Y el intervalo instrumental tras cada estribillo, con un sintetizador que casi podemos imaginar tocado por Brandon Flowers, lo evidencia aún más. Pero la composición es irreprochable, y la manera como van añadiendo y quitando instrumentos, fantástica, por lo que su elección como tercer sencillo estuvo más que justificada. El elaborado comienzo de "Northern Town", con su étereo sintetizador y su bajo sintetizado bien al frente, anticipan un tema más arriesgado de lo que luego resulta ser. A lo mejor es que tanta repetición de sus estrofras sin ningún estribillo al que aferrarse provoca cierta fatiga, pero la contundencia de las repeticiones de la frase que da título al tema llegan un poco tarde y suenan incluso impostadas. No obstante, el cambio de tonalidad en su parte nueva instrumental confirma una vez más que el cuarteto ha trabajado a tope sus creaciones, aunque no siempre den con la tecla. Mucho más interesante resulta el séptimo corte, "Electric City": un tema en acordes mayores que nos reconcilia con la inmediatez del rock desenfadado y sin complejos, y que tal vez recuerde a los Feeders más luminosos. Además, una vez más la instrumentación mantiene un envidiable equilibrio entre clasicismo en la estructura y modernidad en los detalles, lo que contribuye a mejorar el resultado. El piano casi honky de "Want It All Today", el octavo tema, ya avisa de que estamos ante probablemente el mayor experimiento dentro de un álbum poco dado a derivas experimentales. Complicada de cantar por sus notas altas, y prácticamente desprovista de guitarrras, cumple su cometido de insuflar aire nuevo al conjunto, pero no es un gran momento.
El tramo final del álbum lo inicia "Golden Days", probablemente su último gran pasaje. Otra vez bordeando a The Killers (su contundencia bailable la emparenta directamente con "Human"), unas estrofas épicas y un descorazonador y a la vez memorable estribillo recordando los pretéritos días dorados evidencian la calidad de la composición. Pero es que el original piano complementa muy bien la rápida batería, y la parada previa a su segundo estribillo proporciona la épica que el tema necesita. Además, los intervalos con el melodioso teclado en primer plano rematan el conjunto. "Hold On" proporciona el necesario reposo tras tanta euforia, y lo hace con la instrumentación más convencional del disco. Algo nada desacertado, pues esos arpegios de guitarra y ese bajo sincopado le otorgan calidez a una melodía agradable y a una letra llena de esperanza. Solamente la parte nueva, en notas muy altas, resulta un tanto melosa con sus "oooh oooh". Y el disco lo cierran los arreglos cinematográficos y el bajo sintetizado con el que arranca "Living in the Grey". Escogida como cuarto sencillo, abunda en ese frenazo rítmico iniciado por el corte anterior. Y tal vez eso juegue en su contra. O quizá sean sus estrofas en tonos bajos; el caso es que no termina de funcionar como despedida apoteósica. Si bien se deja escuchar, y mejora un tanto cuando la batería empieza a marcar su ritmo binario a partir de la segunda estrofa.
Y así, en treinta y cinco minutos escasos, despacha el cuarteto británico su variado quinto álbum. Al que, siendo sinceros, seguramente le falte un tema estrella tan claro como lo era "Sad Happy" en su anterior disco homónimo. Problabemente eso explique su menor impacto en listas británicas ("Never Going Under" sólo ha alcanzado el Top 15, mientras que "Sad Happy" llegó al Top 4). Pero eso no nos debe ocultar que el disco es disfrutable de principio a fin, y está plagado de buenos momentos a cargo de una banda que ha alcanzado su madurez estilística y creativa. Algunos todavía les podrán acusar de cierta falta de personalidad, de que sus mejores pasajes recuerdan demasiado a los de otras bandas, o de que su propuesta es demasiado directa, y algunas composiciones se podrían haber beneficiado de un mayor desarrollo y minutaje. Todo lo cual probablemente tenga su base, pero no tanta como para obviar que en un tiempo de tanta mediocridad musical, los de Liverpool son un valor seguro. Así que a esperar que conserven la inspiración y las ganas de seguir creciendo en su próxima entrega.
domingo, 12 de marzo de 2023
trudge - "no more motivation" (2022)
Estando ya a Marzo de 2023, el último disco que voy a reseñar de los publicados el año pasado es "no more motivation", debut del artista parisino trudge (escrito así, en minúscula). Un disco que recibió en el momento de su publicación una difusión muy minoritaria pero que, gracias a su incuestionable calidad, poco a poco se ha ido abriendo hueco en las listas y webs más exigentes, hasta que a finales del pasado otoño supe de su existencia y me hice con él. Desde entonces no he dejado de escucharlo. Y es que es complicado encontrar en estos tiempos de tanta música electrónica creada en una habitación por artistas generalmente justitos de talento un disco tan inteligente y a la vez consistente de música completamente instrumental. Pero es que el francés ha conseguido con este álbum quitarle todos los condicionantes peyorativos al término techno; para ello le ha bastado echar la mirada atrás a lo que este tipo de música generaba en los años noventa y actualizar sus propuestas al tiempo presente.
Reseñar un álbum sin una sola intervención vocal, e intentar explicar al mismo tiempo por qué no resulta monótono, no es nada sencillo. Más aún cuando el sonido de todas las canciones es homogéneo, con una personalidad lo suficientemente marcada como para reconocer al francés detrás de cada una de ellas. Las claves son para mí la inteligencia a la hora de jugar con los distintos elementos, un tracklist muy acertado y, en menor medida, la forma como siempre añade algún elemento novedoso a la mitad de cada canción. trudge está especialmente acertado a la hora de adaptar percusiones y tempos: igual nos propone un tema con un ritmo sincopado muy marcado, que otro sin absolutamente ningún elemento de percusión, que un tercero con un ritmo binario de bombo sobredimensionado. Y del mismo modo, podemos pasar de un tempo relajado, casi un ejercicio de chill-out, a un tempo de puro house, en el entorno de los 130 bpms. Consiguendo así que los once cortes y la hora justa de duración de "no more motivation" fluyan con una naturalidad envidiable.
"Bangkok Radio" es una buena elección para abrir boca: parece que sólo va a ser un ejercicio de ritmo sincopado, pero en seguida la progresión armónica entra sigilosamente y dota al tema de una riqueza mucho mayor. El resto es simplemente el talento del francés para ir añadiendo sintetizadores y quitando elementos, en un carrusel compacto y armonioso. "No motivation, meaningless", seleccionada acertadamente como tema estrella del álbum, es para mí uno de sus mejores momentos, y por eso formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2022 hace un par de meses. Claramente deudor de artistas de música electrónica que florecieron en los años noventa, incluso con ritmos acelerados en algunos pasajes a pesar de su atmósfera parsimoniosa, la clave es esa progresión armónica envolvente que vertebra el tema, y a partir del tercer minuto el teclado acelerado y distorsionado, que con su loop de notas imposibles y su dificultad para encajarlo en la tranquilidad global del tema, evidencia la calidad del artista francés. Acertadamente, "Mazzomba" sube tempo y contundencia, y evita así el riesgo de una propuesta demasiado relajante. No es un gran momento, pero trudge demuestra su versatilidad con las percusiones, y con sencillos crescendos y descensos mantiene nuestra atención durante casi seis minutos. "Snake dance", el siguiente corte, posee ciertas reminiscencias orientales que encajan muy bien con su ritmo de drum & bass, lo que, unido a su habilidad para ir añadiendo o quitando instrumentos, es suficiente para construir otro momento agradable.
"Unghosted" es el tema más techno de todo el disco, también el más rápido y el más contundente. De una crudeza tal que recuerda al mítico "Born Slippy" de Underworld, lo complicado es conseguir que esta contundencia ruidista aparentemente monocorde encaje tras casi dos minutos con una progresión armónica elaborada y unos sintetizadores infecciosos. Pero el francés, tras jugar al despiste, los superpone en un tercio final muy disfrutable. "Berserk" supone el contrapunto perfecto: de atmósfera espacial, etérea hasta el extremo de no utilizar ni un solo instrumento de percusión, ofrece la pausa necesaria tras el subidón del corte anterior, y esos sintetizadores en cascada que se entrecruzan mientras no paran de reverberar justifican su escucha. Aunque tal vez resulte un poco largo. "Dead Orange" es mi otro pasaje favorito del álbum: de duración contenida, la desolación que transmite, su originalísima percusión, con esos redobles imposibles, y la brillantez de las cuerdas sintetizadas a partir del minuto y medio, devuelven la fe en las posibilidades que todavía encierra la música electrónica. "Gradient", el octavo corte, sigue sonando a trudge: un nuevo medio tiempo (a pesar de sus programaciones aceleradas), envolvente a la par que rítmica, y que en su segunda mitad resulta inspirador gracias a otro sintetizador principal "marca de la casa".
"Punishments" inaugura el último tercio del álbum con el segundo tema más rápido y contundente del disco. Una vez más llega en el momento adecuado para auyentar los fantasmas del tedio. Y aunque rítmicamente es de los más simples del disco, sus bajos ultradimensionados hasta el extremo de casi ocultar la melodía de los dos sintetizadores principales logran su cometido de cambiar el tercio. Sobre todo porque a partir de su tercer minuto, trudge transforma su ritmo en otro más complejo y añade nuevos sintetizadores que enriquecen el resultado. La parada final y la apoteosis final explican por qué la canción dura más de seis minutos y medio. "Eleven" recupera un ritmo que parece sacado de los primeros tiempos del hip-hop allá por los ochenta, y sobre él contrapone un colchón de sintetizadores reposados. Sin ser un gran momento, el sintetizador que, para seguir en su línea, introduce a mitad del tema, anima lo suficiente el conjunto hasta el final. Y el cierre lo pone "Blue Ritual", una espectral composición que a mi modo de ver intenta asemejar el final del disco con el propio final musical de su proyecto. Ese languidecer queda reforzado por la ausencia completa de percusión. Si bien creo que al conjunto le habría venido bien uno o incluso dos minutos menos.
La proyección y la evolución de estos proyectos tan minoritarios son complicadas de predecir. A veces quedan en muestras puntuales de artistas de los que nunca más se llega a saber; otras, el artista les intenta dar continuidad pero no termina de dar con la tecla. Y sólo en algunas ocasiones el artista en cuestión se consolida y se convierte en una referencia dentro del siempre minoritario mundo de la música electrónica. Esto es lo que me gustaría pensar que va a suceder con trudge. Por su talento, por su inteligencia componiendo, instrumentando y ordenando sus composiciones, y porque es poco menos que un oasis entre tantos discos tecnológicamente brillantes pero creativamente mediocres. Aun cuando no todos sus temas rayen a la misma altura, e incluso a sabiendas de que si no introduce alguna parte vocal en alguna de sus creaciones será prácticamente imposible que reciba el reconocimiento suficiente. En todo caso estaré atento a sus siguientes movimientos, y si siguen siendo interesantes no duden de que se los traeré por aquí.
Reseñar un álbum sin una sola intervención vocal, e intentar explicar al mismo tiempo por qué no resulta monótono, no es nada sencillo. Más aún cuando el sonido de todas las canciones es homogéneo, con una personalidad lo suficientemente marcada como para reconocer al francés detrás de cada una de ellas. Las claves son para mí la inteligencia a la hora de jugar con los distintos elementos, un tracklist muy acertado y, en menor medida, la forma como siempre añade algún elemento novedoso a la mitad de cada canción. trudge está especialmente acertado a la hora de adaptar percusiones y tempos: igual nos propone un tema con un ritmo sincopado muy marcado, que otro sin absolutamente ningún elemento de percusión, que un tercero con un ritmo binario de bombo sobredimensionado. Y del mismo modo, podemos pasar de un tempo relajado, casi un ejercicio de chill-out, a un tempo de puro house, en el entorno de los 130 bpms. Consiguendo así que los once cortes y la hora justa de duración de "no more motivation" fluyan con una naturalidad envidiable.
"Bangkok Radio" es una buena elección para abrir boca: parece que sólo va a ser un ejercicio de ritmo sincopado, pero en seguida la progresión armónica entra sigilosamente y dota al tema de una riqueza mucho mayor. El resto es simplemente el talento del francés para ir añadiendo sintetizadores y quitando elementos, en un carrusel compacto y armonioso. "No motivation, meaningless", seleccionada acertadamente como tema estrella del álbum, es para mí uno de sus mejores momentos, y por eso formó parte de mi lista de mejores canciones internacionales de 2022 hace un par de meses. Claramente deudor de artistas de música electrónica que florecieron en los años noventa, incluso con ritmos acelerados en algunos pasajes a pesar de su atmósfera parsimoniosa, la clave es esa progresión armónica envolvente que vertebra el tema, y a partir del tercer minuto el teclado acelerado y distorsionado, que con su loop de notas imposibles y su dificultad para encajarlo en la tranquilidad global del tema, evidencia la calidad del artista francés. Acertadamente, "Mazzomba" sube tempo y contundencia, y evita así el riesgo de una propuesta demasiado relajante. No es un gran momento, pero trudge demuestra su versatilidad con las percusiones, y con sencillos crescendos y descensos mantiene nuestra atención durante casi seis minutos. "Snake dance", el siguiente corte, posee ciertas reminiscencias orientales que encajan muy bien con su ritmo de drum & bass, lo que, unido a su habilidad para ir añadiendo o quitando instrumentos, es suficiente para construir otro momento agradable.
"Unghosted" es el tema más techno de todo el disco, también el más rápido y el más contundente. De una crudeza tal que recuerda al mítico "Born Slippy" de Underworld, lo complicado es conseguir que esta contundencia ruidista aparentemente monocorde encaje tras casi dos minutos con una progresión armónica elaborada y unos sintetizadores infecciosos. Pero el francés, tras jugar al despiste, los superpone en un tercio final muy disfrutable. "Berserk" supone el contrapunto perfecto: de atmósfera espacial, etérea hasta el extremo de no utilizar ni un solo instrumento de percusión, ofrece la pausa necesaria tras el subidón del corte anterior, y esos sintetizadores en cascada que se entrecruzan mientras no paran de reverberar justifican su escucha. Aunque tal vez resulte un poco largo. "Dead Orange" es mi otro pasaje favorito del álbum: de duración contenida, la desolación que transmite, su originalísima percusión, con esos redobles imposibles, y la brillantez de las cuerdas sintetizadas a partir del minuto y medio, devuelven la fe en las posibilidades que todavía encierra la música electrónica. "Gradient", el octavo corte, sigue sonando a trudge: un nuevo medio tiempo (a pesar de sus programaciones aceleradas), envolvente a la par que rítmica, y que en su segunda mitad resulta inspirador gracias a otro sintetizador principal "marca de la casa".
"Punishments" inaugura el último tercio del álbum con el segundo tema más rápido y contundente del disco. Una vez más llega en el momento adecuado para auyentar los fantasmas del tedio. Y aunque rítmicamente es de los más simples del disco, sus bajos ultradimensionados hasta el extremo de casi ocultar la melodía de los dos sintetizadores principales logran su cometido de cambiar el tercio. Sobre todo porque a partir de su tercer minuto, trudge transforma su ritmo en otro más complejo y añade nuevos sintetizadores que enriquecen el resultado. La parada final y la apoteosis final explican por qué la canción dura más de seis minutos y medio. "Eleven" recupera un ritmo que parece sacado de los primeros tiempos del hip-hop allá por los ochenta, y sobre él contrapone un colchón de sintetizadores reposados. Sin ser un gran momento, el sintetizador que, para seguir en su línea, introduce a mitad del tema, anima lo suficiente el conjunto hasta el final. Y el cierre lo pone "Blue Ritual", una espectral composición que a mi modo de ver intenta asemejar el final del disco con el propio final musical de su proyecto. Ese languidecer queda reforzado por la ausencia completa de percusión. Si bien creo que al conjunto le habría venido bien uno o incluso dos minutos menos.
La proyección y la evolución de estos proyectos tan minoritarios son complicadas de predecir. A veces quedan en muestras puntuales de artistas de los que nunca más se llega a saber; otras, el artista les intenta dar continuidad pero no termina de dar con la tecla. Y sólo en algunas ocasiones el artista en cuestión se consolida y se convierte en una referencia dentro del siempre minoritario mundo de la música electrónica. Esto es lo que me gustaría pensar que va a suceder con trudge. Por su talento, por su inteligencia componiendo, instrumentando y ordenando sus composiciones, y porque es poco menos que un oasis entre tantos discos tecnológicamente brillantes pero creativamente mediocres. Aun cuando no todos sus temas rayen a la misma altura, e incluso a sabiendas de que si no introduce alguna parte vocal en alguna de sus creaciones será prácticamente imposible que reciba el reconocimiento suficiente. En todo caso estaré atento a sus siguientes movimientos, y si siguen siendo interesantes no duden de que se los traeré por aquí.
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