sábado, 24 de octubre de 2020

Kaleida: "Odyssey" (2020)

Justo al cumplirse tres años desde su álbum de debut (ese interesante y por momentos brillante "Tear the roots" que reseñé en este mismo blog), el dúo femenino británico Kaleida ha publicado "Odyssey", su nuevo disco. Una entrega en la que la vocalista Christina Wood y la teclista Cicely Goulder han afrontado el siempre difícil reto del segundo álbum sin modificar apenas su propuesta respecto al primero. Propuesta que (debo empezar aclarando) a mi modo de ver no es el electropop en el que se las suele categorizar. Porque aquí no abundan los bombos sobredimensionados, ni los sintetizadores de última generación, ni los trallazos para la pista de baile. Lo que rige la propuesta musical del dúo es el "menos es más" que tanto talento require para sostenerse.

No significa esto que no vayamos a encontrar sintetizadores, ni que casi todos los temas tengan sus estrofas, estribillos, partes nuevas y codas como corresponde al pop clásico. Es más que lo que busca el dúo es sobre todo aflorar determinados sentimientos (melancolía, tristeza, introspección) y no tanto alegrarnos esas tardes de otoño cada vez más cortas. De hecho, a menudo las canciones están construidas sobre unas pocas pistas, de manera que cuando se incorpora un nuevo instrumento es casi un acontecimiento. Y no es extraño escuchar instrumentos orgánicos como baterías, pianos y guitarras eléctricas. Lo que ciertamente no encontrarán es auto-tunes, ni el ubicuo Ableton Live. Por eso lo equívoco de presentarlas como electropop; para mí hablar de indie-pop intimista sería una forma más precisa de definirlas.

En lo que constituye toda una declaración de intenciones, el álbum lo abre el tema que da título al disco y que mejor lo define: "Odyssey" es un precioso tema de pop intimista con varias partes claramente diferenciadas en el que además de la certera progresión armónica y la sobrecogedora melodía de sus estrofas, lo que más llama la atención es la guitarra que la vertebra casi desde el comienzo, así como los sencillos pero eficaces timbales que aparecen a partir de la segunda estrofa, fiel reflejo de un tema que no deja de evolucionar compositivamente y de crecer instrumentalmente de principio a fin. A mi modo de ver resulta inferior "Other side", el sencillo que anticipó el álbum hace ahora cuatro meses. Y es que a veces la excelente voz de Wood puede resultar excesivamente triste si la melodía no le ayuda, y éste es claramente el caso. Aunque, como casi todos, el tema está bien estructurado y producido. "The news", tercer corte, vuelve a ponernos la carne de gallina con su devastadora tristeza ya desde el comienzo (sólo la voz de Wood y el piano de Goulder con otra fantástica estrofa). El extraño cambio de progresión armónica en el estribillo acaba por resultar original tras muchas escuchas, el synclavier de la segunda estrofa un certero detalle, y las cuerdas del estribillo final tan esperables como disfrutables. "Feed us some" fue el tercer sencillo y es quizá el tema más bailable del disco, con su arpegio de piano obsesivo, y ahora sí un bombo en primer plano y las palmadas que hacen de caja para recordarnos que el intimismo puede tener ritmo. Pero la tonalidad de la canción es extraña, la melodía un tanto deslavazada y el piano puede llegar a cansar, por lo que el resultado no pasa de correcto.

"Long noon" fue el segundo sencillo el pasado verano, y es para mí una de las mejores canciones en lo que va de año. Esta vez la maravillosa combinación de progresión armónica y melodía no sólo transmite melancolía, sino también desesperación, y en vez de sucumbir a la tentación de dejarla "acústica" (voz y piano, como al comienzo), el dúo va añadiendo poco a poco instrumentos, incluyendo un gélido sintetizador, un pizzicato electrónico, la programación de percusión más meritoria del disco, y otra inspirada guitarra; sólo el intervalo instrumental pierde algo de fuerza frente al resto. "Josephine" amaga con dejarse llevar por el intimismo espartano que tanto les gusta, pero un precioso estribillo compensa los excesos de las estrofas tanto melódicamente como instrumentalmente, y el resultado es notable. "Fake", el penúltimo corte, es un compendio de lo expuesto en los seis temas anteriores, con una melodía más cautivadora en el estribillo que en las estrofas pero a la que le falta algo de contundencia para grabarse en la mente de quienes escuchen el álbum. Y "No computer" cierra el álbum apostando por la experimentación más que ningún otro corte, priorizando las atmósferas envolventes sobre la melancolía vocal, con pasajes que pueden recordarnos a los de Rüfus du Sol, dando como resultado un tema quizá no especialmente disfrutable pero sí muy interesante de escuchar y que mantiene la atención hasta el final.

Está claro que al disco le habría venido bien algún tema más: sólo ocho canciones y treinta y cinco minutos tras tres años de silencio está en el límite de lo admisible en un segundo álbum. Tampoco considero la elección de los sencillos especialmente acertada, pues se han dejado fuera casi todos los mejores momentos. Y un cambio de estilo a la hora de interpretar alguna de las canciones menos inspiradas, o incluso un punto más de variedad a la hora de instrumentar algún tema, habría oxigenado el conjunto. En todo caso Wood y Goulder son muy buenas en sus parcelas, y han conseguido dar con la tecla de la inspiración en la composición y en la producción el suficiente número de veces como para que el disco resulte globalmente recomendable. Parece que están teniendo además una mayor repercusión en los medios y en el público en general (algunos de sus vídeos superan ya las cien mil reproducciones en Youtube). Ojalá estas tendencias se confirmen y les animen a seguir con su carrera como dúo, porque no estamos sobrados de artistas capaces de generar tantas emociones.

domingo, 20 de septiembre de 2020

Mating Ritual: "The bungalow" (2020)

Lo de los hermanos Lawhon es un caso realmente excepcional. Y es que probablemente no haya ninguna otra banda en el indie internacional que en los últimos tiempos haya conseguido mantener una cadencia de publicación de álbumes como la suya: uno al año desde que debutaron en 2017. Y no de remezclas, ni en directo, ni de descartes de las sesiones de grabación, no: un álbum completo cada año, con su personalidad propia, sus sencillos de cabecera... Cuando nos confinaron hace medio año pensé que tal vez esta circunstancia finalmente afectaría a tan trepidante carrera. Pero no ha sido así, pues por lo que he leído en internet el dúo terminó las canciones en Los Ángeles justo la semana antes de que se les confinara, así que en cuanto se han relajado las medidas co-vid en California han podido retomar su actividad, y así "The bungalow", su cuarto álbum, ha visto la luz hace justo un mes.

Con semejante frenesí creativo, y al igual que sus tres predecesores, no es de extrañar que no se trate de un álbum largo: treinta y siete minutos y trece temas que en realidad son nueve, pues los otros cuatro son interludios que intentan envolvernos en la atmósfera de "The bungalow", el supuesto club musical nocturno (en realidad la casa de Ryan Taylor) en el que sucederá el evento musical presidido por los hermanos. Esos cuatro temas no terminan de casar demasiado bien con el resto, y a duras penas cumplen su misión evocadora y atmosférica, por lo que no los reseñaré aquí, y me centraré en los nueve restantes. Un conjunto de canciones en las que, pese al escaso tiempo transcurrido desde su anterior entrega, vuelve a haber temazos dignos de los mejores momentos de su carrera, y que quizá sorprenda por su relativo optimismo y su contagiosa festividad en tiempos tan sombríos como los que vivimos. Así como sus acercamientos más evidentes a géneros como la bossa-nova o la música disco de los primeros ochenta.

Tras el primero de los tres intervalos instrumentales para ambientarnos, el álbum se abre realmente con "The bungalow", el tema que no sólo da título el álbum sino que además ha visto la luz recientemente como tercer sencillo. Pese a lo cual no lo considero uno de los momentos punteros del álbum: pretende tener el groove del disco-funk de hace unas décadas, como lo muestra su bajo en primer plano desde el comienzo sobre el cual se articula todo el tema. Pero las estrofas son un tanto simplonas, y lo único que realmente merece la pena es su infeccioso y elocuente estribillo, incluso con el evocador vocoder y un certero saxofón en sus repeticiones finales. Me parece superior "Voodoo", que recientemente ha sido también su cuarto sencillo. Ahora sí los violines sintetizados y la guitarra de acompañamiento no ocultan la mirada con buen criterio a las discotecas americanas de hace cuarenta años. Pero al tema lo engrandece una acertada progresión armónica y una melodía elegante en las estrofas y más pegadiza en el estribillo, hasta el extremo de que los Lawhon la silban antes de las repeticiones finales. Al mismo nivel se sitúa "Elastic summer", con guitarra reggae, efectos extraídos del dub para los intervalos instrumentales, un original bajo slap a todo volumen, y un ritmo cadencioso al que es imposible resistirse. Sin olvidarnos de esos coros del estribillo con las voces tan tratadas que parecen niños cantando.

"Unusual", quinto y actual sencillo, con una sección rítmica que ahora es una caja de ritmos en vez de la habitual batería, y los teclados de Taylor llevando la instrumentación desde el comienzo, es un agradable medio tiempo que evidencia una vez más la capacidad de la banda para crear melodías de indie-pop intemporales y con una generosa ración de optimismo ("because I'm happy again, it's unusual that I would feel this way..."). Una agradable y relajado solo de guitarra y el sintetizador que recrea la voz de Ryan rematan el resultado. "King of the doves" fue el sencillo que anticipó el álbum y es sin duda uno de sus mejores momentos: un tema más introspectivo, sobre progresión armónica en acordes menores, con un Taylor especialmente inspirado a los teclados para adornar las estrofas, sostener los intervalos instrumentales con un arpegio circular y fascinarnos con un teclado acelerado en la parte nueva, un bajo que recuerda al de Peter Hook, un estribillo de una sola frase a la que le sientan de maravilla los coros femeninos, y otro solo de guitarra sencillo y eficaz. "Heart don't work" es el tema más pausado de "The bungalow" hasta ese punto, y juega la baza de la melancolía en la línea de su clásico "Game" (de "Hot content", 2019) gracias a una melodía muy bien construida y una instrumentación que empieza espartana y va creciendo conforme avanza el minutaje (con mención especial para esa batería tan alejada del cuatro por cuatro estándar y que le añade dosis de dramatismo, y el teclado sincopado de Taylor, arriesgado pero de perfecto encaje).

Tras el penúltimo interludio, el último tercio del álbum arranca con "OK", el que fue su segundo sencillo y que para mí es sin discusión la mejor canción del álbum. Entrando directamente con la voz de Ryan sin compases instrumentales previos, el clasicismo de sus preciosas estrofas (poco más que voz y guitarra) tiene, gracias a los excelentes arreglos que construyen un puente original y eficaz, el perfecto contrapeso en el estribillo con más rabia del disco, que recuerda por momentos al de los Oasis menos pesados. Y a partir del segundo estribillo guarda la sorpresa de una parte nueva de voz provocativa y de la voz distorsionada de Ryan, junto con un tramo final en que guitarra y teclados se combinan con una naturalidad apabullante. "Raining in paradise" es el tema más electrónico del disco, y sus teclados ochenteros y sus guitarras en cascada pueden recordar a los mejores momentos de A Flock of Seagulls, pero la voz pretendidamente histriónica de Ryan y sus "gritos" en el estribillo le acercan al indie-rock que tanto habían cultivado en álbumes anteriores, una linea en la que incide el largo intervalo instrumental ruidista. El disco lo cierra "Moon dust", el otro tema lento del disco y en realidad la única balada del mismo. Que se aleja de sus habitualmente ominosos temas lentos que tan bien desarrolln y que propone por el contrario una melodía cálida, casi dulce, con piano incluido, que en mi opinión no es lo que mejor saben hacer, aunque como experimentación funciona y el resultado no llega a decepcionar.

Como suele suceder en los álbumes de Mating Ritual, es complicado encontrar dos temas parecidos, pero también es difícil encontrar alguno que realmente desentone. Y eso a pesar de su frenético ritmo de creación y publicación, más de cuarenta canciones en cuaatro años. Además, es evidente que Ryan canta mejor que en sus comienzos, y que con el paso de los años los hermanos han refinado su capacidad para instrumentar sus composiciones, en parte además gracias a unos músicos de apoyo muy solventes. "The bungalow" gana con cada escucha, y puede ser el mejor antídoto para esa música plana y sin apenas inspiración que nos están dejando la mayoría de nuevos álbumes de esta época de post-confinamiento: su equilibrio, su inspiración y su energía positiva son una garantía. La pena es que sigan siendo unos perfectos desconocidos para el gran público, incluso en sus Los Ángeles de residencia. Sé que esta humilde entrada poco contribuirá a cambiar esta inmerecida situación, pero si gracias a ella unos cuantos aficionados españoles los descubren y disfrutan, me habré dado por satisfecho. Porque se lo merecen.

domingo, 23 de agosto de 2020

Braids: "Shadow offering" (2020)

Uno de los regresos que más se ha hecho de rogar ha sido el de los canadienses Braids. Cinco años nada menos han transcurrido desde que reseñé en este mismo blog "Deep in the iris", su irregular pero a veces maravilloso tercer álbum. Proyectos paralelos primero y la pandemia después nos han impedido disfrutar antes de "Shadow offering". Un álbum que mantiene al trío en su senda tan personal, esa apuesta por un pop elaborado entre indie y experimental, no siempre accesible en una primera escucha pero reconfortante a largo plazo si nos atrevemos a ir descubriendo sus innumerables recovecos. Como en entregas anteriores, el trío prefiere calidad a cantidad, y el disco lo despachan con solamente nueve temas. Pero como suelen elaborar prolijamente sus canciones, la duración sobrepasa los cuarenta y cinco minutos, por lo que no hay reproche posible a ese respecto.

En cuanto al resultado, el álbum puede mirar de tú a tú a su predecesor, lo que ya es bastante. Sigue sin ser un álbum redondo de principio a fin, pero probablemente eso es algo que el trío ni siquiera vista, pues probablemente prefieran explorar su universo creativo y personal aunque ello provoque en ocasiones temas mejor elaborados que fáciles de disfrutar. Desde luego no es música para el consumo de las masas. Ahora bien, a veces dan con la tecla (en especial cuando estructuran las canciones de forma un poco más convencional e intentan que haya estribillos definidos y más compases que se repiten), y cuando lo hacen consiguen evocar en el melómano una sensibilidad y un gusto por la buena música contemporánea que pocos artistas igualan actualmente.

El álbum lo abre "Here 4 U", que hace escasas semanas ha visto la luz también como quinto sencillo. Es un buen reflejo de lo que nos va a ofrecer el álbum: un tema reposado sin ser lento, estupendamente interpretado por la vocalista Raphaelle Standell-Preston, que nos llama la atención con su delicadeza de jardín otoñal para ir luego creciendo a la vez que le añaden instrumentos que complementan ese juguetón sintetizador programado tan omnipresente desde el principio. El sintetizador hipnótico potenciado por el correspondiente pitch repite en el siguiente corte, "Young buck", segundo sencillo y para mí el mejor tema del álbum: una reconocible historia sobre un chico joven que no conviene a Standell-Preston, quien sin embargo se desespera por no poder conseguir su atención, que acelera el tempo y lo enriquece con una preciosa melodía, muy difícil de interpretar, con un estribillo de una sensibilidad apabullante que se adhiere sin remedio (ese "being loved by you...") y unas armonías de gran calidad. Después de semejante exhibición, "Eclipse", el siguiente corte, parece un tema menor, pero hay que destacar que fue el primer sencillo a finales del año pasado, lo que da una idea de lo que le gusta a la banda: en este caso es el piano el que nos envuelve con su melodía circular, y la interpretación vocal es irreprochable, pero su experimentalidad un tanto derivativa lo convierte en un tema muy difícil para el público en general.

El cuarto corte fue también el cuarto sencillo a principios de mayo, y es mi segundo momento preferido del álbum: "Just let me" es, ahora sí, una balada con piano y voz, pero desde luego no una balada convencional. Casi podemos intuir el barroquismo de los mejores Florence & The Machine, pero con una introspección y una capacidad evocadora tremendas. Además, a pesar de su calidad, renuncian a repetir el estribillo tras la segunda estrofa y emprenden un camino por nuevas partes emparentadas sólo en parte con las ya interpretadas, hasta conseguir desembocar en ese brillante estribillo sabiamente acompañado por guitarras acústica y eléctrica según lo va requiriendo el tema, y con una coda final difícil de olvidar gracias a ese recurrente "Where did our love go?" que les permite exhibir lo buenos instrumentistas que son. A partir de aquí el álbum baja ligeramente de nivel, o al menos nos ofrece menos asideros reconocibles a los que agarrarse: "Upheaval II" no es un mal tema, a pesar de que quizá recuerde más de la cuenta a Tori Amos, pero le falta gancho en su melodía, y el extraño interludio instrumental no ayuda a sacar brillo a su ominoso tramo final, sin duda lo mejor (aunque le sobre algo de minutaje). "Fear of men" es un poco más accesible y quizá se sitúa en un escalón superior: otro loop de sintetizador, otro estribillo de notas muy altas, otra composición que va incorporando guitarras a la siempre compleja y extraña batería, y otro carrusel de tramos y pasajes que pueden desorientar, aunque el estribillo es reconocible y disfrutable.

El último tercio del álbum lo comanda "Snow angel", tercer sencillo y también mi tercer tema favorito, una exhibición de nada menos que ¡nueve minutos! (también en su helador vídeo), de guitarra dramática como contrapunto a otro sintetizador obsesivo, que sin embargo no se hace pesado gracias a su tempo alto, sus excelentes armonías, otra excelente interpretación vocal de Standell-Preston para una larguísima melodía, complementada con esa subyugante parte medio declamada-medio cantada hacia la mitad, y la sorpresa final de ese cambio de tonalidad, dulcificando el angustioso panorama de los siete minutos anteriores. "Ocean" es otro tema lento (llamarlo balada con tanto pasaje envolvente sería demasiado) en el que resplandece un complicadísimo de interpretar estribillo, aunque quizá su ubicación en el álbum, considerandi lo que exige para su disfrute, le reste algún punto. Y "Note to self" pone el cierre remitiéndonos a otra original batería, a otra buena interpretación vocal, a otra apuesta por la elaboración instrumental, pero también a otra considerable dosis de exploración arty que puede no dejar el mejor sabor de boca.

Es posible que el álbum les haya quedado un poco más orgánico de lo que planeaban (muchas veces la electrónica se reduce a esos omnipresentes loops sintetizados y algún que otro teclado suelto). Pero no han caído en el error de abrumar con temas lentos que lo hubieran hecho más indigesto, y sí en el acierto de anteponer sus convicciones musicales a la siempre tentadora comercialidad, incluso a la hora de ordenar el tracklist. Con lo que van a seguir siendo una banda para minorías de amplios conocimientos musicales, que no aspira a entrar en la lista de ventas pero sí a tener una carrera ya consolidada de discos notables que serán igual o más apreciados conforme pasen los años. Así que ya sabe: si le apetece explorar un nuevo álbum diferente pero con talento en estas semanas de vacaciones un tanto atípicas, "Shadow offering" es una excelente opción. Eso sí, melómanos de consumo fácil abstenerse.

domingo, 12 de julio de 2020

Nina: "Synthian" (2020)

Aunque el gradual desconfinamiento no está siendo acompañado por la recuperación de la cadencia habitual de novedades musicales, sí que se observa en las últimas semanas una tendencia a publicar álbumes que habían quedado hibernados en las estanterías de las discográficas esperando un momento más propicio. Tal ha sido el caso de "Synthian", el segundo álbum de la alemana afincada en Londres Nina Boldt, conocida musicalmente como Nina. Una artista que ya me llamó la atención cuando publicó su primer álbum "Sleepwalking" (2018), sobre todo por su tema del mismo título. Pero que no llegué a reseñar entonces porque el talento que se atisbaba quedaba en parte oculto por un sonido demasiado deudor de los ochenta y por un predominio de las canciones anodinas.

Un par de años más tarde "Synthian" ha supuesto un saludable paso adelante en la dirección correcta. Lo que no significa que haya roto con sus orígenes: simplemente ha dado con la tecla en dos o tres canciones más, y ha quitado un par de capas a su preferencia por los envoltorios ochenteros. Lo justo para que este álbum, sin llegar a la excelencia, merezca una entrada en este humilde blog. Quizá simplemente haya sido la consecuencia de una mayor madurez como creadora, o quizá a causa una mayor influencia de su teclista y co-compositora Laura Fares (también conocida como LAU), vaya usted a saber.

Ahora bien, ese crecimiento no se aprecia en "Synthian", el supuesto tema estrella del álbum, que da le da título y lo abre: tan synth-wave como cabría esperar, lo que le falla no es su mirada a los ochenta sino que por una parte no se decide por una propuesta determinada (se queda en un insulso medio tiempo) y por otra propone una melodía que no transmite. Afortunadamente el álbum explota con "Automatic call", el sencillo que anticipó el álbum a finales del año pasado y que se quedó fuera por muy poco de mi lista de mejores canciones internacionales de 2019: aunque la base rítmica (bajo y percusión) del comienzo es puro italo-disco (lo que no significa que esté mal, sólo fuera de época), esa progresión armónica eficaz (y que cambia con mucha creatividad en la estupenda parte nueva) y que da cabida a una excelente melodía de principio a fin compensa cualquier exceso "ochentero" en la producción. No obstante el álbum pega otro bajón en el tercer corte, ese "Runaway" que recuerda en su comienzo al eurobeat alemán y que luego evoluciona hacia el pop norteamericano más olvidable de mediados de los ochenta (podríamos pensar en uno de los sencillos más prescindibles de Sheena Easton), a pesar de que el estribillo es razonablemente digno.

"Unnoticed" recupera casi todo el terreno perdido, y es probablemente mi tercer tema favorito del álbum. Con una melodía menos definida que "Automatic call", resplandece su estribillo tan nostálgico de otras décadas como efectivo. Además, la coda final está muy bien resuelta, y el tempo más alto que el del tema precedente ayuda al "subidón" que supone su escucha. "The calm before the storm" fue un sencillo perdido después de "Sleepwalking", y aquí vuelve a pasar desapercibido a pesar de la complejidad de su melodía de notas altas y su ritmo cadencioso. "The wire" peca de una producción excesivamente anticuada (la caja de ritmos en particular suena completamente obsoleta), pero es una pena, porque las estrofas son melancólicamente agradables (a pesar de que la entrada al estribillo se hace de rogar) y el propio estribillo es de una elegancia y una armonía notables, con el detalle adicional del cambio en la letra de la repetición final.

El último tramo del álbum apuesta por bajar el tempo y arrullarnos entre medios tiempos y baladas. A la primera categoría pertenece "Love is blind", tan correcta como insípida, además de un poco larga. A la segunda "Never enough", que personalmente me recuerda un poco a la fantástica "La estación de los amores" de Franco Battiato con su bajo sintetizado y su teclado para llevar los acordes. Aunque una bonita melodía, una mejor interpretación vocal de Nina, y sobre todo un oportuno saxofón le dotan de la personalidad suficiente como para considerarla mi cuarto tema favorito del álbum. La excepción a los ritmos pausados la pone "Gave up on us", que también empieza lenta e intimista, pero luego propone un saludable cuatro por cuatro bailable soportado por un excelente bajo sintetizado, una preciosa melodía bien reforzada por una percusión más pronunciada en el estribillo, y una letra tan desencantada como reconocible en tantas de nuestras experiencias personales. Y la confirmación la pone el cierre del álbum, "The distance", el esperable "baladón" con instrumentación espartana que irá creciendo para rematar el conjunto, que resulta agradable pero a la que en mi opinión le sobra un poco de azúcar y le falta algo más de elaboración (poco más que dos estrofas, dos estribillos y un pequeño tramo instrumental).

Un cierre que por otra parte resume bien los cuarenta y dos minutos de este "Synthian". Siempre agradables, pero sin espacio para la experimentación, muy conservadores en la instrumentación, y que dependen básicamente de la inspiración de Nina a la hora de crear una melodía brillante o de darle el tempo justo. Cuando acierta, se le perdonan los defectos porque nos reencontramos con un pop de corte clásico e infalible. Cuando falla, el tema se deja oír pero no dejará huella en nuestra memoria. Fifty - fifty en todo caso, así que disfruten de "Automatic call" y sus cuatro hermanas más notables, que el pop de calidad intemporal no abunda precisamente en estos días. Aunque sea retro.

domingo, 21 de junio de 2020

Josef Salvat: "Modern anxiety" (2020)

A pesar de la pandemia y el posterior confinamiento, algunos álbumes sí han respetado su fecha de publicación originalmente prevista y han visto la luz durante las últimas semanas. Tal es el caso de "Modern anxiety", el segundo álbum del australiano Josef Salvat. Un álbum que se ha hecho mucho de rogar (nada menos que cinco años desde su debut, el estupendo "Night swim") y que por su tardanza sembró en muchos la sombra de la duda sobre una carrera que había empezado muy prometedora. Dudas a las que contribuyeron un sencillo de adelanto que, además de dar título al álbum, se quedaba lejos del nivel del tema emblemático de su debut (el fantástico "Open season"), y un tracklist que, cuando fue anunciado, ofrecía solamente diez temas y poco más de treinta minutos de duración. A dos canciones por año de silencio.

Pese a lo cual después de unas cuantas escuchas el balance es lo suficientemente positivo como para merecer una entrada en este humilde blog. Es cierto que la elección de los sencillos no ha sido excesivamente certera, y que a menudo se aprecia la obsesión por seguir sonando "a la moda", pero Salvat sigue siendo un compositor de talento, tiene claro cómo quiere sonar, qué temas tratar en sus letras, y posee un registro vocal tan amplio como elegante que coloca siempre en primer plano. Sólo es cuestión de separar los momentos anodinos de los más inspirados. Y según están colocadas las canciones, ésa es una tarea fácil.

"Modern anxiety", el sencillo que anticipó el disco es, como decía, un tema relativamente pobre, que además se esfuerza indisimuladamente por seguir las modas, con su casi inevitable dembow marcando el ritmo, su auto-tune en las estrofas y una melodía sin mucho brillo, siendo lo más destacable esa letra que reflexiona sobre la ansiedad de la vida moderna. "Call on me", un medio tiempo con fuertes influencias R&B, posee unas estrofas más meritorias, y por momento recuerda a las producciones que hacía Dallas Austin a finales del siglo pasado, pero el estribillo espartano a varias voces post-procesadas es tan original como cansino. "In the afternoon", tercer corte, fue el segundo sencillo del álbum a principios de año, y sube un escalón respecto a los dos temas anteriores: otro medio tiempo cuyas estrofas van creciendo conforme se acerca el estribillo gracias a unos meritorios arreglos, pero al que le falta algo más de imaginación para sacar partido a su corto minutaje y deja una sensación de "falla algo". Afortunadamente "Alone" empieza el tramo del álbum en el que Salvat se suelta los corsés y se dedica a extraer lo mejor de sí mismo: un tema lento pero no una balada, envolvente a lo William Orbit, con una instrumentación justa pero original, unas estrofas muy cambiantes, un estribillo en falsete muy complicado de cantar, y un tramo final que es un saludable ejercicio de experimentación instrumental y adornos vocales.

"Playground love" es, ahora sí, una balada, pero no acaramelada sino melancólica e introspectiva, con una bonita letra que recuerda sus años en la escuela, y un estribillo casi a capella en el que Salvat exhibe todas sus cualidades vocales. Con el aliciente, además, de que la canción sí crece con inteligencia según avanza el minutaje mediante instrumentos que ocupan el espectro sin afectar a su propuesta. Al mismo nivel se sitúa "Melt", otro medio tiempo cuyas mejores bazas son su brilante estribillo y una instrumentación que es una pura exhibición de electrónica elegante, desde su estruendosa y siempre cambiante programación de percusión hasta su infeccioso bajo sintetizado. Pero que se complementa además con una parte nueva larga, ominosa y muy elaborada, y unas agresivas repeticiones finales del estribillo. Si bien mi tema favorito del álbum es "No vacancies": la mejor melodía del álbum desde la primera nota de su estrofa hasta la última de su estribillo, de una elegancia sublime, con una preciosa letra que es toda una implícita declaración de amor, y una guitarra que lleva todo el protagonismo instrumental pero que es sabiamente complementada por el número justo de elementos electrónicos.

"Paper moons" ha sido el reciente tercer sencillo, y sin llegar a situarse entre los mejores momentos del álbum, sí que me parece el momento más meritorio de los tres. Un tema claramente orientado a la pista de baile (ese bombo bien marcado desde el inicio), propone la superposición de vistas vocales reverberadas y alteradas sobre otro arpegio de guitarra que vertebra la canción, con una melodía que va creciendo hasta llegar a otro estribillo complejo y difícil de intrepretar, y una energía contenida que se acaba soltando justo después de su segunda repetición (eso sí, con una inesperada batería real para llevar el ritmo). "Human" es, como ya anticipa su piano al comienzo, el "baladón" del álbum, hasta el extremo de recordar a la apropiación que hizo Salvat del "Diamonds" de Rihanna hace unos cuantos años. A diferencia de aquél, el tema crece en texturas y oscuridad conforme va avanzando gracias a su meritoria producción, y eso hace que escape de lo previsible y se sitúe en lo meritorio. Sin olvidar ese inquietante "Who are you?" que precede a cada estribillo. Y el conjunto lo cierra "Enough", otro tema pausado pero mucho más luminoso, con la voz de Salvat apenas arropada por un original loop sintetizado hasta practicamente la mitad, y que luego cautiva con su sincopada percusión electrónica y un sintetizador acelerado que en principio no debería encajar muy bien pero que queda a las mil maravillas. Aunque es verdad que estructuralmente hablando apenas hay una estrofa, un estribillo y la coda final.

Y así en treinta y tres minutos despacha Salvat su regreso. Que no justifica tantos años de espera y que a diferencia de su disco de debut carece de un tema estrella que pueda sostener su carrera de cara al futuro. Y que además podía haber dado más de sí sólo con explotar instrumentalmente algunos tramos de sus diez composiciones. Pero a pesar de estas preocupantes conclusiones le sirve al australiano para reivindicarse como uno de los mejores crooners del panorama musical contemporáneo, por elegancia, cualidades vocales, temática y ganas de experimentar con la tecnología actual. Así que sáltense si quieren los primeros tres cortes, pero quédense con esos siete temas posteriores que reflejan lo mucho que el pop de autor todavía puede dar de sí.

domingo, 31 de mayo de 2020

From Apes To Angels: "Let the light in" (2020)

El confinamiento que en buena medida todavía padecemos sigue retrasando muchas de las novedades previstas para la presente primavera. Así que cada vez resulta más complicado encontrar nuevas propuestas que me llamen la atención. Afortunadamente el pasado 30 de marzo vio la luz (nunca mejor dicho) "Let the light in", el álbum de debut del dúo británico From Apes to Angels, formado por la vocalista Millie Gaum y el teclista Andrew Brassleay. Un debut que se ha encuadrado dentro del synth-wave de inspiración retro que tanto se está cultivando en todo el planeta durante los últimos años, y que personalmente me hastía un tanto cuando se trata de un mero revival. Afortunadamente no es el caso de este disco, que si bien se inspira en los ochenta en sus texturas y melodías, posee la personalidad suficiente como para no sonar obsoleto en 2020.

Eso sí, debo señalar que "Let the light in" no aspira a ser un éxito comercial, sino a crear su propio terreno de pop sobre un colchón electrónico al margen de las modas, con espacio suficiente para la excelente voz de Gaum y el talento suficiente para resistir el formato álbum, y la sensibilidad y la melancolía como mejores armas. Y a lo largo de sus doce cortes lo consigue en su mayor parte. Si bien es cierto que lo mejor del disco está al principio y al final, y el tramo central puede resultar un poco anodino.

El álbum lo abre "Head and heart", que curiosamente fue el primer tema de su carrera, pero es además su sencillo actual (en una nueva versión mejorada para la ocasión). Sin duda es uno de los mejores momentos del álbum, a la par que representativo de lo que nos vamos a encontrar: un colchón de sintetizadores de reminiscencias ochenteras arropando la voz de Gaum para construir un tema más cercano al intimismo que a la pista de baile, con las emociones a flor de piel y un saludable cambio de tonalidad cuando empieza aquello de "So call me in...". Le sigue "Motorway", que también vio la luz en formato sencillo hace unos meses y que, sin llegar a las excelencias del corte anterior, es otro recomendable ejercicio de pop tarareable, con más espacio para que Brassleay exhiba su colección de sintetizadores vintage, y un punto mayor de energía cada vez que Gaum repite aquello de "Give me a reason...". "Why don't you come back home" es un poco más arriesgada instrumentalmente, y por ello suena más contemporánea, sobre todo en la programación de su batería y en el jugetón bombo. Además, aunque pueden pasar desapercibidos, Brassleay hace coros en un tono muy bajo, y Gaum se dobla la voz hasta en tres ocasiones. A pesar de lo cual, el resultado es simplemente correcto, por debajo de los dos anteriores.

"Perfection" fue el segundo sencillo de su carrera hace unos años, y aquí encuentra hueco como cuarto corte. Puede recordar a Ladytron (o quizá más a Marnie en solitario), y no es una mala canción, pero el ritmo sincopado hace que la melodía principal parezca fuera de sitio, y la sobredosis de sintetizadores rellenando los huecos (muy elaborada por otra parte) no ocultan que a pesar de su pretendida oscuridad la progresión armónica no es la más inspirada del álbum. "Turn the dark on" fue el primer sencillo en anticipar el álbum como tal hace aproximadamente un año, y puede recordar a las Marsheaux menos bailables y más claramente melódicas de "Ath.Lon", lo que no necesariamente es un elogio, ya que el resultado puede pecar de empalagoso. "Thirty-two degrees about the celestial plane" es un tema de título casi más largo que su propia duración, aparte del único prácticamente instrumental del álbum. Pero no deja de ser otro ejercicio de pop con sintetizadores, muy alejado del techno, el ambient, el dark-wave o cualquier otro estilo instrumental creado con máquinas. Lo que no significa que sea un tema menor; al contrario, su luminosidad y sus armonías hacen que el tramo central del álbum resulte más llevadero. A continuación "No reason" nos ofrece los minutos más rápidos del álbum, y salvando las distancias, su mayor acercamiento a lo que podría ser el power-pop californiano si estuviera arropado por unas guitarras distorsionadas. Así se queda como un tema coreable para soltar algo de la melancolía acumulada de temas anteriores.

"Fly", el octavo corte, es otro de los mejores momentos del álbum: con la colaboración de la artista irlandesa Margaret O' Sullivan (o lo que es lo mismo, Femmepop) en la composición y la parte vocal, son posiblemente las mejores estrofas del álbum, de una elegancia y una sensibilidad maravillosas. Pero es que además el contraste entre las dos voces en el estribillo es el justo para distinguirlas sin que el resultado se resienta, y la parte nueva tras el segundo estribillo otra exhibición a la hora de seguir enriqueciendo las melodías vocales. "Works out" recuerda más a Furniteur, y se trata sin duda del tema más bailable del disco, con ese bombo casi continuo y los efectos que interrumpen ocasionalmente el desarrollo de la canción. La melodía de las estrofas, quizá de tono demasiado alto, le resta algún punto, pero el estribillo es efectivo y el resultado meritorio.

"Motorway (reprise)" es, pese a lo que su título pueda indicar, un mini instrumental que está sólo lejanamente emparentado con el segundo corte, y que añade un minuto al álbum sin mayor relevancia. "K.I.S.S", con la colaboración de la banda francesa de synth-wave Chrøønicv, es el penúltimo momento álgido del disco: otra declaración de amor envolvente e intimista a partir de una buena progresión armónica y una mejor melodía, que arranca con la estructura habitual estrofa-estribillo pero que a partir del "Well it's about time..." empieza a ser menos predecible en estructura e instrumentación, aunque igual de disfrutable. Y con buen criterio el disco lo cierran los siete minutos largos de "Grain barge", pues es el momento para jugar con desarrollos más lentos y finales apoteósicos. Así que si nos adaptamos a ellos, podremos disfrutar de ese equilibrado cruce entre melodía vocal y declamada, ese piano circular, ese sintetizador distorsionado en todo el medio del espectro, o incluso de una batería auténtica rematando el conjunto y mejorando la impresión global del álbum.

Es cierto que algún momento estelar más (o más claro) no le habría venido nada mal al conjunto, al igual que algún instrumento diferente (¿una guitarra por ejemplo?), o alguna apuesta más experimental. Tampoco habría estado de más haber echado un vistazo a sonidos más contemporáneos, en la línea de Avec Sans por ejemplo. Pero lo que está claro es que el dúo sabe qué propuesta quiere ofrecer y posee los mimbres para crearla. Con una difusión tan minoritaria (espero que esta reseña les ayude para conseguir al menos unas decenas de seguidores entre el público en español) es muy complicado predecir si el proyecto tendrá continuidad, así que de momento aprovechen esas tardes melancólicas y un tanto sin sentido que el confinamiento aún nos propone para rellenarlas con este disco sensible y evocador, que nos recuerda lo buena que puede llegar a ser la música pop para generar emociones.

domingo, 10 de mayo de 2020

Florian Schneider (1947-2020): el injustamente olvidado

Aparte de retrasar la publicación de muchos de los álbumes que estaban previstos para este segundo trimestre (algunos de los cuales deberían haber tenido ya su correspondiente entrada en este humilde blog), el confinamiento que sigue condicionando nuestras vidas nos dejó hace diez días la noticia del fallecimiento de Florian Schneider. Un fallecimiento que ha pasado de manera injustamente desapercibida para el gran público, razón por la cual me he decidido a dedicarle una entrada. Y es que para mí ha fallecido uno de los dos fundadores y líderes de la banda más influyente de todos los tiempos. Sí, tal cual. Kraftwerk.

Y es que aunque si pensamos en los artistas más influyentes de la música contemporánea probablemente nuestra memoria nos traiga los nombres de The Beatles, Bob Dylan, Elvis Presley, The Rolling Stones, David Bowie o Led Zeppelin, la realidad del año 2020 es tozuda. Y nos dice que la gran mayoría de los álbumes que se publican en el planeta están creados con instrumentos electrónicos. Una realidad que dura además varias décadas, y que refleja que los guitar hero hace tiempo que no son el espejo en el que se miran los creadores actuales. Y claro, si hablamos de pioneros en los instrumentos electrónicos, y en acercarlos a la música pop, de baile y experimental, dando lugar a géneros como el techno o el ambient, Kraftwerk fueron los primeros, y además los que más impacto han alcanzado desde casi sus comienzos.

Scheiner cofundó Kraftwerk junto a Ralf Hutter en 1970. Originarios de Dusseldorf y con formación musical clásica, estos dos particulares músicos se abstrayeron desde el principio de los estilos musicales predominantes, y empezaron un recorrido exploratorio por otros sonidos inéditos hasta entonces. Lógicamente sus dos primeros álbumes fueron más interesantes por sus experimentaciones que por sus resultados, pero ya en el tercero (de revelador título, "Ralf und Florian", 1973) su sonido empezaba a estar definido. Y con "Autobahn" (1974), sucedió lo inexplicable: el tema que daba título el álbum, con sus entonces ignotas repeticiones electrónicas, se convirtió en un éxito internacional, llegando al número 11 en el Reino Unido y al 25 en E.E.U.U.. Lo que refleja que incluso cuando nadie más se había acercado aún a estos terrenos musicales, Hutter y Schneider ya estaban alcanzando una repercusión mundial que indicaba por dónde podrían ir las nuevas músicas.

"Radio-activity" (1975), un álbum ya totalmente electrónico, los consolidó musicalmente, y estableció una costumbre que se mantuvo a partir de entonces con todos sus discos posteriores: siempre se editaron en dos versiones, una en alemán y otra en inglés para su publicación internacional. Pero más impacto tuvo su sexto álbum, "Trans-Europe Express" (1977), que combinó como ninguno de sus trabajos hasta entonces electrónica y melodías. Por aquellos años empezaron a surgir los primeros artistas que, fuertemente influenciados por los alemanes, comenzaban a recorrer estos nuevos territorios con gran éxito comercial, desde Gary Numan en el Reino Unido hasta la Yellow Magic Orchestra en Japón. Éxito comercial que en menor medida también seguía acompañando a los alemanes, por ejemplo con el tema que daba título a dicho álbum.

"The man-machine" (1978) es ya un álbum de electrónica tan rabiosamente actual que aún puede ser descubierto en 2020 por los aficionados más jóvenes al género. Top 10 en el Reino Unido, contiene además dos de los mayores himnos de su carrera "The robots", utilizada hasta la saciedad en multitud de programas y sintonías, y "The model", el mayor éxito de su trayectoria y lo más cercano al pop que grabaron jamás Hutter y Schneider. Temas que los consolidaron como los maestros indiscutibles de este nuevo estilo que a finales de los setenta y principios de los ochenta arrasó en todo el mundo, con bandas como O.M.D., Depeche Mode o Soft Cell. Precisamente en 1981 vio la luz su último gran disco, "Computer world", con una temática tecnológica e himnos como "Computer love", posteriormente adaptada por Coldplay para su éxito "Talk" o "Pocket calculator".

Tras el sencillo "Tour de France" en 1983, que no acabó formando parte de un álbum hasta 20 años más tarde, la banda publicó en 1986 el discreto "Electric cafe". Y desde entonces, se dedicó más a remasterizar y hacer giras con sus mejores clásicos que a la creación de nuevas canciones. Sólo "Tour de France Soundtracks", su último álbum, rompió en 2003 esta etapa, logrando además su primer número en álbumes en su Alemania natal. Tres años más tarde Scheneider dio (curiosamente en España) su último concierto como parte de Kraftwerk, que desde entonces es ya el proyecto en solitario del veterano Hutter. Poco se sabe de su vida en estos últimos años hasta que a principios de mayo se informó de su fallecimiento.

Es obvio que este teutón hierático, escasamente expresivo y poco dado a entrevistas se situó siempre en las antípodas de lo que el panorama musical esperaba. Pero la realidad es tozuda, y los cientos de versiones de temas de Kraftwerk, los millares de artistas que los citan como influencia, y sobre todo, la manera como mostraron que con esos extraños artilugios electrónicos se podían crear temas igual de emocionantes que con instrumentos acústicos y eléctricos, han situado a Schneider y a Hutter en los altares de la música contemporánea. Esta entrada pretende ser por una parte mi humilde homenaje, y por otra darlos a conocer a aquellos que aún no se hayan adentrado en su particular universo (para lo cual sugiero su "The mix", su álbum de 1991 en el que volvieron a grabar buena parte de sus mejores canciones con una tecnología mucho más avanzada que la de sus comienzos). No te olvidamos.

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