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domingo, 10 de mayo de 2020

Florian Schneider (1947-2020): el injustamente olvidado

Aparte de retrasar la publicación de muchos de los álbumes que estaban previstos para este segundo trimestre (algunos de los cuales deberían haber tenido ya su correspondiente entrada en este humilde blog), el confinamiento que sigue condicionando nuestras vidas nos dejó hace diez días la noticia del fallecimiento de Florian Schneider. Un fallecimiento que ha pasado de manera injustamente desapercibida para el gran público, razón por la cual me he decidido a dedicarle una entrada. Y es que para mí ha fallecido uno de los dos fundadores y líderes de la banda más influyente de todos los tiempos. Sí, tal cual. Kraftwerk.

Y es que aunque si pensamos en los artistas más influyentes de la música contemporánea probablemente nuestra memoria nos traiga los nombres de The Beatles, Bob Dylan, Elvis Presley, The Rolling Stones, David Bowie o Led Zeppelin, la realidad del año 2020 es tozuda. Y nos dice que la gran mayoría de los álbumes que se publican en el planeta están creados con instrumentos electrónicos. Una realidad que dura además varias décadas, y que refleja que los guitar hero hace tiempo que no son el espejo en el que se miran los creadores actuales. Y claro, si hablamos de pioneros en los instrumentos electrónicos, y en acercarlos a la música pop, de baile y experimental, dando lugar a géneros como el techno o el ambient, Kraftwerk fueron los primeros, y además los que más impacto han alcanzado desde casi sus comienzos.

Scheiner cofundó Kraftwerk junto a Ralf Hutter en 1970. Originarios de Dusseldorf y con formación musical clásica, estos dos particulares músicos se abstrayeron desde el principio de los estilos musicales predominantes, y empezaron un recorrido exploratorio por otros sonidos inéditos hasta entonces. Lógicamente sus dos primeros álbumes fueron más interesantes por sus experimentaciones que por sus resultados, pero ya en el tercero (de revelador título, "Ralf und Florian", 1973) su sonido empezaba a estar definido. Y con "Autobahn" (1974), sucedió lo inexplicable: el tema que daba título el álbum, con sus entonces ignotas repeticiones electrónicas, se convirtió en un éxito internacional, llegando al número 11 en el Reino Unido y al 25 en E.E.U.U.. Lo que refleja que incluso cuando nadie más se había acercado aún a estos terrenos musicales, Hutter y Schneider ya estaban alcanzando una repercusión mundial que indicaba por dónde podrían ir las nuevas músicas.

"Radio-activity" (1975), un álbum ya totalmente electrónico, los consolidó musicalmente, y estableció una costumbre que se mantuvo a partir de entonces con todos sus discos posteriores: siempre se editaron en dos versiones, una en alemán y otra en inglés para su publicación internacional. Pero más impacto tuvo su sexto álbum, "Trans-Europe Express" (1977), que combinó como ninguno de sus trabajos hasta entonces electrónica y melodías. Por aquellos años empezaron a surgir los primeros artistas que, fuertemente influenciados por los alemanes, comenzaban a recorrer estos nuevos territorios con gran éxito comercial, desde Gary Numan en el Reino Unido hasta la Yellow Magic Orchestra en Japón. Éxito comercial que en menor medida también seguía acompañando a los alemanes, por ejemplo con el tema que daba título a dicho álbum.

"The man-machine" (1978) es ya un álbum de electrónica tan rabiosamente actual que aún puede ser descubierto en 2020 por los aficionados más jóvenes al género. Top 10 en el Reino Unido, contiene además dos de los mayores himnos de su carrera "The robots", utilizada hasta la saciedad en multitud de programas y sintonías, y "The model", el mayor éxito de su trayectoria y lo más cercano al pop que grabaron jamás Hutter y Schneider. Temas que los consolidaron como los maestros indiscutibles de este nuevo estilo que a finales de los setenta y principios de los ochenta arrasó en todo el mundo, con bandas como O.M.D., Depeche Mode o Soft Cell. Precisamente en 1981 vio la luz su último gran disco, "Computer world", con una temática tecnológica e himnos como "Computer love", posteriormente adaptada por Coldplay para su éxito "Talk" o "Pocket calculator".

Tras el sencillo "Tour de France" en 1983, que no acabó formando parte de un álbum hasta 20 años más tarde, la banda publicó en 1986 el discreto "Electric cafe". Y desde entonces, se dedicó más a remasterizar y hacer giras con sus mejores clásicos que a la creación de nuevas canciones. Sólo "Tour de France Soundtracks", su último álbum, rompió en 2003 esta etapa, logrando además su primer número en álbumes en su Alemania natal. Tres años más tarde Scheneider dio (curiosamente en España) su último concierto como parte de Kraftwerk, que desde entonces es ya el proyecto en solitario del veterano Hutter. Poco se sabe de su vida en estos últimos años hasta que a principios de mayo se informó de su fallecimiento.

Es obvio que este teutón hierático, escasamente expresivo y poco dado a entrevistas se situó siempre en las antípodas de lo que el panorama musical esperaba. Pero la realidad es tozuda, y los cientos de versiones de temas de Kraftwerk, los millares de artistas que los citan como influencia, y sobre todo, la manera como mostraron que con esos extraños artilugios electrónicos se podían crear temas igual de emocionantes que con instrumentos acústicos y eléctricos, han situado a Schneider y a Hutter en los altares de la música contemporánea. Esta entrada pretende ser por una parte mi humilde homenaje, y por otra darlos a conocer a aquellos que aún no se hayan adentrado en su particular universo (para lo cual sugiero su "The mix", su álbum de 1991 en el que volvieron a grabar buena parte de sus mejores canciones con una tecnología mucho más avanzada que la de sus comienzos). No te olvidamos.

domingo, 20 de mayo de 2012

Donna Summer: la diva olvidada

Esta era una entrada que me hubiera gustado no tener que escribir, pero desgraciadamente esta semana ha fallecido la injustamente olvidada Donna Summer. Una muerte que no ha tenido la misma repercusión que la de, pongamos por ejemplo, otra diva negra que falleció hace unos meses, Whitney Houston. Y es que, claro, para los medios de comunicación no es igual de morbosa una muerte alcoholizada, sola en un hotel y con una vida personal arruinada, que de cáncer y arropada por su familia. Pero si nos atenemos a su revelancia y al legado musical, es incuestionable que el de Summer gana por goleada al de Houston. O al menos eso es lo que pretendo justificar con esta entrada.

Los acontecimientos personales suelen marcar para siempre la carrera musical de un artista, y el caso de Donna Summer no fue una excepción. Dotada de un excepcional rango vocal mezzo-soprano explotado durante su adolescencia en un coro cristiano, LaDonna Adrian Gaines (que así se llamaba en realidad) parecía destinada a sobrevivir como una impersonal intérprete de musicales más, cuando tras una audición en la que fue rechazada en Nueva York marchó a Munich a probar suerte. Allí se casó con el austriaco Helmuth Sommer, de quien tomó el apellido artístico, y fue abriéndose camino en proyectos musicales hasta que entró en contacto con el productor Giorgio Moroder, artífice de su éxito creativo y comercial.

Su primer éxito fue el provocativo y discotequero "Love to love you baby", en el que Summer destilaba sexualidad con sus insinuantes fraseos y sus gemidos. Pero la que podía haber quedado en lo que los anglosajones llaman un One-Hit-Wonder, con un puñado de sencillos menores editados en los meses siguientes, se convirtió en una artista legendaria gracias a un tema memorable: "I feel love". Summer había seguido trabajando con Moroder, quien seguía de cerca las propuestas de sus coetáneos Kraftwerk (el cuarteto alemán que anticipó la influencia que la música electrónica tendría en las décadas posteriores). Y se decidió a llevar esos nuevos sonidos electrónicos a la música de baile, dando forma así a la que denominó música disco. Fue en el álbum conceptual "I remember yesterday" de 1977, que se cerraba con el citado "I feel love", un tema en el que el cóctel formado por los teclados secuenciados, la línea de bajo sintetizada, las (rudimentarias) cajas de ritmos y una letra insinuante se usaron por primera vez en la historia de la música. Desde entonces han sido miles y miles las canciones que han reutilizado y siguen reutilizando esa misma fórmula, hasta hacer de "I feel love" una de las más influyentes de la historia. Aún hoy en día, 35 años más tarde, sigue sorprendiendo lo fresca y actual que suena, y más aún si lo comparamos con los temas estrella de los artistas que marcaban la pauta en los 70, desde David Bowie hasta Cat Stevens.

Convertida en una artista de relevancia mundial, Summer se convirtió durante los años siguientes en la reina del disco gracias a un puñado de temas menos transgresores pero que abundaban en el recién creado género y se beneficiaban de las cualidades vocales de la norteamericana: "Last dance", "MacArthur Park", "Bad girls", incluso alguna balada a la que no pudo renunciar por la presión del mercado estadounidense... De ese periodo cabe destacar la ardiente "Hot stuff", con un sonido mucho más añejo que el de "I feel love" pero vibrante gracias a una guitarra rockera que hoy sería inconcebible en este estilo. Incluso había tiempo para completar alguno de los dúos más famosos de todos los tiempos, como el que la juntó en 1979 con Barbra Streisand: el archiconocido "No More Tears (Enough Is Enough)". Ya en la primera mitad de los años 80, y sin alejarse de las pistas de baile, dotó a sus éxitos de unas letras más trascendentes, como aquellos estupendos "On the radio" y "She works hard for the money". Pero conforme avanzaban los 80 la irrupción de artistas más jóvenes la fueron apartando de la primera línea, a pesar de que intentó adaptarse a las modas, como lo prueban los toques freestyle del logrado aunque escasamente exitoso "Dinner with Gershwin".

Summer intentó reponerse del bajón comercial recurriendo en 1989 a la hoy injustamente menospreciada factoría Stock, Aitken & Waterman, que por aquel entonces lideraba las listas de todo el mundo con un puñado de artistas como Kylie Minogue o Rick Astley. Aun sin desprenderse del sonido inconfundible de la factoría, la participación de Summer en las composiciones las llevó a su terreno, entregando temas que la devolvieron al primer plano de la actualidad como "This time I know it's for real" o "Love's about to change my heart". Pero la colaboración no perduró en el tiempo, y su álbum de 1991 "Mistaken identity" fue un fracaso comercial a pesar de los teclados house de su digna "Work that magic". A raíz de entonces, Summer plegó velas y limitó sus aparaciones a colaboraciones con otros artistas (nuevamente Moroder en 1992), o a temas para completar discos recopilatorios o en directo ("I will go with you", adaptación de la italiana "Con te partiro"). Poco importó que, tras casi 20 años, su disco de estudio de 2008 "Crayons" fuera irrelevante tanto artística como comercialmente. Summer fue un ejemplo de cómo ir envejeciendo con dignidad, dejando que su legado hablara por ella. Y ahora que su fallecimiento nos permite volver la vista y revisarlo, su magnitud y su trascendencia nos demuestra que se nos ha ido algo más que una gran voz: la indiscutible Reina del Disco. Descanse en paz.

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