Una de las sorpresas del año que está a punto de terminar ha sido el retorno a la actividad en formato álbum Holichild. El dúo de Los Ángeles, formado por la vocalista Liz Nistico y el multi-instrumentista Louie Diller, debutó en formato álbum hace más de cuatro años con el interesante aunque irregular "The Shape of Brat Pop to Come". Desde entonces, una gira, y un par de años de silencio que no anticipaban este delirante y colorista "The theatrical death of Julie Delicious", cuyos temas empezaron a ver la luz en formato sencillo en los últimos meses de 2018.
Para su regreso han insistido con su vena ingenua, que les ayuda a afianzar su identidad como artistas pero en mi opinión les resta puntos. Porque el dúo posee una inteligencia innegable a la hora de recrear los mejores trucos del pop de los sesenta y los ochenta pero acercándolos a las sonoridades contemporáneas con una original mezcla de instrumentos acústicos, eléctricos y electrónicos. Pero esa voz casi naïve que adopta Nistico (en la línea de la peor Madonna) puede incluso hacer que una gran canción quede un tanto desapercibida. Y es una pena, porque no abundan las bandas capaces de alcanzar el equilibrio entre nostalgia y modernidad, y hacerlo además con unas canciones bien compuestas y mejor producidas.
Pero es que además ni siquiera han sido libres de incluir en el álbum los temas que han ido viendo la luz en formato sencillo. Supongo que su provocación y su descaro han chocado contra el establishment discográfico, y por eso uno de sus mejores sencillos (si no el mejor), "Bathroom Bitch", una exaltación de su sexualidad en palabras de la propia Nistico, con una letra dura y explícita ("I wanna fuck you in the bathroom, I wanna fuck you on the roof of my car, I wanna drink your juice so badly, I want it dripping from my ass to the floor..."), se ha quedado fuera del disco. En fin, éste es el mundo en el que vivimos, y ésta es la razón por la que bandas como Holychild son tan necesarias. Aunque enfrentarse a sus álbumes no deje de ser un reto.
Reto que comienza con "Over you", también elegido como cuarto sencillo, un medio tiempo construido sobre un teclado obsesivo que repite la misma progresión armónica todo el tiempo (salvo en la etérea parte nueva), y que llama la atención por lo maximizado de su sonido (tanto que a pesar de la profusión de instrumentos a veces cuesta distinguirlos). "Number one" repite en su apuesta por el pop esquizoide de aromas sesenteros, como lo muestran las segundas voces que apostillan la melodía principal, en especial durante su parte nueva. Más entonada me parece "Hundred Thousand Hearts", segundo sencillo en ver la luz, y que no obstante es la mejor prueba de esa ingenuidad impostada que le resta puntos a un tema que por lo demás es tremendamente efectivo como medio tiempo pop de estribillo coreable y parte nueva elaborada y plena de talento, rematado por un piano de una complejidad notable y una trompeta que reflejan lo cuidado de su instrumentación. "Raining romance" ha sido el quinto sencillo del álbum en ver la luz hace unas semanas. Más contemporáneo en estilo y sonido, es uno de los mejores momentos del álbum: olvidándose de su impostada frivolidad, y con una percusión a contracorriente (nada menos que tres ritmos diferentes para estrofa, puente y estribillo), su oscuridad y su original uso del pitch en el intervalo instrumental hacen el resto.
"Haunt me in the night" es la primera balada del álbum. Con un toque muy de final de película romántica de Hollywood, su melodía de tintes clásicos es irreprochable, y su parte nueva y el solo de guitarra de Diller antes de las repeticiones finales del estribillo son puntos a su favor, pero nuevamente pesa más la forma que el fondo. Mejor resulta "Carmelo", sexto corte y tercer sencillo, con una letra sobre la relación de Nistico con su padre. Quizá sea la más electrónica del disco, tanto por los instrumentos utilizados como por la manera con la que juegan con el sonido. En un mundo ideal sería la banda sonora perfecta de una fiesta alternativa: una melodía excelente de principio a fin, y el largo solo de sintetizador al final reflejan la calidad del tema. "Fight for me" atrapa prácticamente desde el comienzo: de referencias claramente ochenteras, la melodía de la estrofa llama la atención por sus tonos altos, y las guitarras distorsionadas del estribillo suponen el mejor contrapunto a la interpretación vocal de Nistico, sobre todo en ese psicodélico final digno de los mejores Oasis.
Aunque para mí el mejor tema del álbum es sin duda "Patron Saint", que curiosamente no ha visto la luz en formato sencillo: sin parte instrumental previa, y quizá con un punto de ingenuidad de más, es un tema infalible para cambiar nuestro estado de ánimo en el día más depresivo: una melodía vocal tan perfecta que parece una versión de los años dorados del pop, y una instrumentación que la complementa pero más en un segundo plano que en cualquier otro tema del disco, para no quitarle protagonismo (salvo en los coros y la sección de viento del tramo instrumental final). "Saturday" es el "baladón" del disco, aunque su comienzo a capella con adornos espaciales no lo deje entrever. Pero en este caso sí se trata de una balada convincente, muy bien cantada, con una certera sección de cuerda, una original parte instrumental, y un final apoteósico. De hecho quizá hubiera sido mejor como cierre del álbum que "Wishing you away", el primer sencillo que anticipó el disco hace casi año y medio. No sé si es que estoy saturado de tanto dem bow (aunque el tema no tenga nada que ver con el reguetón), o si es por la ampulosidad un tanto pretenciosa de su estribillo, el caso es que me parece un tema menor.
Y así se cierra este álbum relativamente corto, no exento de altibajos, lleno de letras impactantes, clichés provocativos e instrumentaciones originales. Aunque si aceptamos el reto de descubrir el valor de cada tema más allá de su superficie, en todos ellos encontraremos giros elaborados, buenos detalles, instrumentaciones originales, una producción brillante, y un puñado de buenas canciones. Pero no nos engañemos: Holychild resultan demasiado superficial para el panorama indie, demasiado arriesgados para el mainstream, y demasiado originales para el guetto de la electrónica, por lo que tienen dificil llegar a un público amplio en cualquiera de esos frentes. Así que espero que no tiren la toalla tras este trabajo tan personal, y que este humilde blog contribuya mínimamente a su difusión.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
jueves, 26 de diciembre de 2019
sábado, 21 de diciembre de 2019
Underworld: "Drift Series 1 Sampler Edition" (2019)
Los galeses Underworld empezaron en noviembre del año pasado un ambicioso proyecto titulado "Drift" durante el que han ido publicando en su web nuevas composiciones y vídeos, nada menos que a ritmo de una por semana. Esas composiciones las fueron agrupando durante meses sucesivos en lo que llamaron "Episodes", en realidad álbumes o EPs autocontenidos, hasta llegar a un total de seis, es decir, nada menos que tres y horas y media de material nuevo. Todo un derroche de creatividad en estos tiempos que corren de tanto revival, y todo un regalo para sus fans más incondicionales. Así hasta que al cumplirse justo un año del inicio del proyecto, el dúo lo dio por completado con la publicación de "Drift Series 1 Sampler Edition", una especie de "best of" de todo ese material publicado durante las cincuenta y dos semanas anteriores, secuenciado en un nuevo orden para darle la cohesión oportuna y recortando o incluso cambiando la instrumentación de algunos temas. Ese álbum "oficial" es el que voy a reseñar a continuación.
¿Es pues es "Sampler Edition" un "best of" del proyecto Drift? ¿O es al menos un álbum que mire de frente a sus nueve álbumes anteriores? Pues desgraciadamente ni lo uno ni lo otro. Y es que entre los treinta temas disponibles para la selección no hay en mi opinión ni uno solo del nivel de sus grandes clásicos, lo que una vez más refrenda que cantidad no es igual a calidad. Y es que Karl Hyde y Rick Smith tiran de oficio para completar la mayoría de las temas con sus obsesiones habituales (un ochenta por ciento para la pista de baile y un veinte por ciento para la experimentación), pero la chispa de la inspiración apenas aparece. Abundan los temas monocordes (o casi), las percusiones electrónicas más que conocidas y ya explotadas, las grandes "parrafadas" de Hyde... Y como complemento seis o siete experimentos con los que sin duda se lo pasaron bien, pero en general de difícil disfrute. Por lo que cualquier selección de los treinta temas iba a dar como resultado un álbum a lo sumo discreto, pero lejos de "Dubnobasswithmyheadman" (1994), o incluso del más reciente y meritorio "Barbara, Barbara, we face a shining future" (2016). Pero es que a mi modo de ver ni siquiera han estado especialmente acertados con la selección; no sé si tiraron de la recepción online o en sus conciertos de las canciones para guiarse, pero el caso es que hay dos o tres que desentonan del conjunto, y algunos de los más interesantes se han quedado fuera.
El álbum lo abre "Appleshine", uno de sus clásicos temas orientados a la pista de baile, de desarrollo muy lento (casi diez minutos), con sólo dos acordes que se van alternando todo el tiempo, con una tardía (casi a los minutos) pero muy larga interpretación vocal de Karl Hyde, cuya voz se oye tan lejana que es muy complicado entender lo que dice, y sin apenas sorpresas en su segunda mitad (aun así, es de los momentos más salvables). Le sigue "This must be drum street", simplemente aceptable, también oscura y bailable, de duración más contenida y bajo más marcado, con una progresión armónica un poco más trabajada y con la pegajosa frase "Do you wanna buy my car?" como lo más destacable de su parte vocal. El siguiente corte es "Listen to Their No": inicialmente chirriante, con un prometedor sintetizador juguetón típico del dúo que se posiciona como instrumento principal casi al principio, y las voces "auto-tuneadas" de Hyde para una melodía entrecortada y un tanto extraña que también promete y que tiene una especie de estribillo cuando empieza con aquello de "There's no one", pero cuyo desarrollo encalla durante su segunda mitad, alejándolo de los grandes momentos del dúo (aunque quizá sea el mejor tema del disco).
"Border country", con la colaboración del para mí desconocido Ø [Phase], es otro de los típicos temas obsesivos y monocordes de la banda, similar a los que ya hemos escuchado tantas veces en otras entregas, y durante el cual no sucede prácticamente nada. "Mile Bush Pride" son menos de cien segundos de techno monótono y machacón. "Schipol test" levanta un poco el nivel, aunque vuelve a ser poco más que una obsesiva sección rítmica y un par de frases de Hyde, esta vez más graves y envolventes. "Brilliant Yes That Would Be", supuestamente inspirado por el paisaje islandés, son seis minutos de experimento a partir de un par de sintetizadores envolventes y una guitarra hiper-distorsionada, sin percusión alguna, y ante los cuales es difícil no pulsar el botón de forward. "S T A R (Rebel Tech)" se supone que es, como su propio título indica, el tema estrella del álbum, y en la versión original del episodio 5 (de la cual añado el enlace al video-clip) era quizá su momento más musical, aparte del más sencillo de recordar por la cantidad de personas y personajes famosos que cita, pero en la versión de este "Sampler" pierde en armonía lo que gana en contundencia, y para mi gusto el resultado es peor. "Imagine a box" son otros seis minutos de techno tenebroso de tempo alto, con una progresión armónica medianamente elaborada aunque con tendencia al delirio, y una de esas melodías imposibles por desestructuradas que son marca de la casa, pero esta vez escasa de chispa. Y la "muestra" la cierra "Custard Speedtalk", algo así como la evolución de su clásico "Rez" casi treinta años más tarde, con dos baterías convencionales y una melodía vocal larga para complementarla, y que podríamos definir como el intento de hacer una balada a partir de un original tan discotequero, recurriendo para ello a un complicado piano para contrepesar al juguetón sintetizador del comienzo.
Los cincuenta y ocho minutos de esta edición permiten también corroborar algo no siempre resaltado: la variedad de registros vocales de Karl Hyde, capaz de llevar a muchos temas conceptualmente similares a territorios distintos. Pero para haber subido el nivel habrían hecho falta más armonías, más progresiones armónicas bien trabajadas, un par de estribillos certeros, una duración más contenida en ocasiones. Y es que aunque sabemos que Underworld son capaces de combinar lo mejor y lo peor, esta vez su extraordinario esfuerzo no ha rendido los resultados esperados.
No obstante, para que el sabor de boca mejore, sugiero completar esta "Sampler Edition" con los siguientes cinco temas de los distintos "Episodios", que en mi opinión habrían mejorado un tanto la impresión global: "Molehill", con su pop de epopeya espacial sobre arpegios de piano y sintetizador, sin percusión y apenas letra y sin embargo mucho más interesante como experimento que "Brilliant Yes That Would Be", "Doris", su aproximació al ambient a lo Aphex Twin, un instrumental evocador y con más armonías que cualquier tema del "Sampler", "Two arrows", Underworld clásico para la pista de baile pero que demuestra que pueden hacer un tema igualmente intenso, bailable y perturbador en dos segundos, "A moth at the door", un tema coral (sí, sí, han leído bien, coral), con la voz de Hyde resonando en medio de un templo imaginario, doblada y distorsionada n-veces mientras una letra de compasión, y con la sorpresa final de un coro real para rematar el resultado, y "Another Silent Way - Drift Poem - Better Than Diamonds", catorce minutos de percusión africana casi tan irresistible como la de "Born slippy", con tres partes claramente diferenciadas, mucha frase declamada y mucho sintetizador estridente, que podría haber funcionado como tema excesivo para abrir el álbum (o uno de sus conciertos).
¿Es pues es "Sampler Edition" un "best of" del proyecto Drift? ¿O es al menos un álbum que mire de frente a sus nueve álbumes anteriores? Pues desgraciadamente ni lo uno ni lo otro. Y es que entre los treinta temas disponibles para la selección no hay en mi opinión ni uno solo del nivel de sus grandes clásicos, lo que una vez más refrenda que cantidad no es igual a calidad. Y es que Karl Hyde y Rick Smith tiran de oficio para completar la mayoría de las temas con sus obsesiones habituales (un ochenta por ciento para la pista de baile y un veinte por ciento para la experimentación), pero la chispa de la inspiración apenas aparece. Abundan los temas monocordes (o casi), las percusiones electrónicas más que conocidas y ya explotadas, las grandes "parrafadas" de Hyde... Y como complemento seis o siete experimentos con los que sin duda se lo pasaron bien, pero en general de difícil disfrute. Por lo que cualquier selección de los treinta temas iba a dar como resultado un álbum a lo sumo discreto, pero lejos de "Dubnobasswithmyheadman" (1994), o incluso del más reciente y meritorio "Barbara, Barbara, we face a shining future" (2016). Pero es que a mi modo de ver ni siquiera han estado especialmente acertados con la selección; no sé si tiraron de la recepción online o en sus conciertos de las canciones para guiarse, pero el caso es que hay dos o tres que desentonan del conjunto, y algunos de los más interesantes se han quedado fuera.
El álbum lo abre "Appleshine", uno de sus clásicos temas orientados a la pista de baile, de desarrollo muy lento (casi diez minutos), con sólo dos acordes que se van alternando todo el tiempo, con una tardía (casi a los minutos) pero muy larga interpretación vocal de Karl Hyde, cuya voz se oye tan lejana que es muy complicado entender lo que dice, y sin apenas sorpresas en su segunda mitad (aun así, es de los momentos más salvables). Le sigue "This must be drum street", simplemente aceptable, también oscura y bailable, de duración más contenida y bajo más marcado, con una progresión armónica un poco más trabajada y con la pegajosa frase "Do you wanna buy my car?" como lo más destacable de su parte vocal. El siguiente corte es "Listen to Their No": inicialmente chirriante, con un prometedor sintetizador juguetón típico del dúo que se posiciona como instrumento principal casi al principio, y las voces "auto-tuneadas" de Hyde para una melodía entrecortada y un tanto extraña que también promete y que tiene una especie de estribillo cuando empieza con aquello de "There's no one", pero cuyo desarrollo encalla durante su segunda mitad, alejándolo de los grandes momentos del dúo (aunque quizá sea el mejor tema del disco).
"Border country", con la colaboración del para mí desconocido Ø [Phase], es otro de los típicos temas obsesivos y monocordes de la banda, similar a los que ya hemos escuchado tantas veces en otras entregas, y durante el cual no sucede prácticamente nada. "Mile Bush Pride" son menos de cien segundos de techno monótono y machacón. "Schipol test" levanta un poco el nivel, aunque vuelve a ser poco más que una obsesiva sección rítmica y un par de frases de Hyde, esta vez más graves y envolventes. "Brilliant Yes That Would Be", supuestamente inspirado por el paisaje islandés, son seis minutos de experimento a partir de un par de sintetizadores envolventes y una guitarra hiper-distorsionada, sin percusión alguna, y ante los cuales es difícil no pulsar el botón de forward. "S T A R (Rebel Tech)" se supone que es, como su propio título indica, el tema estrella del álbum, y en la versión original del episodio 5 (de la cual añado el enlace al video-clip) era quizá su momento más musical, aparte del más sencillo de recordar por la cantidad de personas y personajes famosos que cita, pero en la versión de este "Sampler" pierde en armonía lo que gana en contundencia, y para mi gusto el resultado es peor. "Imagine a box" son otros seis minutos de techno tenebroso de tempo alto, con una progresión armónica medianamente elaborada aunque con tendencia al delirio, y una de esas melodías imposibles por desestructuradas que son marca de la casa, pero esta vez escasa de chispa. Y la "muestra" la cierra "Custard Speedtalk", algo así como la evolución de su clásico "Rez" casi treinta años más tarde, con dos baterías convencionales y una melodía vocal larga para complementarla, y que podríamos definir como el intento de hacer una balada a partir de un original tan discotequero, recurriendo para ello a un complicado piano para contrepesar al juguetón sintetizador del comienzo.
Los cincuenta y ocho minutos de esta edición permiten también corroborar algo no siempre resaltado: la variedad de registros vocales de Karl Hyde, capaz de llevar a muchos temas conceptualmente similares a territorios distintos. Pero para haber subido el nivel habrían hecho falta más armonías, más progresiones armónicas bien trabajadas, un par de estribillos certeros, una duración más contenida en ocasiones. Y es que aunque sabemos que Underworld son capaces de combinar lo mejor y lo peor, esta vez su extraordinario esfuerzo no ha rendido los resultados esperados.
No obstante, para que el sabor de boca mejore, sugiero completar esta "Sampler Edition" con los siguientes cinco temas de los distintos "Episodios", que en mi opinión habrían mejorado un tanto la impresión global: "Molehill", con su pop de epopeya espacial sobre arpegios de piano y sintetizador, sin percusión y apenas letra y sin embargo mucho más interesante como experimento que "Brilliant Yes That Would Be", "Doris", su aproximació al ambient a lo Aphex Twin, un instrumental evocador y con más armonías que cualquier tema del "Sampler", "Two arrows", Underworld clásico para la pista de baile pero que demuestra que pueden hacer un tema igualmente intenso, bailable y perturbador en dos segundos, "A moth at the door", un tema coral (sí, sí, han leído bien, coral), con la voz de Hyde resonando en medio de un templo imaginario, doblada y distorsionada n-veces mientras una letra de compasión, y con la sorpresa final de un coro real para rematar el resultado, y "Another Silent Way - Drift Poem - Better Than Diamonds", catorce minutos de percusión africana casi tan irresistible como la de "Born slippy", con tres partes claramente diferenciadas, mucha frase declamada y mucho sintetizador estridente, que podría haber funcionado como tema excesivo para abrir el álbum (o uno de sus conciertos).
domingo, 24 de noviembre de 2019
Geowulf: "My resignation" (2019)
Hace apenas un mes vio la luz "My resignation", el segundo álbum del dúo de origen australiano, aunque residente en Londres, Geowulf. Formada por la excelente cantante e instrumentista Star Kendrick y el multi-instrumentista Toma Benjanin, han sido una de las debilidades de este humilde blog desde que debutaron en formato sencillo hace tres largos años, si bien su álbum de debut "Great big blue" vio la luz hace apenas año y medio. Una circunstancia que me ha pillado con el paso cambiado, pues pensaba que iban a tardar más tiempo en darle continuidad. Por lo cual mi siguiente recelo era constatar si el álbum estaría bien trabajado, o si simplemente habrían corrido más de la cuenta para mantener el foco de los medios sobre ellos y labrarse así una carrera musical duradera.
Pues bien, puedo adelantar que el álbum posee el nivel suficiente para todos aquellos que gusten del equilibrio entre indie-pop y pop ensoñador de corte clásico, sin estridencias. Quizá no haya un par de temas estrellla del calibre de "Don't talk about you" y "Drink too much", falte algo más de experimentación en algún momento, y algunos temas se parezcan entre ellos más de la cuenta, pero lo cierto es que hay buenas melodías, suficiente emoción y la dosis justa de cambios de registro para que "My resignation" se pueda escuchar de principio a fin sin necesidad de pulsar el "forward". Y eso a la hora de afrontar el siempre temido segundo álbum es ya una garantía de éxito.
Con buen criterio el álbum lo abre "My resignation", la canción que da título al álbum y su indiscutible tema estrella. Una composición pop de estructura clásica, de estrofas elaboradas y estribillo sencillo a la vez que de letra desoladora, con unos arreglos muy bien elaborados para armonizar las distintas partes, una poco habitual en estos tiempos subida de tono en la tercera estrofa y una coda final que aprovecha todas las bondades de los tres minutos anteriores. "I see red", segundo corte, fue el primer sencillo en adelantar el álbum: algo más electrónica que la anterior (percusión y sintetizadores programados), llama la atención su estrofa de notas bajas y relativamente desnudas que explota en un estribillo guitarrero y luminoso que mejora la impresión general del tema. "Lonely" fue el último de los sencillos en anticipar el disco: más acústico que las anteriores (ahora todos los instrumentos sí son "reales"), y para mí una evocación perfecta de ese pop elegante que mira con respeto a los sesenta y que tan bien han sabido recrear Saint Etienne en tantas ocasiones (y por cierto con un vídeo en el que Kendrick luce en ropa interior todos sus encantos). Aunque no llega a ser un temazo.
"He's 31" también fue adelantado en formato sencillo hace unos meses: un arpegio de guitarra y la excelente interpretación de Kendrick son los argumentos para engancharnos hasta que aparece esa batería deudora del "Be my baby" de The Ronettes que en mi opinión no le favorece, y más tarde un estribillo que se hace de rogar dos largos minutos pero que cuando por fin aparece evidencia el talento de los australianos para componer melodías extensas e intemporales. "Round and round" es el primer tema con el que puede tenerse la sensación de excesivo parecido a las canciones anteriores, y de hecho la estrofa es simplemente correcta, pero el estribillo con la steel guitar de Benjamin llenando todos los huecos que deja la voz de Kendrick justifica su inclusión en el álbum, en especial con el teclado etéreo que redondea las repeticiones finales. Aunque prefiero "I want you tonight": más oscura y clásica con sus acordes menores llevados por una tradicional guitarra acústica, se trata de otra melodía a la que pocos defectos se le pueden poner, y el arpegio de guitarra de los intervalos instrumentales es tan sencillo como certero.
"Evolution" probablemente sea la letra más original del álbum, sobre unos jóvenes amantes que se plantearon tener hijos ("I wanted your children, It's probably only evolution, Our bodies over reason"), y que cantan sobre un medio tiempo que es puro dream pop de instrumentación convencional y melodía irreprochable sin caer en la cursilería, algo que para sí quisieran otras bandas del mismo corte como The Narrative. Y "Falling" probablemente sea la instrumentación más personal del álbum, desde su chirriante sintetizador del comienzo, pasando por su bajo electrónico, y acabando por esos teclados etéreos que envuelven la sencilla melodía de su estribillo, aunque quizá lo más meritorio sea la larga y elaborada parte nueva. Y "Rainy day" el más flojo, con esa cadencia impostada del country-pop que podría haber interpretado Sheryl Crow, y que encima se ve ralentizada en su simplemente discreto estribillo adornado por un mellotron, tal vez lo único llamativo. "If only I could feel it" es otro lento, más introspectivo que el anterior, sobre un amor no correspondido, que cumple su función pero tampoco destaca especialmente si tenemos en cuenta que apenas dura tres minutos. Y el disco lo cierra "Celebrate", que juega al despiste con su extraño comienzo, pero que termina siendo otra melodía cristalina, de largas estrofas separadas en dos tramo, y estribillo expansivo que viene muy a cuento para rematar el álbum, en especial durante su minuto final, de inesperadas guitarras distorsionadas.
La reseña favorable de prácticamente todos los temas no debería ocultar que el disco dista de ser una gran obra, pues transita casi siempre por las mismas aguas. Pero Geowulf navegan con viento a favor gracias a su capacidad para componer canciones de pop clásico, al margen de las modas, siempre bien arregladas y mejor interpretadas. Por lo que este "My resignation" puede servir como bálsamo desintoxicador para tanto trap, tanto reguetón y tanto streaming de encefalograma plano como nos rodea. Debe de ser que las antípodas están lo suficientemente lejos para mantenerse al margen de estas nefastas modas.
Pues bien, puedo adelantar que el álbum posee el nivel suficiente para todos aquellos que gusten del equilibrio entre indie-pop y pop ensoñador de corte clásico, sin estridencias. Quizá no haya un par de temas estrellla del calibre de "Don't talk about you" y "Drink too much", falte algo más de experimentación en algún momento, y algunos temas se parezcan entre ellos más de la cuenta, pero lo cierto es que hay buenas melodías, suficiente emoción y la dosis justa de cambios de registro para que "My resignation" se pueda escuchar de principio a fin sin necesidad de pulsar el "forward". Y eso a la hora de afrontar el siempre temido segundo álbum es ya una garantía de éxito.
Con buen criterio el álbum lo abre "My resignation", la canción que da título al álbum y su indiscutible tema estrella. Una composición pop de estructura clásica, de estrofas elaboradas y estribillo sencillo a la vez que de letra desoladora, con unos arreglos muy bien elaborados para armonizar las distintas partes, una poco habitual en estos tiempos subida de tono en la tercera estrofa y una coda final que aprovecha todas las bondades de los tres minutos anteriores. "I see red", segundo corte, fue el primer sencillo en adelantar el álbum: algo más electrónica que la anterior (percusión y sintetizadores programados), llama la atención su estrofa de notas bajas y relativamente desnudas que explota en un estribillo guitarrero y luminoso que mejora la impresión general del tema. "Lonely" fue el último de los sencillos en anticipar el disco: más acústico que las anteriores (ahora todos los instrumentos sí son "reales"), y para mí una evocación perfecta de ese pop elegante que mira con respeto a los sesenta y que tan bien han sabido recrear Saint Etienne en tantas ocasiones (y por cierto con un vídeo en el que Kendrick luce en ropa interior todos sus encantos). Aunque no llega a ser un temazo.
"He's 31" también fue adelantado en formato sencillo hace unos meses: un arpegio de guitarra y la excelente interpretación de Kendrick son los argumentos para engancharnos hasta que aparece esa batería deudora del "Be my baby" de The Ronettes que en mi opinión no le favorece, y más tarde un estribillo que se hace de rogar dos largos minutos pero que cuando por fin aparece evidencia el talento de los australianos para componer melodías extensas e intemporales. "Round and round" es el primer tema con el que puede tenerse la sensación de excesivo parecido a las canciones anteriores, y de hecho la estrofa es simplemente correcta, pero el estribillo con la steel guitar de Benjamin llenando todos los huecos que deja la voz de Kendrick justifica su inclusión en el álbum, en especial con el teclado etéreo que redondea las repeticiones finales. Aunque prefiero "I want you tonight": más oscura y clásica con sus acordes menores llevados por una tradicional guitarra acústica, se trata de otra melodía a la que pocos defectos se le pueden poner, y el arpegio de guitarra de los intervalos instrumentales es tan sencillo como certero.
"Evolution" probablemente sea la letra más original del álbum, sobre unos jóvenes amantes que se plantearon tener hijos ("I wanted your children, It's probably only evolution, Our bodies over reason"), y que cantan sobre un medio tiempo que es puro dream pop de instrumentación convencional y melodía irreprochable sin caer en la cursilería, algo que para sí quisieran otras bandas del mismo corte como The Narrative. Y "Falling" probablemente sea la instrumentación más personal del álbum, desde su chirriante sintetizador del comienzo, pasando por su bajo electrónico, y acabando por esos teclados etéreos que envuelven la sencilla melodía de su estribillo, aunque quizá lo más meritorio sea la larga y elaborada parte nueva. Y "Rainy day" el más flojo, con esa cadencia impostada del country-pop que podría haber interpretado Sheryl Crow, y que encima se ve ralentizada en su simplemente discreto estribillo adornado por un mellotron, tal vez lo único llamativo. "If only I could feel it" es otro lento, más introspectivo que el anterior, sobre un amor no correspondido, que cumple su función pero tampoco destaca especialmente si tenemos en cuenta que apenas dura tres minutos. Y el disco lo cierra "Celebrate", que juega al despiste con su extraño comienzo, pero que termina siendo otra melodía cristalina, de largas estrofas separadas en dos tramo, y estribillo expansivo que viene muy a cuento para rematar el álbum, en especial durante su minuto final, de inesperadas guitarras distorsionadas.
La reseña favorable de prácticamente todos los temas no debería ocultar que el disco dista de ser una gran obra, pues transita casi siempre por las mismas aguas. Pero Geowulf navegan con viento a favor gracias a su capacidad para componer canciones de pop clásico, al margen de las modas, siempre bien arregladas y mejor interpretadas. Por lo que este "My resignation" puede servir como bálsamo desintoxicador para tanto trap, tanto reguetón y tanto streaming de encefalograma plano como nos rodea. Debe de ser que las antípodas están lo suficientemente lejos para mantenerse al margen de estas nefastas modas.
domingo, 10 de noviembre de 2019
Noel Gallagher's High Flying Birds - "Black star dancing", "This is the place" (2019)
Después de su flojísimo "Who built the moon?" (2017), el mayor de los Gallagher está empleando este 2019 en explorar lo que para él son nuevas vías musicales. Y digo para él porque de todos es sabido que, a pesar de ser un compositor contrastado, Noel siempre ha tenido la mirada puesta en décadas anteriores a las que por su edad le corresponderían: a lo largo de su trayectoria en Oasis fue más que comentada su fijación por The Beatles, aunque debo añadir que para mí esa referencia es insuficiente, y debería ampliarse a todo el rock de la segunda mitad de los sesenta y primera mitad de los setenta, que Gallagher recreó con incuestionable talento. Pero hete aquí que su carrera en solitario empezaba a tener gastadas estas referencias, así que ahora se ha puesto a ver y escuchar largas sesiones del Top Of The Pops de la BBC, y ha decidido inspirarse en el pop-rock de la segunda mitad de los ochenta y de la primera mitad de los noventa para intentar revitalizar su sonido.
Lo curioso es que, quizá por temor a entregar un cuarto álbum en solitario demasiado disruptivo con los anteriores, ha optado por ir publicando esas nuevas composiciones en formato EP. Así que en los últimos meses han visto la luz "Black star dancing" y "This is the place", cada uno de ellos con tres nuevas canciones y dos remezclas/instrumentales (sí, sí, han leído bien, Noel Gallagher remezclado para la pista de baile). Me parece una forma lícita de dar rienda a sus nuevas inquietudes musicales sin defraudar a sus fans, aunque con el lógico inconveniente de que ese eventual cuarto álbum se puede estar complentando en pequeñas dosis.
¿Y el resultado? Pues ante todo debo decir que la disrupción no es tanta: sí en los dos sencillos extraídos, que son los que dan título a los respectivos EPs, pero no en las otras cuatro composiciones, que mayoritariamente suenan al Noel Gallagher de toda la vida: intimista, psicodélico, sesentero, con instrumentación clásica y predominio de las guitarras. En otras palabras: que aquellos fans que miren con malos ojos su giro hacia las pistas de baile de hace treinta años, pueden seguir haciéndose con los EPs y probablemente encuentren temas que continúen siendo de su agrado. Y un último apunte antes de ir al análisis individual de cada canción: a Noel le cuestan las estrofas de este nuevo rock para la pista de baile. Y es que comparadas con tantos y tantos temazos de su carrera, las de "Black star dancing" y "This is the place" pecan en ambos casos de simplonas.
"Black star dancing" sorprende desde el principio por sus sintetizadores en trémolo y su batería de sonidos electrónicos. Pero en seguida notamos que el tramo instrumental del comienzo y todas las estrofas son los mismos dos acordes ramplones. Menos mal que el estribillo inyecta otra energía y resulta disfrutable, aunque está claro que recrea sin disimulo a los injustamente olvidados INXS (hasta la voz recuerda a la de Michael Hutchence), y que el solo de guitarra de su ex-compañero en la segunda época de Oasis, Gem Archer, es digno. "Rattling rose" es un medio tiempo acústico que podría haber figurado perfectamente en cualquiera de sus tres álbumes en solitario, y que tiene como rasgo más destacable su psicodélico estribillo (con "pa-ra-pa-pá" femeninos en sus repeticiones finales). Y "Sail on" es una de esas fantásticas baladas que Noel sigue sabiendo crear a pesar de los años, y que por sí sola justifica todo el EP: una letra triste sobre la necesidad de no echar raíces y seguir luchando, y ahora sí unas estrofas que emocionan sin necesidad de alzar la voz, además de un estribillo coreable con el cambio de tonalidad justo al final.
"This is the place" me parece un punto superior a "Black start dancing" como tema exploratorio de esa nueva dirección musical. Está claro que esta vez Noel se ha fijado en el sonido de su ciudad, el Madchester de finales de los ochenta, aunque no hay un parecido tan evidente como en el caso de INXS (tal vez podríamos citar a Happy Mondays, aunque el peor Noel canta mucho mejor que el mejor Shaun Ryder). Otra vez sorprende lo sintético de la percusión (esta vez no podemos hablar sólo de la batería). Además, las estrofas están un poquito más elaboradas, pero sin duda lo que llama la atención es el loop sintetizado de una especie de caja de música que arranca en el primer estribillo y ya no nos abandona, junto con los coros femeninos que llevan el tema a otra dimensión, envolvente y con un saludable punto psicótico. "A dream is all I need to get by" es la balada de este segundo EP, más acústica y psicodélica si cabe que "Sail on", aunque no tan inspirada porque las estrofas no son tan brillantes como su certero y humano estribillo, recreado con gusto en los inevitables "pa-ra-ra-rá". Y "Evil flower" cierra la terna con un tema que sí vuelve a intentar acercarse en cierta medida al sonido Madchester con su bajo programado, su batería arrastrada y su sampling en segundo plano, pero al que le falta estructura de canción convencional, pues su alternancia de pasajes guitarreros y una especie de estribillo que se repite ocasionalmente se queda escasa para llamar la atención dentro de su discografía.
Con lo que al final, aunque los nuevos temas resulten interesantes y razonablemente disfrutables, lo que más perdura de estos dos EPs son las dos baladas clásicas que el mayor de los Gallagher sigue sabiendo componer. Cabe preguntarse si completará estos dos EPs con más temas hasta formar parte de su cuarto álbum en solitario, o si por el contrario abandonará estas exploraciones para entregar un nuevo disco más convencional. Personalmente preferiría lo primero, pero sin cerrarse espacio para combinar pasado y presente, porque por mucho que quiera acercarse a otras décadas, Noel ha pasado ya a la historia como uno de los mejores compositores de los sesenta y los setenta, con treinta años de retraso, y aún es capaz de seguir añadiendo muescas a ese anejo revólver.
Lo curioso es que, quizá por temor a entregar un cuarto álbum en solitario demasiado disruptivo con los anteriores, ha optado por ir publicando esas nuevas composiciones en formato EP. Así que en los últimos meses han visto la luz "Black star dancing" y "This is the place", cada uno de ellos con tres nuevas canciones y dos remezclas/instrumentales (sí, sí, han leído bien, Noel Gallagher remezclado para la pista de baile). Me parece una forma lícita de dar rienda a sus nuevas inquietudes musicales sin defraudar a sus fans, aunque con el lógico inconveniente de que ese eventual cuarto álbum se puede estar complentando en pequeñas dosis.
¿Y el resultado? Pues ante todo debo decir que la disrupción no es tanta: sí en los dos sencillos extraídos, que son los que dan título a los respectivos EPs, pero no en las otras cuatro composiciones, que mayoritariamente suenan al Noel Gallagher de toda la vida: intimista, psicodélico, sesentero, con instrumentación clásica y predominio de las guitarras. En otras palabras: que aquellos fans que miren con malos ojos su giro hacia las pistas de baile de hace treinta años, pueden seguir haciéndose con los EPs y probablemente encuentren temas que continúen siendo de su agrado. Y un último apunte antes de ir al análisis individual de cada canción: a Noel le cuestan las estrofas de este nuevo rock para la pista de baile. Y es que comparadas con tantos y tantos temazos de su carrera, las de "Black star dancing" y "This is the place" pecan en ambos casos de simplonas.
"Black star dancing" sorprende desde el principio por sus sintetizadores en trémolo y su batería de sonidos electrónicos. Pero en seguida notamos que el tramo instrumental del comienzo y todas las estrofas son los mismos dos acordes ramplones. Menos mal que el estribillo inyecta otra energía y resulta disfrutable, aunque está claro que recrea sin disimulo a los injustamente olvidados INXS (hasta la voz recuerda a la de Michael Hutchence), y que el solo de guitarra de su ex-compañero en la segunda época de Oasis, Gem Archer, es digno. "Rattling rose" es un medio tiempo acústico que podría haber figurado perfectamente en cualquiera de sus tres álbumes en solitario, y que tiene como rasgo más destacable su psicodélico estribillo (con "pa-ra-pa-pá" femeninos en sus repeticiones finales). Y "Sail on" es una de esas fantásticas baladas que Noel sigue sabiendo crear a pesar de los años, y que por sí sola justifica todo el EP: una letra triste sobre la necesidad de no echar raíces y seguir luchando, y ahora sí unas estrofas que emocionan sin necesidad de alzar la voz, además de un estribillo coreable con el cambio de tonalidad justo al final.
"This is the place" me parece un punto superior a "Black start dancing" como tema exploratorio de esa nueva dirección musical. Está claro que esta vez Noel se ha fijado en el sonido de su ciudad, el Madchester de finales de los ochenta, aunque no hay un parecido tan evidente como en el caso de INXS (tal vez podríamos citar a Happy Mondays, aunque el peor Noel canta mucho mejor que el mejor Shaun Ryder). Otra vez sorprende lo sintético de la percusión (esta vez no podemos hablar sólo de la batería). Además, las estrofas están un poquito más elaboradas, pero sin duda lo que llama la atención es el loop sintetizado de una especie de caja de música que arranca en el primer estribillo y ya no nos abandona, junto con los coros femeninos que llevan el tema a otra dimensión, envolvente y con un saludable punto psicótico. "A dream is all I need to get by" es la balada de este segundo EP, más acústica y psicodélica si cabe que "Sail on", aunque no tan inspirada porque las estrofas no son tan brillantes como su certero y humano estribillo, recreado con gusto en los inevitables "pa-ra-ra-rá". Y "Evil flower" cierra la terna con un tema que sí vuelve a intentar acercarse en cierta medida al sonido Madchester con su bajo programado, su batería arrastrada y su sampling en segundo plano, pero al que le falta estructura de canción convencional, pues su alternancia de pasajes guitarreros y una especie de estribillo que se repite ocasionalmente se queda escasa para llamar la atención dentro de su discografía.
Con lo que al final, aunque los nuevos temas resulten interesantes y razonablemente disfrutables, lo que más perdura de estos dos EPs son las dos baladas clásicas que el mayor de los Gallagher sigue sabiendo componer. Cabe preguntarse si completará estos dos EPs con más temas hasta formar parte de su cuarto álbum en solitario, o si por el contrario abandonará estas exploraciones para entregar un nuevo disco más convencional. Personalmente preferiría lo primero, pero sin cerrarse espacio para combinar pasado y presente, porque por mucho que quiera acercarse a otras décadas, Noel ha pasado ya a la historia como uno de los mejores compositores de los sesenta y los setenta, con treinta años de retraso, y aún es capaz de seguir añadiendo muescas a ese anejo revólver.
domingo, 20 de octubre de 2019
Softwave: "Game on" (2019)
En todo lo que llevamos de 2019 aún no había reseñado ningún álbum de los países escandinavos, que como he comentado varias veces en este humilde blog sigue siendo uno de los reductos donde se sigue publicando música contemporánea de calidad sin sucumbir a las modas más funestas. Pues ha llegado el momento de dar a conocer una nueva banda surgida por aquellos lares. En este caso en realidad no viene de Suecia o de Noruega, como suele ser habitual, sino de Dinamarca. Softwave es un dúo formado hace un lustro por la vocalista Catrine Christensen y el teclista Jerry Olsen, que se declaran devotos admiradores de Erasure, y que tras una serie de sencillos debutaron en formato álbum con "Game on" hace aproximadamente medio año. Y que nos ofrecen una propuesta a medio camino entre su lugar de origen y su banda de referencia: porque por suerte no estamos (como en el caso por ejemplo de Johan Baeckström) ante un mero revival de las señas de identidad de Vince Clarke, sino que su pop luminoso y bailable está convenientemente equilibrado por la elegencia nórdica, siempre capaz de recurrir a los sintetizadores sin que suenen estridentes ni horteras.
Eso sí, "Game on" no es un álbum del todo redondo. Lo más evidente es que rezuma la ilusión del álbum de debut, con baladas, temas instrumentales e incluso una introducción de minuto y medio, la cual da título al álbum y pretende facilitar la introducción a su particular mundo musical. Pero a veces se acerca más de la cuenta al eurobeat menos pulido, o no logra la inspiración compositiva suficiente, o propone unas cajas de ritmos y percusiones un tanto ramplonas. Pero cuando dan con la tecla, el resultado es brillante.
No es el caso de "Follow you", el primer tema completo en la edición completa de "Game on" y uno de los primeros sencillos de su carrera, que refleja correctamente lo que nos vamos a encontrar, pero al que le lastra un ritmo un tanto lento para lo que persigue, y unas estrofas sin demasiada inspiración, mientras que el estribillo se hace esperar más de la cuenta. Pero sí del corte siguiente: "Something is missing", probablemente la mejor canción del disco: un tema bailable, de ritmo binario clásico, con una letra sentimental, que comienza con un muy original sintetizador liderando el primer tramo instrumental, que da paso a unas estrofas largas y elegantes, estupendamente arregladas para enlazar con un estribillo difícil de cantar por sus notas muy altas que sin embargo resulta adictivo, y una producción que enriquece el conjunto a partir de la segunda estrofa, gracias a las alteraciones en la melodía vocal, los nuevos sintetizadores, las segundas voces, y una certera parada del ritmo antes de las repeticiones finales del estribillo. "No need to hide" se queda a medio camino entre ambos, pues aunque más rápida e infecciosa que "Follow you", y con unas estrofas más disfrutables, recuerda el casposo eurobeat alemán de mediados de los noventa. Más lograda es "On and on and on", su sencillo más conocido desde que vio la luz hace casi tres años: su bajo doblado en estéreo por cada canal lo aleja de las producciones discotequeras ramplonas, y aunque las estrofas no son especialmente brillantes, los arreglos que las conducen al estribillo son certeros, y el propio estribilo es sencillo pero disfrutable.
"Reflected memories" es quizá mi segundo momento favorito de "Game on". Quizá el tema "más Erasure" del disco hasta este momento, por sus elegantes estrofas y el sintetizador de Olsen replicando cada un de las frases de Christensen, su excelente estribillo (tanto en la melodía vocal como en el sintetizador que lo adorna) es de lo mejor que he escuchado este año en el mundo del electro-pop, la letra sugiere imágenes que se adhieren a nuestra memoria, y la producción de todo el tema es una demostración de cómo añadir teclados sin saturar el espectro. "Guardian angel" es el lógico intento por cubrir distintos estados de ánimo en el álbum de debut, o lo que es lo mismo, la balada del mismo: funciona como tema intimista, y la interpretación de Christensen es brillante, pero tantos "sintetizadores juguetones" no terminan de casar con el sobrecogimiento que pretende evocar. Le sigue una sorpresa en forma de tema instrumental, con título por cierto en español: "Valor" podría parecer una innovación destinada al fracaso en un grupo tan poppy y de melodías vocales tan elaboradas como Softwave, pero el caso es que sin apartarse demasiado de su línea musical consigue que la voz de Christensen no se eche de menos, quizá porque la estructura "estrofa-puente-estribillo-parte nueva" no está tan marcada como en el resto de sus canciones, y empieza con un ritmo más lento de lo que cabría esperar de ellos.
El último tramo del álbum se abre con "I need love", otra buena estrofa y mejor estribillo, con reminiscencias del pop luminoso de Andy Bell y Vince Clarke, en especial en su parte nueva instrumental, pero con un sonido convenientemente actualizado al año 2019; quizá sea el tercer mejor momento del disco. "Curiosity" mantiene el tipo, reduce el tempo e intenta atraparnos con su sonido más envolvente y atmósferico, lo que consigue sobre todo en un estribillo de notas muy altas y en un intervalo instrumental sencillo pero efectivo. "Human being", a pesar de su letra honesta, baja un par de peldaños con respecto a sus mejores temas, no se termina de definir entre la pista de baile y nuestra habitación favorita, y suena agradable pero relativamente poco original. Y el disco lo cierra "Galaxy of stars", con un comienzo que efectivamente es puro Erasure, y que resulta ser uno de esos temas lentos coloristas (y a veces un pelín melosos) tan habituales en los últimos discos del dúo británico. Por lo que sirve para cerrar el álbum con dignidad, pero no consigue tirar de la impresión final de "Game on" hacia arriba.
Porque al final el poso que deja este "Game on" es que los daneses tienen talento para llevar las influencias de Erasure a su terreneo, y a veces dan con la tecla de la mejor inspiración. Pero otras tiran de oficio, y logran temas válidos para complementar un disco correcto pero insuficientes para hacer de su debut uno de los mejores de 2019. No obstante habrá que seguirlos: probablemente si logran la repercusión suficiente ese extra de motivación provoque no sólo que intenten darle continuidad a este álbum, sino que creen más temas del nivel de "Something is missing" o "Reflected memories". Que por otra parte están ya en disposición de formar parte de mi lista de temas favoritos de este año que poco a poco se acerca a su fin.
Eso sí, "Game on" no es un álbum del todo redondo. Lo más evidente es que rezuma la ilusión del álbum de debut, con baladas, temas instrumentales e incluso una introducción de minuto y medio, la cual da título al álbum y pretende facilitar la introducción a su particular mundo musical. Pero a veces se acerca más de la cuenta al eurobeat menos pulido, o no logra la inspiración compositiva suficiente, o propone unas cajas de ritmos y percusiones un tanto ramplonas. Pero cuando dan con la tecla, el resultado es brillante.
No es el caso de "Follow you", el primer tema completo en la edición completa de "Game on" y uno de los primeros sencillos de su carrera, que refleja correctamente lo que nos vamos a encontrar, pero al que le lastra un ritmo un tanto lento para lo que persigue, y unas estrofas sin demasiada inspiración, mientras que el estribillo se hace esperar más de la cuenta. Pero sí del corte siguiente: "Something is missing", probablemente la mejor canción del disco: un tema bailable, de ritmo binario clásico, con una letra sentimental, que comienza con un muy original sintetizador liderando el primer tramo instrumental, que da paso a unas estrofas largas y elegantes, estupendamente arregladas para enlazar con un estribillo difícil de cantar por sus notas muy altas que sin embargo resulta adictivo, y una producción que enriquece el conjunto a partir de la segunda estrofa, gracias a las alteraciones en la melodía vocal, los nuevos sintetizadores, las segundas voces, y una certera parada del ritmo antes de las repeticiones finales del estribillo. "No need to hide" se queda a medio camino entre ambos, pues aunque más rápida e infecciosa que "Follow you", y con unas estrofas más disfrutables, recuerda el casposo eurobeat alemán de mediados de los noventa. Más lograda es "On and on and on", su sencillo más conocido desde que vio la luz hace casi tres años: su bajo doblado en estéreo por cada canal lo aleja de las producciones discotequeras ramplonas, y aunque las estrofas no son especialmente brillantes, los arreglos que las conducen al estribillo son certeros, y el propio estribilo es sencillo pero disfrutable.
"Reflected memories" es quizá mi segundo momento favorito de "Game on". Quizá el tema "más Erasure" del disco hasta este momento, por sus elegantes estrofas y el sintetizador de Olsen replicando cada un de las frases de Christensen, su excelente estribillo (tanto en la melodía vocal como en el sintetizador que lo adorna) es de lo mejor que he escuchado este año en el mundo del electro-pop, la letra sugiere imágenes que se adhieren a nuestra memoria, y la producción de todo el tema es una demostración de cómo añadir teclados sin saturar el espectro. "Guardian angel" es el lógico intento por cubrir distintos estados de ánimo en el álbum de debut, o lo que es lo mismo, la balada del mismo: funciona como tema intimista, y la interpretación de Christensen es brillante, pero tantos "sintetizadores juguetones" no terminan de casar con el sobrecogimiento que pretende evocar. Le sigue una sorpresa en forma de tema instrumental, con título por cierto en español: "Valor" podría parecer una innovación destinada al fracaso en un grupo tan poppy y de melodías vocales tan elaboradas como Softwave, pero el caso es que sin apartarse demasiado de su línea musical consigue que la voz de Christensen no se eche de menos, quizá porque la estructura "estrofa-puente-estribillo-parte nueva" no está tan marcada como en el resto de sus canciones, y empieza con un ritmo más lento de lo que cabría esperar de ellos.
El último tramo del álbum se abre con "I need love", otra buena estrofa y mejor estribillo, con reminiscencias del pop luminoso de Andy Bell y Vince Clarke, en especial en su parte nueva instrumental, pero con un sonido convenientemente actualizado al año 2019; quizá sea el tercer mejor momento del disco. "Curiosity" mantiene el tipo, reduce el tempo e intenta atraparnos con su sonido más envolvente y atmósferico, lo que consigue sobre todo en un estribillo de notas muy altas y en un intervalo instrumental sencillo pero efectivo. "Human being", a pesar de su letra honesta, baja un par de peldaños con respecto a sus mejores temas, no se termina de definir entre la pista de baile y nuestra habitación favorita, y suena agradable pero relativamente poco original. Y el disco lo cierra "Galaxy of stars", con un comienzo que efectivamente es puro Erasure, y que resulta ser uno de esos temas lentos coloristas (y a veces un pelín melosos) tan habituales en los últimos discos del dúo británico. Por lo que sirve para cerrar el álbum con dignidad, pero no consigue tirar de la impresión final de "Game on" hacia arriba.
Porque al final el poso que deja este "Game on" es que los daneses tienen talento para llevar las influencias de Erasure a su terreneo, y a veces dan con la tecla de la mejor inspiración. Pero otras tiran de oficio, y logran temas válidos para complementar un disco correcto pero insuficientes para hacer de su debut uno de los mejores de 2019. No obstante habrá que seguirlos: probablemente si logran la repercusión suficiente ese extra de motivación provoque no sólo que intenten darle continuidad a este álbum, sino que creen más temas del nivel de "Something is missing" o "Reflected memories". Que por otra parte están ya en disposición de formar parte de mi lista de temas favoritos de este año que poco a poco se acerca a su fin.
sábado, 12 de octubre de 2019
Feeder: "Tallulah" (2019)
El pasado mes de agosto ha visto la luz "Tallulah", el décimo álbum de estudio de los británicos Weezer. Después de un cuarto de siglo, Grant Nicholas, su líder, parece tener todavía intactas la creatividad y las ganas de seguir entrando al estudio para grabar nuevos temas, lo que es de agradecer en uno de los compositores de rock más respetados en el ámbito anglosajón. Lo que sucede a estas alturas de su carrera es que la pregunta es inevitable: ¿es "Tallulah" un álbum válido por sí mismo, o es la excusa para volver a la actualidad y embarcarse en una nueva gira, aunque cuando acabe nadie se acordará de este disco? En las últimas semanas he intentado responder a esa pregunta. A continuación, mi diálogo interior:
Después de la primera escucha: "pues vaya, para esto mejor que Nicholas se hubiera quedado en casa. No se ha esmerado nada con la instrumentación: prácticamente las guitarras distorsionadas, el bajo y la batería y a correr, sin darle apenas personalidad a cada canción. Y tampoco hay ningún tema estrella claro; se ve que los ha ido componiendo de corrido, casi con la manivela. Bueno, al menos la canción que da título al álbum ("Tallulah") recuerda dignamente a todos esos medios tiempos intensos y memorables que ha ido entregando a lo largo de los años: el arpegio de guitarra principal te atrapa, la batería contundente le aporta solidez y la guitarra reproducida al revés en los tramos instrumentales le da un punto de originalidad. Pero es prácticamente lo único que se salva. Voy a poner ahora "Echo park" (2001) para quitarme la dececpción de encima".
Después de la quinta escucha: "bueno, el álbum no está mal del todo, pero Nicholas podía haber arriesgado un poco. Claro, que a estas alturas de la historia, no es fácil pedirle más. La repetición final del estribillo de "Tallulah", con la melodía alterada, y el sintetizador juguetón encima, está muy conseguida. Las influencias japonesas del bajista Taka Hirose en "Kyoto" son convincentes; hacía tiempo que no entregaban un tema tan crudo, con unas estrofas tan duras que sin embargo encajan correctamente con un estribillo correoso pero coreable. Y "Blue sky blue", aunque no aporte nada nuevo, tiene ese colorido tan típico de Feeder, mezclando guitarras distorsionadas y platillos pesados con una melodía luminosa en las estrofas y un estribillo interesante, sobre todo cuando lo dobla en la segunda repetición con aquello de "Hold on... let's celebrate tonight". Venga, mañana le damos otra oportunidad".
Después de la décima escucha: "pues no me extraña que al final el álbum haya llegado al número cuatro en las listas británicas. "Guillotine" tarda en convencer, pero los arreglos de cuerda, la progresión armónica en acordes menores, la original letra y la sobredosis de distorsión en el estribillo te enganchan cuando te acostumbras. "Kite", a pesar de su contundencia, tiene unas influencias psicodélicas saludables, el mellotron en el estribillo casa muy bien con la melodía que canta Nicholas, y la parte nueva es puro rock sucio. Y "Lonely hollow days" es una balada acústica honesta y con un punto de emoción para cerrar el disco, digna de los buenos momentos de su carrera en solitario. No, si al final voy a tener que escribir una reseña positiva...".
Decimoquinta escucha: "oye, pues incluso los sencillos escogidos (los cuatro primeros cortes) tienen su punto cuando los escuchas muchas veces: "Youth" es nostálgica, cañera y resplandeciente a la vez, y "Daily habit" destila unos aromas californianos saludables. Mola."
Y en estas me encuentro ahora, casi dos meses y dieciséis escuchas más tarde, defendiendo este "Tallulah" como otra buena entrega del trío británico. No conseguirá nuevos adeptos, no aportará ningún momento memorable a sus conciertos, no arriesga, no se complica con los sencillos escogidos, pero gana con cada nueva escucha. En especial en una segunda parte algo más variada y entonada. Incluso los temas de los que no he hablado ("Windmill", "Fear of flying", "Rodeo" y "Shapes and sound") poseen todos un nivel medio cuando menos correcto. Y es que por encima de todo, Nicholas es un compositor contrastado que si se le dedica tiempo nunca defrauda. Así que si les gusta el rock y todavía no han descubierto a Feeder, no lo duden: "Tallulah" es lo suficientemente interesante para adentrarse en el universo musical de una de las mejores bandas del género en activo.
Después de la primera escucha: "pues vaya, para esto mejor que Nicholas se hubiera quedado en casa. No se ha esmerado nada con la instrumentación: prácticamente las guitarras distorsionadas, el bajo y la batería y a correr, sin darle apenas personalidad a cada canción. Y tampoco hay ningún tema estrella claro; se ve que los ha ido componiendo de corrido, casi con la manivela. Bueno, al menos la canción que da título al álbum ("Tallulah") recuerda dignamente a todos esos medios tiempos intensos y memorables que ha ido entregando a lo largo de los años: el arpegio de guitarra principal te atrapa, la batería contundente le aporta solidez y la guitarra reproducida al revés en los tramos instrumentales le da un punto de originalidad. Pero es prácticamente lo único que se salva. Voy a poner ahora "Echo park" (2001) para quitarme la dececpción de encima".
Después de la quinta escucha: "bueno, el álbum no está mal del todo, pero Nicholas podía haber arriesgado un poco. Claro, que a estas alturas de la historia, no es fácil pedirle más. La repetición final del estribillo de "Tallulah", con la melodía alterada, y el sintetizador juguetón encima, está muy conseguida. Las influencias japonesas del bajista Taka Hirose en "Kyoto" son convincentes; hacía tiempo que no entregaban un tema tan crudo, con unas estrofas tan duras que sin embargo encajan correctamente con un estribillo correoso pero coreable. Y "Blue sky blue", aunque no aporte nada nuevo, tiene ese colorido tan típico de Feeder, mezclando guitarras distorsionadas y platillos pesados con una melodía luminosa en las estrofas y un estribillo interesante, sobre todo cuando lo dobla en la segunda repetición con aquello de "Hold on... let's celebrate tonight". Venga, mañana le damos otra oportunidad".
Después de la décima escucha: "pues no me extraña que al final el álbum haya llegado al número cuatro en las listas británicas. "Guillotine" tarda en convencer, pero los arreglos de cuerda, la progresión armónica en acordes menores, la original letra y la sobredosis de distorsión en el estribillo te enganchan cuando te acostumbras. "Kite", a pesar de su contundencia, tiene unas influencias psicodélicas saludables, el mellotron en el estribillo casa muy bien con la melodía que canta Nicholas, y la parte nueva es puro rock sucio. Y "Lonely hollow days" es una balada acústica honesta y con un punto de emoción para cerrar el disco, digna de los buenos momentos de su carrera en solitario. No, si al final voy a tener que escribir una reseña positiva...".
Decimoquinta escucha: "oye, pues incluso los sencillos escogidos (los cuatro primeros cortes) tienen su punto cuando los escuchas muchas veces: "Youth" es nostálgica, cañera y resplandeciente a la vez, y "Daily habit" destila unos aromas californianos saludables. Mola."
Y en estas me encuentro ahora, casi dos meses y dieciséis escuchas más tarde, defendiendo este "Tallulah" como otra buena entrega del trío británico. No conseguirá nuevos adeptos, no aportará ningún momento memorable a sus conciertos, no arriesga, no se complica con los sencillos escogidos, pero gana con cada nueva escucha. En especial en una segunda parte algo más variada y entonada. Incluso los temas de los que no he hablado ("Windmill", "Fear of flying", "Rodeo" y "Shapes and sound") poseen todos un nivel medio cuando menos correcto. Y es que por encima de todo, Nicholas es un compositor contrastado que si se le dedica tiempo nunca defrauda. Así que si les gusta el rock y todavía no han descubierto a Feeder, no lo duden: "Tallulah" es lo suficientemente interesante para adentrarse en el universo musical de una de las mejores bandas del género en activo.
viernes, 4 de octubre de 2019
Illenium: "Ascend" (2019)
El pasado mes de agosto ha visto la luz "Ascend", el tercer álbum de Nicholas D. Miller, o lo que es lo mismo, Illenium. El DJ estadounidense sigue siendo uno de los mayores exponentes del future bass, ese estilo de música electrónica de ondas sonoras envolventes y tempo más lento de lo habitual en las pistas de baile. Y lo es con todas sus consecuencias. Quiero decir que en este "Ascend" no sólo se reafirma en su estilo creativo sino que, a pesar de la enorme lista de colaboradores que han participado en él, prácticamente todas las canciones adolecen del mismo defecto: se parecen demasiado entre sí. Lo que significa que todas tienen una estructura muy similar: una progresión armónica cálida, llevada casi siempre por un arpegio de guitarra, una primera estrofa elaborada que desemboca en un estribillo que va creciendo hasta llegar al tramo instrumental con los sintetizadores envolventes y el bombo pausado, otra segunda estrofa y segundo estribillo un poco menos desnudos que los primeros, otro intervalo instrumental potente pero con mínimos cambios respecto al primero, y un trocito final de lo más logrado del tema hasta situarlo sobre los cuatro minutos. Voces masculinas o femeninas aparte, prácticamente todos los temas siguen este patrón.
Lo cual por sí mismo no es malo, y de hecho si escucháramos cada una de las canciones de manera independiente, tendríamos pocos peros que ponerles a cualquiera de ellas: más elaboradas compositivamente que la gran mayoría de temas actuales, con una instrumentación que equilibra bien guitarra y tecnologías, la mayoría de ellas muy bien cantadas y con letras que no se suelen quedar en los tópicos. El problema surge cuando las catorce se sitúan seguidas. Y es que un buen álbum no debe ser una mera recopilación de canciones, sino que ha de dejar espacio para jugar con la estructura de algunas canciones, para innovar en otras, para dar un pequeño giro estilístico que oxigene el conjunto, para ir variando el tempo en algún momento... Prácticamente nada de eso hay en "Ascend", a pesar de la docena de colaboradores diferentes. Lo que evidencia la fortísima personalidad creativa de Miller. Por lo que en realidad a la hora de reseñar cada tema (excepción hecha de los dos breves interludios), todo se reduce a pequeños matices, casi a mis gustos personales. Pero aun así, voy a intentarlo.
"Hold on", segundo corte y primer tema completo, no es uno de mis favoritos: empieza con la estrofa sin preludio instrumental, con la voz de la para mí desconocida Georgia Ku, su melodía no termina de sonar sincera, y las ondas sonoras de los intervalos instrumentales las tiene Miller ya más que trilladas. "Good things fall apart", el cuarto sencillo extraído, con la interpretación vocal del rapero y cantante Jon Bellion, parece que puede ser algo diferente al escuchar guitarra acústica al comienzo. Pero en el puente al estribillo ya se nota el auto-tune, y el estribillo es de una grandilocuencia sintética que no me termina de cautivar. "That's why", el primero de los muchos temas escritos por Miller junto con el dúo Rock Mafia, me parece más convincente: unos gorgoritos al comienzo en vez de la esperada guitarra, una intimista melodía interpretada con convincente desolación por el para mí desconocido Goldn, y una producción que deja el tema casi desnudo en muchas fases, a la vez que lo hace envolvente sin estridencias en los consabidos intervalos instrumentales. A parecido nivel se sitúa "Blood", sexto sencillo, compuesto y cantado por el veterano cantante norirlandés Foy Vance: una atmósfera más cruda de lo habitual, unas estrofas cortas, un estribillo muy sencillo que desemboca en el primer intervalo instrumental de cierto riesgo de Miller: ruidista y a base de samples y pitches como si de The Crystal Method se tratara, salvo en la repetición final, donde incorpora con acierto la progresión armónica al conjunto.
"Take you down" fue el sencillo que anticipó el álbum hace un año, formó parte de mi lista de 20 mejores canciones de 2018, y sigue siendo uno de los mejores momentos de "Ascend": un tema de una honestidad brutal en la letra (autobiográfica del propio Miller relatando su época de adicción a las drogas), muy bien cantado por Tim James de Rock Mafia (con la voz subida de tono vía pitch hasta parecer femenina), totalmente representativa en cuanto a estructura e instrumentación del resto del álbum, y con un precioso sintetizador principal ululando por encima de las ondas sonoras. "All together", también compuesta e interpretada por el cantante y actor Oeklin, baja un poco de nivel: también intimista, su relativamente bajo tempo y su calidez sonora dan paso a un puente algo más estridente de lo necesario, que le resta puntos, y la letra, de temática un tanto manida, tampoco ayuda, siendo lo más interesante el trocito instrumental cerca del final. "Crashing", segundo sencillo, a medias con Rock Mafia e interpretado con el grupo Bakari, es quizá el tema más poppy del disco: una melodía cristalina y emotiva, un ritmo que se aleja tanto del binario sincopado habitual en Illenium, un buen estribillo y unas partes instrumentales luminosas y alejadas de la pista de baile.
A partir del noveno corte entramos en el tramo más difícil de "Ascend". No porque los temas sean malos, ni mucho menos, sino porque el ritmo desaparece prácticamente por completo, y se enlazan tres medios tiempos (casi podríamos hablar de "lentos") seguidos. El primero de ellos, "Broken ones", cantado por la para mí desconocida Anna Clendening, es seguramente el mejor: la inevitable guitarra, una melodía que va subiendo en la escala conforme la estrofa desemboca en un estribillo sin percusión en su mayor parte, y unos tramos instrumentales realzados por las voces sintetizadas, de reminiscencias étnicas, que resaltan los únicos compases en los que hay algo parecido a una batería programada. Casi al mismo nivel se sitúa "Every piece of me", ahora sí una balada con todas las de la ley, excelentemente interpretada por Echos: intimista, apoyada en un piano en vez de en la habitual guitarra, y con una sección de cuerda para realzar el dramatismo. Y el más flojo es "Take away", el quinto sencillo, a medias con los colabodores de más postín de todo el álbum, The Chainsmokers: otra vez la introspección, las guitarras, una letra honesta y una bonita melodía, pero con una falta de nervio absoluta, de gancho, que habría sido justo lo más necesario tras los dos temas anteriores.
"Sad songs", la colaboración con Said The Sky, con su guitarra acústica y la dulce voz de Annika Wells como argumentos principales durante casi todo el tema, pone a prueba nuestros nervios por su exasperante lentitud, pero a los dos minutos y medio finalmente entra un bombo y los esperados crescendos, recordándonos que en principio éste no debería ser un álbum para cincuentones. "Pray", tercer sencillo, con la voz soul de Kameron Alexander, es por fin el tema con el que reengancharnos al tramo final de "Ascend": más oscura a la vez que muy difícil de interpretar, tiene como elemento diferenciador ese segundo estribillo que engancha con un tramo instrumental un poco más elaborado y largo de lo habitual, y con baterías programadas de una electrónica desoladora. "In your arms" es la confirmación definitiva de que los prometedores X-Ambassadors han perdido la inspiración creativa que se echaba de menos en su reciente segundo álbum ("Orion") y lo han suplido por una insípida tendencia a las baladas de orientación AOR, contra la que los intervalos instrumentales de Miller no logran salir victoriosos. Y justo cuando nos preguntamos si tanto derroche de colaboradores ha merecido la pena, Miller enlaza a modo de cierre dos de los para mí cuatro mejores temas del álbum: "Gorgeous", interpretado por el británico Bipolar Sunshine de manera que recuerda a Seal, se atreve a poner como base para la progresión armónica un contundente bajo sintetizado, y la atmósfera tenebrosa del puente desemboca ahora sí en un estribillo de original guitarra y orientación bailable, llevado a otra dimensión por los intervalos instrumentales de ritmo binario convencional (¡ya era hora!) ruidista y eficaz a partes iguales, sobre todo en su excelente último minuto final. Y el colofón lo pone "Lonely", con Chandler Leighton en la parte vocal: parte de la misma progresión armónica con la que terminó "Gorgeous", y comienza desnuda y guitarrera como tantos otros temas, pero su sentida melodía deja paso a las voces post-procesadas que adornan los largos intervalos instrumentales, que por primera y única vez en todo el disco se apoyan en un ritmo binario de más de 100 bpm: la evidencia de que Miller sabe hacer otras cosas, pero por algún criterio difícil de explicar las explota con cuentagotas y las deja para el final.
Con lo cual después de repetidas escuchas "Ascend" suscita emociones encontradas. Casi podríamos hablar de "electrónica conservadora". Porque si bien Miller es un buen compositor, que siempre recurre a vocalistas irreprochables, y sabe cómo conjugar guitarras y el secuenciador Ableton Live, se impone unas restricciones tan fuertes que su capacidad para emocionarnos colisiona con su tendencia a repetirse. Así que, dado que el álbum es largo, sugiero quedarse con los temas para los que he adjuntado el vídeo-clip, y eliminar el resto: nos quedará algo más de media hora mucho más disfrutable y suficientemente representativa del talento del norteamericano.
Lo cual por sí mismo no es malo, y de hecho si escucháramos cada una de las canciones de manera independiente, tendríamos pocos peros que ponerles a cualquiera de ellas: más elaboradas compositivamente que la gran mayoría de temas actuales, con una instrumentación que equilibra bien guitarra y tecnologías, la mayoría de ellas muy bien cantadas y con letras que no se suelen quedar en los tópicos. El problema surge cuando las catorce se sitúan seguidas. Y es que un buen álbum no debe ser una mera recopilación de canciones, sino que ha de dejar espacio para jugar con la estructura de algunas canciones, para innovar en otras, para dar un pequeño giro estilístico que oxigene el conjunto, para ir variando el tempo en algún momento... Prácticamente nada de eso hay en "Ascend", a pesar de la docena de colaboradores diferentes. Lo que evidencia la fortísima personalidad creativa de Miller. Por lo que en realidad a la hora de reseñar cada tema (excepción hecha de los dos breves interludios), todo se reduce a pequeños matices, casi a mis gustos personales. Pero aun así, voy a intentarlo.
"Hold on", segundo corte y primer tema completo, no es uno de mis favoritos: empieza con la estrofa sin preludio instrumental, con la voz de la para mí desconocida Georgia Ku, su melodía no termina de sonar sincera, y las ondas sonoras de los intervalos instrumentales las tiene Miller ya más que trilladas. "Good things fall apart", el cuarto sencillo extraído, con la interpretación vocal del rapero y cantante Jon Bellion, parece que puede ser algo diferente al escuchar guitarra acústica al comienzo. Pero en el puente al estribillo ya se nota el auto-tune, y el estribillo es de una grandilocuencia sintética que no me termina de cautivar. "That's why", el primero de los muchos temas escritos por Miller junto con el dúo Rock Mafia, me parece más convincente: unos gorgoritos al comienzo en vez de la esperada guitarra, una intimista melodía interpretada con convincente desolación por el para mí desconocido Goldn, y una producción que deja el tema casi desnudo en muchas fases, a la vez que lo hace envolvente sin estridencias en los consabidos intervalos instrumentales. A parecido nivel se sitúa "Blood", sexto sencillo, compuesto y cantado por el veterano cantante norirlandés Foy Vance: una atmósfera más cruda de lo habitual, unas estrofas cortas, un estribillo muy sencillo que desemboca en el primer intervalo instrumental de cierto riesgo de Miller: ruidista y a base de samples y pitches como si de The Crystal Method se tratara, salvo en la repetición final, donde incorpora con acierto la progresión armónica al conjunto.
"Take you down" fue el sencillo que anticipó el álbum hace un año, formó parte de mi lista de 20 mejores canciones de 2018, y sigue siendo uno de los mejores momentos de "Ascend": un tema de una honestidad brutal en la letra (autobiográfica del propio Miller relatando su época de adicción a las drogas), muy bien cantado por Tim James de Rock Mafia (con la voz subida de tono vía pitch hasta parecer femenina), totalmente representativa en cuanto a estructura e instrumentación del resto del álbum, y con un precioso sintetizador principal ululando por encima de las ondas sonoras. "All together", también compuesta e interpretada por el cantante y actor Oeklin, baja un poco de nivel: también intimista, su relativamente bajo tempo y su calidez sonora dan paso a un puente algo más estridente de lo necesario, que le resta puntos, y la letra, de temática un tanto manida, tampoco ayuda, siendo lo más interesante el trocito instrumental cerca del final. "Crashing", segundo sencillo, a medias con Rock Mafia e interpretado con el grupo Bakari, es quizá el tema más poppy del disco: una melodía cristalina y emotiva, un ritmo que se aleja tanto del binario sincopado habitual en Illenium, un buen estribillo y unas partes instrumentales luminosas y alejadas de la pista de baile.
A partir del noveno corte entramos en el tramo más difícil de "Ascend". No porque los temas sean malos, ni mucho menos, sino porque el ritmo desaparece prácticamente por completo, y se enlazan tres medios tiempos (casi podríamos hablar de "lentos") seguidos. El primero de ellos, "Broken ones", cantado por la para mí desconocida Anna Clendening, es seguramente el mejor: la inevitable guitarra, una melodía que va subiendo en la escala conforme la estrofa desemboca en un estribillo sin percusión en su mayor parte, y unos tramos instrumentales realzados por las voces sintetizadas, de reminiscencias étnicas, que resaltan los únicos compases en los que hay algo parecido a una batería programada. Casi al mismo nivel se sitúa "Every piece of me", ahora sí una balada con todas las de la ley, excelentemente interpretada por Echos: intimista, apoyada en un piano en vez de en la habitual guitarra, y con una sección de cuerda para realzar el dramatismo. Y el más flojo es "Take away", el quinto sencillo, a medias con los colabodores de más postín de todo el álbum, The Chainsmokers: otra vez la introspección, las guitarras, una letra honesta y una bonita melodía, pero con una falta de nervio absoluta, de gancho, que habría sido justo lo más necesario tras los dos temas anteriores.
"Sad songs", la colaboración con Said The Sky, con su guitarra acústica y la dulce voz de Annika Wells como argumentos principales durante casi todo el tema, pone a prueba nuestros nervios por su exasperante lentitud, pero a los dos minutos y medio finalmente entra un bombo y los esperados crescendos, recordándonos que en principio éste no debería ser un álbum para cincuentones. "Pray", tercer sencillo, con la voz soul de Kameron Alexander, es por fin el tema con el que reengancharnos al tramo final de "Ascend": más oscura a la vez que muy difícil de interpretar, tiene como elemento diferenciador ese segundo estribillo que engancha con un tramo instrumental un poco más elaborado y largo de lo habitual, y con baterías programadas de una electrónica desoladora. "In your arms" es la confirmación definitiva de que los prometedores X-Ambassadors han perdido la inspiración creativa que se echaba de menos en su reciente segundo álbum ("Orion") y lo han suplido por una insípida tendencia a las baladas de orientación AOR, contra la que los intervalos instrumentales de Miller no logran salir victoriosos. Y justo cuando nos preguntamos si tanto derroche de colaboradores ha merecido la pena, Miller enlaza a modo de cierre dos de los para mí cuatro mejores temas del álbum: "Gorgeous", interpretado por el británico Bipolar Sunshine de manera que recuerda a Seal, se atreve a poner como base para la progresión armónica un contundente bajo sintetizado, y la atmósfera tenebrosa del puente desemboca ahora sí en un estribillo de original guitarra y orientación bailable, llevado a otra dimensión por los intervalos instrumentales de ritmo binario convencional (¡ya era hora!) ruidista y eficaz a partes iguales, sobre todo en su excelente último minuto final. Y el colofón lo pone "Lonely", con Chandler Leighton en la parte vocal: parte de la misma progresión armónica con la que terminó "Gorgeous", y comienza desnuda y guitarrera como tantos otros temas, pero su sentida melodía deja paso a las voces post-procesadas que adornan los largos intervalos instrumentales, que por primera y única vez en todo el disco se apoyan en un ritmo binario de más de 100 bpm: la evidencia de que Miller sabe hacer otras cosas, pero por algún criterio difícil de explicar las explota con cuentagotas y las deja para el final.
Con lo cual después de repetidas escuchas "Ascend" suscita emociones encontradas. Casi podríamos hablar de "electrónica conservadora". Porque si bien Miller es un buen compositor, que siempre recurre a vocalistas irreprochables, y sabe cómo conjugar guitarras y el secuenciador Ableton Live, se impone unas restricciones tan fuertes que su capacidad para emocionarnos colisiona con su tendencia a repetirse. Así que, dado que el álbum es largo, sugiero quedarse con los temas para los que he adjuntado el vídeo-clip, y eliminar el resto: nos quedará algo más de media hora mucho más disfrutable y suficientemente representativa del talento del norteamericano.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







