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miércoles, 27 de noviembre de 2024

Feeder - "Black / Red" (2024)

Con la presente entrada vuelvo a traerles por aquí a unos viejos conocidos del blog: los galeses Feeder, que, pese a que sólo han transcurrido un par de años desde su última entrega ("Torpedo", 2022), hace unos meses han publicado el que es ya su duodécimo álbum de estudio: "Black / Red". Reducidos desde hace tiempo a dúo, en realidad es poco más que el proyecto en solitario de Grant Nicholas, compositor, guitarrista y cantante de todos los temas, acompañado por su bajista de siempre, el solvente Taka Hirose. Aunque llevan ya casi treinta años en activo, esta última entrega constituye una novedad en su discografía: estamo ante su primer disco doble. En un tiempo en el que las canciones cada vez se acortan más y los álbumes son cada vez más cortos, Nicholas ha optado por ir contra corriente y entregar nada menos que dieciocho nuevas composiciones. Una decisión arriesgada y que suscita la pregunta inevitable: ¿de verdad había material para tantos cortes?

Me temo que la respuesta es un sí y no. Indudablemente Feeder lleva décadas siendo una de las bandas más solventes del rock internacional, y el nivel medio de sus discos nunca ha flaqueado en exceso, gracias al innegable torrente creativo de Nicholas. Pero indudablemente su personalidad musical ya está muy definida a estas alturas, y el margen para experimentar y evolucionar es pequeño, por lo que salvo que las composiciones fueran prácticamente todas excelentes, un disco tan extenso se haría forzosamente un poco pesado. En parte es el caso de este "Black / Red": lo que encierra no es ninguna sorpresa para los que conocemos su trayecotria, y aunque en general las canciones poseen un buen nivel medio, probablemente un disco más corto y con una selección más arriesgada de los momentos más destacados habría funcionado mejor. Más aún cuando la diferencia entre el primer disco ("Black") y el segundo ("Red") es relativamente pequeña: tal vez más rockero el primero, tal vez menos eléctrico el segundo, en realidad ambos andan sobrados de energía, de distorsión y de intensidad. Por lo que la inclusión de las canciones en uno u otro tampoco aclara demasiado. Con lo cual mi reseña de alguno de los cortes forzosamente remitirá a la de piezas anteriores del disco.

El atracón lo abre "Droids", en realidad la única composición que realmente posee formato y duración de intro: un intenso y distorsionado preludio a lo que vendrá a continuación. Los dos siguientes cortes, "ELF" y "Playing with Fire", fueron los que anticiparon el álbum hace poco más de año, en un doble sencillo que ya adelantaba las intenciones de Nicholas. Pese al juguetón teclado de su comienzo, "ELF" es un tema de tempo alto muy del estilo Feeder, melódico y hasta sinfónico en sus estrofas, agresivo y contundente en la instrumentación de su estribillo e intervalos instrumentales. Su denunciadora letra, que urge a todos a actuar antes de que el planeta se vaya definitivamente por la borda, le aporte el toque de profundidad y hasta conciencia social, aunque el optimismo de su parte nueva, con redobles de batería incluidos, muestra que según el galés aún hay esperanza de unirse y actuar. "Playing with Fire" es más oscura y guitarrera, y claramente más apta para un momento álgido de sus conciertos. De nuevo estamos ante otra buena composición, especialmente en su ominoso estribillo, con el infeccioso bajo programado presidiendo intervalos instrumentales como instrumento más destacado, y un breve pero meritorio solo de guitarra antes de las repeticiones finales del estribillo. "Vultures" no ha sido escogida como sencillo, pero me parece de los momentos más notables de esta nueva entrega: de reminiscencias setenteras, su altísimo tempo en la segunda mitad de las estrofas y sus trepidentes rasgueos de guitarra encajan paradójicamente a la perfección con un estribillo de tempo mucho menor. Ambos tramos comparten una meritoria progresión armónica (que cambia de tonalidad en su parte nueva), y una elaborada composición, demostrando una vez más que hard-rock y melodías no están reñidos. La pena es que el solo de guitarra sea un visto y no visto.

"Sahara" tal vez recuerde a los momentos más grandilocuentes de la segunda época de Oasis (incluso en su sección de cuerda y en sus pasajes psicodélicos): un medio tiempo de melodía de notas largas y vocación coral, cuyo primer estribillo es casi inexistente, pero que afortunadamente desemboca en otro más reconocible y disfrutable. "Hey You", el sexto corte de "Black", fue escogido como cuarto y penúltimo sencillo. Un acierto en mi opinión, pues los galeses se olvidan de tanta distorsión y nos ofrecen uno de esos medios tiempos elegantes e interpeladores con los que tanto nos han cautivado a lo largo de las pasadas décadas. Además, los teclados y la percusión aportan cierta originalidad instrumental al tema, y una brillante parte nueva lo convierten casi desde la primera escucha en uno de los momentos más reconocibles de esta nueva entrega. "The Knock", escogido como segundo sencillo a medias con "Soldiers of Love", de "Red", es uno más de esos temas rápidos, contudentes y guitarreros típicos de Feeder, que solamente destaca gracias a un estribillo en acordes mayores tan elaborado como notable. Porque el resto adolece ya de recrear un camino ya transitado, eso sí con oficio y creatividad suficientes como para que los legos en la producción de la banda lo puedan encontrar disfrutable. "Perfume", penúltimo corte de Black, es uno de los momentos más duros del disco: voz distorsionada, ritmo pesado, sendos riffs de guitarra compitiendo en agresividad por cada canal, estrofas oscuras hasta lo hiriente. Aunque la letra del estribillo admita cierta debilidad humana, todo un ejercicio de contrastes dentro de un tema más en su carrera. En cambio "AI Man", aparte de tocar un asunto de máxima actualidad, convence por esa atmósfera de pérdida de control de la situación que desprenden sus estrofas, aumentada por una letra en perfecta sintonía con la música. Los arpegios de guitarra (no sólo de la principal, también de la que se escucha en segundo plano) son francamente interesantes. Y los arreglos de acuerda en puentes y estribillo (tal vez demasiado camuflados), así como los efectos robóticos de la parte nueva, le aportan una dosis extra de dramatismo. La única pega es que el estribillo es más bien escueto.

"Sleeping Dogs Lie" abre "Red", aunque para quienes escuchen el álbum en streaming o en CD, apenas notarán el cambio de tercio. Aparte de su elaborado comienzo, con guitarras que se van superponiendo, lo que nos encontramos es otra dosis de punk-rock de altos vuelos, tan efectivo como poco original en sus estrofas, si bien en el primer tramo de su estribillo bajan el tempo, captando así nuestra atención. Aunque seguramente lo más interesante sea el cambio de tonalidad y de ritmo en su muy elaborada parte nueva. Así que prefiero claramente el segundo corte: "Scream", también contundente y distorsionado, pero mucho más llamativo a nivel de armonías y melodía, como ya anuncia el arpegio de guitarra de su comienzo. Unas interesantes estrofas dan paso a un doble estribillo, muy diferentes entre sí y ambos tan disfrutables como los intervalos instrumentales. Otra destacable parte nueva confirma la calidad del tema, del que quizá lo más destacable instrumentalmente hablando sea la gran variedad de registros de su batería. "Submarine" baja el tiempo y oscurece su propuesta al principio, pero se reserva la sorpresa de intercambiar la distorsión por la intimidad de una guitarra acústica en los puentes. Y aunque el estribillo se hace de rogar, merece la pena, puesto que Nicholas se anima a darnos otra lección sobre cómo componerlos. Sólo la dureza de su principal tramo instrumental y del tramo final desentonan un poco del conjunto. El cuarto corte de "Red", "Lost in the Wilderness", fue también su tercer sencillo. Y uno de los temas más pop del disco: el habitual arpegio de guitarra, otra buena progresión armónica para que descolle una melodía más luminosa en sus estrofas que en su estribillo, y un cambio de tonalidad para enlazar con su tramo instrumental. El pero aquí vuelve a ser que suena demasiado próximo a tantos otros temas de la banda, sin nada que interpretativamente la haga destacar.

"Memory Loss" nos trae de nuevo a los Feeder más cercanos al proyecto en solitario de Grant Nicholas: preponderancia de la guitarra acústica, melodía interpretada en parte a dos voces en dos escalas diferentes. Una vez más a una correcta estrofa le sucede un estribillo disfrutable e intimista a partes iguales, casi susurrado. Aquí la parte nueva le pega tal giro al tema que puede resultar chocante, aunque está perfectamente armonizado con el resto de la composición. Y el resultado en general oxigena un poco la homogeneidad del disco. Aunque a mi modo de ver no iguala el resultado alcanzado por el siguiente corte: "Unconditional", reciente quinto sencillo y para mí el mejor tema del álbum. Otro tema de pop-rock elegante y enérgico a partes iguales, en el que los pedales de distorsión dejan paso a varios instrumentos desenchufados y la sección de cuerda más perceptible del disco. Las múltiples voces entrecruzadas de Nicholas en su larga parte nueva también le aportan ese toque de distinción. Y la humanidad de su letra termina por convencernos de que, aparte de tirar de oficio, Nicholas aún es capaz de entregar temazos como los de hace décadas. Como era de esperar, "Here Comes the Hurricane", antepenúltimo corte, baja un poco el listón, pero no deja de ser otro saludable ejercicio de punk-rock tanto para dejarse llevar dando saltos como para corear en cualquier festival. Nicholas repite aquí el recurso de doblarse la voz en octavas diferentes, y añade las típicas paradas para coger impulso antes de uno de esos estribillos en cascada, que esta vez no merece tanto la pena como los "ooh ooh" posteriores. Eso sí, al tema le falta crecer un poco conforme avanza el minutaje: sólo la parte nueva añade algo de condimento. "Soldiers Of Love" se permite pequeñas concesiones al folklore local (la gaita de su comienzo, los redobles de tambor en los que se basa la interpretación de la batería). Al bajar el tempo y predominar los instrumentos acústicos, la canción se vuelve más distinguible que muchas de sus hermanas. Aunque, con sus estribillo de notas altas y mensaje esperanzador, y esa parte nueva tan envolvente, personalmente creo que habría pegado más como cierre del álbum que como penúltimo corte. Porque el cierre real a tanto derroche creativo lo pone "Ghosts On Parade" con ese vertiginoso arpegio de guitarra que lo vertebra desde su mismo comienzo. No son malas sus estrofas, pero en realidad su razón de ser es ese estribillo de ritmo parcialmente sincopado y fuerza desbocada, y en menor medida la solvencia de sus dos tramos instrumentales, también en la línea de la segunda época de Oasis. Si bien creo que había opciones de más nivel para haber rematado "Red" en un punto más álgido.

Terminar con un momento no especialmente llamativo un disco de nada menos que dieciocho canciones y sesenta y seis minutos no es la mejor de las ideas. Porque abunda en el que a mi modo de ver es el principal problema de "Black / Red": es un álbum excelente, pero no lo parece. Si se fijan, he destacado nada menos que doce de sus temas, una auténtica barbaridad para un álbum de canciones nuevas a cargo de una banda que tampoco llevaba tanto tiempo inactiva. Pero es que, además, podría haber destacado prácticamente los dieciocho: no hay ningún momento flojo, y resaltar unos frente a otros es casi una cuestión de gustos personales. Lo que está claro es que el nivel del disco, tanto a nivel creativo como interpretativo, es alto, y desde luego mucho más que la inmensa mayoría de los publicados este año. Pero la presentación de las canciones resulta demasiado homogénea, casi monótona: incluso llega a dar pereza intentar localizar nuestros momentos favoritos. Tampoco hay ningún temazo que descolle, y el abuso de la distorsión sí puede provocar que a menudo nos contentemos con escuchar sólo "Black" o "Red". Habría hecho falta una mayor diferenciación en cuanto a la producción, tal vez introduciendo más electrónica como en sus discos más recordados ("Echo Park" (2001), "Comfort In Sound" (2002)), o tal vez alargando algunas canciones y acortando otras, e introduciendo algo más de experimentación. Pero Nicholas ha ido a "lo fácil" (entrecomillo porque en realidad es lo difícil): sólo buenas canciones y buenas hechuras de rock de toda la vida. Sus seguidores acérrimos estarán encantados, pero los que sabemos de su talento aún tenemos la esperanza de que dé el aldabonazo con alguna de sus nuevas entregas. Porque está capacitado para ello. Por desgracia, no será este por otra parte más que recomendable "Black / Red".

domingo, 5 de junio de 2022

Feeder - "Torpedo" (2022)

Dos años y medio después de la publicación de "Tallulah", la banda galesa liderada por Grant Nicholas ha regresado hace un par de meses a la actualidad musical con "Torpedo", su undécimo álbum de estudio. Un lapso no excesivo para un grupo que lleva ya nada menos que un cuarto de siglo cultivando su particular rock distorsionado, a medio camino entre lo crudo y lo melódico. Y que, como sucede en estos casos, cabe el riesgo de identificar más como una excusa para volver a salir de gira y que sus fieles disfruten con sus grandes clásicos, que como un auténtico esfuerzo creativo. El cual, por otra parte, tal vez no sería justo exigirles a estas alturas de su carrera. Así pues, si optamos por la primera interpretación, el álbum resulta claramente defendible; si ponemos el foco en la segunda, el resultado es un tanto anodino. Aunque con matices.

Esos matices tienen que ver más con la composición que con la instrumentación. Porque a la hora de vertebrar sus creaciones, Nicholas, Hirose y el resto de miembros que en estos últimos años conforman el grupo, no se han complicado: guitarras distorsionadas, baterías clásicas, platillos omnipresentes... No hay espacio para la sorpresa, ni para el cambio de registro, y apenas el justo para la adición de instrumentos poco frecuentes, por lo que no resulta demasiado sencillo distinguir unas canciones de otras. Lo cual no significa que la producción y la instrumentación sean poco adecuadas: simplemente resultan eficaces dentro de su previsibilidad. Algo que afortunadamente no sucede con todas las composiciones. Porque aunque es lógico que en su undécima entrega Nicholas tire de oficio a la hora de rellenar nuevas partituras, sigue quedando espacio para cambios de tonalidades inesperados, para partes nuevas muy notables, o para riffs agrios que sorprendentemente desembocan en estribillos coreables. No es algo que suceda siempre, pero sí es lo que más ayuda a sacar lo mejor de "Torpedo".

El primer corte fue también elegido recientemente como tercer sencilo: "The healing", con la sección de cuerda bien presente al comienzo y en un discreto segundo plano acompañando el resto de la canción. Medio tiempo clásico de la banda, en el que la guitarra acústica vertebra unas estrofas solamente correctas, y un primer estribillo discreto, que afortunadamente dará paso a un segundo estribillo más disfrutable conforme avancen sus nada menos que seis minutos. Agradable, pero desde luego no un futuro clásico de la banda. "Torpedo", el siguiente corte, que además da título al álbum, es quizá el tema más crudo del disco: riff distorsionado en primer plano, platillos ruidosos en unas hirientes estrofas y tramos instrumentales, que sin embargo encajan razonablemente bien con un estribillo muy musical, incluido el cambio de tonalidad justo al final. El álbum sigue en un nivel parecido con "When it all breaks down", cuyo punteo inicial de guitarra replican luego las un tanto repetitivas estrofas, que en nada previenen del enérgico riff instrumental que precede a otro estribillo tarareable. Aunque lo único realmente meritorio del tema es su elaborada parte nueva.

Llegar al cuarto corte sin ningún temazo no es la mejor de las situaciones. Y la canción que nos encontramos ahí, "Magpie", el sencillo que anticipó el álbum, sin resultar un mal momento, tampoco mejora excesivamente el panorama: otro riff contundente para sostener los tramos instrumentales y unas estrofas casi monocordes, trallazos de guitarras distorsionadas complementando la voz también tratada de Nicholas, y un estribillo más musicado pero aun así bastante oscuro. Nuevamente es la parte nueva lo más inspirado del mismo. Afortunadamente la siguiente canción, "Hide and seek", aunque sigue sin acercarse a lo que los galeses sabemos que son capaces de ofrecer, sí supone un (pequeño) punto de inflexión. Arranca con esa acústica luminosa que cultivó hace unos años Nicholas en su único álbum en solitario ("Yorktown heights", 2014), y aunque su desarrollo inicialmente lento la puede hacer un poquito pesada, ese estribillo psicodélico sí resulta claramente diferenciable de lo escuchado hasta ahora, y la parte nueva vuelve a ser llamativa por trabajada e inspirada. La cosa sigue yendo para arriba con "Decompress", en mi opinión el mejor momento del disco. Rock duro en sus intervalos y estrofas, energizante y a la vez excelentemente entroncado con un melódico estribillo gracias a un brillante puente. Mención especial para su inesperada y certera parada, en la que desarrollan su evocadora parte nueva, una vez más de lo más acertado del tema, junto a uno de los poquísimos solos de guitarra del disco.

El último tercio del álbum abunda en esa mayor inspiración del corte anterior: "Wall of silence" fue el segundo sencillo hace unos meses, y me parece el más meritorio de los tres elegidos: suena a Feeder de toda la vida, con esas distorsiones de guitarra, esos platillos omnipresentes y esos fogonazos de guitarra distorsionada que tan bien conviven con su elaborada melodía, realzada de nuevo por otra estupenda parte nueva. "Slow strings", como su título indica, es quizá el tema más lento del disco, de una oscuridad en sus estrofas que poco a poco va dando paso a una relativa luminosidad, aunque su mayor aliciente es ese nervio latente, casi acústico hasta el último minuto, potenciado por su melodía de notas más bien bajas, en la que Nicholas apenas fuerza la voz. "Born to love you" probablemente no pasará a la discografía selecta de la banda, pero la banda tira de oficio para sacarle el jugo a una composición que muchos grupos en activo jamás llegarán a ser capaces de firmar, con una letra llamativamente romántica y optimista y otra parte nueva en la que merece detenerse. Y "Submission" pone el cierre a estos cuarenta y un minutos con el tema más "experimental" del disco: un medio tiempo expansivo, también oscuro en sus largas estrofas, y rematado por otro bonito estribillo con unas cuerdas de fondo, que mejora la impresión global no ya de esta canción, sino de "Torpedo" en su conjunto.

Gracias al arreón de su segunda mitad, con cinco buenos momentos que, no obstante, no llegarán a convertirse en nuevos clásicos de la banda, el álbum resulta defendible. Aunque es obvio que cinco canciones anodinas son muchas, y que la falta de variedad de registros del disco tampoco juega a su favor. En todo caso, para todos sus seguidores resultará una entrega interesante, como lo prueba que hace unas semanas alcanzara el Top 5 de álbumes en el Reino Unido. Y es que si obviamos aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor, y nos fijamos en el encefalograma prácticamente plano del rock actual, seguramente le demos a una oportunidad a este "Torpedo", al igual que yo se la he terminado dando en la presente reseña.

sábado, 12 de octubre de 2019

Feeder: "Tallulah" (2019)

El pasado mes de agosto ha visto la luz "Tallulah", el décimo álbum de estudio de los británicos Weezer. Después de un cuarto de siglo, Grant Nicholas, su líder, parece tener todavía intactas la creatividad y las ganas de seguir entrando al estudio para grabar nuevos temas, lo que es de agradecer en uno de los compositores de rock más respetados en el ámbito anglosajón. Lo que sucede a estas alturas de su carrera es que la pregunta es inevitable: ¿es "Tallulah" un álbum válido por sí mismo, o es la excusa para volver a la actualidad y embarcarse en una nueva gira, aunque cuando acabe nadie se acordará de este disco? En las últimas semanas he intentado responder a esa pregunta. A continuación, mi diálogo interior:

Después de la primera escucha: "pues vaya, para esto mejor que Nicholas se hubiera quedado en casa. No se ha esmerado nada con la instrumentación: prácticamente las guitarras distorsionadas, el bajo y la batería y a correr, sin darle apenas personalidad a cada canción. Y tampoco hay ningún tema estrella claro; se ve que los ha ido componiendo de corrido, casi con la manivela. Bueno, al menos la canción que da título al álbum ("Tallulah") recuerda dignamente a todos esos medios tiempos intensos y memorables que ha ido entregando a lo largo de los años: el arpegio de guitarra principal te atrapa, la batería contundente le aporta solidez y la guitarra reproducida al revés en los tramos instrumentales le da un punto de originalidad. Pero es prácticamente lo único que se salva. Voy a poner ahora "Echo park" (2001) para quitarme la dececpción de encima".

Después de la quinta escucha: "bueno, el álbum no está mal del todo, pero Nicholas podía haber arriesgado un poco. Claro, que a estas alturas de la historia, no es fácil pedirle más. La repetición final del estribillo de "Tallulah", con la melodía alterada, y el sintetizador juguetón encima, está muy conseguida. Las influencias japonesas del bajista Taka Hirose en "Kyoto" son convincentes; hacía tiempo que no entregaban un tema tan crudo, con unas estrofas tan duras que sin embargo encajan correctamente con un estribillo correoso pero coreable. Y "Blue sky blue", aunque no aporte nada nuevo, tiene ese colorido tan típico de Feeder, mezclando guitarras distorsionadas y platillos pesados con una melodía luminosa en las estrofas y un estribillo interesante, sobre todo cuando lo dobla en la segunda repetición con aquello de "Hold on... let's celebrate tonight". Venga, mañana le damos otra oportunidad".

Después de la décima escucha: "pues no me extraña que al final el álbum haya llegado al número cuatro en las listas británicas. "Guillotine" tarda en convencer, pero los arreglos de cuerda, la progresión armónica en acordes menores, la original letra y la sobredosis de distorsión en el estribillo te enganchan cuando te acostumbras. "Kite", a pesar de su contundencia, tiene unas influencias psicodélicas saludables, el mellotron en el estribillo casa muy bien con la melodía que canta Nicholas, y la parte nueva es puro rock sucio. Y "Lonely hollow days" es una balada acústica honesta y con un punto de emoción para cerrar el disco, digna de los buenos momentos de su carrera en solitario. No, si al final voy a tener que escribir una reseña positiva...".

Decimoquinta escucha: "oye, pues incluso los sencillos escogidos (los cuatro primeros cortes) tienen su punto cuando los escuchas muchas veces: "Youth" es nostálgica, cañera y resplandeciente a la vez, y "Daily habit" destila unos aromas californianos saludables. Mola."

Y en estas me encuentro ahora, casi dos meses y dieciséis escuchas más tarde, defendiendo este "Tallulah" como otra buena entrega del trío británico. No conseguirá nuevos adeptos, no aportará ningún momento memorable a sus conciertos, no arriesga, no se complica con los sencillos escogidos, pero gana con cada nueva escucha. En especial en una segunda parte algo más variada y entonada. Incluso los temas de los que no he hablado ("Windmill", "Fear of flying", "Rodeo" y "Shapes and sound") poseen todos un nivel medio cuando menos correcto. Y es que por encima de todo, Nicholas es un compositor contrastado que si se le dedica tiempo nunca defrauda. Así que si les gusta el rock y todavía no han descubierto a Feeder, no lo duden: "Tallulah" es lo suficientemente interesante para adentrarse en el universo musical de una de las mejores bandas del género en activo.

domingo, 13 de noviembre de 2016

Feeder: "All bright electric" (2016)

Hace unas pocas semanas ha visto la luz "All bright electric", el noveno álbum de estudio de la banda galesa de rock Feeder. Una banda que siempre ha sido una de mis debilidades, pues considero a Grant Nicholas uno de los mejores creadores de música rock de este siglo veintiuno. Su nuevo álbum llega cuatro años después de "Generation freakshow", que ya reseñé en este mismo blog, y dos después de "Yorktown heights", la primera aventura en solitario de Grant Nicholas. Por lo que ha supuesto el reencuentro de la banda con las guitarras distorsionadas y los riffs contundentes tras un paréntesis considerable. Reencuentro que por cierto ha sido saludado por sus fans con un nuevo top ten en la lista británica de álbumes.

El principal problema de "All bright electric" es precisamente "Yorktown heights". Lo explico. Nicholas es el alma mater de Feeder (a día de hoy la banda es prácticamente un dúo, con el bajista Taka Hirose como único acompañante regular de Nicholas), por lo que no es fácil crear un proyecto en solitario que se distinga lo suficiente de su banda. Para tal fin en "Yorktown heights" Nicholas optó mayoritariamente por los sonidos acústicos y las composiciones intimistas. Por lo que ahora para "All bright electric" ha optado, como el título del álbum bien indica, por las guitarras eléctricas distorsionadas y los sonidos contundentes. Y aunque gracias a su talento creativo se desenvuelve bien en ambas esferas, es justo entre ambas donde yo creo que Nicholas ha dado históricamente lo mejor. Así que sin ser un álbum tan rocoso como "Renegades", a "All bright electric" le sobra en mi opinión contundencia y le falta sensibilidad. Pero no por ello es un mal álbum.

La edición deluxe de "All bright electric" se compone de nada menos que catorce temas, en su mayor parte de un rock expansivo, instrumentado para poder ser interpretado en directo, sin ningún tema de bandera, sin secciones de cuerda o ritmos programados como en otros álbumes, y unas lejanas influencias de la música hindú. Quizá consciente de que no es un disco que enamore a la primera toma, Nicholas ha situado los dos sencillos extraídos del mismo justo al comienzo: "Universe of life" es un tema crudo, con nervio en unas estrofas construidas sobre un poderoso riff de guitarra, un estribillo de reminiscencias hindúes y una parte nueva que enriquece hábilmente la composición. "Eskimo" se retrotrae un poco en las estrofas a las influencias del rock americano de siempre, de manera similar a como lo hacía Noel Gallagher en muchas de sus composiciones de la última época de Oasis, aunque lo complementa con un estribillo marca de la casa y una parte nueva que mejora el tema complementando guitarras distorsionadas con compases que son pura psicodelia. "Geezer" retoma esas influencias psicodélicas y esos leves influjos hindúes para instrumentar composición oscura, con un punto "arrastrado" a la que cuesta cogerle el punto pero que tras varias escuchas cumple con su rabia contenida.

"Paperweight" sigue en la misma línea de los temas anteriores: mucha distorsión, un sonido casi de primera toma y solamente un buen estribillo como argumento. "Infrared-ultraviolet" oxigena un poco el álbum, pues baja el tempo, recurre a una instrumentación más variada y abunda en esa línea expansiva a la que antes apuntaba, siendo el primero de sus dos estribillos el más interesante por intensidad y juego de voces. "Oh Mary" promete con su precioso arpegio de guitarra acústica al comienzo convertirse en un nuevo clásico de la banda, y tanto la progresión armónica como la melodía están bien desarrolladas, pero a la canción le falta culminar lo planteado, y se echa de menos a toda la banda explotando la composición en el tramo final. "The impossible" vuelve a la senda de los cuatro primeros cortes del disco con su rock desazonado, su progresión armónica oscura y sus cascadas de guitarras, siendo otro buen estribillo lo que sostiene el tema. "Divide the minority" es teóricamente el tema más experimental del álbum y el de mayor contenido reivindicativo en su letra, pero su relativamente arriesgada apuesta cuenta con otro buen estribillo y una ingeniosa parte nueva para evitar que fracase.

"Angels and Lullaby's", con su comienzo más propio de una fábula medieval, puede despistar, pero luego da lugar a unas bonitas estrofas, que en este caso no termina de rematar un estribillo en falsete que probablemente no era lo más conveniente. "Holy water" recupera la senda principal del álbum, proponiendo un medio tiempo con mucha distorsión y estrofas casi monocordes, si bien nuevamente otro eficaz estribillo mucho más musical justifica la composición. Y la edición estándar se cierra con "Hundred liars": casi una balada, de instrumentación muy similar a la del resto del álbum, su mayor aliciente es ese primer estribillo encajado de manera casi imposibile ("Love is not a criminal...") sobre el riff de guitarra, en contraposición a un segundo estribillo que vuelve a ser marca de la casa.

Los tres temas de la edición deluxe suenan más a los Feeder "de toda la vida", sin forzar su registro hacia la contundencia como en los once temas anteriores. Y sin que baje el nivel compositivo: "Another day on earth" es un tema de pop clásico, construido sobre un piano que no deja de sonar en toda la canción y que recuerda a los Coldplay de sus primeros tiempos. "Slint" es otro medio tiempo, con unos coros psicodélicos y unos giros en la melodía hasta llegar a su apoteósico estribillo que recuerdan mucho a los de "AKA... Broken arrow", de Noel Gallagher. Y tal vez de manera sorprendente el álbum se cierra con mi tema favorito: "Eyes to the sky", una declaración de honestidad en su letra, con una progresión armónica sencilla pero efectiva y resaltada el teclado que adorna la voz de Nicholas tanto en las estrofas como en su mágico estribillo. Sólo le sobra la voz demasiado susurrante de Nicholas en las estrofas; y sólo le falta sacarle más jugo a la composición en su tramo final para estar ante otro de sus memorables himnos.

Estos temas de la edición deluxe, aunque mejoran la impresión general del álbum, tienen paradójicamente el efecto de cuestionar qué habría sido del mismo si Nicholas no hubiera tomado de antemano la decisión sobre el estilo que predominaría. Porque aunque "All bright electric" sea un álbum sólido, con buenas dosis de rabia, sin temas de relleno, directo y homogéneo, le vendría bien algún tema más que equilibrara la balanza ante tanto nervio, que se distinguiera más del resto, y que pudiera funcionar como sencillo "de tirón" para levantar y no sólo mantener la carrera de los galeses. Que por otra parte podrá durar todo lo que Nicholas quiera, porque después de cerca de veinte años aún mantiene la frescura creativa. A ver si le dura.

jueves, 9 de octubre de 2014

Grant Nicholas: Yorktown Heights (2014)

Quien siga con cierta regularidad este blog conocerá mi debilidad por los galeses Feeder, para mí sin duda una de las mejores bandas de rock en lo que llevamos de siglo. Cuando reseñé su último álbum ("Generation Freakshow") ya dejaba caer que esperaba que les quedaran siguiendo ganas de componer creaciones tras tantos años de carrera con una repercusión inferior a su creatividad y talento. Esa intuición quedó confirmada cuando hace unos meses el líder, cantante y compositor de la banda, Grant Nicholas, anunciaba que aparcaba temporalmente Feeder para iniciar su carrera en solitario. Una medida esperable en un creador cercano ya a cumplir 50 años. Así, hace casi dos meses vio la luz este "Yorktown Heights", un disco en el que no renuncia a su personalidad creativa, pero que sí que lo acerca a aguas poco transitadas por Feeder.

En el panorama musical es frecuente que los artistas que abandonan bandas con solera para iniciar carreras en solitario se vuelvan acomodaticios, menos motivados y por tanto entreguen obras mucho menos interesantes (Sting, Mark Knopfler, Roger Waters, Noel Gallagher... la lista sería prácticamente interminable). Obras que ocultan su menor calidad bajo la inquietante etiqueta de álbum "de madurez". Que en realidad se refiere a discos con temas más lentos (y más temas lentos), escaso riesgo, menor electricidad y electrónica, letras más serias, tonos vocales menos graves... Incluso a patinazos en toda regla, por intentar abarcar géneros que no dominan tanto como aquellos en los que ganaron prestigio. Por tanto, y a pesar de ser Nicholas el creador absoluto de Feeder, afronté con ciertas dudas las primeras escuchas de su debut en solitario. Dudas, hasta cierto punto, justificadas.

Porque efectivamente el álbum podría encajar en la etiqueta "de madurez": un disco que sin llegar a ser unplugged sí que se apoya mucho más en guitarras acústicas que cualquiera de los de Feeder, con muchos más temas lentos, con unas letras introspectivas y que destila una cierta desazón sobre la vida a estas alturas. Parámetros todos ellos que lo alejan de varias de las virtudes de su banda. A ellos hay que añadirle uno más: la edición más accesible del álbum está conformado por nada menos que 15 temas. Lo que aunque muestra la capacidad creativa de Nicholas también exige al melómano cierto esfuerzo: cuando los parámetros por los que transitan las 15 canciones están conscientemente constreñidos, la posibilidad de variación entre ellos es menor, y 15 temas son sin duda demasiados. No obstante, las dudas son sólo justificadas en parte, porque el álbum es digerible de principio a fin y tiene varios momentos recomendables.

Para aclararle las expectativas al potencial oyente, el álbum se abre con el tema que lo ha dado a conocer. "Soul mates" parte de un arpegio de guitarra acústica y sobre él Nicholas propone una melodía introspectiva con una voz menos forzada de lo habitual (una constante en todo el álbum) y propone un viaje a dúo con el oyente por las nuevas sendas de la madurez. Es un tema con un toque folk, con reminiscencias sesenteras, correcto y agradable pero que deja con la un tanto preocupante sensación de "¿así va a ser todo?". Así que aunque el segundo corte ("Hitori", posiblemente un guiño al bajista de Feeder, Taka Hirose, de origen japonés) podría pasar por un medio tiempo descartado por la banda, interpretado con menos electricidad y una producción más simplista, su nivel solamente correcto merma definitivamente las esperanzas de sus seguidores.

De manera que lo mejor es no juzgar el álbum como un todo, sino intentar separar los momentos correctos de los brillantes. Por esa razón podemos obviar la lenta y ligeramente folk "Tall trees", y fijarnos solamente en el estribillo de "Robots", uno de los temas con más fuerza del álbum. Así llegamos al quinto corte y primero realmente de nivel: "Vampires" se basa en una guitarra acústica doblada que ejecuta una excelente progresión armónica con diversas partes perfectamente armonizadas, y una melodía que sin estar a la altura de los mejores momentos de Nicholas, cumple. Aunque para convertirse en un clásico de su repertorio tal vez le falte crecer un poco conforme avanza; en ese sentido es un tanto plana. La cortita y muy cercana al Paul McCartney más acústico "Good fortune lies ahead" deja paso a la solamente correcta y rocosa "Joan of Arc", que Nicholas ejecuta en uno de los tonos más graves que nunca ha utilizado. "Hope" tiene un estribillo que es puro Feeder, y una parte nueva recomendable, pero el resto del tema no raya a la misma altura. Así que el segundo momento digno de elogio es "Isolation", una balada rockera con una de las letras más tristes e introspectivas del disco, que podría haber firmado Noel Gallagher, muy directa y para variar con unas guitarras eléctricas que refuerzan su contendencia en el estribillo.

"Broken resolutions" es uno de los momentos más psicodélicos del disco, con el vibratto de su mellotron como elemento más destacable, aunque el resto del tema no llama la atención. Afortunadamente "Time stood still" es, además del segundo sencillo, el tercer momento recomendable del disco: Nicholas vuelve a los terrenos que mejor domina con una melodía luminosa en las estrofas, un puente perfecto, y un estribillo irresistible, realzado por unos reconocibles coros, un punteo de guitarra muy original y una batería elaborada. "Father to son" vuelve a la senda más adulta y por tanto menos inspirada, aunque posiblemente sea el tema mejor producido del disco gracias a la variedad y originalidad de sus detalles. "Counting steps" podría pasar desapercibida a pesar de su voz doblada y su certera letra, pues su estribillo cuestionable y su homogeneidad le restan atractivo... hasta que Nicholas nos sorprende con una coda emocionante, que da sentido a los tres minutos anteriores. "Silent in space" es el quinto y último tema que recomiendo: podría pasar por una composición de la época de "Comfort in sound", gracias a su excelente progresión armónica en las estrofas, que crea una melodía elegante y perfectamente armonizada con el estribillo más bonito del disco. La acertada producción, liderada por los puntos de la acerada guitarra eléctrica, y una letra muy acertada con referencias al espacio exterior hacen el resto.

El álbum se cierra volviendo a su senda principal con "Safe in place", una canción muy intimista cuya melodía sigue el fraseo de la guitarra en las estrofas, y deviene un estribillo correcto sin más. Lo que confirma que lo mejor de este disco nos lo entrega Nicholas cuando opta por ser abiertamente el mismo y contiene su afán de arrimarse a otros ámbitos en los que se desenvuelve con correción pero sin magia. Con una mejor selección de temas (15 son demasiados), una mejor ubicación de los mejores momentos (la mayoría están en la segunda mitad, y muchos en el tramo final) y algo más de naturalidad a la hora de hacer crecer ciertos temas, "Yorktown heights" podría haber sido un muy buen disco, y no un disco correcto con algunas muy buenas canciones. Porque con artistas que como Nicholas tienen talento para componer, el puñado de grandes canciones se da ya por supuesto. Aunque se agradece.

martes, 1 de enero de 2013

Feeder: Generation Freakshow (2012)

Hace cerca de año y medio reseñé en este mismo blog el anterior álbum de los galeses Feeder ("Renegades"). Y ya entonces comentaba que, sin ser ni mucho menos un gran álbum, se trataba de una sana terapia de desintoxicación comercial por vía rockera que probablemente les permitiría volver a entregar álbumes más del gusto del gran público, con sus conocidas guitarras acústicas, arreglos orquestales y medios tiempos. "Generation freakshow" es la confirmación de que mi diagnóstico fue acertado. Con lo que yo no contaba es que sólo fueran a necesitar año y medio para ofrecérnoslo.

De hecho, ése es seguramente el principal defecto del disco: la falta de sorpresa. Si esperábamos algún medio tiempo más, a cambio nos encontramos un par de temas con nervio suficiente para haber formado parte de "Renegades". Pero por lo demás todo transcurre sin altibajos. Y eso, unido a la ausencia de algún tema con verdadero tirón comercial y unos arreglos que tienden a uniformizar las distintas canciones más de lo deseable, explica las menores ventas de "Generation freakshow" frente a sus álbumes de hace unos años.

Aunque debo señalar los tres sencillos de este disco son irreprochables: "Borders", segundo corte y primer sencillo, es un tema típico de Grant Nicholas, con unas agradables estrofas, una acertada entrada y un estribillo disfrutable, pero sin una personalidad especial. "Children of the sun", último corte y segundo sencillo, es una balada excelente, muy a lo Noel Gallagher, con sus acordes menores, sus enérgicas guitarras y un estribillo coreable remarcado por un estupendo teclado, pero sin ningún guiño a las modas actuales. Y "Idaho", tercer corte y tercer sencillo, es un tema potente a la vez que melódico, con un contundente riff para rematar el estribillo, pero que en vez de bombos distorsionados o loops elecrónicos recurre a una simple pandereta para reforzar los estribillos.

Lo bueno del disco es que hay otros muchos temas reseñables: "Oh my", el corte que abre el álbum, es un estupendo tema de rock melódico, con unos originales teclados, en el que Nicholas canta a dos voces una emotiva letra sobre una chica en proceso de desintoxicación. "Hey Johnny", el cuarto corte, es una introspectiva composición con una excelente progresión armónica, aunque una melodía un poquito entrecortada. "Quiet", el quinto corte, es un precioso tema acústico en el que Nicholas canta a medio voz una melodía delicada, capaz de emocionar al más insensible. "Sunrise", el sexto corte, es otra excelente progresión armónica, arreglada con unas guitarras distorsionadas y una original batería...

Curiosamente hay que esperar hasta el tema que da título al álbum (séptimo corte) para que el listón baje un poco. Pero aún hay temas inspirados: "Tiny minds", un tema ruidista muy del estilo de su "Tumble and fall" con una melodía poppy, la disfrutable "Headstrong", que por sus bits per minute y contundencia guitarra hubiera debido figurar en "Renegades", y la ligeramente folkie "Fools can't sleep", con Grant cantando a dos voces y otro inspirado estribillo. E incluso un tema acústico oculto al final ("Sky life").

En resumen, no tienen gran prensa, ni un tirón comercial exagerado, ni su rock tiene un sonido a la moda. Pero se han sabido regenerar en tiempo récord y han recuperado una inspiración difícil de encontrar en la gran mayoría de los álbumes de este 2012, entregando su mejor álbum desde "Comfort in sound" (2003). Así que sólo espero que les sigan quedando ganas de componer nuevas canciones, pues a pesar de los años siguen siendo una de mis debilidades en el mundo del rock. Y confío en que, si aún no lo son, se conviertan en la de algunos de Vds.

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