lunes, 4 de marzo de 2019

Chvrches: "Love is dead" (2018)

Hace algo más de un lustro reseñé en este mismo blog el álbum de debut del trío escocés Chvrches. Entonces traté de explicar las razones por las que que a pesar del reconocimiento casi unánime de la crítica, "The bones of what you believe" me pareció un disco correcto y agradable, pero poco más. Un par de años más tarde publicaron "Every Open Eye", un álbum que ni siquiera llegué a reseñar aquí, pues a pesar de la avalancha de sencillos sólo encontré un tema que en mi opinión realmente mereciera la fama que ya se habían ganado (ese "Never Ending Circles" que pasó tan desapercibido incluso para sus seguidores). Así que cuando hace casi nueve meses vio la luz este "Love is dead", no albergaba grandes expectativas sobre él. Y sin embargo aquí estoy reseñándolo.

Seguramente una parte no desdeñable de esta mejora radica en que por primera vez los escoceses se han abierto a colaborar con un productor externo. Y para ello han reclutado a Greg Kurstin, uno de los productores más laureados de los últimos años gracias a sus trabajos para Adele, Sia o Kelly Clarkson. Con estas referencias podría pensarse que el sonido de los escoces se podría haber desnaturalizado para hacerse más del gusto del gran público. Pero el efecto ha sido justo el contrario: la mano de Kurstin se nota en que les ha pulido alguno de sus defectos más recurrentes y ha potenciado sus virtudes. Lo que se aprecia especialmente en las composiciones más intimistas, que ahora por fin sí son capaces de sobrecogernos. Aunque tampoco podemos hablar de un disco redondo, pues la personalidad de la banda es muy fuerte y les sigue constando reconocer los mejores temas que componen.

El disco se abre con "Graffiti", quinto sencillo y un ejemplo de que todavía les cuesta quitarse esas cosas que tanto les lastran: un medio tiempo correcto, sí, pero con su tendencia a la estridencia en las frecuencias medias, una melodía que fuerza a la voz de Lauren Mayberry a gritar demasiado y una instrumentación un tanto anodina, sobre todo en la percusión. Más interesante aunque sin terminar de afinar el tiro es "Get out", el sencillo que anticipó el álbum hace justamente un año: un buen estribillo como contrapunto a la estridencia marca de la casa y a unas estrofas un tanto anodinas. Pero la mano de Greg Kurstin se empieza a notar en cuanto comienza la primera estrofa de "Deliverance": una Mayberry mucho menos "gritona" sobre unos instrumentos que no compiten por hacerse notar y un estribillo más comedido y elegante, aunque la entrada al estribillo sea "puro Chvrches". Y la cosa acaba de entonarse con "My enemy": una balada profunda, alejada de su ruidismo, con una percusión mucho más elaborada, la acertada intervención vocal en las estrofas de Matt Berninger (el cantante de The National), y un bonito (y contemporáneo) intervalo instrumental antes del estribillo final.

"Forever" es un tema acertadamente más rápido aunque no bailable, con una excelente entrada al estribillo y un estribillo que podría haber interpretado Annie Lennox, y la sorpresa de su guitarra final. "Never say die", tercer sencillo, ya sí que muestra al trío totalmente contenido, tratando de cautivar y no de aturdir, arrancando con un juguetón teclado sobre el que nos envuelve la voz ¡susurrante! de Mayberry, y que acaba en un original estribillo con ritmo... ¡cuaternario! Aunque la joya absoluta del álbum es "Miracles", en mi opinión la mejor canción internacional de 2018. Una canción que parece una balada al comienzo, un tema pop durante su desarrollo y un rock arrastrado en su estribillo, con una melodía maravillosa desde la primera nota hasta la última, y probablemente la mejor instrumentación que han creado nunca, mezclando trémolos, baterías con palmada, bajo slap y coros distorsionados, en un cóctel imposible a priori y sin embargo irresistible. "Graves" baja como no podía ser de otra manera el listón, si bien nos propone un doble estribillo muy elaborado, adornado en todo momento por unos arpegios de bajo "a lo Peter Hook" muy interesantes a cargo de Iain Cook.

"Heaven/Hell" es mi tercer momento favorito del álbum: un comienzo sintético, la voz de Mayberry especialmente contenida al comienzo (aunque luego recuerde mucho a Katy Perry), y sobre todo un largo y cautivador estribillo que por sí solo justificaría el tema, si bien el intervalo instrumental con un sintetizador principal y dos adicionales jugueteando a toda velocidad no le anda a la zaga. "God's plan", con la voz de Martin Doherty, es quizá el momento más flojo del álbum. No hay color entre su mediocre voz y las cualidades vocales de Mayberry. Pero es que además la percusión es casi "de demo", y el sintetizador principal que lo acompaña resulta cansino. Afortunadamente al rescate viene "Really Gone", el segundo gran momento del álbum, una balada que pone los pelos de punta gracias a la escalofriante honestidad de su letra, a lo inspirado de su melodía y a la gran interpretación vocal de Mayberry sobre un par de sintetizadores sencillo y eficaz a partes iguales. Y tras un minuto de interludio ("ii") el disco se cierra con "Wanderland", un tema rápido, marca de la casa, que podría haber figurado en cualquiera de sus dos discos anteriores, eficaz para rematar el conjunto sin lastrarlo y sin complicarse en exceso gracias a su arrastrado y elaborado estribilo y a sus movidos intervalos instrumentales.

Como puede verse, no todos los doce temas (excluyendo el interludio) rayan a la misma altura, y los momentos formidables compiten con otros en el límite de lo anodino, si bien la identidad de la banda permanece intacta tanto en unos como en otros. Pero puestas en la balanza, las grandes canciones pesan lo suficiente como para hacerle a "Love is dead" un hueco en nuestra discoteca. Para posteriores entregas quedan las dudas de si volverán a colaborar con un productor "de fuera" que les enriquezca sin asfixiarlos, y de si sabrán moldear su sonido para no recaer en esa "saturación sonora" a la que tanto tienden. Personalmente me conformaría con que sean capaces de entregar otro par de temazos como "Miracle" y "Really Gone"; eso ya sería suficiente para asegurarles otro hueco entre las mejores canciones de años futuros.

sábado, 16 de febrero de 2019

Reed & Caroline - "Hello science" (2018)

A finales del año pasado vio la luz uno de los álbumes que más me han gustado del 2018: el segundo disco del dúo neoyorkino Reed & Caroline. "Hello science" toma el testigo de su álbum de debut, "Buchla and singing" (2016), pero potencia las virtudes y reduce el carácter experimental de aquél. Porque aunque su primer disco constituyó un saludable ejercicio de estilo que intentaba crear un pop electrónico a partir de un instrumento tan difícil y poco convencional como el buchla (uno de los primeros sintetizadores analógicos de la historia), y que fue capaz de entregar momentos puntuales muy brillantes, como el sencillo estrella ("Singularity (we bond)", que ocupó el octavo puesto en mi lista de mejores canciones internacionales de 2016), o "Electrons", tremendamente singular y a la vez bailable, el álbum en su conjunto giraba demasiado en torno a las posibilidades del buchla, y resultaba más experimental que disfrutable de principio a fin. Y esa fue la razón por la que en su momento no le dediqué una entrada independiente.

Por eso es de agradecer que para este "Hello science" el dúo haya relajado su vertiente experimental y haya potenciado la composición de canciones pop, que podrían pasar por "convencionales" si no fuera por sus personalísimos arreglos. Y que además hayan creado un álbum conceptual como hacía tiempo que no veía: todos y cada uno de los temas tratan de una manera u otra de la CIENCIA, con mayúsculas: desde astronomía hasta informática, desde telecomunicaciones hasta geometría. Con un alarde creativo en sus textos nada habitual. Y todo ello con la excelente voz de Caroline Gould y la inteligencia a la hora de instrumentar de Reed Hays.

Un alarde que se pone de manifiesto desde el comienzo, con su primer sencillo y también tema estrella: "Before" (que ocupó el tercer lugar en mi lista de mejores canciones internacionales de 2018) es una excelente composición de estructura clásica, con una melodía de estas que sorprenden que no sea una versión, ni que nadie la hubiera compuesto hasta ahora, sobre la que Gould canta la que es probablemente la mejor letra de 2018, sobre la composición de cada objeto del universo y el papel que el pequeño ser humano representa a su lado, con un original cuarteto de cuerda sintetizado, y los habituales sintetizadores juguetones que en principio no podrían encajar con el cuarteto, y que sin embargo lo complementan fantásticamente. "Dark matter", segundo corte y segundo sencillo, es otro tema de atmósfera espacial, pero mucho más rápido, algo así como power pop del siglo XXII con sus tres estrofas y su parte nueva, realzado por unos originales bajos sintetizados que sustentan las estrofas y complementan la melodía en el estribillo. "Buoyancy", el tema más bailable del álbum, empieza como un tema de techno-pop de los ochenta, pero en seguida se convierte en un llenapistas de una Tierra futura, con su base rítmica que es puro house gracias a su bombo prominente y a sus platillos arrastrados, sobre la que se despliega su melodía infecciosa y elegante a partes iguales.

"Another solar system", cuarto corte, es otra excelente canción, optimista e innovadora a partes iguales, que trata de trasladar la emoción de descubrir un nuevo sistema solar en el que la humanidad pueda empezar de nuevo, y a la vez lo hace con un estribillo tarareable a dos voces. Sin llegar en mi opinión al nivel de los cuatro temas anteriores, "It's science" es algo así como el Eleanor Rigby de Reed & Caroline, nuevamente usando el cuarteto de cuerda sintetizado pero esta vez dejándolo como único acompañamiento a la voz de Gould para explicar el procedimiento científico. "Digital trash", el sexto corte, es otro ejercicio de orquesta sintetizada, un medio tiempo intimista con acordes menores y batería contundente que recuerda al "Happiness is an option" de Pet Shop Boys. Claramente superior es "Ocean", un medio tiempo con una preciosa letra sobre los océanos, una estructura de canción pop intachable, y una melodía adictiva de principio a fin que recalca certeramente la doble caja que utilizan en el estribillo, como si estuviéramos en un festival musical del próximo siglo. Le sigue "Entropy", quizá el tema más lento del disco y, salvo algunos efectos típicos de Hays, el más convencional en su instrumentación, por lo que resulta de los menos interesantes.

El último tercio del disco, probablemente su tramo más flojo, lo abre "Computers", que sin duda sube el nivel de los dos temas anteriores, además de contar con el comienzo más inspirado del disco (que por cierto ya se ha usado como sintonía televisiva). Un medio tiempo arrastrado que engancha poco a poco, y en el que la voz de Hays distorsionada por el vocoder a lo Daft Punk funciona como original contrapunto a la dulce voz de Gould. "Internet of things" llama más la atención por la rotunda actualidad del título y la originalidad de la letra que por la inspiración de su progresión ármonica y su melodía. Aunque no estamos ni mucho menos ante una mala composición, pues está trabajada en sus distintas partes al mismo nivel que la mayoría de sus compañeras, e incluso incluye un extraño sampling vocal antes de la tercera estrofa. "Continuous interfold" es la mayor concesión del dúo a su tendencia a la experimentación: un minuto y medio de interludio a base de frases sueltas y efectos, sin que podamos hablar de una verdadera canción y sí de una clara tentación para pulsar el botón de forward. Y el álbum lo cierra la juguetona "Metatron", nuevamente más interesante por su letra de referencias geométricas y por su superposición de pistas vocales distorsionadas que por sus estrofas y estribillo.

Como puede verse, aún quedan en "Hello science" tres o cuatro canciones en las que el esfuerzo está más puesto en las formas que en el fondo. Y la mayoría de los temas son quizá demasiado cortos, con la duración justa para la estructura habitual de canción pop y cero espacio para intervalos instrumentales, crescendos, codas u otras licencias. Pero en general el disco está lleno de pop clásico construido sobre buenas melodías, y eso juega claramente a su favor. Claro está que esas melodías quedan realzadas por la calidad de Gould como cantante y por la personalísima parafernalia instrumental del dúo. Por lo que el resultado es claramente disfrutable, a diferencia de otros álbumes conceptuales que sólo apetece escuchar en circunstancias muy puntuales. Sólo me preocupa la escasísima repercusión del disco, no ya en listas y festival sino incluso en los medios especializados. Porque pocas cosas dio el anodino musicalmente hablando año pasado más cautivadoras que este homenaje a la ciencia. Así que espero que esa indiferencia no arruine su carrera musical. No se lo merecen.

domingo, 3 de febrero de 2019

Otras 20 canciones más que interesantes de 2018

Como ya anticipaba en mi anterior entrada, dedicada a las en mi opinión 20 mejores canciones internacionales de 2018, el año ha sido lo suficientemente interesante a nivel de sencillos/videoclips como para proponer otra lista con 20 canciones adicionales. Que si bien no llegan a los niveles de excelencia de aquéllas, sí que merecen una reseña. Es cierto que el 2018 no ha sido un año en el que hayan abundado los álbumes de gran nivel, pero también es verdad que las plataformas de streaming y las redes sociales están favoreciendo en estos últimos años la preeminencia del formato sencillo: tres o cuatro minutos de un cierto artista, que siempre podremos enlazar con otro tema que nos guste de otro artista. Y este fenómeno, que para mí es más negativo que positivo porque siempre he preferido un buen álbum a una "simple" colección de canciones, posibilita en cambio que proliferen canciones de artistas a los que el formato álbum les puede venir grande en un momento dado, pero sí que poseen la inspiración y el talento suficiente como para entregar una canción más que interesante.

La lista que les propongo ahora es eso: una colección de 20 temas de artistas que no figuraron en mi anterior lista pero que merecen una reseña. Con los mismos criterios ya conocidos: una sola canción por artista, que haya visto la luz en formato sencillo o videoclip, y que no corresponda a artistas españoles. Buscando, como siempre, la creatividad, la originalidad, la calidad en la interpretación y la capacidad de emocionarnos. Y sin ningún otro criterio para presentarlas, ni de país de origen, ni de nuevos artistas frente a artistas consagrados, ni de estilo. Solamente 20 grandes canciones:

Death Cab For Cutie - "I dreamt we spoke again". El mejor sencillo de un álbum mucho mejor de lo que sus supuestos temas estrella anticiparon. Su personalísimo pop melancólico puede seguir existiendo sin Chris Walla.

Jenn Champion - "Coming for You". Una veterana de la escena alternativa que por fin dio el salto a la primera división con este intimista temazo de pop atemporal.

Rezz x Blanke - "Mixed signals". Una de las colaboraciones más interesantes del año pasado: Rezz aporta EDM y new beat, Blanke ambient a lo Aphex Twin. Y el resultado es brutal, sobre todo si se escucha a todo volumen.

Morgxn - "Carry the weight". Otro de los debuts más interesantes del año pasado. El estadounidense Morgan Karr nos cautivó con este medio tiempo que mezcla a partes iguales indie pop y R&B del siglo XXI, con coros soul en el estribillo incluidos.

Colouring - "Time". Otro debut mas, muy en la línea de las playlists de Mr. Suicide Sheep por envolvente y elegante, pero con guitarras, apta para la pista de baile y hasta con un estribillo en falsete. Esperando a que publique su primer álbum.

Emika - "Run". Desde el Reino Unido pero con una fuerte influencia de su República Checa natal, el tema más gélidamente adictivo del año pasado. Pop electrónico que no mira al pasado.

Empress Of - "I don't even smoke weed". Un trallazo de pop bailable que recuperó para el año 2018 el freestyle que arrasaba en Miami a mediados de los ochenta. Irresistible.

Promenade Cinema - "Polaroid stranger". Recuperando la oscuridad del techno-pop de bandas de principios de los ochenta como Ultravox o B-Movie, pero actualizando el sonido con clase y una evocadora melodía.

MGMT - "Me and Michael". Tras prácticamente una década por fin los estadounidenses publicaron un sencillo que pudiera mirar a los ojos a su casi mítico "Kids". Indie pop para todos los públicos.

Leon Else - "My kind of love". Mi tema favorito de todos los que he podido escuchar de bandas sonoras de películas y series de televisión el pasado año. O como demostrar que en el siglo XXI los hombres pueden seguir cantando temas de pop bailable con voz masculina y tonos graves.

Fischerspooner - "Have fun tonight". El inesperado retorno del dúo de Nueva York, después de casi una década y bajo los auspicios de Michael Stripe de R.E.M. como productor ejecutivo. Electroclash gay para altas horas de la madrugada.

Rolling Blackouts Coastal Fever - "Talking straight". Desde Australia, indie rock sin sorpresas pero con una capacidad inesperada de sonar frescos y disfrutables. ¿Será por su certero estribillo? ¿O por sus excelentes intervalos instrumentales?

Tiny Deaths - "Us". Su segundo álbum bajó mucho el nivel de su excelente opera prima, pero al menos contenía este desasogante tema de electrónica casera y extraña melodía.

Years and Years - "Sanctify". Una de las mayores esperanzas del pop británico del último lustro regresó con mucho menor impacto comercial del que se esperaba. Y eso a pesar de este notable tema, que podía haber firmado el propio Michael Jackson.

Holychild - "Bathroom bitch". Tres intensísimos minutos de power pop que no le hace ascos a las posibilidades instrumentales del año 2018. Esperemos que el resto de su segundo álbum esté a un nivel similar, sería uno de los discos de 2019.

IAMX - "Alive in new light". Chris Corner sigue a lo suyo: en su octavo álbum en solitario volvió a mezclar trip-hop y dark cabaret, no siempre inspirado pero con momentos tan sobrecogedores (y difíciles de cantar) como éste.

Janelle Monáe - "Make me feel". Vale que sus acordes son esencialmente los mi-la-si que desde hace más de sesenta años se han usado en miles y miles de canciones de blues y rock&roll, y que el estilo bordea el plagio del "Kiss" de Prince, pero aun así suena moderno y resulta infalible para la pista de baile.

Roosevelt - "Losing touch". El alemán Marius Lauber es capaz de mirar al italo disco de mediados de los ochenta y actualizarlo a nuestros días envuelto en electrónica indie. Ideal para espabilarse después de un madrugón.

Miriam Bryant - "Black car". La cantante sueca sabe mezclar en este medio tiempo soul y pop a partes iguales, y dotarlo de personalidad con esa voz grave y a contracorriente que tanto se agradece.

Rick Astley - "Try". El londinense retornó a rebufo de su "50" de 2016 con un disco mucho menos inspirado, pero que contenía esta balada de arreglos rockeros, meritoria y deudora de los Coldplay más clásicos a partes iguales. Y cantando mejor que Chris Martin.

Como ven, una mezcla curiosa de grandes nombres, retornos inesperados, propuestas minoritarias y mainstream, nuevos artistas que vienen pisando fuerte... Y que una vez más pone de manifiesto que, si lo intentamos, a pesar de tanto hip-hop, tanto reguetón y tanto revival, aún podemos emocionarnos con la música popular contemporánea.

sábado, 19 de enero de 2019

Las 20 mejores canciones internacionales de 2018

Como ya es costumbre en mi blog sobre música contemporánea ha llegado la hora de echar la vista atrás y proponer listas que nos permitan sintetizar lo mejor de este 2018 que nos dejó hace unos días. Como el volumen de discos publicados excede ampliamente los cincuenta o sesenta que consigo escuchar anualmente, no voy a proponer una lista de mejores álbumes del año, que con seguridad sería incompleta e inexacta. Pero una vez más sí que voy a proponer una lista con 20 canciones internacionales que recordar de este 2018. Con los dos criterios ya conocidos del blog: seleccionar temas que hayan visto la luz en formato sencillo/videoclip, y escoger una única canción por artista, para conseguir una panorámica lo más amplia posible de los últimos doce meses. Con la ambición de localizar la creatividad, el talento, la personalidad, la melodía y, al fin y al cabo, la calidad que siempre anhela encontrar este humilde blog.

Nuevamente los E.E.U.U. y el Reino Unido han copado el grueso de la lista, resistiendo ante la tozudez del siempre plano hip-hop y sus derivados. Pero también ha quedado espacio para artistas de otras partes del mundo, como Australia, Alemania, Canadá, Suecia o Dinamarca. Y es que en cualquier parte del mundo surge la chispa que logra emocionarnos. Ésta es la lista:

1. Chvrches - "Miracles". Por fin un tema al nivel de las expectativas que habían despertado desde que publicaron su primer álbum. No es pop, no es rock, no es electrónica, no es una balada, no es convencional, no es experimental. Es todo eso a la vez. Y es la canción del año.
2. Mating Ritual - "Splitting in two". La mejor canción del panorama alternativo en este 2018. En clara evolución respecto a su primer álbum, los californianos entregan un tema extrañamente instrumentado y cantado, pero tan bien compuesto y arreglado que apetece volver a escucharla una y otra vez.
3. Reed & Caroline - "Before". Por increíble que parezca, un grupo tan experimental en lo musical y tan a contracorriente en su propuesta, ha entregado al mismo tiempo la mejor letra del año, una reflexión filosófica demoledora, ensalzada eso sí por una excelente interpretación vocal y una melodía intemporal.
4. Florence + The Machine - "Big God". Florence Welch sigue manteniendo su increíble talento para crear himnos con los que expandir su carrera en cada nuevo álbum. Oscura, cautivadora, personalísima y sobre todo con la mejor interpretación vocal de este 2018.
5. Orbital - "Tiny foldable cities". Otro retorno que ha superado las expectativas más optimistas, y también el mejor tema instrumental del 2018. Un carrusel impresionante de ideas y sonidos originales (más apreciable aún en la versión del álbum), con lo complicado que es eso con los medios técnicos actuales. Pero es que la progresión armónica y la superposición de melodías son brillantísimas.
6. Rüfüs du Sol - "Lost in my mind". Desde Australia, una de las mejores bandas que ha surgido en esta década, y que sigue expandiendo su arrolladora personalidad con su dance-pop elegante, de calidad, y ahora también más contemporáneo e inquietante que nunca.
7. NoMBe featuring Big Data - "Drama". De origen alemán aunque afincado en Estados Unidos, NoMBe ha debutado con la mejor canción de música negra del 2018. Es puro soul, pero también bebe del funky en sus guitarras y recupera los violines del sonido philly. Y todo ello con una fantástica melodía y una instrumentación plenamente contemporánea.
8. Lydmor - "Money Towers". La mejor canción de elecro-pop de los últimos doce meses. Renunciando a mirar a los ochenta como tantos otros artistas, la danesa Jenny Rossande ha entregado el mejor álbum de su carrera, del que sobresale este temazo que recupera influencias étnicas a lo Odesza, los teclados del trance e incluso la cadencia del reguetón, para rematar el conjunto con un desconcertante y a la vez maravilloso estribillo.
9. Cloves - "Bringing the house down". Rock clásico entregado desde las antípodas. El tema que Jack White siempre ha querido escribir, pero mucho mejor cantado, más elegante y con la sorpresa de la instrumentación sinfónica en el estribillo.
10. You Drive - "Home in my love". Un proyecto paralelo formado por Makeup + Vanity Set y Jasmin Kaset que desgraciadamente ha pasado completamente desapercibido. Synth-pop de aire retro pero con una melodía tan melancólica y maravillosa, una interpretación vocal tan perfecta y un puñado de sintetizadores y efectos tan inspirados que habría sido un clásico en un mundo ideal.
11. SSION - "Comeback". El mejor tema para salir de fiesta de este 2018. El siempre transgresor y ultra-creativo Cody Critcheloe regresó seis años después con este tema de música de baile que emparenta Kylie Minogue con Scissor Sisters y los pasa por la batidora experimental de The Chemical Brothers. Petardeo de calidad. Y por cierto, con un vídeo muy elaborado y original.
12. Poppy - "Time is up". Ni Ariana Grande, ni Camilla Cabello, ni Charlie XCX, ni Selena Gómez. Si quieren Vd. a una artista femenina veinteañera que entregue pop para adolescentes de todo el mundo, pero con talento y calidad para ser disfrutado por públicos musicalmente más exigentes, quédense con Poppy. Con la ayuda de Dipplo entregó este tema de pop envolvente, psicodélico, tecnificado y bailable. Música para las masas.
13. Bob Moses - "Back down". Los canadienses han generalizado su sonido con su segundo álbum, pero también han aumentado su capacidad de componer temas como éste, clásico, atemporal y elegante a partes iguales. Ideal para admiradores de Coldplay.
14. Still Corners - "Black lagoon". Los estadounidenses siguen en su mundo particular de dream pop intimista y guitarrero, como lo demuestra esta gran canción, sin duda el mejor comienzo instrumental del pasado año. Casi seis minutos intensamente demoledores. "Can't get away...".
15. Robyn - "Missing U". El flojísimo retorno de la cantante y compositora sueca tras ocho años al menos contenía este temazo, a la altura de los grandes momentos de su dilatada carrera. Melancolía para la pista de baile con Giorgio Moroder entre ceja y ceja, y una emocionante sinceridad en su letra y música.
16. Let's Eat Grandma - "Falling Into Me". Las todavía adolescentes Rosa Walton y Jenny Hollingworth han demostrado que a pesar de su edad, su apariencia y lo cándido de su nombre artístico, esconden un talento inconcebible. Especialmente en temas derivativos como éste, con una estructura nada convencional, la psicodelia como bandera, la experimentación sintética como anhelo y las melodías justas para poder disfrutar del resultado durante seis minutos. Increíble pero cierto.
17. Cat Power & Lana del Rey - "Woman". El regreso de la reina del indie-folk-country se quedó un escalón por debajo de lo esperado, pero contenía este argumento para todos los públicos a dúo con la mainstream Lana del Rey. Reivindicando en un momento muy adecuado el papel de las mujeres con una fantástica estrofa, el necesario hammond y un simplón pero efectivo estribillo.
18. Illenium - "Take you down". El estadounidense Nicholas D. Miller anticipó hace unos meses el que será su tercer álbum con otro tema de future bass marca de la casa: un precioso arpegio de guitarra, intimismo a raudales, sus bajos sintetizados convenientemente modulados y una maravillosa melodía. Volviendo a demoler prejuicios sobre la creatividad de los DJs.
19. Dubstar - "Why don't you kiss me". Su regreso sorpresa tras nada menos que dieciocho años aunó respeto por su carrera y capacidad para seguir componiendo buenas canciones de pop clásico, luminoso, con la dosis justa de tecnología y sus siempre brillantes arabescos instrumentales, como éste.
20. Lala Lala - "Destroyer". Aunando garage, post-rock y grunge con un estribillo imposible y fascinante, la banda de rock alternativa estadounidense se ha ganado por méritos propios su hueco en esta lista. Para los que pensaban que la música de guitarras sucias y pocos medios ya no daba más de sí.

Como sucede siempre que se propone una lista de este tipo, seguro que echan en falta otros temas de gran calidad que se han quedado fuera. De hecho, probablemente plantee como hice el año pasado otra lista de 20 temas interesantes y recomendables de este 2018. Pero de momento quédense con esta lista, que pone de manifiesto que si no nos conformamos con las modas y los revivals podremos seguir encontrando emoción y creatividad contemporáneas.

sábado, 5 de enero de 2019

Dubstar: "One" (2018)

Quizá el retorno más inesperado de este 2018 que nos acaba de dejar haya sido el de los ingleses Dubstar. Que fueron una de mis bandas favoritas durante la década de los noventa, cuando transcurrió la totalidad su carrera. Su dream pop con toques electrónicos y relativamente bailable los situaba en un exquisito punto medio entre Saint Etienne (más poppy y bailables) y One Dove / Dot Allison (más envolventes y experimentales). El por aquel entonces trío editó tres álbumes ("Disgraceful" (1995), "Goodbye" (1997) y "Make it better" (2000)) que gozaron de un merecido reconocimiento internacional a nivel de crítica y ventas, aunque en esos tres discos era claramente apreciable su evolución desde un sonido más comercial y electrónico a otro más personal y relativamente más acústico. Justo después de publicar su tercer disco, cuando su éxito y repercusión estaban en claro declive, Steve Hiller, teclista y compositor, abandonó la banda y poco después el ya dúo se separó (antes incluso de que se publicara su álbum de grandes éxitos). Sarah Blackwood, su vocalista y también compositora, pasó a formar parte de la banda de techno femenina Client, y en ella militó durante la década siguiente. Desde entonces nada se sabía de ella, ni tampoco del guitarrista y también compositor Chris Wilkie.

Hasta que hace unos meses Blackwood y Wilkie anunciaron que estaban trabajando en un nuevo álbum junto con el reputado productor Youth (que ha producido a de The Verve, The Orb, Dido y muchos más). Y así hace un par de meses que vio la luz este "One", un álbum de diez canciones compuestas por el ahora dúo, al que debo admitir que me enfrenté con ciertas dudas. Primero por ser el primer álbum sin Hiller en la composición, lo que era una dificultad creativa y podía alejar del sonido de la banda sus sintetizadores tan característicos y sus efectivas cajas de ritmos. Y segundo porque tras dieciocho años era difícil discernir si el retorno tenía realmente fines creativos, o era una mera excusa para poder salir de gira. Por no hablar de que no sabía en qué fase de su evolución musical se encuadrarían estas nuevas canciones.

Y la primera aproximación fue decepcionante: "Love comes late", tema que abre el disco además de su tercer sencillo, es bastante floja, un medio tiempo de instrumentación demasiado convencional, en una tonalidad tan grave que no favorece la interpretación vocal de Blackwood y con un estribillo de una única frase bastante ramplón. Pero he decir también que se trata del peor momento del álbum, y que el resto funciona con naturalidad sorprendente como la continuación de "Make it better", sin que se eche mucho de menos a Hiller. "Love gathers" ya sube claramente el listón: un tempo un poco más alto, con un precioso arpegio de guitarra al comienzo y en los intervalos instrumentales, unas estrofas brillantes y un estribillo un poco menos inspirado pero mucho más elaborado que en el primer corte, que nos envuelve y nos insufla optimismo a la vez, y que perfectamente podría haber sido publicada como sencillo. Es cierto que "Torched", nuevamente más acústica y lenta, baja otra vez un escalón, pero su luminoso estribillo (sección de cuerda incluida), el original cambio de tonalidad en la parte nueva, y su coda final son razones suficientes para no pulsar el forward. Y es que lo mejor está por llegar.

"Please stop leaving me alone" es Dubstar en estado puro, con sus evocadoras estrofras a partir de la guitarra acústica de Wilkie y la voz de Blackwood, que habrían encajado perfectamente en "Make it better", y cuyo largo intervalo instrumental, muy elaborado, termina de rematar el resultado. Aunque prefiero "I hold your heart", con ese comienzo con sección de viento que recuerda a los primeros tiempos de Swing Out Sister, y una estrofa muy bien desarrollada y mejor arreglada que da paso a un irresistible estribillo con la sorpresa del cambio de tonalidad. Aunque tal vez el sonido vuelva a ser demasiado convencional para sus señas de identidad. "Waltz nº 9" fue el sencillo que anticipó el álbum, y como su nombre indica está desarrollado sobre un inhabitual en la música contemporánea ritmo ternario. Ése es su mayor acierto, porque su sencillez pop anda un poco falta de gancho, y las estrofas vuelven a estar compuestas en unas notas demasiado bajas para la voz de Blackwood.

Tras estos seis primeros temas podría pensarse que "One" no ha merecido realmente los dieciocho años de espera, porque es cierto que combina momentos más inspirados (aunque sin llegar a un nivel estelar )con otros curiosos y correctos pero más anodinos. Sin embargo, y contra lo que suele ser habitual en la gran mayoría de discos, el tercio final del mismo encierra sus mejores momentos y potencia la impresión global. Empezando por "You were never in love", segundo sencillo y primer gran momento del álbum. Ahora sí con un sintetizador envolvente para llevar los acordes y un bajo electrónico, podría haber sido perfectamente un tema perdido de "Disgraceful": un medio tiempo en el que hasta la batería merece una atención especial con sus distintas cajas, con una estrofa que prepara el terreno para un inspirado estribillo (incluyendo una en desuso subida de un tono en sus repeticiones finales), aunque personalmente lo que más me gusta son los juegos que hacen con la partitura en la parte nueva. Aún más brillantes me parecen los casi seis minutos de "Locked inside", una maravilla desde su cinematográfico y ahora sí tecnológico comienzo, que da lugar a unas estrofas frías y cautivadoras a la vez, muy en la línea de "Goodbye". Y con la sorpresa del sampling de las contundentes y casi míticas baterías y percusión de "Shout", el clásico de Tears For Fears. Que da lugar a un meritorio estribillo, y que sin embargo palidece ante ese inesperado segundo estribillo, arrebatador con su imposible equilibrio entre el arpegio de guitarra y sus sintetizadores sincopados, sin duda la mejor forma de ilustrar su certera y a la vez asfixiante letra. "Why don't you kiss me", penúltimo corte y cuarto sencillo, es el tema más rápido del álbum y muy en la línea de "Disgraceful", con otra preciosa estrofa y un mejor si cabe estribillo, Wilkie particularmente inspirado con sus arabescos de guitarra, los suficientes sintetizadores para no echar de menos a Hiller, y la curiosidad de que la base rítmica en las estrofas recuerda muchísimo al de "Everybody wants to rule the world", el otro gran clásico de Tears For Fears. Y el álbum lo cierra otro gran momento, "Mantra", también su canción más larga. Que es cierto que se inspira en el "Hey Jude" de The Beatles en su apoteósica y efectiva coda final sobre acordes mayores, pero que también nos propone un comienzo que va añadiendo con naturalidad instrumentos, unas meritorias y larguísimas estrofas con toda la personalidad del dúo, y ese estribillo casi rockero con guitarra distorsionada y platos de batería en primer plano.

"One" es un álbum honesto, consistente, trabajado, muy bien producido, y con la calidad suficiente para no desmerecer en la discografía del grupo. Y que demuestra que el secreto del pop atemporal es el talento creativo y no tanto la edad de sus creadores. Personalmente habría agradecido algún guiño más a la pista de baile y algo más de riesgo en la instrumentación de algunas canciones, pero lo que tengo claro es que para cualquier fan de la banda que se reencuentre con ellos las expectativas van a verse cumplidas con creces. Y para aquellos que gusten del pop sofisticado para hacerles el día a día más llevadero, descubrirlos va a ser un pequeño placer. Lo que es decir mucho de estos dos casi cincuentones. ¿Habrá continuación para este "One"? ¿Tardará otros dieciocho años? Imposible saberlo. Pero de momento disfrutemos de ese fantástico tercio final, al que muy pocos artistas han conseguido igualar en este 2018 que nos acaba de dejar. Merece la pena.

domingo, 23 de diciembre de 2018

Bob Moses: "Battle lines" (2018)

Una de las mayores confirmaciones de este 2018 que está próximo a terminar ha sido la del dúo canadiense Bob Moses. Que habían debutado en 2015 con "Days gone by", un álbum que por cierto contenía la nominada a los Grammy "Tearing me up" que tanta relevancia les dio a nivel internacional. El regreso de Tom Howie y Jimmy Vallance ha tardado nada menos que tres años, tal vez demasiado tiempo para cualquier artista que quiera consolidarse en el panorama internacional, pero al menos ha merecido la pena. Y es que "Battle lines" es un álbum muy equilibrado de pop contemporáneo para una inmensa minoría, al que no le importa echar una mirada al pasado cuando la oportunidad lo requiere.

El álbum se abre con la elegante "Heaven only knows", que empieza con unos sugestivos coros, a los que le siguen una preciosa melodía vocal que da paso al bajo sintetizado de Vallance en primer plano, y... a partir de ahí a desarrollar la canción casi exclusivamente sobre esa estructura. Porque la parte nueva que meten antes de la repetición de los coros, sin apenas melodía vocal, es todo lo que proponen para enriquecer la composición. Así que aunque el dúo muestra su talento a la hora de alargar más de cuatro minutos ese único tramo de melodía con distorsiones plenamente contemporáneas, al tema le sobra minutaje o le falta creatividad para rematar tan buena base. Igual de elegante y mejor resuelta es el tema estrella y primer sencillo del álbum, al que también da título: "Battle lines" sí que es una composición completa, con sus estrofas, estribillo, parte nueva y hasta un meritorio solo de guitarra a cargo de Howie. Con una elegancia ochentera que a mí me recuerda mucho a los efímeros Double, aunque más cálidos y con una cadencia rockera que lo convierte en un tema apto hasta para un público que no renegaría de Coldplay. "Back down" es otro momento álgido del álbum, un medio tiempo muy neutro instrumentalmente con un cierto deje dramático a lo Tears For Fears, nuevamente sobre una brillante composición completa (aunque abuse de la misma progresión armónica, que sólo cambian en la original parte nueva).

Es difícil mantener el nivel de estos tres temas el resto del álbum, y lo cierto es que aunque en las ocho canciones restantes nos encontraremos con algunos momentos meritorios, el resultado baja un escalón. De hecho el cuarto corte es en mi opinión uno de los pasajes más flojos: "Eye for an eye" es la primera balada del disco, de ambientación un tanto tenebrosa en estribillo e intervalos instrumentales y más convencional en las estrofas, que no desagrada pero que anda un poco escasa de capacidad para emocionar. Más interesante es la quizá excesivamente larga "The only thing we know", que vuelve a abundar en las virtudes y los defectos de "Heaven only knows": promete mucho en el comienzo con su buena melodía y la manera cómo cambian los acordes a mitad de ella, y el ritmo arrastrado con la guitarra rasgada sobre el mismo acorde durante el medio minuto siguiente parece una idea interesante para coger impulso... pero lo que viene es otra vez la misma repetición de la melodía, y más guitarreos y efectos varios hasta el final, sin más. Por eso prefiero "Nothing but you", otro medio tiempo que es casi una balada aunque en realidad se inspira más en buena parte del pop indie de los noventa, y que sí está desarrollada completamente a nivel compositivo y tiene además un estribillo pegadizo. Aunque sin llegar al nivel de los tres primeros temas del disco.

"Enough to believe", el séptimo corte, sí que alcanza en mi opinión el nivel de los tres pirmeros temas del disco: se trata del primer tema del álbum que encaja realmente en la etiqueta de synth-pop en el que injustamente se suele encasillar a Bob Moses, con su comienzo cinematográfico a partir del piano de Vallance, su bailable batería sintetizada y sus texturas envolventes que trasladan a otra dimensión, sobre todo cuando entran las slow strings sintetizadas que refuerzan la progresión armónica... aunque la progresión armónica es siempre la misma para casi cinco minutos. "Listen to me" abunda en la misma línea a pesar de que la guitarra eléctrica y la melodía de Howie al principio (que tanto nos recuerdan a los Travis menos luminosos) desconcierte un poco, porque al minuto y medio entra otro ritmo sintético apto para la pista de baile, y un minuto después un curioso bajo sintetizado robado del trance alemán. "Selling Me Sympathy" es la canción más ochentera del disco, con esa mezcla que por aquel entonces practicaban tantas bandas entre guitarras relativamente duras y melodías instrumentales de teclados en primer plano. Las estrofas bajan un tanto el listón, aunque el elaborado estribillo y el claramente rockero puente instrumental hacen que remonte el vuelo. "Don't hold back" retoma los ritmos electrónicos con un oscuro comienzo a lo Underworld, aunque en cuanto entra las estrofas vemos que el tema se convierte en una canción de pop clásico, agradable pero no especialmente inspirada. Y el cierre lo pone su tercer intento de balada, "Fallen from your arms", probablemente la vez que mejor se arriman a los ritmos lentos y las evocaciones sentimentales, huyendo esta vez del típico piano como instrumento para acompañar la voz de Howie al comienzo, y evolucionando hacia un estribillo difícil de cantar, que tras su segunda repetición deja paso a un pausado y sin embargo evocador arpegio de guitarra con el que rematan el tema.

Es cierto que algunas composiciones adolecen de haberse quedado a medias, que no todas brillan al mismo nivel creativo, y que la instrumentación de algunas es a veces demasiado convencional. Pero, en un estilo diferente al de Rüfüs de Sol que reseñaba en mi anterior entrada, destilan también un talento y una elegancia que no es fácil de encontrar en el mediocre panorama musical actual. Habrá que esperar que este segundo álbum consolide también su carrera a nivel de repercusión internacional, y que si entonces deciden darle continuidad aclaren si su estilo se mueve definitivamente hacia la convencionalidad mainstream o se vuelve a escorar hacia las nuevas tecnologías. De momento disfrutemos de esos siete u ocho meritorios momentos, algunos de ellos de gran nivel. Que no es poco.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Rüfüs Du Sol: "Solace" (2018)

El tercer álbum de los australianos Rüfüs (ahora renombrados como Rüfüs Du Sol por aquello de evitar los nombres ya protegidos en distintos mercados musicales) vio la luz hace unas semanas. Se trata de otro de los álbumes que esperaba con ilusión de este 2018, ya que desde sus inicios me han parecido una banda con personalidad, capaz de hacer una música de baile relativamente orgánica y a la vez de indudable calidad. Y además su anterior entrega, "Bloom", fue un disco muy conseguido de principio a fin, un segundo álbum que solventó el siempre temido paso hacia adelante y los confirmó como una banda con un gran futuro.

"Solace" es un álbum relativamente corto para haberse hecho esperar casi tres años (nueve temas solamente), y respetuoso con la trayectoria musical de la banda. Es decir, sigue girando en torno a la brillante voz de Lindqvist, los ritmos bailables sin estridencias, esa electrónica capaz de ser interpretada en directo sin necesidad de demasiados sonidos pregrabados, y sobre todo la elegancia del resultado. La ligera evolución hay que buscarla en una cierta tendencia a sintetizadores más sintéticos y contemporáneos, más guiños al ambient y al trance de los noventa y una presencia casi residual de las guitarras, pero por lo demás podríamos estar ante una segunda entrega de "Bloom" que hubiera quedado guardada en un cajón durante un par de años.

El tema que abre el álbum es perfectamente representativo de los parámetros por los que se siguen moviendo: "Treat you better", también cuarto sencillo, es una melodía con una cadencia propia de una balada, envuelta en teclados atmosféricos más propios de la música chill out, que poco a poco va amagando con orientarse hacia la pista de baile hasta que entra su sencillo pero efectivo ritmo, y luego ya sí: sus coros femeninos, su crescendo previo a la repetición final del estribillo... "Eyes", nada menos que el quinto sencillo (lo que da una idea del nivel medio del disco), arranca con la voz de Tyrone Lindqvist sin prácticamente instrumentación previa, y orienta más el conjunto hacia una electrónica más contemporánea, como lo demuestran los extraños y un tanto estridentes sintetizadores que dan soporte al relativamente simple estribillo, si bien el resultado sigue siendo satisactorio. "New sky", el siguiente corte, es en mi opinión ligeramente superior a los dos anteriores y uno de mis momentos favoritos del disco, con una progresión armónica más introspectiva que contrasta con la sobredosis de bongos, maracas y demás percusiones que desde el principio dan ritmo al tema, y esos teclados etéreos más propios de The Orb que nos evocan perfectamente al cielo que nos describe la letra, y que lucen espectacularmente en el minuto en el que la banda elimina el resto de instrumentos antes del tramo final.

"Lost in my mind", cuarto corte y tercer sencillo, es mi canción preferida del disco, con esos sampling étnicos desde el principio dando originalidad al conjunto, las voces post-procesadas que recrean las frases de Lindqvist en las estrofas, una frialdad elegante y un tanto ominosa en su excelente estribillo, y un precioso sintetizador que realza el conjunto (sólo le pondría el pero de que es uno de los temas menos bailables del disco). "No Place" fue el primer sencillo hace más de medio año, y sin ser mi momento favorito del disco se trata de otra buena canción, con una melodía difícil de interpretar, que también juega con las melodías lentas y envolventes hasta que entra el sencillo pero efectivo ritmo binario, y esos teclados más contundentes que en sus discos anteriores. "All I've Got" es otro tema muy en la línea del resto del álbum, que va entrando poco a poco con sólo un sintetizador y la voz de Lindqvist al principio, para luego ir creciendo con un bajo sintetizado y una batería suave, y que sólo en su minuto final resulta realmente bailable.

"Underwater", segundo sencillo, es también mi segundo momento preferido del disco: otra vez un sintetizador evanecescente (casi acuático en este caso), la voz de Lindqvist, los samplings etéreos y una batería sencilla es todo lo que necesitan para ponernos a bailar casi desde el principio, aunque en este caso lo destacable es cómo encajan los coros étnicos "enlatados" con las notas que canta Lindqvist en su original estribillo, y lo bien que alargan la canción hasta casi los seis minutos, jugando con los distintos elementos y convirtiéndola en casi instrumental en su tramo final. "Solace", el penúltimo corte, es una elección un tanto extraña para darle título al álbum, porque jugando a ser su tema experimental (a ratos sólo la voz de Lindqvist, convenientemente reverberada con diversos efectos), es simplemente otra melodía lenta más a la que le eliminan la percusión y cualquier instrumento que pueda sugerir ritmo. Así que lo único que destaca además de su escasa duración es su pegadizo estribillo. Y el álbum lo cierra "Another life", otra vuelta de tuerca de la misma fórmula basada en sintetizadores juguetones, la voz en primer plano, la percusión que va entrando lentamente... eso sí, cuando entra aquello de "So I guess it is, it’s time to say goodbye...", el tema se vuelve un tanto derivativo y pierde impacto evocador, además de alargarse quizá más de la cuenta.

Con tan sólo cuarenta y dos minutos el disco deja con ganas de más. Y hay que reconocerle al trío australiano que no hay temas de relleno (incluso "Solace" se deja escuchar sin problemas), que la gran mayoría tienen una duración contenida, y que las progresiones armónicas están menos repetidas hasta la saciedad que en sus discos anteriores. Es cierto que falta un tema de cabecera que los pueda encumbrar al éxito masivo, que sus canciones siguen resultando a menudo demasiado parecidas entre ellas, que en aras de una mayor emotividad algunas quedan demasiado espartanas instrumentalmente, que tampoco hay ninguna que cambie demasiado el tercio, y que las letras son simplemente correctas. Pero su elegancia a la hora de hacer música de baile y de utilizar la electrónica sin apabullar, unidas a la excelente voz de Lindqvist y a un puñado de canciones de nivel entre medio alto y muy alto hacen de "Solace" uno de los grandes álbumes del año. Lo que ya no constituye ninguna sorpresa, sino la confirmación de que los australianos siguen en estado de gracia a la hora de insuflar talento al maltrecho panorama musical internacional. Toca esperar con impaciencia su cuarto álbum.

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