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martes, 24 de diciembre de 2024

Rüfüs Du Sol - "Inhale/Exhale" (2024)

Hoy les traigo una nueva reseña de una de las bandas habituales de este humilde blog. Se trata del trío australiano Rüfüs Du Sol (hasta hace unos años conocido simplemente como Rüfüs), que han regresado hace unas semanas a la actualidad con el que es ya su quinto álbum de estudio: "Inhale/Exhale". Tres años han transcurrido desde ese "Surrender" (2021) que se enmarcaba una vez más en sus patrones habituales: personalidad musical marcada, buen nivel medio de sus canciones, homogeneidad estilística (algo más de lo deseable), y algún que otro momento estelar. Algo a lo que ya nos tienen acostumbrados los de Sydney, y que los sencillos que fueron anticipando esta nueva entrega se encargaron de refrendar de nuevo. La novedad en este caso hubo que buscarla en el tracklist que dieron a conocer semanas antes de la publicación del álbum: nada menos que quince canciones y casi una hora de música, su disco más largo con diferencia hasta la fecha. La pregunta que surgió entonces era inevitable: ¿habían dado estos tres años para ese derroche creativo, o simplemente se habían mostrado menos exigentes a la hora de seleccionar los entre nueve y once temas que componían cada uno de sus álbumes anteriores?

Pues la respuesta admite tanto un sí como un no. Porque es cierto que hay más momentos álgidos que en otras entregas de la banda, e incluso dos o tres canciones con una mayor variedad estilística que en cualquiera de ellas. Pero para bien o para mal, siguen fieles a ese sonido tan acusadamente homogéneo que tiende a perjudicarles en álbumes completos, y la sensación de que hay la inspiración no ha estado siempre al mismo nivel se hace presente en su segunda mitad. Por lo cual el disco vuelve a ser una baza segura para quienes gusten de su pop-dance elegante y bien instrumentado, pero no llega a dar el aldabonazo que seguramente ellos esperaban (de hecho, a nivel ventas se trata de su disco más flojo hasta la fecha, no ha subido del Top 3 en su país de origen, cuando son uno de los grupos más populares por aquellos lares). En todo caso, sus quince cortes presentan un balance claramente favorable, y dan para un análisis pormenorizado.

Podría pensarse que el tema de inicio, "Inhale", de menos de dos minutos y con un mensaje que claramente pretende dar comienzo a la experiencia sonora, es poco más que una intro. Sin embargo, se trata de una excelente composición, oscura y envolvente, con su estrofa y su estribillo claramente diferenciados. Tanto, que da rabia que los de Sydney no se hayan decidido a convertirlo en una canción completa, agregándole su ritmo cuaternario y sus crescendos, porque sin duda lo merece. Afortunadamente, el corte que le sigue, "Lately", también segundo sencillo, es otro momento notable: también oscuro, también envolvente, también tarda hasta casi el final del primer estribillo en entrar su batería. Pero el sintetizador infeccioso de su estribillo ya nos había embaucado, así como los efectos de la percusión electrónica que van adornando la segunda estrofa. No hay parte nueva, pero el tramo instrumental casi desnudo, con protagonismo especial para el sampling femenino, que prepara el crescendo para las repeticiones finales del estribillo, está logrado. Si bien el tema no termina de crecer todo lo que apuntaba, quizá por lo limitado de su estribillo. El comienzo de "Breathe" es excelente, con ese sintetizador en cascada que da paso a otro más discreto que lleva los acordes, y justo después a la voz de Tyrone Lindqvist. De nuevo un tema "marca de la casa", sus continuas paradas, sus teclados chirriantes y sus efectivos crescendos lo convierten en un potencial candidato a quinto sencillo, aun cuando es cierto que su estribillo peca de excesivamente simple. A continuación nos encontramos con el sencillo que anticipó el álbum: "Music Is Better" son cuatro minutos de puro hedonismo y un vídeo-clip mareante, ahora sí con un estribillo más elaborado, pero que desgraciadamente los australianos se encargan de repetir más de la cuenta. No se olvidan, por supuesto, de su habitual carrusel de instrumentos que van y vienen, pero esa repetición excesiva de los estribillos, y una letra excesivamente simple, se antojan innegables indicios de que para tratarse del supuesto tema estrella del álbum, se queda un poco corto.

Más meritorio me parece "Levitating", quinto corte y uno de los momentos álgidos de "Inhale/Exhale". En esta ocasión, el trío baja el tempo, recurre a otro sampling muy adecuado (coral en este caso), aumenta el tenebrismo con una singular percusión que rehúye del tradicional ritmo cuaternario (hasta redobles encontramos antes de la repetición final del estribillo), y remata el conjunto con un Lindqvist que fuerza la voz al máximo en una compleja melodía de notas altas. El balsámico teclado que aparece en la segunda estrofa, tan meritorio que parece casi una guitarra, confirma que los australianos también saben explorar nuevos terrenos, si parten, como es el caso, de una buena composición, y tienen claro a dónde la quieren llevar. El festival continúa con "Break My Love", que deja atrás experimentos y se erige probablemente en la mejor canción del disco. Sabiamente elegida como tercer sencillo, una vez más es el sampling con el que arranca y que la vertebra la evidencia de que el trío opta habitualmente por pocos instrumentos y sonidos para sus canciones, pero los escoge certeramente. Bailable y refinado, sus estrofas son de las mejores que los australianos han compuesto jamás. Y la habilidad con la que preparan el terreno para su disfrutable estribillo, más que notable. Además, por fin nos ofrecen una parte nueva diferente, aunque en realidad no alteran la progresión armónica. Solamente la letra peca, como en otras ocasiones, de sencilla para lo que el resto del tema propone. "In The Moment", séptimo corte, retoma tímidamente esa senda experimental ya mencionada, pero sin dejar de lado el pop bailable y cantable que les caracteriza. Empezando por una progresión armónica que, si se fijan, en su comienzo y estrofas recordará a algunos de los giros de nuestro flamenco. Pero su estribillo ya es un puro llenapistas, sirviéndose de un teclado preeminente que recordará a los sonidos de los DJs más comerciales. La típica parada para coger fuerzas se sale de lo habitual en el trío gracias a ese sampling de voces femeninas negras que le añaden, y que hace que el tema crezca lo suficiente hasta el final. Por desgracia, tras estos siete temas entre lo notable y lo sobresaliente, llega el primer tema menor del disco: "New York" es una canción bastante lenta, lo que por sí no es malo, pero sigue sonando a Rüfüs gracias a esa percusión de factoría industrial y a ese arpegio de teclado que es casi un nenúfar que irán distorsionando a gusto. La melodía es agradable y suficientemente elaborada, los coros femeninos ("I see the ligth in your eyes..."), reparadores, y la intención de adentrarse en otros terrenos, innegable. Pero el resultado evidencia que estos registros no son los mejores para los australianos. Y menos cuando deciden ubicar una canción así justo en el ecuador del álbum.

Aunque con "The Life" recuperan tempo y estilo, el resto del álbum ya no es igual de meritorio que su primera mitad. La atmósfera envolvente, casi espacial en este caso, sigue ahí, así como las percusiones abundantes, la melodía de notas altas, el sampling hacia la mitad del tema... Todo es reconocible. Pero el ritmo cuaternario, escaso de bombo, hace que la canción no se decante entre un momento intimista para nuestro dormitorio o un trallazo para nuestra pista de baile, y la cosa se queda en un correcto término medio (a pesar de que compositivamente es uno de los momentos más trabajados). "Pressure" está más definida, y por tanto resulta más lograda. Tanto, que recientemente ha sido escogida como cuarto sencillo. Una melodía de frases larguísimas en las estrofas (poniendo a prueba la capacidad pulmonar de Lindqvist), y una guitarra rítmica en el estribillo tan distorsionada que parece un sintetizador, son los elementos más singulares de otra buena canción, presidida por esa oscuridad creciente tan característica, y al mismo tiempo tan poco original, en un tema al que le sobra algo de minutaje. "Fire / Desire" es otra de esas canciones de los australianos que podrían pertenecer a cualquier disco y que podríamos haber escuchado ya decenas de veces con anterioridad. Todo correcto, todo disfrutable... todo previsible... hasta ese ritmo tan poco contundente que juega en su contra. "Edge of the Earth" se mueve por territorios muy similares a la anterior, pero ofrece un estribillo en falsete deudor de la época de la música disco, que marida sorprendetemente bien con las atmósferas expansivas y los teclados sintéticos del trío. La steel guitar que rellena su espartana parte media también le añade algo de singularidad, y el sencillo ritmo binario potencia sus virtudes, en lo que para mí constituye el último momento notable del disco.

Porque "Standing at the Gates", décimo tercer corte, es meritorio desde el punto de vista exploratorio: un momento reposado hasta el extremo de contar con una viola en sus escuetas estrofas, original en una percusión electrónica que se sale de los ritmos convencionales, y delicada gracias a ese teclado líquido que hace las veces de piano de cola en esta balada futurista. Pero nuevamente demuestra que los australianos tienen tablas para salir airosos de este tipo de probaturas, pero no es el registro en el que dan lo mejor de sí mismos, y el conjunto resulta un tanto anodino. "Belong", penúltimo corte, ahora sí con toda una sección de cuerda desde el comienzo, es la canción más larga del álbum, un curioso intento de casar clasicismo musical con un arpegio de bajo sintetizado propio de la música de baile de los noventa. Saludable desde el punto de vista experimental, no tanto desde un resultado al que le falta cierta continuidad a lo largo de su extensión, y que no aporta la originalidad suficiente como para resultar disfrutable por sí misma a estas alturas del disco (aunque seguramente si figurara, por ejemplo, en lugar de "Music Is Better", recibiría mayores elogios). Y "Exhale" pone el cierre con una progresión armónica curiosamente colorista y la mayor cantidad de efectos sobre la voz de Lindqvist, cambiada de tono y postprocesada para luego superponerla a la original. En lo que de nuevo constituye un intento de lograr una mayor originalidad en su sonido, pero que nuevamente queda en tierra de nadie, pues ni funciona en la pista de baile ni sube el ánimo en una lluviosa tarde de otoño, dejando finalmente un sabor de boca menos bueno del que deberían estos quince cortes.

Y es que no hay que olvidar que en "Inhale/Exhale" hay nada menos que nueve o diez momentos que merecen reconocimiento. Y eso es más que en cualquier otro álbum suyo, desde luego más que en la inmensa mayoría de álbumes actuales, y algo no demasiado habitual en artistas cuya trayectoria ya es lo suficientemente extensa. El problema es la aparente repetición en la fórmula: incluso aunque los samplings estén muy bien escogidos, aunque las percusiones se intenten adecuar a cada composición, aunque cada tema posea sus propios sonidos sintetizados... Todo termina por sonar parecido, y los esfuerzos por introducir cierta experimentación no terminan de cuajar en la mayoría de los casos, por lo que el supuesto derroche creativo de esta quinta entrega queda diluido. Además, falta un tema de postín que tire de todo el conjunto, y la sensación predominante tras repetidas escuchas es que estamos ante un disco que podría no ser el más reciente de la banda sino cualquiera de los anteriores (más largo y ambicioso, eso sí). Todo lo cual por sí no es malo, ya que se trata de una de las bandas más solventes de la música de baile actual, y sus señas de identidad son un valor seguro al margen de modas. Pero el tiempo de que den el salto a ese grupo de éxito masivo a nivel mundial (a nivel de crítica pero también de público) va pasando y siguen sin alcanzar aquello a lo que parecían aspirar. En todo caso, un álbum recomendable, sobre todo si no se consume en una única sesión.

sábado, 27 de noviembre de 2021

Rüfüs Du Sol - "Surrender" (2021)

Justo cuando se han cumplido tres años desde la publicación de "Solace", acaba de ver la luz "Surrender", el cuarto álbum de la banda australiana Rüfüs de Sol. Que pasa por ser una de las bandas de más calidad dentro del ámbito de la música de baile en el panorama internacional, con su sabia mezcla de melodías elaboradas y ritmos bailables. La novedad es que para este disco el trío compuesto por Tyrone Lindqvist, Jon George y James Hunt se marchó a Hollywood, quizá en busca de una evolución de una propuesta que en realidad apenas si es perceptible. Aunque ello no es necesariamente negativo.

Y es que desde sus inicios los australianos han tenido una personalidad musical muy acusada. En parte por la notable voz de Lindqvist, y en parte porque siempre han tenido muy claro a qué querían sonar. Tanto, que la homogeneidad de su sonido ha provocado que históricamente sea difícil distinguir algunas canciones de otras dentro de un mismo disco, o que incluso de un disco a otro las variaciones sean pequeñas. Es el caso una vez más de este "Surrender", que no esconde nada nuevo, pero que se mantiene a flote gracias al talento de la banda para crear temas expansivos, bailables en su mayoría sin perder la elegancia, y de melodías sugestivas y a menudo difíciles de interpretar. Puestos a buscarle relación con su discografía previa, quizá al álbum al que más se asemeja de su discografía es precisamente a su anterior entrega, ese "Solace" de menor duración y contenido (tan sólo nueve temas), pero un poco más oscuro de lo que era habitual hasta entonces en los australiano, con más momentos introspectivos e incluso "lentos".

El álbum lo abre "Next to me", un tema agradable que fue seleccionado también como segundo sencillo semanas antes de la publicación del álbum. Comienza con un piano inquietante que da paso a los acordes, las maracas y, antes de que entren más instrumentos, a la voz de Lindqvist interpretando la primera estrofa. El estribillo llega antes que la percusión, lo que anticipa que el álbum mantendrá un interesante equilibrio entre melodías y ritmos. De hecho, cuando finalmente entra, la percusión es muy suave, y el tempo un tanto bajo para destinar el tema a la pista de baile, con mucho espacio para las voces y los crecendos. "Make it happen" sube un poco el tempo pero cambia poco el registro: teclados envolventes, percusiones en primer plano, melodías de notas largas... Quizá lo más llamativo sea la letra, que echa una mirada a la adolescencia con evocadora melancolía, y esas voces infantiles que cantan un estribillo simplemente correcto. El resto es la habilidad de la banda para ir añadiendo y quitando detalles hasta llegar a los cinco minutos sin que el resultado se haga pesado. "See you again" resulta un poquito más contundente en su propuesta, más que por su percusión por ese teclado grave y contundente que lleva los acordes en su notable estribillo. Las voces electrónicamente distorsionadas que rellenan un tema por lo demás bastante desnudo son el complemento adecuado, y la larga parada antes del final de la repetición final del estribillo tan poco sorprendente como efectiva.

"I Don't Wanna Leave", cuarto sencillo extraído, ahonda en esas atmósferas más sombrías a las que aludía antes. Y se distingue de las anteriores por esa percusión sincopada que la aleja de la pista de baile y la acerca al pop más contemporáneo. Además, el tramo en el que el bajo sintetizado se queda al frente, antes de la repetición final, con Lindqvist cantando aquello de "Now that I want you, I need you", es efectivo para engancharnos. Pero se empieza a echar de menos alguna variación en las progresiones armónicas de los temas. Le sigue "Alive", el sencillo que anticipó el álbum hace ya varios meses. Más atmosférico y envolvente que ningún otro tema hasta ahora: teclado sintético en primer plano, melodía de notas altas, tempo más bien contenido, mezcla de percusiones electrónicas y acústicas, Lindqvist completando el tramo final con otro teclado... Más evocador que brillante. Tras un breve "reprise" del mismo tema, llega el que para mí es el mejor momento del disco: "On my knees". Tercer sencillo, es el tema más tenebroso e inquietante, con sus samplings vocales que parecen extraídos de una película de terror. Por otra parte, es la primera canción del álbum que se sustenta en un bombo permanente en cada compás, algo de lo que los australianos cada vez rehúyen más, pero que le sienta estupendamente para que el tema explote definitivamente. Aunque la clave del resultado es esa elegancia oscura de su melodía, y ese tramo final en el que el tema va creciendo hasta explotar, que recuerda tanto a los aparentemente inactivos Little Cub.

Después de cinco momentos notables en sus siete primeros cortes, el tramo final del álbum baja un tanto. "Wildfire" sólo tiene que retirar cualquier atisbo de percusión y dejar la melodía de notas lentas y los sintetizadores para convertir lo que podría haber sido un tema bailable en una balada afligida, aunque lo suficientemente contemporánea gracias a su instrumentación y a sus ruidistas adornos finales como para resultar interesante. "Surrender" insiste en la melodía de notas altas, arrancando ya con varias repeticiones de su estribillo (demasiadas), para derivar después en una previsible base rítmica, algún fraseo suelto, y una especie de estrofa en la que Lindqvist comparte protagonismo vocal con el norteamericano Curtis Harding y su falsete. "Devotion", la penúltima canción del disco, insiste en parámetros ya conocidos de temas anteriores, pero con menor inspiración creativa, por lo que aunque la banda tira de oficio para sacarla adelante, no pasa de discreta. Y el álbum lo cierra "Always", un larguísmo tema de más de siete minutos, válidos ahora sí para mover el esqueleto y con una melodía un poco más inspirada, aunque tampoco cambia de registro y seguramente nadie se acuerde de ella dentro de un tiempo.

Es posible que al finalizar el disco predomine una cierta sensación de fatiga, más que nada por la reiteración en la propuesta. No llega al extremo de los discos de Illenium, pero está claro que este "Surrender" agradecería una o dos canciones en las que realmente los australianos propusieran algo diferente (un tema instrumental, una guitarra llevando la voz principal, una sección de cuerda, etc.). O al menos que alguna progresión armónica cambiara de tonalidad a lo largo de alguna de las canciones. No obstante, Rüfüs du Sol han confirmado una vez más que son una de las pocas propuestas que siguen siendo comerciales a la vez que mantienen una indudable calidad. No tanta en mi opinión como para que en Australia les hayan nominado a "álbum del año", pero sí la suficiente como para seguir confiando en ellos. A ver si por esta parte del planeta nos enteramos de los millones de visualizaciones que logran con cada nuevo sencillo en YouTube, nos vendría de perlas para oxigenar nuestros aturdidos oídos.

domingo, 9 de diciembre de 2018

Rüfüs Du Sol: "Solace" (2018)

El tercer álbum de los australianos Rüfüs (ahora renombrados como Rüfüs Du Sol por aquello de evitar los nombres ya protegidos en distintos mercados musicales) vio la luz hace unas semanas. Se trata de otro de los álbumes que esperaba con ilusión de este 2018, ya que desde sus inicios me han parecido una banda con personalidad, capaz de hacer una música de baile relativamente orgánica y a la vez de indudable calidad. Y además su anterior entrega, "Bloom", fue un disco muy conseguido de principio a fin, un segundo álbum que solventó el siempre temido paso hacia adelante y los confirmó como una banda con un gran futuro.

"Solace" es un álbum relativamente corto para haberse hecho esperar casi tres años (nueve temas solamente), y respetuoso con la trayectoria musical de la banda. Es decir, sigue girando en torno a la brillante voz de Lindqvist, los ritmos bailables sin estridencias, esa electrónica capaz de ser interpretada en directo sin necesidad de demasiados sonidos pregrabados, y sobre todo la elegancia del resultado. La ligera evolución hay que buscarla en una cierta tendencia a sintetizadores más sintéticos y contemporáneos, más guiños al ambient y al trance de los noventa y una presencia casi residual de las guitarras, pero por lo demás podríamos estar ante una segunda entrega de "Bloom" que hubiera quedado guardada en un cajón durante un par de años.

El tema que abre el álbum es perfectamente representativo de los parámetros por los que se siguen moviendo: "Treat you better", también cuarto sencillo, es una melodía con una cadencia propia de una balada, envuelta en teclados atmosféricos más propios de la música chill out, que poco a poco va amagando con orientarse hacia la pista de baile hasta que entra su sencillo pero efectivo ritmo, y luego ya sí: sus coros femeninos, su crescendo previo a la repetición final del estribillo... "Eyes", nada menos que el quinto sencillo (lo que da una idea del nivel medio del disco), arranca con la voz de Tyrone Lindqvist sin prácticamente instrumentación previa, y orienta más el conjunto hacia una electrónica más contemporánea, como lo demuestran los extraños y un tanto estridentes sintetizadores que dan soporte al relativamente simple estribillo, si bien el resultado sigue siendo satisactorio. "New sky", el siguiente corte, es en mi opinión ligeramente superior a los dos anteriores y uno de mis momentos favoritos del disco, con una progresión armónica más introspectiva que contrasta con la sobredosis de bongos, maracas y demás percusiones que desde el principio dan ritmo al tema, y esos teclados etéreos más propios de The Orb que nos evocan perfectamente al cielo que nos describe la letra, y que lucen espectacularmente en el minuto en el que la banda elimina el resto de instrumentos antes del tramo final.

"Lost in my mind", cuarto corte y tercer sencillo, es mi canción preferida del disco, con esos sampling étnicos desde el principio dando originalidad al conjunto, las voces post-procesadas que recrean las frases de Lindqvist en las estrofas, una frialdad elegante y un tanto ominosa en su excelente estribillo, y un precioso sintetizador que realza el conjunto (sólo le pondría el pero de que es uno de los temas menos bailables del disco). "No Place" fue el primer sencillo hace más de medio año, y sin ser mi momento favorito del disco se trata de otra buena canción, con una melodía difícil de interpretar, que también juega con las melodías lentas y envolventes hasta que entra el sencillo pero efectivo ritmo binario, y esos teclados más contundentes que en sus discos anteriores. "All I've Got" es otro tema muy en la línea del resto del álbum, que va entrando poco a poco con sólo un sintetizador y la voz de Lindqvist al principio, para luego ir creciendo con un bajo sintetizado y una batería suave, y que sólo en su minuto final resulta realmente bailable.

"Underwater", segundo sencillo, es también mi segundo momento preferido del disco: otra vez un sintetizador evanecescente (casi acuático en este caso), la voz de Lindqvist, los samplings etéreos y una batería sencilla es todo lo que necesitan para ponernos a bailar casi desde el principio, aunque en este caso lo destacable es cómo encajan los coros étnicos "enlatados" con las notas que canta Lindqvist en su original estribillo, y lo bien que alargan la canción hasta casi los seis minutos, jugando con los distintos elementos y convirtiéndola en casi instrumental en su tramo final. "Solace", el penúltimo corte, es una elección un tanto extraña para darle título al álbum, porque jugando a ser su tema experimental (a ratos sólo la voz de Lindqvist, convenientemente reverberada con diversos efectos), es simplemente otra melodía lenta más a la que le eliminan la percusión y cualquier instrumento que pueda sugerir ritmo. Así que lo único que destaca además de su escasa duración es su pegadizo estribillo. Y el álbum lo cierra "Another life", otra vuelta de tuerca de la misma fórmula basada en sintetizadores juguetones, la voz en primer plano, la percusión que va entrando lentamente... eso sí, cuando entra aquello de "So I guess it is, it’s time to say goodbye...", el tema se vuelve un tanto derivativo y pierde impacto evocador, además de alargarse quizá más de la cuenta.

Con tan sólo cuarenta y dos minutos el disco deja con ganas de más. Y hay que reconocerle al trío australiano que no hay temas de relleno (incluso "Solace" se deja escuchar sin problemas), que la gran mayoría tienen una duración contenida, y que las progresiones armónicas están menos repetidas hasta la saciedad que en sus discos anteriores. Es cierto que falta un tema de cabecera que los pueda encumbrar al éxito masivo, que sus canciones siguen resultando a menudo demasiado parecidas entre ellas, que en aras de una mayor emotividad algunas quedan demasiado espartanas instrumentalmente, que tampoco hay ninguna que cambie demasiado el tercio, y que las letras son simplemente correctas. Pero su elegancia a la hora de hacer música de baile y de utilizar la electrónica sin apabullar, unidas a la excelente voz de Lindqvist y a un puñado de canciones de nivel entre medio alto y muy alto hacen de "Solace" uno de los grandes álbumes del año. Lo que ya no constituye ninguna sorpresa, sino la confirmación de que los australianos siguen en estado de gracia a la hora de insuflar talento al maltrecho panorama musical internacional. Toca esperar con impaciencia su cuarto álbum.

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