En la presente entrada abandono temporalmente las habituales reseñas sobre lo en mi opinión más interesante del panorama musical contemporáneo para reflexionar sobre uno de los asuntos más comentados en los últimos días: la concesión del premio Nobel de literatura de 2016 al estadounidense Bob Dylan. Sé que soy poco original al reflexionar sobre este asunto, pero me parece de la suficiente entidad como para dedicarle unos párrafos.
Antes que nada debo empezar por un aspecto subjetivo: no me gusta Bob Dylan. Llámenme insensible, inculto, desautorizado para mantener ningún blog sobre música contemporánea... Reconozco que ha escrito un puñado de clásicos que forman ya parte de la música del siglo XX (desde "Blowin' in the wind" a "Lay Lady lay") o que otros han convertido en clásicos inmortales ("A Hard Rain's a-Gonna Fall", "All along the watchtower"...), y que todos ellos están más allá de cualquier crítica por mi parte. Pero a lo largo de sus casi cuarenta álbumes de estudio abundan en mi opinión los temas anodinos instrumentalmente, no siempre inspirados compositivamente y sobre todo muy mal cantados. Creo que conviene aquí recuperar mi entrada sobre la fórmula matemática para valorar la canción contemporánea, y entender así que por mucho que una letra pueda transmitir, su peso sobre la canción es en mi opinión relativamente pequeño. Por supuesto me descubro ante un compositor capaz de crear una obra tan extensa. Pero simplemente no me gusta.
Ahora bien, el motivo por el que Bob Dylan está tan presente en la actualidad es la obtención del premio Nobel de literatura. Esencialmente por los textos de sus cientos de canciones. No conozco lo suficiente la literatura contemporánea para valorar si los textos tienen la calidad poética suficiente para merecerlo frente a otros miles de escritores líricos a nivel mundial. Así que no voy a detenerme a ello en esta entrada. Sí sé que en los últimos tiempos la academia sueca ha combinado premios que me han parecido incuestionables (Imre Kertész, Doris Lessing, Camilo José Cela) con otros menos inspirados (Jose Saramago, Gabriel García Márquez, Toni Morrison...). Por lo que no estoy seguro de que la reputación del premio atraviese su mejor momento. En todo caso la academia sueca se ha abstraído de la manifestación artística principal de Dylan (la música, aunque cabe recordar que también dedica tiempo a la pintura) y ha premiado los textos que apoyan sus partituras.
Ahí radica el problema: en premiar a un artista por una actividad que no es a la que se ha dedicado. Porque si Dylan hubiera querido ser poeta no se habría llevado su guitarra y su armónica de su Duluth natal a Nueva York a principios de los sesenta. Pero no fue así, y su actividad durante estas décadas le han convertido en uno de los máximos exponentes de los denominados (en mi opinión de manera bastante inexacta) cantautores. Es decir, no se está reconociendo la obra completa de un artista, sino una parte de la misma. Lo cual no está claro si es realmente un reconocimiento a sus textos o un descrédito a sus partituras. Eso es lo que en mi opinión hace que naufrague la concesión de este premio.
Otra cosa sería que la academia sueca hubiera hecho lo que nuestros cada vez más prestigiosos premios Príncipe de Asturias españoles, que le concedieron a Dylan el premio "de las artes" en 2007. Que no sólo reconocía una fracción de su obra, sino toda ella en su conjunto, sin sesgarla artificialmente. Pero la academia sueca carece de este premio (tal vez habría que preguntarle al filántropo sueco Alfred Nobel por qué la literatura sí tenía entidad para merecer un premio y la música no cuando los creó). Con lo que si quieren premiar a los grandes nombres de la música contemporánea del último siglo (habría muchos y merecidos candidatos), más valdría que crearan un premio específico para la música, o que generalizaran el de la literatura para reconocer a los seis artes en sentido amplio (en mi opinión considerar al cine como el séptimo arte es excesivo). Pero este apaño de premiar unos textos sin música de unos de los cantautores más relevantes de todos los tiempos suena, más que a injusto, a sectario. Y así es difícil mantener el prestigio de unos premios, que al fin y al cabo como todos los premios son siempre subjetivos.
Un aficionado a la música pop-rock contemporánea que no se resigna a que creer que ya no se publica música de calidad.
domingo, 16 de octubre de 2016
martes, 11 de octubre de 2016
Train To Spain: "What's all about" (2015)
Ante todo debo disculparme por reseñar, en un blog que pretende hacerse eco de lo más reseñable del panorama musical contemporáneo, un álbum que vio la luz hace casi año y medio. A veces entre lo más minoritario del pop rock contemporáneo encuentro propuestas que me parecen interesantes y prefiero compartirlas aunque sea con retraso. Así que voy a reseñar hoy el álbum de debut de Train To Spain, un trío sueco formado por Helena Wigeborn (voz, teclista y compositora), Jonas Rasmusson (teclista principal y compositor) y Lars Netzel (teclista y productor de apoyo) que debutaron de manera muy minoritaria a mediados de 2015 con este "What's all about" que hoy reseño. Un álbum con un innegable matiz amateur pero que demuestra inteligencia y gusto a la hora de rebuscar en los ochenta. Y muy especialmente en el italo-disco.
Porque aunque la crítica especializada los ha encuadrado en el techno-pop en general y en el eurobeat de principios de los noventa en particular, para mí es claro que a lo que más se asemeja su propuesta es al italo-disco que pobló las listas de casi todo el planeta a mediados de los ochenta. Un subgénero muy denostado por razones obvias (artistas de quita y pon prácticamente para cada sencillo, propuesta completamente hedonista, inglés mal pronunciado, letras muy simples...), pero que sin embargo figura entre mis pequeños placeres prohibidos por la cantidad de nuevas ideas que pusieron en circulación en apenas tres o cuatro temporadas (baste recordar ahora lo lejos que llegaron nombre como por ejemplo Baltimora, Den Harrow o Spagna). Las percusiones y programaciones de Train To Spain no tienen nada del bombo maximizado y los 130 bpms del eurobeat, pero sí de esas cajas de ritmos simplonas y esos ritmos más cadenciosos que también encajaban con los fairlights y los A-Linn de la época. Así que si recuerdan con nostalgia ese sonido, pueden ahorrarse el resto de la reseña y hacerse con este "What's all about".
No obstante el trío sueco pule alguna de los defectos más obvios del género: la pronunciación y la entonación de Helena son intachables (Suecia no es Italia en cuestión de inglés, dirán algunos), el álbum no está concebido como una irregular colección de sencillos sino como un todo con entidad propia, y las letras son a veces más profundas de lo que su envoltorio musical nos haría pensar. No es el caso de "Blipblop", una progresión armónica sencilla pero efectiva, sintetizadores contundentes que a veces lideran varios tramos, letra orientada al fin de semana, vocoder para dar entrada al estribillo, un ritmo infeccioso y efectivo, y un eficaz tramo final que remata uno de los mejores momentos del álbum. "Keep on running", uno de los temas editados en formato sencillo, es otro de los mejores momentos: ahora sí con el ritmo y la caja habitual del italo-disco, una melodía muy bonita en estrofas y estribillo, y la sorpresa-homenaje de ese segundo estribillo con el sampling del clásico "Small town boy" de Bronskie Beat de fondo. "Passion" mantiene el sonido homogeneo de sus predecesoras, pero tanto la progresión armónica como la melodía se sitúan un escalón por debajo, aunque aun así se deja escuchar. "All about", además de dar título al álbum, es el otro tema que vio la luz en formato sencillo, una elección en mi opinión discutible, porque las estrofas no están muy bien armonizadas, aunque el eficaz estribillo sí que hace que el tema remonte.
El problema principal del tramo central álbum es que, aunque mantiene un estilo cohesionado, no contiene ningún tema que destaque sobre el resto, por lo que cuesta que adquieran itendidad propia. "Screw it up" es un buen ejemplo: sobredosis de sintetizadores, una bonita estrofa, un estribillo que no desentona, una parte nueva correctamente elaborada, pero nada realmente diferenciador. En la misma línea aunque un poquito más inspirada se sitúa para mi gusto "Adam", una canción de la que destaca el sintético teclado que lidera las partes instrumentales y con el que "dialoga" Helena en el estribilllo. "Pressure" insiste en ese ritmo cadencioso tan típico del italo-disco, y propone otra buena combinación de estrofas y estribillo, aunque le falta algo (tal vez en la instrumentación) que le haga destacar sobre el conjunto. Y "Grab and touch" es más interesante por su letra mordaz y feminista ("Sometimes I wonder if your brain is right", "Are you talking to me 'cause my dress is tight?") que por su inspiración, ya que tanto la progresión armónica como la melodía principal se quedan en simplemente correctas.
El tercio final del álbum viene marcado por "Work harder", noveno corte y mi tercer tema favorito del álbum. Y eso que ni los intervalos instrumentales ni la melodía de las estrofas rayan a gran altura (falta contundencia en la percusión y algo más de hilazón entre los versos), pero una vez llega el puente ("your job is your life") todo queda en segundo plano ante el excelente estribillo doble. Que es cierto que reúsa una progresión armónica usada hasta la saciedad (la primera vez que yo la escuché fue en el "In the night" de Pet Shop Boys), pero que la explota con mucha inteligencia. "Remind myself" baja varios peldaños, un tema correcto al que la melodía de notas altas que obliga a Helena a cantar casi en falsete le afecta negativamente. Y "Martin, David and Fletch" es en mi opinión la canción más floja del álbum, escasa de melodía y más repetitiva que de costumbre. Un obvio homenaje a los Depeche Mode, cuando curiosamente ni en el resto del álbum ni en este tema en particular se podría adivinar que fuera una de sus influencias directas.
"What's all about" supone pues un sano ejercicio de revival y dignificación de un subgénero denostado, con suficiente inspiración compositiva y personalidad, y sin temas que obliguen a pulsar el "forward". Falta algún tema más que destaque sobre el conjunto y pueda ampliar su propuesta a un público más masivo. Aunque esa misma carencia les sitúa en una encrucijada delicada: si pretenden para aumentar su audiencia desprenderse de ese sonido casi de demo, pueden perder por el camino buena parte de su personalidad y convertirse en un grupo de dance-pop más. Pero en estos tiempos de abuso de auto-tune y volúmenes maximizados no parece fácil que se abran hueco si cierran la puerta a las modas. Personalmente prefiero que se queden en el nicho que se han creado (y su sencillo de anticipo "Believe in love" de hace unos meses eso sugiere) y que se tomen el tiempo necesario para componer otra decena de canciones sólidas que nos retrotraigan a épocas en las que el hedonismo escapaba a la hegemonía anglosajona.
Porque aunque la crítica especializada los ha encuadrado en el techno-pop en general y en el eurobeat de principios de los noventa en particular, para mí es claro que a lo que más se asemeja su propuesta es al italo-disco que pobló las listas de casi todo el planeta a mediados de los ochenta. Un subgénero muy denostado por razones obvias (artistas de quita y pon prácticamente para cada sencillo, propuesta completamente hedonista, inglés mal pronunciado, letras muy simples...), pero que sin embargo figura entre mis pequeños placeres prohibidos por la cantidad de nuevas ideas que pusieron en circulación en apenas tres o cuatro temporadas (baste recordar ahora lo lejos que llegaron nombre como por ejemplo Baltimora, Den Harrow o Spagna). Las percusiones y programaciones de Train To Spain no tienen nada del bombo maximizado y los 130 bpms del eurobeat, pero sí de esas cajas de ritmos simplonas y esos ritmos más cadenciosos que también encajaban con los fairlights y los A-Linn de la época. Así que si recuerdan con nostalgia ese sonido, pueden ahorrarse el resto de la reseña y hacerse con este "What's all about".
No obstante el trío sueco pule alguna de los defectos más obvios del género: la pronunciación y la entonación de Helena son intachables (Suecia no es Italia en cuestión de inglés, dirán algunos), el álbum no está concebido como una irregular colección de sencillos sino como un todo con entidad propia, y las letras son a veces más profundas de lo que su envoltorio musical nos haría pensar. No es el caso de "Blipblop", una progresión armónica sencilla pero efectiva, sintetizadores contundentes que a veces lideran varios tramos, letra orientada al fin de semana, vocoder para dar entrada al estribillo, un ritmo infeccioso y efectivo, y un eficaz tramo final que remata uno de los mejores momentos del álbum. "Keep on running", uno de los temas editados en formato sencillo, es otro de los mejores momentos: ahora sí con el ritmo y la caja habitual del italo-disco, una melodía muy bonita en estrofas y estribillo, y la sorpresa-homenaje de ese segundo estribillo con el sampling del clásico "Small town boy" de Bronskie Beat de fondo. "Passion" mantiene el sonido homogeneo de sus predecesoras, pero tanto la progresión armónica como la melodía se sitúan un escalón por debajo, aunque aun así se deja escuchar. "All about", además de dar título al álbum, es el otro tema que vio la luz en formato sencillo, una elección en mi opinión discutible, porque las estrofas no están muy bien armonizadas, aunque el eficaz estribillo sí que hace que el tema remonte.
El problema principal del tramo central álbum es que, aunque mantiene un estilo cohesionado, no contiene ningún tema que destaque sobre el resto, por lo que cuesta que adquieran itendidad propia. "Screw it up" es un buen ejemplo: sobredosis de sintetizadores, una bonita estrofa, un estribillo que no desentona, una parte nueva correctamente elaborada, pero nada realmente diferenciador. En la misma línea aunque un poquito más inspirada se sitúa para mi gusto "Adam", una canción de la que destaca el sintético teclado que lidera las partes instrumentales y con el que "dialoga" Helena en el estribilllo. "Pressure" insiste en ese ritmo cadencioso tan típico del italo-disco, y propone otra buena combinación de estrofas y estribillo, aunque le falta algo (tal vez en la instrumentación) que le haga destacar sobre el conjunto. Y "Grab and touch" es más interesante por su letra mordaz y feminista ("Sometimes I wonder if your brain is right", "Are you talking to me 'cause my dress is tight?") que por su inspiración, ya que tanto la progresión armónica como la melodía principal se quedan en simplemente correctas.
El tercio final del álbum viene marcado por "Work harder", noveno corte y mi tercer tema favorito del álbum. Y eso que ni los intervalos instrumentales ni la melodía de las estrofas rayan a gran altura (falta contundencia en la percusión y algo más de hilazón entre los versos), pero una vez llega el puente ("your job is your life") todo queda en segundo plano ante el excelente estribillo doble. Que es cierto que reúsa una progresión armónica usada hasta la saciedad (la primera vez que yo la escuché fue en el "In the night" de Pet Shop Boys), pero que la explota con mucha inteligencia. "Remind myself" baja varios peldaños, un tema correcto al que la melodía de notas altas que obliga a Helena a cantar casi en falsete le afecta negativamente. Y "Martin, David and Fletch" es en mi opinión la canción más floja del álbum, escasa de melodía y más repetitiva que de costumbre. Un obvio homenaje a los Depeche Mode, cuando curiosamente ni en el resto del álbum ni en este tema en particular se podría adivinar que fuera una de sus influencias directas.
"What's all about" supone pues un sano ejercicio de revival y dignificación de un subgénero denostado, con suficiente inspiración compositiva y personalidad, y sin temas que obliguen a pulsar el "forward". Falta algún tema más que destaque sobre el conjunto y pueda ampliar su propuesta a un público más masivo. Aunque esa misma carencia les sitúa en una encrucijada delicada: si pretenden para aumentar su audiencia desprenderse de ese sonido casi de demo, pueden perder por el camino buena parte de su personalidad y convertirse en un grupo de dance-pop más. Pero en estos tiempos de abuso de auto-tune y volúmenes maximizados no parece fácil que se abran hueco si cierran la puerta a las modas. Personalmente prefiero que se queden en el nicho que se han creado (y su sencillo de anticipo "Believe in love" de hace unos meses eso sugiere) y que se tomen el tiempo necesario para componer otra decena de canciones sólidas que nos retrotraigan a épocas en las que el hedonismo escapaba a la hegemonía anglosajona.
sábado, 24 de septiembre de 2016
Ladyhawke: "Wild things" (2016)
Aunque cueste creerlo, ya hace más de siete años que una nueva hornada de mujeres sacudieron el panorama musical internacional, reivindicando y a la vez actualizando conforme a su personalidad los sonidos de los ochenta. Florence + The Machine, Little Boots, La Roux, y la neozelandesa Ladyhawke comandaron esa pequeña revolución. Años después, sus carreras han seguido trayectorias dispares, y la de "Pip" Brown, que así se llama en realidad Ladyhawke tuvo, tras un prometedor comienzo con su homónimo álbum de debut, un bajón significativo con "Anxiety" (2012), su relativamente poco inspirada e instrumentalmente convencional última entrega hasta la fecha. A partir de ahí, mucho alcohol y una depresión profunda, de la que ha salido no hace mucho gracias a su matrimonio y a su nueva vida en Los Ángeles. Todo lo cual ha dado como resultado su álbum más luminoso, en el que Brown se ha encontrado a sí misma rebuscando en las raíces del techno-pop de los ochenta. Que aunque no es la primera vez que las revisita (baste recordar su "Dusk Till Dawn" de su álbum de debut), sí que se ha adentrado en ella con todas sus consecuencias.
Producido por Tommy English, "Wild things" es pues un álbum de pop hecho mayoritariamente sobre sintetizadores y programaciones, muy directo, sin apenas espacio para pasajes instrumentales, mayoritariamente optimista, muy homogéneo (quizá demasiado) y de un nivel medio muy saludable. Aunque tal vez le falte un tema estrella claro, la calidad del sonido sea tan sólo la justa (y eso a pesar de lo que dice la portada sobre las bondades de la tecnología utilizada) y sea tan apresurado (menos de 38 minutos para sus once canciones) que no cala tanto como podría a tenor de su buen nivel compositivo. Así que es necesario digerirlo en sucesivas escuchas para que cada tema crezca según su propia personalidad.
El disco lo abre "A love song", también primer sencillo. Una quizá cuestionable carta de presentación, porque aunque es un buen reflejo de lo que nos espera en el disco (canciones directas, atmósferas efervescentes, synth-pop adictivo), las estrofas son un tanto anodinas, y lo mejor del estribillo es curiosamente el sintetizador que rellena los compases no cantados. Más interesante es "The river", con sus guiños étnicos, la certera combinación entre guitarra y piano, su colorido, sus coros de reminiscencias neozelandesas y sus referencias a la naturaleza. "Wild things", tercer corte y el medio tiempo que da título al disco, juega a ser el tema estrella del mismo al ser su corte más largo y haber sido publicado también como segundo sencillo. Un rol que en mi opinión le queda un pelín grande, aunque sin duda es uno de los mejores momentos del álbum: su precioso comienzo en el que un órgano interpreta los acordes del estribillo (desgraciadamente recortados en el videoclip), el sintetizador que sustenta el tema toda la canción (más propio de Yazoo), una bonita estrofa, un mejor estribillo nuevamente con referencias tribales en su letra, y sobre todo el sintetizador que lo remata en algunas repeticiones, confirman que Ladyhawke ha dado con la tecla. "Let it roll" es un tema más rápido, con influencias New Wave en sus estrofas crudas y un tanto opacas, que sin embargo desemboca en un más armónico y efectivo estribillo.
Tras ese bajo sintetizado que marca el ritmo desde el inicio, "Chills" recuerda un tanto a "The river" en sus estrofas, pero el estribillo es un poco más flojo, aunque el intervalo musical que hace las veces de parte nueva es variado y está muy bien armonizado. "Sweet Fascination" es, con sus menos de cuatro minutos, el segundo tema más largo gracias a su principio sintético: un medio tiempo con un intervalo instrumental en su parte nueva acertadamente más largo que en el resto de temas y un agradable estribillo. "Golden girl", más rápida que la anterior, juega al despiste porque comienza con una guitarra acústica al frente, pero rápidamente la sustituye el mayor despliegue de sintetizadores estridentes de todo el disco hasta conformar otra canción agradable. De "Hillside avenue" podríamos decir que juega a ser el tema "diferente" del disco; no tanto en su propuesta, con otro sintetizador estridente remarcando cada verso de las estrofas y otro estribillo luminoso y adictivo, sino por ese ritmo directamente tomado del reggeaton, y su parte nueva a lo La Roux.
Dentro de un álbum sin momentos flojos, el tramo final es curiosamente el que en mi opinión ofrece mejor nivel. "Money to burn", sin comienzo instrumental y nuevamente con estrofas herederas de la New Wave, es la letra más mordaz del álbum sobre una amiga lesbiana, en especial en su cautivador estribillo ("You sold your heart to me, but you’re just a fool, a fool with money to burn"), aunque también aporta una parte nueva refrescante con una flauta sintetizada. "Wonderland" es mi tema favorito, quizá la progresión armónica más trabajada, sobre un loop de sintetizador adictivo, con unas estrofas que van creciendo conforme se acerca su certero y "guitarrero" puente, y que remata un precioso estribillo, coral en su repetición final. Y el cierre lo pone la meritoria "Dangerous", otra vuelta de tuerca del más que explotado sintetizador del "I feel love" de Donna Summer, que en el puente cambia de tonalidad y nos regala otro inspirado estribillo, realzado por la percusión más interesante de todo el disco y capas de sintetizadores que se van superponiendo.
Y con la misma celeridad con la que comienza el álbum simplemente se interrumpe, más que acaba. Lo que obliga a reposadas repeticiones que permitan ir extrayendo todas sus bondades. Que son muchas: salvando las distancias, me recuerda mucho al debut de La Roux, por estilo, homogeneidad, nivel medio y claro predominio de las partes vocales. Aunque me temo que entre la personalidad de la neozelandesa y la ausencia de un "Bulletproof" no va a tener la repercusión de aquél. Una pena, porque no va a haber muchos discos en lo que resta de temporada tan sólidos de principio a fin.
Producido por Tommy English, "Wild things" es pues un álbum de pop hecho mayoritariamente sobre sintetizadores y programaciones, muy directo, sin apenas espacio para pasajes instrumentales, mayoritariamente optimista, muy homogéneo (quizá demasiado) y de un nivel medio muy saludable. Aunque tal vez le falte un tema estrella claro, la calidad del sonido sea tan sólo la justa (y eso a pesar de lo que dice la portada sobre las bondades de la tecnología utilizada) y sea tan apresurado (menos de 38 minutos para sus once canciones) que no cala tanto como podría a tenor de su buen nivel compositivo. Así que es necesario digerirlo en sucesivas escuchas para que cada tema crezca según su propia personalidad.
El disco lo abre "A love song", también primer sencillo. Una quizá cuestionable carta de presentación, porque aunque es un buen reflejo de lo que nos espera en el disco (canciones directas, atmósferas efervescentes, synth-pop adictivo), las estrofas son un tanto anodinas, y lo mejor del estribillo es curiosamente el sintetizador que rellena los compases no cantados. Más interesante es "The river", con sus guiños étnicos, la certera combinación entre guitarra y piano, su colorido, sus coros de reminiscencias neozelandesas y sus referencias a la naturaleza. "Wild things", tercer corte y el medio tiempo que da título al disco, juega a ser el tema estrella del mismo al ser su corte más largo y haber sido publicado también como segundo sencillo. Un rol que en mi opinión le queda un pelín grande, aunque sin duda es uno de los mejores momentos del álbum: su precioso comienzo en el que un órgano interpreta los acordes del estribillo (desgraciadamente recortados en el videoclip), el sintetizador que sustenta el tema toda la canción (más propio de Yazoo), una bonita estrofa, un mejor estribillo nuevamente con referencias tribales en su letra, y sobre todo el sintetizador que lo remata en algunas repeticiones, confirman que Ladyhawke ha dado con la tecla. "Let it roll" es un tema más rápido, con influencias New Wave en sus estrofas crudas y un tanto opacas, que sin embargo desemboca en un más armónico y efectivo estribillo.
Tras ese bajo sintetizado que marca el ritmo desde el inicio, "Chills" recuerda un tanto a "The river" en sus estrofas, pero el estribillo es un poco más flojo, aunque el intervalo musical que hace las veces de parte nueva es variado y está muy bien armonizado. "Sweet Fascination" es, con sus menos de cuatro minutos, el segundo tema más largo gracias a su principio sintético: un medio tiempo con un intervalo instrumental en su parte nueva acertadamente más largo que en el resto de temas y un agradable estribillo. "Golden girl", más rápida que la anterior, juega al despiste porque comienza con una guitarra acústica al frente, pero rápidamente la sustituye el mayor despliegue de sintetizadores estridentes de todo el disco hasta conformar otra canción agradable. De "Hillside avenue" podríamos decir que juega a ser el tema "diferente" del disco; no tanto en su propuesta, con otro sintetizador estridente remarcando cada verso de las estrofas y otro estribillo luminoso y adictivo, sino por ese ritmo directamente tomado del reggeaton, y su parte nueva a lo La Roux.
Dentro de un álbum sin momentos flojos, el tramo final es curiosamente el que en mi opinión ofrece mejor nivel. "Money to burn", sin comienzo instrumental y nuevamente con estrofas herederas de la New Wave, es la letra más mordaz del álbum sobre una amiga lesbiana, en especial en su cautivador estribillo ("You sold your heart to me, but you’re just a fool, a fool with money to burn"), aunque también aporta una parte nueva refrescante con una flauta sintetizada. "Wonderland" es mi tema favorito, quizá la progresión armónica más trabajada, sobre un loop de sintetizador adictivo, con unas estrofas que van creciendo conforme se acerca su certero y "guitarrero" puente, y que remata un precioso estribillo, coral en su repetición final. Y el cierre lo pone la meritoria "Dangerous", otra vuelta de tuerca del más que explotado sintetizador del "I feel love" de Donna Summer, que en el puente cambia de tonalidad y nos regala otro inspirado estribillo, realzado por la percusión más interesante de todo el disco y capas de sintetizadores que se van superponiendo.
Y con la misma celeridad con la que comienza el álbum simplemente se interrumpe, más que acaba. Lo que obliga a reposadas repeticiones que permitan ir extrayendo todas sus bondades. Que son muchas: salvando las distancias, me recuerda mucho al debut de La Roux, por estilo, homogeneidad, nivel medio y claro predominio de las partes vocales. Aunque me temo que entre la personalidad de la neozelandesa y la ausencia de un "Bulletproof" no va a tener la repercusión de aquél. Una pena, porque no va a haber muchos discos en lo que resta de temporada tan sólidos de principio a fin.
sábado, 3 de septiembre de 2016
Bleached: "Welcome the worms" (2016)
Hace tiempo que no reseño en este humilde blog un disco de indie rock de toda la vida. Y es que en este panorama musical contemporáneo cada vez más tecnificado las formaciones clásicas de guitarra-bajo-batería con rabia más o menos contenida siguen perdiendo terreno. Más aún si vienen de Norteamérica. Y aunque hay bandas que puntualmente siguen dando en la diana con un tema concreto (me vienen a la memoria Sleater-Kinney y Best Coast como ejemplos recientes), conseguir la inspiración suficiente para entregar un álbum que aguante el tipo de principio a fin resulta cada vez menos frecuente. Por eso me complace reseñar hoy "Welcome the worms", el segundo álbum del trío femenino californiano Bleached, publicado el pasado mes de abril. Un álbum que supone una consolidación de su propuesta que no era fácil de predecir cuando publicaron hace tres años "Ride your heart", su un tanto anodino álbum de debut.
No es que "Welcome the worms" sea un álbum intachable. Sólo treinta y seis minutos en las mínimas diez canciones necesarias para que el potencial comprador no se sienta defraudado de inicio. Unas composiciones por otra parte no siempre igual de inspiradas, ya que tras un irreprochable primer tercio el disco pierde parte de su fuerza. Y la voz justita de Jennifer Clavin no permite demasiadas alegrías. Pero aguanta bien el tipo hasta el final, y enriquecen puntualmente la archiconocida fórmula instrumental con otros detalles en la línea de los mejores The Dandy Warhols, lo que permite escucharlo sin esfuerzo de principio a fin.
"Keep On Keepin' On" es una excelente forma de abrir el álbum: uno de los dos temas publicados en formato sencillo, se trata de uno de los mejores momentos del disco y de toda su carrera. Un tema largo, pleno de energía, poderoso, con una progresión armónica tremendamente elaborada que va enlazando y armonizando con notable acierto las distintas partes, una melodía correcta en el estribillo y mejor aún en las estrofas, y una correcta interpretación de todos los instrumentos. Le sigue "Trying to Lose Myself Again", más corta y también más cruda que la anterior, aun así muy elaborada compositivamente, con muchos compases instrumentales en las que las guitarras muestran toda su crudeza, y que curiosamente funciona aun sin un estribillo claramente definido. "Sleepwalking" es el tercer trallazo consecutivo, otra demostración de cómo construir un tema de rock directo y a la vez complejo compositivamente, esta vez con un estribillo definido y efectivo, y además unos intervalos instrumentales en los que Jessica Clavin se luce a la guitarra.
"Wednesday night melody", cuarto tema y segundo sencillo extraído, es un tema más lento durante la mayor parte de su duración y sin embargo igual de efectivo que los tres anteriores. Ese riff de guitarra al que le falta el último compás es una brillante forma de retrotraernos a las décadas gloriosas del rock y a la vez enganchar desde el comienzo, aunque luego no se limitan a repetirlo sin fin, sino que van desarrollando la canción con cambios de ritmo, estrofas con los cuatro compases, guiños al grunge de los noventa, un estribillo de pop casi colorista, una parte nueva en la que voz y guitarra interpretan las mismas notas, una letra sugerente... Pero es el último gran momento del álbum, a partir de ahí todo se mueve entre dos categorías: lo simplemente correcto y lo interesante sin llegar a brillante.
A la primera categoría pertenece "Wasted on you", el quinto corte: un tema de claras reminiscencias californianas, rápido y tarareable pero sin mayores sorpresas. A la segunda los dos temas siguientes: "Chemical air", que sin cambiar mucho el guión respecto a la anterior se beneficia de una parte nueva con una nueva progresión armónica que finaliza en un original solo de guitarra, para volver con habilidad luego al último estribillo; y "Sour candy", otro luminoso estribillo que culminan con un certero crescendo realzado sabiamente por un sencillo sintetizador. Y a la primera nuevamente "Desolate town", claro deudor de Nirvana con esas guitarras distorsionadas que repiten en estrofas e intervalos instrumentales una sencilla progresión armónico de acordes en quintas, aunque esa especie de segundo estribillo que empieza con "Choked on a daydreaming..." la lleva a un escalón superior en términos de complejidad compositiva.
"I'm All Over This Place (Mystic Mama)" es en mi opinión el último momento relevante del álbum: a partir de ese psicodélico comienzo que repetirán más adelante sabiamente realzado por un órgano Hammond, proponen unas interesantes estrofas construidas sobre un efectivo riff de guitarra, y a ello se añade una parte nueva en la que se atreven con una percusión diferente y varios efectos sonoros. "Hollywood, We Did It All Wrong" cierra el álbum con otro momento correcto, también de influencias californianas y que recuerda a Weezer al mezclar unas melancólicas frases en el estribillo con una melodía luminosa.
Bajo su aparente sencillez y convencionalismo, "Welcome the worms" esconde una riqueza compositiva sorprendente y un pulso continuo por mantener al melómano enganchado de principio a fin. Por ello creo que contiene argumentos suficientes para que Bleached asciendan de la segunda división del rock estadounidense. Veremos si lo consiguen.
No es que "Welcome the worms" sea un álbum intachable. Sólo treinta y seis minutos en las mínimas diez canciones necesarias para que el potencial comprador no se sienta defraudado de inicio. Unas composiciones por otra parte no siempre igual de inspiradas, ya que tras un irreprochable primer tercio el disco pierde parte de su fuerza. Y la voz justita de Jennifer Clavin no permite demasiadas alegrías. Pero aguanta bien el tipo hasta el final, y enriquecen puntualmente la archiconocida fórmula instrumental con otros detalles en la línea de los mejores The Dandy Warhols, lo que permite escucharlo sin esfuerzo de principio a fin.
"Keep On Keepin' On" es una excelente forma de abrir el álbum: uno de los dos temas publicados en formato sencillo, se trata de uno de los mejores momentos del disco y de toda su carrera. Un tema largo, pleno de energía, poderoso, con una progresión armónica tremendamente elaborada que va enlazando y armonizando con notable acierto las distintas partes, una melodía correcta en el estribillo y mejor aún en las estrofas, y una correcta interpretación de todos los instrumentos. Le sigue "Trying to Lose Myself Again", más corta y también más cruda que la anterior, aun así muy elaborada compositivamente, con muchos compases instrumentales en las que las guitarras muestran toda su crudeza, y que curiosamente funciona aun sin un estribillo claramente definido. "Sleepwalking" es el tercer trallazo consecutivo, otra demostración de cómo construir un tema de rock directo y a la vez complejo compositivamente, esta vez con un estribillo definido y efectivo, y además unos intervalos instrumentales en los que Jessica Clavin se luce a la guitarra.
"Wednesday night melody", cuarto tema y segundo sencillo extraído, es un tema más lento durante la mayor parte de su duración y sin embargo igual de efectivo que los tres anteriores. Ese riff de guitarra al que le falta el último compás es una brillante forma de retrotraernos a las décadas gloriosas del rock y a la vez enganchar desde el comienzo, aunque luego no se limitan a repetirlo sin fin, sino que van desarrollando la canción con cambios de ritmo, estrofas con los cuatro compases, guiños al grunge de los noventa, un estribillo de pop casi colorista, una parte nueva en la que voz y guitarra interpretan las mismas notas, una letra sugerente... Pero es el último gran momento del álbum, a partir de ahí todo se mueve entre dos categorías: lo simplemente correcto y lo interesante sin llegar a brillante.
A la primera categoría pertenece "Wasted on you", el quinto corte: un tema de claras reminiscencias californianas, rápido y tarareable pero sin mayores sorpresas. A la segunda los dos temas siguientes: "Chemical air", que sin cambiar mucho el guión respecto a la anterior se beneficia de una parte nueva con una nueva progresión armónica que finaliza en un original solo de guitarra, para volver con habilidad luego al último estribillo; y "Sour candy", otro luminoso estribillo que culminan con un certero crescendo realzado sabiamente por un sencillo sintetizador. Y a la primera nuevamente "Desolate town", claro deudor de Nirvana con esas guitarras distorsionadas que repiten en estrofas e intervalos instrumentales una sencilla progresión armónico de acordes en quintas, aunque esa especie de segundo estribillo que empieza con "Choked on a daydreaming..." la lleva a un escalón superior en términos de complejidad compositiva.
"I'm All Over This Place (Mystic Mama)" es en mi opinión el último momento relevante del álbum: a partir de ese psicodélico comienzo que repetirán más adelante sabiamente realzado por un órgano Hammond, proponen unas interesantes estrofas construidas sobre un efectivo riff de guitarra, y a ello se añade una parte nueva en la que se atreven con una percusión diferente y varios efectos sonoros. "Hollywood, We Did It All Wrong" cierra el álbum con otro momento correcto, también de influencias californianas y que recuerda a Weezer al mezclar unas melancólicas frases en el estribillo con una melodía luminosa.
Bajo su aparente sencillez y convencionalismo, "Welcome the worms" esconde una riqueza compositiva sorprendente y un pulso continuo por mantener al melómano enganchado de principio a fin. Por ello creo que contiene argumentos suficientes para que Bleached asciendan de la segunda división del rock estadounidense. Veremos si lo consiguen.
lunes, 8 de agosto de 2016
Más de 10.000 páginas vistas
Interrumpo en esta entrada mis habituales reseñas sobre lo más interesante que a mi juicio ha visto la luz en los últimos tiempos en el panorama musical internacional para dedicar una breve entrada a un hito de este humilde blog: la superación de las 10.000 páginas vistas. Y es que cuando hace un lustro lo creé como forma de seguir dando a conocer una de mis pasiones en unas circunstancias personales más complejas que de costumbre, nunca pensé que llegaría tan lejos en su difusión. Porque no se trata de un blog adscrito a ningún canal oficial, festival, publicación, plataforma o emisora. Porque rehúye la simplicidad de las propuestas comerciales actuales, pero rehúye también la revisitación a perpetuidad de las propuestas de hace dos o tres décadas, como si no hubiera ninguna otra fuente de creatividad entre ambas. Porque no se posiciona a favor de la música indie ni de la música mainstream (perdón por los anglicismos), sino que intenta rescatar propuestas interesantes en ambos mundos. Porque no lo promueve ningún ánimo de lucro, como lo prueba mi resistencia a incluir publicidad a pesar de las sugerencias que periódicamente genera la plataforma en la que lo publico. Porque reseña para un ámbito tan cerrado habitualmente como el español (y por ende el hispanoamericano) propuestas originadas en otras partes del mundo, desde Australia hasta Grecia pasando por Alemania. Y porque no hace un análisis simplista de lo que es "bueno" o lo que es "malo", sino que intenta argumentarlo recurriendo a conceptos que pueden resultar un poco arduos para el oyente medio, pero cuyo fin es enseñarle a descubrir más facetas en cada álbum o cada canción, y crecer así en su sensibilidad musical para disfrutar cada vez más de este a veces maravilloso mundillo.
Como una imagen vale más que mil palabras, para ilustrar esta entrada he seleccionado la evolución del número de visitas que mensualmente ha recibido "Pop Rock y Mas". Una evolución con altibajos dependiendo de la popularidad de las reseñas en cuestión (no es lo mismo reseñar a los Imagine Dragons que a los Voltaire Twins por ejemplo), pero con una tendencia claramente creciente a lo largo de los años, lo que demuestra que cada vez más un internauta que se haya tropezado tras una búsqueda en internet con una reseña del blog, ha pasado cada vez más tiempo otras entradas que le hayan podido interesar. Y que ha culminado el pasado mes de julio con el récord mensual de visitas.
Otro aspecto interesante es que a pesar de ser un blog escrito desde España y en español, la mayor parte de las visitas no proceden de España, sino de Estados Unidos. Lo que puede tener sentido si se piensa que la mayoría de artistas reseñados son de procedencia anglosajona, pero también pone de manifiesto que Estados Unidos se consolida como el segundo país del mundo con más hispanohablantes, claramente por encima de España y sólo por detrás de México. Más llamativos son los cientos de visitas recibidos de países alejados del idioma y la cultura españolas, como Ucrania, Alemania, y recientemente Rusia. Como también es interesante resaltar la alta difusión de entradas que no hablan de un álbum concreto de un artista, sino de reflexiones más genéricas como la evolución de la guitarra eléctrica o el autotune, o simplemente de las listas en las que anualmente selecciono las en mi opinión 20 mejores canciones del panorama internacional.
Desconozco cuánto tiempo seguiré añadiendo entradas a este blog, aunque si las circunstancias lo permiten no tengo intención de abandonar mi afición a la música contemporánea. Así que no sé decir a cuántas visitas llegará "Pop rock y más", pero sí espero que pueda seguir resultando interesante para todo el que se tropiece con él. Así que por aquí les espero. Y muchas gracias por toda la atención en estos cinco años.
Como una imagen vale más que mil palabras, para ilustrar esta entrada he seleccionado la evolución del número de visitas que mensualmente ha recibido "Pop Rock y Mas". Una evolución con altibajos dependiendo de la popularidad de las reseñas en cuestión (no es lo mismo reseñar a los Imagine Dragons que a los Voltaire Twins por ejemplo), pero con una tendencia claramente creciente a lo largo de los años, lo que demuestra que cada vez más un internauta que se haya tropezado tras una búsqueda en internet con una reseña del blog, ha pasado cada vez más tiempo otras entradas que le hayan podido interesar. Y que ha culminado el pasado mes de julio con el récord mensual de visitas.
Otro aspecto interesante es que a pesar de ser un blog escrito desde España y en español, la mayor parte de las visitas no proceden de España, sino de Estados Unidos. Lo que puede tener sentido si se piensa que la mayoría de artistas reseñados son de procedencia anglosajona, pero también pone de manifiesto que Estados Unidos se consolida como el segundo país del mundo con más hispanohablantes, claramente por encima de España y sólo por detrás de México. Más llamativos son los cientos de visitas recibidos de países alejados del idioma y la cultura españolas, como Ucrania, Alemania, y recientemente Rusia. Como también es interesante resaltar la alta difusión de entradas que no hablan de un álbum concreto de un artista, sino de reflexiones más genéricas como la evolución de la guitarra eléctrica o el autotune, o simplemente de las listas en las que anualmente selecciono las en mi opinión 20 mejores canciones del panorama internacional.
Desconozco cuánto tiempo seguiré añadiendo entradas a este blog, aunque si las circunstancias lo permiten no tengo intención de abandonar mi afición a la música contemporánea. Así que no sé decir a cuántas visitas llegará "Pop rock y más", pero sí espero que pueda seguir resultando interesante para todo el que se tropiece con él. Así que por aquí les espero. Y muchas gracias por toda la atención en estos cinco años.
martes, 2 de agosto de 2016
Marsheaux: "Ath.Lon" (2016)
Tras tres años sin editar un álbum con temas propios (en 2015 publicaron su revisión íntegra del álbum "A broken frame" de Depeche Mode), el dúo femenino formado por Marianthi Melitsi y Sophie Sarigiannidou han regresado hace unas pocas semanas con este "Ath.Lon", el sexto álbum de su carrera. En un momento muy relevante de la misma, ya que tras más de una década de actividad se han ido ganando poquito a poco un reconocimiento a nivel internacional muy difícil de conseguir para una banda de origen griego, hasta el punto de que como su título indica, buena parte de este disco ya se ha gestado y grabado en Londres (además de en Atenas). Además, su anterior álbum ("Inhale", que ya reseñé en este mismo blog) las consolidó como una banda capaz de entregar no sólo buenos temas sino también álbums completos, por lo que las expectativas de esta nueva entrega eran muy altas. Desgraciadamente el disco supone en mi opinión un paso atrás que les va a impedir ese gran salto que parecían a punto de dar, y quizá incluso pierdan por el camino parte de sus fieles seguidores.
Y es que una cosa es recrear en pleno siglo XXI el synthpop que triunfó en los ochenta, actualizando su sonido y orientándolo a las pistas de baile más indie, y otra distinta es retroceder tanto en la revisitación que dé la impresión que más que la inspiración se busca el homenaje explícito. Algo que por otra parte no está relacionado con ningún cambio en la composición de la banda, ni siquiera con sus colaboradores en la producción, los habituales y también griegos Fotonovela. Simplemente Marianthi y Sophie se han excedido en esa mirada al pasado, han ralentizado en exceso los bpms y han tirado de oficio para rematar algunas composiciones que probablemente no hubieran entrado en álbumes anteriores. Todo lo cual provoca que el resultado sea un disco irregular, que tarda mucho en despegar y no contiene ningún nuevo hallazgo que incorporar a sus "clásicos".
Es cierto que una de las mejores habilidades del dúo ha sido históricamente sacar partido a unos temas que desde el punto de vista compositivo eran en ocasiones relativamente sencillos, pero que con inteligencia en los arreglos y una instrumentación muy pulida resplandecían. Pero a nivel compositivo existe un mínimo con el que trabajar, que en mi opinión no alcanza el tema que abre el disco, "Burning": una canción que intenta ser intensa a lo Gary Numan, de ritmo sincopado, pero muy simple compositivamente y sin gancho alguno. "Like a movie" es el primero de esos homenajes a los que me refería, en este caso a sus admirados Orchestral Manoeuvres In The Dark, una melodía de pop limpia e interludios musicales presididos por un sintetizador típico en los mejores momentos los británicos, pero también con una cuestionable sensación naif y una producción lo-fi que la retrotraen demasiado en el tiempo. "Sunday" es la primera canción que llega al mínimo esperable para este álbum: sin ser una maravilla, ni tampoco un retorno a los ritmos rápidos y bailables que tanto han explotado en previos álbumes, es un tema sintético y envolvente que podría figurar en otros discos suyos más inspirados. "Wild heart" es el segundo obvio homenaje, en este caso a los New Order de "Power, corruption and lies", con ese arpegio de bajo enlatado a lo Peter Hook que lidera los intervalos instrumentales, y también con una melodía simple en su ramplón estribillo y una instrumentación extrañamente espartana para lo que es habitual en el dúo.
Al rescate viene "Now you are mine", que podríamos definir como el "mejor tema que han grabado los Depeche Mode en la última década", aparte de ser en mi opinión el mejor tema del álbum. Se nota que las griegas son fans de los británicos, y que apenas hace año y medio que versionaron íntegramente uno de sus álbumes, como comentaba antes. Aunque es cierto que su aportación bordea el "Never let me down again" de los británicos con su ritmo cadencioso, su caja sobredimensionada y su estructura análoga, no es menos cierto que es una acertada progresión armónica, que la melodía acompaña y que le dan su toque característico con ese cambio de notas con los mismos versos que hacen en el segundo estribillo. "Strong enough" sí suena a ellas mismas, y ese arpegio de teclado que imita a una voz sintetizada nos predispone para un trallazo de pop luminoso, pero falta un bombo en la mitad de los compases, un estribillo menos etéreo y una parte nueva más inspirada para llegar a ese nivel. "Safe tonight" es el tema escogido como sencillo de presentación y un nuevo homenaje a los The Cure de "Just like heaven", cuya progresión armónica principal calcan y expanden hasta ocupar todo el tema. Con lo cual el resultado es una buena canción, con una letra reconfortante aunque quizá con un estribillo un poquito "blando" y simple, pero que por supuesto no se acerca al mítico himno de Robert Smith. "Mediterranean" es otro tema interesante sin ser brillante, extrañamente lento, que va enganchando poco a poco y tiene como punto álgido unos intervalos instrumentales estratégicamente situados. "Let's take a car" recupera por fin a las Marsheaux desenfadadas, que no juegan a ser otros sino que se limitan a ser ellas mismas con un tema rápido, una letra hedonista y un buen estribillo. Lástima que la producción sea menos inspirada que de costumbre, en especial su sección rítmica más propia de hace un cuarto de siglo.
"The beginning of the end" es el cierre de la versión estándar del álbum, y también la balada del mismo. Un tema con mucho contraste entre las partes instrumentales (que emulan una sección de cuerda de atmósfera ominosa, y están muy conseguidas gracias a la sugerente progresión armónica) y las partes vocales (con una melodía no muy afortunada, de notas demasiado altas para las limitadas cualidades vocales de las griegas), por lo cual resulta extrañamente irregular. Un mejor cierre del álbum es "Butterflies", tema adicional en la mayoría de ediciones disponibles, que aunque pide a gritos más bpms para sacarle el máximo partido a la composición, al menos recupera una de las mejores virtudes del dúo: uno de esos estribillos irresistibles que llegan sin previo aviso. Existe una versión limitada del álbum con cuatro temas más, pero no he podido conseguirla hasta la fecha, por lo que no puedo decir si consiguen mejorar la impresión global del álbum. Que tras varias escuchas, sobre todo si nos saltamos los primeros cuatro cortes, cumple la papeleta. Pero desgraciadamente no brilla.
Y es que una cosa es recrear en pleno siglo XXI el synthpop que triunfó en los ochenta, actualizando su sonido y orientándolo a las pistas de baile más indie, y otra distinta es retroceder tanto en la revisitación que dé la impresión que más que la inspiración se busca el homenaje explícito. Algo que por otra parte no está relacionado con ningún cambio en la composición de la banda, ni siquiera con sus colaboradores en la producción, los habituales y también griegos Fotonovela. Simplemente Marianthi y Sophie se han excedido en esa mirada al pasado, han ralentizado en exceso los bpms y han tirado de oficio para rematar algunas composiciones que probablemente no hubieran entrado en álbumes anteriores. Todo lo cual provoca que el resultado sea un disco irregular, que tarda mucho en despegar y no contiene ningún nuevo hallazgo que incorporar a sus "clásicos".
Es cierto que una de las mejores habilidades del dúo ha sido históricamente sacar partido a unos temas que desde el punto de vista compositivo eran en ocasiones relativamente sencillos, pero que con inteligencia en los arreglos y una instrumentación muy pulida resplandecían. Pero a nivel compositivo existe un mínimo con el que trabajar, que en mi opinión no alcanza el tema que abre el disco, "Burning": una canción que intenta ser intensa a lo Gary Numan, de ritmo sincopado, pero muy simple compositivamente y sin gancho alguno. "Like a movie" es el primero de esos homenajes a los que me refería, en este caso a sus admirados Orchestral Manoeuvres In The Dark, una melodía de pop limpia e interludios musicales presididos por un sintetizador típico en los mejores momentos los británicos, pero también con una cuestionable sensación naif y una producción lo-fi que la retrotraen demasiado en el tiempo. "Sunday" es la primera canción que llega al mínimo esperable para este álbum: sin ser una maravilla, ni tampoco un retorno a los ritmos rápidos y bailables que tanto han explotado en previos álbumes, es un tema sintético y envolvente que podría figurar en otros discos suyos más inspirados. "Wild heart" es el segundo obvio homenaje, en este caso a los New Order de "Power, corruption and lies", con ese arpegio de bajo enlatado a lo Peter Hook que lidera los intervalos instrumentales, y también con una melodía simple en su ramplón estribillo y una instrumentación extrañamente espartana para lo que es habitual en el dúo.
Al rescate viene "Now you are mine", que podríamos definir como el "mejor tema que han grabado los Depeche Mode en la última década", aparte de ser en mi opinión el mejor tema del álbum. Se nota que las griegas son fans de los británicos, y que apenas hace año y medio que versionaron íntegramente uno de sus álbumes, como comentaba antes. Aunque es cierto que su aportación bordea el "Never let me down again" de los británicos con su ritmo cadencioso, su caja sobredimensionada y su estructura análoga, no es menos cierto que es una acertada progresión armónica, que la melodía acompaña y que le dan su toque característico con ese cambio de notas con los mismos versos que hacen en el segundo estribillo. "Strong enough" sí suena a ellas mismas, y ese arpegio de teclado que imita a una voz sintetizada nos predispone para un trallazo de pop luminoso, pero falta un bombo en la mitad de los compases, un estribillo menos etéreo y una parte nueva más inspirada para llegar a ese nivel. "Safe tonight" es el tema escogido como sencillo de presentación y un nuevo homenaje a los The Cure de "Just like heaven", cuya progresión armónica principal calcan y expanden hasta ocupar todo el tema. Con lo cual el resultado es una buena canción, con una letra reconfortante aunque quizá con un estribillo un poquito "blando" y simple, pero que por supuesto no se acerca al mítico himno de Robert Smith. "Mediterranean" es otro tema interesante sin ser brillante, extrañamente lento, que va enganchando poco a poco y tiene como punto álgido unos intervalos instrumentales estratégicamente situados. "Let's take a car" recupera por fin a las Marsheaux desenfadadas, que no juegan a ser otros sino que se limitan a ser ellas mismas con un tema rápido, una letra hedonista y un buen estribillo. Lástima que la producción sea menos inspirada que de costumbre, en especial su sección rítmica más propia de hace un cuarto de siglo.
"The beginning of the end" es el cierre de la versión estándar del álbum, y también la balada del mismo. Un tema con mucho contraste entre las partes instrumentales (que emulan una sección de cuerda de atmósfera ominosa, y están muy conseguidas gracias a la sugerente progresión armónica) y las partes vocales (con una melodía no muy afortunada, de notas demasiado altas para las limitadas cualidades vocales de las griegas), por lo cual resulta extrañamente irregular. Un mejor cierre del álbum es "Butterflies", tema adicional en la mayoría de ediciones disponibles, que aunque pide a gritos más bpms para sacarle el máximo partido a la composición, al menos recupera una de las mejores virtudes del dúo: uno de esos estribillos irresistibles que llegan sin previo aviso. Existe una versión limitada del álbum con cuatro temas más, pero no he podido conseguirla hasta la fecha, por lo que no puedo decir si consiguen mejorar la impresión global del álbum. Que tras varias escuchas, sobre todo si nos saltamos los primeros cuatro cortes, cumple la papeleta. Pero desgraciadamente no brilla.
lunes, 18 de julio de 2016
Garbage: "Strange little birds" (2016)
Los estadounidenses Garbage han retornado a la actualidad con "Strange little birds", el sexto álbum de su carrera, que ve la luz justo después de haber celebrado el vigésimo aniversario de su debut como banda. Un álbum que ha sido saludado por buena parte de la crítica precisamente como lo más similar a ese álbum de debut que han publicado hasta la fecha, el cual por otra parte supuso una pequeña revolución en el panorama de la música rock. Es cierto que "Strange little birds" tiene un sonido tan cuidado y una producción tan brillante como aquél, algo por otra parte habitual en la banda liderada por Butch Vig. Pero en mi opinión esas críticas obvian algo a lo que ya aludí cuando reseñé hace cuatro años ya "Not your kind of people", su anterior álbum: las canciones. Y es que por mucho que se domino un oficio, todos los artistas necesitan de la inspiración creativa para respaldar sus habilidades y trucos. Y aquí encontraremos menos temas inspirados aún que en su anterior entrega, y por supuesto muchos menos que en su álbum de debut. Así que el resultado es tan sólo de aprobado raspado.
No sólo eso: al álbum lo perjudican otros dos aspectos no del todo esperables: los vaivenes estilísticos y la aversión al riesgo en las interpretaciones vocales de Shirley Mason. Entiendo que a estas alturas de la carrera la banda entre al estudio sin otro interés que satisfacer sus inquietudes creativas, pero a pesar de la cohesión que aporta la elaborada instrumentación, el álbum resulta menos homogéneo de lo esperable, con "acelerones", "frenazos" y "salidas de estilo" que le impiden enganchar con regularidad al oyente. Y ya en la cincuentena, Shirley no arriesga en absoluto y mayoritariamente se limita a susurrar las melodías principales, lo que las desluce a menudo, aparte de doblarse sin reparos la voz siempre que debe destacar un poquito sobre el conjunto. Un último detalle es que algunas composiciones son realmente largas, aunque las habilidades como productores de Vig y compañía logran que siempre esté "sucediendo algo" y no sea tan perceptible el minutaje. Por el contrario, debo saludar que las letras en general abandonan el optimismo extremo que tanto abunda estos días y muestran otros sentimientos como el desamor, la vulnerabilidad o la apatía, y que las composiciones no han retrocedido tanto a los sesenta y setenta como por ejemplo hicieron en su flojo "Beautiful garbage".
El álbum se abre con "Sometimes", un buen ejemplo de ese vaivén estilístico al que aludía: envolvente, sí, y con una excelente percusión electrónica, pero muy lento, de melodía simplísima, sin apenas una composición real por detrás. "Empty", segundo corte, es la acertada elección natural como primer sencillo, ya que sin ser un temazo, suena a los Garbage "de toda la vida": rock con guiños a otros géneros, cascadas de guitarras distorsionadas, y unas acertadas estrofas y puente. Lástima que el estribillo baje un par de peldaños y le impida codearse con los mejores momentos de su carrera. "Blackout", tercer corte, es uno de los momentos álgidos del álbum a pesar de sus casi siete minutos, con su progresión armónica oscura en las estrofas y su ambiente crudo que recuerda a "Vow". Un puente largo y realmente salvaje y tiempo para riffs de guitarra en los intervalos instrumentales favorecen el resultado, aunque nuevamente Shirley abusa de las notas bajas en el estribillo. Con otro buen tema a continuación el álbum habría encadenado lo suficiente para enganchar, pero "If I Lost You" es una canción, además de lenta, de estrofas prácticamente inapreciables y estribillo dulzón, y al que su sonido atmosférico no logra sostener.
"Night Drive Loneliness" sí vuelve a sonar a Garbage, y además acelera un poco los bpms hasta situarse como un medio tiempo oscuro y de guitarras distorsionadas que saben enriquecer con su sonido personal (sobre todo en el estribillo final con notas ligeramente diferentes sobre los mismos versos) y que recuerda estilísticamente a su "You look so fine", aunque le falta un poco de la magia melódica de aquella. "Even Though Our Love Is Doomed" insiste en el minutaje amplio, el sonido oscuro, los textos pesimistas y los susurros de Shirley, y no termina de acelerar el tempo para sacar al disco de ese pozo tan peligroso en el que se ha introducido justo en su tramo medio, pese a su arsenal de detalles. Así que cuando "Magnetized" irrumpe con su bajo sintético y su percusión distorsionada y reverberada, actúa como un aliento de fresco. Si bien peca de un optimismo luminoso no muy en línea con el espíritu del álbum, tanto en su letra como sobre todo en su estribillo, siendo lo mejor del mismo el intervalo instrumental sobre el que Shirley declama lo que es a la vez el puente. Por lo cual es necesario llegar a "We Never Tell", también más poppy que el tono general del álbum pero más consistente que la anterior, con mejores arreglos y un doble estribillo perfectamente reconocible, para que el álbum finalmente recupere el pulso, cerca ya de su tramo final.
Un tramo que se abre con el tercer mejor momento del álbum: los seis minutos de "So We Can Stay Alive" son disfrutables de principio a fin, partiendo del mejor principio del disco sobre sintetizadores infecciosos, y el tremendo contraste de las dos guitarras distorsionadas que adornan las estrofas con los susurros de Shirley. El estribillo, además, es probablemente el mejor del disco, y el crescendo y los pitches a lo The Crystal Method que lo enlazan con las siguientes estrofas son originales y están muy logrados. Además de ese minuto instrumental sobre los acordes del estribillo en el que se les nota disfrutar. "Teaching Little Fingers to Play" es, además de la letra más sensual y hasta controvertida del álbum, un nuevo tema lento que vuelve a contrastar demasiado con la energía del corte anterior: una melodía que prácticamente empieza en la entrada en el estribillo, que por otra parte resulta tan anodino como todo lo demás. Y el álbum se cierra en la versión en CD con "Amends", otros seis minutos muy cadenciosos, con una instrumentación brillante que combina arpegios de guitarra y dubs originales, pero con una melodía repetitiva en las estrofas que la certera progresión armónica del estribillo y las dos codas vocales que introducen en dos tramos diferentes no compensan del todo (en la versión en vinilo el álbum se completa con "FWY (Fucking with You)", de nuevo una balada no del todo inspirada pero bien producida que perfectamente podría haber figurado en el tracklist original).
Tres buenas canciones y otras dos a las que se les va sacando la parte positiva en sucesivas escuchas son un bagaje un tanto escaso frente a casi media hora bastante lenta y derivativa. Por lo que el disco no les va a ganar nuevos adeptos, y con suerte les mantendrá el volumen de fans que todavía conservan a día de hoy. Lo que quizá después de veintiún años de trayectoria tampoco esté tan mal, ¿no creen?
No sólo eso: al álbum lo perjudican otros dos aspectos no del todo esperables: los vaivenes estilísticos y la aversión al riesgo en las interpretaciones vocales de Shirley Mason. Entiendo que a estas alturas de la carrera la banda entre al estudio sin otro interés que satisfacer sus inquietudes creativas, pero a pesar de la cohesión que aporta la elaborada instrumentación, el álbum resulta menos homogéneo de lo esperable, con "acelerones", "frenazos" y "salidas de estilo" que le impiden enganchar con regularidad al oyente. Y ya en la cincuentena, Shirley no arriesga en absoluto y mayoritariamente se limita a susurrar las melodías principales, lo que las desluce a menudo, aparte de doblarse sin reparos la voz siempre que debe destacar un poquito sobre el conjunto. Un último detalle es que algunas composiciones son realmente largas, aunque las habilidades como productores de Vig y compañía logran que siempre esté "sucediendo algo" y no sea tan perceptible el minutaje. Por el contrario, debo saludar que las letras en general abandonan el optimismo extremo que tanto abunda estos días y muestran otros sentimientos como el desamor, la vulnerabilidad o la apatía, y que las composiciones no han retrocedido tanto a los sesenta y setenta como por ejemplo hicieron en su flojo "Beautiful garbage".
El álbum se abre con "Sometimes", un buen ejemplo de ese vaivén estilístico al que aludía: envolvente, sí, y con una excelente percusión electrónica, pero muy lento, de melodía simplísima, sin apenas una composición real por detrás. "Empty", segundo corte, es la acertada elección natural como primer sencillo, ya que sin ser un temazo, suena a los Garbage "de toda la vida": rock con guiños a otros géneros, cascadas de guitarras distorsionadas, y unas acertadas estrofas y puente. Lástima que el estribillo baje un par de peldaños y le impida codearse con los mejores momentos de su carrera. "Blackout", tercer corte, es uno de los momentos álgidos del álbum a pesar de sus casi siete minutos, con su progresión armónica oscura en las estrofas y su ambiente crudo que recuerda a "Vow". Un puente largo y realmente salvaje y tiempo para riffs de guitarra en los intervalos instrumentales favorecen el resultado, aunque nuevamente Shirley abusa de las notas bajas en el estribillo. Con otro buen tema a continuación el álbum habría encadenado lo suficiente para enganchar, pero "If I Lost You" es una canción, además de lenta, de estrofas prácticamente inapreciables y estribillo dulzón, y al que su sonido atmosférico no logra sostener.
"Night Drive Loneliness" sí vuelve a sonar a Garbage, y además acelera un poco los bpms hasta situarse como un medio tiempo oscuro y de guitarras distorsionadas que saben enriquecer con su sonido personal (sobre todo en el estribillo final con notas ligeramente diferentes sobre los mismos versos) y que recuerda estilísticamente a su "You look so fine", aunque le falta un poco de la magia melódica de aquella. "Even Though Our Love Is Doomed" insiste en el minutaje amplio, el sonido oscuro, los textos pesimistas y los susurros de Shirley, y no termina de acelerar el tempo para sacar al disco de ese pozo tan peligroso en el que se ha introducido justo en su tramo medio, pese a su arsenal de detalles. Así que cuando "Magnetized" irrumpe con su bajo sintético y su percusión distorsionada y reverberada, actúa como un aliento de fresco. Si bien peca de un optimismo luminoso no muy en línea con el espíritu del álbum, tanto en su letra como sobre todo en su estribillo, siendo lo mejor del mismo el intervalo instrumental sobre el que Shirley declama lo que es a la vez el puente. Por lo cual es necesario llegar a "We Never Tell", también más poppy que el tono general del álbum pero más consistente que la anterior, con mejores arreglos y un doble estribillo perfectamente reconocible, para que el álbum finalmente recupere el pulso, cerca ya de su tramo final.
Un tramo que se abre con el tercer mejor momento del álbum: los seis minutos de "So We Can Stay Alive" son disfrutables de principio a fin, partiendo del mejor principio del disco sobre sintetizadores infecciosos, y el tremendo contraste de las dos guitarras distorsionadas que adornan las estrofas con los susurros de Shirley. El estribillo, además, es probablemente el mejor del disco, y el crescendo y los pitches a lo The Crystal Method que lo enlazan con las siguientes estrofas son originales y están muy logrados. Además de ese minuto instrumental sobre los acordes del estribillo en el que se les nota disfrutar. "Teaching Little Fingers to Play" es, además de la letra más sensual y hasta controvertida del álbum, un nuevo tema lento que vuelve a contrastar demasiado con la energía del corte anterior: una melodía que prácticamente empieza en la entrada en el estribillo, que por otra parte resulta tan anodino como todo lo demás. Y el álbum se cierra en la versión en CD con "Amends", otros seis minutos muy cadenciosos, con una instrumentación brillante que combina arpegios de guitarra y dubs originales, pero con una melodía repetitiva en las estrofas que la certera progresión armónica del estribillo y las dos codas vocales que introducen en dos tramos diferentes no compensan del todo (en la versión en vinilo el álbum se completa con "FWY (Fucking with You)", de nuevo una balada no del todo inspirada pero bien producida que perfectamente podría haber figurado en el tracklist original).
Tres buenas canciones y otras dos a las que se les va sacando la parte positiva en sucesivas escuchas son un bagaje un tanto escaso frente a casi media hora bastante lenta y derivativa. Por lo que el disco no les va a ganar nuevos adeptos, y con suerte les mantendrá el volumen de fans que todavía conservan a día de hoy. Lo que quizá después de veintiún años de trayectoria tampoco esté tan mal, ¿no creen?
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






