domingo, 23 de noviembre de 2014

Claire: The Great Escape (Bonus Track Version) (2014)

Antes que nada, y para aquellos lectores amantes de los detalles, debo señalar que aunque la versión "Bonus Track" de "The great escape" se publicó en junio del presente año, la primera versión del álbum que voy a reseñar hoy vio la luz en septiembre de 2013. En aquel momento no fui consciente de su publicación, y buceando en internet tampoco he sido capaz de encontrar el tracklist original, por lo que para mí lo que tiene sentido es reseñar la edición de 2014, con los 14 temas que lo conforman. Así que vamos allá.

Clarie es una de las bandas más interesantes que ha surgido en Alemania en los últimos años. Son originarios de Munich, y lo formaron un trío de jóvenes músicos y compositores que encontraron la vocalista perfecta en Josie-Claire Buerkle (participante en la edición alemana de "La voz"). Con un estilo que podríamos calificar de pop electrónico intemporal, enriquecido con toques de synth-pop, guiños indie y alguna reminiscencia hip-hop, son directos herederos de la tradición germánica de pop sintetizado y frío que marcaron artistas de los ochenta aún hoy recordados como Alphaville, Peter Schilling y especialmente Propaganda. Teniendo como principales elementos diferenciadores la versátil y cautivadora voz de Buerkle y el gusto por unos bajos sintéticos y sincopados situados siempre en primer plano, similares a los que encumbró el electro-clash hace algo más de una década. Pero sin hacer apenas guiños a las últimas tendencias en producción (ni auto-tunes, ni crescendos, ni bombos ultra-contundentes en cada beat, ni enriquecimiento a posteriori de todo el espectro de frecuencias...). De hecho, el álbum podría estar grabado perfectamente hace unos años, pues busca un sonido apto para todos los amantes del pop electrónico. Y algunos detalles como los overdubs de cajas de batería para recalcar la estructuración de algunas canciones, o el uso indisimulado de guitarras eléctricas en arpegios muy trabajados nos retrotraen claramente treinta años en el tiempo.

¿Y el contenido? Pues tratándose de un disco con tantas composiciones (los 14 temas son completos, no hay intros ni interludios), podríamos definirlo como irregular aunque brillante en suficientes ocasiones. Como en el tema que abre y el disco y uno de los tres sencillos que han publicado: "Broken promise land" es un tema que posiblemente les suene de algún anuncio televisivo, les muestra con esa frialdad tan germánica reforzada por una letra orientada en la misma dirección. Construido a partir de un bajo poderoso tan característico que recorre una inspirada progresión armónica, la voz de Buerkle sonando todo lo etérea de que es capaz, y una tamizada guitarra eléctrica reproducida al revés, es un tema cautivador y envolvente, al que sólo se le pueden cuestionar las voces masculinas sintetizadas con las que adornan su tramo final. "Games", segundo corte y otro de los tres sencllos, es un tema muy diferente, el mas bailable y cálido de todo el disco, como lo refleja ese ibicenco teclado que marca los acordes desde el inicio. Aunque parezca increíble, no es Florence Welch sino Buerkle la que canta, y de nuevo las voces masculinas que irrumpen a mitad del tema son lo más cuestionable de una bonita composición, bien realzada por el synclavier en los intervalos instrumentales tras los estribillos.

Los temas tercero al octavo, o lo que es lo mismo el grueso del álbum, son su tramo menos inspirado. Que empieza con la también fría y tremendamente representativa del estilo de la banda "Pioneers", que se queda cerca de ser recomendable sobre todo gracias a su sombría progresión armónica, sostenida por un bajo marca de la casa. Hay algún otro momento de nivel parecido ("Neon love", puro Propaganda, "You walk in beauty", con unas bonitas guitarras), pero también hay composiciones insulsas ("My audacity"), flojas ("Overdrive") e incluso aburridas ("Hallowed ground", demasiado lenta y con unas partes declamadas poco favorecedoras). Es un tramo muy largo para no tener ningún tema que realmente cautive, por lo cual cuando por fin llega "A million drums", el tema más genuinamente pop del disco, parece aún mejor de lo que es: otro bajo inconfundible, una progresión armónica luminosa en las estrofas adornada por un extraño arpegio de piano, una melodía muy sencilla repetida en todas las frases del estribillo y, realzándolo todo, una superposición de baterías y timbales que adoptan el ritmo de una marcha militar absolutamente irresistible.

El subidón dura poco, puesto que el tema que da título al álbum ("The great escape") es paradójicamente otro de los momentos más flojos del mismo, recurriendo inmediatamente a un poco armónico estribillo para sustentarlo. Afortunadamente "In two minds" remonta rápidamente el vuelo: una de las mejores baladas del año, que penetra hasta herirte poco a poco, con reminiscencias de Massive Attack en la producción y los silencios bien entendidos de Alt-J, y una fenomenal letra que Buerkle borda (doblándose las voces en momentos estratégicos). "Roll down run south" baja un poco el listón pero es otro momento álgido del disco, desde su comienzo con un teclado vocal más propio de los ochenta, hasta sus excelentes arreglos para dar entrada a un estribillo gélido pero demoledor. A "Resurrection" le falla que en realidad es un sólo un acertado estribillo (realzado con un piano house de toda la vida) alargado con efectos propios de la electrónica menos imaginativa. Y "The next ones to come", el tema que cierra el disco, aun siendo recomendable es el más flojo de los tres sencillos, ya que a pesar de unas meritorias estrofas y una instrumentación potente, está lastrado por una melodía en el estribillo demasiado simplona y unas partes declamadas que nada aportan, ambas influenciadas por el hip-hop más plano.

En resumidas cuentas, "The great escape" contiene suficientes momentos álgidos para no resultar decepcionante y muestra a Clarie como una banda solvente desde el punto de vista creativo. Les falta seleccionar un poco más el grano de la paja, y cuestionarse si quieren seguir sonando intemporales o adoptar un barniz más contemporáneo para así abarcar a un público más masivo. Veremos cómo evolucionan, si es que la involucración de Buerkle resiste su difusión claramente minoritaria.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Erasure: The violet flame (2014)

Cuando hace unos meses se supo que para su decimosexto álbum de estudio Vince Clarke y Andy Bell estaban trabajando con Richard-X, me ilusioné con que pudieran volver por fin a entregar un gran disco. Y es que siempre he sido un fan del dúo inglés, pero no me cuesta reconocer que desde su quinto álbum de estudio ("Chrous", 1991), no han sido capaces de publicar otra entrega del mismo nivel. El productor y compositor Richard-X, que lleva más de una década usando la electrónica para crear un pop personal, de texturas envolventes muy elaboradas, parecía una muy buena elección para sacar a Erasure de su rutina creativa, en la que cada disco es poco más que una excusa para una nueva gira en la cual revisar sus clásicos, con canciones en su mayoría justitas de inspiración y escasas de elaboración. Y más aún cuando se supo que Richard-X no sólo estaba produciendo "The violet flames", sino que estaba participando activamente en la composición de todos sus temas.

Desgraciademente el resultado no ha respondido a mis expectativas. De manera muy similar a la colaboración de Stuart Price con Pet Shop Boys en "Electric" (2013), que también se quedó a medio camino de lo que prometía, da la impresión de que durante las sesiones de "The violet flame" Richard-X no ha sido un miembro de pleno derecho a la hora de tomar decisiones, se ha plegado a los criterios del dúo, e incluso ha estado virtualmente ausente en algunos temas que suenan casi como de costumbre. No significa esto que se trate de un mal disco, pues resulta claramente más interesante que "Snow Globe", su álbum navideño de temas tradicionales y composiciones originales publicado el año pasado que ni siquiera me animé a reseñar en este blog (a pesar de contener algún tema interesante como "Make it wonderful"). Pero sí se trata de un disco escueto (10 temas solamente), muy lineal, con prácticamente la misma estructura en todos los temas, predominio absoluto de la parte vocal, ritmos binarios sencillos, y apenas espacio para la experimentación.

"Death of night", el tema que abre el disco, refleja perfectamente ese pop correcto, centrado en la parte vocal, bailable y sin pretensiones, pero la falta de un verdadero estribillo lastra el resultado. "Elevation", segundo corte y primer sencillo, sí refleja desde tímidamente esa superposición de capas sonoras tan característica de Richard-X, sobre todo en un comienzo más trabajado de lo habitual y en un estribillo que pretende trasladarnos esa sensación de elevación ("your love gets higher..."). Aunque no llega a la altura de sus clásicos, pues le falta un punto de inspiración. "Reason", tercer corte e inminente segundo sencillo, es en mi opinión el tema estrella del disco: más sencillo instrumentalmente hablando que el anterior, remata unas estrofas correctas con un bonito estribillo, que a partir de la segunda repetición desemboca en otro aún más cautivante segundo estribillo ("give a little love, I'm all out of it..."), que Clarke realza con unas sencillas notas de teclado que lo complementan sin calcarlo. Tras él, "Promises" es el segundo mejor tema del disco, construido sobre unas estrofas en las que Bell suena convincente dejando al descubierto sus heridas, en las que Clarke nos entrega la parte nueva más inspirada instrumentalmente hablando y en la que todo el conjunto queda rematado por un correcto estribillo.

Aquí finaliza el tramo más interesante del disco. Después del insulso "Be the one", el único tema lento del disco (¡qué lejos quedan los tiempos en los que las baladas eran uno de los puntos fuertes del dúo!), "Sacred", el tema favorito de Bell según sus propias palabras, recuerda poderosamente al pop colorista de "I say I say I say" (1994), en particular a "Miracle", pero con una melodía menos inspirada. El séptimo corte, "Under the wave", recuerda a su vez al electro-pop espartano y vitalista de su álbum de debut ("Wonderland", 1985), y es en mi opinión el tercer momento relevante del disco, con ese segundo estribillo a base de "Oh, ohs" que nos retrotrae tres décadas en el tiempo al inicio de su periodo glorioso. De ahí hasta el final, mas corrección que inspiración: "Smoke and mirrors" recupera esa vena épica que iniciaron en "Wild" con Crown of thorns", siendo el juego de voces de Bell lo más interesante. "Paradise" podría ser un descarte de "Tomorrow's world" (2011) por su ritmo machacón y sus tintes disco, pero un estribillo decente no es suficiente para recomendarlo. Y "Stayed a little late tonight" no es, a pesar de lo que su título parece anticipar, la típica balada para cerrar el álbum a la que ya han recurrido en muchas ocasiones, sino otro tema rápido instrumentado con lo justo, y del que sólo en el tramo final Richard-X da señales de vida, ya que para variar se cierra con cuarenta segundos instrumentales más que aceptables.

Es cierto que cumplir 30 años de carrera ininterrumpida ya es un logro, y que alcanzarlos con la publicación del decimosexto álbum de canciones originales poco menos que una hazaña. Además, "The violet flame" es superior al menos a los cuatro últimos discos de estudio de la banda ("Union Street", "Light at the End of the World", "Tomorrow's World" y "Snow Globe"), y contiene tres momentos que harán las delicias de sus incondicionales. Así que desde ese punto de vista el disco es un éxito. Lo que sucede es que si les hubiera pillado en un mejor momento de forma, este tándem con Richard-X debería haber propiciado uno de los mejores álbumes del año. Y a tanto no ha llegado.

martes, 21 de octubre de 2014

Alt-J: This is all yours (2014)

El retorno de los británicos Alt-J ha sido sin duda uno de los acontecimientos musicales del año. El antiguo cuarteto, ahora convertido en trío tras la marcha del bajista y guitarrista Gwil Sainsbury, fue una de las propuestas más personales y entonadas del año 2012, tal y como reseñé entonces en este mismo blog. Su tremenda repercusión a nivel de crítica, unida a una cantidad considerable de concierto que han dado desde entonces, ha ido aumentando gradualmente su notoriedad comercial. Y justo cuando ésta ha alcanzado su punto más alto, han publicado su segundo álbum. Un ejercicio que les engrandece en estos tiempos de artistas que, por las razones que sean, dejan transcurrir demasiados años entre su primer y segundo álbum, perdiendo el tirón mediático tan necesario para que su carrera musical no sea flor de un día.

Ante esta "premura" en la publicación de "This is all yours", el melómano podría preguntarse si lo han trabajado suficientemente o si por el contrario han publicado la primera colección de canciones que han creado para mantenerse "en la onda". Nuevamente en esto se distinguen de lo habitual, pues su segundo álbum es si cabe más elaborado y personal que "An awesome wave". "This is all yours" es un disco en el que, a pesar de la marcha de Sainsbury, las canciones siguen teniendo esa personalidad tan acusada y ellos ese talento a la hora de interpretarlas, en parte posiblemente gracias a que Charlie Andrew repite como productor. Y en el que, sin embargo, no optan por la vía fácil de la repetición, sino que expanden esa personalidad a otros géneros a los que hasta ahora no se habían arrimado, lo que hace de este segundo trabajo una entrega superior a su ya de por sí brillante álbum de debut. Aunque como es habitual requieren disposición y paciencia para ir descubriendo cada tema en sucesivas escuchas. Y siguen incidiendo en dos defectos que les restan cercanía con el mundo mainstream: la escasa vocalización de Joe Newman (si no tienen los textos a mano les resultará prácticamente imposible entender algún tema de principio a fin), y la manía de mezclar la siempre elaborada parte vocal demasiado baja: en su afán de que sea sólo un instrumento o un conjunto de instrumentos más, en ocasiones hay que subir el volumen hasta niveles perjudiciales para el oído si queremos escuchar medianamente dicha parte vocal. Un defecto, por cierto, que en directo queda subsanado, porque uno de los puntos fuertes de la banda son sus armonías vocales.

Copiando a su predecesor, el álbum se abre con una nueva "Intro" (mismo título que aquél, aunque nuevamente no se trata de una mera introducción sino un tema de casi cinco minutos) y que cumple con la virtud de trasladarnos desde el primer momento a su particular universo: unas extenuantes armonías vocales que conforme va modificándose la progresión armónica se van enriqueciendo con diversos instrumentos y, cuando ya pensamos que se acerca el final, dan paso a una distorsionadísima parte cantada. Le sigue "Arrival in Nara", que es el primero de los tres temas que intenta darle un toque conceptual al disco (Nara es una ciudad de Japón a la que le dedicarán otros dos temas): dos minutos introspectivos sobre un precioso arpegio de piano, que inusitadamente dan paso a la voz de Newman sobre un acertado violin sintetizado y una guitarra steel, en un ejercicio de minimalismo muy por encima del que, por ejemplo, suelen alcanzar The XX. "Nara", el tercer corte, ya les sitúa en la ciudad japonesa, y ello les sugiere un nuevo tema lento, con un comienzo tétrico y un tono general ominoso, en el que juegan con su particular estilo a añadir o quitar instrumentos en cada fraseo, además de juntar trozos aparentemente imposibles, o instrumentos en desusos como un xilófono.

Y si los tres primeros temas son ya francamente meritorios, "Every other freckle" se convierte automáticamente en uno de sus clásicos: a pesar de su desconcertante comienzo es bastante más directo que los anteriores (por eso es el tercer sencillo del álbum), con una sensualidad soul hasta ahora desconocida en ellos y condensa en menos de cuatro minutos una de serie de partes y armonías vocales inverosímiles, que rematan con un precioso solo de sintetizador. "Left hand free", siguiente tema y segundo sencillo, les arrima al blues del siglo XXI, conjugando percusiones imposibles con vientos sintetizados y aires jamaicanos, en un tema con mucha calidad aunque en mi opinión un escalón inferior al anterior. Tras el interludio bucólico (y prescindible) de "Garden of England", la difícil y de lento desarrollo "Choice Kingdom" evidencia que también hay composiciones menores en el disco. Aunque afortunadamente el álbum remonta el vuelo rápidamente con "Hunger of the pine", primer sencillo del disco. Un tema que les acerca al trip-hop de los Massive Attack más tenebrosos, con una fantástica atmósfera envolvente que desemboca en un sampling vocal de... Miley Cyrus (todo un guiño a contracorriente). Entonces la percusión crece de manera espectacular, al tiempo que una melodía elegantísima de voces que se cruzan es realzada por una inspirada interpretación instrumental. Un clásico incontestable.

El noveno corte, "Warm Foothills", uno de los temas que anticiparon en concierto ya en 2013, resulta claramente inferior a los anteriores por su folk escasamente novedoso, más allá de la origial interpretación de cada verso por un cantante diferente (además de Newman, puede escucharse por ejemplo a Conor Oberst (Bright Eyes) o Lianne La Havas). "The gospel of John Hurt", aunque demasiado larga, vuelve al nivel de sus tres primeros cortes, con su personalísimo estilo, que desemboca hacia la mitad del tema en pura energía rockera contenida, ahora sí con reminiscencias gospel. "Pusher", undécimo corte, es el tema en el que más cargante resulta la forma de cantar de Newman, bajando excesivamente el timbre entre notas, y también la peor composición del álbum, que pone claramente de manifiesto lo anodinos que se vuelven Alt-J cuando se quedan en un sonido meramente acústico, como de demo.

Afortunadamente el álbum aún reserva un tercer temazo: "Bloodflood pt.II", supuesta continuación de aquel excelente "Bloodflood" de su álbum de debut, es otro tema arrastrado de atmósfera desasosegante que recuerda musicalmente a los primeros Portishead. Y en el que realizan una nueva exhibición a la hora de yuxtaponer progresiones armónicas en una montaña rusa creativa siempre cambiante (es imposible reconocer partes que se repitan mínimamente). Tras él, "Leaving Nara" es un tema muy cortito, que cierra el círculo conceptual con unos bajos sintetizados absolutamente distorsionados y un juego de voces que resume muy bien el espíritu del disco. Aunque si tenemos la paciencia suficiente nos encontraremos oculta una meritoria versión del "Lovely day" del injustamente infravalorado Bill Withers, la cual llevan a su terreno mediante sus continuos juegos instrumentales con una naturalidad pasmosa.

Como ya expuse al reseñar su debut hace un par de años, vuelvo a tener la sensación de que la etiqueta de "álbum del año" le queda un poco grande: aunque se trata de un gran disco y con un plus de personalidad sobre, por ejemplo, el "Evil friends" de Portugal. The Man (para mí el mejor álbum en lo que llevamos de década), le sobran tres o cuatro temas y le falta algo más de la versatilidad que tenía aquél. Pero no deja de ser un incuestionable acto de autoafirmación, indemne a la marcha de Sainsbury, ajeno a la expectativa que se había creado en torno a ellos y con la suficiente inteligencia a la hora de elegir los sencillos como para enganchar por el camino a un montón inesperado de aficionados. Circunstancia que queda probada por el hecho de que un disco tan distinto a todo lo demás, tan alejado de las pistas de baile, y tan recitente al uso del patrón universal estrofa-estribillo-estrofa-estribillo-puente-estribillo, haya llegado hace unas fechas al número uno en su país. Una circunstancia que ojalá se repita en el resto del planeta pop, que tanto necesita de originalidad y talento interpretativo frente a más y más propuestas prefabricadas. Bravo, chicos, seguid así, el mundo es vuestro.

jueves, 9 de octubre de 2014

Grant Nicholas: Yorktown Heights (2014)

Quien siga con cierta regularidad este blog conocerá mi debilidad por los galeses Feeder, para mí sin duda una de las mejores bandas de rock en lo que llevamos de siglo. Cuando reseñé su último álbum ("Generation Freakshow") ya dejaba caer que esperaba que les quedaran siguiendo ganas de componer creaciones tras tantos años de carrera con una repercusión inferior a su creatividad y talento. Esa intuición quedó confirmada cuando hace unos meses el líder, cantante y compositor de la banda, Grant Nicholas, anunciaba que aparcaba temporalmente Feeder para iniciar su carrera en solitario. Una medida esperable en un creador cercano ya a cumplir 50 años. Así, hace casi dos meses vio la luz este "Yorktown Heights", un disco en el que no renuncia a su personalidad creativa, pero que sí que lo acerca a aguas poco transitadas por Feeder.

En el panorama musical es frecuente que los artistas que abandonan bandas con solera para iniciar carreras en solitario se vuelvan acomodaticios, menos motivados y por tanto entreguen obras mucho menos interesantes (Sting, Mark Knopfler, Roger Waters, Noel Gallagher... la lista sería prácticamente interminable). Obras que ocultan su menor calidad bajo la inquietante etiqueta de álbum "de madurez". Que en realidad se refiere a discos con temas más lentos (y más temas lentos), escaso riesgo, menor electricidad y electrónica, letras más serias, tonos vocales menos graves... Incluso a patinazos en toda regla, por intentar abarcar géneros que no dominan tanto como aquellos en los que ganaron prestigio. Por tanto, y a pesar de ser Nicholas el creador absoluto de Feeder, afronté con ciertas dudas las primeras escuchas de su debut en solitario. Dudas, hasta cierto punto, justificadas.

Porque efectivamente el álbum podría encajar en la etiqueta "de madurez": un disco que sin llegar a ser unplugged sí que se apoya mucho más en guitarras acústicas que cualquiera de los de Feeder, con muchos más temas lentos, con unas letras introspectivas y que destila una cierta desazón sobre la vida a estas alturas. Parámetros todos ellos que lo alejan de varias de las virtudes de su banda. A ellos hay que añadirle uno más: la edición más accesible del álbum está conformado por nada menos que 15 temas. Lo que aunque muestra la capacidad creativa de Nicholas también exige al melómano cierto esfuerzo: cuando los parámetros por los que transitan las 15 canciones están conscientemente constreñidos, la posibilidad de variación entre ellos es menor, y 15 temas son sin duda demasiados. No obstante, las dudas son sólo justificadas en parte, porque el álbum es digerible de principio a fin y tiene varios momentos recomendables.

Para aclararle las expectativas al potencial oyente, el álbum se abre con el tema que lo ha dado a conocer. "Soul mates" parte de un arpegio de guitarra acústica y sobre él Nicholas propone una melodía introspectiva con una voz menos forzada de lo habitual (una constante en todo el álbum) y propone un viaje a dúo con el oyente por las nuevas sendas de la madurez. Es un tema con un toque folk, con reminiscencias sesenteras, correcto y agradable pero que deja con la un tanto preocupante sensación de "¿así va a ser todo?". Así que aunque el segundo corte ("Hitori", posiblemente un guiño al bajista de Feeder, Taka Hirose, de origen japonés) podría pasar por un medio tiempo descartado por la banda, interpretado con menos electricidad y una producción más simplista, su nivel solamente correcto merma definitivamente las esperanzas de sus seguidores.

De manera que lo mejor es no juzgar el álbum como un todo, sino intentar separar los momentos correctos de los brillantes. Por esa razón podemos obviar la lenta y ligeramente folk "Tall trees", y fijarnos solamente en el estribillo de "Robots", uno de los temas con más fuerza del álbum. Así llegamos al quinto corte y primero realmente de nivel: "Vampires" se basa en una guitarra acústica doblada que ejecuta una excelente progresión armónica con diversas partes perfectamente armonizadas, y una melodía que sin estar a la altura de los mejores momentos de Nicholas, cumple. Aunque para convertirse en un clásico de su repertorio tal vez le falte crecer un poco conforme avanza; en ese sentido es un tanto plana. La cortita y muy cercana al Paul McCartney más acústico "Good fortune lies ahead" deja paso a la solamente correcta y rocosa "Joan of Arc", que Nicholas ejecuta en uno de los tonos más graves que nunca ha utilizado. "Hope" tiene un estribillo que es puro Feeder, y una parte nueva recomendable, pero el resto del tema no raya a la misma altura. Así que el segundo momento digno de elogio es "Isolation", una balada rockera con una de las letras más tristes e introspectivas del disco, que podría haber firmado Noel Gallagher, muy directa y para variar con unas guitarras eléctricas que refuerzan su contendencia en el estribillo.

"Broken resolutions" es uno de los momentos más psicodélicos del disco, con el vibratto de su mellotron como elemento más destacable, aunque el resto del tema no llama la atención. Afortunadamente "Time stood still" es, además del segundo sencillo, el tercer momento recomendable del disco: Nicholas vuelve a los terrenos que mejor domina con una melodía luminosa en las estrofas, un puente perfecto, y un estribillo irresistible, realzado por unos reconocibles coros, un punteo de guitarra muy original y una batería elaborada. "Father to son" vuelve a la senda más adulta y por tanto menos inspirada, aunque posiblemente sea el tema mejor producido del disco gracias a la variedad y originalidad de sus detalles. "Counting steps" podría pasar desapercibida a pesar de su voz doblada y su certera letra, pues su estribillo cuestionable y su homogeneidad le restan atractivo... hasta que Nicholas nos sorprende con una coda emocionante, que da sentido a los tres minutos anteriores. "Silent in space" es el quinto y último tema que recomiendo: podría pasar por una composición de la época de "Comfort in sound", gracias a su excelente progresión armónica en las estrofas, que crea una melodía elegante y perfectamente armonizada con el estribillo más bonito del disco. La acertada producción, liderada por los puntos de la acerada guitarra eléctrica, y una letra muy acertada con referencias al espacio exterior hacen el resto.

El álbum se cierra volviendo a su senda principal con "Safe in place", una canción muy intimista cuya melodía sigue el fraseo de la guitarra en las estrofas, y deviene un estribillo correcto sin más. Lo que confirma que lo mejor de este disco nos lo entrega Nicholas cuando opta por ser abiertamente el mismo y contiene su afán de arrimarse a otros ámbitos en los que se desenvuelve con correción pero sin magia. Con una mejor selección de temas (15 son demasiados), una mejor ubicación de los mejores momentos (la mayoría están en la segunda mitad, y muchos en el tramo final) y algo más de naturalidad a la hora de hacer crecer ciertos temas, "Yorktown heights" podría haber sido un muy buen disco, y no un disco correcto con algunas muy buenas canciones. Porque con artistas que como Nicholas tienen talento para componer, el puñado de grandes canciones se da ya por supuesto. Aunque se agradece.

viernes, 12 de septiembre de 2014

Marsheaux: Inhale (2013)

La entrada de hoy ha venido determinada por uno de mis amables lectores, que a raíz de la reseña que hice del más que interesante segundo álbum de los griegos Fotonovela hace unas cuantas semanas, quería saber más de la banda con la que más han colaborado: Marsheaux. Vale recordar que dos de los cortes de "A ton of love" contaban con la colaboración en la composición y en la interpretación del dúo femenino griego de música electrónica. Y no sólo eso, sino que Nikos Bitzenis y Giorgios Geranios son los productores habituales y a menudo colaboradores en las actuaciones de Marsheaux. Una simbiosis que lleva años funcionando a las mil maravillas, como lo prueba el último álbum de estudio de las griegas, "Inhale", el cuarto de su carrera, que vio la luz hace aproximadamente año y medio.

Lo que más sorprenderá a todo aquel que no conozca la obra de Marianthi Melitsi y Sophie Sarigiannidou es la calidad de su sonido: habitualmente las entregas del panorama independiente adolecen de una grabación poco pulida, cuando no directamente amateur. No es el caso de Marsheaux: Fotonovela son unos maestros a la hora de elaborarles una atmósfera sonora rica y compleja, que llena con nitidez e inteligencia todas las frecuencias del espectro. A ello hay que añadirle un sonido contemporáneo pero alejado de las modas, rico en matices, deudor de las grandes bandas del techno-pop de la primera mitad de los 80 (O.M.D., A Flock Of Seagulls, The Human League...) y con una sorprendente capacidad para ir enriqueciendo sus temas conforme avanzan. Además, tanto Marianthi como Sophie cantan todos sus temas en inglés, con una pronunciación más que correcta y unos textos no exentos de cierta complejidad. Todo lo cual provoca que el resultado es un producto que no tiene nada que envidiar a las más fastuosas producciones mainstream.

Aunque todo eso por sí solo no las haría una banda recomendable; su creatividad es la que ha sostenido toda su carrera, en especial su olfato a la hora de elaborar estribillos pop irresistibles. En este "Inhale" hay unos cuantos: el primero en el tema con el que se abre: "Self control" es un tema bailable sin ser discotequero, con los sintetizadores muy bien superpuestos para crear ese sonido infeccioso deudor como tantos otros del "I feel love" de Donna Summer, unas estrofas correctas sobre acordes mayores y un estribillo formidable: tanto que, usando la misma letra, se permiten jugar con las notas de su melodía, siendo las de los dos últimos diferentes a las de los dos primeros. "Secret place" es otro gran tema, construido sobre una única progresión armónica de nada menos que ocho acordes, que bordea el Canon de Pachelbel sin llegarlo a calcar, y que empieza de modo intimista para ir enriqueciéndose con nuevos instrumentos conforme avanza, aunque manteniendo siempre ese tono dulce y evocador, y de nuevo con el detalle de proponer dos estribillos totalmente diferentes para coronar cada una de sus dos estrofas.

"Inhale", tercer corte además de tema que da título al álbum y único sencillo oficial del mismo, las transporta a otros terrenos más cercanos a los que por ejemplo transitan las británicas Client, con quienes se las compara a menudo: un tema con una energía más rockera, más oscuro y contundente, aunque no por ello inferior a los anteriores gracias a otra lograda producción armónica, una certera producción, un sonido construido con sintetizadores pero menos sintético y una melodía más simple pero eficaz. El cuarto tema, "To the end", no se queda a la zaga, partiendo de un precioso bajo sintetizado que recrea otra inspirada producción armónica, recurriendo a una instrumentación más espartana que va penetrando poco a poco, con guiños a otras épocas como el discreto vocoder, entregando otro estupendo estribillo y cerrando en su tramo final con un precioso arpegio sintetizado. Y "Come on now" es una mezcla entre Ladytron y Client, con la energía densa de los primeros y el tenebrismo de las segundas. Además, otra vez se permiten enriquecer la melodía, que cambia completa entre la primera y la segunda estrofa, al igual que lo hacen lo que supuestamente son los estribillos, en un nuevo derroche de creatividad. Y lo hacen con la mejor interpretación vocal (dentro de sus solamente correctas cualidades vocales).

Por lo reseñado hasta ahora podría parecer que me equivoqué no designando a "Inhale" como el mejor álbum de 2013. Desgraciadamente la segunda mitad del álbum mantiene la buena instrumentación y mejor producción, pero con menos inspiración en la composición: "Alone" tiene la frialdad domesticada de los Depeche Mode de estos últimos años, pero no termina de despegar, siendo lo más interesante el minuto instrumental final, con unos sonidos muy bien escogidos. "Never stop" se arrima a los Dubstar más electrónicos, pero se las nota un tanto forzadas (especialmente en su altivo estribillo). "August day" es la "balada" del disco, una composición con una atmósfera etérea y la elegancia de A Flock of Seagulls, un montón de partes y cambios de melodía, pero sin ningún tramo que realmente enganche, aunque los pasajes finales se queden cerca. Y "Over and over" está construida sobre una base de puro electroclash, pero su melodía susurrada y un tanto recurrente hace que sólo las partes instrumentales sean reseñables.

Afortunadamente la última composición nueva del disco (puesto que el álbum se cierra con una larga remezcla de "Can you stop me?" de su anterior disco, una decisión cuestionable) es otra maravilla: "End is a new start" es posiblemente mi tema favorito. Una canción que empieza como una caja de música inocente, pero que en seguida da paso a otro sintetizador electrizante que explota una melodía luminosa de puro pop que nos cuenta una historia de fracaso convertida en optimismo (lástima que la segunda estrofa repita los versos de la primera). Hasta llegar a un excepcional estribillo, que introduce un par de acordes inesperados para provocar el subidón, y que inteligentemente repiten sólo una vez, dejando ganas de más. Una certera forma de acabar dejando un estupendo sabor de boca.

En definitiva, para aquellos seguidores de este blog sin prejuicios sobre la procedencia de los artistas y su grado de profesionalidad, Marsheaux será sin duda un gran descubrimiento. Y la confirmación (por si quedaban dudas) de que en cualquier parte del mundo podemos encontrar inspiración y talento.

viernes, 8 de agosto de 2014

La Roux: Trouble in paradise (2014)

El caso de La Roux ha sido un ejemplo extremo de una situación bastante común estas últimas temporadas: artistas que se ganan a la crítica y al público con sus álbumes de debut y que luego dejan transcurrir un tiempo enorme hasta que por fin entregan el siempre difícil segundo álbum. Se trata de un ejemplo extremo porque ninguno de los artistas englobados en esta categoría y reseñados hasta ahora en este humilde blog (Delphic, Little Boots, Polly Scattergood) alcanzaron la popularidad de LaRoux. Pero también porque ninguno ha tardado la friolera de cinco largo años en darle continuidad. Tiempo que sin embargo se traduce en tan sólo 9 canciones y apenas 42 minutos, lo mínimo imprescindible para considerarlo una segunda entrega "seria". Eso es lo que dura este "Trouble in paradise", cuyo título parece escogido a propósito para reflejar la situación por la que ha atravesado la banda en este lustro.

Y es que LaRoux ya no es un dúo, sino el proyecto en solitario de Elly Jackson. Ben Langmaid, el enigmático segundo miembro, co-compositor y co-productor de su excelente álbum de debut pero que se negaba a participar en conciertos y giras, abandonó el grupo en 2012 después de un par de años de fallidos intentos por componer las canciones que conformarían este segundo disco, y aduciendo diferencias musicales con Jackson. A pesar de lo cual cinco de los nueve temas de "Trouble in paradise" pertenecen a esas incompletas sesiones creativas del dúo original. Ante esta situación y la falta de material suficiente el álbum ha ido sufriendo varias cancelaciones en su fecha de publicación, hasta que a principios de 2014 Jackson confirmó que había escrito suficientes temas para completarlo, y el ingeniero Ian Sherwin, que ya trabajó en su primer álbum, se estaba encargando de colaborar en la composición y co-producirlo.

El inconveniente de tantos "problemas en el paraíso" es que la personalidad de la banda se ha visto sensiblemente afectada. Sobre todo en su sonido, que ya no es tan homogéneo y reconocible como antes, con ese predominio absoluto de esos sintetizadores computerizados, casi de videojuegos, que tan bien arropaban las brillantes progresiones armónicas de sus primeros temas, a los que se contraponía la estridente voz de Jackson. Ahora el sonido es más ecléctico, más cálido, con más instrumentos convencionales (aunque sin dejar de lado la electrónica), y con una Jackson más impersonal en sus interpretaciones (da la impresión de que los problemas vocales que arrastró durante la apoteósica gira en 2010 de la banda le han llevado a disminuir conscientemente el timbre, aun manteniendo el rango vocal). Si a eso le añadimos que Sherwin no ha estado muy afortunado en la ingeniería (los instrumentos no suenan del todo nítidos, ni a menudo llenan convincentemente todo el espectro auditivo), parecería que este fuera su álbum de 2009, y "La Roux" el álbum grabado este 2014.

Todo ello explica que estemos ante un disco que queda lejos de las excelencias de su debut y que probablemente va a suponer para la banda un bajón comercial y artístico del que no sabemos si se repondrá. Hay que reconocerle no obstante a Elly su empeño en mantener el proyecto, pues en los nueve temas ella hace prácticamente todo (letras, voces, sintetizadores, guitarras, baterías programadas, percusión, hasta piano). Y también que es un disco de pop digno, con un nivel medio razonable y algún momento heredero de sus mejores tiempos. Aunque el supuesto tema estrella, "Uptight downtown" con el que se abre el álbum y uno de los firmados también por Langmaid, no es en mi opinión uno de ellos: intenta recuperar la contundencia y la inmediatez de "In for the kill" con instrumentos reales, pero no deja de ser un ritmo simplón, una progresión armónica sin inspiración, y un estribillo insulso que entra sin previo aviso. ¿Para esto cinco años, se preguntarán algunos?

Afortunadamente en el álbum hay momentos de mayor calidad. El primero de ellos es "Kiss and not tell", también co-escrito por Langmaid y que sí es un digno heredero de ese pop luminoso, juguetón e inmediato con el que deslumbraron en su debut, como lo pone de manifiesto el alegre teclado que comienza y lidera sus tramos instrumentales (si bien Jackson insiste en emplear instrumentos más orgánicos como la guitarra y el Hammond). "Cruel Sexuality" es un tema con una melodía bonita pero deslucida por una mala digestión de bajo real que no sigue los acordes en las estrofas y que es reemplazado por un sintético bajo trotón en las demás partes (el resultado casi parece una demo). "Paradise Is You", cuarto corte y tercero co-escrito por Langmaid, es un tema lento agradable pero que se aleja de las baladas que hasta ahora conocíamos de la banda, más convencional en la instrumentación, expansivo en su desarrollo y en el que Elly juega la baza de la superposición de interpretaciones vocales para crear pasajes envolventes.

"Sexotheque", cuarto corte co-escrito por Jackson y Langmaid, es otro de los grandes momentos del álbum: nuevamente pop luminoso, pero realzado por la mejor letra del disco (un tira y afloja entre una pareja en la que ella quiere asentarse y él seguir frecuentando los locales de sexo), y un estribillo contagioso, optimista, basado en una preciosa progresión armónica, de los que perdura: tan cómoda se siente Jackson cantándolo que hasta juega con las notas del mismo en el tramo final. "Tropical Chancer" es otra de esas canciones que da la impresión de haber sido publicada sin haberse terminado de trabajar (la percusión electrónica es realmente sencilla, el cambio de caja cada 16 compases una obviedad). Aunque resulta interesante por ese intento de hacer convivir instrumentos electrónicos con ambientaciones tropicales y un estribillo resultón. "Silent partner" recuerda por su bajo sintetizado y por el despecho por el que canta Jackson las estrofas a "Bulletproof", pero el estribillo queda muy lejos de su tema más emblemático, y los dos minutos finales de puro y sospechoso relleno nos retrotraen al tramo final de muchos maxi-singles de los años 80, esa década tan reivindicada por la banda.

Llegamos así al octavo corte, último firmado a medias por el antiguo dúo, y utilizado como sencillo de presentación del disco hace un par de meses: "Let me down gently". Para mí es el verdadero temazo del disco, y no sólo porque su sonido sea (ahora sí) "100% La Roux", sino porque es una composición inspirada (progresión armónica y melodía principal), muy bien interpretada (ahora también) por Jackson, y sobre todo inteligentísimamente producida, pues va creciendo de simple balada a medio tiempo, y de ahí a tema bailable a la vez que gana en intensidad y mantiene el dramatismo, y en cuyo tramo final un precioso saxofón pone la guinda. Tras lo cual "The feeling" solamente cumple como tema de cierre: una vez más la percusión simplona y la armonización de instrumentos un tanto cuestionable afectan al resultado, aunque la interpretación en falsete de Jackson y un estribillo decente salvan el conjunto.

Resumiendo, 6 temas entre lo ligeramente anodino y lo ligeramente por encima de la media y 3 dignos de mención especial (todos ellos firmados por el dúo original). Lo cual hace pensar qué será de LaRoux en el futuro si ninguno de los temas sin Langmaid entran en la segunda categoría. De todas formas supongo que esa pregunta tardará en tener respuesta, pues ahora bastante tiene Jackson con defender el álbum y de esa forma la viabilidad de su proyecto. Que ya no es tan fascinante, aunque sí aún suficientemente recomendable en medio del encefalograma plano de la música comercial de 2014.

domingo, 13 de julio de 2014

Fotonovela: A ton of love (2013)

A lo largo de los tres años de existencia de este humilde blog he presentado temas y álbumes de artistas británicos, estadounidenses, australianos, españoles, franceses... Es la primera vez sin embargo que reseño un álbum de unos artistas griegos. Sin duda Grecia es un país relativamente alejado de los circuitos musicales internacionales, pero no por ello al margen de las tendencias más importantes. Es el caso de la revisión de los años 80 en general y del techno-pop en particular, el estilo que cohesiona el segundo álbum del dúo Fotonovela (escrito así, en español), que vio la luz el pasado mes de diciembre. La banda de Nikos Bitzenis y Giorgios Geranios ya era conocida por haber remezclado a algunos de los tótems del género como The Human League o Pet Shop Boys, pero sobre todo por haber producido las últimas entregas del dúo femenino griego Marsheaux, posiblemente la banda más interesante de aquel país y que ya ha merecido de sobra una entrada en este blog.

Más alejado de las pistas de baile que su álbum de debut, este "A ton of love" es un álbum de vocalistas invitados. Lo cual en general suele ser complicado de conjugar con un disco homogéneo y disfrutable en toda su extensión, dadas las particularidades de cada vocalista, el momento y el lugar en el que se compone y se graba cada tema, etc. No es el caso de este "A ton of love", y esa sorpresa es la que me ha animado a reseñarlo y recomendarlo en este blog. Cada uno de los once temas de este equilibrado álbum se centra en ese pop con sonido contemporáneo pero alejado de los clics más habituales de las radiofórmulas, que a la vez rinde tributo al techno de la primera mitad de los ochenta: canciones todas ellas con una sección vocal completa, con partes claramente diferenciadas, una duración siempre contenida y un amplio abanico de emociones.

El álbum se abre con "Big Black Hole", con intervención vocal precisamente de Marsheaux: un medio tiempo agradable, susurrante, sintético, con un ritmo original y bien producido que, en su tramo final y sin previo aviso, resplandece cuando empieza aquello de las "Bad things...". Le sigue "Our Sorrow", con James New de los extintos Mirrors en la parte vocal: otro medio tiempo cuya melodía es un claro tributo a O.M.D., agradable aunque tirando a melosa. El nivel sube de nuevo con "Justice", uno de los momentos álgidos del álbum a pesar de su letra repetitiva, en la que Sarah Blackwood de Client y Dubstar se encarga de la parte vocal: por momentos recuerda al sonido Client con sus frecuencias bajas obsesivas y sus excelentes estrofas oscuras, coronadas por un estribillo decente. "Arrows", con Jon Beck de la nueva promesa británica Echoes, baja un poco el listón a pesar de sus bonitos arpegios de guitarras y de un tramo instrumental final muy bien trabajado.

"Clean state", el quinto corte, otro momento álgido, está brillantemente interpretada por Beth Cassidy, ahora vocalista de los veteranos y recientemente resucitados Section 25, y es un recomendable tratado de pop intimista y emotivo, en la línea de los momentos más pop de los islandeses Múm. En "Romeo & Juliet" repite James New, en esta ocasión con un tema algo menos luminoso y para mi gusto, ligeramente superior a "Our sorrow" aunque sigue sin ser de los más destacados. "Freeze Frame" es otro de los momentos más interesantes: con Kid Moxie (o lo que es lo mismo, la también griega aunque afincada en California Elena Charbila) en la parte vocal, se trata de un tema con percusión de aroma africano, un efectivo bajo sintetizado y una cautivadora frialdad en las estrofas y el estribillo que a mí me trae a la memoria los mejores momentos de Propaganda. "Heartful of Nothing" está interpretada por Daryl Smith del para mí desconocido dúo They Go Boom!!, y lo cierto es que nuevamente se trata de un estupendo tema con unas armonías preciosas, muy en la línea de los Erasure de los 90, y que Nikos y George van haciendo crecer con una habilidad innegable.

En el tramo final repiten dos artistas: Marsheaux con "Close To Me", otro tema en el que ponen de manifiesto su absoluta sintonía con Nikos y George a la hora de hacer un synth-pop contemporáneo de calidad, rematado por el subidón que provoca el mejor estribillo del álbum, muy en la línea del italo disco de mediados de los 80; y Sarah Blackwood con "Beautiful", que en esta ocasión toma como referencia su etapa en Dubstar para interpretar con solvencia un tema rápido y con unos cambios de tonalidad muy interesantes en la entrada al estribillo y en el propio estribillo. El álbum se cierra con "Love without Fear", la colaboración con Patrick Donohoe de Claps, un tema rápido que aunque mantiene el estilo global del disco y recuerda vocalmente a los Thompson Twins, tiene algún detalle más contemporáneo y baja un escalón con respecto a los mejores momentos del álbum a causa de una melodía un tanto forzada.

Pero a pesar de este tipo de detalles, y a la ausencia de un tema estrella claro, la impresión que perdura en el melómano es la de un álbum solvente, que revisita sonidos y estilos de muchos de los artistas de la época dorada del género con respeto y más talento que por ejemplo el sobrevalorado debut de Chvrches, el cual ya reseñé en este mismo blog. Esperemos que el dúo repita y no sea flor de un día, pues creatividad les sobra.

Translate