martes, 1 de enero de 2013

Feeder: Generation Freakshow (2012)

Hace cerca de año y medio reseñé en este mismo blog el anterior álbum de los galeses Feeder ("Renegades"). Y ya entonces comentaba que, sin ser ni mucho menos un gran álbum, se trataba de una sana terapia de desintoxicación comercial por vía rockera que probablemente les permitiría volver a entregar álbumes más del gusto del gran público, con sus conocidas guitarras acústicas, arreglos orquestales y medios tiempos. "Generation freakshow" es la confirmación de que mi diagnóstico fue acertado. Con lo que yo no contaba es que sólo fueran a necesitar año y medio para ofrecérnoslo.

De hecho, ése es seguramente el principal defecto del disco: la falta de sorpresa. Si esperábamos algún medio tiempo más, a cambio nos encontramos un par de temas con nervio suficiente para haber formado parte de "Renegades". Pero por lo demás todo transcurre sin altibajos. Y eso, unido a la ausencia de algún tema con verdadero tirón comercial y unos arreglos que tienden a uniformizar las distintas canciones más de lo deseable, explica las menores ventas de "Generation freakshow" frente a sus álbumes de hace unos años.

Aunque debo señalar los tres sencillos de este disco son irreprochables: "Borders", segundo corte y primer sencillo, es un tema típico de Grant Nicholas, con unas agradables estrofas, una acertada entrada y un estribillo disfrutable, pero sin una personalidad especial. "Children of the sun", último corte y segundo sencillo, es una balada excelente, muy a lo Noel Gallagher, con sus acordes menores, sus enérgicas guitarras y un estribillo coreable remarcado por un estupendo teclado, pero sin ningún guiño a las modas actuales. Y "Idaho", tercer corte y tercer sencillo, es un tema potente a la vez que melódico, con un contundente riff para rematar el estribillo, pero que en vez de bombos distorsionados o loops elecrónicos recurre a una simple pandereta para reforzar los estribillos.

Lo bueno del disco es que hay otros muchos temas reseñables: "Oh my", el corte que abre el álbum, es un estupendo tema de rock melódico, con unos originales teclados, en el que Nicholas canta a dos voces una emotiva letra sobre una chica en proceso de desintoxicación. "Hey Johnny", el cuarto corte, es una introspectiva composición con una excelente progresión armónica, aunque una melodía un poquito entrecortada. "Quiet", el quinto corte, es un precioso tema acústico en el que Nicholas canta a medio voz una melodía delicada, capaz de emocionar al más insensible. "Sunrise", el sexto corte, es otra excelente progresión armónica, arreglada con unas guitarras distorsionadas y una original batería...

Curiosamente hay que esperar hasta el tema que da título al álbum (séptimo corte) para que el listón baje un poco. Pero aún hay temas inspirados: "Tiny minds", un tema ruidista muy del estilo de su "Tumble and fall" con una melodía poppy, la disfrutable "Headstrong", que por sus bits per minute y contundencia guitarra hubiera debido figurar en "Renegades", y la ligeramente folkie "Fools can't sleep", con Grant cantando a dos voces y otro inspirado estribillo. E incluso un tema acústico oculto al final ("Sky life").

En resumen, no tienen gran prensa, ni un tirón comercial exagerado, ni su rock tiene un sonido a la moda. Pero se han sabido regenerar en tiempo récord y han recuperado una inspiración difícil de encontrar en la gran mayoría de los álbumes de este 2012, entregando su mejor álbum desde "Comfort in sound" (2003). Así que sólo espero que les sigan quedando ganas de componer nuevas canciones, pues a pesar de los años siguen siendo una de mis debilidades en el mundo del rock. Y confío en que, si aún no lo son, se conviertan en la de algunos de Vds.

lunes, 24 de diciembre de 2012

Imagine Dragons: Night visions (2012)

Ahora que el 2012 se acerca a su fin debemos empezar a pensar que no ha sido este 2012 un año de grandes revelaciones: tanto en el terreno comercial como en el meramente creativo la mayoría de los nombres de referencia han sido ya viejos conocidos. Quizá uno de los nuevos artistas que han aunado éxito de crítica y público sean los estadounidenses Imagine Dragons, que tras un par de EPs han debutado en formato álbum con este "Night visions" hace unas cuantas semanas.

Originario de Las Vegas, Imagine Dragons es un cuarteto liderado por Dan Reynolds, un cantante de talento y registro versátil. Y es que a semejanza de sus paisanos The Killers, es un grupo difícil de encasillar, pues su pop-rock se acerca a diversas corrientes, dando lugar a un álbum siempre correcto, a menudo disfrutable y en alguna ocasión sorprendente. Un cóctel que parece haber sido del agrado del público estadounidense, pues el disco alcanzó hace un par de meses el puesto número 2 en la lista de álbumes.

El cuarteto no sólo compone todos los temas, sino que los produce mayoritariamente en solitario, aunque el toque innovativo lo pone el productor británico Alex Da Kid. Como en el tema que abre el disco: "Radioactive", quizá su sencillo más conocido. Un tema de atmósfera opresiva, letra apocalíptica, estrofas inspiradas y una instrumentación arriesgada entre loops reproducidos al revés y bombos distorsionados. O en "Bleeding out", el noveno corte, un tema desgarrado, con una progresión armónica muy lograda, una melodía certera y sintetizadores sincopados.

Aunque lo que predomina son las buenas canciones con una instrumentación actual pero más convencional, que recuerdan a varios de los artistas de referencia en la música del siglo XXI. "It's time", tercer corte del álbum, recuerda a Travis por su arpegio de banjo y su estribillo elegante. "Demons" es un tema lento más propio que Coldplay (Reynolds incluso adopta a veces el tono de voz de Chris Martin). "Amsterdam" tiene unas guitarras acuosas que recuerdan a la última época de Chris Walla en Death Cab For Cutie. Y "Hear me" puede pasar por uno de los temas más oscuros y guitarreros de la primera época de The Killers.

Otros temas también acertados suenan tan sólo a ellos mismos. Tal es el caso de "Tiptoe", el segundo corte, que comienza con una ambientación oscura, para ir desplegando un acertado diálogo entre guitarra y teclado sobre una original batería y coronado por una bonita melodía. O de "On top of the world", un tema más acústico cuyo comienzo festivo ha sido usado en una campaña publicitaria, pero que es también un estribillo redondo y tarareable. E incluso del tema que cierra el disco, la melancólica "Nothing left to say", con su órganos envolviéndonos en sus acordes menores.

Eso sí, hay algún tema un poco más flojo ("Every night", un medio tiempo quizá excesivamente convencional, "Underdog" y sus "sintéticos" aires caribeños). Pero la sensación que queda al terminar al disco es que estamos ante un esfuerzo loable por crear verdaderas canciones y lograr que suenen contemporáneas. Como en tantos álbumes de debut, habrá que esperar al trascendente segundo álbum para ver si les acompaña suficientemente la inspiración. Y para que opten por un sonido algo más definido y personal. En apariencia, mimbres tienen para ser una de las grandes bandas de los próximos años.

domingo, 2 de diciembre de 2012

El rápido auge del autotune como instrumento de referencia de la música contemporánea

Sin duda la entrada de mas éxito hasta ahora de este blog ha sido la relativa a la lenta muerte de la guitarra como instrumento de referencIa de la música contemporánea. Reflexionando a posterori sobre la misma he intentado encontrar qué instrumento la había desplazado en las preferencias de público, arreglistas y productores. El sintetizador me parecía una elección demasiado vaga y obvia, pues lleva ya cuatro décadas entre nosotros y su definición se presta a diferentes interpretaciones. Lo que realmente está desplazando a la guitarra es el autotune (y sus imitaciones): actualmente apenas hay temas de éxito que prescindan de él.

El origen del autotune se encuentra en el famoso vocoder, un analizador y sintetizador de voz creado en los años 30 y que introducido por Kraftwerk en su mítico Autobahn (1974) se popularizó en los 80 como un truco original para dar a las voces una textura robótica. Era una técnica ingeniosa, adecuada a la explosión de la electrónica en la música de aquella época. Pero durante casi una década quedó en el olvido, como tantos efectos visuales de los video-clips de aquel entonces que hoy nos parecen trasnochados.

Hasta que en el año 1998 una diva en el ocaso de su carrera (Cher) decidió adentrarse en la música de baile, y para ello recurrió a los productores Mark Taylor y Brian Rawling. Éstos optaron por recurrir al autotune, la evolución/actualización del olvidado vocoder, para jugar con la melodía vocal de "Believe". El éxito fue tan arrollador que otros muchos productores y artistas (desde los Beastie Boys hasta Daft Punk) se lanzaron inmediatamente a copiar la idea, en una espiral que ha llegado hasta nuestros días. ¿Los motivos?

Por supuesto la mejor adaptabilidad de una voz alterada electrónicamente a una instrumentación electrónica, logrando el ideal largo tiempo deseado de que la voz humana sea un instrumento con las mismas posibilidades de post-procesamiento que cualquier otro (Madonna es un claro ejemplo desde hace casi 20 años). Pero también por otro hecho incuestionable pero mucho más preocupante: su capacidad para ocultar deficiencias de afinación en la interpretación de los cantantes.

De hecho, el fabricante de autotune (Antares Audio Technologies) presenta su producto como un procesador de audio para corregir el tono en ejecuciones vocales (también instrumentales). La armonización que ofrece está pensada para incrementar la calidad musical de las partes vocales sin que sea evidente que el canto ha sido procesado. Eso sí, llevada al extremo con fines creativos produce una alteración en los tonos (precisos y de cambio rápido, en especial si se aplican sólo a unas cuantas notas definidas de una melodía vocal) que da lugar a los onmipresentes efectos a los que antes aludía. Pero es crucial reseñar que, aunque nuestro oído humano no sea capaz de detectarlo, su uso como corrector de tono es poco menos que universal.

Gracias al autotune podemos escuchar como, por ejemplo, un cantante tan limitado vocalmente como Enrique Iglesias es capaz de adornar los tramos finales de sus canciones con unos llamémosles (para entendernos) gorgoritos que luego es incapaz de reproducir sin desafinar en cualquier interpretación en directo. Y lo mismo aplica para buena parte de los artistas que triunfan en nuestros días, desde Britney a Rihanna. Incluso su uso y abuso justifica la ploriferación en los últimos años de artistas cuyo punto fuerte es precisamente su interpretación vocal (piénsese en el caso de Adele).

Como ya he tenido oportunidad de justificar en este blog, he sido y seré un defensor del empleo de la electrónica en la música. Y lo mismo aplica para los procesadores de audio como autotune. Ahora bien, en los últimos tiempos resulta refrescante escuchar interpretaciones que no abusen de este efecto tan de moda, aunque no tengo claro que su influencia vaya a desaparecer a medio plazo. Y lo que es más importante: hoy más que nunca es necesario recurrir a la videografía en directo de los cantantes de música contemporánea para realmente tener una idea de sus cualidades vocales: es la única forma de que no nos den "gato por liebre".

martes, 20 de noviembre de 2012

Cat Power: Sun (2012)

La reina indiscutible del indie norteamericano, Chan Marshall (más conocida como Cat Power) por fin ha encontrado el sonido que tantos años llevaba buscando. Transcurridos 6 años desde su último disco de canciones nuevas (el correcto pero excesivamente convencional "The greatest") "Sun" supone una meritoria vuelta de tuerca en su carrera. Y que además confirma que riesgo y reconocimiento pueden ir unidos de la mano, pues el disco no sólo ha sido top ten en su país, sino también en Francia, Suiza, Bélgica...

Para poder lograr ese sonido tan personal, Marshall ha optado por reducir al mínimo el número de colaboradores: produce todos los temas, y salvo la guitarra, el piano y el bajo en "Cherokee" y "Ruin", toca todos los instrumentos. Un esfuerzo extra que probablemente explique la tardanza en la publicación de "Sun", pero que evidencia su incuestionable talento musical no sólo como compositora, sino también como instrumentista. Además, ha abrazado con habilidad los sintetizadores y demás instrumentos electrónicos, pero no para subirse al carro de las modas, sino para lograr un sonido contemporáneo que no por ello deja de lado su pop-rock-soul-folk tan característico.

Eso sí, tan loable esfuerzo en la instrumentación ha impactado más de lo deseable en las composiciones: hay un innegable abuso de una única progresión armónica en la mayoría de los temas, y con frecuencia la melodía vocal de los mismos es difusa, a veces incluso forzada (me imagino que, problemas vocales aparte, de ahí el recurso a cantar a dos tonos casi todas las frases del disco, lo que le resta espontaneidad y afea la impresión sobre sus cualidades vocales).

Ahora bien, durante los cuatro primeros temas la sensación es que estamos ante un álbum irrepetible: "Cherokee" es una excelente carta de presentación, con su melancólico arpegio de piano, sus aditamentos electrónicos y su opresiva letra ("Bury me, marry me to the sky..."), ; "Sun" es un tema atmosférico, envolvente, una estupenda metáfora de nuestra estrella; "Ruin" es una maravillosa superposición de pianos... que se detienen justo para dar paso un enérgico estribillo rockero y hasta bailable; y "3, 6, 9" es una sensacional progresión armónica sobre la que Marshall construye un medio tiempo de puro soul sensual con una instrumentación y unos juegos de voces personalísimos.

La lástima es que a partir del quinto corte el nivel baja bastante. Aún hay un par de buenos momentos ("Real life" es un tema oscuro y un tanto corto sobre un colchón de sintetizadores con efectos trémolo y "Silent machine" es un tema no del todo aprovechado construido a partir de un potentísimo riff de guitarra, una doble percusión y un interludio cacofónico de voces), pero en general son temas sin inspiración, que fluctúan entre lo anodino ("Always on my own", "Human being"), lo simplón ("Manhattan") y lo directamente fatigoso (esos ¡10 minutos! de "Nothin' but time" con dos únicos acordes y una desafinada colaboración vocal del completamente acabado Iggy Pop).

En definitiva, es una pena que falten 2 o 3 temas más de talento, porque podríamos haber estado hablando no de un buen disco sino del álbum del año y de la consagración definitiva a nivel mundial de una artista que lleva muchos años ya en la carretera. Con todo, esperemos que sus problemas de salud, su alcoholismo y sus dificultades económicas (acaba de cancelar su gira europea) no le impidan seguir por esta línea en un futuro: la senda abierta lo merece.

lunes, 29 de octubre de 2012

The Killers: Battle Born (2012)

Superar "Day and age" (2008) se antojaba una misión imposible para el cuarteto de Las Vegas. Con su eclecticismo, su derroche creativo y su toque comercial, fue el álbum que confirmó a The Killers como uno de los (pocos) supergrupos del panorama musical a nivel mundial. Probablemente abrumados por la cota de excelencia que alcanzaron, han tardado 4 largos años en volver con un álbum de nuevas canciones, tiempo que han dedicado en su mayoría a proyectos independientes. Al final, y como era de esperar "Battle born" no supera a "Day and age", pero lo que es sorprendente es que estamos sin duda ante la peor entrega de su carrera.

Aparte de la responsabilidad a la que acabo de aludir, es probable que también haya influido en el resultado final la diversidad de productores con la que han trabajado: mientras que en "Day and age" Stuart Price extrajo lo mejor de ellos, en "Battle born" sólo produce un tema, la decepcionante "Miss Atomic Bomb", muy alejada del sonido contemporáneo que cabría esperar. Otros productores del disco con más peso en el álbum son Steve Lillywhite, Daniel Lanois y Brendan O'Brian: productores todos ellos con un sonido más bien añejo, con recursos e ideas un tanto superadas. Y cuya influencia se traduce en una pátina de rock "gastado", excesivamente americano, en ocasión deudor de los U2 de hace casi 30 años, en otras palabras, poco más que un batiburillo mal digerido de instrumentos convencionales y sintetizadores de última generación... Sólo Damian Taylor aporta la esperable dosis de contemporaneidad en los dos únicos temas realmente dignos de mención del álbum: "Flesh and bone" y "Deadlines and commitments".

"Flesh and bone" podría haber sido perfectamente un descarte de última hora de "Day and age", pero aquí es la única manera de que al menos el comienzo del disco mantenga el tipo: es una buena progresión armónica, sobre la que Brandon canta estupendamente una bonita melodía en las estrofas. Aunque ciertamente la melodía del estribillo es mejorable, por la excesiva disociación entre los coros que repiten "Flesh and bone" y lo que canta Flowers, y la parte nueva es poco menos que un pegote, especialmente por el uso de una instrumentación completamente al magen del tema. Y "Deadlines and commitments" contiene la mejor interpretación vocal de Brandon, casi en falsete, unas estrofas oscuras y una segunda parte del estribillo sensible y pegadiza.

¿Y eso es todo? Pues casi. Porque aquí no hay ningún temazo que combine calidad y dosis comerciales: ni un "Mr. Brightside", ni un "Read my mind", ni mucho menos un "Human". Y es que el sencillo de presentación, "Runaways", estaba destinado a naufragar en las listas con sus guiños a Bruce Springsteen y sus arreglos ya superados. Pero hay temas aún más flojos: baladas insulsamente convencionales ("Here with me", "Be still"), o medios tiempos olvidables ("Battle born"). Aunque casi disgusta más escuchar canciones que apuntaban a grandes momentos pero que se quedan a medio camino ("The way it was", con unas logradas estrofas y un bonito arpegio en las guitarras, pero con un estribillo grandilocuente y vacío, o "The rising of the tide", que recuerda a la energía rockera de "Hot fuss" (2004), pero con otro estribillo más propio de vacas sagradas del rock venidas a menos).

Como colofón, resulta curioso que el para mí al menos tercer momento interesante del álbum (sin ser tampoco una maravilla), sea uno de los dos temas nuevos incluidos en la Deluxe Edition: "Carry me home" merecía mejor suerte, pues es uno de los pocos temas en los que tradición y modernidad conviven acertadamente (ese bajo sintetizado en las estrofas es la mejor prueba, aunque su estribillo es también menos histriónico que el de otros muchos cortes del disco).

En definitiva, estamos ante un claro candidato a mayor decepción del año. Tiene pinta de que en cuanto pasen unos pocos meses más, será un disco del que renegarán abiertamente. Y esperemos que enderecen pronto el rumbo: han puesto seriamente en peligro su status de megaestrellas. Y quizá (esperemos que no) incluso su propia continuidad como banda.

sábado, 13 de octubre de 2012

Pet Shop Boys: Elysium (2012)

Los incondicionales de Pet Shop Boys están de enhorabuena en este 2012. Apenas hace medio año de la publicación de "Format", su segunda recopilación de caras B y descartes de álbumes ya reseñada en este mismo blog, cuando reaparecen con su nuevo álbum de estudio, el undécimo de su carrera. Un disco grabado en Los Ángeles bajo la producción de Andrew Dawson (Kayne West, Jay-Z...) y que se aparta del pop artificial y un tanto impersonal del fallido "Yes" (2009), buscando un sonido más clásico y reconocible.

Si se fijan he usado el gerundio "buscando" en lugar del deseable "consiguiendo", porque sin ser un mal álbum, "Elysium" es irregular, muy poco arriesgado y una nueva confirmación de que en los últimos 15 años (desde "Bilingual") el dúo británico ha sido incapaz de entregar un disco realmente redondo. Además, la participación del mencionado Dawson dista de ser espectacular: básicamente se ha limitado a potenciar la parte vocal de Neil Tennant (que tiene la voz doblada en dos o incluso más tonos en la mayor parte de los temas), y a potenciar una instrumentación relativamente poco tecnológica (especialmente evidente en las baterías, mucho más simples de lo habitual en Pet Shop Boys) y un cierto aroma añejo.

El álbum se abre con "Leaving", segundo sencillo y estupendo reflejo de lo que nos espera: un disco agradable, pausado, sin excesivas pretensiones. Aunque probablemente en otras épocas de mayor creatividad este tema no hubiera pasado de ser un tema más del álbum. Le sigue la monótona "Invisible", mal ubicada dentro del disco, por su larga duración y su lentitud, y con una progresión armónica demasiado simple. Así, cuando llega "Winner", primer sencillo y tercer corte, su luminosidad es muy de agradecer. Lo que lastra a este tema y le ha impedido convertirse en un éxito masivo son sus arreglos demasiado convencionales y su letra ingenua (y un tanto oportunista en plenos J.J.O.O. de Londres). Pero si nos abstraemos de estos aspectos sin duda se trata de una excelente composición, con una progresión armónica muy superior a la inmensa mayoría de los temas que se componen hoy en día, y que puede apreciarse en toda su magnitud en la versión instrumental que acompaña a la edición Deluxe.

Le sigue "Your early stuff", un tema muy corto y prescindible, cuyo único interés es su letra irónica y reflexiva. Sensiblemente superior es "A face like that", que recrea a propósito el estilo disco de sus primeras composiciones hace 30 años, con detalles tan evidentes como un bajo a lo "Opportunities" o una percusión electrónica a lo "Paninaro". Lástima que Neil no haya estado demasiado inspirado a la hora de adaptarle una melodía a la composición de Chris.

A continuación viene otro tema lento, la acústica y olvidable "Breathing space". "Ego music", el siguiente corte, es el tema más cínico y arriesgado del disco, con una letra excelente y una música no del todo lograda, más propia de una cara B experimental que de este disco pretendidamente convencional. "Hold on" adapta una pieza clásica de George Frideric Handel, y pone en evidencia que la música contemporánea no siempre logra digerir esta clase de composiciones, pues el resultado es realmente flojo. Tras ella, "Give it a go" remonta ligeramente el vuelo gracias a un estribillo correcto, aunque en conjunto recuerda demasiado a la atmósfera del desafortunado "Release" (2002).

Afortunadamente, cuando ya parece que el disco se encamina hacia la más absoluta mediocridad, "Memory of the future" nos demuestra que aún son capaces de firmar temas memorables: un medio tiempo con unas estrofas crudas, un puente inteligente y un estribillo emocionante, en el que Tennant sobrecoge con su "it's taking me all of my life... to find you". Además, la parte nueva es meritoria y la instrumentación (ahora sí) se adecúa perfectamente a la canción con su continua evolución de inspirados sintetizadores y efectos varios. Sólo un escalón por debajo se encuentra el siguiente tema, ese "Everything means something" menos accesible con su sonido duro a lo Depeche Mode, interrumpido periódicamente por un inquietante, melancólico e inesperado estribillo. Por último, "Requiem in Denim and Leopardskin" deja un sabor de boca mejor de lo esperado con su mezcla de pop relajado y ambiente festivo-discotequero que recuerda a "Saturday night forever".

Así, el balance final es un disco que gana con creces a "Release" y a los puntos a "Yes", y que cuenta además con un par de temas dignos de sus mejores momentos, pero que nunca figurará entre los favoritos de sus seguidores. Es una sensación más agridulce si cabe tras escuchar los temas que acompañan al sencillo "Winner", puesto que han dejado fuera de este álbum su mejor tema de su genuino synthpop bailable en unos cuantos años ("A Certain "Je ne sais quoi"") y una inteligente apropiación del "I started a joke" de los Bee Gees, que los muestran en mejor estado creativo de lo que en realidad refleja "Elysium". Y es que siempre he pensado que lo mejor es que un álbum no sea conceptualmente homogéneo, sino que contenga las mejores canciones posibles en cada momento.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Gossip: A joyful noise (2012)

El de Gossip era sin duda uno de los álbumes más esperados de 2012. Y es que el trío estadounidense de indie-rock dio de lleno en la diana con su anterior entrega ("Music for men" (2009)), en la que sin dejar de lado su rock espartano, directo y excelentemente ejecutado, se acercaron con acierto a otros géneros como el pop electrónico o la música de baile. Me imagino que el éxito no sólo de crítica sino comercial (su sencillo "Heavy cross" se convirtió en el más vendido de la historia en Alemania) les hizo reflexionar sobre el camino a seguir, y al final se decantaron por contar con Brian Higgins (Xenomania) a la producción, probablemente buscando un éxito masivo a nivel internacional.

Pero lo cierto es que, al menos para mí, Higgins dista mucho de ser un mago que convierta en oro todo lo que toca; es un productor sobrevalorado. Con lo cual me esperaba un disco inferior al anterior y que probablemente les restaría parte de su acusada personalidad en beneficio de un sonido pop más tamizado e impersonal. Desgraciadamente mis expectativas no podían estar más encaminadas.

Y es que este álbum pretende ser un compendio de rock, pop, indie, house, soul, incluso funk, pero desgraciadamente no llega a abrazar abiertamente ninguno de esos estilos, lo que le resta cohesión y afecta negativamente a la impresión general. Mención especial para la guitarra de Nathan Howdeshell, que se bastaba y se sobraba con su talento y sus múltiples registros para llenar los temas de sus otros discos, y que sin embargo queda aquí relegada a un segundo o incluso tercer plano, oculta entre efectos y sintetizadores no siempre acertados. Pero es que incluso Beth Ditto, una de las mejores voces del rock actual, canta a veces cohibida, intentando adherirse a patrones interpretativos convencionales y perdiendo así parte de su energía y naturalidad.

Por esta misma razón tenía especial interés en comprobar cómo interpretaban en directo los temas de este álbum. Y como era de esperar, se les nota más libres y más fieles a sí mismos que en el disco, aunque es de resaltar que el trío se ha convertido en cuarteto por la necesidad de incorporar un teclista que participe en todos los temas. Eso sí, debo reseñar que a pesar de los defectos reseñados y de que ni siquiera esas concesiones les han permitido alcanzar el éxito a nivel mundial esperado, hay unos cuantos buenos temas.

Entre los que probablemente no se incluya el primer sencillo "Perfect world", que sin ser una mala canción adolece de ese afán por contentar a audiencias de estilos alejados del rock (menos evidente en directo), y que incluso hace que Ditto flojee un tanto en los tonos bajos. Ni el siempre trascendente tema con que se abre el álbum, ese "Melody emergency" pesado y simplón. Pero sí el oscuro "Get a job", con su aire funky, una letra simpática y más profunda de lo que parece (y unos teclados demasiado amateurs), o especialmente el segundo sencillo, ese "Move in the right direction" que sí que logra el equilibrio entre música pop y sonidos bailables sin que Gossip pierdn demasiada personalidad.

Otros buenos momentos del álbum son "Casualties of war", un medio tiempo con un emocionante estribillo que sí que permite a Ditto dar rienda suelta a su voz desgarrada, "Get lost", con unas estrofas ambientadas en el sonido disco de finales de los 70 y un teclado house más propio del Chicago de finales de los 80, "Involved", un tema tenso, oscuro y con un estribillo desgarrado, "Horns", la mejor heredera del sonido de su anterior álbum con su bajo slap, sus guitarras funky y su sección de viento sintetizada, e incluso la entretenida "I won't play", con su bajo sintetizado y sus redobles de cajas en el estribillo.

Desgraciadamente estos buenos momentos se ven lastrados por varios temas menores (además del ya citado "Melody emergency", la anodina "Into the wild", y la insustanciosa "Love in a foreign place" con la que se cierra el álbum, el último ejemplo de que, como bien dice el refrán, quien mucho abarca, poco aprieta).

En definitiva, 6 o 7 buenos temas (aunque sólo uno realmente apto para un público masivo), pero 4 tirando a flojos y una producción discreta y que les resta personalidad. Con lo cual el álbum es disfrutable por momentos, pero no supondrá el punto de inflexión que buscaban. Una lástima, pues era el momento de convertirse en un supergrupo a nivel mundial y me temo que no habrá una segunda oportunidad.

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